Capitulo 40 Yo soy una bestia.
-Hermano mío. – Su voz vacía y potente resonó en todo el recinto, mientras el pelinegro extendía sus brazos hacia el titán. – Me es grato verte a salvo.
-Ha sido muy imprudente lo que has hecho, Hyperion. –Koios se dejo caer en uno de los doce tronos que se encontraban reunidos en la sala. Aunque la su voz sonó dura y áspera, como si cada palabra hubiera sido arrancada con ira, sus ojos mostraron el alivio que le daba volver a verlo.
-Fue un terrible error. –Críos estaba recargado con los ojos cerrados y de brazos cruzados en una pilastra, con su larga espada a sus espaldas.
-Cronos. – Hyperion alzo su mirada escarlata hacia su hermano y le enfrento. – Deseo que me hables con la verdad, igual ustedes Koios y Críos.
-Yo no he intervenido en absolutamente nada, hermano. – Confeso Koios. – Al igual que a ti me ha sorprendido que un ser tan apacible y tranquilo como era Damasen atacase por su cuenta el santuario.
-Te he prometido que no enviaría a más gigantes a pelear nuestra batalla. Y yo siempre cumplo mis promesas. –Cronos entrelazo los dedos de su mano y recargo su barbilla sobre estos, mientras dibujaba una sutil sonrisa en sus labios.
-El que Damasen actuase de esa forma, nos demuestra cuán de nuestro lado están los gigantes. – Críos extendió su mano y sobre esta comenzó a materializarse una larga espada, la cual empuño diestramente. – Yo no envié a Damasen a luchar al santuario, pero no permitiré que ninguno de ellos vuelva a pelar solo.
-Me alegra escucharlos. Aunque no conozco el motivo por el cual Damasen ataco tan repentinamente, su muerta ha despertado un profundo odio en mi interior hacia los humanos. – Hyperion suspiro pesadamente y cerró los ojos con tranquilidad, fingiendo creer a sus hermanos. – Me han mentido a la cara y ni siquiera puedo ver remordimiento en su mirada. – Es preciso que me retire, iré a ver el resto de los gigantes, quiero expresarles personalmente el deceso de Damasen.
-Como desees. – Cronos observo a su hermano retirarse calmadamente por una de las puertas aledañas a la habitación, le siguió con la mirada hasta que escucho como la puerta se cerraba a las espaldas de su hermano, fue entonces que regreso su mirada hacia sus otros dos hermanos que permanecían en silencio. – Hyperion sabe que fuimos nosotros quien enviamos a Daimasen a pelear, tan solo ha fingido creernos.
-¿No hubiese sido mejor decirle la verdad? – Koios observo melancólicamente hacia la puerta, sintiendo profundamente lo mucho que el encierro en el tártaro había modificado su conducta y la distancia que había interpuesto entre una familia tan unida, como la de ellos.
-No. – Corto secamente Críos. – Está bien que sepa que le hemos mentido después de todo Hyperion lo superara, siempre lo hace. – El espadachín blandió su espada frente a él y la lanzo por el aire hasta que esta se enterró en el muro. – Lo importante es que no se entere que sometimos a Damasen para obligarlo a pelear.
-Sigo creyendo que todo esto no era necesario. – Koios menciono arrepentido, haber atacado por la espalda a Hyperion de esa forma, no le hacía sentir orgulloso en lo absoluto.
-Fue divertido verlo pelear. – Se burlo Críos cruelmente, produciendo que sus dos hermanos le miraran severamente, pues en ocasiones Críos solía comportarse como un desalmado.
-Entonces ¿Por qué nos apoyaste Koios? - Cronos miro de reojo a su hermano, quien suspiro cansadamente y cerró los ojos.
-Porque son mis hermanos. –
-Hyperion también lo es. – Contrarresto Críos sonriendo.
-Pero me temo que está tomando un camino equivocado. Hemos hecho grandes sacrificios como para arrepentirnos ahora. – Koios se incorporo lentamente y observo la puerta por donde segundos antes había salido Hyperion. – Iré con Hyperion.
-¿Y dices que el desalmado soy yo? – Críos se carcajeo. - ¿Cómo puedes mirarles a los ojos? Si me has ayudado a que uno de ellos cometa una misión suicida.
-No me reconforta en nada quedarme aquí. – Koios camino hacia la puerta y tomo su perilla, empujándola unos centímetros para abrirla, pero se detuvo para terminar de responderle a su hermano. – Pero por ahora creo que es lo único bueno que puedo hacer por ellos, después de haber cometido ese terrible error.
-Si eso te ayuda a limpiar un poco tu conciencia, entonces adelante. – Críos se teletransporto hasta el otro lado de la habitación y tomo la empuñadura de su espada, para sacarla del muro con fuerza. – Aunque creo que le están dando demasiada importancia a algo tan banal.
Koios volvió a suspirar pesadamente, a veces le costaba tanto resistirse para no golpear a Críos, que debía juntar toda la fuerza de su interior para no hacerlo. No comprendía como Cronos podía disfrutar tanto la compañía del espadachín, si este solía siempre tratarlos de sacar de quicio, provocándoles en repetidas ocasiones.
-Me sorprende la tolerancia de Koios hacia ti. – Murmuro Cronos cuando miro a su hermano cerrar la puerta tras él. – Ha tenido más de una razón para golpearte y sin embargo no lo hace.
-Es que en el fondo, todos somos iguales, todos compartimos los mismos ideales y pensamientos, solo que yo lo demuestro. – Críos le miro una última vez, antes de desvanecerse y dejarlo solo en la habitación.
-"Todos somos iguales" – Repitió en su mente, cuanta razón tenia su hermano, al final de cuentas todos eran muy parecidos dioses, titanes y humanos; todos podían amar y odiar al mismo tiempo. Un error repetido por generaciones, hechos a imagen y semejanza unos de otros.
…
Deposito con cuidado un plato humeante y que despedía un rico aroma casero frente a él y sonrió al ver como los sentidos de su hermano eran cautivados simplemente por algo tan sencillo como un rico desayuno, tal vez el vivir con los dioses le hubiera llenado de gloria, sin embargo le había alejado de los placeres más elementales de la vida.
-¡Gracias Marín, esto huele delicioso! – Celebro Seiya a su lado, hundiéndose entre grandes bocados para degustarlo todo vorazmente.
-Gracias hermana. – Touma la miro cálidamente, sabía que el hecho de llamar a la pelirroja hermana, hacia que esta estallara en felicidad.
-¿Cómo van tus heridas Touma? – Seiya se acomodo relajadamente sobre la silla, como solía hacerlo cuando era el aprendiz de Marín y miro atentamente al hermano de la pelirroja.
-La mayoría han sanado, ya estoy listo para volver a pelear a penas mi diosa me lo indique. – Touma tanteo a Seiya, ya no entendía porque se preocupaba por él.
-Espero que no sea necesario su ayuda. –Dijo sin más Seiya, sin embargo Touma malinterpreto al caballero de Pegaso, pues se sintió subestimado por este.
-¿A qué te refieres? – Arrastro sus palabras, tratando de controlarse, sin embargo el tenedor en su mano, comenzó a deformar su mango ante la presión.
-Oye tranquilo. – Rio relajadamente Seiya y movió su mano en son de paz. – Simplemente estoy diciendo que espero que no tengan que intervenir, después de todo, creo que es la primera vez que la orden de Athena está completa.
-No des por sentado nada Seiya. – Marín quien había estado escuchando la plática de su discípulo y su hermano, intervino por primera vez, se acerco a ellos y se coloco justo en la silla de en medio para contemplarlos a ambos. – Tengo por seguro que el patriarca quiere evitar el mayor número de perdidas y va a lanzar a combatir a los caballeros dorados en primer lugar.
-¿Qué? ¿Por qué Shion haría algo como eso? –
-Porque el patriarca confía en ellos ciegamente, además he escuchado rumores de que ha estado entrenando a un santo dorado. –
-¿Continua dándole lecciones a Mu? – Seiya rio divertido.
-No. – Contesto seriamente Marín, pensando en que sería bueno volver a meter a Seiya en cintura con algunos entrenamientos. – Ha estado saliendo casi todas las tardes a entrenar a Mascara de la muerte.
-¿Qué? – Tanto Seiya como Touma exclamaron asombrados casi al mismo tiempo, incluso el pelirrojo estuvo a punto de ahogarse con el jugo que estaba a punto de deglutir.
-Así como lo estas escuchando Seiya, ambos desaparecen del santuario a la misma hora, sus cosmos dejan de sentirse, por lo que supondría que tal vez van al monte Yomotsu o bien el patriarca le teletransporta a otro lado. –
-¿No estará considerando Shion a Mascara de la muerte como el próximo patriarca verdad? – Refuto temeroso Seiya, Marín sintió un escalofrio recorrerle toda la espalda de tan solo imaginarse al santo de cáncer como patriarca.
-Esperemos que sea otro el motivo. – Contesto llevándose el vaso con jugo a los labios.
-En fin. – Suspiro pesadamente.
-Me voy. – Touma se incorporo y tomo educadamente sus platos, para llevarlos hacia el fregadero. – Tengo que ir a donde mi diosa y mis compañeros aguardan.
-¿Te vas tan pronto? – Inquirió con el ceño fruncido Marín, no importaba cuanto se esforzase, ni lo mucho que hiciera para buscarlo, el siempre encontraba la forma de rechazarla y alejarse de ella.
-Sí. – Contesto firmemente Icaro, sin ni siquiera voltear a verla. – Ya he terminado.
-Está bien. – Marín agacho tristemente la mirada y solo escucho los firmes pasos de su hermano mientras se retiraba.
Seiya se quedo en silencio observando el rostro cansado de la pelirroja, aunque Marín se encontraba últimamente alegre por la presencia de Aioria, cada vez que la pelirroja trataba de interactuar con su hermano, cuidarlo o incluso convivir con él, el rostro de Marín mostraba una profunda tristeza y melancolía por las épocas pasadas y no importaba las veces que Icaro la rechazase, ella acudía a él una y otra vez.
-Marín. – Seiya extendió su mano hacia ella y estrecho comprensivamente la mano de la pelirroja, que escondió su mirada enrojecida bajo sus flequillos.
-No importa cuántas veces lo intente Seiya. – Murmuro quedamente, aunque su voz se escuchaba entrecortada. – Él… ya no es…
-Sí lo es y estás haciendo un excelente trabajo para traerlo de vuelta. – Seiya sintió un profundo dolor al escuchar los leves sollozos que Marín trataba de controlar y ver sus lágrimas cristalinas que bajaban por su rostro hasta su mentón, era como si fueran gotas de sangre para él. – Simplemente tu hermano es estúpidamente orgullo para admitir sus errores.
-¿Sabes Seiya las veces que imagine reencontrándome con él? – Marín trato férreamente de controlar sus emociones, pero a ese punto ya no podía. ¿Cómo guardarse el dolor de tanta tragedia en su vida? Había visto como sus padres ser masacrados por unos bandidos, había sido golpeada y torturada por los asesinos de su padre, había perdido a su hermano menor a quien busco por más de 14 años y cuando lo encontró, de la forma menos esperada, no solo le servía a una diosa diferente a la suya, sino que sus sentimientos prácticamente estaba agonizantes en su interior, Touma se había cerrado a la vida, de una forma tan frívola, que casi se le acercaba a la indiferencia con la que los dioses trataban a los humanos.
-Marín, le has encontrado. – Suspiro tristemente Seiya, aunque en su interior sentía un profundo enojo hacia Touma, acaso era tan estúpido como para lastimar a la única persona que realmente se preocupaba por él. – Eso ya es una ventaja, solo tienes que darle tiempo y no debes rendirte, te aseguro que cuando menos te lo esperes Touma va a ser el mismo de antes.
-Buenos días. – Aioria abrió la puerta de par en par y hubo un rápido vaivén de emociones en su rostro, alegría, curiosidad, desconcierto, tristeza que culmino en una profunda ira y severa mirada sobre Seiya, quien rápidamente se dio cuenta en el peligro potencial en el que se encontraba pues pasaba a ser el primer sospecho al que Aioria haría pagar si Marín estaba llorando por su causa. - ¿Qué ocurre? – Gruño amenazantemente, atravesando la habitación en dos grandes zancadas hasta situarse al lado de la pelirroja, quien rápidamente borro con el dorso de sus manos las lágrimas que en algún momento surcaron por él, pero persistieron sus ojos enrojecidos.
-Yo no he… - Seiya rodeo rápidamente la mesa, interponiendo distancia entre él y el furioso león.
-No… pasa nada Aioria. – Marín tomo las manos de Aioria entre las suyas, sintiendo como la simple cercanía con la piel del quinto guardián la reconfortaban.
-Marín. – Aioria se agacho frente a ella preocupado y acaricio con suavidad el rostro de la amazona, quien respondió asertivamente a esa caricia, dibujando una ligera sonrisa en su rostro.
-No es nada…Aioria, de verdad no tienes por qué preocuparte. – Marín abrazo a Aioria, recargando su mentón sobre el hombro de este, mientras le indicaba con una rápida mirada a Seiya que se fuera.
Seiya salió en silencio de la cocina de Marín y camino decidido hacia la puerta, la cual cerró con cuidado. No podía creer que ver llorar a la mujer a quien consideraba su amiga más cercana le golpeara más fuerte que un espectro, realmente Touma era un imbécil.
Seiya se impulso con sus piernas y comenzó a brinca de piedra en piedra, avanzando a gran velocidad entre los grandes montículos de tierra, hasta que diviso su objetivo, a lo lejos pudo observar el cabello pelirrojo de Touma que se alejaba a paso tranquilo hacia el bosque del santuario, donde Athena les había concedido una locación a los dioses.
-¡Touma! – El pelirrojo volteo de reojo al sentirlo, sin embargo no se detuvo.
-Ese no es mi nombre. – Murmuro.
-Para ella lo es. – Gruño Seiya que dio un salto más para colocarse frente al pelirrojo, cerrándole el paso. El japonés tomo de las ropas al hermano menor de su maestra y lo estrello duramente contra las piedras a su espalda. - ¡¿Qué diablos te pasa?! – Ladro enfurecido. - ¿Por… por que la tratas así?
-Suéltame Pegaso. – Advirtió el pelirrojo, tomando la muñeca del brazo que le sostenía por las ropas y desplegando algunos rayos por su mano en forma de amenaza al castaño, quien ni siquiera se inmuto.
-No lo voy a ser. – Seiya apretó con más fuerza las ropas del ángel, sin importarle la punzada de dolor que sintió cuando Touma libero una descarga eléctrica por toda su extremidad. - ¡No te voy a soltar Touma! ¡Hasta que me escuches, hasta que entiendas que estas actuando como un idiota con ella!
-Metete en tus asuntos Pegaso. – Touma golpeo con fuerza la mano de Seiya logrando liberarse de su agarre. – Mi relación con la amazona del águila termino hace mucho tiempo.
-Entonces ¿Por qué sigues torturándola e ilusionándola con tu presencia? – Gruño Seiya conteniendo todas sus ganas de golpear al hermano menor de su maestra. – No entiendo porque continuas llamándola hermana y dejando que te cuide cuando estas herido, si realmente ella no te interesa.
-Lo hago por ella. – Touma reacomodo sus ropas de mala gana y le dio la espalda a Seiya para continuar con su camino. – Pero Marín debe de entender que no debe involucrarse conmigo, yo ya no soy Touma, ni siquiera recuerdo a ese débil mocoso.
-Pues ella sí. – Seiya le tomo por el hombro, porque aun esa platica no terminaba, vaya que aun no iba a acabar, si era necesario golpearía al hermano menor de Marín. - ¿Y sabes por qué? Porque aun sigues siendo débil.
-¿Y acaso tu eres más fuerte que yo? – Icaro se giro amenazantemente hacia el caballero de Pegaso, con toda la intención de irse a puños contra él.
-No, tal vez tengamos la misma fuerza, sin embargo mi cosmos seguirá creciendo hasta el infinito para proteger a las personas que quiero, no importa quién sea mi enemigo, le derrotare. – Seiya le dio la espalda al pelirrojo, sabiendo que si continuaba ahí terminaría por golpearlo. - ¿No fue acaso tu instinto de protegerla quien te orillo a buscar la fuerza de un dios?
Icaro abrió los ojos con sorpresa al reparar en aquel detalle, sus manos temblaron ante la gran cantidad de recuerdos que inundo su mente, mientras la promesa que se juro a sí mismo de proteger a su hermana mayor acudía una y otra vez a su mente. Tal vez aquello que decía Pegaso era la capacidad que lo hacía ser el "mata dioses".
-Tienes razón Seiya. – Touma alzo sus ojos celestes hacia el cielo, sintiendo como una brisa fresca golpeaba su rostro y esa simple sensación le recordó que no importase cuanto quisiera ser un dios, siempre seria humano. – Mi misión era cuidar de ella, pero ahora te tiene a ti y Aioria, no ocupa recordar su pasado.
-Callate de una vez o te golpeare. – Murmuro Seiya. – A Marín no le importa el pasado, ni lo que has estado haciendo todos estos años, si has servido a un dios diferente a Athena, ni si la intentaste matar, a ella solo le importa que eres su hermano y que te ha vuelto a encontrar.
-Es que no entienden. – Susurro. – Marín no es la única persona que deseo proteger, ahora mi vida le pertenece a Artemisa, daría mi vida por ella tanto como tu harías lo mismo por Athena y no quiero que mi hermana sufra por mi decisión, es mejor que se olvide de mi.
-Tu petición es tan absurda como pedirle a Athena y Artemisa que dejen de ser hermanas. – Una voz potente sonó tras Seiya y pronto este se dio cuenta que se trataba de Aioria, quien seguramente había rastreado su cosmos al saber que Marín no le diría nada. – Escúchame bien mocoso. – Gruño lo más educadamente Aioria. – Te juro que si vuelves a hacer llorar a tu hermana, te hare derramar cada lagrima que salga por sus ojos en sangre.
-Aioria no creo que sea la forma de hacerlo cambiar de opinión. – Murmuro Seiya. Icaro miro a Seiya entendía que este le amenazara porque era su discípulo, pero y este prepotente santo… ¿Quién diablos era?... Abrió los ojos sorprendido al entender que ese hombre potencialmente podria ser su…ser su cuña..do.
-Pero ni tus palabras, ni las lágrimas de Marín lo hacen. – Aioria alzo su puño cerrado y lo mostro al ángel, que ni siquiera se inmuto.
-Eso mismo te ocurrirá a ti, si algún día la lastimas. – Icaro se acerco amenazantemente al león. – No quiero permanecer al lado de mi hermana, para evitarle el dolor que sufra cuando me marche al Olimpo o muera en el campo de batalla, pero eso no significa que no vaya a cumplir mi promesa, voy a proteger a Marín de cualquier persona que la lastime. –
-Pues en este momento estúpido, tú eres quien la lástima. – Aioria bajo su puño y se planto firme frente a él, si era necesario lo iba a golpear o dejaría que Seiya lo hiciera. – Solo quiero que entiendas una simple cosa angelito. – Siseo amenazante. – Marín es una gran amazona y tiene a Seiya y a mí para protegerla, ella no necesita que tu trates de salvarla, le basta con nosotros dos, ella solo necesita de ti a su hermano menor.
Icaro se dio la media vuelta lentamente mientras se alejaba caminando despacio, sintiendo como la mirada de Seiya y Aioria se clavaban en su nuca. –"Ambos tienen razón, jamás seré tan fuerte como para proteger a Marín de cualquier peligro, ni ellos tampoco lo serán. Pero no se equivocan al decir que mi hermana únicamente desea que vuelva a ser el de antes. Y a quien quiero engañar, yo también la extraño, verla me hace recordar quién era en el pasado… me hace más humano." – Iré a verla más tarde.
Seiya suspiro pesadamente al verlo marcharse, pero se quito un gran peso de encima al escucharlo decir esas palabras. – Creí que lo golpearías Aioria.
-Lo hubiera hecho de no ser el hermano de Marín. – Suspiro cansado el león dorado. – Pero tenía las firmes esperanzas de que tú lo hicieras Seiya.
-Si no hubieras llegado, lo hubiera hecho. – Seiya se rasco la nuca riendo nerviosamente al admitir que pensó en usar la fuerza para hacer entrar en razón a Touma, pero por más vueltas que le diera al asunto, realmente creía que esa era la única forma y sabía que Aioria también compartía ese pensamiento con él. – Supongo que será nuestro secreto ¿No?
-Así es. Marín no debe de enterarse que el cambio de actitud de su hermano fue un poco forzado. – Rio alegremente Aioria.
…
La noche había caído y su oscuridad cubría por completo la tierra, como si de las fauces de una terrible bestia se tratase, aquella noche estaba completamente ennegrecida, no se podía ver más allá de cinco metros, la luna había privado de sus rayos claros al planeta y se negaba a iluminar el camino a los humanos.
-Descansemos aquí. – Ordeno Anteios, haciendo una señal con la mano para que Radamanthys, Ikelos y los berserkers se detuvieran a su espalda. Escucho a Aldana rápidamente dar unas ordenes a algunos de los hombres para que encendieran una fogata e improvisaran un campamento, pues se encontraban dentro de la espesura de un bosque y la temperatura descendería abruptamente por la madrugada así que esa era la única forma de resguardarse del clima.
-¿Realmente crees que podrás conducir a este ejército? – Vocifero cual depredador Ikelos a su espalda, Anteios se limito a mirarlo de reojo con inferioridad.
-Lo estoy haciendo. – Y es que desde que hubieran salido del castillo donde se resguardaba la emperatriz del inframundo, se habían teletransportado al pueblo más cercano al monte Otris, desde donde habían empezado una larga caminata, para evitar que su cosmos fuese detectado por los titanes, pues dudaba realmente de la capacidad y el deseo de Ikelos para ocultar el cosmos de todos ellos.
-He de mencionarte que hacer un acercamiento por tierra hacia el monte Otris ha sido tan solo una pérdida de tiempo, considerando que podríamos teletransportarnos hasta ese lugar. – Gruño el dios de las pesadillas, caminando a su alrededor. Anteios lo vio fruncir el ceño molesto, cuando los berserkers lograron encender la fogata y las flamas aportaron algo de claridad a la profunda noche.
-Es una prevención. – Contesto desinteresadamente.
-Dudas de mis capacidades. –Antes que una duda fue una aseveración por parte del dios menor que sonó amenazante, retrocedió unos pasos como si el calor de la fogata le quemase y se oculto entre las sombras de la noche, hasta que su silueta se perdió en la oscuridad, giro el rostro para intentar localizar el cosmos del dios pero le fue imposible, aunque podía sentir la pesada mirada de Ikelos escondida y acechándolos desde las sombras. Y fue la primera vez que se cuestiono si realmente el pedirle ayuda a un hijo de Hypnos sería beneficioso para ellos y no una nueva amenaza.
La peliazul fue una de las primeras en sentarse tranquilamente sobre una piedra cerca de la fogata, el calor que emanaba de esas llamas reconforto su piel que comenzaba a helarse y experimento un escalofrió reconfortante, extendió sus manos para calentarlas un poco y después las acerco hacia su cara.
-Hoy es una noche muy fría. – Espeto un berserkers, sentándose a su lado y pronto Aldana se vio rodeada de sus hombres, quienes conversaban como lo haría cualquier grupo de amigos alrededor de una fogata, aunque podía distinguir el cansancio de la jornada en sus rostros y ligeros surcos de preocupación por la amenaza ceñida sobre ellos.
Todos compartieron algunas conversaciones alegres e intercambiaron risas que se fueron apagando a medida que la fogata iba disminuyendo su candor y las llamas rojizas que centellaban en la noche eran sustituidas por brasas incandescentes que de vez en cuando se elevaban al cielo como si fueran luciérnagas escarlatas, las cuales Aldana disfrutaba seguir con su vista hasta que estas se volvían cenizas negras y se perdían en el cielo.
-No sé porque hago esto. – Isley lanzo unas cuantas ramas al fuego, el cual comenzó a avivarse. Todos le miraron expectante sin comprender lo que significaba aquella frase, que escapo de los labios del berserkers. – Después de todo si triunfamos, no tengo a donde volver.
El rostro de la escocesa se ensombreció al escuchar aquella declaración. Isley y ella prácticamente tenían la misma edad, tal vez él le ganase con un par de años, pero escucharlo decir que no había a donde regresar le hacía revivir las heridas de su pasado, tal y como aquellas ramas habían reanimado las llamaradas de la fogata. Era cierto, aún cuando lograsen salir victoriosos, ninguno de ellos tenía a donde regresar.
-Cuando desperte era un adolescente, era de noche…- Aldana vio como a pesar de que el fuego iluminaba el rostro de Isley, este se ensombreció y por unos segundos su cara envejeció. – Recuerdo haberme levantado de la cama, sin poder controlar mi cuerpo, aún así me deslice hasta donde se encontraba el hacha con la que mi padre solía partir los leños, la tome y con ella les corte de un tajo las gargantas a mis padres, no emitieron ruido pues mi movimiento fue rápido y para cuando ellos quisieron gritar sus cuerdas vocales estaban completamente desgarradas… aún puedo recordar la mirada fija de ellos, como me veían asombrados, sin comprender del todo, pero sabiendo la amenaza que representaba. –
Isley se incorporo nervioso, se tallo las manos como si se quisiera limpiar restos de sangre inexistentes en ese momento pero que pudieron teñir sus manos en el pasado. – Después fui al cuarto de mi hermano menor y recuerdo el deleite que sintió el maldito berserkers al amputarle la pierna de un solo golpe, él no quería matarlo de forma rápida y no lo hizo, nunca he visto un sufrimiento tan prolongado como el de él. – Y aunque nadie menciono nada todos pensaron en una sola palabra "Mentira". Era una falsedad creer que no había un sufrimiento igual, que acaso ellos no llevaban décadas vivos arrastrando penas que desgarraban su alma, temiendo a un dios sádico y sin poder negarse a servirle. – No hay lugar al cual volver. – Menciono en un suspiro, que casi fue inaudible para todos.
-Yo asesine a mi esposa y a mi hijo. – Confeso otro de los berserkers, mientras dibujaba en el suelo a detalle el rostro de su mujer y su pequeño niño.
-Yo he sido una de las peores desgracias. – Comenzó otro mientras de sus ojos asomaban las lagrimas y se enrojecían. – Mi despertar provoco que asesinara a todo mi pueblo, en mis manos pesan la vida de 239 personas.
-Ares siempre reclama a los que teníamos un futuro prometedor, que pudimos haber hecho grandes cosas por la humanidad. ¿No es así capitana? – Isley miro a Aldana amistosamente, reconociendo que ella hubiera llegado a ser una gran sanadora de no haber sido mermado y cortado su futuro por un golpe tan letal.
-El despertar de un berserkers exige un tributo de sangre de sus seres queridos. – Menciono otro de los berserkes. Radamanthys se mantenía alejado de ellos, recargando su espalda contra un árbol, mientras solo la mitad de su cuerpo era alumbrado por las lejanas llamas del fuego. Les escuchaba atento lamentarse de su pasado, como si el hacerlo les sirviera de algo; eran asesinos y debían de dejarse de lamentar de haber actuado de esa forma, su pecado estaba hecho y nada, ni nadie iba a cambiarlo, tan solo se veían patéticos, buscando un perdón que jamás obtendrían.
-No siempre. – Otto se aventuro, atrayendo de sus propios recuerdos a cada uno de sus compañeros.
-¿A qué te refieres? – Aldana hablo lentamente pues sus cuerdas vocales aun estaban hinchadas y le provocaba dolor cada vez que emitía alguna palabra.
-Yo admiraba la guerra, a tal grado que me aliste al ejército a muy temprana edad a pesar de que mi hermano y mis padres quisieron hacerme desistir. – Otto se relajo al lado del fuego, mientras sus ojos azules contrastaban con el reflejo anaranjado del fuego. – Me vi envuelto en intrigas políticas y resulte herido en uno de las tantas trampas que se tienden los gobiernos, la herida era letal, sin embargo mi hermano acudió a mi lecho de muerte y pidió mi vida a cambio de la suya a Ares. – Otto guardo un profundo silencio, dejando que su mente divagara en sus recuerdos, que se revivieran las memorias de sus pasados, el dolor que experimento por aquella herida, el dolor reflejado en el rostro de sus familiares, cada emoción, cada sentimiento revivieron en su memoria.
-¿Ares acepto? –
-Ares salvo mi vida y me permitió vivir junto a mi hermano durante muchos años…
-Entonces eres de los pocos milagros de Ares. – Isley menciono bruscamente.
-No, muchos años después Ares le cobro la deuda a mi hermano. – Otto intercambio una rápida mirada veloz pero intensa con Aldana que le miro extrañado. – Después de mi accidente, me retire a la vida solitaria en las montañas y mi hermano se caso y tuvo hijos, pasaron muchos años, tantos que olvidamos que aun estábamos en deuda con ese dios y en lugar de que Ares reclamara mi vida o la de mi hermano, condeno a dos de sus hijos… - Otto guardo silencio porque Radamanthys soltó una carcajada burlona.
-¿De qué te ríes espectro? – Gruño Isley poniéndose de pie, Radamanthys hizo lo mismo y camino hasta situarse frente al berserkers, mientras Otto continúo perdido en la melancolía de sus recuerdos.
-De los ridículos que se ven recordando su estúpido pasado. – Isley alzo su mano empuñada para golpear al británico, sin embargo Aldana lo detuvo por la muñeca y negó profundamente.
-No vale la pena reñiros por una simple risa. – Aldana volteo a ver a Radamanthys con los ojos incendiados en coraje, lo que hizo al juez expresar una sonrisa burlona. – Recordar el pasado, no nos hace débiles, pues le plantamos cara a nuestros errores, eso es más valiente que ir indiferentes a la vida que tuvimos, olvidar es de cobardes ¿O acaso eso no es lo que hacen los espectros?
Radamanthys borro inmediatamente su cara de satisfacción y apretó fuertemente la mandíbula, conteniéndose para evitar irse a golpes contra esa mujer, que hablaba afiladamente. Le devolvió la misma mirada llena de odio a la escocesa y se acerco a centímetros de su rostro para amenazarla.
-Más te vale morir cuando enfrentemos a los titanes o de lo contrario, tendré yo que darte muerte en cuanto terminemos con todo esto. – Siseo lentamente cada palabra el juez al lado del oído de Aldana quien ni siquiera se inmuto.
-Eso si tu también sobrevives. – Contesto burlonamente Isley.
-Lamentablemente tu no podrás comprobarlo si lo hago o no, porque estoy seguro que serás de los primeros en morir. – Ramanthys miro con superioridad al berserkers, quien se lleno de furia y trato de zafar la mano de Aldana quien no le soltó. – No seas impaciente, ya habrá tiempo de vernos las caras.
-Ya te lo dije, no vale la pena. – Aldana libero lentamente la mano de Isley para asegurarse de que no iba a ir tras el espectro quien se perdía entre las sombras de la noche. – Que aura tan triste y desoladora tienen también los espectros, que ni siquiera pueden sentir empatía por sus compañeros. – La peliazul bajo lentamente su mirada a su mano recordando las innumerables veces que había portado su arco, solo para complacer a Ares. Condujo de nuevo su mirada hacia el resto de los berserkers que miraban reprobatoriamente la conducta de Radamanthys y sin embargo entre tantas miradas llenas de un profundo odio, distinguió la sombra de Otto que le daba la espalda en ese momento.
- Se ve tan decaído. –
-Le prometí que les protegería. – Refuto Otto para sí mismo, atrayendo las miradas de todos de nuevo, sin embargo se levanto sin decir nada y se alejo caminando por el bosque.
…
Olfateo profundamente las flores rojas que estaban frente a ella, permitiendo que el dulce olor deleitara su sentido, olían tan rico, que le era incapaz contenerse, cerró los ojos una vez más para olerlas dejando que el delicado aroma, hipnotizara todos sus sentidos, abrió lentamente los ojos y deposito el ramo de flores a un lado de ella, mientras llenaba un gran jarrón con agua donde las deposito.
-¡Son hermosas! – Zahra las coloco sobre un mueble en la cocina de su cabaña y volteo a ver al caballero dorado que estaba sentado tranquilamente en la mesa, mirándola simplemente.
-Como tú. – Zahra se emociono al escuchar el cumplido de Piscis y sus mejillas se sonrojaron.
Desde que Ares se encontraba a su cuidado, Afrodita solía ir a visitarla casi todos los días, para asegurarse que ella estaba bien, lo cual la hacía inmensamente feliz, en algunas ocasiones solían quedarse platicando en la sala hasta bien entrada la madrugada, en otras comían juntos o incluso Afrodita solía acompañarla a comprar despensa al pueblo para el santuario o compartían algunos momentos cuando estaban en la casa de Piscis.
-Entonces ¿Te quedaras a desayunar? – Le ofreció acercándose a donde él estaba.
-Hoy no puedo, tengo cosas que hacer. – Afrodita la escaneo rápidamente en un solo vistazo y permaneció viendo el rostro de la joven, sujeto su mano y luego se incorporo, recortando de esa forma el espacio entre ellos.
-¿Es algo peligroso? – Pregunto angustiada, recargando su cabeza en el pecho del doceavo caballero.
-No, no lo es. – La tranquilizo, Afrodita la rodeo con sus brazos tomándola por la cintura y recargo su mentón sobre la cabeza de la doncella, quien se acerco más a él. – Así que no debes preocuparte.
-Athena ¿Les ha dicho cual es el siguiente plan? – Pregunto ella con cautela, no le gustaba cuestionar a Afrodita en cosas que competían únicamente a los caballeros, pero desde que le confesara sus sentimientos no podía evitar angustiarse por las próximas misiones de piscis.
-No. – Afrodita la separo de su pecho y acaricio con su pulgar la tersa piel de Zahra que se sonrojo al sentir la caricia por parte del santo. Tal vez muchos pensarían que al tener aquel cosmos y fuerza, en una persona como un santo jamás podría proporcionar tacto tan delicado. -¿Ares sigue sin manifestarse?
-Así es. El sello de Athena y Afrodita parece que han controlado su cosmos por completo. – Zahra sintió como Afrodita la alzo por las caderas sentándola sobre la mesa, luego de esto el santo se lanzo sobre sus labios como si fuera una presa, ella se dejo guiar por la ferocidad y delicadeza con la que el santo de Piscis movía sus labios, sintiendo como su corazón latía desbocadamente ante la emoción.
Afrodita la deseaba desde hacía mucho tiempo, había reparado en ella desde que era la doncella de su casa, sin embargo en ese momento el no la consideraba "digna" puesto que tan solo era una parte de la servidumbre. Que equivocado y cejado estaba en el pasado. Ahora era él quien no era digno de ella. De una mujer tan facetica, tan variante, Zahra le había mostrado que podía adaptarse a cada emoción de él, podía ser tranquila, relajada, divertida, valiente e independiente.
Deslizo sus manos por ambas piernas de la joven, las cuales estaban perfectamente torneadas por unos firmes músculos, alzo el vestido de la joven en una caricia ascendente, descubriéndolos, de pronto sus manos hicieron contacto con la piel de la joven mientras esta se dejaba recostar sobre la mesa y él se lanzaba sobre ella.
-A…Afrodita. – Zahra le beso con pasión y lo acerco más a ella. – Tienes que irte. – La joven puso su mano sobre el pecho del santo que rio lastimeramente, sabía que ella tenía razón y claramente no había tiempo para terminar con lo que estaban iniciando. - Quisiera estar más tiempo contigo. – Murmuro ella.
-A mí también me gustaría, pero dudo que al caballero de libra le guste esperar por mí. – Afrodita maldijo el cambio de guardia y se quito de la joven, quien rio divertida al ver la frustración en la cara del santo.
-La ventaja es que yo si puedo esperar por ti. – Zahra se abrazo con piernas y brazos al caballero, mientras le volvió a besar con deseo. – Ya espere muchos años, unas horas no son nada.
-Tienes razón. – Afrodita se relajo al lado de la castaña y la llevo en brazos hasta la puerta que estaba cerrada, ahí la bajo y volvió a besarla tiernamente en la frente a forma de despedida.
-Te veo en la noche. – Le invito coquetamente Zahra, mientras se mordía juguetonamente el labio, enloqueciendo al caballero de Piscis y es que la joven, actuaba y decía lo que él esperaba y quería, como si pudiera leer su mente.
-Sera un placer. – Afrodita se acerco una vez más a ella y le planto un beso en los labios con firmeza. – Adiós.
-Cuídate mucho. –
Afrodita no volteo a verla porque sabía que de haberlo hecho una vez más, no podría contenerse y dejaría plantado al antiguo caballero de libra, así que sonrió forzadamente y camino a prisa hacia donde se encontraba el cosmos del antiguo caballero.
-Tardaste demasiado. – El sueco se sorprendió de ver a Mascara de la muerte junto a Shion y al maestro Dokho, sin embargo rápidamente reparo en quu su amigo llevaba ropas de entrenamiento, las cuales estaban ligeramente desgarradas. - El antiguo maestro de libra a su edad no puede estar perdiendo el tiempo, puesto que no le queda mucho. – Bromeo el italiano sínicamente y al caballero de Piscis le fue imposible el no reírse.
-Lamento el llegar tarde. – Se disculpo una vez que cuando pudo contener la risa.
-La juventud de ahora no respeta a sus mayores. – Dokho le dio una palpada en la nuca a Mascara de la muerte en forma de reprehenda que casi le produjo un esguince en el cuello, muy al estilo de Aldebarán.
-Es imposible que pueda seguir actuando como los jóvenes de hace 2 siglos atrás. – Respondió de mala gana el italiano, sobándose la nuca y mirando amenazantemente a Dokho.
-Shion dile algo, castígalo o yo que sé, nos está llamando viejos. – Se quejo el castaño. – Y es hora que le hagas pagar con uno de tus castigos milenarios.
-Yo no tengo ningún problema con mi edad. – Contesto pacíficamente el lemuriano. – Recuerda que las personas de Jamir solemos vivir siglos enteros, porque para nosotros eso es lo más natural.
-¿Qué quieres decir Shion? – Dokho miro despectivamente a su mejor amigo, agudizando su mirada como si esta pudiera sacarle las palabras que el lemuriano decía entre líneas. - ¿Me estás diciendo extraño?
-Más bien creo que quiso decirle antinatural. – Corrigió tranquilamente el sueco.
-¡Tu también Afrodita! – Dokho tomo al caballero de Piscis del cuello y coloco su mano empuñada sobre la cabeza del de cabellos celestes haciendo fricción sobre su cráneo. - ¡Ya te lo he dicho Shion les consientes demasiado!
-Tal vez Dokho. – Shion dejo de reír y sereno su tono de voz, haciéndole entender a su compañero que el momento de juego ya había acabado para ellos. – Tenemos que encontrarnos con Athena y tu, Mascara de la muerte deberías descansar.
-Tienes razón Shion, no podemos hacer esperar a Athena. – Repuso seriamente el antiguo maestro de libra amenazando con su mirada a Mascara de la muerte y Afrodita en caso de que alguno de los dos se les escapara las palabras de burla acerca de su edad, pero ninguno de los dos santos menciono nada, con decirlo una vez bastaba y eso se demostró cuando ambos ampliaron la sonrisa burlona en su rostro.
-Me quedare un momento más. – Contesto seriamente el italiano y es que una reunión de los dos santos más antiguos del santuario con la misma diosa de la sabiduría alertaría a cualquiera, pues era obvio que se trataría asuntos de la actual guerra y la próxima colisión de ambos bandos.
Afrodita opto una posición más relajada al encontrarse solo con el italiano, se recargo contra un muro de piedra que estaba a sus espaldas, se cruzo de brazos y cerro tranquilamente los ojos, aunque sus pensamientos estaban enfocados en Athena. Escucho el pesado suspirar de su compañero quien le reclamaba de esa forma atención, así que abrió los ojos para mirarle por el rabillo del ojo sin importancia, pero pronto noto que Mascara de la muerte le miraba de forma burlona.
-¿Así que andas de pillo? – El italiano extendió su dedo índice y le pico el pecho.
-¿A qué te refieres? – Espeto molesto, fingiendo indiferencia, la cual no funciono con su mejor amigo que amplió su sonrisa al ver que había dado en una fibra sensible del sueco.
-¿A qué más? – Mascara de la muerte, le tomo bruscamente por el cuello con su brazo y lo acerco a él, para rascarle la cabeza con los nudillos. – Me refiero a lo que mi amigo anda haciendo en las barracas de las doncellas. ¿Qué es lo que hace un lobo en el gallinero?
-No es de tu incumbencia. – Afrodita tomo su muñeca y la retiro de su cuello, plantando una firme distancia entre los dos. Pero antes de que esta acción algo hostil detuviese a su amigo, fue todo lo contrario.
-Así que nuestro fiero caballero de piscis ¿Tienes corazón después de todo? – Mascara de la muerte tuvo que esquivar un puñetazo proveniente del sueco.
– Eres un imbécil. – Le espeto molesto, le dio la espalda al italiano y comenzó a marcharse.
-Al menos… - Mascara de la muerte no fue tras su compañero, agacho el rostro y sonrió sutilmente. – Me alegro de que hayas encontrado a alguien. – El cuarto guardián miro directamente hacia el cielo y camino en sentido contrario, rumbo hacia las doce casas.
-Mascara de la muerte… - Afrodita continuo caminando, mientras su amigo y el iban por caminos separados, lo que despertó en él una sensación tan extraña y ajena. – Gracias. – Menciono mentalmente, tal vez realmente por primera vez el destino de ambos fuera en sentido contrario, debido a los planes y la esperanza que Shion había depositado en su compañero y sin embargo a pesar de la distancia que marcaba ahora el santo de cáncer, podía sentir que era la primera vez que podía saber lo que cáncer estaba pensando y eso le alegraba porque solo era muestra franca de que su amistad se había consolidado.
…
-¡¿Cómo es posible que no esté?! – Gruño furioso uno de los sanadores más antiguos del santuario, reprendiendo a los más jóvenes frente a una cama vacía, en la cual se encontraban algunas vendas con restos de sangre y las sabanas completamente distendidas, las cortinas de la habitación revoloteaban ante las corrientes de aire que entraban por la ventana abierta.
-Es que no nos dimos cuenta en qué momento fue que él… - Pero el sanador gruño exigiendo silencio, el cual hubiera sido otorgado a no ser que Seiya lo rompió con una sonora carcajada.
Athena quien estaba en el marco de la puerta, al lado de Seiya también miraba divertida la escena que le parecía lo más graciosa, aunque pronto tuvo que disimular su sonrisa y Seiya parar de reír a su lado, cuando el anciano les lanzo una mirada furica a ambos, como si no pudieran comprender lo grave de la situación.
-¿Crees que es divertido jovencito? – El anciano elevo su bastón en forma amenazante a Seiya, quien continúo riendo nervioso, exasperando aun más al sanador.
-Disculpe a mi caballero antiguo sabio. – Se excuso apresuradamente Saori, evitando de esta forma que Seiya recibiera una lluvia despiadada de bastonazos sobre su cabeza. – También me disculpo por mi santo dorado de Virgo, pero es que debe de entender que son hombres a los que se les entreno para atender sus obligaciones aún en las condiciones más extremas a las que se tuviera que someterse su cuerpo. Así que debe entender que apenas mi caballero recobro la conciencia y pudo moverse por sí solo, opto por regresar a la casa de virgo.
-¡Se ha fugado! – Exclamo exasperado el sanador. Y es que desde que hubiese empezado la guerra contra los titanes y los caballeros dorados resultaran heridos, estos a penas acudían al sanatorio la mayoría contra su voluntad y en cuanto podían. escapaban del lugar sin que nadie le observarse para regresar a su morada en el camino de los doce templos, dejando sus heridas sin sanar y trastabillando los nervios del antiguo sanador, quien consentía que sus pacientes abandonaran su tratamiento, pues lo consideraba una falta de respeto hacia él y el antiguo protocolo.
-Como todo los demás. – Refuto Seiya ganándose un bastonazo.
-Es que no entiendo como se ha escapado. – Gruño de nuevo el viejo, mientras Athena soltaba una ligera risita.
…
-Gracias Aldebarán y Kanon. – Resonó en medio de las escaleras que iban desde leo a virgo. Donde Shaka llevaba su brazo sobre los hombros de Kanon y este le sujetaba de la mano y por el costado, ayudándole a caminar.
-No ha sido nada, amigo mío. – Le resto importancia el gigante.
-Sabes muy bien que nadie puede moverse entre las sombras de este santuario como yo. – Contesto orgulloso el menor de los gemelos.
Y es que con las heridas que tenía el sexto guardián, le hubiera sido imposible subir los seis primeros templos del zodiaco por si solo, así que ante la negativa de MIlo y Aioria en ayudarle porque ambos habían observado la paliza que le había dado Hyperion, decidió recurrir al gigante que era conocido por su gran corazón, quien al expresarle sus razones no dudo en ayudarlo, mientras el gemelo menor accedió por el simple gusto de burlar una vez más las reglas y guardias del santuario.
-¿Quién creería que el noble santo de Virgo terminaría escabulléndose? – Pregunto sarcástico Kanon a su lado y es que el gemelo menor se había ofrecido durante todo el camino para ayudarle a subir las escaleras, sirviéndole de apoyo.
-Hay un motivo por el que me urgía regresar a Virgo. –
-Dejaste algo en la estufa. – Se burlo Kanon a su lado, haciendo reír sonoramente a Aldebarán.
-No. – Contesto tranquilamente. Por fin su pie alcanzo el suelo de la casa de virgo y fue cuando todos sus sentidos se agudizaron aun más ante la descarga de energía maligna que experimento y que tanto Kanon como Aldebarán lo sintieron pues borraron inmediatamente las sonrisas de sus rostros.
-¿Qué tienes escondido en Virgo? – Espero con cautela Kanon, recorriendo con su mirada esmeralda cada rincón del templo. –¿A Hades?
Shaka soltó lentamente a Kanon, ignorando el último comentario del gemelo y dio las primeras pisadas dentro a Virgo que parecía escondido en las penumbras, pero a penas el cosmos del guardián entro en el templo todas las velas se encendieron inmediatamente. Sus primeros pasos trastabillo un poco sin embargo pronto se recupero y camino directamente hacia la sala de los sales gemelos.
-¿Shaka? – Aldebarán fue el primero en seguirlo y después lo hizo Kanon.
Shaka extendió su mano hacia la puerta la cual comenzó a abrirse al sentir al guardián del sexto templo, tanto Aldebarán y Kanon vieron el jardín de los sales gemelos, los cuales reposaban al fondo de la habitación, floreciendo esplendorosamente, mientras el suelo era teñido por hermosas flores rosadas, sin embargo una parte de este, gran y magnifico jardín se encontraba marchito ya que en su suelo se encontraba un profundo agujero el cual era la puerta de entrara del tártaro, el cual Shaka y Athena habían decidido abrir en virgo una vez que la guerra comenzó.
-Sha…shaka ¿Qué es eso? –
-¿Acaso? – Kanon se quedo con las palabras en la boca a medida que se acercaba, no solo aquel cosmos maligno se intensificaba si no que podía llegar a distinguir sombras dentro del tártaro, que se movían acechándolo desde la oscuridad, mientras numerosos rayos escarlatas salían expedidos y eran contenidos por la barrera hecha de la sangre de Athena.
-¿Qué diablos ahí dentro? – Kanon sintió varios cosmos poderosos y varias veces pudo ver un par de ojos escarlatas mirarlos desde el interior antes de que fueran cubiertos por la más densa oscuridad.
-Athena eligió que la casa de virgo albergara una puerta hacia el mismo tártaro, con el fin de que los titanes y los dioses que atacasen al santuario fueran sellados con mayor facilidad, sin embargo desde hace una semana, puedo sentir como la barrera de Athena se debilita, como si algo la estuviese golpeando desde el interior. – Shaka extendió sus dedos y acaricio levemente la barrera blanquecina la cual resonó con su cosmos.
-¿Estás diciendo que tal vez los titanes sellados pudieran escapar? – Aldebarán miro asombrado la barrera que permanecía intacta, sin embargo el que percibieran un cosmos tan oscuro queriendo emanar de la barrera le demostraba a cualquiera de ellos que el escudo podría llegar a colapsar de un momento a otro.
-No, a ellos les es imposible salir del tártaro por sí mismos, su cosmos se debilita a penas recaen en su interior y permanecen dormidos la mayor parte del tiempo, pero es bien conocido que en el interior de este averno, viven criaturas que fueron creadas para castigar a todos aquellos que alzaran su mano contra los dioses y me temo que es una de estas la que pretende salir. – Shaka miro de nueva cuenta hacia el profundo agujero y sus ojos celestes chocaron contra unos ojos completamente blancos que se detuvo en su interior para observar al santo de virgo, antes de que un rayo golpeara de nueva cuenta la barrera en dirección en donde se encontraba el rubio que ni siquiera se inmuto.
-Athena ¿Ella conoce esto? – Kanon miro la muestra de hostilidad del interior del tártaro y luego miro preocupado al hindú. Aquella puerta era como tener una bomba atómica dentro del templo de Virgo.
-Así es. Athena está preocupada porque el sello vaya a romperse y criaturas hasta el momento desconocidas vayan a escapar. –
-Bueno. – Silbo Kanon. – Afrodita cultiva rosas envenenadas en su jardín y tu guardas bestias en el tuyo, ahora agradezco que géminis no tenga jardín. – Rio Kanon, dirigiéndose a la entra de Virgo, aunque miro de reojo una vez más preguntándose si Shaka estaba consciente del significado y el peligro que significaba haber creado aquella puerta, supuso que el rubio lo sabía, pero ya no tenían marcha atrás.
-Shaka si quieres puedes ir a tauro, mientras te recuperas, yo cuidare en tu lugar de Virgo y este portal. – Se ofreció el gran toro, pero Shaka prontamente negó con una sutil sonrisa en su rostro.
-Te lo agradezco amigo mío, pero soy el sexto guardián del zodiaco y este es mi templo, es mi obligación asumir todas las responsabilidades de mi signo y lo que esto implique. – Shaka le hizo una señal para que ambos se dirigieran a la puerta trasera de Virgo. – Athena me ha encomendado esta tarea a mí, amigo mío y no debes cargar tu con mis responsabilidades.
-En dado caso de que ocupes ayuda, no dudes en llamarme. – Aldebarán miro preocupado a Shaka y se cuestiono si las condiciones actuales de Shaka podrían hacerle frente a cualquier bestia que se liberase de ahí.
-Muchas gracias Aldebarán, pero no tienen por qué preocuparse por mí. –
-En fin, descansa amigo mío. – Aldebarán y Shaka avanzaron hasta el filo donde iniciaban las escaleras de virgo y donde Kanon aguardaba por ellos. El gran toro hizo una inclinación respetuosa a Shaka y comenzó a descender un par de escalones pero se detuvo al darse cuenta que el gemelo menor continuaba en el mismo lugar.
-Shaka debes ser consciente de algo. – Kanon hablo seriamente y por primera vez miro algo preocupado al hindú. – Esas bestias han estado observándote desde hace meses y su única misión es castigar a todos aquellos que han alzado la mano contra los dioses, así que irán a por ti en cuanto se liberen, por lo debes estar en alerta todo el tiempo.
-Lo sé Kanon. – Shaka intercambio una mirada más con aquel par y les vio descender, alzo sus ojos hacia el atardecer que hacia todo un espectáculo con su infinidad de tonos anaranjados. – Ellos me conocen y han estado observándome desde las sombras.
…
La luna lucia más hermosa que de costumbre, su luz anacarada iluminaba toda la tierra, bañando con sus rayos aperlados cada rincón del manto celestial opacando por mucho las incandescentes estrellas que cubrían el espacio. Desde lo alto de un risco había una delicada figura que parecía querer acariciar el astro con tan solo extender sus dedos, el cabello de esa mujer era largo y de fino aspecto rubio, como si de oro se tratase, este iba suelto y le cubría sus hermosos hombros blanquecinos, los cuales estaban descubiertos.
-Que hermosa noche, la luna otorga un paisaje majestuoso en toda la tierra, velando por el sueño de los humanos y alejando con su luz todo rastro de oscuridad. – La deidad de la luna se giro hacia sus tres ángeles que se encontraban arrodillados tras ella. – Icaro, Thesseus y Odisseus, mis queridos celestiales, cuanto me han apoyado y protegido desde que están a mi servicio.
-No debe agradecernos mi diosa, es nuestra obligación. – Correspondió el rubio, inclinando su cabeza para agradecerle aun más a la deidad.
-Aún así quiero que sepan que reconozco el sacrificio que han hecho por mí en esta guerra y en la pasada. – Artemisa baño con los haces de la luna a sus guerreros reconfortando las heridas que tenían y dándole una calidez a su alma que nunca antes habían experimentado de la diosa de la luna.
-Nuestra vida le pertenece. – Icaro se llevo la mano hacia el pecho, justo donde su corazón golpeteaba con fuerza, en señal de lealtad absoluta.
-Cualquier cosa que nos ordene, nosotros cumpliremos con ella. – Odysseus observo de reojo a Thesseus y ambos intercambiaron miradas, ambos sabían porque la deidad de la luna los había reunido a los tres en ese lugar y por más que les costase creerlo, compartían el mismo pensamiento que Artemisa; Icaro era un celestial inigualable, su fuerza y dedicación sobresalían de muchos soldados comunes e incluso de la humanidad, pero no pertenecía al Olimpo, él debía vivir entre los humanos y como humano, debía experimentar lo que era una vida plena y llena de esperanza y eso no se encontraba en el Olimpo. – Tiene todo nuestro apoyo, diosa Artemisa.
-De verdad se los agradezco. – Artemisa miro de forma benevolente a sus dos ángeles. – Odysseus, Thesseus vayan a los limites del santuario y vuelen por los cielos hasta asegurarse de que ningún enemigo vaya a interrumpir, la paz que goza el santuario actualmente.
-Así será. – Ambos se incorporaron no sin antes mirar una última vez a su compañero que permanecía arrodillado frente a la diosa de la luna sin intuir que esa sería la última vez que se estaría los tres como un equipo. – Adiós Touma.
Icaro alzo el rostro asombrado y miro sobre su hombro al escuchar a sus compañeros llamarle por su nombre de humano, aquella era la primera vez que ellos le nombraban así, les vio alejarse sin volver la vista ni una sola vez, mientras sus alas se desplegaban a ambos lados de su espalda y alzaban el vuelo en aquella hermosa noche, aunque ello despertó un ligero presentimiento en él.
-Es una hermosa noche ¿No es así Icaro? – Artemisa le dio la espalda a su guardián y alzo su rostro hacia la luna, tratando de reconfortarse con ella, por lo que estaba a punto de hacer. – La luna se ve siempre más preciosa desde la tierra.
-Ciertamente es hermosa. – Icaro la miro, contemplando toda la perfección reunida en un solo lugar, su blancura, la forma en que cada característica había sido tallada como si fuera en el más perfecto marfil y sobre todo la calidez que se ocultaba tras su sencillez, ella…su diosa perfecta.
-Icaro. – Artemisa se giro hacia el sintiendo como su interior se destrozaba, como si estuviera arrancando una parte de su alma, se acerco a su ángel y se arrodillo frente a él y por un instante, aunque fuera un simple segundo pensó en el parecido que Icaro guardaba con Orión. Poso sus manos a ambos lados del rostro del pelirrojo quien la miro confundido. – Eres tan especial, has sido el único humano en quien el Olimpo ha depositado su fe y quien ha aceptado, como si fueses hijo de un dios y sin embargo…
-Diosa Artemisa. – Icaro subió sus manos hacia su rostro, para alcanzar las manos de la deidad de la luna, colocando su palma sobre el dorso de ella, Touma tomo delicadamente la blanquecina mano de la deidad, sintiendo su corazón desbocarse y le beso con ternura.
-Sin embargo… eres solo un humano. – Artemisa se tenso al instante, mientras retiraba la máscara del rostro de Icaro y se incorporaba velozmente, dándole la espalda, dejando al ángel completamente desconcertado. – Touma, reconozco todo el esfuerzo y sacrificio que has hecho para llegar hasta aquí y te estoy profundamente agradecida, pero quiero que entiendas que tú no perteneces a ese mundo, mi mundo.
-Artemisa… -Vocifero lentamente Touma, parándose de inmediato, mientras sentía como su propia alma se rompía ¿Acaso su esfuerzo no era suficiente para los dioses?
-Detente Touma. – Ordeno fríamente Artemisa. Los ojos ámbares de la deidad se llenaron de lágrimas que amenazaron por rodar por sus mejillas de no haber sido porque su orgullo se lo impidió. Bajo lentamente la vista hacia la máscara que llevaba entre sus manos y acaricio con su pulgar el frio metal, dándole una cálida caricia, como si esta aún estuviera en el rostro del ángel. –Escúchame Touma, se que tu deseas lo mejor para mí y yo también deseo lo mejor para ti, es por ello que deseo con todo mi corazón, que te reintegres a la vida de la tierra, quiero que vivas entre humanos, que vivas como humano, ya no tienes que fingir ser perfecto. Eres libre. – Menciono en un suspiro que le arranco el aliento a Artemisa, volteo a ver lastimosamente al ángel que se encontraba frente a ella sin comprenderla, como si aquello fuese tan solo un mal sueño para ambos.
-No… ¡No! ¡Me rehusó! ¡Artemisa tan solo deseo protegerte! ¡Permíteme estar a tu lado! ¡Me esforzare aún más!– Touma se acerco a ella, fuera de sí mismo. Todo lo había hecho por ella, su meta no era ser un dios, si no ser digno para estar al lado de ella. - ¡No me interesa vivir como humano en la tierra, ni en ningún otro sitio, si tú no estás ahí!
-¡Touma! – Artemisa sintió como el ángel le arrebato la máscara de las manos y atrapo con sus manos las suyas. La deidad no sabía que decir por primera vez sus sentimientos se agolpaban en su garganta y le provocaban un intenso dolor en su pecho, como si sus palabras fueran, una flecha que estaba lanzando a Touma, como en el pasado había hecho con Orión.
-Artemisa, por favor no me alejes de tu lado. – Suplico el ángel.
-Perdóname. – La deidad de la luna retrocedió varios pasos y observo la máscara en el suelo, se agacho con la intención de tomarla y desaparecerla para acabar con todo ello, pero a penas sus yemas de sus dedos sintieron el metal y cerró los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos, que no vio lo cerca que estaba de la trampa de Rea.
-¡Artemisa yo quiero estar a tu lado toda mi vida! –
Abrió sus ojos grandemente al escuchar la declaración del pelirrojo, mientras su corazón se desbocaba de felicidad, casi al mismo tiempo que sentía como en su muñeca se clavaban unos largos dientes, que le provocaron de inmediato un inmenso dolor en todo el brazo, apreto los ojos con fuerza, a la vez que con su cosmos pulverizaba a la serpiente que aun pendía de su muñeca.
-¡Artemisa! – Icaro tomo a la deidad casi semiinconsciente por los hombros al tiempo que observaban como dos grandes colmillos plateados permanecían enterrador en la muñeca blanquecina de Artemisa.
-No…no los to-ques. – La deidad de la luna, sentía un inexplicable dolor recorrerle todo el cuerpo, mientras sentía que iba cayendo en un profundo vacio, aún para ella era difícil el comprender que habia ocurrido. – Estoy siendo sellada…por el cosmos de… la emperatriz de los titanes, Rea.
-¿Qué? – Icaro la estrecho con más fuerza entre sus brazos, maldiciéndose por no haber podido sentir a esa maldita serpiente que se abalanzo hacia Artemisa apenas había tenido tiempo. – Resiste Artemisa, te llevare con Athena.
-N-No. – Artemisa tomo el brazo de Touma y recargo su cabeza contra el pecho del pelirrojo. – Ya es muy tarde, tan solo quiero permanecer estos últimos segundos a tu lado… ahora la que te lo pide soy yo. - Artemisa cerró lentamente los ojos, al tiempo que la gran luna que hacía unos segundos había permanecido aperlada, comenzaba a teñirse de un color escarlata y la luminosidad con la que bañaba la tierra comenzó a desaparecer, sumiendo en oscuridad todo.
-Ar…Artemi-sa – Icaro la llamo preocupado al ver como la respiración de la diosa iba disminuyendo notoriamente y varios haces luminosos, se elevaban en el cielo como orbes, aportando la ultima luz de la diosa de la luna a la tierra. - ¡Artemisa! ¡Diosa Artemisa! –
Las lagrimas escaparon de los ojos del ángel, quien no comprendía aun todo el nudo de emociones que había experimentando en tan solo una hora y ahora el sentir que perdía a todo aquello por lo que había luchado, le hacía experimentar una desolación y rabia sin precedentes.
-Debes vivir entre los humanos…como humano. – Todo el cuerpo de Artemisa comenzó a resplandecer, disolviéndose en orbes doradas que se esparcieron por el cielo, dejando al ángel con las manos vacías, Icaro observo los dos colmillos en el suelo y como de estos se desprendía la última gota de veneno y caía al suelo.
-¡Touma! – Odysseus desapareció sus alas y corrió hacia él, angustiado, sin embargo vio al pelirrojo golpear repetidamente con su puño el suelo, fuera de sí, mientras su garganta producía un grito desgarrador lleno de odio.
-¡Maldición! ¡Maldición! – Repetía desconsoladamente.
-No puede ser. – Thesseus llego tras el pelinegro y cayó de rodillas al comprender la situación.
Odysseus camino enajenado a toda la situación como si estuviera en shock, se agacho solo para rejuntar la máscara de Icaro y fue cuando esta se hizo polvo en su mano, que comprendió que la deidad de la luna se había ido…
…
Scatha se quedo observando fijamente con sus profundos ojos azules las ondas que se formaban dentro del café que Saga le había servido. Acaricio con suavidad el mango de la tasa como si esa muestra de cariño ocultara lo peligrosa que podía llegar a ser.
-¿En qué diablos te metiste Aldana?– Se cuestiono la pelirroja. – ¿Por qué? Si tú odias pelear…
-Scatha. – Saga estaba recargado con la espalda contra una de las paredes de géminis, sus rasgos estaban escondidos por la oscuridad que predominaba en el templo y es que solo un par de velas permanecían encendidas sobre la mesa. – Cuando los berserkers invadieron el santuario, apareció el dios del desamor…
Saga sabia que eran tener esas lagunas mentales, después de todo el había sido poseído por Ares y suponia que representaba lo mismo el ser manipulado por un berserkers, pues Scatha tenía solo fragmentos de lo que había ocurrido antes de ser poseída por completo, así que pretendía ayudarla en cuanto él sabía que había pasado en el templo mayor.
-Anteios. – Scatha se veía hermosa al candor de las velas, su cabello pelirrojo adquiría un tono más oscuro y su piel adquiría un brillo especial, como si estuviera bronceada. - ¿El que hacia aquí?
-Se volvió un aliado de Athena y tengo entendido que el término con la vida de Cesar. – Saga observo como las cejas y la nariz de Scatha se arrugaron un poco, como si algo no encajara en sus pensamientos y ella quisiese encontrar el porqué.
Saga supuso que el café frente a Scatha hacia mucho que se había enfriado puesto que la pelirroja, ni siquiera lo había probado y el vapor hacía mucho tiempo que había dejado de salir, suspiro tranquilamente y recordó cuantas veces él estuvo en el lugar de la pelirroja, cuando Kanon comenzó a ir por el camino de la manipulación y el poder. Ambos sabían que sus hermanos estaban corriendo un grave peligro en su tiempo y no sabían dónde estaban, ni cómo ayudarlos.
Saga se agacho a recoger la taza con café, sin embargo la cercanía del geminiano mayor provoco un abrupto susto en Scatha que estaba concentrada en sus pensamientos, haciendo que la escocesa le derramara el café encima.
-Lo…lo lamento. – Scatha observo como una mancha marrón se encontraba sobre la camisa blanca del geminiano, realmente no tenía una noción clara del tiempo, por lo que pensó que tal vez el café estaría ardiendo, no había pasado tanto tiempo desde que Saga se lo había dado ¿O sí? Así que la pelirroja realmente no lo pensó dos veces y le quito de golpe la camisa al caballero, dejando el torso escultural y herculino de Saga a su vista, que a pesar de no haber tanta claridad pudo distinguir cada línea intermuscular del caballero.
-Estas babeando. – Se mofo el caballero, al ver que las mejillas de Scatha adquirían un leve sonrojo.
-Eres un imbécil. – Mascullo la pelirroja aventándole la camisa de regreso a Saga al rostro, mientras se maldecía internamente al haber sido tan obvia frente al caballero. -¿Qué no piensas ponértela? – Gruño. - ¿O eres un exhibicionista?
-La has manchado, no pienso restregarme el café por todo el cuerpo. – Saga se quedo un tiempo más mirando intensamente a la pelirroja, que desvió la mirada e hizo un gracioso mohín con su boca. – No veo que te moleste verme así.
Scatha abrió la boca sin saber que decir y su sonrojo aumento aún más, su mirada comúnmente fiera se sensibilizo mucho y por primera vez, Saga se dio cuenta que tras esa fachada de mala y orgullosa joven, se encontraba una joven tímida y sensible y realmente aquello le cautivo.
Saga se acerco a ella y se percato de que Scatha era unos centímetros más baja que él, levanto su mano y acaricio el mentón de la pelirroja hasta sus labios, por los cuales trazo su perfecto contorno, paro por unos segundos sintiendo la suave respiración de ella y le miro a los ojos, sus miradas chocaron como si hubiese dos grandes llamaradas a la distancia y que ansiaban el calor de la otra.
Scatha tan habladora y rebelde, en esos momentos lucia tan dulce, inofensiva y cálida, que Saga no pudo evitar sonreír de medio lado al ver el contraste que la pelirroja le estaba mostrando de sí misma, pero como si ella hubiera podido leer sus pensamientos, tomo la iniciativa, recobrándose de la impresión que le causa la cercanía del geminiano.
Scatha deslizo su mano por todo el pecho de Saga, verificando lo bien torneados músculos que tenía el caballero y ascendió su mano hacia su cuello, mientras lo jalaba hacia ella, para acercar sus rostros y que sus labios quedaran casi rozándose, fue entonces que ella paro provocativamente, mientras miraba felinamente a Saga, podía sentir la respiración de él sobre ella y el calor que emanaba su cuerpo.
-¿Acaso no te atreves a besarme? – Sonrió Scatha muy seductoramente y aquello sonó como un reto a los oídos del caballero. ¡Y vaya que el gran Saga de géminis no huía a los retos! Así que termino con la distancia que existía entre sus labios y los de Scatha, besándola apasionadamente, sus labios se acoplaron perfectamente, uno al otro, como si tuviesen tiempo de conocerse y hubieran estado anhelando por el otro todo este tiempo. Scatha cerró los ojos entregándose por completo al placer. Sintió como Saga le pasaba ambas manos por las caderas y la alzaba, entorno sus piernas al torso de él y se aferro a su espalda con ambos brazos, mientras dejaba que los labios de Saga rodaran por todo su cuello.
Saga dio las gracias al cielo, Athena y los dioses que Kanon no estuviera en ese momento, tomo a la joven pelirroja y la condujo entre besos apasionados a su habitación, abrió la puerta con algo de torpeza, lo que hizo reír angelicalmente a la pelirroja y una vez dentro, la deposito con cuidado sobre la cama, se posiciono sobre ella mientras le ayudaba a quitarse la ropa.
Durante este momento tanto Scatha como Saga guardaron silencio dejando que el silencio los hiciera sentir casi como si estuviera soñando, a la vez que apreciaban la desnudes de sus cuerpos y la perfección del cuerpo humano del sexo contrario. Scatha hizo un leve movimiento que hizo que su cuerpo desnudo, cubierto por alguna de las sabanas y la infinidad de almohadas rozara con el del geminiano.
-Deja de babear. – Contraataco la pelirroja, al ver como Saga la devoraba con la mirada, así que le hizo un favor al gemelo mayor y se movió seductoramente bajo él.
-Scatha ¿Estás segura? – La voz de Saga sonó curiosa, aunque en ella pudo distinguir el deseo de respuesta que esperaba el geminiano.
-¿Tienes miedo? – Se burlo la pelirroja, lo que hizo reír a ambos. Scatha extendió su mano hacia el cuello del geminiano de forma tan despacio que sintió que jamás podría tocarlo y tiro hacia ella, provocando que los labios de ambos se unieran de nuevo, mientras sus cuerpos se balanceaban en un baile provocador que les invitaba a seguir.
Las manos de Saga resbalaban por su cuerpo como si tuviese aceite sobre él, pues las caricias parecían como si la más fina seda estuviera explorando y recorriendo cada parte de su cuerpo. Y fue cuando Saga reparo por primera vez en lo cerca que había estado de perderla por causa de Ares.
Y sin más Scatha sintió que Saga estaba listo para entrar en ella, sin embargo el caballero esperaba una respuesta corporal que le indicara que podía seguir, así que ella movió sus caderas invitándolo, la unión de ambos fue asombrosa para cada uno de ellos, que produjo por igual un sonido de placer, que escaparon de sus gargantas.
El rubor en las mejillas de Scatha aumento un poco más, al grado que Saga pensó que tendría fiebre o algo así que le hizo sonreír, acaricio una vez más el rostro de la pelirroja retirando los mechones de cabello que cubrían el rostro de Scatha al vaivén del movimiento que hacían sus cuerpos al conectarse.
-S-Sa-Saga…. – Scatha menciono su nombre de forma entrecortada, sintiendo que el placer que estaba experimentando la enloquecería por completo.
-Me gusta. – Comento Saga deteniendo el vaivén, lo que hizo a la pelirroja volver a concentrarse en el mundo real.
-¿Qué te gusta? – Menciono con la voz aun entrecortada, mientras su respiración estaba acelerada y su cuerpo estaba cubierto por una muy fina capa de sudor, que hacía ver su piel perfectamente esculpida.
-Cuando dices mi nombre. – La pelirroja rio y se abrazo a él, mientras ella volvía a iniciar el movimiento de caderas entre los dos.
-Tengo que ser yo, porque… - Saga la callo con un profundo beso, mientras sentía como ella sonreía divertida.
Saga la sujeto más cerca de él, aferrando su cintura con una sola mano, mientras la pelirroja posaba su frente en su cuello y emitía ligeros gemidos, que a él lo hacían enloquecer y para reconfortarla comenzó a subir y bajas las manos por todo el cuerpo de la escocesa, delineando cada curva de su cuerpo, explorando con ternura y lentitud, seduciendo con este delicado tacto a la pelirroja.
Saga la tomo por la cintura para reacomodarla sobre él y retenerla, presionándola hacia abajo, hasta que esto produjo un nuevo suspiro de éxtasis de la joven, Saga sabía que Scatha lo estaba disfrutando por los sonidos que escapaban de sus labios y él, por su parte…¡Vaya si que lo estaba disfrutando!
Sin más el vaivén de sus caderas y el constante roce de sus cuerpo, hizo que ambos llegaran al clímax de su unión, todos los músculos de Saga se contrajeron, mientras ella apretaba con más fuerza sus muslos en torno a él, por unos segundos ambos se quedaron en la misma posición, sus respiraciones aceleradas era lo único que rompía con el silencio de la habitación, de pronto Saga sintió como Scatha relajaba el cuerpo y sus brazos que antes estaban aferrados a su cuello, ahora bajan en una caricia por su pecho, Saga se desplomo justo al lado de ella, que se acababa de cubrir el rostro con una mano, mientras el pecho de ambos se alzaba de forma acelerada.
-Me alegra que hagas el amor, mejor de lo que preparas el café. – Scatha se acurro sobre su brazo y recargo su mentón sobre su pecho, mientras su melena rojiza se esparcía tras su delgada espalda. – Es demasiado amargo.
-Tienes razón, a mi no se me da la cocina. – Admitió Saga cerrando los ojos y acariciando con su brazo la cabellera escarlata oscura de la joven, mientras sentía la intensa mirada celeste de la joven sobre su rostro.
-Prefiero que seas más habilidoso en la cama, por la comida puedo preocuparme yo. – Scatha alzo una vez más su rostro para que Saga la besara.
-Dudo que hayas agarrado en tu vida un sartén. – Se burlo Saga mirándola por el rabillo del ojo y enfrentando sus hermosos ojos esmeraldas, con los zafiros de la joven.
-Pues aunque lo dudes, soy una gran cocinera. – Scatha se quedo quieta escuchando como los latidos del geminiano iba acrecentando su potencia dentro de su pecho y el retumbar incesante frenaba, mientras este natural sonido la arrullaba en los brazos de Saga y por primera vez en su vida realmente se sintió protegida por alguien, por Saga.
…
El día comenzaba a clarear, a penas en la lejanía se observaban los primeros haces solares, por lo que aun seguían en penumbras, la formación se movía rápidamente entre la espesura de la oscuridad, aprovechando la ventaja de escondite que esta les aportaba, el grupo era encabezado por Aldana y Radamanthys quienes iban al frente, después de ellos se movía Ikelos y tras este el resto de los berserkers y al final Anteios.
-El poder de Ikelos no oculta solo nuestro cosmos, si no también nos permite expresarnos libremente, ya que nos movemos en una dimensión tan paralela a esta que somos casi imperceptibles para cualquiera, incluso un titán. – Confeso Anteios desde atrás.
Aldana suspiro pesadamente, había algo que no le hacía confiar en el dios atrás de ella y sonrio mordazmente al pensar que en general, ya no confiaba en nadie que ostentara el titulo de dios.
-Ese es el palacio. – Escucho a Ikelos decir tras ella, no pudo evitar mirar al dios de reojo, solo para comprobar cómo este sonreía de lado y le mostraba los colmillos. Regreso su mirada hacia el frente y frunció ligeramente el ceño.
Se movieron unos metros más al grado que pudieron observar un poco más la gran fachada del templo de los titanes, aquel esplendoroso lugar, donde los seres que pisaron por primera vez la tierra vivieron. Magnificas pilastras de color negro alzaban un enorme techo, que era adornado por detalles de oro blanco y dorado, recubierto por las piedras más preciosas y que cuando el sol les bañaba producían un hermoso brillo que iluminaba el interior de una luz blanquecina que no molestaba la vista en absoluto.
-Antes de entrar. – Menciono Isley rompiendo la tensión y el silencio tras todos ellos. – Se que ayer hable del pasado que la mayoría compartimos; el haber asesinado a alguien que era importante para nosotros… - Isley hizo una pausa mientras todos seguían avanzando con la atención fija en el palacio de los titanes. – Pero… si fuimos capaces de destruir nuestro pasado, podemos construir nuestro futuro – Refuto optimistamente el berserkers. – En cuanto terminemos esto me iré muy lejos, tal vez a otro país y reharé mi vida en ese lugar.
-Tienes razón. – Apoyo otro del grupo entusiasmado. – No tenemos que quedarnos con nuestro pasado nada más. Cuando ganemos, me iré a algún lugar, trabajare muy duro y me comprare una granja, donde pueda vivir tranquilamente.
-¡Yo estoy seguro que me casare y tendré muchos hijos! – Otro berserkers empuño su mano con decisión, mientras las risas de sus compañeros resonaban tras su confesión.
-¡Primero tendrás que gustarle a una chica, lo cual es imposible, considerando lo feo que eres! – Se burlo Isley, haciendo que todos rieran.
-Mi fealdad las compenso con mis múltiples habilidades y encantos. – Repuso.
-Capitana Aldana ¿Usted cree que el podrá enamorar a alguien? Digo usted que es una mujer ¿Le considera atractivo? –
Aldana se sobresalto al escuchar la pregunta y un leve rubor apareció en sus mejillas. – Estoy segura que Damián encontrara a la indicada en su momento. - Aldana sonrió ampliamente al berserkers para infundirle confianza, quien le agradeció el gesto con una inclinación de cabeza.
-Ven, si la capitana confía en mí es porque lograre hacerlo. – Contesto el guerrero mientras reía triunfadoramente.
-Bueno ella no ha dicho que seas muy mono. – Isley continuo riéndose, mientras agarraba juguetonamente a su compañero por el cuello y le tallaba con el nudillo la cabeza.
-¡He cabronazo! – Damián se zafo del agarre y miro burlonamente a Isley que continuaba riendo. - ¿Y porque tu si podrás hacer lo que tienes planeado?
-Porque yo no estoy pidiendo imposibles. – Rio animadamente, mientras era secundado por los otros. – Yo solo pido una vida tranquila, tú quieres seguir complicándotela. -
Las carcajadas de todos los guerreros fue unisona, incluso Anteios que era el dios del desamor le dio ese punto a Isley, el amor realmente era un dolor de cabeza, había visto ser rechazados a millones de hombres que juraron amor a una mujer y a estas entregarse a hombres que nunca les correspondieron.
Aldana sonrió al escuchar tantos sueños y planes a futuro, le hacía pensar que aun después de todo el camino de espinas que habían recorrido, cargando a sus espaldas aquel terrible pasado y soportando en su pecho ese intenso dolor, había una luz al final, aun tenían la posibilidad de rehacer sus vidas mientras tuvieran sueños e ilusiones por alcanzar.
-Para ello tendrán que sobrevivir primero. – Ikelos menciono con maldad, cortando las risas de los guerreros y ganándose varias miradas afiladas y rencorosas a sus espaldas, por su parte Aldana ni siquiera le volteo a ver, consideraba al dios algo tan desagradable, inmundo y ruin que corresponderle sus malintenciosos comentarios no valían la pena.
-Están dentro. – Escucho decir secamente a Radamanthys, quien tal vez pensaba lo mismo que ella– Puedo sentir cuatro grandes cosmos en su interior.
-Falta un titán. – Acoto Aldana, ajustándose sus flechas a su espalda y apretando el cinturón que portaba su espada y tenia atado a su cintura.
-Entremos. – Ordeno Anteios.
Aldana obedeció sin rechistar, sintiendo como su corazón se aceleraba al imaginarse cuan cerca estaba de volver a pelar, pero en lugar de sentir aquel furor que sentía como berserkers esta vez tenía algo de temor y sobretodo un muy mal presentimiento, miro de reojo a Radamanthys quien se mantenía imperturbable y pensó que tal vez la preparación de un espectro a la de un berserkers no era tan diferente después de todo.
Las risas del grupo cesaron por completo y el silencio reino en su totalidad, mientras continuaban adentrándose por aquel largo pasillo lleno de columnas, al final de este se observaba una gran sala en la que se encontraban doce grandes sillas colocadas de forma horizontal en un peldaño más arriba y en la que seguramente los doce titanes se sentaban para juzgar y ordenar a su ejército.
Aldana miro asombrada todos los detalles de aquella enorme sala, la gran alfombra que llegaba a las escaleras donde se encontraban colocadas las doce sillas, los amplios ventanales y las largas cortinas de seda que colgaban, por unos segundos pensó que aquellos materiales con los que fueron creados debían ser de otro planeta, pues deleitaban por completo a todos sus sentidos.
-Críos. – Escucho decir al dios Anteios desde detrás.
Tanto Aldana como Radamanthys repararon que en una de las doce sillas se encontraba un solo titán, de cabello azul puntiagudo y tez morena, su espada descansaba al lado de su silla, clavada verticalmente en el suelo. El titán mantenía un rostro sereno y parecía estar dormido, pues su respiración era calmada y mantenía sus parpados cerrados, incluso parecía que realmente no había reparado en ellos, por el poder de Ikelos.
-Aldana. –
-Sí. – No hubo más que Anteoios dijera para entenderle, elevo una de sus manos hacia atrás de su espalda y tomo una de sus flechas, la coloco lentamente sobre su arco y apunto con su dedo índice hacia donde Críos estaba, su mano derecha acaricio el metal de su flecha mientras extendía el hilo negruzco de su arco hacia atrás y el metal con el que estaba formado este crujía ante la fuerza de tención que se estaba ejerciendo. Aldana suspiro lentamente, mientras sentía las palpitaciones en su pecho, miro a Críos supuso que esa era la forma más rápida y fácil de matar a un titán, pero a su vez la más cobarde.
-Este es mi boleto hacia la liberta. - Aldana soltó la el hilo y la flecha surco la larga distancia que la separaba del titán con velocidad, en su recorrido se incendio a medio camino adquiriendo un haz rojizo tras de sí y una gran ráfaga de viento que le prosiguió gracias al cosmos de la peliazul…
Críos abrió los ojos en el último momento y en un movimiento veloz tomo su espada y golpeo la flecha repeliéndola hacia ella.
-¿Qué? –
Aldana se giro rápidamente para esquivar su propia flecha sin embargo escucho una terrible risa tras su espalda y lo siguiente que sintió fue como su hombro era desgarrado profundamente, la sangre comenzó a bañar su pecho y su brazo derecho, mientras escarmentaba un profundo dolor, el dolor de una herida letal. Su armadura se rompió por el hombro y sintió como una mano se clavo en su costado, mientras desgarraba sus músculos en su interior, para después salir llevándose consigo una gran cantidad de su propia carne y piel.
-No comprendo… - Aldana sintió como sus piernas flaquearon y su cuerpo comenzó a temblar a causa del dolor, cayó al suelo y su mirada comenzó a tornarse borrosa, mientras seguía viendo a Críos sentado sin moverse del trono donde estaba. – ¿Cómo… ¿Cómo es posible? – Todo había pasado en tan solo una fracción de segundo.
Sintió el suelo sucumbir debajo de ella y como todo se volvió oscuridad de pronto, mientras escuchaba los gritos de sus soldados y como el cuerpo de estos se estrellaba contra el suelo. A mitad de la caída se estrello contra algo, que giro su cuerpo y pudo ver como se alejaba de la luz, sumergiéndose en la profunda oscuridad hasta que por fin su cuerpo toco fondo.
-Scatha… perdóname. – Y fue entonces que la oscuridad se volvió total, mientras los gritos desgarradores resonaban en sus oídos.
…
Continuara…
Comentarios:
Fuman chu: Agradezco mucho tu perdón.
Andy: Ya no se cuando acaba mi historia cada vez que me acerco al final se me ocurren más ideas locas, pero por el momento espero que te guste lo que llevo. Lamentablemente la siguiente misión de Mu será hasta la última pelea y vamos, que creo que lo pondré a pelear de nuevo con Hyperion, ellos dos dejaron algo pendiente la última vez.
Artemiss90: No te preocupes, a veces entiendo que el capitulo es largo y les hace perder mucho tiempo, como para que aún se detengan a dejar un comentario. Solo una pregunta ¿Este capítulo logro ponerte los pelos de punta?
Caliope07: Solo porque me caes bien te lo diré… Rea va a ir tras Persefone, los titanes dejaron una deuda sin cobrar con ella y así como se la cobraron a Mnemosime ahora lo harán con la emperatriz del inframundo.
LadyMadalla-Selena: Hola, me alegra que te haya gustado el capitulo. Respecto a Shaka, aunque se escapo de las manos de Hyperion, digamos que nuestro rubio favorito no tiene una buena racha en estos momentos ahora que otra amenaza se ciñe sobre él. Espero que en este capítulo no haya destrozado mucho tus nervios. Te hago una pregunta ¿Segura que Ikelos te sigue dando mala espina? Sobre Aldana solo me queda decir lo siento y retirarme lentamente de la habitación. Creo que este capítulo el ring Saga y Scatha termino muy bien, la verdad se traían ganas. Puede que odies a las serpientes de Rea, pero la fuerza y el veneno que deposito en ellas son demasiado efectivas, casi pierde un brazo por ellas.
Beauty4ever: Muchas gracias por tu comentario.
Atte: ddmanzanita.
