Advertencia: el siguiente capítulo contiene material NSFW explícito.

Capítulo 12

Se desplazó por la amplia geografía del cuarto hasta llegar al armario. Tenía la impresión de que solo había dormido unas cuatro horas, pero ya era de día y estaba demasiado atareado para volver a la cama.

Los recuerdos de la noche anterior deambulaban por su mente, tornando más tenso el nudo que llevaba en el vientre. Sabía que había perdido una gran oportunidad, no obstante, la sensación de culpa instalada en su pecho le decía que aquello no era correcto, sentía como si estuviese aprovechándose de la situación; todavía era el jefe de Sakura, mientras ambos continuaran trabajando en el Hospital General de Konohagakure compartirían ese lazo.

Tomó una de las camisas meticulosamente alisada, lanzándola a la cama. Si bien, la relación de la pelirosa con su hermano era cosa del pasado, intuía que Sasuke no tomaría la noticia de un posible noviazgo de buena manera, lo había dejado en claro la noche en que se reunieron en la casa de sus padres, emitiendo un amago al aire.

El cuento de hadas, más pronto que tarde llegaría a su fin, lo corroboró cuando atendió al insistente llamado de Sasuke, anunciándole que el tiempo otorgado para firmar el divorcio se prolongaba a petición de Izumi.

Aquella cuestión era uno de los tantos males que lo aquejaban. Ante la rigurosa mirada de la ley seguía casado con Izumi; si bien llevaban en proceso de divorcio más de dos años, la pelinegra se empeñaba en evitar lo inevitable, esperando que cambiara de opinión, ya fuese por decisión propia o con la ayuda de algún vestigio divino. Itachi entendía que su ex mujer no iba dejarlo marchar tan fácil, era ingenuo de su parte pensar que ella firmaría el divorcio con tal de concederle la oportunidad de resguardarse en los brazos de otra fémina.

Al principio consideró que sus sentimientos hacia la pelirosa se basaban en la atracción, Sakura era una mujer arrebatadoramente hermosa, de insólita beldad, podía pasar minutos enteros contemplándola, embelesado; su indómita mirada esmeralda despedía un realce encantador, avivando las emociones que consideraba habían muerto hace mucho tiempo, pero que solo estaban dormidas. Conforme el tiempo transcurrió se percató que la afinidad persistía, más todo se tornaba ininteligible; la propia complejidad de sus pensamientos lo hizo darse cuenta de que Sakura era un bálsamo para el alma.

Aquellos pensamientos ocupaban su mente mientras abandonaba la habitación y se dirigía a la planta baja del hotel, donde la pelirosa aguardaba por él para desayunar.

El restaurant estaba ubicado en un cuadrangular de habitaciones cerca de la piscina, mas allá de la tranquilidad de la exquisita estructura victoriana se alcanzaba apreciar un grupo de edificios de gran altura, recordándole que estaban en el corazón del moderno barrio de Amegakure. Podía sentir el calor matutino filtrarse entre la tela de algodón de su camisa. Con las manos en los bolsillos del pantalón, se aproximó a la mesa donde se encontraba Sakura.

Ella no se percató de su presencia de inmediato. Su mirada se mantenía clavada en las páginas amarillentas y desgastadas de un libro de bolsillo, la atención centrada en el argumento dramático, abstrayéndola de todo lo que acontecía a su alrededor. Tomó asiento en una de las sillas desocupadas, autorizándose a vislumbrarla en silencio. Observó su perfil recto, la nariz pequeña y respingada, las mejillas sonrosadas por los rayos del sol y los labios carnosos ligeramente entreabiertos. Contuvo la respiración en la garganta al rememorar la sensación de su boca sobre la de él, dulce, demandante, tentativa, adictiva.

Aun atrapada en la telaraña de la historia, Sakura parpadeó, aturdida.

—No te vi llegar— dijo, encogiéndose de hombros.

—Estabas entretenida, no deseaba perturbarte— respondió, curvando la comisura de sus labios en una media sonrisa.

Un sonrojo avivó el tenue color rojizo en sus mejillas, al mismo tiempo que bebía de la taza de té humeante.

La cómoda afonía se instaló entre ellos. A pesar de los acontecimientos de hace algunas horas, ninguno de los dos se inmutó en otorgarse atención especial, estaban habituados a portar una máscara y pretender ante los demás, aun cuando las ansias carcomían a Itachi por dentro, quien mataría por tener un ápice de sus cavilaciones.

—Me gustaría saber en qué piensas cuando luces tan seria— espetó, preso de un extraño y abrumante impulso de sinceridad.

Sakura lo contempló por el rabillo del ojo, intentando ocultar un traicionero sonrojo.

—No puedo revelarte todos mis secretos, Uchiha—finalmente rompió el silencio, con un retozó juguetón en los labios.

Itachi exhaló. Le había otorgado la misma replica al evadir su pregunta durante la gala, era un truco sucio, pero justo.

La conversación que apenas comenzaba se vio interrumpida por el mesero del lugar; un adolescente nervioso, con gafas de pasta y voz temblorosa. Ambos realizaron sus respectivos pedidos, solicitando un bol de arroz blanco cubierto por un mix de verduras, tiras de carne y huevo. Con la orden en el talonario, el joven se marchó, dejándolos solos.

No había nadie más en el lugar, los únicos sonidos que rebarbaban por la habitación eran conversaciones ocasionales de los turistas cerca de la piscina y el traqueteo de los cubiertos de algunos comensales presentes.

—Hablé con Sasuke— soltó la pelirosa de barrajo, apartando la mirada lemanita del enorme ventanal para situarla sobre su rostro.

Su corazón dio un vuelco al escucharla. Temía que ella prosiguiera con el relato. Estaba al tanto de que tanto Sakura como su hermano aun mantenían contacto, pero desconocía el tipo de proceder entre los dos. Si bien, su compromiso había finalizado, sabía que los sentimientos de una persona no cambiaban o se desvanecían de la noche a la mañana.

— ¿Cuándo fue?— preguntó, removiéndose en su asiento, inquieto.

—Hace dos noches— contestó Sakura con naturalidad, dejando la taza de té sobre lamosa—. Acudí su apartamento para discutir algunas cuestiones que quedaron inconclusas. Todo ha terminado.

La sensación de calma se extendió por su pecho, pero un ínfimo escozor de reconcomio permanecía. Tal confesión era la pauta por la que había aguardado todo ese tiempo. Sakura era libre de Sasuke y dejaba entrever la posibilidad de iniciar una relación. Era imprudente y denodado, pero estaba dispuesto a correr el riesgo.

Apartó la oscura mirada de la bella faz de su acompañante hasta atisbar su delicada mano sobre la mesa. Sus dedos se rozaron en un toque premeditado, tímido. No obstante, fueron interrumpidos por el estridente repiqueteo proveniente del móvil de la pelirosa.

Apenada, echó un vistazo a la pantalla.

—Lo lamento, debo atender esto— se disculpó, encogiéndose de hombros como lo hacía ante toda situación inesperada en su vida.

Asintió con un leve movimiento de cabeza, como otorgándole permiso de abandonar la mesa.

Cuando ella estuvo lejos dejó escapar un largo y pausado suspiro. Imaginó que la revelación de la pelirosa le brindaría el ansiado aplomo que había perdido cuando la contempló por primera vez, sin embargo, solo sirvió para acrecentar su deseo por ella.

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La ostentosa oficina, sin duda, era el epitome de la decoración clásica renovada. Las paredes blancas y el enorme ventanal que enmarcaba el horizonte de la ciudad, le conferían a la habitación una deslumbrante luminiscencia.

Después del desayuno, los neurocirujanos se dirigieron al otro extremo de la bulliciosa urbe de Amegakure, cerca de la bahía, donde las oficinas de la compañía farmacéutica se encontraban. Llevaban la mitad de la tarde confinados en el lugar, tratando de establecer un acuerdo justo, que beneficiara a las partes involucradas: un juego de suma no cero.

Los ejecutivos principales aun no arribaban a la reunión. Tanto Sakura como Itachi, esperaban encontrarse cara a cara con alguno de los directivos para expresar sus consternaciones y ejercer cierta presión. El destino del hospital reposaba en sus hombros, cualquiera que fuese su decisión marcaría el rumbo del sanatorio.

Una de las afables asistentes que contemplaron al arribar, ingresó a la antesala con una charola plateada repleta de aperitivos y dos copas de vino, todo especialmente preparado para sus invitados.

Ambos agradecieron las atenciones de la afable joven con una sonrisa, aguardando el momento de su partida para retomar la charla.

—Por sobrevivir a este encuentro sin sufrir un aneurisma— espetó, levantando su copa a manera de brindis.

—En verdad eres insufrible— dijo entre risas—. No entiendo que estas quejándote, tenemos buen vino, buena vista y deliciosos aperitivos.

—Eso es lo que quieren hacer, Sakura— dio un sorbo a su bebida, degustando el exquisito sabor del tinto seleccionado para el encuentro—, compraron con distintas cosas para pensar como ellos— agregó, situando la mirada sobre la de ella—. Nunca permitas que esto se convierta en dinero.

Durante su carrera, Itachi había vislumbrado a las mejores mentes de su generación sucumbir a las tentaciones del poder y la riqueza. Cuando ingresó a la universidad se prometió a si mismo apegarse a sus principios en todo momento.

—Si detestas esto es porque estas familiarizado— murmuró Sakura.

Incapaz de contener una sonrisa, Itachi dejó escapar un suspiro de resignación. Era imposible mantenerse al margen con los comentarios osados de la pelirosa.

—Durante mi juventud presencie este tipo de reuniones hasta el cansancio. Personajes poderosos acudían con mi padre en busca de ayuda— relató; la voz calmada—. Sé cómo es esta gente, intentan comprar a las otras personas, ganarse su favor con frivolidades.

Los dos sabían que se encontraban ahí por el bien de los pacientes.

Antes de que la pelirosa pudiese otorgar una respuesta, las amplias puertas de la entrada se abrieron de par en par y pocos segundos después ingresó un equipo de ejecutivos y directivos de la empresa, ataviados en elegantes atuendos, de aspecto calmado y sonrisa fingida.

—Uchiha Itachi— paladeó un hombre de mediana edad, con la misma confianza que solo el transcurrir de los años confiere a las relaciones—. Es un placer tenerlos con nosotros— añadió con voz suave.

El azabache curvó los labios en un fallido intento de sonrisa. Los dos abandonaron sus asientos de inmediato, comenzando con la ronda de presentaciones.

—Estamos deleitados de que pudiesen unirse a nosotros hoy— agregó una dama a su costado—. La aseguradora es fan número uno de su programa de investigación.

—Más oportunidades monetarias, si saben de lo que habló— respondió el sujeto, lanzando una carcajada gutural.

Tanto él como Sakura soltaron una carcajada incomoda. La broma no les había causado ninguna gracia, y por lo que contemplaban, sobrellevar la reunión iba a ser más complicado de lo que esperaban.

—Permítanme presentarles a la doctora Haruno— dijo el pelinegro, con voz fuerte y amable—. Ella es una de las cirujanas más jóvenes y prometedoras del HGK, la próxima generación de la medicina.

Sakura enrojeció hasta la punta del pelo, como una niña pequeña. Los últimos minutos habían transcurrido entre espasmos y suspiros entrecortados, intentando ocultar lo que los halagos de Itachi generaban en ella.

—Es un alivio que el legado de Haruno Mebuki continúe hoy en día— espetó el ejecutivo, estrechando su mano con la de ella en un saludo formal.

—Es un placer conocerlos— respondió; un rictus de tensión comenzaba a opacar su sonrisa—. El doctor Uchiha ya me ha impresionado al contarme sobre el lazo que comparten ustedes con el HGK— espetó, sonando más fresca y renovada—. Espero ansiosa que continuemos trabajando codo a codo para ayudar a los pacientes de la manera más legal y económica posible.

Todos los ahí presentes tomaron asiento en sus respectivos lugares.

—Está haciendo una buena impresión, doctora Haruno— dijo la dama, suavizando la mirada solo cuando contempló a Itachi. Sakura pensó que no existía mujer en el mundo que fuese inmune a sus encantos.

—El convenio perdurara muchos años— aseguró el individuo, colocando frente a ellos las carpetas revestidas de cuero sintético. Las negociaciones iniciarían pronto, lo cual era un alivio para ellos dos.

—Tengo una fabulosa idea— resopló la mujer, apartando la mirada de los documentos—¿Por qué no se unen a nosotros esta noche para cenar? Asi podrimos charlar sobre la relación de nuestra compañía con el hospital.

El semblante del pelinegro demostraba aturdida preocupación en contraste con la expresión desentendida de su acompañante. Lo último que deseaba era pasar la noche rodeado de esas personas.

—El doctor Uchiha estará encantado— aseguró Sakura, adelantándose a cualquier replica preparada por el azabache. Colocó una mano sobre su brazo, estrujando con delicadeza la musculatura del bíceps perfectamente torneado, al mismo tiempo que clavaba la mirada esmeralda sobre sus ojos oscuros.

—Por supuesto— concedió el aludido. Ambos directivos lucían más que complacidos con respuesta—. Ahora si pudiésemos revisar los términos de la renovación del convenio— sugirió con un carraspeo, reacomodándose en su asiento.

—Hemos cubierto los grandes tópicos con Tsunade la semana pasada, pero hay algunos puntos que debemos ultimar— anunció la mujer sin apartar la mirada del documento.

Las últimas dos horas transcurrieron en una danza de cortejo entre dos grandes corporaciones. Sin lugar a dudas, Itachi se había preparado para afrontarlos, hablaba fluidamente sin titubeos. Si bien ellos sabían de biotecnología casi tanto como los dos, el Uchiha tenía más conocimiento en ciertos aspectos.

Cuando las dos partes dieron por finalizado el juego de suma no cero, Sakura contempló aquella oportunidad para intervenir.

—Me gustaría añadir algo más a las cláusulas del contrato— decretó, segura de sus palabras. Como era de esperarse, atrajo un par de miradas curiosas hacia ella—. Debemos mejorar la calidad de la atención en el área pediátrica. Mencionaron que era el treinta por ciento de su negocio, estaría perdido si simplemente lo dejan pasar.

—Es un punto fuerte— concedió la fémina, entrelazando sus dedos a la par que se inclinaba ligeramente hacia el frente, realizando un escrutinio silencioso—. Supongo que podemos arreglar otorgar puntos extras en reembolsos.

Sakura asintió con un ligero gesto de cabeza; no era lo que esperaba, pero al menos gran parte del presupuesto invertido a los niños les sería devuelto.

Con la negociación cerrada, los cirujanos abandonaron la oficina, dirigiendo su andar hacia el ascensor.

—Fue un buen movimiento presionarlos al final— presionó el botón que indicaba el descenso. Ocultó las manos en los bolsillos de pantalón y admiró a la pelirosa de reojo, absorto en sus pensamientos.

—Debía conseguir algo extra para nuestros pacientes— replicó en un suspiro, encogiéndose de hombros

Las puertas del elevador se abrieron; con una ligera sonrisa decorando sus labios, Itachi ingresó detrás de ella.

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La energía frenética y esencial de la multitud bulliciosa le daba a Itachi un intoxicaste vértigo. Directivos, famosos y millonarios se congregaban en distintas mesas por todo lo amplio y ancho del suntuoso lugar, manteniendo conversaciones avivadas, ahogando el sonido de la música con las risas escandalosas.

Llevaba más de una hora postrado en su asiento, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no lucir demasiado constipado. Después de su arribo al hotel, Sakura se había marchado sin decir una palabra, dejándolo completamente solo. Pensó en posponer el encuentro, inventar alguna patética excusa para librarse del martirio y resguardarse en su habitación durante el resto de la tarde y noche. Sin embargo, Tsunade no demoró en llamarlo, incitándolo a presentarse y pasar tiempo con ellos, decía que era mejor mantenerlos contentos para no atribuirse problemas innecesarios.

Más resignado que motivado, Itachi se dispuso a cruzar por el punto de la ciudad hasta arribar a uno de los restaurantes más famosos entre la urbe de Amegakure. Según lo relatado por sus acompañantes la lista de espera era de casi dos años para los simples mortales, no obstante, para ellos solo bastaba con realizar unas cuantas llamadas para obtener una reservación.

Durante esos minutos había escuchado historias sobre los lujos que ambos poseían a costa de jugosos contratos con otros hospitales y empresas de biotecnología. Itachi no se sorprendía fácilmente con los cuentos de viajes extravagantes, encuentros con famosos, fiestas o cenas, contemplaba aquello con la debida apatía que merecía sin prestarle mayor importancia.

Se decía a si mismo que Sakura no saldría bien librada, gracias a ella se encontraba absorto en una incómoda situación con dos emisarios infernales; de una u otra manera obtendría su merecido.

La vibración del móvil resguardado en la bolsa de su saco lo usurpó de la conversación. Con discreción alcanzó el dispositivo, atisbando el nombre de Sakura reflejado en la pantalla. Se preguntó si sería resabiado de su parte ignorar por un momento a los anfitriones. Lejos de reparar en las consecuencias que tal irreverente acto pudiese desencadenar, situó la atención en el mensaje, ignorando el acalorado debate sobre los últimos relatos de la prensa rosa de Amegakure.

SH 9:45 pm

¿Cómo marcha la cena?

Itachi rodó los ojos; detectaba el sarcasmo en su cuestionamiento. Era una mujer descarada cuando realmente se lo proponía.

IU 9:46 pm

Aún no he muerto. Sin embargo, estoy seguro que tomare cartas en el asunto.

SH 9:46 pm

Estoy ansiosa de ver eso ;)

Esbozó una sonrisa atontada. Para ser sincero consigo mismo, le decepciona el hecho de que la última noche del congreso la pasara a lado de dos completos desconocidos. Lo que había ocurrido el día anterior en su habitación no podía repetirse, era indecoroso y peligroso para ambos. No obstante, después de que Sakura se marchara, se mostró incapaz de controlar sus propios pensamientos, parecía un adolescente fantaseando sobre las distintas formas que deseaba degustar su cuerpo, una y otra vez hasta el cansancio. Eran increíble los efectos que ejercía sobre su buen juicio.

IU 9:47 pm

¿Cómo va tu noche?

Se apresuró a replicar, resguardando el dispositivo en uno de los bolsillos de su pantalón.

— ¿Qué opinas al respecto, Itachi-san?— preguntó la mujer, batiendo las pestañas.

—Disculpen, estaba un poco distraído— carraspeó— ¿sobre qué?

—Okimoto-san mencionaba que las playas de Uzushiogakure son mejores que las de Konohagakure— dijo el hombre, ayudándolo a entrar en contexto.

—Prefiero la costas de Konohagakure— su voz carecía de emoción mientras su celular vibraba de nuevo, notificándole la respuesta de Sakura.

—No son específicamente una belleza— respondió la mujer, arrugando la nariz ganchuda mientras degustaba un sorbo de sake.

—Para mí poseen cierto valor sentimental— profirió con el tono de profeta que utilizaba cuando quería convencer a los demás de algo.

Ambos cambiaron de tema de inmediato, permitiéndole revisar por segunda ocasión el móvil.

SH 22:00 pm

Acudí a una conferencia y después Salí a cenar con mi madre.

IU 22:00 pm

¿Se encuentra en la ciudad?

SH: 22:01 pm

Si, fue por ese motivo que llamó en la mañana.

Voy de regreso al hotel, ¿necesitas ser rescatado de nuevo?

Itachi sacudió la cabeza levemente, aquella chica era incorregible.

IU 22:02 pm

Puedo apañármelas por mi cuenta.

Atisbó la oración que indicaba que Sakura estaba escribiendo una respuesta; pensó que tal vez titubeaba y aguardó, paciente.

SH 22:03 pm

¿Quieres que hagamos algo luego de librarnos de nuestros compromisos?

Itachi sonrió.

IU 22:03 pm

¿Qué tienes en mente?

Aventuró, apartando durante algunos segundos el teléfono, cerciorándose que los directivos de la farmacéutica continuaran absortos en su propia charla. Al echar otro vistazo a la pantalla, notó la rápida réplica de la pelirosa:

SH 22:06

Conseguí una exquisita botella de vino tinto y una caja de chocolates finos.

Si aceptaba la invitación de Sakura estaba consiente que repetirían el asunto inconcluso de la noche anterior. Cada vez le resultaba más complejo contener sus impulsos cuando estaba cerca de ella.

IU 22:07 pm

¿Nos veremos en mi habitación de nuevo o en la tuya?

Preguntó en ipso facto, notando como el palpitar de su corazón se aceleraba, golpeando con violencia la caja torácica al mismo tiempo que retumbaba con fuerza detrás de sus oídos.

SK 22:07 pm

Aguarda cerca de la salida de emergencias del piso numero veinte, daremos un paseo por la terraza del hotel.

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Echó un vistazo al reloj de pulsera, corroborando la hora por tercera ocasión en un lapso menor a diez minutos.

Sakura aún no arribaba; a medida que los segundos transcurrían sus ansias se acrecentaban. Mientras aguardaba por ella en el pasillo del último piso, Itachi tamizaba sentimientos desconocidos y evocaba una y otra vez efigies de la velada anterior. Ninguno amainaba. Los músculos de su vientre se tensaron involuntariamente al evocar otro detalle: los pechos de Sakura separados y pequeños, en la espalda, un lunar cubierto a medias por uno de los tirantes del vestido. Cuando acaricio su sexo, el vislumbre triangular que las bragas ocultaban, húmeda.

Escuchó el rápido andar repicar entre las paredes de la angustura, al apartar la mirada del suelo, se percató de la presencia de Sakura, quien caminaba en su dirección.

La respiración se solidifico en los pulmones al atisbarla, se preguntaba si existía algún hombre en la faz de la tierra que fuese invulnerable a los encantos de aquella ninfa de cabello rosado. Sus caderas se contoneaban, desvelando la piel del muslo entre la abertura de su falda al desplazarse. Itachi tragó grueso, realizando un esfuerzo sobrehumano para no desmoronarse ante sus pies.

—Lamento la tardanza— se disculpó, llevando un mechón de cabello detrás de su oreja— ¿Estás listo para nuestra aventura?— cuestionó, procurando el temblor que la emoción le confería a su voz.

—Dirige el camino— accedió el azabache.

Sakura sonrió extasiada, sin más demoras lo dirigió al final del pasillo hasta alcanzar una de las puertas de servicio; el cartel iluminado indicaba la salida. Ambos echaron un vistazo a su alrededor, asegurándose que no hubiera testigos en la escena. Con un rápido movimiento, la pelirosa empujó la tranquera, permitiendo el ingreso de la brisa estival nocturna y descubriendo un camino de escaleras metálicas que conectaban al techo del resort.

— ¿Esto está permitido?— preguntó Itachi mientras le seguía el paso. No deseaba sonar como un aguafiestas, pero tampoco quería verse inmiscuido en problemas, aquel acto era una muestra del impulso errático que los dominaba a ambos sin temor a las consecuencias.

—No del todo— aseguró calmada—, pero puedo guardar un secreto.

Tras un par de peldaños más, ambos plantaron los pies en el suelo de concreto, admirando la inefable vista de la ciudad: los edificios eran densamente apretados en esa parte, escalaban abruptamente la ladera de la montaña. La urbe era un alboroto de luces, con rascacielos iluminados y el espectro de colores reflejados en el oscuro firmamento.

Del enorme bolso que llevaba consigo, Sakura sacó una botella de vino, el destapa corchos y una diminuta caja de chocolates, tal como lo había prometido.

—Si no demostraras cierta espontaneidad en ocasiones juraría que habrías planeado esto— espetó Itachi.

—Es nuestra última noche en Amegakure— dijo ella, extrayendo el corcho con habilidad—. Debemos sacar lo mejor de esto— añadió, lanzándole un guiño al mismo tiempo que daba un largo trago de la botella— ¿Cómo estuvo la cena?— cuestionó, extendiéndole el contenedor de licor.

—Por poco muero de aburrimiento— confesó rendido, propinándole un elegante sorbo a la redoma de tinto.

En un gesto endemoniadamente seductor y premeditado, la pelirosa tomó un chocolate de la caja, llevándolo hasta sus labios. Dejó escapar un pequeño gemido de satisfacción al degustar la exquisita mezcla del dulce. Itachi volvió a tragar grueso. No era común que tales ademanes surtieran efecto, pero comenzaba a notar como el pulso se le aceleraba al mismo tiempo que los músculos de su abdomen se tensaban.

—Estaba haciendo una obra de caridad— respondió, orgullosa.

— ¿A quién?— cuestionó el azabache, confundido.

—A la ejecutiva, por supuesto— comenzó—. Noté como te miraba durante la reunión, asi que decidí realizar un movimiento.

Itachi exhalo con fuerza, devolviéndole la botella.

—Fue benevolente de tu parte.

—Lo que realmente deseabas decir era "gracias, doctora Haruno"— soltó una risita—. Soy una de las cirujanas más jóvenes y prometedoras del HGK, ¿o me equivoco?, ¿Qué fue lo que dijiste después?, ¡Ah, sí!, el futuro de la medicina— prosiguió, sacando a relucir la lista de cumplidos que le había otorgado durante la reunión con los ejecutivos.

—Por favor, detente— solicitó Itachi; un sonrojo encendía sus mejillas, evidentemente apenado.

—Soy tu debilidad— dijo la pelirosa con ese tono tan categórico que utilizaba para hacer creer a cualquiera lo que se le viniera en gana.

Estaban lo suficientemente cerca para percibir el calor que emanaba de sus cuerpos. Sakura se sintió acorralada por él. Había iniciado ese pequeño juego con la intención de molestarlo, sin embargo, ya no tenía ganas de hablar sobre los acontecimientos de la noche. El ambiente estaba cargado de tensión, la mirada de Itachi viajó de sus ojos hasta sus labios haciéndola tragar.

— ¿Acaso preferías que me refiriera a ti como un incesante dolor en el trasero?— indagó, levantando una ceja. Sakura rió— ¿Cómo estuvo la reunión con tu madre?

Ahora fue el turno de la pelirosa para dejar escapar un largo suspiro. Sin pensarlo dos veces, propinó otro trago a la botella, mientras encontraba las palabras adecuadas para describir su encuentro con Mebuki.

—Nada impresionante— replicó, clavando la vista en el horizonte—. Mi madre es un personaje complejo.

— ¿No compartes una buena relación con ella?

—En realidad si— contestó, clavando los brillantes fanales esmeraldas sobre los oscuros de su acompañante—.Solo es una mujer complicada— aclaró—, pero no quiero hablar de ella en este momento.

Itachi se maldijo internamente por arruinar el momento. Había desaprovechado la oportunidad de estar cerca de ella. Solo restaban unas horas más para que la luna de miel llegara a su fin, obligándolos a regresar a la realidad.

—Es tarde— dijo Sakura, dando media vuelta, dispuesta a emprender el camino de regreso a su habitación.

—Espera— la detuvo Itachi, sujetándola con delicadeza de la muñeca. No iba a rendirse tan fácilmente. Con un sonido como el de una rama seca que se rompe, la botella se desgajo de la mano de la pelirosa, rompiéndose en pedazos triangulares que cayeron cerca de sus pies, derramando el resto del licor.

El ligero roce envió escalofríos por dodo su cuerpo. En un abrir y cerrar de ojos, el azabache la acorralo contra la pared. Sentía las rodillas débiles y trémulas.

Itachi deslizó la mano por la longitud de su mandíbula, ascendiendo hasta su labio inferior. Sakura enredó los dedos en el borde de su camisa, atrayéndolo hacia ella. Un pequeño gemido brotó desde el fondo de su garganta al notar la sonrisa perversa en los labios del pelinegro, la estaba torturando.

—Te estas burlando de mi— susurró entrecortada; la ardiente sensación entre sus muslos comenzaba a tornarse dolorosa.

—Tu comenzaste— le recordó, acallando la posible respuesta con un beso. Acarició sus brazos desnudos, bajó por las costillas y detuvo en las caderas. Ella gimió contra su boca, ansiosa.

La humedad comenzaba a derramarse. De manera autómata y como si fuese capaz de leer su mente, Itachi la levantó del piso, separando sus piernas para abrirse un espacio entre ellas. Sakura se quedó sin aliento, mas no pudo recupero, una demandante presión recayó sobre sus labios hinchados, perdiendo el poco control que le quedaba.

Se abrió paso entre ellos, mientras afianzaba los muslos a la cintura del hombre. Escabulló la mano por el dobladillo de la camisa, localizando la hebilla del cinturón. Itachi la sostuvo por las caderas, tirando de ella con fuerza, desesperado por sentir aquella tortuosa pero delicias fricción entre sus sexos.

El azabache suspiró contra el cuello de Sakura al percatarse como enredaba sus finos y delicados dedos alrededor de su miembro. Incapaz de contener la sorpresa, lo contempló con los ojos bien abiertos; en definitiva era más grande de lo que esperaba. Yacía en su mano caliginosa, crasa y erecta.

Delineó la circunferencia de la punta con el pulgar, haciéndolo temblar. Ella sonrió, triunfante, y sin más detenimientos, comenzó a acariciarlo desde la base hasta la cúspide, de arriba hacia abajo una y otra vez.

Itachi empujó los dedos hacia su cabello, besándola de nuevo, hambriento. Mientras ella mantenía el ritmo, gimió contra su boca, al mismo tiempo que deslizaba una mano debajo de la camisa, encontrando un pecho desnudo. Acarició el pequeño pezón erecto, obligándola a arquear la espalda, percatándose como se estremecía bajo su toco.

Ella ocultó el rostro en la curva de su cuello, acallando los jadeos de excitación.

—Termina para mí, Itachi— susurró en su oído para después depositar un beso sobre su cuello.

Los músculos de su cuerpo se tensaron al escucharla decir eso. Se estremeció al alcanzar el clímax, derramando su semilla caliente y húmeda sobre su mano.

Transcurrieron unos cuantos segundos para que ambos recobraran el sentido y se apartaran. Sakura mordió su labio inferior al contemplarlo; Itachi sacudió la cabeza, avergonzado. Volvió a besarla, pero en esta ocasión fue solo un casto roce.

—No digas que lo sientes— solicitó Sakura. Sabía que más pronto que tarde, la sensación de culpa recaería sobre él.

Itachi reajusto su ropa, abrochó el pantalón y volvió a ponerse el cinturón. Del bolso de la pelirosa extrajo un puñado de pañuelos desechables. Un sonrojó coloreó las mejillas de Sakura mientras limpiaba su mano.

— ¿Quieres que te acompañe a tu habitación?

Sakura asintió con una ínfima sonrisa; recogió sus cosas y encaminó su andar hacia las escaleras.

Mientras bajaba por los peldaños, uno por uno, esperaba que la oleada de emociones y sentimientos que la golpeaban en ese instante fuese el resultado de protagonizar un acto tan descarado y no porque estuviese enamorándose de él.

Continuará

N/A: ¡Tra y lá! De esta forma cerramos el capítulo 12.

Sabemos que después de esto nada volverá a ser igual, asi que ajusten sus cinturones y prepárense para adentrarse en una montaña rusa llena de dramatismo y suspenso.

Como siempre, mil gracias por leer y comentar. Me siento profundamente halagada al recibir tanto apoyo con este proyecto que me motiva a continuar. Donde quiera que se encuentren, quiero que sepan que apreció muchísimo que tomen parte de su tiempo para leer, ya sea para distraerse de los deberes, el confinamiento o cualquier situación que estén atravesando. Gracias totales, les envió un fuerte abrazo.

Sin nada más que agregar, esto es todo por el momento.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado

Por ahora yo me retiro a descansar

¡Saludos! ¡Nos leemos hasta la próxima!