¿Alguien me continúa leyendo? ¿Alguien sigue aquí? Si es así, espero comenten porque no se me desanima un poco escribir capítulos que espero les agraden y en los cuales me he esperado para que se emocionen y ver tan gratos pero escasos comentarios, los cuales agradezco de todo corazón. Sin más; el cuarto decimo terceavo capitulo espero lo disfruten y puedan ¡Comentar!

Capitulo 43 Mi vida es mi batalla.

Quien conociera al rey de los titanes, el temible e imponente Cronos sabia que este era un ser sin igual, con un conocimiento y cantidad de cosmos más allá de lo pensable, pero a su vez, había que reconocer que la mujer elegida para estar a su lado no solo debía estar llena de gloriosos atributos, si no de mantener un poder muy similar al de su amado esposo, una energía que le hiciera digna rival de competir con el nivel de su esposo. Y Rea bendecida por los frutos de su madre; Gea y el cosmos sin igual de su padre; Urano, era la candidata perfecta para ello, dotada de una belleza desmesurable, talentos envidiables para cualquiera de su género y habilidades ofensivas y defensivas más allá de lo pensado. Rea no solo era hermosa, inteligente y muchos atributos más, si no que ella significaba la vida y la muerte, la creación y la destrucción.

-Tú debes ser Pandora. – Rea tomo de la empuñadura sus dos cuchillas. – La mujer creada por los dioses para traer a mi mundo la desesperanza y la destrucción. Una mujer maldita.

La hermana del dios Hades no respondió a las provocaciones de Rea, sin embargo atizo su mirada violácea para seguirla, mientras se colocaba entre la señora Persefone y ella, puesto que su única misión confiada por Hades era el de proteger a la reina del Inframundo.

-Eres humana, creo que ya eres consciente de tu inferioridad. – Rea susurro amenazante, mientras acortaba la distancia. – Ambas son seres vivos, creados del mismo fruto del cosmos y como tales, les reconozco como esenciales para que la vida y el destino marchen por el camino predestinado, es por ello que les doy la opción de rendirse, serán selladas y despertaran cuando mi amado Cronos reine sobre los cielos, la tierra y el universo como en la antigüedad.

-Cronos no reinara sobre nada, ustedes los titanes lo único que conocen es la destrucción, sus emociones frágiles y temperamentos volátiles les han hecho incompatibles con la vida. – Persefone alzo el rostro receloso, pero imponente al mismo tiempo, tal y como ella imagino que su hermana Athena haría en esos momentos.

-Tan parecidos a los dioses, quienes han aclamado destruir a la tierra y a los humanos durante tantos siglos, empeñados en verles ir en el camino de la maldad, juzgándolos y tratando de acabar con ellos, cual epidemia, sin usar esa energía para regresarlos al camino correcto. – Rea sonrió con desdén. – Es cruel de tu parte juzgarme a mí y a mi raza por hacer lo mismo que ustedes hacen con los humanos. – Rea giro el rostro de Persefone a Pandora y la miro con una sonrisa escalofriante. – Y aún así ustedes dan sus vidas por dioses desconsiderados.

-¡Cállate! – Rugió Pandora tomando con ambas manos el báculo de su tridente el cual despidió varias centellas que tronaron furiosas en el aire. Rea alzo las cejas con asombro y miro molesta a la joven por tal contestación.

-Si tanto te importa la vida, no veo el porqué apoyar a tus hermanos. – Repuso Persefone.

-Los titanes no fuimos quienes empezaron con esta destrucción, pero acabaremos con ella. – Rea se movió a la velocidad de la luz, colocándose frente a Pandora, quien alzo su báculo para defenderse sin embargo las cuchillas de Rea destrozaron sin piedad al tridente rompiéndolo, lo que obligo a Pandora a soltarlo y retroceder.

La peliblanca se deslizo hacia Pandora a una velocidad insospechada y le produjo un corte muy fino en el hombro, que pudo haber continuado hasta su pecho de no haber sido porque Persefone intervino al lanzarle una esfera de energía que casi la golpeo lateralmente y que paso frente a Pandora.

-Emperatriz… - Menciono anonadada Pandora, mirando a la deidad plantarle frente a la reina de los titanes.

-Vete Pandora. – Susurro quedamente Persefone aunque su voz mantuvo su autoridad habitual. – Esta batalla no te corresponde.

-No. – Pandora tomo uno de los filos de su tridente y lo rodeo de una descarga eléctrica violácea que formaba diversos haces y filos al moverse la electricidad en su mano. – No voy a abandonarla. – No, porque sea una orden de mi señor Hades, si no porque sé que usted es la única esperanza del inframundo, la única capaz de brindar bondad en ese sitio desolado. – Se coloco al lado de su diosa y le miro con decisión, mientras sonría al pensar que aquella mujer le había condenado a un suplicio al principio de aquella odisea por haber traicionado a Hades en la guerra santa, pero ahora que la observaba tan solo distinguía en ella una fiera esposa que hubiera dado todo por Hades y que estaba dispuesta a defender su linaje.

-Debes irte Pandora. – Persefone sonrió amigablemente a la peli negra a su lado y le tomo delicadamente de la mano. – No puedes hacer esperar a Radamanthys. – Aunque no era el momento para decir algo como aquello, Persefone no pudo perder la oportunidad de recordarle a la joven, que no debía perder su oportunidad de vivir al lado de aquel hombre, después de todo era libre.

-Él me va a esperar. – Pandora sintió el seco latir de su corazón, que se emociono al solo recordar a Radamanthys. – "Se que lo veré después en esta vida u otra."

-Ya no tendrán otra oportunidad. – Rea se movilizo hacia ellas, coloco su mano velozmente sobre el pecho de Pandora y detono una explosión de su cosmos, que lanzo a la joven contra las puertas de madera gruesas del castillo que se rompieron, posteriormente Rea giro ágilmente una de sus dagas, con la cual rozo el cuello de Persefone que alcanzo a agacharse y logro golpear a la titanide en el estomago, alejándola de ella.

-¡Pandora! – Persefone corrió hacia las puertas a su espalda y vio a la joven inconsciente entre los restos de la misma, su cabello estaba esparcido a su alrededor y tenía una grave herida en el pecho, de la cual brotaba grandes cantidades de sangre y un pequeño hilillo sobresalía de sus labios resbalando hasta su mentón. – Pandora.

Persefone miro enfurecida a Rea quien le miraba con clara superioridad, así que se teletransporto frente a ella y le tiro un puñetazo, sin embargo este fue detenido por una enorme raíz que le aprisiono y le jalo bruscamente hacia atrás, varias raíces se integraron a la primera deteniendo cada extremidad de la pelirroja, quien hacia estallar su cosmos para romperlas sin embargo cada vez que lo hacia otras raíces sustituían a las primeras.

-De esta forma permití que Ares matara a Ker, ahora seré yo quien selle tu arma, sin conflictos ni más destrucción. – Rea comenzó a acercarse a Persefone que luchaba incansablemente contra aquellas interminables raíces que brotaban del suelo de mármol del castillo, pero el resultado siempre era el mismo, cada vez que lograba destruirlas, nuevas volvía a brotar y lograban detenerla sin darle oportunidad de escapar.

Rea saco un pequeño frasco con un liquido dorado, le abrió y derramo su contenido sobre una de sus dagas la cual comenzó a gotear aquel resplandeciente brebaje que al caer al suelo perforo este sin ninguna piedad.

-Maldición. – Persefone gruño impotente. Sus manos estaban enrojecidas por sacudirse frenéticamente para liberarse y de su cuello manaba un hilo de sangre. Estaba furiosa por ser apresada de aquella manera sin darle siquiera la posibilidad de luchar y defenderse.

-Ya todo ha terminado, hija de Zeus. – Rea recargo la punta de su daga sobre el centro del tórax de la pelirroja, quien dejo de sacudirse y miro iracunda a la titanide.

-¡No! – Un centenar de rayos surcaron el aire en dirección a Rea, mientras parecían abrazar a Persefone sin tocarla. Rea chasqueo la lengua molesta y tuvo que retroceder varias veces, mientras aquellos poderosos rayos golpeaban el suelo al fallar.

-Pandora. – Persefone la vio de reojo levantarse jadeando, sus ropas estaban destruidas y sus heridas eran graves, sin embargo la determinación en su mirada era tan parecida a la devoción con la que Radamanthys miraba a Hades o aquella que le mostro el caballero de cáncer en el inframundo por Athena.

-Creí que ya estabas muerta. – Susurro fríamente Rea.

-¿Desde cuándo una titanide que creó la vida se ha empeñado en terminarla? – Susurro una voz tras Pandora, que Persefone reconoció al instante, las ataduras de sus manos se soltaron y aquellas raíces retornaron tranquilamente al suelo.

-Demeter. – Susurro Rea al ver a su propia hija, aquella que había heredado la mayoría de sus dones como diosa.

-Ma…madre. – Los ojos de Persefone se llenaron de lágrimas al ver a su madre en ese lugar, acudiendo a ella de nuevo, como siempre había hecho desde la era mitológica.

-No voy a permitir que selles a tu nieta. – Demeter menciono la última palabra, en un intento de recordarle que aquella guerra no se estaba librando entre desconocidos o enemigos, si no entre una familia; Rea, era su madre y Persefone, su hija. Hasta qué punto los había llevado la ambición.

En aquella oscuridad, su silueta brillaba con un halo escarlata, mientras sus cabellos azules danzaban alrededor de ella, su posición era rígida y su mirada ambarina parecía resplandecer con un brillo dorado, la seguridad y confianza que mostraba eran absolutas, su mandíbula permanecía apretada y la posición de sus manos y brazos era tensa, aunque sus hombros se encontraban relajados y una sonrisa confiada se apreciaba a penas.

-Eres una berserkers. – Isley miro el tatuaje de nuevo en la muñeca de Aldana, el cual resplandecía de un rojo intenso como si acabara de ser marcado con un metal caliente.

-Así es. – Aldana o quien fuera ella, soltó la cuerda de su arco y la flecha salió silbando velozmente hacia Campe que se movió aterrorizada y desconcertada hacia la oscuridad, proclamando un rugido molesto y amenazante, mientras estudiaba desde las sombras a su nueva rival.

Esa joven… la cual ella había creído muerta o al menos parecía que estaba a punto de estarlo, había sido capaz de tomarla de sorpresa y logrado asesinar a una de sus cabezas con tan solo una flecha, bajo su vista hacia su torso y observo una profunda herida carbonizada de la cual se desprendían cenizas, el resto de sus cabezas gruñían lastimeramente enfurecidas, esa chiquilla iba a pagárselas.

Pero había un detalle el cual no podía dejar ir, esa joven de cabellos azules tenía una vibración en su cosmos muy diferente a la de los otros guerreros incluso la confianza en su rostro se tornaba amenazante para ella, era como si estuviera frente a algún guerrero mitológico, así que gruño por lo bajo y continuo observándola, sus heridas eran graves y era claro que moriría, el problema era el daño que pudiera causarle a ella antes de que eso pasase.

Otto, Dante, Isley y el resto de los berserkers se acercaron a quien fuera Aldana solo para comprobar que la tranquila mirada de la joven se había tornado fiera y que sus ojos ámbares les miraban con un furia inusual. Otto se maldijo de nuevo al ver que una de sus sobrinas había vuelto a caer en las mentiras de Ares y que había perdido su única oportunidad de ser realmente libre. Dante e Isley sintieron un terrible vacio al ver que Aldana había recurrido a Ares para poder hacerle frente a esa bestia y aplaudieron una vez más el sacrificio de la joven, aunque su reconocimiento de nada serviría para pagar el tributo que Aldana había dado a cambio: Su vida.

-¿Aún eres consciente? – La berserkers cerró los ojos con calma y hablo hacia sus adentros, sintiendo como la esencia de Aldana comenzaba a disolverse en su interior, pero una leve vibración le mostro que la joven aún estaba atenta a lo que ocurría en su exterior. – ¿Eres consciente de lo que te va a pasar? Morirás.

-Lo sé... –

-Mi cosmos bloquea el dolor y detiene las hemorragias graves de tu cuerpo, pero a medida que enfrente a esa cosa tendré que usar mi energía para pelear, será entonces que tu cuerpo comience a flaquear, tus heridas se abrirán de nuevo, tu carne se desgarrara, tu sangre será derramada y cuando logre vencerla, no quedara forma para que sobrevivas. – La berserkers analizo indiferente la oscuridad, mientras se colgaba su arco a la espalda y sacaba su espada, la cual balanceo en el aire.

-Solo sálvalos. –

-Entendido. Ellos vivirán, a cambio de tu vida. – Ella jamás se hubiera preocupado por su contenedor, sin embargo el sacrificio inútil y su valentía noble, le habían hecho merecedora a esa atención.

La berserkers verifico todas las armas que tenía a su disposición, su arco y flechas a su espada, varias dagas y una espada, pero si quería vencer a Campe primero tenía que debilitarla a la distancia y ya que necesitaba su arco para ataques a gran escala, lo reservaba para ataques especiales. Así que miro fijamente a los guerreros a su lado.

-Todos ustedes traicionaron a mi señor. – Hablo fríamente hacia ellos. – No se merecen vivir, yo misma les mataría ahora mismo, sin el alma de un berserkers no son nada, ni valen nada, les aterra pelear, le temen a bestias insignificantes. – Aldana miro de la oscuridad a Dante e Isley y a cada berserkers que estaba vivo, sintiendo un repudio impresionante hacia ellos. ¿Acaso para los humanos era muy difícil entender a Ares?

-No te necesitamos. – Rugió Dante furioso.

-Si no fuera por mí ya estarías muerto. – Contesto recelosa. – El sacrificio de su compañera les ha salvado, solo necesito que me dejen sus armas, yo me encargare de Campe.

Cerro sus ojos mientras sus recuerdos se conectaban con los de Aldana, sin descuidar la presencia de Campe que se movía sigilosa entre las sombras. Activo parte de su cosmos el cual analizo a la distancia el cosmos de los berserkers que aun permanecía en el santuario Ateniense, esa era su puerta de salida, así que abrió sus ojos y extendió su mano izquierda la cual estaba bañada en su propia sangre y abrió una dimensión hacia él.

-Lárguense de aquí. – Aldana dirigió su mano abierta hacia otro lado de la habitación y de esta salió una enorme llamarada de fuego incandescente que hizo sentir a cada uno un calor inmensurable, mientras las piedras comenzaban a arder como si de brasas hirvientes de un volcán se tratase, la habitación se ilumino por completo mostrando a los ojos ambarinos de la joven a Campe quien le miraba iracundamente desde una de las esquinas de la habitación. – Voy a convertir este lugar en un infierno para ti.

-Te voy a matar. – Respondió Campe.

-No me voy a ir. – Dante se aproximo a la que fuese Aldana en su momento, se agacho para rejuntar una lanza y se puso a su lado. – No lo hago por ti, berserkers, si no por mi amiga.

-Aldana me salvo la vida en los campos de la guerra, lo menos que puedo hacer por ella es permanecer a su lado. – Isley alzo su espada y se puso del otro lado de la peli azul, quien sonrió levemente, aquellos hombres no eran unos cobardes después de todo.

-El resto quiero que se vaya. – Ordeno Otto, a sus compañeros quienes asintieron temerosos y se introdujeron en el portal. – Solo nosotros 4 nos quedaremos aquí.

-Bien. – Menciono Aldana mientras empuñaba con mayor fuerza su espada y miraba a Campe. – Su compañera morirá de todos modos, pero pueden estar a su lado hasta su último momento. Ahora tu, asquerosa bestia ¿Qué extremidad quieres que te corte primero?

Campe golpeo el suelo con su cola levantando una densa nube de polvo y se movió hacia los cuatro guerreros con el único objetivo que compartía con ellos: El matarse mutuamente. Sin embargo aquella nube era un arma de doble filo pues cuando llego hasta donde se encontraba la peli azul no la encontró, por lo que se giro desesperada para buscar a los otros tres sin llegar a percibir a ninguno de ellos, hasta que sintió el filo de dos espadas tajando de un solo corte su cola que cayó pesadamente al suelo, se giro velozmente para encontrarse a Isley y Otto con sus armas clavadas aun en la carne de su cola, trato de acercarse a ellos pero pronto una lanza surco el aire pasando a escasos centímetros de su cuello. Fue en ese preciso momento que trato de llegar hasta Dante que se enfrento con la severa y fría mirada de la berserkers quien llevaba montado en su arco una flecha, la cual le estaba apuntando, se detuvo de golpe sintiendo por primera vez la gran amenaza que significaba aquella joven, quien sonrió cuando sus ojos se encontraron y soltó la flecha la cual dio justo en otra de sus cabezas quien rugió lastimeramente antes de que el cosmos negro que acompañara a la flecha convirtiera al terrible oso en cenizas.

-Dos y faltan 5. – Aldana no solo estaba contando las cabezas de las cuatro bestias, si no también la de la misma Campe.

El llamado a los trece santos dorados regentes en las doce casas se alzo muy temprano por la mañana, cuando de repente el reloj de fuego prendió sus doce llamas celestes, iluminando la noche con misticismo y mostrándole a los residentes del santuario que el momento decisivo de la guerra estaba llegando y que se solicitaba a los caballeros dorados a acudir de forma obligatoria y solos a la torre del meridiano.

Como en la última vez que estuvieron en aquel lugar, la torre se alzaba intacta de la guerra sobre su acostumbrada montículo de piedra, mientras el gran reloj ardía bajo él, alumbrando a las doce casas, como si la luz que proyectaba sirviera de remplazo a la protección que otorgaban siempre sus guardianes.

Dentro de esta enorme torre, la sala del Chrysos Synagein permanencia en una tenue penumbra, sus puertas de mármol al igual que la primera vez se encontraban selladas por la sangre de Athena, permitiendo el paso a los únicos caballeros dorados regentes en la actualidad a quienes se le convocaba a una asamblea dorada de la cual ninguno tenía pretexto para faltar.

La sala circular cuyas paredes eran inexistentes, pero bordeada por columnas que permitían que los rayos claros del amanecer se introdujeran como haces luminosos en la habitación y alumbraran las doce columnas centrales en las que se encontraba en su parte superior el signo del zodiaco regente a cada uno, así como una figura representativa del signo correspondiente.

Las puertas comenzaron a crujir al sentir el cosmos de un caballero dorado acercándose a la sala, las velas se encendieron por todo el pasillo de escaleras ascendentes y las letras en el borde superior descritas en griego antiguo resplandecieron de un tono dorado mostrando la palabra "Asamblea dorada" a su invitado, quien sonrió levemente mientras cerraba los ojos con calma y esperaba que las puertas terminaran para abrirse.

-Se siente tan extraño saber que por primera vez estaremos los trece caballeros dorados en una asamblea dorada. - Aldebarán entro a paso tranquilo hasta el segundo lugar el cual correspondía a su constelación, mientras el signo y estatua a su cabeza resonaba con su cosmos, iluminando con una haz dorado la habitación que se extinguió paulatinamente.

-¡Buenos días! – Saludo alegremente Aioria quien venía acompañado de su hermano mayor, Aldebarán correspondió el saludo con una inclinación de cabeza, mientras veía a Aioria mirar orgulloso a Aioros en aquel lugar. – Realmente no sé si alguna vez entraste a esta sala Aioros pero debes colocarte…

-Ya lo sé hermano. – Aioros palmeo juguetonamente el hombro del león dorado y comenzó a caminar hacia la novena columna, en la cual se coloco, resplandeciendo con una intensidad exuberante, como si la sala hubiese reconocido la ausencia del guardián. - Antes tan solo entrabamos Saga y yo, pero ahora estaremos todos juntos.

-Tienes razón hermano. – Aioria se imagino que triste debió haber sido para Shion el observar esa sala con solo dos caballeros dorados, pero a la vez con la esperanza que el resto de la orden se estaba formando bajo los pies del reloj dorado, bajo su vigilancia y con la ayuda de Sagitario y Géminis.

Las puertas comenzaron a moverse una vez más atrayendo por completo la atención de los presentes, solo para abrirse de golpe y mostrar a Mu, Shaka y Shura los cuales se habían encontrado en el camino al reloj de fuego.

-Caballeros. – Shaka entro a la habitación luciendo la sagrada armadura de virgo, dirigiéndose a su lugar, entre la constelación de Leo y Libra. Tanto Shura como Mu permanecieron unos segundos en la puerta de entrada mirando detenidamente a sus compañeros como la sala en su totalidad, lo cual hizo fruncir ligeramente el entrecejo a Aioros y Aioria.

-¿Ocurre algo? – Interrogo el león.

-Es solo que me resulta extraño ver a Aiorios en este lugar. – Inicio Mu y prosiguió velozmente antes de que Aioria malinterpretara toda la situación. – Me refiero a que después de todo, la novena columna siempre estuvo vacía.

-Más bien nunca hubo alguien que llenase el lugar que Aioros dejo.- Shura fijo sus orbes esmeraldas sobre los azules del sagita, quien sonrió al escuchar aquellas palabras. Y pronto noto que su amigo llevaba la armadura completa de capricornio, escondiendo tras la hombrera derecha la terrible herida del Keraunos.

-¡Que gusto me da ver esta sala llena! – Milo entro ostentoso a la habitación luciendo orgulloso su armadura dorada, mientras la capa blanquecina se ondeaba por el viento tras él. – Y después de todo verlos vivos a todos, después de lo que hemos pasado últimamente, me sorprende que los trece aun podamos acudir aquí.

Camus ignoro completamente el comentario de su mejor amigo y paso de largo a su lado para ir a colocarse entre Shura y el lugar vacio correspondiente a Afrodita, mientras miraba desaprobatoriamente a Milo.

-¿Alguien sabe porque el reloj de fuego se ha encendido? – Aldebarán interrumpió los buenos animos de sus compañeros debido a que le interesaba conocer el motivo oculto de aquella reunión.

-Creo que será… -

-Sea lo que sea, pronto Athena nos lo aclarara, de nada vale hacer suposiciones. – Afrodita se adentro a la sala, acompañado de su amigo, quien le seguía con desinterés, llevaba las manos recargadas a la cintura y unas grandes ojeras que asomaban en sus ojos, detrás de ambos iba el antiguo maestro de libra que parecía estarlos escoltando.

-¿Pesadillas? – Inquirió burlón el león dorado al contemplar al santo del cangrejo ponerse a su lado y bostezar descaradamente. Siendo sinceros Aioria tenía las últimas semanas sin ver a su vecino y muy probablemente era por lo que todos rumoreaban en el santuario, Mascara de la muerte estaba siendo entrenado por el mismísimo Shion de Aries en persona.

-No. – Bufo con cierta molestia.

-Creías que era fácil entrenar con mi maestro. – Se burlo Mu haciendo que todos voltearan a verlo.

-¿Celoso Mu? – Intervino Afrodita, haciendo que Mascara de la muerte sonriera de medio lado y el ariano negara.

-No cualquiera llega a ser el favorito del patriarca. – Esta vez fue Milo quien hablo.- Después de todo Mu siempre ha tenido un trato preferencial por ser su alumno.

-Eso no es cierto. – Repuso Mu, aunque todos sus compañeros recordaron en silencio más de una ocasión donde se vio el favoritismo del ariano mayor por el menor.

-Bah, no es tan fácil entrenar con el patriarca. – Mascara de la muerte miro de soslayo a Dokho y sonrió. – Después de todo soportar a alguien de 264 años o más de edad, requiere de mucha paciencia, la cual no tengo. –

-Hey.- Se quejo el antiguo maestro.

La puerta se ilumino por una luz dorada, mientras el cosmos de ambos gemelos se presenciaba en la antesala, pero en esta ocasión al igual que en la pasada, la puerta crujió, mientras se sacudía como si estuviera nerviosa, sin decidirse entre abrirse o no.

-Ábrete maldita puerta. – Mascullo Milo agudizando su mirada.

-En la asamblea anterior se abrió.- Hizo notar Shura.

-Kanon es uno de nosotros, se abre por las buenas o yo mismo la destruiré.- Gruño Aioria, tomándose el brazo derecho, mientras su musculo se perfilaba y su cosmos dorado resplandecía en su mirada.

-No hay necesidad. – Shaka observo detenidamente hacia la estatua de Castor y Polux y vio a ambas resplandecer. – Si solo aceptara a Saga, Polux seria la única que resplandecería, pero Castor también brilla, lo cual indica que el cosmos de Kanon pertenece por igual a este lugar.

Las puertas chirriaron una vez más y se abrieron de golpe, como si el salir del protocolo al que estaban acostumbradas les molestara, aunque el signo de géminis resplandeció tan intensamente como minutos antes lo había hecho el signo de sagitario.

Todos guardaron un silencio abrasador, observando cómo ambos gemelos ascendían a su lugar, tanto el par de hermanos como los caballeros restantes, se quedaron congelados intercambiando miradas entre ellos, mientras todos compartían un mismo pensamiento: "La asamblea dorada estaba completa por primera vez".

A lo lejos las llamas celestes del reloj de fuego iluminaban con intensidad el santuario, dándole a las doce casas un aura mística y tenebrosa, pero dentro de aquella torre los doce signos, situadas arriba de las pilastras donde cada santo dorado estaba parado, resplandecían con la misma intensidad con la cual destellaban sus constelaciones en el cielo nocturno, incluso los cosmos de los trece vibraban y resonaban en su interior con fuerza, como aquella vez que las armaduras doradas de escorpio, leo, aries, virgo y libra llamaban en el infierno, a las puertas de Guidecca, a sus iguales que se encontraban en el santuario.

-Buenos días mis caballeros. – Saori entro con una sonrisa radiante y una mirada llena de decisión, Shion se encontraba a su lado, los santos frente a ella se arrodillaron a penas se percataron de su presencia en una humilde y servicial reverencia, sus cabezas se agacharon y llevaron su mano derecha hacia su pecho, no por obligación, si no por lealtad la cual se había forjado a base de lagrimas y sangre que la diosa se había ganado a través de las batallas. – Pueden ponerse de pie, mis santos, me alegra verles a todos aquí.

Athena llevo sus ojos desde Aries hasta Piscis, distinguiendo y analizando las facciones de cada uno de sus caballeros; el semblante tranquilo de Mu, la alegría en Aldebarán, el misticismo de Saga y la indiferencia de Kanon, el cansancio en el rostro de Mascara de la muerte, el orgullo en el de Aioria, la calma en Shaka, la ligereza del tigre dorado, la osades de Milo, la simpatía de Aioros, la seriedad de Shura, la insensibilidad en el de Camus y la altivez en Afrodita, todos estaban ahí, miro de reojo a Shion quien sonreía emocionado, tratando vanamente de controlar el orgullo que se mostraba en su rostro al ver frente a él a la temible orden dorada.

-Athena les ha convocado en este lugar para trazar los planes de la próxima y última batalla. – Shion camino hasta el centro de la sala, mirando detenidamente a cada uno de sus santos. Las decisiones tomadas por Athena, Dokho y él se basaban en los entrenamientos, técnica y últimos enfrentamientos que se habían sobrellevado, colocando a cada dorado, donde según ellos creían sus cosmos serian explotados al máximo.

-Los titanes manejan un nivel de cosmos similar, sin embargo debemos considerar que muchos a los cuales ustedes enfrentaron no habían recuperado por completo su cosmos, ni sus habilidades, es por ello que debemos ser precavidos al hacerles frente de nuevo. Además debemos considerar que aún quedan gigantes que probablemente les respalden, es por ello que necesitamos que ustedes, los caballeros de plata y bronce les ayuden, sabemos que ellos confían en ustedes, pero ahora es tiempo de que ustedes también depositen su confianza en sus compañeros de rangos inferiores. – Shion supo que con aquello acababa de acallar las posibles quejas de los dorados de dejar al margen a los otros caballeros, esta ya no era una guerra solitaria, donde los santos dorados debían cargar el peso de las batallas sobre sus hombros.

-Mu y Shaka, ambos serán los encargados de enfrentar a Hyperion, después de todo ustedes le conocen por las batallas que han librado en el pasado, saben cómo destruir sus técnicas, confió en que en esta ocasión sean ustedes dos los que se alcen vencedores sobre él. –

-Sí, gran patriarca. – Mencionaron aries y virgo al mismo tiempo, aunque en su interior sabían que volver a enfrentar a la mano derecha de Cronos iba a ser todo un reto, del cual ambos no iban a salir ilesos, ya que de la misma forma en que ellos conocían las técnicas del titán, Hyperion había logrado detener las suyas.

-Afrodita y Milo, ustedes se encargaran de la reina de los titanes. Shura y Camus irán tras Críos y Aldebarán, tú en compañía de los santos de plata y bronce se encargaran de frenar el avance de los gigantes. – Shion se detuvo unos segundos tratando de analizar la reacción de cada uno de los santos dorados, sus semblantes y cada pensamiento que estaba cruzando por su mente, pero en ellos no noto ni un atisbo de duda, sus miradas eran determinantes.

-Saga y Aioros irán a por Cronos. – Aquella frase impacto a todos los presentes, pues siempre creyeron que Kanon ayudaría a su hermano y al arquero en la contienda contra el rey de los titanes, incluso por unos segundos el mismo Kanon se vio impactado. – Mientras Kanon y Dokho se enfrentaran a Koios.

-Mis santos, el nivel de cosmos de los titanes es similar entre ellos, al igual que el nivel que manejan ustedes, sus cosmos y fuerza es muy parecida, Shion y yo hemos tratado de acoplarles lo mejor posible, para que sus técnicas y habilidades sean tan iguales que resulten en una ventaja en lugar que unna desventaja. – Intervino Athena, tratando de serenar cualquier duda de incertidumbre en el interior de sus guerreros.

-Mascara de la muerte, tú y los santos divinos estarán a cargo de proteger a Athena, sin embargo una vez que Aioros y Saga estén enfrentando a Cronos y cada uno de tus compañeros a sus respectivos objetivos, quiero que vayas a por Cronos. – El italiano asistió levemente, mientras miraba hacia sus propias manos, en las cuales había algunas quemaduras.

-Se que el panorama frente a nosotros mis santos es desolador, pero les pido que no pierdan la esperanza, ni la fe en mi, en sus compañeros de plata y bronce, ni en ustedes mismos. Créanme cuando les digo que voy a darlo todo por ustedes, es por ello que planeo invocar a mi ser mitológico en caso que la situación se descontrole, necesito de todo mi cosmos y solo en mi forma divina la obtendré. – Saori giro su rostro hacia el templo de Athena y miro a la enorme estatua que sobresalía, vigilando en silencio al santuario y observando a cada humano bajo ella con su rostro de imparcialidad.

-Athena es algo demasiado riesgoso… - Inicio Milo pero pronto fue interrumpido por Shaka.

-Pero es necesario. – El hindú recordó las palabras de Helena cuando ella le llamo por la noche, para que apreciara su visión. – No solo es para beneficio de nuestras batallas, el que se invoque a la Athena de la era mitológica, garantiza una protección más adecuada de nuestra diosa, pues aún en su cuerpo mortal, ella es vulnerable.

-Se expone a un peligro mayor. – Camus apoyo a su amigo y enfrento su mirada frívola contra la de Virgo. – Si Athena resulta herida. – Aunque el galo menciono aquello, por su mente y por la de varios de sus compañeros que estuvieron presentes aquella fatídica noche, cruzo la imagen de la diosa en la guerra santa, con el enorme charco de sangre, la garganta rebanada y la terrible palidez en su rostro. – Corre el riesgo de ser sellada en su esencia divina, lo cual le daría la victoria total a los titanes.

-Es un riesgo que estoy dispuesta a correr, ustedes siempre han arriesgado su vida por mi… - Athena inicio pero esta vez fue Aioria quien le interrumpió exaltado.

-¡Nuestra vida no vale nada en comparación a la suya! – El león dorado puso su mano sobre el pecho y escondió sus orbes azules bajo su flequillo.

-¡¿Cómo es posible que digan eso?! – Reprobó Saori. - ¡Sus vidas son igual de importantes para mí! ¿O acaso creyeron que no sufrí cuando murieron? ¿Cuándo regrese al santuario y los doce templos estaban vacios? – Saori sintió la humedad de sus lágrimas a punto de escaparse de sus ojos, tan solo de recordar la nostalgia y desolación de esa época.

-Yo… - Aioria agacho el rostro para que la impotencia de su mirada y su voz entrecortada no se notara. – Yo… no deseo verte morir por segunda vez. – La voz del quinto guardia se torno tan queda que le fue difícil escucharlo, sin embargo comprendió al instante las palabras de Aioria, por la transfiguración en los rostros de Milo, Mu, Camus, Shura, Saga y Kanon.

-Ni yo lo resistiría. – Milo empuño sus manos recordando la impotencia de ese momento, el odio y la tristeza que experimento, saboreando de nuevo el fracaso total que sintió al ver suicidarse a su diosa frente a sus ojos. Abrió sus manos y miro sus palmas, aun recordando la presión con la que había intentado estrangular a Camus.

Saori se quedo callada, observando por primera vez lo que su acción apresurada había causado en sus santos, analizo sus semblantes con detalle y fue la primera vez que noto los estragos de su decisión. Tal vez hubiese sido la mejor para ese momento, pero para aquellos siete santos había sido el golpe más duro de sus vidas, pues les mostro la fragilidad de su diosa y lo inútil y vano que podía significar su preparación de años.

-Athena… - Esta vez fue la voz grave de Saga quien intervino, después de observar el rostro de los únicos que estuvieron presentes aquella fatídica noche, solo ellos siete comprendían el vacio que experimentaron cuando todo aquello por lo que entrenaron, lucharon y sacrificaron murió frente a sus ojos. – Le pido que confié una vez más en nosotros, le juro que acabaremos a los titanes cueste lo que cueste.

-Déjenos demostrarle nuestras capacidades al máximo. – Aioros sonrió de medio lado al gemelo mayor. – Es momento que los titanes enfrenten a los trece caballeros dorados juntos.

Saori estaba emocionada de ver aquella reacción de compañerismo entre sus santos, el saber que tanto Saga y Aioros estaban ahí para respaldar a los más jóvenes le hacía sentir un gran alivio, mientras se imaginaba lo rápido que tal vez pudo haber vencido a Hades y otros dioses de haber estado Sagitario y Géminis a la cabeza de la orden.

-Está bien. – Respondió, sintiendo la intensa mirada de Shaka observándola con cierto recelo y es que el guardián de Virgo era el único caballero dorado quien realmente había contemplado la visión de la flame, aquella donde esta le mencionase que Cronos sería capaz de detener la exclamación de Athena y no solo eso, si no de utilizar un poder devastador para acabar con todos ellos, en su forma humana sería incapaz de detener y sobrevivir a ese poder, sin embargo en su forma divina tal vez lograra sobreponerse a ese ataque, pero aún así Seiya y los demás morirían frente a sus ojos. – No me tornare a mi esencia divina por ahora, pero si la situación llegase a descontrolarse, llamare a mi antiguo yo de la era del mito. – "No porque tema morir, si no porque quiero salvarles" – Hay una cosa más, quiero pedirle una disculpa por volverlos a la vida para que vuelvan a luchar por mí. – Mascara de la muerte se carcajeo y se rasco la punta de la nariz.

-Debe ser una broma que se esté disculpando. – El italiano sintió la mirada de sus compañeros y del patriarca atravesándole con intensidad, al grado que si las miradas matasen el santo de cáncer ya estaría camino a Yomotsu. – Nos brindo una nueva oportunidad para limpiar nuestros nombres y enmendar nuestros errores y es por ello que le estoy agradecido, ahora no peleo por usted o por ser el santo de oro de cáncer, si no porque ha sabido llegar a cada uno de nosotros, ese respeto Athena que se ha ganado a base de esfuerzo es quien me hace pelear hasta la muerte, si es preciso, por usted. – El cuarto caballero de cáncer, no espero una respuesta de su diosa simplemente se arrodillo frente a la diosa, puso su mano derecha sobre su pecho y agacho su rostro hacia el suelo. – Le juro, yo, Mascara de la muerte de cáncer que peleare por usted hasta que mis días lleguen a su fin.

Saori no pudo ocultar su emoción al escuchar a Mascara de la muerte decir algo como aquello, quiso correr hacia él y abrazarlo, sin embargo hizo un esfuerzo sobrehumano y mantuvo la compostura, aunque dentro de ella rebosaba de alegría, no sabía que había sido lo que inspiro un cambio tan brusco en Mascara de la muerte, si fue su propia redención, el haber decidido tener un discípulo, la convivencia con sus compañeros, Persefone y Triptolemos, las batallas que libro en el inframundo, su cercanía de morir de nuevo o las enseñanzas que estaba aprendiendo de Shion, pero algo había inspirado un gran cambio en Mascara de la muerte.

-Al igual que en la guerra santa, Athena, reitero mi lealtad hacia usted. – Kanon se hinco su rodilla de la misma forma que Mascara de la muerte lo hizo segundos previos.

-Yo, Afrodita de Piscis, juro ser el digno guardián que usted espera desde el día de hoy y hasta mi muerte. – El pisciano imito a sus compañeros y se arrodillo solemnemente.

-Usted no tiene porque disculparse, es nuestra obligación defender a la tierra, pero entregare mi vida por usted si es preciso. – Aldebarán se arrodillo humilmente frente a su diosa y le sonrió ampliamente.

-Mi lealtad esta con usted hoy y siempre, mi diosa. – Mu se hinco frente a Saori, quien tenía los ojos enrojecidos al tratar de detener vanamente las lagrimas de felicidad que amenazaban por escapar de sus hermosos ojos celestes.

-Excalibur se blandirá únicamente en su nombre, como debió ser desde un inicio y lo hara hasta que su filo se rompa. – Shura retiro su capa que cubría su brazo derecho, donde estaba presente la herida del Keraunos y se arrodillo.

-Mi corazón y mi alma únicamente laten y arderán tan intensamente por usted. – Milo tomo su capa e hizo una elegante reverencia hacia la diosa.

-Los temibles dientes de leo, destruirán a aquellos quienes alcen su mano en su contra mi señora. – Aioria sonrió confiadamente a la deidad e imito a sus compañeros.

-Yo, Camus de acuario, juro que le protegeré y seré fiel hasta que los hielos antárticos se derritan. – El francés le dedico una mirada llena de determinación y calidez a su diosa antes de arrodillarse.

-Hoy y siempre tendrá mi lealtad. – Shaka abrió sus orbes celestes para observar a su diosa que no pudo ocultar la emoción en su semblante, le sonrió levemente y se sorprendió al ver que ella le devolvía la sonrisa, entonces se agacho e hinco su rodilla al suelo. –Aquí o en el inframundo siempre le seré fiel.

-Al igual que en el pasado, mi vida te pertenece y nunca dudare en arriesgarla en tu nombre. – Sonrió al observar que su sacrificio hacia más de 13 años había valido la pena, no solo había salvado a su diosa de una muerte a manos de Ares, si no que a pesar del penoso camino que recorrieron sus compañeros y el exilio al que se enfrento la diosa, tanto Saori, como sus hermanos de orden había logrado sortear sus destinos y ahora ambos se encontraban en casa, a salvo.

-Athena, mi amada diosa, juro lealtad y que destruiré a aquellos que quieran producirle cualquier daño a usted o a este santuario, guardare fielmente sus ordenes y velare por todo aquello que usted ama, si es preciso destruiré galaxias contra aquellos que quieran dañaros y le ayudare a cuidar y velar por el mundo que usted tanto ama. – Saga menciono aquello con una voz de mando y decisión que produjo un sobresalto en la diosa quien ya no pudo contener las lagrimas por aquella entrega que veía en cada uno de sus guerreros.

-No pude guiaros en la guerra santa, pero en esta guerra mi señora, le soy tan fiel y tiene toda mi entrega como desde la primera vez que os vi, hace más de dos siglos. – El viejo tigre dorado se arrodillo con la firmeza y templanza característica de su signo.

-Hija mía, fui tu caballero y después regí y cuide este santuario en tu ausencia, conforme a tus preceptos y a lo que me ordenaste la última vez que nos vimos. – Shion se arrodillo lentamente y coloco el casco de patriarca a su lado, mientras le observaba con decisión. – Me es un honor volver a veros después de 265 años, encontrándonos igual de bella y sabia que en aquel entonces y como aquella vez cuando me convertí en santo, le reitero mi lealtad, obediencia a sus órdenes, velare por este santuario, mis compañeros y la paz de este mundo, y defenderé todo lo que usted ame, aún cuando esto signifique arriesgar mi vida.

Las perlas cristalinas caían por el rostro de la diosa al observar la entrega total de sus caballeros, podía sentir la calidez de sus cosmos, así como el espíritu bondadoso de cada uno de ellos. Sus manos temblaban por la emoción y había palidecido ante tanta entrega por cada uno de ellos, así que se limpio las lágrimas con el dorso de la mano, quedando únicamente el sonrojo en sus mejillas y nariz y les dedico una sonrisa benevolente y llena de amor.

-No tengo palabras, ni forma de describir lo que me han hecho sentir, no hay una forma de agradeceros la entrega y el sacrificio que han hecho por mí, el santuario y la paz del mundo, son dignos caballeros, han cumplido con su palabra y con su juramento. – La peli lila cubrió a cada uno de ellos con su cálido cosmos. – Gracias, gracias mis guerreros, por tantas cosas vividas, por los momentos que hemos compartido, por las batallas que han enfrentado a mi lado, por la entrega ciega y la confianza que han tenido en mi, cuando fui más que una extraña para ustedes, por las enseñanzas y la amistad que han depositado en mí. – Athena se detuvo en medio de la sala y apareció a Nike en su mano derecha, miro hacia el horizonte donde se alzaban su propia estatua y los templos del santuario. – Pero yo también tengo un juramento que haceros; les juro que luchare por cada uno de ustedes, por las personas fuera de este santuario y por el mundo, en la defensa de los justos, enfrentare a los titanes hasta conseguir la victoria y jamás me daré por vencida. Para demostrarles lo orgullosa y el honor que significa para mi ser su diosa.

Aquellas no fueron palabras únicamente que se lanzaron al aire, si no todo lo contrario llevaban la convicción del alma y la determinación del espíritu.

Los dos rodaron bruscamente por el suelo, sus cuerpos se impactaron sin piedad, levantando piedras y polvo que les rodeo, mientras sus cuerpos maltrechos, se abrían aun más ante la fricción producida entre su piel y el piso. Los jadeos y quejidos de ambos resonaron por el lugar, mientras sus cuerpos convulsionaban de dolor, temblando cada fibra de su ser.

Scatha había logrado abrir una dimensión justo a tiempo para evitar que Radamanthys fuera golpeado por su propia técnica, aunque lo había realizado a una velocidad tan colosal que le fue imposible el evitar salir expedidos con brutalidad de entre los portales.

El dios de las pesadillas bufo molesto ante la intromisión de nueva cuenta por parte de la joven, así que se teletransporto hasta donde ella se encontraba, sin darle oportunidad de recobrarse del impacto, le pateo el rostro tirándola de nuevo al suelo y le puso el pie sobre el cuello, aplastándolo e imposibilitando a la pelirroja el respirar, quien se sacudía con fiereza bajo su pierna y trataba a toda cosa de levantarla.

-Te voy a matar. – Ikelos miro de reojo a Radamanthys y le lanzo una espada negra que provino de la palma de su mano y se clavo justo en el pecho del espectro el cual gruño. – No sabes cuánto odio a los inoportunos.

Scatha sentía como si estuviese siendo aplastada por el pie de un gigante, le era imposible tratar de liberarse o quitar el pie del dios de las pesadillas, era como si este tuviese un imán en la planta y el suelo fuese su polo negativo, podía sentir la sangre en su cabeza tratando de retornar a su cuerpo, en una intensa punzada, mientras el ardor en su cerebro y garganta era como una llamarada en su interior, sus pulmones querían estallar ante la presión, mientras su tráquea estaba siendo aplastada.

Radamanthys miro a la joven luchar desesperadamente contra el dios y supo que si él no hacia algo por separarla del dios, la pelirroja no resistiría mucho y ya le debía su vida de los contrario su propio ataque lo hubiese aniquilado hacia tan solo unos segundos, así que tomo con sus manos el filo de aquella espada y comenzó a retirarla de su pecho, mientras borbollones de sangre abandonaban su cuerpo.

-Quédate quieta maldita. – Ikelos le planto un puñetazo a Scatha en el rostro que termino por abrirle el labio, del cual emano un hilo de sangre que resbalo por su mandíbula hacia su cuello, sin embargo el dios no se conformo con ese único golpe y le dejo caer a la pelirroja una lluvia de golpes inmisericordes, mientras ella trataba vanamente de detenerlos.

-¡Gran precaución! – Gruño el espectro al tiempo que lanzaba la espada del dios fuera de su cuerpo, la cual golpeo uno de los muros con fuerza, produciendo un sordo replique metálico. La explosión de cosmos del espectro, provoco que una serie de disparos de cosmos sobrevolaran la distancia entre el juez y el dios quien fue perforado por múltiples halos violáceos de energía acumulada que atravesaron su interior, seguida de una devastadora onda expansiva que derribo al dios al lado de Scatha, quien ni se movió.

El británico se acerco a la pelirroja, la tomo por la espalda y las piernas, cargándola entre sus brazos, desplego sus alas hacia atrás y aleteo un par de veces, colocando una distancia oportuna entre el dios que gruñía famélico, mientras se retorcía en el suelo de dolor.

-Esta no es tu batalla. – Le dijo a la joven, que abrió muy lentamente los ojos celestes y le miro. De ambos lados de la boca le escurría sangre, de uno de sus poros nasales salía un chorro de sangre que resbalaba por su labio, sus pómulos y mandíbula tenia moretones y de su ceja derecha resbalaba sangre, como si tan solo fuera otro mechón escarlata de la joven.

-Los caballeros y los espectros son iguales. – Scatha fue depositada con cuidado en el suelo, quedo arrodillada con sus brazos al frente para sostener su cuerpo, mientras gruesas gotas de sangre se desprendían de su rostro, como si fueran el roció desprendiéndose de una rosa y humedecía el suelo de mármol bajo sus pies. La pelirroja sintió como la sobrecogió un intenso mareo que incluso llego a pensar que se desmayaría, sin embargo podía sentir las manos del espectro sobre sus hombros, aun sirviéndole de soporte.

-¿A qué te refieres? – Radamanthys frunció el ceño ante la comparación con los caballeros de Athena y miro hacia el frente donde Ikelos explotaba su cosmos. – De no ser por mí, estarías muerta.

-Es…esta…mos a mano espec…tro. – Scatha levanto su mirada celeste, mientras su respiración se normalizaba, tomo una gran bocanada de aire, dándose el placer de llenar sus pulmones con aire limpio y suspiro profundamente, mientras sentía un terrible dolor en la garganta y su voz sonaba ronca, por la inflamación de sus cuerdas vocales. – Siempre creen que pueden ganar una batalla solos. – Apoyo su peso sobre una de sus manos y la otra la deslizo por el suelo hasta donde se encontraba uno de los fragmentos de la espada de Ares, la cual brillo al sentir su cosmos.

Scatha miro con intensidad al dios, pensando en lo bestial que podía llegar a ser y supo al instante que vencerlo solo uno de ellos representaría un reto, pero si Ramanthys y ella unían fuerzas, ganarían aquella batalla fácilmente. Incendio su cosmos escarlata que la rodio a ella y a la espada, la cual clavo en el suelo.

-Soy la subcomandante del ejército de Ares. – Se tambaleo al levantarse a causa del dolor de cabeza que nublaba un poco su visión, sin embargo su vista permaneció con fiereza sobre el dios. – Dentro de mi cuerpo se encuentra el alma de un berserkers, he dirigido ejércitos completos, he asesinado a muchas personas, me he enfrentado a dioses y criaturas mitológicas más fuerte que Ikelos, así que no voy a dejar que un estúpido dios del sueño me gane.

-No deberías alardear tanto en tu estado, hace unos segundos estaba a punto de morir. – Ikelos raspo sus garras contra una pilastra, dándoles filo.

-Una de las ventajas de ser un berserkers por años, es que te enseñas a ignorar el dolor de tu cuerpo, con tal de obtener tu objetivo. – Scatha miro de reojo al británico. – ¿Puedes fijar tu técnica en un solo punto?

Radamanthys la miro de reojo, comprendiendo que la joven se refería a la gran precaución, así que asintió lentamente, sin comprender porque le preguntaba aquello, de todas formas no importaba con que atacaran a Ikelos este siempre les regresaría su técnica por alguna de sus dimensiones.

-Bien, necesito que te concentres al máximo y eleves tu cosmos al infinito. – Scatha se trono los nudillos y le sonrió. – Tienes que confiar en mí, espectro. Haz arder tu cosmos y permanece al lado de ese fragmento de espada, yo seré quien se encargue de Ikelos.

La pelirroja tomo con cada una de sus manos, dos dagas que permanecían en cada una de sus piernas, las raspo entre ellas, produciendo un clic metálico y se lanzo corriendo hacia el dios, quien también se aproximo hacia su encuentro. Scatha detuvo las garras del dios con sus cuchillas, pero se sorprendió que el brazo izquierdo el cual había amputado volviera a crecer, a una velocidad descontrolada, así que tuvo que agacharse para evitar el zarpazo, se apoyo sobre sus manos y giro hacia atrás para alejarse del dios.

-Voy a disfrutar matarte. – Ikelos abrió un portal tras él y desapareció en este.

-Maldición. – La escocesa rodio sus manos de fuego e hizo un circulo a su alrededor, mientras elevaba su cosmos, cerró los ojos y frunció el ceño, tenía que concentrarse para poder sentir por donde aparecería Ikelos.

Ramanthys observo atento a la joven, sin comprender de que iba todo aquello, si era cierto lo que la chica acababa de decir, estaba más que apta para enfrentar a los dioses, después de todo Ares no era simplemente un dios brutal, sabia de estrategia tanto que en el pasado sus ejércitos habían sembrado las peores masacres, aplastando ejércitos con la misma ferocidad y horror, que muchos dioses reprobaron sus métodos, lo cual hacia a esa joven un as en la estrategia.

Sonrió al pensar que aquella sería la primera vez que colaboraría con una persona, ni siquiera en el pasado había logrado hacer un buen trabajo de equipo con Aiakos y Minos y el hecho de que formara equipo por primera vez con un guerrero que no pertenecía a las filas de Hades, le parecía un tanto gracioso, aunque hubiese preferido mil veces a esa joven, que participar al lado de algún caballero de Athena.

Soltó una ligera risita, cerró los ojos aún sin creer lo que estaba a punto de hacer y cuando los abrió estos tuvieron un brillo escarlata, mientras su cosmos explotaba tras él y comenzaba a elevarse peligrosamente, el suelo a su alrededor se despedazo, haciendo que grandes trozos de mármol golpearan los muros y columnas a su lado; si había imaginado bien, esa chiquilla le daría la oportunidad de golpear a Ikelos en un solo punto, un solo ataque y una sola oportunidad, ambos iban a jugarse el todo por el todo.

Ikelos reapareció por detrás de la joven, extendió sus garras para atrapar su cuello y desgarrarlo, pero esta se giro de improvisto hacia él y dirigió el circulo de fuego en una sola columna hacia donde se encontraba, por lo que tuvo que abrir otra de sus dimensiones que absorbió la técnica de la joven y que posteriormente salió en otro portal justo detrás de la joven. Scatha dejo que el fuego la rodease y que a su vez le sirviera de protección.

-¿Cómo has podido detectarme? – Gruño Ikelos.

La intensa llamarada donde se encontraba la pelirroja se fue apagando paulatinamente y vio que esta alzaba sus dos manos, pero solo en una de esta tenia la cuchilla, la otra se encontraba vacía. – La única forma que los berserkers nos podemos mover por las dimensiones, es hacia puntos donde se encuentran nuestros compañeros o bien nos podemos teletransportar o sentir las dimensiones donde se encuentre nuestras armas. Cuando desapareciste lance una de las cuchillas tras de ti, así que cuando reapareciste pude sentirla de nuevo y supe en qué dirección te encontrabas.

-Impresionante. – Ikelos comenzó a carcajearse al no haber notado ese pequeño detalle y al haber sido timado por una insignificante humana. – Ya te permití tener tu gloria en esta batalla, pero se te olvida algo, yo soy un dios, que domina en su totalidad las dimensiones y ahora seré yo quien ataque.

Ikelos se teletransporto hasta Scatha que abrió los ojos impresionada, sintió como las garras del dios se clavaron en su costado y como este le propinaba un golpe en la cabeza que termino por casi derribarla al suelo, ya que el dios afianzo el agarre con sus uñas e impidió que cayera al suelo, Scatha le lanzo un puñetazo pero el dios le tomo con fuerza ambas muñecas y la tumbo al piso, encimándosele y le clavo sus colmillos a la pelirroja en el hombro.

-¡Ah! – Se le escapo un grito de dolor de los labios y pudo sentir claramente como el dios succionaba su sangre, para deleitarse con su sabor, trato de zafarse del agarre de sus muñecas, pero le fue imposible, así que rodeo su cuerpo de fuego, lo que hizo que Ikelos retrocediera. Se llevo instintivamente la mano al hombro y sintió los agujeros por donde se habían introducido los cuatro colmillos del dios y de los cuales manaban hilitos de sangre.

-No me importa quién sea tu dios, ni a que ejercito pertenezcas, en la sombras y durante la noche solo serás otra victima más de mis pesadillas. – Ikelos se acerco a la joven, quien esquivo el primer zarpazo y le asesto un corte con su daga en la mejilla.

-Tal vez somos compatibles después de todo, porque la oscuridad y la sangre siempre me han atraído a mi también. – Scatha rodeo de un aura negra la daga que permanecía en su mano izquierda y la lanzo justo al rostro del dios, que vio como la pelirroja corría hacia él en el mismo instante, mientras el aura oscura de la daga aumentaba ocultando a la joven, así que supuso que esa era otra artimaña para poder atacarlo de sorpresa.

-Lanzas tu cuchilla por delante para que en la negrura de tu ataque puedas ocultarte y tomarme por sorpresa, pero eso no va a funcionarte, no esta vez". – Ikelos exploto su cosmos, que arrojo la daga hacia atrás con fuerza, mientras su aura oscura se dispersaba.

-¡Gran precaución! –

-¡¿Qué?! –

Abrió sus ojos desmesuradamente al ver a Radamanthys corriendo hacia él en lugar de Scatha, el puño del espectro se incrusto en su pecho, desprendiendo por completo su corazón y produciendo una terrible explosión en su interior. - ¿Co…mo…es…posi…ble? – Tosió un chorro de sangre, mientras sentía la mano del espectro aún dentro de su cuerpo.

Scatha sonrió cuando cayó de canclillas al suelo de espaldas al dios y al espectro, en el último momento había logrado intercambiar lugares con Radamanthys gracias al fragmento de espada de Ares que había dejado a los pies del juez, se incorporo orgullosa de su plan y se giro hacia donde se encontraban estos, la cara de impresión del dios era magnifica y se deleito por primera vez de ver sufrir a un dios, no por dolor si no por humillación, pues su corazón aun palpitante se encontraba en la mano del espectro, mientras el kamui y el pecho del dios tenía un gigantesco boquete, por el cual se podía ver a través de él.

-No debiste alardear tanto y menos cuando te enfrentabas a dos guerreros de elite. – Murmuro Scatha tomando el fragmento de la espada, el cual corto por igual su mano, la sangre que resbalo por esta, formo pequeños rastros de fuego que comenzaron hacer arder toda la espada, dio un gran brinco, justo en el momento en que Radamanthys sacaba su mano bruscamente del cuerpo del dios y se alejaba de él.

-¡Perra! – El filo de su espada corto por la mitad al dios, quien trato vanamente de encajar sus garras en su cuerpo, sin embargo fallo. Scatha retrocedió lentamente observando como el dios se desvanecía en cenizas y caía de rodillas frente a ellos, mientras su cuerpo se dispersaba en el viento y su cosmos se apagaba.

-¿Volverás a con tu diosa, espectro? – Lanzo al aire.

-Mi nombre es Radamanthys de Wyvern. – Murmuro el británico dándole la espalda a la joven, mientras caminaba a la salida. – Soy uno de los tres jueces del infierno y mi misión es proteger a la emperatriz del inframundo.

-Me llamo Scatha. – La pelirroja tomo el fragmento de la espada de Ares y lo miro detenidamente, reconociendo las marcas de la guerra grabadas en su filo. – En ese caso, yo me encargare de liberar las almas de los dioses.

-Ese era mi misión. – Contesto Radamanthys.

-No eres el único que quiere limpiar un poco los pecados de su dios. – Scatha comenzó a caminar hacia una de las puertas aledañas a la habitación pero la voz de Radamanthys la hizo detenerse. – Persefone y Ares están del mismo lado de la balanza, yo liberare las almas para que ambos limpien su nombre.

-Tus compañeros cayeron en una trampa, muy probablemente se encuentren en algún calabozo, pero con vida. – Trato de recompensar a la joven con esa información.

-Entiendo. – Scatha se guardo el agradecimiento, aunque las palabras del espectro serenaron y tranquilizaron un poco su alma. – Nos vemos.

Radamanthys no respondió a la despedida, pero miro con intensidad a la joven de cabellos de fuego y mirada tan azul como lo profundo del mar, tal vez nunca pudiera decirlo, pero esa joven lo había sorprendido, tanto como los gemelos de Athena. Aunque le costase reconocerlo en los ejércitos de otros dioses también se encontraban dignos y leales guerreros.

La tarde comenzaba a llegar a su fin, en el horizonte podía apreciarse la colisión de colores en un cielo esplendorosamente hermoso, donde diversas tonalidades de naranja, rosado, azul y morado se entremezclaban dando un espectacular panorama, pero a medida que el sol llega a bañar con sus últimos rayos solares, un tono rojo bañaba la tierra.

El murmullo general y los cuchicheos de todos los caballeros presentes en aquella explanada que en su tiempo perteneció al gran coliseo Ateniense y que resulto destruido por la batalla de Shaka y Hermes, estaba completamente lleno de las ordenes de bronce, plata y oro; los dos primeros acomodados en desorden, ansiosos por escuchar la proclamación de la guerra de su diosa; el ataque final, que llevaría la culminación de la guerra. Mientras los santos de oro, orgullosos, portando sus armaduras y blancas capas se encontraban en orden ascendente, desde Aries hasta Piscis frente a una luneta circular de mármol que era uno de los últimos vestigios del coliseo.

Los ángeles de Artemisa se encontraban entremezclados con los caballeros, en uno de los extremos, observando en silencio y analizando todo a su alrededor, en espera de la aparición de la diosa de la sabiduría. Por su parte los generales marinos, vistiendo sus escamas doradas y en compañía de la diosa Anfitrite se encontraban casi al ras de la plataforma. Sin embargo los restantes berserkers que habían sobrevivido a la guerra entre Ares y Athena habían desaparecido por completo, muchos de ellos se habían decidido ir de aquel lugar y rehacer sus vidas, otros más habían optado por seguir a Aldana y al dios Anteios, mientras que otros no pudiendo soportar la carga de sus pecados se habían suicidado en los al redores del santuario, al darse cuenta que la libertad no borraba la sangre de sus manos, ni que su propia memoria olvidaba sus crímenes.

Pero entre todo ello Saga observo que Scatha no se encontraba, pronto encontró la respuesta, la joven iba a ir a ayudar a su hermana y que aquella despedida que él le pareció tan simple no representaba que la joven se iba de géminis, si no que ella iba a salir del santuario tras su hermana y de la cual tal vez no hubiera un retorno, se maldijo mentalmente por no haber reparado en las intensiones de la joven y rogo a los dioses el volver a verla.

Saori se teletransporto del templo de Athena, desde donde segundos antes había visto toda la conglomeración de sus santos y aliados en silencio, gravando en su mente sus rostros y la armonía que se respiraba en ese momento a pesar de que se preparaban para una guerra.

-Athena. - Carraspeo el patriarca para atraer su atención y le indico con una mirada jovial que era momento de hablar.

-Caballeros, amazonas y habitantes del santuario. – El silencio se fue propagando lentamente, desde los más cercanos hasta aquellos que se encontraban en las lejanías, mientras las miradas recaían sobre Athena. – La última batalla se encuentra muy cerca y es ahora más que nunca que les pido unión entre ustedes, para mi todos son indispensables, desde las doncellas hasta los caballeros divinos, el reloj de fuego permanecerá encendido ya que cada una de esas flamas representara a cada uno de los caballeros dorados, y a cada uno de ellos se les ha asignado una misión especial, pero serán ellos quienes organicen a los santos de plata y bronce en sus equipos. – Miro a los dorados de reojo quienes mantenían el semblante serio analizando a los caballeros por debajo de ellos y es que lo que acababa de mencionar suponía todo un reto, pues así como en un momento los santos dorados fueron un misterio para los demás, el aislamiento de los trece les dificultaba el poder elegir correctamente con quien trabajar y era claro que Athena no estaba aceptando que pelearan solos.

-Deseo que esta guerra pueda uniros y reforzar los lazos que existe entre ustedes. – Athena miro la incertidumbre en el rostro de algunos guardias y caballeros que se veían nerviosos. – El enemigo es fuerte, pero la esperanza y el amor lo es más.

-Santos de plata y bronce, quedaran directamente bajo las órdenes de los caballeros dorados, espero que puedan entenderse y llevarse bien y que aquellas diferencias que tuvieron en un principio hayan quedado en el pasado. – Shion avanzo lentamente, hacia la multitud y se introdujo entre las filas. – Pues un error, puede llevar a costaros la vida a ustedes o a sus compañeros.

-Aunque confió que no será un problema. – Saori miro amenazante a los dorados, quienes le devolvieron una sonrisa, incluso Milo le guiño un ojo.

-Los santos divinos serán designados exclusivamente para el cuidado de Athena. – Shion miro a los jóvenes caballeros quienes asintieron en silencio. – Recuerden que nuestra prioridad es impedir que lleguen hasta Athena y los dioses aliados, sin embargo debemos de ofrecer protección en los pueblos aledaños del santuario y en las barracas donde se encuentren los aprendices y doncellas, el objetivo es detectar al enemigo y neutralizarlo lo antes posible.

-Mis fieles guerreros, la batalla que se avecina representara uno de los más grandes sacrificios que tendremos que hacer, tendremos que elevar nuestros cosmos al máximo para poder hacerles frente a los titanes, nuestros cuerpos se desgarraran ante sus poderes, pero quiero que sepan que la vida de cada uno de ustedes me importan y si ven que el enemigo les supera en fuerza, les ruego que esperen por ayuda o en su caso se retiren del lugar, pues no quiero ganar esta guerra a base del sacrificio de sus vidas. – Saori sonrió tristemente recordando la victoria trágica que tuvo que enfrentar al terminar la guerra santa, un santuario destruido y vacio. – Si ganamos, quiero que cada uno de ustedes pueda compartir esa victoria conmigo.

Las detonaciones dentro de la casa se escuchaban con intensidad resonando en cada uno de sus extremos, colándose entre las habitaciones y las columnas como si de aire se tratase y es que en la sala de combate del octavo templo del zodiaco, su guardián se encontraba enfrentando a aquel quien seria conocido como Orfeo de Escorpión.

-Vamos Orfeo la cocinera del santuario es más rápida que tu. – Se burlo el guardián esquivando el puño del santo plateado.

-No me subestimes. – Se giro velozmente y tomo a Milo por la muñeca, pero este se zafo de su agarre y le planto tremenda patada en el abdomen que lo mando de espaldas contra el suelo.

-No te subestimo, solo quiero que des más de ti. – Milo se irguió orgulloso de su poder y miro hacia una de las pilastras donde el acuariano observaba en silencio el entrenamiento entre él y su aprendiz, sonrió al pensar cuantas veces había sido él quien mirase a Camus entrenar en el santuario o en Siberia con Hyoga e Isaac. Orfeo se levanto de un brinco y se lanzo hacia Milo quien le esquivo haciéndose a un lado. - ¡Ole! Diría mi buen compañero de capricornio. – Se burlo y miro cómplicemente al francés.

Camus sonrio muy levemente ante la broma de su compañero pero supo que ese descuido le iba a costar muy caro a Milo, tal vez un golpe en el orgullo, pues la gran diferencia entre entrenar a un aprendiz que iba a caballero y el caballero que ascendía únicamente de puesto, era que el primero estaba aprendiendo y el segundo perfeccionándose y lo supo cuando vio que Orfeo, se detenía abruptamente y golpeaba de una patada a Milo en el estomago quien se fue de espaldas pero alcanzo a recobrar el equilibrio a pesar de haberse arrastrado por el suelo.

-¡Bien Orfeo! – Celebro el octavo guardián, acomodándose las ropas del entrenamiento. – Regla numero uno: Nunca te distraigas y dor; Nunca te confíes. – Milo era conocido como el más rápido caballero dorado entre los doce, así que cuando se coloco tras Orfeo sin que este pudiera evitarlo y lo aprenso en una llave, mientras con su dedo apuntaba directamente por la espalda al centro donde se encontraba el punto de Antares.– ¿Sabes lo fácil que me seria lanzar las 15 agujas del escorpión? Pero es muy pronto para probarte, así que regla número tres, siempre usa el peso de tu enemigo a tu favor. – Milo golpeo la parte posterior de la rodilla de Orfeo y lo tumbo de espaldas, pero ese se apoyo en sus manos y se agacho para golpear los pies de Milo que cayó al lado de su aprendiz.

Milo rompió a reír cuando se vio sorprendido por Orfeo, tanto aprendiz como maestro se miraron unos segundos y luego se incorporaron, se sacudieron las ropas y se miraron relajadamente.

-Aprendo rápido. – Menciono Orfeo con una sonrisa en sus labios.

-Tu técnica de combate es impecable, si te enfrentaras a un caballero dorado significarías un reto para nosotros ¿No lo crees Camus? – Milo miro a su compañero quien asintió levemente. – Tal vez estas al mismo nivel que Albiore de Cefeo.

-Ustedes dos son los caballeros de plata que más se acercan a nosotros en fuerza. – Comento Camus acercándose al dúo.

-En fin, Orfeo cuando inicie la última batalla quiero que estés en mi equipo, quiero que veas la fuerza y el nivel de cosmos que tendrás que manejar como caballero dorado de escorpión, claro si los titanes logran derrotarme primero. – Milo desvió su mirada hacia la salida de escorpión donde su armadura reposaba en su caja de pandora, pero realmente fue para evitar la mirada escruñidora del acuariano, pues no quería que Camus viera las intenciones que realmente tenia y porque se había apurado tanto a elegir un sucesor. –Entrenaremos mañana por la mañana.

-¿Esta vez estarás despierto cuando llegue? – Repuso el caballero de plata, mirando con cierta burla al griego, quien fingió cierta demencia.

-Solo a ti se te ocurre llegar a las 6:00 am. – Contesto Milo. – Estoy casi seguro que Mascara de la muerte y Aioria debieron de maldecirte por inoportunarlos a esas horas.

-Ellos ya estaban despiertos cuando llegue a sus casas. – Se defendió.

-¿Así? – Milo miro con incredulidad a Camus, quien le respondió con una mirada de reproche. – Bueno mañana te veo a las 9:00 aquí.

-Hasta mañana, entonces. – Orfeo hizo una leve reverencia de respeto a Milo y Camus y comenzó a caminar hacia la salida.

-¡Hey Orfeo! – Le detuvo Milo, se acerco a tras de una pilastra y saco una pequeña bolsa y se la lanzo velozmente a su discípulo, quien la tomo aun en el aire, Orfeo sintió un objeto extraño dentro de la misma. - ¡Ábrelo es para ti! – Orfeo miro a ambos santos dorados con desconfianza, pues desde que su relación con el santo de escorpión se había normalizado, ya le había tenido que soportar varias bromas, así que analizo el rostro del griego y el francés tratando de descifrar algún signo de alarma pero en el de Milo solo lo vio sonreír con franqueza y el rostro impacible de Camus no le mostro nada. – Vamos. – Le animo.

Orfeo suspiro pesadamente y bajo la vista hacia el morral entre sus manos, volvió su vista hacia Milo quien lo veía con confianza o fingiendo esta, fuese lo que fuese tenía que abrirlo, pues Milo no iba a aceptar un no como respuesta. Jalo un pequeño cordón que ataba el extremo superior e introdujo la mano, sujetando con precisión el objeto y al ver su contenido, la bolsa se le resbalo de las manos.

-Le pedí ayuda a Mu y Kanon para reparar tu arpa, no está relacionado con ninguna técnica de escorpio, pero de vez en cuando no está demás tener un as bajo la manga. – Milo le guiño un ojo a Orfeo. Así como el arpa representaba para el músico una ventaja a futuro contra aquellos adversarios quienes solo pensaría que poseería técnicas correspondientes a la constelación de escorpión, al igual Orfeo era para Milo su carta escondida, nadie esperaría enfrentarse a otro santo dorado de escorpio, menos cuando el primero hubiera caído.

-Maestro… yo no se…

-No me agradezcas. – Le corto Milo. – La sacrificaste en un combate por la casa de Aries, así que estamos a mano. – Milo lo palmeo amistosamente. – Vas muy bien con tu entrenamiento, podríamos intentar mañana, probar tus poderes mentales con alguna de mis técnicas.

-Me parece muy bien. – Orfeo rozo su arpa con la yema de sus dedos y esta produjo un suave melodía, que les causo un escalofrió a los dos dorados. – Mañana vendré a primera hora y muchas gracias por el arpa.

-No hay de qué. – Milo lo vio descender los primeros escalones hasta perderse en la oscuridad de la noche, suspiro pesadamente y se sentó sobre el último escalón, mientras escuchaba a su espalda el suave respirar de Camus que estaba recargado en una de las columnas.

-¿Quién lo diría? Eres buen maestro. – Menciono sarcástico el aguador, ganándose una mirada de reproche.

-El es buen alumno, aprende rápido, la velocidad y fuerza de sus golpes ha aumentando considerablemente, le falta muy poco para llegar el límite inferior de nuestra fuerza, pero sé que pronto lo alcanzara. –

-Lo estas apurando demasiado ¿No? –

-Se a donde quieres llegar. – Milo bajo su vista hacia las casas por debajo de la suya, ya había escuchado los rumores de que él se estaba apresurando a dejar un sucesor y realmente no era mentira, pero lo que muy pocos se preguntaban era el por qué. El por qué alguien como él, un caballero dorado, con una fuerza similar a la de un dios, se estaba entregando tan fácilmente a un resultado tan funesto y ahora se daba cuenta que Camus se preguntaba eso. – Además no es como si tú hubieras sido muy compresivo con Hyoga e Isaac. – Camus hizo una mueca con cierta melancolía y se sentó a su lado.

-¿Qué es lo que planeas hacer Milo? – Camus le conocía mejor que nadie, sabía que tras sus planes siempre había algo más, algo que iba más allá de morir únicamente, si no de la forma que planeaba hacerlo. Guardo silencio por unos segundos y agradeció a Camus la confianza que siempre le había aportado.

-Estoy desobedeciendo a Athena, Cam. – Volvió a silenciarse por unos segundos más, dejando que ese silencio sirviera de tranquilizador a ambos. – Se que enfrentar a los titanes no será sencillo, incluso algunos pereceremos al enfrentarlos, cuando pienso en ello, solo recuerdo la batalla que tuviera Hyperion y Shaka, Camus tu no estuviste ahí, pero su cosmos, sus ataques y sus poderes eran tan… no tengo forma de describírtelo…inalcanzables tal vez, ni siquiera Shaka pudo plantarse como su oponente, ni con sus mejores ataques y eso me llevo a creer que tal vez la aguja escarlata no sea suficiente… - Milo miro con intensidad a Camus y no falto que terminara la frase para que el acuariano supiera que estaba haciendo su amigo.

-Milo… - Por primera vez no supo que decir, ahora fue él quien miro con incomodidad las casas por debajo.

-Sé que puedo llegar a dominarla, no creo que se haya inventado para ser una técnica suicida de mi constelación. – Milo suspiro pesadamente y su semblante serio cambio para tornarse uno más alegre, al cual Camus correspondió con una sonrisa. –Aunque aún queda la posibilidad de que Afrodita y yo hagamos buena sinergia y no tengamos la necesidad de llegar a ese extremo.

-Tienes razón, no hay porque pensar únicamente en resultados negativos. – Camus suspiro pesadamente con cierta tristeza y comenzó a hablar relajadamente con su mejor amigo, tal y como lo hacían en los viejos tiempos, como lo hicieron previo a la guerra de las doce casas y como les hubiera gustado hacerlo antes de la guerra santa, simplemente sentarse ya fuera en acuario o escorpio y hablar sobre lo trival y complejo de la vida, sobre el frio y el calor, sobre Siberia y Grecia, sobre sus aprendices, sus compañeros y al final sobre ellos, del camino que habían seguido cada uno, de sus tropiezos y errores y como su amistad siempre les terminaba uniendo.

En el extenso cielo nocturno, muy por arriba del escudo de defensa establecido por Artemisa en un principio y ahora sostenido por el cosmos de Athena, se mantenía un portal hacia una dimensión donde tres pares de ojos escarlatas observaban con atención, cada movimiento que se realizaba en este, figando su principal atención en el templo patriarcal y de Athena, pero a su vez en aquellos doce templos por debajo del templo del gran maestro, donde se resguardaban aquellos hombres que habían sido capaces de vencer o hacerles frente a sus hermanos.

-¿Llego tarde? – La voz fría de Críos rompió el silencio en el cual sus tres hermanos se encontraban, de estos solo Koios volteo a verlo, mientras Hyperion y Cronos seguían con su vista fija en el santuario.

-Ya sabes la respuesta a tu pregunta, hermano. – Contesto el titán que poseía al Keraunos.

-Pero gracias a mi, ya no tendrán que preocuparse por Afrodita y sus hijos. – Críos clavo su espada y se acerco al trió.

-Pero has dejado en nuestro santuario hermano a sus aliados, a merced de que puedan tomar las almas de los dioses sellados. – Intervino Hyperion mirándolo de reojo, Críos suspiro con cierta molestia mientras Cronos les escuchaba con atención.

-Ikelos y Campe podrían ser derrotados en el peor de los casos. – Desalentó Koios.

-¿Y creen que no tengo un plan C? – Críos se sobo las manos con emoción y les miro confiado. – Aun cuando ellos lograran conseguir el cofre donde están selladas sus almas, jamás lograran llegar al santuario, él los matara antes de que siquiera traten de hacerlo. –

-¿Cronos que pasara con las vasijas que Mnemosine les entrego? – Ceo recordó, pues aquellas urnas en manos de los dioses y entregada por una de sus iguales, representaba en cierto modo una amenaza, tal vez, una más grande que ambas diosas juntas.

-Trataran de sellarme a mí. –Cronos estaba cruzado de brazos, observando atento con sus ojos rubíes e incandescentes cual dos brazas ardientes al caballero de Pegaso, quien caminaba ajeno a la amenaza que se ceñía sobre él y que la flame había logrado ver dentro de su mente. – El problema hermanos míos, es que también trataran de sellar a uno de ustedes, ellos tienen dos urnas en su poder y desconocemos la fuerza o el cosmos que Mnemosine haya implicado en ellas.

-Siendo sinceros todos tenemos una alta probabilidad de ser los elegidos, ya han probado la fuerza de Hyperion, conocen el cosmos descomunal que guardo yo en el Keraunos, tal vez Críos y Rea sean los menos considerados para usarla. – Críos emitió una suave risa ante el comentario que acababa de hacer Koios.

-Es tan fácil resolver ese dilema, engañémosles. – Críos tomo su espada ágilmente y acaricio su filo con fuerza produciéndose un corte en la palma del cual broto un torrente de sangre que baño casi en su totalidad su mano. – Tenemos el cosmos para hacerlo, hagámosles creer, lo que ellos quieren creer.

-Hermano, tu ingenio a veces me sorprende. – Comento Koios extendiendo su mano hacia la espada de Críos la cual utilizo, para producirse el mismo corte que su hermano. – Y me sorprende porque pocas veces lo muestras.

-Solo cuando tengo grandes deseos de matar. – Soltó Críos con una pequeña sonrisita pasando por alto la ofensa de su hermano.

Hyperion no hizo ningún comentario en esta ocasión, tanto que ponía nervioso a Cronos aquel silencio que guardaba, por primera vez desde la era del mito, sentía que Hyperion estaba nervioso e inseguro y eso en cierta parte también le hacía sentir lo mismo, pues aun cuando contara con la fuerza bruta de Críos y el cosmos incontrolable de Koios, Hyperion era su mano derecha y el verlo tan turbado lo hacía sentir ansiedad.

Hyperion tomo la espada de Críos y se corto la mano izquierda, de la cual broto varios hilillos escarlatas que resbalaron por sus dedos, entonces le paso la espada a Cronos quien decidió probarlo, le rechazo la espada, pero a cambio Cronos alargo su mano hacia Hyperion para que este le produjera el corte, esto produjo que Ceo y Críos intercambiaran una mirada preocupada y desconcertó a Hyperion.

-Cronos, yo no deseo… - Pero el pelinegro o interrumpió.

-Adelante hermano. – Cronos le enseño la palma de su mano e Hyperion lo dudo. – Tienes mi confianza, así que no lo dudes. Hyperion no lo pensó más y le realizo un corte más superficial a Cronos de lo que se había hecho él, pero ver correr la sangre de Cronos por su causa le hizo sentir un sobresalto y un escalofrió le recorrió todo el cuerpo.

-No quiero que pase lo mismo que con Mnemosine, ustedes, mis hermanos son las personas que mejor me conocen y en los que deposito toda mi confianza, si creen que mi lucha es en vano o injustificada pueden decírmelo, pero si creen que es tan solo una ambición al poder, tu Hyperion quiero que seas la mano ejecutadora…

-Cronos. – Koios miro a su hermano asombrado y no supo que decir. Mientras la mirada ardiente de Cronos chocaba con intensidad contra la astuta de Hyperion.

-Hermano, nosotros jamás te traicionaríamos. – Se adelanto Críos.

-Tú eres el arma de nuestro pueblo. – Cronos extendió su mano hacia las de sus hermanos, quienes colocaron sus palmas sobre las de él, mientras les rodeaba un centellar de estrellas y el cosmos de los cuatro se unía.

-Entiendo Cronos. –Hyperion miro a su hermano y apretó por unos segundos su mano. – Pero créeme que daré mi vida por la tuya si es preciso, nosotros somos titanes, los primeros seres creados de la colisión del cielo y la tierra, quienes pisaron por primera vez el espacio, la tierra y todas las dimensiones, mi lealtad es hacia ustedes y lo será hasta el final. – Refuto con decisión.

A las palabras de Hypeion, Cronos sonrió satisfecho de oír la respuesta que esperaba, Koios sonrió al sentir que aquella forma representaba una disculpa por parte de Cronos y la redención de Hyperion; por su parte Críos suspiro aliviado, al darse cuenta que todo volvía a la normalidad entre ellos y a su vez un a conglomerado de gritos y virotes tras ellos, fue celebrado por toda una legión de gigantes y soldados aguadaban ansiosos sus órdenes.

Cronos se encontraba al centro de todos ellos, siendo el primero y más cercano a la entrada de aquella dimensión, desde la cual podían observar desde arriba al santuario, sin ser detectados por la diosa de la sabiduría, ni Anfitrite, así como ninguno de los santos bajo ellos. En tiempos mitológicos Cronos y sus hermanos habían creado aquella dimensión para moverse en la oscuridad, entre las líneas del tiempo y el espacio sin ser detectados por los dioses durante la titanomaquia y aquellos desolados túneles del espacio a penas y fueron explorados por Hermes durante su encierro, así que ahora eran las puertas furtivas de su acceso.

El santuario, el último punto de defensa de la tierra y el Olimpo, el único sitio que aún guardaba a dos diosas en total libertad y aquellas que representaban la única amenaza para su reinado se encontraban ahí, si aquella iba a ser su última batalla, estaba tan decidido a que su victoria fuera tan aplastante y única que iba a mostrarle a Athena que su titulo de diosa de la guerra no valía nada, mucho menos para ellos, le iba a demostrar su debilidad, su falta de estrategia, hasta ella misma iba a darse cuenta que Zeus nunca debió de encomendarle a la tierra.

Y por ultimo iba a hacerles pagar a todos aquellos que se encontraban sellados y a Athena y Anfitrite, la rebelión que osaron en contra de su gobierno contra él y sus hermanos, la titanomaquia y aquellos años de prisión no iban a pasar inadvertidos, iba a cobrar cada lagrima, gota de sangre y sudor que derramo cada uno de los suyos.

-Rea aún está en el castillo de Hades encargándose de Persefone y Demeter. – Menciono calmadamente Hyperion.

– No podemos seguir esperándola, iniciaremos nosotros y ya nos alcanzara después. – Dictamino Cronos mientras su cosmos magnánimo lleno de oscuridad le rodeaba, augurando que el fin estaba cerca.

Continuara… ¡Comenten!

Comentarios:

Darkmiss01: En cuestión a los titanes y los dioses, cada quien está defendiendo a su familia y sus intereses. Yo se que la unión de Mnemosine y Zeus es extraña pero así está plasmada en la mitología. Espero que te haya quedado un poco más claro cuál es la prisa de Milo de encontrar un suplente, no porque crea que los titanes vayan a matarlo, si no que él se va a arriesgar para matar a uno de ellos, espero que sepas con que técnica. En fin, en mi historia trato que cada personaje lucha contra sus demonios, Aldana con Ares, pero quiero que notes la diferencia entre las hermanas, mientras Aldana cargaba con ser un berserkers como si fuera un pecado, Scatha parece aceptarlo un poco mejor. Aunque si no des nada por sentado, aun puedes llorar mucho por el futuro de esas dos. Y respecto a tu cuarta pd realmente esta ocurriendo.

Jasmith: Hola! Me alegra mucho que disfrutes leyendo mi historia y que sea el fic que querías leer, espero no decepcionarte con este capítulo. Es que en el anime ponen a una Athena débil que debe ser rescatada a cada momento y considero que es más que un costal de papas, al cual salvar. Espero te encante el capitulo porque en el siguiente es seguro que la guerra comienza a lo grande. Lamento el retraso y agradezco de corazón tu tiempo.

MarianaMa: A mi tambien me hace feliz cuando me notifican de tu comentario jajaja es reciproco, digo yeiii haber qué opina del capítulo, lo juro me emociono como niña en navidad. Me alegra que el terremoto no te haya afectado, después de todo estamos en las mismas condiciones yo tampoco soy del centro pero ver como parte de nuestros compatriotas sufrieron me causo mucho pesar y me alegra que haya gente como tu que enviaron ayuda.

Artemiss90: Siento que Saga, Kanon y Aioros se merecían su momento Milkiway jajaja de relax, despues de todo tienen mucho tiempo sin verse. Se que quieres que se acabe esta guerra pero apenas va a iniciar las batallas, el próximo capitulo sera tan desicivo que nuestro santitos van a sufrir.

Beaty-amazon: Siento que el terremoto nos mostro que todos somos vulnerables, no importa la tecnología ni el tiempo, un desastre natural, siempre nos mostrara que somos indefensos ante ella. Espero que durante este mes todo se haya normalizado un poco y entiendo que el temor perdurara por mucho tiempo, pero nos ha enseñado a que debemos ser mas consientes de todo nuestro alrededor. Tal vez tu mal presentimiento respecto a la historia no sea tan mal infundado, muchos morirán. Espero te encuentre muy bien, amiga mia. Lo deseo de todo corazón.

Atte: ddmanzanita.