Hola, antes que nada les agradezco mucho que continúen leyendo mi historia y les doy las gracias de todo corazón a aquellos que me dejan comentarios y que me motivan para continuar escribiéndola.
De verdad que siento mucho los retrasos, pero como sabrán soy mexicana y el terremoto que acaba de golpear a mi país me ha dejado un tanto impactada, es por ello que he tardado un poco más. Sin más espero que disfruten del capítulo y si esto puede ayudar a mis compatriotas a distraerse un poco de la situación tan tensa del país, me alegrara mucho.
Capitulo 42. Perdiendo la fe.
La oscuridad más allá de los halos de luz era completamente total, al grado de que no podían ver su propia mano frente a tus ojos, sin embargo las llamaradas de fuego que se esparcían por el suelo, como si aquel sitio fuese el mismísimo infierno aportaban la única luz en aquel averno de sombras. Los berserkers se agrupaban en dos largas filas frente al enemigo en común, mientras Otto y Aldana permanecían atrás de la formación.
-¿Campe? – Dante miro desesperado a Isley quien también miraba desconcertado a la oscuridad, rebuscando de nuevo el rostro de aquella mujer que por tan solo unos segundos había sido visible.
-Es una maldita criatura mitológica. – Espeto alzando su espada a la negrura de aquella mazmorra, mientras se podía escuchar como esta se arrastraba por todo el lugar, así que la dirección con la que mantenía su espada cambiaba constantemente. - ¿Dónde está la salida? – Isley recorrió velozmente el lugar con la mirada, buscando un haz de luz que le indicase su ubicación exacta y cuando a la lejanía visualizo dos pequeñas, casi inexistentes antorchas que amenazaban por apagarse y las cuales debían resguardar seguramente la puerta. - ¡A la derecha!
Varios pares de ojos miraron en dirección a donde Isley les indico, para ver la única esperanza que les quedaba. Así que se afianzaron a sus armas y ataques y esperaron atentamente la indicación de Isley, quien había tomado el mando en ausencia de Aldana, mientras sus sentidos estaban en alerta rebuscando al monstruo mitológico.
-La prioridad es salir todos de aquí. – Espeto Isley. – Así que protejan a Aldana y Otto. ¡Desplácense ahora!
Las dos filas de hombres con seis integrantes al frente y atrás comenzaron a moverse, mientras Otto llevando a Aldana a cuestas seguían fielmente a sus compañeros, los cuales les servían de escudo. Sin embargo escucharon algo que rápidamente se deslizo a su lado.
-¡Fuego! – Rugió potentemente Isley, seis grandes llamaradas se alzaron sobre sus cabezas y fueron a impactarse a los escombros del suelo, iluminando por una fracción de segundos un cuerpo escamoso que volvió a ocultarse.
-¿Qué demonios es? – Ladro asustado un berserkers.
-¡No vayan a romper filas! – Gruño Isley, sabiendo que si alguno de sus compañeros, salía despavorido, pronto los demás les seguirían y el caos sobrevendría, dándole a Campe una ventaja para asesinarlos a todos.
Isley maldijo por lo bajo, al darse cuenta del miedo y terror que a él también lo embargaba, al no tener las mismas habilidades que un berserkers, ni su indudable actitud al aceptar el peligro, únicamente los dejaban siendo simples hombres, tal vez con habilidades extraordinarias, pero su juicio estaba integro y podían experimentar todos los sentimientos de un humano y no únicamente la ira desmedida que tenían cuando peleaban fielmente por Ares. Ahora eran simples hombres, no berserkers.
-Ella no se va a acercar mientras todos estemos juntos. – Espeto quedamente Isley, rogando a Ares más por costumbre que por quererlo hacer, que realmente así fuera.
-Isley. – Dante quien estaba a su espalda ya con una nueva esfera de fuego en su mano, miraba temeroso a las sombras. – Dinos realmente que estamos enfrentando. ¿Un grifo? ¿Un basilisco? ¿Una quimera?
-Campe es la hija nacida de Gea y Tartaro durante la era mitológica. – Isley dirigía su mirada y espada a cada rincón donde escuchaba un ruido, esperando que el terrible monstruo saltase desde las sombras, mientras continuaban moviéndose a la salida. – Ella era la encargada de vigilar las puertas del tártaro, por orden de Cronos, donde permanecían encarcelados los ciclopes y hecantoquiros, sin embargo tenía entendido que Zeus le había asesinado.
-Así que conoces la historia. – Siseo una voz desde la oscuridad. – Pero Zeus no logro matarme, me refugie por siglos en este lugar, ocultando en las sombras mi presencia al gran dios.
-¡Cuidado! – Damián lanzo la llamarada que llevaba en la mano cuando alcanzo a visualizar una gran roca dirigiéndose a ellos, así que logro pulverizarla a tiempo, antes de que esta lograse golpear a Isley y a él.
-¡Fuego! – Grito Isley, el resto de bolas de fuego, proveniente de 5 soldados se alzaron hacia el frente, logrando iluminar un gran cuerpo, frente a ellos un monstruo hibrido con cuerpo de mujer en su mitad superior, tan perfecto que los berserkers se asombraron de su belleza, su torso estaba perfectamente delineado y tenía unos pechos femeninos redondos y alzados siendo cubiertos tan solo por una piel de serpiente que se adhería tanto a ella que dejaba entornados ambos senos, su cuello largo y perfilado dejaba ver la elegancia de una diosa, sus labios grandes y carnosos, eran tan seductores como si hubieran sido creados únicamente para besar, sin embargo escondían filosos colmillos, que la criatura dejo entre ver con una sonrisa, sus ojos escarlatas al igual que sus hermanos, los titanes, parecían dos rubíes que les miraban con atención.
Sin embargo aquella perfección terminaba al llegar al cabello que en lugar de ser largo y sedoso, se perfilaban varias serpientes venenosas, que arremetían mostrándoles los colmillos. La mitad inferior de aquella criatura era parte de un dragón escamoso verdoso oscuro, con cuatro piernas, en las cuales se enrollaban serpientes que centellaban furiosas, en su cintura se formaban cuatro cabeza de animales peligrosos; un león, un oso, un tigre y una pantera, entre las cuales Campe cargaba dos espadas llenas de veneno puro y su cola era la de una serpiente.
-¡No puede ser! – Grito un hombre, sin embargo todos retrocedieron por instinto al ver semejante criatura frente a ellos.
-¡No rompas la formación! – Gruño Isley mientras apuntaba su espada a Campe quien se interpuso ágilmente en dos grandes pisadas entre la salida y ellos.
-Todos van a morir. – Sentencio.
La mismísima Campe desenvaino sus dos espadas, portando una en cada mano y se lanzo hacia el grupo de hombres aterrorizados, Isley fue el primero que recobro la compostura y freno una de sus espadas, mientras el hombre a su lado detuvo la otra, las serpientes en la cabeza de Campe trataron de morder a Isley sin embargo Dante encendió sus manos y arremetió contra ellas, quemando algunas que cayeron en trozos carbonizados al suelo, haciendo gemir a Campe. Los cuatro soldados tuvieron que apañárselas contra las cuatro grandes cabezas de animales, que lanzaban centelladas sin piedad.
-¡Quémenla! – Ordeno Isley al resto de berserkers que se encontraban en la segunda fila, pero antes de que lograsen lanzar las llamaradas de fuego, Campe agito su gran cola con muchísima fuerza y barrio con toda la formación, la cual entro completamente en pánico al recibir semejante golpe por el lado y todo se sumió en la oscuridad.
-¡Enciendan fuego! – Isley se recobro a penas su cuerpo toco el suelo y comenzó a lanzar llamaradas a diestra y siniestra a su alrededor para iluminar en torno a él y mostrarles a sus compañeros donde estaba para reagruparse, pero apenas tomo su espada de nuevo, visualizo el torso de Campe y observo a uno de sus compañeros ser devorado por el oso, mientras las otras tres cabezas en su torso, le ayudaban a despedazarlo y el hombre gritaba de dolor. Isley brinco entre los escombros para ayudarlo pero se vio envuelto en una lucha contra una de las espadas de Campe.
-¡Formación! – Grito pero los hombres estaban atemorizados, solo dos se acercaron a él, uno fue Dante que se encargo no solo de alejar a las serpientes de las piernas y cabeza de Campe de Isley, sino que también formo un circulo de fuego en torno a ellos, para evitar otro golpe de la cola. El otro hombre que se arrimo a ellos, se enfrasco con la otra espada, sin embargo Campe era diestra en el uso de ella, así que aprovechándose de su fuerza y agilidad, rompió la espada del hombre por la mitad y le partió en dos, matándolo de un solo tajo.
-¡Maldición! ¡Hagan una estúpida formación! – Grito iracundo Damián, que tuvo que dejar de proteger a Isley para enfrentarse a la otra espada.
Otto miro a los dos jóvenes, por mas determinación que mostraran los rostros de Dante e Isley ambos estaban atemorizados, podía verlo en sus ojos, pues todos eran consientes de que era muy poco probable que salieran bien librados de aquella situación. No solo no conocían el terreno, si no que enfrentaban a un enemigo del cual desconocían por completo su fuerza y habilidad.
-¡Formación! – Rugió Otto desesperado queriendo ayudar a los más jovenes. Sabía que alguien tenía que tomar el control de aquellos guerreros, Aldana estaba inconsciente e Isley le era imposible ordenar y pelear al mismo tiempo, así que se acerco a un montículo de rocas donde dejo el cuerpo de Aldana, quien tenía los ojos cerrados y una palidez mortuoria, mientras la sangre bañaba aun en pequeños hilitos el lado derecho de su cuerpo.
-Les voy a sacar de aquí. –Le juro. Otto saco su espada y se lanzo hacia Campe, ayudando a repeler a Isley la espada de la criatura.
El resto de berserkers perdidos entre la oscuridad, encendieron sus manos para alumbrarse a ellos y sus compañeros, al tiempo que arrojaban grandes esferas de fuego a Campe, obligando a esta a repelerse, para evitar ser quemada, dándoles oportunidad a ellos de reagruparse en torno a Isley y Otto.
-¡Escúchenme! – Otto conto rápidamente a sus compañeros, de los 14 que habían acudido al llamado de Aldana, dos había muerto a manos de Campe, así que eso les reducía a 12, así que reorganizo su estrategia rápidamente, era imposible salir de ahí huyendo, así que cambio el plan por matar a Campe. – Ustedes dos, enciendan una llamarada lo suficientemente grande para iluminar esta estúpida mazmorra, Isley y Dante encárguense de las espadas, ustedes cuatro de las serpientes de las piernas, mientras yo y el resto nos encargamos de las cabezas. ¿Entendido? –
-¡Sí! – Bramaron al unisonoro, mientras los filos relucían en la oscuridad ante las llamaradas y cada uno de los hombres tomaba su posición de combate, atacando con destreza y esquivando con agilidad, sus golpes eran fuertes y sus movimientos sutiles, al grado que hicieron más de una vez a Campe retroceder y lográndole cortarle varias serpientes que cayeron al suelo retorciéndose de dolor, antes de quedar inertes.
Campe les observo en silencio, escuchando a la perfección cada parte del plan del berserkers, no se escuchaba en lo absoluto nada mal, incluso tal vez le pudieran hacer frente, solo que había un detalle del cual Otto había pasado por alto: La cola.
Campe continuo distrayendo a los guerreros con una habilidad impresionante, mientras su cola se enrollaba alrededor de una gigantesca piedra, la cual lanzo con brutalidad hacia uno de los dos guerreros que estaban iluminando el lugar, este recibió de lleno el impacto de la roca, el cual le aplasto sin misericordia. Campe volvió a vislumbrar el terror en la mirada una vez más en el rostro de los guerreros por una fracción de segundo, así que golpeo su cola contra el suelo, levantando una densa capa de polvo, antes de arremeter contra todos los berserkers, barriéndolos por igual y sembrando de nueva cuenta la oscuridad y un terrible silencio en aquella mazmorra.
…
La tarde era calurosa sobre el cielo grecoromano, el sol bañaba con sus rayos incandescentes la tierra, al grado que se formaban ondas de calor, si uno miraba a la lejanía, sin embargo este no era un impedimento para que los guerreros atenienses descansaran, muy al contrario sabiendo que la última guerra estaba cerca, estos aprovechaban las tardes y en general cualquier hora del día para entrenar y era así como Shaina, Marín, Geist, Orfeo, Tremy y Albiore habían logrado desocuparse de sus tareas diarias para entrenar..
Marín estaba enfrascada en una pelea amistosa contra su amiga la amazona de Ofiuco, si bien ambas amazonas iniciaron siendo enemigas desde muy temprana edad, el tiempo les había otorgado la redención merecida por los errores de ambas y ahora eran grandes amigas, aunque aun la rivalidad entre ambas no había terminado por completo, pues ese combate solo era muestra de que ninguna estaba dispuesta a quedarse tras la otra.
Marín esquivo con agilidad los puños de la rubia, Shaina dominaba un estilo de pelea ofensivo, con una brutalidad que ni siquiera daba tiempo a su oponente para respirar e incluso a ella a penas le daba tiempo para esquivar o frenar los puños de la italiana, pues sin lugar a dudas esta era demasiado ágil y veloz para atacar, tal y cual una cobra mordía a su presa.
Y era por ello que parecía que Shaina estaba dominando la pelea, ya que la pelirroja estaba obligada a retroceder en más de una ocasión para evitar ser golpeada, sin embargo los años y los constantes enfrentamientos entre ambas le habían mostrado a la nipona una brecha perfecta para atacarla, ya que Shaina estaba tan ocupada atacando, esta descuidaba su defensa al grado que cualquier ataque que le lanzase acertaría.
Marín retrocedió en varios pasos veloces hacia atrás, mientras Shaina le seguía tirando puñetazos y patadas, que eran refrenados ya fuese por la palma, los antebrazos o espinillas de la amazona de águila, quien aprovecho que Shaina fallo un golpe hacia ella, la tomo por el codo y la jalo hacia ella, acercándola lo suficiente como para patear la espalda de la italiana tirándola al suelo.
De repente varios aplausos rompieron el silencio e interrumpieron la concentración de ambas guerreras, Marín alzo la vista solo para observar a Milo de escorpión, sentado perezosamente sobre unos escombros y mirando divertido la escena. Shaina se molesto al verle sonreír burlonamente hacia ella, así que se levanto sacudiéndose el polvo y le lanzo una mirada iracunda.
-¿Qué haces aquí? – Rugió furiosa.
Albiore observo de reojo al caballero de escorpión, ocultando el asombro que le causo, pues no había sentido el cosmos del dorado hasta que este quiso hacerse notar, tal y como había ocurrido aquella vez que el griego ataco la isla Andrómeda, no había reparado en el cosmos de Milo hasta que prácticamente lo tuvo en las narices.
-¡Shaina! – Saludo Milo bajando de un salto de la pila de escombros donde estaba. – No sabía que eras tú, después de todo la última vez que te vi en el suelo fue aquella vez que te me lanzaste y que Aioros nos descubrió. – Milo le giño un ojo a la rubia coquetamente, mientras todos llevaban sorprendidos su mirada del griego a la italiana.
-¡Hermana! – Contesto alarmada Geist.
-Esa vez... – Shaina apretó su puño tratando de contenerse y no golpear al dorado, mientras sus mejillas se incendiaban. – Esa vez te aprovechaste, tú…
Milo acorto la distancia entre los dos y le tapo la boca para que la amazona dejara de hablar, lo que genero una lluvia de golpes sobre el griego que les esquivaba riendo alegremente, aunque todos notaron que de haberlo querido golpear enserio Shaina, lo hubiera hecho, pues parecía que la amazona fallaba sus golpes a propósito o en todo caso los hacia evidentes para que el dorado los esquivase.
-Hablas demasiado. – Se quejo Milo soltándola.
-Mira quien lo dice. – Shaina sopeo a Milo, frente a todos los presentes, los cuales miraron asombrados de la amazona de plata al dorado, pues resultaba imposible de creer que el griego siendo uno de los orgullosos caballeros dorados hubiese permitido tal agravio, pero Milo lo tomo con calma y hasta con burla de sí mismo, puesto que no había visto venir ese golpe realmente, tal vez por estar viendo el torneado cuerpo de la amazona.
-Bien tú te lo buscaste. – Milo, tomo ágilmente de las muñecas a Shaina, evitando que esta fuese a defenderse y le planto un beso en los labios frente a todos. El silencio fue total, Shaina jamás hubiera pensado que Milo la besaría en público, después de todo Marín y Aiora jamás lo habían hecho, aunque todos sabían de su relación, e incluso Geist y Shura siempre se habían empeñado en mantera su secreto, así que el hecho de que Milo lo hiciera la dejo anonadada y no solo a ella, pues desde Geist hasta Orfeo miraron sorprendidos no solo la rapidez con la que Milo había dominado a Shaina sino también la docilidad de esta ante el beso de Milo, era como si estuvieran viendo a otra amazona y no a la temible y ruda amazona de Ofiuco, a la que nadie podía siquiera mirar feo a menos que quisiese enfrentarse a la rubia. - ¿Por qué todos están tan callados? Si a la que bese fue a ella.
-Eres un idiota Milo. – Shaina se cruzo de brazos y desvió su mirada, pero no se alejo de él. -¿A qué has venido?
-He visto que estaban entrenando y he querido ayudarles. – Milo se quito la capa blanquecina al tiempo que se la tendía a Shaina para que esta cuidara de ella, mientras Milo acariciaba cariñosamente el brazo de la rubia, se desprendió de su armadura y volvió su rostro serio hacia los demás. – Así que Orfeo vamos a entrenar.
-¿Qué? – El aludido miro calmadamente a escorpio aunque su voz denoto la sorpresa que ello le causo y miro a Albiore con quien había formado una gran amistad en busca de consejo, puesto que era demasiado extraño que un dorado interrumpiese el entrenamiento de los santos de plata y mucho menos que estos quisieran entrenar con ellos, incluso Shaina miro curiosa a Milo.
-¿O tienes miedo? – Milo se retiro del lado de Shaina para alejarla de la batalla y miro retadoramente a Orfeo. - ¿O no puedes pelear sin tu estúpida Arpa?
-¿Qué has dicho? – Orfeo trono la mandíbula al escuchar a Milo provocarlo e incluso se extraño del raro comportamiento del escorpión, puesto que había dejado sus burlas y buen carácter para burlarse y lanzarle esas preguntas con una severidad amenazante. – No necesito de mi arpa para callarte la boca, escorpión.
-Entonces creo que debo agradecerle a ese gigante que te rompiera en tus narices tu juguetito… - Milo arrugo el ceño al ver a Orfeo lanzársele al ataque, pero alguien como él, quien era conocido como el más rápido de los caballero dorados, pudo ver claramente el ataque del de cabellos celestes.
Milo detuvo con su mano izquierda el puño de Orfeo y con la derecha le asesto un puñetazo al caballero en la barbilla, Orfeo casi se fue de espaldas ante el golpe, pero su orgullo más que otra cosa le hizo que recobrarse el equilibrio y en cuanto pudo sostenerse volvió al ataque. Jamás en su vida había enfrentado a un caballero dorado y supuso que tal vez hubiera una relación entre la fuerza de un dorado y un juez del infierno, de ser ese el caso, estaba en un problema.
Orfeo trato de golpear a Milo con una patada pero este la detuvo con su antebrazo, para tomarlo velozmente de la pierna y lanzarlo contra el suelo, Orfeo se impulso con su mano antes de caer y logro lanzarse hacia atrás para caer de pie, así que se acerco de nuevo a Milo de frente y le iba a golpear con su mano derecha, pero le detuvo a escasos centímetros y aprovecho el desconcierto que esto le causo, para golpearlo con la izquierda.
Albiore miro expectante la pelea entre su amigo y Milo, después de todo aun no comprendía cual era el motivo por el que realmente escorpión estaba ahí. Milo golpeo duramente el suelo con la espalda lo que hizo dibujar una ligera sonrisa en el rostro de Orfeo, pero el octavo guardián se impulso con sus dos manos y comenzo a lanzar una lluvia de puñetazos contra Orfeo quien les detuvo con facilidad, Orfeo sonrió confiado y se sorprendió cuando Milo le correspondió con la misma sonrisa, fue en ese entonces que Milo aumento la velocidad de sus movimientos, con los cuales Orfeo comenzó a apañárselas a duras penas para detenerlos. Milo observo como el caballero de lira volvió a adaptarse a su ritmo de combate así que aumento un nivel más su rapidez con la cual le planto un puñetazo en el rostro a Orfeo al mismo tiempo que le clavaba un rodillazo en las costillas.
-¡Orfeo! – Tremy estuvo a punto de intervenir pero Albiore se lo impidió. – Pero…
-Déjalos. –
Orfeo se reincorporo calculando a Milo, se lanzo hacia él, pero en esta ocasión Milo también fue a por él, ambos chocaron puños, pero ninguno de los dos retrocedió, muy al contrario aumentaron sus fuerzas para hacer retroceder al otro.
-Que desilusión. – Se lamento Milo. – Había escuchado que Albiore y tu eran los caballeros con un cosmos más parecido a los dorados pero veo que me he equivocado contigo, sin tu arpa no eres nada.
-¿Por qué limitarme a alcanzar a un dorado? – Milo sonrió satisfecho con la respuesta de Orfeo y se lanzo hacia atrás, para establecer entre ambos una oportuna distancia. – Mi habilidad con el arpa era única al grado que fue reconocida por tres dioses; Ares, Hades y Athena, ¿Qué tienes tú que puede hacerte tan especial?
-Eso puedes preguntárselo a Shaina. – Bromeo Milo, haciendo que el semblante de la amazona de Ofico se alterase.
-¡Orfeo te juro que si no lo golpeas tu, iré yo misma a hacerlo! – Gruño enfurecida.
Orfeo corrió hacia Milo, pero se sorprendió al ver como este pasaba a su lado desmesuradamente rápido, escorpión lo tomo por la espalda y le aprisiono en una llave, que en vano el caballero de lira intento romper.
-Segundo error. – Milo le empujo hacia adelante y volvió a prepararse para pelear. – Solo te queda una oportunidad. De haber sido un combate enserio, a estas alturas ya hubieras tenido 14 de mis agujas y estarías a una de morir.
Orfeo gruño muy por lo bajo, realmente estaba tratando de no cabrearse contra Milo, pero el hecho que el dorado le estuviera golpeando y esquivando con tanta facilidad, le molestaba y más por la sonrisa de victoria que Milo esbozaba en su rostro. No comprendía el porqué el caballero de escorpión se había empeñado en luchar contra él, seguramente Albiore debió de ser el más indicado para ello.
-Bien una oportunidad más, atácame con lo que tengas Orfeo. – Milo volteo a ver a Shaina galanamente, ignorando por completo a Orfeo, lo que enfureció aún más al santo de plata quien se lanzo en su búsqueda.
Milo sonrió triunfante, mirando de reojo como Orfeo se acercaba a él, así que saco su ponzoña, que brillo en un haz escarlata y lo que claramente sorprendió a todos, incluso el caballero de lira se asombro, pero no por ello se detuvo, si no que aun así corrió al encuentro contra Milo. –"Tiene agallas". Por lo que el caballero dorado también se aproximo hasta él.
Pero al final de aquel encuentro Milo fue el que sonrió victorioso. Orfeo sintió el delgado aguijón del escorpión rozando su piel, justo en el centro de su abdomen. – Jaque mate.
-Lo mismo digo. – Orfeo mantenía su mano elevada a escasos centímetros del lugar donde se encontraba el corazón del escorpión, rodeada de un aura celeste que vislumbraba unos muy pequeños brillos dorados. – Esta fue la técnica con la que mate a Hipolito, de haberla recibido tu en este momento, tu corazón hubiera sido atravesado sin piedad y posteriormente explotarías.
Milo bajo lentamente su mirada hacia donde percibió el calor del cosmos del caballero de plata y comprobó por si mismo que no le mentía, él mismo había visto como Orfeo había asesinado al gigante con esa técnica, así que reconoció como aquello como un empate y confirmo lo que había ido a buscar. Guardo el aguijón de su mano derecha y le dio la espalda dejando al caballero de plata desconcertado. Milo se rodeo de su cosmos dorado y llamo a su armadura la cual esperaba con su característica forma de alacrán a un lado de él y la cual le envistió a penas sintió el cosmos de su dueño.
-Terminamos. – Milo tomo su capa y la unió en un movimiento elegante a su armadura, beso velozmente la frente de Shaina que aun continuaba desconcertada por todo aquello y comenzó a caminar. – Orfeo te espero en el octavo templo del zodiaco todos los martes, miércoles y jueves para entrenar, soy fiel creyente que los fines de semanas se descansa, el lunes es un día sagrado y bueno el viernes me gusta dedicar el día a mis propios asuntos. – Bromeo.
-¿Entrenar? – Orfeo miro curioso al escorpión quien le había dado la espalda desinteresadamente y caminaba hacia los doce templos. -¿Por…? – Milo se detuvo y le miro de soslayo por encima de su hombro demasiado serio y con un aspecto lúgubre.
-Eres del signo de escorpión, el mejor representante de ese signo después de mí, así que serás quien tome mi lugar. – Milo se despidió de un ademan de mano y desapareció.
-¿Qué? – Tremy miro estupefacto a su compañero, si lo que Milo acababa de decir era cierto, Orfeo sería el siguiente santo de oro de escorpión, una vez que Milo muriera. Para Albiore aquello no fue sorpresa, había conocido el carácter de los dorados durante la época en que Ares reino y sabia de sobra que ningún caballero dorado se aventuraba fuera de las doce casas sin un plan previamente trazado, seguramente Milo tenía tiempo observando a Orfeo y había visto a un adecuado candidato a ser su sucesor y muy probablemente el santo acababa de comprobarlo.
Por su parte Geist y Marín se miraron anonadadas, como era posible que Milo el orgulloso caballero dorado, dictaminara un sucesor a su armadura y templo y que la persona que hubiese escogido fuera alguien tan opuesto a él, por su lado Shaina lo entendía muy bien, aunque esto le provocase dolor, Milo había muerto sin dejar alguien que tomase escorpión y la reclamase como suya y ahora que enfrentaban un enemigo tan poderoso, sabía que Milo probablemente pensaba morir y era por ello que deseaba que un caballero fuerte, tan cercano a los santos de oro en cosmos, le sucediera tan rápido como fuese posible, todo para proteger Athena y hubiese alguien quien guiara a la próxima generación de los santos del zodiaco. Milo estaba dejando todo listo para proteger a Athena y trazando una luz de esperanza para el futuro, aún después de muerto.
…
Críos tomo la empuñadura de su espada con ambas manos y la puso frente a su rostro, mientras cerraba los ojos con calma fijando en su mente su objetivo: Cegar la vida de ambos dioses y alcanzar a sus hermanos. Había vuelto a la vida no solo para cobrar venganza contra Zeus y su descendencia, si no que todo lo que había hecho bueno y malo desde que saliera del tártaro era por el bien de sus hermanos, todo se reducía a ello, el mantenerlos a salvo era su prioridad y su único motivo por el cual vivía.
-Madre. – Anteios respiro aliviado al ver a su hermosa madre frente a él, para muchos la diosa Afrodita significaba la pasión y el placer reencarnados en una esencia, pero para él como para sus hermanos, ella era la máxima expresión de amor maternal, nadie en el Olimpo podía equiparar el fuerza y el amor con el cual los defendía
-¿Cómo estas Anteios? – Afrodita saco dos dagas las cuales llevaba amarradas a sus caderas y miro furiosa al titán que les observaba en un raro mutismo.
-Estoy bien, gracias. – Anteios se paro al lado de su madre, llevando la espada en su mano derecha. Afrodita miro de reojo a su hijo que a pesar de parecerse tanto a ella, el verlo con el semblante serio y aquella determinación le recordó tanto a Ares.
Afrodita suspiro profundamente si había algo en su vida de lo cual nunca se arrepentiría seria tal vez la vida que había compartido y engendrado al lado de Ares. Desde que Ares y ella intercambiaron su primera mirada en los jardines de Persefone, Afrodita supo que su vida estaría muy ligada con la del hijo de Hera, para ese entonces ella era una alma libre, sin ningún compromiso y pudo entregarse en cuerpo y alma a la pasión con la que el dios de la guerra le reclamo y fue durante una decena de años que Afrodita descubrió que realmente quería pasar su eternidad con Ares.
Sin embargo los constantes rechazos de Hera hacia el resto de sus propios hijos o los hijos de Zeus, hizo que Hefestos ingeniara una trampa contra la reina del los dioses y que solo se resolvió esta disputa cuando Zeus prometió a Hefestos entregarle su mano. Afrodita aun podía recordar la furia con la que reacciono Ares al saber que ella tendría que casarse con su hermano, el dios de la guerra trato de persuadir a Zeus, busco incluso el apoyo de Hades y Poseidón, incluso amenazo a su hermano, pero nada de esto resulto, fue en ese momento cuando ambos supieron que realmente se amaban y se querían únicamente el uno para el otro, no importaba con quien tuvieran que aparentar sentir placer o amor, Afrodita era de Ares, como Ares era de ella y lo sabia; Ares no era un amante más, era su verdadero amor.
Y las dos fuerzas más poderosas del universo; el amor y la guerra, irremediablemente unidas entre si, a pesar de ser un amor prohibido, culmino en el nacimiento de cinco hijos; Deimos, Fobos, Eros, Anteios y Harmonia. Afrodita suspiro al recordar aquello, cada uno de sus hijos le había aportado la más grande felicidad y sabía que tanto ella como Ares les amaban.
A pesar de toda la odisea que había experimentado en los últimos meses, Afrodita sabia que Ares amaba a sus hijos y el haberse mostrado tan cruel con Deimos y Fobos había sido porque quería evitar que ambos dioses sufrieran la pena de ser derrotados por humanos, como lo habían sido Ker y Cidoimos, así que Ares de forma directa alejo de la guerra a Eros, Anteios y Harmonia manteniéndoles a salvo y alejado del todo el conflicto de dioses y titanes. Pero no solo eso sino que hizo un trato con Cronos para que este no la asesinase a ella, ahora entendía porque otros dioses habían caído mucho antes que ella, siendo que Cronos le había amenazado personalmente de eliminarla al inicio de esa guerra si les traicionaba, lo cual hizo al contarles los planeas de Hera a Apolo, previniendo al Olimpo de la resurrección de los titanes, pero Cronos no había ido por ella y Ahora entendía todo con mayor claridad. Ares le había protegido.
Crios se lanzo hacia ambos dioses, sacando de sus pensamientos a la deidad del amor, primero Anteios se interpuso en su camino, así que rápidamente el dios dio una estocada en el estomago al dios, sin embargo Afrodita aprovecho el momento para clavarle sus dos dagas en la espalda y rasgarlo sin piedad, Críos gruño al sentir ambos filos partiendo su carne, así que dio un codazo en la barbilla a la rubia la cual cayó al suelo, iba a ir a por ella, cuando Anteios le arremetió con tremendo puñetazo en el rostro el cual le rompió el labio, Críos miro enfurecido a ambos dioses y giro violentamente su espada en el interior de Anteios, desgarrando sus músculos y órganos internos.
Crios retrocedió, sin embargo no desistió de su intento, primero arremetió de nuevo contra Anteios quien alzo su espada deteniendo la del titán, pero en esta ocasión Críos le pateo agresivamente el pecho derribándolo, la espada del oji escarlata se clavo en el pecho de Anteios traspasándolo por completo y atorándolo en el suelo, Anteios tomo el filo de la espada para tratarse de levantar sin embargo le fue imposible, el peso sobre la espada era demasiado y a pesar del corte que se hizo en la mano no pudo arrancarla de su pecho.
Anteios se sorprendió de que Críos mostrase esa fuerza en esos momentos, después de todo la batalla que habían sobrellevado hasta ese instante era casi pareja, pero ahora el titán se había dirigido sin miramientos. Miro al oji rojo girarse sobre sus tobillos y caminar hacia su madre, la cual se preparo para enfrentarlo a medida que la desesperación en Anteios aumentaba, por lo que comenzó a moverse bruscamente, sin embargo Críos se detuvo y le miro por el rabillo del ojo.
-Yo si fuera tu dejaría de moverme, si esa espada roza tu corazón la cual he dejado a milímetros de él, tu alma será sellada al instante. – Críos estaba por demás sereno, su voz se había tornado gélida y amenazante, se volvió hacia Afrodita y le sonrió cínicamente. –Cuando les elimine a ambos, les doy mi palabra de que buscare a Harmonia y Eros y les lanzare a los gigantes para que desgarren sus cuerpos.
-¡Maldito! – Afrodita respondió a la provocación de Críos, como este esperaba y a pesar de que Críos se había desprendido de su espada, su sonrisa alarmo a Anteios.
-¡Cuidado! – El dios del desamor tomo desesperadamente la espada con sus dos manos, desgarrando la piel y la carne de sus manos, su sangre broto en hilillos escarlatas que resbalaban por el largo de la espada hasta su pecho. -¡Madre cuidado!
Tal vez Afrodita fuera un fiera madre, pero Críos al igual que Hyperion y Koios habían sido perfectamente adiestrados en el combate y a diferencia de sus hermanos, Críos siempre guardaba su cosmos para sus verdaderos enemigos, el disfrutaba utilizando armas o su fuerza física para mostrarles a sus inferiores su propia debilidad.
Y al igual que Afrodita tenía un fuerte motivo para pelear, Críos se encontraba en la misma circunstancia que ella, iba a arriesgar todo por su familia, después de todo el titán se había ganado el título de "desalmado" por haber hecho cualquier cosa buena o mala por sus hermanos, era por ello que seguía a Cronos en su tiranía y cuidaba las espaldas de Hyperion de cualquier fallo o desplante que pudiera tener, así como vigilaba a Rea y el resto de sus hermanas y velaba por el bien de sus otros hermanos. Críos sabia que aquella guerra no era su lucha, ni siquiera le interesaba la tierra o el Olimpo, pero si alguien humano o no, se rebelaba contra su misma sangre, el se encargaría de eliminar el obstáculo que resultasen.
Tanto Afrodita como Críos tenían igual de razones validas para luchar entre ellos, puesto que ambos luchaban por el amor que le tenían a otros.
Así que cuando estuvieron lo bastante cerca Afrodita movió la daga de su mano derecha hacia el cuello de Críos quien le esquivo con agilidad, siguiendo con un rápido movimiento de ojos la trayectoria de las armas de Afrodita, esquivándolas y apenas vio un momento oportuno, genero una esfera de cosmos escarlata negruzco con el cual golpeo el estomago de la rubia, el cual exploto al hacer contacto con la blanquecina piel de la deidad y fue lanzada bruscamente hacia atrás. Críos sacudió su mano y dos grandes trozos de tierra se irguieron del suelo y aprisionaron las manos de la diosa, alzándola del suelo por unos cuantos centímetros dejándola a disposición del titán.
Críos iba a ir tras ella, cuando tuvo que esquivar la espada tajante de Anteios la cual le paso a escasos centímetros del rostro, se giro hacia él para observar como todo el torso de Anteios se encontraba desgarrado por su espada, sin embargo el dios no había dudado en acudir en ayuda de su madre.
-Te has destrozado por ella. – Suspiro sorprendido el peliazul mirando la gran herida que tenía el dios en el pecho. –
-Anteios vete. – Suplico Afrodita.
-No, madre. – El verlo actuar de esa forma le recordó tanto a sus hijos mayores que por unos segundos sonrió con melancolía.
-Puedo sentir el cosmos de mis hermanos en este lugar y sé que ellos harían lo mismo que yo, incluso mi padre. – Anteios tomo su espada al tiempo que Críos llamaba la suya que yacía sola donde antiguamente se encontraba clavada sobre el cuerpo de Anteios.
-Es de admirar. – Menciono Críos agachando el rostro y llamando su espada, él también tenía porque luchar y no iba a permitir que otra familia que no fuera la suya, predominara de nuevo.
Ambas espadas se alzaron al cielo, clamando justicia para su familia, como si el mismo universo y Urano y Gea los estuvieran observando, el repiqueo de las dos al chocar fue tal que se creó una onda expansiva, mientras el rosar entre ellas producían chispas entre sí, sin embargo en esta ocasión la espada del titán logro romper por la mitad la del dios, que fue cortado por la mitad desde su hombro izquierdo hasta la mitad de su abdomen, Anteios abrió la boca sorprendido mientras sentía como su piel, músculos, huesos incluso su propio corazón fue partido en dos, el grito desgarrador de Afrodita resonó en sus oídos, sin embargo les escucho durante muy poco, pues aquel ataque del titán termino por sellarlo.
-¡Anteios! ¡Anteios no! – Afrodita se sacudió tanto que sus muñecas se dislocaron de las masas de tierra que las apresaban, sin embargo siguió sujeta a ellos, sus ojos se llenaron de lagrimas pero ninguna salió, pues la furia y la rabia inundaron su corazón, al ver como su hijo caía de rodillas frente a ella, dándole la espalda al momento que el dios retiraba su espada, la cual goteaba gran cantidad de sangre. - ¡Maldito! – Se sacudió frenéticamente, pero a pesar de sus esfuerzos no hubo ningún cambio, Críos miro el cuerpo de Anteios en silencio por unos segundos, al tiempo que tomaba una de las cortinas blanquecinas y limpiaba la sangre del filo de su espada.
-Es una gran pena. – Afrodita sentía una mezcla agria de odio y tristeza que le rompían el corazón. – Si nuestras familias hubiese permanecido junta, hubiera sido un placer entrenar a Ares y a tus hijos.
-Eres una basura, tu y toda tu raza lo son. – Afrodita agacho su rostro derrotada, mientras daba rienda suelta a sus lagrimas, lo único que habían traído consigo fue más desgracia, pues le había arrebatado todo lo que ella amaba; su familia y sin ella, no tenía intenciones, ni ganas de seguir viviendo.
Así que cuando Críos se acerco a ella con el entrecejo fruncido y su espada, ella simplemente alzo la vista para mirar fieramente al titán, demostrándole todo el odio que sentía hacia él y el gran desprecio que le causaban, no esbozo ni una pisca de dolor, cuando a espada de Críos fue incrustándose lentamente en su pecho para llegar hasta su corazón. – Has destruido a mi familia, pero yo destruí la tuya hace mucho tiempo. – Críos detuvo su espada a escasos centímetros del corazón de Afrodita y la miro curioso. – Solo una flecha basto para encerrarlos por siglos en el tártaro… - Suspiro aliviada, al sentir como su corazón empezaba a ser cortado por Críos. – Yo enamore a Mnemosine de Zeus, una flecha…le puso fin a la guerra…en aquella ocasión… y le dio la victoria a Zeus.
Crios gruño molesto, al darse cuenta que aquella simple táctica había otorgado la victoria los dioses, pues Mnemosine enamorada de Zeus había hurgado en la mente de Ceo y robado el Keraunos para entregárselos y con el cual le puso fin a todo. Críos empuño su espada y la clavo de golpe en el cuerpo de Afrodita la cual agacho el rostro al sentir como su alma se desprendía de su cuerpo, su hermoso rostro fue cubierto por algunos mechones rubios que se esparcieron y sus ojos fueron nublados por su propio fleco, pero la sonrisa sutil en sus labios permaneció, haciendo burla al titán
Críos saco con agresividad su espada del pecho de la diosa y comenzó a hablar mientras caminaba dejando tras de sí un aura oscura rojiza, su carácter era volátil, podría admirar y odiar al mismo tiempo, tener compasión y ser despiadado por igual, era la mano justiciera de su familia pero también el verdugo de otra. – Yo aún puedo destruir a tu familia. Acabaremos con Athena y te juro que destrozare a Harmonia y Eros.
…
El aire caluroso de Grecia formaba pequeñas brisas que antes de ser un alivio para un cuerpo bajo los rayos abrazadores del sol, era un suplicio, sin embargo ella estaba acostumbrada a ese infernal clima, al grado que aquella ventisca que pudo ser abrasadora para otro, para ella fue fresca. Alzo sus ojos celestes hacia la imponente estatua de ella misma, deteniendo con firmeza el escudo a sus pies y una balanza en la otra, mientras aquellos ojos grises de piedra observaban en silencio a todo el santuario y por primera vez se pregunto si realmente había desempeñado adecuadamente su labor como diosa de la guerra, la justicia y la tierra.
-No lo entiendo. – Saori miro su propia estatua, erigida para ella en la antigüedad y que le había servido para ocultar su Kamui, cuando decidió reencarnar para ser una humana por primera vez. - ¿Por qué me he privado yo misma de mis conciencias anteriores? Incluso ahora me cuesta trabajo recordar mi vida pasada, tan solo son flashes de quien fui. Incluso le he olvidado a él.
Saori subió las pequeñas escalinatas que le separaban de la imponente figura erigida en su honor y le acaricio levemente, desplazando su mano sobre el escudo de piedra tallado a la perfección, sus dedos blanquecinos rozaron cada detalle y hendidura mientras ella se desplazaba y cerraba sus ojos para concentrarse.
Por más que se esforzó en ese momento y dejo divagar su consciente en el profundo abismo de la conciencia de Athena que residía en su interior, le fue imposible si quiera divisar los ojos, la sonrisa o la cara del Pegaso de la era mitológica, pues siempre que quería evocarlo, el rostro de Seiya era quien aparecía, como si fuese un mecanismo de defensa automático. Abrió los ojos lentamente y pensando en que ni siquiera podía recordar cómo se habían conocido el Pegaso de la era mitología con su yo mitológico, le era imposible si quiera imaginarlo y ello le causaba una gran pena.
-Tal vez incluso yo misma me niego a recordarlo. – Athena desvió entonces su rostro hacia Star hill y pensó que tal vez y solo tal vez si se arriesgaba a traer a la verdadera Athena de la era mitológica, sus memorias volverían y no solo recordaría fragmentos de sus vidas anteriores si no que se vería golpeada por la totalidad de sus vivencias, recuerdos y experiencias, junto a una sabiduría milenaria la cual le traería una forma para derrotar a los titanes.
-¡Athena buenos días! – Dokho alzo su mano sobre su cabeza y la saludo alegremente.
-¡Dokho! ¡Shion! – Se acerco a ellos y les sonrió dulcemente.
-Princesa, buenos días. – Saludo cortésmente el lemuriano mayor.
-Me alegra que acudan a mí llamado caballeros. – Saori camino hacia el risco de la amplia explanada donde reposaba su estatua y a escasos centímetros se detuvo, Shion y Dokho el siguieron en silencio y cada uno se paró a un lado de ella. – He estado pensando en el fin de esta guerra, pero antes de ello quiero consultar con ambos que les parece en lo he planeado.
-Tenga por seguro Athena que trataremos de darle nuestro más sincero y sabio consejo. – Athena miro a Shion con las vestiduras del patriarca, mirando al igual que ella la amplitud del santuario, pero con una mirada que denotaba el orgullo y un amor paternal impresionante.
-Bien, planeo enfrentar a Cronos yo sola, invocare a la Athena de la era mitológica por completo, en esencia y cuerpo y sé que con la urna que Mnemosine le entrego a Apolo podre encargarme, además tengo la flecha y el escudo que los dioses hicieron para mi, se que…
-Que temeraria… - Dokho sonrió tranquilamente mientras alzaba sus ojos al cielo carente de nubes y recordaba a la pequeña Sasha, la última vez que le vio y la ultima sonrisa que le dedico en aquel momento en que Shion estaba inconsciente y él le llevaba a cuestas en la última guerra santa.
-No dudamos de su fuerza mi señora, pero ha pensado en lo que tendremos que perder para ganar. – Shion tomo el casco del patriarca que llevaba en las manos y le miro con detenimiento, aún podía recordar cuántas vidas se habían perdido en las batallas que el había tenido que sobrellavar y las heridas de guerra que nunca sanaron por completo. –Pero realmente usted cree que los demás titanes le dejaran llegar a Cronos.
-Bueno eso no lo había pensado con claridad, simplemente se que al momento decisivo debo ser yo quien enfrente a Cronos. – Aclaro la peli lila, pero pronto vio a Dokho sonreír con ternura y al patriarca a su lado negar paternalmente, como si ella solo fuera una cría que acababa de decir una insensatez y que ellos tan solo debían corregir, lo cual le recordó mucho a su abuelo.
-Querida Athena. – Contesto Dokho. – Se está exponiendo demasiado, teniendo a 88 caballeros a su servicio y poderosos dioses aliados.
-He perdido a Artemisa. – Susurro Athena sintiendo por primera vez el gran vacío que había dejado su hermana mayor, puesto que desde que comenzase esa guerra, ella y su hermana habían hecho las paces.
-Pero aún continúa con la ayuda de la diosa Hestia, Demeter, Anfitrite, Afrodita y Anteios. – Susurro Shion, sin saber que para esos momentos los últimos mencionados ya habían sido sellados a manos del titán más despiadado.
-Entonces ¿Qué se supone que haga? ¿Quieren que me esconda tras mi ejército? ¿Qué deje a otros pelear mi batalla? –
-No. – Shion poso su mano cariñosamente sobre la cabeza de Athena y sonrió. – Permítanos pelear a su lado, tienes caballeros y amazonas, permítenos mostrarte que somos capaces de protegerte.
-Además Athena, si te arriesgas de esa forma corres el riesgo de que realmente te sellen para siempre. – Dokho poso su mano sobre el hombro de Saori y miro con determinación a Shion. – Además su estimado patriarca y yo, tenemos un plan que difícilmente dejara a los titanes llegar hasta usted, solo debe tener confianza en nosotros, no importa que tan catastrófica se ponga la situación, créamelo vamos a ganar esta guerra.
-Convocaremos una reunión general y una asamblea dorada, Shion y yo hemos estado trazando trampas perfectas para que la siguiente batalla, sea la última y ponga fin a esta guerra. – Dokho miro lleno de determinación a Shion quien sonrió confiado a su amigo. – Esta vez no vamos a fallarle Athena.
-Nunca lo habéis hecho. –
…
Agudizo su mirada mientras veía al chico entrenar bajo los potentes rayos del sol, tirando patadas a diestra y siniestra, girando para dar golpes a la nada y esquivando golpes que no provenían de ninguna parte, de repente el niño retrocedió pero una piedra que no vio le hizo tropezar y caer al suelo, gruño ferozmente, maldiciendo su error y se levanto enseguida sacudiéndose las ropas.
-¡Demonios! ¡Así nunca seré demasiado fuerte! – Mascara de la muerte alzo una ceja al escuchar la última palabra.
-¿Y para que quieres ser fuerte? – Inquirió.
-La fuerza lo es todo, es la que te da poder sobre los demás. – Dailos miro a su maestro que estaba sentado sobre una piedra de forma de flor de loto, con los brazos hacia atrás mientras le miraba con un poco de interés. – Algún día tendré más poder que Kiki y Teseo.
-¿Y para que quieres ese poder? –
-Para acabar con tus enemigos. – Contesto el niño molesto.
-¿Y eso es justicia? – Mascara de la muerte se levanto perezosamente, últimamente estaba cansado todos los días, desde que entrenaba con Shion quemaba gran cantidad de su cosmos y hacia un esfuerzo físico y espiritual sobre humano que le dejaban agotado, pero ello no impedía que continuara entrenando a Dailos, ni que interrumpiera la rara rutina que llevaba con la hermana de este.
-¡Claro que lo es! – Espeto el niño, fue entonces que Mascara de la muerte se teletransporto de improvisto hasta donde su discípulo estaba quedando en cunclillas frente a él, cara a cara mientras se dedo índice resplandecía una esfera color azul eléctrico que iluminaba y remarcaba cada línea de expresión de ambos, Mascara toco con su dedo índice la frente de Dailos, al grado que el niño se aterrorizo y su expresión se torno desconcertada, pero para cuando el pequeño se dio cuenta de lo que pasaba, miro su propio cuerpo caer en manos de su maestro mientras su alma era jalada hacia otro punto.
Mascara de la muerte chasqueo la lengua con enfado y abrió el portal que llevaba directo a Yomostu. Sabía que era muy pronto para llevar a Dailos a aquel lugar, pero también sabia que ese podría ser el único momento que tuviera para hacerlo y el enfrentar a ese niño a la realidad que representaba ser el guardián de cáncer, era para él una obligación.
Era su deber mostrarle que tras aquel orgullo de portar una armadura dorada y ser el guardián del cuarto templo del zodiaco, había una tarea extra y esta era ser los ojos y oídos de la misma diosa Athena en el monte Yomotsu, aunque claramente esto forzase a los guardianes de este signo a convivir de cerca a la muerte.
-¿Qué…? ¿Ma…maestro? – Dailos trato de guardar la compostura, sin embargo sus facciones lucían un completo terror y sus ojos estaban abierto de par en par, su boca se encontraba entreabierta, su respiración se había acelerado y se había puesto completamente pálido.
Mascara de la muerte vio como las piernas de su discípulo titubearon ante aquella larga fila de muertos que caminaban indiferentes hacia el profundo vacio y para cuando su alumno vio a las primeras lanzarse a las cruentas fauces del infierno, le fue inevitable correr a encontrarles mientras trataba de advertirles en vano del peligro que se encontraba frente a ellos, estos marchaban ajeno a ellos mismos, haciendo oídos sordos a las preocupadas advertencias del menor.
-Deben parar. – Dailos tomo la mano de una adolescente, al ver como estos le ignoraban pero ella se zafo de un manotazo y siguió su camino. - ¡Tienes que detenerte! ¿Por qué no lo haces? ¡Para ya! – El aprendiz de cáncer apreso con fuerza a la joven quien desfiguro por completo su rostro y comenzaba a gritar desesperadamente, mientras se sacudía con frenesí, haciendo que Dailos tuviera dificultades para frenarla.
Mascara de la muerte miro comprensivamente a su discípulo, él había pasado por lo mismo hacia años junto a su maestro y este antes que él. Claramente que cuando fue el turno de él, no habia tenido tiempo de andar libremente como Dailos lo hacía ahora, si no que su maestro Deirdre de cáncer lo había atado al alma de un señor musculoso y mucho mayor que él, que le arrastro hasta el borde de la colina sin piedad, sin detenerse a pesar de sus gritos, ni esfuerzos por desprenderse de él.
-¡Dailos suéltala! – Ordeno, el pequeño obedeció a su maestro sin rechistar, sin embargo su mirada se lleno de consternación y siguió a la joven colino arriba. – Esta es la columna Yomotsu, la entrada al mundo de los muertos; como caballeros de cáncer es nuestra misión velar porque estos territorios sigan bajo el dominio de la diosa Athena.
-Maestro pe…pe..pero. – Dailos miro asustado a las múltiples y largas filas de personas que se lanzaban al vacio e iba a ir tras ellas de nuevo, pero la mano de Mascara le detuvo con firmeza por el pecho. - ¿Ellos?
– Ellos no van a detenerse, Dailos. – Mascara de la muerte se acuclillo frente a su alumno y le obligo a mirarlo. – La fuerza más poderoso de este universo, es la muerte y no porque esta sea el fin de todo cuanto conocemos significa que esta es justa.
-¿Por qué no se detienen? –
-Porque la fuerza de la muerte les ha llamado y sus almas acuden cautivadas hacia ella. – Mascara miro la consternación que su respuesta causo en el joven. – Mira Dailos ¿Qué es lo que ves?. – El italiano apunto a una de las largas filas donde una mujer de cabellos ópalos y ojos marrones, avanzaba lentamente y tambaleándose hacia el gran abismo, su rostro calmado e indiferente le hacían lucir hermosa, mientras su vestido se ondeaba ante el árido viento del Yomotsu, sin embargo Mascara no la escogió por su belleza y juventud, si no porque en brazos llevaba a un bebe, su bebe.
-¡Va a lanzar a su bebe! ¡No! – Dailos quiso ir a detenerla cuando ella bordeo con sus ultimas pisadas el Yomotsu, mientras los brazos de la joven estrechaban a su bebe contra su pecho y alzaba su rostro una vez más al cielo desolado de la colina, como si buscara un aura de esperanza y aquella acción dejo tanto pensativos a ambos, sin embargo ella se lanzo sin miramientos. - ¡NO! – Dailos rompió a llorar desconsoladamente.
-Te dije que la muerte es la fuerza más poderosa de todas, dioses, humanos, animales y todo ser vivo sucumbimos a ella. –
-¡No es justo! – Dailos se trato de limpiar las lágrimas. – ¡Lo más fuerte no siempre es justo!
Mascara de la muerte escucho con deleite aquella última frase arrancada con dolor de los labios de su discípulo, sabía que tal vez hubiera traumado a Dailos con aquella visita a tan temprana edad a Yomotsu, pero reconocía que este había aprendido una enseñanza fundamental de cáncer, la misma que el rechazo durante tanto tiempo y le hizo creer que la justicia era de aquel quien tenía mayor poder, su falsa justicia perfecta.
-Andando, vámonos ya. – Puso la mano sobre la espalda de su discípulo paternalmente y ambos salieron del monte Yomotsu.
-Ese lugar… - Dailos no pudo articular más palabras simplemente cerró los ojos con fuerza y comenzó a llorar desconsoladamente. Sonrió melancólicamente y se arrodillo frente al chico.
-He Dailos, lo siento. – Mascara de la muerte recordó que el tuvo la misma reacción al volver la primera vez del monte de los muertos pero para él no hubo gestos amables y palabras reconfortantes, si no un puñetazo que le silencio y le obligo a tragarse sus lagrimas. Puso su mano sobre el cabello del chico y lo sacudió paternalmente, mientras le sonreía. – No debí haberte llevado tan pronto. – Dailos rápidamente negó y se limpio los ojos llorosos con sus muñequeras.
-No maestro, me ha mostrado cuán grande es el sacrificio de ser el caballero de oro de cáncer. - Dailos apretó los labios con firmeza, tratando de reprimir la tristeza que sentía en su alma. – Pero también me ha enseñado la grandeza de su corazón para seguir a las órdenes de Athena despues de ver eso durante toda su vida. – El niño hizo sonreír a Mascara de la muerte, ciertamente hablaba con la verdad y una gran sabiduría pero había algo que desconocía, el no merecía ser exaltado como un héroe, cuando la mayor parte de su vida, traiciono Athena.
-Dailos. – Se torno serio por unos segundos y se irguió, mirando hacia el horizonte. – Los antiguos guardianes de cáncer y yo, o al menos la mayoría hemos sido como el monte Yomotsu, es por eso que nos sentimos tan cómodos en ese lugar, tal vez ahora no lo entiendas, pero Yomotsu es la barrera entre la vida y la muerte, orillándose entre Athena y Hades, así como nuestro signo se balancea peligrosamente entre el bien y el mal.
-¿Maestro usted…? ¿Todo lo que se decía…? – Dailos miro en silencio a su maestro y antes de temerle quiso aprender y entender los errores de aquel que le había mostrado un camino lleno de gloria.
- Todo lo que se decía de mi es cierto. – Dailos abrió la boca asombrado aunque realmente el mismo ya esperaba escuchar esas palabras, los ojos azules de su maestro se posaron sobre él y por primera vez le enseñaron un dejo de arrepentimiento. – Convivir entre los muertos y los vivos me desvió en algún punto de mi verdadero camino, Dailos. Pero quiero que tú marques la diferencia, que seas fiel a nuestra diosa y limpies el nombre de cáncer.
-¡Dailos! – Lucia alzo la mano a lo lejos para saludarlos, mientras se acercaba corriendo a ambos. -¡Hermanito!
-¡No me llames así! – Ladro malhumoradamente el niño.
-Hola pequeño. – Lucia enrollo sus brazos alrededor de su malcriado hermano que renegó al abrazo.—Hola caballero de cáncer ¿Cómo ha ido el entrenamiento hoy?
Mascara de la muerte correspondió al saludo en silencio, mientras veía como Lucia colmaba de cariños y amor al pequeño, quien por mas abochornado que estaba aceptaba gustoso el afecto de su hermana mayor. Mascara de la muerte sabia que Lucia no quería que su hermano se convirtiera en santo dorado, pero conocía que ella no iba nunca a atreverse a cortar los sueños del menor.
-Hoy mi maestro me ha enseñado una importante lección. – Dailos miro decidido al caballero de cáncer quien sonrió satisfactoriamente. – Y ahora más que nunca quiero convertirme en el santo de cáncer para aspirar a ser el patriarca. – Tanto Mascara como Lucia sonrieron nerviosamente y se miraron entre ellos.
-Bueno futuro patriarca, es hora de comer, así que andando a cáncer. – Lucia tomo a su hermano por la mano y lo halo hacia ella. - ¿Vendrás a comer hoy? – Lucia se detuvo y volteo a verlo curiosa, aunque en su cara reflejaba el deseo por que la respuesta fuera afirmativa. – Digo, sería bueno que nos acompañaras después de todo es tu casa y…
-Ahí estaré, lo prometo. – Mascara de la muerte la vio sonreír y vio a ambos alejarse en silencio, hasta que el mismo se sorprendió sonriendo estúpidamente, por lo que borro esa expresión de su rostro y se sintió raramente satisfecho, ahora tenía la impresión de estar haciendo lo correcto.
-Se ve que eres buen maestro. – Espeto una voz a sus espaldas, el italiano no se giro puesto que reconoció el cosmos del pelinegro.
-Él día que quieras puedo enseñarte. – Se burlo, el ángel sonrió forzadamente y agacho el rostro. - ¿Qué es lo que quieres?
-Quiero que le entregues algo a Piscis de mi parte. – Odysseus agacho el rostro y desato un pequeño morral de su cintura, con el cual jugueteo unos segundos. – Aquí se encuentran los comillos de la serpiente con la cual sellaron a mi diosa. – Hubo un muy largo silencio entre ambos mientras Odysseus continuaba mirando aquella bolsa. – Se que el es el único que puede utilizarlos y nosotros le abriremos el camino para que lo haga, quiero vengar a mi diosa… pero también comparto con ella el deseo de apoyar a Athena en esta guerra.
Odysseus le lanzo los colmillos y sin más giro sobre sus talones y comenzó a caminar hacia el lado contrario al que lo habían hecho Lucia y Dailos. Mascara de la muerte apretó el morral, mientras sentía el par de colmillos en su interior y las filosas puntas de este, fue en ese momento que se giro hacia el ángel que caminaba cabizbajo hacia las afueras del santuario.
-Odysseus lamento lo que ocurrió a tu diosa.- Mascara de la muerte miro como el angel se detuvo sin voltear a verlo y asintió. – Y se que Afrodita le sera un grato placer ayudarlos a vengarse, el es el mejor en ello.
-Gracias, Mascara. – Odysseus se giro hacia el agradecido hizo un gesto con la cabeza y sus largas alas blanquecinas se desplegaron a los lados, para aletear con fuerza y alzar el vuelo, dejando un revoloteo de alas blancas que se desvanecieron en el aire.
…
Aldana escucho los terribles gritos de su compañero y la impactante fuerza con la cual la cola despedazaba tanto a los escombros esparcidos como a sus compañeros, y después de ese movimiento tan brusco que tomo de nueva cuenta a la legión por sorpresa reino el silencio.
La peli azul abrió lentamente los ojos, distinguiendo a la lejanía pequeñas brazas que quedaban de las llamaradas que una vez formaron sus compañeros, el terrible silencio sin lugar a dudas fue lo que la hizo volver en si. ¿Acaso habían muerto todos?
Se maldijo mentalmente al darse cuenta de lo patética que había sido, si en el pasado se había forjado como una excelente guerrera que incluso pudo haber superado a Scatha y plantado una fiera rivalidad con Cesar, todo eso se desvió a la berserkers que residía en ella, ahora no tenia esa fuerza ni vitalidad para levantarse mucho menos para dirigir a sus compañeros. Ella misma lo sabia estaba muriendo lentamente.
-¡Agrúpense! – Ordeno una voz desde la oscuridad la cual ella no pudo distinguir.
Un berserkers que esta a escasos metros de ella se irguió y encendió sus manos para ir en busca de sus compañeros sin embargo esa estrategia fue un terrible error, Aldana le miraba con los ojos vacios carentes de emoción o sentimientos, pero a pesar de ello supo que el soldado le acababa de mostrar a aquella criatura mitológica donde estaba y la cual no dudo en arremeter contra él.
Campe le atravesó el pecho con sus dos largas espadas y le levanto en el aire a la altura donde se encontraban sus 4 cabezas las cuales mordieron brutalmente las extremidades del guerrero despedazándolo por completo, mientras su grito desgarrador resonaba por toda la mazmorra con un eco que se mantuvo en su mente durante varios segundos, lo cual le hizo reaccionar.
Apretó los ojos para despertarse de aquel letargo y comprobó que su mano derecha aun podía moverse, al menos los dedos pues apretó estos contra el suelo, creando pequeños surcos y montículos de tierra. El dolor se hizo inmisericorde en todo su cuerpo al ir recobrando la consciencia el cual le hizo quejarse en la oscuridad.
Trato de apoyarse para levantarse pero sus manos temblaron ante la descarga de dolor y su cuerpo no le respondió en lo absoluto. Escucho a Isley y Dante comenzar a ordenar al resto de guerreros que quedaban aún con vida, mientras el fuego volvía a iluminar una parte de la mazmorra.
-Estoy muriendo…- Vocifero en su mente para sí misma. – Pero mis compañeros aún tienen probabilidades de sobrevivir, ellos tienen una vida por delante… metas y planes que llevar a cabo.
Aldana trato de concentrarse en la situación y calmar su respiración pero justo cuando estaba tratando de hacerlo sintió como el cosmos de Anteios y Afrodita desaparecían, así que cerró los ojos con pesar y maldijo mentalmente a Ikelos por dirigirlos hacia aquella trampa.
-Siempre he estado al servicio de los dioses. – Movió su mano izquierda la cual se encontraba recargada sobre la herida de su costado y la llevo hacia un cuchillo el cual pendía atado de su cintura, le saco de su funda y lo coloco sobre su abdomen, dejando que el filo del metal rosase sin provocar ningún corte sobre su abdomen, al vaivén de sus respiraciones. – Pero por primera vez seré yo quien les utilice, quiero salvarlos, quiero que mis compañeros vivan y tengan una larga vida, esta será mi expiación.
Hizo un esfuerzo sobre humano para levantar su mano derecha y sin pensarlo dos veces tomo con esta la empuñadura del cuchillo y corto la palma de su mano, la sangre broto con rapidez corriendo de su mano izquierda, por su antebrazo hasta el codo donde caía al suelo, entonces a pesar del dolor, la desesperación y la angustia que sentía elevo su cosmos, recargo su mano que sangraba sobre una piedra, la cual se volvió cenizas ante el contacto con su mano.
-Mi padre hizo un trato con Ares y ello estableció una maldición para Scatha y para mí. – Cerro los ojos con pesar unos segundos, fracciones de los cuales pensó en su hermana, en su vida, en su libertad, en sus compañeros, en Otto, en su familia y en Camus, por ese momento tanto su pasado y su futuro coexistieron, sin embargo aquella decisión que había tomado iba a cortar de tajo su futuro. – Nadie saldrá maldecido con mi decisión, mi familia cortara relación con Ares con mi muerte…
La sangre de Aldana se entremezclo con las cenizas mientras esta creaba una muy pequeña llamarada en torno a su mano, la cual llamo la atención de Campe que se dirigió hacia la guerrera, sin embargo tanto Otto, como Dante e Isley se interpusieron, mientras los otros siete soldados que se movían entre las sombras también corrían en su ayuda.
-Ares. – Aldana abrió sus hermosos ojos ámbar que resplandecieron en la oscuridad como si fuera un felino. Su cosmos se elevo de golpe y completo aquel ritual con el que solían invocar a su dios, Ares precisaba de sangre que representaba el sufrimiento, cenizas que proclamaba la destrucción y fuego el cual purificaba todo. Aldana estaba severamente lastimada para luchar por sí misma, pero si volvía al estado de berserkers una vez más, sabía que podría plantarle cara a ese ser mitológico.
-Me sorprende que seas tú quien me ha invocado. – Escucho la risa burlona del dios en su mente. - ¿Acaso la libertad que obtuviste no te ha complacido?
-Sabes muy bien que nunca he sido libre. – Susurro, mientras escuchaba como Campe volvía a azotar su terrible cola contra uno de los muros el cual se vino abajo y casi aplasto a los berserkers quienes le esquivaron ágilmente.
-Entonces querida ¿Qué es lo que deseas? – Aldana supuso que no podría invocar por mucho tiempo al dios de la guerra, pues este seguía bajo el cosmos de Athena, así que pronto aquella comunicación vía cosmos terminaría.
-Quiero que el alma del berserkers que me poseía vuelva a hacerlo. – La risa burlona del dios resonó en su mente de una forma tan cruel que incluso la peli azul se sintió mal por haber solicitado aquello.
-¿Y por qué yo haría algo como eso? –
-Antes no te importaba. –
-Tú lo has dicho, antes. Ahora es diferente, estas de parte de Athena. No te volveré a entregar el alma de uno de mis soldados más fieles, eres débil de carácter, rechazaste todo lo que te ofrecí por tu hermana y te hiciste a un lado para que ella asumiera tu puesto, te negaste a la gloria que te oferte y te vendiste suciamente a Ker y al ejercito de Athena. – Reclamo el dios furioso. – Ahora sirves a Athena y los suyos y pretendes que yo te preste poder para cumplir con tu objetivo.
-Es lo mínimo que me debes. – Aldana tosió un par de veces, se cubrió la boca con la mano por instinto pero esta vez sintió como su propia tos expulso unas manchas de sangre que se impregnaron en su mano. – Me controlaste y obligaste durante años, sometiéndome a realizar actos por demás crueles, ¿Cómo esperabas que te pagaran? ¿Con fidelidad? ¡Tal vez no derrote a Campe con el poco cosmos y vida que me queda! ¡Pero no planeo quedarme callada otra vez ante ti! ¡Tienes lo que te mereces Ares! ¡Creaste un ejército a base de dolor y odio, doblegaste la voluntad de tus soldados y jamás les consideraste como personas, si no como objetos, era obvio que nadie te iba a apoyar, eres tan estúpido que nunca notaste que Scatha y otros trataron de servirte fielmente en su momento, pero cuando vieron que a pesar de lo que hicieran en tu corazón nunca iban a obtener un agradecimiento, ni reconocimiento de tu parte, desistieron de complacerte. ¿Pero como ibas a notarlo? Si ni siquiera pudiste ver el afecto que otros dioses tenían hacia ti. Rechazaste a tu familia, tanto como lo hiciste con tu ejército.
Ares guardo un largo silencio, que incluso Aldana llego a pensar que el dios había roto la conexión con ella, así que respiro aliviada, tal vez no obtuviera la ayuda del dios, pero por primera vez le había dicho a Ares parte de lo que había pensado tanto tiempo de él.
La peli azul rodo boca abajo y coloco sus codos y rodillas para comenzarse a levantar, su cuerpo temblaba de dolor, sin embargo reprimió cada sentimiento y quedo sentada sobre sus rodillas, mirando de frente el terrible rostro de Campe que se aproximaba a ella.
-Aldana… – La peli azul sonrió cansadamente al escuchar de nuevo la voz del dios.
-Se que has sido mal hijo, hermano y dios, pero al menos fuiste buen padre con Anteios, le impulsaste a defender a su familia, aun cuando eso significaba ir contra ti. – Aldana trato de pararse sin embargo sus piernas no le respondieron.
-No he sido tan buen padre, mate a Fobos y Deimos y no hice nada por Anteios. –
-Aún tienes familia que perder en esta guerra. – Aldana pensó para mí misma que tal vez no era nadie para juzgar a Ares respecto al asesinato de sus hijos, cuando ella misma había matado a su madre, padre y hermanos. – Permíteme ser quien les proteja y tome venganza por ti, déjame ser una vez más tu mano ejecutora. – Pero esta vez no hubo respuesta.
-Dante, cúbreme. – Isley rodo por el suelo, esquivando la mordida de la cabeza del oso, quedo justo por debajo de Campe, quien trato de aplastarlo con sus patas de dragón, así que el guerrero alzo su espada y rasgo la piel del estomago, la mujer retrocedió agresivamente y pateo a Isley con rudeza, lanzándolo por los aires, hasta que su cuerpo se estrello contra el suelo, Dante se aproximo velozmente a cubrirlo pero una de las serpientes de las piernas lo aprisiono por la cintura y lo acerco a las cabezas que comenzaron a tirar dentelladas, trato de protegerse pero Campe golpeo con una de sus espadas el arma de este tirándola de sus manos, Otto intento acercarse al joven conociendo que estaba a punto de morir, si no hacia algo, pero Campe sacudió su cola y le lanzo por los aires.
-¡Dante! – Isley se levanto cojeando, pero vio a su amigo tirando puñetazos vanamente al león frente a él.
Campe se deleito al ver el rostro lleno de terror del joven, quien prácticamente tiraba golpes de desesperación, se agacho un poco, incitando a las demás cabezas a su cintura para despedazar al hombre, las cuales reaccionaron embravecidas, lanzando mordidas que Dante esquivaba por muy pocos centímetros.
Pero antes de que las fauces del león se complacieran de sangre, una flecha sobrevoló el aire y se adentro en uno de los ojos del animal, el cual estallo y lanzo un chorro de sangre que resbalo por su trompa y dientes, el león tan solo exclamo un pequeño rugido lastimero antes de dejar de moverse, pues la flecha había perforado su cráneo hasta su cerebro. Isley aprovecho el desconcierto de Campe para cortar la serpiente que apresaba a Dante y le ayudo a retroceder.
-Aldana. – Otto estaba arrodillado cuando vio a la peli azul erguida frente a él, aún apuntando con su arco a Campe y ya con otra flecha más en este.
-Ella ya no está aquí. – Siseo amenazadoramente y los tres sobrellevaron sus ojos sorprendidos hacia la muñeca de esta donde se visualizaba la marca de Ares. Aldana había aclamado por ayuda a Ares y este le había correspondido.
…
La noche mítica y llena de negrura se disperso por todo el eje terrestre mostrándoles a sus habitantes que a pesar de las adversidades que enfrentaban el ritmo del tiempo y el sentido de la vida continuaban. Las estrellas y los lejanos astros se observaban como un puntilleo arenoso resplandeciente y su luna recubierta por su aura negra desde que Artemisa fuese sellada le hacían ver a aquella noche como si hubieses un hechizo intrascendente en el cielo y que sembraba a sus pies una somnífero en todos los seres del planeta, dando pie a que la mente se dispersara y que lo irreal pudiese suceder en el mundo de los sueños.
Aquella noche llena en su esplendor por matices de tranquilidad e inquietud, protegida por los astros, su enigmática luz y sus rumiantes estrellas, permitían que en las sombras se diera una diversidad absoluta que durante el día se reprimía, dejaban explotar los sentidos a aquellos dispuestos a hacerlo, a otros se les permitía explorar los misterios de la magia, el erotismo, la espiritualidad, la sensualidad y los sueños, mientras aquellos que permanecían en insomnio les era posible experimentar la soledad o la compañía, así como tantas sensaciones y experiencias, que la noche les guardaba, en un mutismo fiel desde la primera noche del origen de los tiempos.
Sin embargo aquella noche enigmática que pudo haber sido tranquila y única para otros, rompía con su ordinaridad en el templo de géminis, pues el templo de los gemelos que se veía entre las sombras de la noche imponente, otorgándole a las dos grandes estatuas en su frente un misticismo único, que solo era alumbrada por los candiles de las velas que parecían ser las vigilantes silenciosas de aquellos que entre sus luces reían tranquilamente, incluso parecía que el templo resguardaba a los tres santos, como si el mismo reconociera que hacía mucho tiempo que no ocurría algo como aquello y que la última vez que sirvió de guarida a ellos, había sido más de una década atras; aquella había sido una noche que no admitía plurales, que había sido única, esa fue la última vez que vio a los tres jóvenes relajados y completamente despreocupados como si la tierra se hubiera borrado bajo sus pies y que el peso sobre sus hombros hubiese desaparecido.
Y es que esa fue la última vez que géminis recibió entre sus salas a los dos gemelos y al arquero con tranquilidad y un ambiente amistoso que rozaba mucho a la hermandad, puesto que de ahí en adelante los encuentros con el gemelo menor se volvieron recelosos y un tanto hostiles, que no tardaron en hacer al castaño mayor y al gemelo más unidos pero que sembraron una sombra de amargura y desconfianza en Saga, parecía que habían pasado siglos de ello, pero los tres jóvenes recordaban todos los detalles de su penosa historia y cada sentimiento que les embargo por mucho tiempo; el odio, la soledad, la distancia, el abandono, el miedo, la cobardía y el desamparo que termino por consumirlos a ellos y posteriormente a todo y todos en el santuario.
Pero ahí estaban una vez más como si las noches hirientes, los desgarros en su interior y la forma en la que la gloria que pudieron alcanzar se marchito no estuvieran. Sus risas despreocupadas resonaban en el interior de géminis y sus voces parecían los cuchicheos de alguien que ocultaba un secreto con diversión, aunque hablaban claramente.
Kanon se encontraba de pie, recargado en el muro con su espalda y los brazos cruzados, su mirada inquisidora se posaba de vez en cuando en su gemelo y luego viajaba hacia el arquero, mediante su conversación precisase mirar a uno o al otro. Saga se encontraba sentado relajadamente en el sillón usando un amplio cojín como respaldo mientras una de sus piernas se encontraba extendida y la otra apoyada formando un ángulo de 45° grados y por su parte Aioros estaba sentado en el suelo con ambas piernas extendidas y apoyando en sus manos.
-Y ahí estaba en el fondo submarino con seis mocosos inexpertos en el uso del cosmos, bueno excepto tal vez Isaac, pero bueno aún así era malo para usarlo. – Relataba tranquilamente Kanon, mientras los ojos de Aioros y Saga se posaban con él con atención. – Así que reuní toda mi paciencia que me quedaba para tratar de enseñarles, pero me encuentro que tenían las habilidades más inhóspitas y extrañas.
-Aunado a ello que tu también eras un tanto inexperto en el uso de tu propio cosmos, digo nunca lo habías utilizado con tanta libertad. – Noto Saga.
-Y con el carácter que tienes… -
-¡Cállense y déjenme terminar! – Gruño Kanon, lamentándose de haber aceptado platicarles de aquello. – El hecho esta que si aguantar a Aioria y Milo era todo un reto, soportar a esos seis fue peor castigo que ahogarme en Cabo Sunion. Bian era sin duda todo un caso, sus técnicas de aire eran tan invisibles como el viento y su falta de concentración, me recordaba tanto a Milo que más de una vez pensé en regresarlo a la superficie, pensando que le faltaba oxigeno en el cerebro.
-Pues dudo que te haya funcionado, Milo recibe buenas cantidades de oxigeno y míralo. – Bromeo Aioros y rápidamente lo secundo Saga.
-No te reirías de él, si alguna vez lo hubieras visto comportarse serio y te hubiera asestado sus temibles agujas escarlata. – Le defendió Kanon, recordando la fiera y temible actitud que Milo le mostro en la sala patriarcal durante la guerra santa.
-La verdad las punzadas y descargas de dolor de la aguja escarlata de Milo, es algo que no quiero volver a experimentar en mi vida. – Secundo Saga, mientras Aioros miraba la cara de seriedad con la que ambos gemelos lo decían, puesto que de toda la orden solo ellos, Shura y Camus habían sentido ese dolor.
-En fin, luego estaba Eo y las bestias de Escila que fue todo un circo el poderlas controlar, pero creo que entre todos, Eo era el más tranquilo y preventivo de todos, pues imagino que tal vez hubiera alguien capaz de derrotar a sus seis bestias, así que creo una técnica final que yo considero una de las más destructivas y poderosas entre los generales marinos. Y luego estaba Krishna que me recordó tanto a Shaka que le estuve a punto de enviarlo al santuario para que sufrieras doblemente. – Kanon apunto con su dedo a Saga quien rio muy levemente.
-A mi no me desesperaba la forma en la que Shaka solía y aun a veces se expresa. – Contradijo Saga recostándose aun más en el sillón y cruzando sus manos tras su nuca. – Entiendo que te hubiera sido difícil comunicarte con él, después de todo no eres muy bueno con ello.
-Idiota. – Refuto Kanon, mientras veía a Aioros sonreír. – Kasa era muy feo, parecía que la vida le había cerrado la puerta en la cara.
-Es. – Corrigió Aioros soltándose a reír, mientras ambos gemelos sonreían mordazmente.
-Pero su habilidad de tomar la forma de otras personas me sorprendió… - Kanon guardo un profundo silencio que alerto tanto a Saga como Aioros, primero pensaron que probablemente alguien hubiese entrado a géminis pero pronto comprobaron al elevar sus cosmos que no fue así, si no que Kanon seguramente estaba recordando algo.
-¿Qué pasa? – Saga se recargo sobre uno de sus codos y giro un poco el torso para ver que su gemelo escondía la mirada tras su flequillo, así que no pudo ver su mirada.
-No es nada. – Los dos supieron que Kanon les mintió, pero lo dejaron pasar, puesto que sabían que si Kanon estaba listo se los diría, de lo contrario ni las peores torturas podrían sacárselo de los labios. Y es que para el gemela menor le fue imposible confesar que cuando estaba a punto de burlarse de la habilidad de Kasa este le demostró que podía optar la forma de cualquier ser querido que se encontrase en su corazón y fue así que visualizo el rostro de Shion y Saga en el fondo submarino sin que estos estuvieran realmente ahí, pero fue tan real para él en ese momento que sonrió con tristeza. – Solo pensaba que Kasa, realmente es el más feo de todos.
-Luego estaba Isaac que me saco más de una vez de quicio, pues contradecir las enseñanzas de Camus era totalmente un reto, de hecho creo que nuestro refrigerador con patas usa algo muy parecido al satan imperial o alguna técnica de control mental, pues tanto Hyoga como Isaac repetían lo que su maestro había dicho. – Continuo Kanon.
-Tal vez eran traumas. – Rio Aioros.
-Realmente me fue difícil de cambiar a Isaac pues las enseñanzas de Camus era impecables, si no también que él tiene un forma de pensar muy noble y la única forma de hacer que confiase en mí, fue revelándole quien era realmente y lo "mucho que oriente a su maestro". – Kanon sonrió malignamente ante la cruel mentira que le lanzo a Isaac en el pasado y pronto el reclamo de Saga y Aioros no se hizo esperar.
-Tú y Milo solo metían en problemas a Camus. – Inicio Aioros.
-Además ya se te olvido cuando le dijiste que congelara por completo Acuario para que tú y los demás pudieran patinar en hielo. – Saga encaro a su hermano quien soltó una risita traviesa al recordar algo que para el había sido épico.
-Yo únicamente motivaba sus habilidades. – Se defendió Kanon. – Además no los vi rechistar cuando ustedes también patinaron, creían que nadie los había visto, pero yo los vi. – Kanon les guiño un ojo y sonrió triunfalmente.
-Estábamos tratando de romper el hielo. – Se excuso Aioros.
-El único que rompió el hielo, fue el patriarca cuando se cayó. – Y los tres rompieron a reír en sincronía.
-Y bueno el premio nobel de los extraños se lo gano Sorrento. – Comento el geminiano menor entre risas. – Cuando me mostro su flauta de verdad quise aventársela en la cabeza, pero el tiempo hizo que me tragase mis propias palabras, puesto que Sorrento resulto ser demasiado fuerte. Y bueno Thetis que les puedo decir de esa mujer, que es tan guapa como Gisela y tan intensa como Scatha. – Kanon sonrió y supo que la descripción de Thetis era muy corta pero perfecta para que su hermano y su amigo comprendieran los sentimientos que la sirena despertaba en el. – Puede que haya entrenado a los enemigos de Athena, pero todos ellos son muy buenas personas y luchaban por la convicción que les dictaba su corazón, eran fieles a su dios y pelearon por lo que creían.
-Les entrenaste bien. – Felicito Saga a su hermano. – Encontraste un lugar destruido y abandonado a su suerte y tú le devolviste su gloria y vida.
-Es por ello que Poseidón te ha confiado tanto. – Contesto Aioros, tal vez Kanon había tomado un camino muy diferente al de Saga y él, pero sin duda el gemelo menor había demostrado tanta fuerza de espíritu y determinación que ellos.
Los tres guardaron silencio al sentir el cosmos de Mascara de la muerte en las ultimas escalinatas que llevaban de tauro a géminis y vieron al caballero de cáncer, que a pesar de ir con su porte orgulloso e intimidante, marchaba lento y despacio, su rostro mostraba un cansancio que remarcaba aun mas sus ojeras y para los tres les fue imposible no ver las marcas de quemadura en los dedos del italiano.
-Buenas noches Mascara. – Le saludo Aioros al verlo pasar como alma errante hacia cáncer.
-Hola. – Les saludo, mientras un bostezo se le escapaba.
-Te ves agotado ¿Estás bien? – Inquirió Saga pero Mascara le quito importancia con un ademan de mano.
-Me quedaría a chismear con ustedes, pero muero de hambre y sueño. – Mascara bostezo una vez más y comenzó a caminar hacia la salida. – Adiós.
Los tres lo vieron salir arrastrando los pies, como si su alma fuese arrastrada a cáncer, así que le permitieron irse, pues ninguno de los tres dudaba que Mascara estaba a punto de caerse de sueño frente a ellos.
-Tenía mucho tiempo sin ver ese cansancio en uno de nosotros. – Comento Aioros.
- ¿Y bien? –
-¿Y bien qué? – Saga miro de soslayo a su gemelo, quien sonreía con burla.
-¿Qué se siente que Shion este entrenando a Mascara de la muerte y a ustedes nunca les entreno? – Kanon rio ante el desconcierto que mostraron los otros dos por igual.
-En estos momentos no envidio ni a Mu, ni a Mascara. – Confeso Aioros.
-¿Y qué me dices tú hermanito? – Kanon esquivo el cojín que le lanzo su hermano y se acerco a él, colocándose frente a su rostro. Aioros les miro en silencio, era como si hubiera un espejo entre ambos, pues las expresiones y la cara de ambos eran tan parecidas que tan solo parecía un reflejo.
-Shion está entrenando a Mascara porque él es el único de toda la orden que puede dominar esa técnica. –
-¿Y esa cual es? – Kanon se irguió enfadado al ver que no molesto ni un poco a su hermano, mientras el trió se giraba a ver por donde había desaparecido el guardián de cáncer, pero pronto los tres repararon en un pequeño rastro de sangre, tan solo eran unas gotas pero eso significaba que Mascara estaba herido.
-No lo sé, pero estoy seguro que pronto la veremos. –
-Sera eso o que Mascara sea el sucesor del patriarca. – Kanon miro victorioso al arquero y su hermano pues acababa de mostrarles que si ahora fuese a elegirse un sucesor al patriarcado ellos ya no eran los únicos candidatos aceptables para el puesto.
…
La noche siempre había hecho a los hombres temer, pues dentro de su oscuridad se escondía cualquier tipo de peligros, los cuales asechaban al hombre desde la era mitológica, ya que desde los inicios la penumbra servía de escondite para que ocurriese la muerte, ya que esta y la noche tenían una terrible alianza desde el inicio de los tiempos y aún esta se consideraba aliada de la traición.
Los cuatro flame se encontraban en torno a su diosa, percibiendo la amenaza que se ocultaba en la noche y a la cual sus ojos y sentidos eran ciegos, sabían que algo se deslizaba por el santuario amenazando a Athena, sin embargo desconocían por completo que era y donde se encontraba, sin embargo el fuego divino les había ayudado a trazar un lugar aproximado de este.
-Puedo sentirlo. – Helena creo dos esferas de fuego en sus manos mientras abría sus ojos.
-Sepárense y registren los alrededores. – Eiden intercambio su mirada con sus otros dos hermanos quienes asintieron. – Vesta llama al patriarca y tú Sua pon al tanto al caballero que cuida de Athena.
-Sí. –
Helena miro a sus hermanos y hermana separarse en la oscuridad, así que ella decidió entrar calmadamente al recinto de Athena, aquella noche mucho antes de que la luna turbia se pusiera en el cielo, los cuatro flame y la diosa Hestia habían tenido la visión de cómo una serpiente platina, igual a la descrita por los ángeles y que había sellado a Artemisa, se deslizaba entre las sombras del santuario Atheniense en busca de Saori Kido. La ausencia de un cosmos la hacía prácticamente invisible a los caballeros, pero la presencia de una tenue y casi inexistente aura, les permitía a los flame poder percibirla aunque escasamente.
-Helena. –
-Buenas noches patriarca. – La flame hizo una reverencia a forma de saludo, misma que regreso el rubio. – Veo que mi hermano le ha encontrado.
-Así fue. – Shion se aproximo hasta situarse al lado de ella, quien volvió tranquilamente su vista al frente.
-Su rostro se torna serio cuando se encuentra pensativo. – Menciono ella, mientras avanzaba a paso tranquilo, buscando en el suelo, aquel ser rastrero creado por Rea.
-No es para menos, Athena está en riesgo de ser sellada. – Shion tan solo buscaba con su mirada, en caso de detectar algún movimiento, pues aun elevando su cosmos le era imposible detectarla.
-Debe de confiar en nosotros. – Helena miro hacia el lado derecho de un largo pasillo, Shion siguió la vista de la flame y segundos después Sua salió acompañado de Aldebarán, aquel simple detalle no paso desapercibido para el patriarca, pues parecía que Helena había visualizado previamente que saldrían por aquel largo pasillo.
- ¿Athena continua en su dormitorio? –
-Así es. – Informo el caballero. – He estado dando continuamente rondas en torno al templo de Athena cuando me han informado de lo que ocurría.
-Incluso yo soy incapaz de detectarlo. – Admitió Shion.
-Está ser cerca de Eiden. – La voz fría de la flame que acompañaba al segundo guardia, fue apenas un gentil susurro, aquella mujer de cabellos blanquecino, largo hasta la cintura, de aspecto muy fino y de ojos grises, tan carentes de sentimiento como los esmeralda de su hermana.
-¿Cómo es posible que lo sepas? – Interrogo el toro.
-Nosotros santo, tan solo somos una llamarada proveniente del fuego divino, somos extensiones de la diosa Hestia quien es realmente su cuidadora, el pertenecer al mismo lugar, nos hace poder conectar nuestros pensamientos con facilidad y ver lo mismo que los ojos que nuestros hermanos. –
-Apresuremos, Eiden está en el dormitorio de Athena junto a la diosa Hestia. – Les apresuro Helena. – Debemos tener cuidado pues una mordida a cualquiera de nosotros, seria nuestro fin. Ese ser es capaz de sellar hasta un dios.
…
La amplia habitación de la diosa de la sapiencia hacia honor a su nombre, pues a pesar de que esta incluía un amplio baño y vestidor, lo más notorio era la cama adocelada donde la diosa solía reposar, esta era tan amplia y suave que tentaba a cualquiera a recostarse sobre esta, aunque parecía que apenas y la diosa había estado sentada en ella, pues no había ninguna arruga en esta, dos pequeñas mesitas de noche, se encontraban a su lado, en la que descansaban varios pergaminos y libros antiquísimos.
-Mi madre Rea es capaz de dar vida a seres impensables. – Hestia se sentó en una las sillas del pequeño comedor que Athena tenía en su habitación y miro hacia la mesa en la cual descansaban un puñado más de escritos en griego antiguo. – Esa serpiente cuyo único objetivo es morder a un dios ha sido por demás un golpe bajo para nosotros.
-Te estás arriesgando al estar aquí. – Susurro lentamente Saori quien buscaba entre los numerosos libreros de su habitación algún libro, pergamino o escrito que le pudriese orientar a vencer la magia de Rea. – Deberías irte, sabes bien que una mordida a ti o a tus flame terminaría con sellarlos a los cinco.
-Pero una mordida a ti significaría el fin de esta guerra. – Hestia sonrió cansadamente y se irguió para pararse a su lado. – Athena, eres la última diosa guerrera que queda, sin ti, los dioses, los humanos y los demás seres estaríamos perdidos.
-Tampoco es necesario darme tanta importancia. – Saori suspiro pesadamente mientras sentía como las dos manos de Hestia se apoyaban en sus hombros.
-Pequeña Athena. – Sonrió Hestia. – No sé en qué momento pasaste de ser una diosa joven, a quien eres ahora. Zeus está muy orgulloso en quien te has convertido, incluso el Olimpo entero te ha encomendado la tarea de protegerlo, porque te has ganado un título, no porque este se te haya otorgado como a los otros.
-Hestia. – Saori miro asombrada a la diosa.
-Pero has pasado tanto tiempo sola, coexistiendo con mortales y tratándote de poner en su lugar, que has perdido algo sumamente clave para tu existencia. – Hestia deslizo su mano por los hombros de Athena hasta sus brazos e hizo que la diosa quedara frente a frente a ella. – Se que reencarnas en una humana, para poder sentir y conocer los sentimientos amargos y felices de los humanos, pero créemelo si olvidas tu origen, esta guerra será ganada por los titanes.
-¿A qué te refieres? – Saori miraba sin comprender a la deidad, ni siquiera sabía cómo responderle, puesto que todo encuentro con alguno de sus iguales en el pasado había sido hostil, por lo que ahora, cuando Hestia le hablaba maternalmente, tratando de orientarla como solía hacer con Dionisio, de forma tan reconfortante y pasiva, la había hecho sentir vulnerable y desconcertada.
-No tienes porque pelear esta guerra como humana. – Hestia abrazo cálidamente a su sobrina y le susurro en el oído. – Si no como diosa, es momento que la Athena de la era mitológica vuelva a despertar y pise la tan amada tierra a cual ha dedicado su existencia.
-Gracias Hestia. – Athena abrazo a su tía, ahora entendía porque los dioses mayores como su padre, Hera, Demeter, Poseidón y demás admiraban a la diosa mayor, aquella que debió haber sido la sucesora al trono de Urano y Cronos.
- Si hubiera tenido una hija me hubiese gustado que fuera alguien como tú. – Athena no alcanzo a responder nada, cuando observo como Eiden que estaba frente a ella y que podía ver al tener recargado su mentón en el hombro de Hestia; Eiden miraba relajadamente por uno de los ventanales la noche, pero de pronto, comenzó a quemarse en una gran llamarada que lo consumió en un instante y lo redujo a cenizas. Saori abrió los ojos sorprendida cuando el peso de Hestia cayo por completo sobre ella, lo que la hizo golpear con la espalda el librero, miro angustiada a su tía. - ¿Hestia? ¡¿Hestia?! – Le llamo, pero la diosa comenzó a desaparecer dejando haces luminosos de color blanco. - ¡Hestia! ¡Hestia!
Saori cayó de rodillas al suelo mientras sus lágrimas salían apresuradas por sus ojos celestes y los últimos halos luminosos provenientes del cuerpo y alma de Hestia volaban de sus manos hacia el firmamento.
-¡Hestia! – Llamo tan lastimeramente, mientras varias lágrimas se desprendían de sus ojos y humedecían el mármol bajo ella. Ahora comprendía todo, Hestia había venido a despedirse de ella, mientras sus flame se encargaban de buscar a la serpiente y uno de ellos se dejaba morder por la misma, lo cual equivalía a sellar a los demás flame y aquella a quien los había creado y con la cual estaban conectados por cosmos, los flame eran extensiones de la personalidad de Hestia y su misión nunca fue matar a la serpiente; si no a sacrificarse por ella.
…
El trayecto que llevaba de la sala patriarcal al templo de Athena era muy corto, pero para salir del primero tenían que recorrer varios pasillos, así que cuando por fin alcanzaron el suelo de aquella explanada y el cielo estrellado cubrió sus ojos, habían pasado tan solo unos 5 minutos, las dos flame iban por delante tranquilamente, mientras Aldebarán y el patriarca les seguían de cerca.
El toro distinguió a la entrada del templo a un joven de cabellos rojizos sus ojos eran de la misma tonalidad, aunque su expresión seria y el vacio de sentimientos que se notaba en su mirada pronto le hizo recordar a las dos flame, pero a pesar de la calma que le produjo ver al flame en la entrada del templo, pronto esta se destruyo pues a los pies del joven se encontraba una serpiente plateada, con uno largos colmillos que sacudía su cola y mostraba sus colmillos amenazantes en forma de advertencia.
-¡Cuidado! – Le llamo por instinto, pero el joven volteo a verle con calma y luego intercambio una rápida mirada con sus hermanas las cuales se detuvieron. -¿Qué?
Helena alzo su mirada unos segundos hacia el cielo, contemplando aquel hermoso manto de estrellas que se ceñía sobre sus cabezas, aquellas masas de fuego que ardían desde su creación y que con los años habían aumentado su incandescencia, pero que llegaría el tiempo en que su fuego se apagase. De pronto sintió la mano de Sua quien le tomo cariñosamente y le sonrió conciliadoramente.
Miro hacia el frente y vio como Vesta se arrodillaba frente aquella serpiente que lanzaba dentelladas de forma amenazante y sin que ninguno de los dos caballeros lo esperase, el pelirrojo ofreció su muñeca al animal que se sacudió amenazante una vez más. Fue en ese momento que Helena escucho los gritos de advertencia del patriarca y el caballero hacia su hermano quien los ignoro.
-El carbón que ha sido brasa fácilmente vuelve a arder. – Sua observo como la serpiente mordía la muñeca de Vesta y pronto el fuego la rodeo a ella, como a Helena, sin embargo no soltó la mano de su hermana mientras el fuego sagrado las consumía, no hubo dolor como ella espero, pues el fuego las abrazo con calidez, pero poco a poco sintió como su alma se desbarata y perdía la consciencia.
Aldebarán se freno en seco al ver como la serpiente mordió al flame, quien inmediatamente se rodeo de una gran llamarada que comenzó a quemarlo tanto a él, como carbonizo en un instante a la serpiente, justo en ese momento sintió calor a sus espaldas solo para darse cuenta que tanto Helena como Sua ardían con la misma intensidad que su hermano, consumiéndose hasta que sus cuerpos se redujeron en brasas que el aire elevo, para después tan solo ser cenizas.
-¿Qué acaba de ocurrir? – Miro al patriarca que tenia la misma expresión de asombro en el rostro.
-Ellos se han sacrificado por Athena. – Shion comprendió la misión de los flame.
Se decía en los antiguos escritos que Hestia encargada del fuego divino había creado de sí misma a cuatro personas capaces de manejar el fuego divino y poder servirse de las habilidades que este les otorgara, los cuales con el tiempo pasaron a llamárseles flame, las almas de los cuatro provenían del mismo fuego divino y de Hestia, así que si uno de ellos llegaba a ser sellado los otros tres flame, junto a la deidad serian sellados por igual, al estar sus almas conectadas. Era por ello que Vesta había provocado el fin para sus otros tres hermanos y la diosa Hestia y el grito desgarrador lleno de dolor y furia de Athena, solo lo confirmaba.
…
Sus ojos mieles iban de un lado a otro de la habitación con cautela, mientras todos sus sentidos estaban en alerta, la sangre de su brazo derecho y espalda caían en pequeños hilos de sangre por su armadura, dibujando por igual cada detalle de esta. Pero a pesar del dolor que le produjesen sus heridas, la concentración del juez en su pelea era inmutable, buscaba calmadamente el lugar por donde Ikelos aparecía para atacarlo.
Percibió el cosmos de Ikelos aparecer a su derecha, así que se giro velozmente para esquivar el zarpazo del dios, retrocedió impulsándose con sus alas a tiempo, así que aprovecho la oportunidad y golpeo con su codo la espalda del dios. Ikelos gruño lastimeramente, al mismo tiempo que rugía lleno de odio.
-Ya te lo dije, no voy a perder mi tiempo contigo. – Radamanthys empuño su mano con decisión.
-No te engrandezcas. – Ikelos se introdujo en una de sus dimensiones por la cual desapareció, Radamanthys trato de detectarle inútilmente, pero el dios elimino cualquier rastro de él, así que el británico se preparo para recibirlo de cualquier dirección.
Pero todo fue muy tarde, Ikelos se materializo sobre él a la velocidad de la luz, al tiempo que caía sobre él derribándolo en el suelo, clavo sus garras en el pecho del juez y las arranco con brutalidad, despedazando parte de la armadura y piel del rubio, quien no dudo en tomar por las muñecas al dios, sonrió mordazmente y clavo sus colmillos en los antebrazos del juez, los cuales comenzaron a sangrar.
-Tss… -
Ikelos desapareció por una de sus dimensiones de forma tan veloz que ni siquiera le dio tiempo a Radamanthys de levantarse del suelo, cuando la rodilla del dios impacto en su costado produciendo la fractura de varias costillas y le mando con una fuerza tan descomunal que su cuerpo choco contra varias columnas haciendo que estas se vinieran abajo.
Justo en ese momento el juez del inframundo sintió el cosmos de Anteios desaparecer del lugar, se removió lentamente haciendo que algunos escombros sobre él se deslizaran hacia el suelo y liberasen su cuerpo. No tomo ni siquiera un respiro, si no que se lanzo contra Ikelos lanzándole puñetazos y patadas los cuales el dios detenía con una sonrisa relajada plasmada en su rostro.
Ikelos sabía que poco a poco iba sacando a Radamanthys de sus casillas y lo estaba orillando a actuar impulsivamente, lo que le daría a él la posibilidad de golpear al británico sin piedad y si le era posible arrancarle el corazón de un zarpazo. Siguió permitiendo que el juez continuara lanzándole golpes a diestra y siniestra, permitiendo que se confiara.
Radamanthys rodeo de su puño de su cosmos para aumentar la fuerza de su golpe, pero el dios se desvaneció por una de sus dimensiones, solo para aparecer a espaldas del dios, tomándolo totalmente con la guardia baja, alargo sus dedos, dándole un eje vertical y dejando sus garras puntiagudas alineadas, sin embargo cuando estuvo a escasos centímetros de perforar la espalda del juez, sintió una descarga eléctrica de dolor y su brazo rodo por el suelo.
-¿Qué? … - Balbuceo el dios, mientras miraba a una joven de cabellos escarlatas y profundos ojos azules mirarlo con severidad, la cual portaba entre sus manos una espada de la cual se esparcía un hilito de sangre que se deslizaba por todo su filo.
Scatha había llegado justo a tiempo para evitar que la mano del dios incrustase su mano en la parte posterior izquierda del tórax de Radamanthys, pues de haberlo hecho así, hubiera podido tener a merced el corazón del juez, por lo que la pelirroja amputo de un solo corte el brazo izquierdo del feroz dios, el cual cayo inerte al suelo.
-¡Perra! ¡¿Quién demonios eres tú?! – Scatha tuvo que retroceder velozmente para esquivar los ataques llenos de furia que se dirigieron hacia ella.
Radamanthys dejo pasar la descarga de adrenalina que había experimentado cuando comprendió la jugada de Ikelos, se giro hacia ambos combatientes, aun sin comprender quien era aquella joven de largos cabellos color sangre y que peleaba como si tan solo estuviera danzando, sus movimientos era agiles y coordinados a la perfección, sus ojos azules analizaban la situación con tranquilidad y determinación.
-Odio a los seres cobardes como tú. – Los ojos ambares de Radamanthys analizaron a la joven, sin reconocerla de ningún lugar en especial, pero había algo en sus facciones que le resultaban conocidos y mientras escaneaba a su nueva aliada, reparo en las numerosas heridas que la joven llevaba en su cuerpo, no solo grandes moretones se esparcían por sus brazos, piernas, abdomen y rostro, si no que heridas más profundas. La joven tropezó en un escombro y cayó de espaldas al suelo, pero pronto esta rodo y dio un ágil brinco hacia atrás interponiendo una considerable distancia entre ella y el dios.
-¿Quién eres? – Siseo amenazante el dios.
-Tu peor pesadilla. – Scatha apretó más la empuñadura de su espalda y miro de reojo al espectro tras ella quien le miraba con la misma atención y sorpresa que el dios. Para ella no paso desapercibida los torrentes de sangre que se deslizaban descendentemente por todo el sapuri del espectro.
-Esta no es tu batalla, niña. – Radamanthys le miro lleno molesto por interceder en su pelea.
-Tampoco sería tuya si él te hubiera alcanzado a golpear. – Contesto sin más la joven dejando sin palabras al juez, quien bufo al reconocer en la espada de la joven la misma insignia de los guerreros de Ares, ella también era una berserkers y sabia que Ikelos había reparado en el mismo detalle pues sonrió triunfadoramente.
-Veo que no elimine a todos los berserkes. – Sonrió Ikelos, tomando por sorpresa a Scatha.
-¿A qué te refieres? – Pero Scatha obtuvo por respuesta un zarpazo de las garras del dios, justo en el hombro, que por la impresión no pudo esquivar y que la tumbo al suelo, Ikelos se acerco a ella, pero en ese momento la pelirroja lanzo una gran llamarada de fuego que impidió que el dios llegase a ella.
-Debes tener cuidado. – Radamanthys se acerco a ella y le tendió la mano para ayudarle a levantar. – Este dios es capaz de regresarte tus propios poderes al utilizar las dimensiones paralelas a esta, al igual que puede moverse por ellas.
-¿Es cierto lo que ha dicho? – Scatha recorrió con su vista el salón principal de aquel gran templo, en el que solo encontró un gran boquete en el suelo y la destrucción de la pelea de Anteios contra Críos, pero ningún rastro de los berserkers que habían acompañado al hijo de Ares.
-Jajaja. – Ikelos saboreo la sangre de la pelirroja de sus garras y sonrio.
-Es cierto. – Radamanthys se interpuso entre Scatha e Ikelos mientras ambos se observaban con cautela. – Ikelos traiciono al dios Anteios apenas pusimos un pie en este lugar. Escúchame yo me encargare de este repugnante ser, mientras tu busca la urna donde tienen encerradas las almas de los dioses, los titanes se han ido para atacar a Athena y nuestro único obstáculo es Ikelos, pero yo me encargare de él.
-¿Tu? – Espeto burlón el dios. – Pero si estas desangrándote, no me duraras mucho.
-Yo me encargare de él. – Scatha balanceo su espada con agilidad frente al dios. – Tu estas en desventaja con él, pero yo no.
Radamanthys no espero contestación de Scatha, si no que se lanzo contra el dios elevando todo su cosmos y tomándolo de la misma forma en que el había logrado golpear a Scatha y a el mismo; desprevenido. Golpeo con todo su cosmos el rostro del dios, el cual se desfiguro ante el impacto inmisericorde, quien se estrello contra una columna, la cual se derrumbo y dejo tras de sí una nube de polvo.
Ikelos se maldijo por caer tan estúpidamente en la trampa de Radamanthys, se incorporo lentamente y clavo sus ojos bestiales sobre el rubio, quien le miraba con una sonrisa burlona en el rostro. Así que se juro a él mismo que se encargaría que esa sonrisa desapareciera para siempre.
Radamanthys sabía que no podía prolongar aquella batalla por mucho más tiempo, tenía que apresurarse a terminar con ella, puesto que su misión ya no era liberar las almas de los dioses si no retornar al castillo de Hades para ayudar a Pandora y Persefone quien seguramente estarían enfrentando la furia de Rea en ese momento, tan solo tenía que esperar un poco más por él.
El juez del inframundo se impulso con sus piernas en un gran salto y se deslizo en picada hacia Ikelos con la intención de atacarlo de frente, sin embargo a la mitad de la caída el dios desapareció, Radamanthys chasqueo la lengua estresado y cuando volvió a percibir el cosmos del dios este estaba tras él, así que elevo su cosmos bruscamente y soltó numerosos ataques de energía violácea hacia él, pero la dimensión frente al dios se distorsiono y absorbió los ataques del espectro. Radamanthys aún en el aire percibió como una nueva dimensión se abrió sobre él y todos aquellos halos luminosos que el mismo había creado llovieron sobre él, impactando su cuerpo, clavándosele y perforando todo su cuerpo, mientras todo a su alrededor era destrozado por su propia técnica.
…
Continuara… ¡Comenten!
Comentarios:
Darkmiss01: Hola! Scatha solo le mostro a Athena que la vida fuera del santuario era muy distinta y por más paz que se alcanzara en su reinado, había secciones de la población la cual seguía sufriendo. Scatha fue la voz de aquellos que no han sido escuchados, como bien dices de los marginados y minorías. Me alegra mucho que siempre me dejes algún comentario y no solo para decir "buena historia y demás" si no que me expresas tu punto de vista, tu acuerdo y desacuerdo y eso créemelo me fascina. Respecto a Radamanthys realmente el juez esta en un problemón ya que ninguna de sus técnicas por el momento le permite saber de dónde vendrán los ataques de Ikelos, por lo que sí está muy mal parado, Ikelos era un dios cruento y vil, según lo descrito en la mitología; así que ahora Radamanthys no solo debe derrotarlo para ayudar a la diosa Persefone y Pandora, si no que también debe ser el escudo de Scatha, mientras ella logra recuperar las almas de los dioses. Solo puedo decirte respecto al otro punto, que Athena tiene un asunto muy serio que hablar con sus dorados y que tal vez no encuentre el apoyo que ella esperaba.
Niki1213: Gracias a ti por tener el tiempo de leer mi historia y dejar un comentario. Recurrir a la Athena mitológica cada vez se perfila como la última opción.
MarianaMa: Realmente de todo corazón me te doy mi pésame por lo ocurrido con tu abuelo, lo lamento mucho, que bueno que mi historia sirvió en algo bueno, al menos. Espero que pronto comprendas y puedas sobrellevar lo que paso, mi mas fuerte abrazo.
Artemiss90: jajajajaja ok creo que ya entendí que Saga es tuyo. La relación de los dorados en general va bien, pero como se dice toda tranquilidad fulmina en un desastre y lamentablemente tal vez ese va a ser el caso de los santos dorados, pues a pesar de la hermandad y redención que alcanzaron en esta vida, les será imposible sobrevivir a todos.
Atte: ddmanzanita.
