Feliz navidad y año nuevo a todos muy retrasado, solo me queda decirles a todos que muchas gracias por haberme acompañado durante este tiempo y de lo mucho que sus comentarios me han ayudado a continuar esta historia, espero que disfruten de esta navidad y gocen con sus seres queridos.
Capitulo 37: Descansa, que voy a por ti.
El clap de la puerta cerrándose a su espalda resonó fuertemente, miro en derredor suyo pensando que tal, habría logrado atraer la atención de los enfermos del sanatorio ateniense o de sus médicos, sin embargo estos ni si quiera se inmutaron, simplemente siguieron con sus actividades, acostumbrados al chirrido que solían hacer las puertas y ventanas de un edificio tan viejo como ese.
Una ráfaga de viento se deslizo por todo el pasillo dando una ligera brisa fresca que disminuyo por unos segundos el calor agobiante de Grecia, sus cabellos celestes jugaron con aquellas ventiscas deslizándose acorde a los remolinos y contravientos que se formaron en torno a ella, lo que le provoco un escalofrió, que le recordó por unos segundos, la forma en la que reacciono su piel al sentir el inmenso hielo creado por el caballero de cisne.
-"Scatha ha mejorado considerablemente, sus heridas han sanado, sin embargo aún no despierta, me gustaría hablar con ella una vez más antes de irme, pero supongo que se opondría firmemente a que yo peleara en su lugar." – Se dijo para sí misma.
Camino en silencio por el sanatorio hacia la salida, sus ojos ámbares iban fijos en el suelo mientras sus pensamientos giraban en torno a Anteios y los planes que este tendría para ella y los demás berserkers en un futuro.
-"Aún cuando rechazáramos la oferta del dios Anteios y viviésemos con esta libertad condicional, en algún punto uno de nosotros sucumbirá ante los deseos del dios Ares que encontrara una forma de nuevo para someternos para liberarle." – Una vez que se vio fuera de aquella gran construcción, camino por el sendero cubierto por copas verdes hacia la parte del santuario ateniense que se encontraba en escombros y que algunos caballeros y guardias se removían entre ellos con el fin de restaurar aquellas hermosas edificaciones, que en un pasado debieron resguardar a cientos de caballeros a través de los años, hasta que las guerras o el tiempo lograron hacerlos sucumbir. – "Y de ser así, Ares podrá tomar no solo de nuevo a su ejército si no que golpeara directamente al santuario desde su interior. Es por ello que no entiendo ¿Por qué Athena nos permite permanecer en el santuario? ¿Por qué muestra tanta benevolencia para quienes tan solo hemos sido sus enemigos? Yo estuve a punto de matarla y aún así ella…
Aldana se detuvo en medio de un templo casi destruido por completo, la gran mayoría de su techo había sucumbido pero las paredes laterales aun continuaban de pie, alzo lentamente su mirada felina, la cual se encontró con aquella imperturbable mirada zarca que la observaba intensamente y sin embargo, no expresaba ninguna emoción o sentimiento, era como si los ojos de aquel santo pudieran traspasarla y leer su mente con tan solo verla, tal y como el sol lograba introducir sus rayos luminosos a través del más macizo iceberg.
-Buenos días Camus. – Saludo quedamente la joven acercándose al caballero de acuario, a quien no había vuelto a ver desde que ella se encontrara bajo el influjo del cosmos del dios de la guerra.
-Hola Aldana. – Camus hizo una leve inclinación respetuosa hacia la joven sacerdotisa de Ares y se acerco a ella para conversar, lo que turbo notoriamente a la joven. - ¿Cómo estás? – La escocesa supo al instante que el caballero se refería a las heridas que había sufrido durante la batalla en el salón patriarcal.
-Ya estoy bien. – Sonrió. El francés reparo en que aquella era la primera vez que la joven estaba sonriendo y aquel aspecto melancólico poco a poco comenzaba a desaparecer de su rostro, tal y como Milo se lo había dicho. – Pensé que tú eras el único caballero que utilizabas hielo, pero el caballero de cisne me demostró que me equivoque.
-Hyoga de cisne es mi discípulo. – Informo.
-Pues su técnica tuvo el efecto deseado ¿No? – Aldana enrollo un mechón rebelde tras su oído y miro insistentemente a Camus. – Logro detenerme, aunque debo agradecerte que me hayas sacado de ese ataúd de hielo.
-Te di mi palabra, no iba a permitir que murieras a causa de un dios como Ares. – Aldana se sonrojo levemente ante aquellas palabras pero agacho el rostro para evitar que Camus la viera.
-He escuchado que Athena les ha prohibido pelear a causa de sus heridas. – La escocesa elevo lentamente sus ojos hacia Camus, quien asintió levemente y esta vez fue el francés quien desvió la mirada. - ¿Y cómo está tu herida? Perdona que te halla vuelvo a lastimar en el mismo lugar.
-No tienes porque disculparte, después de todo tu intentaste alejarte de todo esto. – Camus se extraño al ver que la joven acortaba la distancia entre ellos y fijaba su mirada ámbar sobre su torso.
-Déjame verla, por favor. - Esa simple petición desconcertó por completo al francés, pues si alguien llegaba a verlos posiblemente pensaría mal, pero él sabía que las intenciones de Aldana distaban mucho de lo que la gente, como Milo llegase a imaginar. – Bueno… si tu quieres, después de todo se como curar la herida de un berserkers. – Menciono nerviosa, pues acababa de reparar en lo acosadora que debió parecer a los ojos del francés.
-Está bien. – Debido a que Athena les había prohibido pelear y a su propia herida, Camus tenía tiempo que no solía llevar la armadura dorada de acuario, debido a que esta ejercía una presión constante sobre su pecho, lastimándolo continuamente e impidiendo que la herida lograse sanar.
Camus tomo la camiseta que llevaba puesta y se la quito, mostrando un perfecto y escultural torso, Aldana acorto la distancia entre ambos, para examinar de cerca la herida, pero fue la primera vez que reparo en que Camus le ganaba por algunos centímetros, los suficientes para que ella tuviese que elevar la vista para verlo a los ojos.
-Dime si te lastimo, por favor. – Aldana extendió su mano hacia el torso desnudo de Camus, percibiendo el aura helada que rodeaba el cuerpo del onceavo guardián del zodiaco, sus dedos rosaron la blanquecina piel del caballero la cual estaba helada, deslizo sus dedos con suavidad a través de la piel en una delicada caricia, al tiempo que sus ojos examinaban la terrible herida del caballero. – Me supongo que aún te lastima ¿Verdad? – Aldana ascendió su mirada hacia los ojos zarcos de Camus para comprobar cómo este asentía. – Muchos guerreros en la antigüedad bañaban sus armas con veneno para matar a su adversario, pero un berserkers rocía una cantidad mínima de veneno sobre el filo de su arma con el fin de impedir la cicatrización de la herida y de esa forma hacer desangrar a su enemigo y provocarle más dolor, pero no la muerte.
-Eso explica el porqué ha tardado tanto en sanar. – Camus se sorprendió de lo que dijo Aldana, debido a que los libros atenienses nunca habían mencionado un detalle como ese, lo que demostraba el misticismo y la estrategia que utilizaban el dios de la guerra y su ejército. – No tienes necesidad de pelear, Aldana.
-Tengo que Camus, para mí no hay otra opción. – La peli azul saco de entre sus ropas dos pequeños frascos uno de ellos contenía un liquido escarlata mientras el otro era un de color ópalo, destapo ambos frascos y deposito sus corchos sobre la mitad de una pilastra. Tomo un poco del líquido rojizo con su dedo índice.
-Podrías quedarte en el santuario y enseñar a los sanadores, caballeros y amazonas formas para enfrentar los ataques de Ares y como curar las heridas producidas por un berserkers. – Camus detuvo la mano de la joven con suavidad y espero a que le mirase, sus miradas se enfrentaron, azul contra ámbar con intensidad, puesto que Camus quería que la chica se tomara en serio su propuesta. – No tienes porque luchar, tú nunca has querido pelear, podrías tener una vida tranquila en el santuario.
-Tienes razón no me gusta pelear y de verdad me gustaría vivir tranquilamente pero... – Aldana bajo su mirada hacia su mano la cual aun se encontraba cubierta por la del acuariano. – Si no ayudo a Anteios la marca de Ares volverá a posarse sobre mí y podría volver a perder el control.
-Athena no permitiría que Ares rompa su sello. – Camus se recargo contra la pilastra que servía de escondite a ambos, sin despegar la mirada de la joven escocesa que le miraba tercamente.
-Athena no Camus, pero un berserkers en este santuario es tan solo una amenaza para tu diosa. Muchos dioses aun sellados pueden ponerse en contacto con sus guerreros y de ser así, cualquier berserkers que se quede en este santuario es un peligro, porque podríamos llegar a doblegar a cualquier santo, doncella o guardia para libertar a nuestro dios. – Aldana retiro su mano de la del caballero y se enfrasco de nueva cuenta en su tarea, coloco un poco del líquido escarlata sobre la herida del santo. – Esto neutralizara el veneno.
-Aldana. – Camus le llamo, sin embargo Aldana no levanto la vista. – No tienes porque arriesgarte.
-Sí, tengo. – Aldana se altero, alzo sus ojos llorosos hacia el onceavo guardián y enfrento su mirada. - ¡Los dioses jamás me han preguntado qué es lo que yo deseo! ¡Ellos ordenan, yo obedezco! ¡Siempre ha sido así! – Suspiro pesadamente relajándose un poco e intentando tragarse sus lágrimas para evitar que escapasen de sus ojos. – Tengo que hacerlo si deseo conseguir mi libertad y la de Scatha. Sé que tú me entiendes, porque fuiste hasta esa montaña y ayudaste a Milo, sin importante las consecuencias de tus actos.
Aldana desvió su mirada hacia otro lado, mientras respiraba agitadamente tratándose de tranquilizar, tomo el corcho del primer frasco y lo tapo. Tomo por ultimo la esencia verde entre sus dedos y la unto sobre el pecho desnudo de Camus, para volver a colocar el vendaje.
-Discúlpame. – Camus la tomo por los hombros y la miro conciliadoramente. – Es solo que ya has pasado por tanto que solamente deseo que vivas tranquilamente, fuera del control de cualquier dios.
-No tienes porque disculparte Camus, después de todo tu y Milo se han estado preocupando por mí. – Aldana se recogió de nuevo el cabello detrás del oído y sonrió débilmente, estuvo a punto de continuar cuando sintió el cosmos de un segundo caballero.
-Aldana él es el caballero dorado, Saga de géminis. – Introdujo oportunamente Camus al observar que su compañero entraba al templo abandonado acortando seguramente camino por aquellas ruinas vacías hacia los 12 templos. – Saga ella es Aldana.
-Mucho gusto. – Saga le lanzo una mirada burlona a Camus, mientras sonreía ladinamente, no era que le importase mucho con quien se relacionaran sus compañeros de orden, pero el hecho que fuera Camus a quien encontrara sin camisa y acompañado de una joven, fue sumamente placentero, pues quien diría que el frio y duro caballero de acuario estaba en esos momentos derritiéndose por una joven.
-Ya te conocía, Saga de géminis. – Suspiro Aldana débilmente, mientras se acercaba al gemelo mayor que pensaba que la escocesa seguramente lo reconocería de la batalla en el salón patriarcal. – Fuiste el contenedor del dios Ares, recuerdo que muchas veces te presentaste en los templos de la guerra, cuando Ares aún te controlaba.
-¿Qué? – Camus y Saga se voltearon a ver extrañados.
-¿No lo recuerdas? – Aldana abrió sus ojos impresionada, es que acaso el contenedor del alma de su dios no recordaba todas las veces que se había parado frente a ellos, para trasmitirles las ordenes de su dios.
-En realidad no se dé que hablas. – Espeto. – Hubo muchos momentos de inconsciencia mientras fui contenedor de Ares y seguramente tu dios no quería que me enterase de su ejército. – Saga miro fijamente a la joven peliazul destacando en los rasgos faciales de la joven muchas similitudes con Scatha y además si lo que Aldana decía era verdad, eso significaba que Scatha lo había reconocido la primera vez que se encontraron y era eso mismo el porqué la pelirroja no se mostraba interesada en saber quién era y la extraña familiaridad que desarrollo con él.
-Sera mejor que me vaya. – Aldana tomo los dos frascos con los que había curado a Camus y se los tendio amigablemente. – Recuerdalo primero el escarlata y luego el ópalo. Adiós.
Aldana se marcho sin esperar contestación de ambos santos, Camus se limito a verla irse, comprobando que lo que Milo le había dicho era verdad, Aldana era una persona muy diferente a la que habían conocido en aquella cabaña entre las montañas, pues la alegría y la felicidad habían suplantado al terror, miedo e inseguridad con la que la joven llego a presentárseles.
-Lamento haber interrumpido. – Saga atrajo su atención una vez que la joven se marcho. Camus se agacho para rejuntar su ropa y se coloco su camisa, mientras miraba de reojo a su compañero.
-No importa. – Pero el tono del francés le mostro que era todo lo contrario. Camus no le pregunto a su compañero que ocurría, sino que espero a que fuese el mismo Saga quien le indicara a que iba su presencia en un momento tan inoportuno.
-Camus. – El mayor de los gemelos no era un santo que le diera muchas vueltas al asunto así que fue directo al grano. – Necesito pedirte un favor. – El onceavo guardián alzo una ceja sorprendido y asintió levemente sin conocer a que se estaba exponiendo, pues sabía que Saga haría lo mismo por él, además él ya tenía experiencia cubriendo a Milo. – Camus el patriarca me ha enviado a una misión y si logro conseguir lo que me ha pedido podríamos obtener un arma capaz de herir a Cronos, solo necesito que disperses tu cosmos de forma que no se note que saldré del santuario algunas horas, pues me ha pedido el mayor sigilo debido a que Athena no sabe de esto.
-Está bien Saga, te cubriré. – Contesto con desinterés, aunque hacer algo de lo que Athena no estaba enterada le molestaba, pero sabiendo que tras ello estaba el hombre que había engañado a Hades con el fin de darle su armadura a Athena y Saga quien lo sacrifico todo por ella, le hizo no dudar. – Solo recuerda que Athena nos quiere ver a todos esta noche y si no llegas se levantaran sospechas.
Saga agradeció mentalmente la discreción del acuariano que no se entrometió más en el asunto, pues tardaría mucho tiempo explicándoselo, tiempo el cual era sumamente valioso para ambos, así que una vez que volviese de su misión, le contaría todo con lujo de detalles al francés, pues si Camus arriesgaba su honor como caballero mínimo tendría que saber porque se estaba arriesgando.
Por su parte el onceavo guardián razono el porqué Saga no había acudido a su hermano o Aioros, dándose cuenta de la obviedad y la cantidad de sospechas que esto atraería y seguramente no le había pedido ayuda a Shura por la persistente herida en el brazo del español. Así que no le dio más vueltas al asunto, en el pasado había apeleado contra el geminiano el utilizar la exclamación de Athena junto con Shura lo cual les había costado tremendamente, pues perdieron varios sentidos a causa de ese retraso, por lo que esta vez no dudaría de la capacidad del tercer guardián del zodiaco y depositaria toda su confianza en él.
-Camus muchas gracias. – Saga miro con agradecidamente al francés.
-Todo sea por Athena. – Camus asintió levemente, correspondió a la mirada de su amigo con determinación y causo dos explosiones de su cosmos tanto uno en el lugar donde se encontraba, y el otro en el onceavo templo, mientras llamaba a la armadura y la dirigía hacia otro punto distante del santuario, lo que causaría una controversia y pondría seguramente al patriarca en alerta siguiendo las tres explosiones de cosmos del guardián, Saga elevo muy poco su cosmos, solo la cantidad necesaria para abrir la otra dimensión por la cual desapareció. Camus congelo por unos segundos los escombros que le rodeaban y descendió bruscamente la temperatura a su alrededor, cerro lentamente los ojos y cuando volvió a abrirlos, el hielo a su alrededor se fragmento rompiéndose en mil pedazos y cayendo al suelo como millones de microcristales blancos, que escarcharon el suelo a sus pies.
…
Su risa resonó por todo el segundo templo que a medida fueron acompañadas por dos risas más y es que dentro de los colosales muros de la casa de tauro, su guardián había preparado un delicioso manjar en honor a la diosa, quien era acompañado por el caballero de Pegaso.
-Como ve señorita Athena, Seiya ha sido el único caballero que me ha roto un cuerno del casco y he decido portarlo así, hasta el final de mis días, puesto que esto asemeja que no importa que tan fuerte sea tu enemigo, siempre habrá una forma de fragmentar su defensa y además es una forma de rendir un reconocimiento a la fuerza de Seiya. – Aldebarán llevaba en su mano el casco de oro de tauro y le mostraba a su diosa como el cuerno estaba fragmentado.
-Es una virtud honorable reconocer a un oponente. – Indicio la deidad mientras sonreía amablemente.
-Aldebarán podría decir que aun me duelen los huesos a causa del gran cuerno. – Seiya se rio, se llevo la mano a cabeza moviéndola nerviosamente.
-Esa técnica no es nada comparado a la supernova. – Rio el gigante. – Pero en ese momento no utilice toda la artillería que tenia porque dude, había una razón muy grande para hacerlo y además un magnifico cosmos te protegía en ese entonces Pegaso.
Aldebarán hizo la silla hacia atrás para poder levantarse y dejo el casco de tauro sobre una mesa de la mas fina caoba que se encontraba tras ellos y regreso a la mesa para servir los platos a la diosa y al caballero divino, que ya se deleitaban con el exquisito aroma y presentación de aquellos platillos.
-Seiya hubieras estado en aprietos, si Aldebarán hubiera utilizado esa técnica. – La calmada voz de Mu resonó a espaldas de ambos invitados de tauro que se giraron con una amable y cálida sonrisa. Avanzo despacio hasta situarse en una de las sillas del comedor en la cual se sentó.
-Mu qué bueno que nos pudieras acompañar. – Aldebarán sirvió un plato más al lemuriano que le correspondió con un suave gesto.
-No creo que haya alguno de nosotros que se niegue a comer tus platillos Aldebarán. – Y es que los afortunados que habían probado la comida preparada por el brasileño, habían conocido la gloria en un plato y el paraíso en la tierra, pues el guardián de tauro era un excelente cocinero.
-En ese caso será mejor probarlos. – Seiya tomo bruscamente ambos cubiertos y estuvo a punto de iniciar a comer de no ser porque sintieron el cosmos de Milo y Aioria en la entrada trasera de tauro.
-¿Aioria y Milo nos acompañaran también? – Cuestiono emocionada la deidad, ya que de ser así podria convivir con sus caballeros dorados.
-Así es, invite a todos mis compañeros pero algunos de ellos tenían cosas pendientes que hacer. – Respondió tranquilamente tauro.
-Pero si Saori les ha relevado de toda obligación. – Aioria y Milo que acababan de entrar al comedor fulminaron con su mirada a Seiya, por su comentario imprudente y le observaron como un cazador ve a su presa antes de lanzársele y destrozarla.
-No es por gusto. – Gruño Milo, colocando su mano sobre la cabeza de Seiya y despeinándole para descargar toda su frustración.
-Pero es por su bien. – Respondió con una gran sonrisa Saori, la cual Aioria acompaño hipócritamente.
-Veo que llegamos justo a tiempo. – Milo contemplo de orilla a orilla toda la mesa, relamiéndose gustoso, arrastro una silla, la cual le quito a Aioria para poder sentarse más cerca de Athena, por su parte el león le gruño a su compatriota. - ¿Qué me ves? – Le espeto rudamente Milo.
-No vas a ver nada en cuanto termine contigo. – Amenazo Aioria mientras giraba su brazo para golpear a Milo.
-Cuando quieras. – Respondio Milo.
-Cálmense. – Ordeno Athena, Milo y Aioria se retaron con la mirada y Mu intercambio una mirada con Aldebarán para que este interviniera.
-Vera Athena, Milo y Aioria se la pasaran peleando todo el día pero la realidad es que uno no podría vivir sin el otro, Mu y yo los hemos visto declararse la guerra y jurarse que se harían a los golpes en muchas ocasiones pero la verdad es que nunca se han golpeado entre ellos. Ambos tienen caracteres fuertes y muy similares por eso siempre están discutiendo. – Aldebarán termino de servir los platos sintiendo como las miradas de leo y escorpión le taladraban la nuca.
-Gracias por la biografía de nuestra relación. – Gruño Aioria, tomando sus cubiertos.
-No necesitabas dar una introducción de nosotros. – Apoyo el escorpión a leo. El ver esos cambios de humor tan radicales en sus guardianes hizo que la deidad de la sabiduría estallara en una carcajada, la cual acompaño Seiya. Podría ser que los caballeros dorados tuvieran personalidades muy fuertes pero no dejaban de ser demasiado jóvenes aún.
-Bueno pues a comer. – Apenas Aldebarán termino la oración Milo, Aioria y Seiya ya se habían llevado un bocado a la boca y casi lo engulleron entero. Saori agradeció con su mirada a Aldebarán que hubiera tenido ese detalle hacia ella, corto un pequeño pedazo de su corte y se lo llevo a la boca.
-mmm… - Realmente estaba bueno, ni siquiera los mejores restaurantes de Japón sabían preparar de aquella forma la carne, podría decir que nunca en su vida había probado un alimento más delicioso que ese y comprobaba por sí misma el porqué Milo, Aioria y Mu habían venido sin importar la cantidad de templos y escalones que tuvieran que atravesar. – Esta delicioso Aldebarán.
Justo en ese momento Camus hizo su despliegue de cosmos, lo que hizo que Milo casi se atragantara con su bocado, oportunidad que Aioria no desperdicio para darle una "delicada palmadita al estilo Aldebarán" en la espalda y así salvarle la vida. Saori miro instintivamente por la ventana, hacia el lugar donde había sentido el primer despliegue de cosmos. Mu por su parte cerró los ojos y sintió las emanaciones de cosmos de su compañero.
-¿Camus habrá detectado algún enemigo? – Seiya miro inquisitivamente a Mu y Aldebarán.
-¡No! – Milo se golpeo rudamente el pecho para evitar morir ahogado y le dio tremendo manotazo a Aioria para que dejara de golpearle la espalda.
-Entonces ¿Por qué elevaría su cosmos así? – Cuestiono el caballero de Pegaso.
-A cómo eres preguntón. – Se molesto Milo, reconociendo las negras y oscuras intenciones del galo, pues ya en ocasiones pasadas Camus había utilizado su cosmos de esa forma en situaciones parecidas, pues desviaba la atención hacia otro punto cuando la verdadera acción se centraba en un lugar disperso para que nadie notara las verdaderas intenciones de acuario. Camus le había salvado el pellejo de esa forma muchas veces, así que era tiempo de regresarle el favor. – Recuerdan cuando en la batalla de los doce templos Camus hundió el barco de la mamá de Hyoga. – Milo hablo atropelladamente lo que atrajo la atención de Saori y Seiya que intentaron entenderle.
-No. – Respondió inocentemente Aioria.
-¿Te refieres a la proyección de cosmos que Camus utilizo en el templo de libra que hundió el barco de la mamá de Hyoga? – Cuestiono Seiya.
-Si esa, si no sabían ahora lo saben y si tenía ese fin tan oscuro. – Apresuro Milo. – Pues resulta que Camus está practicando sus ataques a distancia, por si en el futuro Athena nos volviera a dejar pelear contra los titanes. – Milo distrajo a la diosa que volteo a verlo de nuevo y esta vez Aioria le apoyo.
-Athena, Shura también se está preparando para pelear y creo que todos lo estamos haciendo, unas pequeñas heridas no van a detenernos, nosotros podríamos acabar con los gigantes en un instante, si usted nos lo permitiera. –
-Deben descansar Aioria, puesto que aún sus batallas contra los gigantes resultasen ilesos sus siguientes enemigos serán los titanes y estos distan mucho del poder con el que pudieron enfrentarles en el pasado. ¿No es así Mu? – Saori llevo sus hermosos y espectaculares ojos zafiros hacia el lemuriano que se mantenía en silencio.
-Ciertamente la fuerza de Hyperion sobrepaso por mucho a la mía en el Olimpo. – Aioria se cruzo de brazos y frunció el ceño, Milo recargo el codo en la mesa pesadamente y puso su barbilla sobre su mano, mientras Aldebarán termino por romper el cubierto que tenía en la mano.
-Vamos a lograr vencerles, hemos derrotado antes a otros enemigos que sobrepasaron nuestras fuerzas. – Animo Seiya a los santos de oro, que voltearon a verlo, después de todo el caballero de Pegaso significaba para toda la orden la esperanza y la seguridad de Athena.
-No le demos vueltas al asunto. – Intervino Aldebarán. – Terminemos de desayunar tranquilamente y ya nos preocuparemos después por los titanes.
-Aldebarán tiene razón. – Ayudo Milo, tomando de nuevo sus cubiertos y sirviéndose de cuanto manjar le quedaba a la mano. - Athena así que le pareció buena idea el dejar festejar a los caballeros de plata sus victorias, es como si nos lo restregaran en la cara.
-Nada de eso Milo, ellos me lo comentaron y me ha parecido una excelente idea, tal vez el descanso les sirva para recobrar los animos y las fuerzas. – Saori imito a Milo y volvió a servirse más de la exquisita comida del brasileño.
-Ja! Athena se equivoca, Milo lo que menos hace en las fiestas es descansar. – Aioria sintió la ruda mirada del escorpión que trataba de intimidarlo con la mirada para que se callara.
-No soy el único que sabe disfrutar una fiesta, en general los 13 sabemos festejar muy bien. – Se defendió, mientras usaba su tenedor como arma indicadora y apuntaba a sus compañeros.
-Sera mejor que no entremos en detalles. – Acoto Aldebarán dando un largo trago a su copa.
-Después de todo Athena, lo verá por sus propios ojos, ya que nos acompañara ¿Verdad? – La pelilila se vio contemplada por cinco pares de ojos que la observaban amistosamente, estiro su mano hacia el escorpión dorado tomándola cálidamente y asintió. – Estoy muy agradecida que puedan relajarse, convivir y divertirse conmigo y sus compañeros, de verdad me es muy grato su presencia en ese festejo.
-Sera un placer acompañarla, Athena. – Refuto Aioria caballerosamente mientras sus compañeros le secundaban.
-Ademas Athena es un placer poder convivir con usted y suplantar el afecto que le tiene a los caballero de bronce. – Bromeo Milo tratando de provocar a Seiya que tosió varias veces para no ahogarse con la comida y observo retadoramente al escorpión.
-Inténtalo. – Le reto el Pegaso, Seiya le saco la lengua al escorpión que rio divertido.
-No te pongas celoso Seiya. – Se burlo Aioria que rio alegremente, Saori se sonrojo al ver que peleaban por ella.
-¿Qué ustedes dos no se estaban peleando hacia unos segundos? – Seiya apunto a ambos que se miraron retadoramente por el rabillo del ojo.
-Sí, pero me tuvo miedo. –
-Mi gran clemencia ha perdonado a este ser inferior. –
-¿Qué dijiste? – Aioria y Milo se voltearon a ver entre sí amenazadora, mientras Seiya sonreía triunfal y Saori reía.
-Ve lo que le digo Athena, son el uno para el otro. – Aldebarán palmeo suavemente la mesa para evitar romperla y rio sonoramente.
-Cállate o el próximo platillo sobre esta mesa serás tú. – Gruño Aioria haciendo que Mu sonriera divertido ante esa amenaza y es que se imagino a Aldebarán sobre esta, con una manzana en la boca y las manos atadas.
-¿Ya viste Aldebarán que tu queridísimo amigo Mu le pareció divertida el comentario de Aioria? – Mu borro su sonrisa al instante y clavo sus ojos sobre Milo, sintiendo la penetrante mirada del toro dorado, por su parte el escorpión sonreía divertido al lograr meter cizaña entre sus compañeros.
Saori recargo su espalda en el respaldo de la silla y dejo caer los brazos sobre las coderas mirando divertida a sus caballeros dorados, mientras les escuchaba reír y reñirse amistosamente, realmente en el tiempo que los había conocido, les había tomado un gran cariño, no solo eran fuertes y valerosos guerreros si no que también habían aprendido a sonreír y disfrutar de los pequeños instantes, además había encontrado en ellos a grandes amigos, fieles consejeros y extraordinarias personas. Si había tomado una buena decisión desde que era Athena era el haber revivido a los caballeros dorados y el hecho de perder a alguno en la guerra venidera le aterrorizaba, no quería volver a ver de nuevo una armadura dorada destrozada o los templos del zodiaco en escombros, donde la oscuridad reinase y el silencio predominara.
-"Tengo que luchar y ganar esta guerra a como de lugar" – Juro fielmente. – "Ellos se han arriesgado tanto por mí, que es mi turno de demostrarles que yo también estoy con ellos".
…
-Shura puedes pasarme eso por favor. – El español miro a Geist apuntándole una caja en el suelo, suspiro cansadamente y asintió con una ligera sonrisa. Maldita la hora en que se le había ocurrido para ofrecerse a ayudarla con los preparativos de la fiesta, ya llevaba cerca de cuatro horas cargando cajas y acomodando cuanto Geist le pedía y a su parecer no habían avanzado nada. Tomo la caja entre sus manos y se acerco a la mesa donde la chica estaba acomodando.
-Gracias Shura. – Geist abrió la caja apresuradamente y comenzó a desempacar cuando había en su interior. El español se recargo en la mesa dándole la espalda y vio a santos de plata y bronce a su alrededor trabajando arduamente para que el espacio donde antiguamente estaba el coliseo se transformarse lo más decente que pudiera en un lugar para celebrar una fiesta.
Geist le había sorprendido en capricornio durante la noche y le había mencionado que los santos de plata y bronce en compañía de Athena habían decidido celebrar una fiesta debido a las derrotas de los gigantes a manos de los caballeros.
-¿Te ocurre algo Shura? – Geist dejo una gran bandeja con comida sobre la mesa y se acerco a él. La amazona se sentó de igual forma que él a su lado y le sonrió.
-Es que el verte preparando comida me preocupa, podrías envenenar a alguien. – Bromeo, Geist rio falsamente. – No es nada.
-Si te tiene tan pensativo, es porque es algo importante y dudo que te la pases pensando en mí todo el día. – Geist susurro por lo bajo para que Shaina no le alcanzase a escuchar, suficiente era que su hermana la viera amenazantemente porque no había ido a dormir anoche.
-Le temes a tu hermana. – Se burlo Shura.
-Digamos que temo por tu integridad. – Geist acerco su mano a la de Shura y rozo delicadamente su dedo con el dorso de la mano del español, ambos bajaron la vista hacia sus manos y las contemplaron, hasta que el español la entrelazo con su mano y sonrió. – No quiero quedarme sin novio tan pronto.
-Sería muy divertido decirle cuñada, aunque creo que también arriesgado. – Rio. Geist recargo su cabeza sobre su hombro izquierdo y miro hacia sus compañeros, para observar si alguien les veía, lo hizo más por costumbre que porque en realidad le importase después de todo Shura había sido muy claro en que no tenían porque esconder su relación por más tiempo.
-Ya dime en que piensas ¿Es por lo de tu brazo? – Geist se paro frente a él y deslizo su mano por el hombro derecho del español, para después abrazarle y recargar su cabeza sobre su pecho.
-Pensaba en que se han precipidado con esta fiesta, todavía no derrotan por completo a los gigantes. –
-Pero Shura esta fiesta no es por los gigantes. – Geist se paró de puntitas para alcanzar los labios del español y le planto un beso demasiado seductor, que hizo sonreír de medio lado al español. – Es para echarles en cara que ustedes no están haciendo nada. – Geist le miro traviesamente y se separo de él juguetonamente.
-Auch, eso hasta mi me dolió. – Menciono alguien a sus espaldas. Geist y Shura se giraron para ver a su nuevo intelocutor y se sorprendieron de ver al arquero dorado. – Nunca pensé que ustedes dos terminarían juntos.
-Ni nosotros. – Respondieron al mismo tiempo Geist y Shura, pero la mirada que ambos intercambiaron entre si le mostraron al noveno guardián que había sido una de las mejores decisiones de ambos.
-Lo que dije hace un momento fue solo para molestar y provocar a Shura. – Se disculpo Geist quien aun estaba tomada de la mano con el decimo guardián.
-No te preocupes. – Le resto importancia Aioros. - ¿Y bien ocupas ayuda en algo más? – Se ofreció a la amazona, que estaba empezando a negar con la cabeza, cuando una voz a su espalda los interrumpió.
-¡Sí! – Los tres se giraron de nuevo para ver como Shaina llegaba con una lista de mandados en su mano, la cual le tendió directamente a Shura, quien miro a Geist y luego a la italiana. – Tú y Aioros pueden ir al pueblo a conseguir esto por favor.
-Sí. – Contesto Aioros alegremente, pidiéndole al español la nota para observar lo que debían de conseguir.
-Pues andando que necesitamos terminar con esto. – Apuro la amazona de cobra, haciendo una seña para que ambos caballeros de oro se marchasen. Geist afilo su mirada y volteo a ver molesta a su hermana entendiendo la acción oscura que había tras aquel inocente favor, se acerco al español con delicadeza y lo tomo por la mano.
-Shura te veo cuando vuelvas. – Geist poso su otra mano sobre el cuello del decimo guardián y le planto semejante beso frente a Shaina y Aioros; la primera gruño suavemente, pues aun no estaba acostumbrada a ver a su hermanita con un caballero dorado, por su parte el sagita sonrió incomodo y desvió su vista hacia otro punto del santuario, porque la pequeña e inocente hermanita de Shaina, sabia besar demasiado "intenso".
-Yo te busco. – Shura tomo a Aioros por el hombro y comenzó a caminar en dirección al pueblo de Rodorio.
Pronto dejaron atrás los escombros del coliseo y las barracas, se adentraron en un camino sinuoso que era pedregoso y que era rodeado por grandes paredes de tierra y piedra, el cual iba en descenso y que en algunos de sus puntos podía alcanzarse a contemplar las torres de la iglesia de Rodorio y alguna de sus casas más prominentes.
Aioros se llevo ambos brazos por detrás de la nuca y alzo sus ojos celestes al cielo, agradeció enormemente que el día fuera nublado de lo contrario aquella travesía a Rodorio se volvería agotadora, respeto unos segundos más el silencio del español y vislumbro el lento ir y venir de las nubes de acuerdo a las ráfagas de viento, aunque de vez en cuando lanzaba una mirada de reojo a su compañero.
-¿He sido yo o Shaina te ha alejado de su hermana a propósito? – Aioros sonrió ladinamente y miro de reojo al peli verde que rio débilmente.
-Lo hizo a propósito, pero no me molesta después de todo Geist es su hermana y se preocupa por ella. – Shura también había reparado en la acción oculta de la rubia sin embargo había accedido sin rechistar, para no causar un conflicto entre las hermanas, aunque el último beso que Geist le había dado tenían toda la intención de provocar a la amazona de cobra.
-¿Ocurrió algo? – Trato de averiguar.
-Geist fue a cenar ayer a capricornio y paso la noche conmigo. –
-Vaya. – Silbo el arquero dorado, mirando burlón a su amigo. – Ahora entiendo porque esta así.
-Shaina sigo viendo a Geist como su hermanita pequeña, de la misma manera que vez tú a Aioria. –
-No es cierto. – Contrataco el arquero, pero vio que Shura no iba a continuar la conversación puesto que ya se encontraban casi a la entrada del pueblo.
-Sera mejor dividirnos los encargos de Shaina, para terminar más rápido. – Shura tomo la lista que le tendió el griego y leyó detenidamente las cosas más absurdas que Shaina les había podido mandar a comprar, suspiro pidiendo paciencia a Athena. - ¿Cuándo fue la última vez que viniste a Rodorio, Aioros?
-Bueno… - Aioros reparo en que desde que había revivido no había ido al pueblo ni siquiera una vez, estaba tan interesado en ver cada nuevo detalle del santuario y emocionado por conocer a sus compañeros que no reparo en que no había visitado Rodorio. – Fue hace más de 14 años. – Rio nervioso.
-No serás de mucha ayuda. – Suspiro cansadamente, desvió su vista hacia todos lados pensando que cosas no habían cambiado del pueblo desde que Aioros había estado ahí por primera vez y en la cual pudiese ayudarle, pero sus planes se desbarataron cuando una mejor idea surgió en su mente. – Shaina necesita que compres algunos clavos, pegamento, tornillos, barniz y algunas cosas más de un tlapalería. – Shura rompió el papel en dos y le tendió a su compañero un trozo. – Ve ahí y trae lo que ella quiere, yo me encargare del resto, nos vemos aquí en una hora.
-Pero Shura una hora es mucho tiempo… - Aioros observo como su amigo camino apresurado entre las personas sin esperar una contestación suya y después lo perdido de vista. – Para solo ir a la tlapalería… - Suspiro resignado.
Aioros se distrajo viendo a los pobladores de Rodorio mientras caminaba hacia la tienda. Las construcciones, los comercios, las personas habían cambiado mucho desde la ultima vez que habia estado ahí, que no reparo que Shura le habia mandando a ese lugar por un motivo en especial.
-Buenos días. - Menciono cuando entro a la tienda, la cual estaba cosntruida perfectamente de madera y en la cual colgaban muchos artículos de construcción y carpintería.
-¡Hola! – Contesto una voz femenina, Aioros alcanzo a vislumbrar por encima del mostrado la cabellera peli verde de una joven, la cual seguramente estaría acomodando la mercancía de la tienda. - ¡Voy en seguida! – La chica se apresuro y salto alegre, colocando sus delgadas manos sobre el mostrador mientras sonreía ampliamente. - ¿En que le puedo servir?
Aioros se quedo impactado de verla, no solo porque la fisonomía de la chica era hermosa, ella era de estatura media, tenía unos ojos grandes y expresivos de una tonalidad verdosa oscura, su piel era blanca, su cabello estaba suelto y caía a su alrededor, este era liso y su color era un verde jade medio oscurecido, sus mejillas estaban sonrosadas y tenía una boca pequeña. Pero lo que cautivo al arquero fue el volverla a ver.
-¿Te puedo ayudar en algo? – Volvió a repetir amablemente, aunque se extraño un poco de que aquel joven no le respondiera. – ¿Disculpa?
-Sí, perdona. – Respondió Aioros sin aliento, se acerco hasta el mostrador sin despejar su vista de la joven y le tendió el fragmento de papel que Shura le había dejado. - ¿Tendrás eso de casualidad?
-Claro que sí, es una tlapalería. – Rio melodiosamente la chica, que arqueo sus cejas extrañada y le miro intrigosamente, mientras se acercaba al estante tras ella y tomaba el pedido del arquero dorado. - ¿Eres de por aquí? – Suspiro la joven, le miro una vez más mientras abría unos cajones y luego se evoco a la tarea.
-Sí, soy de por aquí cerca. – Aioros tamborileo los dedos sobre mostrador y la siguió intensamente con su mirada. La chica cerro lentamente un cajón y le miro dudosa, pero luego negó y sonrió delicadamente para continuar tomando el pedido de Aioros.
-Es un pueblo muy pequeño y estoy segura que no eres de por aquí. –
-Soy del santuario. – Contesto decidido Aioros.
-¿Eres un caballero acaso? ¿Ya no pelean con armaduras o es mejor usar martillos y clavos? – Bromeo la joven, mientras tomaba un martillo y hacia el ademan de golpear algo con él, lo que le saco una risita al noveno guardián. - ¿Sabes? Hace mucho los protectores de la diosa Athena, tendían a bajar al pueblo de Rodorio. – La joven peli verde se quedo mirando fijamente el estante frente a ella y detuvo cualquier movimiento de su cuerpo, bajo los ojos y sonrió melancólicamente. – Hace ya algunos años yo conocía un aprendiz a caballero, pero en fin… ¿Así que eres un caballero?
-Sí, soy un caballero de la orden de la diosa Athena, vivo en la novena casa del zodiaco y soy el caballero dorado Aioros de Sagitario. – El griego miro intensamente con sus orbes azules a la chica quien abrió la boca para respirar mejor, sus manos temblaron ligeramente y dejaron caer las cosas que tenía entre ellas, sus ojos se volvieron vidriosos a causa de las lagrimas y sus labios temblaron. – Gisela, yo soy el aprendiz que conocías en tu infancia.
-¡Aioros! – La joven camino apresurada hacia el mostrador, al cual se subió y brinco en brazos del caballero de oro que la estrecho fuertemente entre sus potentes músculos, la chica sollozo en su hombro de felicidad y le abrazo de igual forma. - ¡Estoy tan feliz de volverte a ver! – Exclamo entre lágrimas.
Ambos se habían conocido durante su niñez, cuando el patriarca del santuario mandaba a Saga, Kanon y Aioros a Rodorio, bajo algunos encargos insignificantes para que ellos tuvieran una forma de alejarse del ajetreo del santuario y pudieran relajarse y conocer el pueblo más cercano al santuario, en ese entonces el padre de Gisela mantenía un negocio de frutas y verduras, las cuales les solía regalar. Fue ahí donde el arquero dorado conoció a la peli verde y se hicieron buenos amigos y con el tiempo y fueron creciendo Aioros se enamoro de la joven, aunque nunca tuvo el valor, ni la oportunidad de decírselo, aunque Shura y Saga estaban al tanto del flechazo que tenia hacia esa chica.
-Pero dime ¿Qué has hecho este tiempo? ¿Por qué dejaste de venir? – Gisela se separo de él y le miro con una gran sonrisa. – He escuchado muchos rumores del santuario, acerca de ti, pero ahora no importan, pues has vuelto, aunque tardaste algunos años, más de los que yo esperaba. – Rio nerviosa.
-Yo también estoy feliz de volver a verte. – Aioros la tomo por los hombros y sonrió sinceramente. –Y lamento no haber venido antes y alejarme de esa forma, sin despedirme. – En realidad deseaba contarle todo pero tal vez ella no entendiera lo dura y cruel que podía ser la vida de un caballero, ni el impacto que ejercía su obligación como santo de oro en él. Además de que no había forma ni las palabras para expresar que había muerto dos veces y esta era la tercera vez que volvía a la vida.
-No importa, estas aquí. – Gisela lo abrazo de nuevo, Aioros la tomo por la espalda y acaricio el largo cabello jade de la joven. El verla de nuevo le había recordado las cosas que le gustaban de ella, su alegría, su cálida risa y que era de las pocas personas que siempre veían el vaso medio lleno o casi a punto de llenarse.
-Esta vez no voy a irme. – Aioros beso tiernamente la frente de la joven y la estrecho más contra si, mientras su mirada estaba llena de determinación. – "Derrotaremos a Cronos como dé lugar, para poder vivir tranquilamente, lo prometo" – Juro lleno de decisión.
…
Sus ojos encendidos como la lava volcánica examinaban a sus hermanos que se encontraban sentados en torno a él, aunque en esta ocasión la mesa que era cercada por 12 gigantescas sillas adornadas con los metales más resistentes y las piedras preciosas más valiosas del mundo, aunque en su mayoría estaban vacías, debido a que sus hermanos y hermanas habían sido sellados por Athena y los otros dioses, empuño su mano con frustración, hasta que sus nudillos emblanquecieron debido a la rabia que sentía en su interior, maldijo para sí mismo la hora en que le dio vida a sus hijos, los dioses.
-Cronos. – Rea tomo delicadamente su mano y la estrecho, mientras le miraba preocupada. – Estas haciendo lo correcto para nosotros.
-Athena es el último obstáculo en nuestro camino hermano, eliminémosla y el universo volverá a ser regido por nosotros. – Puntualizo Crio que jugaba con un cuchillo el cual balanceaba entre sus dedos.
-El Keraunos podrá destruir a sus ejércitos y a sus aliados. – Acoto Ceo. – El cosmos de Mnemosine ha logrado sacar al resto de nuestro ejército del tártaro y además dos de nuestros más grandes aliados han despertado.
-¿Cuál es la diferencia entre los dioses y nosotros? – Hyperion que se había mantenido callado y ajeno a la conversación intervino, al igual que Cronos mantenía ambas manos empuñadas y su vista esta clavada en el vacío. - ¡¿Cuál es la diferencia entre los dioses y nosotros si dejamos que otros peleen nuestras batallas?! – Grito Hyperion en un arranque de furia y golpeo con su puño la mesa, la cual sonó como si un rayo hubiese caído frente a ellos. El titán miro duramente a sus hermanos, principalmente a Cronos exigiendo una respuesta.
-Para ganar necesitamos sacrificios, hermano. – Trato de calmarlo Ceo.
-Y eso es lo que nos hace las mismas basuras que tu descendencia Cronos. – Hyperion retuvo la mirada a su hermano que le miro con furia. – Estamos dejando que nuestro pueblo y quienes nos apoyaron en la titanomaquia den la cara por nosotros.
-Si queremos ganar tenemos que jugar igual de sucio que ellos. – Crio dejo molesto caer de un golpe su cuchillo sobre la mesa y lo deslizo hacia su centro, donde giro apuntando en algún momento de su circunferencia a alguno de ellos. – Entiendo que te molesta Hyperion, pero si ganamos, todos los que nos apoyaron van a ser libres de sus prisiones.
-¡Ya me sé la historia, solo hay dos lugares, quien gana reina en el universo y quien pierde va al tártaro, eso no nos hace diferentes a los dioses, nos escondemos al igual que ellos, mandamos a nuestro pueblo a pelear por nosotros mientras esperamos tranquilamente a que nuestros ejércitos se destruyan, para reclamar una victoria que no nos pertenece! – Hyperion tamborileo su mano violentamente sobre la mesa. - ¿Cuál es la maldita diferencia?
-Hyperion te entendemos hermano, pero a estas alturas, tan cerca de ganar debemos mantenernos unidos. – Intervino oportunamente Rea, sin embargo la furia de su hermano no se detuvo, tomo el cuchillo que yacía en medio de la mesa y apunto con este a Cronos, lo que hizo reacción al instante a Críos quien saco su espada y la acerco al cuello de Hyperion.
-Detente ya Hyperion, Cronos es nuestro hermano. – El filo de su espada resplandeció ante el destello de la luna.
-Lo mismo te digo Críos, baja tu espada ahora mismo. – El keraunos centello peligrosamente en la mano de Ceo, iluminando la oscuridad de la habitación con sus rayos azul eléctrico.
Por un instante la situación realmente se puso tensa, no solo por lo que dijese Hyperion fuese verdad, si no porque la guerra pasada y la actual los habían llevado a ese extremo de ignorar que compartían la misma sangre y tornarse violentos los unos contra los otros, Mnemosine había sido la primera de ser atacada por ellos, la cuestión era quien sería el siguiente en caer sucumbido por su propia sangre.
-Paren ya. – Ordeno Rea, la reina de los titanes, contemplo rabiosa a sus hermanos por aquella actitud tan infantil, pero al mismo tiempo temió por la ira de Cronos hacia Hyperion, nunca había visto una pelea entre dos titanes, pero suponía que esta seria caótica, pues el cosmos entre ellos siempre había sido muy similar. – Les he dicho que paren. – Amenazo.
-Hyperion. – Cronos sonrió ladinamente, bajo mano hacia la mesa y le toco únicamente con su dedo índice, lo que desintegro la mesa que le separaba de sus hermanos la cual se volvió cenizas a sus pies, avanzo a paso tranquilo hasta que el filo del cuchillo que tenia Hyperion entre sus manos tocara su cuello. – Hermano me dices que tienes remordimiento por sacrificar a nuestros aliados, así que dime ¿Vas a acabar conmigo para evitar la pérdida de esas valiosas vidas?
La mano de Hyperion no temblo, ni siquiera retrocedió unos centímetros a pesar que el filo de su arma hacia una pequeña y firme presión sobre el cuello de su hermano, Críos continuaba apuntando con su espada y agradeció que Ceo interviniera a su favor, volvió sus ojos escarlatas hacia Cronos que había borrado su sonrisa y le miraba retadoramente.
-Tú y tu maldito hijo Zeus pueden darle la espalda a su pueblo si lo desean, yo no pienso hacerlo Cronos. – Hyperion soltó el cuchillo el cual se hundió en las cenizas a sus pies y continuo reteniéndole la mirada a su hermano, al tiempo que Críos y Ceo bajaban sus armas, pero se mantenían igual de tensos ante la situación.
-Hyperion. – Cronos tomo a su hermano por el hombro el cual ni se inmuto. – Te entiendo y comprendo tu rabia hacia mí, pero debes entender que lo que hago es por un bien mayor, se que hemos sacrificado en esta guerra a nuestros hermanos y aliados pero también comprendo que si ganamos vamos a impedir que un nuevo suplicio se cierna sobre ellos, dame una oportunidad más y te juro que será la última vez que el nombre de Athena u otro dios resuene en el Olimpo o la tierra.
Rea se quedo por detrás de sus hermanos observando la situación en silencio, aunque su cosmos estaba rodeando sus manos, miro desilusionada a la única familia que le quedaba y luego se observo sus propias palmas que contenían su cosmos verde esmeralda, que era envuelto por un halo negruzco cuestionándose a sí misma desde ¿Cuándo se habían separado tanto?. – Esta situación nos ha orillado a que nosotros mismos alcemos nuestras manos los unos contra los otros, en otra época Hyperion jamás hubiera alzado su mano contra Cronos, ni mi amado esposo estuviera arriesgando de esa forma tan descuidada a nuestros fieles aliados… - Ella era la única titanide libre del tártaro e iba a demostrarle a Athena y sus allegados lo que era el terrible cosmos de la madre de dioses.
…
El vórtice se abrió en medio de aquel desolado lugar y la oscuridad en su interior contrasto con el blanquecino mármol y la superficie celeste. Aquel profundo agujero negro dio paso al hermoso resplandor de una armadura dorada que era portada majestuosamente por el caballero mayor de géminis, quien lanzo una rápida mirada analizadora por todo el lugar.
Sus esmeraldas orbes contemplaron las grandes corrientes marítimas sobre él y la destrucción que había causado la pérdida del cosmos del dios del mar en su palacio submarino. Sus pasos resonaron por el acoralado mármol, llevando a sus alrededores el eco de sus pisadas que poco a poco se fueron apagando debido a una gran y extensa columna de agua que golpeaba directamente el suelo marino, justo donde debió estar en el pasado el soporte principal del océano y refugio del dios Poseidón, el cual había sucumbido durante la invasión de los titanes al templo marino.
Saga había escuchado que podían llegar a caer los 7 pilares que representaban a cada uno de los océanos, pero si el soporte principal se encontraba en pie, las aguas del mar no colapsarían puesto que este pilar era tan resistente debido al cosmos del dios Poseidón que podría sostener el techo oceánico por sí mismo, por lo que se sorprendió de que a pesar que el pilar principal hubiese sucumbido la bóveda acuática no lo hubiera hecho, muy seguramente debido al cosmos de la diosa Anfitrite y de que los generales marinos aportaban parte de su cosmos a su pilar correspondiente el cual debían proteger, tal y como los caballeros dorados hacían con sus templos correspondientes.
A pesar de que el santuario submarino hubiese estado destruido Saga aprecio la hermosura de aquel lugar y se imagino la impresión y asombro que Kanon pudo sentir al contemplar ese lugar, justo y como él estaba sintiendo al apreciarlo, no solo en su suelo se veía reflejado las corrientes y ondas del mar, debido a que la luz del sol llegaba a tocar el fondo marino a pesar de estar hundido a miles de metros, los corales de diversos colores manaban por todo el lugar cual vil césped en la superficie, pero estos resplandecían cautivando los sentidos de quien estuviera cerca, las baldosas de mármol blanco sobresalían cuales perlas, la gran estatua regida a Poseidón se erguía igual de orgullosa que la de Athena en el santuario, los templos marinos estaban en su mayoría intactos pero completamente deshabitados, muy a las orillas se veía en estas hermosas construcciones los daños que sufrió aquella esplendorosa ciudad cuando Poseidón decidió arrastrarla al fondo del mar, para reconstruir fuerzas una vez que Athena le venció en la superficie.
Se detuvo a varios metros de donde la columna de agua caía sobre el soporte principal, seguramente ahí se encontraba lo que el patriarca le había mandado buscar, pero aquella grande franja de agua no solo impediría su paso y probablemente le ahogaría en las corrientes oceánicas, si no que correría el riesgo de que aquella enorme masa liquida destrozase su cuerpo si intentaba entrar en ella.
-¿Planeando como suicidarte? – Escucho una voz burlona tras él, lo que le hizo fruncir el ceño molesto y ni siquiera se giro para ver a su interlocutor. – Una prisión en cabo sunion es mejor que este lugar si planeas ahogarte. – Aquel comentario le molesto, pues no era el momento de sacar ese tema, ni mucho menos espetárselo pues el había pensado que eso ya había quedado atrás, en el pasado de ambos. – Tan solo bromeo hermanito. – Canturrio Kanon apoyándose a su lado y mirando con sorpresa el boquete en la cúpula marina.
-¿Qué haces aquí Kanon? – Musito mirando receloso a su hermano gemelo que para su sorpresa no llevaba puesto la armadura de géminis si no la de dragón marino.
-No es obvio, te fugaste misteriosamente del santuario y me preocupe por ti y he venido por ti para llevar a salvo al santuario. – Kanon pestañeo varias veces y enterneció su mirada para hacer su comentario más convincente.
-No lleves al límite mi paciencia Kanon o voy a ahogarte en ese chorro de agua. – Amenazo tajantemente. No podía comprender como su gemelo le hacía para seguirlo y encontrarlo en cada lugar al que iba, pero pensó que debía ser por años de práctica pues su hermano estuvo escondido en géminis siguiéndolo a escondidas por varios años. Y además el que Kanon estuviera ahí, vestido con esa escama intercedía por completo en su misión. – ¿Qué haces en este lugar?
-Esa pregunta la debería hacer yo, Saga estas en terrenos del dios Poseidón – Kanon se quito el casco de su escama y lo puso bajo su brazo al tiempo que analizaba los daños en el santuario submarino. – Supongo que Athena no te envió, pues escondiste tu cosmos y Camus te sirvió de tapadera ¿No es así? ¿Sabías que yo les di esa idea a Milo y Camus cuando eran pequeños? Hacer que la gente mire en otra dirección cuando lo emocionante está ocurriendo en otro lado. Y bien ¿Quién te envió Shion o Dokho?
-No es de tu incumbencia. – Saga le lanzo una mirada amenazante a su gemelo el cual amplio su sonrisa burlona. No le molestaba tener a Kanon ayudándole, lo que me hacia enojar era que su hermano se las ingeniara para seguirle a todos lados sin su autorización y lo peor de todo es que no se diera cuenta. – Lárgate de una vez Kanon. – Ladro.
-¿Es una amenaza hermanito? – Le provoco un poco más. – Si vas a intentar llegar al soporte principal terminaras por ahogarte, debo recordarte que eres un pésimo nadador, no resistirías nadar en contra de una corriente como esa. – Kanon palmeo su hombro y chasqueo la lengua. – Vamos Saga confía en mí, sabes muy bien que yo conozco este lugar como la palma de mi mano, este es mi lugar.
-No perteneces aquí Kanon. – Gruño molesto, quito la mano de su hermano de su hombro y rodeo a la columna de agua tratando de ver si habría un lugar por el cual colarse, mientras su gemelo le seguía silbando a sus espaldas. No recordaba lo desesperante que podía ser Kanon cuando se lo proponía, pero definitivamente no había perdido el toque. – Lárgate de aquí, no me hare responsable si te ahogas cuando golpee con la explosión de galaxias esa columna de agua.
-Lo único que harás será matarnos a los dos. –
-Si tienes miedo puedes irte. – Saga extendió sus brazos en forma diagonal al lado de su cuerpo e incendio su cosmos que brillo junto a su armadura…
-Saga confía en mí, yo puedo ayudarte. – Kanon tomo con fuerza una de las manos de su gemelo e impidió que este realizara su técnica. – Yo puedo ayudarte. – Menciono seriamente.
Los ojos de esmeralda de ambos se contemplaron fijamente, Saga vio que su hermano iba en serio al ofrecerse a ayudarle y aunque estuviera molesto con su gemelo, Kanon también se había arriesgado a ir hasta ahí por él, sin saber a lo que se estaba aventurando y además su hermano menor estaba en lo correcto al afirmar que no había nadie mejor que él, que conociese ese lugar.
-Está bien. – Saga retiro la mirada de los ojos de su hermano y la poso sobre la inmensa columna de agua. – Busco el oricalco que pertenece al dios Poseidón.
Kanon abrió desmesuradamente los ojos al escuchar a su hermano, el oricalco era un hypermetal confeccionado por la civilización Atlante en la antigüedad y que era el legado del dios Poseidón, este objeto, era el vestigio del poder del dios de los mares, puesto que cuando el emperador era sellado ya fuese por Athena o cualquier otro dios, Poseidón se desprendía de su energía divina y la almacenaba en el Oricalco, mientras su alma era sellada y con el tiempo este fue impregnándose del poder divino del dios.
-¿Por qué buscan el Oricalco, Saga? – Kanon pareció herido como un rayo y atizo su mirada analizadora sobre su gemelo.
-Es por esa duda, que el patriarca no te confió esta misión a ti. – Saga le dio la espalda a su hermano y se propuso continuar con su tarea.
-Yo jamás he dicho que no vaya a ayudarte. – Kanon comenzó a caminar hacia el pilar del Atlántico norte, mientras le indicaba a su hermano que lo siguiera. – Poseidón no regresaría el oricalco al soporte principal pues la corriente arrastraría su poder divino al suelo submarino donde ningún humano podría encontrarlo para liberarlo, si hay un lugar al que el emperador lo regresaría ese seria hacia el pilar del Atlántico norte. – Saga no paso inadvertido que su hermano aun mencionaba a Poseidón como el emperador, muy probablemente porque el dios del mar se había hecho merecedor del respeto de su hermano menor.
-¿Y por qué ese pilar? – Cuestiono siguiendo a su hermano.
-No lo sé. – Respondió con franqueza.
-Si no lo sabes ¿Porque nos dirigimos hacia allá? – Le espeto, deteniéndose y observo que Kanon hizo lo mismo pero no se volvió hacia él.
– Se que está en ese lugar, puedo sentir la misma sensación que tuve cuando encontré la urna que sellaba a Poseidón, aunque en ese tiempo el cosmos de Athena predominaba y fue el que me salvo, podía sentir un cosmos tan enigmático, casi como si su poder estuviese escondiéndose. Lo que no se Saga es porque ¿Por qué sigue eligiéndome a mí? – Kanon comenzó a caminar hacia el pilar del Atlántico norte pensativo, olvidando por unos segundos que su hermano lo seguía y el porqué ambos estaban ahí.
No comprendía porque el dios de los mares continuaba confiando en él, le había traicionado y engañado a su conveniencia, arriesgado a todos sus marinos por un ambicioso plan lleno de rencor y venganza y aun así… no solo sus compañeros seguían confiando en él, si no que el dios también había mostrado su predilección hacia él en tres ocasiones, la escama de dragón marino seguía correspondiéndole, había sido el único a quien el tridente de su dios aceptado y ahora escondía el oricalco en su pilar.
-Kanon. – Saga miro la altitud del pilar del Atlántico norte y como este soportaba la cúpula de su mar correspondiente.
-Dime… dime Saga ¿Por qué Shion quiere el oricalcos? – Kanon alargo su brazo y extendió su dedo índice, el cual se ilumino con un fragmento de su cosmos y el muro del pilar, retrocedió mostrando al mayor de los gemelos una puerta que llevaba al interior del pilar. Kanon no se movió de la entrada ni le volvió a mirar.
-El patriarca necesita el oricalcos para crear un escudo para Athena, uno que pueda ser tan resistente para soportar un ataque de Cronos. – Kanon asintió y se introdujo al pilar, el interior de este macizo no solo mostraba una vivienda si no unas largas escaleras que ascendían por todo lo largo del pilar, las cuales comenzó a subir el gemelo menor como si conociera la ubicación exacta del oricalcos, muy probablemente porque el cosmos de Poseidón solo atraía a su gemelo, pues él no podía sentir nada y si Kanon no le hubiera seguido hasta ese lugar, seguramente nunca hubiera dado con el poder divino de Poseidón.
Las escaleras de mármol grisáceo ascendían en círculos a lo largo de la escuadra del pilar, si mirase desde la parte baja del pilar, se notaba una capa acuosa en su superficie por la cual se filtraba la luz al pilar, pero a medida que se fue acercando se dio cuenta que era una cúpula y que el techo estaba formado por una gruesa capa de arrecife y mármol, las escaleras terminaron en un amplio salón donde no solo estaba guardada la envoltura de la escama de Kanon, muy parecido a las cajas de pandora de las armaduras y en el fondo reposaba una pequeña columna donde se encontraba colocado el oricalcos.
-Kanon, debes de entender que el patriarca no te envió a ti porque no quería que escogieras un bando, el comprende tu situación y sabe lo difícil que te resultaría elegir entre Athena y Poseidón. – Saga tomo el hombro de su hermano y fijo sus orbes esmeraldas sobre los de su gemelo, que negó y se acerco al oricalcos que era una esfera celeste blanquecina que en su interior parecía contener una porción del océano que se sacudía sin fin en su interior y emitía una luz zarca, la cual era rodeada de una maya de coral.
-Si tuviera que elegir entre ambos, bien sabes que elegiría a Athena, pero es esa confianza ciega que Poseidón pone en mí, la que me desconcierta y hace que dude, pues Athena confió en mi cuando nadie más lo hacía y ahora el emperador está haciendo lo mismo… - El oricalco resplandeció al sentir el cosmos de un marino, Kanon alargo su mano y lo tomo con cuidado. – El emperador no es un dios malo, no es como Hades o Ares, Poseidón quería ser el regente de Atenas, es tan solo otro dios que perdió la esperanza en la humanidad.
-Kanon. – Saga pudo contemplarlo de nuevo la duda en los ojos de su hermano, aquella que le taladro desde que revivieron y era a que dios debía su fidelidad, sabía que si Poseidón o Athena enfrentaban a otro enemigo Kanon lucharía por ellos, pero si la guerra fuera entre ellos ¿A cuál elegiría realmente? – Si no quieres entregarlo, podremos decirle a Shion que no lo hemos encontrado.
-Saga el cosmos de Poseidón me guio hasta aquí por una razón, tal vez desee ayudar a Athena a concluir con esto, sin embargo una vez que todo esto termine el oricalcos debe volver al santuario submarino. –
-Lo prometo. – Kanon entrego el poder divino de Poseidón a Saga, de esta forma ambos pactaron una promesa y restituyeron su confianza, casi como si aquel juramento lo hubieran hecho Athena y Poseidón, aquellas dos deidades que pelearon entre si desde la era mitológica para conducir a la humanidad a través del tiempo, re forjando una alianza divina entre ellos. Saga observo atento el oricalcos y lo regreso con firmeza a su hermano – Deberías de entregarlo tu Kanon, que el patriarca y el santuario entero sepan que este favor es otorgado a nuestra diosa gracias a ti, hermano y todo ello porque tal vez porque tu inspiraste de nuevo la confianza del emperador de los mares en la humanidad.
…
El sol se alzaba imponente sobre su cabeza, bañando con sus rayos ardientes el suelo ateniense a sus pies. Bufo molesto pues el calor emitido por el sol parecía sofocarlo, se cubrió la frente con una mano, dándole sombra a sus ojos encandilados por las emisiones solares y pudo distinguir a lo lejos, bajo un frondoso árbol al patriarca que miraba tranquilamente el santuario sumido en sus propios pensamientos.
-Patriarca. – Saludo respetuosamente al ariano, quien correspondió el saludo con una inclinación de cabeza, sin embargo Shion no le miro. Mascara de la muerte chasqueo la lengua y vio hacia la misma dirección a la del patriarca, reparo que aquella era la primera vez que observaba que desde ese punto, podía ver entre las montañas el campo otorgado para sepultar a los caballeros caídos en batalla y donde su nombre era marcado en una losa para que las generaciones futuras supieran que antes de ellos, había habido caballeros valerosos que arriesgaron su vida por Athena. Un poco más allá podía ver los techos de algunas barracas y cabañas, después de estas se abría un largo camino que conducía hacia las doce casas, distinguió Aries que se encontraba con su fachada destruida a causa del último ataque de los gigantes, tras el templo de Mu se podía ver ya fuera la fachada, el techo o el templo completo de cada uno de los doce templos, hasta que en lo alto de la colina distinguía la cúpula del templo patriarcal y la gran estatua de la diosa Athena.
-¿Alguna vez has pensado en la cantidad de caballeros que han vivido en el santuario desde tiempos mitológicos? – Un ligero aire soplo en dirección hacia ellos, los largos cabellos rubios del patriarca se sacudieron revoloteando alrededor de su túnica negra.
-No, es algo que me preocupe realmente patriarca. – Mascara de la muerte se llevo ambos manos hacia atrás de la nuca y se recargo en el tronco de aquel árbol que le servía de protección.
-Al menos ¿Estas consiente que su sacrificio por Athena y por este santuario sirvieron de algo? –
-Claro que funciono de otra forma no estaríamos aquí, sin embargo ya no hay nada que puedan hacer por nosotros, ni siquiera somos capaces de saber sus nombres. – Mascara de la muerte miro de reojo el panteón del santuario y se cuestiono a sí mismo cuando había sido la última vez que había ido a ese lugar, pero ni siquiera pudo recordarlo, sonrió sarcásticamente y pensó que tal vez fue cuando le enterraron ahí, lo que le hizo reír.
-No hables imprudentemente. – Shion coloco paternalmente su mano sobre la cabeza de Mascara de la muerte, palmeándola en forma de corrección. – Un caballero puede morir, perder su cosmos, su cuerpo puede desintegrarse, su armadura volverse añicos, sin embargo nuestra energía, nuestra alma permanecerá en el universo. ¿No es así?
Mascara de la muerte se hizo el desentendido, no comprendía cual era el motivo por el cual el patriarca se había presentado una noche anterior en cáncer, mucho menos todas aquellas preguntas que le estaba haciendo y las cuales el mismo se aburría de contestar, se suponía que estaba ahí para aprender una técnica de los caballeros de cáncer, no para preocuparse como diablos se sentían los muertos.
-Sígueme. – Shion pareció leer los pensamientos del italiano, pues meneo la cabeza reprobatoriamente y comenzó andar sin voltear al ver al caballero tras él, que más bien parecía alma en pena pues le seguía con desgana, lo cual le recordó mucho al caballero de cáncer de su época, pues Manigoldo a pesar de admirar a su maestro siempre tendía a intentar sacarlo de sus casillas.
El antiguo caballero de aries comenzó a ir colina abajo, hacia la parte más baja del santuario, aquel lugar donde se encontraba el cementerio de los caballeros, apostado a un precipicio y que tenia al igual un camino que llevaba a los doce templos del zodiaco, Mascara de la muerte frunció el ceño al ver que se dirigían hacia ese lugar.
-¿Por qué venimos a este lugar? – Mascara de la muerte miro en derredor suyo, cuando estuvo rodeado de tumbas por todos lados, realmente tenía mucho tiempo sin ir vivo a ese lugar, tal vez desde que Aioros murió. Muchas de las lapidas colocadas de forma desorganizada pues había distintos rangos en una misma agrupación, nombres de caballeros de plata, bronce y oro se encontraban revueltos sin un orden, muchas de estas se habían llenado de musgo, tierra o se habían hundido a causa de la humedad. – Ahí está mi nombre. – Rio cínicamente al ver su nombre tallado en una de estas lapidas, aunque realmente experimento un escalofrió al recordar todas las veces que había muerto.
-Muchas de esta tumbas están vacías, tan solo llevan el nombre de quien una vez sirvió a nuestra diosa. – Shion camino lentamente entre las lapidas buscando una en especial. – ¿Puedes sentir esa extraña sensación Mascara de la muerte? ¿Puedes percibir el vacio que provoca la muerte?
-No. - Mintió rápidamente, ¡Claro que lo sentía!, así como Mu era capaz de experimentar los sentimientos de las armaduras, de la misma forma el percibía los sentimientos que dejaba la muerte en las almas; odio, dolor, tristeza, enojo e ira.
-Esta es la tumba de tu maestro Deirdre de cáncer. – Shion permaneció de pie, mirando fijamente el nombre tallado en aquella piedra de forma tan profunda que este no se borrara a pesar de los años que transcurriesen. Observo a Mascara de la muerte que no se movió de su lugar, parecía que Camus lo había congelado en ese lugar, mantenía su vista fija sobre la lapida, fulminándola con la mirada, como si el observarla con ese odio pudiera atormentar el alma de su maestro.
-Que sitio tan desagradable. – Mascullo, se rasco la nuca y miro desinteresado hacia el cielo, intentando no darle importancia. Jamás había venido, ni siquiera asistió al ritual funerario, para ese entonces ya era un psicópata, pero le hubieran otorgado un premio al más descarado si hubiera ido al funeral de su propia víctima. - ¿A que hemos venido a este sitio? – Menciono molesto.
-Deirdre. – Shion recordó al pequeño niño indefenso que llego a convertirse en un sanguinario caballero y maestro del actual santo de cáncer. – El caballero de cáncer comúnmente se burla de la muerte y aprecia la vida, pero en algún punto esta termina por ganarles la batalla, se tornan frívolos, cínicos y terminan por rendirle tributo con cada víctima a la cual asesinan brutalmente ¿No es así? El maestro de Deirdre, el mismo Deirdre y a ti les paso lo mismo.
-Ciertamente uno llega a perder la esperanza, patriarca. – Toda aquella burla y gallardía del santo de cáncer se perdió, bajo su vista y volvió a mirar la lapida de su maestro pero en esta ocasión de una forma más comprensiva. – Cuando asesine a mi maestro en Yomotsu, me di cuenta que las almas eran tan frágiles, al final de cuentas lo último que llegaba al infierno eran cascarones vacios, anímicos y sin valor, seres sin sentido se arrojaban por ese foso, como si la vida que dejaban tras de sí tan solo fuera una pérdida de tiempo, creo que es ese sentimiento el que lleva a tornarnos tan desinteresados por la vida humana y en algún punto todo caballero de cáncer llegamos a pensarlo, patriarca. Sin embargo él… él me lo advirtió.
-Tal y como tú quieres mostrárselo a Dailos ¿No es asi? – El antiguo caballero miro fijamente a los ojos al italiano y vio que este sonrió débilmente. Tal vez Deirdre se merecía el rencor de Mascara de la muerte, pero también este le debía gratitud. – Se que te has dado cuenta que aquellas almas que se tiran sin reparo en el agujero de Yomotsu siempre tuvieron un objetivo y también se que tu puedes sentirlo. – Shion se acerco a Mascara de la muerte y lo tomo firmemente por el hombro. – Cualquier otro santo que venga a este lugar, tal vez enfrente la verdad inevitable que como ellos, también morirá, pero sé que tú sientes la convicción que tuvieron al pelear, el sentimiento de esperanza que dejaron para las generaciones futuras y el irremediable deseo que tenemos todos por establecer la paz.
Mascara de la muerte permaneció en silencio, podía sentir los últimos deseos del alma de su maestro, jamás creyó que alguien como Deirdre de cáncer tuviera tanto amor hacia la diosa Athena y fuera tan fiel al santuario, sintió el arrepentimiento que tenía su maestro por haberlo entrenado de aquella forma y no haberle educado de una mejor, pero sobre todo sintió la esperanza que deposito en el, Deirdre confiaba en que estaba dejando la armadura de cáncer en buenas manos.
Tan pronto como sintió la conexión con las últimas memorias de su maestro pudo percibir como aquel odio que había sentido por años y que envenenaba su alma, comenzaba a borrarse lentamente y comenzaba a comprender de otra forma cada dura enseñanza de su antecesor.
Y sin más su cosmos se incendio en su mano mostrando una llamarada celeste, característica del fuego del pesebre, el cuarto guardián observo sorprendido su extremidad pues el no había invocado su cosmos y sin embargo podía sentir la fuerza que evocaba ese fuego fatuo en su mano.
-Estas son la base de la técnica que voy a enseñarte Mascara de la muerte, si logras aferrarte a esos sentimientos, podrás invocar una gran cantidad de almas que proporcionaran su cosmos para ayudarte, siempre y cuando tengas la misma convicción que ellas y eleves tu cosmos al límite, lo cual no dudo puedas lograr hacer. – Afirmo decidido el patriarca. – Ese fuego fatuo no ha sido invocado por tu cosmos, si no por el de Deirdre.
-¿Una técnica capaz de conectarme con los muertos, infringiendo las leyes del inframundo? – Alzo pasmado su mano aun con el cosmos de su maestro en forma de una llamarada de fuego fatuo, que se reflejaba en su mirada, mientras el patriarca mencionaba un "Así es" a sus espaldas, pero apenas y le escucho pues el aún podía sentir que para su maestro "El había sido la esperanza de cáncer" y ahora que podía sentir su último deseo, no iba a defraudarlo.
…
Aplaudió emocionada de ver el campo del coliseo adornado de esa forma, la luna se cernía en medio del cielo rodeada de numerosas estrellas que resplandecían sobre sus cabezas, las velas de los doce templos del zodiaco se veían a lo lejos, mientras a los pies de la estatua dirigida hacia ella se encontraban dos grandes platos de fuego que iluminaban su figura.
Sonrió alegre jamás pensó ver el santuario de aquella forma: Con vida.
Debía reconocer que los caballeros de plata y bronce se habían organizado muy bien para lograr que esa reunión se llevase a cabo, no solo había velas iluminando cualquier rincón de la fiesta, la comida, las bebidas, las mesas le rodeaban en perfecta sincronización, incluso había música.
-¡Saori! – Seiya se acerco a ella corriendo y le sonrió amigablemente. – Ha quedado muy bien ¿No lo crees? – El japonés contemplo anonadado todo a su alrededor y contemplo una vez más la sonrisa que se dibujaba en los labios de la griega. - ¡Jamás pensé escuchar música en el santuario! Bueno a excepción de la de Orfeo.
-¡Les ha quedado muy bien! – Sonrió. – Y ver esta colaboración y las ganas que tienen por disfrutar de la vida, me hace muy feliz, Seiya.
-Me da mucho gusto, Saori. – El nipon vislumbro la alegría que mostraba el rostro de su amada diosa, la curvatura de la comisura de sus labios que formaba una sincera sonrisa. – Incluso Shion y Dokho están aquí. – Noto, pues un poco más lejos ambos antiguos santos se encontraban parados observando con los brazos cruzados sobre el pecho y charlando entre ellos.
-Si ambos me han acompañado, aunque me resulta extraño que los caballeros de oro no hayan llegado. – Saori se alzo de puntitas para buscar entre sus caballeros, amazonas, doncellas y guardias, por alguno de los trece santos que faltaban.
-No han de tardar de venir, después de todo dudo que ellos no hagan algo por complacerte. – Saori le lanzo una mirada molesta, por lo que Seiya noto lo impropio que había sido su comentario.
-No quiero que ellos vengan obligados. – Acoto apretando los dientes.
-No lo harán, ya verás. – Seiya estrecho despacio por el codo a Saori en señal de apoyo y se sonrieron.
-Señorita Saori buenas noches. – Saludo amablemente Shun que venía arrastrando prácticamente a Ikki.
-Hola Athena. – Saludo a regañadientes el fénix.
-Me da gusto verlos muchachos. –
-¡Buenas noches! – Saludo una potente voz que soltó una carcajada alegre y no tardo en ver al alto caballero de tauro el cual no portaba su armadura y que traía entre sus manos una gran charola de comida, la cual coloco en una mesa para que quien quisiera de esa apetitosa comida brasileña se sirviera. - ¿Dónde est…? ¡Athena! – Aldebarán avanzo a paso firme a hasta ella y la tomo entre sus manos y la giro en el aire.
-Basta Aldebarán o dejaras a Athena sin aire. – Sugirió el caballero de aries a su amigo. – Athena. – Mu inclino respetuosamente la cabeza a forma de saludo y sonrió divertido ante la ocurrencia de su amigo.
-Está bien. – Aldebarán bajo a Saori que reía sorprendida de la afectuosidad del toro dorado. - ¡Seiya! – El toro puso su mano con firmeza en Pegaso y sonrió.
-Parece que has llamado la atención Aldebarán. – La voz masculina de Aioria hizo a todos girarse hacia él. Aioria no solo había notado que la mayoría de los santos, guardianes y amazonas que no estaban acostumbrados a trabajar con los santos dorados habían estado mirando a Mu y Aldebarán entre sorprendidos y recelosos de su presencia ahí, pero lo que sin duda atrajo la atención fue que el segundo guardián del zodiaco alzara a Athena entre sus brazos.
-Marín. – Seiya saludo a su maestra, la cual había llegado tomada del brazo de Aioria.
-Hola Seiya. – Saludo la amazona, quien aun se sentía extraña de mostrar abiertamente su relación que tenia con el caballero de leo, sin embargo este había sido muy claro de que si Athena aprobaba lo suyo, los comentarios de los demás no le importaba en lo más mínimo.
-¿Dónde están los demás? – Interrogo Aioria a sus compañeros, Aldebarán alzo los hombros y Mu negó. – Retrasados, como se les ocurre hacer esperar a Athena. – Gruño.
-Ya vendrán. – Menciono positivamente la diosa.
-Dudo que logren hacer salir a Shaka de Virgo. – Espeto desinteresado Ikki. Aioria, Mu y Aldebarán formaron un triangulo con su intercambio de miradas estaban dispuestos a decir algo por su compañero pero ni siquiera ellos estaban seguros de si el hindú vendría o no.
-Estoy seguro que vendrá hermano, aún es temprano. – Objeto optimista Shun.
-Saori quieres bailar. – La música era perfecta para un baile y vaya si otras doncellas y caballeros estaban bailando como la propia diosa no iba a hacerlo, Seiya extendió su mano hacia la griega la cual sonrió y asintió.
…
-Parece que Athena se divierte. – Dokho observo a la diosa bailando con Seiya, le indico a Shion con la barbilla hacia dónde mirar y sonrió al ver los ojos del patriarca fulminando al japonés. – Te has vuelto sobreprotector con ella.
-Te equivocas. – Mintió. Durante todo el tiempo desde que habían revivido había estado muy de cerca a la joven deidad y mentía al decir que no veía a Athena con un dejo paternalista.
-De todos modos no tienes por qué preocuparte, recuerda que Seiya es el santo divino más cercano a Athena desde la época mitológica, así que no debes temer por ella. – Trato de tranquilizar a su amigo, que relajo la mirada y le observo por el rabillo del ojo.
-Tienes razón. – Suspiro el patriarca, justo en ese momento observo que por el camino que llevaba a las doce casas venía un grupito de cuatros santos dorados charlando animadamente entre ellos.
-¿Dónde estuviste toda la tarde Aioros? – Cuestionaba insistentemente Kanon al arquero, picándolo acusadoramente con un dedo, mientras el gemelo menor veía cómplicemente a Saga.
-La misma pregunta podría hacerte yo. – Aioros entorno los ojos y luego lanzo una rápida mirada a Shura que sonrió.
-Saga y yo estuvimos entretenidos en géminis. – Se defendió rápidamente Kanon. – Y ¿tu?
-Estuvo conmigo todo el día Kanon. – Shura intervino por lo que se gano una mirada agradecida de su mejor amigo. – Ayudamos a los caballeros de plata y bronce con su fiesta, nosotros tenemos testigos ¿Y tú?
-¡Te atrapamos Kanon! – Espeto Aioros en su cara y soltó una carcajada. – Y estoy seguro que Saga no dice nada porque sabe que lo que dices es mentira e intenta respaldarte. –
-Yo les vi a ambos en géminis. – Intervino el patriarca, Shura y Aioros se miraron sorprendidos de que el patriarca mismo cubriera a ambos géminis, pues sabían que era mentira. Kanon abrió la boca sorprendido y Saga observo asombrado a Shion y es que después de que volviesen de la Antártida ambos se habían presentado ante el patriarca dándole todos los pormenores de la misión y al final Kanon había sido quien entregase el oricalcos a manos del patriarca, mientras Saga aceptaba que sin su hermano no le hubiera encontrado.
-¿Quieres otro testigo cabrita o con el patriarca basta? – Se burlo Kanon.
-Está bien. – Susurro Aioros lanzando una mirada curiosa a Saga, quien se enderezo y miro indiferente al castaño mayor. – Espero que ambos se la pasaran bien en géminis. – Repuso despacio Aioros sin despejar los ojos del gemelo mayor, buscando algún dato que lo desmintiera.
En ese momento Kanon vio a los generales marinos junto a la diosa Anfitrite y se despidió del grupo, no sin antes lanzarle una mirada victoriosa a Aioros quien frunció el entrecejo. Shura por igual distinguió el largo y hermoso cabello azabache de Geist y se dirigió hacia la joven, a pesar de que esta estuviera acompañada de su hermana y la amazona de camaleón.
-Con su permiso patriarca ire a saludar a Athena. – Aioros y Saga se encaminaron en dirección hacia Saori, que seguía riendo de las ocurrencias que Seiya y Jabu le decían, mientras ambos peleaban por llamar su atención.
-Shion, eres un mentiroso de lo peor. – Le espeto Dokho por lo bajo cuando vio que tanto Aioros como Shura estaba lejos de ellos. – Estuviste todo el día conmigo e incluso cuando mandaste a Saga por el oricalcos, tu no fuiste a decírselo a géminis, si no que le mandaste llamar al salón patriarcal. – Shion se sonrió y le miro con camarería.
-Lo mejor de todo es que tú también me apoyaste en mi pequeña mentira. – Menciono tranquilamente el patriarca.
-En las buenas y en las malas, Shion. – Dokho rio de buena gana y miro a su amigo. – Además es bueno ver de vez en cuando la cara de desilusión de Aioros y Shura. ¿Así es como mantienes el equilibrio verdad?
-¿A qué te refieres? – Shion alzo ambos puntitos con curiosidad.
-Al equilibrio entre Aioros y Saga, nunca dejas que ninguno de los dos gane por completo ¿No es así? –
-Dos cabezas piensan mejor que una. – Shion se recargo en la pared de tierra tras él y miro agradecido a su amigo. – Después de todo este santuario no sería nada si tú no me hubieras apoyado. - Shion miro la copa que tenía entre sus manos, removiendo el líquido escarlata en su interior, la alzo hacia su mejor amigo y brinco con él, para después sorber en un trago todo el contenido de esta. – Creo que hemos hecho bastante bien nuestro trabajo. – Reconstruir el santuario, forjar un ejército para Athena, derrotar a Hades en la guerra santa pasada y lograr una unión entre los caballeros sin importar el rango o su pasado… ¡Lo habían hecho bastante bien!
…
Fue inevitable que la presencia en conjunto de Aioros y Saga causara miradas y cuchicheos a su alrededor y es que para muchos de los reunidos ahí, eran un completo misterio, parte de las leyendas y secretos del santuario, pero lo que si estaba bien claro, era que Saga había influido en la muerte de Aioros y el verlos de nuevo juntos, hombro con hombro caminando relajadamente entre ellos provocaba un sentimiento de esperanza y redención entre todos.
-No estuvimos en el santuario Aioros. – Confeso Saga a su mejor amigo, no era por delatar que Shion les había encubierto o traicionar a Kanon, pero simplemente no quería ocultarle nada al arquero dorado, ya lo había hecho una vez en el pasado y vaya que si la situación se le fue de las manos.
-Lo sabía. – Sonrió el castaño mayor. – No tienes porque decirme a donde fuiste, pero agradezco que hayas sido sincero conmigo. – Aioros miro de reojo al gemelo mayor mientras avanzaban hacia Athena que reía divertida ante las ocurrencias de Seiya. – Yo fui a Rodorio y la vi…
Saga comprendió a la perfección aquel "la vi" no porque casi le brillaron los ojos al noveno guardián al decirlo, si no por la forma en que Aioros arrastro las palabras y pronto a su memoria volvió aquella adolescente por la que Aioros bajaba al pueblo casi todos los días y de la cual estaba enamorado, si su vida no hubiera sido cegada tan pronto.
-¿Y? – Alzo una ceja interrogante ante un emocionado Aioros, que lucio ante sus orbes esmeraldas como el adolescente que solía ser.
-Es muy hermosa. – Balbuceo Aioros, trayendo a su mente el precioso y carismático rostro de la joven. – Ella no ha cambiado en nada…
-Tu tampoco Aioros, sigues con la personalidad de un crio. – Rio Saga de buena gana.
…
-¡Shaka vámonos! – Milo empujo amistosamente al caballero de Virgo hacia la entrada del sexto templo.
-Sabes bien que una fiesta es sumamente banal, más esta, donde no hay nada que festejar. – Sentencio el caballero de rubios y fino cabello.
-Tan banal como tus frases filosóficas. – Contraataco agresivamente Milo, tomando por la capa a Shaka y tirando de él, pero este no se movió ni un centímetro. – Además si hay algo que festejar, estamos todos los caballeros dorados juntos, algo que no ocurría desde que éramos niños.
-Y si no vamos Athena seguirá arriesgando a los santos de plata y bronce, porque creerá que no estamos en condición para pelear. – Acoto el francés que estaba recargado en una de las pilastras de Virgo, sin embargo los ojos de Camus no veían hacia el interior del templo, pues tan solo con mirar su estructura recordaba lo penoso que había sido su travesía en esa casa durante la guerra santa, pequeño detalle que para Shaka no paso inadvertido.
-¡Ya escuchaste a Camus! ¡Vamos! – Empujo duramente Milo, pero Shaka se mantuvo férreamente en el mismo lugar.
-Eventualmente pelearemos. – Trato de tranquilizarles pero Milo apretó por el brazo al caballero de Virgo, que le miro directamente a los ojos.
-¿Y cuántas vidas vamos a permitirnos arriesgar para pelear? ¿Hasta que alguno perezca? – La firmeza en la voz de Milo le mostro a Shaka que iba en serio, no planeaba seguir arriesgando la vida de los caballeros de plata porque Athena consideraba que sus heridas no habían sanado. – No puedo exigirte que vengas a emborracharte con nosotros, pero si seria agradable que estuvieras ahí, acompañándonos.
-Estamos en una guerra, no es tiempo de festejar, no hemos ganado como para celebrar y distraernos de nuestras prioridades. – Shaka dio un pequeño tirón a su brazo para liberarse del agarre de MIlo.
-Pero sería oportuno que el resto del ejército de Athena observara la solidez de la orden dorada, si nos observan ahí hoy en algo tan insignificante, sabrán que cuando el momento de la última batalla llegue, también vamos a estar para ellos. –
-¿Y en realidad crees que vamos a poder salvarles a todos? – Refuto frívolamente el hindú, penetrando con su profunda mirada al escorpión que frunció el ceño al escuchar esa verdad.
-Todos somos conscientes que podemos morir en esta guerra, incluso nosotros. – Camus descruzo los brazos y se incorporo de la pilastra en la que estaba recargado y enfrento sus orbes zarcos contra el profundo azul del hindú. – Pero si las guerra santa me dejo algo, es que una muerte puede significar un golpe más profundo del que tú crees, de repente la situación se sale de control y no vez el límite de sus consecuencias. Sé que Athena no hizo esta fiesta para relajarse, ella es consciente del riesgo que se ciñe sobre el santuario, pero sabe que no va a ganar esta guerra si sus guerreros pelean de forma independiente y en solitario.
-Athena quiere fortalecer esta noche la unión entre sus filas y demostrarles a los caballeros de plata y bronce, que si una vez los santos dorados les dimos la espalda, esta vez vamos a respaldarlos. La cuestión Shaka es ¿Podemos contar contigo?
Milo se alejo de Shaka no sin antes traspasarlo con la mirada, no deseaba obligar al hindú a acudir a la fiesta, pero sabía que si el sexto guardián iba no solo complacería a Athena con su presencia si no al resto de la orden que en realidad esperaba aún el momento en que Shaka abandonara por completo el misticismo que le rodeaba y se abriera hacia sus compañeros, confiara en los demás y que a su vez estos confiaran en el, cosa que no ocurriría si Virgo continuaba negándose a convivir con ellos.
Shaka cerro lentamente los ojos para concentrarse mientras pasaba a Milo de largo y se colocaba en el centro del salón en su habitual posición de flor de loto, cruzo las piernas frente a él, acomodo sus antebrazos por encima de sus rodillas y unió su dedo gordo con el índice mientras iniciaba su meditación. Dejándoles claro a sus compañeros que no planeaba ir a esa fiesta, no mientras una amenaza grande se ceñirá sobre el santuario y la vida de Athena corriera peligro. Si tan solo sus compañeros fueran conscientes de lo que la flame Helena le habia mostrado.
-Como quieras. – Rugió Milo, se dio la media vuelta molesto y comenzó a descender las escaleras de la entrada de Virgo, maldiciendo a los cuatro vientos.
Camus siguió con la mirada a Milo hasta que salió, bajo lentamente la vista al suelo y se dispuso a salir, puesto que él no era nadie para juzgar a Shaka, pero apenas dio unos pasos se detuvo y volvió su mirada celeste hacia el caballero de Virgo, al verlo de aquella forma tan tranquilo en esa posición, fue como si volviese a invadir el sexto templo vistiendo una sapuri, solo que esta vez Saga y Shura no estaban a su lado.
-Shaka. – Le llamo lentamente. – Milo tiene razón, si no hay confianza entre nosotros, no habrá nada y el titán Cronos no tendrá que preocuparse por nosotros, pues nos eliminaran rápidamente. Solo te pido que valores lo ocurrido en la guerra santa, si nosotros tres hubiéramos revelado nuestras intenciones a ustedes, no nos hubiéramos exigido continuar con esa farsa y si tu hubieras confiado en nosotros, las cosas hubieran sucedido de un modo muy distinto, Shaka yo confió plenamente en ti. – Por ello lo habían seleccionado como uno de los encargados de sacar a Athena del santuario. – Y no me aventuro ingenuamente al creer que tienes el respeto y la confianza de todos, tan solo falta que tú también confíes en nosotros.
Camus guardo unos segundos silencio, le dio la espalda a Shaka y comenzó a caminar hacia la salida del sexto templo, sin esperar una contestación de su compañero pues seguramente el sexto guardia le ignoraría de la misma forma que minutos antes hubiera hecho con Milo. No quería obligar a Shaka a acercarse a la orden, tan solo deseaba hacerle saber al hindú que si lo deseaba ellos le recibirían como a un hermano; con los brazos abiertos.
…
-¡¿De verdad no piensa ir?! – Dailos miro estupefacto a su maestro que se encontraba sentado de forma desinteresada en las escaleras del templo de cáncer, el pequeño miro emocionado las antorchas que iluminaban al mundo de personas que convivían tranquilamente a los pies de los doce templos. -¿Maestro? – El joven observo de reojo a su maestro y miro como las velas del cuarto templo iluminaban el rostro enigmático del caballero dorado de cáncer, si bien su postura le indicaba que estaba despreocupadamente pasando el tiempo y su retorcida sonrisa sarcástica le daba a entender que disfrutaba de aquella soledad, su mirada azul era lo único que no encajaba con su aspecto.
-Me sorprende que usted no hubiera querido asistir. – Lucia se arrodillo al lado de su hermano depositando entre el santo y aprendiz una bandeja con unas humeantes tazas.
-Es tan solo una pérdida de tiempo. – Vocifero desinteresado, le lanzo una mirada a su aprendiz para que se callara de una vez y tomo rápidamente una de las tazas que la joven le ofrecía, la deposito a su lado y recargo su mentón sobre su mano, mientras apoyaba su codo en su rodilla.
-Athena no lo considera así, ni yo tampoco. –
-Da la casualidad que no estoy preguntando opiniones, niña. – Mascara de la muerte entorno los ojos y continuo analizando desde su templo las luces que se deslizaban a sus pies por las ráfagas de viento.
-¡Que grosero! – Bufo la chica, tomo enfurecida la bandeja y la apretó entre sus manos con impotencia, pensó que ese arrebato al menos haría sentir mal al caballero que continuo sin prestarle atención, como si esa rabieta tan solo fuera una molesta ráfaga de aire. – ¿Por qué hoy estas tan insoportable? – Le demando la joven.
-¿Disculpa? – Mascara apoyo la mano sobre su rodilla y se giro para observarla molesto por aquel infantil arrebato. Dailos miro asustado a su hermana pero esta mantenía la nariz ligeramente arrugada mostrando su enojo.
-¡Es que unos días te comportas de forma amable y caballerosa, pero otros, como hoy eres un irremediable patán! ¡No sé porque Dailos y yo nos preocupamos por ti! ¡Si te sientes cómodo tan "Solo"! – Gruño, Lucia se levanto con la bandeja en sus manos y se introdujo al cuarto templo.
Mascara de la muerte la miro divertido dirigirse hacia la cocina del cuarto templo, la escucho lavar los platos de forma ruidosa y muy escandalosamente. Miro a su alumno quien también parecía sorprendido de la actitud mandona que había tomado su hermana y continuaba sin moverse de su lugar.
-¿Y se supone que el insoportable soy yo? – Mascara de la muerte lo dijo hacia su alumno pero lo bastante alto como para que la joven lo escuchara y supo que lo había hecho cuando escucho algunos platos golpearse con fuerza. – Tal vez tu hermana se levanto con el pie izquierdo de la cama. – La provoco y dicho y hecho, la joven salió cual leona de la cocina blandiendo enfurecida una toalla con la que se estaba secando las manos.
-¡Mascara de la muerte! – Bufo la joven acercándose amenazadoramente hacia él y se pregunto ¿Cuándo la chica le había perdido el miedo? – Yo no soy la amargada que no sale de su templo cuando medio santuario esta allá afuera.
-Yo te veo aquí. – Sonrió ladinamente, se levanto y dejo a la joven unos centímetros abajo, lo que la obligo a alzar la mirada.
-¡Ash! ¡Porque no queríamos dejarte solo! – Lucia arrugo un poco más la nariz y le lanzo una mirada amenazante a Dailos que capto perfectamente la mirada de su hermana y se escabullo dentro del templo. – ¿De nada sirve que me preocupe por ti?
Parpadeo varias veces al escuchar la confesión de la joven, incrédulo de haber escuchado salir de los labios de Lucia aquellas palabras. Desde que había traído a Dailos a cáncer, su hermana se las había ingeniado de una u otra forma para verlo y después de que ambos se encontraran en Cáncer y él le permitiera seguir viéndolo, la doncella no solo había tomado muy enserio sus palabras, pues no había día que ella no volviera a verlo, comúnmente por la tarde o noche cuando ella había terminado sus obligaciones.
Al principio Lucia se había mantenido a raya, casi no cruzaban palabras, pues podía ver en los ojos de la chica temor, pero a medida que se encontraban en las escaleras de cáncer e intercambiaban palabras de cortesía noto que la joven comenzó a sentirse más relajada con su presencia. Y cuando volvió del inframundo a punto de fallecer y que tanto Lucia como Dailos le habían observado en ese estado tan deplorable, la joven comenzó a dejar ricos y deliciosos platillos de cena servidos para él, de vez en cuando acompañado de algún postre, su tiempo en el templo aumento e incluso llegaron a tener algunas conversaciones medio largas cuando Dailos terminaba sus entrenamientos.
-Agradezco tu interés. – Desvió su mirada pues la joven le miraba con insistencia. – Es solo que es una pérdida de tiempo el ir.
-Tú sabes que no es cierto. – Lucia le tomo por la barbilla y le obligo a mirarla. – Si de verdad no quieres ir está bien, tan solo espero que sea ese el único motivo. Porque escúchame bien nadie en esa fiesta puede reclamarte por tu pasado, no después de lo que has hecho. Yo misma vi las heridas en tu cuerpo por tus batallas, contra los enemigos de la diosa y a pesar de ellas trajiste a todos de vuelta al santuario, arriesgaste tu vida por ellos. – Lucia soltó lentamente el rostro del caballero de cáncer que había borrado su sonrisa y le miraba atento, la joven retrocedió un paso y luego subió corriendo los escalones de cáncer para buscar a Dailos.
Mascara de la muerte había oído muchas veces de sus compañeros, el patriarca y Athena que no era el mismo santo que antes, que desde la guerra santa la constelación de cáncer había comenzado a iluminarse, sin embargo el escucharlo de los labios de una de las personas que le temían cambiaba drásticamente su apreciación de sí mismo, tal vez Dailos en el futuro fuese un excelente caballero de cáncer, pero quien realmente había cambiado el curso del mal al bien de los caballeros dorados de cáncer, había sido él y apenas se había dado cuenta que el destino de cáncer se había tornado hacia la luz, cuando él siguió fielmente a Athena.
…
Seiya alzo su brazo y giro a Saori, dando una ligera vuelta mientras bailaban, el caballero de Pegaso se movió un poco rápido y piso accidentalmente a la diosa que tropezó ligeramente, ambos compartieron una pequeña risita y continuaron bailando animadamente, mientras otros guardias, caballeros, doncellas y amazonas les imitaban a su alrededor.
-¿Estas feliz? – Le cuestiono amablemente Pegaso.
-¡Claro que lo estoy! – Saori miro alrededor suyo fijamente.
El patriarca y Dokho estaban conversando tranquilamente con algunos caballeros de plata como Misty y Orfeo en compañía de Jabu y Geki y se dio cuenta que aquella era la primera vez que ella observaba a los dos santos más antiguos charlar banalmente con caballeros de otros rangos. Aioria estaba muy cerca a ellos bailando animadamente con Marín y debía reconocer que todo el orgullo del león era equivalente a su habilidad para bailar, Camus y Milo acababan de llegar y ya podía ver en la mano del escorpión una copa de vino medio vacía, mientras soltaba cuanta broma se le ocurría, que era irremediablemente festejada por Shun, June, Ichi y Shiryu. Shura estaba un poco más alejado de todos pero lo pudo ver tomando la mano de Geist, la hermana menor de Shaina, así que algo como aquello la hizo sonreír más.
Aioros estaba recargado en la pared junto a Saga y podía observar que ambos gemelos estaban haciendo pasar un momento vergonzoso al noveno guardián que les mirada con reproche, pero tanto Saga como Kanon estaban disfrutando del bochorno de Aioros que comenzaba a disculparse con una doncella repetidas veces.
Aldebarán estaba demostrándole su fuerza a algunos caballeros de bronce pues literalmente el guardia de tauro tenía entre sus brazos una mesa alzada sobre su cabeza en la cual estaban sentadas media docena de doncellas que reían nerviosas y no dudaban que Aldebarán pudiera levantar más, simplemente que las jóvenes ya no cabían.
-Aldebarán es demasiado fuerte ¿No crees? – La pieza de música se había detenido y les habían dejado una ligera pausa.
-No me cabe duda que sus puños podrían derribar a un gigante si lo desease. – Saori observo como el gran toro dorado retiraba lentamente una de sus manos y mantenía suspendida la mesa con las 6 jóvenes con solo una mano.
-Me alegra que no se haya tomado tan a pecho el que le hubiera roto un cuerno. – Rio alegremente Seiya, recordando la batalla que había mantenido con el gigante durante el conflicto interno de las doce casas.
-Eso no significa que lo haya olvidado. – Hizo notar Saori, lo que provoco un ligero respingo en Seiya. – Debemos agradecer al destino que lo que Aldebarán tiene de altura equivale a su gran corazón. – La música volvió a sonar lentamente, esta vez era un poco más lenta, así que tal vez Seiya y ella lograrían bailar una pieza sin pisarse uno al otro, pero antes de que colocase su mano sobre el hombro del japonés una mano intercepto a la suya y la estrecho educadamente.
-Athena, ¿Me permite esta pieza? – Refuto educadamente aquel caballero, de temple digna de admiración y elegancia. -¿No te molesta Pegaso?
-No, adelante. – Seiya arrugo la nariz molesta por esa intervención, sin embargo comprendió que sería uno de los pocos momentos en que Athena compartiría con ese caballero en especial, así que hizo una leve inclinación de cabeza y se retiro.
-Estaría encantada de bailar contigo. – Saori puso elegantemente su mano sobre la de él y la otra sobre su hombro.
-Como siempre Athena el placer será mío. –
…
Continuara…
Notita importante: El nombre de Gisela significa "aquella es una flecha poderosa" perfecto para el arquerito.
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LadyMadalla-Selena: Cronos está llevando a la orden y Athena a sus límites y muy probablemente veamos a no solo Athena mitológica si no a alguien más. Aldana nació con mala estrella, así que muy probablemente muera por ella, cada paso que intenta dar hacia el bien, parece que se aleja de vivir, pero ya veremos. Parejitas por todos lados el próximo capítulo entrare en detalles.
Artemiss90: La fiesta a penas fue una introducción, ya tengo planeado lo que habrá en el siguiente capítulo y como se las van a cebar los titanes jijiji. Si pudiera adelantarte como terminaría esto, lo haría pero mejor te dejo que te desarrolles con la historia que cada vez limo más los detalles del final.
Lady-sailor: Cual memo? Yo solo puedo decirte que el próximo capítulo se va a empezar lo bueno. Las batallas van a regresar.
Andy: Me da gusto que seas feliz al ver mis actualizaciones, ya sabes que siempre trato de sorprenderlos en cada capitulo que escribo, lamentablemente soy mejor para escribir cosas malas que buenas. Tratare de complacerte unos capitulos más pero irremediablemente algun dorado morirá, lo siento pero si alguien no muere no queda en claro la fuerza del enemigo.
Darkmiss01: La fractura entre los titanes, cada vez se hace más grande y si bien Hyperion tiene razón, al final de cuentas sus hermanos van a encontrar una forma por la que Hyperion termine odiando a Athena y a sus caballeros. Aldana y Camus se van a alcanzar a despedirse, pero quien sabe si vuelvas a encontrarse aunque sea una vez más. Solo te puedo decir que el próximo capitulo dos santos van a tener que hacerle frente a un enemigo poderoso quisiera decirte quien y quienes pero no puedo. Athena no desea pelear como diosa, si va a dar guerra quiere sentir el mismo dolor y sufrimiento que los humanos, DM va por buen camino para dominar una técnica y es que seguramente el morir 3 veces debe hacerte madurar al menos no y por ultimo quien espiaba a Orfeo no era un enemigo, era un santo dorado.
Reitodark: Me da mucho gusto que hayas encontrado mi fic y que lo hayas leído todo y me fascina que te encante, te agradezco mucho todos tus comentarios de todo corazón. Tratare de no matarlos pero no prometo mucho jijijij, que te agrade la amistad y relación de SAGA-AIOROS-KANON es bueno porque trato de restablecer su unión, te agradezco todo lo que te guste de mi fic es para eso, para darles gusto, tratare de no matar a ALDANA ni a tus cuatro favoritos, te digo algo la exclamación si se hara pero no puedo decirte por quienes, pero sera genial te lo juro.
Atte: ddmanzanita.
