Capítulo 8
Debería estar estudiando y no bebiendo una botella de vino blanco entera con sus amigas.
Tenten había irrumpido en el apartamento con una selecta redoma, obsequio de su nueva conquista; se trataba de un exquisito licor de frutas blancas, con notas minerales de granito, vainilla y clavo, perfecto para la ocasión.
A pesar de que opuso resistencia, al final se dijo a si misma que una copa o dos no le caerían nada mal. El trabajo la tenía al borde del colapso físico y juraba que, en uno de esos días, terminaría por desplomarse cerca de uno de los pasillos del hospital.
Si bien compartía el apartamento con sus dos mejores amigas, era extraño que sus horarios coincidieran, a esto se le sumaba las agendas personales de cada una: la castaña había formalizado su relación con Hyuga Neji, lo cual, significaba que los ratos libres los pasaba a su lado, por su parte, Ino continuaba saliendo con Shisui mientras tonteaba con Shikamaru, argumentaba que mientras ninguno de los dos se decidera a establecer una etiqueta, tenía el derecho de hacerlo, y respecto a ella, llevaba soltera cerca de dos años, no buscaba una relación seria o intentaba hacerse creer que no la necesitaba, sin embargo, desde hacía varias semanas, no tuvo más remedio que admitir sus sentimientos hacia su jefe, mentor y hermano de su ex prometido, confundiéndola aún más de lo que ya estaba.
—Hay algo realmente raro contigo, frentona— Ino la miró con perspicacia, al tiempo que llevaba la copa de vino a la altura de sus hermosos labios, acentuados por el brillo labial.
— ¿Tuviste sexo con Sasuke?— preguntó Tenten, sirviéndose otra generosa cantidad de vino.
— ¿Qué?, por supuesto que no— replicó con calma, intercalando la mirada en el rostro de ambas.
Le tranquilizaba el saber que Sasuke se encontraría lejos de la ciudad durante un mes. El heredero del legado Uchiha se encontraba en Uzushiogakure para cerciorarse que la apertura de su nueva franquicia marchara según lo esperado, por lo tanto, no debía preocuparse por acudir a recepciones agobiantes o fiestas aburridas.
Estaba cansada de mostrarse como el ornamento del azabache, lo detestaba desde que eran novios. Sin embargo, ¿Por qué seguía complaciéndolo?, aun lograba entenderlo; sus amigas argumentaban que aún lo amaba, y si aquella afirmación tenía algo de verdad, también lo tenía de mentira. Si, todavía lo amaba, pero no como antes, valoraba su amistad y el apoyo que le brindó durante muchos años, no obstante, el romanticismo se había esfumado y se preguntaba si alguna vez existió eso entre ellos.
A pesar de las condiciones impuestas en el acuerdo prenupcial, Sasuke se había encargado de violar todas y cada una de ellas categóricamente. Sabía que el azabache mantenía una relación romántica con Hinata Hyuga, los contempló besarse en la recepción de beneficencia, mas no dijo nada, al contrario, aguardaba el momento apropiado para echárselo en cara. La chica era su boleto de salvación.
En cuanto a Itachi, lo consideraba un bálsamo para su alma rota, brisa fresca. Era distinto a Sasuke a pesar del parecido físico. Conforme los días pasaban, se encontraba más cautivada por su inteligencia y forma de actuar con ella. El coqueteo continuaba, tan sutil como les era posible. No obstante, moría porque aquello se hiciera realidad, por degustar sus labios y probar el sabor de su piel, por escucharlo recitar su nombre una y otra vez.
—Sasuke está saliendo con Hinata Hyuga— repuso. Dio un largo trago a su propia copa, la idea de tomar un poco siendo desechada en ipso facto.
—No me sorprende, Sasuke es un canalla.
— ¿En serio no continuas acostándote con él?— indagó Tenten con tono dramático.
—No— apostilló la pelirosa, poniendo los ojos en blanco.
—No lo creo, frentona.
—La última vez que estuvimos juntos fue antes de romper el compromiso— explicó Sakura, lanzando un suspiro—. Creímos que el sexo de reconciliación funcionaria esta vez.
Su madre nunca aprobó el compromiso, y sus amigas se mostraban de acuerdo con ellas. Mebuki afirmaba que era una mocosa obstinada y terminaría casándose con él solo para causarle un disgusto. Sakura lo veía de otra forma; Sasuke fue el primer chico que se interesaba en ella románticamente, si bien, la manera en que demostraba sus afecciones era extraña, comenzar el casto romance en la preparatoria y lo formalizaron en la universidad, con un hermoso anillo de diamantes. Mikoto y Fugaku esperaban una esposa modelo para el menor de sus hijos. El pelinegro heredaría un imperio y se entreveía que el deber de la pelirosa era comportarse como una esposa apacible, obediente, sumisa. La idea nunca termino de decantarla y poco después comenzó la residencia, sin embargo, Sasuke no demoró en obligarla a elegir.
—Como sea— dijo la rubia—. Avísame cuando consideres prudente superar a ese idiota para conseguirte unas cuantas citas— murmuró en un afectado tono de condicionalidad, guiñando un ojo.
Sakura bebió en silencio, sopesando si era prudente hablar con sus amigas respecto a lo que sentía por Itachi o mantenerlo resguardado. Lo cierto era que necesitaba un consejo, y charlar del tema seria como quitarse un peso de encima.
—En realidad…hay alguien, un hombre— espetó, tamborileando los dedos sobre la copa.
Consternación, estupor y genuino entusiasmo, cruzaron por los rostros anonadados de las ahí presentes. Tan rápido como la confesión quedo suspendida en el aire, Ino y Tenten reservaron las preguntas para el final, no sin antes rellenar la copa semi vacía de la pelirosa; un poco de alcohol la obligaría a hablar más.
No era estúpida, solo les otorgaría algunos detalles para no desvelar a bocajarro sus sentimientos.
— ¿Quién es?— cuestionó Tenten, llevándose un aperitivo a la boca, expectante.
—Se trata de Itachi Uchiha, mi jefe— confesó, aliviada.
— ¡Ja!— exclamó Ino—. ¡Te lo dije!, ahora puedes saldar tu deuda— agregó, dirigiéndose a Tenten con una expresión de autosuficiencia.
— ¿Estaban apostando?— preguntó la pelirosa, ofendida.
—Ino dijo que tarde o temprano sucumbirías a los encantos de tu jefe, yo argumente que era imposible, por la forma en la que hablabas sobre él sonaba a que lo odiabas— explicó la castaña, encogiéndose de hombros.
Haciendo gala de su sexto sentido que la hacía percibir cosas a lo lejos, Ino había acertado por milésima ocasión.
—Te atraen los chicos que parecen cretinos, frentona— sonrió con donaire.
Sakura se encogió de hombros. Detestaba ser tan transparente.
—En fin, hace una semana me trajo a casa— desveló, quizás por los efectos secundarios del alcohol o porque realmente necesitaba confesarlo. Se sentía como una adolescente reprimida fantaseando con su profesor, que a la vez era su jefe, y hermano mayor de Sasuke.
—Vaya, eso va más allá que un simple enamoramiento— razonó Ino, reclinándose en la silla de madera.
— ¿Se besaron?— indagó Tenten, penetrándola con la brillante mirada.
—No— resopló Sakura, enrojeciéndose hasta la raíz del pelo.
—Suenas como una mojigata— acusó Ino.
Sakura esbozó una sonrisa. Tanto ella como su amiga sabían que de mojigata no tenía ni un pelo. No obstante, pensaba en las consecuencias de lo que una posible relación con Itachi podría traerle. Sus compañeros la detestaban, y comenzaban a creer que ella ejercía cierto poder sobre el jefe, por eso obtenía las mejores cirugías.
—Ambas están olvidando algo muy importante, Itachi es hermano de Sasuke— recordó, bebiendo un largo sorbo de vino después.
—No encuentro nada de malo en eso— dijo Tenten—. Es algo inusual, por supuesto, pero tu relación con Sasuke termino. Eres una mujer adulta y autosuficiente para decidir que está bien o que está mal.
—O puedes aguardar unos meses a que finalice el año — sugirió la rubia, vertiendo más líquido en su propia copa—, y cogértelo en el cuarto de suplementos o sobre su escritorio— concluyó, lanzando una carcajada.
Pocos segundos después, tanto ella como la castaña, acompañaron a Ino con risas y unas cuantas lágrimas.
— ¿Qué pasara con Sasuke?— siseó.
—Grabaras un pequeño video y se lo enviarás, quizás pueda aprender una cosa o dos.
El bullicio del beeper cortó de tajo sus pensamientos. Alguien solicitaba su presencia en la sala de espera.
Mientras se desplazaba con pereza por los inmaculados pasillos del sanatorio, se preguntaba el motivo por el cual la llamaban. Debía tratarse de algo sumamente importante, puesto que el tiempo de consulta había finalizado hace dos horas.
Al llegar a la sala de espera, Sakura contempló a las figuras que aguardaban por ella; la mujer llamaba la atención de la habitación. Era delgada y de aspecto aristocrático, con el cabello tan lóbrego como la oscuridad de la noche y una postura recta como una baqueta, vestida con un elegante conjunto compuesto por una blusa satinada de cuello alto color esmeralda, y unos pantalones negros, haciendo juego con un par de zapatillas de tacón alto. En ipso facto, reconoció a la dama como Mikoto, la madre de Sasuke, y por ende también de Itachi.
Mientras se acercaba, Sakura notó por primera vez el parecido de Itachi con ella. A pesar de la expresión mortalmente serie en la faz de la pelinegra, aquello no lograba opacar sus facciones garbosas y su juventud antinatural. Mikoto era una mujer elegante, provenía de una familia adinerada, al igual que Fugaku, sin embargo, distaba de ser la madre cálida y amorosa, actuaba como un sargento en cuanto a la vida de sus hijos se refería.
Tomó una enorme bocanada de aire. Sabía que ella la detestaba, lo dejó en claro cuando se rehusó a regalarle el anillo de compromiso a Sasuke, una exquisita pieza de joyería que según la tradición Uchiha pasaba de generación en generación. Si bien, la convivencia entre ambas era escasa y limitada, Sakura entreveía que no era santo de su devoción. No iba a culparla, a final de cuentas ella termino el compromiso de manera intempestiva, sin otorgar una explicación.
—Doctor Uchiha— saludó con un carraspeó—. Mikoto-Sama— añadió, situando la mirada lemanita sobre el rostro perfectamente maquillado de la aludida.
—Oh, Sakura-chan, que sorpresa— dijo Mikoto, como si no tuviera idea de quien podría ser ella—.Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
La pelirosa sonrió incomoda. Nunca vislumbró un reencuentro entre ella y la persona que pudo convertirse en su suegra. Cuando su relación con Sasuke llegó al fin, imaginaba que tampoco debería lidiar con él o con algún otro Uchiha. Tristemente, la vida se encargaba de hacerle saber, una vez más, que nunca nada es como alguien lo imagina.
—Dos años— recordó Sakura, mientras contemplaba de reojo a Itachi—. Hablamos por última vez hace dos años, desde que…
—Desde la cita en la boutique para elegir tu vestido de novia. Lo recuerdo— respondió Mikoto amablemente.
Sakura tensó la mandíbula, limitándose a encogerse de hombros, incomoda. Lo último que deseaba era que Mikoto ventilara los pormenores de una boda que nunca se llevó a cabo, en especial frente a Itachi.
—Madre— llamó Itachi, acudiendo al rescate tal príncipe en armadura dorada y corcel blanco—. Papá aguarda en la habitación— le recordó en voz baja.
—Es cierto— espetó la elegante dama haciendo un mohín con las manos—. Me impresionó ver a Sakura después de tanto tiempo, nunca mencionaste que trabajaban juntos— Mikoto contempló a Itachi con recelo.
—Lo lamento— se disculpó el azabache, clavando una mirada apenada en el rostro pálido de la chica—. El deber llama, estoy seguro que la doctora Haruno te pondrá al tanto de su vida en un momento.
Mikoto ignoró el sagaz comentario de su primogénito, emprendiendo la marcha por el angosto pasillo hacia la habitación donde reposaba su esposo.
Al ingresar en la cámara, notó el cuerpo inconsciente de Fugaku sobre la camilla. Las enfermeras se habían encargado de atenderlo antes de realizar una revisión a fondo, no obstante, dadas las circunstancias, sería toda una encomienda averiguar qué aquejaba al padre de Itachi.
Sin más remedio, se situó a lado de la camilla, alcanzó el expediente y comenzó a leerlo. Al parecer, Itachi tenía en claro el diagnostico, no obstante, aún no comprendía por qué motivo la había citado si todo estaba bajo control.
—Sasuke no demorara en llegar— le dijo Mikoto a su hijo en voz baja—. Viene en un vuelo comercial de regreso, arribara cerca del atardecer.
Nuevamente, Sakura notó como su cuerpo era atacado por dolorosos y prolongados espasmos. El hermano de Itachi estaría acompañándolos dentro de poco tiempo, tal información no lograba aplacar sus nervios. La idea de contemplar en el mismo sitio al hombre con el que estuvo a punto de casarse y al otro por quien comenzaba a desarrollar sentimientos románticos era completamente aterrador.
Atisbó a Itachi por el rabillo del ojo, percatándose que ella no era la única persona que se sentía tensa con la noticia. A pesar de mantener la cabeza erguida y la mirada fija en el talente de Mikoto, lucia nervioso e intranquilo.
Fue en ese instante que Sakura desveló las oscuras razones del porqué Itachi la había llamado; no solo tenía que ver con la rotura del aneurisma que sufría su padre, sino también para brindarle las fuerzas que le faltaban para enfrentar a su madre. Si la relación era tan aciaga como lo decía, no era extraño que se sintiera avasallado por la presencia de las personas que en el pasado le dieron la espalda.
Sintió rabia e impotencia. Itachi era un hombre justo, amable y servicial. Tenía la certeza de que también fue un buen hijo, pero que su único error fue tomar un destino diferente al que sus padres imaginaron.
—Lamento interrumpirlos— se disculpó, haciendo un esfuerzo sobrehumano para contener el enojo que la embargaba—.Debemos intervenir quirúrgicamente si queremos que el tratamiento tenga resultado— espetó, dirigiéndose a Itachi.
El azabache asintió con un leve movimiento de cabeza.
—Estoy segura de que ambos harán un trabajo maravilloso— Mikoto sonrió.
— ¿Puedo hablar un momento a solas con usted?— cuestionó Itachi, pensativo.
Extrañaba escucharlo recitar su nombre; amaba la forma en la que degustaba cada silaba, como su voz sonaba ronca, demandante y arrulladora cada vez que lo hacía.
—Por supuesto— accedió sin pensarlo, siguiéndole los pasos al exterior de la habitación. Sus ojos verdosos atraparon la imagen atormentada de Itachi. Unas ganas infinitas de abrazarlo y decirle que todo estaría bien la embargaron.
— ¿Cuántas craniectomías descomprensiva has realizado exitosamente?— cuestionó; su voz sonaba controlada forzosamente.
—Dos— aseguró. Aquella era una operación larga; se realizaban sangrientas incisiones y la manipulación de grandes y resbaladizas partes del cuerpo.
— ¿Los resultados?— indagó.
—Favorables en ambos casos, los dos pacientes viven plenamente— respondió, segura y orgullosa del trabajo que había realizado un año atrás.
—Es reconfortante escuchar eso— admitió Itachi hilvanando una sonrisa media, tan perfecta que solidificó la respiración en el pecho de la pelirosa—. Hoy realizaras otra.
La pelirosa se mantuvo en silencio, con los ojos bien abiertos debido a la impresión. Sentía que el mundo se le caía encima, y se preguntaba si acaso Itachi había perdido por completo el juicio. La craniectomía descomprensiva era extremadamente delicada y compleja, un paso en falso generaría un empeoramiento neurológico transitorio o permanente de los síntomas del paciente, que en este caso era nada más y nada menos que Fugaku.
Antes de que el pelinegro se dispusiera a ingresar de nueva cuenta a la habitación, Sakura lo tomó por el antebrazo, frenando cualquier tentativa de huida por parte del Uchiha.
— ¿Perdiste la cabeza?— siseó en voz baja, ofreciendo una sonrisa fingida a las enfermeras que deambulaban por los pasillos—. ¿Por qué no encomiendas esta tarea a un neurocirujano con mayor capacidad?
—He contemplado tu trabajo, Sakura, sé que eres excelente en lo que haces— respondió, calmado.
La sangre se le precipitó al rostro, encendiendo sus mejillas con un abrupto sonrojo.
—Pero, ¿Qué sucederá si falló?— indagó, liberándolo de su agarre. Era impertinente de su parte actuar de esa manera.
—Entonces me percatare de que solo eres humana— espetó, evidentemente restándole importancia, quizás para sosegarla.
—Itachi— lo llamó, consternada—. Estamos hablando de tu padre.
Tras un corto silencio de cavilación, Itachi sonrió. Dubitativo, acercó su mano hacia la de ella, rozando sus dedos con una tímida caricia.
—No debes pretender frente a mí, lo sabes— masculló, contemplándolo directamente a los ojos.
Itachi la miró con ganas de contarle todo; sincerarse, pero dado al sitio y la coyuntura en la que se encontraban, se guardó para si la larga y complicada historia de la relación con su familia, ofreciéndole una adusta sonrisa.
La intervención fue un éxito; el grapado y sellado del aneurisma se llevó a cabo satisfactoriamente, sin provocar una hemorragia o derrame irreversible.
Tras la cirugía, Fugaku fue trasladado a la sala de cuidados intensivos, donde permanecería bajo observación y el cuidado de un equipo capacitado. La primera noche seria larga, pero estaba habituada a vivir en la incertidumbre.
Lanzó un suspiro de genuino alivio al abandonar el quirófano, las piernas le temblaban y su corazón palpitaba con fuerza, todavía tambaleaba por la brusquedad de la coyuntura.
Armándose de valor, dirigió su andar hacia la sala de espera, tanto Itachi como su madre deberían estar aguardando por las noticias.
Sakura inhaló profundamente mientras se preparaba para encontrarse con Mikoto, masajeaba su nuca suavemente, intentando disipar la tensión en sus músculos; tomaría un buen baño caliente después de llegar a casa.
Sakura echó un vistazo al panel de vidrio que enmarcaba la vista panorámica del distrito comercial de Konohagakure, maravillándose por el crepúsculo purpura que se asentaba en el horizonte. Había pasado gran parte de la tarde confinada en el quirófano, no le parecía extraño que sintiera el cuerpo magullado y los ojos cansados.
Caminó con pasos renqueantes hasta llegar a la sala de espera; estaba vacía, salvo por Mikoto que yacía postrada en una de las sillas acojinadas, e Itachi, quien permanecía de pie, recargado contra la pared y la mirada fija en el techo.
Cuando se aproximó hacia ellos, atrajo la atención de dos pares de ojos negros, expectantes, ansiosos por saber el veredicto.
—La intervención fue exitosa— anunció, esbozando una sonrisa en un intento por ocultar su consternación—.Será trasladado a la unidad de cuidados intensivos para mantenerlo vigilado.
Itachi se permitió soltar un largo y pausado suspiro; una mueca de gracia cruzó su faz, desvelando sus cinceladas facciones bajo la chocante luz blanca del corredor.
—Es un alivio— respondió Mikoto, llevándose una mano, en mero acto reflejo, hasta el pecho—. No podía esperar menos de ti, Sakura-chan— la apremió, ofreciéndole una gélida sonrisa.
La pelirosa convino con un suave movimiento de cabeza, emulando el gesto de falsa tregua.
—Iré a tomar un café— dijo Mikoto, tomando su elegante bolso de marca— ¿Vienes?— preguntó, dirigiéndose a Itachi.
—No, debo atender algunos asuntos en la oficina— respondió simplemente.
Sin añadir nada más, la pelinegra dio media vuelta y enfiló sus pasos hacia el ascensor más cercano, desapareciendo de la vista de ambos al doblar en la esquina del pasillo.
En silencio, ambos se contemplaron, inseguros de como proseguir. Sakura había cumplido con su trabajo, por lo que respectaba, lo más apropiado era regresar al cuarto de residentes y mantenerse lejos de Itachi. No obstante, para su desgracia, él no pensaba igual.
Ella vaciló por unos cuantos segundos; depuró todas sus posibilidades al tiempo que, nerviosa, cruzaba los brazos a la altura de su pecho, aguardando cualquier posible movimiento.
Se permitió disfrutar de la encantadora apariencia de Itachi. A pesar del semblante cansado, se las apañaba para lucir imperturbable. Aquella noche portaba un traje quirúrgico oscuro, sin bata que ocultara la musculatura de sus brazos
Él le sonrió apremiante; dubitativo estiró una mano hacia ella, situándola sobre su estrecha cintura. Involuntariamente dio un respingo; el tacto de Itachi era ligero, tan férvido como el fuego, era como si la yema de sus dedos quemara. Sus ojos verdosos se posaron en los oscuros de él, crispándose desde la punta de los pies hasta la raíz del pelo al notar el brillo incandescente en su mirada. Alarmada, echó un vistazo por encima de su hombro, si bien, los dos continuaban coqueteando discretamente, Sakura no olvidaba que aún se encontraban dentro del hospital, y que existía la posibilidad de que alguien los encontrara en tan comprometedora situación. No obstante, envió tales pensamientos al carajo cuando él la rodeó con ambos brazos y la atrajo hacia su cuerpo en un abrazo voraz, desesperado.
Instintivamente, pasó los brazos detrás de su cuello, hundiendo la nariz sobre su hombro, inhalando la delicada fragancia varonil que se mezclaba con el almizclado aroma de su cuerpo. Cerró los ojos un momento; su corazón golpeaba violentamente su caja torácica, tenía la certeza que de no ser por el firme agarre de Itachi, terminaría desplomada en el suelo.
Aun cuando deseaba que aquel momento no llegara a su fin, Sakura se apartó al escuchar los pasos resonar por el pasillo.
Una mujer, elegantemente ataviada, apareció desde la vuelta de la esquina y dijo:
— ¿Por qué no mencionaste que tu padre se encontraba enfermo?
Itachi frunció el ceño. Sakura todavía tambaleaba por el abrasador encuentro entre ellos, insegura de cómo proceder.
—Izumi— respondió Itachi, sin atisbos de emoción en su voz.
La aludida saludó al nuevo jefe de neurocirugía con un fuerte abrazo y un beso en la comisura de sus labios, ignorando la presencia de la pelirosa.
Un escalofrió recorrió su espina dorsal al reconocerla como la mujer o ex mujer de Itachi, aún no lo tenía claro. Su corazón dio un vuelco doloroso. Había olvidado la relevancia de Izumi en la vida de su jefe. Era ingenuo pensar que él optaría por lanzar al traste una relación tan duradera para decantarse por una chica de su edad, inmadura, soñadora e ingenua. En ese momento, Sakura recordó cuál era su lugar.
Aturdida por la intempestiva aparición de Izumi, y aprovechando la distracción temporal, pasó de largo a lado de Itachi, solo para toparse con nada más y nada menos que su hermano menor.
Sakura palideció de golpe, contemplando a Sasuke parado tímidamente en medio de la galería. Esperaba que no hubiese contemplado la escena protagonizada por ella y su hermano mayor, aunque no era estúpido, lo último que deseaba era otorgarle una excusa más para retenerla a su lado. Inspiró hondo y decidió que esta vez no actuaría como una psicótica.
No estaba del todo preparada para lidiar con su presencia, aun cuando se había hecho a la idea de que tarde o temprano arribaría al hospital.
—Sakura, dame un minuto— solicitó, obligándola a frenar en seco.
La pelirosa lo contempló, notando la ausencia de aflicción en su rostro.
—Estoy trabajando, Sasuke— susurró con la voz quebrada; ya fuese por la molestia o el dolor.
—Gracias— espetó sin despegar los ojos color ónix de su rostro.
—No hay nada que agradecer, solo estaba cumpliendo con mi deber— se jactó con donaire—. Ahora, si me disculpas— murmuró, pero antes de que pudiera salir de ahí, Sasuke la detuvo, tomándola con discreción del antebrazo.
—Hay algo que debemos discutir, sobre nosotros.
Sakura atisbó la mano del pelinegro y después su rostro. Advirtió como las fuerzas le fallaban; sus piernas temblorosas, la respiración entrecortada.
—Hace mucho tiempo que no hay un nosotros, Sasuke— dijo, molesta, clavando sus fanales esmeraldas sobre los ojos oscuros del azabache, como si fueran dos gélidas balas de metal—. Debo volver al trabajo, hablaremos de esto después.
Sin más remedio, Sasuke la liberó, permitiéndole continuar con su tormentoso camino.
Lanzó una retahíla de improperios al cruzar las puertas del cuarto de residentes. Estaba un poco alterada, debido al sangriento acaecimiento suscitado en la sala de emergencias minutos atrás.
Las manos le temblaban, su traje estaba cubierto de sangre, no de manera dramática, pero si lo suficiente para ameritar un cambio de muda lo antes posible.
Encaminó el paso acelerado hacia los casilleros, extrayendo, apresuradamente, la parte superior del conjunto de repuesto que siempre llevaba consigo. Renegó nuevamente en su fuero interno mientras descartaba la blusa manchada al suelo.
Seguía en shock por todo lo que estaba pasando, desde el abrazo de Itachi, hasta la aparición y su pequeña discusión con Sasuke. Se dio cuenta de que su día no podía ir peor.
Molesta, se dirigió hacia la zona de descanso. Para su fortuna, el lugar estaba completamente vacío, algo inusual a esas horas de la noche. Atenuada, se tumbó sobre una de las camas, clavando la mirada en el techo.
Presionó en el puente de la nariz con ambos dedos, al mismo tiempo que estrujaba los parpados con fuerza. Intentaba disipar la imagen de Itachi correspondiendo el efusivo saludo de su esposa, pero su mente se encargaba de reproducirlo una y otra vez sin descanso. Había sido una tonta, demasiado ingenua para caer en las provocaciones del pelinegro. Suspiró profundo, aunando las fuerzas necesarias para hacerse a la idea de que era momento de alejarse de los Uchiha.
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando alguien la llamó por su nombre. Atrapada en la telaraña de pensamientos, logró reincorporarse al borde de la cama, percatándose de la presencia de Itachi.
— ¿Sucede algo malo?— preguntó, angustiada. Anhelaba unos cuantos minutos de descanso. La última emergencia había agotado todas sus fuerzas, lo último que pretendía era lidiar con Itachi o cualquier otra incomoda situación que surgiera—. ¿Pasó algo grave con tu padre?— indagó, ansiosa.
Itachi cerró la puerta tras de sí, al mismo tiempo que negaba, ceremoniosamente, el ultimo cuestionamiento de la chica.
—Todo se encuentra bajo control— replicó, calmado. Sakura siguió todos sus movimientos con la mirada, alerta. El azabache tomó asiento a su lado, pocos centímetros alejado de ella, esbozando una ligera, pero genuina sonrisa de alegría—. De verdad, aprecio lo que hiciste.
—No es nada, como le mencione a Sasuke, solo estaba cumpliendo con mi trabajo— negó con la cabeza, procurando ocultar el temblor en su voz.
Sakura se sentía abrumada con su presencia. El doloroso recuerdo apareció en el fondo de sus pensamientos una vez más, como un gusano reptante, molesto e incómodo. Quizás era la señal que precisaba para no dar un paso más.
—Noté que tú y Sasuke estaban hablando— puntualizó.
Inmediatamente, la ojiverde abandono su asiento, alzando los brazos para colocarse la blusa que llevaba consigo.
—No es anormal que dos ex amantes charlen civilizadamente— la expresión inquisitiva de Itachi no vario en lo absoluto—. Tú debes saberlo a la perfección— dijo, alisándose la tela de la blusa.
No pretendía que su declaración sonara tan directa y atropellada. Itachi asintió a la par que se ponía de pie.
—Por supuesto— espetó, torciendo los labios.
— ¿Puedo ayudarte en algo más?— preguntó. Los latidos de su corazón superaban el sonido de sus palabras.
Itachi se limitó a negar en silencio, con un gesto ceremonioso. Ella se quedó quieta al darse cuenta de lo cerca que se encontraban. El pelinegro llevó una mano hasta su cabellera, colocando un mechón de cabello que resbalaba por su rostro detrás de la oreja, para después deslizar sin previo aviso, hasta depositarse en la nívea columna de su cuello para acariciarla.
Desde ese punto, Sakura se percató de la intensidad reflejada en el iris media noche del pelinegro; su cuerpo se abrumó. Las caricias de Itachi solo servían para acentuar, aún más, su soflama.
El mundo a su alrededor desapareció cuando él se inclinó hacia adelante, presionando sus caliginosos y tersos labios sobre los de ella. La sorpresa inicial de Sakura se desvaneció rápidamente, no obstante, las dudas continuaron atormentándola, aun cuando Itachi acarició su mandíbula y garganta hasta acunar su rostro. El tacto era cálido, gentil. Respondió con ímpetu cuando los dedos de Itachi se enredaron en el cabello de la nuca, obligándola a inclinarse hacia él, mientras su boca se movía lentamente contra la de ella.
El beso no era apresurado. Itachi estaba tomándose su tiempo para familiarizarse con ella. Podía degustar el sabor a menta del dentífrico y una nota más dulce en la punta de la lengua.
Aquel contacto duró unos cuantos segundos, aun asi, estaba aturdida, demasiado abrumada; sus piernas habían adquirido la firmeza del algodón, estaban débiles y trémulas. Itachi aun la sostenía, su mano descansaba sobre el punto de pulso, contemplándola directamente a los ojos, otorgándole el tiempo suficiente para que ella asimilara lo que acababa de ocurrir.
— ¿Pretendías hacer eso?— finalmente murmuró, oteando la expresión suave en el rostro del azabache. Una sacudida de deleite recorrió su columna vertebral.
—Nunca hago nada sin desearlo— respondió con una sonrisa tan imperceptible como juguetona.
Una extraña sensación de calidez se expandió por su cuerpo al escuchar la declaración. No obstante, mientras la algarabía resurgía desde su interior, la confusión reclamaba un lugar entre sus pensamientos.
Su mente quedó en blanco cuando acarició su mejilla con la yema del pulgar. Itachi sabía perfectamente el efecto que sus caricias ejercían sobre ella.
Una vez más, la única respuesta de Itachi fue una sonrisa descarada, antes de reclamar sus labios con un beso.
Continuará
N/A: Bueno, esto parece concluir en el momento más interesante.
Por fin, la relación de Sakura e Itachi se dirige hacia un rumbo incierto.
Muchísimas gracias por leer y dejar un comentario, en verdad, aprecio muchísimo que dediquen una parte de su tiempo a esta historia.
A sugerencia de Rosangelyta, dejare el significado de la terminología medica en este apartado, en serio es algo que me propongo a hacer en cada capitulo, pero con la edición y revisión termino olvidándolo, asi que, si queda alguna duda sobre alguna palabra en especifico, pueden venir a checar las notas finales.
Sin nada más que añadir, les mando un fuerte abrazo.
Espero leerlos pronto
Hasta la próxima
Aneurisma: Dilatación anómala, localizada en la pared de un vaso sanguíneo, por lo general una arteria.
Craniectomía descomprensiva: Procedimiento quirúrgico en la que se remueve una parte del cráneo para otorgar espacio al cerebro inflamado.
