Un capitulo demasiado largo 35 hojas en Word pero valió la pena, incluso yo misma me emocione cuando lo escribí, les va a encantar. Agradezco muchos sus comentarios de lo que les pareció el capitulo.
Capitulo 29 Mi verdadero ser.
Su corazón comenzó a latir desesperadamente, al sentir aquella sensación envolviéndola de nuevo, tenía mucho tiempo sin experimentarlo, propiamente dicho desde la era del mito había perdido todas sus dotes de cazadora, cuando su flecha atravesó sin misericordia pero con la máxima inocencia el cuerpo de Orión, por el engaño que su propio gemelo planto.
En ese momento su corazón se detuvo y sus emociones se congelaron, había cometido un error imperdonable, una herida ajena que sintió como propia y escarmentó duramente su alma, sacudió sin piedad su orgullo divino y destrozo su mismo corazón. Pero ahora cuando su flecha se dirigió de nuevo hacia los cuerpos de Odysseus y Thesseus volvió a experimentar aquel odio que desato su gemelo en su interior, solo que esta vez el engaño lo había planteado una titanide y eso jamás obtendría su perdón.
Repudiaba su habilidad con el arco porque este le arrebato al único ser que había amado con toda su alma, pero ahora que lo volvía a poseer entre sus manos se daba cuenta, que no era un arma que únicamente cegó la vida de su amado, sino que también podía proteger a los que quería. Le empuño con fuerza con su mano izquierda y en la derecha materializo una nueva flecha plateada, comenzó a elevarse en el aire, con armonía y una falsa tranquilidad, pues su expresión facial indicaba todo lo contrario.
-¿Te has molestado pequeña Artemisa? Solo estoy jugando con tus guardianes, al fin no dejan de ser seres insignificantes ¿No es así? – Tea se paro al lado de los cuerpos de los ángeles de Artemisa, los cuales se encontraban encadenados a dos gruesas paredes, se acerco lentamente hacia Odysseus y tomo su rostro con descuido, apretándolo hasta enrojecer la piel morena del ángel. – Todos podemos arrebatarles la vida, aún cuando pretendamos amarlos, no dejamos de experimentar un gran desprecio hacia los seres humanos. Athena, Apolo, Zeus incluso tu los odian, aun cuando pretendan protegerlos los manipulan a sus conveniencias y hacen que luchen por ustedes hasta el grado de perder sus propias vidas, por dioses que no merecen esa clase de sacrificios.
-Silencio. – Exigió la rubia enfurecida, estaba hastiada de escuchar a un ser juzgar la relación de los humanos y los dioses, cuando los titanes ni siquiera mantuvieron un contacto cercano con ellos. Preparo su arco de nuevo, pero la sonrisa de Tea la paralizo por unos segundos.
-Espero que no te vayas a equivocar, sería una lástima que tú misma les mataras. Vamos Artemisa dispara esa flecha. – La escucho en silencio, dándose cuenta que Tea les utilizaría como escudos cada vez que ella intentase atacarla, así que retiro la flecha de la guía del arco y les bajo al lado de su cuerpo. - ¿No me atacaras? – Fingió una terrible sorpresa la titanide, quien no dejaba de sonreír con cinismo. – Perfecto porque lo hare yo.
Tea apareció entre sus manos las dos largas navajas y corto el viento con estas, creando dos filosísimas ráfagas de aire, la primera choco contra el suelo, a los pies de Artemisa y la segundo fue directo al torso de la deidad de la luna, la cual logro frenarlo con su arco antes de ser herida, creando una barrera con él
-La que te equivocas eres tú. – Artemisa escondió sus ojos ambas bajo su hermoso cabello rubio y estrecho aun más el cuerpo del arco con su mano. – Me has subestimado desde el principio, sin considerar que al igual que tu provengo de un linaje divino.
La luna a perlada se alzaba hermosa en el manto celestial, bañando con sus rayos platinos el suelo de Elíseos y alumbrando cada rincón del que fuese una vez el paraíso, sin embargo esta comenzó a tornarse rojiza, como si fuese bañada por sangre, los cráteres en el cuerpo celestial blanquecinos comenzaron a oscurecerse con un tono carmesí y sus haces argentados se tornaron escarlatas, tal y como si el sol bañara al astro menor con sus rayos, otorgándole la protección de la luz de día, mientras la oscuridad era ocultada entre aquellos espectros anaranjados. Aquella era una luna de sangre que solo traería consigo tragedia.
-Has notado mis errores Tea, pero de lo que no te has dado cuenta es que yo también tan solo te estaba probando. – Artemisa alzo su mirada embravecida y disparo una flecha hacia la titanide quien creó una ráfaga de viento dispuesta a detenerla, sin embargo en el largo transcurso de esta, la arma de la diosa de la caza se dividió en 8 fragmentos sumamente filosos que golpearon las cadenas de sus ángeles, liberándolos de su captura. – Tu pelea es conmigo y te demostrare porque los dioses superamos a los titanes.
-Inténtalo. – La reto iracunda Tea, el fin de aquella segunda titanomaquia estaba cerca, ambas podían presentirlo, ambos lados habían resultado dañados durante el transcurso de las cruentas batallas, titanes y dioses habían caído por igual, arrastrando en su desgracia a los humanos como lo había sido en la era mitológica y sin embargo era a partir de ahora donde en realidad las batallas cobrarían un mayor sentido y valor, pues los últimos golpes eran los que en realidad definían una pelea.
Quedaban tan solo seis titanes contándose ella, que podrían hacerle frente fácilmente a cualquier dios, pues estos se habían vistos mermados mucho antes que iniciase aquella pelea, sin la ayuda de Hades, las fuerzas de los tres dioses principales se veían reducidas a dos y en el transcurso de la batalla se había sellado poderosos aliados de los dioses; Poseidón, Apolo, Hermes, Dionisio, Hera, Ker entre otros. Ahora sus únicos enemigos en potencia podrían decirse que eran Zeus y Athena principalmente. Pero sus hermanos ya debían estar dominando al dios del rayo y Ares pronto se encargaría de Athena, quien podría ser la última deidad quien librara la última batalla por el dominio de la tierra.
-Aún cuando lograras derrotarme, Artemisa el tiempo se ha acabado para los dioses, dentro de poco el santuario de Athena sucumbirá, incluso ella misma morirá. – Tea elevo sus dos espadas dando fin a la charla que ella misma había iniciado y las sacudió con fuerza, el aire se torno de halos verdes, mientras las ventiscas se tornaban en potentes cuchillas que destrozaban todo a su paso y partían el suelo a la mitad.
Artemisa interpuso su arco de nuevo, deteniendo con este una de las tres ráfagas que se dirigían hacia ella, esquivo la segunda que fue a estrellarse contra uno de los templos de los dioses gemelos y el tercero la golpeo a ella por el hombro, el dolor que escarmentó fue terrible se llevo una mano al pecho para sentirse la sangre que seguramente emanaría de su cuerpo sin embargo se sorprendió, al ver que no tenía ninguna herida físicamente.
-Mis espadas no solo crean ráfagas de aire capaz de cortar un cuerpo. – Tea avanzo algunos pasos frente a ella y recogió uno de los últimos pétalos de flores que se encontraban en el suelo, el cual comenzó a acariciar con las yemas de sus dedos, como si el prodigarlo de suaves caricias volviese a traer a la vida, aquella miserable planta. – También pueden cortar un alma, lo cual facilitara que selle tus poderes poco a poco, hasta que te sumas en un profundo sueño, el mismo que tus iguales están experimentando y tendrán por toda la eternidad.
Tea volvió a levantar sus brazos dispuesta a lanzar una nueva cuchilla pero se detuvo al ver como Artemisa comenzaba a ser rodeada por su cosmos plateado, el fino vestido blanco de seda que poseía, empezó a desvanecerse en el aire, transformándose en una armadura azul plateada, la cual cubría en su mayoría el cuerpo de la deidad dejando tan solo al descubierto parte de su largo cuello y sus brazos, que eran predecedidos por dos hermosas hombreras que contenían el signo de la luna.
-Casualmente cada vez que mis flechas te han cortado, han producido el mismo efecto en ti. Tal vez mis ojos no vuelvan a ver la superficie, ni al Olimpo, pero me asegurare que tu tampoco lo hagas Tea. – Artemisa se deslizo rápidamente por el cielo y disparo una nueva flecha rodeada de su cosmos hacia la titanide, el cual salió proyectado con un haz plateado, semejando como si una estrella fugaz hubiese surcado el mismo cielo.
Tea volvió a alzar sus cuchillas pero en esta ocasión la flecha de Artemisa golpeo directamente su pecho, el impacto del golpe la arrogo al suelo mientras una la luz que emitía la flecha comenzaba a quemar su alma, intentando sellarla, llevo una mano hasta ella y la arranco enfurecida. Se incorporo de un salto y lanzo una de sus cuchillas hacia Artemisa quien elevo una barrera, para protegerse.
-¡Te destruiré! – Tea elevo de nuevo sus manos sobre su cabeza, creando de nuevo un centro de baja presión, que provoco que de nuevo comenzara a llover en Elíseos y el cielo se viera surcado por potentes rayos, que emitían impactantes rugidos, iluminando por segundos todo a su alrededor. Un coloso huracán comenzó a formarse atrayendo las oscuras nubes hacia su interior y arrastrando con sus esplendorosos vientos todo lo que le rodeaba, Tea envolvió en su interior a Artemisa para sofocarla de nuevo.
El agua comenzó a golpear su rostro con una inmensa furia, que rasgaba su piel y arrancaba partes de su armadura sin piedad, el aire comenzó a faltarle de nueva cuenta pues la velocidad con la que se movía le resultaba imposible para respirarlo, se llevo una mano al cuello, mientras comenzaba a toser por la falta de oxigeno. Una potente ráfaga de viento rasgo su pierna provocando un profundo corte en esta, su sangre comenzó a emanar tiñendo el suelo a sus pies de escarlata.
Sujeto con fuerza su arco y trato de apuntarlo hacia Tea, sin embargo el poderoso viento que la rodeaba se lo arrebato de las manos y lo arrugo lejos de ella, Tea sonrió al ver esto y lanzo con su cuchilla una nueva hoja filosa hacia Artemisa con la intención de sellar otra parte de su alma, el huracán se abrió cuando percibió el poder de la titanide, dejando pasar el ataque que golpeo de lleno a la deidad de la luna que emitió un grito de dolor, para verse de nuevo rodeada por el huracán que comenzó a cortar de su piel.
-¡Vamos Artemisa! No ibas a mostrarme tu poder. – Se burlo Tea que se acerco a escasos metros del huracán que mantenía cautiva a la rubia en su interior. – Si continuamos así te sellare antes de lo que creí. – Tea volvió a alzar su mano para atacarla. – Mi ataque surte efecto al golpearte cinco veces, ya lo he hecho dos y con esta serán tres. – Tea bajo su mano provocando un poderoso viento que partió el suelo a la mitad mientras los vientos del huracán se vieron destrozados por el ataque de la titanide, Artemisa volvió a ser golpeada de nuevo por el filo de aquella cuchilla.
Su cuerpo golpeo el suelo, aquel dolor que recorría su cuerpo era indescriptible, a pesar de no causarle ningún daño físico, podía sentir como algo en su interior era desgarrado con brutalidad, como si destrozasen todos sus nervios. Puso sus brazos sobre el frio suelo de Elíseos y clavo sus ojos ámbar en la tierra durante unos segundos, sonrió incrédula al darse cuenta cuanto trabajo le costaba respirar, su brazos y piernas estaban lacerados por las corrientes filosas del mismo huracán y ahora su propia alma estaba siendo vencida por el poder de la titanide.
-Seré benevolente y acabare pronto contigo, para después asesinar a tus ángeles. – Tea elevo de nuevo sus cuchillas al aire dispuesta a lanzar su ataque. – Veo que el gemelo prodigio fue Apolo.
-Apolo…. – Cerro los ojos por unos segundos, a pesar que todo a su alrededor se estaba destruyendo, el aire raspaba y cortaba todo a su paso, pero en ese instante la tormenta tan solo se había vuelto una cálida lluvia, las ráfagas de viento eran tan solo soplos cálidos a su alrededor y la falta de aire había menguado. Recordó los últimos instantes cuando pudo tomar la cálida mano de su hermano después de que Cronos le atacase en el templo del sol, cuando encontró Apolo tendido entre los escombros de su templo, herido peligrosamente por el orificio del keraunos con el que había sido herido previamente, su mundo volvió a detenerse, pero Apolo se lo había prometido ella, nunca estaría sola y era por ello que debía luchar. – Icaro, Thesseus, Odysseus, Athena y los demás dioses… incluso podría decir que intentaría salvar a algunos humanos pero…
Se incorporo lentamente en el ojo de aquel huracán y elevo sus orbes ámbares hacia el cielo justo cuando el cuarto ataque de Tea golpeaba duramente su cuerpo, sellando otra parte de su alma. Sonrió débilmente cuando entre la capa gruesa de nubes ennegrecidas y el propio reflejo de la luna ensangrentada pudo vislumbrar un delgado pero potente rayo dorado de luz, proveniente del astro rey. –Apolo tu siempre cumples tus promesas…
-Artemisa ningún dios es invencible. – Se burlo la titanide, saboreando su victoria pues un golpe más al alma de la diosa de la luna y esta se sellaría para hacerle compañía a los otros dioses. Sonrió complacida de su trabajo, viendo como el huracán que había creado, había servido para encarcelar a Artemisa y que de esta forma cualquier ataque que lanzara golpeara efectivamente a la deidad.
-Ni siquiera un titán. – Artemisa exploto parte de su cosmos que destrozo los vientos del huracán inestabilizandolo, salió apresurada de este y corrió por su arco y flechas tomo una de ellas y la monto sobre el cuerpo de su arco, tensando rápidamente la cuerda apuntando hacia Tea que sonreía socarronamente, dio una gran bocanada de aire, disfrutando de la sensación de que sus pulmones se llenaran de aire y concentro todo su cosmos en la flecha, la cual se rodeo de un halo platino.
-Artemisa si vuelvo a lanzar mi ataque te sellare, pero ¿Qué que puedes hacer tu con una insignificante flecha? – Tea alzo sus cuchillas al aire, ampliando aún más su sonrisa. – Lo primero que hare cuando obtenga tu cosmos será volver a la vida a Hades.
-¿Qué, qué puedo hacer? – Pregunto incrédula, sonrió débilmente mientras hacía arder todo su cosmos en su único ataque. – Soy una cazadora y por ende soy capaz de matar. – Sentencio duramente, separo sus dedos del culatin de la flecha que salió proyectada a una gran velocidad, que elevo nubes de polvo a su alrededor e hizo una hermosa estela en el cielo de Elíseos.
-¡Maldita! – Tea lanzo sus cuchillas para defenderse del ataque, pero fue muy tarde. La flecha de la deidad de la luna destrozo en su ascenso a las filosas corrientes de aire, desapareciéndolas por completo, Tea retrocedió asustada ante el poder que había despertado en Artemisa y coloco una barrera esmeralda para protegerse pero el resultado fue el mismo, la flecha la atravesó sin problemas, rescrebajandola como si fueran un montón de vidrios rotos y se clavo justo en su cuello.
-El hecho de que un dios se vuelva tan vulnerable como un humano, es lo que aumenta su poder. – La flecha se incrusto aún más en el cuello de la titanide despidiendo una poderosa luz azolácea que comenzó a extraer y sellar el alma de la divinidad. Artemisa contemplo el rostro de Tea que la miraba sorprendida y con un dejo de incredulidad en el rostro, estiro su mano en el aire y la flecha retorno hacia ella con fuerza trayendo en su haz el alma sellada de Tea, miro la flecha con insistencia pensando en la rabia que impulsaba a los titanes a volver a alzarse con furia contra los dioses y la culpa que ellos mismos tenían en haber provocado ese odio desde la era mitológica. Una vida de placeres no lograba la felicidad, ni una llena de tormentos limpiaba un alma, al contrario la oscurecía aún más.
Elevo con su mano la flecha que salió disparada hacia el cielo de Elíseos que comenzaba a despejarse, camino a paso tranquilo hacia sus ángeles y se arrodillo aún lado de ellos, reconfortándolos con su cosmos, mientras su alma se iba liberando de las ataduras que Tea había puesto sobre ella, pero no solo las de Tea, sino también las cadenas que aprisionaban su alma desde la era del mito, ella misma se había perdonado.
…
-¡Plasma relámpago! – El estruendo del ataque hicieron temblar todo el recinto el cual se vio iluminado por miles de haces dorados que se dirigieron hacia Mu a la velocidad de la luz, el caballero de Aries retrocedió varios metros para esquivarlos y cuando estuvieron a punto de golpearlo se teletransporto para evitarlos.
-Bien Mu encárgate de gatito, yo hare lo posible por controlar al tigre. – Kanon no pudo evitar un puñetazo del chino que le hizo romper la pared y le arrogo hacia el exterior, donde lo siguió el antiguo maestro de libra.
-Tengo un plan. – Respondió el lemuriano volviendo a aparecer, pero fue sorprendido de nuevo por Aioria quien le siguió peligrosamente a la velocidad de la luz, esquivo el golpe del león dorado el cual se estrello contra el muro, que se destrozo. Mu giro rápidamente y golpeo la espalda de Aioria para alejarlo de él, miro hacia sus espaldas para observar a Zeus que enfrentaba con dificultad a los tres titanes, no había tiempo que perder, tenía que deshacerse de Aioria y enfrentar directamente a uno de los titanes.
-¡Plasma relámpago! – La distracción le costó muy cara, pues el golpe de Aioria le dio de lleno en la espalda, arrogándolo hacia el suelo, se detuvo con los brazos para frenar el impacto, raspándose las manos. Aioria llego hasta él y le planto un fuerte puñetazo en el rostro el cual le reventó el labio al lemuriano, Mu le alejo con una explosión tenue de su cosmos.
-¡Muro de cristal! – La barrera se alzo interponiéndose oportunamente ante ambos caballeros de oro, el peli lila cerró los ojos con tristeza al pensar que él era el santo dorado que más había enfrentado a sus compañeros, desde el inicio la relación de él y Mascara de la muerte casi llego a enfrentarlos a una guerra de los mil días, desde ese momento hasta la guerra santa no solo enfrento al guardián de la cuarta casa, sino también a Afrodita, Shura, Camus y Saga y ahora se sumaba Aioria a la lista.
-¡Relámpago de voltaje! – Aioria golpeo el aire con su puño derecho a una velocidad extremadamente rápida que rompió la presión de la atmosfera y creó un vacio, su brazo derecho se cargo de energía eléctrica que disparo a través de este, en una potente bola a la velocidad de la luz, la cual impacto directo contra el muro de cristal, pero la detonación nunca ocurrió pues el ataque del santo de leo fue revertido contra él.
-¡Aioria cuidado! – Le advirtió Mu al ver que el ataque retornaría contra Aioria, podía ser su oponente en ese momento pero eso no quitaba que leo fuese uno de sus mejores amigos y no estuviese preocupado por su salud. El aire produjo un chillido ante la cantidad de carga eléctrica que retornaba hacia Aioria con velocidad, él cual gracias a la advertencia del mismo Mu logro esquivarla.
Mu retiro el muro de cristal sin la intención de lastimar a su amigo con sus propias técnicas, su cosmos dorado empezó a arder a su alrededor y le rodeo, envolviéndolo en un halo dorado, no tenía intenciones de lastimar a Aioria pero tampoco tenía la forma de hacerlo reaccionar, así que solo quedaba una opción.
-¡Extinción de luz estelar! – Mu acumulo su cosmos para poder liberarlo en múltiples y brillantes golpes en forma de una galaxia que lanzo hacia Aioria, que fue golpeado por esta y engullido en aquel destello dorado que comenzó a succionar todo lo que estuvo a su alcance, al igual que cuando una supernova estalla, pues luego de que la luz dorada comenzó a extinguirse se provoco un agujero negro que comenzó a devorar todo lo que estaba próximo a ella, en un inicio Aioria planto una férrea resistencia a dejarse arrastrar por las corrientes de vacio sin embargo la fuerza cósmica fue más fuerte y le succiono, hacia la luz dorada que desapareció en una columna vertical en compañía del santo de leo.
-¿Qué hiciste? – La voz ronca de Kanon estallo en su mente casi como un regaño, pues Mu pudo percibir la alteración en la voz del gemelo menor al sentir el cosmos de Aioria desaparecer.
-Le he teletransportado hacia el santuario, para que Shaka pueda ayudarlo a volver en sí, pues nuestra misión es proteger a Zeus. – Mu se encamino decidido hacia donde los tres titanes atacaban sin clemencia al dios del rayo, el cual se encontraba en el suelo, limpio con su antebrazo la sangre que salía de su labio y se teletransporto hasta ellos interponiéndose en medio de aquella batalla. - ¡Muro de cristal!
-Que impertinentes son los humanos. – Menciono con molestia Crio, recargándose sobre su espada y mirando hacia sus hermanos los cuales arrugaron el ceño al ver el muro alzado frente a ellos, el cual protegía a Mu y Zeus.
-Destruye su barrera Crios. – Siseo desinteresado Ceo, produciendo una sutil descarga eléctrica entre sus manos provenientes del Keraunos, que centello entre estas.
-Bien. – Crio se incorporo y alzo su espada a los cielos, la cual dejo caer de golpe hacia el suelo, el aire silbo ante el filoso corte de energía que cruzo el aire, tanto el techo como el suelo del templo se resquebrajaron, abriendo una profunda grieta, el halo rojo oscuro que siguió el corte de la espada se impacto contra el muro de cristal, el cual hondeo peligrosamente durante unos segundos pero al cabo de un momento se restableció y logro revertir el ataque del titán hacia el mismo.
-Atacar a este muro equivale a enviar vuestros ataques contra vosotros. – Advirtió Mu una vez que observo como su propia barrera retornaba el filo de la espada de Crio contra él mismo, el titán al percatarse que su propio ataque volvia contra si, tomo su espada con ambos brazos e hizo que ambas espadas se impactasen una contra a la otro, lo que produjo un fuerte estallido metálico y lanzo hacia atrás al titán, que se vio envuelto en una nube de polvo.
-Veamos si soporta esto. – Ceo tomo con fuerza al Keraunos que vibro peligrosamente entre sus manos y lanzo algunos rayos hacia la periferia, tornándose más amenazadores. Ceo giro rápidamente con él rayo y luego le apunto hacia Mu, el retumbo del estruendo eléctrico hizo cimbrar todo el templo y provoco una poderosa luz incandescente celeste.
Mu vio venir el rayo hacia él y concentro todo su poder psíquico en soportar el impacto, pues aquel mismo rayo había casi matado a Shura y dudaba que si él lo recibía corriera con la misma suerte que el capricorniano, cerró los ojos concentrándose todo su poder en el muro de cristal que se vislumbraba de vez en cuando.
El rayo golpeo la barrera con una gran potencia que le hizo vibrar junto al edificio, Mu sintió como su mente fue sacudida con brutalidad como si parte de la estática de aquella energía eléctrica le golpease directamente a él, sus manos temblaron ligeramente ante el continuo embate del rayo pues Ceo no cortaba la corriente entre el Keraunos y la barrera, provocando que ambos estuvieran unidos por un rayo celeste que hacia chillar el aire.
Mu abrió los ojos lentamente haciendo estallar su cosmos, intentando darle más soporte a la barrera, pues esta no solo soportaba un golpe de gran magnitud si no que también estaba siendo sometida a una presión constante pues Ceo continuaba dirigiendo la carga eléctrica del Keraunos contra él. – "No soportara por mucho tiempo" –
Y sin más Hyperion se unió a su hermano lanzando una columna de fuego contra el muro de cristal que se sacudió con fuerza, ante la presión. Mu contemplo como los rayos y el fuego se agolpaban peligrosamente frente a él y únicamente estaban siendo detenidos por su barrera, pero ni siquiera el muro de cristal era ya capaz de regresar los poderes de ambos titanes, solo les frenaba pero eso sería algo temporal.
El muro crujió peligrosamente y se sacudió una vez más con insistencia, Mu se sintió empujado por unos segundos y la pared comenzó a resquebrajarse y formar grandes grietas que hicieron estallar en pedazos triangulares similares a los del cristal al romperse y que golpearon el suelo, para transformarse en fragmentos de luz que desaparecieron instantáneamente bajo esferas de cosmos.
Zeus se interpuso entre Mu y el trayecto de ambos ataques y les intento frenar con una barrera creada de su propio cosmos pero a los ataques de Ceo e Hyperion, se les sumo el filo de la espada de Crio que desbarataron la barrera del dios e hicieron estallar toda la estructura del templo, provocando una luz rojiza extremadamente incandescente, que hizo venir abajo toda la estructura.
Mu fue golpeado por el filo de la hoja de Crio cuando el muro de Zeus cayo, que golpeo su hombro izquierdo produciendo un profundo corte en su pecho, la mano izquierda se le acalambró por completo, sin embargo utilizo su telequinesis para frenar su propia hemorragia e intento utilizar su cosmos para sanar la herida, sin embargo pronto se vio sepultado bajo el peso del techo, su cuerpo se vio aplastado por grandes trozos de mármol que le impedían respirar y provocaron algunos cortes más en su piel. Concentro en su mano derecha parte de su cosmos y le hizo estallar destruyendo las rocas sobre él y despejando una salida de aquel lugar.
Tosió un parte de veces debido al polvo que entro en sus pulmones y salió de los escombros, empujando con su mano una roca, se tambaleo un poco ante la falta de aire y el dolor producido por el corte en su hombro izquierdo. Vislumbro todo a su alrededor y pudo ver a Kanon y Dokho peleando un poco más alejados de ellos, recorrió con su vista el lugar, rebuscando entre los escombros a Zeus, pero de repente Hyperion se materializo frente a él y le propino un semejante puñetazo en el rostro que lo hundió de nuevo en el suelo, creando un enorme boquete. Hyperion le siguió velozmente y le piso la garganta con la pierna.
-Eres una molestia Aries. – El titán apretó más el pie contra su cuello haciéndolo crujir y dificultando el paso de aire a sus pulmones, por lo que Mu intento, utilizar sus dos manos para retirar el pie de Hyperion. – Buscabas un nuevo oponente, pues aquí lo tienes, aunque ambos sabemos que perderás ante mi poder.
Mu logro levantar por unos segundos el pie del titán y zafo su cuello debajo de la constante opresión, rodo por el suelo y se incorporo de un salto, aspiro profundamente una bocanada de aire y sobo con su mano la piel enrojecida de su cuello, intentando aportar un provisional alivio.
-Tienes un valor impresionante santo, has venido hasta un lugar prohibido para los mortales con el fin de rescatar las almas que han suprimido a tu raza. – Hyperion se desvaneció en el aire y reapareció a escasos centímetros de Mu, quien no se inmuto al ver al titán tan cerca de él. – Los dioses a los que defiendes son seres crueles y orgullosos que intentan sobreponer su voluntad sobre las otras razas, la tuya e incluso la mía; encerraron en el tártaro a mis hermanos y nuestro súbditos condenándolos al sufrimiento eterno.
Mu guardo un profundo silencio analizando las palabras que había dicho el titán, no únicamente guardaba un profundo odio a Zeus y los demás dioses si no que podía notar en las expresiones del titán, la preocupación que sentía hacia los súbditos que lo siguieron en la titanomaquia, algunos de los cuales aún permanecían encerrados en el tártaro.
Hyperion reapareció a sus espaldas un sol ennegrecido con reflejos rojizos del cual se engendraron enormes serpientes de plasma solar que se arrastraron por el suelo en dirección hacia Mu, quemando y derritiendo todo lo que estaba a su alrededor.
-Muro de cristal. – Mu interpuso de nuevo su defensa más poderosa la cual no sedería esta vez, pues solo estaría soportando la fuerza de Hyperion, las serpientes golpearon sus cabezas de fuego contra el muro, intentando romperlo con la fuerza de sus colmillos, sin embargo la ofensiva de Mu resistió aquellos constantes embates, por lo que al verse bloqueadas una de las serpientes se alzo sobre el cielo y se deshizo transformándose en una lluvia de magma que comenzó a llover sobre Mu.
Mu se teletransporto para evitar que la lluvia cállese sobre él y reapareció detrás de Hyperion que giro su hombro tranquilamente hacia el solo para observarle.
-Es natural que un mortal pierda ante un titán, por lo que no tienes que ocultar tus heridas santo. – Mu le miro sorprendido viéndose descubierto por el pelinegro, Hyperion se giro hacia él, estirando su brazo en su dirección y provoco que el sol tras él comenzara a proyectar un viento solar acompañado de ondas de plasma que pulverizaron todo a su paso.
El viento poco a poco fue transformándose en una tormenta de viento solar de fuego y velocidad extremos que creo torrentes de fuego alrededor de Mu y comenzaron a incinerar todo a su alrededor reduciendo todo a un polvo negro que se dispersaba ante la velocidad extrema, la temperatura comenzó a subir y pronto olas de calor arrastraban todo a su paso.
-Tengo que frenar sus ataques. – Extendió una vez más su mano frente a él antes de que el ataque de Hyperion lo golpeara y cerró sus ojos, para volverlos a abrir despacio, pero esta vez lanzo una onda telequinetica de su mente que freno la tormenta solar a escasos metros de él.
-Eres un maestro en poderes mentales. – Reconoció el pelinegro, expresando una débil sonrisa en los labios. – Pero yo también. – Hyperion desapareció en compañía de su ataque, Mu se giro hacia todos lados intentando predecir de donde volvería a parecer el titán esta vez en compañía de su poder, el cual si no lograba detener tendría graves repercusiones sobre él.
Hyperion estaba mostrándole lo que en realidad era el poder de un dios. El titán apareció tras él por lo que se giro para frenar el ataque sin embargo, pudo percibir que el ataque del pelinegro venia directamente del cielo, como una columna de fuego y un poderosísimo viento que le golpeo directamente y provoco un enorme boquete en el suelo en el cual le empujo el ataque, cuando Mu pensó que solo tendría que librarse de la tormenta pudo vislumbrar como el sol que había aparecido tras Hyperion se dirigía hacia él, pero todo fue muy de improvisto y lo percibió muy tarde pues cuando intento frenarlo con el muro de cristal o la extinción de luz estelar, el sol exploto…
…
Abrió sus orbes azules en medio de la oscuridad que la rodeaba, se llevo una mano a la frente y la otra al pecho que se elevaba agitado ante la pesadilla que había tenido, recorrió con los ojos en silencio la habitación y suspiro cuando reparo que se encontraba sola, giro un poco su rostro sobre la almohada y vislumbro los rayos rojizos que se filtraban a través de la cortina de la ventana, lo que la extraño pues aún la habitación se encontraba en penumbras.
-Aún es de noche. – Se enderezo sobre el colchón y se sentó al borde de la cama, mientras sus largos cabellos rojizos caían a lo largo de sus piernas, escucho por unos segundos con atención para percibir cualquier ruido y miro directamente hacia la puerta que permanecía cerrada e impedía que la luz de las tenues velas que ardían en el pasillo entraran, sin embargo podía ver el halo de estas por debajo de la puerta.
Sus pies descalzos tocaron el frio piso de mármol y dio algunos pasos hacia el ventanal, donde las cortinas se sacudían con la húmeda brisa que se filtraba por esta, camino despacio hasta el balcón y detuvo entre sus manos una de las blancas cortinas que se sacudía con el aire, le lanzo con cuidado hacia atrás y salió al balcón donde el viento nocturno golpeo su rostro con suavidad.
Alzo su vista hacia el cielo y contemplo a la luna en el centro del cielo luciendo un claro matiz escarlata que sustituía al color níveo que acostumbraba tener, aquella era una luna de sangre, una que nunca auguraba nada bueno. Los rayos carmesí bañaban la tierra oscureciendo aún más todo a su alrededor y dándole un matiz más tenebroso y opaco al santuario, como si todo estuviera cubierto de sangre.
Bajo su mirada zafiro hacia su muñeca y paso sobre esta sus delgados dedos blanquecinos, acariciando con cuidado la marca del dios de la guerra, que bajo aquellos matices parecía ceñida en fuego y a su mente volvieron aquella horrorosa pesadilla que la azolaba desde su juventud, sacudió su larga cabellera intentando despabilarse de esas imágenes y regreso su vista hacia la hermosa luna escarlata que bañaba a la tierra con sus rayos.
-La luna parece teñida de sangre, pero en realidad la que está manchadas de ella, son mis manos. – Scatha agacho el rostro y arranco de su muñeca la pulsera de piel que la diosa Ker le había regalado y la dejo caer por el balcón hacia los acantilados del templo de géminis.
Entro apresurada a la habitación y comenzó a vestirse con velocidad y sigilo, con una precisión absoluta, mientras la oscuridad del cuarto la rodeaba, una vez que termino de alistarse, abrió la puerta y salió al pasillo, por unos segundo la luz de las velas la hipnotizo pero reparo que le quedaba poco tiempo, la pesadilla le había advertido que el poder de la diosa Ker había desaparecido de la tierra por completo y por ende la protección que otorgaba aquel brazalete ya no le servía de nada.
Saga percibió el cosmos de la pelirroja moviéndose por el pasillo principal de géminis, al inicio creyó que la guerrera intentaría huir por lo que apareció el laberinto dentro del tercer templo, pero pronto percibió que la guerrera se acercaba hacia su habitación, así que prefirió dejarla actuar, para descubrir sus verdaderas intenciones.
La puerta de su habitación se abrió y dio paso a que la luz del pasillo iluminara su rostro a pesar de que tenía los ojos cerrados, sintió el golpe luminoso en la cara pero continuo fingiendo estar dormido, escucho un ligero clic al cerrarse la puerta y la oscuridad los sumió a los dos dentro de la habitación. Advirtió el sigilo de la pelirroja y sus suaves movimientos por la habitación acercándose hasta él.
-Saga. – Susurro despacio la joven sentándose con cuidado sobre el borde de la cama y depositando su mano sobre el hombro del gemelo para sacudirlo delicadamente. – Saga. – Abrió los ojos permitiendo que sus orbes esmeraldas contemplaran a la hermosa pelirroja y pudo contemplar su delgado rostro debido a los rayos rojos que atravesaban la cortina e iluminaban la mitad del rostro de Scatha. – Tengo que irme. – Repuso con seriedad.
-¿Qué? – Se incorporo sobre la cama y acorto el espacio entre él y la pelirroja.
-El sello se ha roto, volveré a ser un berserkers en cualquier momento, ya no hay tiempo, así que he venido a despedirme antes de irme. – Scatha se levanto de golpe de la cama y camino hacia la puerta, la cual abrió permitiendo que la luz del pasillo entrara a la habitación.
-Espera. – La llamo intentando suavizar un poco su voz ronca.
-Saga, tengo que irme del santuario lo antes posible, así que quiero decirte que ocurrió con tus compañeros. – Scatha se tenso de golpe, sintiendo como una oleada de calor recorría todo su cuerpo.
-Iremos ahora mismo con Athena… - Saga se levanto de la cama con velocidad, pero tan solo llevaba unos pantaloncillos de entrenamiento por lo que mostro su perfecto torso desnudo, a lo cual la pelirroja alzo las cejas impresionada por la figura del santo, pues no había un musculo en el cuerpo del gemelo que no se marcara, lo que hizo que Scatha se sonrojara al instante y volteara su rostro hacia las velas del pasillo.
-Solo date prisa. – Scatha salió de la habitación muerta de pena y el sonrió traviesamente al ver la reacción de la pelirroja, ahora seguramente pensaría que era un pervertido, pero la que había venido a su cuarto había sido ella, lo que lo hizo sonreír levemente. Se vistió rápidamente y llamo a su armadura dorada la cual le envistió en su interior y salió del cuarto quedando de frente a la guerrera que había recobrado la compostura. – Saga ¿Estás seguro de esto? En cualquier momento yo puedo perder el control y…
-Hicimos un trato ¿No? – Saga desapareció el laberinto que había creado en géminis y la tomo con suavidad del brazo para dirigirla a la salida del tercer templo, por ningún motivo permitiría que otra persona volviera a escarmentar lo que el había sufrido y menos alguien como Scatha.
-A por cierto deberías de hacer más ejercicio estas algo gordo. – Admitió la chica con cierta indiferencia, pero después mostro una hermosa sonrisa traviesa la cual él también compartió, pues había descubierto que aparte de rebelde de la joven, también era algo ocurrente.
-Y tú deberías aprender a mentir. – Saga la miro con superioridad y ambos comenzaron a ascender por las escaleras que llevaban a cáncer, pero abajo la sonrisa de ambos se ceñía una peligrosa amenaza una que en cualquier momento detonaría su bomba de tiempo.
…
La destrucción se ceñía a su alrededor, gruesas columnas de humo se alzaban hacia el cielo y se dispersaba por todo el lugar como si fuese neblina o una lluvia de cenizas sobre ellos, enormes pilastras, paredes y formaciones rocosas se hallaban colapsadas y reducidas a escombros, las explosiones de sus cosmos habían provocado considerables llamaradas rojizas, que desprendían de vez en cuando brasas por el aire, al consumir alguna estructura.
-Radamanthys. – Aioros alzo su mirada zafiro, que contrastaba más al estar el rostro del castaño cubierto de sangre. – Debo reconocer que eres un guerrero admirable y no podría esperar otra cosa de un juez del infierno, pero a pesar de ello, nada impedirá que te derrote.
-¿Se supone que debería agradecer el cumplido?– Pregunto irónico el británico. – Créemelo Aioros, el derrotarte no solo probara mi fuerza, si no que les mostrara a todos los patéticos santos de oro la superioridad del ejército de Hades.
-¿Superioridad? – Aioros abrió los ojos de par en par y sonrió con incredulidad. - ¿Cuántos espectros quedan? ¿Dos, tres a lo mucho? – Amplio su sonrisa al darse cuenta que aquel comentario no solo había molestado a Radamanthys el cual era el principal objetivo sino que además había sonado muy al estilo de Kanon.
-El depender de otras personas nos hacen débiles. El fin de la guerra está cerca sagitario y ten por seguro que dos espectros somos suficientes para que el dios Hades vuelva a despertar. – Radamanthys expandió su cosmos que le cubrió en una llamarada violácea que ardía con furia a su alrededor. – Y yo no me regocijaría tanto del número de santos actuales, pues en cualquier momento la traición puede sobrevenir.
-¿A qué te refieres? – Pregunto, reteniéndole la mirada al unicejo.
-Ustedes claman ser buenos, valerosos y dignos guerreros, pero a penas y les muestran un hueso más grande no dudan en morderse entre sí, el ejercito de Athena no conoce la palabra fidelidad, lealtad o la justicia que tanto pregonan, solo son seres avariciosos y orgullosos que buscan su propio beneficio. – Radamanthys subió el pie sobre una calavera que yacía entre los escombros y la destruyo con su peso, volviéndola solo trozos de hueso.
-Creí que sería yo quien te hablara de moral a ti. – Aioros expreso una sutil sonrisa y elevo sus ojos azules hacia el oscuro techo del inframundo, restándole importancia a los errores del pasado. – Pretendes juzgar a un ejército enemigo, cuando ni siquiera te importan los demás espectros, te haces ver como un líder frente a ellos, pero puedo apostar que no conoces el nombre de la mayoría de tus guerreros. – Aioros comenzó a caminar hacia el juez del inframundo e incendio su cosmos dorado que ardió con fuerza a su alrededor. – Clamas que dos espectros bastan para que Hades resurja, cuando ni siquiera valoras su vida y mucho menos el sacrificio de la muerte de tus camaradas, ni tus soldados.
-Eres irritante. – Radamanthys hizo explotar su cosmos como una amenaza al santo de que estaba colmando su paciencia, pero a pesar de ello Aioros continuo avanzando hacia él sin inmutarse siquiera.
-Solo te diré una cosa más Radamanthys de Wyvern. – Aioros borro la sonrisa de su rostro y tenso todos los músculos de su cara, bajo sus hermosos orbes celestes a los ojos ambarinos del espectro y le miro con dureza, retándolo con aquella férrea mirada. – Un guerrero que no lucha por los mismos ideales de sus compañeros caídos, honrando su memoria y haciendo que su sacrificio valga la pena no puede llamarse un líder, mucho menos un juez.
Radamanthys apretó los puños con fuerza al grado que sus nudillos palidecieron ante la ofensa que acababa de recibir del santo de sagitario y no está dispuesto a soportar una falta de respeto como esa de un enemigo como él, no le importaba si venía de un santo dorado. Avanzo con decisión los últimos pasos que le separaban de Aioros y le lanzo un puñetazo directo al rostro, que el castaño logro esquivar, así que golpeo con tremenda brutalidad la rodilla izquierda del santo de sagitario la cual recibió el golpe de lleno pues el noveno guardián no se esperaba ese ataque, la rodilla crujió con intensidad e incluso hizo que Aioros retrocediera un par de pasos, ante la descarga inconmensurable de dolor.
-Te voy a callar esa bocaza. – Radamanthys aprovecho que Aioros no se hubiera recuperado de ese golpe y le planto un puñetazo en el estomago y uno más en el rostro que le lanzo contra una pila de escombros.
Radamanthys lanzo una descargas de cosmos hacia el lugar donde había caído Aioros provocando que estos se destruyeran en trozos más pequeños, voló hasta el lugar y tomo al castaño por la armadura alzándolo del suelo, sin embargo Aioros le propino un fuerte cabezazo que en esta ocasión hizo retroceder al juez.
-Quiero que lo intentes. ¡Trueno atómico! – El sagita, concentro un halo de cosmos dorado en su puño, mientras una descarga de truenos y relámpagos ilumina el cielo y caían detrás de él, le lanzo hacia Radamanthys y los múltiples rayos se transformaron en esferas doradas de corrientes eléctricas que fueron arrojadas a la velocidad de la luz y que golpearon el torso y piernas del espectro causando una explosión atómica a pequeña escala, que si bien no desintegro el cuerpo del juez si le causo graves heridas, pues la piel de sus piernas se desgarro y produjo graves aberturas por donde empezó a manar grandes cantidades de sangre, en el caso de los que golpearon el torso del espectro, uno de estos estallo en su tórax, rompiéndole varias costillas al golpe las cuales salieron de su piel.
-¡Rugido deslizante! – Radamanthys no se tomo ni siquiera un tiempo para respirar, ni siquiera para darle un momento de respiro a su cuerpo a causa de las nuevas heridas proporcionadas ni por las oleadas de dolor que lo recorrieron, al contrario transformo esa sensación en furia y con ella logro ejecutar su técnica.
Radamanthys proyecto unas lanzas creadas por su propio cosmos, que atravesaron el cuerpo de Aioros múltiples veces, principalmente su pecho y estomago, provocando que rápidamente la armadura dorada comenzara a teñirse de pequeños hilitos de sangre que resbalaban por ella, se acerco hasta él castaño en una milésima de segundo y rodeo su puño con cosmos y golpeo con una violencia descomunal el pectoral derecho de Aioros.
Sintió como su armadura se partió en el lugar donde Radamanthys acababa de golpearlo y su puño alcanzo a atravesar incluso hasta su piel, enterrándose en su pecho, su cuerpo se arqueo involuntariamente ante el dolor y comenzó a toser una gran cantidad de sangre ante el daño que acababa de sufrir, fijo sus ojos en los de Radamanthys que le miraba con un desprecio impresionante, sin embargo le retuvo la mirada.
-Te matare. – Siseo lentamente a su odio el británico, Radamanthys provoco una explosión de su cosmos violeta en el interior de su cuerpo, una gran cantidad de sangre abandono su cuerpo, la carne en su interior se chamusco ante el ardor del cosmos del espectro y salió arrojado contra las paredes derrumbadas de Caina.
Su cuerpo golpeo con furia los escombros que abrieron paso para recibirlo entre ellos, su mirada se torno borrosa por unos segundos y todo comenzó a darle vueltas, la cantidad de sangre en su boca cada vez se aumentaba más y de pronto algo tan fácil como respirar comenzó a cortarle mucho trabajo, boqueo un par de veces, sintiendo como la misma sangre le dificultaba el paso de aire, tiro la cabeza hacia atrás por unos segundos otorgándole unos momentos de descanso a su cuerpo, pues incluso sus músculos se negaban a obedecerlo, debido al dolor que azotaba su cuerpo.
-Radamanthys es un enemigo temible, su cosmos es de un nivel muy parecido al de Saga y Kanon. – Varios destellos en el cielo volvieron a llamar su atención y se dio cuenta que Radamanthys acababa de lanzarle de nuevo varias lanzas creadas por su cosmos, extendió un brazo hacia el cielo, como si alguien estuviera alargando su mano hacia él y libero una gran cantidad de su cosmos. – Impulso de luz de Quirón. – Susurro quedamente, incluso llego a pensar que tan solo lo había dicho en su mente.
La manipulación de su cosmos emano un poderoso viento dorado que extinguió las lanzas de Radamanthys desbaratándolas y devolviendo otras hacia el espectro, que penosamente pudo evitarlas, sin embargo el torbellino masivo y de fuertes vientos que creo Aioros le arrojo bruscamente contra él suelo y por unos segundos su cuerpo se vio rodeado del ardiente cosmos del noveno guardián.
Ambos permanecieron en el suelo, distanciados por varios metros y con sus miradas fijas en el cielo, como si este les fuese a otorgar algún alivio para sus maltrechos cuerpos, sin embargo ambos estaban recobrando el aliento para continuar su pelea, pues el desgaste físico comenzaba a azotarlos. Cada uno luchaba su propia batalla interna por ponerse de pie y a su vez trataban de animarse a cumplir con sus respectivas misiones, pues a pesar de que fuesen enemigos, comprendían que cada uno luchaba por los ideales de su dios.
-Tu cosmos… es impresionante. – Admitió Aioros reincorporándose medianamente con la ayuda de los escombros a su lado y tosiendo de nuevo una gran cantidad de sangre. – Ya veo porque le causaste tantos problemas a Kanon.
-El problema es él. – Aioros sonrió agriamente ante el comentario del Wyvern que no distaba mucho de lo que él pensaba del gemelo menor, pues desde su juventud Kanon siempre había sido una espina que podía llegar a molestar impresionantemente, pero estaba tan arto del inframundo que añoro con cierta melancolía las retorcidas y crueles bromas del gemelo menor. Radamanthys volvió a levantarse torpemente, tambaleándose ante él mareo que le provoco la pérdida de sangre.
-¡Gran precaución! – Radamanthys lanzo su máxima técnica con el deseo de segar la vida del sagita de una vez y acabar con aquella pelea entre ellos, hizo arder todo su cosmos, quemando cada fibra de su ser, elevándolo cada vez que alcanzaba su límite, concentro su energía en sus manos y la libero en forma de una estremecedora onda expansiva, que se desplego a su alrededor en forma de círculos concéntricos de energía oscura que destruyeron con facilidad todo lo que estuvo a su paso de forma desbastadora y fulminante, incluso el templo de Caina y sus alrededores sucumbieron por completo.
Los enormes tifones y huracanes propiciados por la tormentosa onda expansiva golpearon a Aioros a pesar de que este utilizo la fuerza de luz de Quirón para intentar revertir el ataque del espectro, pues se produjeron múltiples explosiones de gran alcance que comenzaron a golpear sin cesar su cuerpo.
Cuando su cuerpo impacto contra la tierra, no supo por cuánto tiempo perdió el conocimiento, pues todo a su alrededor se volvió oscuro y confuso, por unos segundos imagino que quien lo había golpeado había sido Saga o Kanon con su explosión de galaxias, por lo que se obligo a abrir los ojos para comenzar a apreciar figuras nítidas y borrosas a su alrededor que le hizo caer en cuenta en su confusión, ya no percibía ningún dolor a causa del daño en sus nervios, pero le embargaba una profunda debilidad a causa de sus heridas.
Apretó los ojos con fuerza para intentar concentrarse y respiro profundo para aliviar la opresión dentro de su pecho, se giro torpemente boca arriba y reparo que estaba acostado sobre un charco escarlata proveniente de su propio cuerpo, sus músculos se contrajeron violentamente cuando sintió una leve descarga de dolor que escarmentó cada fibra de su cuerpo.
-Mi misión no era asesinarte santo… solo debía retenerte en este lugar. - Radamanthys puso una pierna sobre su pecho y le aplasto bajo la bota de su sapuri, impidiéndole respirar adecuadamente. – Pero creo que Athena no le importara perder a dos santos, tú morirás y Cáncer les traicionara.
-Mascara de la muerte…¿Por qué? ¿Qué necesitan de él? – Cerró los ojos ante una nueva descarga de dolor esta vez provocada por el pie de Radamanthys. - Mascara estuvo a punto de sacrificarse por mi antes, iba a condenar su alma para salvar la mía, pero esta vez no hay nada por lo que él se arriesgaría a hacer eso.
-No cabe duda que son unos idiotas. – Espeto furioso Radamanthys ejerciendo mayor presión sobre él. – Tú no eres el único santo dorado en el infierno.
-¡Aldebarán! – Abrió los ojos con sorpresa y su cuerpo recobro rápidamente la fuerza, golpeo con su puño derecho la pierna de Radamanthys la cual crujió terriblemente, se apoyo sobre su mano haciendo acopio de toda la fuerza que le quedaba y pateo la barbilla del juez que salió disparado hacia atrás. – Esto termino Radamanthys. ¡Desintegración infinita!
Aioros estallo todo su cosmos al máximo en su ataque más poderoso, movió sus manos en circulo y creo numerosas flechas de luz dorada que salieron expedidas de su cuerpo, estas salieron despedidas de él con una furia que hizo estallar el suelo a su alrededor y crearon un torbellino con ellas, atravesando todo lo que se encontraba en su camino, además de evaporar cualquier liquido que se encontró en su camino pues el cosmos de Aioros acababa de alcanzar un calor de un millón de grados que desvaneció cualquier liquido e incendio todo a su alrededor.
Las numerosas flechas liberadas omni-direccionalmente, comenzaron a reunirse en el centro para dirigirse hacia Radamanthys que se vio sorprendido por todas direcciones por las flechas doradas a pesar de que utilizo las alas de su sapuri, este se vio destruido por el calor ardiente del ataque y su cuerpo se vio acribillado por la máxima técnica de sagitario, la sangre que salió despedida de su cuerpo comenzó a coagularse a penas y salía de su cuerpo para evaporarse.
Su cuerpo tembló convulsivamente al sentir su fuerza vital destruida, cayo de rodillas mientras su vista se nublaba, a lo lejos podía distinguir la figura del santo dorado rodeado aún por el aura luminosa de su cosmos, comenzó a tambalearse debido a la pérdida de sangre y tuvo que detenerse con sus brazos para frenar su caída, su armadura comenzó a caer en pedazos a su alrededor y grandes cantidades de sangre continuaban saliendo de su cuerpo.
-Mi señor Hades… perdone mi debilidad, no he podido lograr mi objetivo… pero me encargare que él tampoco consiga el suyo. – Levanto por unos segundos su palma apuntando en dirección a Aioros que permanecía paralizado ante la explosión de aquella cantidad de energía, así que junto todo el cosmos que le quedaba y lanzo un fino destello lineal violeta de su mano y que impacto directo en el pecho de Aioros. – Aguijón letal. "Aioros de sagitario has luchado contra un Wyvern pero has pasado por alto el peligroso aguijón que poseen estas criaturas, el cual inyecta un veneno al que pocos sobreviven. – Murmuro quedamente antes de que su cuerpo se desplomara sobre el suelo.
Aioros se encontraba exhausto al explotar de aquella forma todo su cosmos, incluso había perdido el conocimiento aún estando de pie y con su cosmos ardiendo a su alrededor, hasta que un dolor agudo en el pecho le volvió a la realidad, abrió sus ojos despacio y miro un pequeño agujero en su tórax muy parecido a la aguja escarlata de Milo, volvió sus orbes azules hacia el frente y observo el cuerpo de Radamanthys frente a él, que yacía en el suelo.
Se giro torpemente y comenzó a caminar en dirección a Guidecca al final aquella batalla había terminado y seguramente Aldebarán y Mascara de la muerte ocuparían su ayuda, su cuerpo se balanceaba ante el mareo que le producía la pérdida de sangre y el veneno que corría en su circulación, su respiración se había vuelto agitada y tenía que respirar por la boca para introducir todo el aire que clamaba su cuerpo, el dolor le nublaba los pensamientos e incluso su vista continuaba borrosa, la sangre resbalaba por toda su armadura dorada, como pequeños riachuelos hasta el suelo donde se desprendían algunas gotas carmesí y dejaban tras de él un rastro escarlata que teñía la tierra.
Apenas y fue consiente cuando dejo detrás la esfera de Caina, sus pasos se habían vuelto pesados y su marcha había aminorado, continuo avanzando, dando tumbos y tropezándose de vez en cuando, ferviente en el deseo de ir en la ayuda de sus amigos, sin embargo sus fuerzas se tambaleaban y sus sentidos le traicionaban ante el agotamiento físico. – Mascara… Aldebarán… lo siento, Athena perdóname… - Su vista se oscureció por completo, el dolor se disperso desvaneciéndose en su totalidad y sus fuerzas fueron vencidas, fue ahí donde él también se desplomo sobre el infértil suelo del inframundo.
…
Ambos se encontraron entre las escaleras de la primera y segunda casa del zodiaco, Shura aminoro su marcha cuando observo los cabellos celestes de su doceavo compañero, se detuvo unos escalones por encima de él y fijo sus orbes verdes con tranquilidad sobre los azules del sueco.
-¿Qué ocurre Afrodita? – Pregunto con calma el español.
-Shura necesito un favor. – Pidió urgido el pisciano, algo en su semblante alerto al capricorniano de la intranquilidad del doceavo guardián. – Se que no tengo derecho a pedirte nada, sin embargo por la antigua amistad que guardamos… necesito que me ayudes.
-¿Qué ocurre? – Shura recordó rápidamente parte de su juventud en compañía de los guardianes de cáncer y piscis quienes habían sido una pieza fundamental en compañía de Aioros y Saga para que él se convirtiera en santo dorado. Muy pocos dorados conocían al cuarto y doceavo guardián como él los recordaba y sin embargo ellos dos eran los que más se habían transformado de toda la orden, sus caracteres se habían vuelto duros y frívolos, pero desde que Athena los había vuelto a la vida reconocía en ellos ciertas expresiones de sus antiguas y nobles personalidades.
-Necesito que me cubras, solo por un par de días. – Afrodita se había puesto demasiado serio y le miraba directo a los ojos y antes de que Shura le preguntara el porqué de aquella apremiante situación, el se adelanto. – Voy a ir al inframundo, Mascara está en peligro y…
-Afrodita, estarías desobedeciendo una orden de Athena y el patriarca. – Refuto duramente el peliverde.
-No sería la primera vez. – Menciono con cierta diversión el sueco, pero pronto borro su sonrisa y le miro preocupado. – Shura, por favor necesito tu ayuda.
-Explícate, Afrodita si voy a cubrir tus espaldas necesito saber porque estás haciendo esto. – Afrodita expreso una leve sonrisa al ver que aún podía confiar en Shura y recordó cuantas veces no habían metido al español en problemas en su infancia por su lealtad hacia sus amigos.
-Shura he descubierto el interés de Persefone por Mascara de la muerte y va más allá de lo que todos creen. Ella es una diosa y es un ser inmortal, para ella el tiempo es algo relativo y banal, pero hay formas de obtener ventaja en el futuro con acciones del pasado…
-Afrodita no te estoy entendiendo nada, hablas como Shaka. – El peliverde sonrió débilmente y miro la expresión de reproche del pisciano.
-La reina del inframundo no quiere condenar el alma de Mascara de la muerte, el golpe va directo hacia Athena. – Shura borro su sonrisa y adquirió su semblante recto y sereno, miro a su amigo exigiendo más respuestas, pues a medida que hablaba solo aumentaba el numero de incógnitas alrededor de la relación de Mascara de la muerte y el inframundo.
-Afrodita se mas directo, me estas poniendo de nervios. – Shura bajo lentamente los últimos escalones que le separaban del sueco y se sentó en las escaleras a un lado, mientras el doceavo guardián permanecía de pie, se le hacía tan imposible que no lograran librarse de un problema para meterse en otro, se sobo el rostro lleno de frustración y suspiro pesadamente. – Venga, dime lo peor.
-Cuando Aioros estuvo a punto de morir a causa del veneno de la diosa Enio, la diosa Persefone le propuso a Mascara darle el antídoto en cambio de que el comiese la fruta prohibida; la granada del inframundo, en ese entonces Athena le detuvo y el patriarca y el antiguo maestro de libra, fueron a por él. Cuando Mascara regreso no comprendía ¿Por qué alguien le anhelaba con ese interés? Y el hecho de que intentasen llevarse al aprendiz de cáncer, aún estando los aspirantes a Aries y Tauro, me hizo darme cuenta que algo tramaban y he estado pensando que hay detrás de todo ello.
-Eso solo demuestra el interés de la reina del inframundo en los guardianes de cáncer. – Menciono el español sin comprender por completo, Afrodita se cruzo de brazos y se sentó a su lado un poco cabizbajo, pero su semblante era por demás pensativo.
-El cuarto templo; Cáncer, es la puerta de entrada al inframundo, sus guardianes son capaces de abrir una dimensión capaz de llevarlos a ellos mismos en cuerpo y alma hasta las colinas del monte Yomotsu, un territorio por él cual Athena y Hades se disputen desde la era mitológica y en el cual Athena únicamente puede hacer notar su presencia a través del caballero de cáncer. –Afrodita guardo un profundo silencio, intentando darle un tiempo a Shura para que asimilara todo aquello que a él le había costado entender por días y que taladraba su cerebro con ansiedad. Pero comprendió que el español comenzaba a entenderlo pues comenzó a palidecer y sus ojos le miraron alarmado. – Cáncer es una puerta, tanto de entrada como salida. – Libero en un suspiro y apretó sus manos con impotencia. – Y el guardián de esa puerta es el caballero de cáncer, quien le posea tendrá el control de Yomotsu.
-Por Athena. – Shura se paso una mano por el cabello y miro preocupado al de cabellos celestes. – Persefone está interesada en conseguir a Mascara para poder llegar hasta Athena.
-Así es. – Confirmo Afrodita. – Si Mascara se vuelve un espectro su alma se tornaría inmortal al servicio de Hades y para cuando estalle la próxima guerra santa, el cuarto templo serviría para transportar a los espectros desde el monte Yomotsu hasta el interior de las doce casas, sin necesidad de pasar a los santos de bronce, plata y los primeros tres templos del zodiaco, si ello llegase a ocurrir, solo nueve santos dorados y el patriarca seria lo que separarían a Athena de Hades; Persefone desea tomar esa ventaja de nuestro amigo. – Finalizo secamente el doceavo guardián.
-Sería un golpe directo, no daría tiempo de reaccionar a la mayoría, ni siquiera a la mismísima Athena. – Shura sobo sus manos con ansiedad y miro a su compañero. – Jamás imagine que el cuarto templo seria la próxima puerta de ataque al santuario…
…
Kanon rodo por el suelo oportunamente logrando evitar un ataque del antiguo maestro de libra, se giro rápidamente por el suelo y se lanzo hacia él, logrando sujetar por los huecos de las axilas y aprisiono sus brazos con los suyos en una llave, que lo inmovilizo.
-Antiguo maestro, debe de reaccionar. – Forcejeo intentando retener al castaño que se sacudía con violencia para poder liberarse.
Dokho se impulso con sus piernas hacia arriba, haciendo a Kanon doblarse un poco y cuando volvió a pisar el suelo, impulso su cuerpo hacia adelante logrando lanzar a Kanon horizontalmente que fue a estrellarse con el rostro contra el suelo.
-Si fuera alguien más, como disfrutaría regresarle este golpe" - Espero unos segundos que la sensación de dolor de su cuerpo desapareciera antes de incorporarse, se mantuvo dándole la espalda unos segundos a libra, le escucho correr en dirección hacia él y cuando estuvo a escasos centímetros elevo el codo para golpear en el rostro al chino que cayó al suelo, rápidamente su ceja se tiño de una mancha escarlata y su cara se vio manchada por un hilo de sangre que resbalaba hasta su mentón.
-Supremo dragón ascendente de Rozan. – Dokho elevo en milisegundos una gran cantidad de su cosmos, lo que no le dio tiempo a Kanon de reaccionar, por lo que se vio elevado por una energía ascendente que lo arrojo a los cielos, en forma de un gran dragón como si este acabara de despertar y emergiera de su cueva hacia los cielos emitiendo un poderoso rugido, Kanon sintió como fue golpeado directamente y su brazo derecho se desgarro ante uno de los colmillos del dragón, su cuerpo cayo sin piedad en el suelo.
Miro a Dokho brincar, elevándose en el aire y rodeado su puño derecho de una cantidad importante de su cosmos para caer con su puño directo sobre él, por lo que rodo para esquivarlo oportunamente, el estruendo del choque entre la tierra y el puño del chino produjo un estallido que sacudió a la tierra y pulverizo a las piedras bajo ellos, las cuales se elevaron en el aire para ser destruidas por el cosmos del séptimo guardián.
-Dokho, debes de reaccionar porque de lo contrario me harás molestar mucho con sus continuos ataques y te va a arrepentir. – Amenazo tranquilamente incorporándose y haciendo estallar parte de su cosmos que arrojo a libra de espaldas violentamente.
-Vuelo del dragón de Rozan. – Dokho emano su cosmos guiándolo por medio de su puño que proyecto un enorme dragón verde que en esta ocasión no ascendió hasta los cielos si no que se dirigió horizontal hacia Kanon, que negó profundamente, sin ocultar el fastidio que le producía ser atacado sin poder defenderse.
-Otra dimensión. – Kanon espero que el dragón estuviera lo suficientemente cerca para que entrara de lleno al agujero negro, para ese momento el gemelo menor abrió otra vertiente de la misma dimensión y redirigió el ataque del chino hacia él mismo, que no se esperaba ver su propia técnica lanzarse contra él, Dokho fue golpeado justo en el abdomen y fue arrojado hacia atrás, levantando la tierra y el polvo a su paso. – Si el patriarca pregunta usted se golpeo solo. – Se burlo Kanon.
-Kanon envía al antiguo maestro por la otra dimensión hacia el santuario. – Escucho la pacifica voz de Mu por vía de su cosmos que luchaba al otro lado del templo olímpico contra un titán. – Mi maestro se encargara de Dokho, nosotros no podemos hacer nada por el momento pues nuestro objetivo es defender al dios Zeus.
-Ya lo sé Mu, no tienes porque recordármelo. – Kanon abrió tras él un nuevo portal de la otra dimensión directo al santuario y le dejo permanecer así mientras él iba tras Dokho, que se encontraba aún en el suelo. – Bien Antiguo maestro va a ir a saludarme al patriarca.
Kanon se acerco lentamente al chino y la sonrisa confiada de su rostro comenzó a desvanecerse poco a poco, para tornarse en una mueca agria y sus orbes esmeraldas denotaron un atisbó de melancolía. Para alguien como él que había crecido siendo rechazado por su propio hermano, por los santos dorados y en cierta parte por parte del patriarca quien siempre mostro un favoritismo más destacado por Saga que por él, Dokho era quien compensaba esa falta de afecto y aprecio por parte de Shion.
No culpaba absolutamente por nada al patriarca, pues Kanon sabía que en cierta parte él también se había alejado del lemuriano, quien siempre intento actuar para él como un padre y se esforzaba por mantenerlo unidos a Saga, Aioros y a él mismo, pero quien comprendiera a los dos primeros jamás podría entenderlo a él por completo y eso era lo que Dokho había hecho en la guerra santa.
Después de que Athena se suicidara frente a él y los otros santos dorados, observo en silencio como Saga, Camus y Shura partieron primero, arrastrando en un último esfuerzo sus maltrechos cuerpos y desgarradas almas, permaneció en ese lugar sin atreverse a molestar a Aioria y los otros pues ellos a penas y terminaban de entender aquella presurosa situación, como para también comprender que Athena le había perdonado a él, cosa que tal vez Aioria no tomaría muy bien y que tampoco pasaría desapercibida para el tranquilo ariano, de todos ellos Milo era el único que comprendía el porqué estaba ahí.
Cuando las tres estelas de cosmos marcharon, no tardo en sentir a los santos de bronce acercarse y fue ahí donde se alejo de las baldosas cubiertas de sangre y se escondió en la oscuridad del templo patriarcal desde donde llamo a géminis. No podía negar que su corazón dio un vuelco cuando percibió el cosmos de Shion ascendía por las escaleras de piscis en compañía de Dokho quien al final le espero en estas para dejar hacer su entrada estelar al patriarca frente a los inexpertos santos de bronce.
Supo que el patriarca sabía que estaba dentro del salón patriarcal pero sin embargo Shion prefiero dedicar sus últimos momentos de vida a contemplar al santuario en ruinas y despedirse de Dokho, cuando sus últimas estelas luminosas del alma de Shion desaparecieron en la palma del santo de libra, Kanon se quedo impactado de ver el rostro de Dokho pues este le mostro tantas cosas, por un lado se veía mostraba tan cansado a pesar su rejuvenecimiento, sus expresiones mostraban un profundo dolor y sin embargo le sonreía amigablemente.
Ambos marcharon hasta una colina cercana al castillo de Hades por medio de la otra dimensión donde percibieron como desaparecían el cosmos de Mu, Milo y Aioria. En todo su transcurso a Dokho no le paró la boca, pues le narro incontables historias de la predecesora guerra santa donde él y Shion habían peleado y le narro en una perspectiva más clara las hazañas del segundo guardián de géminis quien le había salvado la vida al mismo libra.
-Kanon. – Menciono en ese entonces demasiado serio Dokho a su lado. - ¿Comiste algo antes de que iniciase esta guerra? – Recordó el profundo desconcierto que le causo la pregunta del chino y a la vez que casi le hizo estallar en una sonora carcajada ante lo bizarra de la pregunta en una situación como aquella. Aún así permaneció en silencio observándolo sin comprenderlo por completo, ni sabiendo que responder y a su vez dudando de si había escuchado bien al antiguo maestro.
-No hay nada como la comida, porque momentos llenos de tristeza, desesperanza y desolación siempre habrá muchos, creo que nosotros dos comprendemos mejor que nadie que es vivir solo, así que a la larga aprendemos a apreciar las pequeñas compañías aunque sean de forma fugaz. – Los ojos de Dokho se habían elevado en ese momento hacia la constelación de Aries y luego bajaron hacia la terraza del castillo de Hades, donde las ultimas estelas del cosmos de los tres dorados desaparecían. – Me alegro ver mucho a Shion después de 243 años, aunque solo fue por doce horas y la mayoría del tiempo no la pasamos peleando, pero eso no se aleja de la realidad a la que estábamos acostumbrados, pero eso me impulsa para pelear. ¿Y a ti Kanon?
Se quedo en silencio sin saber que responderle, pues Dokho acaba de enseñarle que debía de apreciar las pequeñas alegrías a pesar que en ocasiones se disfrazaran de grandes tragedias, pues eran estas las que aportaban las fuerzas necesarias para poder luchar, no solo por tus ideales si no por todos los que una vez te aportaron un momento feliz y aunque anhelo contestarle no lo hizo aunque sus labios querían pronunciar los nombres de sus compañeros de orden, de su hermano y el patriarca…
-Y Dokho…ahora mi pelea es por ti. – Se acerco al antiguo maestro que se estaba levantando, le tomo por el cuello y le arrojo en dirección a la otra dimensión, sin embargo Dokho alcanzo a detenerse antes de alcanzar los bordes del agujero, comenzó a correr hacia el gemelo menor y le intento propinar un golpe que Kanon detuvo.
-Fuerza de los… -
-No, no... – Kanon golpeo con el puño la mano de Dokho y se la torció por detrás, para después patearle la espalda al antiguo maestro quien rodo por el suelo y le tiro una patada a los pies, la cual le derribo en el suelo. Por unos segundos ambos permanecieron forcejeando en el suelo, propinándose potentes puñetazos que hacían crujir sus huesos y articulaciones. – Me impresiona tu fuerza física, considerando tu edad. – Kanon detuvo un golpe de Dokho y le pateo la barbilla alejándolo de él.
Kanon se reincorporo de un salto y miro frente a él la otra dimensión que se mantenía abierta, un solo empujón o golpe y podría mandar al chino directo al santuario, para él poder ayudar a Mu, el problema era como conseguir golpear a Dohko que se defendía fieramente.
Espero a que se pusiera de pie de nuevo, sin embargo Dokho estaba de nuevo rodeado del aura verde de su cosmos, le miro prepararse para desempeñar una técnica contra él y le escucho vociferar el "Vuelo del dragón de Rozan" y fue en ese momento cuando se abalanzo contra él, esquivo por unos milímetros el ostentoso dragón y tomo al séptimo guardián por el brazo con fuerza para empujarlo a la otra dimensión.
Dokho perdió el balance y comenzó a retroceder ante la fuerza de Kanon y en unos instantes se vio rodeado por las oscuras paredes de la otra dimensión, vio como esta comenzó a cerrarse frente a él, mientras su cuerpo era jalado por una presión negativa en su interior.
-Retorno del dragón de Rozan.- Dokho ilumino su palma con un aura verdosa que brillo en el interior de la dimensión con intensidad, Kanon le empujo con fuerza sin saber que ocurría con exactitud, pero tampoco le interesaba la otra dimensión comenzaba a cerrarse y si él se quedaba en ella no podría volver al Olimpo a ayudar a Mu, así que arrojo con fuerza el brazo de Dokho y cuando estaba a punto de salir el dragón que Dokho había lanzado unos segundos antes retornaba hacia él, Kanon se vio golpeado directamente por su técnica, que le impidió salir a tiempo de la otra dimensión la cual termino por cerrarse.
-¡Maldición! – Vocifero ignorando el dolor, se limpio la sangre que salía de bajo de su ojo, como si estuviera llorando sangre y miro enfurecido al antiguo maestro. - ¡Dokho ha mandado directamente a Mu a la mierda! – Grito exasperado, apretó los puños con frustración al grado que sus uñas se enterraron en su piel, provocando que unas gotas de sangre se desprendieran en el vacío. – Maldición. - No le preocupaba enfrentarse a Dokho ni en el Olimpo, ni mucho menos en la tierra.
Sin embargo podía haber muchas puertas, dimensiones y portales para salir del Olimpo, pero solo había una forma de llegar a él y esa era por la Superdimension, aún cuando tuviera la capacidad de moverse por esta, un ser humano era incapaz de invocarla. No iba a poder volver al Olimpo, sin la ayuda de un dios y ello se reducía a que había abandonado a Mu y a Zeus frente a tres titanes.
…
-¡Seiya! ¡Shiryu! ¡Hyoga! ¡Shun! – Saori se acerco corriendo hasta sus fieles santos divinos que la esperaban dentro del salón patriarcal, no pudo resistirse y les abrazo a uno por uno, a pesar de que Shion les miraba en silencio desde detrás del trono, pero así era su relación con aquellos santos que la habían acompañado desde su infancia. – Les he echado mucho de menos, incluso a ti, Ikki. – La deidad giro su rostro hacia una de las columnas del templo, donde el caballero del Fénix estaba recargado con los ojos cerrados y los brazos cruzados, abrió sus orbes cuando escucho su nombre y miro por unos segundos a la deidad.
-Eso es lo más cercano a un saludo por parte de este animal. – Menciono exasperado Seiya, quien no tardo en arrepentirse cuando una parte de su camisa comenzó a sacar humo, el japonés tomo la mano de Hyoga y comenzó a golpear la camisa para apagarla con su aura helada, pues el ruso comenzaba desplegar un halo helado muy parecido al de Camus aunque en menor grado.
-Hermano no seas tan grosero. – Reprendió tranquilamente Shun, divertido un poco ante la escena de Seiya utilizando a Hyoga como un trapo para extinguir el fuego, Saori rio divertida y miro hacia atrás para ver a un Shion meditabundo, que por unos segundos se había perdido en sus propias preocupaciones.
Y claro que estaba sumido en sus pensamientos, pues si fuese de otra forma, el patriarca ya hubiera intervenido para reprender a los jóvenes bronceados por su conducta y su desacato al protocolo ateniense, pero podía ver a Shion preocupado por los dorados, al final así como ella había crecido con los santos de bronce, Shion había criado y compartido sus últimos años de vida con los 13 dorados.
-Saori. – Le llamo alegremente Seiya volviendo su atención hacia ellos. - ¿Tu qué opinas? – Se ruborizo al instante al darse cuenta que los chicos habían continuado la conversación y ella había permanecido abstraída en sus propios pensamientos.
-¿Sobre qué? – Se hizo la desentendida y miro hacia el joven dragón en busca de ayuda.
-¿No me has escuchado? – Se quejo dramáticamente Seiya, mientras los demás soltaban una débil risa.
-Lo lamento pero no te he escuchado. – Se disculpo algo apenado, pero no pudo evitar reír por el rostro de Seiya.
-Vez ni siquiera Athena tiene el tiempo suficiente para prestarte atención. – Menciono despectivamente Ikki desde la columna, Hyoga y Shiryu intercambiaron una sonrisa cómplice y Shun movió negativamente la cabeza, reprobando el comentario de su hermano.
-Perdona Seiya no te he escuchado. – Se volvió a disculpar la deidad, Saori poso su mano con suavidad sobre el hombro del japonés que le sonrió con confianza.
-No importa Saori. – Negó profundamente y le sonrió. – Me alegra mucho ver que estas bien. – Admitió el Pegaso, fijando su mirada marrón con sinceridad sobre los orbes azules de la griega, que le devolvió una cálida sonrisa.
Shion escucho la delicada risa de la deidad ante una broma que Seiya había mencionado para hacerla reír, alzo su mirada y les observo en silencio, detallando en su memoria el rostro de aquellos jóvenes que habían hecho temblar la estructura del santuario, que no dudaron en desafiar a la orden elite del santuario por Athena, su unión era infranqueable, algo que había notado en los santos dorados cuando eran jóvenes, pero que con sus entrenamientos se desvaneció.
-Shion ¿Nos acompañas? Vamos al comedor. – Saori le miro tranquilamente y fue cuando se pregunto cuando había sido la última vez que hablara con los santos de bronce o de plata, así que asintió y camino hacia ellos, pero a medio camino se detuvo, debido a un mal presentimiento que fue como si pudiese percibir que algo se acercara al santuario. - ¿Shion?
Continuo rebuscando en su interior el origen de aquella sensación, pero no tardo en evocarla a un punto cuando pudo percibir un poderoso cosmos abriéndose en el cielo del santuario, como si fuese de origen divino, por unos segundos alerto su cosmos suponiendo que se trataría de algún titán, pero pronto descubrió el cosmos de Kanon y …
-Dokho. – Miro asombrado hacia la dirección donde el cosmos de Kanon exploto en compañía de la de Dokho y el destello luminoso que produjo sus poderes al estrellarse entre el aire y el cielo. – Athena les acompañare en otra ocasión con mucho gusto, por ahora esto apremia mi atención.
-¡Maestro! – Vocifero Shiryu impresionado de sentir el cosmos del antiguo maestro de los cinco picos.
-Lo entiendo Shion, ten mucho cuidado por favor. – Athena miro asentir con decisión al patriarca y le miro dirigirse hacia las afueras del templo patriarcal con una expresión seria en su rostro.
-Saori… ¿Cómo es posible? – Menciono fuera de sí mismo el pelinegro, acopiando todas sus fuerzas para no ir tras el patriarca. Athena le miro unos segundos en silencio dándose cuenta que el tiempo en que Seiya y los otros habían estado fuera del santuario, les había impedido conocer la situación de Aioria y Dokho.
-Cronos no asesino al antiguo maestro, ni Aioria, él les ha controlado reprimiendo la voluntad de ambos. – Refuto fríamente, sintiendo una terrible rabia al pronunciar siquiera el nombre del titán mayor, Hades definitivamente no era de su agrado pero a Cronos de verdad lo odiaba.
-¿Cómo es posible? – Intervino esta vez Hyoga.
-Cronos debilito sus cuerpos y les acerco al borde de la muerte, donde incluso el alma se debilita dentro del cuerpo, fue en ese momento donde Cronos intervino para poder controlarlos, cuando fui al templo de Febe, Aioria y Dokho nos atacaron en ese lugar, pero pude apreciar que ellos mismos retenían sus ataques intentando no dañarme. Sé que Shion intentara todo para rescatarlo, él es el indicado para ello, por lo que te pido Shiryu que no intervengas en su combate esta vez. – Pidió amablemente Saori recordando claramente como el dragón se había entrometido en la pelea de los dos amigos en el templo de Aries.
-¿Y Aioria? – Pregunto Shun tímidamente.
-No lo sé, Shun, desde que Cronos los controla no puedo percibir su cosmos, como lo hago con los otros santos dorados. – Saori se sumió unos segundos en sus pensamientos, pero pronto sintió la mano de Seiya en el hombro dándole apoyo. – En todo caso, Shaka será quien enfrente a Aioria.
-Todo saldrá bien. – Sonrió el japonés. De pronto el cosmos del gemelo mayor de géminis se elevo para hacer notar su ascenso por las ultimas escaleras de Piscis, Saori se giro hacia la puerta principal y le contemplo demasiado serio llevando a su lado a una joven pelirroja, una joven que representaba a un berserkers en carne y hueso.
-Athena. – Menciono Saga arrodillándose frente a ella, mientras la chica permanecía detrás de él mirándola con asombro e hizo un pequeño saludo educado. – Ella es Scatha, es la subcomandante del ejército del dios de la guerra y quiere solicitar una audiencia con usted…
-Estoy enterada de ello gracias a Afrodita. – Le indico con un rápido movimiento a Saga que se irguiera y luego volteo a ver a los santos de bronce que esperaban por ella en el pasillo para ir al comedor. – Seiya pueden irse adelantando si gustan…
-Te esperamos. – Determino Seiya con precaución y los otros comenzaron a ver amenazantemente a Scatha y con un marcado desconcierto en sus ojos, pues nadie creía que Saga llevase frente a Athena un soldado del mismo dios que condeno y arruino su vida por 13 años.
-Scatha. – Menciono con firmeza y clavo su mirada en la joven oji azul. – Te escucho.
-Ella es Athena… - Scatha miro con asombro por primera vez a la diosa de la guerra justa y la sabiduría, la eterna Némesis de Ares… ella era su salvación o su condena…
…
-Ni siquiera yo misma confió en mí. – Se miro al espejo por unos segundos, se veía tremendamente pálida y sus ojos ámbares comenzaban a formarse un halo negro a su alrededor signo de que Ares volvería a controlarla dentro de poco. Abrió el grifo y escucho unos segundos el agua caer, se inclino y junto sus manos recolectando agua entre ellas para mojarse el rostro. – Dios mío. – Puso su mano sobre el lavabo y la otra la recargo sobre su rostro tapando la mitad de su cara.
Cerro los ojos permitiéndose sentir como las gotas de agua de su rostro se desprendían de su barbilla, un mareo le sobrevino y sus manos temblaron convulsivamente por unos segundos, la embargo una sensación de irrealismo y somnolencia, como si ella misma abandonara su propio cuerpo.
-Tengo que resistirme para salvar a Scatha, solo unas horas más. – Abrió sus ojos mieles y tomo la toalla entre sus manos para secar su a perlada piel nívea. – Puedo sobrellevar una muerte más en mi conciencia.
Se acerco a la puerta del baño y le abrió, la luz del interior ilumino la sala tenuemente, giro su rostro hacia la habitación de ambos santos que seguramente estarían descansando para partir dentro de un par de horas, cuando amaneciera, así que volvió a apagar la luz. Camino casi de puntillas moviéndose entre la oscuridad con agilidad evitando golpearse con cualquier mueble.
Se acerco hasta una de las ventanas y su blanca piel se vio alumbrada por los rayos lunares que se tornaban platinos después de alumbrar la mayor parte de la noche con rayos de sangre.
-¿No has podido dormir? – Escucho la suave voz del guardián de acuario que hablo despacio y calmo para no asustarla.
-Veo que tu tampoco. – Le sonrió amigablemente y recargo su espalda contra la pared permitiendo que los rayos lunares iluminaran solo la mitad de su rostro, tal y como ella se sentía; una parte de ella guiada por la luz y la otra sumida en la oscuridad. – Me cuesta mucho conciliar el sueño.
-¿Hay algo en que te pueda ayudar? – La voz de Camus fue tranquila, no sonaba preocupado por ella en lo absoluto, pero podía escuchar la firme decisión de ayudarla en ella.
-Yo no tengo solución, Camus. – Menciono pesimistamente, se alejo de la ventana ocultando sus facies tras su cabello y la oscuridad que le proporcionaba la habitación, se escabullo entre los pasillos y se sentó sobre una de las sillas de la cocina, escuchando los suaves pasos de Camus tras ella. – Tu y Milo son santos de Athena, no deberían preocuparse por quien no vale la pena. – Espeto fríamente.
-No sé que haya ocurrido en tu pasado Aldana, pero siempre hay un motivo por el cual luchar y seguir adelante. – Camus permaneció de pie en la mitad de la habitación, sin embargo clavo su fría mirada en la peli azul que estaba cabizbaja sumida en sus propios pensamientos. – Nos has ayudado a Milo y a mí más de lo que crees.
-Athena ayudo a mi diosa Ker, era lo mínimo que podíamos hacer. – Aldana se llevo las manos al cabello celeste y le soltó dejándolo caer como una hermosa cascada. – Oye lo que dice Milo sobre tu temperatura yo… bueno… - No pudo continuar porque sus mejillas volvieron a ruborizarse y le dedico al santo una sonrisa nerviosa, como si aquel sentimiento pudiera borrar la desolación que estaba azotando su alma.
-No te preocupes, Milo puede ser un santo dorado pero suele comportarse como un crio. – Camus le dedico una sonrisa despreocupada y se sentó frente a ella, por primera vez no se incomodo ante la presencia de otra persona que no fueran sus compañeros o Hyoga.
-Es muy raro como los opuestos pueden atraerse, me refiero a que Milo y tu son muy diferentes, aún así se ven que son grandes amigos, nadie arriesgaría su vida de esa forma por cualquiera. – Aldana sonrió de nuevo y giro su rostro hacia la ventana de la cocina, donde pudo ver los primeros rayos del sol que se asomaban a través de las montañas.
-Ni nosotros lo comprendemos aún. – Confeso el aguador con tranquilidad. – Tampoco puedo comprender como alguien como tú, termino en el ejército de Ares. – Escucho la risa nerviosa de la joven, que le miro ansiosamente.
-No tuve otra opción. – Aldana se descubrió la muñeca y tendió su brazo sobre la mesa, mostrándole a Camus la marca en su piel. – Ares no acepta traiciones y para que ello no ocurra te controla, no tienes voluntad…yo… - La peli azul retiro su mano y recargo sus codos sobre la mesa ocultado su mirada de Camus. – Cuando Ares me controlo, apenas y era una niña y yo… yo asesine a mi familia… yo… no pude contenerme. – Se rehusó a mirar al onceavo guardián por temor de ver reprobación y repudio en su mirada, ella ya se odiaba lo suficiente como para que alguien más lo hiciera.
-No eres capaz de hacer nada, te vuelves prisionero de tu propio cuerpo y ni siquiera puedes detenerte. – Aldana miro por la ventana y se quedo congelada un momento evocando de nuevo aquellos recuerdos, escarmentando una vez más el dolor de su alma, deseando de nuevo la muerte. – Cuando termine con todo… vi a Scatha en medio de la destrucción llorando profusamente y bañada en sangre, ella venia acompañada de la diosa Ker quien nos llevo al campamento de la guerra, ahí es donde entrenamos para desarrollarnos en uno de los batallones de Ares. Cuando matas a tu propia familia, es como matarte a ti mismo, continúas viviendo porque aún respiras no porque quieras hacerlo, aquel día prácticamente por cada herida que hice fue como hacérsela a mi alma, me destroce de quién era y desaparecí a quien fui. Sin familia y siendo una asesina no tienes nada, has cometido un pecado mortal y prácticamente lo único que te queda es continuar por esta vida arrastrando tu miserable existencia. En el campamento de la guerra, prácticamente eres un esclavo de la guerra, pero si logras dominar dos capacidades te vuelves más independiente y aspiras a más, mi hermana y yo lo logramos; Scatha se hizo la subcomandante y yo me desempeñe de curandera con esa ligera libertad.
Aldana se levanto sintiéndose tremendamente incomoda y sin atreverse a mirar a Camus, no sabía porque le estaba contando eso al santo de acuario pero necesitaba hablar con alguien de ello, antes de que volviera a convertirse en un berserkers o muriera, sintió el silencio fue demasiado pesado para ella, pues fue como si la estuviera juzgando.
-El ejercito de Ares se conforma de seis dioses de la guerra que le sirven, su ejército humano es comandado por Cesar, el único humano capaz de dominar las cuatro habilidades de los berserkers y quien se ha librado del sello de Ares, pero aún así le sigue fielmente, después de él estaba Scatha y ya de ahí se derivaban los cuatro batallones. En ese lugar no hay amigos, ni seres queridos y en realidad puedo entenderlo pues la mayoría de los que estamos ahí somos unos monstros, nuestros pasados están llenos de sangre y dolor, teñidos de crueldad y violencia, sentimos indiferencia ante el dolor de un enemigo e incluso de un compañero caído en batalla, simplemente pensamos en asesinar y sobrevivir, Ares no desea soldados, él quiere maquinas para matar, sin preguntas, sin explicaciones, ni sentimientos, para él simplemente somos armas.
-Aldana… -
-Supongo que me quede, porque anhelaba salvar vidas en ese lugar, aportar bondad donde no la hay, pero nadie que ha proporcionado una muerte puede otorgar una vida. – Aldana respiro profundamente liberando lentamente el aire por sus labios mientras veía por la ventana, sintió una delgada lagrima resbalar por su mejilla lentamente y detenerse en su barbilla.
-Algo que fue inevitable debe marcar tu vida pero no detenerla. – Susurro Camus desde la esquina de la habitación. – Comprendo por lo que has pasado. – El aguador se acerco y tomo con suavidad la barbilla de la peliazul y limpio con su índice el recorrido de dolor de esa lagrima, que había resbalado por una alma lacerada, supuso que él dolor que Aldana experimentaba era muy similar al de Saga pudo haber sentido ante la muerte de Shion y Aioros.
-Lucho por Scatha es la única familia que me queda y me recuerda quien soy. – Aldana miro directamente a Camus a los ojos y oculto de nuevo su dolor, retiro su barbilla de la fría mano de Camus y retrocedió dos pasos sin despegar su vista de él. – Scatha se transformara en un berserkers antes que yo y… - Aldana cerro con resignación los ojos y se llevo una mano al rostro. – Camus, no te confíes porque soy una mujer o porque mi aspecto es dulce, en ese estado soy letal y no puedo controlarme, es por ello que te pido que si llegara a hacerlo por favor, termina con mi vida.
-Me pediste que confiara en ti y es lo que voy a hacer. – Aldana se descubrió el rostro impresionada y miro directamente a Camus, ¿Por qué alguien como él confiaba en ella sin conocerla? ¿Por qué no le odiaba por los actos barbáricos que había cometido? – La única forma de impedir que seas un berserkers es acabar con Ares y para ello necesitaremos tu ayuda y la de tu hermana.
…
Se tenso al escuchar la fría voz de la reina del infierno, volteo sobre su hombro para contemplarla de reojo sin ocultar el fastidio que le provocaba de nuevo verla, puso sus manos sobre su cadera y se giro despacio para contemplarla, mostrando aún más el desagrado que le causaba haberla encontrado.
-¿Y qué te hace pensar que yo traicionare a mi diosa por alguien como tú? – Mascara de la muerte, volteo su rostro hacia el boquete del muro de los lamentos fingiendo desinterés en la presencia de la deidad en aquel lugar.
-La vez pasada te rehusaste a comer de la granada del infierno… -
-Veras soy alérgico. – Bromeo, Persefone sonrió sutilmente entre una muestra de enfado y burla por su comentario, pero a pesar de ello apareció en palma la hermosa fruta prohibida, el único retoño de vida que podía dar el inframundo y sin embargo significaba una condena eterna.
-Eso solo representa otra desventaja más para ti, pues terminaras comiéndola. – Persefone comenzó a caminar hacia él para acortar las distancias que le separaban, ambos guardaron silencio mientras el único sonido que podía escucharse era el taconeo de la deidad del inframundo que se detuvo a escasos centímetros de él. – Has venido hasta este lugar para obtener respuesta ¿No es así?
-¿A qué te refieres? – Se hizo el desatendido, mirando como la pelirroja comenzaba a caminar alrededor de él despreocupadamente, Persefone tomo su mano y deposito sobre esta la granada, alzando la mano unida de ambos frente a su vista.
-Puedo decirte que el sabor de esa granada es exquisita, ninguna fruta terrenal es equiparable su sabor. – Persefone le menciono al oído, riendo juguetonamente. – En nuestro último encuentro te lo dije, tu no perteneces a Athena, tu lugar es el inframundo ¿Acaso no anhelas un puesto más alto? Podrías ser el quinto juez del inframundo, serias inmortal. - Mascara de la muerte la continuo siguiendo con la vista, con cierta cautela, pues conocía que detrás de esa empalagosa y melodiosa voz dulce vendría la gran trampa de la deidad.
-Se supone que debo creer que eres amable. – Bufo con cierto sarcasmo, soplándose los flequillos. - ¿Qué hay detrás todo esto? Pues tú y Hades no van regalando la inmortalidad por el mundo. – Se precipito violentamente contra Persefone que no esperaba esa respuesta y la aprisiono por las muñecas, acercando su rostro al de la deidad que abrió sus orbes sorprendida ante tal trato. – Habla de una vez.
-No me subestimes santo. – Persefone hizo arder su cosmos escarlata el cual estallo, arrojando a Mascara de la muerte contra el muro de los lamentos, el cangrejo dorado golpeo directamente de espaldas, la cual crujió ante el impacto que le saco todo el aire, cayó al suelo en compañía de varios trozos de piedra del mismo muro, que se estrellaron a su lado y otros más golpearon su cuerpo antes de caer al suelo.
Mascara de la muerte se llevo una mano hacia la nuca, la cual sintió humedecida por un liquido que resbalaba por su cuello, sus dedos rápidamente se vieron mojados y cuando les miro comprobó que se trataba de sangre, sacudió un poco la cabeza para desaturdirse del golpe y se levanto.
-Me he cansado de ser buena. – Persefone ejerció una presión negativa en todo Guidecca que hizo caer el cuerpo de Mascara de la muerte de rodillas, el santo interpuso sus manos para no caer al suelo, a pesar que sus brazos temblaban convulsivamente por la presión que ejercía el cosmos de la deidad sobre él. Persefone se acerco lentamente y apareció de nuevo una granada la cual dejo frente a él. – Cómela. – Ordeno.
-Si tan sabrosa es, porque no te la comes tú, sirve que te atas permanentemente al lugar al que perteneces. – Mascara de la muerte vio como una esfera de color rojiza se formaba frente a su pecho, producto del poder divino de Persefone, la cual estallo, su armadura se incrusto en su propia piel y provoco una severa herida, comenzó a toser sangre y sintió un terrible sofoco en su interior.
-Te he querido dar la gloria y tú la has rechazado dos veces, esta es la última vez que te la oferto, come esa granada o de lo contrario el caballero de tauro perecerá. – La reina chasqueo sus dedos y tras ella apareció el cuerpo de un Aldebarán inconsciente que permanecía apresado con pesadas cadenas que brillaban incandescentemente de un rojo carmesí, como si estas hubiesen estado ardiendo en las mismas brasas del infierno y además una ostentosa soga se amarraba a su cuello. –Adelante cométela.
-De verdad debo de tener muy mala suerte. – Se le escapo de los labios.
-Yo le llamaría saber enfrentar tu destino. – Persefone tendió una vez más el fruto prohibido frente a él. –Vamos solo una simple mordida.
Mascara de la muerte se levanto despacio, respirando trabajosamente, se tambaleo durante algunos pasos intentando enfocar adecuadamente su vista en la mano de la deidad donde permanecía la granada, pero en realidad estaba fijando sus ojos en el cuerpo de Aldebarán. ¿Cómo diablos le haría para poder ayudarlo sin tener que comer esa maldita fruta?
-Si llegase a comerla jamás podría retornar a la superficie y mi alma pasaría a servir a Hades ¿No es así? – Mascara de la muerte se llevo una mano tras la nuca y comenzó a sobar el lugar donde se había golpeado contra el muro.
-Oh… Mascara… - Persefone se acerco de frente a él y paso su blanca mano por su hombro, acariciando parte de su espalda hasta que llego a su nuca y allí hizo una leve presión, mientras que la otra la colocaba en su pecho con cuidado, ilumino ambas con su cosmos y las heridas comenzaron a cerrarse, Persefone recargo su cara en el hombro del italiano y le miro con una falsa ternura a los ojos. – Me haría tan feliz tenerte a mi servicio, Hades y yo velaríamos por tu alma y cuando mi señor controlase la tierra volveríamos a ella, para reinar juntos por toda la eternidad.
- ¿Inmortalidad? – Mascara miro a Persefone que levanto sus manos hacia su rostro y retiro la careta de cáncer arrogándola al suelo en un chillido metálico. – Tal vez tengas razón…
-Tú no eres un santo y lo sabes, la muerte te atrae, el inframundo te parece un lugar enigmático y a la vez tan místico que desearías vivir en este lugar, vamos Mascara come de esa granada y deja de ser el cuarto guardián del zodiaco para convertirte en mi Quinto juez del inframundo; Mascara de la muerte del limbo. Solo tienes que comerla. – Persefone pasó sobre sus labios la granada de forma muy seductora.
Mascara de la muerte miro directamente a los ojos a la deidad del inframundo, él no era un santo de Athena en eso tenía razón, sus manos estaban demasiado manchadas de sangre y su nombre cargaba el deshonor para el cuarto signo del zodiaco, porque él había disfrutado de matar a personas inocentes, pero a pesar de ello había jurado defender y proteger a Saori hasta el último día de su nueva existencia, así que ilumino su dedo índice de una pequeña esfera celeste, la cual comenzó a formar un pequeño halo.
-¡Ondas infernales! – Mascara de la muerte utilizo su telequinesis para destruir la granada en la mano de la deidad y se teletransporto al lado de Aldebarán, apuntándolo con su dedo índice para que los halos azules que salieron de su dedo rodeasen su cuerpo y le llevasen hasta el cuarto templo. – "Adiós amigo mío, protege a Athena"
-¡Maldito seas! – Escucho el grito de Persefone que gruño con furia, la deidad retiro su poder de curación del cuerpo de cáncer, haciendo que las heridas previamente sanadas se desgarraran con velocidad haciendo que la sangre saliera del cuerpo de cáncer con velocidad. – Si yo no te tengo, no volverás a ver la luz del día ni a tu tan apreciada Athena. – Persefone le lanzo una esfera de su propio cosmos que ardía con fuerza, Mascara interpuso sus manos para intentar frenarlo, al principio su cuerpo logro controlarlo por unos segundos, pero este continuo avanzando muy despacio hasta él haciéndolo retroceder hasta que le exploto en sus manos, su cuerpo se vio estrellado contra el muro de nuevo, esta vez su brazo izquierdo sufrió una grave quemadura y se fracturo ante el impacto contra el muro de los lamentos. – Si no pude hacerte quedar aquí con vida, te matare para encadenar tu alma para toda la eternidad, condenándola a un sufrimiento eterno.
…
-Ella es Athena. – Scatha se quedo por unos segundos analizando a aquella joven que debía ser unos años menor que ella, sin embargo podía distinguir en su mirada la sabiduría que encerraba en su interior y su cosmos le indicaba aunque muy sutilmente le indicaba la presencia de Athena en ella, termino maravillada al conocerla, jamás creyó que una diosa tan nombrada como lo era Athena resultase ser una simple humana pero que con tan solo contemplar esos ojos azules que parecían ocultar el universo le mostrara el poderío en su interior.
Ares y ella eran tan diferentes; que le impresiono por una parte que Athena se hacía ver vulnerable, frágil, inocente, capaz de sentir dolor, tan humana que tal vez ella fuese la única diosa de todo el Olimpo que en verdad conocía los sentimientos y sufrimientos de la humanidad en toda su extensión; ya que Ares desde que lo había conocido había marcado la gran diferencia entre un dios y un humano, y quien estaba sobre quien, el no sufría dolor, lo provocaba, su fragilidad era casi nula y su fuerza mostraba la invulnerabilidad de su condición.
-¿En qué puedo ayudarte hija de Ares? – Menciono con firmeza la peli lila.
-Diosa Athena. – Scatha se arrodillo en el suelo y agacho su rostro en una profunda señal de respeto a la deidad de la sabiduría, miro de reojo a Saga que permanecía a su lado y a los otros cinco caballeros que estaban en el recinto principal de la deidad. – Me llamo Scatha y soy una humilde servidora de la diosa Ker quien estuvo de su lado durante sus últimos instantes antes de que fuese sellada y por desgracia soy un berserkers del dios de la guerra a quien sirvo en contra de mi voluntad, me he permitido venir hasta este lugar e inoportunarla para expresarle el motivo del sacrificio de mi diosa Ker.
Saga alzo una ceja impresionado por la tranquilidad y disciplina que mostraba Scatha, muy distinto a la rebeldía y berrinches que le mostro la pelirroja todo el tiempo en el que habían estado juntos, miro de reojo a los santos de bronce que la miraban sin ocultar la desconfianza en sus ojos, al considerarla peligrosa al ser un berserkers.
-Athena, me es un honor no solo informarle el paradero de las armaduras de acuario y escorpión sino también de sus guardianes. – Scatha se permitió alzar sus ojos azules para apreciar el semblante de la diosa que no pudo ocultar el nerviosismo que también compartió con los otros caballeros presentes de la sala. – La diosa Ker nos convoco a mi hermana y a mí para ayudarla en su misión, ella fue hasta el lugar donde Ares y los santos de acuario y escorpión se encontraban para… - Scatha hizo una pausa y miro de reojo al gemelo mayor.
-Estas disfrutando darle largas al asunto ¿Verdad? – Le menciono Saga vía cosmos a la pelirroja, quien le dedico una rápida mirada y sonrió.
-Salvar sus vidas, la diosa Ker impidió que muriesen y les encomendó al cuidado de la mejor curandera del ejercito de Ares y a mí me otorgo la misión de protegerles si algo llegase a salir mal en su encuentro con Ares. Cuando los poderes de la diosa Ker fueron sellados nos vimos en la necesidad de ocultar el cosmos de sus guardianes y los nuestros para evitar que Ares nos encontrara. –
-Saga…– Menciono emocionada Saori sin ocultar su felicidad observando fijamente a las orbes del gemelo mayor que le devolvió una mirada comprensible, después llevo sus ojos directamente a Hyoga que también tenía una sonrisa en los labios y se esforzaba por mantenerse a la altura de la situación, ante la noticia de que su maestro y Milo se encontraban con vida.
-Cuando he partido de la cabaña donde nos resguardábamos, el caballero de escorpio había recobrado la conciencia. – Scatha vio como Athena le indicaba que se pusiera de pie, ella obedeció sin más no sin antes dirigirle una mirada dudosa a Saga quien le sonrió, Saori se acerco a ella despacio llevando sus manos sobre su vientre y la encaro una vez que ambas quedaron frente a frente.
-Muchas gracias. – Saori rodeo con sus brazos a la pelirroja en un abrazo reconfortante con su propio cosmos, la escocesa al principio se incomodo ante el contacto de un dios, siempre pensó como seria y pero fue más de lo que imagino, el cosmos de Athena era tan cálido y reconfortante que por unos segundos olvido su oscuro pasado, fue como si sus heridas sanaran momentáneamente para darle un respiro. – Scatha te estoy enormemente agradecida, no me debías ninguna lealtad a mí y aún así tus acciones las cuales te han llevado en contra tu dios, me han beneficiado enormemente, no sé como agradecértelo.
-Athena yo… - Por unos segundos pensó en manifestarle su temor a volver a ser un berserkers sin embargo se detuvo de improvisto, esta vez no hubo temblor, ni mareo, ni ninguna otra sensación de alerta, simplemente el cosmos de Ares comenzó a manifestarse en su interior produciéndole un profundo odio contra la pelilila.
-Scatha… ya eres mía. - La voz de Ares en su interior la aterro, quiso gritar, moverse y alertar a Saga de que el momento había llegado, sin embargo su cuerpo no le respondió y fue en ese momento en que tu temor se agudizo, Athena estaba demasiado cerca de ella, excesivamente demasiado y ella era un arma para matar, pero pronto el miedo, la duda, la confusión y el arrepentimiento fueron reducidas en la parte más oscura de su conciencia mientras de esta solo salían odio y rencor hacia la deidad.
Para cuando Saga se percato que Scatha se había aislado de su conciencia fue muy tarde, pudo contemplar como todos sus músculos se contrajeron en un instante y como su mirada azul se torno violenta como inyectada en sangre, pero ya era muy tarde; Scatha era una guerra y a pesar de que Saori fuese una diosa seguía siendo humana.
-¡Athena cuidado! – La advertencia como todo llego retrasada, Scatha le propino un tremendo puñetazo a Saori en el rostro que si bien no dejo inconsciente a la joven griega si la desconcertó lo suficiente para posicionarse tras de ella, tomando la espada rota de Ares que llevaba en su bota derecha se corto ella misma la mano al hacer presión sobre la hoja, bañando de su sangre el vestido blanco de la deidad y coloco la espada a escasos centímetros del cuello de la pelilila.
-¡Saori! ¡Athena! – Se entremezclaron los gritos preocupados de los de bronce que hicieron un intento de acercarse a la deidad, sin embargo la pelirroja apretó más el filo de su cuchillo contra el cuello de Athena y sonrió cínicamente.
-¡Scatha, resiste un poco Athena puede ayudarte! – La llamo Saga acercándose con cuidado, pero pronto noto que ella no era la dulce y traviesa joven que había conocido, sus ojos azules estaban rodeado de un halo negro en su iris y su mirada se había tornado cruenta, sus facies se veían endurecidas por el deseo de matar.
-Scatha ya no está aquí. – Siseo la pelirroja. – Caballeros den un paso más y van a repetir lo de la guerra santa. – Amenazo la joven, fijando sus orbes azules en Saga. – Ni siquiera intenten nada pues a penas ustedes muevan un dedo, yo ya abre rebanado el cuello de su amada Athena.
-Ares…– Menciono Saori fríamente, mirando de reojo a la pelirroja que sonrió sarcásticamente.
-Estas en lo correcto Athena, el cosmos de mi dios es quien me controla, yo soy un berserkers, mi misión es servirle hasta la misma muerte. – La pelirroja que no había mostrado su cosmos hasta ese momento comenzó a desplegarlo en una gran cantidad de energía oscura, la cual rodeo de un halo rojizo, que envolvió tanto a Athena como ella, era una cantidad de poder impresionante muy similar a la de los santos de oro, si no que igual a esta. – Pero no te preocupes Athena, él vendrá pronto.
-¿Qué? – Espeto Seiya acercándose pero esto provoco que Scatha desplegara parte de su cosmos como amenaza y lanzara al japonés contra una de las pilastras, la cual se requebrajo ante el golpe.
-¡Seiya! – Le llamo Athena preocupada, pero la espada en su cuello se acerco esta vez más provocándole un leve ardor y pronto se dio cuenta porque, cuando unas gotitas de sangre resbalaron por su cuello.
-¡Athena! – Llamo desesperado Saga sin saber qué hacer, si atacaba con su poder podría lastimar a Athena en conjunto con Scatha, pero si no lo hacía estaba dejando la vida de Athena a manos de la pelirroja quien claramente estaba fuera de sí misma.
-Admítelo Athena te confiaste. – Se burlo la pelirroja a sus espaldas. Scatha comenzó a elevar su cosmos el cual comenzó a arrojar llamaradas por todo el recinto patriarcal incendiando las cortinas y las alfombras las cuales comenzaron a arder sin misericordia, grandes columnas de humo se colaron entre las pilastras para salir despedidas del templo en compañía de grandes llamaradas anaranjadas, el calor dentro de la infraestructura comenzó a elevarse y cuando Hyoga intento apagarla con su aura helada Scatha amenazo una vez más con terminar con la vida de Athena.
-Athena perdóneme le he puesto en un gran peligro. - Saga fijo sus ojos esmeraldas lleno de preocupación sobre los de su diosa, comunicándose con ella por vía cosmos. – Scatha está siendo controlada de la misma forma que yo, Ares ha implantado una marca en su muñeca izquierda, la cual le ata al dios de la guerra, si usted encontrase una forma de sellarla, ella volvería a la normalidad.
-No tienes por qué culparte Saga yo fui la que se acerco imprudentemente, a pesar que sentía un cosmos maligno en su interior. – Le intento calmar, Saori levanto sus manos para tocar el brazo de Scatha pero esta afianzo más su agarre, por lo que tuvo que estirar el cuello para evitar que la pelirroja le cortara.
-He matado a muchos humanos, pero nunca he asesinado a un dios. – Siseo la pelirroja divertida. – ¿Sabes que es lo mejor de todo esto Athena? – Scatha intercambio una rápida mirada de Athena a Saga y sonrió malévolamente.
-Que tu muerte pone fin a esta guerra. – Respondió la voz burlona de Ares desde las flamas donde la silueta de su cuerpo comenzó aparecer frente a su eterna rival. –Vine a cumplir mi palabra Saga…voy a lastimarte donde más te duele.
…
Continuara…
Comentarios:
Lasacari29: Pues Radamanthys ya pago lo que tenía que pagar con el arquerito dorado. Ares es un ser vil y cruel pero el condenado sabe hacer maldades muy buenas y esta no fue la excepción. Mu, nuestro querido Mu la va a pasar muy mal te lo aseguro y con Dokho y Aioria tampoco garantizo nada bueno. Ningún villano es bueno aún cuando las cosas que hagan sean por amor están cometiendo graves pecados por una persona. Y tienes razón los titanes no olvidan ni conocen la lealtad entre sus iguales.
Mugetsu-chan xd: Tada ¿Qué te pareció la pelea Aioros vs. Cejotas? Resuelto el misterio porque necesitan a DM y no es más y menos que joderse a Athena desde el cuarto templo. Mi adorado Shurita si necesitaba de un lavado de alma porque ya tenía mucho dolor en su interior. Creo que resolví algunas peleas en este capítulo sin embargo la situación se puso peor, mucho peor.
Darkmiss01: Milo siempre regándola con sus comentarios, pero nos hace la vida más alegre. Ningún dios en la era del mito fue bueno, ninguno, creo que la más rescatable de todos ellos fue Hestia, así que Athena es como propaganda de anuncio. Te tengo una sorpresita pero no puedo decirte nada hasta el próximo capitulo muajaja. Yo sinceramente mandaría a todos a un buen psicólogo porque les urge como familia apestan. Pues justamente en otra de mis historias he involucrado a Caos vs. Athena, yo sé que es un ser sin cuerpo pero dije "x locuras de autora" y cree "Nacido de la Oscuridad"
Gaby: Si todos mis doraditos necesitan de un profundo amor, si no puedo dárselos yo que se lo den otras.
Pyxis and Lynx: Lo bueno es que ya te pusiste al corriente con los capítulos. Intento que todo tenga un sabor agridulce en mi historia momentos de valencia, amor, amistad, esperanza y luego pum odio, rencor, traición, melancolía. Ya descubrí porque Persefone quiere a DM. Pues Aldana y Scatha cargan más de lo que pueden y aunque su verdadera persona sean buenas, no dejan de ser berserkers que despertaran en cualquier momento y si me había imaginado la pareja Saga x Scatha pero pues a ver qué pasa, pero creo que deje ver muy bien como Ares puede planificar y manipular las cosas a su antojo.
Andy: Pues si pobre Mu le va a ir muy mal. ¿Qué Ares reciba su castigo? si esta en el pico más alto de su gloria en este momento, tiene a Saga y Athena donde los quería, pues le permitió a Scatha llegar con Athena antes de controlarla de nuevo. Me encanto tu comparación Olimpo-Tierra y cual cuesta más jajajaja.
ClarissaMorgenscest-Mischief: Si Zahra es como la Agasha del siglo XX. Si tengo planeada una conversación Athena-Aioros, pero para eso nuestro santo debe volver a la tierra. Estas en lo cierto, Persefone es una villana tremenda que hasta cierto punto se equivoco en los verdaderos deseos de su esposo, si bien quiere gobernar la tierra no quiere estar tampoco bajo el mando de los titanes.
Carlos: También a mi me encanta el cinismo de Kanon, no critiques mi grupo si jajaja va a cumplir su objetivo, pues aquí tienes el inicio de esa pelea que tanto anhelaste.
Artemiss90: Me alegra mucho que te guste mi historia y si cada dia las cosas empeoran más.
Kat-dreyar: Hola! Pues ya puse fin a la pelea Rada- Aioros pero tengo una sorpresita por ahí jajaja. Hades – Persefone en algunos escritos se dice que la engaño en otros se menciona que ella se los comió voluntariamente, de lo que no cabe duda es que quedo apresada en el infierno por 6 meses al año y pues en mi historia si lo ama, no por nada está haciendo todo esto. Ni ningún dios prestaría su cosmos para regresar a Hades, pues nadie sabría como reaccionaria si se haría un aliado o un enemigo, así que para no correr riesgos que permanezca ahí dormidito. Pues Ares-Saga ya están en una misma habitación por primera vez, haber que tal les va jajajaja muajajaja.
Joana: Las hermanas fueron condenadas por el destino y tienes razón nada de Ares es bueno. Los titanes quieren fuera de la jugada a Zeus y destruirán a todo aquel que interfiera. Persefone no tiene ningún interés sucio en el cangrejo, malo si, pero cachondeo no.
Atte: ddmanzanita.
