Por ser el capitulo 30 volverá a ser algo largo, pues hay que festejar que esta hermosa historia a llegado tan lejos, gracias a ustedes a quienes agradezco mucho, muchisisisimo sus comentarios.

Capitulo 30 Lo que eres yo fui, lo que soy serás.

-Que tu muerte pone fin a esta guerra. - La carcajada fría y llena de placer que emitió el dios de la guerra le sacudió el alma evocando los trece años en los que el dios le había apresado en su propio cuerpo, empuño las manos con fuerza provocando que sus nudillos palidecieran ante la presión, fijo sus ojos esmeraldas sobre los escarlatas del dios que le miraron de reojo con sorna. – Es curioso ¿No piensas así Athena? – Seiya se intento acercar a Ares pero Scatha apretó más a Saori contra ella y les miro amenazantemente.

-No se muevan. – Les ladro el gemelo mayor, lo menos que quería en esos momentos era que Athena volviese a morir como en la guerra santa y que su sangre se derramara de nuevo sobre aquellas baldosas.

-Saga, cuánto tiempo sin vernos. – Ares se alejo de las flamas por las cuales había surgido y se acerco hacia Athena y Scatha, el dios de la guerra se acerco por detrás de la pelirroja y acaricio su espalda con un movimiento dominante. – Me encantan que las cosas vuelvan a la normalidad. – Celebro con una amplia sonrisa, tanto Saga como Saori clavaron sus ojos sobre el dios que se movía de un lado de la habitación a otro. – Este recinto fue donde planee asesinarte Athena y es curioso que sea este mismo lugar donde nos encontremos en esta satisfactoria situación. – Ares se coloco frente a la deidad de la sabiduría y tomo a Athena por el rostro, apretando sus mejillas con fuerza.

-¡Ni siquiera se muevan santos! – Bramo enfurecida Scatha, mostrándoles el filo de la espada que también estaba cortando sus manos. La pelirroja llevo sus ojos por toda la habitación recorriendo a los santos de bronce y fijando sus orbes azules en la mirada esmeralda de Saga.

-¡Claro! Que han pasado algunos años y es una pena que Saga no pueda deleitarse de realizarlo por su propia mano como hace trece años anhelabas, también nos faltaría el caballero de sagitario al cual disfrute mandar asesinar, eso sí fue épico. – Ares soltó una solemne carcajada y alejo su mano con brusquedad del rostro de Saori quien le miraba iracunda y volteo a ver a Saga. – Pero bueno podemos sustituirlo por el caballero de Pegaso que tanto le gusta portar la armadura de sagitario. – Se burlo esta vez mirando a Seiya.

-¿Cómo… cómo pudiste llegar hasta aquí? – Saori alzo su cuello para poder hablar pues cada vez más sentía la espada más cerca de su cuello e incluso llego a pensar por unos segundos que la sangre que resbalaba por su vestido provenía de ella y no de Scatha, que cercenaba su mano para sostener la espada.

-Fue tan fácil y para ello mi querida Scatha me ayudo. Te dejaste convencer por un rostro hermoso ¿No es así Saga? ¿O acaso querías librarla de mí? – Ares volteo su frio rostro burlón hacia Saga. – Los berserkers y yo estamos conectados, al lugar donde ellos vayan pueden abrir un portal para que pasen sus compañeros o incluso yo. El hecho de que Scatha haya llegado hasta acá me permite a mi o a cualquier guerrero bajo mi mando el teletransportarnos a su lado.

-¿Qué será mejor? Podría asesinarte Athena y esta absurda guerra terminaría, también podría dar órdenes en tu lugar, si ya pude ocupar el puesto de patriarca, suplantarte me resultara más fácil. – Ares elevaba un dedo por cada idea que expresaba y su sonrisa aumentaba aún más por ello. – Te podría entregar a Cronos tal vez él pueda encontrar la forma de desbaratar el alma de un dios, dejarías de ser una molestia o bien podría amenazar a tus caballeros para que hicieran atrocidades en mi nombre con tal de salvarte a ti… ¿Podrían hacerlo caballeros? – Ares comenzó a reírse y saco la daga con la que había atacado a Ker a traición con la que acaricio el rostro de Saori con este.

Athena sintió el gélido metal, rosarle la mejilla con un aparente cuidado, pero un movimiento en falso por parte de ella o del dios podría cortarla, esa daga había sellado a Ker y un solo corte para ella significaría lo mismo. Apretó sus manos con fuerza y miro de reojo a Scatha que se mantenía fríamente en su papel de mercenaria, pues a pesar de estarse cortando las manos ella misma no dudaba en apretar más el agarre al filo del cuchillo para poder acercárselo.

Tenía que hacer algo y rápido pero no conocía las habilidades de la guerrera de Ares, por lo que tampoco debía de subestimarla, intercambio una rápida mirada con Saga y luego llevo sus ojos hacia Seiya y los demás chicos. Si lograba tomar la muñeca de Scatha podría desplegar una explosión de su cosmos para poder sellar la marca que Ares había impuesto en la joven pero sabía que el pelirrojo se percataría de ello.

-Me…estas lastimando. – Fingió moviéndose un poco y llevándose una mano hacia él cuello pero Ares rápidamente la detuvo fuertemente por la muñeca y le bajo el brazo.

-La diosa de la estrategia, no, no, no Athena. – Ares se paso una mano por el mentón y retiro el filo de la daga del rostro de la pelilila. – Tengo que precipitarme a todos tus planes si deseo destruirte querida.

-Ares. – Saga hablo por primera vez y levanto sus manos a los lados en son de paz. – Libera a Athena y hare lo que desees.

-Lo único que quiero de ti es causarte un profundo dolor. – Ares levanto su mano con la daga en ella y la lanzo hacia el pecho de Athena. - ¡Muere Athena!

-¡Detente! – Seiya se acerco presurosamente hacia las deidades, sintiendo que el alma se le iba a los pies.

-¡Athena! – Gritaron el resto de los santos de bronce intentándose acercar.

-¡Ares! – Grito una voz a las espaldas de Saga, las baldosas se llenaron de sangre y esta comenzó a correr por las pequeñas grietas en el suelo y es que dos flechas rasgaron el aire presurosamente, haciéndolo chillar, rodeadas de un cosmos oscuro.

La primera de ellas se clavo en la mano de Ares que soltó la daga al sentir la descarga de dolor recorrerle y la segunda se encajo en el hombro de Scatha lo que paralizo su brazo, Saori no desaprovecho la oportunidad y se zafo del agarre de la pelirroja resguardándose entre sus caballeros de bronce, rápidamente se llevo una mano al cuello y verifico que este no hubiese recibido ningún corte.

-¡Explosión de galaxias! –No lo dudo ni un segundo, al ver a su diosa libre de la amenaza que se cernía sobre ella, incremento su magnánimo cosmos elevándolo en un instante y lo hizo estallar con la fuerza de una súper nova que envolvió al dios de la guerra en ella.

-¡Athena! – Grito una voz alegre a sus espaldas. – Se supone que deben impedir que ellos pongan un dedo sobre Athena, no intentar rescatarla cuando prácticamente ya están amenazando su vida. Sé que nuestra vida están llenas de adrenalina pero no arriesguen tanto.

-¡Milo! – Seiya que estaba al lado de la griega, sonrió ampliamente al ver al caballero de escorpio investido en su imponente armadura y su inigualable carácter, Saga negó alegremente y miro a su compañero

-¡Maestro! – Hyoga respiro con alivio y hasta sonrió al ver el frio semblante de su maestro a un lado de Milo que con su aura gélida menguo las ardientes llamas de Scatha. Le había perdido tres veces y a pesar que el francés siempre había encontrado una forma ya fuese voluntaria o involuntaria de volver de entre los muertos, el ruso nunca olvidaría el dolor que experimento en cada una de esas ocasiones y era por ello que jamás querría repetirlo.

-Hermana. – Murmuro en un susurro Aldana, viendo los ojos ennegrecidos por el odio de Scatha que se había arrancado la flecha y ahora le miraba fijamente, como si fuese tan solo una presa a la que debía de destruir.

-Detente Scatha. – Ares exploto los escombros a su alrededor y sonrió sarcásticamente, sacudiéndose el polvo de las ropas, su mirada se había tornado sumamente burlona, pero a la vez era temiblemente amenazante. – Aldana no tardara en volver a ser una de nosotros.

-¡Pero aún no lo soy! – Aldana elevo de nueva cuenta el arco que el mismo dios de la guerra le había proporcionado, tenso fijamente las cuerdas y rodeo con su cosmos la flecha que se suspendía entre el cuerpo y la cuerda. - ¡Mientras tenga consciencia de mis actos Ares, jamás dejare de revelarme ante ti!

-No será por mucho tiempo. – Ares retiro algunos mechones de cabello pelirrojo del hombro de la escocesa. El dios estiro su otra mano hacia el frente y cerro su puño, el cual se incendio con su cosmos escarlata.

Aldana sintió una terrible opresión en el pecho que la hizo tambalearse ante el dolor ,su cabeza parecía que en cualquier momento le explotaría, un fino hilo de sangre resbalo por su nariz, sus manos comenzaron a temblar ante el dolor que escarmentó de golpe y su vista se torno borrosa por unos segundos, sin embargo su empeño era tal que mantuvo fija la mira de su arma, apuntando hacia el dios que desgarraba su alma.

Saga volteo sus ojos esmeraldas hacia la joven peliazul que había llegado con Milo y Camus, miro la dirección de su arco y las facies de dolor claramente marcadas en su hermoso rostro, paso rápidamente una vista a toda la habitación, observo a los santos de bronce que se encontraba por demás tensos, la calma en el rostro de Camus y la rabia en la de Milo, pero al final sus orbes verdes se fijaron en Athena; tenía un pequeño corte por el cual se observaban unas gotitas de sangre y la imagen de su suicidio en la guerra santa volvió a su mente. Jamás volvería a permitir que Ares o cualquier otro dios pusieran sus manos para lastimarla de nuevo, la protegería con su propia vida.

-Saga… - Escucho a Milo llamarlo a su espalda, sin embargo no se detuvo, comenzó a caminar hacia el dios de la guerra que sonrió retadoramente e hizo a un lado a Scatha. Saga hizo arder su cosmos al infinito que comenzó a desplegarse hacia los lados, en espículas doradas que ondeaban con las corrientes de aire que azotaron el lugar.

-¡Otra dimensión! – Saga concentro su cosmos en sus manos y produjo entre estas un poderoso relámpago que rasgo un espacio temporal abriendo un portal interdimensional que inicio como una grieta y luego amplio su vórtice, aspirando con su presión negativa a Ares en su interior y Saga sin más le siguió.

-¡Saga! – Saori corrió para seguirlo, pues aún cuando el gemelo mayor tuviese una fuerza descomunal, Ares no dejaba de ser un dios despiadado y cruel que deseaba provocarle a Saga el mayor daño posible, como si los trece años en los que atormento su alma no hubiesen sido suficientes.

-Tus no iras a ningún lado Athena. – Scatha se interpuso entre la deidad y la otra dimensión, mostrándole a la griega que Ares no solo se había acercado a ella, sino que también le había dejado entre sus manos la daga para sellarla. – Tu cabeza colgara en los templos de la guerra.

-No vas a matar a un inocente más Scatha. – Aldana volvió a incorporar su arco y esta vez lo dirigió hacia su propia hermana, fue ahí donde descubrió que Ares no se lo había entregado para que salvara a Scatha de Athena si no para que terminara con la vida de esta.

-No soy a la única que se le da muy bien matar. – Aldana pensó por unos segundos que se refería a ella pero pronto comprobó que su hermana se refería a la única persona que seguía a Ares por fidelidad, aquel ser que se había ganado la confianza del dios de la guerra, al grado de convertirse en el comandante de sus tropas y frente a ella se materializo Cesar en compañía de otra legión de Berserkers.

La luz azul brillo sobre las piedras, lo que atrajo de inmediato su atención y el de la amazona que se encontraban con ella, volvió su rostro hacia ella para estar segura de que había observado lo mismo que ella y cuando le vio asentir comenzó a caminar cuidadosamente hacia aquel lugar que segundos antes había brillado con halos celestes.

-Shaina. – Llamo a la rubia que comenzaba a escalar el paredón para llegar a donde aquellos haces se habían observado. - ¿Pudiste percibir algún cosmos?

-Tan solo fueron unos segundos, pero ese cosmos… - La rubia volvió su vista hacia el frente, contemplando las grietas que se hacían espacio entre la roca y continuo escalando, sin esperar a la pelirroja a sus espaldas. No era posible que ese cosmos se hubiese manifestado de esa forma sin que su portador estuviese cerca. – Sonara extraño, pero por unos segundos pensé que era de Mascara de la muerte.

-Lo mismo percibí yo. – Marín empezó a escalar al lado de su amiga quien le llevaba ligeramente la delantera. Como era posible que Mascara de la muerte proyectara su cosmos tan lejos del cuarto templo, no entendía porque el cuarto guardián haría algo como aquello, lanzar un ataque desde el inframundo a escasos metros de las barracas de las amazonas.

-Por Athena. – Shaina que ya había llegado a la cima murmuro y la vio impulsarse con sus brazos para subir el resto de aquella roca apresurada. - ¡Marín apresúrate es Touma!

Su corazón comenzó a palpitar con fuerza a penas escucho el nombre de su hermano abandonar los labios de la cobra, ni siquiera se percato de cuando termino de escalar la piedra a causa de la descarga de adrenalina en su interior, no sabía que esperar, ni a lo que se iba a enfrentar cuando le viera de nuevo.

Sus ojos vislumbraron el rostro de su hermano, quien había perdido su máscara seguramente en alguna batalla en el inframundo, estaba inconsciente y respiraba trabajosamente, su cuerpo estaba lleno de heridas graves y la sangre manaba por más de un orificio en su cuerpo, los tramos de su ligera armadura que llevaban en su mayoría estaban destruidos.

-¡Touma! – Corrió la corta distancia que les separaba y se dejo caer de rodillas a su lado, examinando con una rápida mirada todas las severas heridas que su hermano tenia, el miedo en su interior se acrecentó rápidamente ante la sola idea de volver a perderlo, después de haberlo recuperado hacia tan poco tiempo.

Arranco desesperada el cinto rojizo que colgaba en su cintura y con la mitad de este creó un torniquete para cubrir la profunda herida de su hermano y evitar que perdiera más sangre, con el otro trapo hizo presión en una abertura en su pecho, miro preocupada a Shaina que se mantenía aun de pie a su lado y le observo desabrochar su venda de su cintura para ayudarla a cubrir las heridas.

-Tenemos que llevarle al sanatorio Marín, sus heridas son muy graves. – Le alerto Shaina intentando detener una profunda hemorragia en el cuerpo del pelirrojo, por unos segundos pensó en usar el veneno de la cobra para detener las sacudidas de dolor que experimentaba de vez en cuando el ángel.

-Tienes razón. – Marín volvió a escanear las heridas de su hermano, valorando las posibilidades de moverlo sin provocarle otra lesión, sin embargo si permanecían ahí lo más seguro era que las graves heridas las superaran a ellas. Respiro profundamente y lo tomo de los hombros para cargarlo.

-He, llevémoslo entre las dos. – Shaina se paso uno de los brazos del ángel por la espalda y le detuvo con sus manos. Agradeció mentalmente la ayuda de su mejor amiga y rápidamente le imito, una vez que le detuvieron entre las dos, se pusieron de pie para dirigirse hacia el sanatorio.

-Shaina, muchas gracias por ayudarme. – La rubia busco su mirada y le sonrío dulcemente, cosa que le sorprendió de la cobra, pues aquellos últimos días desde que Ares había terminado con Acuario y Escorpio le había visto muy meditabunda, incluso llego a pensar que tal vez Shaina había comenzado a sentir algo por el octavo guardián; así que verla sonreírle le produjo un ligero alivio a su alma.

-No hay de qué. – Agarro con más fuerza el brazo derecho del ángel, enrollando alrededor de su cuello y le tomo por la cintura para aproximarlo más a ella y poderlo llevar más rápido, pensó en llamar a Geist pero supuso que su hermana menor estaría buscando tal vez a capricornio en esos momentos, lo que la fastidio un poco, nunca se acostumbraría a ver a su hermana con un dorado, de hecho ni siquiera se lo había imaginado, Geist siempre se mostraba tan fría que nunca desconfió en ese aspecto de ella, pero bueno Marín era otra situación.

-Deténganse. – Les ordeno una potente voz a sus espaldas, casi sonó como un rugido en sus oídos y definitivamente para Marín fue como si un rayo le hubiese partido a la mitad, sintió como si su alma se le cayera a los pies y volteo sobre su hombro solo para contemplarle a él.

-Aioria. – Su voz sonó como si fuese el último suspiro de su vida y su voz se quebró, él estaba ahí frente a ella aún con vida, tuvo que contenerse para no correr hasta él y abrazarlo, acariciar su rostro como tantas veces había anhelado hacerlo desde que Cronos se lo había arrebatado, no podía creer que estuviera frente a ella, vivo.

-Marín espera, algo anda mal. – Le advirtió Shaina, quien rápidamente reconoció aquel estado en el que se encontraba el león dorado, era como si acabara de volver a recibir el santan imperial de Saga de nuevo. Sus ojos claramente estaban clavados sobre ellas como si fueran una presa a la que debía eliminar, sus ojos estaban inyectados en sangre y los músculos de su cara estaban tensados en extremo. – Athena no nos menciono nada de Aioria, incluso ella le daba por muerto, porque esta él aquí…

-¡Plasma relámpago! – Las dos vieron el ataque de Aioria en su mayor esplendor, partiendo la tierra y haciendo centellar hasta el aire, ambas tomaron impulso y esquivaron por milímetros el ataque del león dorado que se movía a la velocidad de la luz. - ¿Dónde está Athena? – Cuestiono.

-¡Aioria! – Le llamo preocupada Marín, buscando con su mirada preocupada los ojos de Aioria, pero solo vio en estos un profundo enojo y odio, que le extraño. – Aioria, soy yo; Marín. ¿Qué te ha pasado?

-¡Plasma relampago…! – Los rayos dorados chasquearon por el aire hacia ambas amazonas.

-¡Marín saca a tu hermano de aquí! – Shaina trono un par de rayos violetas en su mano derecha que produjeron un sonido metálico. - ¡Garra de trueno! – Soltó a Touma para que el ataque le impactase únicamente a ella si su técnica llegaba a ser superada por la de Aioria que era lo más probable que ocurriera.

El cielo se vio iluminado por la potente descarga eléctrica que le surco, destellos violetas y dorados cruzaban el espacio produciendo un ostentoso chasquido cada vez que cada uno de estos se encontraban, sin embargo las centellas doradas rápidamente fueron menguando y superando por mucho la técnica de la amazona, ya que su ataque era producido a la velocidad del sonido, mientras la de Aioria superaba la de la luz.

-¡Shaina cuidado! – Marín vio que el potente ataque del león dorado que recorrió el espacio sin misericordia para golpear a su amiga. Shaina cerró los ojos para sentir la poderosa descarga de leo que sin duda debía superar a la suya, pues no dudaba que Aioria no solo la superase en velocidad si no también en el voltaje de sus ataques.

-Khan. – El poderoso campo de energía dorado rodio a la amazona, protegiéndola del plasma relámpago de Aioria, Shaka paso a su lado con los ojos cerrados, caminando lentamente y con su casco bajo el brazo mientras con su otra mano hacia el signo de un mantra juntando su dedo índice con el pulgar y manteniendo el resto estirados. – ¿Se encuentran bien?

-Shaka. – Suspiro despacio Shaina, mientras movía afirmativamente la cabeza para indicarle que estaba bien y le contemplo sorprendida pues ni siquiera había percibido el cosmos del caballero de virgo acercarse hacia ese lugar, pero ahora podía sentir el inmenso poder que el sexto guardián del zodiaco guardaba en su interior.

-Por favor ayúdalo Shaka. – Marín retrocedió unos pasos sin dejar de mirar a Aioria, temiendo que aquella volviera a ser la última vez que le viera, mientras Shaina le ayudaba con su hermano, pero no tenía otra opción más que confiar en Virgo, cosa que para cualquier santo de plata o bronce que no solía socializar mucho con los dorados y más con alguien como el sexto guardián, era extremadamente difícil. Pues a pesar de que el misticismo de las doce casa disminuía día con día, sus guardianes en su mayoría seguían siendo un enigma para el resto de la orden.

-Yo me encargare de Aioria. – Shaka se detuvo a unos cuantos pasos del león dorado, quedando frente a frente con su vecino, como aquella vez en que ambos habían tenido opiniones contradictorias en el salón patriarcal, lo cual casi termino en una batalla de los mil días, lo que le hizo dibujar una débil sonrisa en su rostro. Nadie podía escapar a algo que ya estaba plasmado en el destino de dos almas y al parecer una batalla entre él y Aioria tarde o temprano tendría que ocurrir.

La oscuridad reinaba en los alrededores, el cielo estaba ennegrecido dibujando con algunos matices violetas y escarlatas que parecían distorsionar su propia bóveda, estaban rodeados de escombros y pequeñas colinas que tapaban la mayor parte de su vista y que además daban un aspecto más desolado del lugar, tornándolo frio y despiadado, ninguna vegetación sobresalía en sus alrededores y la tierra mostraba la misma infertilidad al ser casi tan gris como la ceniza.

En medio de aquel cruel lugar, azotado por las inclemencias del tiempo y abandonado por la vida, una luz azul platino se abrió paso entre ellos, otorgándoles un poco de claridad a la zona, del resplandor surgieron tres sombras, dos de ellos estaban recostadas en el suelo y una más viajaba de pie a su lado.

Sus ojos cansados recorrieron los dominios del dios del inframundo el cual yacía en un profundo sueño a causa del sello que Athena había puesto sobre él, por lo que ahora ese lugar tan desolado era regido por su esposa. Aún así estando en un reino ajeno se permitió esconder su cosmos y el de sus acompañantes para pasar inadvertidos ante la deidad.

-Persefone… - Murmuro mirando con un dejo de tristeza hacia Guidecca.

Se arrodillo tranquilamente sobre el frio suelo, sus rubios y largos cabellos se deslizaron por su vestido blanco transparentoso, el cual había vuelto a portar una vez que su batalla contra Tea había culminado, paso su mano sobre la frente de Odysseus y recorrió su rostro hasta depositar su mano sobre el pecho de este, justo en el lugar en que podía sentir las palpitaciones de su corazón.

Ella podía ser una deidad, la prodigiosa diosa de la luna e hija del gran dios Zeus y sin embargo parte de su alma, siempre envidiaría a los humanos y a las otras criaturas con una estancia temporal en la tierra o en el universo, pues ellos llegaban a conocer durante su vida a varias personas y les veían florecer, luchando contra la adversidad y aún cuando llegasen a morir su esperanza les traería devuelta a la tierra para reencarnar o vivir una vida después de la muerte, pero nunca llegarían a verlas marchitarse.

En la era del mito, cuando los dioses solían vivir en el monte Olimpo, coexistiendo con los humanos, ella podía recordar a la perfección aquella paz, que ahora tanto anhelaba y recordaba con melancolía. Aún eran deidades muy jóvenes y por lo tanto sus sentimientos estaban a penas desarrollándose y en ese tiempo solía pasear en los jardines del Olimpo con Athena, Persefone y su gemelo. – "Eras muy diferente"

Ella había sido testigo del cambio que experimento su media hermana desde aquella época, pues Persefone como hija de Demeter, amaba la naturaleza, de hecho la idea de los paseos siempre fue por ella, pues su hermana se la pasaba entonando dulces melodías, mientras caminaba apresurada de un lado a otro, acariciando las plantas y alabando lo hermosa que podía ser el fruto que provenía de la tierra y la magnífica primavera que resplandecía bajo los cálidos rayos solares. Persefone solía hacer reír a Apolo y Athena que normalmente se la pasaban riñendo entre ellos o con Ares quien rara vez les acompañaba.

Todo se mantuvo de cierta forma durante siglos, a pesar que Athena se había recluido a la tierra en un sacrificio por demás noble, los dioses habían abandonado el monte Olimpo para dirigirse al Olimpo y alejarse de los humanos, a quienes a lo largo de los años ella y Apolo también abandonaron, sin embargo solían reunirse por Persefone quien les incitaba para unirse y escapar de la monotonía a la que se recluían los tres, la hija de la deidad de la primavera les alegraba sin duda alguna, incluso su buen humor hacia que ella misma se entendiese muy bien con las ninfas y las musas, coexistiendo en perfección con ellas, casi al igual que Afrodita podía hacerlo.

Pero cuando Hades apareció a mitad de la primavera y la rapto, las risas entre ellos cesaron y todo cambio drásticamente, para cuando Demeter descubrió donde se encontraba fue muy tarde, el rey del inframundo había logrado que Persefone quedase atada al Inframundo por seis meses al año y los otros seis meses pudiera volver a la superficie y aunque pudo hacerlo, el carácter benevolente y alegre de la pelirroja fue menguándose poco a poco, como si el mismo inframundo también estuviera acabando con la vitalidad de Persefone.

Y ahora cada vez que le miraba, la era del mito le parecía más lejana de lo que ella lo recordaba, Persefone parecía reflejar en su rostro el mismo sufrimiento del inframundo, se había vuelto fría, cruel, severa y su cálida risa se transformo en una seriedad absoluta, como si el inframundo hubiese logrado pudrir un alma tan afectuosa y alegre, tal y como el invierno hacia con la primavera.

-Diosa A…Ar…Artemisa. – Odysseus apretó con fuerza los ojos y se removió bajo su palma, atrayendo toda su atención, el ángel expreso una facies de dolor en su rostro y abrió lentamente sus ojos.

-Me alegra que hayas despertado ¿Cómo te sientes? – Artemisa escucho a Thesseus moverse a sus espaldas por lo que se incorporo y se coloco en medio de ambos para verles con calma, mientras les reconfortaba con sus cosmos.

-Nuestras heridas no importan, Diosa Artemisa. – Odysseus se apoyo sobre sus codos y miro hacia Thesseus que se estaba apoyando en una de sus rodillas para incorporarse. – Lamentamos haberle fallado pero…

-Claro que me preocupan sus heridas. – Artemisa poso su mano sobre el pecho del pelinegro y tendió la otra hacia el rubio, que intercambio una mirada sorprendida con el otro ángel que sonrió y el rubio término aceptando la mano que su diosa extendió hacia él.

Artemisa cerro calmadamente sus ojos, mientras un aura dorada blanquecina comenzaba a rodear su cuerpo y sus cabellos rubios danzaban a su alrededor, la energía comenzó a fluir de sus manos hacia los cuerpos de sus guerreros, los cuales sintieron como las oleadas de dolor comenzaban a desaparecer y sus heridas paraban de sangrar.

-Muchas gracias mi señora. – Ambos ángeles mencionaron al unisonoro hundiendo una rodilla en tierra y agachando solemnemente sus rostros.

-Odysseus y Thesseus necesito pedirles una cosa más. – Pidió amablemente la rubia, al tiempo que les ordenaba a ambos que podían ponerse de pie. – Deben ir a buscar a Icaro y a los santos dorados, me he separado de ellos desde la quinta prisión y quiero pensar que en el transcurso del camino tal vez fueron bloqueados por los espectros o incluso por la misma Persefone. – Giro su rostro hacia Guidecca y contemplo en silencio el blanquecino palacio. – Yo liberare a la diosa Demeter.

-Sera un placer servirla. – Odysseus llevo una mano hacia su corazón y volvió a erguirse apareciendo tras su espalda los dos destellos de sus alas, las cuales se desplegaron a los lados mientras el rubio hacia lo mismo. – No tardaremos mucho.

-Nos veremos en Guidecca. – Les dio la espalda y comenzó a caminar primero despacio por los alrededores del gran templo del inframundo donde Hades solía reinar, rebuscando a sus espaldas alguna puerta que le sirviera de segundo acceso, pues algo le decía que Persefone se encontraba aún en su interior.

Contemplo un pequeño jardín que yacía infértil y seco a los alrededores del palacio y sonrió con tristeza al pensar que tal vez Persefone había intentado crear un diminuto bosque alrededor del palacio, sin embargo este había muerto dejando tan solo ramas secas y espinas en lugar de vida, haciendo lucir más tétrico el lugar, camino por la senda de losas grises que conducían a una puerta aledaña y se introdujo por ella, recorrió en silencio los pasillos, prestando atención a todos sus sentidos para lograr percibir hasta el más diminuto estimulo.

Vislumbro una gran puerta de roble casi al final del pasillo, así que tomo la perilla con cuidado e intento escuchar movimiento detrás de la puerta sin embargo no lo logro, le abrió con precaución y su corazón dio un vuelco tras ver que en medio de la gran habitación a la que dio origen esa puerta se encontraba entre las finas cortinas de seda transparente el cuerpo de...

-Hades… - Dudo en acercarse por unos segundos temiendo que el dios reaccionara, después de todo ni Hades, Ares, ni Hera solían ser compañías gratas para las demás deidades. Se acerco con cautela fijando sus ojos ámbares en el pelinegro que parecía estar en un profundo sueño en lugar de tener su alma herida y sellada por Athena.

Introdujo sus blanquecinos dedos por en medio de las cortinas y les separo con cuidado haciéndolas a un lado, entro con suavidad como si no quisiera inoportunar el descanso de su tío y se acerco a él. Definitivamente Athena había sido benévola con él, pues el rostro del dios expresaba una notable calma y pacifismo, muy distinto al Hades que ella conocía, el dios que solía retar a su propio padre e incluso llegar a amenazarlo.

-Hades. – Le llamo con suavidad tocando la mano del dios de las tinieblas, él cual a penas sus manos hicieron contacto la tomo con fuerza por la muñeca y abrió sus profundos ojos negros, tan oscuros como los mismos abismos del inframundo, Hades la miro con fijeza y desplego parte de su cosmos que cejo por completo a la deidad de la luna que se vio en vuelta en la más terrible oscuridad.

Kanon tomo por las ropas a Dokho sin dejar que este se le escapase, cuando la otra dimensión se abrió en el cielo del santuario lanzándolos a los dos al vacio, le acertó un puñetazo al antiguo maestro para liberar algo de la frustración que le había provocado abandonar a Mu en el Olimpo. Mientras el chino colocaba su mano en su abdomen y explotaba una descarga de su propio cosmos.

Kanon experimento un agudo dolor como si sus carnes se hubiesen desgarrado en su interior, libero a Dokho para alejarlo de él, ambos continuaron cayendo en caída libre, los cabellos de ambos se removían ante las corrientes de aire que les azotaban en su descenso, se llevo una mano al costado y comprobó que estaba sangrando al ver como su propia mano se manchaba de su sangre.

-Me ha logrado cabrear. – Rugió, acumulo una buena cantidad de su cosmos en las palmas de sus manos, como si fuese a realizar la explosión de galaxias pero sin invocar tanta cantidad de energía, quería causarle dolor a libra pero no matarlo, simplemente tenía que darle un leve golpecito contra el suelo haber si así reaccionaba.

Pero el antiguo maestro al verlo hacer aquello entendió que Kanon se había cansado de jugar con él y ahora iba en serio, se giro en el aire para quedar frente a frente y el incendio su cosmos, rodeándose en su caída de un halo aqua, por lo que a lo lejos ambas estelas de cosmos se observaban como dos meteoritos incendiados por la atmosfera que caían del cielo, para estremecer a la tierra ante su impacto.

-¡Explosión de galaxias! –

-¡Fuerza de los 100 dragones supremos de Rozan!

A pesar de ser una fiera pelea, el cielo se vio hermosamente iluminado, pues las técnicas de ambos santos dorados adornaron el manto celestial, por un lado se apreciaron la creación de dos hermosas galaxias resplandecientes, repletas de planetas y estrellas que surcaban el cielo envuelta en una marea de meteoritos, los cuales comenzaron a quemarse desde su interior, las estrellas comenzaron a ser destrozadas y se genero una explosión semejante al poder de una supernova, la onda expansiva de su ataque se lanzo de forma transversal y el hermoso universo creado en sus manos arrogo hacia los lados un hermoso destello.

En su contraparte Dokho libero su máximo poder, llevo las manos al frente en un rápido movimiento y una poderosa horda de dragones cósmicos comenzaron a abrirse paso entre la explosión de gigantescas galaxias bien neutralizando el ataque o abriéndose paso entre la destrucción para llegar a su objetivo, rugiendo para mostrar la potencia y fuerza de su ejecutador.

Ambos ataques se impactaron sin piedad en medio de los cielos, intentando frenar una a la otra pero a la vez permitiendo que parte de aquellas magnánimas energías fluyeran entre sí para poder dañar a su adversario, el equilibrio se mantuvo por unos segundos, sin embargo la diferencia de técnica y la constante manipulación de su propio cosmos provoco una explosión que los envolvió a los dos.

Sus piernas pedían clemencia ante la velocidad y esfuerzo al que estaban siendo sometidas, sin embargo la situación apremiaba su presencia en aquel lugar, así que por cada vez que pretendía sentirse agotado, aumentaba mucho más la velocidad con la que descendía. El destello en el cielo llamo rápidamente su atención, alzo su mirada para observar como los cosmos de Kanon y Dokho ascendían cada vez más y supuso rápidamente que ambos usarían sus técnicas supremas.

-Dokho… Kanon… - Desvió su mirada lentamente hacia el suelo, intentando suponer el lugar por el cual caerían ambos y volvió a iniciar su apresurada marcha, pero sin desviar su atención del combate que llevaban libra y géminis, podía sentir el cosmos de ambos ardiendo al infinito y supuso como acabaría aquello.

Continuo corriendo para llegar hasta el lugar donde ambos golpearían el suelo ante aquella caída en picada, pero volvió a frenarse de nuevo, pues esta vez no solo los ataques del tercero y séptimo guardián estallaron sobre él, si no que pudo percibir el cosmos de Ares en el salón patriarcal, volvió rápidamente su mirada hacia el recinto y le miro expidiendo grandes bocanadas de humo por entre sus columnas.

-Athena. – Murmuro despacio, se vio sorprendido ante la astucia del dios de la guerra para abrirse un camino atraves de la barrera de su diosa y poder burlar las barreras que impedían la teletransportacion de los doce templos desde tiempos feudales, apretó su puño con impotencia sin saber que hacer por unos segundos; ambas situaciones apremiaban de su presencia, la vida de su mejor amigo y la de su diosa, así que retrocedió unos cuantos pasos hacia las doce casas pero luego reparo en que Saga se encontraba ahí, después de todo el gemelo mayor tenía su plena confianza, pues durante la guerra santa le había mostrado que era el santo dorado que esperaba llegase a ser y además aún percibía en el recinto el cosmos de los santos de bronce.

Pero por el otro lado también estaba Kanon enfrentando a Dokho, así que nunca había dudado de la fuerza y la astucia del gemelo menor, la cual nunca tuvo nada que envidiarle a su hermano, después de todo Kanon siempre se las había ingeniado solo, sabia apañárselas por sí mismo.

-Patriarca. – La voz preocupada de Shura le llamo, por unos segundos recordó que en los doce templos aguardaban capricornio y piscis esperando indicaciones, el cosmos de virgo estaba fijo en un punto cercano a las barracas de las amazonas junto al de Aioria y entonces supuso que Mu le había teletransportado desde el Olimpo ahí.

Su mente comenzó a trabajar rápidamente, creando una estrategia, la vida de Athena apremiaba más que nada, eso era claro, no importaban los sacrificios cuando la vida de la diosa estaba en peligro, ni cuanto pudieran doler estos. Miro rápidamente de una dirección hacia la otra y cuando estaba a punto de teletransportarse pues había tomado una decisión su corazón vibro de gusto pues acaba de percibir el cosmos de Milo y Camus en el salón patriarcal.

Espero unos segundos más, intentando replantear sus planes y sintió como el cosmos de Saga explotaba con furia en el ultimo templo, arrastrando consigo en esa ola de odio al propio Ares, pues pronto sintió que ambos cosmos desaparecieron del santuario. – "Saga le has llevado a otra parte, le has alejado de Athena" – Y en ese momento se propuso que en cuanto tuviese una oportunidad aunque fuera mínima les diría a aquellos temibles guardianes del zodiaco cuan orgulloso estaba de ellos, hacia mucho que le habían demostrado que arrebazaron sus expectativas, sus poderes eran colosales y ante cada derrota o golpe se erguían con mayor seguridad y fuerza llevando la cabeza en alto, no importaba cuantas veces rosaran la delgada línea entre la vida y la muerte.

-Shura, Afrodita vayan al salón patriarcal con Athena y pónganse a su mando, en caso de que les necesite. – Ordeno volviendo a ponerse en marchar.

-Como usted mande gran patriarca. – Respondió Shura y sintió el cosmos de capricornio abandonando el segundo templo.

-Sí, patriarca. – Afrodita imito a su compañero y rápidamente sintió el cosmos de ambos abandonando los templos y ascendiendo por las escaleras hacia los siguientes templos.

Cerró los ojos con serenidad, templando un poco su carácter y comenzó a elevar su cosmos, pronto una esfera celeste comenzó a rodearlo, envolviéndolo por completo y su cuerpo desapareció de ese lugar, su teletransportacion duro apenas unos segundos y sus pies pronto volvieron a tocar el suelo.

Miro en derredor suyo observando cómo columnas de fuego y algunas brazas se alzaban por el aire y el polvo del suelo se había condensado en el aire formando una densa neblina que se combinaba con el humo, recorrió con una calculadora mirada su alrededor buscando entre las pilas de piedra, las grietas y los boquetes algún rastro de Kanon o Dokho pues después de aquella colisión de ataques el cosmos de ambos había mermado.

La tierra y las piedras se resquebrajaban a su paso, volvió la mirada en derredor suyo en busca del gemelo menor pero no le vio por ningún lado. Volvió su vista hacia el cielo intentando calcular la trayectoria de la caída de ambos santos, llevando sus ojos por un camino invisible el cual le llevo a una pila de escombros y piedras que se acumulaban, alzo su mano izquierda frente así y elevo su cosmos, el cual ilumino con un halo dorado su mano y las piedras comenzaron a elevarse en el aire por medio de su telequinesis en grandes grupos que eran deslizados hacia otro lugar.

A medida que remontaba piedra tras piedra con sus poderes podía sentir el cosmos de Dokho en la otra parte de aquella llanura, así que supuso que sería Kanon quien se encontraría bajo aquellas rocas, afilo más su mirada y termino de elevar el resto de piedras que continuaban apiladas, las cuales lanzo hacia un lado con tan solo una mirada, las cuales se impactaron contra un muro colosal de rocas.

-Kanon. – Llamo con suavidad al gemelo menor, se acerco a él con calma y le vio abrir los ojos a penas pronuncio su nombre, se agacho a su lado y poso su mano sobre sus cabellos azules, palmeándole juguetonamente la cabeza. - ¿Cómo te encuentras?

-Patriarca. – Kanon se incorporo sobre sus codos permaneciendo aun recostado en el suelo, mientras veía al patriarca ponerse de pie y tender una mano hacia él para ayudarlo a levantarse, la cual tomo con calma. – Estoy bien. – Menciono con su habitual voz ronca, se sacudió un poco la tierra de la armadura con ligeras palmadas sobre ella y miro de reojo a Shion.

-Me alegra que estés bien. – Shion se paró a su lado y palmeo paternalmente su hombro, sonriéndole al gemelo, que le miro extrañado. – Has dado una buena batalla, nadie mejor que yo conoce que los golpes de Dokho son bestiales. – Bromeo de buena gana mirando en dirección a donde sentía el cosmos de su mejor amigo.

-En eso tiene razón. – Kanon agacho la vista y miro los daños que había sufrido durante la caída y el impacto de las dos técnicas y sonrió con desvergüenza pues pudo haber terminado de peor forma si a última hora no hubiese abierto parte de la otra dimensión para que absorbiese parte del impacto. Pero a pesar de ello su sonrisa se borro de su rostro cuando pensó en el alumno y caballero con favoritismo del patriarca; había abandonado a Mu en el Olimpo, frente a tres terribles titanes.

-Parece que Dokho también ha corrido con suerte. – Le hizo notar el patriarca, quien sonreía jovialmente, sin embargo sus ojos expresaban una tranquilidad absoluta, resultado de los años que había vivido el lemuriano.

-Patriarca, yo… bueno Mu. – Kanon se sorprendió de titubear de nuevo como si fuese un crio, pero incluso hasta Saga y Aioros lo hacían frente al ariano, quien siempre había representado el ejemplo a seguir de su hermano y el arquero y a superar por parte de él. Pero la autoridad de Shion aunque este nunca la manifestada, infringía un respeto que ponía a cualquiera nervioso y claro estaba que lo que confesaría no le agradaría para nada al patriarca. – Mu esta solo en el Olimpo y no puedo hacer nada para regresar ahí para ayudarlo. – Maldijo mentalmente, reteniendo con pesar la mirada a mielada del lemuriano, quien asintió.

-Muro de cristal. – Shion alzo ambos brazos hacia el frente, justo a tiempo para detener una explosión de cosmos por parte de Dokho, pero antes de que el ataque del antiguo maestro de libra fuese lanzado contra si, el patriarca hizo temblar su propia barrera la cual colapso. Kanon miro los finos pedazos de cristal cayendo al suelo para desaparecer en un destello de cosmos dorado, había visto a Mu realizar aquella técnica múltiples veces desde que los revivieron pero jamás había mostrado un perfecto dominio como el que Shion acababa de mostrarle. - ¿Kanon?

-Sí, patriarca. – Ambos continuaban fijando su vista en el viejo tigre que se acercaba amenazante hacia ellos y con una cara de muy pocos amigos.

-Pequeño, ¿Cuándo vas a dejar de autolimitarte tu mismo? – La pregunta del patriarca le desconcertó e incluso abrió los labios para replicar pero ninguna palabra abandono su boca. – Sabía que pondrías esa cara de reproche. – Esta vez Kanon alzo ambas cejas con incredulidad y a la vez con asombro, podría quejarse de Shion lo que quisiera, pero este siempre había sido un padre para ellos y por ende les conocía a la perfección.

-¿A qué se refiere? – Menciono con cierta indiferencia.

-Eres un maestro de las dimensiones, igual o mejor a Saga, pues has pasado mucho tiempo usándolas desde que eras joven. – Shion le miro de reojo y sonrió de medio lado. – Supongo que me has probado que no hay límites para ti, Kanon y es ello lo que nunca ha dejado de sorprenderme, en tu juventud igualaste el poder de tu hermano, pero ello no te basto; así que engañaste a un dios y le manipulaste a tu voluntad, ahora dime ¿Por qué una dimensión debería causarte conflicto, aunque esta sea el camino de los dioses?

-Patriarca… usted. – Kanon se sorprendió de lo mucho que Shion podía llegar a conocerlo, pues desde hacia varios minutos había considerado la posibilidad; de intentar abrir la superdimension por sí mismo, lo cual consideraba difícil, pero no imposible.

-Yo me encargare de Dokho. – Shion le dio la espalda y creo de nuevo el muro de cristal el cual resplandeció y cimbro ante un enorme dragón dorado que estrellaba sus fauces embravecidas contra la barrera. - Siempre has sido el pilar de apoyo de la orden y es lo que te ha convertido en el mejor elemento sorpresa de todos Kanon, siempre has significado esperanza, nunca una segunda oportunidad ni mucho menos una sombra.

-Patriarca… - Quería decirle tantas cosas, confesar lo mucho que se arrepentía haberse portado como un idiota cuando era un crio, pero sus palabras fueron aprisionadas por su garganta la cual ardió en dolor ante un silencio más.

-Andando Kanon, no hay tiempo que perder, hijo mío. – El gemelo menor solo pudo asentir, sintiendo como su alma se resquebrajaba ante las palabras de aquel hombre que siempre admiro y considero como un padre. Por su parte Shion le vio de reojo como el gemelo menor se limitaba a mirarlo, pues su voz le había traicionado y sonrió al recordar que ambos gemelos así eran desde pequeños. Saga podía ser muy callado, pero sus ojos le delataban y en los peores momentos las palabras acertadas del gemelo mayor siempre le fueron de ayuda, pero por su parte Kanon solía mirar indiferente a todos y usaba su lengua como un arma de doble filo, pero cuando las situación se ponía tensa esa barbaridad para hablar y mofarse de Kanon se transformaba en un impresionante mutismo y era aquí cuando el papel se invertía y sus ojos expresaban lo que no podía decir, así que no le sorprendió verlo asentir y marcharse en silencio, volvió su vista al frente para que sus ojos chocasen contra los marrones del chino. – ¿No te parece Dokho que la vida nunca nos va a dejar de sorprender?

Espero angustiada observando entre los escombros la espalda de aquel temerario caballero dorado que continuaba parado frente a Ramadanthys, temiendo que en una escala de odio, el caballero de sagitario cegara cruelmente la vida del Wyvern, pero respiro aliviada cuando le vio darle la espalda y se comenzó a alejar de aquel lugar lleno de destrucción, abandonando al espectro a su suerte.

-Radamanthys. – Suspiro, sintiendo como su alma se rompía al verlo en aquel estado, se acerco despacio hacia él esquivando los escombros y se arrodillo a su lado. Estaba tan acostumbrada a verlo imponente, tan temerario, tan invencible que verlo en aquel estado le produjo un nudo en la garganta.

Paso su mano por el pálido rostro del juez del inframundo y con la otra se llevo su larga cabellera detrás de su oído, le contemplo unos segundos y después se recostó sobre el pecho de Wyvern sin saber cómo ayudarle, el cosmos de ambos era agresivo, hecho para destruir, jamás para sanar y en aquella condiciones para cuando llegara a la superficie el juez seguramente ya hubiera muerto.

Se maldijo así misma al darse cuenta de la inutilidad de su función ahí, consolada únicamente por los débiles latidos cardiacos del espectro que siempre le había sido fiel y le había acompañado toda su vida. Radamanthys la había salvado de la misma ira de la reina Persefone, cuando había condenado su alma a un castigo eterno, siendo sobajada y azotada por los guardianes que debían protegerla y no golpearla, pero él había ido a por ella.

-Oh… Radamanthys, lo único que deseo en este momento es que vivas pero yo… yo… - Cerro sus ojos con fuerza ante la impotencia que sentía, despejo su rostro del cuerpo del Wyvern y se llevo ambas manos a la comisura de los labios, para reprimir un sollozo, sin embargo las lagrimas se agolparon en sus ojos y salieron de forma involuntaria, recorriendo en su rostro un camino de profundo dolor, las lagrimas se desprendían de su mentón y caían al suelo, como dulces gotas de lluvia, que bañaban a una tierra infértil.

Rompió parte de su largo vestido negro y comenzó a crear torniquetes y hacer vendajes sobre las lesiones del británico intentando ayudarlo, pero le dolía tremendamente observar las facies de dolor en su rostro, daría lo que fuera por salvar su vida, tal y como él se había arriesgado por ella. Tomo la mano del espectro y la puso al lado de su mejilla blanquecina, mientras las lagrimas seguían fluyendo por estas con desesperación.

Sin embargo la sangre no dejaba de recorrer su curso, la palidez cada vez aumentaba más en su piel, las sacudidas de dolor recorrían todo el cuerpo del juez y aquel calor vital comenzaba a abandonar su cuerpo. Tomo la cabeza del espectro entre sus piernas y acaricio con suavidad el rubio cabello, como si aquellas muestras de afecto sosegaran de algo el dolor.

-"Siempre me fuiste fiel… tanto a mí como al señor Hades, permaneciste siempre a mi lado Radamanthys a pesar que nunca te fijaras en mi" – La respiración de Radamanthys comenzó a entrecortarse y las descargas de dolor desaparecieron, mostrando que el fin de la vida del espectro estaba cerca y por unos segundos pensó en el terror que le provocaría verlo morir una vez más, pero a pesar de ello esta vez no moriría solo como en la guerra santa. Se agacho unos centímetros y coloco su frente con la del espectro. – "Eres el único que siempre me sirvió tan fielmente sin importar lo que pasase, sé que no la hacías específicamente por mi pero siempre supe que sería el único que estaría conmigo hasta el final"

Sus lagrimas en lugar de sosegar su dolor lo aumentaban sintiendo por primera vez una desesperación total, no quería perderlo a él también, no tenía a nadie en su vida y el juez era la única persona que significaba realmente algo para ella, el único que significaba su todo en el mundo, separo su cabeza de él y miro hacia el ennegrecido cielo, rogando por clemencia al dios que le escuchase, pues una persona tan leal del calibre de Radamanthys no debía ser condenado de aquella manera, incluso ella misma daría su vida por salvar la del juez.

-Lo siento tanto Radamanthys. – Sintió un terrible dolor de garganta y esta vez un gemido se escapo de su boca, tomo el cuerpo del espectro y le abrazo, rodeando sus hombros con los brazos del juez y escondiendo su rostro en aquel musculoso cuerpo, que estaba a punto de llegar a su fin. –Lo que siempre quise fue estar a tu lado…

-¡Pandora! – Levanto su rostro al escuchar aquella voz llamándola de nuevo, rebusco entre la negrura del inframundo por aquel que le llamaba sin embargo no le encontró, seguramente él aún permanecería bajo el sello de Athena.

-¡Señor Hades! –

-Pandora, tu y Radamanthys me pertenecen por igual y me han sido leales desde el principio de los tiempos y yo nunca, nunca olvido los sacrificios que hacen en mi nombre. – Pandora guardo silencio sin saber qué hacer, mientras sentía el cosmos de Hades brotar desde algún punto de Guidecca, volvió sus ojos hacia el británico, que comenzó a ser rodeado por un aura negra que surgio desde su interior, aquel cosmos era del dios del inframundo.

-Señor Hades… - Vocifero despacio, percibiendo como aquel cosmos divino sanaba las heridas del soldado más leal a su servicio.

-Pandora. – Le llamo fríamente el dios de los muertos. – Aún no merecen tener el sueño eterno, ni Radamanthys, ni tú, pues ambos no han acabado con su misión en esta vida. Les he otorgado otra oportunidad solo por el hecho de que Radamanthys se ha mantenido fiel a mi mando por siglos y tú porque gracias a tu traición los santos de Athena han acabado con los dioses gemelos, quienes me han manipulado y tendido trampas por siglos.

Pandora volvió el rostro hacia Radamanthys quien permanecía aún entre sus brazos, sin embargo las heridas de su cuerpo se habían curado, su respiración había vuelto a la normalidad, aunque aquella palidez mortuoria persistía aún en su cuerpo. Acaricio los mechones rubios rebeldes que tapaban la frente del espectro y sonrió con debilidad.

-Pandora, en cuanto despierte Radamanthys, dile que tiene una misión que cumplir en mi nombre y es el único en quien confió para que la realice…

El cosmos de Hades mermo por completo confinándose a una de las partes más profundas del inframundo y pudo percibir por unos segundos el cosmos de Hades y Artemisa enfrentándose en Guidecca, por tan solo unos instantes, después de ello el sello de Athena volvió a hacerse presente en el inframundo sellando el alma de su dios.

-Señor Hades… - Menciono agradecida.

-Señorita Pan… Pandora. – La voz ronca del espectro llamo su atención y su corazón se lleno de gozo y alegría, antes de volver sus ojos hacia él se paso una mano por estos limpiando sus lágrimas y le miro con ternura.

-Radamanthys... – Atino a decir, pues sus labios se negaron a decir cualquier otra palabra, el espectro se incorporo de pie, dejándola a ella en el suelo, aun arrodillada, le vio contemplarse las palmas de las manos sin comprender que había ocurrido, sin ni siquiera imaginarse que su dios, le acababa de salvarle la vida. – El señor Hades ha sanado tus heridas.

-¿Qué haces aquí en el inframundo Pandora? – El juez volteo a verla de reojo sobre su hombro y empuño la mano frente a él, pero pudo que esta vez no la había llamado señorita Pandora, simplemente le había nombrado por su nombre.

-Sabia que los reinos de mi señor serian atacados de nuevo por los caballeros de Athena y mi deber era estar aquí. – Mintió fríamente, se puso de pie dándole la espalda a Wyvern y observando el lugar por el cual Sagitario se había marchado, pensando en que tal vez Radamanthys querría darle alcance. – Hades te ha encomendado una nueva misión, Radamanthys. – Confeso con un gran pesar y sintió un terrible dolor en su corazón como si este se hubiese destrozado.

-¿De qué se trata? – Radamanthys se puso a sus espaldas y se arrodillo, para recibir una nueva orden. Pandora desconocía los riesgos de la misma y era aquello lo que la aterraba aún más pues temía volver a ver al británico entre la delgada línea de la vida y la muerte.

-Es acerca de la señora Persefone… - Las palabras abandonaron fríamente sus labios, mientras sus ojos carentes de sentimiento miraban los escombros de Caina, pero dentro de ella sus sentimientos se removían con fuerza, sus labios se sellaron a penas termino de decir los deseos de su dios y observo como Radamanthys paso con prisa a su lado. Tenía tanto miedo de perderlo de nuevo y si aquella volviese a ser la última vez que lo viera. – Radamanthys…

Su voz sonó tan despacio, apenas y fue un murmullo pero el juez se detuvo al escucharla y permaneció de espaldas a ella, cuando se volvió la miro fijamente, ella contuvo la respiración, porque jamás lo había visto de aquella manera. Dos zancadas por parte del juez fue lo que corto por completo el espacio que les separaba, el británico levanto el rostro de la joven y la beso con pasión.

-Te prometo que voy a volver Pandora. – La joven no supo qué hacer, tan solo le vio alejarse con rapidez y desaparecer tras los escombros de Caina.

-Te mentiría si te digo que no voy a disfrutar esto, Zeus. – Críos empuño su espada y partió a la mitad la piedra que aprisionaba el torso del dios del rayo. – Tal vez tuviste razón en encerrarnos en el tártaro, pero voy a disfrutar de tu error. – El titán elevo su pie para patear el torso del dios del rayo pero Zeus lo detuvo.

-Todo puede corregirse. – Siseo el dios molesto, empujando con fuerza el pie del titán que contrarresto con más fuerza.

-Por supuesto Zeus. – Críos sonrió cínicamente y deslizo su espada por el brazo del dios, apuntando el filo contra la piel del dios, que comenzó a levantarse ante el metal. – Esta vez quienes ocuparan ese puesto serán ustedes.

Críos saco sin piedad la espada de la piel del dios del rayo, quien estaba formando un nuevo ataque en su otra mano, por lo que el titán se giro con prisa, apoyando esta vez su espada en el hombro del dios y pateando su cabeza con su pierna, él golpe saco a Zeus de los escombros y lo lanzo boca abajo contra el suelo, provocando un boquete en el suelo cuando su cuerpo golpeo el suelo.

-Eres un desalmado. – Vocifero la voz tranquila de su hermano, quien recién llegaba a su lado.

-Así me conocen todos. – Críos recargo el codo sobre el mango de su espada y apoyo sobre su mano su mentón mirando con desinterés a su hermano. – Al fin no distamos mucho de ellos, no tengo porque tratarlo con piedad cuando él no lo hizo. – El moreno soplo sus flequillos con indiferencia y miro hacia Ceo. – Pensé que Zeus seria más entretenido.

-No seas imprudente Críos, lo único que has provocado es la ira del dios de dioses, aquel con una existencia maligna. – Ceo mucho más precavido que su hermano agudizo la vista y observo como Zeus se incorporaba lentamente. – No debes precipitarte.

-¿Crees que me preocupa lo que puede hacer un dios destronado? – Críos alzo su espada y bajo con calma de los escombros de un salto echándose su espada al hombro. – Vamos ya, quiero acabar con él.

-Piensa mejor lo que dices, aquel dios no es Apolo u Hermes, hablas de Zeus quien se ha mantenido en el poder mucho más tiempo que nuestro padre; Urano y que nuestro hermano; Cronos. – Los ojos de Ceo recorrieron el panorama alertando al máximo sus sentidos ante cualquier señal de ataque del dios del rayo.

-¡Ponte de pie dios de dioses y muéstranos tu ira! – Críos alargo sus brazos hacia los lados y comenzó a reír ignorando las precauciones de su hermano. – Impide que te sellemos.

-Sabes muy bien que Zeus no podrá hacerlo, ha perdido el rayo, el único elemento que Cronos jamás pudo dominar y aquel que le llevo a la victoria. – Ceo estiro su mano frente a él y un centello eléctrico se materializo en su mano mientras el cielo sobre el retumbaba. – Aquella arma que me fue robada por mi propia hermana, el Keraunos.

-Terminemos con esto. – Críos comenzó a teletransportarse hacia el dios oji azul que les miraba en silencio escuchando con calma el cruel veredicto que lanzaban contra él. El titán alzo su espada y la dejo caer sobre el dios, quien levanto su brazo y le retuvo entre sus manos, por la hoja de la espada comenzó a gotear pequeñas gotas escarlatas que resbalaban hasta el mango donde se desprendían como gotas de roció al suelo.

Críos intentaba liberar su espada del dios pero este mantenía un férreo agarre sobre el arma, Zeus comenzó a condensar una energía dorada en una de sus manos y la apoyo sobre el abdomen de Críos la cual le estallo y salió proyectado contra los escombros, una densa columna de humo se esparció a su alrededor.

Zeus sintió una terrible descarga en su espalda que le proyecto a él también contra el suelo, su cuerpo convulsiono ante la descarga eléctrica y pudo comprobar cómo la sangre salía de su espalda a borbollones, percatándose que Ceo le había atacado por la espalda con el Keraunos, se puso de pie lentamente y miro al titán que mantenía entre sus manos el rayo.

-En esta ocasión Zeus, Mnemosine no está aquí para ayudarte, ella se ha ido. – Ceo volvió a apuntar el rayo hacia el dios. – Permíteme demostrarte como se usa el Keraunos. – Ceo clavo con fuerza el rayo en el suelo del cual comenzaron a brotar centellas y millones de relámpagos que destruían todo desde el subsuelo, las descargas comenzaron a acercarse a Zeus que lanzo una explosión de su cosmos logrando detener algunas, mientras esquivaba otra pero pronto se arrepintió de retroceder pues el aire paso silbando a su espalda y sintió un filo tras de sí a causa de la espada de Críos.

Se giro para hacerle frente al espadachín sin embargo un rayo volvió a golpearlo lanzándolo contra el suelo, su cuerpo se sacudió ante el dolor, tomo con impotencia las rocas que yacían bajo él y las pulverizo al apretarlas en su puño, jamás podría hacerle frente a Críos y Ceo juntos, ambos titanes no le permitían enfocarse en ninguno de ellos, si debía admirar algo de los titanes era la hermandad con la que se protegían celosamente uno al otro.

Se apoyo en su rodilla para erguirse sin embargo una centellada de dolor le detuvo pues sintió como las carnes se le separaban ante el filo de la espada de Críos que acababa de atravesar su hombro izquierdo que fue rápidamente seguida por el mismo Keraunos atravesando el centro de su pecho.

-¿Qué ocurre Zeus? – Se burlo Críos mientras hacía girar la espada en el interior del cuerpo del dios, retorciendo sus carnes y desgarrando sus músculos. - ¡El gran Zeus arrodillado! – Se regocijo Críos.

Cerró los ojos con tranquilidad, permitiéndose sentir el dolor que recorría cada hebra de su cuerpo, la forma en que resbalaban las gotas de sangre por las líneas musculosas de su cuerpo y como ambas armas destrozaban parte de su interior, una cortándolo y la otra chamuscando su carne. Tenía que reconocerlo de ninguna manera el podría continuar prolongando su enfrentamiento con su padre, Cronos le ansiaba sellado y lo demostraba al mandar a dos de sus hermanos tras él.

Ahora que los titanes gozaban por completo de su cosmos nadie podría hacerles frente, ningún dios podría combatir con dos titanes a la vez y si él caía Athena sería su última esperanza, abrió sus ojos con decisión y se incorporo a pesar de prolongar más sus heridas e incrementar el dolor, se volteo hacia sus enemigos y le planto un puñetazo a Ceo en el rostro el cual cayó al suelo con todo y el Keraunos.

-Puede que mi cosmos siga siendo bloqueado por Cronos pero aún tengo mi fuerza. – Tomo con fuerza la mano de Críos y la doblo provocándole una fuerte contractura que hizo gruñir al titán, lanzo la espada al suelo y la aprisiono bajo su peso, mientras tomaba con ambas manos el cuello de Críos con la intensión de destrozarlo.

El titán rugió lleno de furia ante la presión ejercida en su cuello e intento zafarse de los potentes brazos del dios del rayo que le estrangulaban cada vez más, ambos hacían crujir sus extremidades, Zeus partiendo el cuello del titán y este a punto de fracturar los brazos del dios del rayo.

Zeus observo que Ceo estaba a punto de lanzarle otro rayo, por lo que interpuso el cuerpo de Críos entre el trayecto del rayo y él, el titán rugió ante tal impacto y su cuerpo se retorció ante el dolor, Ceo se incorporo furioso y golpeo con fuerza los brazos del dios del rayo para liberar a Críos que cayó al suelo tendido ante el dolor.

-Maldición. – Ceo se acerco preocupado a su hermano que se retorcía ante la perforación del Keraunos en su cuerpo. – Críos, lo lamento. – Llamo preocupado.

-Estoy… bien. – El espadachín rebusco entre el suelo su espada y la empuño furioso. – Te matare Zeus.

-Permíteme que me encargue de él. – Ceo detuvo a su hermano y el mismo empuño el Keraunos que resplandeció en su mano con furia. – Jamás te perdonare esto Zeus.

-"Athena, hija mía, hubiese deseado ayudarte más en esta guerra, pero al parecer te encargaras tu sola de ponerle fin a ella como siempre lo has hecho." – Zeus empuño su mano mientras una densa energía dorado le rodeaba por completo.

-El rayo que te brindo tu victoria en esta ocasión será tu derrota. – El Keraunos resplandeció con una luz blanquecina celeste que dio lugar a un potente rayo, que hizo estremecer a la tierra y al cielo retumbar al unisonara, mientras el rayo partía el suelo y el espacio, el aire le acompañaba en forma de cuchillas filosas y destrozaron el ataque dorado del dios por la mitad, partiéndolo y lanzándolo hacia la periferia mientras el ataque de Ceo continuaba de frente.

-"Athena, te encomiendo a la tierra como lo hice en la era mitológica, recuérdalo hija mía que solo un humano o un dios entienden el sentido de la vida al conocer la razón de la muerte" – Por unos segundos el cosmos de Athena y él estuvieron conectados pero fue el tiempo suficiente para darle las últimas palabras de aliento a la pelilila.

Zeus fue golpeado por el rayo directamente en el área del corazón pero esta vez, no se arrodillo ni cayó al suelo por el ataque, si iba a ser sellado lo haría de pie como un dios, jamás sedería ante los titanes ni aún después de su último aliento, si Athena no triunfaba en la guerra, pronto llegaría el día en que los humanos o incluso los dioses lograran escapar del yugo tiránico de los titanes y enfrentarles, aunque para ese entonces tal vez la vida en la tierra hubiera perecido.

-El gran dios ha caído. – Afirmo Críos incorporándose lentamente y viendo las últimas estelas doradas del cosmos del dios desaparecer en el desolado paisaje del Olimpo. – Ya no hay nadie que nos impida llegar a Athena. – Sentencio el titán.

Aldana contemplo con la respiración entrecortada como se materializaba frente a ella un escuadrón de Berserkers, sin embargo sus ojos analizaron rápidamente aquellos rostros conocidos y rebusco entre ellos el de Cesar, el comandante de las tropas de la guerra, dejo de apuntar a su hermana con el arco y lo dirigió hacia el guerrero, a pesar del dolor que estaba experimentando en esos momentos.

-Aldana que penoso estado. – Siseo el comandante que era un hombre alto, musculoso de cuerpo herculino, de tez oscura y calvo, que llevaba cernido a su espalda un arco con sus flechas, varios cuchillos atados a sus extremidades y dos espadas fijadas a su armadura por la cadera.

-Cesar. – Suspiro la peli azul tensando el hilo de su arco y respirando con dificultad a causa de la opresión de Ares en su corazón, miro como Scatha se acerco al moreno y estiro su brazo hacia varios guerreros que rápidamente le proporcionaron una espada afilada mientras en la otra llevaba la daga que Ares le había dado para segar la vida de Athena. – Athena, tus santos han hablado prodigios acerca de ti, si eres la diosa de la que me hablaron tu deber es velar por la vida de tus santos y tanto acuario como escorpión no han sanado sus heridas, si ellos usaran sus cosmos en estos momentos sus heridas se expandirían y el sacrificio de mi diosa seria en vano… - Su voz se corto ante el dolor que recorrió su pecho y un sentimiento de indiferencia la embargo casi por completo.

-Aldana. – Camus se agacho a su lado y la ayudo a incorporarse, la acerco al grupo de santos que protegían a Athena, pero la peli azul miro directamente a los ojos al francés que le devolvió la mirada, los ojos mieles de la joven mostraban un terrible miedo, sus manos temblaban ante el nudo de emociones que sentía en su interior, habían llegado tan lejos para nada.

-Lo lamento tanto Camus. – Aldana dejo caer el arco al suelo que produjo un sonido metálico que fue seguido por todas las flechas que llevaba en sus manos, la peli azul miro del francés al griego y retrocedió varios pasos, sintiendo como aquel dolor en su interior se tornaba en un profundo odio. – Jamás debieron confiar en mí, no mientras mi destino le pertenezca a Ares.

-Espera. – Milo trato de tomar a la peli azul, pero esta retrocedió aún mas ocultando sus ojos bajo su fleco y la marca en su mano brillaba de un color escarlata, de pronto el aura tranquila de la joven se torno oscuro y su cosmos se torno amenazante para ellos.

-Detente Milo, ella es un berserkers . – Le alerto Athena.

-Así es Athena, en el interior de cada uno de estos guerreros se encuentra el alma de un berserkers que ha peleado con Ares desde los tiempos mitológicos, almas entrenadas a la perfección en la guerra, capacitadas en el combate cuerpo a cuerpo y en el manejo del cosmos. – Cesar avanzo despacio hacia el centro del recinto y desenvaino una de sus espadas. – Al final del día Athena tu cabeza pertenecerá a mi dios.

-No mientras nosotros estemos aquí. – Shiryu se interpuso entre Cesar y Athena y levanto su brazo derecho que se rodeo de un aura esmeralda, aquel brazo donde el caballero de capricornio había depositado su alma y la milagrosa espada Excalibur.

-Ya lo veremos santo. – Cesar desenvaino su segunda espada y se lanzo contra el dragón, que retuvo la primera espada con su brazo, mientras que con su mano freno la segunda espada del general de Ares.

-Athena. – Scatha lanzo la espada que recién le habían dado hacia el cuello de Athena, sin embargo la cadena de Shun detuvo su trayectoria, lo que fastidio a la pelirroja que brinco para caer sobre el peliverde.

-¡Destrúyanlos! – Rugió Cesar, la legión vocifero un enorme grito de guerra, mientras golpeaban sus espadas contra sus escudos en forma agresiva.

-¡Matar! ¡Matar! ¡Matar! – Corearon todos al unisonara.

Camus y Milo se situaron dispuestos a proteger a Athena pero pronto sus cosmos fueron bloqueados y sus cuerpos se paralizaron por completo, ambos se observaron con desconcierto y voltearon a ver a la peli lila.

-Lo lamento muchachos pero Aldana tiene razón, sus cuerpos están fatigados por las batallas que han enfrentado, no les permitiré pelear en esta batalla. – Saori se acerco a ellos y coloco una mano sobre el pecho de cada uno, cerró los ojos y permitió que las propias armaduras doradas de acuario y escorpión le expresasen el cansancio y dolor de sus guardianes.

-Pero Athena… - Milo volteo hacia la griega que les miro preocupada y negó profusamente. – Estuve a punto de perderlos, solo por esta vez dejen que Seiya y los otros se encarguen de esto por favor.

-Athena. – Camus miro hacia su amigo y asintió, al menos no les estaba pidiendo que se retiraran, así que podrían permanecer a su lado por si algo llegase a ocurrir.

-Gracias. – Athena les libero y miro como ambos dorados suspiraban con resignación volviendo a su lado, fue ahí cuando se dio cuenta que ellos no conocían otra forma de vida, todos sus años habían peleado ya fuese por obtener una armadura, mantener un rango, cumplir con las misiones del santuario, incluso entre ellos y permanecer al margen sería algo que les frustraría siempre.

Un grupo de berserkers se acercaron hasta ellos, pero fueron interceptados por Hyoga y Seiya que rápidamente comenzaron a contrarrestar sus ataques, Milo se recargo contra una de las pilastras con frustración y Camus permaneció al lado de Athena con su rostro impasible, observando la batalla.

Aldana que se había mantenido absorta a la batalla levanto el rostro y tanto Athena como el octavo y onceavo guardián pudieron contemplar el halo oscuro que rodeaba los ojos ámbares de la joven quien se rodeo de una columna de fuego y mediante las cenizas que se originaron apareció una armadura oscura de color marino zafiro, Aldana estiro su brazo y el arco que yacía en el suelo sobrevoló hasta ella.

-Aldana… - La llamo Milo observándola fijamente y después llevo sus ojos a Scatha que repelía con dureza las cadenas de Shun, las cuales ardían rodeadas por las intensas llamaradas que la pelirroja despedía. Aunque le costara creerlo ellas dos pertenecían a Ares y nada les detendría, a menos que ellos mismos decidieran cegar sus vidas, lo cual le parecía una total crueldad pues gracias a ellas tanto Camus como él estaban con vida. Ambas jóvenes habían arriesgado sus vidas por ellos y no podían hacer nada para salvarlas.

La peli azul había perdido aquella melancólica mirada teñida por la tristeza de su pasado y ahora tan solo mostraba en su mirar un odio tremendo, sus ojos parecían inyectados en la más profunda oscuridad y su rostro expresivo era como el más vil acero. Vieron como Aldana levanto su arco y materializo una flecha en esta con la que apunto directamente a Athena.

-Tu cuerpo es el de una mortal Athena y mi poder nació para destruir a los dioses. – La chica sin más soltó la flecha, por lo que Milo se apresuro y tomo a la griega entre sus brazos, esquivando la flecha que se encajo en una de las pilastras, la cual exploto destrozándose en mil pedazos, para transformarse solo en cenizas negras que cubrieron el suelo. – Mi batallón es el de la destrucción.

-¡Qué diablos! – Milo a penas toco el piso volteo el rostro para ver como las cenizas se esparcían por el suelo y el boquete que había dejado la ausencia de la pilastra, mientras parte del techo se colapsaba.

-No deberías de alzar tu arma contra mi diosa. – Espeto una fría voz tras la peli azul que se giro rápidamente para hacer frente al enemigo a sus espaldas. – Mi nombre es Ikki y soy el caballero de bronce del fénix.

-¿Y acaso me lo impedirás tu? – Aldana sonrió cínicamente y desplego dos filosas navajas de su arco, con las cuales intento embestir al fénix, quien retrocedió para evitar ser cortado por estas. – Sera un placer desintegrarte frente a tu amaba diosa. – La peli azul giro su rostro y clavo sus ojos en Athena. – Tú sabrás cuantos santos deberé decapitar para que intervengas Athena y me hagas frente como en la época antigua.

-¿Qué? – Saori se congelo al escuchar esta afirmación de la fría voz que abandono la garganta de la joven.

-Tu alma y la de tus santos suele reencarnar en una y otra vida, lo que les impide recordar los detalles de nuestros antiguos enfrentamientos, pero nosotros somos diferentes, nos posesionamos en cuerpos inocentes con el fin de mantener nuestras almas intactas y nuestros recuerdos puros, como si todo hubiese ocurrido ayer. – Aldana se giro esquivando un golpe del fénix y le planto una tremenda patada en el rostro. La chica se arreglo el largo cabello y soplo el polvo que se había posesionado sobre las lancetas de su arco. – En la primera guerra santa entre mi dios y tú nos mandaste decapitar y sellar en tu coliseo Athena. – Siseo la chica con odio.

-¿Cómo puede ser posible? – Milo miro confundido a Saori, pues esa información representaba una gran amenaza para ellos, pues para los santos podría ser la primera vez en su vida que se enfrentaban a un berserkers, pero para estos no. Lo que representaba una gran desventaja.

Ikki se incorporo rápidamente y corrió hacia la chica que sonrió al verlo acercarse, el fénix la tomo por los brazos aprisionándolos, pero la peli azul era una guerra, un soldado entrenado desde la era mitológica, así que pateo con fuerza la rodilla de Ikki haciéndolo trastabillar, Aldana aprovecho la oportunidad, se tiro en el suelo logrando librar sus brazos del agarre del fénix, tomo su arco y clavo la lanceta en el costado del fénix.

Tanto Milo como Camus se miraron estupefactos, estaban conociendo a una Aldana muy diferente, una que se mostraba fría, calculadora, agresiva y con una perfecta habilidad para la batalla, a diferencia de la joven que ellos conocieron que se mostro tímida, amable, temerosa y débil ante ellos. La berserkers que habitaba en su interior tenía la capacidad de enfrentar al caballero del fénix sin ningún problema y ello acababa de demostrárselos.

-Un soldado no deja de ser un asesino, así como un dios tampoco deja de ser un juez injusto. – Aldana retiro su lanceta del costado del fénix y antes de que este reaccionara volvió a golpearle en el rostro con el puño.

Saori se quedo impresionada al escuchar la confesión de los labios de la peli azul y en cierta parte comprendió parte del odio de aquellos seres hacia ella, pues al haberlos sellado, nunca les permitió el descanso eterno, lo que propicio a que sus almas también fuesen condenadas al servicio de Ares por la eternidad, aquella elección probablemente hacia sido tomada en el rencor de la batalla, cuando la venganza y la ira posiblemente cegaron su raciocinio. De una forma u otra Ares siempre conseguía lo que quería; el sufrimiento.

Una densa columna de polvo le rodeaba, girando en torno a él como una nube espesa, cerró los ojos con fuerza para intentar resistir la descarga de dolor que lo embargaba por completo, no podía sentir su brazo izquierdo y el resto de su cuerpo ardía extremadamente, como si miles de cuchillas hubieran rebanado sus carnes.

Al menos estaba vivo, pues ni el muro de cristal, ni el uso de su telequinesis pudieron frenar los ataques que Hyperion había lanzado contra él, le costaba creer que apenas hubiese iniciado aquella batalla y ya se encontrara en aquel estado, se giro boca abajo, sintiendo como sus músculos temblaban de dolor y la sangre comenzaba a correr por los detalles de su armadura bañando el suelo bajo el. Se apoyo sobre sus palmas y se ayudo de su rodilla para volver a ponerse de pie.

-Admiro la resistencia de tu armadura santo, pues sin ella, tu cuerpo hubiese sido desintegrado por mi ataque. – Hyperion se acerco hasta el filo del boquete y miro hacia abajo para apreciar como Mu se incorporaba penosamente ante las heridas. – El agotamiento de tu cuerpo es tal, que ya no puedes retener tus propias hemorragias con ayuda de tu telequinesis.

Mu miro por encima de sus cuernos de carnero a Hyperion que le miraba con una inmensa tranquilidad y paciencia, lo que le dio unos segundos más para meditar ¿Cómo lograría vencer al titán? Se encontraba desprovisto de su técnica defensiva más fuerte; el muro de cristal, pues Hyperion se las había ingeniado o bien para esquivarlo atacándolo por detrás a través de las dimensiones o bien aumentando la cantidad de poder que golpeaba a la barrera lo que hacía que el punto débil de esta se viese afectado y por ende el muro colapsara.

-Ríndete humano, esta no es tu batalla, deja a los dioses enfrentar la pelea que reprimiendo a mi pueblo lograron ganar. – Hyperion se desvaneció en el aire y apareció a escasos dos metros del lemuriano el cual le observo profundamente.

-Athena vela por la humanidad, ha frenado la ambición y crueldad de las otras divinidades desde la era mitológica, pero no por ello deja de ser una diosa y el objetivo de ustedes es terminar con el dios Zeus y su descendencia, entre ellos Athena. – Mu menciono con determinación, sin despejar sus ojos de la mirada carbonizada del titán que le escuchaba con atención. – Ella se ha sacrificado por los humanos ante los otros dioses cientos de veces, lo mínimo que puedo hacer es luchar en su nombre y protegerla.

-En ese caso Mu de Aries permíteme reconocerte como un digno guerrero de poder enfrentar a un titán. – Hyperion agacho la cabeza por unos segundos en señal de respeto a su oponente y sin despegar su mirada escarlata de los ojos de su adversario. – Pero caballero de Aries yo lucho por mi familia y mi pueblo reprimidos por los dioses.

-Entiendo. – Y de verdad que lo comprendía, era muy raro para el sentir esa empatía por un enemigo, pero a pesar de ello, no podía sentir tristeza al ver a un rey que lo había perdido todo, Hyperion solo trataba de ayudar a su familia e intentaba liberar al pueblo que lo había seguido en la titanomaquia y que había resultado encadenado al tártaro y otros lugares por Zeus, sin embargo sentía que el odio extendido a todos los dioses era injusto y que tras la aniquilación de las deidades principales vendría también el fin de la tierra.

-En ese caso prepárate Mu, que el destino otorgue la victoria al que tenga la causa más justa. – Hyperion brinco fuera del hoyo que su ataque había creado y vio a Mu imitarlo, sonrió pues consideraba un honor pelear contra uno de aquellos humanos tan prodigiosos de Athena, que no solo habían hecho temblar a dioses si no que habían frenado la furia de sus propios hermanos. – Vórtice de la muerte.

Ráfagas de viento caliente comenzaron a remolinarse con velocidad creando un torbellino de aire negro de alta presión que rápidamente comenzó a abrirse paso intentando envolver al caballero de aries, que le esquivaba con agilidad, en ocasiones retrocediendo, en otras teletransportandose, pero a medida que intentaba huir, las corrientes de aire aumentaban en intensidad.

Mu trastabillo en el último salto y su cuerpo se precipito al suelo, a media caída interpuso su brazo y logro recuperar el equilibrio sin embargo, las ráfagas le envolvieron, girando a su alrededor y se precipito en un giro violento ante la presión negativa de este que termino por destruirse. El gran vórtice que se creó en el centro al colapsar le arrojo violentamente contra el suelo.

Su piel fue cortada múltiples veces como si una cuchilla lo hubiera golpeado en todo el cuerpo, era como si Shura le hubiera atacado con Excalibur de nuevo, su piel se vio lacerada terriblemente cuando su cuerpo fue arrastrado por el suelo, intento detenerse con sus manos pero estas sufrieron profundos cortes.

-Torbellino de Ébano. – Mu ni siquiera se había recuperado del aturdimiento del ataque cuando Hyperion le lanzo una nueva técnica. En esta ocasión un tornado de viento negro que giraba a alta velocidad se precipito contra él y le envolvió por completo sin dejarle la opción de escapar por medio de su telequinesis. – Tu cuerpo será destrozado y volverás al cosmos.

Observo como Hyperion le dio la espalda dando por finalizada la pelea pues confiaba que su técnica lo destruiría por completo, ningún cuerpo humano podría resistirlo, aún cuando se tratara de un santo de Athena, este perecería ante la presión.

Mu sintió como sus carnes comenzaron a desgarrarse en su interior y sintió como las corrientes de aire caliente fracturaron sin esfuerzo su pierna izquierda, el sofoco de aquel ardiente ráfaga eólica le oprimía y le impedía respirar, pues succionar una bocanada de aire equivalía a quemar sus pulmones, su sangre ardía ante el calor de aquel fuego oscuro y parecía que su cuerpo estallaría.

Su vista se vio cegada por las ragas de fuego y viento negro y se dio cuenta que si no encontraba una forma de salir de ahí su cuerpo seria desintegrado, pues el vórtice no había cedido ni por un instante, ni su fuerza había desaparecido. Una nueva corriente lo envolvió y sus miembros fueron desgarrados ante su fuerza, su brazo y pierna derecha se vieron severamente lastimados, mientras la fractura de su pierna aumento haciéndolo casi rugir del dolor, el dolor que recorría su cuerpo era inmenso, podía sentir la sangre ardiente correr por su cuerpo al punto de ebullición.

-Athena. – Por unos segundos su mente se resigno a fallarle a su propia diosa y la recordó como la primera vez que la había visto, a penas y Saori era una niña, temerosa e insegura de su misión en el mundo pero le había demostrado a él y a todos la determinación de su sacrificio y la nobleza de su corazón en la batalla de las doce casas, ahora cuando la miraba se sentía orgulloso de pertenecer a su orden y ser su primer guardián, el primero que se redimió ante ella. – Le he fallado a usted y a mi maestro.

La sangre comenzó a salir de su piel a atraves de su nariz, su boca e incluso de sus oídos, en sus brazos y piernas creo orificios por la que escapaba tiñendo de escarlata parte de ese remolino oscuro, se sintió desfallecer e incapaz de enfrentar a un titán como Hyperion e incluso dudo que alguien llegase a hacerle frente, él manipulaba a la perfección el viento y el fuego, con el primero era capaz de destrozar su cuerpo y con el segundo de desintegrarlo.

-Kiki. – Su corazón se comprimió al solo imaginar que le volvería a dejar y que le haría pasar por el mismo dolor de la guerra santa, pero esta vez su mente se reconforto ligeramente al pensar que le dejaba en las mejores manos; el patriarca le había forjado a él como uno de los mejores santos y confiaba en que también lo haría con ese pequeño, además depositaba su confianza en sus compañeros, quienes le ayudarían en lo posible. – Yo sufrí cuando mi maestro murió, no importo que el antiguo maestro cuido de mí y me reconforto y Kiki sufrirá de todos modos…

Su cosmos se incendio, ardiendo a su vez igual que las llamas oscuras de aquel torbellino, los haces dorados lograron abrirse paso entre las ráfagas del torbellino y por un segundo encontró la calma a su constante dolor.

-No hare pasar a Kiki por ese dolor, ¡Muro de cristal! – Las ráfagas de viento que pretendieron chocar contra su cuerpo, golpearon el muro produciendo un intenso brillo dorado que las devolvió contra una de las paredes del remolino que se vio impactado con su mismo poder, proporcionándole cientos de golpes, el muro tembló ante la cantidad del poder que recibía sin embargo la determinación de aries le mantuvo en pie, manteniendo un golpe contrastante en el propio torbellino hasta que este rompió su pared de aire y se desbarato, alzando sus últimas corrientes negras en el aire, que parecieron huir a la luz dorada del santo.

Hyperion se detuvo al sentir el cosmos del Mu arder de esa forma y volvió su vista hacia ese lugar, contemplo como se destrozo su torbellino y vio el cuerpo del santo desplomarse en la tierra exhausto por la pérdida de sangre y las graves heridas de su cuerpo, espero unos segundos ante la expectativa de que Mu se incorporara pero este no lo hizo, así que medito en terminar con su vida en ese momento.

-Es…espera Hyperion. – Pero ante la adversidad, el santo logro levantarse a medias debido a la fractura de la pierna izquierda y volvió a incendiar su cosmos dorado que le abrazo cálidamente.

-Mu de aries, en esta ocasión te perdonare la vida, Zeus ya ha caído, pero te aseguro que nos veremos pronto. – Hyperion le dio la espalda y se desmaterializo en el aire en una bruma negra que se disolvió en el aire. – Te he perdonado la vida en esta ocasión Aries, pero aun te queda una dura batalla por resistir a tus heridas y salir del Olimpo, depende de ti volver a tu hogar.

Mu sintió como su cuerpo se acalambro debido a la pérdida de sangre, había enfrentado batallas difíciles, donde les habían herido o había perdido la vida en esta, pero nunca había terminado en un estado tan penoso y lamentable como aquel. Su vista comenzó a nublarse y de pronto el dolor, el constante mareo se esfumaron, se desplomo sobre el árido suelo del Olimpo y una vez más la oscuridad le envolvió.

-No a todos nos gusta permanecer aprisionados. – Espeto molesto el guardián de cáncer haciéndole frente a la deidad del inframundo, que arrugo la nariz molesta y sonrió fingidamente.

-Deberías aprender a callar humano, estas frente a un dios. – Persefone alzo su mano y una gran prensión derribo al italiano al suelo, la pelirroja se acerco hasta él y golpeo de una patada el rostro del peli azul. – Vas a rogarme por clemencia, santo.

-Ni siquiera en eso te complaceré. – Refunfuño Mascara de la muerte, un sabor metálico inundo su boca y pronto sintió como un hilo de sangre escapaba por una de las comisuras de su labio.

-¡Triptolemos! – Rugió furiosa alejándose del cuarto guardián, si su deseo era permanecer con Athena ella se encargaría que nunca más el santo de cáncer retornara a la superficie, encadenaría su alma para siempre al inframundo para que no reencarnara ni en esta era, ni en las generaciones futuras.

-Mi señora. – El semi dios apareció fielmente ante el llamado de la emperatriz del inframundo e hinco una rodilla en el suelo.

-Le quiero muerto, Triptolemos. – Sentencio duramente Persefone, le dio la espalda y comenzó a caminar hacia el trono de su esposo donde se dejo caer para observar atentamente el fin de la vida de Mascara de la muerte, poco le importaba el guardián a esas alturas, ya existirían otros santos de cáncer a los que sobornar para que traicionasen a Athena.

-Como usted ordene. – Triptolemos se incorporo y observo a los ojos a Mascara de la muerte, como había anhelado el día en que la señora Persefone perdiese el encanto por ese insignificante guardián de Athena, para un semidios como él, el simple hecho de considerar a un humano como una pieza clave en una guerra era algo insignificante.

-Me parece perfecto, tú y yo dejamos algo pendiente la otra vez. – Mascara chasqueo la lengua con diversión e incendio su cosmos que aporto algo de luz a la parte más oscura del inframundo.

-Solo porque mi señora te perdono la vida. – Refuto fríamente Triptolemos encendiendo esta vez su cosmos.

-Y ahora es ella misma quien me condena, no le debo nada. – Mascara de la muerte se dio cuenta que sus ondas infernales poco le servirían en aquel lugar, pues estas conducían a las puertas del infierno y ellos ya estaban ahí, además aquella vez que las uso contra Radamanthys el mismo espectro contrarresto su ataque, así que tendría que hacerle frente con otra de sus técnicas.

Levanto su dedo índice y comenzaron a materializarse cientos de llamas azules y blancas; los fuegos fatuos, aquellas inmensas llamas azules que no daban calor, pero aportaban una gran luminosidad y tenían la capacidad de quemar el alma de un ser eternamente.

El cuarto juez alzo ambos brazos sobre su cabeza y una llama negra se encendió en su centro de estas, creciendo paulatinamente en un tamaño colosal, como si el mismo espectro crease un gigantesco sol oscuro que le arrojo, como la última vez que se enfrentaron Mascara de la muerte chasqueo los dedos haciendo que el fuego fatuo que danzaba a su alrededor se arremolinara vertiginosamente hasta condensarse en una esfera celeste que choco contra las llamas oscuras del semidios.

Por unos segundos los fuegos celestes y oscuros danzaron entre ellos, intentándose repeler uno con el otro, pero aquellas llamaradas negras lograron desvanecer poco a poco los fuegos fatuos de Mascara de la muerte, que maldijo por lo bajo y chasqueo la lengua molesto, al ver como su ataque se veía mermado y el de Triptolemos se aproximaba hasta él.

-Maldita sea. – Espeto, lanzo una explosión de su cosmos intentando frenar aquella esfera de fuego pero esta continuo avanzando carbonizando el suelo bajo él, el italiano alzo sus manos al frente y retuvo por unos segundos el ataque, pero Persefone no estaba dispuesta a perdonarle la vida así que aumento la presión ejercida sobre el cangrejo dorado, su rodilla golpeo el suelo con fuerza al tiempo que intentaba resistir la presión sobre él y contener el ataque de Triptolemos pero la presión de Persefone le termino tumbando sobre el suelo y el poder le dio de lleno, arrastrándolo hasta el muro de los lamentos donde su cuerpo se impacto con fuerza.

Su cuerpo permaneció por milisegundos aferrado al muro de los lamentos para después desplomarse en una caída al suelo, su cuerpo golpeo este en un ruido sordo, se mareo por el impacto, pues aquel golpe había aumentado la herida que tenia detrás de la cabeza, de la cual comenzó a salir mayor cantidad de sangre que le corrió por el cuello, el dolor de las quemaduras en las manos y la fuerza de la explosión había causado diferentes heridas por todo su cuerpo.

Se ayudo con las manos para incorporarse sintiendo que las fuerzas le abandonarían en cualquier momento, pero antes de incorporarse Triptolemos llego hasta él y le propino una fuerte patada en el mentón, que fue seguida rápidamente por una lluvia de puños y patadas que no le dieron piedad ni clemencia al italiano.

-Te voy a destrozar santo. – Triptolemos lanzo al santo de la cuarta casa contra el boquete del muro de los lamentos y le arrastro por el brazo hasta el filo donde el muro terminaba y empezaba la superdimension que conducía a Elíseos. – Es ironico, que esta abertura causada por ti y tus compañeros, provoque tu muerte.

El semidios tomo a Mascara de la muerte de la cabeza y lo golpeo duramente contra el concreto del muro repetidas veces, un rápido temblor corrió por todo el cuerpo del cangrejo y cayó en un ligero sopor, su vista estaba perdida y a penas y ponía una ligera resistencia, dentro de sí mismo a penas y escucho las palabras de Triptolemos le dirigió como si este se encontrara lejano a él, la herida en la cabeza que había provocado Persefone y que había aumentado los ataques del juez significaban una desventaja tremenda para el santo que apenas y podía permanecer consciente.

-No…no es irónico. – Farfullo en un susurro apenas audible, Triptolemos le tomo por el cuello y le levanto del suelo, mientras se preparaba para lanzarlo a la superdimension . – No es la primera vez que puedo morir a causa de este muro, cuando le hicimos este colosal agujero, también perecimos.

No supo de donde saco fuerzas, tomo con decisión la mano de Triptolemos y comenzó a doblarle la muñeca, para que le soltara, aplicando mayor fuerza al agarre, incendio su mano con su cosmos dorado logrando quemar parte de la armadura del juez que tuvo que soltarlo para evitar que su mano sufriera una grave quemadura.

-Veneno de Praesepe. – Triptolemos reparo muy tarde que estaba rodeado por una nube de gas tóxico que le había estado envenenando desde que ambos habían entrado al boquete del muro de los lamentos. – Este veneno enlentece tus movimientos y disminuye parte de tu fuerza. Eres un semidios pero tienes una parte frágil, una parte humana.

-¡Maldito! – Gruño el juez, de sus palmas broto una llamarada que cubrió desde su mano hasta su hombro, en forma de dos proyectiles.

-Sufrimiento infernal. – Mascara de la muerte ilumino su dedo índice, concentrando su cosmos en este y se formo un espíritu frente a él que atravesó los dos proyectiles que lanzo Triptolemos y atravesó al juez para tomarlo por la espalda inmovilizándolo, mientras otros seres comenzaron a materializarse del suelo para retenerlo.

Los dos proyectiles de Triptolemos golpearon al italiano; el primero en el pecho y el segunda en el muslo, lo que le hizo caer al suelo, se medio incorporo resistiendo el dolor de las quemaduras y observo como Triptolemos luchaba por liberarse de los espíritus que le inmovilizaba. – Espero que te duela. – Mascara rio por lo bajo y cerro su puño con fuerza ocasionando que los espíritus se incendiaran con fuego fatuo y explotaran.

Triptolemos cayó de rodillas al suelo y para desplomarse de cara contra el suelo del muro, Mascara de la muerte se levanto cojeando y tomo al dios de la mano para lanzarlo de nuevo hacia la sala del trono. Se apoyo despacio sobre el muro y brinco hacia este, volvió el rostro hacia el trono para regocijarse con la cara de Persefone pero reparo que esta se había marchado.

-Saori nunca lo haría. – Resistió el dolor que recorrió su cuerpo como un calambre y observo como Triptolemos se reincorporaba patosamente, mientras las partes de su armadura caían a pedazos debido a la explosión del sufrimiento infernal, la cual tenía la capacidad de destruir la armadura de su oponente.

-Veo que te subestime demasiado. – Vocifero despacio el juez, levantándose torpemente. – Has destruido por completo mi sapuri.

-Has reparado en ello muy tarde. – Mascara de la muerte incendio su cosmos y se retiro la armadura, tal y como Shiryu había hecho en el monte Yomotsu cuando lucho contra él y la armadura de Cáncer acababa de abandonarlo. La armadura dorada se posiciono tras él y tomo la forma de un cangrejo dorado.

-¿Por qué te has desprovisto de tu armadura caballero? – Triptolemos se quedo estupefacto al ver aquella muestra de igualdad, lo que le enfureció aún más ¿Acaso el guardián de cáncer creía que podría vencerlo así? – ¡Soy un semidios, no necesito pruebas de equidad ni piedad!

-Créemelo que no lo hago por ti. – Refuto el italiano sonriendo a medias. – Es lo correcto, si has perdido tu armadura, lo justo es que te enfrente en igualdad de condiciones. - ¿No es así, Shiryu? Aquella vez cuando nos enfrentamos tú hiciste lo mismo por mí, cáncer acababa de abandonarme porque mi corazón se había corrompido. – Vamos Triptolemos te derrotare aún sin mi armadura.

Triptolemos no soportaba la rabia, ni la vergüenza que sufría al enfrentar al guardián de cáncer y el hecho de que el italiano le mostrara solidaridad lo enfurecía aún más, tal vez para un caballero fuera la muestra más grande de justicia sin embargo para un espectro, para un juez como él, era la burla y deshonor más grande y haría pagar al guardián de cáncer por ello.

Encendió su cosmos al máximo, que incluso el suelo bajo sus pies comenzó a vibrar con intensidad, ante la fuerza destructora de su cosmos, le mataría de un solo ataque, pulverizaría su cuerpo hasta desintegrarlo.

El suelo del inframundo comenzó a cuartearse, formando profundas grietas y las piedras que se despegaban del suelo se desintegraban por completo, Triptolemos lanzo una esfera de fuego hacia Mascara de la muerte de una magnitud impresionante que hizo temblar las paredes de Guidecca, sin embargo el techo se abrió con brusquedad ante la caída de una columna de fuego negro del mismo cielo del inframundo de forma colosal que cayó directamente sobre el cuarto guardián, antes que los dos ataques previamente lanzados golpearan a cáncer, Triptolemos junto sus manos frente a él y creó una esfera de energía oscura la cual se elevo en el aire y creció de forma colosal, el fuego ardía en su interior lanzando brazas incandescentes como lava que incluso al tocar el muro de los lamentos producían pequeños hoyuelos en este y despedía grandes rayos plateados que golpeaban todo a su alrededor con furia.

Se había desprovisto de la protección de su armadura y al mismo tiempo acababa de provocar que un semidios despertara el cosmos de un dios.

El aire se deslizaba con suavidad por entre las filas de piedras de aquel lugar, uluando débilmente, el vaivén de las olas en su recorrido de ir y venir contrastaban con él suave rugir del viento, pero en la inmensidad de aquel paisaje tranquilo y conciliador la aparente calma se vio disuelta cuando un vórtice oscuro que desplegaba en su interior infinidad de asteroides, meteoros y galaxias se abrió, expulsando con fuerza de su interior a un ser.

-Que dramático eres Saga. – Rio de buena gana el dios sacudiéndose la arena de las manos y levantándose, se giro hacia el vórtice del cual emergió el gemelo mayor con el rostro por demás serio.

-Solo te he traído aquí por una razón. – Vocifero roncamente el gemelo mayor, contemplando en silencio con sus orbes esmeraldas el paisaje tranquilo de Cabo Sunion.

-¿Y ese es? – Ares deslizo de su mano una fina espada, la cual empuño hacia el gemelo mayor.

-Fue aquí donde todo empezó. – Saga incendio su cosmos dorado, que le rodeo embravecidamente mientras cada vez ardía con mayor fuerza, cuando parecía que alcanzaba su limite su potencia se incrementaba aún más.

-Siempre quise agradecerle a Kanon de despertarme en tu interior, fueron los 13 años que más me he divertido. Aunque a veces me pregunto si elegí bien, siempre pude haber seleccionado a tu gemelo como mi vasija. En fin, contigo me divertí bastante. – Ares alzo los hombros con desinterés e indiferencia y amplió la sonrisa en sus labios. – Aquí te elegí, aquí mismo te matare y después volveré a por Athena.

Saga no respondió esta vez a su incitación, Ares quería provocarlo, aumentar en su interior el odio que ya sentía por él, pero a esas alturas de su pelea únicamente podría expresar en su alma una tristeza hacia un dios incomprendido que se sumió en el rencor contra su estirpe al verse desplazado por sus hermanos y su padre y en quien solo pudo encontrar consuelo en su madre, quien sufría constantes heridas por parte de los Olímpicos.

Ares era producto del odio que Hera sentía a sus iguales, un dios renegado. Tenía que terminar con él de una vez por todas, a pesar del origen del dios, las atrocidades y maldades que había cometido desde la era del mito y en especial la forma en la que daño a su generación no tenían perdón y tampoco había forma de frenarla a menos que Ares desapareciera del mundo.

-Te voy a encerrar en la prisión donde tú quisiste asesinar a tu propio gemelo, para que sufras el tormento al que le condenaste. – Ares alzo su espada con fuerza y comenzó a incrementar su cosmos, mientras la hoja de su espada adquiría un tono rojizo.

-Incinerare mi vida si es preciso Ares, pero te detendré, no vas a causar más dolor. – Saga acumulo entre sus manos grandes cantidades de su cosmos, que dio origen a inmensas galaxias y estrellas a su alrededor, que explotaron haciendo retumbar a los cielos y temblar a la tierra.

Continuara…

Comentarios:

Lasacari29: Ya viste como le fue a nuestro querido Mu, no muy bien y como dijiste Zeus tenía su propia pelea como para ayudarlo, no pude asesinar a Rada y menos con Pandoris esperándolo. Ares tenía la oportunidad en sus manos y una de los suyos se la arrebato, aunque al menos tendrá su batalla contra Saga. Hades no permanece de todo al margen de la situación como vez y tendrá que intervenir por Persefone.

Darkmiss01: Comparto contigo que el odio de Ares es en parte porque se vio desplazado desde un inicio, aunque legalmente es el heredero de Zeus pues de los pocos hijos que Hera tuvo con este, los demás son algo así como bastarditos. No podía dejar ir a Rada tan fácilmente y pues Mascara se puso solo la cuerda al cuello, pero con dignidad. Si parejitas nuevas everywhere.

Carlos: Lo prometido es deuda y Saga enfrentara a Ares, Kanon no explotara su cosmos pues esa no es su pelea.

Pyxis and Lynx: Hades y Persefone, siento mucha controversia respecto a ellos, pues si Hades a influido en la maldad de su esposa, ciertamente ella representa la parte buena de él, el poco amor que Hades guarda en realidad y aunque uno sea malvado nunca va a dejar que la parte buena se pierda. Ares es un malvado de primera por no decir una grosería. Dokho y Aioria ciertamente ya contemple una forma de hacerlo reaccionar, ahora cabe esperar que lo hagan antes de causar daños colaterales a los suyos. Y Mascara ya viste a él le gustan los problemas.

CordeliaBlackCat: Jajaja Me encanto tu narración de ti misma leyendo este capítulo, lo ame de verdad. Lamento mucho lo del agua y el celular pero pronto vendrán tiempos mejores. No puedo matar al santo de mi signo guardián es como suicidarme.

Joana: Yo a veces me pregunto de donde saco mis ideas también, supongo que de mi parte malvada.

ClarissaMorgenscest-Mischief: Hades puede que le agrade lo que hace su esposa, pero no le va a gustar en lo que ella se ha convertido. Obviamente los santos de bronce se han sentido desplazados en atención y mimos por Athena pero creo que ellos comprenden el hecho de que Saori quiere conocer a profundidad a los santos que han dado su vida por ella, sin ni siquiera conocerla. Shion claramente quiere más a los dorados él los crio y le entristece ver que aun estos son reacios al trato con su diosa, pero siente una gran admiración por los de bronce la unión y la fuerza que han mostrado es de admirarse y vale recordar que Shion inicio siendo un santo de bronce.

LadyMadalla-Selene: No te preocupes por el comentario anterior me da mucho gusto saber de ti. Si mi adorable Scatha saca lo peor de nuestro Saga una parte divertida y juguetona a la vez. Mientras Aldana y Camus es un poco de timidez-ternura. Shaka y Aioria eran amigos, vecinos y todo pero una pelea entre ellos eran inevitables.

Beauty4ever: jajaja gracias por tu tiempo de leerme de verdad lo agradezco. No te apures por lo del comentario. Muchas gracias por tus halagos y tus comentarios, espero que este capítulo no deje de sorprenderte.

Artemiss90: Ya pronto les daré un descanso te lo aseguro.

Andy: Mu acaba de enfrentar a uno de los titanes más fuertes y ya has visto como acabo.

Ana: Jajaja bruja adivinas mis pensamientos malévolos. Me alegra mucho que tu y Shura vayan juntos por el camino de la redención y encuentren paz en su alma, pues siempre después de un túnel, no importa que largo sea este se encontrara la luz.

Créemelo que tu carta es muy bien recibida, el otro día leía un libro sobre una superviviente al holocausto y pensé, "Bien ella escribió queriendo expresar un sentimiento o liberarse de una tragedia que embargaba su alma, pero el mensaje, el mensaje que deja en las personas que lo hemos leído es diferente para cada uno" Y así llegue a la conclusión de que no sabemos en realidad para quien escribimos, ni que reacción tomara al leer entre líneas, pero siempre debemos confiar en que los cambios que se produzcan siempre serán para bien.

Deseo concedido nuestro querido y enigmático Rada continua con vida y con deseos de luchar por su dios. Y Aioros no está listo para morir aún. El enfrentamiento Ares-Saga es inevitable, sin embargo donde Ares pisa siempre debe haber una muerte que cause dolor y tal vez una de las hermanas muera en la batalla. Ya pronto les daré un respiro para que sus maltrechos cuerpos y desgarradas almas descansen, claro los que sobrevivan.

Muchas gracias por tu apoyo y tu comentario de verdad me alegra el día y me hace reír mucho, imaginarte toda frustrada por mis ideas jajaja. Remember Ana never give up, the life is beautiful.

Atte: ddmanzanita.