Capítulo 9
El portón eléctrico rodó completamente, permitiéndole el ingreso al estacionamiento principal.
La mansión Uchiha era una genialidad arquitectónica, construida hace más de sesenta años. Cuando Mikoto contrajo matrimonio con Fugaku, comenzó un ambicioso proyecto de remodelación, preservando la estructura original y transformándola en una elegante fachada con enormes jardines y columnas corintias.
Aparcó el automóvil en uno de los tantos espacios disponibles para los visitantes. Se mantuvo dentro del coche el tiempo suficiente para armarse de valor y poner un pie ahí dentro. Estaba ahí en contra de su voluntad, o al menos, eso pensaba. Había transcurrido más de una década desde la última vez que estuvo en la casa de sus padres, era apenas un joven soñador que abandonaba los lujos y comodidades para perseguir su sueño.
Tras la cirugía de su padre, Mikoto contempló la situación como una oportunidad para ayudarlo a solucionar los problemas del pasado. No obstante, se sentía inseguro, Fugaku lo detestaba y para ser sincero consigo mismo, no tenía ni puta idea de cómo proseguir de ahora en adelante, a duras penas e intercambiaban dos o tres palabras, monosílabos tajantes y gélidos. Se obligó a sí mismo a sobrellevar la condena del patriarca hace mucho tiempo.
Sin más remedió, tomó una enorme bocanada de aire y se apeó del coche, dirigiendo el andar hacia la entrada principal. Tenía la impresión de que todo se trataba de un sueño. Había pasado la mitad de su vida en ese lugar, las paredes resguardaban recuerdos de la infancia y la adolescencia difíciles de borrar. Era extraño retornar como un visitante al que antes había sido su hogar.
Inhaló profundamente y llamó a la puerta, golpeando la perfecta superficie de madera tallada con los nudillos, escuchó un suave andar al otro lado, en cuestión de segundos apareció su madre, ataviada con un ligero vestido camisero con estampado geométrico; le ofreció una pequeña sonrisa, algo inusual en ella, al mismo tiempo que se movía a un lado para permitirle el paso.
Renuente, Itachi puso un pie dentro del vestíbulo, dando un respingo al escuchar la puerta cerrarse tras de sí.
—Llegas tarde— dijo la mujer, contemplándolo con recelo.
—Lo lamento, había ciertos asuntos en el hospital que no podía ignorar— explicó con simpleza.
Los pasos de Mikoto resonaron por la estancia, indeciso, Itachi la siguió de cerca por la imperiosa antesala con techos de nueve metros y un patrón de tragaluces que bañaba la habitación el luz; en el centro se apreciaban enormes sofás de color verde, perfectamente dispuestos en la geografía del lugar. Una lámpara de araña y lágrimas de vidrio bajaba desde el techo hasta acariciar la mesa de café de cristal. Itachi pensaba que aquel sitio simulaba el recibidor de un hotel a la sala de un cálido hogar.
— ¿Cómo va el trabajo?— preguntó sin contemplarlo. Ambos se dirigían a la segunda planta, donde se localizaban los dormitorios, el estudio de su padre y una gran sala de entretenimiento.
—Atenuante, como de costumbre— respondió, subiendo lentamente los peldaños.
Caminaron hacia la habitación principal la cual había sido acondicionada de tal forma que lucía idéntica a un cuarto de hospital. El equipo de enfermeros deambulaba de un lado a otro, cumpliendo con su deber. Mikoto se las había apañado para que su esposo pasara el proceso de recuperación en casa, sin ninguna incomodidad.
—Veo que tienes todo bajo control— masculló, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, realizando un discreto escrutinio con la mirada.
—Asi es— respondió, orgullosa—. Me asegure de adquirir equipo de calidad, lo mejor de lo mejor para tu padre.
Itachi asintió. No era de extrañarse que su madre no escatimara en gastos cuando de salud se trataba. Si había acudido al Hospital de Konohagakure no era por las instalaciones, sino porque sabía que el sanatorio contaba con los mejores médicos de la Nación del Fuego.
— ¿Cómo se encuentra?— preguntó, dirigiendo los ojos ónix al sitio donde reposaba Fugaku, completamente dormido.
—De maravilla. Hemos seguido tus indicaciones al pie de la letra. El doctor Bunko dice que en cuestión de meses estará completamente recuperado.
Su padre era un hombre obstinado. El hecho de que su relación se hubiese quebrantando no era sinónimo de que Itachi deseara verlo sufrir, todo lo contrario.
—Si ese es el caso, creo que debería regresar a casa, no quiero perturbarlo— espetó con seriedad.
—Tonterías, le pedí a Kou que preparara tu comida preferida, además, tu hermano no demorara en llegar. Ha pasado mucho tiempo desde que mis dos hijos estuvieron reunidos en esta casa.
Itachi sonrió a Mikoto en un intento por ocultar su consternación. Lo último que esperaba era encontrarse con su hermano menor, sobre todo cuando hace no más de dos semanas había besado a su ex prometida en el cuarto de descanso.
No experimentaba ni un ápice de arrepentimiento, sino todo lo contrario; Sakura era perfecta, un fruto prohibido que anhelaba degustar hasta saciarse de ella, aunque dudaba alcanzar el hartazgo. Estaba absolutamente cautivado por la pelirosa, no solo por su belleza, también por su inteligencia e intelecto. Era el impulso que necesitaba para devolverle el sentido a su vida.
Tal como lo predijo su madre, Sasuke arribó treinta minutos después. En el comedor, dos chicas jóvenes colocaron cuencos enormes de sopa humeante frente a cada uno de ellos. La habitación se sumió en silencio durante algunos minutos, hasta que Mikoto se vio en la necesidad de iniciar una conversación con Sasuke, en la cual, Itachi se limitó a escuchar y asentir.
Una vez finalizada la cena, los hermanos se trasladaron a la sala de descanso favorita de su padre. Itachi recordaba haber ingresado una o dos ocasiones. Fugaku solía reunirse con amigos cercanos o socios para hablar de negocios mientras bebían y fumaban selectos puros.
— ¿Quieres un poco de coñac?— cuestionó Sasuke detrás de la barra.
—Si— accedió el pelinegro.
La tensión se respiraba en el aire. Sasuke lo detestaba, no se inmutaba en ocultar el resentimiento que lo abrumaba. No iba a culparlo, lo tenía bien merecido. A final de cuentas lo único que hizo fue salir huyendo, delegando la presión y responsabilidad a su hermano pequeño sin derecho a réplica.
Estaba seguro que cuando supiera lo de su relación con Sakura terminaría odiándolo de por vida, si es que no lo hacía en ese momento.
Sasuke se aproximó a él, entregándole el trago. Ambos tomaron asiento en los sillones de cuero, uno frente al otro.
—Nunca mencionaste que Sakura trabajaba contigo— murmuró al mismo tiempo que daba un pequeño sorbo a su trago, sin apartar la mirada de Itachi.
—Nunca preguntaste— dijo él, con su habitual tono de voz adormecedor.
El aspaviento estoico de Sasuke estuvo secundado por uno de puro estupor. Frunció el entrecejo, expectante a lo que su hermano mayor podía comentar respecto a la pelirosa.
—Es una mujer brillante— prosiguió, degustando la exquisita mezcla de sabores; sotobosque, frutos secos y humedad—. Me atrevo a decir que tiene un futuro prometedor.
—Asi es— dijo Sasuke, su tono escéptico disimulando a duras penas el desdén.
Su hermano había sido un idiota al dejarla ir. Un ápice de celos se vislumbraba desde lo más profundo de su interior al saber que Sasuke, hace no mucho tiempo, era merecedor de todo el amor de Sakura. Cuanto habría entregado él con tal de tener a una mujer como ella a su lado, o mejor dicho, por tenerla a ella a su lado.
Mientras paladeaba el licor, el vivido recuerdo del sabor de sus tersos labios apareció de nuevo; aquel casto roce fue el aliciente perfecto para avivar el fuego de sus sentimientos.
—El otro día, en el hospital, no me dio la impresión de que ustedes compartan una relación meramente laboral— Sasuke levantó la vista del vaso con coñac con suspicacia.
Itachi hizo una pausa. El comentario de su hermano distaba de ser una inocente suposición. Pensó que cualquiera que fuese su respuesta, se encargaría de diseccionarla hasta encontrar la verdad.
No le sorprendería que lo descubriera, Sasuke no era tonto, y más pronto que tarde terminaría por llegar al fondo del asunto.
— ¿Te molestaría que existiera algo informal entre nosotros?— preguntó, aventurándose en aguas peligrosas y desconocidas—. A final de cuentas, su compromiso término hace mucho tiempo.
El azabache bebió de golpe lo poco que le restaba de licor.
—Nuestro compromiso ha finalizado— convino, contemplándolo directamente a los ojos, desafiante, disipando cualquier atisbo de tranquilidad—. Sin embargo, tú sigues casado, sería una pena que un tonto delis con mi ex prometida te adjudicara una demanda por adulterio.
La realización cayó sobre él como un balde de agua gélida. Había olvidado por completo el proceso de divorcio, Izumi materia la esperanza de que cambiara de parecer, no obstante, Itachi llegó a la conclusión de que era mejor dar por zanjado el asunto de una vez por todas. Además, no solo estaba la cuestión de su separación, sino también su posición como jefe. Tsunade no recibiría de buena gana las noticias de una posible relación con su aprendiz más apreciada, la junta directiva tampoco lo contemplaría con buenos ojos.
Itachi ignoró el deje hostil y posó la mirada ónix sobre la fisionomía de Sasuke. Con tranquilidad sorbió de un trago el dedo de coñac.
— ¿Es una amenaza?— indagó, escrutándolo desde su asiento.
Sasuke contempló con desinterés la hora en su sofisticado reloj de pulsera, lanzó un suspiro y se puso de pie, colocando el contenedor de cristal vacío sobre la barra.
—En lo absoluto— contestó, mostrándole una sonrisa media, casi forzada—. Sin embargo, me sentiría más tranquilo si te mantienes alejado de ella.
: : : : : : : :
Cuando entró en el ascensor, Itachi inhalo profundamente antes de encontrarse con Tsunade.
La charla con Sasuke rondaba por su mente, como un cazador al asecho. Había mostrado imprudentemente sus cartas, y si bien, no desveló nada comprometedor, la información otorgada era suficiente para generar sospechas.
En el piso treinta, el ascensor se abrió directamente en el vestíbulo de las oficinas de los ejecutivos. Con paso lento, recorrió el pasillo perfectamente decorado al mero estilo minimalista. Detuvo su andar frente a la puerta, y sin pensarlo, llamó dos veces, escuchando la demandante voz de Tsunade al otro lado, permitiéndole entrar.
Al ingresar, encontró a Sakura en el despacho, postrada en una de las sillas disponibles para los invitados. Sus miradas se encontraron por un breve segundo, reviviendo el recuerdo de su encuentro en el cuarto de residentes. Una extraña sensación de calidez se expandió por su pecho, al mismo tiempo que las ansias de poder degustar sus labios de nuevo aumentaban. Necesitaba estar cerca de ella, acariciar su piel un ínfimo momento antes de regresar a la cruenta y pérfida realidad.
—Supongo que hablaremos luego— dijo la pelirosa, abandonado su asiento, mostrándose dispuesta a marcharse.
—Estaremos en contacto— le aseguró Tsunade, con la mirada fija en uno de los tantos documentos apilados sobre su escritorio, pendientes de revisar.
Sakura se detuvo un instante a su lado, ofreciéndole una tímida sonrisa; las mejillas sonrosadas, los tersos y voluminosos labios coloreados con un ínfimo tono carmín, el brillo lemanita de sus ojos, cautivador e incitante.
—Buenos días, doctor Uchiha— saludó con formalidad, asegurándose de mantener las apariencias.
Había algo excitante en toda esa situación, el peligro de ser descubiertos añadía un poco de adrenalina y opacaba el temor. Si años atrás alguien le hubiese contado que a la edad de treinta y seis años terminaría prendado de una de sus estudiantes, lo habría juzgado de loco e insensato.
—Buenos días, doctora Haruno— correspondió, manteniendo la mirada fija en ella hasta que abandonó la habitación.
Tomó asiento frente al escritorio, anhelando que la improvisada reunión no se prolongara más de la cuenta. Aun tenia trabajo pendiente por hacer, papeleo que revisar y consultas que atender. Sin embargo, cualquiera que fuese la razón de Tsunade para citarlo, intrique terminaría disgustado o abrumado.
—Seré breve y concisa—dijo la rubia, con voz firme y amable—.El congreso de Amegakure es dentro de algunos días— Itachi asintió. Cada año, las farmacéuticas en conjunto con las campañas de biotecnología organizaban una reunión de talla internacional dirigida al personal e inversores en el área de la salud—.Mis obligaciones como directora me impiden acudir en esta ocasión, por lo que me tome la libertad de anunciar que tú acudirás en mi lugar. La junta directiva estuvo de acuerdo con la propuesta.
Itachi bajó la mirada al cristal que cubría la mesa.
Detestaba ese tipo de eventos, consideraba que no eran más que pobres excusas para vender el alma al mejor postor.
—El hospital no está llevando a cabo ningún programa de investigación o algo similar— respondió, clavando la mirada oscura sobre el imperturbable rostro de la rubia.
Con un suspiro, Tsunade se despojó de los lentes de descanso y presionó el puente de la nariz con dos dedos, haciendo un esfuerzo sobrehumano por conservar la calma.
—Las grandes compañías aseguradores acudirán. Lamentablemente, el hospital está en números rojos. Tu labor será persuadir a la compañía con la que hemos trabajado durante años para que renueve el contrato— explicó Tsunade, más por obligación que por cortesía.
—Cualquier socio habría realizado un excelente trabajo— dijo, removiéndose en su asiento, inquieto.
—Concuerdo contigo— espetó, esbozando una sonrisa forzada—. Sin embargo, sabes cómo son los ejecutivos, adoran tratar con médicos, embelesarlos con promesas y besar sus traseros hasta lograr su objetivo. Eres un hombre joven, Itachi y muy inteligente. Además, tienes conocimiento en este tema, algo heredaste de tu padre.
El azabache permaneció en silencio, sopesando las palabras de Tsunade.
—Está bien, acudiré— espetó, lanzando un suspiro—.Pero con una condición— añadió, contemplándola directamente a los ojos, desafiante.
—Pensé que bastaría con cubrir los gastos de los viáticos y las pequeñas vacaciones— Tsunade movió la cabeza, lamentándolo—. Pero puedo hacer una excepción.
—Permite que Sakura vaya conmigo— solicitó, ocultando el temblor en su voz.
La solicitud rebasaba el límite de lo inusual. Cualquier ejecutivo se limitaría a acudir solo al congreso. No obstante, Itachi pensaba que la mente sagaz de Sakura serviría para mantener a los representantes de la compañía a raya. Además, no le molestaría pasar unos días a lado de ella, lejos de las obligaciones del hospital.
Tsunade entrecerró los ojos en señal de desconfianza.
— ¿Por qué ella, específicamente?— indagó.
—Sakura es una de las mejores cirujanas en su generación. Llevarla y presentarla atraería la atención de los inversionistas.
Los delgados labios de la blonda se curvaron en una sonrisa pletórica.
—De tal palo tal astilla— espetó—. Me asegurare de ultimar los detalles pendientes y hablar con Sakura al respecto— añadió, dando por zanjado el asunto.
Tsunade lo guio hasta la puerta de entrada. Ambos comenzaban a entablar un entendimiento singular. Estaba seguro que de ahora en adelante, la rubia tendría en alguien más en quien depositar su confianza.
—Oh, una cosa más— dijo, deteniendo cualquier tentativa de marcharse—. Espero que tengas en mente la posición en la que tú y Sakura acuden al congreso.
Itachi sonrió. Tsunade le daba la impresión de que ella tenía una forma de saberlo todo. Tras percatarse de la cercanía que tenía con Sakura, era de esperarse que la directora estuviera enterada de cada detalle respecto a su relación con la pelirosa. Incluso si a duras penas iniciaba.
—Por supuesto— le aseguró sin titubear.
: : : : : : : : : : : :
La habitación se encontraba en penumbras, salvo por el halo de luz que emitía el proyector desde la parte trasera del auditorio.
Sobre el pódium, una joven de complexión menuda, exponía el último de los casos admitidos en el hospital; se trataba de un hombre de sesenta años, trabajaba como guardia de seguridad en uno de los lujosos complejos de apartamentos ubicados en el centro de la ciudad. Vivía solo, no tenía parientes. Lo encontraron con indicios de confusión, sus compañeros fueron a buscarlo porque no se había presentado al trabajo. Contaba con varias contusiones de distinto grado en el lado derecho.
— ¿Lo contempló al momento de su ingreso?— cuestionó, clavando sus fanales ónix en el rostro nervioso de la chica. Estaba rodeado por un aura de autoridad que causaba temor.
—Si— replicó ella, tratando de sonar tan segura como le era posible—. Sufría disfasia y presentaba debilidad en el lado derecho del cuerpo.
— ¿Diagnostico? — indagó, esta vez sin atisbarla; revisaba detenidamente el informe redactado por la misma chica. Aunque él ya lo sabía, debía ponerlos a prueba, asegurarse de que los errores se cometieran en su presencia, dentro del marco teórico y no en la práctica.
—Es un déficit neurológico progresivo de corta evolución— contestó con seguridad—. Las contusiones se localizan en el lado derecho, probablemente, el programa progresivo está en el hemisferio izquierdo del cerebro, en el lóbulo frontal. El hombre tiene un hematoma subdural.
—Echemos un vistazo al escáner— solicitó. Su voz era demandante, pero apacible, fuerte y sosegada.
Los cortes transversales de la imagen radiológica pronto aparecieron. El pelinegro observó la efigie desde su asiento, con una mueca mortalmente seria decorándole la hermosa faz.
—No es un hematoma subdural— interrumpió Sakura desde la parte trasera de las gradas. Las cabezas se giraron para contemplarla. Se encontraba situada en la última fila de asientos del auditorio, alejada de los demás, como si deseara pasar desapercibida—.Es un Glioblastoma.
La chica expositora no se contuvo al lanzarle una mirada atiborrada de odio, sin embargo, no respondió.
—Un hombre de su edad, con un Glioblastoma multiforme solo cuenta con unos meses de vida, quizás semanas— añadió Sakura, sintiendo un extraño hormigueo recorrer todo su cuerpo cuando se percató que Itachi la contemplaba con inusitado interés.
—Buen trabajo, doctora Haruno— reconoció el azabache.
La joven la miró, ceñuda; no obstante, Sakura la ignoró. Estaba habituada a esa clase de comportamiento hostil. La mayoría de sus compañeros aseguraba que su falta de talento se compensaba con la reputación de su madre y la relación que compartía con Tsunade.
Con paso lento, descendió hasta el pódium, donde el pelinegro entregaba a los residentes las cirugías programadas durante la semana.
—Debe haber un error— dijo la chica que minutos atrás exponía—. Ha programado otro ventriculostoma para mí, es el cuarto que realizo este mes— reclamó.
— ¿Hay algo que quiera compartir con nosotros, doctora Nishikawa?—preguntó Itachi con desinterés, hojeando los documentos que llevaba en la mano.
La chica tomó una gran bocanada de aire; atisbó a sus compañeros por encima del hombro, buscando el valor para proseguir con el reclamo, los demás residentes asintieron con un gesto de cabeza, incitándola a continuar.
—La mayoría hemos llevado a cabo procedimientos neuroquirurgicos menores en comparación a Sakura, a quien, mágicamente, se le asignan los casos más complicados— señaló, lanzando un vistazo en dirección a la pelirosa.
Los murmuras de apoyo retumbaron por toda la extensión de la sala.
—También yo estaría realizando grandes cirugías si estuviera acostándome con el jefe— añadió otra chica, a quien Sakura solo conocía de vista.
La pelirosa se enrojeció como niña pequeña. Quería rebatir para defenderse, pero un nudo le estrujaba la garganta, dificultándole el habla.
Un rictus de acritud apareció en el rostro de Itachi, sentenciando los murmullos al silencio absoluto.
Estaba molesta e inquieta. Cualquiera que fuese su relación con Itachi no era de la incumbencia de nadie, salvo de ellos. Tenía la certeza de que no la elegía para conseguir una compensación extra, tal como sus compañeros residentes lo implicaban,
—No aceptare esta clase de acusaciones en mi presencia— replicó Itachi, casi perdiendo la paciencia—.Por su impertinencia, debería desbancarlas a ambas— agregó, intercalando la furiosa mirada entre ellas—. Evidentemente, todos ustedes le deben una disculpa a la doctora Haruno. Cada uno de ustedes puede trabajar igual de duro que ella y obtener procedimientos quirúrgicos de mayor dificultad. Hasta el momento, solo ella ha desempeñado maravillosamente en contraste a ustedes, sé que algunos han llevado a la ruina a algunos de sus pacientes realizando cirugías de menor complejidad.
Sakura sentía que la habitación daba vueltas a su alrededor; la respiración se le solidifico en el pecho, tornando dolorosa la acción de respirar. Estaba molesta, furiosa. Sabía que todo lo que obtenía era a base de dedicación y esfuerzo. Si bien, sus sentimientos hacia Itachi eran verdaderos, no iba a permitir que los residentes la tomaran como una cualquiera, mucho menos que mancharan la reputación del azabache.
— ¿Alguien quiere añadir otra cosa?— cuestionó, sin tintes de cortesía en su voz. Todos guardaron silencio—.Bien, ahora retírense— ordenó, haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener la compostura.
: : : : : : : :
Si había algo de lo que siempre se sintió orgulloso era de su buena memoria.
Los procesos de memorización nunca supusieron un problema para él, todo lo contrario, era capaz de recordar al pie de la letra lo último que había leído y recitarlo sin problema.
No obstante, con el paso del tiempo sus capacidades neuronales iban disminuyendo poco a poco, a esto se le sumaba que la discusión suscitada durante la reunión con los residentes, enturbió sus procesos mentales al punto de reducirlos a niveles decepcionantes.
Si bien, aquel fatídico episodio continuaba abrumándolo, un caso peculiar precisaba de su indivisible y absoluta atención.
Su arrogancia lo había llevado a desairar los casos plasmados en la bibliografía médica, no quería cometer ninguna clase de errores, cualquier paso en falso y su licencia médica se vería en juego.
Era por esa razón que acudía a la biblioteca del hospital, buscando referencias e información sobre tratamientos y procedimientos quirúrgicos.
Al llegar al recinto, se percató que no estaba del todo vacío. Algunos internos y residentes yacían esparcidos por el amplio salón, predispuestos en ordenadores o mesas libres, demasiado absortas en sus sesiones de estudio para prestarle atención.
Saludó al encargado del área; era extraño, inclusive para él, visitar ese lugar. Desde su estadía en la universidad no se había visto en la necesidad de buscar ayuda.
Con la barbilla en alto y la vista al frente, caminó hasta el pasillo que resguardaba los estantes con los libros de neurocirugía, tomaría unos cuantos y los llevaría consigo de regreso a la oficina. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando se percató de cierta pelirosa postrada en el suelo, con la espalda recargada en uno de los libreros y la hermosa mirada fija en un pesado tomo que reposaba sobre sus muslos ligeramente flexionados.
La propia complejidad de sus sentimientos, le pedía a gritos que diera media vuelta y regresara por mismo camino que había arribado. No tenía nada decidido. El enfrentamiento le dejó un mal sabor de boca, llevándolo a cuestionarse si era apropiado hacer caso a sus deseos o ignorarlos. Sakura tenía frente a ella un futuro prometedor, no podía darse el lujo de arruinarlo solo porque despertaba sentimientos y emociones que creía dormidos.
Sin embargo, la imperiosa necesidad de estar cerca de ella era tan grande que nublaba su buen juicio, asi que optó por aproximarse, o de lo contrario, creería que estaba evitándola.
Cuando ella apartó sus fanales esmeraldas de las páginas amarillentas y viejas del libro, se miraron de hito en hito durante varios segundos, sin decir nada. Pese a sus osadas vacilaciones, Itachi no había preparado nada que decir. Su único pensamiento era que lucía hermosa de lo que ya era. Era incapaz de captar una expresión exacta.
Con discreción, echó un vistazo al contenido del libro: Oligodendroglioma.
— ¿Caso difícil?— preguntó, revisando con disimulo la bibliografía dispuesta por orden alfabético.
—Todos los tumores son complejos— contestó, tamborileando los largos y finos dedos contra el papel—. Es extraño contemplarte en la biblioteca— dijo en voz alta, situando la mirada lemanita sobre la oscura de él.
— ¿A qué te refieres?— levantó una ceja, intrigado.
—Pensaba que un médico tan versado como tú no acude a este tipo de lugares jamás— dijo, juguetona—. ¿Qué te trae por aquí?
Itachi esbozó una sonrisa al recordar con exactitud la manera en que ella lo había llamado luego de finalizar su primer encuentro.
—Un Meningioma petroclival, excepcionalmente grande.
—Suena bastante complicado— dijo, poniéndose de pie al mismo tiempo que devolvía el libro a su sitio.
—Lo es— asintió.
La afonía se cimbró entre los dos. Itachi imaginaba que aún seguía molesta.
—Gracias— vociferó, con la mirada clavada en el suelo. Mordía su labio inferior, estaba nerviosa, abrumada.
— ¿Por qué?— cuestiono sin saberlo realmente.
—Por defenderme— cuando habló de nuevo, lo contempló.
—No podía permitirlo— dijo él.
A través del pasillo llegaban las voces.
Ella retrocedió unos cuantos pasos, hacia el rincón de la biblioteca. Instintivamente, Itachi dio un par de pasos en dirección a Sakura. No estaba rehuyéndolo, sino atrayéndolo a un espacio de penumbra, lejos de las miradas y la atención indeseada.
—De cualquier forma fue considerado de tu parte— dijo, encogiéndose de hombros.
Itachi se sentía avergonzado. Su relación se había transformado en algo incierto, y se veía constreñida por una serie de obstáculos insuperables, pero seguía existiendo, romperla ahora para llegar a ser desconocidos en una situación de intimidad exigía una claridad de propósito de la que momentáneamente carecían. Tanto él como Sakura se deseaban, se lo demostró días atrás al corresponder con ímpetu el beso.
Él posó las manos en el rostro de ella; la piel gélida al tacto. Acarició su mejilla, sin apartar la vista de sus labios, todavía recordaba el dulce sabor de la primera degustación, y anhelaba probar un poco más, tenía la certeza de que si proseguía terminaría por volverse adicto a ella. Sakura aguardó, expectante, con los dedos afianzados al borde de su camisa, atrayéndolo hacia su cuerpo.
Sin embargo, el sonido del beeper rompió la burbuja en la que se encontraban resguardados los dos. La pelirosa dejó escapar una maldición al mismo tiempo que extraía el dispositivo de uno de los bolsillos de su holgado pantalón.
—Debo irme— indicó, insegura.
Itachi asintió, haciéndose a un lado para permitirle el paso.
Todo había acabado.
Continuara
N/A: Espero mantener este ritmo de actualizaciones y no prolongar el desarrollo de la historia durante años (soy una irresponsable en ese sentido, tengo buenas explicaciones para esto, pero no son justificables).
Centrándonos en la historia, sé que estos capítulos han sido relativamente cortos, pero lo voy a compensar, tengo cosas interesantes preparadas para los capítulos 11 y 12 que estoy segura que les van a encantar.
Llevo desarrollando está idea cerca de un año, no la había publicado porque necesitaba el tiempo suficiente para poder escribir y editar. Asi que ahora viene una cuestión que me gustaría que respondieran, ¿les gustaría una secuela?, es demasiado pronto para hablar de ello, pero tengo algo en mente, no es un long fic, sin embargo, a final de cuentas es una continuación.
Ojalá que el capítulo haya sido de su agrado, sin nada más que añadir, agradezco profundamente su apoyo.
¡Les mando un fuerte abrazo!
Espero leerlos pronto
Hasta la próxima
Shekb ma Shieraki anni
Glioblastoma: El más agresivo de todos los tumores cerebrales, se genera a partir de las células no nerviosas o gliales (Afecta a cualquier lugar del sistema nervioso central).
Meningioma petroclival: El Meningioma es el tumor craneal benigno más frecuente. Procede de células de las cubiertas del cerebro.
