Nuevo capítulo, trate de hacerlo lo más pronto posible espero que lo disfruten mucho y me dejen un lindo comentario.
Capitulo 38 La escusa perfecta para odiarte.
-Como siempre Athena el placer será mío. – El doceavo guardián del zodiaco, tomo con firmeza la mano de su diosa, para que sintiera seguridad en los pasos, pero al mismo tiempo, la agarro como si estuviera acariciando un delicado pétalo de una rosa.
Athena se sorprendió ante la habilidad de su caballero, pues este realmente se desempeñaba muy bien en su tarea e incluso mucho mejor que Seiya, Afrodita sabia dirigirla a la perfección de acuerdo a los remates de la música, de hecho lo hacía tan bien que rápidamente atrajo la atención de varias de las parejas que estaban bailando.
-¿No sabía que bailabas? – Murmuro al oído del caballero que la alejo de él con una vuelta, Afrodita le sonrió de medio lado y la acerco de nuevo a él.
-Hay muchas cosas que se me dan bien. – Respondió sin fingir modestia. – Otra de las cosas que se me dan bien, es acudir en su auxilio, antes de que Pegaso termine por dejarle sin un pie. – Saori rio sinceramente, aunque sintió un poco de pena que Afrodita hubiese notado lo patoso que ambos estaban bailando hacia unos momentos.
Saori guardo unos segundos silencio y agacho sus ojos, mirando directamente hacia el pecho de Afrodita, pensando en el remordimiento de no haber encontrado una forma antes para acercarse al caballero de las rosas y es que aunque realmente lo había meditado no encontraba una manera de relacionarse con el pisciano, pues este claramente marcaba una relación distante de diosa – caballero, nada más.
-Afrodita. – Su voz a penas y fue un susurro, incluso lo dijo tan bajo que pensó que el caballero no la escucharía.
-¿Qué ocurre Athena? – Afrodita miro sobre Athena, para buscar con sus ojos celestes a su mejor amigo y no se sorprendió al no encontrarlo entre los asistentes, seguramente Mascara había pensado lo mismo que él ¿Cuántas de esas personas no sabían que habían sido los sicarios de Ares?
-No, no es nada. – Cerró los ojos y sonrió ampliamente, restándole importancia a lo que realmente quería decirle al caballero. - ¡Me alegra que este aquí!
-Eso es gracias a usted. – Afrodita se detuvo una vez que la música paro, sonrió débilmente a la deidad y la tomo por el codo para sacarla de la pista de baile, antes de que Seiya volviera a intentar "lucirse" como hacia unos momentos. - ¿Quiere algo de beber? – Ofreció educadamente piscis.
-Si, por favor. – Ambos se encaminaron hacia donde estaban las bebidas, Saori tomo un poco de vino tinto y el caballero la imito. Athena fijo sus ojos en su copa y removió lentamente el contenido escarlata, el cual ondeo en su interior, detuvo lentamente el movimiento circular de su mano y se fijo como dentro de su propia copa se vislumbraba el reflejo de una de las antorchas que iluminaban aquella noche. - ¿No has venido acompañado de Mascara?
-No. – Acoto. – Pero estoy seguro que no va a tardar, siempre le gusta llegar tarde a todos lados. – Mintio, alzo su vista hacia los doce templos solo para percibir que en su interior aun permanecían los cosmos de Shaka y su mejor amigo.
-Eso espero. – Athena deposito su copa sobre la mesa, justo cuando Seiya y Shun se acercaron a ambos.
- Afrodita no tenía idea que bailabas. – Menciono asombrado Shun. – Mucho mejor que Seiya. – Admitió.
-¡Oye estoy aquí! ¡Como dices eso! – Refuto el japonés, mirando con reproche a su mejor amigo.
-Tampoco es que sea una mentira. – Afrodita se llevo a los labios su copa y bebió un sorbo sin inmutarse por la cara de desacuerdo de Seiya.
-Yo concuerdo con Shun y Afrodita. – Aioria se acerco hasta ellos y tomo dos copas en su mano, una para él y la otra para Marín, que le esperaba junto a la pista de baile.
-¡Nadie pidió opiniones! – Ladro Seiya, lo que hizo reír a todos.
-¡Vaya, vaya! – Milo llego con una copa en la mano y puso su brazo sobre los hombros del doceavo guardián. – Afrodita ¿Acaso le estas enseñando a nuestra hermosa y joven diosa a tomar? – Milo sonrió ampliamente al ver la copa en cuestión depositada sobre la mesa y es que a pesar de estar a la distancia él y estaba seguro que sus compañeros también, no perdían de a la deidad de vista, no sabía porque, pero el tema de protección de Saori hacía mucho tiempo había pasado a segundo rango, pues ahora el escorpión, le cuidaba porque tenía ciertos celos por compartir a su nueva amiga.
-No te confundas, alacrán. – Afrodita se retiro del brazo del escorpión. – Aquí eres el único que junto con Aioria han sonsacado a Athena. – Espeto hábilmente el sueco, recordándole a ambos griegos que él aun recordaba la escapada de la diosa junto a ellos a media noche.
-¿Qué no duermes? – Intervino Aioria, para defender a Milo.
-No todos somos unos gatos perezosos como tú, Aioria. – La ladina voz de Mascara de la muerte sonó a sus espaldas, que venía a respaldar a su mejor amigo. - ¿Y cómo no sentir que Athena se fugaba del santuario, si su cosmos se exalto por una fracción de segundos?
-Esa fue culpa de Milo, quien no saco a Athena delicadamente del santuario. – Acuso Aioria y maldijo el haberse visto arrastrado por el escorpión en esa misión, pues estaba seguro que sus compañeros se lo recordarían por mucho tiempo.
-Es que ustedes se fugan como críos, hay que ponerle emoción a la aventura. – Menciono emocionado Milo. - ¿Athena no me dejara mentir que ha sido su mejor escapada del santuario?
-Fue divertido. – Saori amplió su sonrisa, al ver como sus santos cambiaban de bandos tan rápidamente, con tal de atacarse bromeando entre ellos. – Mascara me da mucho gusto que hayas venido.
-Imagine que Milo se pondría ebrio y alguien tendría que deshacerse de él. – Mascara de la muerte miro juguetonamente al escorpión, que le respondió con una sonrisa retadora.
-Solo porque tú seas una nena para tomar, no significa que todos nos pongamos borrachos con él primer trago. – Milo sorbió un poco a su copa y paladeo el vino, mientras continuaba retando a Mascara con su mirada.
-¿Quieres ver a quien se llevan cargando de aquí? – Mascara tomo una copa de la mesa y alzo una ceja.
-No vale la pena que den un espectáculo así, menos frente a Athena. – Camus tomo a Milo del brazo y le reprendió con la mirada.
-Camus tiene razón, Mascara. – Afrodita clavo su mirada azul celeste en su compañero que le ignoro olímpicamente.
-Athena dígales algo. – Menciono Aioria, no porque no quisiera ver a Mascara y Milo competir si no porque sabía que algo como aquello se saldría de control.
-Deberían parar. – Seiya miro a ambos dorados que intercambiaron una sonrisa maliciosa entre ellos y luego le observaron.
-¿Qué Pegaso no tienes las agallas para intentarlo? – Mascara pico con su dedo índice a Seiya en dos ocasiones.
-Para Mascara, él jamás competiría, es demasiado para él. – Milo fue inocentemente protector, aunque tras sus palabras se escondía una provocación que no paso desapercibida para Athena, Aioria, Camus y Afrodita.
-Esto no es nada. – Seiya tomo una copa con decisión y se la empino de golpe, para después lanzarles una sonrisa intimidante a los dos caballeros dorados.
-Yo le entro. – Dio y Capella habían estado observando en silencio, pero apenas se dieron cuenta que era una competencia, decidieron intervenir.
-Esa es la actitud. – Celebro Milo, tendiéndoles a cada uno una copa. – Son mis santos de plata favoritos. ¿Alguien más?
-Seiya ¿Acaso ningún caballero de bronce te va a secundar? – Mascara de la muerte examino rápidamente a toda la multitud que les rodeaba en busca de un valiente, Ikki claramente estaba peleado con la vida y se encontraba observándolos desde una mesa distante, Shun era demasiado inocente, Shiryu y Hyoga eran demasiado obedientes como para participar en una "barbaridad como esa" teniendo a sus dos maestros presentes, así que volteo a ver al resto de inexistentes caballeros de bronce. -¿Alguno de ustedes se animara? O ¿Dejaran a Seiya morir solo?
-Yo. – El caballero de lobo, tomo su propia copa y se la enfrasco en un solo sorbo, imitando a Seiya.
-¡Nachi! ¡Seiya! – Les gruño Jabu, tomando a sus compañeros por el brazo y girándolos hacia él. - ¿Cómo se les ocurre hacer esto frente Athena?
-Cállate niño llorón. – Mascara de la muerte tuvo que contenerse para no mandar a ese muchacho a Yomotsu, bueno no frente Athena, aunque el deseo persistía aún en él.
-Athena, ¿Athena? – Jabu se giro hacia la diosa que había desaparecido de entre la multitud y pudo ver su melena lila a lo lejos y es que Afrodita y Camus sabían que muy pocos podrían detener a sus mejores amigos, cuando algo se les metía a la cabeza, así que como prevención de que Athena observase algo tan patético de sus iguales, decidieron llevársela de ahí.
-Perfecto. – Milo amplió su sonrisa y le paso la mano por el cuello a Jabu. - ¿Unicornio no querrás unírtenos?
-Yo no… -
-Lo entendemos, vas a dejar que Seiya ponga en alto la valentía de los santos de bronce, como siempre… - Mascara de la muerte saboreo tranquilamente el vino, tal y como la vil verdad quemaba el orgullo del santo de unicornio.
-Jabu no tienes que… - Seiya puso su mano sobre el hombro de Jabu pero este gruño y le quito la copa a Pegaso de la mano para empinársela de un solo trago.
-¡Así se hace Jabu! – Milo sacudió por el hombro a Jabu y soltó una carcajada, mientras alzaba su copa frente a los ojos de Mascara de la muerte y se empinaba de un solo trajo. – Te voy a llevar cargando a Cáncer.
-Eso ya lo veremos. – Musito retadoramente el italiano, mientras el líquido escarlata desaparecía en su garganta. Mascara y Milo sabían que aquello iba a terminar mal, pero de que se iban a divertir mucho, no debía caber duda de ello.
…
-Mu no te parece que Athena se ve feliz. – Murmuro despacio el caballero de tauro, quien estaba sentado en una de las mesas, con los brazos cruzados frente el pecho.
-Tienes razón, Aldebarán. Es la primera vez que veo a Athena sonreír de esa forma. – Mu, contemplo en silencio a la deidad, después de la batalla de las doce casas Saori se veía confundida y melancólica, siempre se pregunto si fue ¿Por los caballeros dorados muertos durante la batalla o porque no se sentía preparada para guiar a un santuario, ella sola? Y a medida que la guerra contra Hilda, Poseidón y Hades podría decir que el rostro de consternación de la diosa, se volvió su principal rostro, a pesar que Milo y Aioria siempre trataron de hacerla sonreír, pero Mu y el resto de los santos dorados lo sabían, Athena necesitaba de los caballeros de bronce y estos la habían abandonado en el santuario para atender sus propios asuntos personales.
-Mu. – Aldebarán toco su hombro para atraer su atención y le sacudió levemente.
-Lo siento Aldebarán ¿Has dicho algo? – Miro al santo de tauro negar y le apunto con la barbilla hacia un punto preciso en la fiesta, así que siguió con su mirada la dirección que le indicaba su amigo y observo como Shaka de Virgo se abría paso hacia ellos.
-Buenas noches caballeros. – Saludo cortésmente el hindú.
-Buenas noches, Shaka. – Correspondieron ambos, el hindú recorrió una de las sillas de la mesa y se sentó a su lado.
-Así que te has decidido a venir. – Acoto Aldebarán y extendió su mano para tomar uno de los platillos que había preparado y aun continuaban con vida, ofreciéndoselos al sexto guardián, que los rechazo con un gesto cortes.
-Soy vegetariano, Aldebarán, pero te agradezco. – Shaka permanecía con los ojos cerrados, mientras su cosmos analizaba la cantidad de caballeros, amazonas, guardias, doncellas y aprendideces conglomerados en ese lugar.
-Te pierdes de uno de los placeres más grandes de la vida. – Aldebarán dejo el plato y sonrió a sus compañeros. – Me atrevo a suponer que algo o alguien es quién te ha hecho salir de Virgo.
-Tu suposición es acertada, Aldebarán. – Confeso el caballero más cercano a dios. Y es que después de que Camus y Milo se hubieran marchado de virgo, reparo que él era el único caballero dentro de las doce casas, incluso el templo de Athena y el salón patriarcal estaban vacios, lo que le hizo recordar aquel sentimiento de desolación, en la guerra santa.
Las doce casas se encontraban en su mayoría abandonadas, hermanos de orden combatían entre ellos, se lastimaban, se herían, rompían aquel sentimiento de hermandad que desarrollaron durante su infancia, alzaban su mano contra sus camaradas y cada vez que lo hacían se destrozaban una parte de sí mismos, era como si el golpe que lanzara él contra Saga, Camus y Shura, lo golpeara a él también y cuando Camus le hablo acerca de la confianza entre ellos y lo duro que había sido callar en esa batalla, comprendió que la exclamación pudo haberlo matado a él, pero que sin duda termino con una parte de ellos también. ¿Acaso Camus, Saga y Shura habían sido los únicos en llorar sangre? No, la orden entera había sufrido el atacarse unos a otros y aquellas lágrimas habían recorrido por el rostro de más de uno.
Se habían acompañado en ese sufrimiento interno, aun para dirigirse palabras de aliento sin decirlas, mostrar sus propias debilidades y la forma de asesinarse los unos a los otros. No había necesidad de darles su confianza, cuando hacía mucho tiempo que la mayoría de ellos se entendían sin necesidad de utilizar las palabras: Saga había entendido sus verdaderas intenciones, él conocía que había una razón más importante tras el trió, todos comprendieron el motivo de Kanon ahí, Mu comprendió la muerte de Aldebarán, todos compartieron una misma idea frente al muro de los lamentos y al revivir todos tenían una idea fija; Vivir.
-Todos de una u otra forma, deseábamos conocer a la Athena por la que peleamos, además creo que Kanon no fue el único que cometió el error de alejarse de la orden, después de todo la meditación interna me ha permitido comprender a la humanidad, sin embargo me ha alejado de la misma. – Mu escucho atento las palabras del rubio y comprendió las palabras de Shaka: Él estaba listo para integrarse a la orden, no más misticismo para Virgo, ni aislamiento.
-¡¿Qué cosas dices?! – Aldebarán palmeo con fuerza la espalda de Shaka y el abrazo amistosamente. - ¡Tu siempre has estado dentro de la orden!
-¡Shaka! – Athena trato de sorprender al caballero de Virgo por la espalda pero este se paro, mucho antes de que la deidad diera el primer paso, pero lo que el santo no se esperaba era que la griega lo abrazaría, Saori recargo su mentón en el hombro del caballero y le susurro. – Gracias por acompañarnos, sabía que no ibas a defraudarme.
-Athena... – Shaka estiro sus parpados sin abrir sus ojos, pero claramente la sorpresa se dibujo en su rostro, no esperaba que la deidad le abrazase, ni mucho menos la confianza y la esperanza que Athena tenía depositada en él.
De repente un grupo de santos de plata se acercaron a los dorados, riendo nerviosos entre ellos y empujándose con camarería unos a otros. Algol de Perseo se rasco detrás de la nuca y recargo sus manos sobre el respaldo de una de las sillas.
-Aldebarán, la comida te ha quedado deliciosa, no sabíamos que fueras tan buen cocinero. – Acoto el caballero de plata. – Aunque bueno tu alumno, nos había mencionado lo delicioso que se come en tauro.
-Bueno… gracias. – Refuto sin saber que decir el brasileño, mirando avergonzado hacia Athena y sus dos compañeros que tenían sonrisas relajadas en el rostro.
-Este nosotros nos preguntábamos si podríamos medir fuerzas contigo. – Inicio nervioso Babel de centauro, pero Aldebarán frunció las cejas confundido, mientras Mu intercambio una mirada noble con Athena. – Me refiero ha… bueno…
-Lo que quieren decir. – Rio burlonamente Jamian de Cuervo sentándose a un lado de Aldebarán confiadamente y apuntando hacia sus compañeros, como cual vil vendedor confiado. – Es que si podríamos intentar vencerte en unos apretones de manos, sin cosmos, simplemente en forma de juego.
-¿De verdad quieren intentarlo? – Menciono burlón Mu, comprendiendo lo que los santos de plata trataban de decir, jugar unas vencidas al santo más fuerte físicamente entre los doce era claramente desear terminar con el brazo roto.
-Está bien. – Respondió relajado el gigante, pero apenas pronuncio estas palabras se acerco una horda de caballeros de plata, que se sentaron emocionados alrededor del gigante, deseosos de probar fuerzas con él. Aunque todos sabrían que Aldebarán les iba a ganar, el objetivo no iba ser vencerlo, si no el que resistiera más tiempo al dorado.
-Yo primero. – Exclamo Dante oportunamente, adelantándose a todos sus compañeros se sentó frente Aldebarán y recargo su codo en la mesa y extendió su mano hacia él. – Vamos a probar suerte.
-Parece que las competencias me siguen. – Rio Athena.
-Eso pasa cuando está rodeada de hombres. – Noto Mu, mientras veía como Aldebarán tomaba confiado la mano de Dante, los santos de plata contaron hasta tres y fue cuando el bíceps prominente del caballero de plata comenzó a marcarse en un intento por hacer bajar la mano del toro que no se movió ni un centímetro, Dante apretó los labios y resoplo ruidosamente por la nariz.
-Esta es la primera vez que un caballero dorado y uno de plata miden fuerzas. – Inquirió tranquilamente Shaka a su lado. Saori asintió relajada si esa era la forma más cercana en que un caballero dorado y de plata "socializaban" por ella estaba bien. Aunque se sorprendió que Aldebarán continuara sonriendo confiado a pesar de que Dante se veía que estaba haciendo todo su esfuerzo.
-¡Vamos! – Le alentó Aldebarán, el caballero de plata gruño por lo bajo y aumento su fuerza logrando mover unos centímetros la mano del gran toro, que frunció el ceño sorprendido, pero un poco de su fuerza le hizo recobrarse de la desventaja que tenia contra el santo de plata y le llevo hasta el otro lado, haciendo que la mano de Dante tocase la mesa. – Muy bien Dante, has estado excelente. – Le animo el gigante, seño que no paso desapercibido para los santos de plata que se animaron aun más al ver el carisma acogedor del gigante y se agolparon para ser ellos los siguientes.
…
Shura miraba divertido como por un lado algunos de sus compañeros se encontraban enfrascados en una competencia contra el mismo alcohol, pues no dudaba que tanto Milo como Mascara de la muerte resultarían ebrios y por el otro lado como Aldebarán ilusionaba de vez en cuando a un caballero de plata para después vencerlo, Geist le tomo por la mano dulcemente, estrechándola entre las suyas y mirándolo fijamente a los ojos.
-Jamás pensé que el santuario estuviera unido y todo gracias a ella. – Geist dirigió sus hermosos ojos azules hacia Athena que reía divertida de cómo Aldebarán había bajado casi por completo su mano a la mesa, de la cual le separaban unos centímetros pero ni así Jamian lograba vencerle.
-Ella no solo ha traído paz y esperanza al santuario, sino que también le revivió. – "Y te revivió" pensó para sus adentros el caballero de capricornio, quien tomo a la italiana por la barbilla y le hizo mirarlo, no sabía qué era lo que más le gustaba de Geist y es que físicamente era demasiado atractiva, pero su actitud fiera le enloquecía, aunque conocía que en el fondo Geist era realmente noble.
-Hola Geist. – Se acerco inoportunamente Moses de Ballena, cosa que para Shura no paso inadvertida. – Capricornio. – Saludo a fuerzas el caballero.
-Hola. – Geist arrugo la nariz, con cierta molestia y se pego un poco más a Shura. - ¿Qué ocurre?
-Nada, solo he pasado a saludarte ¿Quería saber cómo estabas? – Shura miro de Geist a Moses, sabía que desde que habían revivido la mayoría de las guardias de Geist eran con Moses y que por ello se habían hecho muy buenos amigos, pero claramente lo que el notaba en el ambiente era incomodidad por parte de la pelinegra, lo que le indicaba que claramente algo habia pasado entre los dos.
-Estoy bien. – Espeto secamente Geist. – Shura ¿Podrías traerme algo de tomar por favor?
La petición de la joven claramente le desconcertó, Geist le acababa de pedir indirectamente que le dejara sola, así que le lanzo una rápida mirada de incertidumbre y asintió lentamente. No se consideraba una persona celosa, pero la forma en que clavo su mirada en Moses le demostró todo lo contrario.
Avanzo a regañadientes hasta la mesa, con la mirada perdida y claramente con mil preguntas rondándole la mente, primero la forma inoportuna de Ballena de acercarse a ellos, el saludo a fuerzas que le dirigió a él, ¡A ÉL QUE ERA UN SANTO DORADO!, el ambiente incomodo entre ellos y la forma en que Geist le pidió que se alejase, no quería pensar paranoicamente pero de que había algo extraño entre ellos dos lo había.
-¿Celos? – Espeto una voz burlona a su espalda, miro por el rabillo del ojo a Afrodita que miraba en dirección hacia Geist y Moses.
-No sé de que hablas. – Atino a contestar.
-Seguramente la copa rota en tus manos si sabe de que hablo. – Afrodita soltó una pequeña risa y le tendió una servilleta para que se limpiara los restos de sangre y vino de las manos.
-Lo lamento. – Shura se sorprendió de a sí mismo, ni siquiera se había percatado que había tomado ambas bebidas entre sus manos y claramente su rostro debió demostrar alguna molestia, pues Afrodita lo noto.
-No tienes porque disculparte. – Afrodita apuro su bebida a sus labios mirando de reojo a Geist que fruncía el ceño molesta y se estaba conteniendo al hablar contra Moses. – No creo que debas preocuparte por ella, se ve que sabe defenderse muy bien.
-Créemelo que lo sabe. – Shura recordó él día que le enviaron a detenerla por primera vez y lo difícil que le resulto contener a la joven. El español volteo a ver en dirección de la pelinegra, notando lo mismo que Afrodita. Jamás desconfiaría de ella, pero Moses mostraba tener otra intención en ella y que alguien más se fijara en ella, como él, lo hacía le molestaba y le daban ganas de golpearlo. – Supongo que quiere resolverlo por ella misma.
-Es hermana de Shaina, muy seguramente puede resolverlo. – Afrodita poso su mano sobre el hombro de su amigo y le sonrió confiado. – Demuéstrale a ese plateado, que no debe meterse con tu chica. – El sueco rio levemente y se introdujo entre los caballeros perdiéndolo rápidamente de vista, resoplo tranquilamente, tiro a un cesto la servilleta con sangre, se aseguro que su mano no sangrara más y tomo de nuevo dos bebidas.
-Moses, creo que he sido bastante clara contigo. – Escucho decir molesta a la italiana, que suavizo más su tono de voz al percatarse que él se acercaba.
-¿Ocurre algo? – Pregunto inocentemente, aunque sus ojos observaron filosamente al caballero de plata.
-Nada, Moses ya se iba ¿Verdad? – Geist tomo la mano de Shura con firmeza y repego su cuerpo a él, Shura supo que ella no buscaba protección, si no que le estaba dejando muy claro al santo de plata que ambos sostenían una relación. Sintió algo de pena al observar la forma tan lastimera en que Ballena miro sus manos.
-Adiós Geist. – Moses se alejo cabizbajo de ellos y la pareja le miro marcharse con algo de pena, mientras el silencio incomodo perduraba entre ambos, Shura carraspeo pidiendo una explicación a la joven que se volteo a mirar a otro lado.
-¿Y bien que ocurre? – Shura soltó la mano de la joven y miro por donde el caballero de plata se había alejado.
-No es lo que estas pensando. – Murmuro ella. – Es solo que él me ha declarado que yo le gusto, pero he sido clara y le he dicho que no puedo corresponder a sus sentimientos porque estaba con alguien, que es infinitamente terco, recto, metódico, justo y amargado, que me saca de quicio y me enloquece, pero que aún así amo con toda mi alma.
-Bueno alguien tiene que controlar tus impulsos rebeldes. – Shura respiro aliviado al escuchar la confesión de Geist, la verdad no esperaba menos de ella. – Ven. – Shura extendió sus brazos hacia ella y la cubrió con ellos, la pelinegra recargo una de sus manos en su pecho y su cabeza. Shura beso su frente. – Te amo, pequeña salvaje. – Geist cerro los ojos y alzo su cara para besar a capricornio quien correspondió a su beso.
-Es un milagro que Shaina no nos interrumpiera, para tratar de alejarte de mí. – Geist le abrazo cariñosamente, con los demás podía ser indiferente, fría, incluso en ocasiones cruel y distante a ellos, un carácter duro, muy parecido al de su hermana mayor, sin embargo con Shura, era diferente y le gustaba ser mejor persona cuando estaba al lado de él, le gustaba ser la persona quien era cuando él estaba a su lado.
-Tu hermana está ocupada asesinando con su mirada a Milo. – Bromeo Shura y ambos se rieron, aunque no se alejaba de la realidad, Shaina prácticamente estaba echando chispas por los ojos al ver la innecesaria competencia entre el escorpión y los demás caballeros.
-Me alegra que me tengas confianza, eres el único que siempre mantuvo su fe en mi. – Geist le abrazo con fuerza y se acurruco en su pecho. - ¿Quién diría que terminaríamos juntos?
-Aún yo mismo me sorprendo al ver como cambiaron las cosas entre nosotros. – Shura recargo protectoramente su barbilla en la cabeza de la pelinegra que se rio, al recordar el trance del desinterés-odio-resentimiento-rencor-placer-amor que tuvieron entre ellos. – Seguramente me he de haber golpeado la cabeza muy duro como para enamorarme de ti. – Se burlo capricornio.
-Hey, si no me quieres me puedo ir con Moses. –
-JAJAJA, anda ve y sácalo de la friendzone. – Se carcajeo Shura, aunque no le hizo tanta gracia el comentario de Geist.
-No, mejor me quedo aquí. –Gesit lo tomo con seguridad del rostro y lo obligo a verla.- No vaya a ser que mueras de celos y Athena tenga que comprar una vajilla nueva por mi culpa. – La pelinegra se hizo a un lado juguetonamente y le indico los restos de vidrio que yacían en el suelo.
-Eso fue un accidente solamente. – Shura se relajo, al ver que ella misma tomaba a broma lo ocurrido con Moses.
-Estabas celoso. - Geist sonreía ampliamente mirando al capricorniano, sin embargo su sonrisa disminuyo, se acerco a él y lo abrazo fuertemente, deseando que pudiera permanecer a su lado para siempre, aunque ella sabía que se estaba engañando a sí misma, el amor de ella y Shura siempre había estado destinado a ser muy corto, no por ellos, si no porque el cosmos no los quería juntos, no pudo evitar ver la venda que sobresalía del brazo y hombro de Shura, tal vez la fuerza de un santo dorado podía llegar a combatir a los titanes, pero esa herida ya ponía en una impresionante desventaja a Shura.
-No estaba celoso, solo no me gusta que se fijen en ti, es más como una precaución a ellos, después de todo no cualquiera puede soportar a una chiquilla berrinchuda, loca, rebelde y fastidiosa. – Shura le robo rápidamente un beso a la italiana y le despeino un poco, sabía que Geist odiaba que la despeinaran. – Para ser una amazona eres bastante vanidosa.
-¿Yo vanidosa? ¿No son los santos de oro los seres más vanidosos y orgullosos? – Geist se acomodo rápidamente su largo cabello negro que llevaba suelto y lo puso a un lado. – Si el orgullo es todo para ustedes.
-Te equivocas. – Shura acaricio el extenso cabello azabache de la amazona que sintió un escalofrió, ante la caricia, sintió la mano de capricornio acariciarle el cuello. – Tú eres todo para mi. – Se agacho y la beso.
…
Patio el resto de algunas piedras que se desprendieron del suelo y cayeron por el extenso acantilado que se encontraba a sus pies, les siguió con la mirada hasta que vio que estas se perdieron en la extensa oscuridad, aun así continuo atento a su caída hasta que escucho muy a lo lejos el rebotar que estas tuvieron una vez que alcanzaron el suelo.
Alzo su vista al cielo para contemplar las estrellas que se encontraban sobre su cabeza, estaba seguro que la tierra era uno de sus lugares preferidos para ver la extensión del universo, pues la luz de este parecía bañar el suelo terrestre con gusto, muy a diferencia en cómo se contemplaba desde el espacio o el camino de los dioses.
-Hermano. – La voz afilada de Críos resonó a su espalda, se sorprendió de no distinguir en su tono de voz, su habitual asentó burlón pero supuso que esto se debía a que su hermano se encontraba nervioso, por lo que había ocurrido entre Hyperion y él.
-Críos, estas furioso. – Le hizo notar, su hermano solo bufo a su lado molesto. Críos era tan temperamental que no iba a dejar pasar un incidente como esos, simplemente. - ¿Estas enojado con Hyperion y Ceo?
-En lo absoluto. – Negó a su lado. Críos no llevaba su espada como habitualmente lo hacía, tal vez su hermano estuviera arrepentido de haber amenazado con esta a Hyperion y Ceo y el simple hecho de verla le recordaba ese terrible incidente. - ¿Y tú?
-Para nada, son nuestros hermanos y como jure en el pasado, ustedes son lo único por quienes luchare y arriesgare mi vida. – Cronos extendió su mano frente a él y materializo en esta una esfera negra que era rodeada por un halo oscuro. – Hyperion me preocupa.
-A todos hermano. – Confeso Críos. – Esa actitud no es normal en él. ¿Qué piensas hacer? ¿Por qué me has llamado?
-Hyperion esta dudando y ha comenzado a cuestionarse si realmente nosotros, los titanes merecemos haber salido del tártaro, tal vez esté pensando en que Athena y el resto de los dioses sean los correctos para dirigir el universo. – Cronos cerró tranquilamente los ojos y suspiro decepcionado. – Le perdono la vida a uno de los santos de Athena en el Olimpo, nuestro hermano se está cuestionando cual bando es quien merece vencer y tal vez crea que Athena es la indicada para guiar el mando de los dioses y lograr un equilibrio.
-Si realmente Hyperion está pensando en eso, es nuestra obligación Cronos mostrarle, quien realmente es Athena. – Críos arrugo el rostro y el odio destilo en su mirada por unos segundos.
-Quiero pedirte algo. – Cronos tomo el hombro de Críos y sus miradas carbonizadas se encontraron, la esfera en la otra mano de Cronos comenzó a crecer y en su interior se visualizo el santuario, todo se encontraba en oscuridad a excepción de un punto donde todo estaba claramente iluminado, Críos rebusco entre el mar de caballeros, amazonas, sirvientes, doncellas a la diosa de la sabiduría y la vio riendo tranquilamente. – Alguien como ella, que no respeta a sus superiores, que no es diosa, ni humana y quien claramente no ha ubicado su lugar en este mundo, no puede dirigirnos.
-Athena. – Gruño el espadachín, si no podía culpar a Zeus del conflicto interno entre ellos, Athena iba a ser la culpable de todo, ella había sellado a sus hermanos, sus caballeros asesinaban a los gigantes y a sus sirvientes, ella era la responsable de todo y si Hyperion estaba considerándola como la indicada para gobernar, el iba a mostrarle lo equivocado que estaba, Athena era una diosa, hija del mismísimo Zeus y quien compartía la mayoría de los ideales de su padre. - ¿Qué quieres que haga Cronos?
-Mueve a los gigantes, quiero que ataquen el santuario y asegúrate que enfrenten a santos dignos de su poder, si Athena se involucra mucho mejor. – Cronos desvaneció la esfera en su mano que se transformo en humo y se esfumo en el aire. - Ha llegado el momento de abrirle los ojos a Hyperion.
-Les diré a los gigantes que actúen por sí mismos y no te involucren en esto, así Hyperion creerá que ellos apoyan nuestra causa y que nosotros no les hemos ordenado nada. Me emociona desatar el odio de Hyperion, porque sé que esto va a desatar el final de la guerra, estamos a nada de ganar. – Críos asintió con una sonrisa maliciosa en el rostro, complaciente de poder deleitarse con una sutil venganza, Athena no iba a separarlos, al contrario iba a probar el cosmos de aquel que intento poner en su contra. Críos camino desinteresado hacia el acantilado y se dejo caer por este en busca de los gigantes.
Cronos miro como estallaron cientos de piedras ante la caída de su hermano y como el suelo cimbro ante el impacto, se cruzo de brazos gustoso y se encamino hacia sus aposentos, donde seguramente Rea le estaría esperando, pero solo un pensamiento cruzaba por su mente. El fin de la guerra estaba cerca y solo un bando podría salir vencedor.
….
-Va a terminar mal – Augurio el gemelo mayor, frunciendo el ceño al ver como Milo se llevaba con facilidad la octava copa de vino a los labios, sin dificultad, claramente el caballero de escorpión se veía muy quitado de la pena tomando, mientras que en las mejillas de los caballeros de plata se observaba un rubor en sus mejillas, mientras Seiya y Jabu estaban abrazados como los mejores amigos.
-Mascara de la muerte se ve demasiado tranquilo. – Noto Aioros al guardián de cáncer que extendía una nueva copa de vino a Capella. – El hecho de que ellos dos estén bien, solo indica que ya tienen resistencia al alcohol y no creo que sea por el cosmos.
-Podría tratar de defenderlos, pero siendo ellos dos no me sorprende, en lo absoluto. – Saga negó lentamente y miro de soslayo a su gemelo que les paso a cada uno un brazo por detrás.
-Ustedes honorables caballeros dorados, aspirantes al patriarcado ¿No van a hacer nada para detener a sus compañeros? – Inquirió burlonamente Kanon. - ¡Oh! Se me olvidaba que ustedes saben que es subir las doce casas en estado de ebriedad. – Rio generosamente el geminiano menor, notando la cara de molestia de su gemelo y la frustración en el rostro de Aioros.
-¿No estabas ocupado? – Trato de correrlo Aioros.
-Jamás estaré ocupado para molestarte Aioros. – Touche, Kanon soltó a ambos y camino hacia atrás. – Pero te tengo una sorpresa Aioros.
-¿Qué? – Alcanzo a mascullar el arquero pero Kanon ya había desaparecido entre la multitud. Suspiro cansadamente, rogando a Athena por más paciencia y miro preocupado a Saga que extrañamente sonreía. – Las sorpresas de Kanon siempre resultan en desgracias para mí.
-¿Cómo se le ocurrió recordarnos lo de Rodorio? – Saga se paso la mano por el rostro y miro de soslayo a Aioros. A la mente de ambos sobrevino el recuerdo de aquel día en que tanto Saga como Aioros habían decidido aventurarse al pueblo sin Kanon y la escapada llevo al pueblo y este al tabu de probar el alcohol y una copa llevo a otra, hasta que ambos terminaron ebrios, pero el temor a que Shion les descubriera les obligo a volver a los doce templos, donde curiosamente se toparon a Kanon en la entrada de Aries, quien les molesto durante todo el camino, no solo con la plática interminable más tediosa: Pergaminos escritos en griego antiguo, los cuales Kanon recitaba a la perfección en voz pausada y dramática, además se burlaba de cada vez que tropezaban o incluso cuando se caían varios pares de escalones, más aparte cada vez que se acercaban a la entrada de un templo Kanon se adelantaba y hacia una reverencia a un Shion imaginario, causándoles casi un infarto a ambos santos.
-Te juro que pensé que mi sufrimiento terminaría cuando vi que llegamos ese día a Géminis. – Aioros sonrió cansadamente, al tiempo que se preguntaba de donde provenía toda su paciencia limitada hacia Kanon.
-Pensaste que Kanon se quedaría conmigo, pero mi hermano decidió que sería mejor acompañarte hasta Sagitario. – Volvió a reír al recordar la cara de sorpresa y desilusión que Aioros puso en ese momento.
-Al día siguiente no sabía si mi dolor de cabeza era por el alcohol o por Kanon. – Confeso Aioros riendo nerviosamente, de verdad que no sabía cómo le hacia Kanon para ingeniarse planes tan exitosos para él, pues nunca más volvieron a bajar a Rodorio sin él. Si Kanon tenía un don era el de la venganza.
-Mira ahí viene tu sorpresa. – Mascullo Saga al distinguir la melena de su hermano entre la multitud. Aunque lo negase estaba emocionado por saber que ocurrencia traería Kanon para Aioros, lo cual muy probablemente sacara de quicio a su mejor amigo.
-Cierra los ojos, arquero. – Grito Kanon desde la multitud, Aioros noto que varios de los presentes le miraron inquiridoramente y por unos segundos maldijo mentalmente a Kanon. – Vas a ver cómo te va encantar.
-¿Qué se trae entre manos tu hermano? – Refuto al borde de su paciencia.
-Deberías cerrar los ojos si quieres terminar de una vez por todas con esto y descubrirlo. – Saga contuvo la risa y se esforzó por mirar seriamente a Aioros.
-Está bien diviértete de lo lindo, con tu hermano. – Aioros cerró los ojos de mala gana y el resto de sus sentidos se aumentaron, mientras escuchaba a través del barbullo de la gente las pisadas de Kanon.
-Listo Cupido, abre los ojos. – Aioros obedeció al gemelo menor, fulminando con su mirada a lo que estuviera frente a él, pero para su sorpresa miro a Gisela. - Esta encantadora jovencita te estaba buscando Aioros.
-Hola. – Atino a decir nervioso, cambiando por completo la expresión de su rostro.
-Aioros yo... bueno es que… - La joven comento nerviosa, sintiendo que estaba en un lugar inapropiado y maldijo el haberse acercado al santuario. – Olvidaste tus cosas en mi tienda.
-Mira nomas. – Intervino Kanon burlón. - ¿Así que todo el día con Shura verdad? - Kanon se deleito de haber descubierto la mentira de Aioros y busco entre la gente a la cabrita dorada para espetárselo en la cara, sin embargo Shura le quedaba del otro lado, así que solo tendría el placer de enfadar a Aioros.
-Gracias Gisela. – Aioros tomo la bolsa que le extendió la joven y luego intercambio una mirada con Saga para que les diera algo de privacidad y arrastrara a su gemelo hasta Cabo sunion si era preciso, con tal de que los dejara solos. Pero como era de esperarse Kanon le dio un manotazo a Saga a penas y este extendió la mano. – Es que me sorprendió volver a verte que…
-¿Así que tu eres la encantadora Gisela? – Kanon empujo a Saga para que le soltase de las ropas y amplio tremendamente su sonrisa. –Tú no pierdes el tiempo ¿Verdad, Aioros?
-Kanon. – Una mano intrépida tomo la mano de del general marino y lo halo hacia atrás, por unos segundos creyó que sería Saga pero cuando observo esos penetrantes ojos azules atravesándolo como si fuera un charco de agua, cambio drásticamente su expresión.
-Thetis. – Murmuro Kanon, la rubia claramente le veía con cara de pocos amigos y miraba enfurecida a Gisela y es que la sirena acababa de escuchar a Kanon llamarla encantadora. -¿Quién es ella? – Siseo.
Kanon escucho las risitas de Saga y Aioros detrás de él, era obvio que el arquero dorado estuviera disfrutando la escenita de celos que le estaba haciendo Thetis y como siempre Saga se mantenía en zona segura burlándose de la forma estúpida en la que Aioros y él siempre se atacaban.
-¿Y bien? – La sirena se cruzo de brazos conteniéndose y alzo una ceja, exigiendo una explicación. Gisela a penas vio a la rubia retrocedió aterrorizada y se coloco detrás de Aioros.
-Veras Thetis, ella es la novia de Aioros. – Kanon se carcajeo y miro triunfante a Aioros que estaba sonrojado y Gisela parecía una antorcha más, el gemelo menor le puso un brazo a la sirena para relajar los ánimos y se marcho con ella, riendo estruendorosamente. – Después me lo agradecerás Aioros.
-Te voy a matar Kanon. – Gruño Aioros, miro a Saga quien se mordía el labio para contener la risa y es que el gemelo mayor reconocía el sutil toque que tenia Kanon para siempre salirse con la suya, aunque si seguía así no dudaba que la limitada paciencia que Aioros tenía con su hermano menor, llegase a su fin y claramente Aioros enojado era una excelente competencia para su gemelo.
-Me retiro. – Saga se marcho sin decir más, porque ya no aguantaba la risa.
-Yo entiendo… recuerdo a Kanon… y sus bromas. - Inicio Gisela, aunque sus mejillas ardían debido a su sonrojamiento. – No es que me moleste que me digan que soy tu novia, ni nada… pero…
-No te… preocupes, te entiendo. - Aioros tartamudeo, jamás dudo en atacar cuando Ares intento matar a Athena, pero ahora frente a ella parecía de nuevo un crio de 14 años. – Llevemos esto con calma, sin prisas.
-Me alegro mucho verte hoy en la tienda. – Admitió la joven con una sonrisa tímida, alzo sus ojos al arquero y enrollo uno de sus mechones verdes tras su oído. – Te extrañaba. – Confeso. La chica noto que varios ojos estaban posada sobre ella, pero después observo que no era a ella quien miraran si no a Aioros.
-Yo también estoy feliz de verte, pensé que ya te habías marchado de Rodorio, como tanto deseabas. – Aioros tomo a Gisela por el codo con cuidado y la dirigió a una zona un poco más alejada con el fin de quitarse las miradas incomodas del resto.
-Bueno, uno madura con el tiempo y se da cuenta de lo tonto que suenan sus ideas. Antes quería largarme de Rodorio para conocer el mundo y cuando tuve oportunidad de irme, viaje hacia Lamia pero me di cuenta que no había nada, ni nadie que me esperase a ahí. – Gisela sonrió tristemente. – Sera mejor que me vaya, me esperan en casa.
-Déjame acompañarte. – Aioros miro hacia la fiesta, seguramente nadie notaria su ausencia y si lo hacían sabia que sus compañeros entenderían. – Lamia es una ciudad maravillosa y no dudo que te encantara visitarla, simplemente extrañabas tu hogar.
-Es demasiado tranquila. – Comento la joven caminando hacia el sendero que conducía a Rodorio. – Aquí al menos escucho de vez en cuando una explosión de cosmos y a veces platico con algún orgulloso caballero. – Vio de reojo juguetonamente a Aioros quien le empujo delicadamente con el hombro.
-Los caballeros de Athena somos muy modestos. – Aioros vio a la joven tratar de empujarlo, sin embargo el no se movió ni un centímetro.
-Tienes razón, claro a excepción de los caballeros dorados. – Gisela rio, pero su risa se entrecorto cuando le dio de lleno con el pie a una piedra, que no se observaba en la oscuridad y se tropezó, cayendo patosamente frente a un Aioros desprevenido, que trato de contener la risa.
-El Karma. – Mascullo sonrientemente, se agacho a su lado y le extendió la mano, sin embargo la joven no se pudo poner de pie.
-No te rías. – Se quejo, Gisela se había vuelto a sonrojar, quería que la tierra se la tragara, pues estaba segura que jamás una caída por más controlada que fuera se vería atractiva. Sin embargo su orgullo pudo más y muy a pesar del dolor, logro ponerse de pie, aunque sentía que el tobillo se le destrozaría bajo su propio peso, incluso ya se apreciaba un poco hinchado.
Aioros se rio de lo obstinada que podía ser Gisela y la alzo con ambos brazos para cargarla y evitar el penoso viaje que tendría que hacer con el tobillo en esas condiciones. Gisela se cubrió la cara con ambas manos avergonzada de que el arquero tuviera que cargarla hasta su casa.
-Deberias bajarme yo puedo caminar. – Murmuro.
-No te preocupes. – Aioros sintió las manos de Gisela rodeando su cuello. – Después de todo puedo cargar piedras sin problemas. – Gisela bufo ante la comparación.
-¡Yo no peso lo mismo que una piedra! – Le gruño juguetonamente.
-Pero caen igual. – Esta vez por más dolor y orgullo que tuviera la peli verde acerca de su caída, rompió a reír alegremente junto con Aioros. De verdad cuanto le había extrañado.
…
-¿Te apuesto lo que quieras que tu alumno no aguantara dos copas más? – Aioria rio tranquilamente y miro tentadoramente a Marín, a quien tenía tomada de la mano.
-Yo no le entrene para ello. – Refuto la amazona del águila, declinando la oferta del león que rio divertido al ver a Seiya aceptar una copa de Milo. – No puedo creer que Milo hubiese logrado convencer a Seiya de participar.
-Milo tiene una habilidad especial para siempre conseguir lo que quiere. – Aioria defendió a su par y se recargo tranquilamente en la barra donde varias bebidas descansaban.
-No creo que dure mucho tiempo más. – Marín apunto con la barbilla a su mejor amiga que platicaba con June y Misty, sin embargo los ojos de la cobra se desviaban de vez en cuando para clavarse con furia en Milo.
-Una prueba más de que Milo siempre consigue lo que quiere. – Murmuro despacio Aioria, pero Marín le lanzo una mirada molesta y apretó un poco más su mano.
-Shaina tiene un gran corazón, aunque por fuera se vea muy dura y frívola. – Defendió la amazona.
-Está bien. – Aioria observo como Dio se caía de bruces ante tanto alcohol en su sangre y como ni Mascara de la muerte, ni Milo movían un dedo para sostenerlo, muy seguramente porque sus dos compañeros también comenzaran a sentirse mareados y preferían no ayudarlo a perder su centro de equilibrio. – Yo les advertí que nosotros llevábamos las fiesta a otro extremo.
-¿Lo dices por los retos? – Marín se acurruco entre los potentes brazos del león dorado quien asintió.
-Y hoy se están comportando. – Aioria ignoro la mirada curiosa de la pelirroja quien atizo su mirada para ver si decía algo más. – Aldebarán se está divirtiendo de lo lindo con tus compañeros.
-Aioria ¿Qué el que no va allá es Aioros? – Marín había alcanzado a percibir por el rabillo del ojo como el hermano mayor de Aioria se fugaba con una joven muy atractiva y a quien claramente jamás ella había visto en el santuario.
-No puedo creerlo. – Aioria soltó a Marín y observo como el cabello castaño de su hermano se perdía en la oscuridad junta esa joven que no recordaba haberla visto, ni Aioros hubiera mencionado antes. Por unos segundos dejo que su vista vagara perdida hasta que hizo contacto con los ojos esmeraldas de Saga que le observaba calculadoramente y es que el gemelo mayor se había percatado que él observo a Aioros. – Se lo tenía demasiado guardado.
-Ella no es una doncella o amazona, de otra forma yo la hubiera visto antes. – Menciono lentamente Marín.
-Eso quiere decir que mi hermano, anda de Casanova en los pueblos aledaños al santuario. – Aioria soltó una sutil risa nerviosa. – Me da gusto por él, después de todo no quiero que se quede solterón. De lo contrario nos haría mal tercio.
-Tienes razón, que alegría me da a mi también. – Susurro Marín, alzo su mandíbula y le planto un suave y delicado beso a Aioria, quien no pudo evitar sonreír, al imaginarse a un Aioros interrumpiéndolos en ese beso, al parecer la pelirroja también lo pensó puesto que se detuvo y miro hacia su alrededor.
-Bien, creo que ha llegado el momento. – Aioria tomo un sorbo de su vino y lo dejo sobre la barra, tomo ágilmente a Marín por la cintura y le planto un seductor beso en los labios, se alejo de ella de improvisto y fue tras sus compañeros de escorpión y cáncer. – ¡Hey patanes! Ya paren esto, van a hacer que alguno de ellos sufran una intoxicación por alcohol.
-No… no Aioria, nosotros estamos…bien. – Seiya se tambaleo un poco y arrastro la lengua al hablar, lo que provoco sonrisitas burlonas en sus compañeros, miro amenazantemente a sus compañeros que continuaron riendo.
-¡Claro que estamos bien! – Nachi de lobo, se le colgó a Aioria y le abrazo fraternalmente, lo que ocasiono que varios de los presentes soltaran la carcajada. El león dorado cerró los ojos buscando en su interior su paciencia y alzo la ceja mostrando claramente su enojo.
-Relajate Aioria y tomate una copa. – Capella le extendió una copa de vino y casi se la vacio, de no haber sido porque Aioria interpuso a Nachi, quien resulto completamente mojado de alcohol, pero pronto se arrepintió cuando Nachi le abrazo de nuevo.
-Te salió el tiro por la culata. – Rio Mascara de la muerte.
-Aioria deberías relajarte. – Intervino Jabu quien estaba al lado de Seiya como los mejores amigos.
-Si, Aioria, nosotros tenemos la situación controlada… - A penas el caballero de Pegaso termino su frase, Dio cayo estrundorosamente sobre una mesa.
-Milo, Mascara de la muerte esto ya fue demasiado. – Aioria se acerco a sus iguales y les amenazo con el puño. - Milo todos sabemos de tu resistencia al alcohol por la cantidad de botellas que le has robado a Camus. – Siseo, apretando la mandíbula para que el francés no los escuchara. - ¡Y tú! – Le clavo el dedo a Mascara de la muerte en el pecho. – Tomas desde temprana edad, bien saben que estos pobres van a caer ebrios antes que ustedes.
-Nosotros no les obligamos. – Se defendió Mascara de la muerte. – Están defendiendo su honor como caballeros.
-¡Honor! – Brindo Jabu.
-Jajaja. – Rio Milo. – Me caen mejor en ese estado.
-Shion les está viendo, pedazos de mierda y no solo él, Athena también. – Aioria sabía que era mentira, si Shion les hubiera querido reprender ya lo hubiera hecho hace mucho y Athena estaba entretenida con Aldebarán.
-Está bien. – Murmuro lentamente Milo, justo a tiempo, pues en ese momento Shaina le toco por el hombro. - ¡Shaina! – Quiso acercarse a la amazona pero esta le aparto con la mano. - ¿Qué pasa?
-Apestas a alcohol, ya deberían parar esto. –
-Si ya terminamos. – Menciono lentamente Mascara de la muerte. – Claramente con mi victoria.
-Eso crees tú, pero Dio no me dejara mentir de que tome más que tu ¿Verdad? ¿Dio? – Milo se giro en busca del caballero de la mosca, pero no pudo evitar reírse al ver al susodicho aún en el suelo dormido.
-Ven conmigo. – Rugió Shaina, tomo con fuerza a Milo del antebrazo y lo arrastro hacia donde se encontraba Aldebarán y Mu.
-Yo me encargo de Dio. – Mascara de la muerte tomo al joven por el brazo y lo jalo, haciendo que este se incorporara lentamente y diera unos tropezones. – Voy a llevarlo a Yomotsu…jaja sería bueno. – Rio el cuarto guardián. – No te creas lo llevare a su cabaña.
-Yo te acompaño creo que me siento un poco ebrio. – Capella se paso una mano por la cara y comenzó a caminar perezosamente.
- Ya es tarde, yo también me iré a dormir. – Menciono Nachi, se balanceaba de un lado a otro por el alcohol en su sangre.
-¿Y ustedes dos? – Aioria miro a Jabu que estaba sentado en una silla, con una sonrisa de lado a lado, mientras Seiya estaba de pie tranquilamente, sin moverse. Ambos alzaron los hombros inocentemente. – No les quiero ver con una copa de nuevo en la mano o de lo contrario mi colmillo relámpago les va a bajar la peda. – Amenazo.
…
Le miro desde el otro lado de la fiesta, indecisa de ir a hablar con él, después de todo era la única berserkers que estaba ahí, camino despacio entre las personas, abriéndose paso hasta el galo, quien rápidamente se giro hacia ella al sentir su cosmos, se detuvo por inercia pero al final decidió acercarse hasta el caballero dorado de acuario.
-¿Podemos hablar en un lugar más privado? – Fue directa, sabía que al francés no le gustaba andarse con rodeos, ni ella tenía mucho tiempo.
-Está bien. – Camus se hizo a un lado para dejarla pasar primero y luego la siguió en silencio, al principio escuchaba el barullo de la fiesta que iba quedando atrás a medida que ambos se iban alejando de las incandescentes luces y el frio a su alrededor se acentuaba junto a la oscuridad de la noche.
Se detuvo lentamente a la entrada de un frondoso bosque que no había tenido la oportunidad de visitar, así que verlo durante la noche, repleto de una tenebrosa negrura le hizo detenerse y permanecer a las faldas de este, se cubrió bajo la frondosidad de un gran árbol y se volvió hacia el galo que le miraba insistentemente.
-Perdona, no quería sacarte de tu fiesta. – Inicio. Camus sonrió levemente indicándole que no le importaba salirse de tanto ruido por un momento. – Es solo que quería despedirme de ti y Milo, pero a él no le he visto.
-¿Te vas? – Camus hubiera querido agregar un "¿Tan pronto?" pero su boca se cerró antes de que pudiera decirlas.
-El dios Anteios ha decidido que es mejor irnos esta noche, muy seguramente Cronos abra bajado la guardia al ver al santuario descansando, así que es el mejor momento. – Aldana se paso la mano por la frente e hizo hacia atrás algunos de sus mechones rebeldes.
Camus acorto importantemente las distancias entre ambos, sin darse cuenta que la espalda de la joven se había recargado ya con el tronco del frondoso árbol y casi la aprisiono entre su cuerpo y el tronco, Aldana comenzó a respirar agitadamente y su labio inferior templo. – Aldana ¿Estás segura? - El galo la tomo por la muñeca, pero frunció el ceño al sentir la armadura de la joven, tras el vestido de manga larga de la peli azul.
-S-si. – Aldana desvió el rostro y agacho la mirada, no podía continuar viendo esos impenetrables ojos azules, que parecían leer su propia mente. – Ahora casi soy libre del alma de un bersekers, incluso mis poderes… - Aldana abrió los ojos al saber que algo importante se le acababa de escapar de los labios, pero espero que el galo no lo hubiese notado.
-¿Tus poderes qué? – Si sus ojos no fueran tan expresivos seguramente hubiera ignorado algo como aquello, pero la expresión de incertidumbre en los ojos de la escocesa le mostro que algo andaba mal.
-No es nada. – Le resto importancia pero para Camus, algo como aquello no iba a pasar nada más, presiono insistentemente la muñeca de la joven que le miro preocupada. – Anteios me ha dicho que al retirar el alma del berserkers de mi interior también perdería muchas de las habilidades que poseía gracias a ella. – Aldana suspiro pesadamente y se negó de ver a los ojos al galo.
-¿Te has dado cuenta el riesgo que estas corriendo? Vas a ir en busca de las almas de los dioses, las cuales son resguardadas por los titanes, quienes poseen mayor fuerza que un humano y aún así, el dios Anteios te ha privado de la mayor parte de tu cosmos. – Espeto el francés molesto, ¿Cómo era posible que Aldana tuviera tan mala suerte? Aunque ella siempre buscase encontrar un camino donde no afectara a nadie, ella siempre salía perjudicada.
-Lo sé. – Aldana se acerco a Camus y le abrazo, escondiendo su rostro en el pecho de él. – Es solo que no es solamente mi libertad la que está en juego, también es la de Scatha. – Aldana sintió los fríos brazos del acuariano rodearla y resguardarla en su pecho, por una fracción de segundos se sintió realmente protegida por alguien y agradecía al cruel destino haberle permitido al menos conocer alguien como el francés. – No quiero morir. – Confeso temerosa. – Pero tampoco tendré una vida si Ares me continúa manipulando a su antojo.
Camus la estrecho entre sus brazos, se sentía tan impotente de no poder alejarla del peligro al que se dirigía, pero a la vez sabia que Aldana tenía razón, jamás podría vivir tranquilamente mientras Ares pudiera tomar el control en ella y obligarla a hacer cosas atroces en su nombre.
-Camus. – Susurro la peli azul, quedamente. – Tengo que irme. – Ambos se separaron unos centímetros, mientras sus ojos brillaban por el reflejo lunar y sus miradas intercambiaban palabras que no salían de sus labios. Aldana saco un pequeño morral debajo de sus ropas y se lo extendió al francés que lo tomo. – He preparado un poco más de antídoto para tus heridas, también me tome la libertad de intentar hacer una cura para el santo de capricornio, tal vez no sane la herida provocada por el Keraunos, pero le ayudara a sobrellevar el dolor y he dejado un libro con todos los antídotos y ungüentos que conozco y que tal vez puedan servirles a los sanadores del santuario.
-Muchas gracias Aldana. – Camus tomo el pequeño morral y se lo hecho al hombro, por un momento bajo el hermoso reflejo de la luna, observo la sonrisa jovial de Aldana, su largo y extenso cabello azul celeste, peinado hermosamente en una coleta alta, sus ojos ambares avellanados que brillaban afelinadamente, los finos rasgos de su rostro y la hermosa línea marcada de su mentón. De verdad quería detenerla pero conocía que el mismo impulso que había llevado a Saga a suicidarse, impulsaba a Aldana a jugarse el todo por el todo; su libertad. Fue entonces que la miro como si esa fuese la primera y la última vez que la hubiera visto, grabando en su memoria, cada rasgo facial de la escocesa y su preciosa sonrisa.
-Adiós Camus. – Aldana sintió como si su corazón fuera oprimido al solo pensar que tal vez fuera esa la última vez que volviera a ver al galo, pero se animo a si misma a que si volvía a verlo, sería una persona completamente liberada del deseo de los dioses. – Despídeme de Milo por favor.
La escocesa se dio la media vuelta conteniendo todas las palabras que quería decirle al francés pero que guardo muy dentro de su pecho, abrió un portal, sin darle tiempo al onceavo guardián de responderle y se fugo por él, no quería que Camus intentara detenerla, porque si él se lo hubiese pedido, ella hubiera cedido.
Camus alcanzo a detenerla con fuerza por la muñeca y ambos cruzaron intensamente sus miradas, el francés le hizo salir del portal que ella había creado, la acerco a él, al grado que ella pudo percibir la fría piel del guardia de acuario, tomo una de sus manos entre las suyas y la otra la coloco en el delgado cuello de la escocesa atrayéndola hacia él, con su pulgar alzo el rostro de Aldana y la beso.
…
La luna se encontraba en lo alto del cielo, bañando con sus rayos claros la tierra, sus ojos ámbares contemplaron su espectacular astro, que parecía resplandecer más intensamente frente a ella.
-¿Hestia estás segura de lo que vio tu flame? – Inquirió altivamente Afrodita. – Después de todo ni siquiera Apolo era capaz de atinar al 100% en sus visiones, respecto al futuro.
-El fuego divino le permite conocer la posibilidad más probable a ocurrir. – La diosa del hogar se acerco a su igual y le tomo por el hombro. – Nadie en el universo conoce con exactitud el futuro, Afrodita, pero debemos creerles a aquellos capaces de observarlo.
-Además de todas nosotras Athena es la más cercana a recibir un ataque directo de Cronos, pues él sabe, la amenaza que representa. – La emperatriz de los mares sostenía entre sus manos el oricalco perteneciente a su esposo y que le había sido entregado por el mismo patriarca de la deidad de la sabiduría. – Athena es quien está dando la cara por el Olimpo y es justo que nosotras al menos le ayudemos con una porción de nuestros cosmos.
-Anfitrite tiene razón Afrodita, no es momento de desconfiar de Athena. – Deméter miro fieramente a la diosa del amor que le sostuvo la mirada. – No es necesario que te recuerde que parte de esta guerra también es responsabilidad tuya.
-Tienes razón, muchos dioses hemos estado implicados en el inicio de esta guerra, Hera, Ares… - Afrodita alzaba sus dedos lentamente contabilizando a los dioses que en algún punto apoyaron a los titanes o contribuyeron a ellos. – Varios de mis hijos, yo… ¡Se me olvidaba! Persefone también se involucro con ellos ¿No? De hecho fue ella quien libero al resto.
-¡Basta! – Gruño Artemisa, antes que Deméter y Afrodita se enfrascaran en una tonta pelea por soberbia. – Todos somos culpables de esta guerra, unos porque les liberan o apoyaron y otros porque no hicimos nada por detenerles hasta que fue muy tarde.
Un silencio sepulcral se hizo entre las presentes, Deméter había dicho una verdad que había permanecido callada entre las deidades sin embargo no dejaba de ser una absoluta verdad; Afrodita era tan culpable como Hera o Perséfone, pero tampoco dejaba de considerarse una aliada valiosa a la diosa del amor pues esta había tenido sus puntos claves en el desarrollo de la guerra.
-No olvidemos el punto central de esta reunión. – Hestia intervino oportunamente al sentir el cosmos de su hermana Deméter elevarse tenuemente. – Artemisa indícanos cuando llegue el momento de elevar nuestros cosmos.
-Aún no es tiempo. – Artemisa elevo sus ojos ámbares a su astro protector, siguió su trayecto ascendente, hasta que la luna se posiciono en lo alto del cielo estrellado. Fue entonces que extendió sus brazos hacia la hermosa esfera blanquecida y los rayos que bañaban la tierra se evocaron especialmente en su mano, la gemela del dios Apolo, dejo una mano por encima de su cabeza la cual conectaba perfectamente los haces lunares con ella, extendió su mano derecha sobre el suelo marmolado del santuario y su palma reflejo el aspecto lunar sobre el suelo.
-En el pasado use mi cosmos para que los haces lunares bañaran una lanza digna para Ares, en esta ocasión lo hago para crear un escudo para Athena, que sea el recuerdo de la unión entre los dioses y pueda ser capaz de resistir el ataque el ataque del Keraunos o el temible cosmos de Cronos. – La diosa de la luna observo como el reflejo lunar, comenzó a materializarse junto con su cosmos y a formar la circunferencia de un hermoso escudo platino. – Ahora. – Ordeno a sus iguales.
Anfitrite extendió el oricalcos que contenía los poderes de Poseidón, la coraza de coral comenzó a eliminarse y permitió que las corrientes embravecidas que se removían en su interior salieran despedidas hacia aquella circunferencia platina, la emperatriz de los mares se acerco hasta la formación del escudo y poso su delgada mano sobre el halo blanquecino brillante y una luz ópalo salió de su mano para golpear la base metálica del escudo.
-Que la tierra y sus frutos den soporte a este escudo, como lo hacen con la vida misma. – Deméter hizo brotar del suelo una extraña planta que en un inicio pareció formar la gran corteza de un árbol milenario, pero a medida que sus ramas se alargaron y su follaje aumento, una sola flor vislumbro en su punta, de una tonalidad anaranjada y su centro rojizo amarillento, la cual se seco, no sin antes dejar caer de uno de sus pétalos, una gota purpura.
Para ese entonces el escudo otorgado para los dioses contenía no solo la resistencia y la forma de la luna, sino también su claridad, en su interior guardaba las fuertes corrientes y la bravura del océano, más la firmeza y el soporte que le había otorgado la diosa de la naturaleza.
Hestia se acerco a él y entre sus manso resplandeció el fuego divino, del cual se desprendieron grandes gotas incandescentes y brazas que golpearon la cubierta del escudo dándole un acabado dorado y otorgándole una dura coraza, como si lava ardiente se hubiera carbonizado sobre su superficie.
Por último Afrodita se planto frente a él, saco una filosa espina la cual sujetaba su cabello y se rasgo la mano con esta, produciéndose un profundo corte en la tersa y blanca piel de la diosa más bella del Olimpo, su sangre corrió por los surcos perfectamente delineados de su mano hasta su muñeca y de ahí se desprendieron en pequeños hilos de sangre que remarcaron los detalles del escudo que resplandeció en una haz dorado.
El escudo disminuyo lentamente sus haces incandescentes, fue entonces cuando la deidad de la luna se volvió a acercar a él, para vislumbrar la marca que se ceñía en su parte frontal; un frondoso árbol en una pequeña isla donde sus raíces se internaban en la profunda tierra, esta isla era rodeada por peñascos en los cuales se veía como dos oleajes les golpeaban con fuerza, en el follaje voluminoso de ese árbol se apreciaba en sus puntas pequeñas llamaradas que hacían que de este árbol se derramaran algunas gotas de sangre. Esta era la insignia perfecta de la colaboración de los dioses.
-No solo pretendí crear este escudo. – Artemisa se arrodillo y tomo el escudo de una orilla, observo la larga abrazadera de este que era de metal e introdujo sus blanquecinos dedos dentro de una pequeña ranura de la cual extrajo una larga flecha dorada, que tenía su punta de color negro. – No solo debemos dar un escodo a Athena, sino también la oportunidad de defenderse.
…
Aldebarán sonrió divertido mientras sostenía la mano de Sirius de can mayor que se estaba esforzando por moverle, sin embargo quería terminar con todo aquello, así que comenzó a empujar lentamente la mano de Sirius hasta que el dorso de esta toco la mesa.
-Lo siento, pero aún así lo has hecho muy bien. – Le palmeo levemente la espalda y es que a pesar de que la mayoría de los santos de plata habían intentado medir fuerzas con el gigante ninguno de ellos había logrado siquiera bajar la mano del brasileño, ni siquiera cuando este les dio ventaja.
-Es mi turno. – Algethi de Hércules se dejo caer sobre la silla frente al gigante y extendió emocionado su mano, Aldebarán sonrió confiado una vez más y acepto gusto el reto. Mu y Shaka que se mantenían a prudente distancia y donde podían observar todo el panorama intercambiaron un rápido vistazo y fijaron su atención entre ambos santos.
-Veamos qué es lo que puedes hacer. – Aldebarán apretó la mano de Algethi y este le regreso por igual un apretón con la misma intensidad. – Esto va a ser interesante.
Aldebarán empujo la mano del caballero de plata, la cual en esta ocasión opuso una férrea resistencia y no se movió de su posición central, Aldebarán se rio alegremente por encontrar a un santo digno con quien medir su fuerza y acepto gustoso a su nuevo oponente y es que Algethi de Hércules era el santo más fuerte, físicamente entre los 88 santos de Athena.
Duraron un largo rato en el que tanto el caballero de plata como el de oro empujaban sus manos en direcciones contrarias, logrando que estas se estremecieran, sin llegar a lograr que se rompiera el balance y equilibrio, permaneciendo aun en el centro. El ver por primera vez a un caballero de plata dándole batalla a un dorado, atrajo una gran multitud de caballeros, doncellas y guardianes que se apeñuscaron para ver el final de aquella contienda y es que muy pocos santos de plata como Albiore y Orfeo habían demostrado estar a la altura de un santo de oro.
-¡Vamos Algethi! – Le animo Moses, palmeando emocionado la espalda de su compañero.
-¡Tu puedes Algethi, demuéstrale tu fuerza! – Dante brincoteo emocionado tras su compañero. –
Esos gritos y algunos más seguidos por sus compañeros provoco que más caballeros se agolparan para comprobar con sus ojos como el caballero de Hércules sostenía fuertemente la mano de un dorado sin que este lograra moverlo de la misma posición.
-Es hora de pasar al siguiente nivel. – Mascullo Aldebarán que empezó a empujar la mano de Algethi con la intención de terminar, la mano del caballero de Hércules comenzó a descender poco a poco, pero estaba poniendo una fiera resistencia al dorado.
-¡Algethi tu puedes, demuéstrale a Athena quienes somos sus santos de plata! – Auriga apunto con su dedo índice a la joven deidad que se encontraba entre Shaka y Mu observando entretenida ese duelo amistoso. - ¡Vamos!
Las palabras de su compañero parecieron alentarlo pues en ese momento Algethi recobro la fuerza y recupero la ventaja que Aldebarán había ganado, sus manos se estremecieron, pero el caballero de plata empujo y por primera vez fue la mano del toro dorado fue la que descendió, seguida de una ovación por parte de sus compañeros.
-¡Eso Algethi! –
-¡Tu puedes! –
-¡Demuéstrale! –
-¡Aldebarán si te dejas vencer yo mismo te corto el otro cuerno! – Urgió Milo entre la multitud.
-¡Aldebarán ya déjate de juegos y véncelo! – Aioria se abrió paso hasta su compañero y palmeo emocionado su hombro.
-¡Vamos Aldebarán! – Mu animo a su mejor amigo.
-Lo siento Algethi, pero no puedo dejarme ganar. – Aldebarán estrujo fuertemente la mano del caballero de Hércules y pronto regreso a la posición inicial.
-Tampoco yo. – El caballero de Hércules gruño haciendo su máximo esfuerzo e hizo retroceder de nuevo la mano del gigante que descendió abruptamente a escasos centímetros, Aioria se golpeo el rostro y a Milo le recorrió un escalofrió.
-¡Toro ya gánale de una maldita vez! – Mascara de la muerte golpeo la mesa con la mano y miro fijamente a su compañero. – Basta de ser buena gente, te estás jugando tu reputación.
-¡Aldebarán por el amor a Athena ya véncelo! – Apuro Milo.
-¡Algethi! ¡Algethi! ¡Algethi! – Vocifere aron los santos de plata y uno que otro de bronce.
Aldebarán respiro rudamente y ejerció más fuerza para evitar que el plateado lograra vencerlo, cerró los ojos con fuerza escuchando las amenazas-apoyo de sus compañeros lo que le hizo sonreír, tomo con dureza la mano de Algethi y de un solo movimiento logro hacer que el dorso de su mano golpeara la mesa con rudeza.
-¡Bien hecho grandote! – Milo se le arrojo a la espalda al toro y le abrazo con camarería.
-Yo sabía que lo vencerías. – Aioria palmeo a su compañero, que pronto se vio rodeado de otros dorados que expresaban en sus rostros alivio pues realmente se cuestionaron de la grandiosa fuerza del caballero de plata.
-Siempre confiamos en ti. – Mascara de la muerte brindo por él y se empino su copa de vino.
-Felicidades Aldebarán. – Murmuro Mu estrechando la mano de su compañero, luego miro al santo de plata. – Algethi nos has sorprendido a todos, tienes una fuerza impresionante.
-Le has dado pelea a nuestro buen Aldebarán. – Aioros palmeo el hombro del caballero de plata que se quedo sin palabras, al ser reconocido por dos santos dorados.
-Ha sido muy entretenido. – Athena se acerco a ambos santos y poso delicadamente sus manos en cada uno de ellos.
-Me gustaría volver a medir fuerzas contigo en el futuro Algethi, por hoy has hecho un gran trabajo. – Refuto amistosamente Aldebarán. – Realmente eres muy fuerte. – Le reconoció.
-Muchas gracias señor Aldebarán, ha sido un honor que me diese esta oportunidad. – Contesto el caballero de Hércules.
-No me digas señor, tan solo soy Aldebarán. – El toro dorado rio confiadamente. Saori sonrió cálidamente al ver que ambos santos interactuar entre sí. Tal vez nadie lo notase pero ese pequeño reto amistoso entre plateados y dorados había acercado a ambas ordenes de caballeros que por mucho tiempo habían permanecido distantes. Estaba segura que el recelo de los santos de plata a los caballeros dorados había desaparecido y que ahora les veían, no como extraños si no como en alguien a quien recurrír y por su parte la fuerza que Algethi les mostro, estaba segura les había abierto los ojos a los dorados, pues de ahora en adelante estos les considerarían dignos guerreros.
…
El cielo comenzaba a esclarecer, pues la madrugada ya estaba bien entrada, la mayoría de doncellas, guardias y caballeros se habían retirado a descansar, sin embargo la orden dorada y algunos santos de plata y bronce permanecían ahí, en compañía de la diosa de la sabiduría.
-Shion les he traído una sorpresa a los caballeros. – Dokho se agacho debajo de una mesa y extrajo una caja de madera, que tenia numerosos sellos, señal de que ese paquete venia de un lugar muy lejano y que había tenido que haber sido enviado muy seguramente hasta Rodorio.
-No sé porque no me fio de lo que traes ahí. – Miro desconfiadamente la caja, sin embargo espero pacientemente al ver a Dokho abrirla emocionado y sacar una fina botella que traía varias palabras en chino y al instante lo supo, esa botella era Jiu. – Dokho no deberías…
-Les va a encantar, no todos tienen tan malos justos como tú. – Menciono traviesamente su compañero haciéndoles una seña a los caballeros que estaban a su alrededor para que se acercaran. – Muchachos he mandado traer algo muy especial para mí desde china y lo cual quiero compartirles.
-No creo que les vaya a gustar… - Alcanzo a decirle por lo bajo antes de que el antiguo y respetable maestro de libra se pusiera a repartir vasos a Athena, los doce santos dorados, Albiore, Orfeo, Dante, Auriga, Babel, Argol, Shiryu, Seiya, Jabu, Shun y Hyoga, que eran los únicos que aun continuaban en la fiesta.
-Ten. – Dokho le extendió un vaso también a él a pesar que trato de rechazarlo. – Vamos Shion, si tu no lo tomas no crees que se verá muy sospechoso.
-Dokho pero… - El chino se fugo antes de que pudiera apelar que no pensaba volver a beber Jiu.
-¿Qué es esto antiguo maestro? – Inquirió Shura observando atentamente como un líquido cafesoso caía en su vaso, trato de llevárselo a la nariz para olerlo, sin embargo Libra le detuvo por la muñeca y negó.
-Vamos a hacer un brindis Shura, así que no debes probarlo antes de tiempo. – Le reprendió juguetonamente Dokho, antes de marcharse y continuar sirviendo el Jiu en cada uno de los santos ahí presentes.
-Parece que ya todos tienen su propio vaso ¿Verdad? – El caballero de libra recorrió con una rápida mirada a todos los presentes asegurándose que en verdad todos y cada uno de los ahí reunidos tenían entre su mano no solo el vaso, si no que este se encontraba con Jiu. – Bueno, antes que nada esta bebida es de mi natal China, aunque muchos de ustedes desconocen que vengo de ahí. – Sonrió. – En fin, es conocida como Jiu y debe beberse en un solo trago, así que antes de proceder a ello, tan solo quiero brindar por ustedes caballeros, por ser la generación que el patriarca y yo esperábamos que fueran ¡Salud! – Dokho se llevo su vaso a los labios y se bebió hasta la última gota de Jiu sin ningún contratiempo igual que Shiryu, mientras el resto de santos ahí presentes le imitaban.
Sin embargo y tal y como Shion se lo había mencionado Auriga, Babel, Mascara de la muerte, Shura y Aioros escupieron el Jiu a penas y lo probaron, teniendo la misma reacción que el patriarca había tenido hacia más de 265 años cuando Dokho le dio a probar por primera vez esa extraña bebida.
-¿Qué es? – Exclamo Mascara de la muerte, mirando desconfiadamente a Dokho que comenzó a reírse antes de ofenderse, pues claramente había hecho eso a propósito para divertirse un rato a costillas de los otros caballeros. – Parece veneno.
-Joder. – Soltó Shura con su acento español, mientras se empinaba un vaso de agua. - ¡Sabe a veneno!
Otros como Mu, Kanon, Afrodita, Camus, Shun, Hyoga y Athena se habían pasado la bebida a fuerzas a pesar que sintieron como si esta les desgarrara el esófago y les revolvió el estomago.
-Tiene un sabor muy peculiar. – Atino a decir Saori, sintiendo como unas lagrimitas le salian por el borde del ojo. – Muchas gracias Dokho.
-¿Dice que solo lo venden en China? – Refuto Afrodita, mientras sentía como si la lengua le fuera a explotar.
-Sí, así es. – Contesto tranquilamente.
-"Que bendición" – Afrodita cerró los ojos con fuerza mientras le sobrevenía otra arcada. – "Deberían de prohibir su venta"
-¿Alguien gusta más? – Ofreció carismáticamente el chino, alzando la botella.
-¡NO! – Si bien Kanon no había escupido el vino por respeto a Dokho, no creía poder aguantar un segundo trago, era como si le hubieran dado a beber una copa de vino del rio Estigia.
-Yo si acepto otra, antiguo maestro de libra. – Shaka extendió su vaso hacia el chino quien le sirvió un poco más, mientras miraba aprobatoriamente al caballero de virgo.
-No cabe duda Shaka que a ti te gusta tentar a la muerte. – Menciono Aldebarán reprimiendo una carcajada.
Saga y Aioria habían levantado sus vasos un poco después de sus compañeros, así que cuando les vieron reaccionar a la mayoría de ellos de una forma tan explosiva, decidieron por su seguridad no beberse el líquido que contenía en su interior.
Albiore, Orfeo y Dante por su parte se pasaron a fuerzas el vino chino, para no ofender al antiguo maestro, aunque claramente sus caras demostraron el sufrimiento que aquello les causo, incluso Dante dejo escapar una maldición y luego se empino otra copa de vino que tenía a su alcance.
-Esto podría matar hasta un titán. – Acoto Jabu tosiendo múltiples veces.
-Nenitas no aguantan nada. – Refuto Argol extendiendo de la misma forma que Shaka su vaso al séptimo guardián que aprobó gustoso el comentario del caballero de plata.
-¿Milo? – Seiya miro al caballero de escorpión que se encontraba un poco atrás de él, Milo realmente estaba pálido, parecía como si hubiera visto al mismo Hades, temblaba ligeramente y mantenía los ojos abiertos como platos. - ¿Milo estas bien? – Aquello llamo la atención de todos los presentes, quienes solo se giraron para comprobar que la preocupación de Seiya tenía sus motivos pues verdaderamente el griego se veía muy mal.
-¿Milo? – Camus frunció el ceño preocupado al ver a su amigo de esa forma, sin embargo no alcanzo a dar ni un paso cuando el caballero de escorpio se desplomo, cayendo de espaldas. - ¡Milo!
-¡Maestro enveneno a Milo! – Seiya se agacho al lado del octavo guardián, mientras Athena, Camus y los gemelos se acercaban hasta él, sin embargo Dokho comenzó a reír y curiosamente el patriarca le secundo.
-No se preocupen. – Dokho se abrió paso hasta su vecino y se agacho a su lado, tomo el corcho de la botella de Jiu, el cual tenía en su parte inferior una planta la cual desprendía un olor demasiado fuerte, lo paso por la nariz de Milo, quien abrió los ojos de golpe, desconcertado al verse rodeado por todos. – En algunas personas el Jiu causa un efecto hipotensor sobre la presión arterial, llevándolos en ocasiones a desmayarse.
-Jajaja te desmayaste cual damisela. – Se burlo Mascara de la muerte de su compañero. – Eso significa que yo gane.
-Cállate. – Gruño el escorpión reincorporándose aunque la palidez aun se denotaba en su rostro. – Maestro, no es por ofenderle pero en su país no saben hacer vino.
-¿Eso significa que no aceptas otra copita Milo? – Esta vez fue Aioria el que se rio alegremente secundado por sus compañeros y algunos santos de plata.
-Le ganaste en palidez a Camus. – Rio Kanon despeinando juguetonamente la cabellera rebelde del peli azul.
-¡Déjenme en paz! – Milo le dio un manotazo al gemelo menor, mientras las risas de sus compañeros acompañaban a las burlas.
-Relájate Milo, solo te estamos forjando el carácter… - Inicio Kanon y luego miro cómplicemente a su gemelo, quien sonreía ladinamente.
-No te nos vayas a desmayar. – Completo Saga y todos volvieron a romper a reír.
Shion observaba desde la esquina de la habitación a sus caballeros, analizando la dura vida que les había tocado vivir en el santuario, las batallas y las traiciones que habían tenido que soportar, las graves heridas hechas por sus enemigos y aún más por sus amigos. Quienes vieran a los trece santos del zodiaco sin conocerles tan solo verían rostros endurecidos y apáticos a la misma vida que juraron proteger, pero a pesar de ello, el verles reír, beber y burlarse de esa forma entre ellos, no solo le habían esclarecido la mente a él si no a todo el santuario, los doce orgullosos caballeros de oro tan solo eran unos muchachos, que podía divertirse, reír, disfrutar de la vida y sin embargo habían decidido sacrificarlo todo por la humanidad y Athena.
…
Las risas de ambos caballeros de plata resonaban por la pequeña vereda en la que iban, la luz del sol se visualizaba en el horizonte pues esta iluminaba el cielo, tiñéndole de diversos colores, en los que figuraban el anaranjado, amarillo, azul celeste y marino, con una mezcla de morado. Las sombras de ambos santos se reflejaban en el suelo, iban hombro con hombro señal de la unión que guardaban ambos.
-¿Dónde termino Capella? Ya no le volví a ver después de verlo tomando con los caballeros dorados de escorpión y cáncer. – Pregunto Algol de Perseo a su compañero, quien soltó una ligera carcajada.
-Se puso un poco ebrio y decidió que lo mejor era irse. – Dante se llevo ambas manos detrás de la cabeza y las entrelazo mientras miraba al cielo y se reía. – Te aseguro que no se va a presentar al entrenamiento de hoy.
-Vamos, Capella es muy responsable no va desatender una de sus tareas por una simple migraña. – Le defendió Algol, aunque considerando la cantidad de alcohol que hubo en la fiesta, era muy probable que muchos caballeros no se presentaran a sus tareas ordinarias. - ¿Sabes Dante? Me fue grato compartir este momento con los otros caballeros.
-Tienes razón, es la primera vez que se le ocurre una buena idea a Dio. – Dante bostezo y se removió un poco el cabello para internar aplacarlo. – Lo mejor será ir a dormir unas horas antes de incorporarnos a nuestras tareas o de lo contrario Shaina ira por nosotros.
-Estas en lo correcto. – Ambos anduvieron unos metros más juntos antes de que el camino se abriera en una intercepción que conducía a diferentes hileras de chozas donde residían algunos caballeros de plata. – Nos vemos después Dante.
-Adiós Algol. – Dante se dirigió hacia camino y miro por última vez a su compañero antes que un colosal muro de piedras los separara, volvió a bostezar desinteresado y miro el largo trecho que aun le faltaba por recorrer a el solo, si al menos Capella no hubiera optado por no emborracharse, hubiera tenido compañía por ese camino. – Pensándolo bien a Capella le debió haber costado muchísimo llegar hasta su cabaña. – Rio al imaginarse a su compañero chocando contra los muros de piedra.
De repente sintió un enorme escalofrió recorrerle por la espalda cuando percibió un gigantesco cosmos tras él y antes de que pudiera reaccionar recibió un fuerte golpe por la espalda, que le lanzo a estrellarse contra el muro que se derribo sobre él. Dante tosió un par de veces y maldijo el no portar su armadura en esos momentos, pues estaba seguro que del golpe se había fracturado al menos dos costillas, pues una muy fuerte punzada en su parrilla costal izquierda le estaba dificultando el respirar, apretó la tierra bajo él e intento incorporarse para lograr salir de debajo de las piedras que lo aprisionaban pero antes de que siquiera lograra sacar una mano, sintió como las rocas sobre el comenzaban a ejercer una mayor presión aplastándolo.
-Mal…maldición. – Tosió con mayor frecuencia, no solo por el polvo que le imposibilitaba respirar, si no porque las piedras sobre él le estaban aplastando y le impedían que sus pulmones se expandieran para tomar aire, no alcanzaba a comprender de dónde diablos había salido su nuevo enemigo, ni siquiera entendía porque no le había detectado antes. – Sin… mi armadura… estoy recibiendo estas heridas directamente…ya no soporto más… este peso. – Tosió de nuevo y esta vez arrojo sangre al hacerlo y su vista comenzó a nublarse.
-Cabeza del demonio gorgóneo. – Escucho un gran estruendo sobre él, producto de la técnica de su compañero y después la presión sobre él disminuyo considerablemente. - ¡Dante! – La voz preocupada de Algol resonó sobre él, alzo uno de sus brazos y logro sacar la mano de entre las piedras, pronto sintió como Algol estrecho su mano y le saco de entre estas. - ¡Dante! ¿Estas bien?
Observo de reojo a Algol, quien ya portaba su armadura, aspiro profundamente para llenar sus pulmones de aire, aunque esto le provoco una descarga de dolor, maldijo mentalmente y observo como un gigante se levantaba del suelo. Algol lo tomo por el costado y brinco hacia atrás para alejarse del inmenso ser.
-¿Crees que puedas sostenerte de pie? – Asintió a la pregunta de Algol y este le soltó con cuidado.
-Es mi turno de golpearte. – Gruño, llamo a su armadura, la cual le vistió y en cierta forma hizo presión a la mayoría de sus heridas.
-Mi nombre es Damasen y soy la antítesis al dios Ares. – Damasen debía medir aproximadamente unos 5-6 metros de altura, llevaba puesto una camisa cosida de cuero, su piel era morena y ojos color cereza que expresaban una furia injustificada.
-Espera Algol ¿Cómo es posible que Damasen sea tan hostil, si en el pasado Gea lo repudio por ser alguien humilde y bondadoso? Era lo contrario al dios Ares. – Dante deslizo sus cadenas esperando un posible ataque del gran ser.
Algol chasqueo la lengua, lo que decía Dante acerca del gigante era verdad, según los antiguos escritos mitológicos, en el pasado Damasen se mencionaba como un gigante bondadoso muy contrario a la forma del dios Ares, a quien se negó a enfrentar y por ello se le encerró en el tártaro, debido a que no vengo a los titanes como el resto de los gigantes.
Damasen pateo duramente el suelo el cual tembló y comenzó a cuartearse por lo que Dante y Algol se separaron brincando en diferentes direcciones para ampliar su campo de batalla, Damasen arranco el único árbol que reposaba por aquellos caminos y lo lanzo a Algol, rugiendo enfurecidamente, quien alcanzo a esquivarlo.
-Según la mitología Damasen no era un gigante agresivo. – Le informo a su compañero. – Entonces ¿Por qué nos ataca de esa forma?
-Vamos. – Dante removió rápidamente sus cadenas, las cuales ataron los pies del gigante, tiro con ellas con fuerza e hizo caer estruendorosamente al gigante, el cual se golpeo contra un gran montículo de piedras. Dante se acerco rápidamente al gigante y alcanzo a ver una gran marca oscura sobre el hombro del gigante como si se tratara en un tatuaje. – Algol mira. – Esa era la primera vez que veía dicha marca, pues parecía que estaba marcada al rojo vivo sobre la piel del gigante y tenía un extraño brillo rojizo.
-¡Dante cuidado! – El caballero de cerbero recibió un impactante puñetazo que le lanzo contra Algol que inútilmente trato de detenerle, pues ambos fueron a estrellarse contra un muro de piedra tras ellos.
Damasen se incorporo velozmente y se dejo caer de rodillas sobre ambos santos con la intención de aplastarlos. Una nube espesa de polvo se elevo en el lugar, el gigante tomo con ambas manos un puñado de piedras y sepulto a ambos caballeros de plata. Damasen se incorpo y miro de derredor suyo observando algunas casas en la cercanía así que tomo grandes piedras y las arrojo contra estas destruyéndolas, como si bolos de boliche fueran. Además se acerco a las primeras barracas de las doncellas las cuales comenzó a destruir bajo sus pies, dando fuertes pisotones con la intención de asesinar a quienes estuvieran dentro.
De una de estas barracas alcanzo a salir una joven doncella, que grito al ver a semejante ser, lo cual provoco que el gigante fijara su atención sobre ella, la chica intento huir corriendo del lugar, sin embargo las manos del gigantes se aproximaron hasta ella y la apresaron, como si tan solo se tratara de una muñeca. Damasen la tomo con fuerza y la estrello contra el suelo brutalmente, la chica quedo inconsciente con ese primer golpe, sin embargo el gigante aún no había terminado con ella, pues apenas la vio respirar la alzo al aire, dispuesto a terminar con ella.
-¡Bolas de acero del infierno! – Dante sacudió sus cadenas con fuerza por encima de su cabeza y extendió sus brazos en dirección al gigante. Las cadenas del caballero de cerbero se multiplicaron creando filosas masas, las cuales atravesaron al gigante, una de ellas se giro en torno al cuello del gran ser y Dante se abalanzo hacia atrás para derribarlo de rodillas.
Algol se acerco a la doncella quien estaba inconsciente, para tratar de alejarla del gigante, pero este a penas vio las intenciones del caballero, se giro velozmente y golpeo con su codo al santo que salió expedido contra un montículo de rocas, lográndose liberar de las ataduras de Dante.
Damasen gruño y piso fuertemente el suelo resquebrajándolo, este al partirse lanzo una placa de tierra la cual se alzo y arrojo a Algol y Dante por los cielos, el caballero de medusa trato de aferrarse a su compañero, sin embargo el gigante logro separarlos aprisionando a Argol en su otra mano.
-¡Maldición! – Dante enrollo de nuevo sus cadenas, comenzó a girarlas sobre su cabeza, debía detener a ese maldito monstro antes de que continuara destruyendo todo a su alrededor o matase a alguien, a esas alturas ya poco le importaba porque un ser como Damasen les estaba atacando. - ¡Bolas de acero del infierno! – En esa ocasión las cadenas del caballero de plata no atravesaron al gigante si no que le apresaron de la mano que tenia a la doncella y la otra del cuello.
-Crees que vas a detenerme con esto imbécil, aún si la suelto ella morirá al chocar su cuerpo contra el suelo, la caída la matara. – Amenazo Damasen y de abrupto la soltó.
-¡Demonios! – Dante soltó sus cadenas para ir por la joven, sin embargo Damasen lo pateo lanzándolo contra un muro y sepultándolo bajo cientos de escombros.
El cuerpo de la doncella cayó en caída libre, acercándose cada vez más al suelo, todo propiciaba a que una persona inocente moriría a causa del ataque sorpresivo del gigante, Algol trataba de zafarse del agarre del gigante, pero le fue imposible, miro angustiado el cuerpo de la joven y supo que no podría salvarla, ella iba a morir, pero de repente una sombra se aproximo al lugar y tomo a la amazona en brazos. – No es propio ni siquiera de una criatura como tú, golpear a una mujer.
-¿Quién diablos eres? – Gruño Damasen apretando cada vez más el cuerpo de Algol, al cual le era imposible liberarse de la mano del gigante.
-Mi nombre es Shaka y soy el caballero de oro de la constelación de Virgo. – El hindu deposito en el suelo con cuidado a la joven, rompió su capa en varias tiras y presiono las heridas de la amazona, mientras elevaba su cosmos para curar algunas de estas.
-Te asesinare maldito, nadie se interpone en mi camino. – Damasen empuño su mano derecha y quiso golpear al santo dorado, quien le esquivo sin problemas.
-Excelente Damasen. – Críos aplaudió osadamente la actitud del gigante desde la lejanía y le observo unos segundos más, mientras causaba mayor destrucción a su alrededor y trataba de dar alcance al santo de oro, así que decidió que aquel inútil gigante ya había cumplido con su cometido y le libero del control al que le tenía sometido, desapareciendo sin que nadie se percatara de su presencia.
-Esto se acabo maldito. – Rugió Algol alcanzando a liberar su brazo donde portaba el escudo de la cabeza de medusa, el cual abrió los ojos e hizo contacto directamente con los ojos cerezas del gigante.
-¡Espera Algol! – Shaka había percibido el cosmos de un titán y un extraño cambio en el aura del gigante, algo no estaba bien, sin embardo el destello del escudo de medusa le indico que ya era muy tarde.
- ¡Ataque petrificante del escudo de medusa! – El gigante se inmovilizo por completo y su cuerpo comenzó a tornarse pétreo a medida que se convertía en piedra desde la cabeza a los pies, pero sus ojos mostraban una impresionante sorpresa. Algol solo movió su escudo cuando se aseguro que Damasen estaba por completo convertido en piedra, fue entonces que reunió parte de su cosmos en su mano libre y golpeo la mano de piedra del gigante la cual comenzó a agrietarse hasta que se rompió en mil pedazos.
-¿Cómo esta? – Suspiro Dante al caballero de virgo, la doncella se veía muy grave tenia múltiples heridas y la sangre manaba de su cuerpo en abundancia, la palidez y la debilidad de su respiración le asustaron, si la joven no recibía atención, iba a morir. Algol cayó al lado de ellos y miro al caballero de virgo expectante.
-Lo mejor será llevarla al sanatorio, tiene heridas muy graves. – Tercio Shaka, mirando de reojo al gigante. No sabía porque pero tenía un vago mal presentimiento de aquello y el ver a los ojos a ambos santos de plata le indicaban que ellos también lo presentían. – Algo no encaja aquí. – El hindú se incorporo y miro en derredor suyo cautelosamente.
De repente el esplendoroso amanecer parecía que se había detenido y la oscuridad volvía a cubrir el cielo, un estruendoroso trueno hizo retumbar el cielo y la tierra y una cegadora luz escarlata partió el manto celestial como un rayo y golpeo la tierra frente a ellos, la cual se despedazo por completo dejando un enorme cráter, sin embargo levitando sobre ese agujero se encontraba una figura a la cual le centellaban unos ojos rojizos y un extenso e iracundo cosmos emanaba de ese ser.
-¿Qui..quien es…él? – Dante observo como todo alrededor de esa figura se estaba destruyendo, como si todos los átomos mismos se desintegraran por aquella fuerza suprema.
-El es un titán. – Shaka frunció el ceño preocupado del poder agresivo de ese titán y supo en ese instante que tendría que usar su cosmos, a pesar de ir contra la orden de Athena, ya que si no lo hacía, el titán iba a matar a ambos santos de plata. – Él es Hyperion. – Shaka abrió los ojos justo a tiempo y extendió un escudo oportunamente pues un impactante ataque choco contra él, causando una terrible explosión…
…
Continuara…
Comentarios:
Kennardaillard: Esa es mi intención mostrar lo orgulloso y poderoso que debieron ser DM y Afrodita si Kurumada les hubiera otorgado la gloria que merecían ambos dorados. Me da gusto que puedas proyectarte en mi historia y eso te ayude a cambiar si así lo deseas. Respecto a la novia de DM jajajaja claro que lo he pensado, ya veremos más adelante que pasa. Me encanto tu frase de "Te estás haciendo grande" fue lo mejor, que he leído y lo agradezco mucho. Tienes toda la razón a veces al estar en el fondo nos hace mirar a la luz y no solo para apreciarla por lo brillante que es, si no porque nos hace desearla y valorarla cuando la conseguimos.
De verdad agradezco tus comentarios, son muy inspiradores, complementarios y fascinantes, me hacen crecer como persona y no solo eso, me emociona leerlos porque siento que estoy haciendo algo bien. Mi más grato agradecimiento de corazón.
Artemiss90: Me alegra que te gusten los capítulos, trato de incluir siempre a todos en ellos y mostrar cómo se van desarrollando su amistad y confianza. Un detalle del final es que se van a realizar dos exclamaciones de Athena contra diferentes titanes y que un guerrero mitológico retornara.
Beauty-amazon: Si ya les tocaba relajarse, aunque la paz ya se termino.
Reitodark: Bueno aquí te dejo un poco más Shura-Geist. Respecto a la conexión de los gemelos esta se está volviendo cada vez más fuerte como lo era antes y como debió ser siempre, incluso la amistad-odio entre Kanon y Aioros. Milo y Aioria siempre han chocado pero se aprecian como amigos, porque saben que son iguales. Te equivocaste un poquitín respecto a quien llegaba a bailar, pero al final creo que ese baile ha sido la forma de acercar a Athena con Piscis.
Lady-saintiassailor: Oh ahora entiendo el significado de memo, de verdad me desconcerté al leerlo por primera vez. No estaba enterada que adaptarían saintia sho, es emocionante tan solo espero y lo terminen y no lo dejen como Lost canvas que era un spind off súper bueno y lo dejaron perder.
Atte: ddmanzanita.
