Capitulo 32 Las huellas del pasado.
Sus pies golpearon duramente el suelo, mientras las barracas a su alrededor quedaban atrás, tenía que alejarse de todas las batallas que estaban ocurriendo a su alrededor y que sin lugar a dudas le desconcentraban, haciendo que en su interior se revolvieran sus sentimientos. En el pasado ni si quiera le hubiera preocupado el resultado de aquellas encarnecidas luchas, jamás le importo la muerte de Shion, de hecho se deleito con ella, viendo una posibilidad a su futuro.
Tampoco lo hizo cuando la guerra de los doce templos exploto, arrastrando consigo a cuatro santos dorados que fueron sus compañeros y amigos en algún momento de su infancia, ni se importuno al sentir como el cosmos de su gemelo se desvanecía en el cielo de Grecia frente a la mismísima Athena.
Pero cuando conoció a Ikki y Athena, se dio cuenta que la orden muy pocas veces le rechazo, él había sido quien por su cuenta se había alejado de ellos y eso quedo demostrado cuando Milo lo probo en el salón patriarcal, pues escorpión no buscaba que en realidad le fuera leal a Athena si no que esta vez fuera a quedarse con ellos para librar las batallas venideras.
Y pudo comprobarlo aún más cuando volvieron a la vida por obra de Athena, pues antes de encontrar rechazo en la orden comprobó que ellos tenían conflictos más graves entre sí, de los que él no pudo llegar a imaginar, pues los doce estaban severamente lastimados por las huellas de su pasado, así que le aceptaron rápidamente, como si esto limpiara de su consciencia las traiciones que se cometieron unos a los otros.
Pero ahora todo era diferente, los unos se preocupaban por los otros y lo que no pudieron hacer en todos aquellos años de entrenamiento lo comenzaron a hacer después de volver de la muerte, pues ya ninguno dudaba de cubrir las espaldas de su compañero. Y era por ello que la batalla entre el patriarca y el antiguo maestro le ponían nervioso, el ataque al salón patriarcal por Ares le preocupaba, pero sin duda la guerra que estaba sobrellevando su gemelo contra Ares lo tenía con los pelos de punta, pues cada vibración del cosmos de su hermano le provocaba una angustia terrible.
Redujo la velocidad de sus pisadas al ver la entrada al gran bosque del santuario, bordeo su orilla por unos segundos y volteo sobre su hombro para observar por el rabillo de su ojo, las grandes columnas de humo que salían del recinto principal, las explosiones cósmicas que resultaban de la batallas que sobrellevaba el santuario. Soltó de golpe el aire que estaba conteniendo y miro al cielo, este se encontraba con grandes nubarrones grisáceos, lo que le hizo pensar que pronto se precipitaría una tormenta.
-Pronto anochecerá. – Se dijo a sí mismo al volver con sus orbes esmeraldas al horizonte. – Todo pinta para una mala noche.
Detuvo sus pasos a un costado del bosque que yacía en una profunda penumbra y el viento provocaba que sus grandes copas ulularan, cerró los ojos permitiendo que el sonido le relajara un poco más, empuño sus manos, sintiendo el resonido de su cosmos en su interior, que iba expandiéndose cada vez más, hasta crear a un halo luminoso a su alrededor que contrastaba con las penumbras de la noche, las partículas de tierra, hojas y piedras a su alrededor comenzaron a elevarse para desintegrarse a causa del calor que emanaba su cosmos.
-El camino de los dioses… - Su cabello se arremolinaba a su alrededor, creando suaves ondas de movimiento, sus parpados se elevaron mostrando sus orbes esmeraldas, en las que parecía observarse el universo en aquel instante que su cosmos centellaba al infinito y que se expandía cada vez más a su alrededor en forma de grandes espículas doradas de energía. – ¡Vamos cosmos arde! – Rugió.
Frente a él, el espacio comenzó a desintegrarse emanando rayos oscuros y creando en aquella brecha interdimensional un gran agujero distorsionado, en donde el espacio y el propio tiempo se combinaban amorfamente, creando mosaicos deformes de energía con una rara anomalía dimensional, sin embargo continuaba siendo una prolongación de la misma otra dimensión; aquel no era el camino de los dioses.
Exploto una onda de poder que destruyo parte del suelo que yacía a su alrededor, pero también se abrió una gran herida lineal en su pierna a causa de la presión a la que sometía su cuerpo, pues su cosmos se elevaba cada vez más, la potencia de su energía estaba rebasando el poder que utilizo cuando peleo contra Radamanthys en el inframundo, el calor que provocaba su propio cosmos quemaba toda la vegetación a su alrededor y lograba pulverizar cualquier material solido.
La sangre que emanaba de su herida rápidamente se coagulaba y se desvanecía sin más. Pronto pudo percibir el cosmos de Aioros en cáncer en compañía de Mascara pero se dio cuenta que el guardián del cuarto templo estaba muriendo, pues su cosmos se sacudió bruscamente y cayó en picada, por unos segundos redujo la elevación de su cosmos y se giro hacia los doce templos, buscando entre ellos la casa de cáncer.
-No puede ser, no debes morir Mascara de la muerte, solo has regresado del mundo de los muertos para traerlos de vuelta. – El cosmos de cáncer se apago y miro preocupado en dirección al salón patriarcal, pudo sentir de inmediato el cosmos de Athena y de sus compañeros alterarse casi en sincronía. – ¡Maldición!
Por su mente rápido cruzo la idea de que a Mu también podría ocurrirle lo mismo, Mascara de la muerte había caído aún en las manos de Aioros, aún cuando tenía a un compañero de armas a su lado, la muerte era imprescindible y los humanos vulnerables a ella, por lo que podía reclamar a quien deseara, no importaba si quien caía era un experto de la muerte misma.
Pero él haría todo lo que estuviera en sus manos para evitar que Aries muriera, no importaba si para eso tenía que destruir el espacio y crear grandes aberturas entre las dimensiones. Cerró los ojos con fuerza reteniendo las lagrimas de dolor que se agolpaban en sus ojos esmeraldas y comenzó a incinerar su propia vida para elevar su cosmos, casi como Shaka había hecho frente al muro de los lamentos.
La gran aura dorada se mezclaba con pequeños destellos escarlatas lineales, que no era otra cosa más que su misma sangre que salía despedida de su cuerpo, por la ebullición a la que la estaba sometiendo el gemelo.
La otra dimensión que succionaba grandes trozos de la vegetación a su alrededor comenzó a lanzar grades cantidades de energía, ante el descontrol que estaba sufriendo su centro primario de poder, pues Kanon trataba de desagarrar las paredes de su interior para abrir el mismísimo camino de los dioses, que era tan solo una senda paralela, pero para ello necesitaba de una gran cantidad de cosmos.
-La vida de Mu depende de mí y el patriarca ha depositado toda su confianza en mí, yo… no voy a fallar… - Un gran rayo dorado golpeo el oscuro vórtice de la dimensión, provocando una ligera rasgadura donde la luz se coloco, iluminando la otra dimensión con aquel incesante destello, Kanon elevo aún más su cosmos y golpeo con toda su fuerza aquella diminuta abertura que produjo un zumbido y de pronto el muro dimensional se desplomo.
El camino de los dioses se abrió ampliamente a su alrededor, succionando su cuerpo con su habitual energía negativa, el tiempo y el espacio estaba distorsionado en su interior, las galaxias y sus hermosas estrellas figuraban a su alrededor.
-¡Explosión de galaxias! – La técnica de los caballeros de géminis golpeo uno de los muros de la súper dimensión, la cual pareció emitir un sonido metálico y se sacudió agresivamente y de pronto volvió a abrirse una brecha en sus muros, Kanon volvió a golpearla con una gran cantidad de su cosmos, provocando que el espacio se abriera ampliamente.
-El Olimpo… - Sus pies golpearon el suelo árido de aquel lugar y sus orbes verdes recorrieron toda la planicie en la que se situaba el territorio sagrado de los dioses, vislumbro los templos destruidos donde los titanes les habían sorprendido y los restos de las batallas, grandes quemaduras en el suelo por las explosiones cósmicas y la tierra se encontraba separada por las cuchillas de Crío.
A la lejanía reparo en el haz dorado que se proyectaba en medio de la luz, pero cuando dio el primer paso, se sintió agotado, había quemado grandes cantidades de cosmos y su cuerpo reclamaba por un descanso, sus piernas se acalambraron a causa de la pérdida de sangre, sin embargo mantuvo fijos sus ojos sobre Mu e hizo caso omiso a su cuerpo, tenía una meta y él iba a cumplirla.
El carnero dorado se encontraba recargando su espalda en una gran piedra, su rostro permanecía oculto por sus cabellos lilas que cubrían la palidez del ariano, reparo en la fractura de su pierna izquierda y las grandes heridas que tenía en todo el cuerpo, algunas de ellas aún sangraban activamente, pero otras se habían secado dejando solo una mancha marrón ya fuera sobre su piel o su armadura, tenía grandes rasgaduras y magulladuras.
-Mu… - Le llamo despacio, coloco su mano sobre el hombro del carnero y le sacudió levemente, jamás había visto que un santo dorado terminara de aquella forma, Mu se encontraba en un estado tan penoso y crítico, el charco de sangre debajo del peli lila mostraba la gravedad de sus heridas.
Giro el rostro en busca de algún enemigo ya fuera que este hubiese sido vencido por Mu o bien que este estuviera listo para rematarlo, sin embargo se encontraban solos, volvió a sacudir levemente al ariano sin embargo este no volvió a responderle, por lo que no se lo pensó dos veces, tomo el cuerpo de Mu entre sus brazos y fue la primera vez que reparo en la frialdad de su cuerpo.
-Hiciste un buen trabajo Mu, ahora solo tienes que resistir un poco más.- Estiro su brazo frente a él y abrió a la otra dimensión para volver a la tierra, tan solo esperaba llegar a tiempo para salvar la vida de su compañero y que no se repitiera lo de Mascara de la muerte.
…
Podía sentir el calor abrasador del fuego en su rostro a pesar de que el cielo estaba cubierto de negruzcas nubes y el aire transportaba un aire gélido, la noche se había ceñido sobre el santuario, sin embargo la actividad dentro de este no había mermado, tosió un par de veces a causa del humo y se cubrió la nariz y la boca con su mano.
-Ve a por la daga Zahra, Athena y los caballeros están muy ocupados como para notarte, aprovecha este momento. – Afrodita mantenía sus ojos felinos sobre las columnas de fuego. Una mira de reojo le basto para observar que la chica estaba dudando así que la tomo por los hombros y la obligo a mirarla directamente. – Zahra, recuerda que debes hacerlo tú, yo no puedo sacar la daga de aquel cofre, pues Athena le tiene protegido contra cualquier dios.
-Pero ¿Podría al menos decirme que planea hacer con ella? – Zahra retrocedió un paso para alejar las manos de la diosa de ella, sabía que aquella acción era una traición contra su diosa, pero si esta beneficiaba a Athena o alguno de sus santos, haría cualquier cosa para ayudarlos en su arduo trabajo. Sin embargo la vida le había enseñado que confiar en los dioses olímpicos podía resultar en una verdadera desgracia y era aquello lo que la detenía.
-El viento arrastra las palabras a oídos imprudentes. – Susurro por lo bajo la diosa. – Deberías confiar en mi palabra.
-Pero… - Afrodita silencio los labios de la joven con uno de sus dedos.
– Confía en mí, soy un dios y no puedo prometerte nada a cambio por este favor, sin embargo si de algo te ayuda planeo salvarle la vida a uno de los guerreros de tu diosa.
Zahra retrocedió sin despejar sus hermosos ojos de los esmeraldas de la deidad, su delgada espalda toco el muro del salón patriarcal y se hecho a correr hacia su interior en busca de la daga, tan solo suplicaba que la diosa Afrodita no le estuviera mintiendo, ni que le fuera a fallar; puesto que ella estaba arriesgando su vida al traicionar de esa forma a Athena. Hurtar no era un pecado que se perdonara con facilidad menos si era a su propia diosa a quien le robaba.
Se oculto entre los pasillos al fondo, para evitar la pelea entre los caballeros y los berserkers, sin embargo cerca de su cabeza de vez en cuando pasaba una esfera de fuego u ocurrían explosiones de cosmos. Cubrió su rostro con ambos brazos cuando el fuego que se encontraba a su lado se avivo y amenazo con quemarla, se dejo caer al suelo que estaba lleno de cenizas manchando su hermoso vestido y se arrastro por él para evitar las flamas.
Aun escondida entre los escombros, pudo observar la pelea que se estaba sobrellevando, Athena estaba arrodillada en el suelo, colocando sus manos sobre el santo de acuario y fénix tratando de curar la herida de estos guardianes, el santo de escorpio permanecía recargado en una columna, con la vista clavada sobre sus enemigos, sin poder enfrentarles. Capricornio lanzaba halos verdes de su brazo a los berserkers que se oponían a su camino, los cuales eran partidos o resultaban con grandes heridas en sus cuerpos pero aún así estos volvían a ponerse de pie.
El santo de Pegaso enfrentaba a una joven de cabellos pelirrojos, que sin duda atizaba buenos golpes contra él, por su parte Hyoga luchaba contra una joven de cabellos azulados que lanzaba grandes columnas, Shiryu y Shun enfrentaban juntos a un guerrero que sin dificultades se plantaba ante ellos.
Pero de repente una columna a su lado salió destrozada, se cubrió la cabeza con ambos brazos y retrocedió asustada, sus ojos observaron a una flor negra que se depositaba en la pared y en el suelo estaba un berserkers con la armadura destruida y en el tenia varias flores negras incrustadas que habían producido graves daños en su cuerpo.
-Es él.- Escucho pisadas que se aproximaban a ella, así que se levanto y corrió por el pasillo, ocultándose sobre el muro, esperando que el santo de Piscis no la hubiera visto, contuvo la respiración por unos segundos y volvió a correr sin mirar atrás. El ruido de sus sandalias al correr eran minorizadas por los estruendos de los ataques así que pudo moverse sin dificultad.
Vislumbro la puerta y sonrió emocionada al pensar que estaba cerca de su objetivo sin embargo una mano la asió con fuerza por el brazo, sintió un escalofrió al verse descubierta y sin más su captor la giro para enfrentarle.
Abrió los ojos con sorpresa, jamás había estado tan cerca de un santo dorado, mucho menos tan cerca de él, contuvo su aliento por unos segundos, sintiendo el calor abrasador ascenderle por todo el cuerpo, mientras su mirada asustada se encontraban con aquellos ojos celestes que le miraban con fijeza.
-Zahra ¿Qué haces aquí? Las doncellas han sido evacuadas, ¿Acaso no has logrado salir o que te ha hecho volver aquí? – Afrodita la protegió tras una columna, al tiempo que la soltaba y lanzaba una rosa negra a un berserkers que se acerco hasta ellos, el soldado cayó de rodillas con un agujero en el pecho y sus ojos carentes de vida. – Zahra. – Afrodita se acerco de nuevo a ella, retiro su capa de su armadura y cubrió a la joven con ella. – Vamos tenemos que salir de aquí.
-Espera. – Zahra retiro su mano de la tersa piel del guerrero el cual la miro extrañado, quería decirle tantas cosas, como lo mucho que lamentaba la muerte de cáncer de quien se rumoraba piscis era el mejor amigo, de lo preocupada que estaba de las heridas de sus manos, sin embargo de su garganta no escapo ningún ruido.
-Zahra. – Afrodita se refregó contra ella para evitar el ataque de una lanza que voló hasta él, por esa fracción de segundos la joven estuvo recargada contra el pecho del santo y pudo oler la suave fragancia a rosas del caballero.
-¡Rosas pirañas! – Más de una docena de flores negra sobrevolaron por el aire para destruir el cuerpo maltrecho de un guerrero. Afrodita la tomo con fuerza por el brazo y la subió en sus brazos.
-Espera Afrodita, necesito hablar con Athena de urgencia, por favor. – Y de nuevo toda la atención del pisciano cayó sobre ella. - ¿Puedes llevarme con ella?
-¿Estás loca? – Afrodita la miro sumamente extrañado.
-No Afrodita, es una situación sumamente importante por favor. – Sus ojos se encontraron por unos segundos, Zahra buscando la aprobación del caballero y Afrodita rebuscando en aquella dulce mirada la decisión, pues sus brazos no le mentían de que la joven estaba temblando de miedo. – Por favor.
-Bien. – Refunfuño para sí mismo, salió del pasillo y rebusco a Shura con la mirada. – Capricornio cúbreme.
-¿Qué? – Shura giro su rostro en busca de piscis y asintió cuando vio que este llevaba a una joven en brazos. - ¡Excalibur! – El halo esmeralda salió de su brazo izquierdo separando la distancia de los berserkers de su compañero de armas y abriendo el suelo a sus pies.
Afrodita apretó más a Zahra contra él, para evitar que se le fuera a caer, pues aún tenía a algunos berserkers a su paso, se coloco una rosa entre los labios y corrió hacia Athena, al primer guerrero que se topo, lo pateo en el estomago con fuerza, derribándolo por el golpe, no se detuvo a rematarlo, pero pronto su camino fue cercado por dos más, al primero de ellos le lanzo la rosa blanca de sus labios, sin embargo el segundo le alcanzo a dar una estocada en el brazo, por lo que retrocedió.
-Maldición. – Bufo al sentir el ardor que provoco el metal al surcar sobre su carne. Pero antes de que el guerrero lo volviera a atacar, su cuerpo fue cortado por la gran espada legendaria de Shura. – Gracias. – El español le sonrió y asintió para que continuara.
-¡Athena! – Zahra bajo de los brazos de piscis y se arrodillo en el suelo, hundiendo su rostro entre sus manos.
-Galán. – Susurro Milo al oído de Afrodita. – Te mandan a pelear y vuelves con una doncella, nada perdido. – Se burlo el alacrán ganándose una mirada iracunda por parte del doceavo guardián.
-Cállate, Milo. – Respondió débilmente Camus sujetándose la herida del pecho, que no dejaba de sangrar.
-Lo defiendes porque es tu vecino. – Acuso el escorpión al aguador, que negó profundamente.
-Señorita Athena debe perdonarme. – Suplico Zahra sin atreverse a mirar a la diosa. – Intente traicionarla, pero me he arrepentido, más sin embargo sé que eso no quita el hecho de que lo planee.
-¿A qué te refieres? – Saori se agacho frente a la joven y la tomo con calidez de las manos.
-La diosa Afrodita intento hacerme hurtar la daga dorada, ella me dijo que era para ayudarla, sin embargo no comprendo cómo planea hacerlo a sus espaldas. – Saori arrugo el ceño ligeramente molesta al escuchar el plan de Afrodita ¿Por qué manipular a una de sus doncellas para traicionarla?
-¿Y por que ibas a obedecerla? – Saori elevo su cosmos, buscando el de la diosa del amor, el cual no detecto.
-¡Porque me prometió que salvaría la vida uno de sus santos y yo se lo mucho que ha sufrido al perderlos, tan solo quería evitarle una pena más, pero si la traicionaba sabia que estaría entregando un arma peligrosa a una diosa en la que usted no confía! – Zahra volvió a hundir su rostro en sus manos y comenzó a llorar, desconsolada por lo que estuvo a punto de hacer.
-Athena. – Afrodita se agacho a un lado de Zahra y tomo dulcemente su mano, intentando apoyarla. – Tal vez la deidad del amor quiere ayudar a Saga.
-¿Y si trata de traicionar a Athena? Le estaríamos proporcionando un arma mortal, incluso para nuestra diosa. – Opino Camus.
-¿Pero y si nos equivocamos? Estaríamos condenando a Saga a pelear solo, contra ese dios Cam y tu y yo hemos probado su poder, míranos, nuestras heridas aun permanecen abiertas por esa pelea, tu estas demasiado débil para pelear y yo no puedo elevar mi cosmos, porque me arriesgo a quemar mi vida con él, pulverizaría mi corazón de solo intentarlo. – Intervino en esta ocasión Milo.
-Has hecho bien en decirme Zahra y no debes preocuparte, tú no has traicionado a nadie, tan solo evitabas que yo pasara por otra pena, lo cual te agradezco infinitamente. – Saori tomo de las manos a la joven y la ayudo a incorporarse, sonriéndole cálidamente. – Y creo que tienes razón Milo.
-¿Milo? – Mencionaron sorprendidos Camus y Afrodita al mismo tiempo, girándose para ver el rostro de vanagloriado del escorpión dorado, que se regocijaba a lo bonito.
-¡Hey! Ingratos yo siempre tengo la razón. – Les enfrento, observándolos por el rabillo del ojo altaneramente.
-No quiero arriesgarme a perder a Saga, ya cometí un error al subestimar a Persefone, esta vez no lo hare con Ares. Zahra. – La castaña miro a los ojos a su diosa. – Necesito que entregues esa daga a la diosa Afrodita, pero tendrás que dársela aún dentro del cofre, de esta forma ella no podrá sacarla, por lo que Saga será el único que pueda hacerlo. ¿Puedes hacerlo por mí?
-Mi señora, jamás me negaría a una petición suya. – Zahra hizo una amplia reverencia y miro con decisión a su deidad, sintiendo parte de su alma liberada de las ataduras de la traición.
-Afrodita por favor acompáñala y evita que vayan a lastimarla, por favor. –
-No debe preocuparse Athena, yo me encargare de ello. – Afrodita volvió a tomar a la chica en brazos y se aventuro de nuevo al centro de la batalla. Miro de reojo a la castaña aún sin comprender como alguien tan débil podía arriesgarse de esa forma. ¿Qué era lo que impulsaba a esa chica a ayudarlos?
…
El cielo relampagueo una vez más, iluminando de su color celeste el cielo que comenzaba a oscurecerse, el aire era fresco y algunos charcos de agua se habían formado en los huecos donde habían estallado alguno de sus ataques. Su armadura aún goteaba algunas gotas de agua y estaba llena de lodo que se entremezclaba con su sangre. Se recargo contra un muro de piedra para darse un respiro, el cual cubría su espalda de los posibles ataques del tigre que también se encontraba herido, respiro agitadamente y soltó un largo suspiro de cansancio.
-"Mascara de la muerte" – Elevo sus ojos mieles hacia el camino de las doce casas y busco entre las penumbras el cuarto templo del zodiaco, donde pudo percibir aún el cosmos intranquilo de Aioros y la ausencia de la resonancia del cosmos de cáncer, no podía pensar en las heridas que aquellos jóvenes cargaban en sus almas, ni en la terrible muerte que les esperaba en un futuro no muy lejano. Mascara de la muerte sería el primero que bordease las puertas del inframundo.
Cerro sus ojos escuchando como pequeños riachuelos y arroyos caían para continuar el curso de su corriente, para él la vida de un santo dorado era como aquellos ríos, tan impetuosos, capaces de destruir cualquier elemento que intentase oponerse en su camino, podía apagar el fuego, corroer el metal, deslavar a la tierra y oponerse al aire, pero eventualmente no importaba lo rápido de su corriente o la cantidad de agua que llevase siempre su afluencia era cortada por un obstáculo más grande. Un santo dorado podía vencer a enemigos de poderes incalculables que representaban obstáculos enormes en su vida, pero aquello no significaba que no resultarían heridos o su vida terminara como aquel rio, de forma tajante y abrupta.
-Dokho. – Acaricio con su mano el borde de aquella piedra que le servía de protección manchándola de sangre y salió de la cubierta que le resguardaba, rebusco en la oscuridad los ojos azules de su amigo y le vio que se alzaba con algunas heridas muy parecidas a las suyas.
-Patriarca. – Dokho clavo los ojos en él amenazantemente, como si el tigre que permanecía dormido en su interior comenzara a despertar lleno de rabia y furia.
-Dokho. – Shion soltó una carcajada que no pudo reprimir, intentando guardar esa memoria para recordársela a su compañero de armas, una vez que recuperara la memoria. – Tú no sueles llamarme de esa forma.
-Tú y yo no nos conocemos. Pero si el sumo pontífice de Athena no desea que le llame de esa forma, dime ¿Qué nombre debo poner en tu tumba? –
-Solo Shion. – El lemuriano busco algún indicio en los ojos del chino de su amigo, una tenue luz que le orientara a que el guardián de libra aun continuaba encerrado en su propio cuerpo, pero ahora que Shaka había liberado a Aioria, el podía sentir que el cosmos del titán Cronos estaba en su máximo esplendor poseyendo a libra.
-Dragón volador. – El cosmos dorado de Dokho fue remplazado por un aura negra que envolvió todo su cuerpo, el chino estiro su brazo hacia el frente donde se comenzó a materializar la cabeza de un dragón oscuro, lanzo un puñetazo hacia él y el dragón se desprendió de su brazo como si fuera un proyectil.
-Muro de cristal. – Susurro, la barrera psíquica se elevo frente a él, sin embargo el dragón negro golpeo el muro justo en el punto exacto, donde esta poseía su punto más frágil, el muro colapso sin más, volviéndose tan solo un montón de cristales que cayeron al suelo para desaparecer en estelas de cosmos, Shion se teletransporto para evitar el golpe y cayó a espaldas de Dokho. - ¿Acaso no te preguntas cómo has podido vencer mi técnica, si esta es la primera vez que nos enfrentamos?
-Tan solo he seguido mi instinto. – Respondió el chino, alzando ambos hombros al aire y volviéndose a rodear de aquella aura negra. - ¡Dragón volador! – En esta ocasión el cosmos con el que se proyecto el dragón fue magnánimo, aumentando su tamaño y poder.
-Extinción de luz estelar. – La oscuridad se ceñía del lado del que se encontraba Dokho, pues las fauces de aquel colosal dragón azabache se desprendían un denso humo negro que se contrasto al instante con la explosión de luz provocada por Shion, el color dorado ilumino el otro campo de batalla y ambos ataques impactaron.
Shion se vio empujado hacia atrás ante la cantidad de poder que emanaba aquel dragón pero no por ello reprimió su ataque, al contrario le incremento, la luz que en un inicio comenzó a ser repelida comenzó a arrastrar y deformar al imponente dragón oscuro, que termino siendo eliminado por aquellos haces dorados que dejaron una devastación en todo el lugar a su paso.
-Dragón ascendente. – Dokho estallo su cosmos a penas vio que su ataque anterior fue desplazado, libero una gran cantidad de energía ascendente que proyecto un nuevo dragón, el cual emergió de nuevo de su puño derecho cuando lo impulso hacia arriba.
Shion aprovecho aquel movimiento para teletransportarse cerca de Dokho y golpeo con su palma abierta el pecho de libra, liberando una descarga cósmica sobre este que lanzo al chino de bruces hacia atrás, hundiéndolo en un muro de piedras.
El patriarca también retrocedió unos pasos a penas sus ojos vislumbraron al chino enterrado bajo los escombros de aquel monte, llevo su mano hacia su costado para observar como esta se manchaba de sangre, después de todo el dragón ascendente de Dokho había logrado golpearlo, aunque tan solo fue una fracción de poder de esa técnica, le había provocado una gran abertura entre las costillas.
-Dokho. – Le llamo con tranquilidad a pesar de las descargas de dolor que recorrieron su cuerpo. – Supiste como derribar mi muro de cristal y yo pude golpearte en esa fracción de segundo en el que al realizar el dragón ascendente descubres tu propio corazón a tu enemigo. ¿No te preguntas como supe de tu punto débil? ¿O crees que fue tan solo intuición?
-Pudiste ver a través de mi movimiento… -
-Te equivocas Dokho, tú conoces mi punto débil y yo conozco el tuyo, porque somos amigos y fuiste tú mismo quien me lo revelo, en la antigua guerra santa, cuando Deuteros y Aspros pelearon entre sí en la cámara patriarcal. En ese entonces querías que hubiera alguien capaz de detenerte si cometías un error y yo te revele lo mismo, el punto débil del muro de cristal, es el único lugar donde el guardián de Aries puede recibir una herida letal. – Shion movió con su telequinesis algunas de las piedras que aún apresaban el cuerpo de su amigo, liberándolo.
-No debiste decírmelo. – Dokho se trono los nudillos y provoco una chasquido en su cuello ante un movimiento brusco del mismo, pero su voz trastabillo por un segundo y sus ojos mostraron confusión.
-No es algo que no supieras. –
Dokho corrió hasta Shion y le soltó un puñetazo que el patriarca pudo detener con facilidad, sin embargo el chino estaba entrenado en más de un arte de combate, por lo que apretó su nudillo con fuerza y doblo su muñeca haciendo crujir su articulación, sin más Dokho pateo su rodilla lo que lo hizo doblarse del dolor y antes de que se lo esperaba recibió un rodillazo en la cabeza que le lanzo por el aire, su cuerpo golpeo el suelo estrepitosamente y aun continuo arrastrándose por varios metros.
-Definitivamente hare que los chicos, tomen algunos entrenamientos con Dokho. – Se giro lentamente apoyando las manos en el suelo, limpio con el dorso de su mano la sangre que salía de su nariz, labio y oído a causa de la patada de Dokho e ignorando las punzadas de dolor de sus articulaciones. Escucho un movimiento tras él y logro teletransportarse justo a tiempo para evitar un puñetazo del chino que destrozo el piso a sus pies, provocando un gran boquete en la tierra.
Shion se apoyo sobre su mano y se incorporo lentamente, se tambaleo a causa de la inestabilidad que sentía en la pierna y el dolor que recorría su extremidad, su cosmos comenzó a detectar el cosmos de otra persona lo cual lo alerto, elevo una piedra con su telequinesis y la lanzo hacia el lugar donde percibió aquella nueva cantidad de energía, la roca se pulverizo ante una gran llamarada rojiza-dorada y pudo contemplar como una mujer se materializaba frente a él.
-Gran patriarca. – La joven hizo una inclinación hacia él y cuando alzo sus ojos verdes contemplo una profunda mirada, que reflejaba la indiferencia y la sabiduría que se adquirían con los años. – Mi nombre es Helena, soy una humilde sirvienta de mi diosa Hestia. He venido a ayudarle.
Dokho corrió hasta ellos de nuevo y sin dudarlo si quiera lanzo un golpe a la joven pero esta se desvaneció en el aire, dejando tras de sí una nube de humo, para volver a reaparecer al lado del patriarca, quien la miro sorprendido, era claro que la pelinegra no era una guerrera pero tampoco parecía ser humana.
-Patriarca, soy un ser mitológico, un guardián del fuego eterno, puedo portarlo sin necesidad de ser un dios, si tan solo usted inmovilizara por unos segundos al maestro de libra, yo podría abrir una brecha de claridad en la oscuridad de su mente, lo suficientemente grande para que usted se comunicara con el antiguo maestro de libra.
-¿Cómo pretendes hacerlo? – Shion observo directamente a los ojos a la flamen, quien tan solo elevo la palma de su mano y apareció sobre esta una llamarada del fuego sagrado, Shion pudo sentir en su rostro una especie de paz indescriptible, sus ojos antes de sentirse dañados por la cercanía del fuego, le aporto claridad a su mente y el calor que emano, reconforto su alma herida.
-El fuego divino tiene más funciones de las que los humanos han desarrollado. –
-Gracias Helena. – Shion la tomo por el hombro y la coloco tras él. – Te daré la oportunidad que me pides.
Shion camino hacia el frente logrando quedar cerca del maestro de libra quien tan solo se encontraba a unos tres metros de distancia de él, rodeado de nuevo por aquella bruma negra que elevaba el cosmos de Dokho a cantidades extremas, todo a su alrededor se pulverizaba y terminaba consumido en su totalidad por el cosmos del chino.
-Prepárate Dokho ya que nada puede escapar a este gran polvo estelar. – Exploto su cosmos sin más, el cual se aumento rápidamente, produciendo las mismas consecuencias a su alrededor que el cosmos de su amigo. Concentro una gran cantidad de su cosmos en su brazo derecho, en el cual se formo un espiral de estrellas que giraban en torno a su extremidad.
-Tu polvo estelar será devorado por las fauces de mis dragones. – Dokho extendió ambos brazos frente a él, que emanaron por igual una gran cantidad de energía negra, que se condensaba en sus palmas, listas para salir disparadas contra su enemigo, pero aquella situación le provoco una gran angustia, tenía una sensación inquietante, como un Deja vu, pero hizo rápidamente a un lado esos sentimientos pues aún debía cumplir su misión de asesinar a Athena y cuanto santo se atravesase en su camino, no importaba si este era el mismísimo patriarca de la diosa de la sabiduría. - ¡Los cien dragones del Rozan!
La poderosa técnica estallo en las manos de su creador con una gran ola de choque, la explosión cósmica de su energía proyecto cientos de dragones oscuros que se lanzaron directamente contra Shion.
-¡Revolución de polvo estelar! – Las estrellas que giraban en torno a su brazo derecho se lanzaron como si fueran proyectiles en forma de miles de estrellas fugaces que impactaron directamente contra los dragones de Dokho.
Los cosmos de ambos guerreros centenarios se enfrentaron en una masiva explosión cósmica, la intensa luz provocada por las estrellas fugaces impactaban a los dragones negros destrozando sus fauces y luego golpeaban sin piedad al santo de libra, sin embargo este antes de retroceder aumentaba la descarga de sus dragones oscuros que destruían con sus garras los meteoritos que se precipitaban a la tierra, para destrozar con sus fauces al patriarca, que recibía en proporción el mismo daño que Dokho recia de su parte.
El cosmos de ambos causaba una gran zona de destrucción y desolación a su paso, creado por la gran intensidad de sus cosmos, los cuales continuaban elevándose hasta el infinito sin parecer llegar a un máximo, hasta para un ser mitológico como Helena, ver aquel grotesco despliegue de poder bruto del cosmos la impresionaba, sus ojos esmeraldas vislumbraban a las estrellas caer del cielo y golpear a libra sin piedad, pero veía a su vez los gloriosos dragones oxidianas que causaban grandes daños a Aries, había presenciado la batalla de Virgo y Leo pero esta distaba mucho de aquella, pues mientras Virgo retenía sus ataques de Aioria, el patriarca distaba mucho de hacerlo con Libra y a su vez este no parecía librarse del poder de Cronos, además que el cosmos de ambos poseía habilidades que Virgo y Leo no poseían.
Aquella descargas de cosmos parecían no tener fin, las explosiones devoraban todo lo que entraba en contacto con ellas, destruyendo todo a su alrededor rápidamente todo comenzó a llenarse de escombros y cuando ambos cosmos continuaban elevándose pareciendo estar alcanzar el máximo de ambos, una terrible explosión magnánima se produjo dañando a ambos santos.
Helena se desvaneció gusto a tiempo evitando la explosión de aquellos ataques, se materializo a lo lejos evitando resultar dañada, contemplo la destrucción a medida que la nube de humo se dispersaba, así que se apresuro a rebuscar entre los escombros al caballero de libra.
Vislumbro al antiguo maestro recostado entre algunos escombros, permanecía con los ojos cerrados y estaba severamente lastimado, su cuerpo se encontraba cubierto en su mayoría de sangre, tenía varias heridas profundas a causa de las explosiones de Shion, así que se acerco hasta él y rápidamente reparo en como la piel de su pectoral derecho estaba lastimada, amoratado por el golpe del patriarca.
Rodeo su mano de aquel fuego eterno y toco la frente de libra, cerró los ojos para concentrarse en la mente del caballero, pero pronto encontró que esta estaba cubierta de oscuridad, sin embargo el fuego divino comenzó a dispersar la negrura y las ataduras que tenia impuesta la mente del guerrero.
-Dokho, Dokho de libra. – Le llamo. Contemplo la oscuridad en la que estaba sumido el santo, aquella terrible negrura proveniente del cosmos del titán más poderoso y cruel de entre los doce, esa oscuridad le hizo sentir una terrible desolación, tristeza, melancolía pero aún entre sus halos azabaches podía percibir la ira, la rabia que se escondía en su profundidad. Aumento la intensidad de su técnica intentando poder aclarar y romper las cadenas a las que se sometió al guardián de libra. – Dokho.
-¿Quién eres? – Sonrió al escuchar la voz taciturna del santo, pero pronto su felicidad se termino, pues el castaño la tomo con fuerza por la muñeca, apretándola hasta el grado de dejarle marcada la mano, en torno a su piel, intento zafarse del agarre del tigre, sin embargo este le sostuvo con más fuerza. – Eres un ser mitológico…
-Cronos. – Dokho abrió los ojos, los cuales estaban ennegrecidos como el carbón sustituyendo el azul marino del guerrero, entonces en lugar de luchar por zafarse, volvió a posar su mano sobre la frente de libra y aumento el poder dentro de su mente.
El espíritu de Cronos en el cuerpo del antiguo maestro deslizo la mano libre que le quedaba y tomo con fuerza a la joven por el cuello, estrangulándola. La pelinegra se vio lanzada pronto contra el suelo, mientras el cuerpo de Dokho se encimaba sobre ella, liberando su muñeca para poder tomar con ambas manos su delicado cuello.
-¿Por qué intervienes? Esta batalla es entre los dioses y nosotros. – Cronos sintió como el cuello de la joven crujía bajo su fuerza y la vio tener dificultades para respirar, pero la oji verde no hacía nada para sacarse de su agarre, ni mucho menos desviaba su vista, pues la mantenía fija sobre él.
-Ya una vez tuvieron el poder y casi nos llevaste a la destrucción Cronos. – La pelinegra apoyo su mano sobre la frente del castaño y un halo rojizo anaranjado comenzó a iluminar esta, pero aún un ser mitológico como ella podía morir en las manos de un humano. – Do…Dokho…
-Esta vez exterminare a cada flamen que me encuentre, hasta dejar sus cuerpos reducidos a cenizas. – Amenazo el titán disgustado, apretando más el cuello de la joven, sus dedos quedaron marcados en la fina piel blanquecina, su rostro se sonrojo por la presión y sus ojos comenzaron a inyectarse en sangre. – Y Dokho no está aquí.
-No solo debes temer al rayo de Zeus, sino también a la luz. – Helena lanzo un estallido rojizo-dorado proveniente de su palma que lanzo hacia atrás el cuerpo de Dokho, arrastrándolo varios metros. Se levanto tosiendo un par de veces y acaricio con su mano su cuello, intentando aportar un alivio al dolor que estaba experimentando.
-Jamás debiste atacarme. – Dokho se incorporo aún bajo el poder de Cronos y se acerco a la joven amenazante.
-Ni tu debiste tocarla a ella, Dokho. – Helena se giro sobre sus pies para comprobar que el patriarca hacia explotar sus cosmos liberando su cuerpo de los escombros, empujo con su mano una gran piedra y se levanto, caminando en dirección contraria al chino, para encararlo. – Debes perdonar mi descuido, Helena.
-La descuidada he sido yo. Patriarca he cumplido con mi palabra, el resto depende tan solo de usted. – Shion asintió agradecido y paso a un lado de la joven interponiéndose entre Dokho y ella.
-¡Dragón ascendente! – Dokho hizo rugir el viento con una descarga de cosmos de su puño, el cual tomo la forma de un gran dragón negro de ojos incandescentes como dos mismas brazas que ardía en los infiernos, que parecía despertar de un sueño eterno y que rugía para mostrarle a sus enemigos la peligrosidad de sus fauces. El majestuoso dragón negro que se aproximaba hacia él, estaba destrozando todo a su paso, las corrientes de aire, los escombros que yacían por todo el lugar o las grandes columnas de fuego provenientes de las explosiones.
-Dokho yo no puedo hacer nada por ti, pero él sí. – Shion cerró sus ojos lentamente y comenzó a elevar su cosmos, ignorando el dolor que recorría su cuerpo, la sangre que manaba por sus heridas provocadas por el penúltimo ataque de su mejor amigo, hizo a un lado el pensamiento de quien estaba atacando era a Dokho, la última persona de su pasado, aquella que le sostuvo y tendió su mano en la penultima guerra santa, que le apoyo como patriarca y maestro, quien le enfrento en la última guerra santa cuando él vestía un sapuri, quien le alentó para que fuera hablar con Mu y Aioros, a quien lloro cuando el monte Parnaso cayo a los pies de los titanes. Abrió sus ojos llenos de decisión y desplego todo su cosmos en una gran potencia que hizo cimbrar el suelo mismo de todo el santuario. - ¡Ondas de espíritus celestiales! –
Aquella técnica le había sido legada por su maestro Hakurei hacia más de 265 años cuando enfrento al dios Hypnos, en los comienzos de la guerra santa, en el mismísimo castillo del rey Hades donde rompió por si mismo las leyes que regían al inframundo para traer a todos los espíritus y cosmos de los guerreros fallecidos de la guerra santa del siglo XVI y la que él mismo la uso en el inframundo en el siglo XVIII.
Pero esta vez no deseaba traer a cientos de espíritus ni la fuerza de su cosmos, tan solo deseaba traer a aquel ser a quien Dokho le debía todo…
El guardián de libra vio como Shion desplego una gran cantidad de cosmos de sus manos que libero una energía celeste que tiño todo el lugar de ese color, se cubrió con una mano el rostro para evitar que la luz le lastimase y pudo percibir que su dragón ascendente era destruido por un…
-Dragón... – Abrió los ojos con sorpresa y retiro su mano de su rostro para apreciar aquella técnica. – Ese es… un dragón… es el dragón milenario. – Aquel enorme ser de color azul se abrió paso entre la incandescente luz y le golpeo con una fuerza increíble que le arrastro varios metros de donde estaba hundiéndolo en la tierra, mientras su piel era rasgada por aquellas enormes fauces, pero al mismo tiempo aquella terrible fuerza rompió el sello de Cronos sobre él.
Permaneció tendido en el suelo, observando como la luz disminuía poco a poco, sin embargo aquel gran dragón permaneció girando en torno a él, cerró los ojos con fuerza ante una descarga de dolor y se llevo una mano a una gran herida de su costado, deteniendo la hemorragia, mientras su mente poco a poco volvía en sí y el poder de Cronos se dispersaba en su interior.
-No tenía idea que Shion podía hacer esto. – Se apoyo sobre su mano izquierda aún sosteniendo con fuerza su costado y sonrió débilmente, elevo su mirada hacia el cielo ennegrecido, donde aún aquel dragón milenario se mantenía girando sobre él, en la espera que despertase. – Maestro… -
Sus ojos se rosaron en lagrimas al observarlo después de tanto tiempo, aun se veía tan imponente y majestuoso como aquella vez en que le vio escondido, solitario y con una tristeza enorme en la cascada de los cinco picos. Aquel ser humano que tras perder a la mujer que amaba se torno violento hasta que perdió su propia humanidad y se transformo en dragón, sin embargo acepto ser su maestro en esas condiciones y le forjo en el honor, la justicia y el compañerismo.
-Maestro. – El gran dragón descendió hasta colocar su cabeza a escasos metros de él y una nueva luz rodeo al majestuoso dragón, para formar la silueta de un hombre, quien se acerco a él y puso su mano sobre su cabeza revolviendo su cabello.
-Me alegra verte Dokho, me siento feliz al ver que no te aislaste del mundo a pesar del dolor que las guerras han dejado en ti, debido a que siempre has estado rodeado por personas que se preocupan por ti. – Dokho siguió la vista de su maestro y miro la forma agradecida en la que este observaba a Shion, que se encontraba exhausto de rodillas sobre el suelo. – Un titán puede controlar tu cuerpo Dokho, pero no permitas que ello afecte a tu alma y te aislé, ningún enemigo puede hacerlo. Adiós Dokho.
Aquel hombre se alejo unos pasos de él, sin ni siquiera dejarle pronunciar algo y cuando estaba lo bastante lejos se volvió a mirarlo una vez más y su cuerpo volvió a tornarse en un gran dragón azul que ascendió a los cielos, perdiéndose entre las densas nubes que se iluminaron de color celeste.
-¡Dokho! – Le llamo Shion, que se aproximo hasta él. Aun permaneció sentado mirando el amplio cielo por unos segundos más a pesar de sentir la mano de Shion en el hombro.
-No había tristeza en su mirada… – Bajo los ojos con una inmensa tranquilidad y volvió a mirar al lemuriano, quien le observaba preocupado. – Lamento las molestias que te cause Shion.
-Tu harías lo mismo por mí. – Shion extendió su mano hacia el chino quien le retuvo la mirada por unos segundos para después asentir y sonreírle débilmente, tomo su mano con fuerza y se incorporo. En la guerra pasada él había sido quien ayudo a Shion a levantarse, en esta ocasión era Shion quien le ayudaba a seguir adelante.
…
Zahra corrió por el pasillo dejando a atrás al caballero de piscis que se había topado con un berserkers de nuevo, se apresuro a llegar hasta la gran puerta que tenia la insignia de Nike tallada en oro puro y empuño la cerradura entre sus manos, para lograr deslizar el pestillo, dio un ligero brinco y la puerta crujió, la empujo con ambas manos para lograr que esta cediera y entro apresurada a la habitación.
Por un segundo se detuvo a apreciar la enorme habitación, sentía su corazón golpear duramente contra su pecho, entreabrió un poco los labios para dejar salir todo el aire que estaba reteniendo y paso una mano por su frente para secar una cuantas gotitas de sudor que se habían formado.
La luz del sol se filtraba a la habitación por ligeras aberturas horizontales en la pared, por unos segundos el atardecer golpeo con dureza sus ojos, así que les cerró con fuerza y aparto su rostro de la intensa luz, ocultando su cuerpo en la oscuridad de la habitación, recorrió rápidamente todo lo que se encontraba y reparo en un gran ropero que se encontraba al fondo, oculto entre grandes reliquias ancestrales, libreros con pergaminos antiguos, espadas y arcos que alguna vez usaron los santos que pelearon con Athena en la era mitológica y que después esta prohibió.
Abrió con cuidado las manijas del mueble que libero una nube de polvo y crujió ante la presión que hizo contra él, en su interior se encontraba un pequeño cofre de metal, con detalles bañados en dorado, observo con cuidado aquel baúl y sus manos temblaron cuando les coloco encima para abrirlo y cuando lo hizo pudo ver dentro de sí la daga de Ares, la cerro de golpe y tomo el cofre entre sus manos.
Se giro rápidamente y observo a Afrodita recargado en el marco de la puerta clavando su mirada celeste sobre ella con insistencia, lo cual la hizo sonrojarse levemente por lo que desvió su rostro hacia otro lado.
-Ya la tengo. – Confirmo, el caballero de piscis asintió y salió él primero al pasillo para asegurarse de que nadie les estuviera esperando afuera, cuando vio que este le hizo una señal con la mano, salió corriendo de la habitación y se coloco detrás de él. – Si le entrego el cofre a Afrodita ella no podrá abrirlo por el sello de Athena, pero cuando la diosa se lo de al caballero de géminis el podrá sacar la daga sin ningún problema.
-Es una idea brillante. – Afrodita le sonrió de medio lado y tomo su mano con delicadeza para poder dirigirla por el pasillo y al mismo tiempo tener la mano izquierda libre para atacar, pues en esta apareció una hermosa flor blanca, sin embargo Zahra se ruborizo por completo por lo que agacho el rostro para evitar que el santo se diera cuenta. – Tenemos que irnos.
-Sí. – Susurro. Afrodita comenzó a correr por el pasillo y una vez que salieron de este se introdujo a las grandes columnas para evitar directamente por el centro de batalla, sin embargo de vez en cuando algún berserkers los visualizaba y les seguía con el fin de detenerlos, pero a pesar de ello Afrodita los dejaba detrás sin ninguna dificultad hasta que un grupo de 5 berserkers les cerraron el paso.
-Un santo dorado. – Se burlo el que parecía ser el jefe de entre los cincos.
-No te preocupes Zahra, yo me encargare de ellos. – Los ojos de Afrodita destilaron rabia y en su boca se dibujo una sonrisa de medio lado, completamente llena de confianza, la tomo por la cintura y la coloco detrás de él, con el fin de que su cuerpo recibiera cualquier ataque que pudiera dirigirse a ella. – Zahra ¿Aun tienes mi capa?
-Sí. – Asintió y vio que Afrodita sonrió aún más.
-Póntela por favor y cubre tu nariz y boca con ella. – El sueco la miro de reojo y la vio rápidamente enrollarse con ella y cubrirse como él se lo había pedido y sin esperar más lanzo la rosa blanca al corazón del primer berserkers y golpeo con su puño a otro de ellos que estuvo a punto de darle una estocada y el cual fue a parar en medio de los otros tres guerreros de Ares que mantenían aun las espadas entre sus manos. -¡Espinas carmesí!
La sangre de su cuerpo, cargada de veneno puro salió en pequeños hilillos de sangre que se transformaron en filosas espinas escarlatas que se dispersaron a la velocidad de la luz, perforando las carnes de los guerreros de Ares sin piedad, que se retorcieron al sentir aquellas espinas clavárseles entre la piel sin misericordia, para cuando cayeron en cuenta que las espinas en realidad era la sangre del caballero de Piscis fue muy tarde, el veneno que contenían estas se había introducido en su sistema circulatorio y les destrozaba desde el interior.
Los cuatro berserkers restantes tiraron sus espadas, que produjeron un sonido metálico y cayeron al suelo estrepitosamente retorciéndose ante el veneno que les llevaba hasta la muerte, sin embargo uno de ellos se desplomo a escasos centímetros de los pies de Afrodita y le tomo por el tobillo.
-¿Co…co…como es…posible que vivas… con es…te…veneno? – Afrodita retiro su pie del berserkers y le miro con altivez y orgullo, mientras tomaba de nuevo la mano de Zahra y la alejaba de aquellos seres llenos de violencia y odio.
-Mi cuerpo es quien produce ese veneno. – Afrodita no volvió su vista hacia el desdichado hombre pues sabía que su propia sangre le mataría en segundos, así que volvió a dirigir a Zahra por el pasillo hasta la salida, varios soldados estuvieron a punto de volverle a cerrar el paso, pero en esta ocasión un destello esmeralda les corto despiadadamente. – Gracias Shura.
-No me agradezcas, es mi deber. – Le respondió el español vía cosmos, le vio de espaldas aun con el excalibur de su brazo izquierdo rodeado de su imponente cosmos.
Cuando salieron fuera del templo patriarcal, Zahra se adelanto unos centímetros a él y le detuvo. – Espérame aquí, yo le entregare el cofre a Afrodita debes volver con Athena.
-¿Cómo es posible que te relacionaras con ella? – El sueco tomo a la doncella por los brazos y la acerco a él, preocupado de cómo la deidad había logrado convencer a una chica como Zahra, la joven volvió a ruborizarse y desvió su mirada.
-Juro que te lo explicare Afrodita pero por el momento apremia más la vida de tu compañero. – Zahra intento soltarse pero aún las fuertes manos de Afrodita la retenían.
-¿Por qué tratas de ayudarnos? – Exigió.
Zahra agacho el rostro, debatiéndose en su interior si confesar el verdadero motivo u ocultárselo a él, se mordió el labio para acallar su secreto, pero podía sentir los ojos del santo clavados sobre ella, en espera de una respuesta.
-Yo…lo hice… por ti. – Volvió su vista con miedo hacia los ojos celestes del caballero de piscis y le vio sorprendido, el agarre en sus manos se suavizo, lo que le permitió alejarse unos pasos del caballero que continuaba en silencio. – Te…tengo que irme.
Le dio la espalda y se fue corriendo hacia donde la deidad del amor le esperaba, no volvió su vista una vez, porque temia que el santo se huebiese molestado o se burlara de sus sentimientos, dio la vuelta a la entrada principal del salón patriarcal y ahí observo a la hermosa diosa del amor que estaba recargada con sus brazos cruzados alzando su pecho y permitiendo que una de sus tersas y contorneadas piernas sobresaliera de su vestido verde.
-¡Zahra! – Le vio alegrarse y mirar hacia sus manos. – Has hecho un gran trabajo. Aun cuando vengas en compañía de piscis, supongo que te fue inevitable contarle a Athena ¿No es así? – Afrodita tomo el cofre que le tendió entre sus manos y la miro divertida. – Aunque bueno Athena te motivo un poco poniendo a Piscis a protegerte ¿Verdad? – Afrodita rio divertida ante los diferentes tonalidades de rojo que expresaba Zahra en su rostro. -¿Te comió la lengua los ratones o ha sido el hermoso caballero de piscis quien lo ha hecho? – Menciono con lujuria la diosa haciendo que la doncella terminara de sonrojarse.
-¡No! – Atino a responder, cubriéndose el rostro con ambas manos para ocultar la vergüenza que le habían producido aquellos comentarios. – Le dije a Athena porque soy su doncella desde que era un niña y me es imposible traicionar a mi amada diosa, además creo que entre casi hermanas no deberían ocultarse nada.
-Más sin embargo ¿Tu le ocultas tu amor a Piscis? – Contraataco juguetonamente la diosa.
-Él nunca me ha notado y no tiene porque reparar en mí, un santo como él. – Respondió molesta. – Soy la doncella encargada del templo de Piscis y aún así el jamás ha notado mi presencia, no sirve de nada que le exprese mis sentimientos, más sin embargo si puedo ayudarle en lo que sea, aun cuando arriesgue mi vida, lo hare, porque eso es el amor.
-Familia, amor, honestidad, justicia; son cosas con las que no crecí. Mi familia me obligo a unirme a un dios al que no he amado jamás, me volvieron deshonesta al orillarme a enrollarme con otros para complacer mi propio deseo y desde entonces, no he visto un solo apoyo por parte de ningún dios para que se haga justicia en el crimen que se cometió contra mí. – Respondió Afrodita llena de melancolía y deslizo con su mano, su larga cabellera que caía sobre su hombro en un movimiento por demás sensual.
-Usted es inmortal y si esta guerra termina pronto, podrá exigir justicia, tan solo sea honesta y compasiva y vera que en su familia tendrá a más de un dios que la apoyaran, porque tal vez usted también se alejo de ellos cuando la lastimaron. – Afrodita sonrió a medias y deposito el cofre en el suelo.
-Me agradas mucho Zahra. – Rio de buena gana la deidad y sin más la abrazo. – Das mejores consejos que mis gracias, ella solo son bonitas, pero tu además de ser hermosa eres inteligente, fiel y una buena persona, Athena debía sentirse orgullosa de tenerte a su lado, tienes un noble corazón. – Afrodita la soltó y le dio la espalda para volver a tomar el cofre entre sus manos. – Debo irme, espero volver a vernos pronto Zahra, me has demostrado que tienes un valor impresionante al entrar a un lugar lleno de berserkers que pudieron matarte y todo por un hombre del cual llevas años enamorada. Si pudiera darte un consejo, es que fueras honesta con él, un hombre como él no es atraído ni por tu belleza ni por tu inteligencia, pero créemelo que el valor que mostraste hace unos momentos ha llamado su atención…
Afrodita se acerco a la joven y coloco sus labios al lado del oído de la castaña la cual la miraba estupefacta y completamente desconcertada. – Si le hablas con honestidad y le muestras quien eres en realidad ten por seguro que pronto estarás en la cama de Piscis. – Afrodita se desvaneció en el aire dejando un dulce aroma a perfume, mientras Zahra volvía a ruborizarse por completo, mirando hacia todos lados para garantizarse que nadie había escuchado eso.
…
Saga percibió como se le acalambro todo el cuerpo, ante la descarga de dolor que le azoto con fuerza, bajo lentamente de nuevo los ojos hacia la punta donde la lanza de Ares sobresalía de su pecho y estiro su mano hacia ella, sus dedos temblaron ligeramente al contacto con el metal y se mancharon con su propia sangre.
-Me has decepcionado Saga, creí que durarías más. – Ares sonrió malévolamente ante la cara estupefacta del gemelo, pero pronto distinguió en sus ojos esmeraldas una determinación terrible, los mismos ojos que Saga mostro cuando Kanon decidió traicionar a Athena.
-Ambos nos conocemos Ares y deseaba que hicieras esto. – Saga apretó la empuñadura de la lanza y la saco de su cuerpo con fuerza, la detuvo con su mano izquierda mientras elevaba su cosmos para detener la hemorragia de su pecho. – No puedo ni siquiera llamarte guerrero Ares, no tienes el valor para enfrentar a tu oponente en igualdad de condiciones. Pero ya te lo dije Ares, te quitare todos tus dones divinos para que veas que no vales nada.
Saga abrió la otra dimensión, aun sosteniéndole la mirada al dios pelirrojo que le observaba iracundo ante el reto que el santo imponía sobre él, pues no le perdonaría jamás que se refiriera a él como un cobarde. Saga estiro su brazo hacia la oscura dimensión y lanzo en su interior la jabalina plateada del dios, la cual se perdió entre el tiempo y el espacio.
-No importa a donde envíes mi jabalina esta retornara conmigo. – Menciono desinteresado, alzo su brazo hacia los cielos y elevo su cosmos para atraer de nuevo hacia él su arma, sin embargo la sonrisa cínica del gemelo llamo de nuevo su atención. - ¿De qué diablos te ríes?
-Te vez patético alzando tu mano de esa forma. – Se burlo el gemelo mayor, quien le miro confundido. – Tu lanza no vaga en la otra dimensión, la he enviado a un lugar sagrado donde tu cosmos es bloqueado por Athena. Este lugar es Star hill, al cual accediste únicamente por mí, de otra forma tu inmunda esencia jamás hubiera pisado ese lugar.
-Voy a disfrutar matarte Saga- Siseo enfurecido. - O será aún mejor si puedo volver a sobre doblegar tu alma y en esta ocasión te hare que mates a tus compañeros uno por uno, retorcerás tu mismo el cuello de Pegaso y me traerás la cabeza de Athena, en ese momento te liberare para que veas que en tu interior solo hay maldad. – Ares se retiro el casco y le lanzo pesadamente al suelo, el cual se enterró en la arena.
-Aún no lo entiendes Ares. – Saga comenzó a rodearse por su imponente cosmos dorado, que hizo que sus cabellos se sacudieran de acorde a las ondas de energía dorada que emanaba su cuerpo. – Yo no soy el mismo, antes entrenaba para el día en que Hades atacara a Athena, pero ahora sé que mi destino siempre fue el enfrentarme a ti.
-Es inútil Saga, ya conozco todas tu técnicas. Es patético que trates de atacarme con la otra dimensión o la explosión de galaxias. –
-Es por ello que no planeo hacerlo. ¡Flujo oscuro! – Saga extendió sus brazos frente a él muy similar a lo que hacía en la exposición de galaxias, tras el comenzó a materializarse un universo oscuro repleto de estrellas a punto de extinguirse, satélites y asteroides de grandes masas y planetas grisáceos que extendían espículas en torno a Saga, por medio de las cuales aquel universo continuaba extendiéndose. El gemelo mayor chasqueo los dedos de su mano derecha y aquel gran cumulo galáctico comenzó a moverse a gran escala, que provocaba la expansión del mismo universo tras él.
Ares comenzó a sentir una gran presión sobre él, la cual le obligo a retroceder varios metros a medida que aquella materia negra que había producido el gemelo consumía todo, pues en el último momento aquellas estrellas que parecían apagarse habían incendiado su vida para aumentar el poder del gemelo.
-¿Cómo has conseguido este poder? – Ares percibió como su escudo vibro entre sus manos a causa de las grandes cantidades de cosmos que estaba recibiendo, sin embargo estaba seguro que Saga aun no estaba utilizando todo su cosmos ¿Entonces porque su técnica tenia semejante poder?
-¿Acaso ya olvidaste esta técnica? –Saga incremento aún más la presión de su ataque, por lo que hubo grandes implosiones en su interior a causa de las estrellas que destruía con su cosmos. – Cuando me controlabas Ares, en más de una ocasión leíste documentos prohibidos para cualquier santos, incluso pergaminos que únicamente eran utilizados por Athena y entre ellos se encontraba varias técnicas de santos de géminis que me precedieron, este ataque es uno de ellos.
-Has sido muy asertivo Saga. Me alegra ver que hayas sacado provecho de nuestra travesía juntos. – Ares se planto firmemente en la tierra para detener el poder de Saga sin embargo la velocidad del flujo oscuro, no decreció con la distancia muy al contrario aumento, debido a la atracción de la propia tierra y la gravedad ordinaria.
Ares escucho un crujido metálico y vio como apareció una profunda grieta en su escudo, la cual fue expandiéndose hasta que este se fragmento por la mitad, las espículas del flujo oscuro se clavaron en sus hombros y piernas logrando perforar su armadura y su piel, la masa cósmica rápidamente impacto contra el dios, el cual fue arrogado hacia el mar, mientras era golpeado por meteoros, satélites y su cuerpo era lacerado por la implosión de las estrellas.
La sangre azul marino rápido se tiño de escarlata, mientras el oleaje se removía embravecido ante la descarga de energía que había recibido, una gran ola se levanto a causa del impacto del cuerpo de Ares y poco a poco la calma fue retornando a sus tranquilas aguas enredándose en el suave vaivén de ir y venir.
Sin embargo después de unos segundos donde el color escarlata del agua comenzó a esparcirse, al grado de que las olas que golpeaban la playa, llevaban parte de la sangre del dios guerrero. Saga observo al dios volver a flote, inhalando una gran bocanada de aire y exclamando un grito mezclado de dolor y rabia. Ares saco una de sus manos del agua y le apunto con su dedo índice.
-¡Dedo de la muerte! – El agua alrededor de Ares se alzo en grandes columnas de agua que parecían huir a la furia del mismo dios, mientras a las espaldas del pelirrojo se formaron inmensas imágenes de las batallas ocurridas hasta la fecha en el universo y aquellas próximas en el futuro venidero, donde el dios intervenía. Su dedo índice apunto directamente hacia Saga, del cual salió un gran rayo casi imperceptible para Saga que vio aquel destello blanco justo a tiempo, se deslizo hacia un lado esquivando aquel halo que de haberlo golpeado atravesaría justamente su corazón. -¡Apocalipsis!
La ira de Ares solo incremento cuando vio al gemelo esquivar su ataque, pero sabía que en esta ocasión no escaparía, el pelirrojo concentro una gran parte de su cosmos y genero un inmenso rayo que broto de su palpa y el cual dirigió hacia Saga, el rayo creció poco a poco a medida que recibía el cosmos del dios y que igualo en altura al caballero que en esta ocasión le fue imposible huir.
Saga sintió la brusca descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo, seguido de un intenso calor que le hizo retroceder, pues sintió como sus manos se quemaban ante el calor que producía el rayo, sin embargo a pesar que elevo su cosmos para resistir aquel ataque, cuando estuvo el mismo dentro del la incandescente luz del rayo este exploto, provocándole varias heridas severas y lanzándole estrepitosamente contra un muro de piedra.
Su cuerpo resquebrajo aquel acantilado y la gravedad hizo efecto en el atrayéndole de nuevo hacia el piso, sus músculos estaban paralizados a causa del ataque, su pierna izquierda probablemente estaba fracturada, se sentía aturdido por la explosión y escuchaba un zumbido en ambos oídos, no dudaba que brotara sangre por ellos, intento incorporarse pero su cuerpo ni siquiera le respondió, al contraria la descarga de dolor fue tal que provoco que un gemido se escapara de sus labios.
Saga alzo la mirada hacia el lugar en donde había estado previamente y donde había ocurrido la explosión, fácilmente esta le había lanzado 15 metros y por todo el lugar había rastros de la armadura de géminis en el suelo; aquel ataque había destrozado su armadura. Su vista se nublo por unos segundos pero aun así pudo percibir como la figura de Ares salía del embravecido oleaje a la playa y se dirigía hacia él, escupió una gran cantidad de sangre y su vista se nublo por unos segundos, mientras una sensación de mareo le consumía.
-Todo se acabo Saga. – Ares apareció en su mano derecha una larga espada y la blandió con destreza cortando el aire que provoco grandes remolinos que golpearon los escombros que estaban en torno al gemelo mayor.
-Para ya, Ares. – Una gruesa rama broto del suelo y sujeto con fuerza, la espada del dios, que miro sobre su hombro al nuevo intruso que le impedía terminar con la vida del gemelo mayor.
-Afrodita. – Menciono impresionado el pelirrojo viendo a la única diosa que en realidad había despertado un sentimiento en él, defendiendo a uno de los santos de Athena, lo que le hizo enfurecer. Miro ampliamente a la rubia que llevaba entre sus manos, un cofre, abrió sorprendido los ojos al reconocer aquel baúl en las manos de la diosa del amor. – A…Afrodita. – Atino tan solo a repetir su nombre.
-Tienes que parar esto Ares. Sabes bien que una guerra no ha cambiado, ni cambiara la injusticia que los dioses cometieron contra ti. – Afrodita permaneció tranquilamente en su lugar, sus ojos contemplaron al caballero de Athena gravemente herido, pero se alegro de verle con vida, pues dudaba que ella tuviera el valor de terminar con la vida, del único dios al quien se hubiera entregado para toda la eternidad. – Ríndete Ares.
-¿Rendirme? – Ares sujeto la empuñadura de su arma con fuerza, incluso sus nudillos palidecieron ante la presión, su espada se envolvió en fuego y quemo aquella raíz que brotaba del suelo para detenerle.
Un dios como él jamás se rendiría ante Athena, su eterna enemiga, aquella que le había privado de la atención de su padre, un profundo sentimiento de odio comenzó a embargarlo al grado de cegar su propio raciocinio tan solo quería asesinar a los caballeros y a la maldita de Athena, sus ojos escarlatas se clavaron en la rubia; también quería matarla a ella, Afrodita se merecía morir por su mano.
No solo había ayudado a Dionisio a vengarse de su madre reduciéndola a una mortal y después habían logrado asesinarla de una forma humillante, sino que el verla sosteniendo entre sus manos un cofre donde se guardaba la misma daga con la que él años antes había intentado segar la vida de la diosa de la sabiduría por medio del caballero de géminis, le hacía enfurecer. Pues todo se había esclarecido velozmente. Afrodita no estaba ahí para conseguirle una tregua con los demás dioses, si no que estaba dispuesta a sellarlo, con la misma arma y persona con quien él se propuso sellar a Athena.
-Te vas a arrepentir Afrodita. – Siseo enfurecido, avanzando a grandes zancadas la distancia que le separaba de la diosa.
-Lo sé Ares, pero es la única forma de detenerte. – Afrodita se desvaneció en el aire de nuevo, dejando un dulce aroma que deleito, al dios de la guerra por unos segundos. Ares se giro rápidamente y la observo aparecer arrodillada al lado de Saga, la diosa del amor deposito el cofre en el suelo y lo empujo suavemente con su mano hacia el gemelo mayor. – Athena te envía esta daga, caballero.
-¡Les destruiré! – Ares concentro toda la rabia que había en su interior, aquel enojo guardado durante años contra sus semejantes, la furia que se había generado en todos sus combates y la ira que le provocaban los malditos guerreros de Athena. - ¡Ira divina! – Todas esas emociones se acumularon en su interior y se fusiono con la cosmoenergia del dios, logrando hacer arder su cosmos en cantidades insospechadas de energía, pues su cosmos era semejante al de dos supernovas estrellándose una contra la otra.
Ares lanzo su ataque en forma de una columna escarlata que salió expedida directamente de su mano izquierda, el suelo a sus pies se cuartio ampliamente y varios trozos del mismo se hundieron provocando grandes agujeros, el agua que bañaba a la playa fue impulsada hacia atrás y elevada hacia los cielos, el cual comenzó a teñirse de un color escarlata, como si la sangre de todos los guerreros caídos a manos del dios, pintaran aquel cielo sangriento.
-¡Ares! – Afrodita temió por unos segundos ante la furia del dios de la guerra, jamás había percibido aquel cosmos por parte del hijo de Hera, pero si había algo que Ares quería dejar claro, es que pensaba terminar con todo. Ares no era el mismo desde que había vuelto del encierro de Athena, se había tornado más violento y cruel desde entonces y las acciones que ella y los demás dioses habían cometido contra Hera habían aumentado el odio del dios, habían despertado al león dormido.
Afrodita se torno velozmente de un aura dorada que hizo revolotear su cabello en torno a ella, estiro su mano frente a su cuerpo y comenzó hacer surgir del suelo infinidad de plantas, arboles, tallos, raíces y grandes ramas que se entrelazaron entre ellos con el fin de crear una barrera lo suficientemente resistente para frenar el ataque del dios, pero impresionantemente el ataque de Ares desintegro toda la muralla a penas y le hubo tocado.
-¡Gran desgarramiento! – El caballero de géminis se paró de improvisto a sus espaldas, sin ningún rastro de su armadura la cual yacía dispersa en torno a él, únicamente llevaba puesto sus pantaloncillos y dejaba ver su torso desnudo, el aura dorada le rodeo y entre sus manos comenzó a formarse una materia oscura, que cuando Saga separo sus manos verticalmente, el espacio se desgarro, produciendo una gran presión negativa, que comenzó a absorber todo a su alrededor con una potencia impresionante, incluso esta se asemejaba mucho a la fuerza que ejercía la superdimenesion de los dioses.
Ambos ataques cósmicos se enfrentaron uno contra el otro, el gran agujero negro produjo un fuerte estruendo que hizo vibrar el suelo cuando comenzó a absorber el poder del dios, sus bordes comenzaron a desgarrarse aún más a medida que consumía aquella enorme cantidad de poder, que parecía no refrenar en lo absoluto.
La energía oscura comenzó a expandirse aún más, para poder absorber el ataque de Ares, lo que provoco un desgarramiento aun mayor, el suelo, el agua, el mismo ataque de Ares eran consumidos por su técnica. Saga elevo un poco más su cosmos y a sus lados comenzaron a formarse grandes galaxias y constelaciones que comenzaron a ser desintegrados por el poder del gemelo y la gravedad perdió su fuerza permitiendo que la materia alrededor de Saga fuera absorbida con mayor facilidad. Las estrellas y los planetas que fueron formados por el gemelo comenzaron a desbaratarse provocando grandes explosiones y los mismos átomos que se formaron de las mismas fueron destruidos, lo cual hizo estallar ambos ataques.
-Que… que enorme poder, él tan solo es un humano sin embargo a podido proyectar la destrucción del mismo universo. – El silencio reino por unos segundos y todo a su alrededor se lleno de una capa densa de humo y polvo, podía escuchar el caer de la tierra y el crujido que provocaba algunas piedras ante el calor al que habían sido sometidos. – Y apenas con esa cantidad de energía le has podido hacer frente al ataque de Ares.
El aire comenzó a limpiarse de aquella bruma y pudo observar a Saga de pie, sumido aun en las detonaciones de su propio cosmos rodeándole, su cosmos dorado había desaparecido y parecía estar inconsciente ante aquel gasto tremendo de energía, sus flequillos ocultaba sus ojos y su semblante parecía ensombrecido.
-Caballero de géminis. – Se acerco hasta él y poso con suavidad su mano sobre el hombro del gemelo, el cual alzo cansadamente la vista.
-He quemado todo mi cosmos, he hecho arder mi vida en mi ataque y sin embargo, el sigue intacto. – Saga observo a lo lejos la silueta borrosa del dios de la guerra, que también se mantenía aún de pie. – Es imposible que ni siquiera le haya lastimado.
Aún la espesa nube de polvo terminaba de dispersarse por completo, cuando la energía de Ares exploto de nuevo, alertando tanto al gemelo como a Afrodita, la elevación del cosmos del dios de la guerra provoco una onda expansiva que alejo aquella bruma, permitiendo que volvieran a verse frente a frente, Afrodita avanzo varios pasos interponiéndose entre el gemelo y él.
-Ares, por favor, detén esto ya, tienes que parar. – Afrodita rebusco la mirada del dios, él la había lastimado y ella le había herido también, pero a pesar de ello, ella estaba ahí de nuevo para él, dispuesta a ayudar a su amante a enmendar su camino pero los ojos escarlatas de Ares distaban mucho de si quiera estar escuchándola, pues el odio estaba claramente reflejado en sus ojos. –Ares te lo su…
-Supremacía olímpica. – Siseo el dios, el cosmos del pelirrojo exploto alcanzando los límites del noveno sentido, un aura dorada que fue tornándose poco a poco en roja, el aire a su alrededor comenzó a calentarse al grado de sofocarles y aquella onda roja se expandió cual veneno, envolviendo en su interior a Afrodita y Saga.
El aire parecía negarse a entrar en sus pulmones y si lo hacía era como absorber fuego, pues la temperatura del aire se había tornado inmensamente elevada, la piel de su cuerpo parecía quemarse, aunque claramente no había fuego sobre ellas, pero el dolor que producía era impresionante, pues era como si estuviera siendo cortado por mil espadas. Saga permaneció de pie, pero vio como Afrodita se desplomaba a su lado, ella claramente no era una diosa guerrera y por ende muchos de sus poderes eran incapaces para hacerle frente al dios.
Saga experimentaba como aquel ardor sobre su piel cada vez se hacía más intenso y sin embargo no parecía haber una forma clara para alejar el poder de Ares pues este se encontraba disperso en el mismo aire, pero pronto vino el verdadero ataque, pues una gran columna purpurea rojiza los golpeo a él y Afrodita sin la posibilidad de defenderse. Su cuerpo fue arrastrado varios metros, aún con aquella intensa sensación de quemazón, su piel comenzó a desgarrarse y sangrar en diferentes sitios y sin esfuerzo aquella energía le fracturo varias costillas y el brazo izquierdo al golpearlo.
La diosa del amor cayo tendida en el suelo a su lado, con algunos moretones y raspones en sus brazos y piernas, sin embargo a penas esta golpeo el suelo, lo tomo por su pierna y comenzó a infundirle grandes cantidades de su propio cosmos para restaurar su energía y algunas heridas de su cuerpo.
-Géminis, tienes que sellar a Ares, pues te garantizo que si tu, ni yo lo hacemos nadie más podrá. –
La voz de Afrodita se entrecorto cuando recibió un nuevo ataque de Ares, arrojándolo a los dos contra el muro de piedra que estaba tras ellos, Saga sintió como las fracturas de su cuerpo, crujieron aun más y observo como uno de estos sobresalía de su piel, sin embargo no había dejado de recibir la ayuda del cosmos de la deidad del amor.
-Es ahora o nunca. – El gemelo volvió a caer al suelo, en un golpe seco y que provoco que sus heridas aumentaran aún más, pero su determinación era tal que aparto aquellos sentimientos y se arrastro hasta el cofre de Athena, miro fijamente a Ares a los ojos, viendo como la rabia crecía en él al verle hacer aquello. Sus ojos siguieron clavados en el dios, pero sus manos abrieron sin titubear el pequeño baúl y tomo la daga dorada entre sus manos y la ciño a su cintura.
Saga sabía que para derrotar al dios tendría que hacer arder su cosmos hasta el infinito, al punto donde su vida misma peligraría por la cantidad de energía que se movería entre sus manos, el nivel donde su cosmos seria elevado con la vida misma del geminiano, el nivel de un dios.
-¡Supremacía olímpica! – Rugió Ares causando un colosal ataque hacia él.
-¡Implosión cósmica! – Enormes meteoros, satélites, planetas, estrellas, galaxias mismas se formaron en torno a él, pero en lugar de explotar o dirigirse hacia el enemigo, comenzaron a aproximarse hacia él gemelo quien se ubicaba al centro del ataque, como si el mismo fuera el medio del universo.
El universo creado por el gemelo acelero su marcha contra él, pero esto provoco que colapsaran entre ellos, generando grandes explosiones, que lograron detener el ataque de Ares, la temperatura del lugar comenzó a elevarse por aquellas colisiones cósmicas, por lo que el agua del mar, formo grandes columnas de evaporación. Las galaxias se fundían una con la otra, debido a los choques entre ellas y al aumento de la temperatura, que dio origen a varios agujeros negros, que comenzaron a engullirlo todo, provocando que la contracción cósmica se acelerara y los choques galácticos provocaran una gran columna amarilla rojiza que golpeo con brutalidad al dios de la guerra.
Una intensa luz se formo cuando la implosión del centro del universo se formo, la luz blanquecina pareció desaparecer todo en su intensidad.
…
Shura esquivo la espada de un berserkers que paso cerca a su rostro y aprovecho el momento para atinarle una patada al guerrero que salió expedido por los aires, se giro una vez y lanzo un imponente excalibur que hirió al guerrero que se desplomo en el suelo. Se incorporo con calma y cerró los ojos, escuchando los embates de aquella interminable pelea, pues los solados de Ares aún a pesar de sus heridas volvían a ponerse de pie.
-Saga. – Abrió despacio sus ojos esmeraldas al tiempo que su rostro era iluminado por la intensidad del ataque del geminiano.
-Me arte de esperar, acabemos con esto. – Milo tomo a un berserkers del cuello y lo hundió contra una de las pilastras del recinto, para luego lanzarlo hacia las escaleras de piscis.
-¡Milo! – Le llamo la atención Afrodita, quien clavo varias de sus rosas en un grupo de berserkers.
-Athena me prohibió usar el cosmos, no mi fuerza. – Milo pateo el rostro de otro guerrero que cayó al suelo y cuando este y otros berserkers intentaron lanzarse contra el escorpión dorado, sus piernas no respondieron, miraron desconcertados hacia el suelo, para comprobar cómo sus piernas estaban congeladas hasta las rodillas.
-Nuestro deber es garantizar la seguridad de la señorita Athena. – Refuto Camus, despidiendo su cosmos gélido de sus manos.
-Impidamos que alguno de estos se acerque a Athena. – Shura golpeo con su puño el rostro de un berserkers y detuvo con su otra mano un golpe que iba hacia él.
Athena se encontraba a un lado de Ikki cubriendo con sus manos blanquecinas el orificio por el cual Aldana había logrado herir al fénix, pero parecía que las armas de los berserker estaban protegidas por el cosmos de Ares lo cual dificultaba el poder sanarlas.
¿Cómo había sido posible que Ares le hubiera arrinconado de esa forma? ¿Cómo habia permitido que Dokho y Aioria terminaran bajo el control de Cronos? Le resultaba imposible que ambos enemigos pudieran haberse filtrado tan bien entre sus filas. Sin lugar a dudas todo aquello era por su culpa, se había confiado demasiado al creer que la ayuda de los otros dioses, le aportaría algo de descanso a sus filas, lo cual había resultado todo lo contrario; ya había estado a punto de perder a Aioros, Shura, Dokho, Aioria, Aldebaran, Camus, Milo, Mu y ahora lo de Mascara de la muerte. Ella era la diosa de la guerra y si debía actuar como Ares para proteger a los humanos de los titanes lo haría, iba a hacer que Cronos se arrepintiera de haber alzado su mano contra los dioses y desatado su ira contra sus caballeros.
Justo en ese momento el cosmos de Ares se sacudió gravemente a causa del ataque de Saga poniendo por demás nervioso a los berserkers que compartieron una mirada de angustia y hasta cierto punto los caballeros pudieron ver en sus ojos desesperación.
-¡Aldana! ¡Scatha! – Cesar llamo a sus compañeras que rápidamente le miraron y en esta ocasión los santos observaron como ellos con tan solo mirarse podían llegar a ponerse de acuerdo para atacar.
-¡Por nuestro dios! – Aldana se apoyo sobre sus manos para dar una voltereta y lograr acercarse hasta Hyoga. Aunque en realidad su misión era volver a llegar hasta Athena, no importaba las heridas que debiera recibir para ello, su misión era asesinar a la diosa, antes de que el caballero de géminis lograra hacer lo mismo con Ares.
El ruso la detuvo por la muñecas para frenar sus golpes sin herirla, pero Aldana le golpeo duramente en el estomago con sus rodillas, lo cual alejo al santo del cisne de ella, alzo sus manos frente a su rostro y rodeo de fuego estas, pero el color rojizo fue intensificándose hasta formar acumulos de lava en sus manos, los cuales salieron en forma de una columna hacia el cisne.
-¡Polvo de diamantes! – Ambos ataques chocaron entre sí, intentándose repeler uno al otro, por un lado el frio más intenso trataba de frenar el calor más denso, un choque entre las temperaturas más extremas en la tierra, que provocaba que grandes columnas de vapor se esparcieran por todo el salón.
Aldana se desplazo hacia un lado y disminuyo su poder permitiendo que el ataque de Hyoga golpeara a sus espaldas a varios soldados del dios de la guerra. La peliazul miro desinteresada la figura congelada de sus iguales y volvió toda su atención al rubio.
-El hielo no puede surgir de las cenizas. – Aldana materializo su arco y una flecha en sus manos, coloco el culatin de la flecha en el hilo del arco y lo tenso, apuntando al cisne para soltarla contra él.
-Koliso. – La flecha de la joven paso por en medio del aro de hielo que formo el ruso. Hyoga pateo un escudo que estaba en el suelo a sus pies, el cual se elevo frente a él y detuvo la flecha de la peliazul quien rápidamente se vio atrapada por el Koliso.
-Maldición. – Aldana se retorció atrapada entre aquel aro, mostrando la frustración que le provocaba verse imposibilitada para pelear, su dios necesitaba de ellos y le molestaba enormemente el no haber ni siquiera asesinado a un santo, debió haber acabado con el fénix cuando tuvo la oportunidad. Pero le enfurecía aún más estar tan cerca de la diosa Athena y no haberla asesinado ya. Si Ares moría poco importaría el seguir con vida, el era su dios, su motivo de pelear, por quien alzaba su arco a los cielos y por quien entregaría su vida y la de sus compañeros sin importar las consecuencias. – Mi señor si caigo en la batalla, lo hare para honrarlo a usted, mi sangre y la de mis enemigos le pertenecen y si he de morir, me llevare a todo el que se encuentre en este recinto.
Aldana coloco otra flecha en su arco rápidamente y la disparo contra el suelo, la cual se clavo en las lozas grisáceas provocando que se formara un agujero, después provoco una gran llamarada que destruyo el Koliso de Hyoga, exploto su cosmos escarlata el cual hizo ondear sus cabellos azules e incremento la intensidad del fuego que le rodeaba, el cual comenzó a expandirse e incendiar todo a su alrededor, pero además la flecha que había lanzado previamente comenzó a desintegrarse cuando del suelo comenzó a fluir un mar de lava ardiente que debilitaba los cimientos de la estructura y creaba enormes boquetes en la tierra, precedido de una ola de cenizas que pulverizaba todo a su paso.
La berserkers estaba cegada por el odio y la ira, sabía que llegaría hasta los últimos extremos por acabar con todos, incendiaria, quemaría, desintegraría todo lo que estuviera a su alrededor y también derribaría la estructura sobre los caballeros, sus soldados, Schata y Cesar pero también esta se desplomaría sobre su principal objetivo: Athena.
Hyoga pareció leer la mirada de la joven, así que, se dio cuenta que no habría otra forma de frenarla, más que de la única manera en la que su maestro Camus le había intentado detener a él en la batalla de las doce casas. – Rayo de Aurora. – Un gran viento gélido se formo entre sus manos y rápidamente este se transformo en una tormenta de nieve que avanzo a gran velocidad congelando parte de los ataques de la peliazul, sin embargo la lava no se detenía, creando ya pequeños arroyo y cavernas en el interior del recinto. Si no la frenaba a ella, aquella destrucción no cedería.
-¡Ataúd congelante! – "Maestro, Milo perdónenme" Cerro los ojos con pesar y alzo su mano derecha hacia el techo, el cual despidió una luz zafiro de su mano, como los eternos hielos de Siberia, la primera ventisca detuvo el flujo de la lava, la cual comenzó a carbonizarse y rompió la ola de cenizas, para al final lograr abrir una brecha en las ardientes flamas de su ataque por donde el frio del cero absoluto se fugo, comenzando a congelar las piernas y brazos de la joven, la cual fue encerrada en un bloque gigantesco de hielo.
…
Shiryu lanzo el dragón naciente contra Cesar el cual empuño su espada con ambas manos y corrió para enfrentarse al majestuoso dragón que se dirigía hacia él, alzo su espada y justo cuando el dragón celeste abrió sus fauces, le asesto un golpe con su espada logrando partirlo a la mitad. Los haces azules del dragón se desintegraron y se alzaron al cielo para desaparecer en pequeños destellos de cosmos.
Cesar continuo corriendo y cortando la técnica de Shiryu por la mitad con el objetivo de alcanzar al caballero, lanzo su espada hacia el pelinegro con brutalidad pero un ruido metálico le alerto de otro ataque, por lo que se giro y su espada choco contra las cadenas de Andrómeda, las cuales apresaron su arma.
-Ríndete. – Shun estiro su brazo para oponer una mayor presión a la espada del comandante de Ares quien sonrió molesto al verlo intervenir.
-Chiquillo nadie puede frenarme. – Su espada comenzó a rodearse de una energía oscura, que también comenzó a seguir el trayecto de la cadena hasta Shun.
-¡Suéltalo Shun!- Le alerto el pelinegro, pero fue muy tarde, aquella bruma oscura le provoco una quemadura en el brazo a Andrómeda, la cual lacero terriblemente su armadura que se resquebrajo y abrió su piel. - ¡Shun! ¡La cólera del dragón!
Shiryu concentro en su puño derecho una gran cantidad de fuerza en forma de energia aquamarina y libero un enorme dragón, el cual mordió la espada del general quien retrocedió ante la presión de la embestida de aquella bestia.
-Les voy a destrozar a ambos. – Cesar enterró su espada en el suelo y estiro ambas manos hacia el frente, de las cuales se libero colosales columnas de fuego y ceniza, que se dirigieron hacia el dúo.
-¡Excalibur! – La técnica legada por Shura de capricornio, destrozo el suelo en dos y partió por el centro aquellas dos columnas que se dispersaron en cuatro haces, de los cuales tres de ellos se estrellaron contra los escombros y el cuarto estuvo a punto de golpear a Milo y Afrodita que lograron esquivarlo, ya que ambos sintieron la descarga de poder a sus espaldas.
-¡Shura! – Rugió Milo enfurecido.
-Yo no he sido. – Se defendió el español.
-¡Tu le diste esa espada! - Gruñeron por igual piscis y escorpio. Shura se golpeo el rostro con la mano y miro divertido hacia sus compañeros.
-No les hagas caso, Shiryu. – Refuto Shura ignorando el comentario de sus compañeros.
-Cadena nebular. – Shun lanzo su cadena hacia Cesar a toda velocidad, logrando que esta se multiplicara en cientos de ellas, pero el moreno abrió en entre sus manos un portal por el cual ellos solían moverse el cual absorbió todo su ataque.
Cesar entorno su mano alrededor de la cadena, desviando la descarga eléctrica hacia el mismo vacio en su mano tal y como Scatha lo había hecho antes y la jalo hacia él con extrema brutalidad, arrastrando a Shun hacia él, tomo con su mano izquierda su espada y corto de un solo tajo la cadena del peliverde.
El comandante lanzo una esfera de fuego hacia el rostro de Shun, el cual le detuvo sin embargo algunas brazas cayeron en sus ojos verdes cegándolo, Cesar empuño su mano y le planto un puñetazo en el pómulo a Shun el cual le derribo en el suelo, la cadena reacciono al instante para atacarlo y alejarlo de Shun pero retrocedió para esquivarla, volvió a correr hacia Andrómeda y lanzo una estocada hacia su cuello, pero su espada golpeo el brazo de Shiryu que se había interpuesto.
-Shun ¿Estás bien? – Shiryu empujo aún más excalibur contra la espada de Cesar, para alejar aquel metal del peliverde.
-Sí, creo que ya puedo ver. – Menciono despacio el caballero, tallándose un poco más los ojos con el antebrazo.
-No por mucho, yo mismo te sacare los ojos. – Cesar intento hacer retroceder a Shiryu con su espada, pero pronto noto que el brazo de este comenzaba a adquirir un tono levemente dorado y que la espada sagrada se volvía cada vez más y más filosa. – No puede ser…
-Te equivocaste a subestimar a los caballeros. – Shiryu exploto su cosmos que resplandeció por unos segundos de un intenso dorado y provoco una cuarteadura en la espada de Cesar, la cual comenzó a crujir ante la presión, mientras aquella brecha en su filo cada vez se iba haciendo más profunda hasta que se partió en dos. El pelinegro golpeo con su brazo el rostro de Cesar el cual se fue hacia atrás cayendo hasta el suelo.
Cesar se cubrió con una mano el rostro, pero la sangre se coló atraves de sus dedos, reprimió el dolor que estaba experimentando a pesar de tener abierta la piel de su rostro a causa del filo de Excalibur y que le había producido un corte diagonal por todo el largo de su cara, rugió enfurecido, observando atraves de sus dedos y con un odio inmenso a ambos caballeros.
El cosmos de Cesar exploto cegado de rabia e ira, produciendo en sus iguales el mismo estado psicológico al que él se estaba sumiendo, un estado de furia, casi al límite de la locura y que desarrollaba toda su capacidad de guerreros. Cesar se incorporo de un salto, resquebrajando el suelo bajo él y golpeo brutalmente a Shun en el pecho perforando la armadura y la piel del peliverde sin que este ni su cadena hubieran podido hacer nada pues se había movido a una velocidad impresionante y su fuerza se había tornado sobrehumana.
Shiryu le lanzo un golpe a Cesar pero este lo detuvo con su mano haciendo crujir los nudillos del caballero y aumento la presión lográndole fracturar la mano derecha al joven dragón. Cesar cegado por la crueldad, pateo a Shun en el estomago para alejarlo de él y una vez que su mano estuvo libre, golpeo el codo de Shiryu con una fuerza descomunal lográndole fracturar el brazo.
Cesar le soltó y se encamino hacia un soldado cercano a él, tomo la espada que este tenía atada en su cintura y lo decapito sin miramientos, la cabeza del soldado rodo a sus pies y todavía en el suelo, clavo la espada sobre el cráneo de este para alzarla y arrojarla a la lejanía.
-¿Qué diablos le ha pasado? – Shun se incorporo respirando con dificultad y cubriendo con su mano la herida de su pecho, por la cual salian borbollones de sangre. Cesar y los otros soldados de Ares ya no eran los mismos, habían incrementado la fuerza y la velocidad de sus ataques, como si a penas acabaran de iniciar el combate, observo como a los caballeros dorados les estaba costando mucho trabajo contenerlos.
-Debemos tener cuidado. – Le alerto Shiryu volviéndose a incorporar. – Se dice que los soldados de Ares pueden alcanzar un estado psicológico, donde su fuerza y velocidad se vuelve descomunal, sin embargo se nubla su juicio y dejan de distinguir entre amigos y enemigos. Parece que hemos provocado que Cesar despierte ese estado y lo influya a sus compañeros.
Cesar elevo su cosmos, el cual provoco una onda expansiva que derribo a las pilastras aledañas a él y pulverizo los escombros a su alrededor, sin embargo no solo provoco esa onda, todos los poderes de los batallones de berserkers se integraron en uno mismo, el fuego se elevo por los aires dispersándose a sus lados e intentándolos alcanzarlos, las llamas se tornaron en lava ardiente que daño aun más la infraestructura del recinto, los muros a sus lados se destrozaron, quedando reducidos a cenizas y una bruma oscura se disipo pulverizando todo a su paso.
-¡Ultimo dragón de rozan! – Shiryu se incorporo rápidamente e incremento su cosmos a un nivel más allá que el máximo, ocasionando una terrible explosión que destruyo los escombros, pilastras, losas a su alrededor y golpeo el ataque de Cesar intentándolo detener.
-Tormenta nebular. – Shun genero una corriente de aire que aumento de intensidad, formando una verdadera tormenta de efectos devastadores pues arranco definitivamente el techo del salón patriarcal, dejándolo descubierto al cielo raso.
Los intenso vientos y el enorme dragón de rozan se impactaron contra el ataque del comandante de Ares, manteniéndolo a raya por unos segundos, pero el ataque de Shiryu rápidamente fue reducido a cenizas y el de Shun solo sirvió para incrementar la técnica del soldado, pues se comenzaron a formar torbellinos gigantescos de fuego que avanzaron amenazadores hacia ellos.
-¡Shura! – Afrodita intento acercarse para ayudar a salir a ambos caballeros de bronce de entre la destrucción provocada por Cesar pero una columna de fuego le impidió el paso, para después formar una cúpula de fuego en torno a él impidiéndole moverse.
Shura ignoro al berserkers con quien peleaba y corrió hacia los jóvenes de bronce, sin embargo varios guerreros de Ares le cerraron el paso, golpeo al primero de ellos en el rostro, pero otro le asesto un golpe a él reventándole el labio, le corto el brazo a quien le había golpeado pero otro más le llego por la espalda y lo apreso, permitiendo que sus compañeros golpearan al santo. Shura estallo su cosmos y lanzo varios Excalibur pero fue muy tarde la técnica estaba demasiado cerca de Shun y Shiryu. -¡No! – Aún así corrió a su encuentro.
Shiryu ayudo a levantarse a Shun, escuchando las voces de Shura y Afrodita a sus espaldas intentándolos ayudar, pero parecía que aquella terrible técnica arrasaría con todo y con ellos también. Coloco su escudo de dragón e incendio su cosmos esperando recibir el terrible golpe pero estando a unos metros de este, el poder choco contra un enorme muro violeta que le hizo retroceder y lo regreso hacia Cesar, quien fue golpeado por su mismo ataque.
-¿Cómo? – Shiryu volteo a su espalda, queriendo encontrar quien había acudido en su ayuda, pero abrió los ojos desmesuradamente al encontrar a un joven de cabellos castaños rizados, ojos esmeraldas y musculoso, que poseía un inmenso cosmos, aunque no podía reconocer si este era bueno o malo, pues podía sentir una energía oscura en el interior de ese joven que contrastaba con una sensación cálida en su cosmos. - ¿Quién eres?
-Me llamo Anteros y soy el dios de la pasión, el desamor y la venganza. – El oji verde les paso por un lado y se acerco hacia Cesar que tenia medio cuerpo enterrado entre los escombros y estaba sangrando descomunalmente, a causa de haber recibido su propio ataque. El dios se puso en cuclillas frente a él y estiro su mano derecha, como si en esta fuese a aparecer algo.
-Mi señor… ¿Qué hace usted…aquí? – Cesar intento salir de la pila de escombros, pero el dios le detuvo con su mano izquierda y negó profusamente.
-No es nada personal, Cesar, pero he decidido detener a mi padre y ayudar a mis hermanos Fobos y Deimos y para ello debo destruir a su ejército. – Anteros comenzó a manifestar en su mano derecha una energía morada, que causo una gran presión en el pecho de Cesar que abrió los ojos impresionado, escarmentando en su interior un terrible dolor, pronto su pecho se perforo y de este brotaron grandes borbollones de sangre, que salía por este orificio, de su boca y nariz. La presión sobre el pecho del comandante era tal que le hacía retorcerse de dolor, Anteros empuño su mano y de él salió arrancado su corazón el cual cayó en el suelo y rodo unos metros más por la pila de escombros, el dios sonrió con cinismo y se incorporo. –Todos los hijos de Ares gozamos de la crueldad y de derramar sangre, incluso Harmonía, Eros y yo.
…
Scatha salió despedida por un muro hacia las afueras del salón patriarcal, su cuerpo rodo varios metros, ante la caída su espada fue separada de ella y proyectada a varios metros, sus brazos y piernas se rasparon y pronto tuvo que aferrarse al mismo suelo para evitar caer en uno de los enormes acantilados del recinto patriarcal.
-Scatha tienes que reaccionar, recuerda que tu viniste a pedir ayuda a Athena, para evitar volver servir al dios Ares ¿Lo olvidas? – Seiya miro a la joven escalar para evitar caer al vacío.
-Jamás traicionaría a mi señor, caballero. Toda la lealtad que tu guardas hacia tu patética diosa, no es nada comparado con la devoción que le tengo a mi dios. – Scatha analizo con un vistazo rápidamente su nuevo campo de batalla, vio su espada a unos dos metros de ella y el vacio tras de sí, un error y Pegaso podría arrojarla hacia él. – No vale la pena seguir conversando santo. Te juro que si no te mato, yo misma te arrastrare hasta el mismo infierno. – Siseo.
-Debes parar, todos tus compañeros están siendo heridos, tu comandante ha muerto y tu hermana ha sido congelada, tienes que luchar contra él. – Seiya miro a la pelirroja incorporarse y rodear sus manos de dos esferas de fuego. – Scatha por favor.
-No ruegues vanamente santo, entiéndelo de una vez. – Scatha corrió hacia Seiya y lanzo una de sus esferas de fuego con el objetivo de cegarlo por unos segundos, lo cual dio resultado, golpeo al japonés con una de sus rodillas en el rostro y de ahí comenzó a soltarle varios golpes sin clemencia al santo, los cuales en su mayoría le acertaba.
Scatha rodeo su mano de su cosmos y golpeo el pecho de Seiya justo en el lugar donde Hades le había herido, Pegaso retrocedió intentando alejar aquel cosmos pero Scatha logro perforar su armadura y lacerar su piel, antes de que Seiya pudiera alejarse por completo.
-Te dije que iba a matarte. – Scatha exploto todo su cosmos, quemando las platas que se encontraban fuera del recinto e incendiando algunas cortinas que pendían a causa del aire y las explosiones que estaban ocurriendo dentro del recinto sagrado, su ardiente energía comenzó a desintegrar todo y vaporizarlo. – No deseo vivir en un mundo donde Athena siga viva. – La pelirroja lanzo varias esferas anaranjadas rojizas, las cuales explotaron cuando rosaron el cuerpo de Seiya perforando y escoriando la piel del japonés.
-¡Meteoro Pegaso! – Scatha lanzo una columna de fuego que consumió en su mayoría el ataque del castaño sin embargo alguno de esos haces celestes pudieron llegar hasta ella, impactándose contra su cuerpo, cayó al suelo, lastimada y sintiendo como el dolor recorría cada fibra de su ser, al final Pegaso había elevado su cosmos a cantidades insospechadas superando incluso el suyo.
Se apoyo en sus manos, las cuales temblaron ante su peso y por el dolor, vio como varias gotas de sangre se desprendían de su cuerpo y manchaban las grises baldosas, jamás creyó que Pegaso pudiera liberar esa cantidad de cosmos en tan poco tiempo, pero por algo aquel castaño era el guerrero legendario, el único humano capaz de haber herido a dioses como Poseidón, Hades, Abel y Apolo. Y ello hacia su victoria más gloriosa si llegaba a matarlo.
Pero no se hubo bien levantado cuando, el cosmos de su señor se debilito notablemente, llevo sus ojos azules hacia el lugar de donde sintió el cosmos de Ares y sus manos temblaron de rabia al comprender que todo había terminado de nuevo. Ares acababa de recibir seguramente una herida que sellaría su cosmos, ella podía sentir la impotencia, la rabia y la furia de su señor, quien había vuelto a ser traicionado, en esta ocasión por la deidad por quien su dios dio todo; Afrodita.
Sus vista se nublo unos segundos sintiendo como el cosmos de su dios comenzaba a dejarla de bendecir y se dio cuenta que pronto terminaría aquello. Athena había vuelto a ganar. Cerro los ojos con una profunda rabia y se incorporo decidida de nuevo. – Mi señor, su ejército siempre le acompañara fielmente, nuestras vidas le pertenecen desde el día que le juramos lealtad, yo misma me encargare de ofrendar a usted la sangre más preciada de este santuario.- De cuando abrió sus ojos azules, de estos se desprendieron dos gruesas lagrimas que rodaron por su rostro como si dos perlas se desprendieran.
-Siempre has sido una hija de la guerra. – El escuchar a Ares incentivarla de aquella manera, la ínsito más a entregar su vida por él. Ella se iba a encargar de destrozarle a Athena su victoria en la cara.
Ni siquiera se volvió hacia Seiya corrió directamente a por su espada y cuando se barrio para tomarla volvió a levantarse esta vez clavando sus ojos sobre los del Pegaso quien la observaba con cautela, ella rodeo su espada de energía oscura que precipitaba cualquier destrucción y la clavo sin más en el suelo e hizo explotar su cosmos, jalo su espada hacia ella provocando que se formara una grieta en el piso, la cual se fue expandiendo hasta seccionar la parte donde Seiya y ella se encontraban.
El piso vibro bajo los pies de los dos y grandes trozos de este comenzaron a caer al vacío, del cual ella o Seiya no sobrevivirían, vio los ojos de sorpresa del santo cuando comprendió su plan y como tenso todos los músculos de su cuerpo, mientras trataba de evitar pisar los trozos que comenzaban a desplomarse.
-¡Cometa Pegaso! – Seiya reunió todos sus meteoros en un solo golpe de gran potencia y lo lanzo hacia Scatha, quien se dirigía corriendo hacia él, la chica abrió la dimensión de los berserkers y lo absorbió por su mano de la misma forma en la que había hecho con Shun, recorrió rápidamente los últimos metros que la separaban de Seiya y le golpeo el rostro con su antebrazo, para después clavar la espada en el abdomen del japonés, quien impidió que el filo entrara por completo deteniéndolo con su mano, la cual comenzó a sangrar por el corte, Scatha retiro el filo y arrojo a lo lejos su espada.
-Te dije que ambos nos iríamos al infierno. – Scatha se apoyo en los hombros de Seiya y le brinco quedando a sus espaldas, tomo ambos brazos del caballero inmovilizándolo e incendio todo su cosmos, haciendo arder su vida misma, una gran columna de fuego los rodeo a ambos, que se cubrió por aquella bruma negra, la pelirroja exploto todo el cosmos que le quedaba y el suelo a sus pies se desplomo, haciéndolos a ambos caer al vacío. – Golpearemos la tierra como dos grandes meteoros y nos fundiremos con las estrellas. – Scatha aferro más su agarre a Pegaso imposibilitando los movimientos de este, mientras una sonrisa de gozo se dibujaba en su rostro. Le iba a dar a Athena donde más le dolía, le arrebataría la vida de quien había dado todo por ella…
…
La intensa luz fue disminuyendo paulatinamente y fue sustituida por una nube de polvo y tierra que imposibilitaba la visión, se escuchaban en su interior los escombros crujiendo a causa del ataque del gemelo mayor y poco a poco se fue limpiando el aire de su intensa bruma, permitiendo a la diosa del amor observar la destrucción del campo de batalla.
Miro al geminiano recostado sobre unas piedras, de las cuales goteaba la sangre del caballero, pues al parecer el ataque de Saga era capaz de dañarlo tanto a él como a su enemigo, sin embargo respiro aliviada cuando le vio moverse lentamente a causa de las heridas y el cansancio, si ese ataque no había vencido a Ares, dudaba que a géminis le quedara energía para utilizar el cosmos.
Y tal como si hubiera invocado al pelirrojo lo vio surgir de entre una pileta de escombros, se impresiono de verlo sangrando, con varias heridas y quemaduras por todo su cuerpo, el verlo tan lastimado por un humano solo podía provocar en su interior un terrible pánico, pues conocía a Ares y sabia que no dejaría pasar algo como aquello por alto. Así que no le sorprendió verlo acercarse a paso acelerado a Saga con la intención de acabar con el gemelo con sus propias manos.
-¡Saga cuidado! – El gemelo se incorporo trastabillando y balanceándose de un lado a otro, sin embargo volvió a plantarle frente al dios, que se arrojo sobre él. Ares golpeo con brutalidad la fractura del brazo y pierna del gemelo, destrozando la articulación del brazo izquierdo, Saga lo pateo para alejarlo de él, pero Ares le tomo por el cuello y le arrastro junto con él.
Sus cuerpos rodaron por la arena y cayeron sobre la playa, el agua les golpeo y provoco un ardor en sus heridas por la sal del mar, pero lavo alguna de sus heridas, tiñendo el agua de un color escarlata, Ares apareció una espada en su mano y la clavo sobre el hombro izquierdo del gemelo, retorciéndola sobre este e incluso la quebró para que Saga no pudiera sacarla.
-Debí… haberte matado cuando pude… - Siseo enfurecido el dios, dio varios puñetazos en el rostro al gemelo, quien no pudo frenarlos por la fractura de su brazo izquierdo y porque el dios sostenía con su mano izquierda su brazo derecho. – No perderé la oportunidad esta vez. – Ares apareció un cuchillo y rasgo la piel del gemelo justo donde latía su corazón. – Acuario sobrevivió a esto porque Ker lo ayudo, pero te aseguro Saga que me encargare de sacarte el corazón para que nadie pueda salvarte.
Saga se removió bajo el dios, logrando liberar su mano derecha con la que golpeo la mandíbula del dios provocando que este cayera hacia atrás y por ende liberando su cuerpo, Saga ni siquiera lo pensó, saco la daga dorada que había guardado y se lanzo contra Ares, el filo dorado se interno en las carnes del dios, que gruño ante el dolor.
Pero el no iba a irse así empuño el cuchillo y lo encajo en el costado del geminiano en dos ocasiones quien se arrastro hacia el mar, para alejarse de él, tiñendo el agua aún más de sangre y dejándose caer sobre esta. Ares sintió rápidamente como su cosmos se fue extinguiendo, se dejo caer en el suelo y fijo sus ojos en el cielo, estaba a punto de amanecer, podía ver todo el mosaico de colores en ese manto estelar y cerró los ojos para no ver más aquel mundo, al cual el no pertenecía.
-¡Ares! – Afrodita se levanto del suelo y corrió hacia él dios pelirrojo, le tomo de la mano con calidez y acaricio el pálido rostro de su amado. – Ares. – Varias lágrimas escaparon de sus ojos y llevo la mano del dios hacia su rostro. Por su parte Ares abrio lentamente sus orbes escarlatas y contemplo a la diosa del amor llorando, las lagrimas de Afrodita era lo que lo habían despertado, por un segundo había creído que había comenzado a llover.
-¿Qué… que estás haciendo Afrodita? Te vas a… manchar con mi sangre. – Ares arrugo la nariz ante una descarga de dolor y sintió su cosmos comenzar a mermarse. Vio a la rubia negar despreocupadamente e intentando en vano contener las lagrimas en sus ojos.
-Perdóname, Ares, perdóname. – Afrodita se cubrió la cara con ambas manos y se recostó sobre el pecho del dios, dando rienda suelta a sus lágrimas, ante la idea de volver a perderlo, pues ella había ayudado a Hera a traicionar a los dioses con el único objetivo de recuperarlo a él y ahora le volvía a sumir en un nuevo sueño. – Debes de perdonarme por reaccionar tan tarde, debí haber calmado tu furia por Athena y por el Olimpo hace mucho, Ares yo… debí haber dejado a Hefestos hace mucho tiempo, mi deber era oponerme a Zeus y los demás dioses respecto a cómo siempre te trataron… ellos no te conocen tan bien como yo.
-Afrodita… - Ares levanto su mano derecha y descendió por la larga cabellera dorada de la única diosa de la que se había enamorado. – Si hay algo que lamento de esta guerra, fue lastimarte, me equivoque con Deimos y Fobos…
-Ares. – Afrodita unió sus labios apasionadamente al dios de la guerra, el cual la tomo por la nuca y la acerco más a él. – Ares. – Una gruesa lagrima rodo de los ojos de Afrodita cuando dejo de sentir el cuerpo del dios y se vio rodeada por los haces escarlatas de su cosmos que se extinguieron a su alrededor.
Afrodita se limpio las lágrimas y trato de mantener la compostura cuando volteo a ver a Saga que permanecía dentro del agua donde el oleaje iba y venía en su infinito vaivén, el peli azul estaba inconsciente y mantenía su mano sobre la última abertura provocada por Ares, se acerco hasta el gemelo y le ayudo a salir del agua.
De verdad estaba impresionada de la fuerza que poseía ese santo y entendía el porqué Ares le había seleccionado como su recipiente. Coloco sus manos sobre el pecho del santo y comenzó a utilizar su cosmos para hacerlo sanar, curando únicamente las heridas que ponían en riesgo su vida. Era lo mínimo que podía hacer por el único humano que había comprendido el odio de Ares y le había ayudado a apaciguar su furia, un enojo provocado desde la era mitológica por los olímpicos… - No marcharas hacia el inframundo, Saga de géminis, por hoy ya has terminado con todo.
…
Continuara…
Comentarios:
Carlos: Lo del otro capítulo tan solo fue una probadita, creo que jamás me atrevería a subestimar la fuerza de Saga o Kanon pues han dejado en claro que sus manos pueden destruir a las estrellas. Así que espero este capítulo te sea suficiente para deleitarte con la grandiosidad del gemelo.
Mugetsu-Chan_xd: Me alegra haberte sorprendido, pero tengo bien entendido que un error jamás deja de ser una falta grave y aunque Persefone lo haya entregado todo por amor, no deja de ser una traición lo que cometió, ni que alzo su mano contra sus iguales, no importaba que su madre y Athena se encontraran de ese lado. Y estoy de acuerdo contigo, ya se han cometido muchos errores en el Olimpo, muchos han sido criminales ahí y Zeus es tan solo uno de ellos, aunque bien Hera y Ares también han cometido faltas graves. Mu ha regresado al santuario y nuestro querido roshi vuelve a ser el mismo, espero te hayan gustado las batallas.
Joana: Me alegra que te haya gustado y muchas gracias por tu comentario. Espero que pronto tengas oportunidad de abrir un profile y crees tus propias historias.
Darkmiss01: Me has sorprendido demasiado, te juro que si yo no hubiera estudiado mi carrera estaría estudiando historia, te has ganado mi admiración por ello. Y comparto el mismo pensamiento que tu Hera, Ares y Persefone solo actuaron de forma a la que los orillaron los otros dioses. Y estoy de acuerdo a que Cronos ansia que los dioses prueben el mismo dolor por el que ellos pasaron. Por el momento Athena solo intenta sobrellevar el embrollo y resolverlo, cuando sobrevenga la calma será el momento de pedirle cuentas al Olimpo. A pesar de lo que se diga Hades siempre ha sido uno de mis dioses preferidos, Artemisa y Demeter reaccionaron así porque se sienten heridas por Persefone, la única diferencia es que cuando ellas intentaron acabar con todo el mismo Olimpo las respaldaba. Espero que te haya gustado el desempeño de los berserkers en este capítulo y que a Cesar solo lo haya podido asesinar un dios y obviamente que estés complacida con la pelea Saga- Ares.
Andy: Se acabaron las peleas espero no haberte bajado mucho el azúcar con todas estas emociones. Y por el momento todos siguen vivitos y coleando el único que está en la cuerda floja pueden son Mascara de la muerte y Seiya.
LadyMadalla-Selene: Ya en el próximo capítulo ocurrirán varios encuentros entre ellos el de Aioria y Marín. En realidad quien debe salvar a DM es Athena, Radamanthys tiene la misión de encontrar a los dioses sellados. Espero que te haya gustado la batalla de Saga y Ares. Ya pronto abra romance porque Shaina y Milo se reencontraran así que tranquila.
ClarissaMorgenscest-Mischief: Recuerda que Persefone se salvara solo si Radamanthys logra liberar a los dioses sellados, respecto a Pandora aunque no le agrade la idea de cuidar de la emperatriz sabe que tiene que hacerlo por Hades, así que no le queda muchas opciones. No quise meter a los semidioses como Hércules, Odiseo, Perseo y demás porque resultarían en muchos conflictos más además, la pelea es contra los Olímpicos no tanto contra dioses menores.
Lady sailor: Gracias por tu comentario.
Lena: Me dio mucho gusto que te animaras a escribirme porque es la primera vez que se de ti. Y me agrada mucho ponerte nerviosa con mis locas ideas. Por el momento nuestro querido acuario sigue con vida, Aldana solo le reabrió la herida pero nadie ha alcanzado a destrozarle el corazón, pero así son las peleas. Como viste la pelea de Saga y Ares no se había acabado aun. Tienes razón Artemisa le regalo esa arma a Ares como una buena intención de su hermandad, jamás creyó que el dios la usaría contra los dioses.
Artemiss90: Tu deseo se cumplió, Saga por fin término con Ares, con el arma con la que hace mucho tiempo el quiso matar a Athena. Creo que la diosa Demeter entendió por fin que Persefone ya había crecido y como tal tenía la obligación de hacerse responsable de sus acciones.
Kat-dreyar: Saga no muere tan fácil, porque cada vez que el caiga se levantara con más fuerza.
Atte: ddmanzanita.
