Lamento mucho la tardanza pero espero que el capitulo les guste y me dejen un lindo comentario. Gracias a todos los que me han acompañado hasta aquí, apoyándome y alentándome a escribir esta historia, de verdad les agradezco de todo corazón.

Capitulo 41 Pasado, presente y futuro.

Radamanthys se sorprendió tanto como Aldana, al ver que la flecha previamente lanzada hacia Críos retornara de nuevo a a la escocesa y que esta se las ingeniara para esquivarla, si no que le tomo por sorpresa que Ikelos se abalanzara sobre la berserkers, tomándola completamente desprevenida y causándole una herida letal, de no haber sido ella a la que el dios atacara, pudo tomarlo completamente desprevenido a él.

El ingles tuvo que brincar hacia atrás cuando el suelo comenzó a colapsarse a sus pies, engullendo por completo al grupo de berserkers y a su capitana casi moribunda con ellos, el ataque a traición les había tomado por sorpresa a los soldados de la guerra y ciertamente a él también le habían pillado desprevenido, pero una de las ventajas de ser un espectro, era esperarse siempre lo peor, por lo que se había recobrado de aquella impresión oportunamente.

La sonora carcajada que soltó Ikelos frente a él, resonó por todo el lugar, sin dudas el dios se vanagloriaba de atacarlos a traición de esa forma tan cobarde y lo comprobó al ver como saboreaba con su lengua la sangre de la escocesa que pendía aun de sus garras, goteando lentamente hacia el suelo y uniéndose al charco de sangre que se esparcía por el mismo.

Radamanthys sonrió nefasteado ante una situación tan desagradable, si había logrado herir a Aldana era porque esta se había confiado, sin embargo no podía evitar sentir molestia ante la traición que acababa de comerte el dios contra la joven, había sido un movimiento tan bajo y despreciable, incluso podía sentir tanta molestia como aquella vez que Orfeo intento traicionar a el señor Hades, realmente repudiaba la traición.

-Ahora entiendo porque mi señor no confía en ustedes. – Susurro calmadamente Radamanthys.

-¿Ha? – Ikelos le miro asombrado, como si se hubiera olvidado por completo de él. – Pensé que caerías junto con el resto de los berserkers.

-Me has subestimando. – Espeto el británico.

-No te mereces el titulo de un dios, ni siquiera el de un hombre. – Anteios permanecía escondiendo sus ojos tras su flequillo, mientras un aura rojiza comenzaba a rodearle.

-¿Acaso creíste que les apoyaría? Sería estúpido ayudar a los olímpicos. – Ikelos se mofo, mientras se limpiaba de sus garras la sangre de Aldana, frente al dios que juro que la protegería. – Desde que me liberaron del inframundo no dude en ponerme en contacto con los titanes. ¡Y vaya que he disfrutado ponerme de su lado! ¡Así me he burlado de ti y la estúpida Persefone! ¿Acaso creyeron que los conduciría aquí para que asesinaran a los titanes? – Ikelos comenzó a reírse descaradamente frente al espectro y el dios que arrugaron el ceño con molestia.

-Ikelos les ha conducido a su propia tumba. – Críos extendió de nuevo su mano hacia el mango de su espada y se levanto lentamente, mientras sonreía sínicamente.

-Aún así nos ha traído y eso nos da una oportunidad de matarte. – Anteios apareció en su mano derecha la espada que pertenecía a su padre; Ares, aquella arma capaz de matar a los dioses, el kamui del dios le fue envistiendo, mientras sus ojos centellaban con un brillo especial, su mirada se llenaba de determinación y se volvía penetrante, mostrando los ojos característicos de su padre, la mirada de un asesino por naturaleza.

-Vaya, vaya. – Críos descendió el par de escaleras que le alejaban del dios y giro ágilmente su espada, alzándola hasta quedar frente a su nariz, cerró tranquilamente los ojos y cuando les abrió sonrió retadoramente. – Veamos que tanto te pareces a tu padre.

Anteios se desvaneció en el aire, para teletransportarse frente al titán, mientras ambos filos metálicos chocaban entre sí, produciendo una onda expansiva cada vez que sus filos se rosaban y generando un sonido casi como un trueno, a cada impacto que ocurría entre ellas.

Radamanthys desvió su atención por unos segundos hacia ambos, momento en que Ikelos aprovecho para lanzarse sobre él, el rubio rápidamente fue alertado por sus sentidos, por lo que pudo detener oportunamente la mano del dios por la muñeca a escasos centímetros de su pecho. Ikelos rio mordazmente y retrocedió varios metros, agazapándose como un animal.

-¿Acaso te ha molestado lo que les he hecho a tus compañeros? – Rio el dios, mientras permanecía con su vista sobre él, como si esperase el momento adecuado que el juez se descuidara para atacarlo.

-En lo absoluto, ellos no son mis compañeros. – Radamanthys analizo rápidamente al dios, según lo que había leído en los antiguos escritos del infierno, Ikelos era el dios de las pesadillas, poseedor de una habilidad parecida a la que Hermes y Críos utilizasen, pues al igual que estos dos, él dios frente a él, era capaz de manipular y distorsionar hasta cierto punto las dimensiones, con una habilidad excepcional, proporcionándole una defensa como ofensiva sin comparación. Por lo que no podría utilizar su técnica máxima la gran precaución, sin que este le retornara su propio ataque.

-Entonces has tenido suerte de no caer en el hoyo junto con ellos, aunque eso hubiese sido lo mejor para ti. – Ikelos comenzó a desplazarse con cautela, girando en torno al juez.

-¿A qué te refieres? – Radamanthys siguió con la mirada de reojo al dios, sin inmutarse porque este estuviera girando entorno de él, tenía que concentrarse en sentir el cosmos del dios, pues este podría atacarle de cualquier parte, ya que al moverse libremente por la dimensiones la capacidad de deslizarse por estas también era posible, lo que podía ayudarle a atacar de cualquier dirección.

Ikelos corrió en su dirección, Ramanthys sintió el desplazamiento del cosmos del dios, por lo que se giro rápidamente para hacerle frente y evitar ser atacado por la espalda, pero apenas se torno en su dirección y sus ojos hicieron contacto con la mirada sádica del dios de las pesadillas por unos segundos, cuando este desapareció frente a sus ojos, las afiladas garras del dios se clavaron por todo su brazo derecho, desgarrando sus músculos y produciendo una herida muy profunda en su brazo, la sangre comenzó a resbalar rápidamente por toda su extremidad, tiñendo de color escarlata el fino marfil blanquecino del suelo.

-Has reaccionado velozmente a mi ataque, pude haberte partido en dos pero me has esquivado por unos segundos. – Rio el dios, deleitándose con la sangre del juez que caía por sus afiladas uñas.

-Déjate de estupideces… - Gruño ferozmente el juez, haciéndose presión con su mano izquierda sobre la herida de su brazo derecho, aun así la sangre se escapaba entre sus dedos, produciendo un hilo de sangre que corria por todo su brazo hasta desprenderse en gotas de carmines de sus dedos.

Ikelos rio una vez más, deleitándose con ver la herida en el hombro del juez. – Has venido aquí por nada, no tienes compañeros, el dios que te acompaña pronto morirá y tú… ¡Tú estúpidamente has dejado sola a Persefone! ¡El único motivo por el cual Hades te permitió vivir! – La carcajada del dios se amplió sonoramente, mientras afilaba sus garras entre ellas, de pronto la risa del dios dejo de sonar y este se torno serio. – La reina de los titanes va a matar a la emperatriz del inframundo y no podrás hacer nada para impedirlo. ¡Has fallado en tu misión espectro! ¡Le has fallado a tu dios! – Ikelos comenzó a reír descaradamente.

Radamanthys sintió como si un balde de agua fría le hubiese caído encima, ahora entendía porque Ikelos había fingido esa trama y se había andado con rodeos, no solo pretendía conducir a los berserkers a su propia tumba, si no que le estaba alejando a él de Persefone, así no podría intervenir en los planes de Rea.

-Te odio. – Radamanthys soltó lentamente su herida, mientras empuñaba su mano derecha con rabia y su cuerpo temblaba por la ira, realmente iba a acabar con ese estúpido dios. Elevo su cosmos y una gran aura violácea le rodio.

El británico desplego sus potentes alas a los lados y se impulso con estas para alzarse hacia lo alto, enfoco su cosmos en su mano derecha, sin importarle el dolor que sentía en esos momentos y tiro un puñetazo al dios, Ikelos lo vio venir tranquilamente y segundos antes de que lo golpeara abrió una dimensión y se fugo con ella. Radamanthys estrello su puño contra el suelo, el cual se resquebrajo ante su impacto.

-Jajajaja. Tu diosa va a morir y tú estarás aquí perdiendo tiempo valioso conmigo. – Ikelos reapareció tras él y clavo sus afiladas garras en la espalda de Radamanthys desgarrando su armadura y su piel.

-Grr… - Radamanthys se giro tirándole un codazo al dios, que volvió a desaparecer, sintió como su sangre resbalaba desde su nuca por toda su espalda, bañando de un color rojizo su propia sapuri.

-Todos ustedes cometieron un grave error al venir hasta aquí. – Radamanthys miro atónito al dios de las pesadillas, asombrado de su impresionante habilidad, aquella representaba una ofensiva y defensiva sin iguales.

Radamanthys dejo tras de sí una nube de polvo, que se disperso por todo el palacio y su cosmos formo tras él una larga estela violácea, se acerco enfurecido hacia el dios el cual volvió a desaparecer, lo que provoco que su puño de nueva cuenta impacto contra el mármol, pero en esta ocasión espero tan solo unos segundos para apoyarse y extender una fuerte patada hacia atrás, la cual tuvo el efecto deseado, pues su pie golpeo el mentón del dios arrogándolo hacia el suelo.

-No me importa si un dios o un titán se pone en mi camino, lo destrozare para quitarlo si es preciso. – Radamanthys se trono los nudillos y se acerco al dios.

-Esto será divertido. – Rio el dios mientras se desvanecía en el suelo por una de sus dimensiones, aceptando el reto del juez.

Estaba aturdida por completo, la oscuridad reinaba todo, a pesar de sentir completamente entumido su cuerpo y ser incapaz de moverse, el dolor se hacía persistente de forma generalizada, su cabeza parecía que explotaría por el dolor y sus músculos y huesos ardían como si estuvieran siendo triturados, su vista estaba muy borrosa y ennegrecida para ver con claridad, aunque su sentido del oído era el que mejor la llevaba pues a pesar de un zumbido insistente, como aquel que producen las bombas al caer en las personas, podía escuchar nítidamente los gritos y lamentos que se ceñían a su alrededor.

-¿Dónde estamos? –

- ¡No veo nada! –

- ¡Capitana! –

-¿Qué diablos es esto? Sin duda hemos caído en una trampa. –

-¡Ayudenme! –

-¿Dónde está la capitana? –

-Si un comandante cae al inicio de la batalla su ejército está perdido… - Aldana podia el resonar de sus propias palabras dentro de su cabeza, ella se las habia dejado en claro a Anteios para evitar que Scatha aceptase el trato del dios y en su lugar ella era quien habia decido venir, pero que fatal error habia cometido y no porque su vida peligrara, si no porque habia arrastrado con ella a todos sus compañeros.

-¿Qué es este lugar? –

A pesar de escuchar las oraciones de sus compañeros, su mente no podia comprender lo que significaban, el dolor y el aturdimiento era tal que le resultaba imposible procesar aquella información.

-¿Qué es este lugar? – Repitio Isley andando a ciegas y dirigiéndose al halo de luz clara que se filtraba por el techo de aquella mazmorra. Alzo su vista hacia arriba escuchando como varias detonaciones y choques de espadas se escuchaban por encima de ellos, seguramente el espectro y el dios Anteios se habían enfrascado en una batalla contra Ikelos y el titán. – No puedo ver nada. – Y es que fuera del círculo de luz que se filtraba, todo estaba rodeado por completa oscuridad, sin embargo podía escuchar los quejidos de sus compañeros y sentir como si algo les estuviese mirando desde las sombras.

-¡Isley! – Le llamo uno desde las sombras.

-Otto. – El más joven vio emerger de las sombras a su compañero y poco a poco se vieron rodeado por los berserkers los cuales tenían algunos golpes y fracturas por la caída, pero de ahí en más nadie había muerto. - ¿Dónde está Aldana?

-Creo que se quedo arriba. –Menciono Damián, sin embargo Otto negó rápidamente.

-Yo la vi caer junto a nosotros. – Otto miro hacia la oscuridad pero mas allá del halo de luz no podía ver absolutamente nada, todo se encontraba sumido en una oscuridad impenetrable. - ¿Cómo no previmos que Ikelos nos traicionaría y la atacaría por la espalda?

-Nadie lo previo. – Damián encendió una de sus manos que ilumino escasos metros en torno a él, sin embargo no fue lo suficiente como para ver a la capitana, pero motivo a sus compañeros a hacer lo mismo para buscarla.

-Escuchas eso. – Isley afilo su mirada en la oscuridad, pues podía percibir aunque muy tenue algo, como si alguna cosa se estuviera arrastrando por las sombras. – Eso no es Aldana.

-Ya sé que no, pero debemos encontrarla a ella, antes que eso y largarnos de aquí. – Menciono Otto encendiendo dos grandes esferas de fuego cada una en sus manos.

Aldana se retorció un poco en la oscuridad, trato de incorporarse o al menos eso se imagino, pues no logro ni siquiera mover un dedo, al contrario lo único que provoco fue que su cuerpo temblase de ante una descarga de dolor, así que se sobre esforzó girando el rostro y vio como haces de luz anaranjadas se encendían a la lejanía, pudo escuchar con más claridad las voces de sus compañeros, sin embargo su voz le fallo y fue imposible que algún ruido saliese de su garganta.

-Aldana. – Isley alumbro su cuerpo tenuemente, sin duda alguna había reparado en ella por el charco de sangre escarlata que brillo cual rubí ante el fuego, se acerco hacia ella, brincando algún que otro escombro perteneciente al techo hasta que estuvo a su lado, miro algunos moretones, cortadas y contusiones a causa de la caída, sin embargo no había ninguna fractura aparente, aunque las heridas de su hombro y costado derecho eran muy profundas. – Aldana ¿Cómo te encuentras? – Sin embargo la joven no respondió, ni se movió, por lo que se preocupo y llevo instintivamente la mano al cuello de la chica para comprobar que tenía pulso.

-Aun respira. – Otto se apoyo sobre su hombro y miro angustiado a la joven. – Yo la cargare, tu guía a los demás, para encontrar una salida. – Otto tomo a la joven por las piernas y el cuello y sintió como una gran cantidad de sangre estaba saliendo de la nuca de la joven, le alumbro levemente con una de sus manos y aprecio una gran herida de aproximadamente 10 cm. Ahora comprendía el porqué la joven tal vez estuviera inconsciente. – Maldición, debí protegerte.

La deposito de nuevo sobre el suelo y arranco su capa blanquecina para realizarle alguna compresión y darle primeros auxilios, le dio algo de risa pensar en que la persona más hábil en curación estuviera en esos momentos al borde de la muerte.

-Perdóname por meterte en esta situación. – Otto susurro suavemente a su oído, mientras la cargaba en su espalda, sintió como la sangre de Aldana empapaban su espalda y como incluso esta era tan abundante que tras ellos iban dejando un rastro de pequeñas gotitas carmín, como si se tratase de roció. La peliazul ni siquiera se movía a su espalda, el ritmo de su respiración era tan insignificante que ni siquiera la percibía, Aldana parecía ir muerta tras él, como si en lugar de cargar a un herido, lo hiciera con un cadáver.

-¿Pe..per…donar…te? – Aldana entreabrió levemente sus ojos, dejando ver sus zafiros que parecían estar carente de vida y consciencia en ese momento.

-Aldana ¿Cómo te sientes? – Otto trato de desviar la conversación.

-¿A qué te referías? – Si bien en esta ocasiones las palabras no se entrecortaron a causa del dolor, la joven las menciono lentamente, como si cada frase fuera un esfuerzo sobrehumano para ella. Aun ella misma se sorprendió al pronunciarlas, era como si otra persona las hubiera dicho por ella.

-Debes descansar. – Otto camino con Aldana a cuestas en su espalda, mientras veía a Isley y al grupo de berserkers buscar una salida.

-Respóndeme. – Demando Aldana, aunque su voz careció de autoridad y determinación casi fue un suspiro.

-Aldana. – Sintió a la escocesa relajarse a su espalda y dejar caer un poco más el peso sobre él, incluso llego a pensar que la joven había quedado inconsciente de nuevo, por lo que se aventuro a contarle toda la verdad, aprovechando que ella tal vez no recordaría nada de aquello. – Se lo que se siente estar al borde de la muerte y ver esperanza en un ser querido, yo lo experimente en el pasado y cometí el error de dejar que mi hermano hiciera un trato con Ares. – Otto guardo un profundo silencio, mientras caminaba siguiendo los haces de fuego que proporcionaban sus compañeros. -Pues bien, mi hermano era tu padre y aquellas niñas a las que condene fueron Scatha y a tu. Yo soy quien te ha arrebatado todo, tu familia, tu vida y tu futuro. Debes disculparme, cometí un error y lo único que he hecho como su tío, fue intercambiar mi vida por las suyas. Realmente lo lamento.

Los ojos celestes de Aldana, ausentes de toda expresión y sentimiento contemplaron el fuego, sin ni siquiera inmutarse pues su cerebro tardo en procesar esa información y para cuando lo hizo, no supo cómo reaccionar, no tenía ni siquiera fuerzas para ello, simplemente le escucho. No hubo lágrimas, no hubo odio, no sintió nada al estar frente al hombre quien era el culpable de unirla a Ares y a la vez el único miembro de su familia que continuaba con vida, además de Scatha.

-Cuando vi arder el pueblo de aquella forma, supuse que Ares había reclamado lo suyo, por lo que baje para tratar de protegerles, sin embargo, yo creí que todo aquel desastre, lo había realizado mi hermano, pero cuando las vi a ustedes dos bañadas en sangre y tomadas de la mano de la diosa Ker, comprendí lo que significaba y el sacrificio que se cobraba por salvar mi vida. – Guardo silencio esperando a que Aldana hiciese algo sin embargo esta continuo sin decir nada. – Entre los escombros vi a tu padre, aun con vida y me encargo que les protegiera de Ares, que las cuidara, por ello me uní a Ares. -Perdóname. – Atino a decir, si bien Aldana no le respondió, esta se movió ligeramente para darle a entender que estaba consciente y le había escuchado. – He cargado con este pecado tanto tiempo, siempre en silencio que confesarme ante ti ha liberado mi alma de las terribles cadenas que he arrastrado por tantos años, pero aún sin tu perdón y el de tu hermana, yo no puedo ser libre.

Isley que iba hasta adelante iluminando con fuego su camino, pero se detuvo de improvisto al sentir como algo le miraba desde las sombras, lanzo una llamarada hacia la oscuridad y se le helo la sangre al ver lo que tras la sombra se escondía, pensó por unos segundos que se trataba de un basilisco, por la larga cola escamosa que vio, la cual se contorsiono ante la cercanía del fuego, para huir a las sombras.

-¿Qué ha sido eso? – Por unos segundos creyó que las sombras lo habían engañado pero al escuchar la pregunta angustiada de Damián supo que aquello que se ocultaba y que había estado observándolos desde que habían caído no era producto de su imaginación.

-Maldición, estamos en una trampa. – Isley saco y la empuño entre sus dos manos. - ¡Berserkers en formación! ¡Ahora! – Todos rápidamente se agruparon, lanzando llamaradas alrededor de ellos para iluminarse en aquella oscuridad, los primeros desenfundaron sus espadas, mientras los segundos creaban colócales bolas de fuego, el cual ilumino en la oscuridad el terrible rostro de una mujer.

- Me llamo Campe y ustedes no volverán a ver la luz del sol. –

El estallido de las rocas a su lado le indico que de nueva cuenta que se había equivocado de dirección, frunció molesto el ceño sin ocultar la desesperación que le producía no poder controlar su propio cosmos, pues este escapaba por la herida de su hombro y rompía el balance de Excalibur como antiguamente Camus le había hecho notar.

Shura saco la botella que Camus le entro hacia unos días antes y la miro con detenimiento, recordando las palabras que su amigo le había dado respecto a ella, esa medicina aminoraría el dolor que sentía y que en parte provocaba que su cosmos se descontrolara, pero no iba a curar la herida del Keraunos, hasta la fecha nada había logrado funcionar y ciertamente estaba perdiendo la fe en seguir utilizando el Excalibur de su mano derecha.

Era por ello que el caballero de capricornio guardaba aquel frasco con todo su contenido sin usar, pensando en solo utilizarlo para cuando tuviera que enfrentar a un enemigo de alta elite, usaría el brebaje sobre su hombro para mitigar el dolor causado por su propio técnica la vez que afilaba su cosmos al máximo para causarle tanto daño como le fuera posible a su adversario, no importaba las consecuencias que ello traviese consigo sobre su cuerpo. Digamos que aquel brebaje era figurativamente el veneno que ingeriría para matar a su adversario junto con él.

Alzo su mano izquierda hacia el cielo y planto firmemente sus piernas en el suelo, dejo caer de tajo su brazo en línea recta mientras un haz verde salía de su brazo y rompía el viento y el cielo por igual, en una trayectoria casi perfecta y tajando profundamente todo aquello que tocaba sin misericordia, aquella era una Excalibur perfecta muy diferente a la de su mano derecha.

-Bravo. – Escucho unos aplausos tras de sí. – Tu técnica ha sido magnifica.

-Mascara de la muerte, Afrodita. – Shura se sorprendió de ver a los dos amigos dirigiéndose hacia él.

-¿Aún tienes problemas con tu Excalibur de tu brazo derecho verdad? – Afrodita menciono preocupado, mirando el vendaje lleno de sangre de capricornio.

-No puedo controlar adecuadamente mi cosmos. – Shura desvió su vista hacia el horizonte para que sus compañeros no observaran la frustración que esto le causaba.

-¿Y cómo piensas luchar así? – Shura miro fijamente al guardián de cáncer, pero se asombro al observarlo fruncir el ceño y desviando la mirada, lo que le hizo sonreír, al ver que aunque cáncer se preocupaba por él, aún le daba pena admitir que ya no era el sanguinario y desalmado caballero de cáncer.

-Aún tengo el Excalibur de mi brazo izquierdo y mis piernas. – Refuto tranquilamente. - ¿Qué hacen aquí?

-No es obvio cabrita, venimos a ayudarte a entrenar. – Mascara de la muerte le palmeo el hombro con camarería mientras se colocaba frente a él.

-Vamos a tratar de ser tus blancos y detener tus ataques antes de que se descontrolen. – Afrodita sonrió de medio lado y siguió al caballero de cáncer. - Vamos a entrenar como en los viejos tiempos, que solo nos valíamos los tres.

-Afrodita, Mascara de la muerte. – Shura no supo que decirles, por unos segundos sintió un profundo deja vu, al recordar cuantas veces en su juventud los tres se habían apoyado para conseguir las técnicas respectivas de cada uno de sus signos y verlos una vez más hacer lo mismo por él, le demostraba que poco a poco el tiempo estaba acortando de nuevo la larga distancia que alejo la amistad que los tres guardaban en el pasado. – Gracias.

-¡No tengo todo el día! – Se quejo Mascara de la muerte.

-Tienes razón. – Shura alzo su brazo hacia los cielos y desplego todo el poder del excalibur de su brazo derecho, su cosmos dorado le rodio al igual que a sus compañeros, pero un haz esmeralda ilumino la punta de sus dedos al momento que deslizo su brazo en línea vertical, el haz que inicio en un punto, se transformo en una perfecta hoja opalecente, que se fragmento antes de salir de su mano y creo dos haces esmeralda, el primero se dirigió hacia Afrodita quien lanzo varias rosas piraña en un trayecto vertical que terminaron por frenar su técnica, mientras el otro gran haz se fue en otra dirección, Mascara de la muerte se teletransporto para quedar frente a ella y una vez ahí, libero una explosión de su cosmos para detenerla.

-Tu espada continúa igual de lesionada como aquel día. – Afrodita recordó cuando Kanon había prácticamente obligado a Shura a realizar su técnica máxima y como esta se había descontrolado al grado que estuvo a punto de herir a Athena, de no haber sido porque el sueco freno con sus propias manos la espada, de lo contrario el golpe hubiese sido certero para Athena como para él, aunque bien ese corte en sus manos le había permitido conocer a Zahra, algo que tenía que agradecerle al español. – No solo se crean fragmentos de la hoja de excalibur, sino que también continua lastimándote ¿Verdad?

-Así es. – Admitió el capricorniano con pesimismo. Mascara de la muerte arrugo de nuevo el ceño, maldiciendo el Keraunos y aquel fatídico día en que Shura fue uno de los seleccionados para ir al monte Parnaso, desde ese momento el destino de su amigo había estado marcado y su vida se había puesto en juego, pues el español aun continuaba con una desventaja sin igual frente a cualquier enemigo que enfrentase.

-¿Has tratado de disminuir la carga de cosmos en tu ataque? – Inquirió el italiano, acercándose una vez más, pero permaneciendo a una distancia prudente para volverle a servir de blanco.

-Sí. – Contesto sin ganas Shura. – He aumentado la velocidad con la que expulso Excalibur de mi brazo, he tratado de distorsionar la dirección, la angulación, la intensidad de mi cosmos, la distancia, su grosor, incluso he tratado de crear en un solo movimiento tres haces de la espada, con el fin de que dos de estos choquen entre sí, deteniéndose y el otro pueda continuar en línea recta; pero nada de esto ha funcionado.

-Podríamos cortarte el brazo. – Bromeo descaradamente Mascara de la muerte, ganándose una mirada asesina por parte del español y el sueco.

-¿Y si trataras de aumentar la velocidad con la que lo expulsas pero frenas tu cosmos de golpe, de forma que no le des tiempo a tu Excalibur de crear una segunda espada? – Afrodita ignoro el comentario de Mascara de la muerte.

-Puedo tratar. – Respondió secamente el español.

-Ya estuvieras cabrita. –

-¡Excalibur! – Shura exploto velozmente su cosmos, el cual se elevo abruptamente, produciendo un silbido en el aire, al momento que su espada se proyecto por todo su brazo, sin embargo así como le elevo de golpe, freno secamente el flujo de su cosmos.

Pero para sorpresa de los tres el resultado fue mucho peor, pues una alza de energía tan variante, donde la energía fue en un inicio tan potente para después hacer que este flujo desapareciera, daño la trayectoria y estabilidad de la espada, produciendo que esta se quebrara y fragmentara en varios haces, que se dispersaron tanto horizontal como verticalmente, por debajo del suelo y sobre la superficie, poniendo en una situación muy comprometedora a los tres dorados.

Shura sintió como la fuerza principal de su ataque colisiono sobre su hombro, derribándolo al suelo y reabriendo terriblemente la herida, pues esta vez la Excalibur cortó parte de sus músculos y piel. Afrodita por su parte esquivo por muy pocos centímetros una de las espadas de Shura, que le paso frente al rostro, de lo contrario se hubiera visto cortado por la mitad, sin embargo no tuvo tiempo de recuperarse de la impresión cuando otro haz se dirigió hacia él, lanzo cerca de una docena de rosas piraña que explotaron cortando la trayectoria de Excalibur.

Mascara de la muerte se teletransporto con su telequinesis para evitar un fragmento de espada que choco tras él en un muro de piedras el cual colapso, sin embargo pronto se dio cuenta que el suelo bajo sus pies comenzaba a abrirse en dos, por un nuevo haz opalescente que iba hacia él, por lo cual brinco hacia el cielo, pero antes de caer escucho a Afrodita llamándolo preocupado y fue cuando se dio cuenta que el fragmento original de la técnica de Shura se dirigía a él destrozándolo todo.

-¡Maldi…! – Extendió sus manos frente a él para detener la hoja, porque no tendría tiempo para teletransportarse o esquivarlo puesto que aun seguía en el aire.

-¡Excalibur! – Un potente haz aquamarino golpeo la hoja verde que se dirigía hacia el fragmentando por completo la técnica de Shura hasta desaparecerla.

-Shiryu. – Mascara de la muerte miro sorprendió al joven dragón, quien mantenía perfectamente su brazo extendido.

-Podrías decirme gracias. – Respondió burlón el caballero de bronce, mientras escuchaba un bufido de respuesta por parte de cáncer.

-Tenía todo controlado. – Mascara de la muerte, sonrió muy levemente orgulloso del pequeño mocoso frente a él, pues el hecho que dominara casi a la perfección una técnica que a Shura le había costado limpiar muchos años, hablaba del prodigio que eran los mocosos de bronce.

-Has reaccionado demasiado lento. – Contesto el dragón.

-¿Disculpa? – Cáncer se sorprendió del comentario y tomo por el cuello en broma al dragón, haciéndole una llave, que inmovilizo al chino. – A que ni siquiera has visto venir esto, lagartija. –

-Estaba con la guardia baja… -

-Shura ¿Estás bien? – Aunque Afrodita suspiro aliviado al ver que Shiryu detuvo la técnica de Shura, pronto reparo que aunque Mascara hubiese corrido con suerte, el santo de capricornio había sido golpeado directamente por su propia técnica. –Shura. – Murmuro preocupado, al ver como el peli verde se presionaba con fuerza la herida de su hombro y la sangre escapaba entre sus dedos, en delgados hilillos escarlatas.

-Estoy bien. – Fue en este punto que tanto Shiryu como Mascara repararon en la herida de Shura, el italiano empujo juguetonamente al dragón al suelo y se acerco a donde estaban el español y el sueco.

-Supongo que el entrenamiento termina por hoy. – El italiano se agacho para quedar al nivel donde estaba el capricorniano y le puso la mano sobre el hombro sano. – No hay porque sobre esforzarse.

Shiryu fue el único que se sorprendió al ver actuar a Mascara de la muerte de una forma tan bondadosa, pues claramente distinguió en el rostro del italiano la preocupación que este tenía hacia Shura, miro de reojo a Afrodita pero le vio tranquilamente, como si aquella faceta nueva para él, fuera muy conocida para el doceavo guardián por la amistad que guardaba con cáncer. Pero incluso Shura no estaba ni una pizca de sorprendido.

-Vale está bien. – La mano que antiguamente Mascara había recargado en su hombro se coloco sobre su codo para ayudarlo a levantar. Shura vendo rápidamente de nuevo su hombro y apretó más la compresa al tiempo que iniciaban su retorno hacia las doce casas.

-Al menos quedaste en una pieza. – Bromeo Afrodita haciendo sonreír a Shura y Mascara de la muerte. – De no haber sido por Shiryu, géminis no sería el único signo partido en dos. – Y el sueco miro burlón de reojo a Mascara que se hizo el desentendido.

-Ha sido una Excalibur impresionante Shiryu. – Acoto Shura que a pesar de del fracaso de su Excalibur derecha tenía un muy buen humor y Shiryu inquirió que muy probablemente esto se debiera a la presencia de Afrodita y Mascara de la muerte.

-Todo es gracias a ti, después de todo es tu técnica Shura, tú me dejaste tu legado. – Respondió respetuosamente Shiryu, Shura asintió tranquilamente mientras usaba su cosmos para frenar el sangrado de su herida.

-¡Hey! – Escucharon que les llamaron a los lejos y vieron a Aioros y Aioria dirigirse hacia ellos. -Shura ¿Estás bien? – Preguntaron preocupados al mismo tiempo los griegos.

-Sí, ya me acostumbre a esto. – Sonrió, restándole importancia, aunque la palidez de su rostro le indico al castaño mayor que seguramente el dolor que estaba soportando Shura era inigualable.

-Verlos a los tres así me trajo muchos recuerdos. – Aioros sonrió ampliamente, mientras Aioria asentía a su lado. Ciertamente el ver a Shura, Afrodita y Mascara de la muerte juntos, volviendo de un campo de entrenamiento, les hacia recordar sus inicios en el santuario, cuando el trió solía ir junto al coliseo o a cabo sunion para perfeccionar sus técnicas, en ese entonces los tres ya aspiraban para santos dorados de sus respectivos signos.

-Shura también solía entrenar contigo y con Saga. – Contesto abochornado Mascara de la muerte, pues cualquier recuerdo de su infancia le hacía sentir apenado.

-Sí, pero honestamente siempre creí que ustedes tres hacían un gran equipo, se combinaban perfectamente a la hora de entrenar, creaban una defensa y ofensiva impresionante. – Refuto orgulloso Aioros.

Shiryu escucho en silencio las declaraciones de Aioros y es que el santo del dragón no lograba compaginar a Shura, Afrodita y Mascara de la muerte en un mismo escenario, eran totalmente diferentes. Aioros hablaba del entrenamiento de los tres que muy seguro se llevo por la similitud de edades de los tres, pero Aioros le daba una connotación de amistad que intrigo más a Shiryu ¿Acaso en el pasado Piscis, Capricornio y Cáncer eran amigos?

-Tanto como el que tú y los gemelos hacían. – Refuto Afrodita.

-O el que el gato hace con MIlo y Mu. – Mascara miro burlonamente a Aioria, quien se encrispo al escuchar el sobrenombre.

-¿A quién le dices gato? – Gruño Aioria, pero Mascara de la muerte le ignoro olímpicamente.

-Ha de ser muy raro para ti Shiryu vernos interactuar así. – Murmuro quedamente Shura, comprobando que el vendaje de su herida estuviera bien colocado. – Pero en el pasado tuvimos tiempos mejores.

-Creo que la relación entre los trece ha mejorado notablemente. – Shiryu miro a los cinco santos dorados que estaban bromeando relajadamente entre ellos, incluso Mascara y Aioria solían atacarse a bromas con todo, el ambiente era calmado y amigable entre ellos, algo que en el pasado hubiera desatado la guerra de los mil días. – ¿Sabes Shura? No sé como termine esta guerra, pero tengo el presentimiento que tendrá resultados positivos.

-Ya ha tenido resultados positivos. – Shura miro su herida y luego le sonrió al dragón. – Esta nueva oportunidad que nos ha otorgado a Athena ha sido realmente beneficiosa y estas pequeñas heridas que hemos sufrido a cambio, no restan ni el 1% al provecho que le hemos sacado.

-Así es. – Shiryu sonrió y miro con un dejo de admiración a Shura. – Ahora entiendo muchas cosas de lo que paso en la batalla de las doce casas y en la guerra santa, además de que he podido conocerles aún más.

-Por cierto Shiryu, si extiendes más tu brazo y haces un solo movimiento descendente con toda tu extremidad tu Excalibur será perfecta. La excalibur que mostraste hace unos momentos no está mal, de hecho es una de las mejores que he visto, pero puedes perfeccionarla aún más. –

-Entiendo. – Asintió. Shura sonrió ligeramente al pelinegro y luego volteo a ver a sus compañeros que iban unos metros más adelante, realmente agradecía a Athena esa nueva oportunidad, pues si bien la guerra santa provoco grandes y profundas heridas en la orden dorada, también les ayudo a dejar un camino por el cual sanar sus heridas, pero esa vez no hubo tiempo de conversar, ni de decir, ni hacer lo que realmente sentían y simplemente se limitaron a desear más tiempo, con el cual hubieran podido arreglar un poco las cosas, pero su vida fue temporal. Bueno ahora tenían ese tiempo tan deseado y se alegraba de ver que todos lo habían aprovechado.

La noche era oscura completamente, desde que el cosmos de Artemisa hubiese desaparecido, la luna se mostraba reacia a salir, como si el astro menor notara la ausencia de su diosa protectora y hubiese perdido completamente el interés de alumbrar a la tierra. Sus orbes zafiros miraron hacia el horizonte, hasta contemplar el punto donde lograba apreciar que el cielo y la tierra se unían como si se tocasen a lo lejos. Vislumbraba los pequeños haces luminosos de una villa allá a la distancia, donde seguramente las personas descansarían sin saber el mal que se colocaba sobre ellos.

-Artemisa. – Suspiro pesadamente al darse cuenta de que no solo había perdido una potencial aliada, si no a su mano derecha, puesto que desde que la guerra hubiese tomado un curso más drástico con la caída de Apolo, Zeus, Poseidón y Hermes, su hermana siempre se había mantenido a su lado apoyándola, como antiguamente lo hacía y no podía evitar sentir una terrible desolación por aquel acto tan cobarde que Rea efectuó contra su hermana.

Athena suspiro pesadamente, mientras se acercaba al balcón en cuyo extremo podía ver toda la amplitud del santuario, desde las barracas hasta los doce templos ocultos en la oscuridad y donde sus trece guardianes descansaban o al menos pretendían hacerlo.

-Hola Saori. – Athena miro sobre su hombro a Seiya que acababa de colarse al balcón por uno de los muros de piedra cercanos a este. – Cada vez es más difícil evadir a Shion. – El japonés se rasco la cabeza y sonrió burlonamente. - ¿Cómo estas Saori?

-Seiya. – No se esforzó en ocultar la felicidad que le traía ver en esos momentos al japonés, era como si Seiya pudiera detectar cuando su cosmos se teñía de un aura triste y siempre que ocurría, el castaño aparecía a su lado. – Estoy bien, el santuario y los caballeros están bien, la tierra está bien, todo marcha a como lo planeado.

-¿Pero? – Seiya se acerco al balcón y se sentó sobre este, mirando asombrado el panorama del santuario en su plenitud. – Siempre hay un pero.

-He perdido a muchos en esta guerra. – Quiso decir que a su familia, pero se cuestiono acerca de si los dioses la hubieran apoyado, si los titanes únicamente la hubiesen atacado a ella y no a todo el Olimpo.

Seiya suspiro cansadamente, brinco del balcón de mármol para acercarse a Saori y la tomo por ambos hombros compresivamente y obligando a que sus miradas se encontraran, el hermoso color celeste contra los ojos caoba del japonés. – Saori recuerdas ¿Cómo inicio esto? Fue en este mismo lugar donde decidiste revivir a los caballeros dorados, plata y bronce que habían caído en las guerras anteriores, en ese momento también estabas preocupada por lo vacía que se encontraba el santuario ¿Lo recuerdas?

-Si, Seiya. – Saori rebusco con intensidad la mirada confiada del nipon y se alegro de tenerle siempre a su lado, en las buenas y en las malas, Seiya siempre había demostrado estar para ella y ahora se daba cuenta de la gran deuda que tenía con Pegaso desde la era mitológica.

-Se que has perdido a muchos en esta guerra, pero de entre todo lo malo que pudo resultar, hiciste que los caballeros dorados no se mataran entre si y les diste una nueva oportunidad de vivir, creaste los lazos para que los caballeros dorados y de plata se acercaran a los de bronce, restauraste el santuario y uniste a los dioses, realmente has infundido esperanza y ayudas a cambiar a cualquiera que esté a tu lado, tienes ese maravilloso don.

-¿Lo dices por Artemisa? –

-Lo digo por todos, por los caballeros, por los dioses y por mi; haces que todos cambiemos cuando estamos a tu lado, en cada batalla me has dado fuerzas y esperanza para continuar protegiéndote y créemelo que en esta ocasión no será la excepción, estoy para ti Saori. – Seiya la abrazo dulcemente, mientras ella escondía su rostro enrojecido en el pecho del caballero, durando así por un instante, hasta que Saori se alejo posando sus brazos sobre el pecho del santo.

-Me alegra que estés entrenando de nuevo. – Rio alegremente Athena, mientras Seiya la secundaba en su risa, ya que ambos recordaron la primera vez que estuvieron juntos en aquel balcón antes de que los caballeros fuese revividos por su cosmos, en aquel momento el japonés había acudido a ella y habían bromeado un poco de la falta de ejercicio del caballero de Pegaso.

-Y eso que estoy comiendo muy bien. – Refuto juguetonamente Seiya despeinándola, Saori acompaño la risa del Seiya y por unos segundos ambos rieron despreocupadamente, pero pronto la sonrisa de Athena se fue borrando.

-Han pasado tantas cosas. – Comento en un dejo de voz, mientras recargaba sus dos palmas en el balcón y miraba hacia el precipicio bajo ella, el aire que golpeaba el risco más abajo solía subir por este al encontrar la férrea resistencia de piedra, lo que provocaba una ligera corriente de aire ascendente, Saori sintió como removió su cabello y le provoco un cosquilleo en la nuca. – Si estuviera sentada de nuevo observando el torneo galáctico, jamás pensaría todo lo que íbamos a pasar.

-Hemos pasado muchas cosas, juntos. – Seiya poso su mano sobre la de Athena y sus ojos hicieron contacto de nuevo, sin embargo ni la diosa, ni Pegaso retrocedieron sus manos, si no que dejaron que ambas se mantuvieran una sobre la otra, aportándose la calidez de una caricia. – No importa lo que venga de ahora en adelante puedes estar seguro Saori que estaré ahí para ti.

-Eso es lo que me preocupa Seiya, por primera vez no se qué pensar o hacer respecto a los titanes. ¿Los dejo atacarme o les ataco yo? ¿Cuál es la mejor opción? ¿En cuál se perderán menos vidas? – Seiya apretó la mano de la deidad y de improvisto la jalo hacia él. – Como diosa… - Murmuro Saori quedamente entre los brazos del nipon. – Me es imposible dudar o temer, pero como humana puedo sentir cada uno de estos sentimientos, Cronos y sus hermanos son enemigos que van más allá de mi conocimiento, los recuerdos que tengo de ellos de la era del mito son muy vagos y no tengo a nadie a quien recurrir por ayuda.

-No tiene nada de malo cuestionarnos acerca de nuestras decisiones o tener miedo. – Seiya acaricio suavemente el cabello lila de Saori. – Es por ello que reencarnaste como humana, para experimentar lo mismo que nosotros y no importa sentir y tener emociones, en cuanto la esperanza y el amor perdure en nuestras almas. –

-Lo sé, Seiya pero… - Saori rodeo con sus brazos al castaño y le estrecho fuertemente contra ella. – Pero ustedes no necesitan a una humana en estos momentos, si no a la diosa de la sabiduría.

-Saori tu eres… - Pero la pelila le corto, con un rápido movimiento de cabeza.

-Yo soy tan solo el recipiente de Athena, una porción de su cosmos y esencia, no puedo recordar por completo mis vidas pasadas, ni en su totalidad la era mitológica. – Saori alzo sus ojos hacia la lejanía, en dirección a donde se encontraba Star hill. – Es por ello que a medida que pienso en cómo enfrentar a Cronos me doy cuenta que no me necesitan a mí, si no a la Athena de la era mitológica…

-¡Pandora! – Persefone alzo la voz al notar la ausencia de la hermana menor de Hades. - ¡Pandora!

La puerta de la terraza se abrió de golpe mostrando a la joven de largos cabellos oscuros entrar apresuradamente, la peli negra se agacho haciendo una profunda reverencia a la deidad del inframundo, sin atreverse a mirarla a los ojos, pues temía que su ausencia hubiera molestado a la emperatriz.

-Perdone mi tardanza. – Se excuso, aun sin levantar la vista del suelo.

-¿Pero qué haces Pandora? – La pregunta la extraño por completo, por lo que alzo el rostro para ver a Persefone sonriéndole amigablemente, como si fuese otra diosa la que estuviera frente a ella y no la orgullosa, soberbia y taciturna diosa que regia junto a Hades en el inframundo. – Ven, levántate y desayuna conmigo, hoy todo esta delicioso y es que lo he preparado yo. – Rio.

-¿Señora? – Pandora dudo de lo que acababa de escuchar.

-Ven Pandora no es nada del otro mundo que un dios cocine. –

-Me disculpara, pero sí lo es. – Pandora aprecio cada manjar colocado sobre la mesa, ciertamente la diosa Persefone no tenía nada que envidiarle a los cocineros más culinarios de la tierra. Diversos platillos preparados con diferentes tipos de frutas y carnes se encontraban confeccionados frente a ella, expidiendo un aroma suculento, que pronto cautivo todos sus sentidos. - ¿A qué se debe la ocasión?

-El día es hermoso como para estar encerradas en el castillo de tu familia Pandora. – Persefone sorbió jovialmente la taza frente a ella, que continua un liquido ámbar que posiblemente fuera ambrosia. – Además has ayudado mucho a Hades y creo que nunca te lo agradecí, ni me disculpe contigo por la forma precipitada en la que te juzgue en el inframundo, así que mi forma de decir lo siento es con este rico desayuno, espero no te moleste compartirlo conmigo.

Pandora abrió los ojos como platos a medida que se sentaba frente a la deidad, sin saber si estaba exactamente soñando o había muerto mientras dormía, pues el cambio de carácter de Persefone era diametralmente colosal al del día de ayer. De hecho parecía que el carácter y la jovialidad de la deidad cambiaba de acuerdo al lugar donde estaba; en el inframundo, donde los rayos solares, las plantas y los animales no podían vivir la pelirroja se veía melancólica, taciturna, consumida, rencorosa y más vieja de lo que era, pero ahora que habían vuelto a la superficie parecía completamente otra persona, como si los rayos del sol, hicieran los mismos efectos en ella, que en un girasol, como si adquiriese vida al rodearse de la naturaleza.

-¿Y bien? – Persefone miro intrigada a Pandora ya que esta no tomaba alimento, aunque también se estaba divirtiendo a costillas de la pelinegra, ya que está realmente se encontraba intrigada y confusa.

-Perdone. – Pandora despertó de su ensimismamiento y se sirvió un poco de aquel liquido ámbar en su taza y lo probó con cuidado, solo dándose cuenta que los dioses escondían grandes manjares para ellos y la ambrosia era uno de ellos. Se sirvió un poco de unas raras frutas o al menos eso creía que eran y las cuales estaban bañadas en un liquido acaramelado, que sin duda despertaron los sabores más exquisitos y exóticos que sus papilas gustativas habían probado.

-Creo que eres la primera humana en probar la comida que comemos los dioses. – Persefone sonrió ampliamente y cerró sus ojos con alegría. - ¿A que es delicioso?

-Nunca había probado algo tan bueno en mi vida. – Admitió, Persefone rio alegremente y ella también comenzó a comer. Por unos segundos ambas perduraron en silencio degustando cuando platillo esplendoroso estuviera frente a ellas.

-Y dime Pandora ¿Qué es lo que sientes por Radamanthys? – Persefone sonrió traviesamente como si fuera una cría y aquella no más que una charla entre amigas, poso su barbilla sobre su mano y miro insistentemente a la pelinegra, que estuvo a punto de atragantarse con la comida, lo que hizo reír aun mas a la deidad. –Creo que los dos son el uno para el otro, después de todo ambos son muy fieles.

Pandora sintió como la sangre le subió de golpe a las mejillas, las cuales se sonrojaron, mientras sentía como el bocado que unos segundos antes complacía sus glándulas salivales, amenazaba ahora con matarla, se golpeo un poco el pecho, mientras tocia.

-¿Mi señora? –

-Es solo una pregunta, está bien si no quieres contestarla. – Persefone borro su sonrisa al sentir como un cosmos se acercaba hacia el castillo y supo que Pandora también pudo percibirlo, pues su semblante nervioso y emocionado se torno serio.

-Hola Persefone. – Sobre las jardineras de la terraza apareció una hermosa mujer de ojos zafiro y cabello blanco, esta jugaba con su mano derecha con las flores de la jardinera, sus piernas estaban elegantemente cruzadas, haciendo que la figura de la reina de los titanes, se observara gloriosa y pronto el resplandor de un reflejo brillo en su mano izquierda donde Rea llevaba dos chuchillas.

-Rea. – Vocifero sorprendida y es que como era posible detectar el cosmos de la titanide hasta que la tenia frente a ella, muy seguro era por las dimensiones, por las que solían moverse los titanes y donde Críos había vencido a Hermes.

-Debiste continuar a nuestro lado Persefone. – La voz de Rea era melodiosa, aunque hablara su voz sonaba tan suave que parecía que entonaba una canción, pero la cual era frenada por el dejo de amenaza y sutileza que se escondía a la perfección. Los dedos de la mano derecha de la titanide acariciaban con suavidad los pétalos de las rosas que se encontraban en las jardineras. – Si hay algo que odiamos Persefone es la traición. – Rea presiono con fuerza una flor y esta comenzó a secarse y como si de una onda se tratase, todas las flores en derredor a esa rosa comenzaron a marchitarse al grado que sus pétalos, tallos y hojas se redujeron a cenizas.

Rea se levanto del lugar donde segundos antes estaba sentada sin embargo sus pies no tocaron el suelo, permaneció flotando unos centímetros, negando al suelo el placer de que sus plantas de sus pies le tocaron y tomo una cuchilla con cada mano, las cuales giro ágilmente en el aire, para demostrar la perfección con las que la manipulaba.

-¿Sabes? El que traicionaras a los dioses y después a nosotros, no solo te hace un ser en el cual no se pueda confiar, si no que te ha dejado completamente sola. – Rea sonrió maliciosamente. – Tu esposo, esta sellado. Tu padre, esta sellado. Tu madre y tus hermanos, te odian. Y nosotros, te odiamos. Te has aislado tu sola.

-¡Te equivocas! – Pandora se coloco entre Persefone y Rea y amenazo con su tridente a la titanide, la cual sonrió con fastidio.

-¿Una mortal? – Rea se burlo.- Eso es todo lo que te queda. Qué triste vida.

El sol le dio de golpe en el rostro el cual se colaba por entre el gran ventanal de su cuarto, las cortinas se movían revoloteadas por el aire que se filtraba entre las grandes columnas de su habitación, se removió patosamente en la cama y abrió lentamente los ojos para observar el cuerpo desnudo de la pelirroja, el cual se delineaba perfectamente con la sabana que la cubría, sus largos cabellos pelirrojos se encontraban dispersos en torno a ella y brillaban de un tono anaranjado con el reflejo del sol, su piel blanquecina se veía un poco sonrojada aún y su rostro se veía tan tranquilo que a pesar de tener ganas de acariciarla y besarla prefirió continuar viéndola en silencio sin inoportunar su sueño.

Se levanto y se dirigió al baño para ducharse, conteniendo las ganas que tenia de llevar a la pelirroja a bañarse junto a él, el baño le hizo pensar en lo rápido que sucedieron las cosas entre él y Scatha después de todo, la relación de ambos se basaba en el deseo y en la rara unión de compartir un pasado ligado a Ares. Pero sonrió al sentir que aunque no supiera expresarlo bien en palabras algo más le unía a la pelirroja. No sabía exactamente qué era lo que le llamaba la atención en ella si su independencia, la malicia y orgullo con el que se expresaba siempre, respondiendo rebeldemente a todo o si era la nueva faceta tímida y sensible que solo le había mostrado a él.

Se baño rápidamente, al tiempo que se percataba que Kanon no había pasado la noche en géminis, pues nunca había sentido que el cosmos de su hermano menor regresara a la tercera casa, así que tal vez su hermanito hubiera pasado la noche fuera con los generales o bien con la sirena de la cual Kanon estaba estúpidamente enamorado, aunque lo negara.

Saga salió del baño con una toalla amarrada a su cintura, mientras el vapor de la ducha le seguía tras él. Miro a Scatha con los ojos celestes abiertos y fijos en el, mirándolo felinamente, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa seductora.

-Buenos días. – Le dijo, ella se estiro como si fuese un gato y se sentó en la cama, mientras tomaba a la cobija como una toalla y cubría su desnudez.

-Buenos días, Saga. – Scatha se incorporo lentamente mientras Saga se acercaba a ella para quedar a su nivel. – Te has bañado con el agua hirviendo. – Noto la berserkers por la cantidad de vapor que aun continuaba saliendo del baño.

-Ya sabes que me gusta jugar con fuego. – Contesto él, mientras se agachaba y le daba un beso en los labios, este no fue intenso como los que se habían propiciado la noche pasada, pero no tenía nada que envidiar en sentimientos a los anteriores. -Te has levantado temprano.

-Estuve escuchando que te bañabas. – Scatha se desprendió de la sabana que cubría su cuerpo, mostrándole su desnudez y un escultural cuerpo a Saga, que no se reprimió en devorarla con la mirada, la pelirroja se dirigió al baño, mientras Saga resistía el impulso de ir tras ella.

La escocesa se baño velozmente y se vistió de igual forma, como si de pronto hubiera recordado que tenia mil cosas que hacer, Saga la contemplo en silencio recargado en la pared, cada uno de sus movimientos.

-Ya debo irme. – Espeto ella.

-¿Podrías quedarte a desayunar? – Ofreció educadamente el caballero.

-Ya nos quedo claro ayer, que no eres muy diestro en ello. – Scatha paso provocativamente a su lado, mientras él le concedía eso punto. Saga le acompaño hasta la sala principal de géminis y la miro tomar su espada y cernírsela a la cintura. – Me tengo que ir Saga. – Scatha se acerco nerviosa hacia el geminiano y poso sus manos blanquecinas sobre su pecho. –Adiós. – Se paró de puntitas para besarlo cálidamente, mientras el gemelo seguía el ritmo acorde de los labios de ella.

Cuando se separaron fue porque ambos necesitaban respirar, el leve sonrojo de las mejillas de la escocesa resalto mucho más su mirada azul y la ligera sonrisa burlona en su rostro, ella se dio la vuelta sin más y comenzó a descender los escalones que llevaban hacia Tauro.

Permaneció una hora o más dentro de la casa de géminis, sentado en el suelo, con su espalda recada en una de las pilastras de mármol, con su vista clavada en las dos armaduras doradas de géminis que reposaban fuera de su caja de pandora, pensando en Scatha y lo que había pasado anoche, sin duda había algo de familiaridad en ella y supuso que esto sería por el tiempo en que seguramente Ares utilizo su cuerpo para encontrarse con ella y darle órdenes precisas de cómo entrar al ejercito de la guerra y aunque él no recordara esos encuentros, la forma en que lo trataba la pelirroja era como si le conociera de toda la vida.

Se incorporo al sentir como el cosmos de Kanon comenzaba a movilizarse en dirección de las doce casas, así que se paro ágilmente y comenzó a bajar los escalones de forma apresurada para reencontrarse con su gemelo antes de que este iniciara a subir los doce templos.

No sabía si estaba enamorado o no de la pelirroja, aunque realmente no podía dejar de pensar en ella y preocuparse por su bienestar, así que supuso que esos sentimientos que la oji azul había despertado en él, tal vez era el principio de algo muy parecido al estar enamorado, después de todo nunca había sentido tanto interés por una chica. Aunque ciertamente algo de su despedida tan abrupta con ella no dejaba de intrigarlo, como si en ese "Adiós" de la pelirroja hubiese algo más escondido.

En tauro encontró a Aldebarán sentado en el suelo, explicándole tranquilamente a su alumno todas las constelaciones, las cuales estaban marcadas en una largo pergamino que estaba disperso por el suelo, le saludo cortésmente pero se fugo antes de interrumpirlo, continuando con su descenso.

Cuando entro en Aries sintió el cosmos de Mu y Kanon en la sala de batallas del primer templo, así que se dirigió hacia allá, no sin antes elevar su cosmos para pedirle permiso al primer guardián del zodiaco de invadir su casa, a lo que Mu correspondió con un pequeña elevación del mismo. Cuando se adentro a la profunda sombra que generaba la primera casa, a penas su vista se acostumbro a la oscuridad distinguió la silueta de su gemelo y la del lemuriano.

-Buenos días hermanito. – Menciono burlonamente Kanon, mientras le escrudiñaba con la mirada.

-Buenos días. – Contesto malhumoradamente. Mientras Mu le respondía educadamente.

-¿Estas enojado Saga? – Kanon amplió su sonrisa y le miro descaradamente. – Yo pensé que habías dormido muy bien anoche.

-¿Tienes tiempo libre Kanon? - Saga no siguió las intrigas de su hermano, muy al contrario le ignoro olímpicamente y permaneció tranquilo y serio a sus provocaciones, lo cual molesto ligeramente al menor de los gemelos al verse repelido por su hermano mayor.

-Sí. ¿Por qué? –

-Bien, en ese caso necesito que me acompañes. – Saga miro a Mu que permanecía divertido mirándolos a ambos, sin comprender la comunicación que tenían los gemelos con tan solo su mirada, pero se fascinaba con estudiar los rasgos y expresiones de sus rostros. – Disculpa las molestias que mi hermano siempre te causa Mu.

-No hay ninguna molestia. – Refuto el lemuriano cortésmente.

-No tienes por qué mentir Mu, yo conozco lo fastidioso que puede ser mi "hermanito" – Kanon estuvo a punto de responder algo pero Saga salió apresuradamente del templo, sin darle a su hermano el tiempo para objetar, ni mucho menos para preguntarle de que se trataba todo aquel embrollo.

-¡Saga! – Le escucho gritar, cuando el comenzaba a bajar los escalones de Aries, sonrió divertido y sin embargo no se detuvo, siguió caminando, lo que obligo a su hermano a correr para alcanzarlo. - ¿Por qué si me escuchas no te paras? – Le riño.

- Perdón ¿Decías algo? – Saga miro sínicamente a su hermano, pero no se detuvo siguió avanzando, sin ni siquiera esperarlo, miro a Kanon detenerse fingiendo que no le seguiría, si no le decía de que iba todo aquello, pero la indiferencia que mostro el mayor, exaspero al menor de los géminis, que miro curioso cómo se alejaba su hermano.

-Saga quiere que lo siga, pero no voy a hacerlo, no caeré en su trampa. – Kanon se dejo caer sobre una piedra, sentándose y mirando con indiferencia a donde había ido su hermano, mientras veía como este se alejaba sin detenerse y comenzaba a perdérsele de vista. – Es un idiota. – Cuando le perdió por completo de vista, sintió la intriga aumento más pues Saga disminuyo considerablemente su cosmos al grado que dejo de percibir su presencia. – Un idiota que quiere atraer mi atención.

-¡Explosión de galaxias! – El estruendo y la luz dorada tras él, le alertaron, brinco hacia el frente dando una vuelta en el aire, para quedar de frente a la técnica de su hermano sin comprender el porqué Saga le acababa de atacar. Miro la gloriosa y potente explosión de galaxias de Saga la cual no se había limitado en poder, incluso de alcanzarlo sufriría graves heridas, así que movió ágilmente una de sus manos y abrió tras él la otra dimensión en la cual se adentro para protegerse del impacto.

Saga sonrió de medio lado ante la ágil defensa de su hermano y su veloz forma en la que había actuado, su ataque se estrello de lleno contra un montículo de piedras, que termino por destruirse y carbonizarse por su cosmos, elevando una gran nube de humo y tierra, la cual fue disipándose lentamente, a medida que podía distinguir la silueta de su hermano.

-¡Se puede saber ¿Qué diablos te pasa?! – Gruño Kanon, empuñando su mano. – Pudiste golpearme.

-Nunca bajas por completo la guardia. – Saga sonrió confiado a su hermano y es que era cierto, Kanon había vivido amenazado durante toda su vida, por lo que se le había hecho un habito estar alerta, incluso el no se daba cuenta de ello, debido a que un instinto de supervivencia se había vuelto algo totalmente natural en él.

-¿Cómo quieres que baje la guardia? Si te tengo a ti como hermano. – Bufo molesto elevando su cosmos. - ¿Vas a decirme que jodidos te pasa? O te juro Saga que te lo sacare a golpes.

-Eso quisiera verlo. – Saga realmente se estaba divirtiendo a expensas de su hermano menor, que comenzaba a frustrarse al no entenderlo. – Pero no te he traído para ello.

-Saga me estas sacando de quicio. – Siseo amenazante Kanon.

-¿Tienes idea de cómo derrote a Ares? – Saga no espero respuesta de su hermano menor y continuo mientras acortaba tranquilamente la distancia con su gemelo, que le escrudiñaba con la mirada con precaución. – Ares ya conocía la otra dimensión y la explosión de galaxias, era imposible que le atacase con estas técnicas.

-Se que usaste la daga dorada. – Acoto Kanon.

-Así es, pero también use técnicas descritas en los antiguos pergaminos que se encontraban en Star hill, técnicas que pertenecían a los pasados caballeros de géminis. – Saga se acerco a su hermano, mientras generaba una esfera de cosmos dorado en su mano.- Y como tu hermano y caballero es mi obligación compartirlas contigo, puesto que tú también eres caballero dorado de géminis.

-Saga… - Suspiro quedamente Kanon, había pocas ocasiones que alguien lo dejaba callado pero Saga acababa de dejarlo sin una palabra y había despertado muchos sentimientos encontrados en su interior, puesto que aquella sería la primera vez que entrenaría con Saga como su igual, sin necesidad de mirar desde las sombras y esconderse, si no, como Kanon de géminis.

El resonar metálico resonó por todo el lugar como si un rayo acabase de golpear directamente el suelo, la edificación por completo retumbo y unas cuantas chispas se produjeron del roce de aquellas dos armas.

-Eres diestro con la espada. – Reconoció Críos. – Pero a penas y estoy al 50% de mi capacidad, niño.

-No me impresionas en absoluto. – Anteios lanzo una estocada al titán, el cual giro ágilmente su muñeca e hizo que ambas armas se impactasen, la una con la otra.

-Eso es bueno niño, considerando que soy el mejor espadachín y poseo la espada más fuerte y resistente. – Críos empujo su espada contra la de Anteios, obligando que esta retrocediera al grado de casi rasgar su rostro. – tú y todos los dioses nos han subestimado.

-¿Subestimarlos? ¿Acaso ya no hemos derrotado a la mayoría de tu familia? – Anteios se apoyo firmemente sobre sus pies y logro equilibrar las fuerzas entre él y el titán. El dios retrocedió para separar ambas armas y una vez que lo hizo, volvió al ataque con poderosos, gráciles y veloces estocadas que el titán detenía con una sonrisa ladina en su rostro.

-Eres aun muy joven e inexperto para ser mi oponente, tal vez tus hermanos serian mejores adversarios que tu. – Críos miro como Anteios le lanzaba una estocada, con el fin de puncionarlo con la punta, por lo que se agacho oportunamente, observando como el arma le pasaba a escasos centímetros del rostro, sus ojos se toparon por unos segundos, los de Críos mostrando una profundo gozo, mientras Anteios fruncía el ceño. El titán pateo ambas piernas del dios, derribándolo de bruces, Críos dejo caer su espada sobre él, pero Anteios rodo por el suelo, esquivando el golpe. – Bien, niño.

-Deja de llamarme así. – Gruño Anteios enfadado.

-No voy a llamarte, ni a reconocerte como un digno rival para mi, niño. – Críos se incorporo de un salto y volvió al ataque, Anteios aun en el suelo, detuvo con su espada el arma enemiga que se acerco peligrosamente a su cuello, sin embargo lanzo una patada al abdomen del titán, obligándolo a retroceder.

-Te estás exasperando, niño. – Críos sonrió divertido, aún ningún dios había probado toda su fuerza y vaya que iba a disfrutar entretenerse con el hijo de Ares, si bien todos los hijos del dios de la guerra conocían del uso de armas, ninguno de estos tenía tanta destreza e inteligencia como su padre, así que supuso que el dios del desamor no representaría una gran reto.

-Te equivocas.. – Anteios elevo su cosmos a su alrededor, al tiempo que liberaba parte de sus poderes como dios del desamor. Formo una esfera de cosmos en su mano derecha y corrió hacia él titán.

-Muéstrame que me equivoco entonces. – Críos lanzo una estocada a la mano del dios que de repente pareció predecir su movimiento y se giro escasos centímetros, continuando con su trayectoria, el titán se recobro rápidamente de su sorpresa, volviendo a girar su espada en el aire para tratar de clavarla en el hombro del dios, pero Anteios detuvo el golpe con su espada, mientras lanzaba su esfera de cosmos al titán con su mano derecha. Críos retrocedió rápidamente y blandió su espada de forma lateral, haciendo que el orbe de energía de Anteios golpease contra el filo de su espada y saliera expedido hacia una de las grandes columnas, la cual se resquebrajo.

-No te distraigas. –Anteios lanzo una estocada que le fue imposible a Críos detener, pero el titán por muy poco alcanzo a esquivar el golpe directo, sin embargo no salió ileso, por su brazo izquierdo comenzó a caer unas gotitas de sangre que pronto se transformaron en un hilillo escarlata.

Críos aprovecho la oportunidad que le dio el haber recibido ese corte y lanzo su espada contra la espalda de Anteios logrando que esta se incrustara en el costado del dios, el titán recargo ágilmente su pie en el costado del dios, en un movimiento veloz y natural, que lo impulso para poder sacar su espada, al tiempo que daba un giro horizontal en el aire, convirtiendo la herida de un corte lineal y profundo a una circunferencia que rasgo todos los tejidos. El cuerpo de Anteios fue directamente a impactarse contra el suelo el cual se resquebrajo y abrió a su paso, mientras se arrastraba por este mismo por la fuerza con que Críos le pateo.

Críos tomo parte de sus ropas y limpio la sangre que resbalaba por el filo de su hoja. – ¿Acaso creíste que no me di cuenta?

-¿A qué te refieres? – Anteios trato de incorporarse pero la oleada de dolor que le recorrió por toda la espalda le hizo volver a caer, Críos no solo había contraatacado de forma natural, como si aquella batalla solo fuera una danza de espadas para él.

-Pudiste contrarrestar mis primeros golpes porque leíste mis pensamientos por la capacidad que tienes para ver en el interior de una persona, pero debes entender que un espadachín con tanta experiencia como yo, no necesitamos de pensar los movimientos de forma metódica y calculada, no; estos suelen ser espontáneos, aprovechando las circunstancias de un ataque erróneo e impreciso. – Críos se acerco a Anteios y le apunto por detrás con su espada, recargando la punta de esta en la parte posterior de su cuello. –Supongo que este es el fin.

-¿Cómo lo supiste? – Anteios se medio incorporo con sus manos, mirando fijamente su espada a un lado, mientras sentía la presión de la espada de Críos tras su nuca.

-Nadie me produce un corte tan fácilmente. – Críos sonrió victorioso y antes de que Anteios intentase algo, piso con fuerza la hoja de la espada de Ares, impidiendo de esta forma, que el dios la levantara de nuevo para protegerse.

Anteios elevo su cosmos lo sufriente para tratar de ver que era lo que Críos estaba sintiendo y pensando y todo comenzó a esclarecerse ante él, Críos trataría de degollarlo a penas intentase levantar la espada, así que sonrió ligeramente, ese estúpido titán había utilizado tanto tiempo esa espada que se limitaba a usarla únicamente, sin esperar un ataque de cosmos.

-Debí de ser un poco menos obvio. – Anteios rodo hacia el frente quitando el filo de la espada de Críos de su nuca, una vez que salió del Angulo de ataque del titán, creo una esfera de cosmos y la lanzo a la mano que sostenía la espada, dándole con éxito y produciendo que un sonido metálico resonara por toda la estancia, cuando esta cayó al suelo. – Pero es muy raro que alguien actué sin premeditarlo antes.

-Va a ser todo un reto vencerte, mocoso. – Críos miro como su mano derecha parecía quemada por el cosmos del dios, así que elevo su cosmos por primera vez en ese combate para que sanara. – Realmente voy a divertirme venciéndote, aunque no representas un reto realmente. – Críos extendió su mano hacia un lado mientras un halo azabache le rodeaba como si se tratase de una flama del infierno, la cual también envolvió a su espada, que se recubrió de un aura de la misma tonalidad, la cual provoco que se elevase y flotara en el aire en dirección a él, Críos le tomo por el mango y le miro socarronamente. – Veamos por cuánto tiempo te ayuda el leer mis pensamientos.

Los tres se encontraban dentro de aquella cabaña, escondida en las profundidades del bosque del santuario ateniense, se erguía esa pequeña edificación hogareña, la cual la diosa de la luna había aceptado como el recinto donde ella se hospedaría junto con sus ángeles desde el inicio de la guerra y si bien no era un lugar enorme, como suponía un santuario o un templo, era bastante grande para los cuatro y más ahora que la diosa de la luna había sido sellada por Rea.

Odysseus se encontraba recargado con su codo en la ventana, por la cual observaba hacia el exterior, teniendo la vista fija en los arboles que aportaban una relajante sombra a la cabaña y que permitían que algunos rayos solares se filtraran por los espacios que dejaban libres las hojas de las copas de los arboles, aunque el ángel estuviera observando ese paisaje tranquilizador, realmente no le estaba prestando atención.

Icaro se encontraba recostado sobre un sillón con el rostro oculto entre el hueco de su codo, sin moverse al grado que parecía estar dormido profundamente y es que la sensación que la ausencia de su diosa había producido era completamente de un vacio y desolación.

Por su parte Thesseus estaba sentando en una silla del comedor con la vista fija en la puerta, como si esperase que esta fuese a abrirse mostrando la imponente y tranquilizadora figura de su diosa, aunque al igual que sus compañeros tenia la mirada perdida, parpadeo un par de veces y luego miro a sus dos compañeros que llevaban aproximadamente una hora en sus posiciones, completamente decaídos.

-¿Qué se supone que hagamos ahora? – Suspiro con resignación. Se suponía que estaban ahí para pelear por Artemisa, no por Athena y ahora que su diosa había sido sellada, no tenían un motivo realmente por el cual ayudar a la diosa de la sabiduría, ni por el cual pelear. Por unos segundos pensó que sus camaradas no le habían escuchado o bien le habían ignorado, pues ninguno de ellos respondió o se movió.

-¿Qué se supone que ella hubiese querido, que nosotros dos hiciéramos Thesseus? – Odysseus claramente excluyo a Touma de la conversación después de todo antes de que su diosa fuese sellada habían dejado muy en claro que era lo que deseaba para el pelirrojo.

-Dirás que vamos a hacer. –Icaro se quito el brazo de la cara y giro su rostro hacia el pelinegro. – Aún somos un equipo.

-No, ya no. – Esta vez fue el rubio quien intervino. – Nuestra diosa cambio mucho desde que se relaciono con la diosa Athena, nos apoyo, reconforto y reconoció el sacrificio que hemos hecho por ella en cada batalla, sin embargo fue muy clara lo que quería respecto a ti Icaro. No eres como Odysseus y yo, eres humano y no tiene nada de malo serlo. – Aclaro. – Pero no me equivoco al decir que nosotros pensamos igual que la diosa, eres humano y debes vivir como tal, tienes que coexistir entre los tuyos y experimentar cada sentimiento y emoción humana, esas cosas no se encuentran en el Olimpo.

-¿Ustedes lo sabían? – Icaro se sentó bruscamente en el sillón y escrudiño con la mirada a sus compañeros, si bien en muchas ocasiones en sus rostros no existía expresión alguna, podía saber sus emociones por la forma en que le miraban, pero en esta ocasión ambos asintieron en silencio. -¡¿Por qué no lo entienden?! – Se exaspero, se irguió bruscamente y golpeo la mesa frente a él con el puño cerrado. -¡Porque no comprenden que yo deseo luchar por la diosa Artemisa! ¡Me he esforzado tanto para defenderla como ustedes! ¡He dedicado mi vida a ello!

-Icaro. – Odysseus suavizo su mirada y se acerco a sus compañeros. – Tu vida no tienes porque dedicarla a un lugar al que no perteneces, te estás privando de muchas cosas que son vitales para los humanos.

-¿Es por Marín? – Ambos celestiales intercambiaron una rápida mirada entre ellos y luego vieron al más joven, sin responder a su pregunta. - ¿Es que acaso que no lo entienden? Yo he encontrado todo lo que he deseado en el Olimpo. Sé que Marín es mi hermana, pero yo les aprecio a ustedes dos… como mis hermanos.

-Entiende Icaro, para nosotros es muy difícil ver que estas desperdiciando tu vida, lejos de los tuyos. – Thesseus bajo la mirada, sin poder expresar que también consideraba al pelirrojo como un hermano menor.

-Debes vivir como humano. – Odysseus volvió a mirar hacia la ventana, sin atreverse a mirar los ojos enrojecidos de Touma.

El pelirrojo agacho la mirada escondiendo sus orbes azules tras el flequillo naranja, mientras apretaba los dientes con fuerza y golpeaba más quedamente la mesa de madera ante la impotencia que sentía. ¿Acaso no era lo suficiente para coexistir con ellos? ¿O realmente ellos no sentían ningún compañerismo hacia él? Habían estado en las mismas misiones, habían enfrentado a los mismos enemigos, habían coexistido, entrenado y luchado junto.

-Ya la perdí a ella… - Una gruesa lagrima se perfilo por la punta de la nariz de Icaro y cayó a la mesa humedeciendo la madera, Thesseus y Odysseus se miraron sorprendidos de ver llorar por primera vez a su compañero, esa era la muestra más clara del dolor que llevaba Icaro en su corazón. – Ya he perdido a muchas personas en mi vida, no quiero perder a mis únicos amigos.

Icaro. – Odysseus se acerco al pelirrojo y deposito su mano sobre su hombro. – Nosotros lo único que queremos es que vivas en paz, como humano.

-Nosotros los humanos somos capaces de elegir nuestro destino, yo ya he escogido el mío y ni lo que digan ustedes o nuestra diosa Artemisa me hará cambiar de parecer. – Icaro se limpio las lágrimas de impotencia y miro a sus compañeros. – Nunca he vivido como humano, que se supone que regrese a la tierra a vivir con Marín, simplemente no puedo, me crie en los calabozos del monte Olimpo, ustedes dos fueron mis únicos amigos y son como mis hermanos mayores, aun recuerdo cuando Thesseus me enseño a controlar mi cosmos y tu Odysseus me ayudaste a perfeccionar mis técnicas, se que tratan de no sentir nada, porque así les han educado, pero al menos no deben fingir conmigo que no tenemos ningún lazo que nos una. – Icaro clavo sus ojos azules sobre ambos ángeles.

-El querer que vivas como humano es tu mejor elección, pero si tú decides otro camino, nosotros no podemos obligarte a ello. – El pelinegro le soltó el hombro y enfrento con sus ojos azabaches los azules de Thesseus que le miraba reprobatoriamente por su último comentario. – El único don otorgado por los dioses a los humanos es su libertad a elegir, si el ya escogió su camino, nosotros tenemos que respetarlo y yo le apoyo en ello, Thesseus.

-Pero lo que nuestra diosa Artemisa deseaba… -

-Icaro es uno de nosotros y tiene razón, tal vez soy egoísta al permitirle que se quede con nosotros pero para mí, él es como un hermano menor y no le voy a dejar solo cuando más nos necesita. – Odysseus miro determinantemente a su compañero rubio quien le sostuvo la mirada.

-Odysseus… - Icaro miro como el pelinegro que rara vez mostraba sus sentimientos sonrió muy levemente hacia él.

-¿Icaro sabes las consecuencias de tu decisión? – Thesseus suspiro pesadamente y observo detenidamente a su compañero, al verlo asentir, volvió a suspirar.

-Entonces volvemos al punto de partida ¿Qué haremos? – Icaro se puso serio y miro a sus dos compañeros, pero pronto vio a Odysseus sacarse una bolsita negra del cinturón, la cual aventó con desprecio sobre la mesa, esta se abrio ante el golpe y libero los dos largos y platinos colmillos de la serpiente.

-Vamos a regresarle su regalo a Rea en cuanto se le ocurra poner un pie en este santuario. – Odysseus se recargo en la ventana de nuevo y se cruzo de brazos, mientras volvía su vista hacia el bosque.

Scatha agradeció enormemente que Saga no comprendiera en totalidad sus acciones, ni mucho menos sus palabras, después de todo ella no era muy grata a las despedidas, pues estas siempre le dejaban un sentimiento de pérdida y vacio impresionante, que muy pocas veces podía contrarrestar y menos ahora que comenzaba a sentir algo por Saga.

Cuando ella le dijo que tenía que irse, no era precisamente de géminis, no, ella pensaba ir tras su hermana, fuese a donde fuese que se hubiera marchado, iba a ir tras ella, porque sabía Aldana odiaba pelear.

Camino a zancadas todo el trayecto, pensando únicamente en su hermana. Desde que habían sido adolescentes Aldana le había dicho lo mucho que odiaba el lastimar a las personas y el gran remordimiento que le causaba el matar, aunque en ese momento se alzaba como una de las mejores guerreras del campamento de la guerra y era su principal rival para competir por el puesto de subcomandante del ejercito, pero apenas se entero que podía desviar su camino hacia los sanatorios del ejercito, Aldana se retiro evitando de esa forma no solo enfrentarse a ella y darle a Ares uno de los mejores espectáculos cruentos, sino que también le dejo el camino libre para hacerse del poder del ejercito de Ares solo por debajo de Cesar.

Aldana por si sola había detenido su carrera en la plenitud del desarrollo de sus habilidades y poderes, no solo era súper diestra con el arco, ya que este le permitía lanzar desde una simple flecha hasta combinar sus poderes con ella, su habilidad con la espada no era mala y no le envidiaba a nadie el uso de la lanza, en cuanto a sus poderes, la defensiva de Aldana era extraordinaria, sus escudos no solo detenían grandes ataques a gran escala si no le permitían oculta su cosmos, el dominio del fuego y la lava eran envidiables, sus técnica de teletransportacion aunque limitadas eran eficientes, la habilidad para sanar y curar eran los mejores del campamento de la guerra en ese momento y tal vez durante muchas generaciones y aun su poder de controlar la destrucción y convertir todo en cenizas, la hacia la mejor del ejercito, únicamente siendo superada por Cesar, no por ello a pesar de haberse retirado al sanatorio, seguía siendo la mano derecha de ella y Cesar. Era cierto que Aldana odiaba la guerra, pero sin duda estaba dotada para ella.

Cuando llego a la pequeña cabaña donde podía sentir el cosmos de Ares se quedo mirándola fijamente como si al abrir la puerta de esta fuera a encontrarse al mismo dios, aunque de sobra sabia que el dios de la guerra estaba sellado por Athena. Sabía que Aldana odiaba profundamente a Ares, muy al contrario de ella, no podía declararse completamente enemiga de su dios, pues en el fondo había llegado a comprender el motivo por el cual el dios de la guerra era así.

Entro impulsivamente a la cabaña abriendo la puerta de golpe, sorprendiéndose de encontrar a una joven frente a ella que llevaba un florero en las manos, Scatha desenvaino ágilmente su espada y la coloco amenazadoramente en el cuello de la joven, la cual había comprendido sus intenciones y se había colocado en ella y el cofre.

-¿Qué haces? – Inquirió Zahra.

-Eso no es de tu incumbencia, apártate a un lado. – Gruño Scatha, sintiendo como el cuello de la joven ponía resistencia al metal de su espada.

-Piensas liberarle. – Afirmo Zahra, que no se movió ni un centímetro a pesar del miedo que le provocaba tener una espada a escasa distancia de su cuello y más aquella determinación en el rostro de la pelirroja, la cual rápidamente le ayudo a identificarla como una berserkers.

-No. – Scatha bajo su espada y recorrió la distancia que le separaba del cofre, pasando al lado de Zahra que no reacciono a causa del miedo, ya que su cuerpo se encontraba paralizado por este. La pelirroja paso detenidamente sus dedos por todo el borde del cofre el cual brillo con una luz escarlata reconociendo a la guerrera. – Ares. –

-Mi fiel Scatha. – Resonó la voz del dios en su mente, la cual sonó burlona. – Sabía que tarde o temprano acudirías a mí.

-¿Qué es lo que piensas hacer? – Interrumpió una voz demandante, que no fue la tímida y dulce voz de Zahra la que le cuestiono si no una más demandante, miro sobre su hombro a la joven Saori Kido la cual llevaba en su mano a Nike. – Ya una vez te di una oportunidad de presentarte ante mí, a pesar de lo peligrosa que podías ser y de las consecuencias que ello atraería y me fallaste. ¿Qué estás haciendo ahora? ¿Pretendes liberarlo?

Scatha apretó la quijada al sentir el directo reclamo de la diosa de la sabiduría, tenso sus dedos sobre la parte superior del cofre y no pudo reprimir una risa forzada que abandono su garganta. Guardo la espada indicándole a Athena que no planeaba atacarla a ella o a la doncella que se encontraba a sus espaldas.

-¿Qué te falle? ¿Es acaso un reclamo? – Scatha se volvió lentamente, mientras su cosmos buscaba obtener una respuesta de la energía sellada del dios. – Tienes razón al decir, que no soy nadie para haberte solicitado una audiencia ante tu gloriosa presencia y lamento todas las incomodidades que te cause por ello, realmente no quería atraerte tantas consecuencias. – Scatha sintió como la ira comenzó a apoderarse de ella, pero esta vez no era la de un berserkers, si no la suya. – Fue un terrible error el venir aquí a rogar tu clemencia y ayuda.

-Desde que llegaste aquí te hemos recibido con hospitalidad, no sé porque… - Athena no pudo terminar de hablar cuando Scatha rompió su corto silencio y se rio.

-¿Por qué estoy así? Déjame explicarte Athena, que fuera de este santuario y de las villas que le rodean ahí un mundo, un mundo lleno de personas que sucumbimos a los deseos de otros dioses, ante tu falta de atención. ¿O de donde crees que venimos los berserkers, los espectros o los marinos? ¿De Marte? ¡Nosotros también somos humanos! ¡No… No tengo nada que agradecerte a ti u a otro dios por los esplendorosos favores que me han otorgado! ¡Porque realmente no me han hecho ninguno! ¡Te dices ser la diosa de la tierra y que estas a favor de los humanos, pero nunca te vi, nunca me protegiste de Ares, ni salvaste a mis padres, hermanos y a mi pueblo de mi! ¡Te has mantenido ausente durante toda mi vida! ¡Te estoy tan agradecida de que hayas salvado a la tierra de Hades! – Scatha estaba que centellaba furia, sus manos estaban cerradas ante la impotencia de ese momento y sus ojos estaban clavos en la diosa, por la cual no sentía ningún respeto. - ¡Cuando yo y mi hermana nos hundíamos en la oscuridad del poder de Ares! ¿Sabes porque llegue a llevarme tan bien con él? Porque compartíamos algo en común: A los dos nos habían abandonado los dioses.

La pelirroja estaba tremendamente agitada, su respiración estaba acelerada y estaba tremendamente parida, sintiendo que en cualquier momento su corazón saldría desbocado de su pecho, sus ojos zarcos se enfrentaban a los de Athena con rebeldía, la cual se había puesto seria y le miraba reprobatoriamente.

Athena no supo que responder a los reclamos de la joven, sabía que tenia razón después de todo, las hermanas nunca habían recibido su apoyo y no porque ella no quisiera dárselo, si no que Ares tenía tan perfectamente controlado a su ejército que le era imposible detectarlo una vez que los ponía bajo su control y lo que hacía imposible ayudarlos.

-No es mi culpa que Ares te halla controlado. – Empezó pero Scatha se volvió a exaltar.

-¿Entonces dónde estabas? ¡¿Dónde estabas cuando me vi obligada a matar por primera vez y luego una y otra vez?! ¡¿Dónde estabas cuando me vi siendo convertida en una máquina de guerra, que siempre tenía que matar a su oponente para poder sobrevivir?! ¿Dónde estabas cuando suplique por piedad? – Scatha parpadeo con fuerza mientras las lágrimas de impotencia caían por sus mejillas y por primera vez en años desahogo su sufrimiento.

-Es injusto que me hagas responsable de los crímenes de Ares. – Se justifico, pero parecía que realmente nada de lo que dijera sería realmente escuchado por la pelirroja. – Lamento mucho por lo que has pasado y la ausencia de mi presencia, sin embargo acudiendo a quien te encadeno a una vida de sufrimiento no lograras nada.

-Tienes razón. – Scatha aún iracunda se paro frente a ella, la pelirroja se limpio con el dorso de las manos las lagrimas y trato de hablar con la voz entrecortada. - ¿Por qué he de esperar algo de los dioses que me dieron la espalda? – Scatha alzo el rostro enfurecida y se dirigió a la salida.

-Scatha. – La escocesa freno su avance y la miro de soslayo, esa era la primera vez que Athena recibía una mirada cargada de rencor y odio hacia ella, muy parecido a la forma en que sus caballeros miraban a Hades. - ¿Para que querías a Ares?

-Disculpe la forma en que me he comportado. – Scatha suspiro pesadamente, serenándose un poco, sin embargo no volteo a ver Athena. – No es su responsabilidad todo por lo que he pasado y tampoco tiene ninguna obligación por ayudarme. - Scatha miro el cielo azulado, mientras una ráfaga de viento cálido removía sus cabellos pelirrojos.

Athena miro a la pelirroja salir de la casa y a pesar del revuelco de emociones que había sentido ante esa joven insolente, supo que así como su odio hacia ella era injustificado, también tenia razón al tener recelo de todos los dioses, después de todo su fortuna siempre había sido manejada por ellos y de un forma no muy grata. Se debatió internamente el proporcionarle alguna ayuda a pesar de su comportamiento ante ella.

Por su parte Scatha se sintió arrepentida de gritarle a la diosa, no por las consecuencias que podría traerle, si no porque en parte había descargado su odio hacia un dios, que tal vez no le importaría, pero es que estaba tan cansada de los dioses, de ser vigilada y manipulada por ellos, que el simple hecho que Athena se presentase ante ella había sido la gota que había derramado el brazo y no había sido capaz de detener su furia.

-¡Scatha detente ahí! – La pelirroja freno sus pasos, pero no se volvió hacia Athena, por primera vez en su vida sentía que darle la espalda a los dioses para manipular su propia vida era el camino correcto. Athena llego hasta su lado y suspiro tratando de obtener toda la paciencia posible pues realmente la pelirroja le estaba sacando de quicio. – Dime ¿Qué piensas hacer?

-¿Por qué ha de interesarte? – Scatha miro de soslayo la ausencia de la marca de su muñeca, aunque en ese momento podía sentir la vibración del cosmos de Ares en su interior, llamándola.

-Porque quiero ayudarte. – Athena miro como la escocesa se sorprendió, pues sus ojos se abrieron expresivamente y cuando logro templarse la vio directamente a los ojos. – Creo que empezamos mal, me fue imposible estar en tu pasado, pero quiero apoyarte de ahora en adelante, no porque seas una guerrera, si no porque eres humana.

-Athena- Scatha la miro aun sin saber que decir. – Tú no tienes…

-Pero quiero hacerlo. – Le interrumpió. - ¿Estas preocupada por tu hermana cierto? – La vio asentir aun en silencio. – Pues bien, el dios Anteios ha partido junto con ella y un grupo de berserkers hacia el monte Otris. – Saori extendió su mano y apareció en esta la flecha con la que había casi herido a Hyperion y se la tendio a la pelirroja, que le miro consternada. – No puedo sentir el cosmos de Anteios, ni de los berserkers, muy seguramente por el cosmos de Cronos es quien me lo impide, no se ha que peligros estén expuestos en ese lugar, pero sin duda les vendrá muy bien tu ayuda y más si les llevas esto.

-Pero tú podrías necesitarla. – Susurro.

-Ve lo como una tregua entre nosotras. Además quiero que tu y los otros sobrevivan, para que puedan ser libres de la voluntad de nosotros los dioses. – Scatha tomo la flecha con su mano temblorosa, ante lo estúpida que se sentía por haber juzgado a la deidad demasiado pronto y haberle faltado el respeto de aquella forma. – Esta flecha fue bañada por el cosmos de otros dioses y ahora también del mío, lamento que no sea una espada, que te pueda ser más útil pero estoy segura que a tu hermana le servirá.

-Es perfecta. – Scatha se inclino hacia Athena en una humilde reverencia. – Porque yo también estoy adiestrada en el uso del arco, no poseo la misma habilidad de mi hermana, pero créame que aprovechare este gran regalo.

-Se que así será. – Athena miro amigablemente a la joven. Siempre que Ares había influido en un alma esta optaba en dos caminos; el odio como en el caso de Scatha o bien el remordimiento silente en el que Saga y Aldana se habían sumido. Pero gracias a Zeus los estragos de Ares podían causar en los humanos, un con confianza, bondad y paciencia podían remediarse.

Las estocadas y golpes de espada rechinaban por todo el recinto, realmente el dios del desamor era muy habilidoso en el manejo de la espada, lo cual le hacía ser un digno sucesor de Ares, sin embargo el titán a quien enfrentaba era diestro por naturaleza, su habilidad era excepcional al grado que dioses como Ares, Hades hubiesen tenido problemas para enfrentarle. Así que Anteios se vio en la posición de no solo usar la espada si no también el cosmos, pero cada vez que trataba de usar descargas de energía, inmisericordemente Críos atacaba a una velocidad más rápida a la de la luz, impidiendo lanzárselos, si Críos deseaba algo era que ese combate únicamente fuera con aquellos finos metales, que podían rasgar el aire tan limpiamente como podían producir un corte en la piel.

Fue entonces que los golpes de Anteios comenzaron a ser más precisos y metódicos, mientras los de Críos los ejercía con una naturalidad y espontaneidad, lo que provocaba que al dios le costara trabajo frenarlos, era como si aquel combate Críos lo conociera de memoria y lo fuera guiando únicamente a un funesto error.

-¿Tus hermanos son mejores espadachines que tú? – Inquirió Críos divertido, mientras colocaba su espada tras su espalda y sonreía socarronamente.

-Eso no es de tu incumbencia. – Anteios supo al instante que el hecho que Críos ocultase su espada tras él, seria porque haría un movimiento precavidamente planeado, así que encendió su cosmos para notar las verdaderas intenciones del titán y fue así que supo como debía atacarlo.

Se acerco a Críos con la intención de atacarlo de frente, esperando que este le atacara con su mano derecha, sin embargo a medida que su espada se acercaba al cuello del titán, noto como este hizo un cambio de su espada de su mano derecha a la mano izquierda tal y cual el había visualizado en el flujo de cosmos del titán, así que se agacho para esquivar el golpe tajante y extendió su brazo, clavando su espada en el muslo del titán.

-Ningún espadachín se aventura únicamente a la espontaneidad de sus técnicas. Aun me resulta muy sencillo ver a través de tus movimientos, los cuales planeas detenidamente. – Se burlo el dios, sacando su espada de golpe y logrando producirle un corte en el abdomen al titán que se llevo la mano a la herida, brincando hacia atrás para retirarse de la espada del dios

Críos en esta ocasión se quedo callado, volvió a mover su espada de su mano izquierda a la derecha y sonrió, ante el placer de encontrar a un buen espadachín con el cual medir sus técnicas. Se irguió completamente mientras su cosmos se encargaba de sanar las heridas.

-Es raro verte callado. – Continúo burlándose el dios.

-Cuando un combate se torna serio, lo mejor que puede hacerse por parte de sus contendientes es guardar silencio. – Críos dio un salto y dejo caer su espada con ferocidad sobre Anteios quien le detuvo de un espadazo logrando repeler la técnica del titán, giro ágilmente su su arma y golpeo el costado de Críos, quien cayó al suelo a causa del dolor.

-¡Críos ya basta de jugar! – Espeto una voz seria tras ellos. Anteios miro sobre su hombro y observo de pie a Cronos y al resto de sus hermanos, únicamente entre ellos faltaba Rea.

-Date prisa, tenemos que irnos. – Hyperion miro a su hermano que a estaba en el suelo, fingiendo un dolor que en realidad no sentía, ya que desde tiempos mitológicos la forma de combate de Críos era realmente calculada, siempre fingía ir perdiendo una batalla para ver la esperanza reflejada en los ojos de su oponente y cuando menos se lo esperaban, era cuando realmente su hermano reflejaba todo su poder e ilusamente Anteios ya había caído en su trampa.

-Después de que acabe contigo, iré tras ellos. – Refuto enfurecido Anteios.

-No creo que puedas ni siquiera levantar tu espada, para cuando acabe contigo. – Críos siseo peligrosamente, empuño su mano a su espada y se levanto en un movimiento ágil, esta vez Críos se quedo tranquilamente observándolo, como si estuviera estudiándolo, lo cual le permitió a Anteios ver que el titán esperaba que lo atacase de frente.

El dios del desamor lanzo una explosión de cosmos al titán con la intención de distraerlo y produciendo que Críos tuviese que utilizar su espada para detener el ataque, así que se teletransporto a un costado del dios para atacarlo lateralmente, pero en ese momento vio como se dibujaba una sutil sonrisa en los labios del titán. Críos le pateo la pantorrilla, obligándolo a caer de rodillas y le dio un codazo en el rostro, derribándolo al suelo y partiéndole el labio. Anteios se rodo por el suelo para evitar que la espada se encajase en su cráneo y se acuclillo mirando sorprendido al titán.

-Esto va a terminar pronto. – Críos se hecho la espada al hombro y miro perezosamente a sus hermanos.

-Maldito. – Anteios corrió directamente hacia Críos y ambos filos volvieron a enfrentarse de nuevo, pero esta vez Críos empujo con una brutalidad que no había utilizado antes repeliendo el ataque y obligándolo a retroceder unos pasos, lo cual el titán aprovecho para azotarle una patada en el estomago que le derribo.

-Me dejare de juegos y te matare. – Críos alzo su espada de nuevo, haciéndola retroceder para ganar velocidad y atravesar el corazón del dios que aun no se recuperaba del impacto, pero justo en ese momento del suelo brotaron unas gruesas raíces que se aferraron a su espada deteniéndolo.

-Ni siquiera lo intentes. – La suave pero firme voz de Afrodita resonó en el recinto, una brisa se coló entre aquellas grandes columnas, que arrastraron en sus ráfagas de aire un centenar de pétalos de rosas tras los cuales apareció la diosa del amor. Afrodita ya había permitido que le arrebataran a Deimos, Fobos y Ares, esta vez no iba a quedarse sin hacer nada, cuando su hijo menor enfrentase a los titanes él solo, así que había decidido seguirlo y observarlo entre las sombras para asegurarse que él estuviera a salvo.

-Críos déjate de juegos, nosotros nos adelantaremos al santuario, ha llegado el momento de concluir esto. – Críos asintió seriamente. – Encárgate de ellos y alcánzanos cuando termines. – El trió de hermanos desapareció tras un haz de luz escarlata dejando únicamente tras ellos un rastro de una bruma oscurecida. Críos chasqueo la lengua y miro a ambos dioses con severidad, sus hermanos lo necesitaban y era tiempo de dejarse de juegos.

-Afrodita, nos has ahorrado el tiempo de buscarte. – Críos cortó las raíces que sujetaban su espada y se puso esta con pereza sobre el hombro. – Cronos le prometió a Ares que no dañaría a tus hijos o a ti, ese fue el trato. Cronos ha cumplido su promesa, pero yo no estoy obligado a cumplir juramentos que no he hecho y lo que realmente deseo es haceros mucho daño…

Continuara…

Comentarios:

Jessi282445: Que bueno que te gusten las historias largas, espero pronto verte de nuevo por aquí y que te entretenga por mucho tiempo. Aunque dedo disculparme por no demostrar tal vez tanto el romance de SaorixSeiya, porque realmente no soy muy buena con ello, pero hago lo que puedo. Muchas gracias por tu comentario.

Anypoke: Muchas, muchas gracias por tu comentario y tú buena vibra. Quise darle un espacio en este capítulo para que apareciera Marín pero el largo no me alcanzo supongo que será en el siguiente. Pero pronto vendrá de nuevo el inicio de los combates en el santuario y lamentablemente tendrán que despedirse Aioria de Marín por si las dudas. Creo que te complací un poco de Seiya por Saori y respecto a la otra parejita pronto la tendremos de vuelta.

Darkmiss01: No te preocupes, lo importante es que leíste el capitulo y no te perdiste de nada. Qué bueno que te gustase la batalla de Hyperion y Shaka, realmente quiero resaltar la fuerza de Hyperion. Siempre he tratado de mostrar el lado humano de todos los guerreros, porque maquinas de matar muchas, pero no son seres sin sentimientos o pensamientos, así que me gusta expresarlos y tienes toda la razón, los espectros realmente disfrutan de lo que hacen y no se arrepienten o tienen remordimientos de su vida pasada, pero los berserkers al ser obligados a asesinar, anhelan el pasado y a quienes han dejado atrás. Y los cosmos de los dioses van de acuerdo al ambiente como dices, Hades y Ares fueron excluidos del resto de los olímpicos por sus habilidades digamos, se les despojo de un trato con sus iguales y era obvio que Persefone al estar en el inframundo comprendiera a su esposo, al igual sus guerreros. Me encanta tu forma analítica porque vez las letras chiquitas jajaja.

Así es Touma a elegido su camino y debe comprenderse que no es al lado de Marín, es como si Seika le pidiese a Seiya dejar a Athena, para cualquiera de los dos les resultaría imposible el hacerlo, pero de que Icaro agarro la onda con la conversación "amistosa" con Seiya y Aioria, lo hizo y pronto veras a los dos hermanos juntos. Aldana y Artemisa son mis mártires podría decirlo y son ellas o los dorados y pues mientras empieza la batalla final, serán ellas. Cronos se ha aprovechado de la fidelidad de sus hermanos y nuestro querido Hyperion lo ha notado y créemelo podrá perdonárselo pero no va a olvidarlo. En fin los errores se repiten uno tras otro, de generación en generación. Bien dicen quien no conoce su historia está condenado a repetirla.

Missa: Creo que la mayoría de historias juzgan demasiado a los otros dioses que no son Athena y Artemisa es uno de ellos, una diosa a la que tachan de orgullosa, caprichosas y sin ninguna otra función. Los dioses como los humanos ven y entienden lo que les rodean, lo cual les ayuda a evolucionar como individuos, aprendiendo de sus errores y sus pérdidas, como en el caso de Orión y Apolo. En pocas palabras siento que Artemisa aprendió de Athena, Apolo, Aldebarán, sus ángeles y de los demás para crecer como diosa, vio por primera vez a Athena como humana, apoyo a sus ángeles en sus batallas y forjo una relación con ellos, aprendió a preocuparse y forjar relaciones con otros humanos y trato de darles un futuro. Agradezco mucho y de mi humilde corazón tu comentario, de verdad gracias. Pero aunque Artemisa lleno corazones ha dejado desolados a sus ángeles, quienes buscaran venganza por ella.

MarianaMa: No por el momento Shaka sigue vivito y coleando, aunque digamos que la muerte puede que le tenga en su mira. Mis caballeritos son todos unos pillines, que te puedo decir. Aunque no te equivocaste al sentirlo como una despedida, porque Scatha no se iba a quedar de brazos cruzados, si Aldana se arriesga por ella, lo menos que puede hacer es el ayudarla. Mil gracias por leerme y tenerme la paciencia de verdad.

Artemiss90: Lamento que Scatha te robara a tu Saga, pero fue muy muy feliz en su momento, aunque no te garantizo que el sufrimiento acabe, digo soy la clase de personas que le gusta ver arder el mundo jajaja.

Atte: ddmanzanita.