Capitulo 35 Como en la mitología.
La brisa fresca sacudió su cabello pelirrojo, desplazándolo por uno de sus hombros donde hondeo en sincronía con el tranquilizante viento. Descendió lentamente sus ojos hacia la taza de té y tomo la cuchara frente a ella para revolverla en silencio, fijando sus hermosos ojos en las ondas que se formaban y el pequeño remolino en su centro, pronto detuvo su movimiento y se quedo mirando como las turbulenta agua en el interior de la taza se sacudía hasta que paulatinamente la intranquilidad de esta fue cediendo y el agua se volvió de nuevo estática.
-¿Acaso debería arrepentirme por lo que he hecho? – Se cuestiono así misma, cerró los ojos y se llevo la taza a los labios, tomando un sorbo. Volvió abrir sus parpados y sus ojos escarlata centellaron como dos preciosos rubís. – Me siento tan tranquila, después de todo lo que he hecho. Athena se merecía por primera vez que alguien le pusiera un alto por alzar sus manos contra los dioses, nadie en el Olimpo la había enfrentado antes y si no hubiera sido por Hera y por mí, nada de esto estaría ocurriendo, pero al mismo tiempo jamás hubiera cambiado la mentalidad de los olímpicos.
Persefone recorrió lentamente la silla hacia atrás y se incorporo, avanzando hacia el balcón donde pendían flores marchitas y se recargo sobre este dejando tras de sí el té que previamente estaba consumiendo. Levanto la vista analizando la estructura solida del castillo donde se encontraba y suspiro calmadamente.
-Se que debería arrepentirme de haber ayudado a los demás titanes a escapar. - Pero Athena seguiría tras Hades al menos que alguien se interpusiera entre ambos para que frenaran sus malditas guerras santas. Athena sabría desde entonces que habría una consecuencia si atacaba a Hades y al mismo tiempo su esposo se detendría por ella.
-Muy poco me importa, si creen que soy la flor marchita de la diosa Demeter. – La emperatriz del inframundo, elevo su cosmos pensando en la cálida sonrisa de su madre y paso su mano sobre las flores que yacían muertas sobre la jardinera, las cuales comenzaron a retornar a la vida, retocando con sus hermosos colores el castillo, pues el poder de la pelirroja no solo volvió a la vida esas hermosas flores, si no que cualquier planta o flor dentro de aquellos terrenos recobro su esencia y volvió a florecer. – Es una pena que nadie comprenda que la muerte, siempre deja una semilla sembrada en la tierra que volverá a florecer ya sea para hacer el bien o el mal. Athena y Hades son tan similares después de todo, ambos son agricultores que plantan semillas sin cesar para que cuando estas florezcan y obtengan una vida, vuelvan a enfrentarse por ellos.
-Señorita Persefone. – Pandora interrumpió sus pensamientos, vio los ojos de sorpresa de la joven que había enmudecido al ver que parte de la vida que una vez tuvo el castillo que perteneció a su familia había vuelto.
-¿Son hermosas no es así? – Persefone le sonrió a la joven que asintió emocionada.
-Si lo son. – Pandora se acerco lentamente hacia las hermosas flores que descansaban en la jardinera y las miro por largo rato, aquel detalle simplemente había vuelto muchos recuerdos a su mente, la mayoría de ellos le causaron melancolía, pero le recordaron un tiempo en el que había sido muy feliz.
-Es curioso que muy pocas personas sepan apreciar la belleza que hay en la vida y en la muerte, podemos decir que somos las únicas dos que pueden entenderlo. – Pandora se asombro aun más al escuchar la confesión de la emperatriz del infierno, quien se había sentado sobre el balcón y miraba con la misma atención las flores y apunto a Pandora una rosa en especial, justo en medio del jardín, una flor que permanecía marchita, pero entre aquella vida, su color y su estado la volvían más exótica y hermosa. – Ningún extremo es bueno.
-¿Usted estuvo todo este tiempo…? – Pandora alzo sus ojos hacia la deidad, que realmente parecía otro dios, en el infierno se había mostrado cruel, fría y sumamente agresiva y amenazante, pero ahora que estaba en la tierra parecía alguien más, pues la diosa no había dejado de sonreírle y parecía disfrutar de cada detalle.
-¿Fingiendo? No Pandora, todo en esta vida tiene un objetivo y quieras o no, he logrado que mis acciones terminen en una tregua entre Athena y Hades, algo que desde la era mitológica no había ocurrido, si debo pagar con soledad mis acciones está bien, logre mi fin e hice que ninguno de los dos se diera cuenta de lo que realmente sucedía, los titanes creyeron que me usaban cuando en realidad yo les use a ellos y permití que Artemisa destruyera a uno de ellos. – Persefone le sonrió ampliamente a Pandora que le miraba estupefacta, pues ahora reparaba por primera vez en la habilidad que tenia la diosa para que todos hicieran lo que ella quería.
-Ayude a los titanes a escapar y utilice a los espectros, son dos cosas de las cuales me hacen sentir mal, pero viéndole el lado positivo. – Persefone elevo sus ojos escarlatas esperanzados hacia el cielo y siguió con ellos el trayecto de las esponjosas nubes. – Las grandes batallas son las que cambian el curso de la historia, unen a las personas y les hacen ver los errores del pasado. – Persefone claramente se refirió a que las deidades ocupaban desviar el transcurso con el que habían regido el Olimpo, habían unido a los dioses y a su vez estaba haciendo que tanto titanes como dioses repararan en sus errores. – Así que tal vez esta guerra traiga cambios. Y respecto a los espectros creo que va a salir algo bueno de haber vuelto a la vida algunos cuantos. – Persefone soltó una ligera sonrisa y miro inquisitivamente a Pandora por el rabillo del ojo, incomodando a la fiel sirviente de Hades. Lo que hizo reír a la emperatriz del inframundo. - ¿Y bien Radamanthys ha vuelto ya?
-S…si mi señora. – Y tal como si Pandora hubiera llamado al juez del inframundo este abrió la puerta de madera que daba al balcón, vestía su sapuri e iba con el gesto fruncido, se inclino haciendo una reverencia a la deidad del inframundo.
-Mi señora he podido averiguar el lugar donde los dioses han sido encarcelados. –
-Pero… - Persefone vio que el juez dudo, así que reconoció que abría un problema de fondo.
-Las almas de los dioses se encuentran encarceladas en el monte Otris, pero en el mismo lugar se encuentra Cronos y los titanes restantes, custodiando el lugar. – La emperatriz del infierno lo suponía, los titanes regresaría al lugar desde donde en la titanomaquia habían enfrentado a los olímpicos quienes estaban en ese entonces en el monte Olimpo, mucho tiempo antes de que abandonaran la tierra y subieran a lo alto del universo, donde se encontraba el Olimpo.
-¿Cómo es posible que te hayas acercado tanto, sin que te detectaran? –
-Creo mi señora que al titán Cronos le importa poco que descubramos en realidad donde están los dioses olímpicos, pues sabe que la ventaja que nos lleva es absoluta, aunque si me lo permite, podría ir hasta ese lugar para enfrentarlos. – Radamanthys conocía el poder de los titanes, cuando Persefone había sido su aliada había podido estar cerca a ellos, pero no había otra forma de llegar hasta ese lugar sin pasar por ellos. – Yo podría distraerlos mientras Pandora libera sus almas.
-No. – Corto rápidamente Persefone sus ideas. – Tarde o temprano los titanes tendrán que abandonar el monte Otris o Athena en persona les atacara, cualquiera que sea el resultado equivaldrá a una distracción adecuada para que tú puedas liberar las almas cautivas. – Persefone giro rápidamente su rostro al sentir el cosmos de un intruso casi frente a su presencia, Radamanthys y Persefone hicieron lo mismo y se interpusieron entre ellos.
-Persefone. – El dios frente a ella extendió sus manos a los lados en son de paz. – No tengo malas intenciones, no pretendo juzgarte por tus acciones, pues soy el mejor dios que puede entenderlas. – Anteios podía ver el dolor y la venganza en la que solían transformarse el amor cuando era herido, así que claramente era el único que entendía la traición de la diosa del inframundo, Hera, Afrodita e incluso Athena y Artemisa, diosas que en el fondo sufrían profundamente por los juramentos que imprudentemente hicieron cuando eran jóvenes, incluso su poder le permitía entender el corazón corroído de su padre. –Y si te dijera que todavía tenemos posibilidad de llegar hasta el monte Otris sin ser detectados ¿Interesante no? – Anteios sonrió ampliamente a la deidad del inframundo. – Pero para ello tendrás que acompañarme a las profundidades de la tierra. –
-Yo seré quien le acompañe, pues mi misión es liberar el alma de los dioses, mi señor Hades me a delejado esa tarea y la cumpliré con o sin usted. – Radamanthys se interpuso entre Persefone y Anteios y clavo sus ojos mieles retadoramente sobre el hijo del dios de la guerra que sonrió cínicamente al espectro y se le puso frente a frente.
-Ya veremos Radamanthys de Wyvern de lo que eres capaz, hasta este momento, ningún ser humano me ha impresionado en una batalla y claramente dudo que tú seas la excepción. – Anteios seguía intensamente los orbes del irlandés, había adquirido un porte de superioridad e intentaba intimidar al juez que simplemente se mantenía frente a él con un halo de desinterés. – Y no olvides que estas en presencia de un dios, no creas que por poseer poderes similares a los de mi madre e dejado de tener las convicciones del dios de la guerra.
…
El atardecer se acercaba a su fin, el sol daba los últimos rayos de luz a la tierra, dando lugar a que la penumbra se sembrara por todo el globo terráqueo, más sin embargo sus ojos se iban acostumbrando poco a poco a la oscuridad, rebuscando entre las sombras su delgada silueta, deseaba verla tanto como había querido despedirse de ella cuando enfrento al rey de los titanes para defender al caballero de Pegaso y a los otros chicos de bronce.
No había querido abordarla en el sanatorio, porque quería respetar el momento entre hermanos, pues él conocía la preocupación de la pelirroja por el ángel desde que la batalla del cielo hubiera terminado y Marín desconociera en su totalidad el paradero de nuevo de su hermano, pues la amazona no había reparado en abrir su corazón, sentimientos y preocupaciones a él. Y aunque el de verdad la amara y creyera fielmente en que ella era la mujer de su vida, no había podido entregarse de la misma forma en que la amazona lo hacía.
Sus sentidos se alertaron cuando por el rabillo del ojo detecto movimiento, la vio deslizarse en silencio por el camino que llevaba hacia su cabaña, iba contoneando la cadera como habitualmente hacia al caminar, su cabello rojizo ondeaba con la brisa cálida de Grecia y su cintura iba perfectamente perfilada en su sombra por el listón que llevaba atado a su cintura.
Se acerco lentamente por detrás de ella, escondiendo su cosmos, acercándose cada vez más a ella en silencio y deleitándose en que ella no lo hubiera detectado ni siquiera, se escabullo entre las sombras cual león atrás de su presa, solo que esta vez el león no planeaba atacar a la hermosa amazona de águila. Estaba tan cerca de la pelirroja que si hubiera querido pudo haber deslizado su mano por la sensual espalda de la guerrera pero se resistió.
-Marín. – Murmuro a su oído, haciendo que la nipona se sobresaltara, provocando que esta diera un gran brinco, que la propulso a los cielos para caer en el suelo de frente a él.
-¡Aioria me has asustado pensé que era un enemigo! – Marín se llevo la mano a la frente y luego peino sus cabellos dejando que paulatinamente su respiración acelerada volviera a la normalidad.
-Bueno eso era hace algunos días, Marín yo… - El león dorado desvió la mirada hacia el sol, que alumbraba con su ultimo halo la tierra para desaparecer tras las montañas. No podía ocultar la tristeza y la rabia que le daba el haber sido una estúpida marioneta de un ser tan vil y sádico como lo era Cronos, mucho menos soportaba que Marín y Athena hubieran sido sus objetivos en algún momento.
La pelirroja le miro con tristeza, jamás le gustaría ver la mirada de su amado, no cuando algo le molestaba y mucho menos cuando él era quien se estaba autocriticando y juzgando. Se acerco a él, rebuscando entre las penumbras la mirada azulacea de su león, tomo ambas mejillas del griego y le obligo a que sus ojos se reencontraran.
-Marín necesito que me perdones, jamás he querido dañarte, no tienes una idea de lo mucho que me importas y el haber salido de mis cabales me hace sentir muy mal, porque yo pude lastimarte Marín. – Aioria dejo que la amazona continuara sosteniendo sus mejillas por un tiempo más, pero pronto toda la felicidad que sentía de haberla vuelto a ver, se estaba trasformando en tristeza.
-Aioria yo no tengo nada que perdonarte, entiendo perfectamente lo que ocurrió, se que detuviste a Cronos y le obligaste a irse del santuario antes de que causara más daño o lastimara a Seiya y los demás santos de bronce, tu siempre le has cuidado Aioria y nunca podre agradecértelo lo suficiente. Lo único que me incomoda es ver lo mucho que te juzgas a ti mismo y que no te puedes perdonar esto. – Marín se abrazo al león dorado y escondió su rostro en el pecho del quinto guardián, percibiendo los rítmicos latidos de su corazón. – Yo estoy bien y me alegra que estés de nuevo a mi lado.
-Marín. – Aioria rodeo con sus manos la cintura y recargo su mentón sobre la cabeza de la pelirroja, permitiéndose aspirar el dulce aroma de su amada, la apretó entre sus brazos y beso su cabello. – Fue un error que cometí y no me es tan fácil perdonármelo, pero gracias a que me equivoque ahora comprendo más como se sintió Saga. – Aioria separo un poco a Marín de él por los hombros, apreciando cada rasgo de su rostro como si aquella fuera la última vez que la fuera a ver, memorizando lo mucho que le gustaba, la suavidad de su piel, la viveza de sus ojos, el rubor en sus mejillas, su nariz perfilada y lo perfecto de su mentón y sus pómulos. – Me alegra mucho tenerte de nuevo entre mis brazos.
-Aioria. – Marín cerró los ojos mientras la distancia entre ella y Aioria se acorto y sus labios volvieron a unirse en un juego de pasión. La luna iluminaba sus cuerpos bañándolos bajo sus haces platinos y dibujando sus siluetas sobre el muro que escondía su presencia a cualquiera.
Marín agacho su rostro y recargo su cabeza en el pecho del león dorado, no podía creer que lo volviera a tener a su lado, fuera designio del destino o por gracia de Athena de verdad que agradecía que le permitieran que aquel hombre estuviera a su lado, complementándola, protegiéndola y acompañándola.
-Jamás podre acostumbrarme a que no estés a mi lado, has sido mi apoyo y mi compañero desde que te conozco. – Marín se abrazo con fuerza al torso de Aioria, quien comenzó a acariciar su cabello y levanto su rostro por el mentón para darle un beso en la frente.
-No Marín, tú fuiste mi amiga cuando nadie quería serlo, me apoyaste cuando defendí a mi hermano y también cuando le odie, eres la única persona que siempre estuvo a mi lado, no importaba si mi situación era la del hermano de un traidor o la de una santo dorado. – Aioria tenía clavados sus ojos fijos sobre los de la amazona y acariciaba con suavidad la piel tersa de su brazo, provocando un ligero cosquilleo en el cuerpo de la amazona. – Marín, eres la mujer más importante en mi vida. – Aioria tomo con fuerza el brazo de la pelirroja y la jalo hacia él, uniendo sus labios con fuerza y pasión, mientras ascendía su mano por el cuello de la nipona, que respiraba aceleradamente y se dejaba llevar por el ritmo que el león marcaba.
Ambos rompieron el beso, cuando el aire comenzó a faltarles, abrieron los ojos para contemplarse uno al otro y siguieron el recorrido de sus orbes. – Te amo. – Mencionaron ambos al unisonoro, que hizo que ambos dibujaran una sonrisa en sus rostros, siendo la luna el único testigo del amor que se juraban ambos amantes.
…
No acostumbraba a salir a caminar durante la noche, pero especialmente aquel día se encontraba intranquilo como para permanecer en el sexto templo, aún cuando hubiera estado meditando las últimas horas del atardecer, aquel sentimiento extraño no le había permitido concentrarse por completo, así que intento despejar su mente dando una ligera caminata por los alrededores del santuario, permitiéndose andar libremente, pues Athena había sido muy clara al prohibirles combatir a cualquier enemigo, así que el también lo tenía prohibido a pesar de que sus heridas hubiera sanado.
Abrió sus ojos que centellaron en sincronía con lo hermosa y resplandeciente de la noche, elevo sus orbes celestes al cielo y contemplo las constelaciones que brillaban magníficamente en la noche, sintió el cosmos del caballero del Fénix y Andrómeda en las cercanías, seguramente estarían de guardia, así que desvió su camino hacia un lugar más privado con el fin de no interrumpir en su labor a ambos hermanos.
La tierra y algunas piedras crujían tenuemente bajo sus pies y las inmensas piedras a su alrededor creaban una abertura por la cual se erguía un pequeño camino el cual siguió. Volvió de nuevo toda su atención hacia aquella extraña sensación que había experimentado por la tarde, sabía que no había sido la primera vez que había sentido esa emoción, la primera vez había sido justo cuando la exclamación de Athena, lanzada por Saga y los otros estallo frente a él, una sensación de un inminente fin, solo que esa vez se acompaño de tranquilidad y paz, pero esta vez era diferente, había experimentado angustia y desesperación.
Entre el camino platino que dibujaba los haces lunares, pudo notar un resplandor anaranjado que se reflejaba sobre los muros de piedra, se acerco hasta el lugar con calma, esperando encontrar algún aldeano o guardia acampando en aquel lugar, pues no sentía un cosmos o presencia, sin embargo se sorprendió cuando aquella llamarada que surgía del suelo era casi de color dorada- rojiza, las brasas que expedía desde su punta, se desvanecía en halos escarlatas que ascendían al cielo como si fueran almas.
-Virgo. – Escucho una tranquila voz, pero no pudo distinguir ninguna figura en las penumbras de la noche. Pero pronto se dio cuenta que la voz provenía dentro del mismo fuego y pudo distinguir un rostro dentro de este.
-Helena. – El fuego comenzó a sacudirse al paso del aire, con suavidad y de él broto la misma joven de cabellos largos azabache y frívolos ojos verdes, llevaba su habitual vestido azul que apretaba su cintura y remarcaba cada curva de su cuerpo.
-Me alegre que hayas podido recibir mi mensaje, Virgo. – La flame extendió su mano hacia la llamarada que aun continuaba frente a ella, lanzando brazas que se perdían al elevarse en el cielo. –Athena está en peligro.
-¿Tú fuiste la que interfirió en mi meditación y utilizaste mi recuerdo para llamar mi atención? – Shaka giro su rostro hacia la pelinegra, quien asintió lentamente e introdujo su mano al fuego. - ¿Por qué? ¿Cómo es posible que sepas que Athena está en peligro?
-Aunque los humanos hayan estado tan cerca del fuego sagrado, aún desconocen muchas de sus funciones; sanar, aportar conocimientos, calor, ser un arma, son algunas de sus usos, pero no los son todos. – Helena cerro su mano dentro de la fogata y el fuego de esta se alzo al cielo en forma de una línea de fuego que rápidamente la rodio y se introdujo hacia ella, por su mano. – Yo soy su protectora pero a la vez también soy parte del fuego sagrado de los dioses. Lo que también me facilita el uso de este y es por medio de él que se me permite ver algunos acontecimientos a futuro.
-Te refieres a que el fuego sagrado cumple como la función de un tipo de oráculo. – Shaka enfrento sus orbes celestes contra los esmeraldas de la flame que asintió.
-Si Athena cae, va a ser el fin del reinado de los dioses, de la raza humana y de muchos seres mitológicos, que apoyamos el gobierno de los Olímpicos. Cuando utilice el fuego para esclarecer la mente del antiguo maestro y detener el dominio que Cronos impuso sobre su mente. La luz eterna me mostro como Athena era asesinada frente a cinco de sus santos, no distinguí tu rostro entre los presentes, pero si estaba el del patriarca.
-Helena, por favor debes ser más clara con tu visión. ¿Quiénes estaban ahí? ¿Eran santos dorados? ¿Qué hizo Cronos para asesinar a Athena? ¿Qué tan certeras son tus visiones? – Shaka sintió como aquella intranquilidad se agolpaba en su interior, sabía que Helena no estaba mintiéndole, pero ¿Cómo era posible que el patriarca permitiera que asesinaran a Athena frente a él?
-Lo que vi fue a Cronos, estaba rodeado por tres santos, uno de ellos era el patriarca y los otros dos eran santos dorados, había otros dos santos, no recuerdo su rango pero sé que estaban heridos, Athena estaba tras ellos y Cronos utilizo un poder devastador que detuvo sin dificultad un poder realizado entre tres caballeros dorados juntos. –
Shaka en ese momento entendió a que se refería Helena, Cronos sería capaz de frenar sin problemas la exclamación de Athena y aquel poder que pudiera contrarrestarlo sería seguramente el que acabaría con la vida de la deidad de la sabiduría, pues sabía que los tres santos dorados que estuvieran realizándola habrían de recurrir a ella como última opción y que a su vez serian incapaces de frenar el poder de Cronos, al estar dando todo de sí en esa la técnica prohibida.
-Athena y gran parte del santuario seria destruido por completo, la guerra terminaría con la muerte de tu diosa y los titanes se erguirían regentes del mundo y el universo. Santo, mis visiones casi siempre se cumplen y si Athena por si misma no haya una forma de hacerle frente a Cronos nada lo hará. –
Ambos guardaron silencio, reorganizando rápidamente sus ideas, mientras esa mezcla de angustia se acumulaba en el corazón de la flame y Shaka comprendía porque aquel sentimiento de fin absoluto tras la exclamación de Athena iba seguido de desesperación, pues el poder prohibido para los santos dorados sería incapaz de frenar como última opción al poder del titán más fuerte.
-El poder de Cronos es devastador y aunque Athena sea una diosa, su cuerpo es el de una mortal, si Athena no logra sellar parte del poder de Cronos antes de este combate, va a perder esta guerra santa. – Helena podía sentir en carne propia el poder de destrucción que Cronos iba a utilizar y sabía que ningún cuerpo mortal que fuera golpeado por este podría resistirlo.
-¿Athena y el patriarca lo saben? – La pelinegra asintió lentamente. – Bueno es una ventaja que conozcamos como puede terminar esta guerra.
-No hay ninguna ventaja santo, cuando entre a la mente del antiguo maestro de libra, mi mente se conecto con la de Cronos y ambos obtuvimos información del otro; él ha visto la misma visión que yo tuve. – Sentencio fríamente la joven. Shaka respiro profundamente si Cronos sabía que Athena sería incapaz de resistir su ataque, tenía el punto débil de Athena para terminar con la vida de la deidad.
-¿Y que viste tu cuando entraste a su mente? – Cuestiono interesado.
Helena tomo la mano de Shaka y puso su palma contra la de él sin entrelazar sus dedos y de su mano broto un anillo de fuego que unió sus dos manos. – Te voy a mostrar Shaka de Virgo, la forma en la que Cronos planea deshacerse del santo de Pegaso para que no interfiera y tú sabes que sin Pegaso, Athena se vuelve vulnerable.
…
La piedra golpeo a escasos centímetros de ellos con una fuerza descomunal que termino partiéndola en varios pedazos, lo que hizo a ambos santos de bronce brincar para lograr dispersarse y evitar que el enemigo centrara sus fuerzas en tan solo un punto. Los fragmentos calizos llovieron sobre la tierra como si se tratara de lluvia mientras una inmensa risa hacía eco en los límites del santuario.
-Otro gigante. – Repuso molesto Geki de Osa mayor. – Parecen que estos no dejaran de insistir el entrar al santuario.
-¿Acaso te dan miedo? – Ichi de Hydra se burlo de su compañero, que tan solo expreso un gruñido.
-Mi nombre es Eurito. – El gigante brinco desde donde se encontraba para encarar a ambos santos de bronce, que tuvieron que separase aún más para evitar que les aplastase. – Dionisio era mi oponente en la gigantomaquia pero también puedo divertirme con ustedes.
-Tú eres el que le ha puesto diversión a esta guardia. – Festejo Ichi sacando las ponzoñas de su brazo.
-Tu seras el primero en morir. – Eurito lanzo un puñetazo al lugar donde se encontraba la hidra que retrocedió soltando una carcajada, lo que cabreo más al gigante que no dudo en ir tras él, lanzando cuanto objeto colasol pudiera arrojar o en su caso tiraba puñetazos que dejaban enormes boquetes en el suelo.
-¡No te olvides de mi! – Geki empuño su mano y golpeo el oído del gigante el cual se reventó ante la fuerza bruta del caballero de bronce, pues aquellos brazos y poderosos puños habían asesinado a cuanto oso de tamaño colosal se había atrevido a cruzarse en el camino del caballero de bronce. La sangre del gigante salpico al caballero de bronce que se impulso en el cuerpo del gigante para alejarse de este que exclamo un alarido de dolor y se llevo la mano al oído.
-¡Estúpido caballero! - Eurito, descubrió su oído que manaba sangre y extendió su mano solo para comprobar cómo por esta bajaba una gran cantidad de liquido escarlata.
Eurito pareció olvidarse por unos segundos de Ichi y fue tras Geki, que tuvo que retroceder varias veces para evitar ser golpeado por el puño del colosal ser, pero pronto este logro acorralarlo, por lo que el caballero de osa mayor, maldijo. El hijo de Gea no desaprovecho la ocasión y se abalanzo con violencia contra el guerrero ateniense, Ichi corrió en ayuda de su compañero, brinco hacia las piernas del gigante y rasgo con sus colmillos venenosos la pantorrilla de este, sin embargo el gigante lo golpeo con un fuerte puñetazo.
Eurito se viro violentamente y lanzo su pie contra Geki, logrando aplastarlo, una nube de polvo se elevo envolviendo su extremidad pero pronto se sorprendió al ver que su pie no descendía, por lo que le resultaba imposible lograr asesinar al santo.
En cuanto la nube se disperso pudo ver como el santo de osa mayor había logrado detener con su fuerza su pie y le retenía a una distancia oportuna, evitando de esa manera que lograse aplastarlo contra el muro de piedra que tenía a sus espaldas. Aumento el peso y fuerza de su pie, sin embargo Geki logro retenerlo de la misma forma.
-He… pasado mi vida…luchando contra seres… más fuertes que yo…mi fuerza física es descomunal. – Geki dio un paso y esto provoco que la pierna del gigante retrocediera y por ende ganara una distancia para poder escapar del ataque. – Mi vida…tan solo depende de mí cosmos y mi fuerza.
-Y de mí ayuda. – Interrumpió una voz engreída. - ¡Agujero negro! – El gigante se vio de pronto proyectado hacia atrás por varias potentes corrientes de aire, que crearon un torbellino violento y turbulencias que le arrojaron, haciéndole perder el equilibrio, se vio arrastrado por una onda expansiva y la corriente de aire, que ejerció una presión brutal sobre su cuerpo, sepultándolo bajo los escombros de piedras y arboles. – Están en territorio de la diosa Athena y no permitiré que un ser primitivo y tosco como tu se adentre en su santuario.
-¡Misty de Lagarto! – Geki observo impresionado al santo francés que brinco desde lo alto de la colina y cayó a su lado con elegancia, mirándolo de reojo. El caballero de bronce se quedo callado en espera de que el plateado hablara primero y todo ello se debía a que Misty continuaba siendo uno de los santos más reservados y distantes de la orden.
-Es inaudito que le permitas a tu enemigo tocarte si quiera. – El rubio deslizo ostentosamente su cabellara hacia su espalda y torció ligeramente la boca hacia un lado, mientras sus inmensos ojos azules se fijaban en el gigante que comenzaba a erguirse torpemente. - ¿Ichi?
-¿Si? – El peliblanco se sorprendió de que el caballero de Lagarto lo hubiera detectado acercándose hacia Geki y él, ya que el francés le estaba dando la espalda como para verlo.
-Geki y yo distraermos a este gigante, mientras tu trataras de clavar tu pozoña las veces que sean necesarias para que este gigante ceda, después de todo tu armadura esta bañada con el veneno de la Hydra de Lerna y al ser este un ser mitológico es capaz de darñarlo. – Misty sonrio triunfal ante la magnificencia de su plan y se felicito a sí mismo, ante la idea de que un solo santo de plata podría acabar con un gigante, claro no podía rechazar la ayuda que le estaban dando los dos santos de bronce.
-Bueno, ya le he clavado la ponzoña una vez, la Hydra de Lerna solía morder tres veces a un enemigo poderoso antes de que su veneno consumiera el sistema nervioso de su víctima. Por lo que Eurito deberá morir después de dos mordidas más.
-¿Morir? – El gigante comenzó a erguirse de nuevo, mientras los escombros caían de su cuerpo, precipitándose rápidamente al suelo y una espesa nube de tierra se elevaba. Y sin más este lanzo su cuerpo al lugar donde estaban los tres santos, que brincaron para evitar ser golpeados, Geki iba en pleno aire cuando la mano del gigante alcanzo a tomarlo y rápidamente cerro su puño en torno a él, mientras que con su otra mano lograba dar un fuerte manotazo a Ichi. - ¿Qué ocurre santo de plata, no pensabas matarme?
Eurito apretó el cuerpo de Geki bajo su puño, logrando fracturarle varios huesos al caballero de bronce, que exclamo un gruñido de dolor. - ¿O acaso es porque tengo a tu compañero en mis manos? ¿Te detienes por la vida de otro mortal?
-Ese mortal que tienes entre tus despreciables manos es mi compañero. – Hablo una cuarta voz a espaldas del hermoso santo de Lagartija, que no se giro hacia el nuevo invitado a aquel combate, pues reconocía la dureza de las palabras de aquella mujer.– Y eso es algo que no permitiré.
-¡Lárgate de aquí niña o destrozare tu carne bajo mis manos! – Gruño el gigante dando varios pasos hacia Misty y la joven en un intento de intimidar a ambos santos de plata, pero muy al contrario, el rostro metálico de la joven, demostró la misma cara de su dueña, pues remarcaba la indiferencia que le causaba el estar frente a un ser como él.
-¡Garra de trueno! – La peliverde elevo sus manos haciendo presión en sus dedos generando que una aura morada cubriera sus dedos y varios rayos de la misma tonalidad corrieran entre estos de forma amenazadora. Shaina corrió hacia su adversario y brinco hacia él, una vez en el aire esquivo el puñetazo que el gigante lanzo contra ella y aprovecho esta para apoyarse y brincar hasta la mano donde el gigante mantenía a Geki.
Eurito pensó en destrozar el cuerpo del caballero de bronce que luchaba por soltarse y mucho antes de que su compañera pudiera ayudarlo, pero las garras de la amazona se clavaron en su piel, rasgando profundamente sus carnes a causa del cosmos de la plateada y pronto sintió como una terrible descarga eléctrica recorrió cada fibra de su ser.
Misty brinco hacia la mano del gigante y destrozo con su técnica; agujero negro los primeros dos dedos de este, permitiendo que Geki usara sus potentes músculos para soltarse, Eurito encolerizado intento golpearlos con su otra mano pero Ichi que había pasado desapercibido para el gigante se sobrepuso sobre esta y volvió a clavar su ponzoña lo que provoco un entumecimiento inmediato en el gigante, pues esta vez se había combinado el veneno de la Hydra que recorría el sistema del ser mitológico por segunda vez y el potente veneno de la cobra.
-¡Malditos! – Eurito retrocedió enfurecido, mientras sus ojos inyectados en sangre enfocaban a cada uno de los santos, proyectando un inmenso odio hacia estos, pues le costaba reconocer que humanos podían llegar a derrotarlo tan fácilmente, pero si recordaba la gigantomaquia Dionisio también le derroto sin ninguna dificultad.
-¡Shaina! – Ichi festejo al ver a la amazona a su lado y es que él y la amazona de Cobra habían desarrollado una amistad desde que ellos habían vuelto al santuario y les habían encomendado bajo el mando de la italiana. - ¡Me alegra mucho que estés aquí!
-No debes distraerte en un combate. – Le alerto la amazona, haciendo que su cosmos chasqueara varios rayos que recorrieron entre sus dedos de forma amenazante. El gigante cayó de rodillas y se doblo hacia delante, pues comenzó a sentir los estragos del veneno de ambas criaturas recorriendo su sistema nervioso, aún para alguien como él, el veneno de la Hydra de Lerna que había sido protegido por Athena y sus santos destruía cada fibra y nervio de su cuerpo, produciéndole una muerte lenta y dolorosa, pues a pesar de que le costase moverse, podía sentir como el veneno hacía estragos en su interior, su vista estaba nublada y de repente comenzó a sentirse fatigado, incluso el respirar se le hacía complicado.
-No hay necesidad de seguir peleando Eurito. – Misty se acerco a unos cuantos pasos del gigante y fijo sus ojos azules sobre los ojos cansados y perdidos del hijo de Gea. – No hay motivo para que nosotros luchemos contra ti, ni que tu ataques este santuario, tengo entendido que hace poco han escapado del tártaro, puedes disfrutar de tu libertad, no hay que mancharnos las manos de lodo y sangre de forma innecesaria.
-Ustedes no lo entienden. – Eurito se abalanzo peligrosamente, tanto que Shaina incluso pensó que caería sobre Misty, pero pronto noto que el gigante se esforzaba para mantenerse despierto.
Los ojos de la italiana recorrieron todo el campo de batalla sin lugar a dudas la pelea que habían sostenido Dio, Ptolemy, Capella y Jabu no se asemejaba en nada a esta y eso le demostraba la variabilidad de la fuerza de sus enemigos, el primer gigante había causado grandes estragos y pesares a sus compañeros, pero en esta ocasión Eurito se mostraba débil y fatigado, como si estuviera obligado a pelear.
-¿Qué es lo que no entendemos? – Shaina avanzo con paso decidido hacia el gigante, colocándose a un lado de Misty, mientras encaraba al gigante.
-Nosotros fuimos creados para defender a los titanes de los dioses, para vengar el trato injusto al que sometieron a mis hermanos, mi único objetivo en la vida era destruir a Dionisio; Gea me lo encomendó y es por ello que para mí la libertad es igual de carente que la paz. Fui creado para destruir y ¡Eso es lo que hare! – De repente Eurito recobro todas sus fuerzas, el ultimo soplo de su vida y lanzo su mano hacia ambos.
-Muro defensivo atmosférico. – Misty elevo sus manos frente a él e hizo a estas girar rápidamente creando un vacio entre ellas, que sacudió el aire solidificado que se movía agresivamente, creando de esta forma una poderosa barrera, el puño de Eurito fue detenido por este muro, no sin antes hacer recorrer a Misty varios metros atrás, pero su barrera no flaqueo.
-Te matare. – Eurito intento golpear al caballero de lagartija con su otra mano, pero Geki se interpuso para detenerla con sus brazos, Shaina brinco en el aire y giro varias veces en este para caer justamente de nuevo en el brazo del gigante, quien lo sacudió para intentar derribarlo pero la amazona de Ofiuco centello su cosmos y encajo sus uñas en los brazos del ser mitológico.
-¡Ichi ahora! – Gritaron los tres casi al unisonoro, pues el gigante había comenzado a soltar golpes a diestra y siniestra. Geki recibió una dura patada por parte de Eurito que lo mando a estrellarse contra varios árboles los cuales destruyo a su paso, para hundirse en un agujero de tierra que abrió ante el impacto de esta con su cuerpo.
Geki, sintió como tenía varias costillas rotas y tal vez una mano, con la cual se había querido aferrar a los arboles para detenerse, tenia múltiples heridas de diversos tamaños por la que manaba sangre debido a las astillas que se habían logrado fragmentar e incrustarse en su cuerpo y sin duda al igual que había ocurrido con los otros santos de plata, el recibir el golpe de un ser tan inmenso, lograba sacarle todo el aire de los pulmones, por lo que se encontró tosiendo e inhalando grandes bocanadas.
Ichi llego hasta el inmenso ser y volvió a clavar su ponzoña en esta ocasión en la mejilla del gigante quien exhalo un alarido de dolor y le dio un certero manotazo que lo lanzo contra el suelo bruscamente, Eurito miro encolerizado a los únicos dos santos de plata que se encontraban frente a él; Shaina atacándolo repetidas veces y Misty yendo entre una ofensiva y defensiva para lograr debilitarlo.
Shaina corrió por la extremidad del gigante y se lanzo hacia su pierna, incrustando sus uñas sobre la piel de este y mientras su cuerpo descendía por acción de la gravedad, la herida se volvía más larga y profunda, derramando grandes gotas de sangre, Eurito ignoro completamente a Misty y se lanzo en busca de la amazona trastabillando, el caballero de lagartija fue en ayuda de su compañera, pero abruptamente el gigante se volvió hacia él y le metió tremendo puñetazo que lanzo al francés contra una montaña la cual se derrumbo ante el impacto, sepultándolo bajo sus restos.
-¡Misty! – Shaina brinco a la espalda del gigante y repitió la misma acción con sus garra trueno, que en esta ocasión fueron utilizadas con el máximo de su cosmos. Pero el gigante se dejo caer imprevistamente de espaldas, logrando aplastar a la amazona bajo su peso, una espesa nube de polvo se levanto ante su caída, que fue acompañado súbitamente por un descenso brusco en el cosmos de la amazona.
-¡Shaina! – Ichi y Geki se reincorporaron como pudieron y se aproximaron hacia la zona, ya que el polvo les ocultaba incluso el cuerpo del gigante, cuando estuvieron a escasos metros, pudieron comprobar cómo el gigante volvía a erguirse torpemente.
-Yo seré el gigante que abra camino a mis hermanos. – Eurito pasó de largo a ambos santos de bronce y arranco un frondoso árbol de raíz, el cual lanzo contra una de las primeras barricas la cual sucumbió ante el impacto.
-Yo iré tras él. – Menciono determinantemente Ichi. – Tú ve y ayuda a Shaina y Misty.
-No hay necesidad de ir por nadie. – Dijo una voz a sus espaldas, ambos santos de bronce se volvieron y miraron a ambos caballeros de plata, Misty estaba severamente lastimado, tenía varias heridas profundas y la sangre manaba a borbollones de algunas de ellas, lo que sorprendió a ambos, pues el francés siempre habia demostrado un desagrado inmenso hacia aquel liquido vital y a manchar su cuerpo, pero en esa ocasión parecía ni siquiera importarle, mantenía la mirada fija en el gigante mostrando una determinación inmensa.
Por su parte Shaina había logrado refugiarse en una pequeña grieta formada por las caídas previas del gigante, esa diminuta fisura en el suelo sirvió de protección a la amazona, impidiendo de esta forma que fuera aplastada por su cuerpo, sin embargo tenia algunos golpes por las piedras y filos que sobresalieron de las paredes cuando el gigante golpeo el suelo con su cuerpo y prácticamente había tenido dificultad para respirar pues la inmensidad del ser mitológico habia creado un vacio en el pronto el oxigeno se termino, si Eurito no se hubiera incorporado seguramente ella hubiera muerto por asfixia.
-Terminemos con esto. – Sentencio duramente Misty.
-Debemos impedir que siga avanzando por el santuario, así que andando. – Shaina se adelanto a sus compañeros, estaba molesta por haber sido tan descuidada con él y haberlo subestimado de aquella forma, lo que casi le hubiera costado la vida de no haber sido porque encontró esa grieta.
-Debemos trabajar en equipo para terminar con esto. – Geki miro a Misty y este asintió.
Ichi corrió de forma zigzagueante para esquivar cualquier posible ataque del gigante y cuando estuvo cerca de él, espero a que Shaina se acercara y la ayudo a impulsarse para conseguir una mayor altura sin necesidad de escalar por el gigante, de repente un fuerte remolino de viento lo levanto hasta prácticamente llegar al hombro de Eurito, una vez ahí no perdió tiempo y clavo sus afiladas ponzoñas en el cuello del gigante antes de lanzarse al vacio para alejarse de él.
-Garra de trueno. – Shaina alzo su mano derecha como si fuera la cabeza de una cobra y de esta brotaron múltiples rayos morados los cuales incrusto en el tórax de Eurito por donde se deslizo, cuando vio al gigante a punto de atacarla con su mano, detuvo su caída por el pecho de este con sus piernas y se propulso hacia atrás, dando un giro de 360° en el aire y logrando esquivar la mano del gigante. Justo cuando el hijo de Gea estuvo a punto de ir tras Shaina e Ichi, observo como Misty y Geki estaban detenidos frente a él, de pronto el caballero de la osa mayor comenzó a correr directamente hacia él.
-¡Agujero negro! – El ataque ofensivo del francés ayudo con sus potentes ráfagas a elevarse a Geki por los aires y le ayudo a tomar mayor propulsión en dirección al gigante, Geki se rodeo de su cosmos y extendió sus brazos hacia el frente como si de un proyectil se tratara, Eurito comprendió al instante lo que ocurría y aunque intento golpear al caballero de bronce, los potentes vientos del francés frenaron sus manos y entonces ocurrió lo inevitable.
El cuerpo de Geki atravesó el pecho de Eurtio, provocándolo una gran perforación justo donde se encontraba su corazón, sintió como un ardor cuando Geki provoco un orificio en su espalda para salir de su cuerpo, su vista se nublo al instante y un inmenso dolor sacudió su cuerpo, aún así se giro hacia el santuario, vislumbrando con su vista perdida y borrosa la estatua de Athena que parecía girar en torno a él, dio dos pasos más que fueron lentos y tormentosos a causa del veneno de la cobra e hydra y de pronto la oscuridad lo consumió, se desplomo de rodillas y luego su pecho golpeo duramente el suelo.
-¡Lo vencimos! – Celebro Ichi dando un ligero brinco, pero pronto noto la seriedad de Misty y la dura mirada que le lanzo Shaina. - ¿Qué ocurre?
-No te das cuenta, Eurito alcanzo a entrar a los limites del santuario. – Geki se tomo el costado con el brazo y miro a su amigo.
-Ese no es el único problema. – Misty arrugo la nariz con molestia.
-¿A no? – Ichi miro a ambos santos de plata con curiosidad.
-Eurito y Mimas representan las contrapartes de dos dioses olímpicos, Dionisio y Hefestos, puedes ver por ti mismo el daño que han causado, no quiero imaginarme lo que podrán hacer los gigantes que representen a Athena o Zeus. - Si Eurito había logrado entrar al santuario, tal vez los gigantes que faltaban lograran incluso llegar a las doce casas u obligar a los santos dorados de nuevo a pelear, algo que sin duda golpeaba el orgullo de los santos de plata y bronce.
…
Cuando despertó, aun permaneció con los ojos cerrados y lo primero que sintió fue el terrible dolor que escarmentaba cada musculo y herida de su cuerpo, aquel dolor distaba por mucho a los que había padecido hasta entonces, sin lugar a dudas era el peor de todos ellos pero estaba entremezclado con un vago sentimiento de alivio inducido por la libertad que sentía al haber visto por última vez al dios que le condeno toda su vida.
Pero pronto sus pensamientos se vieron turbados al escuchar la risa de Aioros muy cercano a él pero le extraño aún más que segundos después de que el arquero comenzara a reír, la risa de su hermano menor le acompañase, lo que sin duda le hizo cuestionarse de si estaba realmente despierto o no.
-Si hay algo que jamás voy a olvidar de nuestra infancia es el día en que Saga se rompió la mano por primera vez. – Rio alegremente Aioros.
-Saga es demasiado obstinado y orgulloso para haber declinado el desafío. – Saga abrió los ojos de golpe para garantizarse que lo que estaba ocurriendo a su alrededor era verdad, pues hasta donde el sabia Kanon le guardaba rencor a Aioros y este estaba resentido con su gemelo por su comportamiento en el pasado.
Pero la realidad fue mucho más chocante que lo que se imagino, porque no solo era verdad que ambos estaban compartiendo un momento agradable entre ellos, si no que estaban demasiado cerca uno del otro, casi sentados hombro a hombro como en el pasado y a su mente vino la común imagen de ambos sentados al filo de las escaleras de géminis esperándolo a que él volviera de sus entrenamientos.
-¿Qué diablos les ocurre? – Gruño y medio se incorporo en la cama, en ese momento tanto Kanon como Aioros ampliaron sus sonrisas.
-Solo nos acordamos de viejos tiempos. – Aioros se levanto de la cama y camino hasta donde él estaba. - ¿Cómo te sientes Saga?
-Estoy bien. – Refuto como si nada, se sentó sobre la cama aunque hacer algo tan simple como eso le costó una descarga de dolor y fue totalmente un reto para su cuerpo fatigado y adolorido. - ¿De qué se reían?
-Eres pésimo mintiéndome Saga, deberías descansar un poco más. – Kanon mantuvo sus ojos esmeraldas tan parecidos a los de su gemelo, pero que a la vez expresaban una vida tan diferente a la de su hermano. – Del día en que te rompiste la mano.
-¿Cuál de todas? – Saga dibujo una leve sonrisa en sus labios y les miro cómplicemente.
-Bueno, específicamente el día que destruiste tu primera piedra porque te rete. – Aioros dibujo una mueca de ligero arrepentimiento, pero no por ello borro su sonrisa. – Y lo lograste, me acuerdo que te emocionaste tanto que fuiste a golpear una piedra de mayor tamaño y…
-Te rompiste la mano. – Kanon estallo en una carcajada y no era que en ese momento no se hubiera preocupado cuando Saga se destrozo la mano, pero el verle borrar su cara de ilusión y felicidad en un instante y que esta se tornara en rabia y decepción, también le dio risa. – Por presumido.
-Tu cara fue lo mejor. – Aioros también comenzó a reír libremente a pesar de los ojos de pistola que le lanzo a ambos.
-Espero que también hayan disfrutado del regaño que nos dio Shion por ello. – Saga se incorporo haciendo a un lado toda sensación de dolor, pues para alguien como él, a quien la vida había tratado tan duro y sin ningún momento de misericordia, no había tiempo para detenerse a descansar o lamentarse por lo ocurrido, esa era su única forma de vivir con él y su pasado.
-No debes tener prisa Saga, entiendo que no quieras permanecer aquí, pero créemelo esta vez Athena no está solicitando tus servicios ni los de Aioros. – Kanon incorporo y alcanzo a su gemelo que estaba casi en la puerta.
-¿A qué te refieres Kanon? – Saga miraba severamente a Kanon e incluso Aioros se había puesto demasiado serio.
-Athena nos ha prohibido a los caballeros de oro pelear contra cualquier cosa que se pare en el santuario. – Dictamino Kanon, evitando especificar cuáles caballeros de oro, pues quería que Aioros se llevara la sorpresa de encontrar a Aioria en Leo, vivito y coleando, no por él, si no porque el león dorado le había pedido ese favor.
-¿Qué? – Mencionaron al unisonoro los dos caballeros restantes.
-A todos nos ha tomado por igual, incluso el patriarca tuvo que acatar la norma. – Kanon salió hacia el pasillo, seguido de su hermano y Aioros, fijo sus orbes esmeraldas sobre la fuente en medio del gran patio que se extendía dentro del sanatorio y se cruzo de brazos. – Athena deseaba que tuviéramos un tiempo para poder recuperarnos de nuestras heridas y descansar, mientras tanto los santos de plata y bronce serán quien combata a lo que sobrevenga.
-Con mayor razón debemos salir del sanatorio. – Apuro Saga tomando la delantera, agradecía infinitamente la bondad y la clemencia que Athena tenía hacia ellos, pero no debía dejarlos aún lado, pues estaba exponiendo a los demás santos a fuerzas que apenas conocían, les enfrentaba a seres que sobrepasaban mucho el poder de un mortal y en cierta forma les estaba subestimando a ellos.
-Athena es muy considerada, pero no debería contenernos de esa forma. – Aioros alcanzo al gemelo mayor y se puso a su lado, mientras Kanon se puso al lado de su hermano y se llevo ambos brazos a la cabeza.
-Ella no sabe por lo que pasamos para ser santos de oro, por lo que no entiende el precepto de que fuimos entrenados para pelear sin descanso, no importaba las heridas que tuviéramos, lo cansado que estuviéramos y el dolor y peso que cargarán nuestras almas. – Saga miro de reojo como Aioros y Kanon asentían a su lado, pero muy a pesar de que les desagradara la orden de Athena, ellos no eran nadie para cuestionarla mucho menos para ir en su contra.
-Eventualmente volveremos a pelear. – Aioros resoplo fuertemente como si el aire que exhalaban con fuerza sus pulmones, limpiara toda la presión y frustración que sentía en su interior, sonrió amistosamente y se llevo ambos brazos tras la cabeza, entrelazando sus manos. – Athena solo desea que nos recuperemos un poco.
-En eso tiene razón, muchos de nuestros compañeros están heridos. – Kanon miro a su gemelo y Aioros de forma inquisitiva, dándoles a entender que ellos se encontraban entre esa selección. – Mu, Mascara de la muerte, Shaka, Milo, Camus y Shura.
-¿Qué paso? si tan solo estuvimos un par de días en el inframundo. – Aioros miro a ambos gemelos que le regresaron una mirada desconcertante, Kanon se rio suavemente.
-Yo estuve en el Olimpo, quien se ha cargado todo ha sido Saga. – El gemelo menor menciono orgullosamente. – ¿Paradójico no Aioros? que tu y yo cambiáramos puestos. – Volvió a sonreír el gemelo menor. – Si algo salió mal aquí, fue por Saga. – El gemelo mayor le lanzo una severa mirada a su gemelo, que sin duda hizo reír a Kanon y Aioros.
-Solo fue para que supieras de lo que te vas a perder. – Contraataco el arquero. – Entonces ¿El brazo de Shura no ha sanado?
-La herida sigue abierta como si el Keraunos impidiera que sanaran sus tejidos. – Inicio Saga pero para sorpresa de Aioros, Kanon continuo la frase de su gemelo, como solía ocurrir en su niñez, lo que indicaba que la relación de ambos hermanos iba bastante bien.
-Incluso el Excalibur del brazo derecho de la cabra está severamente dañada. – Kanon dirigió una rápida mirada hacia Aioros, para estudiar su cara pues sabía que el santo de capricornio era como un hermano menor para él. – Estuvo a punto de partir a Athena en dos, de no haber sido por Afrodita, bueno…
-Kanon lo presiono demasiado rápido para que usara Excalibur. – Saga lanzo una mirada inquisidora a su gemelo que bufo al ser culpado. – Shura es incapaz de controlar la dirección, la cantidad y equilibrar el poder de Excalibur.
-Sin embargo Shura resulto ser ambidiestro, pues se las ha ingeniado bastante bien utilizando la Excalibur de su brazo izquierdo. – Hizo notar Kanon. – Y por lo que he escuchado en mis caminatas por el santuario, ahora que no tengo nada que hacer, he oído rumores de que la cabrita está entrenando en Cabo Sunion su espada, pero al parecer aquello no va muy bien.
-Me sigue sorprendiendo tu habilidad para escabullirte por el santuario sin que nadie pueda notar tu presencia. – Admiro Saga con una sonrisa cómplice a su gemelo, quien tan solo alzo los hombros inocentemente.
-Gajes del oficio. – Sonrio maliciosamente Kanon.
-Shura. – Aioros agacho el rostro al pensar en el capricorniano y busco su cosmos, dándose cuenta que el caballero de capricornio se encontraba en el decimo templo, por lo que se mentalizo en una vez que pasara por la fría y desolada casa de su hermano menor, acudiría con el español.
Cuando alcanzaron el primer templo vislumbraron a Mu reparando cuanta armadura tuviera al alcanze en las que se distinguían principalmente las armaduras doradas, de las cuales Cancer y Geminis eran las que en peor estado se encontraban. El ariano alzo el rostro al sentirlos entrar a su casa y les saludo cordialmente.
-Kanon. – Le llamo el pupilo de Shion. – Tengo una pregunta que hacerte y espero que no te incomode. – El gemelo menor asintió dando pie al lemuriano a continuar. – Estoy seguro que cuando estuvimos en el Olimpo tú desapareciste de ahí, sin embargo fuiste tu mismo quien me ha sacado de aquí. ¿Cómo fue posible que volvieras? -
Kanon sintió de pronto las miradas de Saga y Aioros, la del arquero era ampliamente descarada pues le miraba directamente a los ojos, con las cejas arqueadas y podía sentir la de su gemelo clavado en la nuca. La pregunta de Mu le tomo por sorpresa en realidad, no esperaba que el lemuriano quisiera entrar en detalles en la forma en que lo había ayudado, pues pensaba que simplemente se limitaría a saber que él le salvo.
-Utilice la otra dimensión. – Escucho como Saga gruño a su espalda, pues era obvio que Saga se mostraría incrédulo o sorprendido de que aquella técnica llevada a niveles extremos pudiera abrir el camino de los dioses. – Tu maestro fue quien me dio la idea, así que también deberías agradecerle a él.
-Ya sabía que habías llegado por artimañas al Olimpo. – Le acuso Aioros.
-Gracias Kanon. – Mu tendió su mano al menor de los gemelos que reparo en que aquella era la primera vez que un santo dorado que no fuera Saga, Milo o Aioros le agradecía de esa forma. Estrecho la mano del lemuriano para no hacerlo esperar y Mu le correspondió de la misma manera. – Me alegra Kanon que nos hallas demostrado que nos equivocamos respecto a ti.
-No se equivocaron. – Kanon retuvo la mirada del primer guardián y sonrió de lado. – Ustedes se quedaron con la imagen de quien fui, pero quien soy ahora dista mucho de aquel demonio.
Saga y Aioros intercambiaron una mirada cómplice, ninguno de los dos sabía con exactitud que había orillado ese cambio de comportamiento en el gemelo menor, pues Kanon siempre había mantenido oculto ese detalle, pero agradecían a lo que fuera o quien fuera aquello que provoco un cambio radical en Kanon y lo devolvió al camino correcto, aquella vereda en la que Shion siempre pretendió mantener a Saga, Aioros y Kanon.
…
Abrió los ojos de golpe y se incorporo bruscamente en la cama, aún podía sentir ese frio intenso recorriéndole toda la piel y que luchaba contra el fuego que manaba de su cuerpo, recordaba algunos detalles de aquello, como si todo hubiera sido una terrible pesadilla, pero en su interior recordaba cada momento desde que habia perdido el control de su cuerpo y se habia dejado llevar por el odio, sus heridas eran muestra eficiente de que una vez más, habia seguido los ideales de Ares.
Bajo las piernas de la cama y recargo sus codos sobre sus rodillas, mientras sus largos cabellos celestes caían en torno a ella, ocultando su rostro, al tiempo que las imágenes volvían tan nítidas a su memoria.
Tenía heridas en las manos que estaban vendadas por el dorso, un parche en la muñeca izquierda, en la rodilla del mismo lado y el muslo, aunque la mayor parte de su piel se encontraba enrojecida debido al frio al que se había visto expuesta.
-Volvió a pasar… - Cerro los ojos con fuerza mientras sentía como su alma se quebraba, los recuerdos dolorosos de su pasado se entremezclaron de nueva cuenta con la batalla contra Athena, donde había perdido de nuevo el control de su ser. – Mate a mi familia, estuve a punto de terminar con la vida de Athena y su caballero de fénix, sin contar que lastime a Milo y Camus.-Enumero sus errores.
Una gruesa lagrima cristalina que había permanecido atrapada entre sus pestañas se desprendió cuando abrió los ojos y resbalo lentamente por su mejilla, dejando un surco de dolor en su rostro, oculto por la oscuridad de la habitación, la lagrima perfilo su mentón y se desprendió para caer en torno a su muñeca, siguió en silencio el trayecto de esta y cuando giro su vista para ver su lagrima, estuvo a punto de que un grito se le escapara pues la marcar de Ares tatuada en su muñeca permanecía aún ahí, como recordándole lo eterna que era su condena.
-No puede ser… - Menciono desesperanzada, se llevo las manos al rostro y las paso por su cabello. – Ares ha sido sellado y aún así, esta marca me acompañara el resto de mi vida para recordarme que Ares es quien ya ha fijado mi destino. – Sus ojos ámbares brillaron llorosos en la oscuridad de la noche pero pudo distinguir entre las sombras una segunda cama, en donde permanecía otra persona, tan solo el ver el cabello rojizo de ella, llamo su atención.
-Scatha… - Su voz sonó ronca debido al tiempo que había permanecido sin hablar, se lanzo de rodillas junto al lecho de su hermana y rebusco entre las sabanas su mano, la cual entrelazo entre las suyas. – Scatha ¿Qué has hecho? ¿A qué extremos te llevo Ares?
Seguramente Ares al verse vencido decidió entregarlo todo con el único objetivo de darle un fuerte golpe a Athena en el orgullo y Scatha había sido su conejillo de indias que el dios de la guerra había decidido utilizar y las graves heridas de su hermana demostraban que el dios la había orillado a llegar a esos extremos.
-Scatha debes resistir por favor. – Suplico hundiendo su rostro en el colchón, intentando ocultar el dolor que sentía, sus labios no pudieron abrirse para decirle que ella era lo único que tenía en la vida, más bien lo único que la hacía sentir viva, era la única persona con la que podía compartir sus recuerdos, su pasado y la única que también cargaba la misma pena: Haber asesinado a su propia familia y aniquilado a su pueblo.
Como hubiera deseado que alguien le hubiera puesto fin a su propia vida, que la detuviese para siempre, Scatha siempre había sido la fuerte de las dos, quien había tirado de ambas para seguir adelante, no importaba los pesares que llevaran arrastrando, pero simplemente ella no podía, limitaba su trato hacia los demás por temor a lastimarlos a futuro, cuando Ares volviera a poseerla y decidiera que la sangre debía regarse en el suelo, pues los zapatos de un guerrero debían mancharse del liquido escarlata y nunca de tierra o lodo.
Aldana suspiro pesadamente cuando los primeros rayos solares golpearon con esperanza la terrible oscuridad, sintió aquel calor reconfortante en los brazos y en el rostro, que le provoco un cosquilleo, se incorporo lentamente, sus piernas estaban entumecidas por aquella posición, pero apenas se irguió sintió la presencia de alguien tras su espalda.
-Dios Anteios. – El dios se acerco a ella en silencio y tomo su muñeca con fuerza, visualizando el signo de su padre en la piel blanquecina de la peli azul, que retrocedió ante el contacto tan específico del dios.
-Me equivoque al creer que ustedes serian libres una vez que mi padre fuera sellado. – El dios se sentó sobre la cama donde Scatha reposaba y recorrió los mechones pelirrojos del rostro de la guerrera.
-Yo también lo creí, pero esta marca persistirá el resto de mi vida. – Aldana volteo a ver su muñeca contemplando el casco gregoriano que era atravesado por aquella espada con la insigne del dios de la guerra. - ¿Por qué mato a Cesar y no a nosotras? – Le encaro.
-Cesar es el único berserkers consiente de sus acciones, ustedes y el resto son impulsados por el espíritu de soldados que juraron lealtad en la época mitológica a mi padre, además suficiente dolor tienen con tan solo vivir. – Anteios había leído el rostro sereno de Aldana, que en realidad no mostraba ningún sentimiento, la chica tenía los ojos fijos en el con dureza y la mandíbula ligeramente tensa, pero no mostraba absolutamente nada, pero él podía ver dentro del corazón de la chica, que sin lugar a dudas se encontraba destrozado por su pasado y sus acciones.
-¿Por qué ha venido? – Aldana le lanzo una mirada fiera, sin ocultar la desconfianza que sentía hacia él. – Dudo mucho de que lo que yo sienta le importe a un dios.
-Discúlpame, no debí entrometerme en tus sentimientos, no después de lo que hace poco has pasado. – El dios se acerco hasta ella, acortando peligrosamente la distancia, pero Aldana tampoco retrocedió, muy al contrario fijo sus ojos ambarinos sobre los del dios. Por su parte Anteios comprendía a la perfección el dolor al cual se podía someter un alma, sin embargo está entre más lesionada y dolida que estuviera preferiría un camino de soledad, antes de revelar lo que sentía.
-No se preocupe dios Anteios, yo también creí que usted ya estaría acostumbrado a ver almas destrozadas a causa de su padre y que la mía seria tan solo una de tantas. – Las palabras de Aldana salieron con veneno, la joven no podía contener el enojo en su interior, después de todo no le importaban las acciones buenas del dios, pues estaba cansada de ser únicamente utilizada a voluntad de los dioses y además Anteios era fruto del ser que la había maldecido y estaba enfurecida de que aquella marca permaneciera aún en su mano como una sentencia.
-Tienes razón en todos mis años he visto muchas personas que arrastran sus penas, la mayoría son soldados de la guerra, almas atrapadas en su propio cuerpo y he visto que la gran parte de ellas ven a la muerte como el único lugar donde encontraran calma, pero tu ni siquiera en la muerte o en la vida encuentras descanso. – Anteios volvió a tomar la mano de la peli azul que intento arrebatársela pero él la apreso con fuerza y clavo con dureza sus ojos sobre los de ella, que destilaron rabia. – En esta vida te atormenta tus acciones pasadas, pero en la muerte te aterra encontrarte con aquellos que murieron bajo tu mano.
Aldana abrió los ojos impresionada y dejo de luchar contra el dios, por primera vez alguien en realidad estaba viendo todos los sentimientos que había guardado por años, sentimientos que incluso le había ocultado a su hermana. - ¿Qué..Que es lo…que quieres? – Tartamudeo la joven, conteniendo no solo la furia en su interior si no también sus lágrimas, que se acumulaban en sus ojos como gotas de cristal.
-Yo no he venido a por ti. – Anteios dirigió su mirada atrás de ella y reparo que estaba observando a su hermana, entonces todo le pareció todo más claro; el dios había asesinado a Cesar quien era el comandante del ejército de Ares y por rango la siguiente en poder era Scatha, la pregunta era ¿Para que la necesitaba el dios? – Recuperare las almas de los dioses sellados y para ello necesito de un ejército, pero resulta que la mayoría han huido o han muerto, ya pocos berserkers permanecen aquí, tan solo vagando como muertos errantes, por lo que necesito alguien que les haya sabido guiar todo este tiempo y en la que ellos confíen sus vidas.
-Mi hermana no aceptara. – Aldana retiro con fuerza su mano de la del dios y se giro hacia su hermana, conocía a Scatha y si Anteios tenía algo lo suficientemente bueno para ofrecerle sabia que ella iba a aceptar y reconocía que el dios también estaba al tanto de ese detalle, pues la seguridad de su voz y la tranquilidad de su semblante se lo hacía notar. – Y si ella aceptase, debes tener en cuenta sus heridas y ambos sabemos que si un comandante cae al inicio de la batalla, su ejército está perdido.
-¿Parece que sabes de estrategia? Pero yo tengo algo que tu hermana no va a rechazar, mi oferta vencería la templanza más inquebrantable. – Anteios la tomo por la espalda con fuerza y bajo su mano con suavidad por su piel blanquecina, recorriendo cada centímetro de su piel con deleite, enrollo sus dedos alrededor de la muñeca de la peli azul como si fuese una caricia y la retiro inmediatamente.
Aldana se sobresalto al ver su piel y un escalofrió recorrió todo su cuerpo, tras aquella caricia por parte del dios, el tatuaje de Ares había desaparecido de su muñeca, abrió la boca para agarrar aire pues parecía que este comenzó a faltarle y quedo anonadada. Tal vez con aquello no lograra cambiar las acciones de su pasado, tampoco le regresaría a su familia pero se le ofrecía una nueva oportunidad para no volver a perder el control, para ser ella misma.
-Si tu hermana decide ayudarme, yo quitare ese sello sobre sus almas y serán libres. – Anteios saboreo las palabras que abandonaron sus labios, porque pudo sentir en el alma de la joven que se vislumbro un lazo de esperanza. – Tu hermana y tu no volverán a ser controladas de nuevo, el pacto con Ares terminara.
-Ella no podrá hacerlo, pero me ofreceré yo en su lugar, siempre y cuando ella también sea liberada del sello. – Aldana llevo sus ojos de su muñeca al dios, quien sonrió de medio lado y extendió su mano hacia la joven peliazul.
-"Mejor mi alma que la suya, Scatha ya ha tenido suficiente de los dioses." – Aldana sobo su brazo y se giro para encarar a Anteios, miro su mano con desconfianza por unos segundos y al final cerro el trato cuando su mano se estrecharon.
-Pronto volverás a saber de mi, por el momento eres libre del sello de mi padre de forma temporal, si logramos el objetivo que tengo propuesto, jamás volverás a someterte a ningún dios, muy al contrario estaremos en deuda contigo. – Los ojos de Anteios parecieron brillar en la oscuridad del cuarto y la silueta del dios comenzó a desvanecerse paulatinamente hasta dejarla sola.
Cuando se quedo sola se percato del fuerte sonido que hacia su corazón al latir, podía sentir sus potentes palpitaciones en el pecho y su pulso en los oídos, el aire le faltaba como si hubiera corrido un maratón y todo porque el trato que acababa de hacer, se le asemejaba antes que un beneficio a un pacto con el mismo Hades. Se llevo una mano a la frente y la deslizo por su cabello, dio una vuelta brusca y miro a su hermana que descansaba paciguamente en la cama, aunque aun permanecía con una mueca de dolor en el rostro.
-Si logro hacer lo que él me pida, seremos libres. – Extendió su mano temblorosa hacia el antebrazo de su hermana y lo giro percibiendo como el tatuaje de Ares había desaparecido de su muñeca, respiro aliviada por unos segundos, aun percibiendo la calamidad que posiblemente se ceñía sobre ella y el rotundo error que tal vez acababa de cometer: porque la libertad a la que tal vez se refería Anteios, fuese la misma muerte.
…
Miro el cotidiano ir y venir de la marea que comenzaba a retroceder mar adentro, porque la luna retrocedía lentamente sobre el plano gravitacional de la tierra y daba paso al sol, que hacía ver que las aguas turbulentas y negruzcas, se volvieran cristalinas e incluso la suave y tersa espuma sobre las olas que terminaban disolviéndose sobre la playa en pequeñas burbujas perladas.
Cerró los ojos, frunciendo el ceño, se concentro en sí mismo, en sus emociones, en su convicción y centro toda su atención en un único objetivo. Todo a su alrededor pareció detenerse, el aire cálido que golpeaba su cara pareció dispersarse a su alrededor, el continuo embate de las olas golpeando las piedras o la playa se volvió tan solo un susurro y la brisa marina se esfumo. Tan solo se centro en su brazo derecho en sentir cada fibra de su extremidad desde su hombro hasta la punta de sus dedos, sintiendo el pulso de esta y como su cosmos recorría cada centímetro.
Abrió los ojos con decisión, esperando que en esta ocasión su técnica más fuerte no fallase y no saliera distorsionada en diferentes direcciones o aún peor agrandara aun más la herida del Keraunos sobre su brazo, al descontrolarse su cosmos por el poder del rayo. Elevo su cosmos y el aura dorada comenzó a rodearlo desde la yema de sus dedos de su brazo derecho, mientras este color dorado iba ascendiendo hasta rodearlo por completo.
Fijo su mirada en un punto dentro del mar y miro de reojo su extremidad, podía sentir aun dentro de su cosmos la turbulencia que emanaba a causa de la herida obtenida en el monte Parnaso, si bien el dolor aun lo sentía, este se había vuelto algo tan cotidiano en él, que había momentos en que simplemente lo olvidaba, dejándolo pasar, pero aun temía en el descontrol que su cosmos había sufrido a causa de un ataque enemigo.
-Debo controlarlo. – Se exigió, mientras tensaba los dedos de su mano. – Los titanes nos superan en fuerza y si voy a enfrentarlos en el futuro debo ser capaz de usar mis dos brazos, sin poner en riesgo a mis compañeros ni Athena.
Shura levanto su brazo derecho hacia el cielo y lo blandió con fuerza, dejándolo caer extendido, el haz dorado corto en un silbido el aire que se precipito hacia ambos lados y pronto tanto la tierra como el agua se abrieron dejando paso al haz dorado, pero volvió a dispersarse en varias direcciones que causaron estragos tanto en el mar como en la playa.
Hinco su rodilla en el suelo, arrugando sus facciones a causa del dolor y se llevo la mano izquierda hacia el hombro, para hacer presión en la herida, pues sentía como si le hubiera caído brazas ardiendo sobre esta, sintió unas gotitas de sangre que bañaron sus dedos y se desprendieron para caer sobre la tierra, manchándola de gotas escarlatas.
-Maldición. – Resoplo frustrado. Retiro su mano de su hombro y miro hacia la masa de agua frente a él que se arremolinaba con furia, pero que había logrado apaciguar de cierta forma su aberrante técnica. - ¿En qué estoy fallando? Mi cosmos sale de control cuando el filo de mi espada abandona la punta de mis dedos.
Miro detenenidamente como los remolinos de agua dejaban de sacudirse bajo él, tiro algunas piedrecillas con el pie, que cayeron en picada hacia el mar, pero antes de tocar el agua, una enorme ola las engullo por completo, sus ojos verdes parecían estar mirando el largo manto marino, pero en realidad en su cabeza repasaba cada triunfo y fracaso de su entrenamiento, en lo mucho que le había costado obtener Excalibur y afilar su técnica para que él y la espada fueran uno mismo.
Observo su mano izquierda sintiendo el palpitar de su espada en su interior, sabía que su brazo aun podría lanzar una Excalibur que pudiera hacer temblar a cualquier enemigo humano, no importaba si este fuera un espectro, marino o berserkers pero dudaba de que tuviera por sí sola la fuerza necesaria para poder cortar a un titán.
Lanzo de nueva cuenta un Excalibur pero el resultado fue más catastrófico que el anterior, pues mientras en el primero; su ataque se había introducido al mar y ahí dividido en esta ocasión fue diferente, pues su ataque ni siquiera llego a tocar el agua cuando retorno en una vuelta de 180° hacia él sorprendiéndolo, brinco hacia atrás para interponer distancia y le diera tiempo de reaccionar, pues el dolor estaba escarmentando toda su extremidad derecha, levanto el brazo izquierdo justo a tiempo para frenar su otro ataque que se disolvieron en un destello dorado.
Cayo al suelo de rodillas y golpeo el piso con su brazo izquierdo, enfurecido por su propio descontrol, produciendo un boquete en este. Respiraba agitadamente no por el dolor ni por cansancio, si no por su propia incompetencia para realizar una técnica que le era tan conocida, volvió a incorporarse una vez más, pero en esta ocasión un chorro de sangre resbalo desde su hombro hasta sus dedos, miro el trayecto de sangre por su brazo y se mantuvo absorto en ver como las gotas escarlatas golpeaban el suelo, lo que le hizo recordar la guerra santa.
En aquel entonces aun cuando su vista hubiera estado perdida, pudo percibir como Athena retenía entre sus manos la daga dorada que Saga tenía entre sus manos y distinguió con claridad la primera gota de sangre que su diosa derramo sobre las baldosas del santuario y lo que sintió en ese momento era un dolor totalmente diferente e irracional al que experimentaba en esos momentos; las gotas de sangre que brotaran de su herida no eran absolutamente nada comparado a la sangre de Athena.
-Aquel día me jure que mi espada sería tan filosa que haría pagar a mis enemigos cada gota de sangre que Athena derramo. – Shura encendió su cosmos una vez más, dispuesto a lanzar su técnica máxima una vez más, pero de pronto una mano le tomo con fuerza por el brazo izquierdo. Apago su cosmos y miro los ojos azules, severos y frívolos que lo miraban. – Camus. – Llamo a su vecino.
-¿Que estás haciendo Shura? – El español distinguió cierta preocupación y dureza en la voz del galo. Le observo unos segundos antes de responderle, era obvio que Camus ya se había dado cuenta que entrenaba a Excalibur por lo que la pregunta del onceavo guardián iba dirigida al porque entrenaba exponiéndose de aquella forma a que su herida se abriera.
-Tan solo estoy afilando Exacalibur. – Refuto de mala gana, suficiente era con que su propia técnica no le saliera como para que aun le cuestionaran acerca de ello.
-¿Y te está funcionando? – Frunció el ceño, al escuchar lo que a él le pareció sarcasmo en la voz del galo y un dejo de reclamo por su ineficiencia, pero muy al contrario de lo que pensó, Camus se puso a su lado y fijo su vista aquamarina en el océano. – Excalibur es una técnica imponente y que necesita de su ejecutador un temple lleno de justicia, honor y determinación. Aun puedes realizar la excalibur de tu mano izquierda pero la derecha no. ¿Y no sé si en realidad no puedas hacerla por la herida de tu brazo o porque alguna de esas cualidades te está fallando?
Shura comprendió por unos segundos lo que los discípulos del galo debieron de sentir cuando aquella fría mirada azul se les clavaba cuestionándolos acerca de algo, pero el recorrido por las doce casas que hicieron en compañía de Saga le había permitido conocer un poco más al galo y sabia que Camus estaba ahí para apoyarlo, de otra forma el francés jamás hubiera interferido en un asunto que no le competía, agradeció mentalmente a su vecino por ello y asintió.
-El dolor sobreviene mucho después de que Excalibur abandone mi brazo, por lo que es imposible que esto desequilibre mi técnica, sin embargo cuando la realizo llega un punto donde mi cosmos se descontrola y provoca que Excalibur se parta. – Confeso quedamente, guardándose para él la indecisión y el temor que tenia de usar la técnica frente a otra persona, pues esta podría resultar herida si Excalibur desviaba su camino.
-¿La herida del Keraunos sigue abierta? – Shura asintió suavemente y miro el rostro impasible de su vecino, que frunció ligeramente el ceño. – Cuando tu lanzas Excalibur tu cosmos recorre todo tu brazo y tal vez el que la herida provocada del Keraunos permanezca abierta provoque que tu cosmos escape de igual forma por ahí y al ser esta una descarga de la misma intensidad a la previa, provoca un segundo filo, que al chocar con el primero lograría distorsionar y desequilibrar tu cosmos, si no que al mismo tiempo provocaría la colisión entra ambas y que una de las dos terminase rompiendo a la otra.
Shura se limito a observar impresionado a su vecino, no solo porque Camus hubiese reparado en ello, tan solo por el hecho de observar su herida, si no que también le demostraba que el galo había estado presente cuando él había realizado sus dos ataques previos y ni siquiera se había dado cuenta de ello.
-Tienes razón, mientras esta herida no se cierre no podre controlar Exalibur, ni siquiera el cosmos de Athena, ni con el brebaje del dios Apolo han podido contrarrestar el efecto del Keraunos. – Shura observo como la sangre aún manaba en pequeñas corrientes por su brazo.
-Lo lamento Shura. – Camus volteo a verlo con cierto pesar, sabía que debieron haber ido más santos dorados aquel día de la batalla en el monte Parnaso, eso había controlado la situación de forma más estricta, Athena no hubiera resultado herida, el emperador de los mares no hubiera sucumbido, Dokho no hubiera sido controlado por Cronos, ni los titanes hubieran recuperado sus poderes en su totalidad y Shura no tendría esa herida, pero en ese entonces la orden aun se encontraba fragmentada y con la tensión a punto de estallar entre ellos.
-Está bien Camus. – El español alzo ambos hombros restándole importancia al asunto, lo pasado, pasado estaba. – Regresemos a las doce casas antes de que termine desangrándome "o hiriendo a alguien" –
Ambos caminaron por el sendero de regreso al santuario en silencio, iban hombro a hombro, uno acompañando al otro, pero por muy extraño que parecieron aquel enmudecimiento mutuo distaba mucho de ser un silencio incomodo, ambos habían logrado un entendimiento y una extraña amistad desde que Hades les había revivido; puesto que aquella traición y penosa travesía por los doce templos había resultado en unirlos más de lo que habían estado durante los 13 años del reinado de Ares como patriarca.
-¿Cómo se encuentra Milo? – Shura sujeto aun más con su mano izquierda el hombro derecho en un intento para que la sangre dejase de salir.
-Él está bien, de alguna forma Athena ha logrado hacer que las fiebres parasen y Milo ha recuperado el control de su cosmos. – Camus presto su atención hacia el sanatorio cuando percibió el cosmos de Aldana moverse por este, pero se intereso aún más cuando percibió el cosmos del hijo de Ares con ella.
-Es un alivio que de una u otra forma los 13 estemos vivos, Mascara de la muerte y Saga ya han librado lo peor de sus heridas, tú y yo podemos seguir con algunas lesiones de nuestros últimos combates pero aún podemos enfrentar a un enemigo sin problemas y la situación de los demás no dista mucho de las nuestras. – Shura se quito la hombrera derecha y enrollo una venda en su herida haciendo un fuerte amarre para detener el sangrado, pero para el galo no paso inadvertido las facies de dolor en el rostro del español.
-Aún así Athena prefiere que permanezcamos en los doce templos hasta que la mayoría nos hayamos recuperado, sin embargo las presencias que he detectado en el santuario distan mucho a las de un dios o un titán. – Camus se detuvo unos segundos al percibir el cosmos de un tercer caballero dorado acercándoseles a ambos.
-Antiguo maestro. – Saludaron cortésmente ambos.
-Niños. – Dokho les puso una mano a cada uno en el hombro y les sonrió ampliamente. – He recorrido medio santuario para encontrarte Shura.
-¿A mí? – Shura miro de Dokho a Camus y de este al antiguo maestro de nuevo, pero ni la cara del galo ni del chino pudieron revelarle algo de los planes del maestro de Shiryu.
-En ese caso será mejor retirarme y dejarles tratar sus asuntos. – Camus hizo un ademan de despedida respetuoso a ambos caballeros, pues aquel asunto tal vez no era de su incumbencia por lo que pretendía darles su espacio a ambos caballeros, además el que Aldana hubiera despertado llamaba enteramente su atención, pero muy a su pesar, Dokho lo aprisiono por el brazo y se rio.
-Para nada Camus, tu también vienes, puesto que lo que tengo que hablar con Shura no es ningún secreto. – El antiguo maestro soltó una ligera risa y empujo a ambos por la espalda para indicarles que caminaran junto a él. – Vamos a mi templo, ahí podre decirles de que va este asunto y podremos desayunar tranquilamente. – Dokho se metió en medio de ambos y puso sus brazos sobre los hombros de ellos, en forma amistosa, mientras en su rostro iba una sonrisa plasmada, debido a la incomodidad en el rostro de ambos jóvenes, que se esforzaban por verse serenos. Dokho amplió su sonrisa al solo imaginar que aquel rostro tendrían el Cid y Degel si los llevara de la misma forma.
…
Zahra le indico a Afrodita donde podía tomar asiento dentro de su morada mientras ella iba en busca de un jarrón y agua para colocar las rosas, pero una vez los hubo conseguido y regreso a la sala, se llevo con la sorpresa de que el caballero aun seguía de pie en medio del salón, se apresuro a introducir las hermosas rosas dentro del florero y vertió en su interior el agua.
La joven tenía las mejillas sonrojadas por estar tan cerca de él, sin embargo en su interior se revolvían dos sentimientos con brutalidad, por un lado estaba feliz de que él hubiera ido a verle, pero también tenía miedo a la forma en la que él pudiera reaccionar a causa de haber ayudado a la diosa del amor.
-Muchas gracias, realmente son hermo… - Zahra perdió el tono de su voz, cuando observo que Afrodita había fijado sus ojos en el cofre donde permanecía sellado el dios Ares por los poderes divinos de Athena y la diosa del amor. – Yo debo cuidarlo…
-¿Cuidarlo? ¿Sabes que dios se encuentra ahí Zahra? – La voz tranquila del doceavo guardián se descompuso por unos segundos y en esta destilo una profunda rabia. - ¡Zahra es Ares! ¡Ares! ¡No sabes de lo que es capaz de hacer ese dios! – Afrodita acorto el espacio entre ellos y apunto hacia el cofre, mientras pensaba en porque alguien como la diosa del amor le daría aquella responsabilidad a una doncella de Athena, conociendo los riesgos a los que estaba exponiendo a la joven.
-Lo sé. – Menciono débilmente, desviando la mirada del santo dorado, por un momento la actitud de Afrodita la había desconcertado por completo, pero el santo pronto recobro los estribos y se calmo. – Nuestra diosa Athena no me ha dejado desprotegida y la diosa Afrodita no se ha quedado atrás, por lo que no tendríamos nada de qué preocuparnos.
Afrodita fijo sus ojos celestes sobre el cofre donde permanecía encerrado el terrible cosmos de Ares y le miro con desconfianza, él conocía hasta donde Ares podía doblegar la voluntad de una persona, pues había destrozado la voluntad del que en su momento fuera el santo más prometedor de entre los 12 caballeros dorados.
-Se que tal vez crees que no podre con esto pero debes confiar en mí. – Zahra se dejo caer sobre la silla del comedor, pues sentía que sus piernas flaquearían en cualquier momento por tantos sentimientos encontrados. Sabía que Afrodita tenía razón, ella misma no había podido dormir bien desde que el cofre llegara y en cierta forma también le tenía cierto temor al dios, ella había comprobado con sus propios ojos el desorden que provoco en los 12 caballeros dorados y el santuario.
-Es que hablamos de Ares. – Afrodita se acerco hasta el cofre y extendió su mano hasta el, donde apenas sus dedos rozaron el sello de Athena que brillo al sentir el contacto de un caballero dorado, pues cualquier sirviente de la diosa de la sabiduría era capaz de retirar aquel sello. – Ares acepta cualquier consecuencia con el fin de cumplir su objetivo y…
-Afrodita no soy nueva en este santuario y aunque tu pocas veces hallas reparado en mi, se los cambios que Ares provoco en este santuario y en todos los caballeros, especialmente en ti. – Zahra desvió el rostro apenada por su confesión, pero supo que capto la atención de Afrodita pues pronto escucho los pasos del caballero dirigiéndose hacia ella, el sueco se sentó en la silla más cercana y busco su mirada.
-¿Qué es lo que sabes de mi? – Afrodita temió por unos segundos que la respuesta de la joven era la que el mismo conocía, que en realidad ella supiera de todas las atrocidades que el había causado, de las vidas que había quitado y de la crueldad con la que una vez se le conoció en este santuario; que ella conociera la vergüenza de su pasado.
-Yo… - Zahra observo piadosamente al santo, mientras su labio inferior le temblaba y su lengua se negaba a producir alguna palabra. – Yo…siempre repare en ti, desde que éramos jóvenes y sé que tú fuiste uno de los motivos por los cuales el reinado del patriarca Arles se volvió tan temido y respetado… - Zahra trato de dulcificar y utilizar palabras suaves, para mencionar lo que sabía de Piscis, pues su intención jamás había sido juzgar al santo.
-Tienes razón. – Menciono con amargura Piscis levantándose de su asiento dispuesto a marcharse, podía ser que él hubiera cambiado, que en esta vida fuera fiel a la diosa Athena y a sus juramentos, pero siempre tendría un pasado oscuro, su nombre siempre estaría rodeado de las personas a quienes había asesinado y de la crueldad con la que había obrado.
-Tú ya no eres más ese hombre. – Zahra lo alcanzo en la puerta y detuvo su avance tomándolo con sus manos. – Se que ya no eres como solías ser, de lo contrario jamás habrías reparado en mi, ni siquiera te hubieras tomado la molestia de encontrar mi casa y aquel día cuando cure tus manos y que intervine imprudentemente en la conversación que mantenías con el patriarca, seguramente hubiera sido el ultimo.
Afrodita se sintió desconcertado frente aquella hermosa doncella, pues ella era la primera persona que mencionara sus errores en el pasado, en su cara y que a la vez reconociera lo mucho que había cambiado desde que volviera a la vida. Se giro para ver a los ojos a la chica, interesado en la forma en que ella le mirase, pues sabía que en esa mirada pudiera encontrar un juicio sobre quien era en realidad.
Zahra se sonrojo al reparar en la cercanía en la que estaban ella y piscis, podía sentir la respiración del caballero en la cara y su dulce olor a rosas que expedía su cuerpo, retrocedió unos cuantos pasos pues sentía que en cualquier momento se desmayaría pero vio tanta tristeza y desolación en los ojos del caballero, aunque su rostro permaneciera implasmable que fue como si Afrodita le dijese lo arrepentido que estaba por su vida pasada, que no pensó más y extendió sus brazos hacia el santo y lo abrazo.
La doncella pudo sentir el fuerte y marcado pecho del caballero y escucho lo acelerado de su corazón, que latía en una sincronía perfecta con el de ella, escondió su rostro en el pecho de Piscis, abrazo fuertemente la espalda del santo y se emociono cuando sintió las manos del santo alrededor de su espalda.
-Eres la mujer más bella que conozco y no me refiero a tu aspecto físico. – Que claro estaba que la joven era súper atractiva. – Tus sentimientos Zahra son los más puros y benévolos que conozco, puedes conocer una persona tan retorcida como yo y aún así no me juzgas por quien fui, si no quien soy ahora y eso es una habilidad que muy pocos tienen. Muchas gracias Zahra.
Afrodita se separo de ella y camino hacia el jarrón donde descansaban las flores que le había dado a la doncella y las coloco frente al cofre donde descansaba el alma de Ares. – Si alguna vez Ares es capaz de encontrar una forma que te incite a liberarlo, ese día quiero que pienses en mi, pues esas flores no se marchitara mientras mi vida no lo haga y tu sigas confiando en mi, como yo lo hago en ti.
Zahra asintió emocionada y le miro acercarse a la puerta para irse, ya habían sido muchas emociones por una noche y ambos sabían que habían logrado despertar el interés en el otro. Afrodita abrió la puerta de la morada de la joven y volteo a verla con una franca sonrisa. - ¿Puedo verte mañana?
-Seria un placer. – Murmuro quedamente ella, sintiendo como si se le escapase el último aliento pues sentía un inmensa felicidad y opresión en el pecho, por lo que no pudo resistirlo más y llamo al santo que se volvió lentamente, Zahra corrió hacia él y enrollo sus brazos alrededor del cuello del santo y le planto un delicado beso en los labios. Sellando de esa forma la promesa que el caballero de Piscis acababa de hacerle.
…
El día era bastante caluroso que ni siquiera los altos techos del primer templo lograban ventilar una brisa fresca. Ceso el insistente martilleo y deposito este sobre un trozo de tela que tenia al lado, el cual hizo un clic metálico, se limpio el sudor con el dorso del antebrazo y soltó un gran suspiro, no podía negar que sus heridas aun le rendían cuenta a su cuerpo y aún cuando estuviera tan solo reparando las armaduras doradas de sus compañeros, sentía una inmensa fatiga debido a la pérdida de sangre.
Se sentó unos segundos recargando su espalda contra una de las pilastras de Aries y miro en derredor suyo las armaduras doradas, que yacían en su mayoría destruidas o con grandes fragmentaciones a causa de las batallas, sin lugar a dudas las armaduras de géminis y cáncer estaban tremendamente dañadas en comparación al resto, pero pronto volvió a reparar en Aries que reposaba en una de las esquinas del salón, estaba completamente destruida en pedazos, aun permanecía manchada por su propia sangre y se asemejaba mucho al daño que habían sufrido géminis y cáncer.
Pronto recordó su pelea con el titán Hyperion y la descomunal fuerza de este, no había ni siquiera logrado lastimarlo ni causarle un rasguño, a pesar de que había elevado su cosmos al máximo, los poderes del oji rojo le habían superado con creses demostrándole en realidad porque era una divinidad. Al final había logrado tan solo repeler el ataque final de Hyperion, pero lo que aun no entendía era el ¿Por qué el titán le había perdonado la vida? ¿Acaso creía que sus heridas terminarían consumiéndole?
Se incorporo lentamente y camino hasta la cocina de aries, donde se sirvió un vaso con agua que estaba tibia por la temperatura de Grecia y por primera vez en el día extraño estar en el Tibet, allá seguramente el clima seria más refrescante. Se llevo el vaso a los labios y de un solo sorbo termino con el contenido del vaso. Pensó en donde estaría Kiki en esos momentos, pues ya había tardado de volver de su entrenamiento, pero conociendo a su discípulo, seguramente se había distraído hablando con algún santo de bronce. Deposito el vaso sobre la mesa y salió a la sala de combates de su templo.
Sus pensamiento rápidamente volvió a la batalla del Olimpo; había perdido la batalla y seguramente la vida, si el titán no se hubiera retirado. Pero la duda seguía taladrando su cabeza. ¿Por qué Hyperion no le había matado ahí? Estaban los dos solos, sin la posibilidad de que Athena o alguno de sus compañeros hubieran acudido en su ayuda y si aun Kanon hubiera llegado, tal vez hubiera corrido con la misma suerte que él.
Alzo los ojos al percibir el cosmos de su discípulo y le vio venir alegremente por las escaleras de la primera casa, sonrió al verle y se aproximo hasta el extremo de estas para recibirle. Kiki corrió apresuradamente hasta él, seguramente porque acababa de reparar en que ya se le había pasado el tiempo para volver y que venía tremendamente retrasado.
-¡Maestro Mu! ¡No va a creerme lo que me paso! – Kiki se llevo una mano tras la nuca y se rasco la cabeza, mientras sonreía inocentemente.
-Seguramente algo importante, porque vienes retrasado. – Mu se recargo contra la pilastra y miro que la sonrisa de Kiki se desvanecía al verse descubierto de aquella forma. – Dime.
-Pues yo… - Kiki acelero su actividad mental para explicarle de una forma interesante a su maestro el porqué se había quedado platicando con Shun de Andrómeda.
-Buenos días Mu ¿Puedo pasar por tu templo? – Mu desvió su mirada de nuevo hacia las escaleras para ver en los peldaños finales la figura del italiano, se sorprendió de ver la palidez en el rostro del cuarto guardián y los numerosos moretones y heridas que se notaban en su cuerpo.
-Mascara de la muerte. – No pudo evitar su asombro de verlo de pie, pues consideraba que este permanecería en el sanatorio del santuario por más tiempo y el verlo regresar seguramente a Cáncer debía ser más por orgullo del caballero que porque estuviera recuperado.
El cuarto guardián alcanzo la sombra que proporcionaba el primer templo y alzo una ceja esperando la respuesta del lemuriano que pareciera que estaba viendo a un fantasma. - ¿Mu? -
-Discúlpame, claro que puedes pasar por el primer templo es solo que… - Mu volteo a ver a Kiki y le hizo una seña para que le esperase en el salón donde hacia unos segundos había estado reparando armaduras, cuando le vio desaparecer tras el marco de la puerta, volvió a encarar al italiano. – Creí que debías estar más tiempo en el sanatorio, tus heridas aún son graves.
-Por lo visto no soy el único que debería estar ahí, ni el único que se ha fugado de ese loco viejo cascarrabias. – Mascara de la muerte también había reparado en la palidez, las cicatrices y contusiones que habían tatuada en la piel de Mu, signo de la batalla que había sobrellevado con el titán. – No podemos mostrar nuestra debilidad y cansancio en estos momentos, de lo contrario Athena seguirá creyendo que no podemos pelear y permanecer en ese lugar tan solo era una muestra de que no podemos.
-Ninguno de nosotros nos acostumbramos a esta orden de Athena, sin embargo Athena tiene razón, si no nos recuperamos de nuestras heridas las siguientes batallas no podremos rendir a la máxima capacidad de nuestros cosmos. – Refuto el lemuriano, Mascara de la muerte chasqueo la lengua con cierta molestia, pues le costaba reconocer que Mu tenía razón, pues estaba seguro que si en esos momentos enfrentaba a un titán, no duraría ni media hora.
-De todas formas estar en ese lugar tan solo me hacía sentir más enfermo de lo que estaba. – Mascara de la muerte se rasco la mejilla y reparo en que aquella era la primera vez que mantenía una conversación con Mu, sin la presencia de otro santo dorado de por medio. – En fin creo que será mejor regresar a Cáncer.
-¿No quieres ver tu armadura? Justo ahora la estaba reparando. – El italiano se sorprendió de que Mu le invitase a quedarse por más tiempo, ya que no era propio de él, sin embargo asintió a la proposición.
-Te ha de sorprender como me la he cargado. – Mascara de la muerte sonrió a medias.
-En realidad no, creo que ya comienzo a acostumbrarme a verlas en ese estado tan deplorable, géminis y la mía están igual. – Mu le señalo la habitación donde estaban las armaduras, pero se detuvo al instante y Mascara de la muerte lo imito.
Sus sentidos se agudizaron de golpe y un escalofrió les recorrió la columna vertebral a ambos, mientras su cosmos les alertaba de un intruso, ambos compartieron una rápida mirada y justo en ese momento una de las columnas de aries se destruyo, los fragmentos de mármol volaron hacia ellos y una espesa nube de polvo los cubrió a ambos.
-¡Maestro! – Grito Kiki desde la habitación.
-¡Quédate ahí Kiki! – Mu se recargo contra una de las pilastras y vio que Mascara de la muerte también había librado el impacto de la columna de la misma forma que él. El cuarto guardián le miro consternado y sorprendido pues ¿Cómo alguien había sido capaz de llegar hasta el primer templo sin haber sido detectado por el resto de los caballeros?
Justo en ese momento otra de las columnas de Aries fue destruida en mil pedazos. Quien quiera que fuese su enemigo había logrado pasar las rondas de guardias y caballeros dispersas por todo el santuario sin que le detectasen y ahora estaba en la entrada de los doce templos del zodiaco, estaba en Aries, su casa y la cual debía proteger.
…
Continuara…
Comentarios:
Darkmiss01: Siempre he tratado que la relación Athena – caballeros dorados cambie a ser un poco más intima. Tu risa me sonó muy malévola, pero si Afrodita y Mascara de la muerte muy difícilmente cambiaran su perspectiva de la esposa de Hades. Las deidades al fin se han dado cuenta que obraron mal y están cambiando su forma de ser. Respecto a la relación de Ares con Afrodita me gusta mucho, pero no he encontrado una forma de apaciguar la ira del dios y el dolor del corazón traicionado de Afrodita. Artemisa si siente un gran cariño por sus guerreros y más por Touma que es el único humano y sabe que Marín siempre velara por su hermano. Si Aioros y Kanon van a seguir chocando por mucho tiempo, sus puntos de vista son radicalmente diferentes y obviamente esta la rivalidad por la atención de Saga.
LadyMadalla-Selena: Me gusto tanto "Alérgica al romance" que hasta lo puse en estado de Whatsapp y pronto el amor retornara entre la cobrita y Milo y más ahora que el alacrán está a salvo. Si va a ser un guiño la relación de Alfabica-Agatha, con Afrodita-Zahra. Disculpa los retrasos.
CordeliaBlackCat: Pero ahora Milito está bien. Tienes toda la razón Kanon y Aioros tienen una relación bastante conflictiva, sin embargo la amistad entre ellos es irrompible. Seiya pronto tendrá su protagonismo en esta historia y los demás santos de bronce también, después de todo no se les puede desplazar por completo. Y la siguiente historia que actualice prometo que será nacido de la oscuridad.
Artemiss90: Creo que Milo-Camus, Afrodita-Mascara, Mu-Aldebaran, Kanon-Saga-Aioros entre otras son de esas amistades que uno da todo de sí. Ten seguro que pronto tendremos mucho hermanitos gemelos en los siguientes capítulos.
Beauty4ever: Son los gigantes, Mimas es el primero y bueno te he introducido dos más en este capítulo y ya veremos cómo Mu y DM sufren de un dilema pues no pueden atacarlo, sin embargo Mu tiene la obligación de defender la primera casa. Mucho más abra de la parejita venenosa y de los gemelos.
Misao-CG: Muchas gracias por tu comentario y bueno aunque me tardo en actualizar siempre trato que los capítulos sean buenos y los dejen picados para el siguiente. Y tienes toda la razón, no solo amo escribir si no que hay fragmentos de historia como donde hay acción y tristeza que es donde más me explayo, en las de amor medio me choqueo jajaja pero también trato de hacerlo, espero saber de nuevo de ti ¡Mil gracias por tu comentario!
Lady-sailor: Que bueno que te haya gustado el capitulo, agradezco mucho tu comentario y si plata y bronce también relucirán en mi historia ya lo veras. Y claro que abra más Afrodita-Zahra.
Atte: ddmanzanita.
