Capítulo 14

La hemisferectomía había sido todo un éxito. Guiada por las diligentes manos del nuevo neurocirujano, Hatake Kakashi, realizó la técnica quirúrgica sin dilaciones.

Aquella actuación la llevó a adjudicarse un día extra de descanso. Sin lugar a dudas, el comportamiento indulgente de la directora despertaba cierta inquietud en su interior. Al principio imaginó que todo se debía a la charla sobre el Síndrome de Burn out entre los trabajadores del hospital, no obstante, algunas de sus dudas se disiparon al escuchar que la rubia estaba al tanto de los rumores de relación entre ella y el jefe de neurocirugía. Le parecía increíble la rapidez con la que se esparcían las historias dentro del sanatorio, como la pólvora. Era de esperar que más pronto que tarde, los murmullos abandonarían el área de neurocirugía para divagar por los inmaculados pasillos del HGK.

Esos pensamientos deambulaban por su mente al ingresar en la cocina. Bordeó la pequeña mesa de madera de caoba, dirigiendo toda su atención a las blancas alacenas. Alcanzó el contenedor del café, asegurándose de preparar tres tazas para cuando Ino y Tenten despertaran del profundo sueño reparador post-guardia.

Mientras aguardaba, echó un vistazo al móvil; la conversación con Itachi había finalizado desde la noche anterior, luego de indicarle de su arribo al apartamento y agradecerle por la velada, el pelinegro se limitó a desearle buenas noches, prometiendo comunicarse después. Ocho horas transcurrieron desde el último mensaje, y el Uchiha aún no daba señales de vida.

Una sonrisa involuntaria estiró sus mejillas al recordar el magnífico encuentro de la noche anterior. Sus ojos resplandecieron ante la sensación de cosquilleo de la febril emoción. Su cuerpo parecía evocar a la perfección el gentil tacto del azabache por todo su cuerpo. Absorta en su propia burbuja de frenesí, mordió su labio inferior; la situación entre los dos estaba cambiando, Itachi se mostraba menos renuente a sus intentos de seducción, estaba claro que tras los acontecimientos en el congreso y lo suscitado en su apartamento, nada volvería a ser como antes.

—Vaya guardia de mierda— propagó la voz de Ino al hacer acto de presencia en la habitación. Sin contemplarla, tomó una taza, vertiendo la cantidad exacta del humeante liquido oscuro.

La querella de Ino cortó de tajo sus pensamientos. Sintió la inquisitiva mirada cerúlea oteándola de pies a cabeza. Contrajo los labios hasta formar una línea recta, y de bocajarro espetó:

—Tuviste sexo— aseguró sin dar tregua al intenso escrutinio visual.

—No comiences a crearte ideas, cerda— advirtió, dando un sorbo a la humeante taza de café. Sabía que las pistas que la declaraban culpable estaban ahí: las mejillas sonrojadas, el brillo en sus ojos. Si bien, lo que Itachi le había mostrado ayer era solo una ínfima parte de lo que le esperaba, aquel orgasmo era aliciente suficiente para desatar una oleada hormonal.

—No puedes negarlo, frente de marquesina, se detectar esa clase de cosas, sobre todo cuando vienen de ti— dijo, bajando un poco la voz—¿A caso fue con Itachi?

El estupor la embargó ante la osada suposición de la rubia. Sintió un escalofrió pasar por su columna vertebral. Durante las últimas semanas, había omitido la mayor parte de los detalles sobre el curso de su relación con Itachi. La posición en la que se encontraba, tornaba caótica la coyuntura, asi que por el bien de ambos solo relataba la parte laboral, y resguardaba para ella el recuerdo de los besos y las caricias.

—Es oficial, detesto las guardias de setenta y dos horas— dijo Tenten, pasando a lado de ella. Sakura le ofreció la última taza de café disponible, sin pensarlo dos veces, la castaña aceptó, ofreciéndole una cálida sonrisa en señal de agradecimiento— ¿De que hablaban?— cuestionó, intercalando la mirada entre ambas.

—Al parecer, Sakura, tuvo sexo la noche anterior, estoy tratando de descubrir con quien— la rubia sonrió con picardía.

— ¿Lo hiciste?— preguntó Tenten, soplando suavemente la superficie de la humeante taza de café.

—Solo fue sexo oral y nada más— replicó con calma, rodando los ojos ante el inclemente interés de sus amigas por su vida amorosa.

Con la taza en mano, emprendió la marcha hacia su habitación. Ino y Tenten la siguieron, en silencio y con paso decidido, creyéndose con todo el derecho de hacerlo. Su respuesta acababa de desatar más preguntas, y sabía que no iba a descansar hasta sosegar sus inquietudes.

— ¿Fue bueno?— preguntó Ino sorprendida, tomando asiento al borde de la cama a un costado de la pequeña maleta que Sakura preparaba.

—Excelente— espetó despreocupadamente, mientras rebuscaba en su armario el atuendo apropiado para su improvisado viaje esa misma tarde.

— ¿Dónde sucedió?— Tenten yacía recostada sobre las sabanas desordenadas.

—En la cocina— replicó, deteniéndose un momento al evocar la forma en que Itachi la miraba mientras degustaba su entrepierna. Era una efigie con desorbitantes connotaciones eróticas—. Escuchen chicas, prometo que les contare todo en el momento apropiado— hizo una pausa tratando de encontrar las palabras correctas—. Por ahora no puedo hacerlo.

—Por supuesto, sin presión— murmuró Ino.

El repiqueteo estridente del teléfono celular de Tenten, la salvó de tener que continuar con la conversación de su vida sexual. Los ojos de la castaña resplandecieron, dando acuse de su algarabía.

— ¿Se trata de Neji?— cuestionó Ino, posando los ojos cerúleos sobre la sonriente joven de cabellera parda.

—Asi es— Tenten amplió el gesto, sinceramente contenta.

—Pensé que ya no había nada entre ustedes dos— dijo, situando con extremo cuidado un hermoso vestido floreado para la comida que su abuela ofrecía anualmente en su excéntrica casa de campo a las afueras de la ciudad.

Tenten se rió, negando.

—Aún estamos saliendo es solo que las últimas tres semanas ha estado en Sunagakure por negocios

— ¿Cómo es que ambos han soportado estar alejados durante todo este tiempo? — reflexionó Ino.

—Sexting—Tenten hizo una pausa por un momento, tratando de decidir si debería mencionar la situación de su relación a distancia.

Genuinamente interesada por lo que su amiga estaba a punto de decir, Sakura se quedó sentada en silencio en la cama junto a la diminuta pila de ropa que acababa de extraer del armario.

— ¿Sexting?— repitió ella en un susurro. Intentaba parecer indiferente al tema, si alguna vez cruzó por sus pensamientos fue una idea fugaz. No sabía si era algo que le agradaría, pero cada vez que recibía un mensaje de Itachi, una pequeña parte en su interior esperaba que fuese sicalíptico.

—Es algo importante en nuestra relación, ayuda bastante— sonrió sonrojada— ¿Acaso tú y Sasuke no hacían algo similar cuando pasaban mucho tiempo alejados?

Sakura no respondió en ipso facto. Lo cierto era que cuando su ex prometido se marchaba por una larga temporada, la comunicación entre los dos era escasa o inexistente. Intercambiaban mensajes durante horas específicas del día y hablaban por la mañana y la noche, todo parecía tan impersonal entre los dos que nunca se tomaron la molestia de conferirle a la relación a distancia una pizca de pasión. Sasuke era un hombre convencional, rutinario y absorto en sí mismo.

La inusitada, mas no incomoda afonía de la pelirosa fue respuesta suficiente para no ahondar en el tópico.

—Tal vez deberías intentarlo— sugirió Ino, colocando una mano sobre su rodilla—, siempre es un buen día para intentar algo nuevo.

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—Hemos llegado, señorita— habló el chofer del auto, echándole un vistazo por el retrovisor.

La pelirosa tragó grueso al contemplar señorial residencia alzarse en el punto más alto de la colina. Se trataba de una hermosa construcción arquitectónica digna del periodo Edo. La casa era un punto de referencia dentro del opulento suburbio ubicado al sur del País del Fuego. Su abuelo la había adquirido poco tiempo después de la gran recesión económica post-guerra; consideraba que era una edificación con gran significado histórico como para derribarla, asi que preservó la estructura original, convirtiéndola en una mansión que entremezclaba los detalles de la edad media y la era moderna.

—Señorita, ¿va a bajar del taxi o no?— cuestionó el hombre sin inmutarse a maquillar la rudeza en sus palabras.

Sakura frunció el entrecejo, no le molestaría poner a ese individuo en su lugar, sin embargo iba con una hora de retraso.

—Tome— espetó, entregando el monto marcado proyectado por la pequeña pantalla situado debajo de la radio arcaica.

Se apeó del auto con elegancia. Su cabeza comenzaba a dar vueltas de nuevo. Necesitaba tranquilizarse por un momento antes de proseguir por el largo camino que conectaba al enorme portón con el porche de la mansión. Cualquiera que la contemplara en ese estado aseguraría que odiaba a su familia, sin embargo la relación con su madre y abuela era complicada.

Mebuki era una mujer en extremos desapacible, tan agria como los cítricos, y su abuela también. Había crecido bajo la estricta tutela de dos mujeres que imponían su voluntad a cualquier costo y que siempre buscaban superarse, transmutando la visión de una pequeña Sakura de manera positiva, pero repercutiendo de forma negativa al punto de ser criticada por cada decisión que tomaba.

Aquel instinto maternal del que tanto se hablaba no era parte de las mujeres Haruno.

Estos lazos trascendieron de manera significativa. No recordaba haberle dicho nunca a Mebuki nimiedades como cuál era su color preferido o su platillo favorito, tampoco acudió a su cuarto durante la madrugada, buscando consuelo luego de tener alguna pesadilla. Debido a su demandante trabajo, la afamada cirujana se ocupaba de ella, atendía sus necesidades, pero nada más.

Aquellos pensamientos merodeaban por su mente cuando notó su reflejo en uno de los grandes ventanales de la casa. Llevaba puesto un lindo vestido cruzado con cuello v y mangas de kimono. Necesitaba subir el volumen y evitar que la ausencia de acompañante arruinara su tarde. Estaba decidida a que sería un almuerzo magnifico. Se aseguró de que el maquillaje continuara intacto, la combinación de sombras café mate y ligero rubor naranja en sus mejillas le conferían a su piel un aspecto animoso.

El sonido de notificación proveniente de su celular frenó cualquier tentativa de llamar a la puerta. Intrigada, extrajo el móvil de la bolsa a juego, desbloqueándolo en ipso facto.

Una sonrisa estiró sus mejillas al atisbar el nombre de Itachi reflejado en la pantalla. Reprimió las ansias de responder de inmediato, estaría mintiéndose a sí misma si negaba que el hecho de que Itachi no hubiese aparecido hasta ahora, le había provocado cierto malestar. Sus ojos resplandecieron, revelando su regocijo.

IU 12:00 pm

Arribe al hospital con la esperanza de encontrarte en el quirófano.

Mordió su labio inferior, absorta en su febril burbuja de emoción. Enrojeció hasta la raíz del cabello al evocar algunos recuerdos de la noche anterior. Notaba como el calor comenzaba a contenerse en su vientre, y dudaba que pudiese soportar un día más. La espera le parecía agónica, y a medida que los días transcurrían ninguno dudaba en mostrar cuanto se deseaban el uno al otro.

SH 12:05 pm

Espero que sea operando a tu lado y no en la mesa quirúrgica.

Cuando lo conoció había algo sobre su aspecto que generó cierto desagrado. Al inicio, lo asocio al parecido que compartía con Sasuke, luego de confirmarle el evidente parentesco que existía entre los dos, pensó en el área de arrogancia que lo rodeaba; era un hombre sumamente inteligente, y eso avivaba el alter ego que dormía en su interior.

No obstante, la vida se había encargado de demostrarle que las cosas nunca eran como lo imaginaba. Itachi era un hombre cálido, dulce, afable, oculto tras una fachada de estoicismo, bajo una máscara de apatía y presunción.

IU 12:06 pm

Ninguna de las dos.

Arqueó una ceja. Aquel hombre en definitiva sabía cómo acaparar su absoluta e indivisible atención.

SH 12:06 pm

¿Oh? ¿Acaso hay una fantasía rondando por la mente del Dr. Uchiha?

Con una sonrisa triunfante aguardó por la respuesta. Si Itachi se consideraba bueno en el juego de la seducción, ella era cien veces mejor.

Resguardo el teléfono de nueva cuenta en la bolsa, estaba consiente que si continuaba con esa conversación iba a afrontar algunas dificultades a la hora de tratar con el calor contenido en su vientre. Sus dedos se crisparon cuando sintió el dispositivo vibrar contra su cadera.

Sin más preámbulos, golpeo la puerta con los nudillos, aguardando a que alguien atendiera al llamado. No le tomo demasiado tiempo conjeturar de que la atención se encontraba en el jardín, asi que optando por aprovechar la espera sacó su celular.

IU: Tengo unas cuantas ideas en mente, pero prefieren llevarlas a la práctica que solo decirlas.

SH: Has despertado la duda en mí, eso es cruel de tu parte.

IU: La curiosidad mató al gato, Dra. Haruno

SH: Pero la satisfacción lo trajo de vuelta.

IU: Eres tan provocativa. Debo ingresar al quirófano ahora mismo.

SH: ¿Caso complicado?

IU: Neurotmesis, lesión de cuarto grado, ¿hablamos después?

SH: Por supuesto, buena suerte, Dr. Uchiha.

El último mensaje hizo que las comisuras de sus labios se alzaran. Lo único que deseaba en ese momento era deambular por el hospital, disfrutaba su trabajo y por ende, prefería recluirse entre las cuatro paredes del quirófano a pasar la tarde rodeada de rostros desconocidos, alardeando sobre sus vidas perfectas.

Las enormes puertas se abrieron de par en par, desvelando la presencia de un hombre alto y delgado, ataviado en un elegante traje; se inclinó ceremoniosamente hacia ella y la dirigió hacia la enorme galería que corría a lo largo del extremo norte de la casa.

Mientras caminaba en dirección al jardín, se encontró tratando de ignorar el entorno. Los elegantes invitados parecían completamente cómodos, descansando en los sillones de mimbre y otomanas agrupadas en el área de asientos, cerca de la enorme piscina. El sequito de sirvientes circulaba por la galería con bandejas de cocteles y aperitivos, a la par que la música fluía, cálida y agradable.

Los rayos del sol acariciaron su piel una vez que pasó al jardín; las mesas se encontraban dispersas a orillas del nihon teien. Recordaba pasar las tardes del verano estival, tumbada en el pasto, contemplando las nubes al mismo tiempo que tamizaba sentimientos. Aquellas remembranzas parecían tan lejanas que a duras penas las inmortalizaba en el fondo de su memoria.

Contempló a su abuela en el fondo del quiosco, postrada en la mesa principal; era esbelta y de aspecto aristocrático, con el cabello tan blanco como la nieve y la postura recta y tensa como un arco, vestía un hermoso conjunto de seda blanco. Los invitados orbitaban alrededor de ella, rindiéndole respetos, no todos los días se cumplían ochenta y siete años.

Armándose de valor, tomó una bocanada de aire y caminó hasta la mesa. Se abrió paso en medio de disculpas y sonrisas avergonzadas hasta que logro situarse frente a ella. La mujeres esbozó una cálida sonrisa al verla y Sakura respondió de la misma manera.

—Por un momento imagine que no vendrías— espetó, envolviéndola en un fuerte abrazo.

—No me perdería esto por nada del mundo—explicó apresuradamente, sus mejillas ruborizadas de un rojo brillante. Podía sentir las miradas curiosas sobre ella.

—Luces tan hermosa como de costumbre— alabó su abuela, contemplándola de pies a cabeza.

Sakura se encogió de hombros. Aquello solo era el comienzo de una larga y atenuante tarde.

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Contempló con asumida apatía la decoración del lugar como una persona que había estado demasiadas veces ahí para rememorar a la perfección cada detalle.

Estaba habituada a esa clase de eventos. La diversión de la clase alta le parecía superficial y monótona. Su abuela provenía de una línea directa de la familia real y su abuelo se convirtió en un duque por herencia. El título había muerto junto con él veinte años atrás, pero la fortuna continuaba a flote.

Bajo ese contexto creció su madre, rodeada de opulencias y objetos imbuidos en pátinas de elegancia intemporal. Era la única hija del matrimonio, y por lo tanto, el proyecto fallido de su abuela. El espíritu rebelde de Mebuki no se ajustaba a las reglas de la nobleza, y tan pronto como cumplió la mayoría de edad abandonó su casa, adentrándose en las bulliciosas calles de Konohagakure para perseguir el sueño de convertirse en una famosa cirujana.

No era de extrañarse que aquella casa despertara un apego emocional. Acudía de vez en cuando, durante las vacaciones de verano y en ocasiones en el invierno. A pesar de poseer un decorado arrebatarlo, tenía la impresión de que era un lugar vacío, carente de recuerdos.

Se removió en su asiento, incomoda, clavando los fanales esmeraldas en las sobras de la comida, estaba mortalmente aburrida; llevaba más de cuarenta minutos escuchando la última actualización sobre el escándalo que azoraba a la pequeña comunidad de próceres a la redonda. Por el rictus de tensión en los labios de su abuela, se percató de que el tema de conversación no era de su agrado, pero realizaba un esfuerzo monumental al mostrarse genuinamente interesada en el relato del hombre de anteojos y traje de lino blanco.

Esperaba con ansias recibir una llamada, cualquier emergencia relacionada con el hospital la libraría de pasar una hora más en ese lugar. No obstante, las posibilidades para que tal suceso se llevara a cabo eran astronómicas.

—Sakura-chan— llamó una chica al otro extremo de la mesa; voz endulzada, tan empalagosa que removió sus entrañas—, ¿Dónde se encuentra tu apuesto prometido?, nos llevamos una sorpresa al escuchar que pospondrían la boda.

La pelirosa se tensó como una cuerda al escuchar la ligera mención de Sasuke. Dirigió una mirada aterrada a su madre, y después a su abuela. La presencia del azabache difícilmente pasaría desapercibida ante la mirada curiosa de aquellas personas. Cuando se convirtieron en novios, aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para contonearse a lado de él, era un hombre increíblemente apuesto y bien posicionado, provenía de una prestigiosa familia y heredaría un imperio antes de cumplir los treinta, aquellos aspectos que encajaban con finura entre la lista de requerimientos para formar parte de la secta aristocrática que comandaba su abuela.

Una vez que tuvo el anillo de compromiso no demoró en anunciarlo, estaría mintiendo si negaba el goce que le había provocado atestiguar la envidia que surcó los rostros de esas chicas al confirmar su próxima anexión al clan Uchiha como esposa de Sasuke. Sin embargo, el placer fue momentáneo; cuando la relación comenzó a desgastarse, las apariciones de su prometido eran esporádicas, avivando los rumores de ruptura que venían asechándolos desde el comienzo.

Tragó grueso, el pánico enturbio sus procesos mentales, reduciendo su capacidad neuronal a niveles realmente insignificantes. Trató de volver su atención a la comida, pero un montón de nudos prietos le estrujaban el estómago, concluyendo que había perdido por completo el apetito.

—Debe estar dirigiendo un nuevo bufete jurídico o algo por el estilo— respondió, intentando sonar tan calmada como sus destrozados nervios se lo permitían.

Lo cierto era que desde la discusión en el apartamento no sabía nada él. Era como si se hubiese desvanecido en el viento. La idea de llamarlo cruzó algunas veces por su mente, mas no lo hizo. Pensó preguntarle directamente a Itachi, pero tampoco era prudente, quizás avivaría las sospechas de que aún existía algo entre ellos dos, lo cual era totalmente falso.

— ¿Acaso no estas enterada de lo que hace tu futuro esposo?— preguntó alarmada otra de las jóvenes, contemplándola con una mezcla de sospecha y curiosidad.

Antes de responder, engulló de un trago el champagne disponible en la copa, iba a necesitar más licor para sobrellevar la velada. Carraspeó un poco, procurando disipar el escozor aprisionado en su laringe.

—Voy a decírselos tal y como es, porque todos están perdiendo el tiempo simulando ser corteses— declaró, harta de andar por las ramas—.Mi compromiso con Sasuke finalizó hace más de un año, al igual que nuestra relación.

Notó como el peso sobre su espalda se disipaba. Ignoró las miradas atónitas, poco le importaba lo que pudiesen pensar de ella.

—Ahora si me disculpan, creo que necesitare una bebida más fuerte.

Lejos de continuar con la conversación, logro escabullirse al bar para pedir otra copa y quitarse de en medio. Pensaba que lo más apropiado era llamarlo una tarde y recluirse en su habitación.

—Un gin tonic, por favor— solicitó, echando un vistazo a su alrededor.

— ¿No es demasiado temprano para eso?— preguntó el hombre detrás de la barra, levantando una ceja.

La pelirosa frunció el entrecejo. Lo último que necesitaba era que el bartender cuestionara sus decisiones.

—Eso ya lo sé— replicó tajante, sin rastros de cortesía en su voz—. Sin embargo, si pretendo sobrevivir al resto del día prefiero hacerlo con media conciencia.

El hombre asintió con un gesto de cabeza, poniendo los ojos en blanco. Al cabo de unos segundos, colocó frente a ella una copa con hielos y liquido transparente, decorado con pequeños tajos de hierbabuena y una rodaja de limón al borde.

Procuró agradecerle con una sonrisa, tomó su bebida y dirigió el paso hacia la mesa de aperitivos.

Las chicas que se encontraban charlando discretamente le dedicaron una mirada aprensiva, y sin dudarlo se alejaron de ahí, como si estuviese infectada con alguna enfermedad mortalmente desconocida.

Suponía que durante los cinco escasos minutos transcurridos, la verdad sobre su compromiso se había esparcido como pólvora entre todos los invitados, convirtiéndola en el nuevo tema de conversación. Sintió un poco de pena por su abuela, no era su intención abrumarla de esa manera.

—Tal vez deberías realizar un esfuerzo para no lucir tan constipada.

La voz de su madre surgió desde el costado izquierdo, detectando el tono censurador que utilizaba para reprimirla cuando era pequeña. Ella puso los ojos en blanco, fingiendo estar menos molesta que desconcertada.

—También detestas estas reuniones— susurró al tiempo que daba un pequeño trago a la bebida.

—Hay ocasiones en las que debemos realizar sacrificios por otras personas— habló Mebuki sin mirarla—, estoy haciendo esto por tu abuela.

El significado de las palabras de su madre recayó en ella como un balde de agua fría. Estaba bebiendo demasiado, pero nunca hasta el punto de emborracharse. Consideraba al licor como una especie de capa protectora contra todo tipo de pensamientos abstractos fabricados por la mente.

—Nunca mencionaste que estabas volviéndote cercana al jefe de neurocirugía— señaló acusatoriamente, contemplándola de reojo—. También olvidaste decirme que era un Uchiha, hermano de tu ex prometido.

La ultima oración la pronuncio con palpable desprecio. Asumía que Tsunade ya le habría mencionado algo respecto a los rumores que circulaban sobre ella e Itachi en el hospital. Después de todo, Mebuki era parte de la mesa directiva del HGK, cualquier coyuntura extraña debía notificársele.

—Naturalmente, Itachi es mi jefe— ella la miró, escéptica, respondiendo solamente al primer cuestionamiento.

— ¿Eso es lo que te repites en las noches para convencerte a ti misma?— preguntó Mebuki con una mirada de sospecha, pero sin dar muestras de evidente sorpresa.

—Tus acusaciones son arriesgadas— profirió, demasiado angustiada para percatarse de sus lacónicas respuestas.

—También lo son tus acciones.

Nuevamente, Sakura puso los ojos en blanco. Determinada a dar esa conversación por concluida, caminó por la extensa geografía del jardín hasta ingresar a la galería, recorrió el prolongado pasillo con rapidez, adentrándose en la sala principal.

—Eres una tonta, Sakura, ¿o es que no aprendiste tu lección con Sasuke?— le interpeló, determinada, siguiendo sus erráticos pasos hasta situarse en medio de la habitación.

—No sabes lo que sucedió entre Sasuke y yo, las cosas que nos hicimos el uno al otro — soltó, contemplándola de manera desafiante—, tu misma dijiste que lo arriesgara todo— le recordó.

—Porque suponía que habías encontrado a un hombre bueno y no que estabas enredándote con tu jefe, que para colmo es hermano de tu ex prometido— siseó, alzando la voz.

—Por si no te has percatado, soy una mujer adulta, capaz de decidir con quién deseo estar— ella tragó el nudo en su garganta, procurando contener las lágrimas que empezaban a contenerse en la esquina de sus ojos.

— ¿En verdad vale la pena?— preguntó, hastiada—, ¿Arriesgarlo todo por un hombre?, me sacrifique por ti y me molesta que tires todo por la borda por prestar atención a tus arrebatos.

—Lamento no justificar tu existencia— su voz parecía controlada forzosamente. Dándole la espalda a su madre, disipó el rastro de lágrimas que comenzaba a descender por sus mejillas.

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Expulsó un suspiro de genuino alivio al cruzar las enormes puertas blancas de la habitación.

La reunión aún se llevaba a cabo en la planta baja, con menos invitados, congregados en la sala de reuniones contigua al jardín. Luego de la discusión con su madre la tensión entre las dos era tan palpable que el ambiente se tornó pesado, casi insoportable. Al cabo de unas horas, se disculpó con su abuela, argumentando que estaba demasiado cansada y le gustaría dormir apropiadamente antes de emprender el regreso a Konohagakure por la mañana. Si la octogenaria estaba molesta no lo demostró, y con un adusto movimiento de cabeza asintió ordenándole a una de las chicas de la servidumbre que preparara un cuarto para su nieta.

Observó el dormitorio con asumida nostalgia, aquel sitio continuaba tal y como lo recordaba. Se despojó de los zapatos de tacón alto, hundiendo los pies en la nívea alfombra afelpada, concediéndoles tregua tras una larga jornada.

Se deslizó al baño sin más dilaciones. Una vez dentro, tomó asiento al borde de la tina de porcelana, analizando los acontecimientos del día. Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, se levantó, dirigiéndose al lavamanos de cerámica. Abrió ambas llaves del grifo, escuchando el agua correr por unos segundos, para después, sostener su cabello rosado y humedecerse la cara. Estaba demasiado cansada para llevar a cabo la rutina de belleza nocturna, asi que se limitó a enjuagar, disipando los rastros del ligero maquillaje que portaba.

Al salir del aseo, atisbó la luz parpadeante proveniente de celular. Suponía que debía tener alguna respuesta por parte de sus amigas, asi que tomo su tiempo. Estaba demasiado cansada, sentía el cuerpo magullado y los músculos entumecidos por la tensión, necesitaba tenderse sobre la cama un momento.

Se quitó el vestido mientras deambulaba por la alcoba, arrojando el atuendo al suelo y los aretes al tocador. Exhaló con fuerza al despojarse del sujetador, exiliándolo fuera de su vista a un rincón lejano de la habitación.

Postrada al borde de la cama, alcanzó el móvil; había tres mensajes esperándola, pero solo uno logró que la respiración se le atascara en la garganta:

IU: Espero que tu tarde no haya sido tan aburrida como la mía.

Sonriente, mordió su labio inferior. Colocó el dispositivo sobre la cama mientras deslizaba la vieja camiseta de algodón sobre su torso desnudo. La conversación mantenida con sus amigas aquella mañana hizo eco en su mente. Por más que deseara estar con el Uchiha, era prácticamente imposible conseguir que un taxi la sacará de ahí, asi que decidió intentar algo nuevo, tenía la certeza de que Itachi se lo agradecería.

SH: Fue un infierno, pero conseguí sobrevivir.

Sus dedos teclearon la respuesta con una rapidez abrumadora. Dejó caer su cuerpo sobre el colchón, situando el teléfono sobre su pecho y la mirada lemanita en el techo. Los segundos transcurrían lentamente, alimentando la ansiedad que llevaba asechándola desde el comienzo del día.

Pasaron un par de segundos antes de que sintiera una vibración contra su esternón, y sin más dilaciones abrió el texto:

IU: Lamento leer eso, ¿quieres hablar al respecto?

SH: Tal vez después, por el momento solo deseo que estuvieras aquí, a mi lado.

Expulsó el suspiro cautivo en lo más profundo de su pecho. Itachi era un hombre monumentalmente condescendiente, jamás la presionaba a hablar, y aguardaba hasta el momento en que ella decidiera hacerlo.

Resignada, abandonó su cómodo refugio para postrarse en la silla frente al tocador. Remojo algunas torundas de algodón en solución desmaquillaste, asegurándose de borrar las pizas de parafernalia contenidas en sus pestañas y debajo de los ojos. La réplica arribó, clara y sonora.

IU: No sabes cuánto anhelo poder tocarte…

Reprimió las ansias de lanzar un grito de emoción al leer el mensaje. Ella amplió el gesto, sinceramente, contenta.

SK: No lo pienses demasiado o podría desvanecerme.

IU: Sakura…

¡Dios!, deseaba tanto poder escucharlo. Un escalofrió le recorrió la espalda tan solo de imaginarlo susurrando su nombre su contra el lóbulo de su oreja, como una mantra.

Determinada, se propuso a finalizar su ritual ates de regresar a la cama. Cubrió la mitad de su cuerpo con el edredón, el gélido aire otoñal comenzaba a filtrarse por las ventanas.

SK: ¿Ya arribaste a tu apartamento?

IU: Acabo de hacerlo, la cirugía me dejo exhausto, ¿estás a punto de irte a la cama?

SK: No, solamente estoy recostada, pensando en lo mucho que me gustaría tenerte aquí a mi lado.

¿Desde cuándo se convirtió en una adolescente?, en definitiva había perdido el juicio, cualquiera se llevaría una enorme sorpresa al atisbar el tipo de mensajes que intercambiaba con el jefe de neurocirugía.

La notificación acabó con sus cavilaciones.

IU: Ten cuidado, Sakura, jugar con fuego puede ser peligroso.

Motivada por el giro que había tomado la conversación, abandonó la cama. Se escabulló en el baño, aun con los consejos de Ino y Tenten deambulando por su mente. Encendió las luces y se situó frente al espejo. Era una novata, pero nunca tarde para aprender algo nuevo, asi que sin más dilaciones, levantó la holgada camiseta hasta situarla estratégicamente por encima de sus senos, cubriendo los pezones; los planos lisos y marcados de su abdomen resaltaban gracias al espectro de luz y sombras de la habitación. El borde de las bragas de encaje se vislumbraba bajo las crestas iliacas. Miró la fotografía, avergonzada, reculando si debía eliminarla o enviarla. Sin embargo, cualquier ínfimo asomo de duda se disipó al presionar el icono de envío, y en un parpadeo Uchiha Itachi estaba recibiendo una lubrica efigie de ella.

No pudo evitar esbozar una sonrisa intemperante, si todo marchaba bien, el consejo de Tenten habría funcionado a la perfección. Unos cuantos segundos después regresó a la habitación, recostándose sobre las sabanas a la espera de una respuesta. Observó la burbuja que indicaba que Itachi estaba escribiendo una replica:

IU: Ahora definitivamente estás jugando con fuego.

SH: Estoy dispuesta a sufrir las consecuencias.

IU: La curiosidad mató al gato, Dra. Haruno.

La pelirosa se tomó un breve respiro para dejar el teléfono sobre su pecho mientras se reincorporaba entre las almohadas para recuperar el aliento. Una serie de pensamientos deambulaban por su mente en ese momento que era difícil aferrarse a uno por mucho tiempo. Indudablemente eso estaba mal, si alguno de los altos mandos del hospital llegara a enterarse, podrían despedirlo, ella perdería su lugar de residencia, o algo peor, se expulsada del hospital, pero ¿Cómo podría algo tan malo hacer sentir tan bien?, lo necesitaba tanto como sus pulmones precisaban de oxígeno para llevar a cabo sus funciones.

La pantalla del móvil se apagó. Ella apartó el dispositivo, abriendo el mensaje más rápido de lo que pretendía, descubriendo con una agradable sorpresa que el también le había enviado una foto. Conteniendo la respiración, quedó boquiabierta al estudiar la efigie con detenimiento: no llevaba camiseta, dejando al descubierto su bien trabajado torso, se ajustaba a su delgada figura, los pantalones azul marino de punto llegaban por debajo de sus caderas, acentuando el cinturón de adonis que apuntaba peligrosamente a su entrepierna.

Se vio en la necesidad de aguardar un momento antes de cerrar, a regañadientes la imagen. Aquel espectáculo había enturbiado todos sus procesos mentales, reduciendo la actividad sináptica de su cerebro a niveles mediocres.

SH: ¿La foto fue de tu agrado?

IU: Más de lo que te imaginas, no puedo dejar de mirarla.

Incapaz de borrar la sonrisa trazada en sus carnosos labios, noto como la dolorosa y cálida sensación en su vientre comenzaba a acumularse tortuosamente. Anhelaba sentir sus manos recorriendo cada centímetro de su piel, sus labios desperdigando besos por su boca hasta descender por su cuello y perderse en el valle de sus senos. Estrujaba los muslos para liberar un poco de presión, pero no iba a servir de nada, sabía que necesitaba más y la única persona que podía otorgárselo se encontraba a una hora de camino.

Lejos de dar por finalizada la charla, volvió a salir de la cama. Apagó las luces de la habitación, dejando solamente encendidas las lámparas que reposaban sobre las mesitas de noche situadas a los costados del lecho matrimonial.

Alzó los brazos y lanzó la camiseta al suelo, iba a subir el nivel del juego. Apartó las bragas de sus caderas, delegándolas al sendero de ropa desperdigado por la alfombra. Frente al espejo del tocador tomó una fotografía más, diciendo que si no era de su agrado la eliminaría y daría por zanjado el asunto, sin embargo, resulto ser mejor de lo que esperaba; cada curva de su cuerpo incitaba a tocarla, era perfecta, como si fuese la obra maestra de algún artista condenado. Mordió su labio inferior al tiempo que esperaba la imagen. En menos de un minuto obtuvo respuesta:

IU: Por dios, Sakura, ¿acaso intentas matarme?

Ella sonrió para sus adentros, no obstante, aún no estaba satisfecha.

SK: Tal vez, pero lo que por el momento me interesa es ver el efecto que tengo sobre ti.

Se tumbó sobre la cama, oculta bajo las cobijas. Al instante apareció en la bandeja de entrada una nueva imagen. El pelinegro se había fotografiado en el espejo, frunció ligeramente el entrecejo al no encontrar diferencias con la anterior, no obstante, quedó boquiabierta al notar la forma en la que el sostenía su miembro craso y erecto, aun cubierto por la tela del pantalón.

Deslizó la yema de los dedos por la longitud de su abdomen plano, circuló su ombligo, notando como los pequeños botones rosados que coronaban sus senos comenzaban a endurecerse.

IU: La noche que te lleve a casa después de la gala…moría de ganas por besarte.

SH: Creo que me habría desvanecido si lo hubieras hecho. Yo también deseaba hacerlo.

IU: Y el día de ayer solo sirvió para avivar las ansias de todo lo que quería hacerte.

SH: ¿Qué cosas?

Soltó un suspiro al anegar la punta de sus dedos entre sus hinchados pliegues. Le sorprendió lo húmeda que ya estaba, mas no había forma de detenerse ahora.

IU: Quería recostarte sobre una la cama y continuar tocándote. Tuve que despedir a Shisui pronto por tu culpa, ¿sabes?, estaba tan excitado que me resultaba doloroso.

SH: Tal y como me siento ahora.

IU: ¿Estás tocándote?

SH: Sí.

IU: Ayer sabias tan bien. En lo único que pude pensar durante todo el día fue en cómo hacerte mía.

Mordió su labio inferior, dejando caer la cabeza sobre las almohadas mientras dibujaba tortuosos y burlones círculos alrededor del sensible capullo bajo la yema de sus dedos. Deseaba escuchar la errática respiración de Itachi presionada contra su oreja, recorrer con sus deseosas manos cada centímetro de su cuerpo, tocarlo con su lengua, escucharlo clamar su nombre mientras yacía debajo de ella, rendido a su dominio. Anhelaba tanto que él llenara sus vacíos y dispusiera de su cuerpo hasta hacerla acabar.

IU: He pensado en ti tocándome y lo bien que se sintió tu mano alrededor de mi miembro la noche del congreso.

Cerró los ojos con fuerza, el recuerdo de él jadeante y ansioso, alimentaba el deseo ardiente acumulado dentro de ella. Incrementó la velocidad de sus caricias, los muslos le temblaban y el sudor resbalaba por su frente mientras arqueaba la espalda. Necesitaba algo más, estaba tan cerca del clímax que podía saborearlo.

IU: ¿Aun sigues tocándote?

SH: Si

IU: Termina para mí, Sakura.

El teléfono se escurrió entre sus mano hasta terminar en la cama. Contuvo un grito mientras la oleada de placer fluía a través de ella, enviando latigazos de molicie por sus nervios. Sentía las extremidades temblorosas. Jamás había experimentado algo similar en toda su existencia. Alcanzó su teléfono, tenía las mejillas sonrojadas mientras escribía.

SH: Este ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida.

IU: Tomare eso como un reto.

SH: Por supuesto que lo harás. Buenas noches, Dr. Uchiha.

IU: Dulces sueños, Sakura.

Continuara

N/A: Bueno, no estaba segura de como resultaría este tipo de narrativa pero creo que quedó bien.

Sin duda alguna estamos acercándonos a la pauta de la relación entre nuestros dos protagonistas, ambos han admitido que se desean el uno al otro, pero hay una serie de obstáculos que deben afrontar para estar juntos.

Revisando los borradores de los siguientes capítulos, me percaté que serán más extensos que los apartados principales, asi que espero que estén preparadxs para leer más drama.

Como siempre, agradezco de todo corazón el apoyo que me brindan con cada actualización. Nunca imagine que el fic sería bien recibido, pero me alegra estar equivocada en esto. Tengan por seguro que leo cada review, y estoy atenta a sus comentarios y sugerencias. Mil gracias por dedicar una parte de su valioso tiempo a leer esta historia, espero que el rumbo, la trama y la narrativa compensen la espera.

Sin nada más que añadir, les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren, cuídense mucho y cuiden a los demás.

Espero leerlos pronto

¡Hasta la próxima!