Capítulo 10

Incluso en sus días libres, Sakura procuraba mantenerse ocupada.

Habituada al ajetreado ritmo de vida que traía consigo el hospital, la pelirosa buscaba la manera de aprovechar cada minuto del día. Aquella mañana, tras atender al inclemente llamado del despertador, abandonó la comodidad de la cama antes de que los primeros rayos del sol comenzaran a filtrarse por su ventana.

Acudió al gimnasio, como ya era costumbre en ella y realizó una extenuante rutina, esperando compensar los días de ausencia voluntaria. Si bien, su figura distaba de emular las exuberantes curvas de las modelos de pasarela, traba de mantenerse en forma. El estilo de vida de un médico era desgastante, pasaba horas en vela, de un lado a otro, deambulando por los quirófanos cuando se le necesitaba y estudiando en las horas muertas. Por esa razón, iba al recinto deportivo tres veces por semana, lo suficiente para evitar que su organismo resintiera los efectos colaterales del escaso descanso y la existencia basada en una filosofía de excesos.

La mañana era gris y lluviosa. A Sakura no le quedó más remedio que resguardarse en una cafetería cercana al apartamento, mientras el inclemente clima anunciaba claudicación cercana.

El congreso anual de Amegakure era dentro de dos días; de solo imaginar que acudiría en compañía de Itachi se le erizaba la piel. Aquello era la excusa perfecta para pasar más tiempo con él, lejos del hospital y la mirada inquisitiva de sus compañeros.

Todavía estaba molesta por la escena protagonizada por su colega, la cual no se inmuto en acusarla de mantener un romance con el jefe, utilizando la relación como una ventaja para obtener más horas dentro del quirófano. Si bien, las inculpaciones de la chica no eran del todo erradas, Sakura sabía que si llegó a esa posición fue por su esfuerzo, el trabajo duro y los sacrificios realizados en orden de alcanzar su meta. No iba a permitir que una osada inventiva arruinara su carrera.

Esos pensamientos eran los que ocupaban su mente mientras solicitaba a la chica del mostrador un café cortado. Luego de pagar el monto proyectado en la pantalla, Sakura recogió su pedido y se viró para emprender la marcha a una mesa desocupada.

Aliviada, encontró un asiento vacío cerca del gran ventanal, alejado del barullo de la caja y la puerta de entrada. El repiqueteo de su teléfono celular acaparó su atención. Tomó el aparato del bolsillo de su cazadora, al mirar la pantalla, se percató que el mensaje provenía de un destinatario desconocido, mismo que no figuraba en sus contactos. Extrañada, desbloqueó la pantalla y abrió la aplicación:

Número desconocido 8:35

Sé que es una acción osada, pero me tome la libertad de solicitar tú número, soy Itachi.

Arrugó el entrecejo ligeramente, un poco pasmada. Desconocía como Itachi había obtenido su teléfono personal, dudaba que se lo solicitara al mis mismo Sasuke, tal vez se lo dijo Ino o Tenten, pero aquello era poco probable. Su corazón latió con ímpetu, por lo que de forma presurosa se dispuso a contestar.

Sakura Haruno 8:39

Si tanto lo deseabas, pudiste pedírmelo a mí.

Esbozó una sonrisa atontada.

Itachi Uchiha 8:40

Lo tomare en cuenta la próxima vez.

¿Qué tal va tu día?

Sakura Haruno 8:41

Estoy muriendo de aburrimiento, detesto los días lluviosos. Nadie me advirtió que la vida se tornaría tan monótona después de pasar 18 horas en el quirófano.

Itachi Uchiha 8:42

Tu percepción cambiara dentro de unos años.

Entusiasmada, la pelirosa tomó asiento en una de las sillas disponibles, dando un sorbo a su bebida; el café caliente dejó una agradable sensación en su boca.

Sakura Haruno 8:44

¿Qué haces?

Itachi Uchiha 8:44

Estoy saliendo de una cirugía

Sakura Haruno 8:45

¿Es la que mencionaste el otro día en la biblioteca?, ¿Cómo salió?

Itachi Uchiha 8:46

Fue un procedimiento complicado, pero el paciente se encuentra estable.

Al lanzar un vistazo a la vidriera empañada, se percató que la lluvia había cesado lo suficiente para regresar a casa. Sonriente, resguardó el móvil en el bolsillo de su chamarra, tomó sus cosas y enfiló el paso hacia la puerta de entrada y salida.

Mientras pretendía abandonar el local, se topó de frente con la efigie de una bella chica; llevaba una elegante gabardina verde olivo, combinada con un largo vestido de cuello alto en color hueso y unas botas café a juego. Su cabello estaba húmedo, y lucia más oscuro de lo que había vislumbrado. Bajo una cortina de pestañas negras encontró la mirada argéntea, brillante, hipnótica. Sakura la reconoció de inmediato; se trataba de Hinata Hyuga, la chica con la que estaba Sasuke la noche de la gala.

Ella pareció identificarla también; el estupor proyectado en cada rincón de su linda faz.

Pensó que lo mejor era desviar la mirada y salir del lugar, tal como lo hizo en aquella ocasión. No obstante, la vida se encargaba de situar frente a ella una oportunidad con la que muy probablemente nunca se toparía. Hinata Hyuga era el argumento perfecto para ponerle un punto final a su historia con Sasuke y zanjarse del absurdo contrato prenupcial que la mantenía atada a él.

Ignoró la vibración del teléfono, aunque moría de ganas de continuar conversando con Itachi.

— ¿Hyuga Hinata?— inquirió—.Sé que no me conoces, pero yo a ti si— continuó, procurando maquillar el temblor en su tono de voz—. Soy Haruno Sakura, la ex prometida de Sasuke.

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Ambas yacían sentadas una frente a la otra.

Aprensiva, Sakura rodeaba con sus delicadas manos el contenedor medio vacío de cartón, con la mirada fija en el rostro de Hinata. Realizó un escrutinio descarado; era sumamente bonita, tenía facciones aristocráticas, lindos ojos coló perla, piel nívea y tersa, cabello largo y sedoso. Poseía una figura curvilínea, la cual se encargaba de ocultar bajo capas de ropa holgada. Provenía de una de las familias más importantes de Konohagakure, formaba parte del círculo social de los Uchiha, la aristocracia moderna; la alta sociedad era selectiva, lo había aprendido de mala manera.

No concebía la idea de emparejar al pelinegro con ella. Conocía a Sasuke como la palma de su mano, Hinata no era el tipo de chica que capturara su atención, al menos no a primera vista. Se preguntaba qué era lo que contemplaba en ella, mas nunca llego a una conclusión concreta. Si algo había aprendido de sus años de relación con el menor de los Uchiha era que la indecisión imperiosa lo dominaba, no contaba con una brújula moral que apuntara al norte, por lo que siempre vacilaba.

Se sentía mal por acorralarla, sin embargo, ella se mostró tan amable al acceder a tomar un café con ella, sobre todo cuando entreveía que el encuentro seria incomodo, incluso, desagradable.

—Luces nerviosa— señaló Sakura, dedicándole una mirada escrupulosa a la joven.

—Lo estoy— admitió, encogiéndose de hombros.

Sakura miró dentro de su vaso de café, pensando en su relación con Sasuke. Nunca fue el tipo de chica que añoraba los finales de cuentos de hadas, su madre se había encargado de inculcárselo, asegurándose que no lanzara su vida por la borda presa de un arrebato romántico. A sus treinta años, estaba soltera, y aunque sus amigas entrometidas intentaban constantemente presentarle a alguien, pasó la mayor parte de sus años post ruptura, concentrada en finalizar la residencia.

—Asi que… tú y Sasuke— masculló, dejando el resto de las palabras al aire.

Un sonrojo avivó las mejillas de la joven.

—No, por supuesto que no— sentenció Hinata, desviando la mirada hacia la ventana del café, observando a la gente desfilar por el tramo de la avenida principal.

Sakura enarco una ceja, confundida. Los había visto besarse en la gala, mientras ella aguardaba por Sasuke, ¿o acaso todo fue producto de su imaginación?

Aun no lograba comprenderlo. Sabía que si se lo cuestionaba directamente al azabache, terminaría por cerrarse de banda y negarlo todo, tal como lo estaba haciendo Hinata. Durante ese par de años, se privó a si misma de cualquier tipo de relación, puesto que no era apropiado salir con alguien luego de terminar un compromiso. Sin embargo, Sasuke lo había hecho.

De una u otra forma, su pasado terminaba arruinando el presente. A pesar de que ya no eran novios, el Uchiha menor reclamaba los privilegios de uno.

—Oh, lo lamento, pensé que ustedes dos salían— se disculpó, carraspeando un poco para disipar la piquiña de incomodidad instalada en su garganta.

—Salimos durante un año— sentenció; las lágrimas formándose en sus ojos.

A Sakura le huyó la sangre del cuerpo, palideciendo. Las entrañas se le removieron, causándole nauseas, ¿Sasuke la había engañado durante todo ese tiempo?, no lo sabía y nunca tendría la certeza, aunque las sospechas siempre estuvieron presentes.

Rememoró la ocasión en la que descubrió una de sus infidelidades, ¿Cómo lo averiguo?, lo vio todo. Fue en una nevada noche de enero. Ella se encontraba en su apartamento, recostada en la cama. Llevaba unos cuantos días sospechando que su prometido ocultaba algo, pero si algo sabia a la perfección era esperar, asi que, cuando su descuidado novio se dirigió a al baño a tomar una ducha, aprovechó para revisar su celular encontrando una serie de mensajes que lo involucraban románticamente con una de sus asociadas. Nunca se lo mencionó a nadie ni si quiera a Sasuke, aun cuando moría de ganas de hacerlo.

— ¡No es nada de eso!— chilló Hinata, como leyéndole el pensamiento—. Comenzamos a salir pocos meses después de su ruptura.

—Ya veo— susurró la pelirosa, demasiado pasmada para continuar.

— ¿Fui uno de los motivos de su rompimiento?— se atrevió a preguntar, boicoteando la mirada esmeralda.

Sakura mordió su labio inferior. A esas alturas ni si quiera era capaz de preciar cuál de los muchos motivos la llevaron a finalizar su relación.

—Claro que no— reflexionó Sakura, sonando más sorprendida de lo que esperaba. Hinata no era la culpable de nada—. Mi compromiso con Sasuke no terminó por ti específicamente. Ambos queríamos cosas distintas.

Hinata contempló dentro de su propia taza de té y después a ella, apenada.

—Por un momento pensé que estarías molesta conmigo— dijo, llevando un mechón de cabello detrás de su oreja—. Solo para aclarar la situación, Sasuke y yo terminamos hace un par de semanas.

Sakura abrió los ojos, impresionada. No deseaba indagar más de la cuenta, no era correcto; notaba el dolor trazado en la mirada argéntea de su acompañante, la separación de Sasuke le causaba cierto desasosiego, uno que comprendía a la perfección, puesto que no hace mucho tiempo estuvo en su lugar.

— ¿Aun sientes algo por él?— sollozó; la voz temblorosa por la oleada de sentimientos que la golpeaban.

Sasuke siempre tendría un lugar especial en su corazón, aun cuando su historia no hubiese terminado bien. El azabache fue su primer gran amor, un amigo y confidente. A lo largo de los años le enseñó a preservar la ambición, y quizás, hoy en día se arrepentía de eso. No obstante, el cariño que sentía por él en ese momento distaba de ser algo cercano al amor.

Fue ahí cuando tuvo una revelación: ya no estaba enamorada de Sasuke, sus sentimientos ahora le pertenecían a otra persona, nada más y nada menos que Itachi, su hermano mayor, aquel hombre que era su jefe y a la vez mentor.

—No, Sasuke y yo somos muy buenos amigos— dijo, esbozando una sonrisa ligera, pero sincera.

El repique estridente de su teléfono celular frenó por completo cualquier tentativa de Hinata por responder. Al percatarse de la interrupción momentánea, la peliazul asintió, como dándole permiso para atender. Sakura extrajo el móvil del bolso de su chamarra, atisbando el nombre de Ino en la pantalla.

—Lo lamento, pero debo marcharme— masculló, encogiéndose de hombros—. Fue un placer conocerte— tan rápido como le fue posible, se puso de pie, estrechando su mano con la de su acompañante en un gesto de tregua.

—El gusto fue mío— dijo ella, ofreciéndole una cálida sonrisa.

La nueva revelación provocó un instinto vestigial dentro de ella. La realización de sus sentimientos hacia a Itachi despertaban el romanticismo largamente dormido en ella, y sabía que solo había una respuesta para dar.

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Depositó los restos de comida en el cesto de la basura, sumergiendo el plato en la artesa repleta de agua.

Aquella tarde había acudido a casa de su madre a pasar el rato, quien la recibió con un exquisito festín y una botella de vino tinto. Si bien, Mebuki no era nada cercano a la figura maternal atenta, cariñosa y comprensiva proyectada en algunas películas, sabía otorgar consejos. Además, tiempos desesperados requerían medidas desesperadas, y Sakura sabía que si deseaba obtener un consejo claro y conciso la única que podía otorgárselo era la mujer que le dio la vida.

— ¿Cuándo te marcharas al congreso?— preguntó, vertiendo una generosa cantidad de licor tinto en su copa.

—El viernes por la mañana— respondió, atisbándola de reojo.

—Es bueno que asistas a esa clase de eventos— tomó asiento cerca de la ventana, clavando la mirada ausente en el paisaje de la rosaleda—.Te servirá para socializar y crear una buena impresión.

—Ya lo sé— contestó, sonriente, pasando la esponja enjabonada por la loza de porcelana.

Haciendo gala del sexto sentido que la hacía percibir las cosas desde lejos, notó la actitud vacilante de su hija, y sin más preámbulos, dijo:

—Si no hubieses salido de mi vagina y no te conociera tan bien, creería que has venido aquí solo para pasar tiempo conmigo— de la elegante pitillera tomó un cigarro, atrapándolo entre sus labios.

— ¿A caso no puedo pasar la tarde con mi madre?— replicó con calma, la mujer expulsó una bocanada de humo juntando las cejas en una expresión escéptica.

—Eres una mala mentirosa, Sakura— señaló, cruzando las piernas, al tiempo que esbozaba una sonrisa pletórica. La pelirosa lanzó una pequeña carcajada mientras rodaba los ojos—. Ahora cuéntamelo todo— solicitó la dama, dando un sorbo al exquisito tinto que formaba parte de su extensa colección de vinos.

—Conocí a un hombre— dio la pelirosa, lanzando un suspiro.

—Nunca mencionaste que volviste a salir con chicos.

—No del todo— aclaró, mordiendo su labio inferior. Debía ser cuidadosa al elegir la información que deseaba desvelar, Mebuki no sentía un gran aprecio por los Uchiha, en especial por Sasuke, aunque esta vez el tema de discusión no era su ex novio, sino su hermano mayor—. Estaba en mis planes permanecer soltera durante un tiempo, pero las cosas se salieron de control.

— ¿Cuál es el problema con este hombre? — cuestionó, llena de expectación.

Sakura expulsó una sonora bocanada de aire. Restregó sus manos contra la toalla, intentando eliminar el rastro de humedad de la piel, mientras se pregunta por donde comenzar. En realidad existían muchos problemas, cualquier persona en sus cinco sentidos le diría que era un rotundo error continuar, sin embargo, la pelirosa nunca sabia cuando era adecuado detenerse, y para ser sincera consigo misma, no le encantaba la idea de pasar el resto de sus días coqueteando con Itachi, seguir evitando lo inevitable.

Sabía que su madre nunca apropiara a sus parejas, nadie estaba a su altura y era mejor vivir soltera y divertirse, que atarse a una relación sin rumbo fijo. Su compromiso con Sasuke había sido el aliciente suficiente para ganarse la diatriba de Mebuki.

—No hay nada de malo con él— prosiguió, tratando de minimizarlo.

—Entonces ¿Cuál es el misterio?— dijo Mebuki, irritada—. ¿Estas saliendo con un hombre casado?

—Algo asi— espetó. Era su momento de degustar otra copa de vino—. Es complicado, digamos que existen demasiados factores que nos impiden estar juntos.

—Eres una romántica empedernida, Sakura— restregó la cola del cigarrillo contra el cenicero de cristal—. La naturaleza tiene maneras extrañas de encontrar nuestro punto débil— dijo, llevando la copa de cristal hasta sus labios, sorbiendo un trago de vino—. Solo para aclarar las cosas, antes de mantener una relación con tu padre, estuve comprometida con uno de sus compañeros de trabajo.

Sakura suspiró. Conocía muy poco acerca de Kizashi, lo había contemplado en cinco ocasiones durante toda su vida. Ambos reconocían que estaban unidos por un lazo sanguíneo, sin embargo, la relación cálida y fraternal era inexistente.

— ¿Por qué nunca lo mencionaste?— cuestionó, clavando la mirada lemanita en el rostro circunspecto de aquella elegante dama.

—Era un secreto que pretendía llevar a la tumba, no tenía sentido que tú lo supieras.

Sakura rió, sarcástica.

—Cierta noche coincidí con Kizashi en un bar. Al inicio rechacé su propuesta de invitarme un trago, pero era un hombre persistente y eso me agradaba. Charlamos durante toda velada, y después pasamos a su apartamento— mientras decía eso su nariz sobresalía, mientras yacía una copa delante de ella—. Fuiste una niña muy deseada, Sakura, te tuve a los treinta y siete años— remarcó con orgullo, hablando de una de sus más grandes hazañas en la vida—. La relación con mi prometido no iba a llevarme a nada serio, asi que comencé una relación secreta con aquel que me ayudaría a engendrarte.

Mebuki ya no era la mujer ardiente y hermosa que aparecía en las viejas efigies de su estudio, pero era fuerte, valiente. Constantemente decía que no necesitaba a un hombre a su lado, se las había apañado para criarla por su cuenta, sin ayuda de nadie, y tal vez, era eso lo que deseaba para ella.

— ¿Cómo supiste que era el indicado?— cuestionó Sakura, refiriéndose no a su corta relación, sino a la seguridad que la iluminó para darse cuenta que quería tener un hijo con él.

—Debes confiar en tu instinto, Sakura— un brillo de sorpresiva calidez cruzó por la mirada de Mebuki—. Siempre lo he dicho, tu padre no es un mal hombre, pero no estaba preparado para esto.

— ¿A dónde quieres llegar con esta historia?

Mebuki bebió de golpe el contenido restante en su copa, tomándose unos minutos para paladear el exquisito sabor del licor.

—Siempre me sentí ofuscada por tu conformismo. El hecho de casarte con Sasuke, significaba conformarte con lo que podía ofrecerte. Eres una cirujana prominente con una mente brillante. La vida se trata de tomar riesgos sin miedo a fracasar— dijo, contemplándola directamente a los ojos, hablándole con el corazón—. Si crees que vale la pena arriesgarlo todo por ese hombre, sigue tu instinto, si no terminaras arrepintiéndote, y la culpa, es el peor de los castigos.

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Observaba de reojo el reflejo de Sasuke proyectado en el revestimiento de cristal de elevador, aquella noche lucia tan apuesto como de costumbre, pero ni siquiera tal reconocimiento despertaba el más ínfimo sentimiento en ella.

Había aceptado su invitación a cenar, no porque deseara verlo, sino que necesitaba hablar con él, terminar de una vez por todas su relación y proseguir con sus vidas, un plan que venían postergando desde hace más de un año, gracias al endemoniado contrato prenupcial que firmó al encantarse con el anillo de compromiso.

Las puertas del ascensor se abrieron en el piso numero veinte; Sasuke tanteó la llave en la cerradura plana abriendo la puerta de su ostentoso hogar. Ambos ingresaron en la elegante estancia, misma que se vio rápidamente iluminada al pasar por uno de los sensores de movimiento cercanos.

Todo parecía estar tal cual como lo recordaba. Luego de finalizar sus estudios universitarios, los padres de Sasuke le obsequiaron un apartamento en uno de los distritos más acaudalados y modernos de la ciudad, tan pronto como la llave estuvo en sus manos, el azabache no demoró en proponerle mudarse con él, aun cuando la idea no le hacía demasiada gracia a Mikoto. Durante los años posteriores al recibimiento del pelinegro, ambos se volvieron inseparables.

Aquellos pensamientos ocupaban su mente mientras se disponía a tomar asiento en el enorme sofá gris de terciopelo, atestado de cojines. Miró por las ventanas de picho a techo que enmarcaban el horizonte de Konohagakure; los edificios se ubicaban densamente estrujados en esa parte de la ciudad.

Sasuke regresó a su campo de visión con dos copas de champagne en la mano. Ella le dedicó una sonrisa cortes, demasiado forzada y falsa para su gusto, sin embargo, él no la detecto.

El azabache encaminó el paso hasta el enorme ventanal que enmarcaba la vista nocturna de la ciudad, clavando la oscura mirada en el desfile de luces del exterior. Sakura había atisbado los más hermosos atardeceres desde ese lugar, recostada en el regazo del hombre al que amaba. Inquieta, bebió de golpe el contenido de la copa, limpiando sus labios con el dorso de la mano.

—Conocí a una de tus novias esta noche— señaló, armándose de valor. Contaba con las armas necesarias para librar la eterna guerra con Sasuke. No iba a permitir que su propia vida se fuera al carajo con tal de preservar su orgullo—. Es bastante linda— prosiguió, situando la copa vacía sobre una de las mesitas laterales dispuesta a un costado del sillón. El acusado mantenía la vista fija en el cristal, dándole la espalda, impidiéndole contemplar las emociones hilvanadas en su faz mientras ella lo amedrentaba—. Deberíamos discutir lo del acuerdo prenupcial.

El azabache viró sobre sus tobillos para encararla; lucía demasiado apacible para la situación en la que se encontraba. Si aquello le inquietaba, no lo demostraba.

—No hay nada que discutir— dijo Sasuke desconcertado mientras propinaba un elegante sorbo a su copa.

—Por supuesto que sí, estoy cansada de esta mierda— como una fiera al asecho de su presa, abandonó su asiento—. Me rehusó a ser tu dama de compañía por el resto de nuestras vidas.

— ¿De qué demonios estás hablando, Sakura?— Sasuke frunció el ceño.

—Tu bien sabes que no podemos continuar de esta manera. Nuestro compromiso acabo hace más de un año— siseó ella.

Cuando ella tomó su maleta y le devolvió el anillo, la idea de perderlo para siempre le aterraba. Ambos habían hilvanado un plan de vida juntos, no vislumbrara la existencia alejada de su primer amor, por lo que, continuar manteniendo las apariencias era una especie de consuelo para remendar su corazón roto. No obstante, conforme el tiempo fue transcurriendo, se percató de que era imposible proseguir asi, atada a él. Los dos se estaban causando daño.

— ¿A caso esto tiene que ver con Itachi?— Sasuke la miró confundido. Nunca antes la había visto tan molesta.

Sakura lo contempló, boquiabierta, incapaz de creer que acababa de lanzar al aire tal presunción. El hecho de que estuviera discutiendo con él no tenía nada que ver con su hermano mayor, sino con lo que ella deseaba. Si bien la vida con Sasuke al inicio fue buena, los problemas siempre estuvieron presentes, pero se negaba a aceptarlo. Conforme los años transcurrieron, se percató de que era como una muerta en vida, estaba alejándose de lo que realmente deseaba con tal de hacerlo feliz.

—Por supuesto que no, Sasuke— alzó las manos al aire, desesperada—. Se trata del hecho de que a tu lado nunca cobre vida por mi venta, solo estaba alimentando tu existencia.

—No intentes interpretar el papel de víctima, ambos sabemos que no te queda— dijo, poniendo los ojos en blanco, restándole importancia al melodrama protagonizado por su ex prometida—. Tu bien sabias lo que te esperaba a mi lado cuando te pedí matrimonio.

Con eso, Sakura se derrumbó y todo se desbordó. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, cálidas y amargas.

—No seas ridículo, por favor dijo despectivamente, mientras disipaba el rastro del llanto con el dorso de la mano—. Siempre estuve detrás de ti como una sombra— deambuló por la amplia geografía del cuarto, de un lado a otro, intentando apaciguar la furia en su interior.

—Ambos sabemos que me utilizaste para poder librarte de tu madre— acusó, alzando la voz.

—Yo no te use— respondió entre dientes—. Tú fuiste quien no sintió ni una pizca de remordimiento cuando te acostaste con tu antigua socia.

— ¿Qué demonios querías que hiciera?, dejaste de tener sexo conmigo en el último año.

—Esa no es una justificación para cogerte a alguien con la que habíamos compartido la cena horas atrás.

Envueltos en un llanto colérico, ambos cayeron en una silenciosa tregua, percatándose de todo lo dicho. Sasuke escuchó los reclamos de Sakura, sintiéndose mal del estómago a medida que ella continuaba. Le dolía ver lo alterada que estaba, las lágrimas derramarse por su hermoso rostro.

La pelirosa se encontraba de pie frente a la ventana, secándose las lágrimas de los ojos. Estaba molesta consigo mismo por llorar y confundida por la oleada de emoción que la había golpeado, más no podía evitarlo. La conmoción de su encuentro con Hinata y el estrés reprimido de los meses previos la habían llevado a ese punto, y ahora se sentía agotada.

—De verdad deseaba casarme contigo, Sasuke, pero tú no me amabas tanto como yo a ti.

El aludido apartó la mirada del suelo, conmocionado. Caminó hasta situarse a lado de ella, lanzando un suspiro cansino. Estiró la mano para tocarla, mas no lo hizo

Para su sorpresa, la pelirosa acunó el rostro del pelinegro entre sus manos, capturando con la mirada cada detalle perceptible en los fanales ónix de Sasuke, encontrando el brillo arrebatador de la tristeza y profundo desconsuelo.

—Debes dejarme ir, Sasuke— masculló; los labios trémulos por el llanto.

Instintivamente, acarició una de sus mejillas sonrojadas con un dedo, advirtiendo el delineador negro corrido y el temblor en su boca.

—Tu… ¿ya no sientes nada por mí?— cuestionó, temeroso de la respuesta.

—Ya no te amo, Sasuke.

— ¿Desde cuándo?— indagó, herido por su comentario.

—Desde el momento que condicionaste mis sueños con ese anillo.

Él rodeó delicadamente sus muñecas, apartando las tersas manos de su rostro. Se dejó caer sobre el sofá, suspirando cansinamente, cubriéndose la cara con las manos.

Sakura exhaló con fuerza, alcanzó su bolso y emprendió el paso hacia la puerta.

— ¿A dónde vas?— preguntó Sasuke sin mirarla, dándole la espalda.

—Es hora de regresar a casa.

Continuará

N/A: Y se marchó, y a su barco le llamó Libertad…

Bueno, este ha sido uno de los capítulos más intensos que he escrito hasta el momento (aún quedan unos cuantos por venir). Debo advertirles, que si bien Sakura parece haber acabado con su relación con Sasuke (¡amiga date cuenta!), no quiere decir que el tema se dio por zanjado.

También, es uno de los capítulos (creo que es el único) donde no aparece Itachi, me limite a plasmarlo desde el punto de vista de Sakura porque había algunos temas que quedaban en el aire, esto es una pauta para lo que viene.

Muchísimas gracias por leer y dejar un review, ustedes me ayudan a continuar, tengan en mente que siempre las leo, estoy atenta a los comentarios, criticas, sugerencias, teorías, a todo, no saben cuánto me alegra, ustedes saben quiénes son, asi que desde acá les mando un fuerte abrazo.

Sin nada más que añadir, esto es todo por el momento, cosas interesantes de avistan en el horizonte.

Espero leerlos pronto

Les mando un fuerte abrazo, ¡cuídense mucho!

Nos leemos hasta la próxima