Capitulo 27 Obsesión.

La densa neblina inundaba todo el paisaje a su alrededor, que se vestía de un sutil blanco a perlado a su alrededor, la otra dimensión se cerró tras su espalda y el peso de su pie en la nieve hizo que este se hundiese hasta la altura de su pantorrilla, el aire cálido de su respiración salió expedido en una pequeña nube de vapor que contrastaba con el gélido clima de la montaña y su cosmos respondió agresivamente a la nieve que le rodeaba y amenazaba con congelarle, incendiándose y convirtiendo a los copos gélidos en su alrededor en pequeñas gotas de agua que escarchaban el suelo.

Sus orbes esmeraldas recorrieron con cautela el frio manto blanquecino en silencio, buscando algún destello dorado o el cuerpo de alguno de sus compañeros, sin embargo solo quedaban los rastros de aquella furtiva batalla, el hielo en el pico de la montaña era un rastro obvio del poder de Camus y los grandes y poderosos impactos marcados en el hielo debían corresponder a la aguja escarlata de Milo.

Avanzo con cautela llevando de un lado hacia otro sus ojos analizando cada aspecto de la batalla e intentando imaginar como había ocurrido esta, hasta que vislumbro un largo segmento de la montaña que se encontraba sin una sola pisca de hielo, el trayecto era largo y dejaba en su final un boquete enorme que agrietaba la pared de toda la montaña pero en el centro de este se distinguía un pequeño agujero, que era la clara firma de Milo, pero ¿Qué poder había utilizado el peli azul para lograr que ni siquiera el cosmos de Camus hubiese podido congelar ese lugar?

Se agacho y paso un dedo por la zona, para después elevarlo al frente de sus ojos, la tierra estaba oscurecida y había rastros de ceniza que había quemado la vegetación, lo cual le hizo dudar, que aquel rastro fuera de un ataque del escorpión dorado, resoplo molesto al darse cuenta que nada en ese lugar le respondería sus preguntas y volvió a incorporarse para enfocarse en su misión, pero en ese momento pudo percibir un cosmos agresivo en lo alto de la montaña, uno muy parecido al de Ares.

Comenzó a brincar de una piedra a otra para acercarse al lugar de donde provenía aquella energía y cuando por fin alcanzo los límites de la montaña noto que esta estaba vacía, sin embargo podía percibir el cosmos de esa persona en la cercanía. Dio un paso despacio, incluso su respiración se había vuelto cautelosa, hasta que una joven salió detrás de una saliente de la montaña.

Sus ojos eran de un profundo color azul que sin duda contrastaban con los celestes de Shaka, su tez era blanquecina a pesar del rubor en las mejillas de la joven a causa de la nieve, que incluso se depositaban algunos pequeños copos de nieve sobre su largo cabello pelirrojo, la chica llevaba una larga espada que pendía del cinturón de sus vestimentas.

-¿Quién eres? – Refuto la chica con un tono amenazante y tomando de la empuñadura su espada. Saga la miro en silencio observando más a detalle el aspecto de la pelirroja que tenía un claro mohín de fastidio en el rostro y estaba vestida con una armadura escarlata que dejaba al descubiertos parte de sus piernas y brazos.

-Yo me pregunto lo mismo acerca de ti. – Saga dio un paso lleno de decisión mostrándole a la joven que no le intimidaba en lo más mínimo, lo que hizo que ella hiciera un gesto de fastidio.

-Bien, si tú no me lo quieres decir, no hay porque continuar hablando, santo. – La joven soltó su espada y le dio la espalda para desaparecer de aquel lugar.

-Supongo que eres una Berserkers. – Saga noto que sus palabras hicieron a la pelirroja detener su marcha y voltearlo a ver por el rabillo de su ojo, con un profundo desdén. - ¿Qué haces en este lugar?

-Eso no es de tu incumbencia santo. – Siseo alejándose de él, Saga pudo examinar la espalda de la pelirroja y pudo notar que en su muñeca llevaba un tatuaje en forma de un casco griego que era atravesado por una espada, que tenía una "A" griega en su mango, esa marca la había visto antes, hacía mucho tiempo, cuando Ares aún poseía su cuerpo y se citaba de vez en cuando a sus berserkes en los límites del santuario.

Saga recorrió la distancia que le separaba de la pelirroja, sorprendiéndola, la chica intento desenvainar su espada, pero el gemelo mayor, detuvo con fuerza su mano impidiéndoselo, lo que la hizo gruñir con fastidio, ella interpuso su pie en el paso del mayor, lo que provoco que ambos cayesen al suelo, la oji azul, rodo unos metros por la nieve, llenándose el cabello de copos de nieve, intento incorporarse pero Saga la aprisiono contra el suelo, tomándola por los brazos.

-¡Suéltame! – Gruño enfurecida forcejeando con él.

-¿Por qué Ares te envió a este lugar? – Menciono fríamente, afianzando más su agarre a los brazos de ella.

-Yo no sirvo a Ares, santo. –

-¿Qué? – Saga suavizo su agarre de la tersa piel de la pelirroja que se movió un poco bajo él para no sentirse aprisionada bajo el peso del santo, aunque en realidad si lo estaba.

-No me has escuchado, yo no sirvo a Ares. – Bramo. – Suéltame bruto. – Se quejo, la joven incendio una parte de sus brazos lo que hizo que Saga la soltara ante el ardor que experimento. Al verse liberada la chica se medio incorporo en la nieve y se le quedo viendo fijamente. – Yo nunca pido las cosas más de dos veces.

-Ni yo suelo hacer más de dos veces una pregunta, asi que lo dire una vez más ¿Qué hacías en este lugar? –

-¿Y qué te da el derecho a entrevistarme de esa forma santo? – Saga sonrió ante la rebeldía de la joven y la tremenda obstinación que mostraba para todo, pues parecía que llevarle la contraria se le daba bastante bien.

-Mi nombre es Saga de Géminis. – Estiro la mano hacia la joven, que lo miro unos segundos con desconfianza pero al final la tomo de mala gana.

-Me llamo Scatha y solía ser la subcomandante en las tropas del dios Ares. – Repuso ella, llevando su vista hacia las montañas nevadas frente a ella, hacia mucho había tenido una vida llena de gloria que ahora tan solo se asemejaba al exilio o la muerte misma.

-¿Sabes lo que ocurrió en este lugar? – La pelirroja se mordió los labios y negó despacio. - ¿Conoces el paradero de dos santos dorados que lucharon en este lugar contra tu dios?

-Claro que lo conozco. – Scatha se incorporo de un salto y comenzó a caminar dejándole sentado en la nieve, resoplo molesto al ver que tendría que seguirla para descubrirlo, pero apenas la hubo alcanzado la vio arrodillada sobre la nieve. – Yo vine a buscar esto. – Saga se asomo sobre el hombro de la pelirroja y vio que esta tenía entre sus manos la empuñadora de la espada de Ares mientras que su filo aun estaba tendido en la nieve.

Scatha se levanto despacio, no sin antes tomar ambos trozos de la espada y se giro a verlo, sus ojos azules mostraban una decisión enorme, lo que le hizo mirarla con algo de extrañeza. - ¿Qué quieres? – Resoplo.

-Quiero que me lleves con Athena. – Vocifero decidida la joven. – Si voy a hablar de lo que paso en este lugar será con ella.

-¿Y qué te hace pensar que te llevare hasta mi diosa, si eres parte del ejército enemigo? – Saga sonrió con molestia y vio a la pelirroja entornar los ojos.

-Primero creí que habías entendido que traicione a Ares, segundo recuerda que no pido las cosas más de dos veces y tercero o me llevas con tu diosa o me largo de aquí y espero que tú descubras solito lo que paso en este lugar. – Scatha se atrevió hasta tocarlo con el índice de su dedo cada vez que enumeraba uno de los motivos por los que debían de llevarla hasta su diosa.

-Primero no tengo motivos para confiar en ti, segundo no te estoy preguntando si quieres ayudarme o no, vas a hacerlo y punto. – Comenzo a empujarla despacio, imitando la acción de Scatha. – Y tercero no te llevare ante Athena.

- Bien en ese caso buena suerte con esto. – Scatha se giro con indiferencia, golpeando con su cabello el rostro de Saga que rodo los ojos al cielo en búsqueda de paciencia, la tomo por la muñeca con fuerza para detenerla, lo que hizo a la pelirroja soltarle un puñetazo a Saga que de nuevo logro esquivar, pero esta vez la chica se tiro al suelo y golpeo sus piernas derribándolo.

-Mira Saga, mi relación con los santos no es muy buena que digamos. – Esta vez fue Scatha la que se encimo sobre él y le puso el resto de la espada de su dios en el cuello. – Asi que o nos entendemos a la buena o lo hacemos a la mala.

-Pues creo que hasta ahora a la mala nos ha ido muy bien. – Saga la giro con fuerza y volvió a recostarla sobre la nieve. - ¿Por qué debo creer en ti?

-Porque Athena perdono a mi diosa Ker, quien es a quien sirvo y por quien traicione a Ares. – Scatha se deslizo con agilidad de su agarre y se incorporo de un salto. – No tengo ningún motivo que te haga creer que mis intenciones son buenas como tú tampoco las tienes. Pero tampoco puedo decirte mucho en este lugar, Saga.

-¿Por qué? – Saga se levanto y recorrió con su vista el lugar. - ¿A que le temes?

-Tengo más de un enemigo siguiéndome los talones y uno es un dios extremadamente despiadado. ¿Acaso no debo preocuparme o estoy exagerando? – El gesto que hizo Scatha de damisela en aprietos le causo una sincera sonrisa, que la joven compartió. – Quiero ir con Athena solo por un motivo, mi información a cambio de un favor.

-¿Y cuál es ese favor? – Interrogo Saga, dándose cuenta de que la joven no diría nada a menos de que la llevase ante Athena.

-Athena debe ayudarme para no convertirme en un berserkers. – Scatha le miro fijamente y hecho su larga cabellera hacia atrás. Pero lo que Saga pudo distinguir en los ojos de la joven, fue como si el mismo se mirase al espejo cuando apenas era un adolescente, eran los ojos de alguien que no quería perder el control, pero que estaba cerca de hacerlo.

Sintió un leve ardor en sus manos cuando, la doncella frente a él vertió una sustancia desinfectante en la herida provocada por la espada de Shura, pero ni siquiera hizo una mueca de dolor al ver la sonrisa burlona de Kanon, así que desvió su vista hacia la ventana, para contemplar el extenso jardín de flores en el patio de Piscis.

-Pronto recuperaras la movilidad en ambas palmas, tienes suerte de que la espada de Shura no te haya cortado las manos. – El patriarca tomo la mano izquierda del sueco y la examino con detenimiento. – Aún así, las heridas son muy profundas, debes tener cuidado para evitar que estas vuelvan a abrirse.

-En pocas palabras estas manco. –Se burlo Kanon, haciendo que Shion le reprendiera duramente con la mirada, mientras los ojos celestes de Afrodita lo fulminaban.

-Cállate. – Rugió en una suave amenaza a su compañero, que ensancho su sonrisa aún más, complacido de haber molestado a Afrodita.

-Es que Athena dependerá de los santos de bronce únicamente, Shura no puede lanzar su técnica mas poderosa porque terminaría cortándole la cabeza hasta la estatua de Athena y tu estas imposibilitado por no decir que prácticamente no puedes herir ni a un gusano. – Kanon tuvo que esquivar la rosa que paso a escasos centímetros de su rostro, cortesía del de cabellos celestes. – Y hasta con mala puntería.

-Kanon basta.- Shion le miro amenazadoramente, lo que hizo al gemelo menor levantarse de la silla y acercarse hasta el marco de la puerta, donde se recargo por unos segundos.

-Está bien, tan solo bromeaba patriarca, pero al parecer pise los sentimientos de la florecita. – Volvió a bromear, Shion le regaño pero Afrodita le lanzo una rosa que rasgo una parte de su mejilla.

-La próxima vez ira a tu entrepierna Kanon y te aseguro que no fallare. – Repuso molesto el pisciano, ya cabreado por la sinceridad de su compañero.

-Bien. – Kanon alzo las manos en son de paz y sonrio amigablemente. – Me voy.

-¡Ya lárgate! – Gruño enfurecido, Kanon se despidió con un gesto en su mano y salio de la habitación, de pronto todo el cuarto recayó en un profundo silencio. Afrodita analizo la suavidad de las manos de la doncella que se esforzaba por reparar el profundo corte en sus manos con el menor dolor posible. Pero sus ojos se detuvieron en el patriarca que miraba por la ventana, aunque estaba absorto en sus pensamientos.

-Patriarca. – Le llamo. – Puedo hacerle un comentario.

-Dime. –

-Tengo la impresión Mascara de la muerte corre mas peligro en el infierno, antes de ser una ventaja. – Shion alzo sus puntitos con curiosidad y le presto toda su atención.

-¿A qué te refieres? –

- Maestro, un espectro vino únicamente a capturar al aprendiz de cáncer, aun estando frente él, los aprendices de Aries y Tauro; ese niño sustituirá a Mascara como el guardian de la cuarta casa, pero antes de que ello ocurra, representa la mayor debilidad de su maestro. – Afrodita hizo una pausa pues la doncella acaba de apretar el vendaje de su mano lo que le causo una descarga de dolor, que le subió hasta el hombro.

-¿Y crees que tenía intenciones de utilizarlo contra Mascara? – Shion se despejo de la ventana y camino en círculos por toda la habitación, se llevo la mano al mentón y le paso varias veces por este con tranquilidad.

-Así es, patriarca. – Afrodita detuvo con una señal a la doncella y se incorporo colocándose frente al patriarca. – Se que no debemos preocuparnos, pues impedí que lo lograsen, sin embargo estoy seguro de que…

-Utilizaran a alguien más. – Shion y Afrodita voltearon a ver a la doncella que les miraba con atención y había hecho esa observación, la joven se ruborizo completamente al percatarse que se había inmiscuido en la plática. - ¡Perdón! ¡No saben como lo siento! ¡Me retirare en seguida, de verdad, perdone su santidad y caballero de Piscis! ¡Qué entrometida soy! – La joven comenzó a tomar sus cosas apresuradamente en un intento de huir de la habitación.

-Hija no te preocupes, me alegro que hayas entendido al caballero de piscis. – Shion sonrió tranquilamente pero la chica ya estaba saliendo de la habitación.

-De verdad lo siento mucho no quise interrumpir. –

-Está bien, no tienes porque irte. – Le resto importancia Afrodita, dedicándole una sonrisa confiada, aun así la chica hizo una profunda inclinación y salió de la habitación apenada. – Ella tiene razón patriarca…

-Zahra, su nombre es Zahra. – Refuto el patriarca tranquilamente, dirigiendo su mirada por donde la chica había huido despavorida. – Me imagino que en otra época ni siquiera se atrevería a mirarte Afrodita.

-¿Disculpe? – Afrodita arrugo el ceño, al sentirse que el patriarca le llevaba la tangente.

-Has cambiado Afrodita, la gente en el santuario ya no te teme, pero te respetan y eso habla mucho de ti. – Shion tomo el casco del patriarca el cual solía cargar de un lado hacia otro pues hacía mucho tiempo que había perdido la costumbre de utilizarlo. – Lo mismo ha ocurrido con Mascara de la muerte, ha cambiado tanto que ha comenzado a preocuparse por las personas que lo rodean y es obvio que sus enemigos traten de tomar ventaja sobre él.

-Patriarca, Mascara de la muerte ha sido siempre mi amigo y le conozco, pues hemos estado siempre uno al lado del otro, en las buenas y mucho más en las malas. – Afrodita expreso una sonrisa siniestra, que le recordó al patriarca el oscuro pasado de ambos santos dorados, que tras su muerte se habían convertido en los sicarios del santuario. – Y se que si le ponen a prueba el intentara hacer lo correcto y usted sabe que a veces hacer lo que está bien, puede resultar aún más peligroso. – Alerto el sueco.

-Lo comprendo, pero confiemos en él, además Aldebarán y Aioros están con él. – Intento tranquilizarlo. Miro de reojo como la mano derecha de Afrodita comenzaba a sangrar de nuevo por lo que camino hacia la puerta de entrada a la sala de piscis y le miro en el umbral de esta. – Pero para que te sientas más tranquilo, le comentare a Athena sobre el tema.

-Se lo agradezco patriarca. – Afrodita le vio marcharse en silencio y a paso pausado, cuando le perdió de vista, agacho el rostro para volver a sumirse en sus pensamientos, mientras materializaba una parte de su cosmos dorado una rosa roja en su mano que empezó a girar lentamente, observando como los petalos de la flor se movían con la suave brisa de aire.

Conocía al caballero de cáncer desde jóvenes y era por ello que podía notar como el alma del cangrejo dorado había cambiado, sabia a la perfección cuantas veces Mascara de la muerte se había perdido entre el camino del bien y el mal, la primera vez que asesino por placer y la ultima vez que había perdonado una vida, lo mucho que le había costado atacar a Mu en la guerra santa y la convicción que mostro en el muro de los lamentos. Y era por todos aquellos altibajos en el espíritu de cáncer lo que le ponían nervioso, pues si algo salía mal en el inframundo, Mascara no dudaría en actuar a pesar que ello le cobrase un alto costo como su vida o aun peor su alma.

-Caballero de Piscis. – Zahra asomo su perfilado rostro atraves del arco de la puerta, con una sonrisa nerviosa y aún ruborizadas sus mejillas. – El patriarca me ha enviado para curar su otra mano ¿Puedo pasar?

-Si adelante Zahra. – La joven que había entrado a la habitación, se detuvo al escuchar su nombre en los labios de Piscis y se sonrojo aún más, tirando parte de su instrumentaría al suelo. El santo se apresuro a ayudarle a recoger las cosas y ella se agacho torpemente.

-Perdóneme. – Se disculpo ella, levantándose y llevando sus cosas a una pequeña mesita, donde las deposito con cuidado.

-No te disculpes no has hecho nada malo. – Afrodita volvió a su asiento y miro la rosa en su mano. – "O al menos nada tan malo como yo"

Zahra se acerco a él desviando la mirada y comenzó a sanar las herida de su mano, Afrodita desvió la vista hacia otro lugar para no inoportunarla ni hacerla sentir incomoda perdiéndose de nuevo en sus pensamientos.

A pesar de haber vuelto a la vida de nuevo, era la primera vez que notaba cambios en la relación de la orden y progresos demasiado grandes, pues nunca hubiese esperado que los gemelos intentasen acercarse de nuevo a la orden, ni que Aioria comenzara a perdonar el odio hacia quienes asesinaron a su propio hermano y mucho menos que este volviera a la vida. Pero a pesar de ello, le entristecía que alguno de sus compañeros hubiera caído en la batalla contra los titanes, ya que era una lástima que aquel esfuerzo por unirse de nuevo, cediera ante la muerte de Camus y Milo.

-Listo. – Zahra se levanto con una amplia sonrisa en su níveo rostro y comenzó a recoger sus cosas. – Vendré a hacerle alguna curación de vez en cuando, intente no hacer esfuerzos, por favor. Aunque bueno para alguien como usted eso es imposible ya que es un santo. – La chica rio. – Solo hágalo por unos días ¿Quiere?

-Lo intentare Zahra. – Afrodita reparo por primera vez con interés en la joven y se fijo en su aspecto físico, ella era de estatura media, piel tersa y de un aspecto níveo que le asemejaba mucho a una escultura de mármol, tenía unos ojos esmeraldas brillantes y un cabello largo castaño que le llegaba hasta la mitad de la espalda. – Muchas gracias. – Correspondió a la débil sonrisa de la joven, que la amplio al verlo sonreír.

-Con permiso. – Zahra salió de la habitación dejándolo solo de nuevo, miro por unos segundos sus manos y luego reparo en la rosa que tenia entre estas. Atravesó la habitación y salió hacia el salón de batallas, la luz del sol se colaba entre las altas columnas del templo de Piscis y entre estas vio el vestido blanco que se deslizaba por el suelo con armonía.

-Zahra. – La joven voltio interrogante al escuchar su nombre de nuevo y le vio plantado a escasos metros de ella. – Ten, es para ti. – Afrodita extendió su mano con la rosa entre ellas, que resplandecía hermosamente, con un hermoso color carmesí. – Es una forma de agradecerte.

La castaña se ruborizo tenuemente de nuevo, haciéndola lucir mucho más linda y tomo con delicadeza la rosa de entre la mano del caballero, haciendo entre estas un ligero rose, Zahra la tomo y se la llevo a la nariz, aspirando el dulce aroma de la rosa roja y luego sonrió con franqueza.

-Gracias por la rosa, es muy hermosa. – Agradeció ella, antes de desaparecer en las escaleras. Afrodita sonrió y volvió a pensar en lo mucho que el mismo había cambiado.

Artemisa miro fríamente a la titanide frente a ella, no le importaba si tenía que acabar primero con Tea y después con Persefone, al final de cuentas resultarían ser un doble trofeo para ella. Coloco lentamente la flecha entre el cuerpo y la cuerda de su arco y la tenso con delicadeza, como si sus manos estuviesen rosando las cuerdas de un arpa.

-Di lo que quieras. – Artemisa soltó, la cola de la flecha que atravesó en un silbido la distancia que la separaba de la titanide, quien alzo una mano hacia el cielo, creando un tormentoso remolino que barrio con la arma de la deidad de la luna.

-Eres patética. – Se burlo la peliverde, chasqueando los dedos con presunción y destruyendo el fenómeno natural entre ellas. – No podrás ni siquiera tocarme con tus inútiles juguetes.

-Ya te lo dije una vez, di lo que quieras. – Artemisa elevo su cosmos esta vez, volvió a colocar una flecha y le soltó, Tea volvió a crear el mismo torbellino de aire, que en esta ocasión fue partido a la mitad por la flecha de la rubia, haciendo que este tan solo se transformase en una ventiscas de aire, continuo avanzando y rasgo la mejilla de Tea, la cual rápidamente comenzó a emanar sangre. – Al final yo seré la que resulte vencedora.

-Eso ya lo veremos. – Tea arrugo el ceño, visiblemente molesta y se limpio el rastro de sangre con un trozo de tela que ella misma había arrancado de su vestido, chasqueo sus dedos y el terso y largo vestido verde palo que llevaba se transformo en una armadura, la cual tenía dos largas espadas que salía por sus antebrazos y era de un tono morada-negruzca.

La deidad de la luna diviso con un dejo de indiferencia y gelidez, ya que nada de lo que hiciesen los titanes podría llegar a sorprenderla, así que apareció en su mano izquierda de nuevo una flecha hermosamente plateada que parecía bañada en los rayos de la misma luna, la coloco y estiro con fuerza su arco.

-¿Así que pretendes atacarme? ¿No es así Artemisa? Pues bien dispara, clava la flecha de tu arco en mi pecho. – Le reto furiosa.

Artemisa ignoro la provocación de la titanide, respiro profundo, tomando la mayor cantidad de aire posible y le fue soltando con lentitud, como si aquella inhalación le indicase a la flecha el camino que tenía que recorrer, tenso un poco más las cuerdas de su arco, escuchando el chirrido que hacia al crujir su arco debido a la presión.

Soltó el culatin de la flecha que produjo un silbido al pasar a un lado del cuerpo del arco y posteriormente al romper el aire, Artemisa cubrió en el aire con su cosmos su propio ataque que comenzó a dejar tras de sí una bella estela plateada.

Tea sonrió con sorna y no pudo ocultar el placer de ver el ataque de la rubia dirigiéndose hacia ella, el solo pensar que Artemisa volvería asesinar a un humano le complacía de una manera impresionante, así que espero que el ataque estuviese a escasos metros de ella. Sus ojos rojos como dos brazas miraron con calma como la flecha rompía hasta las mismas corrientes de aire, por lo que resultaría aún más fácil que atravesara el cuerpo de un humano. Su sonrisa se ensancho y volvió a chasquear sus dedos, esta vez aparecieron dos grandes destellos verdes frente ella, interponiéndose entre el trayecto de la flecha y ella.

-¡No! – Artemisa experimento por segunda vez el terror de una equivocación, al percatarse que dentro de esos haces luminosos esmeraldas se encontraban Theseus y Odysseus gravemente heridos, si su flecha llegase a impactar a uno de ellos le mataría. Se congelo por una fracción de segundos sin saber qué hacer y sintiendo como un escalofrió la recorría hasta las puntas del los dedos del pie.

Lanzo una flecha más con la intensión de detener a la otra y destruirla antes de que tocasen a sus ángeles, pues si estos no eran completamente humanos, tampoco eran dioses y un golpe como aquel podría destrozar a cualquier ser vivo. El labio inferior comenzó a temblarle de nervios, mientras sus orbes ámbar se fijaban en el trayecto de ambas flechas, su corazón pareció detenerse por completo y su frialdad se esfumo de su rostro el cual se puso por completo pálido y sus ojos se rozaron de una leve capa de lágrimas.

-¡Continuas equivocándote Artemisa! – Tea elevo sus manos sobre su cabeza y creó un centro de baja presión entre ellas que provoco que en Elíseos comenzara una tormentosa tormenta, el agua golpeaba con furia todo lo que tocaba en el suelo y los rayos surcaban el cielo, destrozando en impactantes rugidos el manto celestial. Tea hizo girar ese centro de presión en sentido antihoraria, lo que provoco que se formara un esplendoroso huracán que envolvió en su interior a Artemisa.

Los vientos excedían los 120 km/h y el agua golpeaba tan fuerte el rostro de la diosa que lastimaba su tersa piel, pues era como si un látigo le golpease el rostro en cada embate del vital líquido. Cuando se vio rodeada por el huracán, lo primero que percibió fue el intenso sofoco que le provoco que el viento girase de esa forma, además la velocidad del viento provoco que sus brazos y piernas fueran cortados por ráfagas filosas de este, podía percibir como sus extremidades crujían ante las ondas del viento y el agua antes de presentar un beneficio resulto ser todo lo contrario.

Su cuerpo golpeo el frio suelo, que yacía infértil en aquel lugar, Artemisa se percato que en elíseos no existían en sus suelos las hermosas y cálidas flores, si no que este comenzaba a asemejarse mucho al inframundo. Levanto lentamente el rostro y miro los últimos destellos de sus flechas destruyéndose entre sí y evitando golpear a la titanide o a sus ángeles. Apoyo sus palmas sobre el ennegrecido suelo, respirando aliviada, mientras sus cabellos dorados cubrían parte de su rostro y resbalaban con delicadeza por sus hombros.

-Tea. – Siseo ocultando su mirada de la titanide. – Nunca te lo perdonare y vas a pagar por ello. – Artemisa alzo su rostro, mientras el astro menor se manifestaba en los cielos de Elíseos y cubría de oscuridad lo que se consideraba el paraíso. – Aún cuando sea lo último que haga te hare pagar por lo que has hecho.

-Milo… está despertando. – Aldana le saco de sus pensamientos, alzo la vista emocionado y pudo ver como Camus volvía a abrir los ojos. Aldana se apresuro hasta el lecho donde el santo dorado descansaba y poso su blanquecina palma sobre el torso desnudo del francés, indicándole con aquel suave tacto que permaneciese recostado.

-Santo, tranquilo estas entre aliados y no corres peligro en este lugar. – El tono de voz de la peli azul fue tan despacio y melodioso que incluso Milo se quedo perplejo de oírla hablar de esa forma, sin duda alguna ella debía ser una de las mejores curanderas del ejército del dios de la guerra. – Aún tus heridas no han sanado por completo, así que permanece recostado un poco más por favor. – Aldana se separo de ambos y recorrió la distancia hasta la puerta. – Les dejare solos para que puedan conversar, estaré afuera por si necesitan algo.

-Camus. – Milo no pudo ocultar la felicidad que sintió al ver a su compañero bien, arrastro la silla por toda la habitación y la dejo caer desinteresadamente al lado de la cama de su mejor amigo, que le miraba con cierta extrañeza. - ¿Cómo te sientes?

-Fatal. –

-Pues no hay mucha diferencia a cómo te sientes y te ves. – Bromeo el escorpión, sacándole una débil sonrisa al francés, pero esta rápidamente fue sustituida por una mueca de dolor, Camus dejo caer la cabeza pesadamente en la almohada y se llevo la mano al pecho, en el cual tuvo que hacer presión.

-¿Cómo dejaste que Ares te diera semejante golpe? – Milo maldijo por lo bajo, conociendo parte de la respuesta que el francés iba a darle.

-Fue un descuido. – El onceavo guardián le resto importancia a la situación, fuera lo que fuera que había pasado ambos habían sobrevivido y habían logrado sellar el cosmos de titán que Ares había adquirido.

-¿Fue por defenderme verdad Cam? – Milo se paso la mano por el cabello exasperado, pues el salvar su propia vida casi le había costado que Camus hubiese muerto de nuevo. El francés formo una débil sonrisa en sus labios pálidos y lo tomo por el brazo con fuerza.

-Tú hubieses hecho lo mismo por mí, Milo. – Jamás le había temido a la muerte, ni siquiera cuando habia estado al borde de esta, muy posiblemente por el entrenamiento que su maestro le había dado, pero sabía que cada vida ofrecida al mundo de los muertos debía dejar un impacto en el mundo, capaz de cambiar el destino; la primera vez que murió, ayudo a Hyoga a dominar la mayor técnica de los santos de los hielos, la segunda vez no resulto de la forma planeada y fue un camino más difícil que recorrer pues abrió demasiadas heridas del pasado, sin embargo pudo contemplar a Athena y entender la corta misión que les encomendaba pues su vida de 12 horas pronto llegaría a su fin, la tercera vez fue para crear un boquete en el muro de los lamentos y permitir el paso a los santos de bronce, si hubiese una cuarta no dudaría en arriesgarla por Milo.

-Camus pero… -

-Ya Milo, sabemos que ambos arriesgaríamos la vida por el otro ¿No es así? – El escorpión dorado hizo un leve puchero al ver que el acuariano no tenía más intenciones de darle la vuelta al asunto, por lo que simplemente se limito a asistir.

-¿Qué hiciste que tu armadura? Está congelada– Milo se cruzo de brazos sobre la silla y dejo caer su espalda contra el respaldo de esta, volteando su rostro hacia donde escorpio y acuario, una al lado de la otra, como protegiéndose las espaldas permanecían en sus cajas de pandora. Camus se recargo sobre sus hombros y miro extrañado como una gruesa capa de hielo se ceñía sobre su armadura dorada. – La ejecución de aurora no hubiese provocado eso ¿Qué técnica usaste Cam? Pues al parecer congelaste toda la montaña.

-Tú improvisaste con tu Antares ardiente y por consiguiente creo que sufres de terribles fiebres. – Camus se sentó en el borde de la cama, esperando a que su cuerpo se acostumbrara de nuevo a esa posición, aún así no pudo evitar el mareo que le sobrecogió.

-Estas en lo correcto. – Milo tomo la mano de su amigo e hizo que le tocase la frente, la cual se encontraba ardiendo, el griego se incorporo dando unos pasos hacia donde se encontraba su armadura y luego le miro de soslayo. – En mi pecho puedo sentir el doble de ese calor, es como si mi propio corazón estuviera rodeado de fuego.

-Milo te ayudare con ello. – Camus se levanto despacio y tomo del hombro a su compañero apretándolo despacio. – Utilice una técnica de mi maestro. – Admitió con un dejo de pesar, se acerco a la caja de Pandora de acuario y deslizo su mano con suavidad sobre esta, rompiendo algunos microcristales de hielo de su superficie. – Se llama Glaciación, la onda de choque helada es tal que sobrepasa por mucho al cero absoluto, ni siquiera la armadura de acuario es capaz de resistirla, a pesar de estar acostumbrada a que sus portadores usen un cosmos gélido. Mi maestro me dijo que solo la usase en casos extremos, pues cuando él la utilizo destruyo la armadura de acuario.

-Pues en esta ocasión no se ha destruido, solo tiene un poco de hielo encima, a lo mejor se va acostumbrando ¿No? – Milo miro divertido a Camus pero pudo vislumbrar en los ojos del francés un dejo de duda. - ¿Estas pensando en Ares verdad?

-Sí, ¿Él está vivo verdad? – Milo tallo con cariño escorpión y se sentó sobre el suelo, recargando su espalda en la pierna de la cama.

-Así es, él continua con vida. – Milo palmeo el suelo a su lado, invitando a su mejor amigo acompañarle, el francés se sentó a su lado, recargando su espalda en la caja de pandora de escorpio. – La diosa Ker, nos salvo la vida Cam, pero a pesar de ello la atacaron a traición Ares y Rea en la montaña y la sellaron, para desventura de nuestro ariano favorito.

-Milo. – Le reprendió con calma.

-Vamos, me vas a decir que no te diste cuenta que Mu y ella se llevaban muy pero muy bien. – Rio alegremente y esta vez Camus le acompaño. – Sea lo que sea que tenga que pasar, tal vez nos volvamos a enfrentar a Ares y esta vez sin la fuerza de un titán le venceremos.

-¿Ella quien es? – De pronto recordó a la joven que había estado frente a él a penas recobro la conciencia.

-No sé si son amigas o enemigas. – Admitió Milo con pesimismo volviéndose a incorporar y caminando hacia la puerta por donde se asomo pero no vio a la chica por ningún lado. – Resulta que son berserkers, son guerreras de Ares que le han traicionado por Ker, no sé si deberíamos confiar en ellas o no, pero pues nos han mantenido con vida hasta ahora.

-Aún así sería bueno estar alertas. – Camus se incorporo despacio y tomo la camisa que había dejado la joven sobre su cama. – Es importante volver al santuario.

-Ah! Por cierto, todos nos creen muertos. Aldana oculta nuestros cosmos en su barrera para evitar que Ares las encuentre a ellas o a nosotros. – Milo amplió su sonrisa aún más y miro a su compañero. – Sin embargo, tienes razón en que debemos volver cuanto antes al santuario, Shaina debe estar desconsolada por mí. – Comenzó a reír, mientras a su mente volvía el hermoso rostro de la amazona.

Agacho el rostro cuando estuvo a solas con ella y pareció como si sus labios se sellaran, mientras en su interior su corazón se volvía un nudo revuelto por sus emociones, su propia garganta ardía pidiendo que soltara todos los pecados que su cerebro no podía dejar pasar y que le repetía con insistencia.

Shura observo como Athena se sentaba a su lado y comenzaba a pasar un trapo humedecido por las heridas, mientras con su otra mano intentaba reconfortar y hasta cierto punto curar la abertura que el Keraunos había hecho en su cuerpo y cosmos de su decimo guardián. Comenzó a tararear una dulce canción de cuna que solía cantarle su nana en la mansión Kido, mientras iba de herida a herida con una tranquilidad impresionante que en esos momentos chocaría con la mayor agitación que estaba experimentando Shura.

-Admiro mucho la capacidad que tienen para resistir el dolor, Seiya en tu lugar ya estaría quejándose. – Bromeo la griega, sin embargo el rostro pálido del peli verde ni siquiera mostro una débil sonrisa.

-Estamos acostumbrados a vivir con dolor. – "Mucho más del que puede imaginar" Pensó para sí mismo, detuvo la mano de la peli lila y negó profundamente. – Pare ya Athena, no pierda su tiempo conmigo, estas heridas no van a sanar.

-Lo harán Shura solo dales tiempo. Todo va a volver a la normalidad lo prometo. – Saori sintió la mano del español rodeando la suya con una ternura impresionante, pues la tomaba con firmeza pero sin lastimarla.

-¿Athena puedo hablarle de algo con sinceridad? – Shura se incorporo de la cama y comenzó a caminar de un lado hacia el otro de la habitación, intentando liberar de esa forma la ansiedad que sentía. Saori permaneció en la cama y sonrió al verlo de esa forma, pues pronto tendría que mandar a tapar una zanja en el templo de capricornio.

-Claro que si Shura, dime ¿En qué puedo ayudarte? – Sonrió ampliamente.

-Mi señora debo confesarle algo, algo que tal vez usted no recuerda… - El español, se arrodillo diplomáticamente frente a ella y oculto su rostro, sintiendo como su propia alma se rompía en su interior. – Hace más de 13 años yo tuve la orden de asesinar a uno de mis compañeros de orden, mi deber era matar a Aioros de sagitario y cuando lo encontré en los límites del santuario, le herí repetidas veces ignorando sus explicaciones y la negativa que el tenia sobre defenderse.

-Shura, no tienes de que preocuparte, Aioros ya te ha perdonado y… -

-Aún hay más en esa historia, tal vez una que usted no recuerda pero de la que fue participe aquel día. – Shura alzo sus ojos esmeraldas llenos de dolor y observo los hermosos ojos celestes de su diosa. – Cuando Aioros acababa de volver a ser herido por Excalibur, vi que una niña de apenas unos meses, gateaba por el suelo, interponiéndose entre yo y Aioros. En ese momento no pensé en nada, estaba completamente cegado por la incertidumbre y mi deber y creí erróneamente que esa niña era a quien Aioros plantaría como Athena y por ende tan solo era un impostora. Así que alce mi brazo y…

-Shura no… - Murmuro débilmente Saori, encogiéndose en la cama, sin saber que decir. Shura por su parte miraba los ojos llenos de dolor de su diosa, lo cual aumentaba aún más el suyo, empuño sus manos con impotencia y comenzó a derramar gruesas lágrimas de dolor de sus esmeraldas ojos, las cuales caían como perlas al vacio, perlas llenas de oscuridad y dolor.

-Alce mi brazo y use Excalibur, contra Aioros a pesar que esa inofensiva niña estaba en el camino, esa bebe era usted, mi diosa y si no fuese por Aioros yo mismo la habría asesinado, pues ese golpe fue el que acabo con la vida de mi compañero. No debo pedir su perdón pues ni siquiera tengo el derecho de hacerlo, ya que me he callado este pecado por mucho tiempo. –

Shura permaneció arrodillado frente a ella, mientras la habitación parecía más oscura en esos momentos y el silencio sobre ellos se volvía como una densa capa más pesada que parecía sofocarlos a ambos y que sin duda parecía comprimir el corazón el capricorniano a quien sin duda el hecho de respirar se había vuelto un trabajo sumamente pesado.

-No puedo culpar a Saga, ni Ares, ni a nadie por ello, pues yo fui quien decidió en ese momento, proyectar mi ataque, aún cuando la espada de un traidor podía ser bañada con la sangre divina de mi propia diosa, yo jamás he sido un santo, he pretendido serlo. – Shura agacho su rostro y respiro pesadamente finalmente, contemplo las losas del suelo y observo las grietas en estas preguntándose cuantas fisuras no estarían atravesando y fragmentando al igual su alma. Levanto de nuevo la vista ante el silencio de la deidad y se sintió desfallecer cuando la vio llorando en un profundo mutismo, mientras sus ojos celestes estaban clavados en él.

Saori se incorporo, mordiéndose los labios para reprimir un sollozo y miro a Shura que la observaba lleno de dolor, limpio con el dorso de su mano sus mejillas, las cuales estaban bañadas por sus propias lagrimas y suspiro pesadamente, sintiendo que no podría controlar el dolor que ella misma está experimentando en esos momentos.

-Diosa Athena, acepto la responsabilidad de mis fallos ejercidos y estoy en la absoluta disposición de recibir cualquier reprehenda o medida que usted considere necesaria para pagar por mi osadía. – Shura inclino el cuello de nuevo hacia abajo, dispuesto a escuchar las palabras de sentencia de los labios de su diosa.

-En la época del mito, al crear la armadura de capricornio la hice que aceptara a un hombre el cual debía ser de mi caballero más leal, pues esa sería la única forma de poder portarla y por su valor y disciplina en la batalla, también le otorgue de una arma: Excalibur para que ese santo pudiera ser capaz de hacer justicia con ella. – Saori guardo unos segundos un profundo silencio, prolongándolo un largo momento, que a Shura se le hizo eterno, pues incluso había comenzado a retener de nuevo su propia respiración. – Shura la armadura jamás te abandono pues siempre te considero un caballero leal a mí y Excalibur se afilo en tu mano porque siempre creíste hacer lo justo en mi nombre, yo no veo a un pecador veo a uno de mis santos.

-Athena… -

Los dos se miraron por un largo tiempo, sin decir nada, pero para Shura ver a su diosa derramar lágrimas por alguien como él era lo peor que pudo ocurrirle, pues ningún inocente debía llorar por un asesino. Saori se arrodillo frente a él y le abrazo con fuerza, oculto el rostro en el pecho del español, al grado que podía escuchar los latidos del corazón del capricorniano.

-¿Cuántas veces no has muerto en mi nombre Shura? ¿Cuánto dolor no has cargado por mi causa y has guardado en un profundo silencio? ¿A cuántos peligros no estuvieron expuestos ante mi falta de atención? – Alzo su rostro y limpio con sus dedos las lagrimas que caían de las mejillas del español. – Aquel día, si yo hubiese muerto bajo tu mano, no limpiaría toda la culpa que siento que cause por un terrible descuido.

Saori tomo la mano de Shura y recargo su mejilla en esta con mucho cariño, mientras el español continuaba congelado sin saber qué hacer, pues espero todas las reacciones de desaprobación de su diosa pero nunca imagino que esta reaccionaria con misericordia y rogándole a él un perdón.

-Saga, tú, Aioros, Shion, la orden entera y todos mis santos se han visto afectados por mí, si yo hubiese renacido antes, nada de esto hubiera ocurrido, pues en aquel entonces Hades era el único enemigo que me preocupada, olvidándoseme que él no era el único dios que me odiaba y subestime a Ares y ahora estoy pagando por mi error. Shura de verdad discúlpame, no puedo perdonarme todo el dolor por el que pasaron por mi culpa. –

-Athena… usted no… - Shura la tomo con delicadeza y le ayudo a levantarse, para sentarla con cuidado sobre su cama y tomo la mano de la deidad entre las suyas, realmente preocupado por ella. – Jamás debe culparse por lo que tuvimos que enfrentar, nosotros escogimos esta vida para protegerla y afrontar cualquier adversidad de la vida no tiene porque sufrir por lo que hemos pasado, usted no.

-Tampoco ustedes deben guardarse su dolor, ni mucho menos llamar pecados a las trampas que nos tendió el destino. – Athena recargo su cabeza en el hombro izquierdo del español y suspiro cansadamente. – Jamás he podido llegar a vislumbrar el límite del dolor que experimentaron Saga y tú. Pero hay algo que nunca debéis dudar Shura y esa es la fidelidad que tu guardas hacia mí, eres digno de llamarte Santo de Athena y créemelo Shura que mi confianza es tanta en ti, que podría poner mi vida en tus manos, pues se que sin conocerme fuiste incapaz de asesinarme, ahora que eres mi guardián harás todo lo posible para evitar que otros me hieran.

-Eso lo juro por mi vida, Athena. – Shura hinco su rodilla izquierda en el suelo y la otra la dejo semiflexionada, mientras llevaba su mano derecha sobre su pecho. – Blandere Excalibur para protegerla hasta que esta pierda su filo o yo mi vida.

El gran vórtice se abrió en medio de la nada y la superdimension reapareció frente a ellos, el tiempo y el espacio se distorsionaban dentro de ella creando una completa anomalía en su interior y que servía como el camino entre los dioses para poderse mover entre el inframundo, el Olimpo y la tierra, al igual que por las barreras del tiempo y el espacio.

-Necesitaran elevar su cosmos al máximo, si pretenden acompañarme hasta el Olimpo de lo contrario la barrera que le protege les hará vagar por este lugar eternamente. – Zeus se aproximo despacio hasta ese lugar y echo un vistazo a su interior, introdujo su mano en esta y percibió la presión que ejercía la superdimension contra el mundo terrenal, impidiéndole entrar a cualquier ser mortal.

-Yo puedo desplazarme por las dimensiones con facilidad, así que esta no será la excepción. – Kanon miro al dios de dioses con sorna y se acerco a la superdimension, percibiendo como una gran presión se manifestaba en su interior y golpeaba su rostro, rechazándolo. – No será el primer lugar del que me intentan sacar a la fuerza.

-Aún así, nuestras armaduras no están bañadas por la sangre de un dios, si nosotros llegáramos a poner un pie en ese lugar, nuestros cuerpos se desintegrarían por completo. – Advirtió el lemuriano con tranquilidad, Kanon le miro de reojo y después observo directamente a Zeus.

-Acérquense por favor. – Zeus puso su mano frente a él, que fue rodeada rápidamente por un destello dorado, los ojos azules de Mu pudieron distinguir como un material se formaba en su interior y cuando los últimos destellos de luz desaparecieron, pudo vislumbrar una daga. El dios oji azul rasgo su palma y espero que una gran cantidad de su sangre se acumulara en esta.

-Genial. – Espeto molesto Kanon, al ver como el dios pasaba su mano ensangrentada sobre el torso de la armadura dorada de géminis y luego hacia lo mismo con la de Aries, para su sorpresa su armadura emitió un fuerte resplandor y comenzó a reabsorber la sangre divina, la cual reparo algunos desperfectos de esta, ocurridos en sus últimas batallas y les brindo vida a sus armaduras doradas.

-Para atravesar el camino de los dioses necesitan la sangre de uno. – Zeus avanzo hasta introducirse a la superdimensión y les invito a seguirles. – Sin embargo para entrar al reino de los dioses, tan solo dependerá de ustedes.

-Andando Mu. – Kanon no se la pensó dos veces y fue tras él dios del rayo, sin ningún temor. Mu le siguió enseguida a pesar que ambos rápidamente sintieron como fueron empujados por la potente energía dentro de ella, que les reconocía como seres protegidos por los dioses, pero no como tales dificultándoles el movimiento.

Los tres guardaron silencio, el gran dios de dioses iba frente a ellos indicándoles el camino que debían seguir para poder llegar al Olimpo, mientras Mu y Kanon apreciaban en silencio, el trascurrir de enormes planetas y meteoros que pasaban alrededor de ellos a la velocidad de la luz.

-Este camino fue diseñado para que solo nosotros nos moviéramos en él desde la época del mito, no creo que ninguno de nosotros hubiese creído que humanos llegarían hasta el Olimpo y mucho menos nos acompañarían por este camino. – Zeus se freno a penas término de decir estas palabras pues frente a él se hallaban las puertas doradas hacia su reino. – Eleven su cosmos hasta el infinito santos de Athena y cuando asemejen al de un dios síganme.

Zeus se acerco a las puertas doradas que percibieron su calidad de deidad y desaparecieron mostrándole el desolado paisaje a lo que se había reducido el Olimpo, las plantas yacían en el suelo convertidas en simples cenizas, el agua se había teñido del mismo color de la sangre o se había secado por completo y los animales mitológicos que vivían con ellos, se encontraban muertos y en avanzado estado de descomposición, la tierra había perdido su vitalidad y el cielo su resplandor, pues un manto oscuro rojizo los cubría. Los templos Olímpicos e incluso el Partenón griego se encontraban en ruinas o con enormes destrozos en su fachada.

-Vaya. – Kanon silbo sorprendido llevando su vista a aquel desolado lugar, que no distaba mucho del mismo inframundo. – Veo que Hades y tú tienen gustos muy parecidos. – Se burlo el gemelo sínicamente, ganándose una mirada asesina por parte de Mu, pues no sabía cuán grande era la paciencia del dios del rayo para aguantar al gemelo menor y mucho menos para soportar todas aquellas burlas.

-El Olimpo. – Zeus ignoro al gemelo menor y comenzó a caminar por el lugar, cerrando sus ojos constantemente e intentando recordar cómo era exactamente, antes de que los titanes se apoderaran de él y lo destruyesen todo, podía sentir un profundo vacio en su interior y se pregunto si acaso esa sensación tendrían los humanos, al ver como las inclemencias de la naturaleza destruían el fruto de su trabajo y se llevaban sus logros. – Si no detenemos a los titanes pronto la tierra se tornara igual que el Olimpo.

Zeus camino despacio por el paisaje ennegrecido a su entorno en dirección al templo mayor, que se alzaba en la oscuridad como una forma amorfa, iluminada por las tenues velas, que resplandecían en su interior y que iluminaban el marco de sus ventanas y puertas como sus columnas. El dios mayor avanzo con decisión hacia la estructura en la cual no percibía ningún cosmos, pero que seguramente eso se debiera al poder que los titanes habían esparcido por toda la zona.

Abrió la puerta lentamente, empujándola con su mano y sus ojos azules pudieron apreciar varias urnas bañadas de un oro negro que tenía en su contorno el nombre de varios dioses olímpicos, Zeus se acerco a ellos y paso sus dedos sobre la que tenia escrito el nombre de Apolo, con letras rojizas, subió su mano y la destapo, sin ningún problema, imaginando que de esa forma liberaría el alma de su hijo pero la única respuesta fue una estruendorosa risa a sus espaldas.

-¿Acaso creíste que sus almas estarían en el Olimpo? – Mu se giro con brusquedad y se vio rodeado por tres de los cuatro titanes restantes. Hyperion camino hasta situarse a escasos pasos de Mu y Kanon quienes le habían cerrado el paso. – Todo fue una trampa desde el principio, ningún dios se encuentra sellado en este lugar.

-Queríamos atraerte al Olimpo y fue más fácil de lo que supusimos. – Ceo se recargo perezosamente en la pilastra y cerró los ojos con una apacible calma. – Engañamos a Prometeo pues sabíamos que nos traicionaría, al final resulto demasiado benéfico que cambiara de bando, pues te ha traído hasta nuestros pies.

-Mu y Kanon salgan de aquí. – Ordeno el dios de los cielos, presintiendo que nada bueno podría resultar de aquel enfrentamiento, pues si bien entendía que estaba rodeado por la trampa de los titanes no podría escapar de esta y por ende, Athena se volvería la única esperanza para salvar el mundo y ella necesitaría de sus santos. – Deben volver a la tierra.

-¿Volver? Pero si apenas inicia la diversión. – Kanon creó dos grandes esferas doradas en cada una de sus manos y que en su interior proyectaban dos grandes galaxias, que estaban a punto de arder hasta el infinito, liberando la técnica suprema de los santos de géminis.

-Nosotros no le abandonaremos. – Mu ilumino las puntas de sus dedos y las separo al lado de su cuerpo, el muro ondeo repentinamente, permitiendo que los titanes lograsen ver los haces multicolores en su interior, del gran muro de cristal de los santos de Aries.

-Pero si a ustedes ya tenemos con qué entretenerlos. – Crio golpeo la punta de su espada contra el suelo, produciendo un ruido metálico. – Dokho, Aioria encárguense de ellos.

-¿Qué? – Kanon desvaneció al instante su ataque y miro a sus compañeros, que recién entraban en el enorme salón con cara de pocos amigos. Giro su rostro, para observar la reacción de Mu que no distaba mucho de la suya, pues en un lugar tan distante ni Shion, ni Shaka se encargarían de ellos y por ende pasaban a ser responsabilidad suya.

-Mátelos. – Siseo despacio Hyperion. Los ojos de ambos guardianes se fijaron en ellos como presas y en esta ocasión ni siquiera hubo un atisbo de duda en ellos, sus ataques más poderosos fueron lanzados sin piedad. – Zeus, una vez escapaste de tu prisión, pero se acabaron las segundas oportunidades. – La tierra bajo sus piernas se partió, dejando un luminoso haz tras de sí, que abrió inicio a un mar de sangre.

Sus orbes azules se abrieron con impresión al ver las imponentes edificaciones y los vestigios de miles de años a su alrededor, avanzo dos pasos como si estos le permitieran ver más allá de donde se encontraban los límites de su vista y miro con asombro el santuario Ateniense. Miro de reojo a Saga que fingía una notable indiferencia, sin embargo pudo distinguir el orgullo en su rostro.

-Es bonito. – Repuso como si nada. El gemelo mayor alzo una ceja y le observo con superioridad, como diciéndole que si eso era todo lo que tenía por decir. - ¿Andando quieres? Tengo algo de prisa.

-Primero dame tus armas. – Saga estiro su mano frente a ella, pero sus ojos se clavaron en la espada que llevaba atada la pelirroja.

-Estoy en territorio enemigo, rodeada completamente y crees que te daré lo único con lo que puedo defenderme en caso de que me traiciones. – Saga tuvo que aguantarse la risa frente a ella, pues si bien él se estaba arriesgando a llevarla a ese lugar, todavía la chica le recriminaba una desconfianza, por traición. – Ni loca.

-Dámela o no llegaras con Athena. –

-No abra trato si me haces eso. – Scatha se cruzo de brazos y golpeo con su pie el suelo, elevando una pequeña nube de polvo. - ¿Confía en mi quieres?

-Si quieres confianza, antes de exigirla, otórgala. – Saga volvió a estirar su mano frente a ella y clavo con insistencia sus ojos en la pelirroja, siguiéndolos a cualquier lugar donde la chica los llevaba, ella rehuyó de su mirada insistente en los primeros segundos pero después de un resoplido claramente de disgusto, se llevo ambas manos a la cadera y desabrocho su espada la cual entrego en sus manos.

-¿Algo más? – Scatha se cruzo de brazos molesta, ya que se sentía desnuda al no llevar aquella arma que por años había portado, pues le resultaba tan vital como el agua.

-Sígueme. – Saga comenzó a caminar frente a ella, sin ni siquiera esperarla por lo que ella tuvo que echar a correr para alcanzarlo.

Ante el silencio del gemelo mayor decidió no inoportunarlo y se dedico a apreciar el panorama que el santuario de Athena le ofrecía, así que paso sus ojos por el conjunto de edificios y templos erigidos en honor a la diosa de la sabiduría, muchos de los cuales se encontraban en ruinas y aportaban un aspecto más místico del lugar. Sus ojos apreciaron un amplio camino de escalares que se alzaba hacia las alturas y que a lo lejos le permitía ver los techos de enormes templos, que conducían hacia un templo más grande muy al fondo de aquella colina y resguardaban seguramente el camino hacia Athena.

-Es impresionante. – Las palabras se escaparon de sus labios y dibujaron una sonrisa en los de Saga que le miro por encima del hombro.

-Lo sé es magnífico. – Scatha vio cierta diversión en el rostro del gemelo mayor, lo que la fastidio.

-Quieren intimidar al enemigo con edificaciones y no con su cosmos. – Se burlo ella.

-No deberías hablar si no conoces mi cosmos. – Saga se acerco a ella de frente, sin inmutarse en acortar el espacio entre ellos e invadir el espacio personal de ella. Scatha ni siquiera pestaño, alzo su rostro retándolo a hacer algo y por el contrario a lo que Saga esperaba ella avanzo hacia el encuentro entre ambos.

-Tú tampoco me conoces. – Scatha movió sus labios con suavidad, mientras sus ojos seguían a los de Saga que le miraban, como si intentara descubrir que era lo que pensaba.

-Un poco más y terminaran por besarse. – La voz masculina hizo que se percataran de que en realidad Saga y ella estaban demasiado cerca así que le empujo por el pecho y se alejo de él, aprisa.

-Scatha, él es Afrodita de Piscis, el doceavo caballero de oro, no el primero ¿Qué haces en la casa de Aries? – Ladro, fulminando al de cabellos celestes con la mirada, por el sutil y ridículo comentario que había hecho.

-Lamento si interrumpí algo. – Afrodita se sentó sobre las últimas escalinatas del primer templo, suspirando con cansancio y movió su mano de un lado a otro restándole importancia al asunto y apresurándolos a pasar. – Recuerda que el patriarca me ha encomendado proteger el templo de Mu.

-Bien. – Saga tomo con fuerza del brazo a Scatha y la arrastro por las escaleras del primer templo, haciendo que más de una vez estuviera a punto de caerse.

-Espera Saga ¿Quién es ella? – Afrodita abrió un solo ojo y la miro de soslayo, por el rabillo este al tiempo que pasaban a su lado.

-Su nombre es Scatha y… -

-Yo puedo hablar por mí misma. – Scatha se jaloneo del brazo liberándose del agarre del gemelo y se volvió hacia el otro caballero dorado que continuaba mirándola. – Mi nombre es Scatha y soy la subcomandante del ejercito del dios Ares y … - Se cayó al ver el cambio en el rostro del caballero, pues si en un inicio le miraba con indiferencia ahora tenía su vista clavada en ella mirándola con unas especie de recelo-odio como si tuviera al mismo Ares frente a él.

-Continúa que tú puedes solita. – Se burlo Saga al ver que la pelirroja se callaba y comenzaba a morderse el labio con insistencia.

-No me malinterpretes Afrodita. – Ignoro el comentario de Saga y poso sus ojos en los del otro santo. – No tengo intenciones de lastimar a Athena, por el contrario vengo a ofrecerme en la mejor disposición para ayudarle.

-Ni tú a mí, pero debes comprender que nada que tenga el nombre de Ares tras de sí, resulta de mucha confianza para mí, ni para mis compañeros. – El santo de las rosas miro a su contemporáneo y clavo su mirada celeste en los ojos esmeraldas. – Saga, deberías vigilarla solo por prevención un día en géminis, mientras yo alertare a Athena y le preguntare cuando puede recibirla.

-¿Tienes alguna inconformidad con ello? – Saga giro su rostro hacia la pelirroja que alzo sus delgados hombros con resignación. – En ese caso sígueme.

El atardecer comenzaba en el horizonte, tiñendo el cielo en una especie de matices rojizos y anaranjados, muy parecidos al de la sangre, que coloreaban todo sobre la tierra de esas tonalidades y la oscuridad comenzaba a manifestarse por medio de sombras. Saga iba delante de Scatha que parecía haber perdido sus fuerza después de pasar la casa de tauro y que iba desganada unos escalones más debajo de él.

-Esta es el tercer templo del zodiaco, la casa de géminis y mi signo protector. Adelante. – Saga le invito a entrar en la oscuridad del tercer templo. – Podrás dormir en la habitación de mi hermano.

-Como quieras Saga en tanto vea a Athena pronto. – Apuro Scatha perdiendo su vista en la inmensidad de la casa de los gemelos, pues nunca había visto semejantes construcciones griegas en tan perfecto estado ni mucho menos tan esplendorosas como los templos del zodiaco, pues claramente se veía que Athena no escatimaba en sus santos.

-¿Cuál es la prisa? – Le interrogo, la condujo hasta la sala principal y se sentó sobre uno de los tres muebles que había, indicándole con la mano que tomase asiento en el que estaba frente a él, para poder observar todas sus reacciones.

-¿Cómo sabes que no huiré? – Scatha se paso una mano por su larga cabellera rojiza y le miro divertida.

-¿Por qué siempre tienes que contestar a una pregunta con otra? – La encaro, pues ya había notado la mala costumbre de la pelirroja de responder a un cuestionamiento con otro y en cierta parte noto que era una forma de rebeldía en ella, como un muro para esconder algo, la pregunta era ¿Qué?

-Tú también lo haces Saga. – Scatha rio divertida ante la similitud que tenia con el gemelo y recargo su mandíbula sobre su mano la cual estaba sobrepuesta sobre el brazo del sillón, sonrió provocativamente y se inclino un poco para adelante. – Contesta a mi pregunta y responderé con gusto a la tuya.

-Géminis es mi templo, por lo que estoy enterado de todo lo que ocurre en él y puedo convertirlo en un laberinto a mi placer, así que digamos que es fácil entrar, lo complicado es salir de aquí. – Saga recargo su espalda en el sillón y le devolvió una sonrisa ladina.

-Ya veo. – Scatha desvió su mirada hacia el techo de mármol y su sonrisa desapareció lentamente, transformándose en tan solo una mueca de incertidumbre. – Vengo de una hermosa provincia de Escocia, cuando apenas tenía 13 años, me apareció esta marca. – Scatha retiro de nuevo la pulsera de piel que llevaba atada a su muñeca y le permitió a Saga contemplar la marca de Ares. – Esto encomienda tu vida al servicio de Ares hasta el día de tu muerte, pero cuando aparece por primera vez, es cuando detonando tus poderes de Berserkers, no te importa quién te rodea ni lo mucho que lo ames, es como si te encerraran en tu propio cuerpo y lo único en lo que piensas es matar y eso es en lo que te transformas en un asesino.

Scatha guardo silencio por unos segundos, permitiendo que aquellos horrorosos recuerdos de su pasado volvieran a su mente, tan claro y tan nítidos como el día en que habían ocurrido, aún podía respirar el humo del incendio de su propio hogar, sentía el calor de la sangre de sus víctimas en sus rostro y manos y podía visualizar aún el resto de estos entre sus dedos, recordaba ver el terror en el rostro de las personas, cubiertos por la sombra y el dolor de la muerte, aún recordaban las ropas que vestían y sus voces clamando ya no piedad si no una explicación, una que fue resuelta con la hoja de un cuchillo.

-Scatha. – Saga la llamo, miro sorprendida al gemelo sin saber exactamente porque se estaba abriendo con él, pero sabía que en parte era por el hecho de que el gemelo mostraba el mismo dolor en su mirar, cargaba con pecados imborrables en su pasado.

-El convertirte en un Berserkers, te hace un psicópata, no sabes porque te has vuelto un homicida, pero sabes que te gusta, que es correcto imponer el poder y el orden ante cualquier cosa, incluso ante una vida. – Scatha trono los nudillos de su mano y luego la sobo con la otra. – Cuando la diosa Ker me encontró apenas y quedaba una parte de mi en ese monstro, no era humana pues Ares me arrebato mi humanidad. Como sea. – Suspiro pesadamente. – Mi diosa me otorgo esta pulsera con la que pude controlar ese estado por años, pero ahora que ella ha sido sellada, el sello que Ker puso sobre los poderes de Ares también se ha roto y pronto regresare a mi estado natural.

-Te comprendo. – Scatha le miro sorprendida al oírlo e incluso fingió una sonrisa. – Se por lo que has pasado Scatha, pues yo fui el recipiente de Ares por trece años. – La pelirroja borro la expresión de su rostro y su sonrisa se esfumo por completo. – Yo mejor que nadie conoce lo que es ser prisionero en su propio cuerpo.

- ¿Cuál es tu nombre santo? – Cuestiono rápidamente Radamanthys. Jamás le había visto, incluso cuando Hades revivió a los caídos santos de oro, nunca le vio entre ellos, ni mucho menos pudo enfrentarse con él durante la guerra santa, lo que le otorgaba un impresionante misticismo y a su vez alertaba a todos sus sentidos, pues algo en su interior le hacía verlo como una amenaza.

-Mi nombre es Aioros de Sagitario, soy el noveno guardián del zodiaco. – Aioros cerro apaciblemente sus ojos, mientras su rostro adoptaba una calma impresionante y su cosmos se elevaba en su interior, haciendo que un aura dorada le rodease.

-Eres el santo que salvo a Athena del dios Ares… - Abrió los ojos con asombro y contemplo al santo más fiel de la deidad de la sabiduría, el guerrero que había dado su vida por la de un dios.

-Veo que tú también sabes esa parte de mi pasado, pero lo que me molesta es oír del tuyo y ver como pretendes regocijarte de un triunfo que no hiciste en igualdad de condiciones y lo que es peor, como fue posible que atacaras a un enemigo en desventaja. – Le recrimino enfurecido.

- ¡No pretendas juzgarme santo! ¡Pues ni siquiera tuviste el valor de revivir para ayudar a tus compañeros! ¡No me hables de moral! – Radamanthys exploto su cosmos violáceo enfurecido, el cual despedazo todo lo que estaba a su alrededor. - ¡Jamás te lo perdonare! - Se impulso con sus piernas y se lanzo al ataque esperando golpear a sagitario con todas sus fuerzas.

Dejo tras de sí una nube de polvo que se disperso por el ambiente y su cosmos dejo tras de él una estela, estiro su brazo con la intención de golpear a Aioros en el rostro, apenas se coloco a escasos centímetros de la cara de sagitario, este levanto su mano y detuvo su puño con fuerza, cuando el impacto de la onda de choque entre sus puños se suscito, el aura de ambos se combino.

Radamanthys abrió los ojos y elevo las cejas impresionado al ver como el santo había detenido su golpe, el más fuerte que había lanzado en su vida y sin embargo parecía que sagitario simplemente estaba jugando a detenerle la mano, por lo que aumento la presión en su puño y sintió como la mano del noveno guardián de Athena crujió, entonces no pudo evitar sonreír, fuese lo que fuese que Aioros planeara al detener su ataque había tenido una repercusión al frenar su puño, aunque el rostro de este mostrase lo contrario.

-No te emociones. – El griego, empujo el brazo de Radamanthys hacia atrás y le alejo de él.

-Voy a disfrutar acabar contigo, sagitario, tanto como lo hice con leo. – El británico sonrió con malicia y volvió a lanzarse al ataque contra Aioros, pues no se arriesgaría dándole un respiro al santo, ya que el dejarlos idear un plan había marcado la diferencia entre él y Kanon.

Para su sorpresa, esta vez Aioros desvió su golpe y le jalo la mano hacia el suelo, haciendo que cayera de rodillas contra el piso, lanzo una patada al rostro de sagitario, pero este la detuvo con su antebrazo y por el contrario le golpeo la espalda con fuerza con su pierna, derribándolo por completo en la tierra ennegrecida del inframundo.

-Anda de pie Radamanthys, no pretendo atacar a un enemigo en el suelo, eso no es de hombres. – Le reprendió y a pesar de que Aioros no sonrió pudo distinguir la burla en su voz y en su forma de mirar, se levanto molesto al sentirse humillado por aquel que pretendía darle un ejemplo. – Te burlas del santo dorado de Leo, a quien enfrentaste solo con el 10% de su poder y crees poder regocijarte de ese logro en mi rostro, cuando a quien atacaste cobardemente era mi hermano menor, Radamanthys.

-Ahora veo porque me causas tanto desprecio con solo mirarte. – Esos ojos azules tan similares a los del santo de leo, parecían continuar mirándolo con un odio impresionante y a pesar que los ojos de sagitario se mostraban serenos ante la batalla, aún en ellos podía ver un atisbo de la misma furia y rabia que observaba en leo.

Se levanto dispuesto a terminar con ello, no debía enfrentarse al santo de sagitario con técnicas físicas, pues ya le había dejado en claro que era un excelente luchador, así que recurriría a su cosmos, si querían medirse como dignos adversarios, era su energía vital la que debía probarse una a la otra y le iba a conceder ese deseo a Aioros.

-Trueno atómico. – Aioros concentro su cosmos en el puño de su mano derecha mientras a su espalda aparecían truenos y relámpagos y luego libero en forma de una multitud de bolas doradas cargadas de energía eléctrica parte de su cosmos, que lanzo pequeñas corrientes eléctricas concentradas en círculos de energía eléctrica dorada, que fue lanzada a la velocidad de la luz y que se impacto en su mayoría con el cuerpo del juez del infierno, las explosiones atómicas produjeron severas heridas en el cuerpo del espectro, pues aquel ataque era de una potencia y velocidad sorprendente, muy similar a la explosión de galaxias de Kanon.

El cuerpo de Ramanthys choco contra él suelo y fue arrastrado varios metros por la onda expansiva de las explosiones del ataque de Aioros, seguido tras una nube de polvo que se alzo a su paso, cuando su cuerpo se detuvo por fin, algunas partículas de tierra y piedras cayeron sobre su armadura, mezclándose con los torrentes de sangre que bañaban su sapuri, gruño enfurecido debido al dolor que le causaba aquel ataque, pero aún más se encontraba iracundo por haber recibido aquel ataque de lleno, sin ni siquiera poder evitarlo.

-Veo que eres un digno adversario. – Refuto Radamanthys, incorporándose lentamente y clavando sus ojos bestiales sobre el castaño que le miraba con una sonrisa burlona en el rostro, pero él se encargaría de que desapareciera para siempre. – Se ha acabado tu ventaja santo. ¡Rugido deslizante!

Radamanthys lanzo un sonoro rugido lleno de molestia, muy similar al ruido que producía el animal mitológico, que representaba su sapuri; se impulso con sus piernas en un gran salto, elevándose por los aires sin perder de vista a Aioros y se deslizo en picada hacia el griego con la intención de atacarlo de frente, si Aioros había frenado su primer ataque, esta vez sería diferente, pues el también era un enemigo temible.

En la mitad de su caída, elevo bruscamente su cosmos y soltó numerosos ataques de energía violácea, hacia Aioros que impactaron contra él y su alrededor como meteoros y diversos tipos de lanzas que se clavaron y destrozaron todo a su alrededor, la condensación de polvo hizo que perdiera de vista unos segundos al caballero, pero apenas pudo ver el brillo de su armadura en la densidad, se abalanzo violentamente contra él y le propino una patada en el pecho que le tiro de espalda contra el suelo, aprovecho que Aioros cayera tan patéticamente que lo tomo por una de las alas de su armadura y le arrastro en su vuelo, rasgando su piel contra las filosas piedras en el suelo, cuando sintió que ambos llegaban a una velocidad impresionante, muy similar a la del sonido, le lanzo contra uno de los pilares de Caina, que sucumbió ante el golpe. Volvió alzar el vuelo y de nuevo arrojo una descarga de energía hacia el lugar donde hacia colapsado la pilastra.

-¿No pretendías enseñarme tu fuerza santo? – Se mofo, rebuscando entre los escombros algún rastro de Aioros, afilo sus sentidos para indicarle cualquier indicio de vida entre aquella destrucción y sonrió frustradamente al ver como el castaño se apoyaba en un trozo de columna que yacía a su lado para levantarse.

Aioros tomo con fuerza la pila de mármol macizo y obligo a sus piernas a ponerse de pie a pesar del dolor que sentía que recorría por estas, respiro pesadamente, intentando liberar de esta forma toda la opresión que sentía en el pecho y escupió una buena cantidad de sangre por la boca, se limpio con el antebrazo el pequeño hilo que sobresalía de sus labios.

Tenía que reconocerlo, Radamanthys de Wyvern propinaba golpes fuertes y era un enemigo feroz, de lo contrario no se encontraría en aquel estado tan deplorable, ni le hubiese costado tanto a Kanon acabar con él, por algo debía ser la mano derecha del ejercito de Hades, sonrió con cinismo al admitir que el también podía ser la mano derecha de la diosa Athena y que el hecho de que se enfrentaran los dos, debía ser una jugarreta mas del destino, quien nunca le había dado la mano favorablemente.

Observo como Radamanthys se alzaba de nuevo en las alturas para atacarlo de nueva cuenta, le escucho pronunciar el mismo ataque, que lo había dejado en aquel estado y vio como condensaba de nuevo una gran cantidad de su cosmos que llovería sobre él si no hacía nada rápido. Desplego sus alas doradas y se elevo a escasos centímetros del espectro que tomo por sorpresa, acumulo de nuevo parte de su cosmos dorado en su mano y golpeo la de Radamanthys provocando de nuevo que sus cosmos energías lucharan entre ellas.

-Esto será interesante. – Sonrió ampliamente a pesar de la sangre que salía de su ceja y bañaba parte de su rostro, Radamanthys pudo notar la confianza en sus facciones lo que le molesto.

-¡Rugido deslizante! –

-¡Trueno atómico! –

Aioros logro deslizarse en el aire y esquivar el ataque del espectro, ilumino su mano con su cosmos dorado y golpeo el estomago de Radamanthys para alegarlo de él y bañarlo en una lluvia de meteoros y rayos dorados que cayeron sin piedad sobre el británico, quien al verse atacado por la misma técnica, utilizo las alas de su sapuri para cubrirse y apreciar como destellos dorados que hacían chillar hasta el aire y colapsar la tierra pasan a su alrededor impactándose con lo que le rodeaba o incluso golpeaban la defensa que otorgaba su ropaje, quien resistía noblemente cada embate, así como las montañas podían resistir los constantes ataques de las olas, ninguno de los dos cedían ante el otro pero no por ello dejaban de atacarse continuamente.

Se descubrió una vez que aquella técnica se hubo extinguido y alzo su mirada ambarina severa contra Aioros que se encontraba mirándolo retadoramente y con la mandíbula tensa. Ambos se encontraban heridos por el ataque del otro, aún así podían continuar peleando, pues aún tenían mucho que dar de sí mismos, sus técnicas habían sido lanzadas únicamente para probar las habilidades del otro y ahora comenzaría la verdadera batalla, donde solo uno se alzaría vencedor.

Continuo corriendo a todo lo que sus piernas podían, ignorando el cansancio que sentía que le recorría las piernas como un calambre, hacía rato que había pasado el templo de Caina, Antora y Ptolomea, pertenecientes a los jueces del inframundo; Radamanthys, Aiacos y Minos respectivamente, sin embargo estos se encontraban vacios pues sus guardianes habían caído entre las primeras batallas que se llevaron en el santuario, Minos ante las corrientes heladas de Camus y Aiacos se había convertido en materia para la explosión de galaxias de Kanon.

Sus ojos vislumbraron el ángel en la parte superior de Giudecca, la cual era una estatua de una mujer con alas, de vestido largo y que sostenía un anillo en su mano derecha, mientras en la izquierda llevaba un tridente, el arma predilecta de la maniaca de Pandora, por lo que había escuchado, aquella estatua era la némesis de Nike; el báculo de Athena, pues así como este representaba la victoria, esa estatua, significaba lo mismo para Hades y su ejército.

Detuvo sus pasos lentamente, al contemplar de lleno el último edificio del infierno, pues Giudecca se encontraba frente a él, aquel edificio de mármol blanco era donde Hades reinaba como emperador de las tinieblas y dirigía a sus espectros. Contemplo las numerosas columnas que sostenían a su fachada, las grandes ventanas que corrían en sus pasillos laterales y la enorme puerta de caoba en su frente a la que se llegaba al atravesar las numerosas escaleras de su frente.

Podía sentir el rápido latir de su corazón, sin saber el motivo exacto de aquello, pero sabía que en parte se debía a que pronto descubriría que era lo que Persefone escondía y que todos sus espectros sabían acerca de él y posiblemente también en su interior se encontrase Triptolemos.

Así que resoplo a regañadientes y subió las escaleras que le separaban de la gran puerta, la cual abrió de un puñetazo que hizo que esta se estrellase con la pared, el salón se vio iluminado de pronto por la luz de afuera y vio de nuevo unas largas escaleras que se encontraban flaqueadas por las esculturas de dos enormes dragones y tras estos una larga cortina roja recubría el gran camino de escalones posteriores a los dragones.

-¿Qué tienen los griegos con los escalones? – Se pregunto sarcásticamente a si mismo mientras comenzaba a subir de nuevo aquellas malditas estructuras, fuese Athena, Hades o cualquier otro maldito dios, era muy factible que en su templo habría un gran número de escaleras. – De seguro son para cansar al enemigo. – Se burlo molesto, comenzó a silbar una melodía media siniestra que había escuchado en el santuario, mientras paseaba su vista por el lugar que seguramente Persefone había reconstruido, pues todo se veía muy nuevecito.

Arranco aquella horrorosa cortina que tapaba su vista y la quemo con su cosmos, sonriendo ante la idea del gran favor que le estaba haciendo a Persefone al destruir algo tan horroroso, si de por si el infierno ya era feo, con aquellas cortinas lo era aún más. Se borro la sonrisa de su rostro al ver el trono de Hades y repaso la idea de destruirlo, simplemente por hacer una maldad, pero dejo pasar su pensamiento, cuando le dejo de ver, volvió su vista al frente y observo una cortina negra.

-Debe ser una broma. – Gruño sínicamente, impulso su mano y arranco con fuerza la cortina evitando esta vez destruirla pues su atención fue rápidamente devuelta a lo que se alzaba frente a él. – El muro de los lamentos. – Murmuro por lo bajo, acercándose a paso tranquilo al muro.

La figura del rostro de Thanatos e Hypnos se contemplaban una al lado de la otra sin un oído que era sustituido por el ala bajo a ellos, que estaban eclipsadas por el disco solar, pero aquello no fue lo que atrajo su atención por completo, pues bajo las esfinges de ambos dioses se encontraba el enorme boquete que había hecho el cosmos de los 12 en aquel lugar y que aún perduraba permitiendo una vía libre de acceso al rio Lethe (Superdimension) y que conduciría a Elíseos.

Paso sus dedos por el borde de aquel gran agujero en el muro de los lamentos, aquel que ningún humano podría atravesar y sin embargo ellos habían logrado perforar, aún a costa de sus vidas, de hecho la más corta de todas las veces que había revivido. El ver aquella destrucción hizo que su corazón volviera a acelerarse y darse cuenta de la participación de ellos en la guerra santa, sin su sacrificio, los santos de bronce no hubieran llegado a Elíseos y Athena estaría muerta.

Pero la pregunta que asalto su mente, le hacia sonreír ampliamente, volvió su vista hacia atrás donde el trono de Hades se encontraba, las estructuras parecían haber sido reparadas, pues el cosmos de los 12 debió haber dejado aquel templo hecho una mierda, así que tal vez y solo tal vez… regreso sus ojos al boquete en el muro y sonrió, Persefone habría intentado reparar el muro de los lamentos con su cosmos, sin embargo no lo había conseguido y tal vez el daño en el muro fuese permanente. La luz del sol había dado un golpe certero en la oscuridad del inframundo.

-La proeza que hicimos en este lugar va a perdurar por mucho tiempo y otorgara una ventaja a las generaciones futuras. – Sonrió para sí mismo y retrocedió sin darle la espalda al muro, para continuar contemplándolo.

-Y es por ello que nosotros necesitamos una ventaja sobre Athena, por ello te necesitamos a ti. – Susurro la fría voz de Persefone a su espalda.

Aldana estaba absorta en sus pensamientos a pesar del maravilloso espectáculo nocturno que se encontraba frente a ella, el cielo resplandecía aquella noche hermosamente, en un sinfín de estrellas que titilaban a su alrededor, la luna bañaba con sus rayos blanquecinos la noche y el viento ululaba débilmente removiendo de vez en cuando sus largos cabellos peli azules y estremeciendo su cuerpo a causa de una sensación gélida que recorría su piel.

-Yo no nací para salvar vidas si no para quitarlas… - Aldana estaba sentada sobre una piedra con sus rodillas flexionadas delante de ella, tenía sus codos apoyados sobre sus rodillas, mientras mantenía sus ojos examinando la marca de Ares, paso delicadamente sus dedos sobre esta en un intento vanamente de borrarlo sin embargo, solo obtuvo que su piel se enrojeciera. – Tal vez la muerte sería mejor que enfrentar mi propio destino.

Tantas muertes pesaban en su cabeza, vidas que había cobrado durante su infancia, cuando sus poderes sobrevinieron de pronto y su cosmos exploto convirtiéndolo todo en cenizas, su casa, su pueblo, sus habitantes, a sus propios padres y hermanos, Scatha se había salvado porque Ares la había reclamado un poco antes que a ella, pero todo lo demás pereció aquel terrible día. Cerro sus ojos y dejo que sus recuerdos vinieran a su mente, que la cara llena de terror y sorpresa de sus padres y hermanos volviera de nuevo y dejo que su pasado la volviera a consumir como aquella noche, una muy parecida a esta.

Aquel día la noche había cubierto demasiado rápido el manto celestial, se encontraban cenando tranquilamente, el sonido de choque de los cubiertos y de su madre cocinando conmovieron sus sentidos de nuevo, pudo escuchar la voz de su padre llamando a sus hermanos y diciendo una que otra broma sobre el trabajo, a ella le encantaba escucharlo, tanto que el recuerdo de su voz aun permanecía firme en su mente.

Pero de pronto, la risa de Scatha que era la mayor de 4 hijos ceso por completo, recordaba haberla mirado y ver como estrujaba entre sus manos el cuchillo que tenia, sus ojos azules estaban clavados con fuerza sobre la mesa y pudo apreciar como estos se tornaron oscuros por unos segundos, para ver como un aro negro rodeaba sus ojos zafiros y sin más Scatha se abalanzo contra su hermano, degollándolo al instante, la sangre le salpico el rostro a ella y a sus padres pues esta abandono el cuerpo con mucha presión. Después de ello, la casa comenzó a incendiarse, su madre se quemo los brazos y su padre comenzó a sacarlos a todos de la casa, primero a ella pues era la más pequeña, pero el resultado fue peor pues no solo la casa estaba incendiada si no que el pueblo entero era consumido por las llamas.

Scatha con el cuerpo de una preadolescente se había quedado en el interior de la casa, apuñalando a su hermano una y otra vez, su padre la volvió a tomar en brazos y su madre tomo de la mano a su hermana Lidia y les condujeron hacia las montañas fuera del pueblo, para ese entonces Scatha comenzó a utilizar su cosmos y asesinaba a cuanto humano estuviera cerca de ella.

Acaricio su mejilla recordando cómo sus lágrimas surcaron por ellas, pues esa había sido la última vez que había llorado, pues alguien como ella no tenía el derecho de llorar, incluso Ares le había arrebatado algo tan insignificante como aquello.

Miraba el rostro confundido de su padre sin saber qué hacer y el dolor en el de su madre, los gritos que escapaban de su garganta era por las quemaduras, pero las lagrimas que salían de sus ojos era por Scatha y Dante. Ella misma no comprendía lo que estaba pasando y sus padres seguramente nunca llegaron a comprenderlo del todo, pues eran personas pacifistas.

Y de repente sintió una fuerte sensación de enajenación se apodero de ella, sus lagrimas cesaron así como lo hizo la risa alegre de Scatha y fue como si la aprisionaran dentro de su cuerpo, pues sus manos dejaron de responderle y un profundo odio e ira se apodero de su alma, recuerdo haber tomado la piedra más cercana a Lidia y haberla golpeado con ella, en la cabeza, solo dos veces fue suficiente para asesinarla.

Su madre la miro con un profundo dolor e ira al mismo tiempo e intento golpearla, pero ella había logrado esquivarla ágilmente, les arrojo la piedra sin intención de golpearlos y aquello alivio un poco su alma por unos segundos hasta que la roca toco el suelo y todo a su alrededor se incendio en un estallido reduciéndose al instante en cenizas, pudo ver los cuerpos de sus padres desmembrarse ante la explosión y como sus restos se quemaron hasta convertirse en polvo.

-No…no quise hacerlo, perdónenme. – Doblo aún más sus rodillas y oculto sus ojos entre sus manos que temblaban ante la angustia que taladraba su alma, cada vez que sus recuerdos venían a su mente. Sintió las lagrimas agolparse en sus ojos, pero rápidamente las contuvo, privándose ella misma de aquella emoción, miro fijamente a la luna y suspiro largamente para liberar todo aquel dolor.

-Aldana. – Milo le hizo pegar un brinco del susto que le dio y le escucho reír, se sentó a su lado y observo al igual que ella el cielo. - ¿Podrías entrar unos segundos, quisiéramos hablar contigo?

-Si, en unos segundos voy. – Agacho su mirada y observo su propia sombra en un reflejo profundo de la oscuridad que podía apoderarse de ella.

-¿Estás bien? – Milo toco su hombro amigablemente y busco entre los mechones azules celestes el rostro de la guerrera, pero esta volteo con una débil sonrisa en el rostro y asintió. – Si esta preocupada por tu hermana yo puedo ir a buscarla.

-No, no es necesario. – Algo en su interior le decía que Scatha se las ingeniaría para alejarse de Ares, pero por más que le evitaran, sin la protección de la diosa Ker, tarde o temprano volvería esa estúpida maldición sobre ellas. – Dime Milo ¿Qué necesitan?

Se levanto, pero rápidamente observo que Milo no había venido solo, sino que también el otro santo de fría mirada le acompañaba, solo que al igual que al escorpión no lo había notado porque no había hecho ningún ruido, sus orbes se encontraron unos segundos, pero ni ella pudo saber que quería decir él, ni mucho menos ella noto algún sentimiento en su mirar, era tan diferente a Milo que siempre expresaba algo al verte.

-¿Queríamos saber si estabas dispuesta a acompañarnos al santuario? – Milo la sacudió un poco por el hombro y le sonrió ampliamente, invitándola a seguirlos. – Mira Camus y yo tenemos que regresar, Athena nos necesita pero créemelo que le encantaría tenerte entre sus curanderas, eres muy buena, claro que tienes tus deficiencias como no poder calentar a mi amigo.

-¡Oh por Ares! – Aldana se ruborizo por completo y sintió como la sangre amenazaba con salir por sus mejillas, se llevo ambas manos al rastro y lo cubrió para que Milo no se riera más de lo que ya lo estaba haciendo, pero de repente Camus le golpeo la nuca a su amigo y le dedico una mirada severa.

-Respétala animal. – Camus le sonrió débilmente, tan solo fue un segundo pero eso le mostro a la escocesa un dejo de confianza en el francés.

-Me encantaría acompañarlos, pero si salgo de la barrera Ares detectara mi cosmos y les perseguirá y en las condiciones en las que están no pueden enfrentarle. – Aldana estiro unos centímetros su mano hacia el frente y un resplandor celeste se manifestó mostrándole a ambos que a pesar de estar fuera de la cabaña la barrera aún les protegía.

-Si te quedas aquí, tampoco tardara en encontrarte.- Le alerto Camus y Milo a su lado asintió.

-Créanmelo, conozco a Ares desde que era una niña, el no desaprovecha una oportunidad dos veces. – Aldana miro de Camus a Milo y luego volvió su vista hacia la luna.

-Nosotros también. – Milo rio amargamente y el otro peli azul permaneció en un profundo silencio. – Y es por ello que creo que Ares ya ha marcado un cerco a tu alrededor y en cualquier momento encontrara tu escondite.

-Bueno sabes muy bien Milo que hay un riesgo más, si les acompaño en cualquier momento me convertiré en un Berserkers y eso sería muy mal, al menos en este lugar no puedo lastimar a nadie, pero en el santuario ateniense… no Milo por más que quiera, no puedo. - Aldana llevo su mano empuñada a su pecho y miro hacia el interior de la cabaña con tristeza, podía sentirlo en su interior, aquella rabia cada vez aumentaba más dentro de ella.

-Ya sabes lo que dicen a tus amigos hay que tenerlos cercas… – Milo le paso un brazo por atrás a Camus y lo estrecho fuertemente contra él, luego la miro a ella y la abrazo con el otro y le dedico una enorme sonrisa. – Pero a tus enemigos más, así que Aldana o nos acompañas o usare mis dotes de secuestrador.

Camus sonrió y ella no pudo contener la risa ante los ojos que el escorpión le lanzaba intentando convencerla, por lo que se dejo llevar por el momento y rio como hacia muchos meses que no lo hacía, pronto Milo tampoco pudo soportarlo y comenzó a carcajearse junto con ella.

-¡Aldana! – Una nube rojiza se manifestó a escasos metros de su barrera y de ella surgió Ares, llevaba un arco entre sus manos y un puñado de flechas de color negro. – Escúchame bien, se que estas aquí y puedes oírme.

-Ares. – Gruño enfurecido Milo, de pronto la mano del escorpión la soltó y fue tras el dios, pero Camus actuó rápidamente y le sostuvo, obligándolo a detener su marcha. Por su lado ella pudo sentir como su corazón comenzó a latir fuertemente.

-¿Qué hace aquí? – Camus se giro hacia ella y la miro con un dejo de curiosidad y a la vez severamente, pues no comprendía como alguien como ella podía haber servido a un dios tan cruel. – Él no puede vernos ¿No es así? – Camus la miro asentir débilmente y miro como sus labios temblaban ligeramente.

-Aldana. – Ares giro sobre su propio eje y grito de nuevo su nombre, mucho más calmado. – Recuerdas estas armas, pues te pertenecen. – El dios las arrojo al suelo a escasos centímetros de su barrera y se giro desinteresadamente de espaldas. – Scatha está en peligro y no por mí, se ha metido a la boca del lobo por ella sola, pues inocentemente ha acudido a pedir auxilio a Athena, una diosa que desprecia a cualquiera que mencione mi nombre y se ha topado con un caballero que aborrece mi nombre y todo lo que provenga de mi.

Aldana se acerco a la barrera que la resguardaba y sintió como su corazón se frenaba de golpe, Scatha era la única persona que le recordaba su pasado, la única en quien podía confiar, ellas eran hijas del ejercito de Ares y sería demasiado estúpido creer que Athena y sus guerreros las recibirían con los brazos abiertos, como Milo había dicho eran enemigos, el mismo había matado a varios de sus compañeros.

Por unos segundos dudo en salir y tomar su arco y flechas, si Ares se las ofrecía era por algo, contuvo su respiración sin saber qué hacer, sentía la tensión a sus espaldas tras Milo y Camus y a la vez percibía el cosmos tranquilo y benevolente de Ares que mostraba rara vez; a Athena no la conocía y no tenia porque confiar en ella, pues no solía preocuparse más allá que por sus santos, por nadie más.

-Ares… - Murmuro despacio y dio un paso hacia la barrera, fijando sus orbes en su propio arco que se encontraba a sus pies.

-Aldana. – Ares continuo avanzando dándole la espalda. – Athena no es la diosa que creen que es, ella es vengativa y así como yo hice que sus guerreros se asesinaran unos a otros, ella pretende hacer lo mismo, te hará creer que Scatha es un berserkers cuando aun no lo es, al igual que puso a Ker contra Enio y contra mi…

-Maldito. – Milo forcejeo atrás a su espalda e intento liberarse del agarre de Camus, quien le sujeto con más fuerza.

-Tú eres capaz de salvarla, tienes los poderes que yo te otorgue hasta para matar a un dios, solo hay que esperar que llegues a tiempo... o Athena la matara. – Ares se volvió hacia donde ellos se encontraban y estiro una mano en su dirección, mientras sonreía débilmente. – O puedes venir conmigo.

Ares era su dios, a pesar de la maldición que había cernido sobre ella, era el único que podría hacerle frente en realidad a Athena y a pesar de lo que había ocurrido en su infancia, Ares siempre había mostrado un fuerte interés por Scatha, por que haría aquello si no fuese en realidad para salvarla, dudo unos segundos en que hacer, estaba harta de servir a la voluntad de los dioses, ella simplemente quería una vida tranquila y en paz junto a su hermana y si Ares podía ofrecérsela ella la tomaría.

-Aldana espera. – Camus la tomo del brazo y la detuvo antes de que su pierna saliera de su propia barrera, se giro hacia él y por primera vez sus ojos mieles chocaron con sorpresa con los fríos ojos zafiros del acuariano que la sujeto con fuerza y la hizo retroceder varios pasos hacia él. – Escúchame por favor, tal vez Ares tenga razón y Scatha se haya topado con Saga, pero el pudo haber poseído a Saga por completo durante 13 años pero no le conoce en lo absoluto.

-No te entiendo. – Murmuro y se zafo del agarre del acuariano, viendo como Ares pretendía falsamente marcharse. - ¿Qué quieres decirme?

-Que Saga antes de atacar a tu hermana pudo comprenderla, pues él al igual que tu y ella estuvo siendo controlado por Ares desde su juventud y Athena le salvo, ella es la diosa más maravillosa y noble que he conocido, permíteme que te lleve ante ella, solo tienes que confiar en mi…por favor. - Camus extendió su mano hacia ella, con amabilidad y la invito a tomarla. – Confía en nosotros.

-Yo… - Se paso ambos brazos por el largo cabello celeste, el cual recogió detrás de sus oídos y miro con desesperación de Ares a Camus, sin saber qué hacer, su corazón latía con velocidad, mientras el aire en sus pulmones comenzaba a faltarle, Ares era su dios, uno al que había traicionado y que sabia en su interior jamás se lo perdonaría, pero confiar en alguien a quien apenas conocía y aún peor encomendarse a una diosa que no le garantizaba protección y que sin embargo la exponía a convertirse en un berserkers le hacía dudar ampliamente. Aún cualquiera que fuese su elección ella podía percibir en su interior que el resultado sería fatal para quien la rodeara y para ella misma.

Ares desapareció haciendo que la noche se tornase más oscura de lo que era y dejándola en una situación demasiado tensa para su gusto con los dos caballeros de Athena, retrocedió unos cuantos pasos, saliendo de su propia protección y rejunto del suelo el arco y sus flechas, los coloco frente a ella, preguntándose quién sería el que resultase muerto por su propia mano, los contemplo en silencio y luego volvió su vista hacia ambos jóvenes.

-Confiare en ustedes, pero yo también les pido que me tengan la misma fe que yo les guardo, por favor. – Aldana entrelazo su mano con la de Camus y volvió sus ojos mieles hacia Milo. – Yo me rehusó a quitar vidas, pues al contrario quiero salvarlas, sin embargo la sangre de un berserkers corre por mis venas, si yo llegara a volverme uno de nuevo, solo les pido un favor y ese es que acaben con mi vida.

Camus estrecho aún más la mano de la joven al escuchar aquello, mientras Milo le miro angustiado por lo que acababan de escuchar, acababan de ver una actuación pésima por parte de Ares pretendiendo preocuparse por sus guerreros y ahora veían el dolor que podía causar el servir a un dios en contra de su voluntad, tanto acuario como escorpión supusieron que aquella angustia la debió de haber experimentado Saga durante trece años y les aterro el darse cuenta que la única forma de alejarse de esa maldición, era la muerte, Saga se había liberado de la represión de un dios al aceptarla y ahora Aldana clamaba por ella…

Continuara…

Aclaraciones:

-Zahra: Este nombre significa flor y es de origen árabe.

Comentarios:

Charlotte: Me da gusto saber de nuevo de ti. Ya sabes que trato de mostrar lo bueno y lo malo de cada personaje, su pasado y su futuro desde diferentes puntos de vista, eso hace que se complemente un personaje y cualquiera de ellos tiene un pasado que recordar a veces oscuro otras luminoso y pues Shura es uno de ellos.

Darkmiss01: Si ya tenías un tiempo que no te veía por este lugar. Respecto a matarlos no se se me hacía muy cruel y teniendo dioses para salvarlo dije bueno porque no y les alargue un poco más la vida pero eso no quiere decir que están salvados por completo aun quedan muchas batallas por delante. Los titanes son malos en su mayoría pero nadie sabe el motivo exacto de esa maldad y mucha de esas razones fue por cómo se apropiaron los dioses del Olimpo encerrándolos injustamente y eso que nunca he visto God of war. Lamentablemente solo un lado puede ganar y para ello ambos lados deben debilitarse. Respecto a Ker ella pudo haber dado una batalla milenaria pero quise mostrar la traición que podía ocurrir, pues Ker pudo haber enfrentado a Rea sin problemas pero Ares la ataco por la espalda con una daga que era capaz de asesinar a un dios. Persefone no es mala, simplemente trata de salvar a quienes ama y no por ello dista mucho de Athena o cualquier dios. Como todo en el mundo, cuando Hades y Athena pelearon o en alguno de sus otros enfrentamientos con otros dioses, Athena nunca fue ayudada por otras divinidades quienes se limitaron a observar y no hacer nada, al igual Caos, Oscuridad, Nix, Erebo y demás simplemente observan la batalla sin entrometerse pues no lo consideran de su interés. Ares-Athena son una contraparte entre ellos mismo y a su vez heredaron sentimientos de sus padres, pues ambos son dioses de la guerra pero la manifiestan de diferentes formas según aprendieron de sus progenitores. Y también considero que deben cambiar la forma de educación de el linaje divino porque son un desmadre.

Lady-Sailor: Poquito solo lo normal, gozo con ponerlas nerviosas únicamente.

Joana: Espero que parte de este capítulo haya aclarado dudas sobre Aldana y Scatha, tenlo por seguro que tal vez ellas se liaran con algún dorado. Aioros y Radamanthys que te puedo decir en esa batalla se vale todo y puedes esperar lo que sea, no garantizo ni que gane el bien ni el mal jaja.

Mugetsu-chan xd: Créemelo Ares todavía tiene muchos As bajo la manga y no va a dudar en usarlo, eso te lo juro. La verdad el poder de los jueces del infierno pueden ganar a un santo dorado o al menos eso fue lo que se nos mostro en la saga del infierno, así que Aioros podrá ser el santo legendario pero ello no lo exenta de que tenga muchos problemas para enfrentar a Radamanthys, así que no hay que cantar victoria.

Maizpalomero: Me da mucho gusto que te agrade mi fic y te emocione cuando vez la actualización del correo, esa sensación la tengo yo también cuando veo que comentan pues me emociono mucho, lo juro. Y al contrario gracias a ti.

Beauty4ever: Si cuando uno inicia un fic jamás piensa en cómo va a terminar ni en su desarrollo y cuando miras hacia el pasado solo puedes exclamar un largo: Vaya, que cosas se me ocurren jaja. Hace mucho yo lei el episodio G y he decir verdad que me encanto, la orden no estaba tan corrompida en ese entonces, pues me he chutado todo lo de SS a excepción de Omega pero tendré que hacerlo porque necesitare de ello para mi siguiente fic. Estoy de acuerdo con Soul gold, la verdad esperaba más no se algo diferente pero en fin…

Kat-dreyar: Jajajaja me alegra que cambies tu forma de pensar. Ese Triptolemos es un semidios así que darle en su mami no será tan fácil. Pues ya entrare a la escuela pero espero tener tiempo para actualizar pronto porque esto cada vez se pone mejor, se me ocurren ideas más macabras cada vez. Pues hasta que Persefone no consiga el poder de otro olímpico Hades, no despertara y por estos momentos el único dios en el inframundo son Artemisa y Demeter.

Lasacari29: Aioros debe vengar a todos sus compañeros y cobrar el deseo que estos tienen por joderse al Radamanthys. Efectivamente Saga no se escapara de enfrentar a Ares quien ya tiene un plan para darle un fuerte golpe al gemelo mayor en el orgullo. Todo comenzara de nuevo a complicarse, se acaba el respiro para los muchachos.

LadyMadalla-Selene: Efectivamente, Ares va tras Saga ya lo había amenazado antes y le va a cumplir su palabra. Scatha y Aldana son más de lo que piensas y en el próximo capítulo te va a sorprender muchísimo una de ellas, pueden parecer dulces pero son demasiado peligrosas. Eres venezolana? Creo que con esta confesión Shurita ya libero todo lo que tenía que liberar. Kanon tiene un humor muy negro. Aioros va a intentar darle con todo a Radamanthys se lo merece, por él, por Athena y toda la orden. Aioros y Aioria llevan la misma sangre caliente jajaja en más de un aspecto deben parecerse, pero tú no te preocupes por Mascara que su menor problema fue el cariñito que le hizo Aioros en estos momentos, Persefone algo quiere y no es muy bueno. Si Athena quiere ser amiga de todos, los de bronce son los confidentes y pues con los dorados no se quiere quedar atrás.

Andy: Mu de Aries, aún no se me olvida, una promesa es una promesa y ya plante el terreno donde sucederá esa gran batalla, nada más y nada menos que el Olimpo, contra quien, puede ser Dokho o Aioria incluso un titán jajaja tendrás que esperar eso al próximo capítulo. Muchas gracias por tu cumplido y espero que te guste este capítulo.

Artemiss90: Que bueno que la historia te esta agradando con todo y sus locos matices, Shura ya se ha quitado un enorme peso de encima pero eso no le ayudara a sanar su herida así que su excalibur derecha aun está en veremos. Nadie quiere a Radamanthys.

Carlos: Yo creo que dentro de dos caps. Más ocurrirá esa batalla, pero pasara lo juro. Espero nunca dejar de sorprenderte.

Atte: ddmanzanita.