Lamento terriblemente el retraso, pero sufrí una fuga de musas impresionantes, pero he vuelto y espero les agrade el capitulo y comenten.
Capitulo 33 La plata y el bronce también relucen.
La luz del sol se fue filtrando lentamente entre las espesas capas de humo y polvo que se cernían a su alrededor como niebla, se proyectaban haces finos entre los escombros y las columnas del templo sacerdotal, las sombras de los berserkers aun de pie se veían nítidas entre los nubarrones de humo y el fuego, pero pronto se escucho el resonar de sus espadas, arcos y escudos al golpear el piso desnudo y la incertidumbre se apodero de ellos cuando el cosmos del dios de la guerra desapareció.
-¡Hijos de la guerra! – El dios Anteios hizo resonar su voz entre la destrucción la cual poseía todos los dotes de mando y temor que podría provocar la de su padre. – ¡Han recuperado su memoria y han despertado del sueño atroz al que mi padre, el gran dios Ares les sometió, no me deben a mi nada, pero a quien si deben algo es a sus compañeros que yacen o están heridos en el campo de batalla! ¡Si de verdad han despertado de su letargo y aún vuelto a ser humanos, pueden sentir empatía por sus compañeros, por lo que podrán ayudarles asistiéndoles en las grandes heridas que tienen o les darán sepultura a aquellos que yacen sin vida.
El dios de cabellos castaños rizados, fijo su vista en la mayoría de los soldados de Ares, quienes asintieron débilmente, acatando su orden. El oji verde sonrió de medio lado al ver cumplir su mandato y se encamino hacia la diosa de la sapiencia, la cual se encontraba arrodillada al lado de uno de sus santos. Pero para su sorpresa observo que por las grandes escalinatas que conducían hacia ellos se asomaba la rubia cabellera platina de la diosa de la luna, quien acudía acompañada de la diosa Demeter, les saludo a ambas con una inclinación cortes de cabeza y se hizo a un lado permitiendo a estas aproximarse a Athena, mientras el tomaba el camino contrario.
-Por el momento apremia más ver a mi madre, ya tendré oportunidad de hablar con Athena y dirigir a los berserkers. – El hermoso dios avanzo a paso lento, descendiendo con tranquilidad las escalinatas de los doce templos, mientras el fragoso sol alumbraba su rostro calmo.
Afrodita, Camus, Shura y Milo permanecían dándose las espaldas, cubriéndoselas uno al otro pero apenas hubo terminado la batalla y medio recuperaron el aliento, el hermoso guardián del doceavo templo se lanzo hacia las largas escalinatas con una única dirección: la casa de cáncer. Sus compañeros le vieron partir con el semblante ensombrecido y los puños apretados ante la impotencia, mientras su paso se aceleraba.
-Deberíamos ir con él. – Susurro Milo por lo bajo.
-Iré yo. – Shura se adelanto pero en ese momento reparo en la presencia de las dos grandes deidades que se aproximaban a Athena por lo cual detuvo su andar.
-¡Seiya! – Los santos de bronce salieron apresurados del recinto patriarcal pues justo en ese momento Scatha acababa de ejecutar su movimiento maestro. Saori también estuvo a punto de seguirles, pues la preocupación se agolpo en su rostro pero la presencia de Artemisa y Demeter la obligaron a refrenarse.
-Hermana. – Artemisa hablo calmadamente, manteniéndose de pie frente a Athena mientras esta les observaba aún al lado del cuerpo tendido del caballero de Fénix. – Hemos derrotado a Persefone.
-Agradezco infinitamente tu ayuda, hermana. – Athena acaricio con cuidado la frente de Ikki y deposito su cabeza lentamente en las losas de mármol, se incorporo lentamente, clavando sus ojos azules en los mieles de la diosa de la luna. – Pero en estos momentos apremia la vida de mi santo de Pegaso y debo…
-Por eso estoy aquí. – La voz de mando de Artemisa interrumpió a Athena y pronto el cansancio en el rostro de la diosa de la luna se transformo exigencia. Saori le miro consternada sin comprender bien a su hermana pero el verla actuar de esa forma le alerto y se obligo a prestarle toda su atención. – Tus santos de bronce por una vez pueden arreglárselas ellos solos, en esta ocasión hermana, tu deber es estar al lado del santo dorado de cáncer. – Exigió enfurecida la deidad de la luna.
Athena miro los rostros de Camus, Milo y Shura que intercambiaron una mirada entre ellos, sin embargo no expresaron ningún sentimiento en su rostro. Al parecer los tres estaban tan confundidos como ella, ante el comportamiento de la deidad de la luna. – Artemisa explícate, por favor.
-Hades te ha concedido 12 horas para salvar la vida del santo de cáncer, de las cuales ya han pasado 8 horas. – Artemisa le dio la espalda a la peli lila, pero la miro severamente por el rabillo del ojo. – Ellos ya demostraron ser guerreros que merecen el respeto de un dios, ahora te exijo Athena que seas tú, la diosa digna por la cual ellos arriesgan su vida de esa forma, se los debes.
Artemisa no espero ninguna respuesta por su hermana, alzo el rostro con altivez y comenzó a descender por las escaleras que dirigían hacia Piscis, ella también tenía obligaciones que atender con sus ángeles, así que lo que decidiera Athena no le concernía.
Saori miro como su hermana se marcho sin decirle más, mientras en su interior se combinaban las emociones que Artemisa había despertado en ella, por un lado se alegraba que la diosa de la luna comenzara apreciar la vida de los seres humanos, tanto como ella misma lo hacía, pero tampoco pasaría en alto la forma en la que se había presentado ante ella.
Athena miro hacia sus espaldas y contemplo en silencio como los ojos de Milo, Camus y Shura estaba fijos en ella, esperando recibir sus órdenes, aunque pudo ver un leve destello en sus ojos que compartían la opinión de la diosa de la luna, aunque sus labios jamás le demandarían atención, ni sus palabras exigirían su ayuda.
Siempre había apoyado a los santos de bronce, su cosmos les arropo en la batalla de las doce casas y les protegió una y otra vez en cada pelea en la cual se enfrentaron, alentándoles a seguir adelante y sanando sus heridas, pero los santos de oro pocas veces ameritaron de su ayuda, lograron pelear solos en la guerra santa, se enfrentaron unos contra otros, derramando la sangre de sus propios hermanos, agotaron sus fuerzas y solo cuando su cosmos les ayudo fue para que estos, les abrieran paso a los caballeros de bronce. Artemisa tenía razón, les debía a los santos de oro su atención y más ahora que la vida de uno de los suyos peligraba, por esta ocasión, aunque se tratase de Seiya, este debía esperar.
-Shura, Milo y Camus podrían encargarse de los heridos en mi ausencia. –
-Sí, señorita Athena. – El santo de capricornio, hizo una inclinación respetuosa, mientras sus compañeros asentían.
-Se los agradezco. – Milo vio descender a Saori con el semblante preocupado, los tres conocían la causa, pero agradecieron infinitamente que por primera vez colocara un santo dorado sobre los santos de bronce y sobre el mismo Seiya.
-Iré a ver a Seiya. – Shura les miro para ver la confirmación en su rostro y se dirigió hacia una de las salidas laterales del salón patriarcal donde Shiryu y los otros santos de bronce aguardaban por Athena o alguno de ellos.
-Como siempre nos dejan todo el desorden a nosotros. – Menciono Milo con una media sonrisa hacia el aguador que le miro burlonamente.
-Me sorprende que por esta ocasión no lo hayas provocado tú. Por primera vez vas a experimentar el limpiar el desorden de otros. – Camus avanzo a paso tranquilo, sin esperar a ver el rostro de indignación que seguramente el escorpión dorado pondría, elevo su cosmos lo cual helo el ambiente a su alrededor y extinguió algunas llamas de fuego que estaban aún a su alrededor.
-¡Hey! – Exhalo Milo al verse ignorado, pero se dio cuenta que su amigo tenía ya una idea fija en la cabeza cuando percibió la elevación del cosmos del onceavo guardián y su aliento formo una pequeña nube de aire frio frente a él. - ¿Camus?
-No podemos dejarla morir Milo. – El francés estiro su dedo índice en el cual brillo una luz celeste y del cual se proyecto un hilo que impacto el ataúd de hielo en el cual Hyoga había encerrado a Aldana, un reflejo de cientos de colores se proyecto por todo el recinto, como una aurora boreal, mientras la temperatura descendía por igual. Por unos segundos el imponente y magnifico bloque de hielo impuso una férrea resistencia al cosmos del dorado, pero una ligera grieta en su borde que era golpeado por el cosmos del francés le indico que pronto colapsaría.
-Al parecer nada es eterno ¿No es así? – Milo sonrió sarcástico a su lado y observo como el hielo comenzó a partirse, liberando el cuerpo helado de la peli azul, Milo se aproximo hasta ella y la atrapo en sus brazos justo a tiempo. – Esta helada, pero para tu suerte mi amigo, tengo una fiebre que hasta tu cosmos le cuesta controlar, yo cuidare de ella y de Fénix. Ve a por Scatha.
-Sí. – Milo tomo entre sus brazos a la joven y la cubrió con su capa con cuidado y la acerco a una llamarada mientras el mismo le aportaba el calor al que estaba siendo sometido su propio corazón.
Aldana se encontraba tremendamente helada, su respiración era lenta y entrecortada, se veía demasiado pálida a causa de la pérdida de sangre que le provoco la rosa sangrienta de Afrodita, más sin embargo aun conservaba un ligero rubor en sus mejillas.
-Me demostraste que si puedes poner candente la situación, Aldana. – Milo miro en derredor las grandes columnas de humo que se elevaban al cielo en compañía de ardientes brazas que habían consumido la infraestructura y muebles del recinto patriarcal.
…
Shura observo el gran boquete en el suelo, provocado por que el suelo se había desprendido y caído al inmenso vacío del santuario, se acerco con el ceño fruncido y se coloco entre Hyoga y Shiryu, el aire proveniente del norte golpeaba el colosal muro metros más abajo, lo cual provocaba que una corriente se alzara hacia el cielo, que movió bruscamente su flequillo. Dirigió sus ojos esmeraldas hacia abajo y solo pudo observar como una columna colosal de humo y polvo ascendía hacia los cielos imposibilitándole la vista para ver a Seiya.
-Andrómeda ¿Tu cadena no tiene un límite verdad? – Miro de reojo al peliverde el cual asintió firmemente.
-Bien. – Shura pateo suavemente unas piedras que estaban al nivel de su pie, las cuales rodaron unos centímetros y cayeron hacia el vacio. – Shiryu y Hyoda desciendan después de mí. Shun haz el favor de ayudarme a descender con tu cadena.
El español tomo el extremo de la cadena del hermano menor de Ikki y la enredo alrededor de su cintura y luego la paso por su brazo izquierdo aferrándose a ella fuertemente, miro una vez más a los jóvenes de bronce y comenzó a descender apoyando sus piernas de vez en cuando sobre el muro colosal de piedra que elevaba el templo de la diosa Athena en lo alto de la montaña.
En otro momento se hubiese detenido a apreciar la vista que seguramente sería magnifica desde ese punto, podría observar Star hill, el bosque donde se encontraba el sanatorio ateniense, las playas de Cabo Sunion, el lugar donde antiguamente se encontraba el coliseo, las barracas de los caballeros y amazonas y seguramente una parte del camino de los doce templos. Pero en ese momento lo único que importaba era llegar hasta donde Seiya se encontrara para ayudarlo, pues Athena no les había fallado y ellos tampoco la defraudarían a ella.
Sus pies tocaron el raso suelo, la técnica de la joven subcomandante había destrozado por completo todo el lugar de impacto, un gran agujero se había formado en el suelo agrietado, varias piedras calizas sobresalían de la tierra formando acumulos y la vegetación del lugar se encontraba siendo consumida por las llamas.
El español escucho como Shiryu descendió tras él y se coloco a su lado, llevando por todo el lugar sus ojos azabaches, intercambiaron una rápida mirada de preocupación y se separaron para buscar a Seiya por todo el lugar, pues no se percibía ningún cosmos en todo el sitio.
-¿Crees que se encuentre bien? – Vocifero despacio el dragón, le miro por encima de su hombro y alzo ambos hombros.
-Debería después de todo es Seiya de quien estamos hablando, el es capaz de resistir hasta el golpe de un dios. – Shura avanzo en silencio, sintiendo como Hyoga se unía en la búsqueda de Pegaso.
El área de destrucción era inmensa, no podía imaginar el odio y el deseo que experimento la berserkers para ir hasta los límites de su técnica con el único deseo de terminar con la vida del caballero más unido a Athena; aún cuando esto significara también sacrificar la suya.
-¡Shura! – Le llamo Hyoga desde el otro extremo del campo, imagino que el cisne había encontrado a Pegaso pero se sorprendió de ver a la pelirroja la cual se encontraba boca arriba, respirando aceleradamente, no había parte de su piel y armadura que no estuviera bañada en sangre, con múltiples heridas en todo su cuerpo el cual se convulsionaba ante el dolor que estaba experimentando.
-Ca…caba…lleros. – Scatha se esforzó una última vez, apoyo su antebrazo izquierdo sobre el suelo y apunto con su dedo índice de su mano derecha hacia el frente de ella. – Pe…gaso. – Scatha escupió una gran cantidad de sangre y se dejo caer al suelo, gimiendo del dolor el cual escarmentaba cada fibra de su ser.
-Vayan. – Hyoga y Shiryu obedecieron rápidamente su orden y se abrieron paso entre los escombros para llegar a la dirección donde la pelirroja les había indicado. - Tranquila, te vamos a sacar de aquí.
-No… me importa morir… ahora soy… libre. – La berserkers se retorció una vez más por el dolor, pero a pesar de ello dibujo una sutil sonrisa en sus labios de los cuales resbalaba un hilo de sangre que descendía por su cuello.
-Debe importante Scatha. – Camus se acerco a la joven y la tomo con suavidad por el cuello y la espalda. – Ya todo ha terminado y eres libre de elegir tu destino. Debes de seguir luchando por tu vida, tu hermana va a necesitarte y eres todo lo que le queda.
-A…Aldana. – Shura retiro su capa y la rasgo, para crear bandas largas con las cuales hizo torniquetes que enrollo alrededor de las extremidades de la pelirroja, para evitar que las hemorragias siguieran sangrando profusamente y fueran a terminar con la vida de ella.
-Tú salvaste mi vida, ha llegado el momento en que te regrese el favor. – Camus cargo a la pelirroja entre sus brazos y miro al español a los ojos. – La llevare al sanatorio, encárgate de llevar a Seiya por favor.
-Sí. – Le miro alejarse aún con la joven en brazos, la cual iba dejando una camino de sangre por donde el avanzaba, como si aquel rastro sangriento fuera el pago que exigía el dios de la guerra a sus soldados, si no podían teñir el suelo de la sangre enemiga, era la suya la que debía hacerlo.
Volvió su vista hacia donde Shiryu y Hyoga se encontraban, el primero de ellos se encontraba arrodillado, mientras el ruso permanecía de pie. Se acerco apresurado hacia ambos jóvenes y pudo visualizar al caballero legendario, semi sentado, con la espalda recargada en una piedra, se encontraba herido pero no al grado en el que la pelirroja se encontraba.
-Seiya. – Le llamo. - ¿Cómo te sientes?
-Ella pudo liberarse del dominio de Ares a mitad de la caída… - Seiya guardo silencio ante una descarga de dolor que recorrió su costado. – Antes de impactarnos, lanzo varias llamaradas de fuego para intentar frenar el colapso, pero al ver que no iba a lograrlo se coloco debajo de mí y me lanzo hacia el aire cuando nos encontrábamos a escasos metros del suelo… ella recibió casi toda la fuerza del impacto y…
-Cálmate Seiya. – Shura se agacho a un lado del Pegaso y coloco paternalmente su mano sobre la cabeza castaña del japonés. – Ella es muy fuerte, saldrá bien de esto. Pero también es importante tu salud ¿Puedes caminar?
El japonés pareció meditar unos segundos las palabras serenas del español, quien le extendió su brazo izquierdo, lo cual llamo su atención había escuchado que capricornio no se había recuperado por completo del rayo del Keraunos pero fue hasta ese momento en que el español ofreció su brazo no dominante que reparo en que Shura en ningún momento del combate había usado su Excalibur derecha, el filo ópalo que resplandecía siempre fue proyectado por su brazo izquierdo.
-Creo que si… - Suspiro al fin, sus piernas temblaron al ponerse de pie y un intenso mareo le sobrevino, a pesar de que Scatha había intentado librarle del impacto y que su cuerpo resintió en menor grado la fuerza de gravedad y la velocidad de la caída, aún así sentía su brazo izquierdo completamente entumido, tenía varios cortes profundos en el cuerpo del cual mermaban grandes cantidades de sangre, la armadura de Pegaso se encontraba destruida por el golpe y tenia pedazos de metal y piedra incrustados en la piel.
-Te ayudare Seiya. – Shura coloco el brazo del castaño en sus hombros y le sirvió de apoyo para caminar, mientras los seguían en silencio Shiryu y Hyoga.
Seiya miro de reojo una vez más al peliverde, Shura también tenía algunos golpes y cortes recientes provocados durante la pelea pasada, aunado al dolor que posiblemente el español experimentase por la herida del Keraunos, sin embargo no observaba ningún rastro de cansancio ni dolor en el rostro del decimo guardián, muy al contrario Shura mostraba una determinación imprescindible. – Tal vez por ello se le consideraba el santo más leal a Athena.
…
Su corazón latía rápidamente, podía sentir su brusco palpitar en su pecho, su respiración era acelerada debido al paso apresurado que había mantenido durante su trayecto, pero a penas la cubrió la oscuridad que proporcionaba el techo del templo de cáncer comenzó a caminar más lentamente, mientras en su interior se acumulaba una mezcla de ansiedad, tristeza y miedo por encontrarse con el cuerpo de Mascara de la muerte, pues aún cuando fuese la diosa de la guerra, nunca podría acostumbrarse a visualizar el cuerpo herido, magullado y maltrecho de sus santos, ni podía dejar de sorprenderse lo que sus guerreros podían llegar a hacer en su nombre.
Sus pasos resonaron suaves en el interior de cáncer, mientras una densa oscuridad la rodeaba, muy a pesar de haber amanecido y que los rayos solares golpearan directamente la fachada del templo, esta parecía reusarse a dejar entrar los haces dorados, indicándole que por más bueno que fuese el guardián de aquel templo, su conexión con la misma muerte siempre perseguiría a su dueño.
-Athena. – Menciono despacio Afrodita dándole la espalda, pues se encontraba de frente hacia su mejor amigo, quien yacía en el suelo, con una sonrisa sarcástica en el rostro. – Discúlpeme el haber abandonado el recinto patriarcal una vez que hubo terminado la pelea, pero… - La voz del doceavo guardián sonaba vacía, carente de emociones, su cosmos ardía lleno de rabia, mantenía fuertemente apretado los puños y sus ojos estaban enrojecidos, pero no derramaban ninguna lagrima por aquel ha perfilado rostro.
-No tienes nada de que disculparte. – Intento reconfortar con su cálido cosmos al guardián de Piscis. Y por primera vez se dio cuenta que no había logrado formar una conexión con Piscis, como la que mantenía con Escorpio y los demás guardianes. Tanto Cáncer como Piscis continuaban siendo un tabú para ella.
-Es tan solo que… - Piscis dibujo una media sonrisa en sus labios y le miro fríamente. – Siempre hemos partido juntos de este mundo. – Resoplo.
-No permitiré que Mascara muera Afrodita, aún tenemos opción. – El sueco se desconcertó al escucharla, pero sus ojos vislumbraron una pequeña esperanza y rápidamente volvió su vista hacia su mejor amigo. – No voy a defraudarlos.
Saori se arrodillo al lado de cáncer y le miro lascivamente mientras su alma experimentaba una gran pena y tristeza por su cuarto guardián, Mascara de la muerte se había tornado un santo honorable y justo sin que ella se lo pidiera y desde que había vuelto a la vida, noto que el italiano se esforzaba cada día por limpiar su oscuro pasado y luchaba con fiereza en sus misiones para cumplir cada uno de sus mandatos.
Una gruesa lagrima resbalo de sus ojos azules, recorriendo todo el trayecto de su ojo hasta su barbilla se mantuvo en esta por unos segundos y se desprendió finalmente para humedecer el mármol ensangrentado bajo sus rodillas, tomo la mano izquierda del italiano y la cubrió con las suyas, mientras su cosmos dorado los rodeaba a ambos, cerro sus ojos intentando conectar su energía con la del italiano.
Sintió un viento helado golpearle el rostro y sacudir agresivamente su cabello lila, el cual hondeo tras de sí, un escalofrió recorrió toda su piel y cuando abrió los ojos celestes, se asombro al encontrarse en un lugar completamente diferente; el techo, el suelo, las grandes columnas y la oscuridad de la casa de cáncer había desaparecido para ser sustituidas por inmensos bloques de hielo azul blanquecino que se extendían por una inmensa planicie más allá donde su vista alcanzaba a ver, el viento golpeaba con dureza su rostro trayendo en sus arremolinadas corrientes copos de nieve que se enredaban en su cabello.
Giro su rostro hacia los lados solo para cerciorarse que tanto Afrodita como Mascara de la muerte habían desaparecido, se levanto despacio y sacudió sus rodillas de aquella nieve que se había agolpado contra ellas. Y pudo distinguir a la lejanía una gran figura de una persona que permanecía dándole la espalda y mirando hacia el mismo horizonte.
-Este lugar corresponde a la octava prisión del inframundo; el cocytos – Comenzó a caminar sobre el inmenso lago congelado, para poder llegar hacia aquella persona, ya que el cosmos de Mascara de la muerte la había guiado hacia ese lugar. Sin embargo cada paso que daba se volvía penoso debido a las imponentes y frías ráfagas de viento que golpeaban sin misericordia su rostro, el aire helado provocaba que pequeño cristales de hielo se formaran en sus extremidades y en sus mejillas.
-Es impresionante como el hielo quema aún más que el mismo fuego, un viento que al inicio refresca y que se transforma en una ráfaga capaz de quemar y desprender la piel y la carne a tus guerreros, un sufrimiento eterno por traicionar, conspirar y oponerse a los dioses y sobre todo a mí, el peor pecado de todos. – La griega se detuvo de golpe al escuchar la fría y dura voz del dios del inframundo, al cual reconoció cuando este se volvió hacia ella. – Apresúrate mi eterna enemiga que no tenemos tiempo.
-Hades. – Vocifero despacio, frunció el ceño desconcertada pero camino firmemente hacia el dios que le llamaba. El pelinegro la miro de soslayo mientras afilaba su mirada y toda aquella ventisca que los rodeaba a ambos se calmaba, dispersándose con suavidad en aquel lugar. – Aún continúas sellado ¿Cómo? – Exigió.
-El cosmos que robe de Artemisa, me permite tan solo manifestar mi imagen pues mi cuerpo y mi alma aún siguen sellados bajo tu poder Athena. – Hades le dirigió una rápida mirada llena de odio, pero esta se torno indiferente hacia ella. – Tenía la vana esperanza de que no vinieras.
-Yo jamás abandonaría a mis santos, Hades. – Siseo molesta, el dios sonrió sarcásticamente y comenzó a caminar hacia la llanura congelada de cocytos.
-¿Por qué no les abandonas Athena? Son simples humanos, no son dioses. – Hades la miro de reojo.
-Porque eso no sería justo. – La diosa de la sabiduría hablo con determinación y clavo sus orbes zafiro sobre los del dios de los muertos quien sonrió cínicamente.
-¿Justa? Esa es la forma en la que te has hecho llamar. No eres más que la mano ejecutora de la voluntad de Zeus. – Hades amplio su sonrisa al sentir la alteración del cosmos de Athena quien se enfureció. – Por ello es que te he traído aquí. La vida de tu santo poco me interesa, lo que quiero es hacer un trato contigo.
-Le mentiste a Artemisa solo para atraerme hasta aquí. – Bufo enfurecida, mientras amenazaba con su cosmos al dios. -
-Nada puedes hacerme en esta forma Athena. – Se burlo el pelinegro. – Te he traído para intercambiar nuestros intereses, tú quieres el alma de un humano que debería estar en estos instantes en el mismo cocytos sufriendo para toda la eternidad.
-¿Qué quieres a cambio Hades? – Espeto con rabia Saori mientras empuñaba sus manos.
-Tu palabra. – Hades estiro su mano hacia la nada y sobre este se materializo una esfera blanca que se mantuvo sobre su palma. – Vas a jurarme Athena, que Persefone no será juzgada ni por ti, ni por ningún otro dios. Todos los crímenes y actos que se le impugnen serán retirados y ella no sufrirá ningún castigo por sus acciones. Ella no enfrentara las consecuencias de su participación en esta guerra.
-Persefone actuó contra las dioses y apoyo a los titanes. – Dictamino duramente.
-¿No es eso lo que tus santos siempre hacen? Ir contra los dioses. – Hades cerro su palma y el alma que se posaba sobre esta desapareció. – Creo que no he sido claro. Tú, pequeña sobrina vas a impedir que los demás dioses juzguen a mi esposa de lo contrario si te niegas, el santo de cáncer morirá y una vez que lo haga no solo escarmentare y torturare su alma personalmente, por cada uno de los infiernos si no que cuando me canse, voy a desintegrar su alma y jamás podrá reencarnar.
-No tienes el poder de hacerlo Hades, te encuentras bajo mi sello. – Athena se planto firme ante la amenaza del dios de los muertos, él cual se había tornado agresivo y lascivo en su contra.
-Athena, estas en mis dominios y en ellos hago lo que se me plazca. – Hades aferro con fuerza la muñeca de la pelilila y la estrujo bajo su mano, por lo que Athena destello su cosmos para librarse del agarre. – Ten la seguridad de que cumpliré mi palabra, si no obtengo la tuya. Solo ten en cuenta esto Athena, tu sello no es para siempre y me librare de él, Persefone aún cuando enfrente un castigo es inmortal y cuando logre liberarme destruiré todo para rescatarla, incluidos tu y el mismo Olimpo, pero además eliminare de la existencia el alma de tu caballero de cáncer. ¿Un precio digno para la justicia que reclamas?
-No intentes amenazarme Hades. – Espeto furiosa.
-Si aún no he terminado de hacerlo Athena. – Hades se acerco a ella y aquella furia contenía en su voz se desvaneció siendo sustituida por una frialdad extrema. – El Olimpo no conoce mi ira y ten por seguro Athena que no limitare recursos para cumplir lo que digo, esta guerra contra mi padre y el resto de los titanes no será nada en comparación a lo que yo haría por vengar a mi reina, hare que enfrentes una guerra santa sin precedentes, las vidas humanas perdidas serán incontables, la tortura, el dolor y el sufrimiento que impondré a los humanos será tal que blasfemaran contra ti…
-¡Basta Hades! – Athena exploto su cosmos furiosa y apareció en su mano a Nike, con la cual apunto hacia el cuello del dios del inframundo de forma amenazante. – Puede que esté en tus dominios, pero no olvides que quien te mantiene sellado soy yo. – La pelilila descargo un halo de cosmos que lanzo al dios del inframundo hacia el suelo de Cocytos. – El cosmos de Artemisa te permite estar presente, aunque solo sea una fracción de tu alma, una que no esta exenta de mi sello Hades.
-Yo ya te he planteado las dos opciones que tienes Athena, de ti depende cual elijas ¿Tu orgullo o tu santo? – Hades se incorporo lentamente, fijando férreamente su mirada azabache sobre su sobrina mientras el odio era retenido en su interior.
-Nunca más vuelvas a amenazarme Hades, porque no soy la única que tiene algo preciado que defender. – Contraataco la griega mordazmente. – Vas a devolverme el alma de mi santo, Persefone tendrá que revertir su error y yo a cambio te prometo que intervendré por ella para que no enfrente el castigo que merece.
-¿Tengo tu palabra? – Hades sonrió vilmente y tendió su pálida mano hacia la deidad de la sabiduría para pactar el trato.
-Sí. – Athena miro la mano que Hades le extendió sin embargo, se negó a tomarla y volvió sus ojos celeste al dios. – Si fallas a tu palabra, usas alguna trampa o haces el más mínimo daño Hades, yo también puedo olvidar esta tregua y te recuerdo que así como Atlas enfrento un castigo eterno Persefone puede llegar a padecer el mismo si tú me fallas. ¿Queda claro?
-Esta vez estamos del mismo lado, Athena. – Hades espeto una mueca de disgusto, al verse pactando una paz temporal con aquella a la que consideraba su peor enemiga. – Cada uno ha obtenido lo que deseaba Athena, ahora tan solo espero que la vida mortal de cáncer y los demás santos puedan sobreponerse a esta guerra y sobrevivir, de lo contrario cocytos siempre será el lugar predestinados para aquellos que te han servido fielmente.
Athena afilo su mirada zafiro al tiempo que veía como Hades se marchaba pero antes de intimidarse por el comentario del dios, resoplo con suavidad mientras alzaba Nike a su lado y elevaba su barbilla. –Al igual el lugar de tu ejército es la torre de los 108 espectros y él tuyo siempre será en una vasija con mi nombre. – Saori sonrió triunfante y enfrento la mirada iracunda por parte del dios mientras su cosmos se desvanecía del inframundo.
Saori abrió lentamente sus ojos celestes que reflejaban la intensidad del mismo universo, la coexistencia de las galaxias y un mar centellante de estrellas. Lo primero que vio fue el techo de la casa de Cáncer, se incorporo de golpe para observar a Afrodita aún lado de ella, con el ceño fruncido.
-Athena. – La llamo preocupado.
-Ambos hemos vuelto Afrodita. – Saori miro tras su hombro como el pecho del italiano comenzaba a ascender y descender de acuerdo al ritmo de la respiración pasiva del santo y como su cosmos volvía a vibrar dentro de su cuerpo.
-¿Mascara? – Afrodita miro esperanzado a su amigo, se alegro inmensamente cuando le vio respirar de nuevo y la coloración en su rostro tomaba su aspecto habitual, pero su corazón se detuvo cuando le vio apretar el entrecejo y los ojos ante el dolor de sus heridas.
-No vayas a llorar pececito. – Vocifero con voz ronca, mientras abría un solo ojo para observar a su mejor amigo y a su diosa. – Con los lloriqueos del arquero me basta. – Mascara de la muerte sonrió con cierta amargura en el rostro, la cual fue compartida por el sueco.
…
Dos pequeñas piedras se precipitaron al abismo debido a que sus pies les empujaron al acercarse para observar aquel inmenso hoyo negro que lanzaba bocanadas de fuego y que en su interior se veía enormes rayos azules golpear y pulverizar las rocas en su interior, mientras los penosos lamentos de las almas encerradas ahí rompían el aire.
-Les escucho hermanos míos. – Cronos balanceo peligrosamente su peso hacia aquel agujero y extendió sus brazos hacia los lados. – Puedo oírlos a todos.
-Liberémosles de una vez. – Crio apareció su espada a su lado y la alzo hacia los cielos, pero la mano de Hyperion sobre su hombro lo detuvo.
-Espera Crio es nuestro hermano quien tiene que hacerlo, demuéstrales que su rey no les ha abandonado. – Hyperion clavo sus ojos ardientes en los del pelinegro que asintió.
-Ceo dame el Keraunos. – Cronos volvió sus ojos hacia su otra mano que permanecía en silencio al lado de Rea, después de unos segundos le vio estirar el brazo hacia él y le entrego el arma del dios del Olimpo. – Voy a liberarles con la misma arma que les encerró ahí, hermanos míos.
¿Estás seguro que pelearan por nuestra causa? – Rea camino despacio, marcando un suave contoneo a su paso, llevaba los brazos cruzados al frente y la barbilla alzada lo cual la hacía ver como una titanide digna y poderosa.
-Son nuestros hermanos Rea, ellos pelearon después de que nosotros fuimos encerrados en el tártaro, lucharon por nuestro nombre. – Ceo intercambio una dura mirada con todos sus hermanos, los cuales desviaron la mirada al sentirse apenados por no haberles liberado antes.
-Además no hay necesidad de introducir a nadie más a esta pelea. – Hyperion volvió su rostro hacia Cronos con el fin de incitarlo a actuar. – Si ellos deciden no pelear será algo comprensible y son libres de actuar acorde a sus deseos.
-Aún así dudo que no quieran vengarse. – Crio clavo su espada en el suelo con desinterés y recargo su barbilla sobre sus manos, el titán sonrió burlonamente de lado y miro hacia sus hermanos, lanzándoles una mirada juguetona. – Además todos disfrutamos de poder tomar una buena revancha.
-Cada parte actúa de acorde a la justicia de su razón. Nosotros o los dioses somos iguales. – Ceo observo a Cronos el cual le lanzo una mirada amenazante y su cosmos se elevo peligrosamente ante la comparación con sus propios hijos.
-¡Te equivocas! – Cronos centello una esfera de fuego en su mano.
-¿Cuál es mi error hermano? – Ceo antes de retroceder dio un paso más hacia su hermano y le encaro. - ¿Qué diferencia hay entre nosotros y nuestro padre Urano? ¿Qué diferencia hay entre los dioses y nosotros? Tanto odiamos a nuestro padre que acabamos convirtiéndonos como él.
-No todos, yo no devore a mis hijos, solo Cronos imito a Urano. – Crio respondió con indiferencia, pero esto desato la furia del titán pelinegro que le lanzo la esfera de fuego al espadachín el cual reacciono velozmente y la freno con su espada, lo que arranco una mueca de disgusto de sus labios y después Cronos la emprendió contra Ceo, le tomo por las ropas y le acerco a él.
-¿Acaso vas a lastimarme con mi propia arma? – Ceo miro el Keraunos que destellaba en la mano de Cronos mientras Hyperion y Rea permanecían al margen de la situación.
-Jamás te lastimaría Ceo. – Cronos soltó lentamente a su hermano, no sin antes penetrarle con la mirada. – Nosotros hicimos un pacto y yo no voy a ser el primero en fallar a él.
-Cronos yo no tenía intenciones de echártelo en cara. – Ceo fulmino con sus ojos rojos al bocaza de Crio y luego volvió sus ojos compresivamente hacia su hermano menor. – Solo quiero que entiendas que si volvemos a iniciar esto, si ganamos la guerra y vuelves a ser el regente de todo el universo, no debemos repetir los errores del pasado, de lo contrario tan solo sería un círculo vicioso. Si tus hijos te traicionaron, fue porque experimentaron la misma ira que nosotros sentimos hacia Urano alguna vez y es por ello que te pido que por primera vez en tu vida Cronos confíes en los demás.
-Ceo tiene razón Cronos. – Rea que había permanecido hasta entonces al margen se acerco a su esposo y deslizo sus manos blancas por sus hombros. – Debes confiar en nosotros.
-Nadie va a volver a traicionarte mientras nosotros estemos para impedirlo. – Hyperion apretó el brazo de su hermano y le sonrió.
-Relájate hermano. – Crio soltó su espada de nuevo la cual se enterró en el suelo con fuerza ante su gran peso y se acerco a su hermano y le paso un brazo juguetonamente por los hombros. – Nosotros somos tus hermanos mayores y si es necesario aconsejarte lo haremos, después de todo ya casi hemos acabado con todos los que te traicionaron y te aseguro que al final todos los dioses van a pagar por lo que hicieron.
-Vamos a luchar por ti y por nuestro pueblo hermano. – Ceo extendió el brazo hacia Cronos quien le tendió el keraunos de nuevo a su dueño original.
Ceo volvió sus ojos hacia la prisión mitológica y estos centellaron como dos incandescentes brazas, su cosmos oscuro rojizo comenzó a rodearlo y lanzo una potente descarga eléctrica de su arma letal, que fue a impactarse contra las enormes cadenas doradas que cerraban la fortaleza, al principio el golpe retorno los haces luminosos que destrozaron algunas montañas negruzcas a sus lados, Ceo miro de reojo los daños colaterales, pero continuo ejerciendo una presión con su poder sobre las cadenas que al final chirriaron hasta que se fragmentaron.
-¡Los titanes! – Exclamo una voz grave desde la oscuridad de la prisión, la tierra vibro bajo los pies de los 5 hermanos como si un terremoto estuviera ocurriendo y pronto vieron asomarse de la oscuridad las cabezas y los largos brazos de los gigantes, aquellos que Gea creo para vengarles contra los dioses.
-Hermanos míos. – Cronos dio un paso hacia ellos sonriendo triunfalmente al verles liberados y su gozo fue aún más cuando sus ojos escarlatas apreciaron detrás de sus doce hermanos, al extenso ejercito que una vez le sirvió para pelear contra los dioses. Y de pronto tanto los gigantes como aquellos seres comenzaron a arrodillarse frente a él, no solo reconociendo su legitimidad en el poder si no también corroborando su lealtad a la misma causa por la cual milenios atrás alzaron sus manos contra los dioses.
…
El sol resplandecía en lo más alto del cielo, azotando con sus densos rayos la tierra bajo él, sin embargo aquel día era hermoso, el aire proveniente del norte traía vientos cálidos entremezclados con una brisa fresca, mientras la anhelante calma volvía a tierras atenienses, como si una tregua entre ambos bandos se hubiera alzado al igual que aquel resplendente sol.
El viento se colaba entre las largas cortinas blancas que ondeaban pendidas del techo de aquella hermosa terraza donde se encontraba una larga mesa de mármol en la cual se encontraba dispuestas ocho sillas, una solo de ellas en medio y las otras colocadas a los lados, cuatro en un lado y tres en el otro, en estas imponentes sillas, adornadas con oro y las piedras más preciosas del planeta se encontraba reunidos los últimos 8 dioses que defenderían la tierra y el dominio del Olimpo de los titanes.
-Parece ser un hermoso día ¿No es así? – Hestia sonrió ampliamente a su hermana, la cual se encontraba sentada a su lado.
-Cualquier día fuera del inframundo es hermoso. – Respondió duramente la deidad de las cosechas, guardando rápidamente silencio cuando vio entrar a Athena seguida de los dioses faltantes que rápidamente tomaron sus puestos en las sillas aledañas.
-Buenos días. – Athena recorrió rápidamente con su vista a sus invitados, recordando que la última vez que se había sentado en aquel comedor con sus iguales, que en aquel entonces estaba integrado en su mayoría por otros dioses, sin duda extrañaría la espontaneidad de Hermes, la sabiduría de su padre y el apoyo que noto en Ker.
-¿Y bien Athena? ¿Por qué nos has citado? – Interrumpió sus pensamientos Demeter.
-Deseo acordar con ustedes el curso de esta guerra. – Retuvo por unos instantes la mirada de la madre de Persefone y luego clavo sus ojos azules en la diosa del amor. - ¿Dónde está el recipiente en el que esta sellado Ares? – Demando.
-Athena. – Afrodita se contoneo sensualmente y recargo ambos codos sobre la mesa, mientras se acercaba un poco más a ella. – No voy a entregarte el alma de Ares a ti, podrás decir que eres la diosa más justa de todos nosotros, pero no por ello la menos vengativa.
-Afrodita. – Le interrumpió Artemisa. – Tú no puedes…
-Espera, aun no he terminado. – Afrodita le apunto con un dedo para silenciar a la gemela de Apolo.- Tampoco he dicho que yo seré la encargada de vigilar el sello de Ares, porque no podría resistirme a liberarle.
-¿Quién tiene el alma de Ares? – Anfitrite intervino, apremiando a la diosa del amor para revelar el paradero del alma del dios de la guerra, pero lanzo una mirada instigadora al hijo nacido de la unión de Afrodita y Ares.
-El alma de Ares permanecerá en tu santuario, después de todo parece ser el lugar más seguro. – Afrodita recargo su espalda contra el respaldo de su silla y descanso sus brazos en las coderas a sus lados. – Pero no a tu cuidado, ni al de ningún caballero u amazona, si no a una doncella.
-Zahra. – Articulo quedamente Athena. - ¿Por qué?
-Tu deseabas que fuéramos más unidos a los mortales ¿No es así? Además Pandora siempre nos ha demostrado que a pesar de ser una humana, puede cuidar a la perfección el alma de Hades, incluso de ti y tus santos. – Afrodita sonrió con sarcasmo ante su comentario cargado de veneno. – Zahra es una doncella fiel a tus preceptos y a ti, pero sé que te obedecerá si le pides que te entregue el alma de Ares.
-¿Por qué lo hiciste? ¡Ella no es un caballero y no…! -
-Ella tiene mi protección y también la tuya, Athena. – Afrodita alzo su voz por encima de la de Athena tan solo unos segundos y después se reacomodo tranquilamente en su silla. – Zahra es por la única humana por la que ayude a tu santo de géminis y es en la única que confió. En pocas palabras Athena si tu rompes mi lazo con ella, este mundo perderá el don que le e otorgado.
-Bien, Zahra cuidara del alma de Ares, sin embargo eso no impedirá que se le juzgue como se debe una vez que esta guerra haya terminado y se le implique una condena, la cual deberá cumplir. – Athena demandó claramente a la deidad del amor, no permitiría que Afrodita hiciese lo que quisiera en sus dominios. – Y tú no podrás liberarle hasta que ese tiempo haya concluido y si este es más haya que el de una vida mortal, el alma de Ares pasara a ser cuidada por mi patriarca ¿Entendido?
-Me parece bien. – Susurro hostilmente Afrodita a regañadientes.
-Respecto a Persefone. – Demeter intervino al ver concluida la situación de Ares ante ambas diosas, Afrodita desvió la mirada desinteresada al saber que ese tema no le competía, pero capto rápidamente la atención de Saori.
-Debemos cumplir nuestra parte del trato que hicimos con Hades, pero ella no será bien recibida en mis dominios. – Sentencio severamente la diosa de la guerra. – Persefone nos traiciono, te secuestro, libero al resto de los titanes y les ayudo a encontrar el sello de sus poderes, no conforme a ello me declaro la guerra a mí y a mi santuario, me abstengo de tomar represalias contra ella por el pacto con Hades pero lo que ella hizo para mi es imperdonable.
-Lo entiendo a la perfección. Aún así el pacto que hicimos Artemisa y yo con Hades incluía que liberaría el alma de tu guerrero y que además un juez del infierno sería el encargado de encontrar el lugar donde los titanes sellaron el alma de Zeus y los demás.
-Un simple humano no podrá hacerlo. – Intervino Anteios, sus ojos destilaron la misma prepotencia que su padre tenía. – Y es un abuso de nuestra parte confiárselo tan solo a Persefone, ella no sello a ningún dios, fueron los titanes.
-Ella les ayudo a hacerlo, incluso Ares participo en ello. – Demeter reprendió con la mirada al dios de cabellos rizados que muy al contrario de verse oprimido por la olímpica le retuvo fieramente la mirada, al igual que se la diosa mayor se gano una mirada enfurecida por parte de Afrodita, que claramente no toleraría que ninguna de las presentes le gritase a su hijo.
-Ustedes están cerca al conflicto pero no ven quienes lo provocaron y sé que Athena lo ha estado pensando pero no se atreverá a decirlo hasta que esta guerra termine ¿No es así? ¿No pretendes que tus aliados se vayan al decirles la verdad? – Anteios tomo la mano de su madre, para tranquilizarla y dirigió su vista hacia Athena.
-Aún no es el momento. – Saori volvió su vista con dureza al hijo de Ares. Y en realidad no era el lugar ni el tiempo, cuando aquella batalla terminara, sería el momento indicado para reclamar al mismo Olimpo sus acciones, aquellas que desataron esa guerra. Zeus no debió herir constantemente el orgullo de Hera, aprisionar a Prometeo y a los titanes de aquella forma tan injusta pues les condeno a un castigo sin fin, no debieron haberle dado la espalda a Ares como si fuese un enemigo y el mismo engendro del odio de Hera, tampoco Hades debió ser recluido al inframundo, como si su dominio se transformara en su prisión, para mantenerlo al margen, todos y cada uno de los fallos de sus propias decisiones y la de los demás habían llenado de odio aquellas almas, que al final terminaron desatando su furia y uniéndose a los que también se vieron privados de la libertad, decisión y respeto.
-Esta guerra fue desatada por ustedes, los doce olímpicos. – Anteios miro hacia Prometeo que se mantenía al margen de la discusión de los dioses, pero su mirada revelaba que el hijo de Ares tenía la razón.
-Ningún castigo debe ser por la eternidad, pues aunque en un principio aceptes las repercusiones de tus acciones, con el tiempo la culpa se transforma en ira y comienzas a idear planes de venganza contra quienes te colocaron ahí. – El joven titán artículo levemente, pero en su voz no destilo ni un poco del odio que en realidad se encontraba en su interior y con el cual luchaba constantemente por retener.
-Lamento escuchar eso. – Hestia intervino por primera vez y tomo cariñosamente la mano del titán, apretándolo suavemente con sus dedos. – Pero confió en que el dolor de esta guerra, nos ayudara a limpiar asperezas y nos mostrara los errores por los cuales no debemos volver a pasar.
-Si ustedes no quieren ayudar a Persefone y a ese humano a encontrar al resto de los demás dioses, lo hare yo. – Athena pudo distinguir en Anteios la misma aura amenazante que Ares solía tener en su interior entremezclada con la vileza con la que Afrodita solía actuar.
-Esa es tu decisión. – Demeter hablo con cierto rencor en su voz hacia su propia hija, pues no solo la había utilizado para ayudar a los titanes, si no que lastimo su orgullo como diosa y madre.
-Respecto al ejercito de la guerra ¿Impondrás un castigo sobre ellos Athena? – Cuestiono interesado el dios, por el paradero de los guerreros de su padre, los cuales se encontraban varados en el santuario desde hace dos días.
-No, ellos son libres de irse, ahora que el poder de Ares no está sobre ellos y han recuperado sus recuerdos creo que lo mejor es que vuelvan a su hogar. – "Si aún tienen uno al cual volver" Pensó con tristeza la pelilila. –Son libres de decidir su propio destino.
-Es irónico, ni siquiera los dioses podemos hacerlo. – Afrodita sonrió melancólicamente y suspiro con un gran pesar, que su hijo rápidamente reconoció el porqué, ya que él era capaz de reconocer el sufrimiento de un corazón a la perfección, así que apretó con calidez la mano de su madre y le sonrió amablemente para intentar consolarla.
-Respecto a los titanes que quedan. – Artemisa volvió su rostro con interés hacia Athena, pero continuo pensando en la verdad que expresaba la última frase dicha por Afrodita, al menos no era la única que parecía estar decepcionada del rumbo que había tomado su vida. A ella se le había prohibido entregar su corazón a un hombre mientras a la diosa del amor, se le obligo a dárselo a un dios al cual ni siquiera conocía.
-Tan solo quedan 5 titanes, pero me temo que la fuerza que guardan en su interior es una de las más temibles. – Sentencio fríamente Anfitrite.
-No podemos arriesgarnos a buscarles, será mejor que ellos vengan a por nosotros. – Athena compartió una rápida mirada con sus iguales, si Cronos deseaba continuar con aquella guerra esta seria en su propio santuario, pues el permanecer juntos le garantizaba una fuerza de ataque mucho mayor y un soporte más seguro por parte de sus iguales.
…
Kanon se apresuro a llegar hacia el salón patriarcal o al menos lo que en su tiempo fue la sala de máxima audiencia del santuario, al cual se encontraba destruida por el choque entre las fuerzas atenienses y de Ares, se sorprendió de ver que el trono se encontraba aún de pie, en medio de las columnas destrozadas y de las pilas de escombros en donde Athena se encontraba tranquilamente sentada, a su lado se encontraba el patriarca Shion, con algunas heridas y moretones a causa de la pelea con el antiguo maestro que para su asombro se encontraba debajo de las escalinatas a un lado de Afrodita y Shura.
Sus ojos esmeraldas rápidamente también repararon en la presencia de varios santos de plata y bronce, aquello le produjo un mal presentimiento, pero apresuro su paso para no hacer más tiempo esperar a su diosa.
-Ya están todos. – Murmuro quedamente el ariano a Saori quien sonrió de medio lado, pues ni en los perores tiempos el numero de santos dorados se había visto tan mermado en una audiencia, ya que la mayoría se encontraba en el sanatorio del santuario debido a sus heridas.
-Gracias por acudir a mi llamado, mis santos. – Empezó recorriendo con su mirada a todos los presentes y se detuvo en los santos de oro, que le miraban expectantes sospechando del motivo del porque les había reunido ahí.
-Kanon, Dokho, Shura y Afrodita les agradezco que hayan intervenido por mí en esta pelea y me alegra de sobremanera que hayan salido bien librados de sus misiones, pero no me puedo permitir exponerles de nuevo ni a ustedes ni a sus compañeros que apenas han logrado salir con vida de sus peleas. No quiero que se inmiscuyan en una nueva pelea contra los titanes o sus aliados hasta nuevo aviso.
-Athena… - Afrodita miro de su diosa hacia los santos de plata y bronce, completando en su cabeza el porqué Saori les había mandado llamar. – Entiendo que mis compañeros en estos momentos no puedan luchar pero nosotros nos encontramos bien y…
-Afrodita tu mismo viste hace algunos días como casi pierdo al guardián de cáncer y no te falta ver más allá para ver los estragos de la guerra. – Athena miro el brazo derecho severamente lesionado de Shura que aún no había sanado, incluso parecía que cada vez empeoraba más.
-Hicimos un juramento, nuestras vidas le pertenecen hasta el final mi señora, no podemos permanecer a raya cuando su vida está en peligro. – Shura intervino apoyando a su compañero pero muy a su pesar vio que el semblante de Athena no cambio.
-Quiero que sus vidas perduren a mi lado, aun cuando esta guerra llegue a su fin, al menos hasta que sus heridas sanen por completo les será prohibido pelear contra un enemigo. – Dictamino. Saori, agradeció infinitamente la entrega de sus caballeros dorados y la fidelidad que tenían hacia ella, pero no permitiría que murieran una vez más por su causa. – Marín, Shaina,Albiore, Orfeo y Misty les pediré que por el momento me ayuden a patrullar por el santuario y monten escuadrones en el caso de que algún enemigo apareciera en los límites del santuario por favor.
-Como usted ordene. – Contestaron los cinco santos de plata al unisonoro haciendo una ligera inclinación de cabeza y compartiendo en su interior la decisión de Athena; los santos dorados necesitaban un respiro, sus cuerpos ya estaba fatigados y lesionados de cada una de sus peleas y pedían a gritos un descanso aunque ellos no lo expresaran. Pues estaban seguros que cualquier dorado estando aún en el sanatorio y gravemente herido volvería a incorporarse solo para defender a Athena.
Saori agradeció profundamente el silencio de Dokho y Shion quienes parecían acatar la orden a la perfección, sin lugar a dudas porque ellos mismos conocían que los santos dorados no habían dejado de combatir desde la guerra contra Hades y más que nadie en el santuario necesitaban de un respiro, sin embargo podía ver el ceño fruncido de Kanon que aceptaba su orden a regañadientes, Shura simplemente bajo el rostro, pero los ojos de Afrodita le demostraron una amplia inconformidad.
-Hyoga, Shun y Shiryu ustedes deben organizarse con el resto de los santos de bronce para que ayuden a los santos de plata en las rondas del santuario por favor. –
-Si Athena. – Cisne y Dragón respondieron al unisonara.
-Nosotros nos encargaremos de ello Saori. – Menciono amablemente el caballero de Andrómeda.
-Muchas gracias, en ese caso pueden retirarse todos. – Murmuro tenuemente, los santos dorados hicieron una rápida reverencia y salieron velozmente del recinto principal, seguidos por los santos de plata y bronce.
-No debe preocuparse por sus decisiones Athena. – La pacífica y tranquilizadora voz de Shion la sorprendió. – Lamentablemente no estamos acostumbrados a que se nos ate las manos, ni que nuestros compañeros de plata y bronce intercedan en nuestro lugar, pero es algo que debemos asimilar, en esta guerra por primera vez no estamos solos y es bueno ver el apoyo que podemos encontrar en nuestros compañeros.
…
Abrió lentamente los ojos, pero aún este simple movimiento le provoco una descarga de dolor y pronto cayó en cuenta que todo su cuerpo experimentaba la misma sensación, como si un millón de hojas filosas le hubieran desgarrado la carne y se estuvieran clavando repetidamente en él, cerró los ojos con fuerza para contener en cierta forma la incomoda sensación y encontrar una forma de desviar su atención del dolor que recorría cada fibra de su ser.
-¡Maestro! – Una pequeña mano le sujeto levemente del hombro, con la intención de llamar su atención pero sin lastimarle, abrió los ojos de nuevo y miro a Kiki de pie aún lado de su cama, su rostro mostraba una alegre expresión, pero pudo notar las grandes ojeras debajo de los esperanzados ojos de su pequeño discípulo.
-Kiki. – Suspiro pero eso fue suficiente para que su discípulo se lanzara sobre él y le abrazara lo que le provoco una nueva descarga de dolor, la cual soporto para no hacer sentir mal al pequeño. Recordó que aquel pequeño había sido su motivación para frenar los ataques del titán Hyperion y que este le había reconocido como un digno guerrero, pero en su mente no recordaba haberse teletransportado desde el Olimpo hacia el santuario.
-Maestro nos tenía tan angustiados. – Soltó el pelirrojo separándose de él y mirando hacia atrás, fue en ese momento en que reparo en la figura del patriarca tras su discípulo. Quiso erguirse para saludarlo pero el patriarca se apresuro y le detuvo con sumo cuidado.
-No hace falta Mu. – Se volvió a recostar ante la guía de su maestro y le miro directamente a los ojos y distinguió en su mirada el alivio que iba sustituyendo paulatinamente el cansancio y la preocupación. – Debes descansar por el momento.
-Maestro ¿Cómo… -
-Kanon volvió al Olimpo por ti, te encontró severamente herido y la armadura de Aries estaba completamente despedazada ¿A quién te enfrentaste en el Olimpo? – Shion hablo con calma, pero percibió en la voz de su maestro el deseo por conocer el nombre del ser que había sido capaz de medio matar a un santo dorado y peor lesionar a su alumno.
-El titán Hyperion. – Contesto quedamente, pues su voz se vio entrecortada por una nueva descarga de dolor, Shion poso con cuidado su mano sobre su frente y le paso la mano por el cabello.
-Debemos agradecer a Athena y el destino que te encuentres bien Mu, pues la fuerza de los últimos titanes es descomunal. – Shion guardo silencio por unos segundos, pensando en el colosal cosmos que debían de tener esos seres para dejar a un santo dorado en aquel estado y aún más a Mu, que era uno de los más destacados por su poder de entre todos los santos dorados de esa generación, sin lugar a dudas la fuerza que debía tener sobrepasaba por mucho a lo que ellos habían imaginado. – Por el momento debes descansar Mu y reponer fuerzas, ya te pondrás al corriente después.
-Maestro. – Kiki se apoyo sobre su cama y dio algunos brincos de gozo, lo que le hizo sonreír. – El patriarca Shion y yo hemos estado reconstruyendo la armadura de Aries, ahora entiendo porque usted sabe tantas cosas, el patriarca es muy inteligente. – Kiki miro de su maestro al patriarca, sintiéndose orgulloso de pertenecer a la misma constelación que esos dos grandes hombres a quienes podría llamar su familia.
-Le he dado tan solo algunos consejos a Kiki tu ya le has enseñado bastante bien, para su edad sabe reparar una armadura, sabe más de lo que yo sabía a su edad. – Reconoció el carnero mayor.
-Eso te lo puedo asegurar yo. – La alegre voz jovial que entro a la habitación hizo al trió de arianos girarse para recibir a su nuevo interlocutor.
-¡Antiguo maestro! – Menciono impresionado de ver al caballero de libra entrar y colocarse a los pies de su cama.
-A donde quiera que voy obtengo esa reacción. – Rio alegremente el chino. - ¿Cómo te encuentras Mu?
-Maestro Dokho el aspecto de Mu habla por sí mismo. – El menor de los géminis, estaba recargado sobre el marco de la puerta, con los brazos cruzados frente a él y tenía su mirada fija en el caballero de aries actual. – Aunque debo decir que te ves mucho mejor que en el Olimpo.
-Gracias Kanon. –
-No tienes nada que agradecer Mu. – Kanon se acerco a los pies de la cama y se puso aún lado de Dokho. – Todos necesitamos cubrirnos las espaldas de vez en cuando.
Mu asintió agradecido y contemplo la complaciente mirada que Dokho le arrogo a Shion, sin lugar a dudas Kanon había cambiado completamente y su integración a la orden estaba casi completa, solo había un paso más que debía dar el gemelo menor y ese era volver a establecer una relación con el caballero de Sagitario.
…
Tamborileo nervioso el pie, mientras movía sus ojos de un lado hacia otro en busca de una doncella o sacerdote que le dijera que ya podía irse, se incorporo rápidamente de la cama y se sentó, solo para encontrarse con la sorpresa que su compañero también estaba sentado sobre el borde de la cama, pero que a diferencia de él se encontraba calmado.
-¿Qué te tiene tan inquieto Aioria? – Le interroga Shaka que se encontraba en su habitual posición de loto con las manos sobre sus rodillas invocando con esta los mantras y canalizando su cosmos en su interior.
-Nada. – Refuto fingiendo desinterés. – Simplemente ya quiero irme, además no entiendo porque tardan tanto.
Shaka no menciono absolutamente nada más, pero pronto Aioria vio el porqué las doncellas y el sanador tardaban tanto tiempo en llegar hacia con ellos y es que distinguió a través de la puerta una cabeza peliazul que se sacudía con insistencia y evitaba que las manos de las jóvenes le tocaran para detenerle, se incorporo interesado y se recargo en el marco de la puerta con el codo, prestando atención al parloteo del escorpión dorado.
-¡Señoritas dejarme ir! – Milo rio alegremente esquivando a una joven que pretendía detenerle. – Escúchenme, no tengo absolutamente nada que ustedes puedan sanar, además ya hemos causado demasiadas penas en este lugar, lo mejor para un caballero es movilizarse cuanto antes. Además los caballeros dorados tenemos que sanar de forma más veloz que los otros, porque de lo contrario en lugar de cuidar las doce armaduras doradas, cuidaríamos de las doce camas doradas. – El comentario del griego hizo que las doncellas sonrieran traviesamente y más de una rio a carcajada abierta, pero esto no detuvo el nulo esfuerzo de ellas por retener al escorpión.
-Debe entender que su cosmos sigue ardiendo en el interior de su corazón y esto puede llegar a terminar con su vida. – El sabio se acerco con calma y se coloco frente a él para impedirle que siguiera huyendo, Milo abandono esa faceta divertida y se torno demasiado serio para el gusto de Aioria.
-Conocía las consecuencias de ese ataque. – La voz de Milo sonó fría y distante, lo que le mostro que el octavo guardián había aceptado las complicaciones de sus acciones. Aioria se intrigo aún más por saber de cual técnica de escorpión hablaban, pues la aguja escarlata no tenía la capacidad de incendiar el corazón de Milo. - Además… - Menciono Milo mucho más jovial. –A la fiebre no la van a detener con simples compresas frías, si el problema está en mi interior. Así que ustedes no se preocupen tengo a mi propio refrigerador portátil en caso de necesitar un descenso brusco de temperatura. –
Aioria abrió los ojos perplejo al escuchar a Milo llamar sutilmente "Refrigerador portátil" a Camus y no pudo evitar reír ante ese comentario, incluso Shaka que estaba tras él soltó una ligera risa, las cuales fue silenciadas cuando notaron que Camus también veía toda la escena con los brazos cruzados desde el rincón, pero su semblante era completamente de indiferencia como si las represalias que Milo pudiera traer sobre su salud no le importase.
Pero muy al contrario de lo que todos creyeran Aioria, sabía que el aguador respetaba ampliamente la decisión de su compañero y no se aventuraba a ir contra ella para no lastimar el orgullo de escorpión, parecía que aún más aceptaba el hecho de que Milo tenía razón en quererse ir del sanatorio, pues en ese lugar había poco que ofrecerle más que "una cama dorada".
-¡Con su permiso y sin él, me largo de este lugar! Tal vez los demás tengan paciencia para estar aquí encerrados de vacaciones, pero yo no. – Milo hizo suavemente al señor a un lado y comenzó a caminar hacia la salida, alzo una mano e hizo un ademan para despedirse de ellos. – ¡Y por cierto otro signo del zodiaco que no es nada paciente es leo! ¡Si no mírenlo ahí patéticamente parado en la puerta pidiendo atención!
Milo soltó una carcajada antes de desaparecer y de pronto él se vio con la mirada de doncellas y sabios mirándolo fijamente, comprobando por sus propios ojos las palabras del escorpión, sonrió nerviosamente sintiendo como la sangre se agolpaba en sus mejillas, movió nerviosamente ambas manos frente a él para restarle importancia.
-No se preocupen, yo puedo esperar. – Mintió. Miro de reojo para buscar apoyo en Shaka pero se encontró con que el guardián de Virgo estaba sentado de nuevo en posición de loto en su cama, como si nunca se hubiera movido de ahí.
-Caballero de leo. – El anciano que unos segundos antes había intentado detener a Milo se le acerco y lo tomo del codo para introducirlo a la habitación, agacho el rostro sumamente apenado, maldiciendo mentalmente al escorpión. – Por favor tome asiento. Buenos días caballero de Virgo.
-Buenos días sabio. – Shaka asintió educadamente y aunque permaneció con los ojos cerrados, deshizo la posición de loto y le prestó toda su atención al anciano.
-Solo vengo a revisar sus heridas. –
-Lamentamos mucho el comportamiento de nuestro compañero. – Aioria extendió sus brazos y se descubrió cuanta herida tenia para que le examinaran, con una amplia sonrisa de convencimiento, pues estaba convencido que si no le dejaban marcharse no tardaría mucho en actuar igual que Milo, pues deseaba enormemente encontrar a Marín para hablar con ella y disculparse por haberla atacado.
-Es comprensible, él tiene razón, sin embargo su salud me preocupa, Athena misma vino a encomendarme su cuidado y el del caballero de acuario, porque a pesar que sus heridas parecen inofensivas tienen un punto letal para ambos. – Reconoció el viejo, asintiendo de vez en cuando al ver y presionar la piel del león.
-Trataremos de dialogar con él respecto a este tema. – Shaka comenzó a descubrirse también algunas heridas apenas vio que el sabio comenzaba a revisar su última herida.
-Les agradecería mucho. – El sabio soltó su brazo y extendió sus manos hacia Shaka para examinar de la misma forma las heridas de virgo, asintiendo y afirmando de vez en cuando al ver las lesiones las cuales casi habían sanado. – Es una ventaja que aparte de la medicina que nosotros les damos, ustedes usen el cosmos para sanar sus heridas.
-Es para recuperarnos más rápido y no causarles tantas molestias. – Admitió Aioria intentando lanzarle una indirecta al sabio de que deseaba irse él también.
-Escorpión tenía razón, la paciencia es una virtud escasa en las signos del zodiaco y leo no es uno de ellos. – Shaka voltio su rostro hacia Aioria que nuevamente se sonrojo. – Sus heridas prácticamente están cerradas así que pueden volver a sus respectivas casas zodiacales.
…
Resoplo con fastidio, elevo sus brazos colocándolos tras su nuca y comenzó a caminar hacia los doce templos, se le hacía imposible que Athena les prohibiera pelear ya había hecho mucho por contenerse en la sala patriarcal como para que ahora tuviera que aislársele por completo y es que no entendía la mentalidad de Saori ¿Acaso creía que le gustaba esperar? ¿Qué le era placentero? ¿Qué se elevaría a la iluminación divina por su paciencia? Claramente la respuesta era ¡No! Odiaba esperar, casi tanto como odiaba a Radamanthys, no soporto esperar en la guerra santa y mucho menos fue un calvario para el ver el desenlace de Shaka, odio contenerse por Athena frente a Saga y los demás cuando estaba a un punto de terminar con ellos con Anteres, aborrecía con toda su alma cada momento en que su propia diosa le había atado las manos para combatir.
-En fin. – Suspiro resignado, aunque continuaba sintiéndose frustrado, era por ello que había decidido salir del sanatorio, si Athena les veía aún ahí solo sería una prueba de que no estaban sanados por completo y esto retardaría su vuelta al campo de batalla, donde siempre debieron estar, encabezando el ejercito de su diosa, dirigiendo a sus compañero de plata y bronce…
-Y hablando de los de plata… - Hizo un mohín divertido con la boca y desvió completamente su atención hacia cierta amazona rubia de hermosos ojos esmeraldas, de una a perlada tez blanca. La última vez que se habían visto él la había besado y ella no había puesto mucha resistencia, fuera porque le gusto o la tomo de sorpresa, el tener la oportunidad de ser el primero en besarla había sido no solo una meta cumplida para su propio orgullo si no también un gozo absoluto.
Amplio su sonrisa cuando detecto el cosmos de la cobra cerca de él, parecía que por primera vez el destino estaba confabulando a su favor, así que no desaprovecho la oportunidad y se encamino hacia ese lugar. No pensó mucho en que haría cuando le viera, dejaría que todo fluyera naturalmente, de forma espontanea, así era la única forma de sorprender a la italiana y él deseaba hacerlo.
Sintió una fuerte punzada en su corazón que le obligo a detenerse por unos segundos y le hizo llevar inconscientemente la mano hacia el pecho, rápidamente sintió una oleada de calor ascenderle por todo el cuerpo y como parecía tener una braza encendida en el pecho, el cual le provoco un intenso dolor y le nublo la vista por un instante, pero así como había aparecido, desapareció. Se quedo parado por un momento, asegurándose que aquel malestar se había evaporado por completo y cuando no le volvió a sentir, retomo su camino.
Visualizo la rubia cabellera de la joven que se encontraba dándole la espalda y visualizando la reconstrucción del coliseo tras la saliente de una piedra, donde ella podía observar a los caballeros trabajando sin que notaran su presencia. Milo sonrió ante la rigurosa supervisión a la que Shaina sometía a sus subordinados y por unos segundos Milo agradeció a Athena, Shion, su maestro y todos los dioses no ser un caballero de plata o bronce y encontrarse ante aquella afilada mirada esmeralda día y noche vigilándole como a un reo.
-Ya he sentido tu cosmos MIlo. – La rubia le hecho un rápido vistazo pero pronto volvió a centrar su atención a los caballeros y guardias que trabajaban en el coliseo.
-No me he esforzado en ocultarlo. – Milo se paro detrás de ella. – Antes los caballeros dorados elevábamos nuestros cosmos para no toparnos entre nosotros mismos y menos con otros santos, ahora lo hacemos para hacerle saber a Athena que seguimos vivos.
-Matar a un animal ponzoñoso no es tan fácil. – Refuto orgullosa la rubia.
-Eso es una característica que compartimos. – Milo la tomo por los hombros y la giro hacia él, para contemplar aquel hermoso rostro una vez más, le encantaba el ceño fruncido de la italiana, la leve torsión de su boca por disgusto y esos fieros ojos esmeraldas, que intentaban intimidarlo vanamente. – Vamos a ver los trabajos de tus subordinados.
-Tú no me mandas Milo. – Shaina frunció el entrecejo y giro los ojos fastidiada, se adelanto a paso apresurado deseosa de alejarse del escorpión dorado, quien velozmente la siguió intentando darle alcance, aún a ella no se le había olvidado el beso que el octavo guardián le había dado pero ya habría momento de vengarse por ello, ahora lo que le apresuraba era alejarse del molesto caballero.
-Se dice que las que más se resisten son las que más quieren, vamos Shaina tenemos mucho sin vernos ¿Ni un beso por volvernos a reencontrar? – Milo freno en seco al ver a la amazona detenerse con brusquedad y ver como esta apretaba ambos puños. – Solo para recordar el beso de despedida que nos dimos.
-¡Para ser un santo dorado no eres más que un crio caliente! – Y en menos de lo que Milo pensaba ya tenía a una rubia furiosa, frente a su rostro gritándole por demás improperios y vanos reclamos, de lo cual el apenas oía, pues se había perdido en la belleza de la italiana. - ¡Y te juro Milo de escorpión que te vas a arrepentir por ese beso!
-De lo único que me arrepentiré es de no haber sido Seiya y ser el primero en mirar tu rostro. – Milo sonrió cual galán pero la rubia frunció aun más la nariz, dando a notar la molestia que despertaba el comentario del escorpión.
-¡Te hubiera matado antes de enamorarme de alguien como tú! – Gruño furiosa.
-¡Yo claramente no te hubiera matado Shaina, jamás asesinaría a una mujer tan bella e inteligente como tú. – Admitió el escorpión, dando a entender a la rubia que si alguna vez ella hubiera tenido que enamorarse o asesinarlo según la regla de las amazonas que perdían su máscara frente a un hombre y que este viese su rostro, él en todo caso le perdonaría la vida.
-Yo seguiría intentando matarte Milo. – Siseo enfadada aunque se ruborizo ligeramente ante el comentario.
-Ambos sabemos que no lo harías. – Milo tomo de la mano a la cobra y la jalo hacia si de forma brusca, sorprendiendo totalmente a la furiosa amazona, el griego rápidamente la tomo por la cintura pegándola a él y le planto un inesperado beso.
Shaina intento alejarse de Milo, pero este la tenia bien tomada de la cintura, sin posibilidad a dejarla libre, elevo una mano para golpearlo en el rostro pero el escorpión fue más intrépido y la tomo con su mano, entrelazando sus dedos con los de la amazona. Milo se separo de ella cuando vio que a ella le falto la respiración y le sonrió alegremente.
-Volvería a la vida, solo para volver a besarte. –
-Eres un… - Shaina empujo con su otra mano al escorpión sin embargo este aún no le libero de la mano derecha. – Milo…
-¿Verdad que te gusto? – Volvió a recortar la distancia entre los dos pero en esta ocasión la mano de Shaina le golpeo la frente.
-Estas ardiendo. – Afirmo la italiana.
-Bueno Shaina es que tu… -
-¡No Milo déjate de estupideces! ¡Estas caliente! ¡Tienes fiebre! – Shaina sonó algo alarmada y bajo su mano de la frente del escorpión a las mejillas de este y de ahí hacia el pecho del escorpión, de donde la amazona tuvo que retirar su mano, ante la fuerte temperatura que expedía el corazón de Milo. - ¿Qué te pasa Milo? ¿Estás bien? –
Apenas la italiana menciono estas palabras cuando de pronto Milo sintió una fuerte punzada en el corazón que le obligo a soltarla y llevarse la mano al pecho, mientras retrocedía unos pasos y se flexionaba ante el dolor, Shaina se arrodillo preocupada frente a él y rebusco la mirada del escorpión preocupada, pero solo noto en su rostro una mueca de dolor.
-¡Milo! ¿Qué tienes? – Shaina tomo el rostro del escorpión entre sus manos, lo cual hizo sonreir tenuemente al escorpión.
-Que… romántica Shaina, no vayas a intentar besarme. – Se burlo tenuemente. – Ahorita dejara de dolerme, es solo…
-No pretendo besarte idiota. – Shaina tomo el brazo de Milo y lo coloco sobre sus hombros. Se negaba a reconocerlo pero de verdad que estaba preocupada por el escorpión dorado. – Vamos Milo te llevare al sanatorio.
Milo se sintió agolpado rápidamente por aquella ardiente temperatura que brotaba desde su pecho y hacia latir a su corazón desbocadamente, como si fuera a salir expedido de su pecho. Pero no solo era esa intensa sensación de calor que le sofocaba si no que se había transformado en una sensación quemante que le abrumaba completamente por dentro, como si cada fibra de su ser estuviera ardiendo o fuera quemado con hierro caliente, su vista se nublo rápidamente e incluso estuvo a punto de caerse con Shaina porque tropezó, se mareo y la sangre comenzó a brotarle por la nariz, como si esta estuviera en su punto de ebullición y buscara una apertura por la cual fugarse.
-Milo resiste por favor. – Shaina apresuro su paso angustiada por Milo, pero su corazón casi se detuvo cuando Milo flaqueo completamente y se desplomo junto con ella en el suelo. - ¡Milo! ¡Milo!
…
Continuara…
Comentarios:
Mugetsu-Chan_xd: Tienes toda la razón por más que ames a tu pareja si ves que esta se equivoca o está cometiendo una barbaridad debes ayudarle a frenarla o encontrar una solución, Persefone solo se marchito en el inframundo.Qué bueno que te haya gustado la escena de Mu, pero en este capítulo te traje un poco más del lemuriano.
Pysis and Lynx: Me alegra que te haya gustado la pelea de Ares y Saga. Y como vez Mascarita se salvo una vez más de morir. Creo que Dokho tanto Shion son enemigos que uno jamás desearía tener. Helena factiblemente vuelva a aparecer después de todo la batalla final se acerca. El tipo que mato a Cesar es uno de los hijos de Ares, Anteios que obviamente está molesto porque su padre asesino a sus hermanos y es que Fobos y Deimos siempre fueron hermanos protectores cuando se trataba de Eros y Anteios, de hecho ellos tomaron el lugar de estos para ir a la guerra cuando Zeus expulso a Ares y dos de sus hijos. Digamos que la técnica de Aioria la explosión de fotones deja a Aioria sin energía, pues necesita de toda su fuerza para realizarla y dado caso que Shaka la recibió, el daño que recibió este fue impresionante. Seria increíble imaginar un escenario donde Seiya muriera, creo que lo meditare.
Beauty4ever: Ares ya había causado bastantes problemas y debía sucumbir y me alegra haberte tenido al borde del colapso. El bichito se reencontró con su cobrita pero mira nada más que le paso ahora, mi pregunta seria ¿Milo morirá en manos de su amada Shaina? Creo que una nueva era de maldad se aproxima.
Diosa Geminis: Me da muchísimo gusto que te haya encantado, de verdad mis más humildes gracias hacia ti. Quería mostrar la grandeza del geminiano mayor y es claro que Kanon pronto tendrá su turno, espero tener noticias pronto de ti.
Lena90: Lo sé pero no dejan de ser hijos de Ares y así como corre la sangre de Afrodita por sus venas igual lo hace la del dios de la guerra y te aseguro que si lo vuelven a liberar se encontrara con un Olimpo completamente diferente. No sé cuanto deje descansar a tu corazón de emociones fuertes jijiji. Te aseguro que Seiya y por su parte Hyoga aprendieron la lección de meterse contra un berserkers no es nada fácil. DM libro una vez más las barreras de la muerte por suerte. Y tendrás que esperar al prox. Cap para saber de Pandora, Rada y Persefone.
Artemiss90: Por el momento los dorados quedaron fuera de batalla para que tu alma apurada descanse un poco, pero no garantizo la felicidad para nadie, ni siquiera para ellos, ya que me encanta hacerlos sufrir.
Guest: Si ya tenias algo sin hacerte notar por aquí, pero me alegra saber de ti y me alegra saber que te sigue gustando, todo. Y ten por seguro que Athena volverá a demostrar que es la diosa de la guerra, pues los titanes que quedan no son fáciles de vencer y Mu se dio cuenta ya.
Atte: ddmanzanita.
