Perdónenme sé que me he tardado en escribir el capitulo pero me resulto sumamente difícil actualizarlo, no por falta de inspiración si no porque no tenía tiempo, la escuela me absorbió por completo pero he vuelto.
Casi estoy segura que esta historia terminara entre 40 y 45 capítulos así que poco a poco nos acercamos mas al gran final, los enemigos se reducen y los aliados se pierden… que Urano se apiade de sus almas.
Capitulo 31 Los guerreros que claman sangre.
El viento a su alrededor soplo con bravura elevando la tierra en pequeñas nubes de polvo que corrieron entre la distancia que los separaba, su capa larga y blanca ondeo con suavidad y sus cabellos rubios siguieron rápidamente el movimiento de esta, tomo el casco de virgo con ambas manos y lo alzo para colocárselo, aún permaneciendo con los ojos cerrados.
-¿Dónde está Athena? – Rugió furioso Aioria haciendo tronar entre sus puños una descarga eléctrica amenazante.
-Tú mismo conoces la respuesta Aioria. – Shaka se agacho tranquilamente y se coloco en su habitual posición de loto, alzo sus palmas hacia el cielo y junto sus dedos invocando un mantra.
-¡No soy un maldito caballero! – Vocifero amenazantemente, esta vez soltó un potente rayo que supero por mucho la velocidad de la luz, el haz incandescente paso aún lado de la cabeza del caballero de virgo a quien tomo por sorpresa, Shaka alzo ambas cejas aun permaneciendo con los ojos cerrados, mientras un hilo de sangre resbalaba por su mejilla.
-Entonces respóndeme ¿Quién eres?. – "Aioria no ha limitado esta vez su poder, eso significa que Cronos a logrado someter por completo la voluntad del león dorado" – Dime ¿A quién le juraste fidelidad?
-Eso no es de tu incumbencia, responde a mi pregunta. – Aioria chasqueo sus dedos con fuerza provocando que otra descarga sobrevolara el aire y golpeara en esta ocasión la barrera de Shaka que la freno produciendo un destello dorado. – Te eliminare de mi camino, santo.
-Aioria debes de intentar controlarte. –
-¡Plasma relámpago! – Aioria genero múltiples ondas de energía de plasma dorado, cortante que se deslizaron a la velocidad de la luz.
-¡Khan! – Su técnica defensiva le protegió contra los rayos que golpearon con velocidad su barrera, podía sentir como el cosmos de Aioria aumentaba de acorde a su rabia, sin embargo aún cuando los ataques de leo le golpearan con toda su fuerza y aún si le dañaran, jamás podría utilizar todas sus técnicas contra su amigo. – Si deseas llegar a Athena tendrás que pasar sobre mí, pero este no es el lugar adecuado para pelear Aioria, sígueme.
Le dio la espalda a leo sin ni siquiera esperar una respuesta y estiro una mano frente a él como si planeara tocar algo inexistente y la deslizo hacia abajo rasgando con su cosmos la delgada línea del tiempo y el espacio, abriendo un portal que expedía una intensa luz dorada.
-Te acercare más a Athena, adelante Aioria. – No espero ninguna respuesta y se adentro a aquella luminosa luz que ilumino todo su cuerpo, cubriéndolo de una hermosa intensidad dorada. Sabia de sobra que Cronos manipulaba la mente de su amigo, aún así el orgullo de Aioria como guerrero se abría paso entre aquel bloqueo mental al que estaba sometido, así que muy difícil rechazaría aquel reto.
Sus pies golpearon el suelo de mármol y miro en derredor suyo, contemplando las altas columnas de aire por donde se colaban las corrientes cálidas de aire, pronto reparo que Aioria salía también de aquel portal que el mismo había abierto, se giro despacio hacia él encarándolo.
-¿Qué lugar es este Virgo? – Espeto desconfiado Aioria rodeándose de un aura dorada.
-Para llegar hasta Athena, tienes que atravesar las doce casas del zodiaco, desde Aries que es la primera hasta Piscis que es el doceavo recinto, nosotros nos encontramos en la quinta casa… –
-La casa de leo. – Completo Aioria en un suave murmullo.
-Así es, la armadura del guardián de este templo reposa en el fondo de esta habitación, esperando por su dueño, este templo Aioria, te pertenece y la armadura que descansa en este recinto es tuya. – Shaka tomo con su mano la capa que pendía de las hombreras de su armadura y la retiro con cuidado, depositándola en el suelo y sobre ella puso el casco de la armadura de Virgo.
-Yo no sirvo a Athena. – Contesto pero en su interior en medio de la oscuridad que rodeaba su mente, sintió como su alma vibro en sincronía con aquel lugar y con aquella armadura que Virgo mencionaba, pero a pesar de que el hindú no dijera el lugar en especifico donde la armadura aguardaba el podía ver una imagen clara en su mente de ese lugar. - Athena se encuentra a 6 templos de aquí y ni siquiera tú me lo impedirás virgo.
-Mi intención no es confundirte Aioria si no disipar tus dudas y aclarar tu mente. – Aioria gruño de nuevo, mostrándose claramente irritado por su comentario aunque algo como aquello no salía mucho de la realidad, pues el león dorado no era un santo que se tranquilizara con palabras, ni que controlara su carácter explosivo, Aioria siempre prefería destruir y atacar, antes de escuchar y hablar.
Vio como el cosmos dorado se agolpo en ambos puños del león y le vio lanzar la embestida de un nuevo plasma relámpago sobre él, rápidamente los rayos producidos por aquellos temibles puños, salieron dispersos en todas las direcciones entrecruzándose entre sí y dejando un halo de luz dorada tras su paso, pero el resultado fue el mismo que anteriormente, las centellas doradas golpearon la barrera producida por su Khan y se dispersaron de la misma forma en la que había aparecido.
-Aioria sabes muy bien que esta barrera puede resistir el poder de tres santos dorados, tus técnicas son ineficaces contra ella. – Podía sentir la forma en la que vibraba su cosmos en su interior, tenía la misma sensación de tristeza y preocupación que experimento cuando vio a Saga, Camus y Shura vistiendo un sapuri en busca de la cabeza de Athena.
-Jamás me subestimes. – Aioria se envolvió en su cosmos y empuño sus manos con fuerza, al grado que sus nudillos palidecieron por la presión. - ¡Colmillo relámpago! – El griego hinco una rodilla en el suelo y golpeo sus puños contra el piso, el cual se perforo y se resquebrajo ante el impacto, parte de su cosmos dorado penetro en el suelo.
Shaka supo en ese instante que Aioria tenía razón, acababa de subestimarlo, el Khan podía resguardarlo de cualquier ataque que llegase de frente, detrás o de arriba pero no de abajo y Aioria había reparado en ello.
El suelo vibro con violencia bajo el y se partió en cientos, pues justo debajo de él se proyecto bajo el subsuelo la descarga que Aioria había lanzado, una multitud de rayos dorados que ascendieron como pilares luminosos de electricidad se elevaron, destruyendo primero su barrera y después embistiéndolo por completo.
Su cuerpo recibió de lleno la descarga que le lanzo por los aires estrellando su cuerpo contra el techo de la quinta casa, sus músculos se paralizaron ante la energía y parte de su brazo derecho se vio quemado por un potente rayo que le golpeo, su cuerpo adormecido cayó al suelo en un golpe seco, acompañado de algunos fragmentos de mármol que le sepultaron bajo de ellos.
-Soy capaz de elegir con exactitud el objetivo de mi ataque, me has subestimado Shaka de Virgo, es inútil que tú intentes utilizar tu absurda barrera de nuevo. – Aioria corrió hasta el con toda la intención de emprenderlo a golpes, por lo que rápidamente se incorporo haciendo caso omiso al dolor de su cuerpo y se deslizo hacia atrás, justo a tiempo cuando el puño de Aioria golpeaba el lugar donde hacia segundos había estado su cabeza.
-Aioria. – Le llamo tranquilamente, no quería lastimarlo, pues sabía que únicamente dañaría el cuerpo de Aioria sin ningún fin preciso para llegar a recuperar la mente del quinto guardián, tenía que despertar el subconsciente de su amigo, para que luchara y se opusiera contra el control que Cronos imponía sobre él. Había creído que trayéndolo a la quinta casa tal vez algunos recuerdos le impactarían y despertarían un atisbo de duda en su interior, pero lo único que había logrado era acercarlo más a Athena.
-¡Cállate! – Le interrumpió, Aioria le tiro un puñetazo rodeado de la energía del plasma relámpago, la cual esquivo, puso su mano sobre el abdomen de Aioria, el cual se ilumino con su cosmos, de la misma forma que había hecho con Shura y después el castaño salió proyectado contra una de las columnas del quinto templo que se derrumbo sobre él.
-Ambos somos dos santos dorados, nuestra pelea es condenada por Athena ¿Aún así iras contra los preceptos de una diosa a la que juraste lealtad? – Shaka se acerco al lugar donde Aioria habia caído.
-¡Relámpago de voltaje! – Aioria libero una de sus manos donde concentro en su palma una gran cantidad de su cosmos que expidió una tremenda descarga de energía que se disperso por todo el lugar, iluminando todos los rincones del quinto templo e incluso sobresaliendo de este, la descarga se torno en una poderosa esfera dorada puramente del cosmos del león, la cual comenzó a destruir todo a su alrededor, si continuaba de esa forma el quinto templo se reduciría a escombros.
-¡Om! – Shaka invoco su mantra al hacer estallar su cosmos, una onda sonora se formo desde su cuerpo y comenzó a expandirse a la periferia golpeando con fuerza el relámpago de voltaje para hacerlo permanecer a raya, por unos segundos los destellos celestes y dorados se mantuvieron impactándose hasta que ambas técnicas se destruyeron entre sí.
Una nube de polvo se disperso por el lugar, al tiempo que se escuchaba como caían al suelo partes del techo del quinto templo y las piedras golpeaban el piso, rodeadas de un halo dorado de energía que las pulverizaba por completo reduciéndolas a polvo.
-Nuestros poderes son similares, Aioria. – Abrió lentamente sus ojos celestes, que parecían mostrar el poder del cosmos e incluso el mismo universo, justo el lugar donde había iniciado todo, Aioria se perdió por unos segundos en la fija mirada de Virgo, sintiendo como el cosmos de este aumentaba peligrosamente. - ¡Capitulación del demonio celestial!
Shaka concentro su cosmos en sus manos formando una esfera de energía que libero una poderosísima descarga de cosmos que golpeo directamente a Aioria y termino por destruir en su avance el templo de leo, sabía que probablemente el mismo Aioria cuando reaccionara tendría un ataque de rabia e incluso ese sentimiento lo compartiría con la mismísima Athena.
Pero ya había intentado que su cosmos repeliera la técnica mental de Cronos, pero ni siquiera se había acercado a poder dilucidar un poco la mente de su amigo, únicamente había logrado que Aioria le enfrentara con más ímpetu, no importaba cuantas veces le derribara sabia que el volvería a ponerse de pie, al grado que algo como aquello le recordaba al mismo caballero de Pegaso.
-Eres un enemigo digno, Virgo. – Aioria empujo una piedra colosal con sus manos, liberando la presión que esta hacia sobre él y salió de un brinco de aquel lugar, aterrizando frente a él, el castaño alzo su antebrazo y limpio un poco la sangre que caía sobre su frente y matizaba más sus ojos azules, que le miraba como a una presa. – Tal vez no llegue a segar la vida de Athena, pero acabar con la tuya será un gran trofeo. ¡Relámpago de voltaje!
-¡Invocación de espíritus! – El cielo se vio surcado por inmensos rayos que golpeaban sin piedad a la horda de espíritus que había invocado reduciéndolos a tan solo una masa negruzca de niebla que se dispersaba por el ambiente, pues la luz de los rayos parecía tener el suficiente poder para desintegrar a los Chimimoryo, aquellos espiritus de las montañas y los ríos que podían atacar a los vivos y a los muertos para destrozar sus almas. Pero el griego les habia eliminado con una facilidad impresionante.
En realidad no tenía planeado utilizar sus técnicas contra Aioria, pero a medida que la batalla avanzaba este le estaba obligando a contrarrestar sus ataques, pues de otra forma no podría pararlos y le golpearían directamente. Pero una decisión era clara en su mente, no volveria a usar el tesoro del cielo contra alguno de sus compañeros, la ultima vez habia orillado a tres de ellos a cometer un terrible error que termino por destruir parte de sus almas y que les dificulto en lo venidero continuar por el camino de las doce casas, pues los redujo a muerto vivientes prácticamente.
-Los seis caminos del samsara. – Su voz sonó firme pero en su interior se matizaba la duda, el torturar a Aioria psicológicamente, aún más de lo que Cronos ya hacia sobre su mente, debía ser un dolor indescriptible para su compañero, que rápidamente cayó de rodillas, rodeando con sus brazos su cabeza y sumiendo su mente en aquella ilusión de los 6 mundos del budismo; el infierno, la hambruna, el mundo bestial, el mundo de las guerras incesantes, el mundo humano y el cielo.
-Sabes muy bien que ninguno de esos ataques lograra hacerlo reaccionar. – Una voz tranquila y llena de calma surco el aire tras él, sus ojos ni siquiera, su cosmos distinguieron el lugar de donde provenía aquella dulce voz, pero pudo identificar que se trataba de una presencia divina. – Ten calma caballero, pues la paciencia de los justo pronto se ve remunerada y esta vez no será la excepción.
-¿Quién eres? – Sus ojos dejaron de recorrer el lugar y se volvieron a posar sobre su compañero, si aquella presencia lo hubiese querido atacar ya lo habría hecho, lo que le mostraba que probablemente aquella voz perteneciera a una de las deidades aliadas.
-Soy la diosa Hestia, caballero de virgo. – Una incandescente luz rojiza comenzó a materializarse frente a él, de la cual broto una joven de largos cabellos negros que caían por debajo de su cintura y unos profundos ojos verdes, que parecían estar carentes de sentimiento, esta llevaba un ligero vestido griego de color azul y entre sus manos llevaba una porción del fuego sagrado que Prometeo había robado a la diosa Hestia. – Ella es un flamen, un ser surgido del fuego eterno, su nombre es Helena y es capaz de portar parte del fuego de la vida, confía en ella santo.
La joven se acerco hasta él portando entre sus palmas parte de la flama que su diosa le había entregado del fuego de los dioses, el color anaranjado rojizo resplandecía como un reflejo en su rostro vacio, carente de emociones y que parecía otorgarle una calidez que su mirada no parecía expresar.
-Santo, mi señora me ha mandado a ayudarte, tú mismo lo has oído. – Helena le miro directamente a los ojos. – El fuego te permitirá crear una ligera brecha de…
Pero Helena entrecorto su voz al sentir el furioso cosmos de Aioria, quien había logrado librarse de los seis mundos del mundo hindú y claramente no estaba nada feliz, del engaño que Shaka había provocado en su mente.
-Te voy a mostrar el verdadero infierno. – Rugió, su cosmos exploto en grandes elevaciones, haciéndolo arder hasta su clímax, al grado que este comenzó a ser expulsado y emanar de su cuerpo en grandes cantidades que rodearon a Shaka y a la pelinegra, rápidamente estas extensiones se tornaron en numerosas partículas luminosas que permanecieron suspendidas en el aire alrededor de ambos.
-Vete de aquí, Helena. – Le recomendó, la pelinegra asintió y se esfumo de la misma forma en la que había aparecido. Ya había escuchado a Aioria hablar sobre aquella técnica, la cual se condensaba como su técnica definitiva y potencialmente destructiva como el Tesoro del cielo, aunque lo dudo al oírlo de los labios del mismo león en aquella ocasión, esta vez le demostraba que podía llegar a hacer arder su vida en esa técnica y que podía igualar en poder a la técnica más fuerte de los caballeros de virgo.
Aioria continuo incendiando su cosmos, aumentándolo en gran medida, los fotones creados a su alrededor también ganaron potencia y comenzaron a rodearlo, pero rápidamente los fotones comenzaron a desplazarse hacia él, esquivo algunos de ellos moviéndose en zigzag, provoco explosiones de su cosmos para alejarlos, pero algunos de ellos comenzaron a agolparse en contra de su piel, logrando perforarla e introducirse a su cuerpo, destrozando parte de la armadura de Virgo.
-¡Aioria! – Le llamo preocupado, pero los ojos de león le veían llenos de recelo y listo para destrozarlo, se alejo de algunos fotones más que aún deseaban adherirse a su cuerpo y miro hacia su amigo y lamento tener que romper aquella promesa que se había hecho a sí mismo, pero no había otra forma de frenarlo.
-¡Tesoro del cielo! –
El cielo cimbro ante la descarga destructiva de ambos ataques y una enorme columna fue lanzada hacia este, la tierra comenzó a partirse por la mitad y las escaleras que conducían a los templos aledaños comenzaron a colapsar, derrumbándose en grandes cantidades, la casa de Virgo y Cancer recibieron grandes impactos de energia.
La explosión de fotones de Aioria, hizo tremendos estragos, pues los haces luminosos que habían logrado entrar al cuerpo de Shaka exploraron en su interior provocando graves heridas en su cuerpo y fragmentando la armadura de virgo que se derrumbo en pedazos en el suelo, cayendo en compañía de la sangre de su dueño, que salía a borbollones, el cuerpo del hindu se desgarro desde el interior y aquellos fotones que permanecían a su alrededor estallaron provocando grandes explosiones cósmicas.
El tesoro del cielo compitió en intensidad y fuerza contra la explosión de fotones, una densa columna que inicio como un débil hilo se manifesté ampliándose velozmente y destruyendo todo lo que aquella resplandeciente luz alcanzaba con sus haces, las nubes ennegrecidas abrieron paso a aquella cegadora luz, como si el poder de Shaka manara en realidad de este, la onda de choque arrastro a Aioria con fuerza envolviéndolo en el candor de aquella luz destructiva.
En todo el santuario se vislumbro aquellas descargas de energía cósmicas que hicieron vibrar por completo el recinto de la diosa Athena y no hubo caballero u amazona que no viera el despliegue de ambas técnicas tan temidas, pero eventualmente el cosmos tan fulminante comenzó a menguar a medida que sus dueños se veían afectados por la técnica del otro.
Una parte por completo del camino de las doce casas comenzó a sucumbir ante el poder de ambos y se fue hacia el precipicio afectando la casa de Virgo a su paso, en donde su fachada se derrumbo. La intensa luz cegadora que ocultaba el resultado de ambas explosiones de energía fue disminuyendo lentamente, tornándose en pequeñas esferas luminosas que desaparecieron en un destello, mientras el estruendo que hacían ambos poderes se transformaban en un terrible silencio.
…
Sus ojos negros recorrieron con cautela todo el lugar, intentando vislumbrar entre las gruesas columnas de polvo y humo que ascendían a los cielos a ambos caballeros dorados, el lugar yacía en su totalidad completamente destruido como si un meteoro lanzado por los mismos dioses hubiese golpeado el lugar.
-Por ello los dioses temían a su poder… - Susurro despacio, avanzando entre los escombros y las intensas llamaradas que iluminaban su propio rostro con un candor familiar. Había una gran diferencia entre el fuego producido por los humanos y aquel que brotaba de las explosiones del cosmos, este ultimo llegaba a parecerse al fuego divino, del cual ella era guardiana.
Las brazas sobrevolaban el aire de forma incandescente y ardían hasta consumir todo, pero pronto su atención fue atraída cuando escucho a alguien toser entre los escombros, se acerco hacia el lugar y miro como una losa se movía empujada por una mano. Se puso alerta al ver surgir entre las ruinas a Aioria que estaba severamente lastimado, salió trastabillando del lugar, tambaleándose hacia un lado y otro, incluso ocupo recargarse sobre una piedra para evitar caerse.
Su respiración era apresurada y su cuerpo temblaba ante el dolor, levanto la vista hacia ella por primera vez y sus ojos se encontraron, le miro fríamente y llevo su mano hacia su espalda en la cual creó una esfera de fuego lista para lanzarla al caballero en caso de que la atacase.
-Helena… - Suspiro escupiendo una gran cantidad de sangre. - ¿Ese es tu nombre no? – Su voz sonaba débil y su rostro se veía tremendamente pálido. Asintió. – Necesito que me ayudes a buscar a Shaka…
-No abra necesidad. – Respondió ella viendo a Virgo tras ellos, que llevaba una mano sosteniendo su costado en donde había un gran orificio del que manaba grandes cantidades de sangre.
– Me da gusto ver que has recuperado la conciencia Aioria…
-Fue gracias a ti, amigo. – El castaño se sentó sobre la piedra que le servía de sostén y miro hacia el cielo ennegrecido con tristeza. – Si no hubieras utilizado el tesoro del cielo, no hubieras logrado bloquear mi cosmos, deteniendo mi técnica y al mismo tiempo lograste neutralizar el cosmos de Cronos en mi mente, dándome tiempo de volver a tomar el control, aunque te costo a ti varias heridas y a mí un sentido. – Sonrió débilmente.
-Creí que el sentido del olfato no es muy necesario en esta situación. – Shaka se acerco hasta él y poso una mano sobre el hombro de leo, compartiendo una sonrisa con este, su mano vislumbro de un tono dorado y restituyo el sentido a su vecino.
-Ambos deben ir a la enfermería. – Sugirió fríamente la pelinegra avanzando entre las llamaradas de fuego. – Aún queda un santo bajo el poder de Cronos y necesitara del fuego divino para poder recobrar la conciencia, de esa forma se hubieran evitado toda esta destrucción. – La chica sin más desapareció dejándolos a ambos varados en aquel lugar.
-Por Athena… – Aioria giro el rostro angustiado de un lado a otro viendo la destrucción que había sufrido la casa de Virgo y Cáncer y la plataforma vacía donde una vez estuvo el templo de Leo. – Mascara de la muerte se cabreara por lo de su templo…
-Siempre queda la opción de echarte a ti la culpa. – Rio alegremente Shaka recargándose en la misma piedra que él y mirando en dirección al cuarto templo.
-¡Hey! – Se quejo Aioria tocándose el hombro donde estaba sangrando. – Yo le diré que no hiciste nada para impedirlo. – Esta vez el griego rio ampliamente y fue el turno de Shaka de mirarlo con sorpresa. – Dejemos de ensuciar mi piso con nuestra sangre y mejor vayamos a la enfermería. – Suspiro con cansancio, Shaka asintió a su lado y abrió un portal para ahorrarle el agotamiento a su amigo, pues aunque Aioria mostrara esa alegre sonrisa sabía que tan solo era una fachada para ocultar su frustración y cansancio.
-Me alegra que hayas vuelto Aioria. –
-Créemelo Shaka a mí también. – Confeso el león mirando hacia el horizonte del santuario con su mirada perdida. Cronos estaba perdiendo aliados y pronto llegaría el momento en que el mismo comprobaría la furia de los santos dorados.
…
Guidecca vibro por completo y de esta salió una onda expansiva de energía que destruyo todo lo que se encontraba a la periferia del recinto, mientras sus enormes ventanales expulsaban colosales llamaradas de fuego, el humo se disperso por completo en el exterior pero frente al muro de los lamentos este era demasiado denso como para verse entre ellos.
La oscuridad le envolvía por completo, sus oídos tintineaban debido a la explosión acontecida, pero los acelerados golpeteos de su corazón dentro de su pecho le indicaban que aún se encontraba vivo, elevo su cosmos dorado haciendo que este dispersara la masa densa de polvo y humo a su alrededor y numerosas esferas azules comenzaron a materializarse iluminando la oscuridad.
-¿Có… como has podido…de…detener mis ataques? – La voz entrecortada del semidios resonó por todo el lugar y pronto pudo ver entre las nubes como la silueta de este se balanceaba de un lado a otro, como si tan solo fuese un alma en pena.
-Utilice una técnica llamada el Hitodama, la invocación de almas, me permite convertir a estas en llamaradas azules, las cuales danzan alrededor de mi cuerpo. – Mascara de la muerte alargo una mano y sobre esta se poso una esfera zafiro que descendió hasta su palma, el italiano la contemplo con respeto y la empujo con suavidad para que volviera a alzar su vuelo en torno a él. – Cuando tú lanzaste tus técnicas, hice que estas valiosas almas se unieran frente a mí y las hice explotar, lo que me permitió protegerme de tus ataques y atacarte al mismo tiempo, Triptolemos.
-Esas almas… -
-Almas humanas, tu y los demás dioses jamás han entendido el valor de los humanos, por ello no saben el poder, la convicción y la fuerza que guardamos en nuestro interior. – Mascara de la muerte convoco una horda más de espíritus que le rodearon, sabía que le quedaba poco tiempo antes de perder el conocimiento por la herida en su cabeza, así que debía acabar con Triptolemos a como diera lugar, en el menor tiempo posible.
-Es posible que los dioses no te comprendan, pero olvidas una cosa santo. Yo soy mitad dios y mitad humano las mejores cualidades que pueden tener estos seres están en mi interior. – El juez se teletransporto y cuando volvió a aparecer, estaba frente a él, le tomo por la cara y le empujo hacia atrás con fuerza, haciéndolo perder el equilibrio, se precipito rápidamente al suelo y Triptolemos empuño su mano sin más y atravesó su pecho.
Sus ojos se abrieron como platos al sentir la mano del semidios en su interior, la sangre corrió rápidamente por su pecho e impregno con esta parte del torso del juez que sonrió al verlo sangrar, Triptolemos se aferro con fuerza a uno de sus órganos e incendio su mano haciéndolo arder. Sus labios se mancharon de sangre y por la comisura de su labio comenzó a correr un rio de líquido escarlata.
-Te dije que te mataría santo. – Triptolemos sonrió malévolamente y saco su puño ardiendo del interior de Mascara de la muerte, que se llevo una de las manos a la herida, la cual se lleno de su propia sangre y tembló ligeramente, sintiendo como un frio extremo le recorría todo el cuerpo y la vista se le oscurecía.
Pensó que Triptolemos le dejaría en paz al provocarle semejante herida, pero muy rápido comprobó que se había equivocado pues el juez rápidamente volvió a la carga para atravesarle de nuevo el pecho, esta vez logro detenerlo por la muñeca con fuerza, pero aun así Triptolemos había logrado clavar dos dedos a la altura de su corazón.
-¿Qué demonios…? – Triptolemos intento zafarse pero le fue imposible, miro hacia el italiano y comprobó que este sonreía sínicamente y sus ojos estaban oscurecidos por su cabello.
-Ninguno de los dos va a sobrevivir a esto, pero me deleitare en el placer de verte morir primero. – La voz de cáncer sonó amenazante y sus facies se desfiguraron por completo en una mueca por demás satisfactoria, era como si de pronto se enfrentara a otra persona, a un psicópata.
-Estas a punto de morir. – Asevero. - ¿Cómo puedes sonreír así? – Volvió a intentar zafarse pero el resultado fue el mismo, Mascara de la muerte le sostenía preso.
-Porque la muerte es la única forma de calmar un alma tan malvada como la mía. – El italiano chasqueo los dedos de su mano izquierda la cual aun estaba libre y ambos se vieron rodeados por numeras almas, que ardieron en llamas azules que danzaron entorno a ellos, Triptolemos al ver esto supo que el italiano explotaría su cosmos de nuevo.
-¡Si no me liberas por tu voluntad te asesinare para lograrlo! – Triptolemos alzo su otra mano libre, pero esta rápidamente se rodeo de halos celestes que la cubrieron por completo.
-¡Sepultura de almas! – Las almas fueron usadas como combustible, como si de pólvora se tratase y cuando comenzaron a arder, en pequeñas llamaradas, estas crearon una terrible explosión entre el espectro y el santo, Triptolemos cayó hacia atrás viendo su brazo despedazado y amputado por la técnica del cangrejo dorado y una intensa hemorragia comenzó a brotar de su hombro, que baño su torso izquierdo.
-¡Maldito! – Mascara de la muerte se incorporo despacio, la sangre le brotaba por todo el cuerpo e incluso caían pequeños riachuelos de liquido escarlata al suelo, sin embargo su cosmos dorado le hacía lucir amenazante, sus ojos parecían los de un asesino y su sonrisa se había ensanchado más.
-Tú fuiste el que quiso jugar con la muerte. – Mascara alzo se dedo índice en el cual brillo una luz dorada a diferencia de la acostumbrada celeste de las ondas infernales, su flequillo se arremolino ante las cálidas ondas de su cosmos y miro fijamente a los ojos al espectro que le miraba con un profundo odio.
-¡Nos iremos juntos al infierno idiota! – Triptolemos exploto su cosmos colosal sintiendo el fin de la batalla cercana, no permitiría que ese santo le intimidara con su cambio de carácter y mucho menos le permitiría retornar a la superficie para vanagloriarse de su victoria. Alzo su único brazo al cielo y una intensa llamarada se formo en esta, la cual creció de forma colosal y le lanzo.
-¡Separación de almas! – Del dedo índice que se mantenía con esa pequeña esfera dorada, salió proyectado un rayo del mismo color que impacto directamente en el pecho del espectro.
Triptolemos sintió como la calidez del cosmos de cáncer penetraba en su interior y desprendía su alma de su cuerpo, intento frenar la técnica, pues creyó por unos segundos que se trataba de las ondas infernales pero pronto callo en su error, cuando le fue imposible retornar a su cuerpo el cual se desplomo en el suelo de Guidecca, su alma estaba completamente separada de su reservorio. Por primera vez sintió como un temor se apoderaba de él, sin poder volver a su cuerpo equivalía a su muerte definitiva, varios gritos desgarradores se escucharon a su espalda, por lo que se giro y se congelo al ver una horda de espíritus que llegaron hasta él y comenzaron a tirar de sus piernas y brazos sin piedad, desgarrando su alma por completo y reduciéndola a nada.
Mascara de la muerte veía como los espíritus a quien él les había arrebatado la vida en el pasado acudían a su llamado y terminaban con el alma del cuarto juez del inframundo, pues esa técnica era capaz de terminar con la vida de un ser inmortal.
La sala del trono de Guidecca comenzó a derrumbarse, las pilastras caían al suelo en fuertes golpes y trozos gigantescos del techo se desplomaban a su alrededor, el suelo sucumbía ante las grandes grietas preexistentes y las paredes se derrumbaban por el poder gigantesco de Triptolemos que se dirigía hacia él, cerró los ojos con tranquilidad, ya no le quedaban fuerzas para nada más, su cuerpo estaba destrozado, había perdido demasiada sangre y su cosmos estaba agotado, no le quedaba energía para evitar ese ataque.
-"Maldita diosa… al final tuvo razón, no volveré a ver el rostro de Athena… y tu, Dailos aprenderás de alguien mejor…" – Comenzó a sentir el calor que producía el ataque de Triptolemos al acercársele, sonrió de medio lado, al final de cuentas morir una vez más no le aterrorizaba en lo más mínimo, dominaba a la perfección el sentido de la muerte en vida y ya había muerto las suficientes veces como para conocerla a fondo. Pero sin duda aquella era la primera vez que se iría con la mente tranquila, con paz…
-¡Impulso de luz de Quirón! – Aun con los ojos cerrados vislumbro el destello luminoso dorado, que resplandeció ante él, abrió los ojos rápidamente y observo al arquero dorado frente a él, replegando con su cálido cosmos el ataque de Triptolemos que retrocedía ante los potentes vientos del noveno guardián.
Un dolor terrible le sacudió internamente, su vista comenzó a tornarse borrosa y sus piernas flaquearon, su rodilla golpeo el suelo, intensificando aún más el dolor que sentía y apoyo sus manos en las losas, mientras la sangre goteaba de su cuerpo y creaba pequeñas manchas escarlatas en el gris lozano, la muerte no tardaría en sobrevenirle, el honroso acto heroico de Aioros solo prolongaba lo inevitable. Ya ni siquiera tenía fuerzas para mantenerse en pie.
-¡Mascara de la muerte! – Alzo el rostro solo para distinguir un rostro conocido, aunque cada vez sentía que se sumía más y más en un profundo abismo. Aioros toco su hombro y rápidamente le ayudo a ponerse de pie, pasándose uno de sus brazos por la espalda y tomándolo por la cintura para ayudarlo.
-Estas… igual o peor que yo… - Suspiro.
-Afrodita me ha ayudado. – El nombre de su mejor amigo le hizo volver en sí y miro al castaño con sorpresa. – Radamanthys guardaba un aguijón capaz de lanzar un terrible veneno, pero gracias a la sangre que Afrodita inyecto en mí y que contenía su veneno, me ha protegido de morir envenenado.
-Sueles tener mucha suerte. – Espeto con cansancio escupiendo una gran cantidad de sangre, Aioros estaba en una condición igual a la de él, pero aún no comprendía cómo podía mantenerse de pie, tal vez era la misma convicción que tenían los santos de bronce por cumplir una misión… no, aquella era la misma determinación de Saga, la cual siempre hizo a ambos lideras aptos.
-Tenemos que sacarlos de aquí. – Thesseus se acerco al grupo que hasta entonces había permanecido a raya y pronto le sigue su compañero de cabellos negros.
-Para… cuando lleguemos a la superficie será muy tarde, además corremos el riesgo de perdernos. El dios Hermes ya debería haber regresado. – Hizo notar Odysseus hablándole directamente a Aioros, pues parecía que Mascara de la muerte había perdido la conciencia. Miro hacia Thesseus e intercambio una mirada preocupada con él, le apenaba enormemente que ambos santos dorados hubieran llegado tan lejos, destrozado al ejercito del dios Hades para perecer al final y es que no dudaba que Mascara de la muerte moriría antes de lograr salir del inframundo y tal vez Aioros le siguiera fielmente el paso poco después, pues las heridas de ambos eran graves.
-Aioros… - El italiano levanto el rostro con cansancio y miro a su compañero. – Debes volver al santuario… Athena no tiene porque perder a dos de nosotros… -
-¡Mascara de la muerte estás loco si crees que…! – Aioros apretó aún más al cuarto guardián y le miro preocupado, no dejaría que el italiano muriese en aquel lugar, de hecho bajo ninguna circunstancia le permitiría perecer.
-¿Loco? Un poco… - Bromeo y levanto lentamente su índice derecho, el cual parpadeo unos segundos con una esfera azul que brillaba y desaparecía constantemente, debido a que cáncer era incapaz de encender su cosmos en aquellas condiciones pero al final lo logro. – Tienes que volver a la superficie Aioros… Athena te necesita y no sabemos cuánto tiempo hemos perdido estando en este lugar… Además debes averiguar que ocurrió con Aioria, tú debes…
-¡Mascara de la muerte no! – Vocifero preocupado, viendo como el cosmos de cáncer ardía mientras su vida comenzaba a apagarse, dos gruesas lágrimas corrieron por sus ojos.
-Ondas infernales. – La luz celeste de su dedo, creó varias ondas que rodeo a los cuatro, iluminando con aquella luz zarca el inframundo, al grado que cejo a los dos ángeles y a sagitario.
-¡Mascara de la muerte! – Se vio obligado a cerrar los ojos al sentir como la luz le quemaba las pupilas y un fuerte mareo le sobrevivido, sintió como perdía el equilibrio y cuando les abrió al sentir como la luz disminuía, vislumbro el templo de cáncer. - ¡Mascara de la muerte! ¡Mascara de la muerte!
Se irguió de golpe y corrió hacia el italiano que se encontraba recargado en la entrada de su templo, apoyando la espalda contra una de sus columnas, sus ojos azules vislumbraban el cielo y su cabello se mecia con el calido viento de Grecia, Mascara de la muerte no le miro, parecía absorto en sus pensamientos.
-Aioros. – Le llamo despacio el italiano haciendo que se detuviera y le contemplara en silencio a unos cuantos pasos de distancia de él. – Te encomiendo a Saori, apenas y es unos años más joven que nosotros pero sin ella es magnífica... – Mascara de la muerte se volvió hacia él y sonrió una vez más, antes de que sus ojos se cerraran y sus rodillas flaquearan.
El castaño sintió como si algo se detuviera en su interior, una especie de dolor y frio recorrió su cuerpo maltrecho, corrió hacia su compañero y antes de que su cuerpo golpease el frio de su propia casa, lo tomo entre sus brazos.
-¡Maestro! ¡Maestro! ¿Qué le ha pasado? ¡Resiste maestro! – Aioros escucho el grito desgarrador desde el interior del templo y pronto vio corriendo hacia él a un pequeño aprendiz y detrás de este a una doncella que le detuvo a tiempo y le volvió hacia ella.
La joven comprendió rápidamente la situación del guardián de cáncer al verlo entre los brazos de sagitario y apretó a su hermano contra su abdomen impidiéndole ver. El cielo trono y la lluvia comenzaron a caer sobre la tierra, como si el mismo cielo llorara, acompañando en un mar de lágrimas a sagitario quien sostenía entre sus brazos el cuerpo ensangrentado y destrozado de Cáncer…
…
Corrió a través de la lluvia, pisando algunos charcos de agua que manchaban sus sandalias y sus piernas, su vestido estaba agolpado contra su cuerpo marcando a la perfección su delineada y hermosa figura, llevaba sobre su cabeza un pequeño reboso con el cual se intentaba proteger de la lluvia en vano, mientras encontraba un refugio donde resguardarse de aquel torrencial caprichoso.
Rápido reparo en un gran árbol que le ofrecía protección bajo su extenso follaje verdoso, así que no dudo y llego hasta el, ignorando la posibilidad de que cayese un rayo ante torrencial lluvia, sacudió su cabellera a penas y se vio protegida bajo su sombra, levanto su vista y reparo en que no se encontraba sola en aquel sitio.
-Hola. – Saludo comprensivamente, pues era lógico que no sería la única que se resguardaría de aquel clima en ese lugar. – Parece que el cielo se cae a pedazos. - Menciono carismáticamente.
-Te equivocas, el cielo llora a uno de los guardianes de Athena. – Su corazón pareció detenerse en ese momento, ya que aquella a quien le hablaba no era otra persona que la diosa Afrodita, aún así sintió una opresión en su pecho al solo imaginar que tal vez el que hubiera caído fuese el santo de Piscis.
-Relájate mujer, no ha sido Piscis. – Los ojos felinos esmeraldas de Afrodita se fijaron en ella y se vio sorprendida de que la diosa pudiera descubrir la preocupación que la habia embargado. – No te asombres, de que sepa los sentimientos que embargan a tu corazón, soy la diosa del amor y de la pasión, creo que yo soy la mejor en reconocer los deseos del corazón humano.
-Soy una doncella de Athena y me es imposible evitar preocuparme por la vida de uno de sus fieles, puede que me alegre que el caballero de Piscis siga con vida, pero yo… yo se que la muerte de ese santo, de ese noble caballero traerá dolor a mi diosa y si nos comprendiera por completo como usted dice…sabría de lo que estoy hablando y de el sufrimiento que significa una muerte…
-Eres muy bella para servir a alguien como Athena, dime ¿Cuál es tu nombre? – Afrodita atravesó la distancia que le separaba de la doncella, ignorando por completo el comentario de la joven, claro que ella podía sentir dolor ¿Acaso el ser a quien amo no había asesinado a sus hijos? ¿No la habían traicionado? ¿No vivía una vida eterna entregada a la fuerza a un dios al que jamás amaría? ¿No la encadenaron a un compromiso sin preguntarle que deseaba ella?
Conocía el dolor mejor que nadie, pero el tiempo le había enseñado a no reparar en el sufrimiento que este le causara si no en conseguir placer, amor, deseo, cualquier sentimiento que pudiera tapar la amargura de una desgracia.
-Me llamo Zahra. – La doncella seco su rostro con suavidad y alzo su mirada desafiante hacia la diosa. – Permítame decirle diosa Afrodita que de nada sirve la belleza, si no hay bondad en el alma, ni valentía en el corazón.
-¿Por qué dices eso? – El comentario de la castaña mostraba un ligero enojo que fue perceptivo en su mirada, pero despertó su curiosidad. – No sabes que la belleza significa poder.
-Porque los dioses nos abandonaron, desde hace mucho tiempo sus almas, sus bondades, sus milagros desaparecieron de la tierra. Si no fuera por Athena, este mundo hubiese perecido desde hace mucho tiempo, se olvidaron de otorgarnos favores, de escuchar nuestras plegarias e incluso condenaron a la única diosa que cumplió con su palabra de protegernos. – Zahra empuño su mano y la llevo contra su pecho, sabía que no le estaba hablando a un humano, si no que se dirigía a un dios, pero si debía pagar por aquella osadía al menos terminaría de decir lo que pensaba.
-¡Abandonaron a Athena a su suerte, le dejaron enfrentar a solas al dios Hades, Poseidón e incluso a Ares, nunca acudieron en su ayuda, ni hicieron justicia por los crímenes que estos cometían contra un reino que no era el suyo, pero apenas y los titanes atacaron el Olimpo, ella…mi amada diosa Athena no dudo en ayudarles, aún a costa de sus queridos santos! – Zahra respiro aceleradamente, sintiendo las palpitaciones de su corazón contra su pecho y le retuvo la mirada a la diosa rubia que le observaba con un rostro de pocos amigos.
-¿Valor? ¿Dedicación? Todo eso querida niña, con el tiempo deja de valer, tengo la suficiente edad para asegurártelo. Pero la belleza es diferente.– Afrodita se volvió hastiada de aquella simple doncella y camino en dirección contraria a ella, la lluvia comenzó a caer sobre su rubio cabello empapándolo, pero haciéndolo lucir como si diamantes se depositaran en el, tal cual y como el rocio bendecía los petalos de una flor.
-¡El amor no se marchita como la belleza lo hace! – Grito haciéndose oir a travez del torrencial, Afrodita se detuvo en seco y giro el rostro hacia ella.
-¿Amor? El amor es la más grande falsedad de este mundo. – Afrodita se materializo ante ella y le tomo con brusquedad por el mentón, Zahra dejo escapar un lastimero quejido, pero aun sus ojos le miraron con decisión.
-Tal vez sea cierto lo que usted dice… - Zahra retrocedió alejando su rostro de la deidad que le libero abriendo los dedos. – Como puede existir algo que ni siquiera, la propia diosa de ese atributo cree en él.
-Algún día lo entenderás Zahra, cuando el hombre a quien ames, por quien has hecho todo, sea el que más te lastime, ahí no vale nada, ni el amor, ni el valor. – Afrodita retrocedió dispuesta a irse, pero esta vez la castaña la tomo por el brazo.
-Claro que ahí hubo amor, al menos el que sentiré yo por él, no importa como me responda, ni lo que yo sacrifique por él, pues lo hare por amor, me hará sentir valiente y me hara mejorar como persona, no importa que el ni siquiera me mire o note quien soy, si él estuviera equivocado se lo haría notar, no importa que no ganase nada con ello.– Zahra comprendió que el alma herida de Afrodita era quien habia cejado el propio amor de la diosa, quien había caído en una especie de apatía e indiferencia ante todo por aquella guerra.
-Ares… - Desvió la mirada de la joven y la elevo por unos segundos hacia la estatua de Athena que pendía en lo alto de aquella colina. – Zahra, hablas de valor sin haber nunca enfrentado en tu vida una batalla y profetizas el amor sin conocerlo, prometes entregar todo por ambos y eso pequeña te hace una persona digna de la confianza de un dios. Un juramento se puede romper, una promesa jamás…
-Yo… - Se ruborizo al instante y sintió el cálido contacto de la deidad del amor que le sonrió amigablemente, alejando de su rostro aquella fría expresión.
-¿Quieres que ayude a tu diosa? ¿No es así? – Asintió decidida ante aquel cuestionamiento. - Pues necesito que tomes algo de la sala del trono por mí, Athena posee una daga dorada que Ares dejo en este santuario, quiero que le tomes y me la entregues. El amor y el valor no significan nada sin la confianza…así que si crees en ambos, debes creer en mí.
…
La mano del dios de los muertos se ciño a su muñeca con fuerza y tan solo por unos segundos, el dios despertó restándole parte de su cosmos, dirigiendo la cantidad de energía que la había robado hacia otra parte del infierno. Arrugo la nariz molesta y desprendió con su otra mano el agarre del dios, retrocediendo varios pasos hacia atrás, lo que hizo caer al dios de nuevo en la inconsciencia.
Avanzo sin darle la espalda al pelinegro y miro de nuevo hacia el pasillo, justo en el momento que toda la estructura vibro a causa de la batalla que estaba ocurriendo en el salón del trono entre Mascara de la muerte y Triptolemos. Lo que la hizo suponer que la emperatriz del infierno se dirigía hacia la habitación al sentir la elevación del cosmos de su esposo.
Observo a través de sus cabellos rubios la puerta de roble que se mantenía del otro lado del pasillo, apareció su arco en su mano izquierda y en la derecha materializo una flecha plateada, la cual coloco con rapidez en la cuerda, no sabía cómo explicarlo pero algo le hacía intuir que tras esas grandes puertas permanecía cautiva la diosa Demeter, así que sin pensarlo dos veces, libero el culatin.
La flecha surco el aire en un silbido, dejando tras de sí una larga estela blanquecina, sus ojos observaron como la puerta fue destruida por su cosmos y como una barrera rojiza se encontraba tras esta, pero el resultado fue el mismo, termino siendo destruido por la luz. Soltó el arco de sus suaves dedos pero antes de que este golpeara el suelo se desvaneció en el aire en pequeñas centellas azules.
-¡Artemisa! ¿Qué has hecho? – La voz de alarmada de Persefone resonó en el pasillo, sin embargo ella tan solo miro con sus ojos ámbares a la pelirroja unos segundos y después agacho el rostro para volver a la habitación donde Hades reposaba. - ¡Artemisa detente! ¡Artemisa!
Volvió a remover las cortinas y recorrió con su mirada al pálido dios, estiro sus dedos para volver a tener contacto con este, pero en ese momento sintió el filo de una daga apretada contra su cuello, aun sin cortarla, Persefone se mantenía a su espalda notablemente alterada.
-Ni se te ocurra dañarlo, Artemisa. –
-Esto ya termino Persefone, el ejercto que despertaste esta destruido, la titanide que pusiste en mi contra esta acabada, ya todo ha acabado hermana. – Artemisa detuvo su mano y las alzo en son de paz, girándose lentamente hacia la otra diosa quedando frente a frente con ella. – Puede que no entienda por completo porque nos traicionaste, pero él sí.
-¿Qué? – Alcanzo a balbucear sin comprender dejando caer la daga al suelo, que resbalo por sus dedos y produjo un chirrido metálico. Artemisa le dio la espalda de nuevo quedando frente al dios de los muertos de nuevo.
-Hades no despertara por completo hasta que el Olimpo juzgue sus actos contra Athena, sin embargo otorgare parte de mi poder para que puedas hablar con él. – Artemisa extendió su mano hacia la frente del dios pero detuvo su mano al escuchar su nombre, en la voz cargada de ira de una diosa mayor.
-Detente Artemisa. –
-Madre. – Espeto angustiada la pelirroja, volvió su rostro por unos segundos hacia Artemisa que le miro frívolamente; Persefone era la responsable de que los titanes hubieran recobrado sus poderes en el monte Parnaso y por ende era culpable de que varios dioses hubiesen sido sellados.
-Guarda silencio Persefone. – Ordeno furiosa Demeter, avanzando con su paso altivo hacia su hija que desvió su mirada con pesar. – Artemisa, no recompenses el error de mi hija, traiciono a su estirpe, deshonró a los dioses y decepciono a su madre. – La gran diosa clavo sus ojos sobre su pequeña, sin ocultar todo el desprecio hacia la que una vez llamo hija.
Diosa Demeter… - Intento hablar Artemisa, pero esta alzo una de sus manos pidiendo silencio de su parte.
-Este submundo ha caído a manos de caballeros de Athena y Artemisa, pero mereces un castigo por todo el daño que causaste a los tuyos, te aliaste a Hera, liberaste al resto de los titanes y creaturas que permanecieron encerradas en el tártaro, traicionaste a los dioses, le declaraste la guerra a Athena, me capturaste y permitiste que los titanes obtuvieran de mi información valiosa que ayudo a sellar varias almas divinas. – Demeter se detuvo en medio de la habitación alzando su ostentosa mirada y con las manos entrelazadas sobre su abdomen, lo que la hacía verse más imponente, mucho más digna. – No impediré que la ira de los dioses caiga sobre ti.
-Demeter… - La voz ronca y lúgubre de Hades rompió el pesado silencio que había caído sobre la habitación, el dios abrió lentamente los ojos y se incorporo despacio en la cama. – Yo me encargare de Persefone…
-Hades. – La pelirroja pronuncio con sorpresa e inmensa alegría el nombre de su esposo, quien ya se había incorporado en pie y clavado sus orbes negros sobre Artemisa y Demeter de forma amenazante.
-Demeter tu mejor que nadie sabe que se recoge lo que se cosecha y este conflicto, esta patética guerra es el resultado de sus errores, los dioses que les traicionaron fue los que permanecieron marginados o ignorados. – Hades se acerco hacia la pelirroja y tomo con calidad su rostro entre sus manos, enrollando los mechones escarlata tras los oídos de su emperatriz, deposito un suave beso protector en la frente de su amada y miro fríamente hacia su hermana.
-Hades ¿Cómo has podido… - Interrogo Demeter.
-Artemisa me ha proporcionado las fuerzas necesarias para ello. – La rubia miro directamente hacia su muñeca en la cual había quedado marcada la mano de Hades en torno a ella, eso significaba que aunque no percibió gran pérdida de cosmos, el dios del inframundo había logrado drenar más de lo que ella misma creyó.
-Te agradezco todo lo que has hecho por mi Persefone, pero no quiero verte involucrada o sufriendo por mí causa. – Deslizo sus manos sobre los hombros de la pelirroja quien le abrazo ocultado su rostro en su pecho, la rodeo con sus brazos y volvió a besar su cabellera. – Mi amada niña.
-Nada podrá justificar sus errores. – Sentencio Demeter. – Como madre los repruebo pero como diosa les condeno.
-Sabía que dirias eso. ¡Radamanthys! – Ordeno Hades separándose de su esposa y haciendo frente al espectro que entro por la puerta y se arrodillo lealmente frente a su dios. – Radamanthys tienes la misión de encontrar el lugar donde los dioses han sido sellados, no quiero errores y debes hacerlo en el menor tiempo posible.
-Si mi señor. – El británico agacho el rostro y llevo su mano hacia su corazón, comprometiéndose en vida y muerte a la tarea encomendada por su dios. Jamás defraudaría al señor Hades, aún cuando tuviera que destruir al mundo para encontrar ese lugar. Se irguió haciendo una reverencia profunda a sus dioses y se marcho, sin volver la vista hacia atrás.
-Mi mejor juez se encargara de compensar el daño que mi reina ha ocasionado. – Refirió con simpleza el pelinegro, reteniéndole la mirada a Demeter, quien negó con desaprobación. – Si reparamos el daño cometido, no hay por qué afectarla a ella, Demeter. – Hades encaro a su hermana que se mantuvo rígida ante su decisión.
-Esta guerra le ha costado la vida a un guerrero de Athena, ella no le perdonara, eso te lo aseguro. – Volvió su vista hacia la deidad de la luna, que hablo frívolamente, interviniendo en la lucha de miradas asesinas de Demeter y Hades.
-Impediré que muera en un plazo de 12 horas en las cuales Athena debe salvarlo, de otra forma permitiré que el alma de ese guerrero caiga directamente a Cocytos. – Sentencio el emperador del inframundo, sin ocultar el desagrado que le daba salvar la vida de un santo de su sobrina, pero Persefone valia ese sacrificio, ella dio todo por él y el debía hacer lo mismo por ella. – Ahora largo de mis dominios.
-Si tu palabra falla a Zeus y los dioses, que el destino te condene Hades. – Infortuno Artemisa mirando de reojo a su tío y pasando a un lado de su hermana, quien le observo arrepentida, pues para ese momento, Persefone se había dado cuenta que sus acciones antes de beneficiar a su esposo le habían perjudicado.
-Le has dado 12 horas a Athena para salvar una vida, ella es una diosa; por ello Hades, le doy 12 dias a tu guerrero para que encuentre las almas de los dioses, de lo contrario, Persefone tendrá que ser juzgada por los dioses. –
-No lo entiendes aún hermana. –Se burlo Hades tomando la mano de su esposa y atrayéndola bajo su brazo protector. – Dentro de 12 días no quedaran dioses en la tierra o estarán cerca de su fin.
-Tienes razón, Athena aún tiene sellada tu alma y tan solo estas de pie por el cosmos de Artemisa, una vez que nos vayamos, ocurrirá lo que siempre haces. – Demeter camino hacia la gran entrada sin volver su vista a su hija. – Nunca nos has apoyado Hades, porque lo harías ahora. – La diosa salió olímpicamente de su prisión, reuniéndose con la deidad de la luna que le aguardaba en la puerta.
-Hades yo… creí que. – Persefone tomo con cariño las manos de su esposo y les planto infinidad de delicados besos, frente a los otros podía mostrarse diferente, más fría, sin remordimientos, aún frente a su madre, pero con Hades era diferente, seguía siendo la dulce y joven diosa de la que el dios se enamoro, aquella que podía sacrificar todo por él.
-Shhh… casi no tenemos tiempo Persefone. – Hades acaricio aquella cabellera de fuego, enredando juguetonamente sus dedos en el cabello de la diosa y llevándose aquellos mechones a la nariz, para oler una vez más aquel olor floral. – Tú no juzgas jamás mis acciones, porque yo no tengo que hacerlo contigo, mi reina.
-Hades. – Persefone planto sus labios con fuerza contra los del rey del inframundo, quien correspondió a su beso, acariciando su tersa piel, como si de un pétalo de rosa se tratara, con cuidado y amor, la tomo por la nuca atrayéndola hacia así, bajo su mano por el largo cuello de la pelirroja que gimió, ante aquella suave caricia.
Hades sintió una punzada en lo profundo de su ser, justo donde Athena le había herido y pronto el cosmos de la diosa de la sabiduría comenzó a contrarrestar el cosmos de Artemisa. Para Athena aquella guerra podía ser un situación desesperada pero no tanta como para recurrir a él y era por ello que prefería tenerlo sellado, a pedir ayuda a su más grande enemigo.
-Persefone. – Hades se separo de ella, aun teniéndola tomada por el cuello y obligándola a mirarlo directamente a los ojos. – Debes tener mucho cuidado, de ahora en adelante, si hay algo que nos caracteriza a los dos es que no tenemos aliados en ningún lugar, Athena y el resto de los dioses no perdonan con facilidad y aún cuando no hayas hecho nada, jamás aceptan lo que viene debajo de la tierra, no importa que sea una dulce flor. – Persefone sonrió al escuchar aquel cumplido de su esposo y recargo su rostro en la mano de Hades para recibir el calor que emanaba su cuerpo. – Cronos y los titanes también te perseguirán sabiendo que les has traicionado, aquí en el inframundo podre protegerte pero…
-En este momento no quiero marcharme de tu lado. – Menciono lastimeramente la pelirroja, tomando las manos de su esposo y llevándolas a su espalda para hundirse en el pecho de su amado.
-Persefone ya han pasado los seis meses que debes permanecer en el inframundo, tienes que subir a la superficie, pero aún ahí puedo garantizar tu seguridad con Radamanthys y Pandora, debes dirigirte al castillo Heinstein, ambos te escoltaran hasta allí. – Hades volvió a percibir el cosmos de Athena y supo que Persefone no debía verlo de nuevo en aquel estado. Tomo dulcemente a la pelirroja y planto un beso más en sus carnosos labios, fue tan fugaz pero no carente de la pasión que sentía por ella, sus frentes permanecieron unidas unos segundos y después la beso sobre esta. - ¡Radamanthys!
El juez que había permanecido oculto tras la sombras del pasillo para evitar ser visto por Demeter y Artemisa broto de la oscuridad, volviendo a arrodillarse frente a su dios, pero esta vez sabia cual era su misión principal, hizo una profunda reverencia a la emperatriz y le indico el camino, una vez que ella salió. Hades intercambio una mirada con el británico, sin duda, aquel hombre era el Pegaso de su ejército, su valor, fuerza, vida y muerte estaban encomendadas a él, aquel hombre de entre todos en su ejército, era el único guerrero a quien le debía algo y el jamás siempre pagaba sus deudas.
Espero pacientemente a sentir el cosmos de Persefone abandonara Guidecca, fue en ese momento que salió de su habitación, recorriendo parsimoniosamente los largos y oscuros pasillos de su palacio, hasta el gran salón principal donde se encontraba su trono, acaricio con sus dedos el respaldo de piedra y se sentó sobre este, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, en espera de aquel sueño al que Athena le había confinado temporalmente.
-"Persefone" – Aquella joven pelirroja que encontró jugueteando y canturreando entre los bosques y prados del Olimpo, aún seguía siendo una joven excepcional, tan temerosa y que podía arriesgarlo todo por alguien como él, Persefone siempre parecía necesitar de valor en su interior, pero la realidad es que guardaba más fuerza de voluntad que otras diosas de su edad, pues hasta la fecha ninguna de ellas a excepción de Athena se había alzado contra él Olimpo.
Por ello debía protegerla, aún cuando todos pensaran que la relación de ambos fuera de celador-prisionera él siempre le había protegido de un mundo más mundano y peligroso que el inframundo, incluso en las guerras santas contra Athena supo dejarla al límite de la situación, sin nunca involucrarla, siempre había cuidado de ella, porque esa joven de cabellos largos y pelirrojos era la parte buena de él y en toda ocasión la maldad siempre trata de mantener pura e inocente la parte buena de su ser…
El sello volvió a ceñirse sobre él y el inframundo se ciño en el más inquietante silencio y la oscuridad comenzó a nublarlo todo…
…
El choque de ambas espadas resonó en todo el lugar, el poder y filo eran equiparables una contra la otra, por lo que aquella batalla solo la definiría el uso que sus espadachines pusieran en ellas. El despliegue de ambos filos, uno contra otro hicieron que ambos retrocedieran, pero mientras en el dragón despertó incertidumbre, en el gran comandante Cesar despertó la necesidad de un nuevo reto a vencer.
-Es curioso la espada que guardas en tu brazo, su filo es imprescindible. – Pero antes de que Shiryu lo tomara como un cumplido, Cesar volvió a lanzar una estocada contra él que le obligo a retroceder. – Es una lástima que un guerrero tan poco agraciado en su uso, la posea.
-Cállate. – Shiryu comenzó a ser lanzado ante la fuerza de su enemigo, que no escatimo por aumentar la presión contra él.
-Soy un soldado, matar caballeros es tan solo un hobby. – Cesar le planto un semejante cabezazo a Shiryu que le hizo retroceder, lo que el berserkers aprovecho para golpearle la rodilla y doblarlo ante el dolor y alcanzarle a dar una estocada con la espada en la mejilla. – Eso ha estado cerca, si no hubieras girado, mi espada estaría estocada en tu boca.
Cesar rio cínicamente, retrocediendo para darle permiso al dragón de erguirse de nuevo, mientras tomaba con sus dedos la sangre sobre el metal plateado y lo lanzaba despotamente al piso.
Shiryu se puso de pie rápidamente e incendio su cosmos, la aura azul comenzó a rodearlo envolviendo su cuerpo y haciendo que parte de su cabello se arremolinara en torno a él. Alzo su mano a la altura de su cara y empuño con fuerza esta, acumulando todo su cosmos en su mano, con la cual tiro un puñetazo en dirección a Cesar que le sostuvo la mirada retadoramente.
-¡Dragón ascendente de Rozan! – La energía ascendente propulsada por su puño origino un majestuoso dragón que se contoneo, elevándose por los aires.
-Así me gusta. – Cesar alzo su espada a los cielos, la cual se rodeo de un aura escarlata y en cuestión de segundos su arma se vio rodeada de fuego, un solo movimiento vertical con esta, hizo que una culebra de fuego saliera proyectada de su punta encontrándose los dientes y las fauces del dragón en una encarnizada pelea.
Cesar se agacho esquivando la explosión de ambos ataques y deslizándose por debajo de estos para alcanzar a Shiryu que no se esperaba aquello, por lo que lo tomo con sorpresa, el comandante golpeo con rudeza la pierna de Shiryu con la intención de fracturarla y la cual estuvo a punto de hacerlo a no ser por la armadura.
-¡Excalibur! – El haz esmeralda abandono su brazo, logrando hacer que Cesar se alejara de él, para evitar ser cortado.
-Recuerda bien esto caballero; soy un guerrero y no hay arte marcial, arma o cosmos que no pueda controlar o dominar. Usamos armas porque causamos heridas en nuestros enemigos, exigiendo que su sangre bañe el campo de batalla y después de su agonía, sobrevenga su muerte, pero el cosmos… - Cesar rodeo su mano con una llamarada la cual se reflejo en sus ojos violentos. – El cosmos es la forma más rápida y noble que tenemos para acabar con ustedes, santos.
¿Cómo podía enfrentar a un ser que le llevaba ventaja? Cesar era un guerrero reencarnado, su experiencia superaba incluso la de su maestro, pues los berserkers se habían enfrentado a los santos de Athena por siglos y si algo de aquello era cierto, era la capacidad de dominar las técnicas de combate, pues había llegado a controlar el filo de Excalibur y pudo repeler a su dragón ascendente.
-Niño me he enfrentado a santos superiores a ti, tu solo significas una basura en mi camino. –
-El hablar no demuestra tu fuerza. – Volvería a usar su poder contra aquel comandante, si bien no le había provocado ningún daño, le seguía manteniendo a raya, alejado de Athena y sus compañeros, así que elevo su cosmos con una furia inmensa, al grado que pudo sentir como su corazón latía con fuerza, tal y como si se le fuera a salir el corazón, causo una explosión de su cosmos, que por unos segundos resplandeció como si fuese dorado.
-Los cien dragones de Rozan. – La expansión de su energía rápidamente se torno en grandes y poderosos dragones que descendían del cielo para golpear el lugar donde se encontraba Cesar a quien perdió de vista ante el primer impacto. Continuo alzando sus manos frente a él, mientras observaba como la lluvia de aquellos majestuosos seres arrasaban con todo a su paso.
Una inmensa masa de polvo se levanto del lugar, apagando las llamas a su alrededor y nublando su vista, alerto sus oídos en busca del comandante del ejército de Hades, pero la niebla de tierra se condensaba al grado de oscurecer su vista y ocultarle al guerrero.
-¡Shiryu cuidado! – Le alerto Shun desde atrás, se giro y recibió de lleno una patada en el rostro por parte de Cesar que lo mando a estrellarse contra una pilastra a sus espaldas.
-Es una técnica ingeniosa, digna de los caballeros de libra. – Rio el guerrero a buena gana. – Sin embargo es una lástima que no pueda atravesar las dimensiones, por donde nos movemos los berserkers, en realidad ha sido bastante fácil esquivar tu ataque.
Cesar clavo la espada de su mano derecha en su hombro izquierdo, clavándolo a la pilastra, sin la posibilidad de moverse, por lo que estuvo a punto de utilizar su mano derecha para retirarla pero Cesar se anticipo a él e incrusto su otra espada en el dorso de su mano, crucificándolo al suelo y dejándolo ante su merced.
-Tan solo abrí el portal que me conecta con la queridísima Ivy, es cierto ustedes la conocen como Scatha y que me situó justo detrás de ti, dejándote a mi merced. – Cesar saco un cuchillo de su cintura y le miro con una expresión sádica en el rostro. - ¿Y bien santo? ¿Cuáles son tus últimas palabras?
…
-¡Shiryu! – Shun intento acercarse a su compañero pero una columna de fuego que broto del suelo se lo impidió por completo, Scatha se acerco a él por detrás, se monto en su espalda y comenzó a ahorcarlo con sus brazos. – Deten…te no… quiero lastimar...te
-Pues yo sí. – Scatha disminuyo la presión sobre uno de sus brazos con el cual elevo la daga para incrustársela al peliverde en el pecho, pero pronto una de cadena se enrollo en su pie y la derribo sobre el suelo, haciendo que se golpeara duramente contra este.
-¿Por qué haces esto? – Shun tosió un par de veces recuperando el aire perdido y sobo su cuello con su mano.
Sin embargo no obtuvo respuesta la guerrera se apoyo sobre sus manos y se reincorporo de un salto, alzo sus manos rodeadas de candente fuego y comenzó a lanzarle esferas rojizas que tuvo que detener con sus cadenas impidiéndole cumplir con su objetivo.
-Así que te gusta jugar con fuego. – Scatha se acerco a él corriendo.
-No des un paso más. – Le advirtió tornando a su alrededor su cadena, como una elíptica. – Si te acercas a mí, intentando traspasar las cadenas estas te atacaran, por favor no lo hagas.
-Eres demasiado blando para ser un guerrero. – Scatha ignoro olímpicamente su recomendación y brinco intentando atacarlo por los aires, por lo que la cadena reacciono automáticamente y le ataco, Scatha retrocedió cayendo al suelo, pero la cadena le siguió así que cuando estuvo a escasos centímetros de ella la toma con su mano deteniéndola. – Te faltan agallas.
Las manos de Scatha comenzaron a producir un halo rojizo que comenzó a quemar al mismo metal de la cadena, que rápidamente se torno escarlata, ardiendo al rojo vivo, la chica empuño con su otra mano el puñal y corto una parte de la cadena con facilidad. Pero al mismo tiempo comprobó que no solo había fuego en la mano de la pelirroja si no también un gran vacío que absorbió la descarga de 10,000 voltios que liberaba la cadena al ser tocada.
-Te demostrare que con el fuego nunca debe jugarse, pues te quemaras. – Scatha abrió su mano permitiendo que los trozos de metal ardiente cayeran al suelo. – ¿Y ahora que harás insignificante caballero?
Shun no respondió a la agresión que buscaba provocar la chica en su interior, así que deslizo las cadenas en torno a él y a la chica envolviéndolos a los dos dentro del mismo circulo, eso le permitía a Scatha atacarlo directamente sin la intervención de la cadena, pero al mismo tiempo le brindaba a él una oportunidad para frenar la rabia de la joven.
La pelirroja corrió hacia él empuñando en su mano derecha el puñal, Shun le permitió acercarse, solo esperando que su plan de verdad resultara como él quería de lo contrario terminaría con aquella arma en alguna parte de su cuerpo.
-Puntos cardinales. – Shun golpeo las cadenas contra el suelo con fuerza, provocando que estas se contonearan con energía y crearan ondulaciones por toda su extensión y que hizo que se deslizaran tomando a la pelirroja de ambas muñecas y de los dos tobillos, logrando suspenderla en el aire, sin la posibilidad de moverse.
Scatha incendio su cosmos, rodeando sus brazos con fuego, pero a causa de ello la cadena respondió con una potente descarga eléctrica, que la sacudió violentamente y la derribo contra el suelo con violencia.
…
Ikki tuvo que girar bruscamente para evitar una flecha que pasó silbando al lado de su oído y fue a impactarse contra una pilastra que se redujo en cenizas al instante. Debía reconocer que pelear contra un berserkers era un reto en sí, la chica había logrado esquivar sus puños, patadas y golpes con facilidad, como si tan solo estuviera danzando a su alrededor, sin el más mínimo esfuerzo. Pero por el contrario ella le golpeaba con una ligereza impresionante.
La vio acomodar otra flecha sobre su arco con una paz inmensa, aunque en la curvatura de sus labios podía distinguir el placer que podía provocarle si le hería y sus ojos tan profundos, cargados de odio y que claramente solo expresaban un deseo y era el de acabar con él.
-Muere fénix. – Soltó la flecha.
-¡Alas del fénix! – Las colosales columnas de fuego brotaron tras él, ondeándose descontroladas, para crear una hermosa e imponente ave tras él, que se agito con fuerza.
-Claro idiota quema todo. – Escucho a Milo quejarse a su espalda, le dirigió una mirada severa de reojo y se enfoco en su ataque.
Removió los brazos haciendo que el fénix tras él, se arremolinara hasta destruirse y lanzo un puño frente a sí, dirigiendo de esa forma su ataque hacia la peli azul y su flecha. El chorro de fuego, se abalanzo sobre esta consumiendo en un inicio la flecha previamente lanzada y luego golpeando a la joven, quien no se inmuto a pesar que las llamas la rodearon, muy al contrario pareció deleitarse con el calor de aquella lumbre incandescente.
-Ikki. – Le llamo con suavidad. – El templo de la guerra se encuentra en lo profundo de un volcán. – Aldana alzo su mano frente a su rostro y amplio aun mas su sonrisa, mostrando aquellos perfectos y a perlados dientes. – Y casualmente la segunda técnica que domine fue el fuego, parece que somos compatibles. – La mano frente a ella comenzó a arder, produciendo una llama anaranjada pero pronto esta comenzó a condensarse y volverse espesa al grado que se transformo en lava ardiente, que cayó sobre el suelo, el cual comenzó a derretirse y creó un boquete. – Es inútil que me ataques con fuego, pues al parecer los dos podemos elevar el calor a la misma intensidad.
-Es una suerte que yo también posea un as bajo la manda. – Le repuso gozosamente, se rasco la nariz. Poco le importaba la amistad que los guardianes de escorpio y acuario tuvieran con aquella mujer, para el simplemente significaba un enemigo que pretendía atacar a su diosa y su deber era acabar con ella a como diera lugar.
-Veamos qué es lo que tienes, claro si logras hacerlo. – Aldana corrió hacia él, con las dos lancetas de su arco.
-¡Puño fantasma del ave fénix! –
Aldana hizo brotar frente a ella una inmensa oscuridad, que consumió el destello lineal del ataque de fénix, que se perdió en la inmensidad de aquella negrura, la peli azul golpeo con su pierna su pecho derribándolo en el suelo y le clavo la navaja de su arco en el estomago, la chica retorció su arma provocando que la herida del fénix se hiciera más grande.
-¡Hermano! – Grito Shun a lo lejos.
-¡Ikki! –
-¡Te lo advertí Athena! – Rugió exaltada la joven, pero de pronto sus ojos que veían como brotaba la sangre del caballero, voltearon hacia Athena amenazantes, pero pronto desvió su mirada hacia el resto de los berserkers, fue tan solo una mirada de segundos pero fue lo suficiente para un ejército que estaba entrenado en la guerra para comprender.
Aldana tomo una daga que traía en su pantorrilla y la clavo en el pecho de Ikki en un intento de matarlo de un golpe y antes de retirarse se aseguro que su arco estuviera enterrado perfectamente en el abdomen del caballero.
Para ese momento que tan solo fueron segundos, el resto de los berserkers que peleaban con Hyoga y Seiya, comenzaron a lanzar descontroladamente llamaradas de fuego, con el objetivo de condensar aun más el humo que se respiraba e imposibilitar la visión de estos caballeros.
Cesar que tenia a Shiryu aun por el cuello, lanzo el cuchillo con el cual le había amenazado hacia la cadena de Shun que apresaba la mano de Scatha, en la cual llevaba la daga que Ares les había confinado para segar la vida de Athena, así que la pelirroja se sacudió y la lanzo hacia Aldana, quien se apoyo sobre sus manos, para impulsarse y dar un giro y tomarla en el aire.
La acción de los berserkers fue tan solo de unos segundos, que apenas los caballeros pudieron seguirles el paso a aquellas acciones, pero cuando Milo y Camus vieron a Aldana aproximarse hacia Athena no dudaron en enfrentarla.
-¡Nuestro objetivo siempre fuiste tú Athena! – Aldana cayó al suelo al lado del cuerpo de Ikki, tomo el cuchillo que previamente había clavado en el pecho de este y libero una gran cantidad de fuego que freno el aire gélido que Camus lanzo, pero aprovecho la brecha que hizo su ataque para clavar aquel cuchillo justo donde Ares había herido previamente al aguador, el punto más cercano para golpear a su corazón.
-¡Camus! – Milo alzo su uña y lanzo un destello rojizo que cruzo el aire, sin embargo Cesar se interpuso recibiendo los golpes y a su vez lanzando una extensa llamarada sobre Milo que lo envolvió y aunado a la fiebre que ya azotaba el corazón del escorpión, le sofoco al instante.
-"Ares me recompensara haber matado a Athena" – Aldana lanzo la daga desde el aire y descendió al suelo para ver como Athena moría, sin embargo pronto noto una sensación extraña en el pecho, como si le hubieran dado un piquete, pero estaba segura de que Milo no la había alcanzado con su técnica. Así que volvió los ojos con suavidad a su pecho y noto como tenia incrustada en este una rosa blanca que comenzaba a teñirse de rojo lentamente. - ¿Qué… que es esto?
-¡Excalibur! – La daga fue interceptada por la filosa espada de Athena, que golpeo el arma lanzándola lejos de su diosa, Shura se situó frente a Saori, no sin antes mirarla de reojo para asegurarse que no estaba lastimada. – Disculpe la demora diosa Athena.
Aldana llevo su mano para arrebatar la rosa de su pecho, pero pudo sentir como un hilo de sangre salía de la comisura de sus labios y caía sobre el dorso de su mano, fue entonces que reparo en el caballero que estaba a escasos dos metros de ella, mirándola con crueldad.
-Esa es la rosa sangrienta, en un principio es blanca pero eventualmente se teñirá de rojo con la sangre de todo tu cuerpo, es inútil que te la intentes quitar pues para entonces tú abras muerto. – Afrodita le dio la espalda sin la intención de perder su tiempo.
-Drena mi propia, sangre. – Afrodita se volvió en el momento en que la chica se desplomaba, sus rodillas flaquearon y golpearon el piso, para después caer sobre su pecho, su cabello cubrió su rostro y la armadura de un berserkers se disolvió en cenizas que fueron arrastradas por la corriente de aire que se coló, quedando en su lugar el hermoso vestido de la joven, que fue cerrando lentamente los ojos, a la vez que la paz retornaba a su rostro.
-¡No! ¡Afrodita retira la rosa de su pecho! – Milo detuvo un puñetazo de Cesar, el cual retuvo entre sus manos. -¡Afrodita!
-¿Qué? – El santo de piscis compartió una mirada confusa con Shura que estaba al lado de Camus intentando sacar el cuchillo que tenía clavado en el pecho. – Pero…
-¡Confía en mi Afrodita! – El sueco arrugo el ceño confundido, se volvió hacia la chica que yacía en el suelo, con la flor aun en su pecho, pero esta ya no tenia estrías rojizas si no amplias franjas escarlatas, pero aún si retiraba la rosa podría sobrevivir. - ¡Afrodita!
-Ella… es ino…cente. – Camus se apoyo en el hombro de Shura y miro de reojo a su vecino.
-¿Qué ha pasado Camus? – Shura miro al aguador desconcertado.
El rostro de Afrodita reflejaba la batalla interna que estaba librando en ese momento, pues sus ojos claramente le habían mostrado como aquella joven había estado a punto de acabar con Athena, sin embargo temía volver a desconfiar de Milo y equivocarse, como antiguamente lo había hecho, en la isla Andrómeda.
-Bien. – Menciono receloso, se hinco con rapidez haciendo que su capa pulcramente blanca se deslizara por detrás de él, sus ojos celestes se frenaron en el rostro de la joven, que se encontraba inconsciente, mientras su mano se dirigía a la rosa semi-cobriza, la retiro con suavidad, espero ver alguna reacción en el rostro de la chica, pero no ocurrió nada. Afrodita llevo su mano al cuello de ella para cerciorarse que aun seguía con vida, sintiendo como el pulso de sangre respondía tenuemente. – Esta bien.
-¡Basta ya! – Athena elevo su cosmos, que produjo una onda expansiva que redujo las grandes llamaradas a tan solo humo que sobresalía de los objetos quemados, se acerco a Camus y pudo sentir el gélido aire que emanaba la armadura y el cuerpo de su guardián, coloco con tranquilidad su mano sobre aquella herida letal y debilitante de su caballero, utilizando parte de su cosmos para sanarlo. – Berserkers su dios les ha abandonado y…
-El señor… Mientras mi señor Ares… siga de pie, su ejército jamás flaqueara. – Aldana abrió sus ojos ámbares, mientras apoyaba sus manos sobre las ennegrecidas baldosas del santuario, en un intento vano por levantarse.
-Repliéguense. – Cesar se alejo de Milo, llamando a todo soldado presente en aquel lugar, Scatha prácticamente destrozo las cadenas de Shun para obedecer a su comandante y Aldana fue auxiliada por un soldado raso que se aproximo hasta ella para ayudarla a llegar a un lado de Cesar. - ¡Hijos de la guerra! ¡Nuestro señor, nos dio vida de nuevo, por lo que le pertenecen, nadie puede morir o abandonar esta pelea hasta que destruyamos a Athena y sus santos, pues quien lo haga esta traicionando al gran dios Ares! – Cesar alzo su espada al techo humeante del edificio y pronto el ejercito aun en pie coreo el incesante ¡Matar!¡Matar!
Los cinco santos de bronce se replegaron contra Athena mientras acuario, capricornio, escorpio y piscis rodeaban a la deidad de la guerra, al parecer el espíritu de combate de los berserkers no tenían limite, pero el de un santo tampoco, ambos ejércitos provenían de dioses guerreros con fines distintos para una victoria, no importaba los sacrificios que tuvieran que hacer para ello.
…
-¡Explosión de galaxias! – El cielo se ilumino con una densa bruma anaranjada que recubría los destellos de la profunda noche, los inmensos astros se incineraban a manos de aquel magnánimo cosmos, que destrozaba la fuerza vital de aquellos mundos para crear una impresionante supernova que arrasaba con todo a su paso.
El imponente océano que estaba frente a ellos se sacudió con fuerza golpeando sin clemencia el muro de arena y riscos en su vertiente más alta, logrando succionar a sus profundidades parte de ellas, sin embargo aquellas olas que se aventuraron más allá del límite y se pusieron en contacto con la explosión de galaxias del gemelo, se vieron destrozadas y evaporadas al instante.
Su ataque se dirigió horizontalmente hacia el dios mítico que sonrió con sorna al ver aquella imponente descarga de energía acercándosele, pero antes de que le golpeara apareció entre sus manos un objeto circular de metal, que brillaba de un color plateado violáceo, le aferro con fuerza frente a él y la explosión cósmica del gemelo golpeo su escudo, aquel que era impenetrable e irrompible, incluso hasta para un dios.
La fuerza de la explosión de galaxias comenzó a empujarlo hacia atrás, formando un surco de arena por donde sus piernas habían pasado, así que se aferro con más fuerza al escudo y se planto firmemente, elevo su cosmos, haciendo que su cuerpo fuera rodeado por un aura roja y que recubrió el escudo, que comenzó a brillar intensamente de un color carmín.
-Destrúyete tu mismo Saga. – La luz del escudo comenzó a intensificarse aun más, absorbiendo la explosión de galaxias en su interior, consumiéndola por completo y resguardando en su interior la imponente técnica del gemelo. Saga miro con desconfianza aquel escudo que resplandecía aun más que un espejo y se dio cuenta de que la luz escarlata que en un principio tenia se había tornado dorada.
El escudo vibro en las manos de Ares y pronto de este broto un enorme rayo de luz dorada, que explayo en toda su extensión a su propia explosión de galaxias contra él, retrocedió sintiendo que el poder de su técnica había aumentado al doble y destruía colosalmente todo.
-Otra dimensión. – El agujero negro se abrió engullendo en su profundidad la explosión de galaxias, pero por unos segundos, sintió el calor de su técnica abrasándole las palmas de las manos, pero se obligo a sostener abierto el portal, pues de otra forma las consecuencias serian peores si su propia técnica le golpeaba.
-¿Y ahora Saga que es lo que vas a hacer? – Ares extendió las manos a los lados, sosteniendo en su mano izquierda su escudo, dio un paso hacia él y comenzó a materializarte una nueva armadura sobre sus ropas de piel negra, Ares estiro su mano derecha hacia el cielo y en este se deposito un casco, el cual el dios sujeto y se coloco sin reparos. – Soy el dios de la guerra y te probare la suerte que tuviste al tenerme como aliado y no como tu enemigo.
Ares se desvaneció en el aire sin dejar rastro, por lo que intento rastrearlo con su cosmos, sin embargo le fue imposible detectarlo, por unos segundos creyó que el dios de la guerra retornaría sobre el salón patriarcal para atacar a Athena, sin embargo tampoco en aquel lugar pudo percibir la presencia del cosmos oscuros del dios de la guerra.
Llevo sus ojos de un extremo a otro de la playa, intentando localizar al dios que sin duda estaría demasiado cerca de él, acechándolo, aunque desconocía como le era posible a Ares ocultarse de su propio cosmos.
Se vio lanzado al suelo con fuerza, al sentir como un puñetazo le golpeaba la cara directamente, reventándole el labio y produciéndole un moretón casi al instante en la mejilla, cayó de bruces al suelo y la sangre comenzó a resbalar por su rostro, pudo percibir el sabor metálico en su boca, se limpio con el dorso de la mano, el liquido que sobresalía de su labio y observo con un profundo odio a Ares.
-Me has tenido a un metro de ti y ni siquiera me has detectado Saga. ¿Acaso de esta forma planeas vencerme? – Ares se materializo a escasos metros de él y se burlo, asestándole una patada en el rostro. – Este casco es capaz de esconder mi cosmos, tornándolo completamente invisible, ni siquiera el mismo Hermes podría dar conmigo si lo llevara puesto.
-Entonces tendré que quitártelo. – Sonrió a medias con sorna y se incorporo, acumulando en su mano derecha una gran cantidad de su cosmos, esperando que el dios ejecutara su siguiente técnica, sus ojos analizaban la mirada del pelirrojo, su respiración, sus movimientos, la forma en la que estrujaba el escudo con su mano izquierda.
-Se te olvida Saga que conozco todas tus técnicas. – Sonrió el dios materializando en su mano derecha una larga jabalina plateada, la cual llevaba amarrado casi a su filo un dije resplandeciente con la forma de la luna; debido a que aquella arma era el regalo que Artemisa había entregado a Zeus para entregársela a él, como un detalle entre la buena voluntad entre hermanos, un regalo que ni siquiera Athena había recibido de ningún dios.
Pues mientras esta estaba dotada de sus propios recursos divinos y humanos, las armas a su servicio, eran las armas creadas por los mismos dioses. Athena podía ser la diosa de la guerra para los humanos, pero él era el dios más temible de la guerra incluso para los dioses, todos temían a su ira y su poder.
-Jamás me conocerás por completo, pudiste controlarme Ares pero ahí una parte de mí que jamás vas a vencer. –
-¿Así? – Ares tomo la jabalina y la apunto hacia él, con una sonrisa llena de incredulidad.
-No puedes doblegarnos por completo Ares, una parte de nosotros siempre se revelara contra ti. – Saga incremento el cosmos dorado sobre su mano, haciendo que de esta brotaran enormes descargas de energía.
-Y justamente Saga es la parte que no necesito de ustedes. – Ares ciño su mano alrededor de la jabalina y la arrojo hacia el gemelo mayor, quien había sido su contenedor en la antigüedad.
Por su parte Saga lanzo aquel puñetazo con fuerza, lo que ocasiono que el cosmos que rodeaba a su mano, saliera despedido en una impresionante columna dorada hacia el dios, pero aun cuando su ataque se explayo en potencia siguió con su mirada el arma del dios de la guerra, sin embargo a mitad del su trayecto le vio desaparecer, fusionándose a la perfección con el aire. Alerto todos sus sentidos en un deseo de poder detectarla sin embargo esto le resulto imposible, por lo que rápidamente creó una ilusión, multiplicando su figura para poder evitar que la jabalina le impactase a él.
-¿Crees poder engañarme a un dios? – Ares freno su descarga cósmica con su escudo que en esta ocasión se limito a absorber el ataque, sin regresárselo. Le observo levantar la mano al cielo y al instante pudo apreciar que la jabalina se encontraba a escasos centímetros de una de sus ilusiones, esta regreso a su dueño, el cual la tomo y la clavo en el suelo con fuerza. – Escóndete de esto Saga. ¡Ataque de las mil guerras!
Ares concentro en un instante todo su poder en su puño derecho y le exploto, miles de rayos salieron expedidos de su mano, los cuales se movieron a mayor velocidad que la de la luz, por lo que sus ilusiones poco a poco fueron destrozadas por el poder del dios, el mar se sacudió con fuerza retrocediendo al ataque de la divinidad, en la arena se crearon grande boquetes donde los rayos impactaba con fuerza creando posos de agua, cuando el agua llegaba hasta ellos.
Retrocedió intentando esquivar aquellos haces incandescentes que superaban por mucho las técnicas de electricidad de Aioria y Aioros, pues daba la impresión que aquel ataque era descargado desde 1000 puntos de ataque diferentes por lo que eventualmente le resulto imposible esquivarlos, abrió la otra dimensión para evitar que le golpearan, lo que le cegó durante unos instantes, pues la descarga electica reducía mucho su visión.
Ares se deleito al comprobar que Saga había hecho lo que él quería, llevo su mano a su jabalina que permanecía clavada en el suelo y saco su punta de la tierra, en esta ocasión la alzo con tranquilidad pues sabía que el gemelo estaba entretenido con su ataque y le resultaría imposible ver lo que haría, así que sin más la arrojo.
Manipulo con su cosmos el vuelo y la trayectoria de su jabalina para evitar que fuera absorbida por la otra dimensión del gemelo, haciendo que esta girara en torno al caballero de géminis y de la misma forma en que había asesinado a Ker, lo hizo con Saga pues clavo exitosamente su arma en la espalda del geminiano, que observo sorprendido como la punta de la lanza de Ares se asomaba atraves de su pecho y estaba teñida completamente de rojo, aquel era el liquido vital que Ares y sus guerreros clamaban como pago por la osadía de enfrentarlos…la sangre.
…
Continuara…
Sé que me faltaron escenas pero el capitulo ya es de por si largo, por lo que muy probablemente las incluya en el siguiente capítulo. Muchas gracias.
Me imagino a Athena diciendo: Estúpida, mis dorados, idiota…
Comentarios:
Andy: Errores humanos jaja lo importante es que lo leí. Todo bien las musas al cien, pero el tiempo no tan bien. Perdóname soy acuario yo y la paciencia es todo un don en mi, así que discúlpame tu a mi si a veces tardo, pero tú ya merito llego. Me mataste con tu primer comentario, morí de risa primero por lo de la dieta y luego por lo de la licuadora. Siendo un caballero digamos que las vacaciones son de apenas unos minutos, porque después debes volver a la realidad.
Ana: Pues aun no está completamente salvado jajaja y tendrás que esperar al siguiente capítulo lo siento. Pues creo que en el infierno hice una especie de redención para Persefone y prolongue la vida de Radamanthys. Soy una rompe corazones y me encanta las tragedias así que tal vez una de esas muchachas enamoradas de Saga y Camus no viva para contarla. Si Shion si quería a Kanon pero aún el mismo siendo patriarca no se atrevía a ir en contra de los preceptos en los que creció; acerca de que el segundo geminiano debía ser ocultado. Saga está peleando contra un dios, así que no sabremos si termine bien parado en ello. Lo sé, lo sé DM es un amor, pero de lo bueno poco. El descanso vendrá pronto, pero para ello ocupo mermar con guerreros y acabar batallas y entonces, solo entonces Shaina-Milo se reencontraran, Afrodita y Shura tendrán que ayudar a los bronceaditos. No puedo decirte quien muere y quien no, todo va conforme a la maldad en mi alma.
Pyxis and Lynx: Saga y Ares es una batalla épica, no solo por la fuerza de ambos, por ser un humano contra un dios, porque ambos se conocen si no porque deben salirse de su zona de confort para poder vencer. Mu es dedicado a su labor y no volvería a dejar a Kiki. No solo fue una paliza a Mascara de verdad fue una golpiza épica, enfrento la ira de dos dioses con orgullo y bueno que decir de Hades y Persefone. Scatha y Aldana son guerreras y al igual que los santos van a dar su vida si es preciso por Ares. Y tienes razón tal vez no acabe bien.
Joana: Pronto los santos tendrán su descanso lo prometo. Me dio risa lo de la silla jajaja. Ares conoce a Saga y ello le da una ventaja, además que sus armas WOW le hacen muy buen paro.
Lady sailor: Pues hasta ahora quien ha sido golpeado es Saga, espero que te haya gustado lo de Hades- Persefone pero quiero pensar que en realidad esa es su realidad.
Darkmiss01: Afrodita y Hestia no son diosas guerreras aunque se defienden por sus medios. Cuando me réferi a que Hades desapareció no me explique bien, pero a lo mejor lo hice mejor en este capítulo. Respecto a cómo Artemis ve a Hades es su parte de la historia, ella jamás ha visto como el dios del inframundo es con su hermana, por lo que solo se limita a creer que Hades la cambio. De hecho quise a alguien con un nombre rimbombante que significara algo y Cesar vino a mi mente. Tendrás que esperar para ver como es la batalla entre Shion y Dokho.
De verdad me hiciste plantearme la pregunta de los celos y puede que en realidad los tenga, nunca en su vida Ares desarrollo una relación con sus hermanos o compañeros de batalla, el siempre ha luchado solo y es por ello que Saga se ha dado cuenta de lo mal que la ha llevado el dios, pues siempre ha sido marginado de los suyos, mientras a Athena la colmaron de gloria a él lo dejaron al margen. Y créemelo nunca me fastidias de hecho me hacen pensar, muchas de la formas que he moldeado a Ares ha sido por ti. Por ello muchas gracias y tratare de leer esos libros.
Como que creo que a ti te gustan muchos los villanos jaja.
ClarissaMorgenscest-Mischief: Viste a Aioros jajaja deseo cumplido, pero quien ha parado a Aioria ha sido Shaka, creo que se debían esa pelea. ¿Qué tal Hades y la misión que le hecho a Rada?
Diosadegeminis: Muchas gracias por tu comentario. Espero tener noticias pronto de ti, ya que siempre son bien aceptados los comentarios y dudas. Y pronto me veras por tus historias.
Mugetsu-Chan_xd: Soy mala lo sé, me gusta hacer sufrir a todos. Quise notar más en este capítulo el porqué Persefone decidió quedarse en el inframundo y espero haberme expresado bien Lastimeramente deje a Mucito en agonía pero ya el prox. Cap. Lo verán.
LadyMadalla-Selene: Perdona mi maldad. 1) Se que hago sufrir a esas chicas y a Camus y Saga pero era justo y necesario. 2) Si me jodi muy feo a Marín espero y me perdone jajaja porque creo que si tuviera oportunidad me golpearía pero muero por su reencuentro y también el de los venenosos. 3) Creo que Hades quedo bien aclarado en este momento. 4) Disfrute tanto escribir del reencuentro de Rada y Pandora de verdad lo disfrute porque me imagina sus caras.
Artemiss90: Y la guerra ardera aún más tanto como el caballo de Troya. Gracias por tu comentario.
Atte: ddmanzanita.
