Hola, antes que nada agradezco de todo corazón sus comentarios, de verdad son muy gratos para mí y antes que nada les deseo una feliz navidad y prospero año nuevo, agradeciéndoles infinitamente haberme acompañado durante tanto tiempo, compartido conmigo esta historia y disfrutar juntos, es por ello que les traigo dos capítulos en lugar de uno, disfrúteles y ¡Comenten! ¡Felices fiestas!

Capitulo 44 El primer impacto.

-Dos y faltan 5. – Aldana sonrió con malicia y contemplo el cuerpo desmembrado de Campe, el cual reposaba en el suelo, la cola de la bestia se encontraba inmóvil, mientras la cabeza de león y oso que debían encontrarse en su cintura tan solo eran restos putrefactos de lo que hacía unos segundos fueron. – Jamás debiste meterte conmigo.

La peli azul tomo una lanza que se encontraba clavada en el suelo, la cual se rodeo de un cosmos negro que desprendía brazas las cuales se elevaban en aquella oscuridad. Las dos grandes llamaradas a su lado imposibilitaban a Campe un escondite en las sombras y la ausencia de su cola le hacia imposible atacar a esa joven de sorpresa, así que se desespero y se dejo ir contra ella.

-¡Aldana cuidado! – Le alerto Dante, sin embargo la berserkers solo levanto su lanza y apunto directamente a la cabeza de tigre de Campe.

-Un berserkers jamás retrocede y menos ante esta deforme lagartija. – Aldana esquivo las dos grandes espadas de Campe que se clavaron en el suelo, casi rozando su cuerpo, sin embargo así como se creyó librada de estas, se dio cuenta que aun tenía que esquivar las serpientes del cabello y los pies de la criatura, que tiraron dentelladas a su cuerpo y que solo pudo frenar con el palo de la lanza, donde los grandes colmillos de estas se clavaron, Aldana cayó al suelo, mientras las serpientes y la cabeza de tigre y pantera cada vez se acercaban más a ella, tirando mordidas, se agazapo contra el suelo y alzo su mano entre las serpientes alcanzando a aplastar su mano contra los ojos del tigre, incendio su cosmos y en lugar de proyectar el ya acostumbrado fuego, salió expedido contra la cara del animal un torrente de lava ardiente que lo hizo chillar y provoco un impulso de retroceder en Campe.

-¡Maldita! – Campe estaba unida a cada parte de su cuerpo, aunque se trataran de otros animales, ella podía experimentar el mismo dolor que ellos, miro hacia la cabeza del tigre la cual estaba disuelta, permaneciendo de este únicamente el cuello y parte de la mandíbula inferior.

Campe se giro bruscamente contra Aldana y trato de clavarle innumerables veces su espada, pero la guerrera siempre se las ingenio para lograr esquivarlas o frenarlas, fue entonces que se aventuro una vez más, se apresuro con la intención de aplastarla con sus grandes patas de dragón, mientras las serpientes a sus pies soltaban dentelladas inmisericordes y sus espadas no dejaban de llover sobre ella.

-No podrás huir para siempre. – Gruño, pero una sonrisa escalofriante en el rostro de la chica le helo la sangre.

-¿Y quien dice que estoy huyendo? – Campe vio un brillo especial en los ojos de la peliazul y el fuego en el calabozo se apago de golpe, en lo que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad sintió como le era rebanada una de sus piernas traseras, seguramente uno de los otros tres hombres que había descuidado le corto, quiso girarse pero sintió como la lanza que traía la guerrera se le clavaba en la cabeza de pantera que bramo.

Aldana retrocedió rápidamente al tiempo que volvía a encender con su cosmos esas dos grandes llamaradas, pero Campe logro levantar una roca la cual la golpeo y la tumbo de bruces al suelo, la lanza de su mano se rompió ante la caída y ella rodo bruscamente por el suelo, reavivando las descargas de dolor, su vista se nublo y su cuerpo no le respondió.

-¡Levántate! – Ordeno una voz, alguien la tomo por el costado y le ayudo a retroceder.

-Maldi…ción… - Gruño molesta, mientras se tallaba con fuerza los ojos y se alejaba de quien le hubiese ayudado, su vista comenzó a retornar poco a poco y miro a Otto a su lado, mientras Isley y Dante le hacían frente a la mismísima Campe, que gruñía embravecida.

-¿Estás bien? – Pregunto el hombre a su lado.

-Este cuerpo está muriendo, por lo que me resulta difícil pelear. – Contesto malhumorada, desenvaino su espada la paso a su mano izquierda, aunque fuese habilidosa para lanzar una flecha con su lado derecho, la espada únicamente podía manejarla a la perfección con la zurda, así que la cambio y se agazapo cual fiera. – Tengo que darme prisa.

-Espera. – Otto la tomo con fuerza por el antebrazo. – Ella es lo único que tengo…

-Pues será lo único que tengas que perder en esta guerra. – Contesto cortantemente zafándose bruscamente de un jalón.

La berserkers corrió hacia ella, Dante freno la espada del lado izquierdo, mientras Isley lo hacía con el lado derecho, así que se deslizo por el suelo, pasando por las serpientes de sus dos piernas delanteras y alzo su espada, desgarrando todo el abdomen del dragón y para rematarla termino por amputarle la ultima pierna trasera, Campe cayó al suelo en un grito lastimero pero su torso se giro ignorando a Dante e Isley y se lanzo contra la guerrera, Aldana trato de incorporarse pero su cuerpo flaqueo de nuevo, pudo esquivar la primera espada, pero la segunda le fue imposible.

La sangre se derramo lentamente en el suelo, bañando con pequeñas gotas escarlata el filo de la espada de Campe que sonrió orgullosa de lo que acababa de hacer. Aldana abrió sus ojos con impresión y retrocedió lentamente, aun sin comprender porque él se había interpuesto entre ella y el ser mitológico.

-¡Otto! – Dante e Isley trataron de cortar a Campe quien volvió su atención a ellos. - ¡Por Ares!

-¿Por…porque humano? – La berserkers se incorporo lentamente, apoyándose de una de las rocas a su lado y vio como la espada de Campe estaba clavada en el pecho de Otto, demasiado cerca del corazón del guerrero. Las espadas de esta estaban cargadas de un veneno letal que podía matar a cualquiera y aún sin él, la herida era letal.

-Tú nunca lo entenderías. – Otto sintió la descarga de veneno de la espada de Campe en su interior, comenzó a perder la sensibilidad de su cuerpo y un hilillo de sangre comenzó a brotar de sus labios, pero sonrió al ver la cara de horror de la berserkers, no sabía si el salvarle la vida le ofendería o estuviera en shock al ver que alguien se había arriesgado por salvar a Aldana. - ¿O sí? – Cayo de rodillas, aun ante la cara de espanto de la joven. – Se que aún puedes escucharme…Aldana…solo…solo…quiero que tu y… Scatha…vivan. – Otto se llevo la mano al pecho, donde estaba el largo y profundo corte que había atravesado su tórax.

-¡No! – Aldana exclamo dentro de su mente, sin embargo la berserkers la controlo en su interior.

-Lo siento mucho. – Otto se desplomo en el suelo, sintiendo como se iba sumiendo en un abismo oscuro.

-Uno menos. – Campe sonrió extasiada, mientras se abalanzaba sobre Dante.

La peliazul se agacho lentamente frente al cuerpo inmóvil de Otto y puso su mano en su cuello, para buscar su pulso, sin embargo no sintió nada.

Podía sentir el desgarro de dolor que estaba experimentando Aldana en su interior, algo resbalo por su mejilla, así que alzo su mano y comprobó que Aldana estaba llorando, se limpio el rostro con la manga de su antebrazo y se incorporo lentamente, mientras sus ojos centellaban rabia absoluta.

La berserkers no menciono nada más, desde la era mitológica en la que se alisto a las filas de Ares por primera vez y perdió su esencia humana para convertirse en una guerrera desalmada, se olvido del honor, el compañerismo y la piedad, nunca les había necesitado y siempre que caía a manos de un enemigo lo hacía sola, en el campo de batalla ensangrentado y lleno de cuerpos, pero nunca hubo nadie que se arriesgara por ella, así que ver a Otto sacrificarse, le hizo recordar más allá de cuando se unió a Ares, cuando servía en las filas de Athena como amazona, sonrió con tristeza al pensar que se había olvidado de ello, una época donde todos salían juntos o nadie lo hacía.

-¡Aldana! – El grito de Dante le alerto, Campe se dirigía a toda velocidad hacia ella, con ambas espadas alzadas.

-Te…voy a matar… - Siseo. Tomo rápidamente una flecha que llevaba a sus espaldas y la monto con rapidez en su arco, agudizo su mirada y apunto directamente al pecho de la criatura, justo en el mismo lugar que Otto había sido atravesado por la espada, su cosmos se incendio con furia y un aura rojiza la envolvió por completo a ella y su flecha.

Aldana soltó su flecha, la cual Campe trato de detener con sus espadas, pero esta paso a una velocidad tan rápida entre ellas, que alcanzo a golpear el cuerpo de Campe, produciéndole una terrible quemadura en ambos pechos y el hombro izquierdo que le dejo la piel en carne viva.

-¿Eso te duele? – La peli azul alzo su mirada enfurecida. – Porque eso, no es nada comparado a lo que pienso hacerte.

-¡Perra! – Campe trato de volver a a utilizar sus espadas, pero justo en ese momento Isley junto a Dante, brincaron con sus espadas en alto y cortaron cada uno de los brazos de Campe que cayeron al suelo, en conjunto con sus espadas que produjeron un replique metálico. Miro sorprendida a cada uno de los guerreros, que le dieron la espalda, así que miro desesperada hacia la peli azul que le miraba con una sonrisa helada, tenía en sus manos su arco con otra flecha rodeada de un halo oscuro.

Aldana libero la cola de esta y Campe desfiguro su rostro ante el terror, así que trato de correr para escapar, sin embargo en esta ocasión, no solo se trato de una flecha corriente, si no que una masa amorfa oscura se formo al final de la flecha y cuando atravesó el pecho de Campe, esta se anclo a su pecho y la arrastro hasta el suelo, atándola a este.

-¡No! – Chillo. - ¡Mis señores! ¡Mis señores! – Campe escucho las pisadas de la berserkers y como esta iba arrastrando algo, así que alzo un poco su rostro mientras trataba de liberarse y observo a la joven, arrastrando una pesada espada. - ¡Aléjate de mi! – Gruño, mientras incitaba a sus serpientes más grandes a soltar dentelladas a la joven, quien con su cosmos pulverizaba a estas.

-Deja de llamarles, que quien te va a juzgar voy a ser yo. - Aldana alzo su espada y la coloco entre los ojos de Campe que se retorcía, angustiada tratando de evadir el arma en su rostro, miraba el frio metal puntiagudo entre sus ojos y por unos instantes giro su mirada hacia la peli azul, solo para quedarse congelada al ver una mirada tan cargada de furia y odio, los ojos ámbares de la chica tenían una coloración un poco ennegrecida y reflejaban un enojo sin igual, fue ahí cuando cayó en cuenta del error de no haber rematado a esa joven a penas y toco el calabozo.

-Nadie acudirá en tu ayuda. – La peli azul alzo más su espada y la dejo caer con todas sus fuerzas sobre el cráneo de Campe, la cual sintió como la espada se incrusto en su nariz pero sin atravesar su cerebro. – No te voy a matar así. – De la empuñadura comenzó a manar lava ardiente, que se deslizo lentamente por el filo de la espada y que caía en gotas sobre el rostro de Campe, quemándolo y desintegrándolo, quien comenzó a gritar lastimeramente, hasta que la lava que iba cayendo por su filo, cubrió por completo su rostro y lo disolvió, fue entonces que Aldana soltó su espada y se giro hacia donde estaba el cuerpo de Otto, se agacho a su lado y coloco su mano sobre el pecho de este a nivel de donde se encontraba la herida letal.

-"Oh Ares" – Inicio mientras cerraba sus ojos y el fuego rodeaba el cuerpo de Otto, ante la mirada atenta de Dante e Isley. – "Terrible señor de la guerra y la desgracia, por ti entrenamos y a ti nos entregamos, los campos de batalla son tu templo, mi espada tu mano ejecutadora, la sangre de mi enemigo, tu vid y su muerte, tu manjar, mi vida te pertenece y a ti me encomiendo en la batalla, guíame a la victoria, arrasa con mis enemigos y hazme tu gladiador. Si un día caigo, que sea en la guerra, luchando en tu nombre, que mi sangre sea fruto de tu odio y alimento para mis hermanos, cuida mi alma, mi señor en los campos elíseos, como yo vele por ti en la tierra, mientras mi alma espera de nuevo, la resurrección para volver a serviros, hasta el final de los tiempos"

Aldana abrió sus ojos lentamente, mientras retiraba su mano del pecho de Otto, se incorporo en silencio, se coloco entre Dante e Isley y sus ojos ámbares resplandecieron al igual que las llamaradas que consumían en ese momento el cuerpo de uno de sus iguales.

Suspiro cansadamente mientras miraba hacia el horizonte, desde la reunión en la torre del meridiano tenía un mal presentimiento y le era imposible ignorarlo, era como si alguien le observase, sus sentidos se lo alertaban sin embargo era incapaz de establecer una causa.

-Estamos listos. – Mascara de la muerte se giro hacia aquella dulce voz y miro a Lucia con una pequeña maleta que guardaba la mayoría de las cosas de Dailos y como este se encontraba a su lado. Aquella mañana durante el desayuno había sido su decisión, que ambos hermanos acudieran al refugio de Athena, abandonando la casa de Cáncer, la cual sin lugar a dudas se vería envuelta entre los fuegos cruzados de la guerra.

-Bien. – Contesto. Miro una vez más la casa de géminis, tauro y aries que se encontraban bajo la suya y encamino su mirada azulacea hacia donde sabia que se encontraba el refugio que Athena había proporcionado a los aprendices, doncellas y guardias del santuario, que no debían verse inmiscuida en aquella guerra. Era un túnel que se adentraba a las profundidades de las montañas áridas que rodeaban al santuario y que en su centro establecía una amplia antesala que conectaba con diferentes túneles, en caso de necesitar una evacuación urgente de ese lugar, hacia los diferentes pueblos aledaños del santuario. Ese lugar había sido utilizado desde la era del mito y nunca había sido descubierto, así que confiaba plenamente en que continuaría sirviendo de escondite a la servidumbre del santuario, incluso el patriarca había decidido que aquel fuese el sitio al que debían llevar Kanon y Shaka a Athena en caso de perder aquella batalla.

-Maestro. – Se giro hacia Dailos para prestarle toda su atención. - ¿Usted va a estar bien?

-Claro que él va a estar bien, después de todo es un caballero dorado. – Lucia sonrió amigablemente a su hermano, aunque trato de ocultar la turbación que llego a su mente al recordar aquella vez que se encontraban en la casa de cáncer y Mascara de la muerte volvió del inframundo en compañía de Aioros y los ángeles, a punto de morir, la gran cantidad de sangre que bañaba a su armadura dorada destruida y las graves heridas, que llevaron al caballero a desplomarse frente a ellos.

-¿Maestro? – El chico pareció también recordarlo, pues giro de nuevo su rostro hacia su maestro.

-Ya has escuchado a tu hermana. – Mascara de la muerte se acuclillo frente a su alumno y le despeino. – Soy el caballero dorado de cáncer y ya verás que mi cosmos hará temblar a los titanes y a este santuario. –

-¡Se que lo lograra maestro! – Menciono el niño emocionado.

-¡Bien! – El italiano miro orgulloso a su aprendiz y se irguió. – Porque cuando termine esta guerra te enseñare a manejar tú cosmos ¿Por qué no quieres quedarte atrás de Teneo verdad?

-No, maestro. – Dailos apretó ambos puños y miro decidido a su maestro. – Yo seré el caballero de oro más fuerte y el proximo patriarca.

-Oh Dailos trae tus mancuernas. – Lucia palmeo suavemente la espalda de su hermano, mientras le indicaba que volviera dentro de la casa para traer sus cosas, le vio correr emocionado hacia el interior, fue entonces que agacho suavemente su mirada y nerviosa tomo el brazo del caballero de cáncer. – Mis sentimientos son los mismos que los de mi hermano, quisiera volverte a ver. – Lucia sintió que temblaba de emoción, quería hacerle saber a él, que ellos iban a rezar y estarían esperando su regreso, que alguien además de Athena le quería de vuelta y con vida.

-Sabes bien que no puedo prometerles eso. – Mascara puso su mano sobre la de la pelirroja, lo que obligo a esta a alzar su mirada celeste y enfrentar la misma mirada zarca del italiano, la tensión de su mirada fue de tal intensidad, que sonrojo a la joven y su corazón comenzó a latir desbocado, fue entonces que abrazo al caballero, hundiendo su rostro en el pecho de él, podía sentir el palpitar fuerte del corazón del italiano y la respiración agitada de este.

-Odio…la guerra… - Susurro quedamente, mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

-Yo también. – Mascara de la muerte suspiro pesadamente, dándose cuenta de lo mucho que había cambiado desde la batalla de las 12 casas. Acaricio una vez más el cabello de la joven y se detuvo detrás de su cabeza, entonces dirigió su mano hacia el rostro de esta y sintió la humedad en sus mejillas, ante las lagrimas de la pelirroja, la separo de él y limpio sus lagrimas con el dorso de su dedo, después extendió su mano derecha hacia su mejilla, la pelirroja recargo su rostro sobre esta y cerró los ojos con pesar.

Era doloroso para ella, saber el destino cruel y funesto a los que los caballeros debían enfrentarse, siempre lo había pensado de esa forma, pero ahora comprendía que su pensamiento se había quedo demasiado corto, pues realmente aquello era inhumano, estar condenados a pelear y arriesgar sus vidas en cada combate, solo para proteger a los demás, quienes simplemente se limitaban a juzgarlos de forma cruel y despiadada, sin ni siquiera conocer su pasado, ni todo lo que habían tenido que atravesar.

-Ángelo… - Murmuro la chica entre lagrimas, sin atreverse a abrir los ojos pues aquella era la primera vez que le llamaba por su verdadero nombre, sintió un dolor desgarrador en su garganta, ante tantas palabras que quería decirle y que su mente no podía organizar y su boca se negaba a expresar y de pronto sintió los labios de él besando su frente.

-Voy a protegerles. – Susurro el caballero, ambos intercambiaron una mirada llena de intensidad, azul contra azul y se separaron segundos antes de que Dailos lograra verlos, aunque este noto la turbación y las mejillas sonrojadas en el rostro de su hermana.

-Es hora de irnos. – Lucia agacho el rostro y comenzó a descender las escaleras velozmente, sin volver a mirar atrás, mientras las lágrimas amenazaban por salir de sus hermosos ojos, no quería que su hermano la viera llorar y tampoco quería verlo a él, de lo contrario sabía que no iba a poder controlarse y no se separaría de él.

Mascara la vio en silencio, no sabía exactamente qué clase de relación compartían los dos, después de todo, ambos habían convivido muy bien durante las últimos meses, pero el verla llorar así por alguien como él le provocaba un extraño sentimiento, incluso la cercanía con ella y el haberla abrazado le había puesto nervioso, se rio al pensar que apenas y había podido controlar el instinto de besarla en los labios, aunque al menos beso su frente. Ahora más que nunca había tomado la determinación de defender a cada ser vivo del santuario, iba a quemar su cosmos hasta el infinito e iba a volver con vida con el único objetivo de besarla.

-No voy a permitir que selles a tu nieta. – Demeter menciono la última palabra, en un intento de recordarle que aquella guerra no se estaba librando entre desconocidos o enemigos, si no entre una familia; Rea, era su madre y Persefone, su hija. Hasta qué punto los había llevado la ambición.

-Qué tontería estas cometiendo, Demeter. – Rea se rodeo del terrible cosmos negruzco escarlata característico de sus iguales y le miro con la intensidad de dos brazas volcánicas. – Jamás debiste ir contra nosotros.

-Madre debes irte por favor. – Persefone se aproximo hasta su madre y la tomo preocupada del brazo, sabía que Rea era una titanide feroz y aunque su aspecto tranquilo y conciliador siempre se perfilara en su rostro, el odio podía leerse muy claramente en su mirada. Tal vez Rea en el pasado hubiese luchado contra Cronos como una leona por sus hijos, pero cuando estos también le encerraron en el tártaro, le mostraron a la titanide que también ellos estaban tan sedientos de poder como su padre y su abuelo antes que ellos.

-No voy a abandonarte Persefone, todo lo que has pasado y enfrentando tan solo se debe a que yo te descuide, deje que mi hermano te raptara y te llevara a ese lugar de podredumbre. – Contesto con firmeza la diosa de la primavera.

-Madre… -

-Dime Demeter ¿Qué se sintió que tu hija te traicionara? – Rea comenzó a materializar a su lado un gigantesco capullo de color negro, rodeado por completo de enormes espinas que expedían gotas de veneno, muy semejantes a estacas. – No se siente un profundo vacio cuando ello ocurre, no comprendes que hiciste mal, ni el por qué lo hizo.

-Madre lo que ocurrió en la titanomaqui… -

-¿Fue porque temían a nuestro carácter volátil o anhelaban más poder? – Rea miro con cierta decepción los pétalos marchitos del capullo y por unos segundos se perdió en sus recuerdos, en toda la gloria y felicidad con la que había vivido antes de que sus hijos se subordinaran contra ellos y les encerraran en una prisión donde se les condeno al sufrimiento eterno.

Rea recordó a sus padres y supo que tal vez la maldición de su padre Urano no solo fue lanzada contra Cronos, si no sobre todos ellos, después de todo, los doce habían resultado encerrados en el tártaro, mientras su descendencia gobernaba y muchos de los hijos de sus hermanos caían asesinados o condenados por los dioses.

-Se que no tienes una respuesta, Mnemosine tampoco la tenia. – Susurro quedamente. – Mi madre lo menciono en algún momento "No importa las vidas que tengamos que destruir para lograr nuestros fines" creo fielmente que eso aplica a titanes, dioses y humanos.

¿Cuánto tiempo tenia sin recordar ella misma a sus propios padres? Sonrió con cierta melancolía al pensar en ellos, después de todo Gea siempre les amo, incluso cuando Urano desterró a los Hecantonquiros y Ciclopes al tártaro y a ellos los devoro, su madre que les amaba profundamente incentivo a Cronos a matarlo, sin importarle que este se ensuciara las manos, lo que provoco que el cosmos de Cronos se hubiese manchado para siempre de oscuridad y Urano maldijera a Cronos con el mismo destino, que les llevo a la Titanomaquia. Pero la pregunta que siempre rondo su mente fue el ¿Por qué? ¿Por qué traicionarse entre padres e hijos?

-Rea te lo suplico. – Inicio Persefone. – Ayúdanos a combatir a Cronos, se que tu amabas a tus hijos y…

-Les ame tanto que me traicionaron, al igual que nosotros hicimos con mi madre. – Después de la derrota de Urano a manos de sus hermanos, Gea había decidido que el carácter volátil de los grandes seres míticos ya habían cumplido su misión y que de ahora en adelante se dedicaría a vigilar el destino en un sueño profundo, fue así como los doce unieron sus cosmos para sellar a su madre Gea, que había permanecido en un letargo durante todo aquel tiempo. Rea sabía que Cronos no solo planeaba vengarse de los dioses, sino que además iba a utilizar su cosmos y el de sus hermanos para despertar a Gea, con quien podrían despertar los oráculos y ver los secretos escondidos del destino mismo. – La batalla iniciara dentro de poco y mi amado esposo me necesitara, no puedo perder mi tiempo con ustedes.

Rea tomo la empuñadura de una de sus dagas, la cual minutos antes había permitido ser bañada por el veneno que contenía en un frasco, este aún goteaba ese liquido, el cual acerco al capullo que trato de alejarse de él, pues el veneno que se desprendía quemaba sus pétalos, sin embargo la titanide lo acerco a su cúspide y lo introdujo dentro del capullo que emitió un grito estremecedor de mujer, hasta que desapareció en su interior para volver a cerrarse con fuerza.

-Este capullo es de una hermosa anemone nemorosa, ya sabes lo que significa ¿No es así Demeter? – Rea se alejo un poco del capullo y miro a su hija y nieta con atención, de todos sus hijos Demeter era la única capaz de crear vida, aunque esta solo se limitara a la fertilidad de la tierra, a diferencia de ella que podía generar vida a cualquier ser. – Una flor de vida y muerte, puede ser medicinal o su potencial veneno puede ser letal, la daga que le he dado a tragar contenía el mismo veneno que use para sellar a Hestia y Artemisa, no deseo que interfieras en esta batalla, así que cuando florezca este hermoso capullo perecerás en este lugar junto a tu amada hija.

-Madre. – Demeter miro cautelosamente el capullo negruzco el cual expedía pequeñas esporas doradas. – Cualquier flor puede perecer antes de abrirse.

-Supuse que diarias eso. – Rea se acuclillo hasta que su mano derecha toco el suelo, en el cual aparecieron varias letras en griego antiguo que formaron un pentagrama a sus pies, rodeado de un circulo con varias inscripciones, su cosmos negro desprendió varias brazas, se incorporo y retrocedió mientras aquel sello permanecía en el suelo, pero poco a poco fue abriéndose un portal del cual escapo el rugido de varias bestias. –Ustedes los dioses usaron y humillaron a mis hermanos y su descendencia y es por ello que deberán pagarlo.

Dos gigantescos perros brotaron rabiosos del portal, el primero de ellos era un perro gigantesco de dos cabezas hijo de Equidna y Tifón que bramo furioso, mostrando sus terribles dientes a ambas diosas y a su lado se encontraba su hermano, el terrible guardián de las puertas del infierno; Cerbero. Ambos perros se colocaron a cada lado del capullo resguardándolo de las diosas.

-Ortro y Cerbero hacedme el favor de vigilar este hermoso capullo hasta que sus pétalos se abran. Yo me encargare de ayudar a nuestro señor. – Rea les dio la espalda y su cosmos negro comenzó a crear un remolino en torno a ella. – Por cierto el polen de esta flor puede llegar incluso al santuario, si obtiene sangre humana. – Una gruesa y gran raíz broto del capullo y apreso el tobillo de Pandora derribándola al suelo y la comenzó a jalar hacia este, mientras las espinas se comenzaban a romper para descubrir una boca llena de filosos dientes.

-¡Pandora! - Persefone quiso ir tras la joven hermana de Hades pero Ortro le gruño furioso y le soltó varias dentelladas, lo que detuvo a la deidad. Mientras Cerbero le cerraba el paso a Demeter con una de sus cabezas.

-¡Madre te has hundido en la oscuridad! – Gruño furiosa Demeter, viendo como la peli blanca desaparecía lentamente con el viento, el cual arrastraba su ser en forma de cenizas y brazas.

-La oscuridad no llega cuando la luz se va, si no cuando uno mismo deja de buscar la luz. – Rea miro fríamente a su descendencia, con el solo deseo de asesinarlas a ambas. – Ustedes nos encerraron en un lugar sin esperanzas, esto es el resultado de lo que sembraron, Demeter. – La titanide desapareció en el aire, al tiempo que uno de los pétalos del capullo comenzaba a abrirse.

Su respiración era agitada, mientras una terrible ansiedad y desesperación la consumía por dentro, por lo que cada vez que sentía aquellas terribles punzadas de estrés, aceleraba más su paso.

La última noche le había sido imposible conciliar el sueño pensando en la posibilidad de que él… su rostro palideció inmediatamente al solo imaginarlo, ni siquiera quería escuchar hablar de la posibilidad de que su muerte ocurriera, se negaba a hablar de eso, con sus mejores amigas o incluso con él, pero después de aquella terrible noche, sabía que esa posibilidad no era tan lejana, estaba dentro de cada ser vivo, desarrollándose cada día más, viviendo en cada uno de ellos, esperando pacientemente el día que llegase el momento de darse a conocer fatídicamente ante el mundo, pues la muerte era dueña de cada ser humano, así que habia dejado de ignorarla y la tomaba como una verdad absoluta; cualquiera podía morir en esa guerra, incluso hasta ella, pero se negaba a dejar su historia inconclusa y a medias.

Sin embargo aquel coraje y valor que le impulsaba con tanto favor era alentado por un miedo incontrolable que en lugar de desvanecerse aumentaba con cada minuto que pasaba.

Paso por la casa de libra sin toparse curiosamente al antiguo maestro, así que atravesó el séptimo templo sin contratiempos y se encamino a las escalinatas del octavo, sintiendo el retumbar de su pulso en su sien, la fuerza que ejercía su corazón sobre su pecho y como cada paso lleno de decisión la hacía temblar de ansiedad e inseguridad, ni siquiera ella misma estaba siendo consciente de lo que estaba por hacer.

Desde que le escucho hablar por primera vez de un sucesor su sangre se helo y le recordó lo que fue estar a punto de perderlo, así que después de ver que aquello no fue una estúpida broma más de él, sino que lo confirmo desde aquel momento, primero trato de negarse a creerlo e inclusive se alejo de él, pero cada día que paso desde ese momento en que le evito con todas sus ganas, supo que se estaba equivocando respecto a él…

Miro hacia el horizonte pronto anochecería de nuevo, así que acelero velozmente el paso, tratando de despejar su mente de todas sus ideas cuando sintió la vibración de su cosmos resonar, así que alzo la vista y le observo con su sonrisa confiada y jovial, portando sus ropas de entrenamiento y con ambos brazos cruzados sobre su pecho, así que se detuvo paulatinamente en su ascenso y se quedo congelada observándolo.

-¡Hola Shaina! – Saludo alegremente.

-Milo… - Susurro agitada, lo vio descender despacio los escalones que les separaban.

-¿Creí que estabas molesta? Para variar. – Se aventuro a mencionar. Seria mentir que el caballero de escorpio no estaba igual de anonadado y sorprendido de ver a la italiana en ese lugar.

-Lo estaba, creía que me debías una explicación. –

-Shaina… -

-Ahora ya no me interesa. – Shaina tomo con sus dos manos el rostro del escorpión impulsivamente y le planto un beso apasionado. Milo abrió los ojos con sorpresa de ver esa reacción de la cobra pero se dejo guiar por ella con una sonrisa picara. Cuando ambos se separaron Milo le tomo por la mano y acaricio suavemente el rostro de la rubia que sonrió tímidamente.

-Entremos a mi casa, no quiero que Dohko se vaya a emocionar viéndonos. A esta edad su corazón no lo resistiría... – Rio alegremente el alacrán, pero no dejo que la amazona subiera el resto de las escaleras si no que la cargo románticamente hasta la cocina privada del templo donde la bajo, mientras él le servía un vaso con agua y se lo ofrecía.

-Te prometo que no tiene ninguna droga o somnífero. – Bromeo el escorpio, sacándose una sonrisa socarrona a la joven. Shaina se tomo el líquido cristalino lentamente y se quedo contemplando unos segundos el vaso vacio que deposito en la mesa. - ¿Qué ocurre?

-Se que fuiste tú quien le dijo a Aldebarán que me pusiera en su equipo. – Siseo molesta, Milo se hizo el desentendido del comentario y se recargo galanamente sobre el refrigerador. – Se que fuiste tú, no es una incoincidencia que me hayan retirado al grupo de Aldebarán.

-¡Shaina me ofendes! – Fingió demencia. – Insinúas acaso de que yo hable personalmente con Aldebarán para mencionarle que eras un buen elemento para enfrentar a los gigantes, porque eras una de las pocas amazonas de plata que le habían hecho frente junto a otro santo de plata y dos santos de bronce a un gigante en el pasado. ¿Crees que yo sería capaz de eso?

-¡Sabia que fuiste tú! – Gruño, se levanto para darle un ligero golpeo, pero Milo la tomo por el brazo y la giro, obligándola a quedar de espaldas a él, sintió como griego se acerco a ella.

-Quiero protegerte Shaina. – Le hablo al oído y luego la abrazo, porque sabía que decirle algo como eso a una mujer como ella iba provocar un arranque de rabia, así que utilizo su fuerza para controlarla.

-¡¿Qué!? – Ladro molesta tratando de zafarse de su agarre, pero más tardaba ella en liberar un brazo que Milo en apresarlo ágilmente. - ¡Suéltame! ¡Milo suéltame! ¡Soy una amazona y tú quieres protegerme como si fuera una niña! ¡Eso es injusto Milo! ¡Podría golpear hasta un dios si me lo propongo! ¡No se por…

La giro con fuerza y la beso para callarla, Shaina trato de replicar una vez más pero lo impidió apretando sus labios contra los de ella, que poco a poco se relajo y se dejo llevar por el griego. Y es que a veces lo mejor en una relación era dominar a la pareja y de vez en cuando dejarle el puesto al otro mientras se cedía, manteniendo un equilibrio perfecto y dándose a los dos la oportunidad de buscarse y mostrar el interés por el otro.

-Eres un idiota. – Shaina le golpeo el pecho con un dedo y Milo solo sonrió al ver que ese pequeño berrinche eran tan solo los restos de un huracán de reclamos que pudo haber recibido. - ¿Por qué no me dejas ir contigo o algún otro de tus compañeros? ¿No me crees capaz?

Milo le ofreció la mano con una sonrisa confiada en su rostro, así que Shaina llevo con cuidado su mirada a los orbes celestes del griego, sabía que Milo estaba tratando de controlar o manejar la situación con caricias y besos para hacer que el coraje se le pasara, pero esta vez no iba a funcionar, le golpeo la mano molesta y puso sus dos manos en las caderas.

-Contéstame. – Le exigió.

-Te conozco Shaina, se que enfrentarías hasta el mismísimo Cronos. – Milo le tomo la mano con suavidad y se acerco a ella, una hebra de cabello caía sobre el rostro de ella, así que lo acomodo tras la oreja de la rubia con una caricia. – Pero tú no les has enfrentado Shaina, a ellos no. – Se torno más serio recordando lo complicado que había sido vencer a Temis y eso que aún no habían recuperado el total de su cosmos, pero después de la caída del Monte Parnaso, el nivel del cosmos de los titanes había aumentado colosalmente, al grado que los últimos enfrentamientos entre santos y titanes siempre habían terminado muy mal y con una desventaja enorme para ellos. – No quiero que te arriesgues con los titanes que van a enfrentar los otros santos dorados y no puedo llevarte conmigo por un motivo.

-¿Cuál? – Shaina se soltó de la mano de Milo y salió molesta a la sala principal de escorpión.

-Mi compañero es Afrodita y una de sus técnicas se llaman las espinas carmesí, en el pasado los caballeros de Piscis no podía controlar la toxicidad del veneno en su sangre, por lo que vivían siempre aislados con el temor de intoxicar a otros caballeros o amazonas, Afrodita a podido controlar esto, sin embargo su sangre continua siendo letalmente venenosa, si él utiliza esa técnica, quien este a su alrededor va a estar expuestos a esas toxinas, por ese motivo Athena le ha concedido que seamos el único grupo que no sea apoyado. – Confeso.

-¿Qué? – Shaina se detuvo y le miro angustiada, una cosa era que él le orillara al grupo con Aldebarán, pero pelear solo dos caballeros dorados contra una titanide del nivel de Cronos era lanzarlos a un suicidio y más si las técnicas de uno de ellos podían matar al otro.

-Sí, incluso Athena le ordeno directamente a Orfeo que pelease junto a Aldebarán. – Contesto Milo.

-Eso significa que Afrodita y tu van a luchar solos. – Su aliento escapo como si fuera su propia alma la que se estuviera fugando por su boca, miro a Milo angustiada, como si le acabasen de informar que estaba condenado a muerte. – ¡Milo tu también puedes salir envenenado!

-Eso ya lo sé. – Milo giro su rostro hacia la ventana y miro las escalinatas que llevaban a Sagitario. – "Pero si Afrodita es orillado a utilizar las espinas carmesí, eso significaría que yo también tendría que utilizar la aguja ardiente Antares, mi corazón estallaría mucho antes de siquiera oler el veneno de Afrodita" – Tomo la mano de Shaina y le planto un suave beso en el dorso. – Pero no tienes por qué preocuparte, me sabré oponer a ello, después de todo soy un caballero dorado y tú misma dijiste que somos unos tercos incluso para morirnos.

-Ahora más que nunca comprendo a Marín. – Shaina había desviado el rostro hacia las columnas de escorpión y sus palabras escaparon de su boca como un silbido, tan bajas pero tan perceptibles que el escorpión se puso serio a penas y la escucho, la rodeo con sus potentes brazos, resguardándola entre su pecho y recargo su barbilla sobre la cabeza de la rubia.

-Lo siento mucho, Shaina. – La rubia recargo su mejilla sobre el pecho del escorpión y dejo que el retumbar demasiado lento del corazón del griego le calmara, deseando que ese momento nunca acabase.

-Déjame pelear a tu lado. – Susurro, incluso el tono de su voz fue tan bajito que hasta ella misma se sorprendió.

Milo la tomo por la barbilla, sus miradas esmeralda y zarca se cruzaron confusas y preocupadas, pero el escorpión se agacho hasta que los labios de los dos se volvieron a fundir en un beso inocente y tímido al principio pero el griego lo fue subiendo de intensidad a medida que la italiana le respondió.

-Shaina. – Le llamo en un coqueto ronroneo. – No voy a permitir que esos estúpidos titanes se te acerquen siquiera, voy a protegerte a ti, Athena y todo el santuario. – Le juro, la rubia lo miro con intensidad sin saber si aquellas palabras eran una promesa o una sentencia, se volvió a abrazar a él sin importarle lo frágil y débil que se veía en ese momento, solo quería estar a su lado.

Alzo su rostro con decisión buscando con desesperación los labios del escorpión quien se sorprendió de la intensidad del beso de la rubia, que apretó su cuerpo contra el de él, sintiéndose casi flotar por el nudo de emociones que le golpeo, ambos casi se creyeron soñando; Shaina porque estaba dando el primer paso y Milo porque no lo creía aún posible.

-¿Shaina? – Alcanzo a decir curioso, pero Shaina separo unos milímetros sus labios de los de él y le miro con fiereza.

-Shhh… ya lo he decidido. – El escucharse decir esas palabras le ayudaron a tomar valor y a Milo lo volvieron a la realidad, pues se estaba dejando ver como un puberto tímido y nervioso. La tomo por la cintura y la hizo enrollar sus piernas en torno a su cadera mientras sus labios se encontraban con deseo y pasión y le llevaba hasta la habitación de escorpio, abrió la puerta con cuidado y la cerró con un pie, sin necesidad de mirarla, lo que hizo sonreír a Shaina.

-Que habilidad. – Ronroneo la italiana.

-Se hace lo que se puede. – Milo la recostó con cuidado sobre la cama y la miro cual diosa, sus cabellos de oro cayeron en torno a su cabeza y su pecho, recubriendo ese el vaivén de sus respiraciones, sus ojos esmeraldas relampaguearon con deseo y su boca entreabierta dejaba salir dulces suspiros. Alargo su mano hasta la de ella, atrapándola entre su cuerpo y el colchón.

Shaina deslizo su otra mano por su espalda tomando la camisa de entrenamiento y tirando de ella, se la quito al caballero, luego descendió sus manos hasta su pantalón de entrenamiento y le ayudo a quitárselo, pero cuando Milo intento ayudarla, ella se escabullo por debajo de su cuerpo y se paro frente a él.

-No ocupo ayuda. – Susurro frente a él. Milo sonrió socarronamente y se sentó sobre la cama, mirándola con atención y devorando con su mirada cada parte del cuerpo de la amazona a medida que esta se quitaba la ropa frente a él.

Shaina se acerco lentamente a la cama, conociendo el deseo que su cuerpo había despertado en Milo, lo supo al mirarlo, al ver como el miraba cada milímetro de su piel y lo supo más cuando las manos del griego recorrieron su piel con desesperación. Milo se paro para quedar a su altura y comenzó a besarle el cuello.

-Shaina ¿Estás segura? – Milo se detuvo temeroso de estar obligando a la amazona ir más allá por la situación, pero ella sonrió cálidamente y se abrazo a él sintiendo su piel caliente y resbaladiza.

-Sí. – El monosílabo no expreso todo el millón de palabras que pasaban precisamente en ese momento por su mente, ni la confusión de emociones que experimentaba su alma. Era una mezcla amarga entre la tristeza y el temor de perder al amor de su vida y la experiencia emocionante y cálida de compartir con Milo el placer y la máxima expresión del amor. Querían que aquel instante fuese un sueño como si fuesen a durar juntos para siempre y vivir como si fuesen a morir en ese instante.

Aquella era una promesa de amor, el sueño del futuro y el triste y desesperado adiós de dos amantes, antes que el fin llegase tal vez para ambos.

El cielo emitió un potente rugido apocalíptico y su coloración azolácea se disperso por completo para dar lugar a enormes nubarrones negros y rojizos que centellaban y tronaban con grandes relámpagos que se proyectaban contra la tierra, destrozando con su potencia el suelo, arboles y fachadas que explotaban en grandes pedazos. A su vez del cielo se desprendían grandes masas de fuego que caían sobre el santuario, despidiendo tras de sí una estela de humo, fuego y brazas que se esparcían en aquel terrible suelo ennegrecido.

La barrera de Athena resplandeció en medio de aquellas fuerzas de la naturaleza defendiendo a las personas bajo él, resistiendo ferozmente los rayos que se impactaban en torno a él y los inmisericordiosos esteroides que le golpeaban, pero de pronto del medio del cielo, se abrió una gigantesca bóveda apocalíptica de la cual se asomaron los causantes de aquella destrucción, sus ojos escarlatas brillaron con maldad encontrándose por unos segundos con la mirada zarca de la diosa de la sabiduría. Koios se acerco a la orilla de aquella dimensión y bajo sus ojos inmisericordes hacia la molesta barrera de Athena, en su mano centello con fuerza el Keraunos, lo alzo hacia el cielo que le rodeaba y de este cayo una poderosa descarga de electricidad estática, que altero a la tormenta eléctrica en torno al rayo principal y que lanzo una emisión de luz cegadora cuando golpeo la barrera que produjo un sonido ensordecedor.

El gigantesco rayo impacto la barrera, mostrando la imponente descarga de poder del Keraunos y que se bifurco en cientos de rayos que impactaron de forma desorganizada la barrera y sus alrededores, destruyendo con su intensidad todo lo que tocaban y así como todo a su alrededor era destruido, la barrera comenzó a quebrarse a medida que la descarga aumentaba sobre su peso. Koios sonrió satisfecho y brinco al vacio con el Keraunos en mano, el cual clavo efectivamente sobre la barrera la cual colapso, lo que ocasiono una luz estremecedora y que el suelo y el cielo retumbaran por igual.

El cielo resplandeció ante un nuevo rayo y las nubes del cielo comenzaron a a conglomerarse con rapidez hasta que varios torbellinos descendieron hasta golpear con brutalidad el suelo, tan colosales, que fueron capaces de arrasar con la totalidad de uno de los pueblos evacuados, llevándose por igual casas, vehículos, plantas y animales dejando un área completamente desolada. El cielo volvió a crujir ante la variabilidad de su clima, como si hasta el mismo se negase a obedecer a los titanes y sufriera dolor cada vez que trataba de resistirse, los torbellinos se desvanecieron a la vez que colosales bloques de hielo golpeaban la superficie de la tierra aplastándolo todo y dejando a su paso escharcha, escombros y tierra pulverizada.

Dos grandes proyecciones de cosmos salieron desde la casa de géminis y sagitario sobrevolando directamente hacia el cielo, resplandeciendo en la negrura del mismo, pero antes de que ambos ataques llegasen a golpear la dimensión, los nubarrones se expandieron haciéndose a un lado y permitiendo la entrada a colosales meteoritos, los primeros dos refrenaron los ataques, siendo despedazados en su totalidad en el cielo y produciendo que una lluvia de ceniza y carbón cayera sobre el santuario. Cinco meteoros entraron de nueva cuenta a la atmosfera de la tierra, incendiándose con la misma, dejando tras de sí una estela de humo, fuego y cenizas que se esparcían por aquel apocalíptico cielo y que fueron a impactarse en las barracas y las poblaciones aledañas que se despedazaron. Sin embargo dos de ellos surcaron el cielo con una velocidad sin igual y fueron a impactarse en la tercera y novena casa, las cuales estallaron ante el impacto, cientos de escombros sobrevolaron y una enorme onda de choque se formo, que fueron a impactar en las escaleras que conducían a los otros templos vecinos, destruyéndolas y esparciendo una colosal columna de humo por los cielos.

El santuario estaba envuelto en llamas y destrucción, aquellos enormes desastres naturales habían castigado directamente al santuario y habían llovido sin piedad, ni misericordia. Si Athena y el patriarca no hubieran ordenado que los civiles aledaños al santuario y las barracas fueran evacuadas habría un número incontable de muertos, aunque las pérdidas materiales eran sin iguales hasta ese momento, en medio de toda aquella destrucción contar con que la mayoría de las personas se encontraban a salvo, era un alivio para todos.

Sin embargo los caballeros y amazonas de plata y bronce que se habían visto indefensos ante colosal poder, estaban completamente impactados, caminaban ensangrentados o heridos, mirando el cielo con asombro y angustia esperando que lo peor sobreviniera, si aquel era el poder de los titanes, sin ni siquiera estar en tierra, no se imaginaban que reto seria enfrentarles directamente, incluso habían logrado destruir la casa de sagitario y géminis con un solo impacto y tal vez incluso a sus guardianes.

Aquel era tan solo el principio del fin.

El pánico era total fuera de las doce casas, los santos no sabían cómo responder a un enemigo que estaba fuera de su alcance y que había logrado golpear a dos templos del zodiaco sin estar presentes, pero había un titán ya en el suelo, así que la mayoría se estaba movilizando para rastrear a Koios.

La casa de Aries permanecía vigilada por su guardián quien miraba con atención hacia el cielo y buscaba con su cosmos el de Hyperion esperando a que este apareciera, sin embargo estaba seguro que este seguiría dentro de la dimensión.

-"Mu permanece en Aries, es prioritario hasta que tus compañeros frenen a cada titán. Si Hyperion llegase a aparecer será Shaka quien le hare frente primero" – Le ordeno Shion ligeramente alterado.

-"Si maestro". –

Aldebarán miraba anonadado desde la altura del segundo templo, como parecía rodearlos el infierno, las llamas y el humo se esparcía a por doquiera que mirase, empuño la mano con impotencia y giro su rostro hacia los templos por encima del suyo donde se visualizaban dos grandes columnas provenientes de géminis y sagitario.

Justo en ese momento en que pensaba en sus tres compañeros, sintió como un gran cosmos caía desde la dimensión por encima de su cabeza, alzo los ojos y observo como una gran masa descendía rodeada de un impresionante aura, así que agudizo su mirada y miro a un gigante caer en el bosque cercano al santuario.

-Esa es mi señal. – Tomo su capa y se la puso, luego agarro su casco y sonrió confiado. – Voy a derribar a esos malditos.

La casa de cáncer permanecía completamente vacía, pues Mascara de la muerte había sido uno de los encomendados para realizar la ultima guardia antes del ataque al santuario, así que este le tomo por sorpresa en las afueras del mismo, sin embargo dentro del cuarto templo del zodiaco podían oírse dos voces roncas que miraban fríamente la casa de géminis destruida bajo ellos.

-Estuvo muy cerca. – Jadeo Kanon estaba recargado en una pilastra, mientras de su brazo izquierdo manaba un torrente de sangre. – La próxima vez que se te ocurra responder con un ataque junto a tu amiguito el arquero, podrías avisarme al menos, para alejarme de sus problemas.

-Lo lamento, no pensé que nos responderían de esa forma. – Saga estaba sangrando de la pierna derecha y cojeaba levemente al caminar. – Géminis está completamente destruida. – Vocifero aun aturdido. – Y es que los meteoritos previos al que destruyo la tercera casa, le dio tiempo al gemelo menor de imaginarse que esas masas colosales de roca serian la forma en la que los titanes responderían al ataque de su hermano y ese pensamiento fue el que le dio el tiempo oportuno a Kanon para abrir la otra dimensión y jalar a Saga con él, con el fin de evitar el impacto sobre ellos.

-Y casi nosotros con ella. – Kanon se acerco a su hermano y miro con cierto pesar como los escombros de géminis yacían bajo ellos, siendo consumidos por el fuego. - ¿Cómo está tu pierna?

-Ha sido solo un golpe, estoy bien. – Saga miro hacia el cielo y maldijo a los titanes. - ¿Y tu brazo?

-No es nada, supongo que Shura sufre más dolor que yo. – Kanon miro en sentido contrario a su hermano, hacia el interior de la casa de cáncer y le miro completamente vacía, sumida en su habitual misticismo. - ¿Dónde demonios estará el Mascara?

-No lo sé. – Saga rebusco el cosmos del santo de cáncer por el santuario sin embargo fue incapaz de percibirlo.

– Es una pena que no esté aquí, de lo contrario le hubiéramos producido un gran susto. – Kanon se dejo caer en el suelo y hecho su cabeza hacia atrás, reprimiendo un gesto de dolor que experimento al rozar su piel de su brazo contra la pilastra tras él, cerró los ojos y suspiro pesadamente. – Relájate Saga, ahora sabemos que la batalla ya comenzó, tan solo tenemos que esperar a que nuestros enemigos aparezcan y den la cara.

-Koios ya está dentro del santuario, sin embargo no ha vuelto a atacar desde que destruyo el escudo de Athena. – Analizo el geminiano mayor.

-Como te dije Saga, ya aparecerá. – Kanon se concentro para alejar el dolor que experimentaba en ese momento en el brazo, hubiera deseado que un escombro de géminis le hubiese golpeado y no un fragmento de aquel meteorito, que casi le despedazo la articulación y los músculos. – Por una vez hermano, relájate en una puta pelea. – Gruño.

-Esta no es una pelea que debemos tomar a la ligera, Kanon. – Ambos se miraron en silencio unos segundos y luego volvieron su vista esmeralda hacia el cielo apocalíptico, mientras la casa de cáncer les resguardaba.

Leo al igual estaba vacía, pues mientras Mascara de la muerte había ido a ser guardia del lado norte del santuario, Aioria había sido enviado a la parte sur del mismo y a ambos les había tomado el inicio de la guerra por sorpresa.

Sin embargo, un templo más arriba, el caballero de Virgo sentía que la terrible visión de Helena cada vez estaba más cerca por iniciar su curso y tener un fatídico desenlace, a menos que Athena decidiera usar su antiguo yo mítico, cosa a la cual sus compañeros se habían opuesto sin considerar el riesgo al que se sometía la diosa.

Los titanes acaban de mostrarles cuán fácil era asesinarlos, la casa de géminis y sagitario hablaban por sí mismas y aunque pudiera sentir el cosmos de los tres guardianes regentes de las mismas, la suerte con la que habían corrido no garantizaba que la volverían a tener en una segunda ocasión.

Y aun después de todo aquello sentía que había otro oscuro presentimiento, no sabía cuál era pero lo sentía tan cerca, que incluso podía sentir, como si este estuviera escondido entre las columnas de su propio templo, giro su rostro hacia dentro del mismo y por primera vez vio a Virgo hundido en penumbras, como si el mismo estuviese siendo absorbido por aquel mal presagio que sentía.

El antiguo maestro de libra se encontraba sentado en la entrada de su templo en su habitual posición y aunque su cuerpo lucia relajado por aquella posición, se encontraba completamente tenso, al ver el desenlace que estaba llevando la batalla, pues los titanes no solo habían sido los primeros en atacar, si no que utilizaron una forma demasiado hábil para compenetrar en el santuario, destruyendo la barrera de Athena, que era la única defensa antiaérea y a su vez lograron destruir cualquier formación o defensa que Shion hubiese formado en tierra, con aquella divergencia de desastres naturales que soltaron sin piedad sobre ellos.

-"¿Qué piensas hacer ahora, Shion?" – Se pregunto el chino a sí mismo, mientras imaginaba la situación irritante en la que se encontraba el lemuriano, Shion odiaba que las cosas se le fueran de las manos y aquella situación comenzaba a cambiar drásticamente. – Las piezas del ajedrez han comenzado a moverse, Shion y lo están haciendo velozmente, debes anteponerte a los planes de los titanes, pues ellos han adivinado tus planes y los de Athena.

Milo camino decidido hacia el salón de batalla de escorpión, sus pasos resonaron suaves mientras dentro de su pecho tenía un mal presentimiento, mascullo un improperio en griego y alejo ese sentimiento que tenia, mientras se concentraba en las palabras que el gran patriarca acababa de decirle hacia tan solo unos minutos.

-"Rea a aparecido en Rodorio" –

Elevo tenuemente su cosmos al grado que este le rodeo con cuidado, tan solo difuminándose un aura dorada a su alrededor, la caja de pandora resplandeció en un destello y se abrió lanzando una luz dorada que ilumino todas las pilastras del templo, escorpio mostro por unos segundos su habitual figura natural y despues se desprendió para irse acoplando a cada extremidad de su dueño.

Milo apretó ambos puños sintiendo como su armadura se ceñía aun más a él y sonrió confiado, tomo su capa y la prenso a su armadura mientras se dirigía a la salida de su templo, sus ojos azules se encontraron con los esmeraldas de ella, que le miraba con fingida confianza, pero su ceño estaba fruncido con consternación, se acerco a la rubia y esta le abrazo con fuerza.

-Seré uno de los primeros que inicien el combate. – Susurro a su oído, ella le estrecho aún más con fuerza y el beso su frente.

En ese momento ambos intercambiaron una mirada llena de intensidad, amor y decisión. Shaina estaba pálida, pero el sonrojo de sus mejillas y el carmín de sus labios, aunado al rubio y hermoso cabello rubio que tenían la hacía ver divina, lo que hizo a Milo sonreír de su triunfo sobre ella, nadie hubiera pensado que el carácter rebelde de la amazona se volvería tan tranquilo, pero su sonrisa se amplió al darse cuenta que la amazona también había triunfado sobre él, ya no era el mismo vago y mujeriego de antes, Shaina lo había convertido en un autentico caballero.

Sabía que tenía que partir, pero ansiaba el estar junto con ella, estrechando entre sus brazos su sensual y ardiente cuerpo, fue entonces cuando no pudo resistirlo más la tomo con un brazo por la cintura con fuerza y la beso apasionadamente, juntando la fiebre de sus bocas, como si nada de cuanto existiese le interesara, pero a su vez sabia que ese beso le producía una nostalgia que lo torturaba, ante el destino incierto, al recordar el efímero pero abrasador amor de los dos, que en algún punto trataron de sofocar los dos pero que se desato hirviente en su interior.

-Milo, te amo. – Susurro ella, con el único deseo de que él lo supiera, no deseaba guardárselo y arrepentirse por no habérselo dicho antes, tal y como Marín sufrió después de la guerra santa.

-Ya lo sabía, tengo ese efecto en las mujeres y lo supe desde aquella vez en el coliseo. – Milo la estrecho una vez más en sus brazos. – Te amo, Shaina de Ofiuco. – La beso con fogosidad y se desprendió de ella con una sonrisa. – Nos vemos después. – Ella asintió con una sonrisa, aunque los dos sintieron como si una moneda se lanzase al aire, las posibilidades de sobrevivir y morir eran casi iguales.

-¡Aioros! – Shura llego agitado por la premura que sintió cuando vio la casa de sagitario colapsarse bajo aquel inmenso meteorito, la novena casa estaba completamente destruida, ningún pilar se encontraba en pie, sus muros estaban derribados y todo se encontraba con cenizas y en llamas, mientras el humo era tan denso que producía una columna que se elevaba hasta cielo, brinco entre los escombros justo en el lugar donde podía sentir la presencia de su amigo, tomo con su mano izquierda un colosal pedazo de pared y le alejo con fuerza, el cual fue a impactarse contra el suelo, desbaratándose, aquel peso menos, disminuyo la carga sobre Aioros quien incendio su cosmos y perforo varios escombros sobre él, Shura tomo su mano y le jalo hacia afuera. - ¿Cómo te encuentras?

Aioros agradeció a Athena el ver una vez más el cielo, respiro agitado y ligeramente aturdido, aunque podía sentir el cosmos de Shura a su alrededor, asintió a la pregunta que le dirigió el capricorniano sin saber realmente que le había preguntado.

Shura miro a Aioros con preocupación tenía varios cortes en la piel, ninguno profundo, a excepción de una rajada en su hombro izquierda, lo tomo por el costado y brinco por los escombros alejándose del fuego y el humo, que terminarían por sofocar a su amigo, cuando toco las escaleras de capricornio se detuvo y volvió su vista al noveno templo, el cual se encontraba en ruinas, ambos tosieron un par de veces e intercambiaron una mirada con pesar.

-Gracias Shura. – Susurro el castaño mayor dejándose caer sobre las escaleras. – No puedo creer que Sagitario este en ruinas.

-A mi me sorprende, que no se hubiera caído antes. – Bromeo Shura arrancándole una suave risa a su compañero que inmediatamente comenzó a toser de nuevo. Y es que la Aioria no había sido el único castigado por el crimen que Aioros cometió en la época en que Ares usurpo el poder, si no que habían permitido que la casa de sagitario, fuese el fantasma de su guardián, al cual dejaron sumir en la desolación y desatención, como un recordatorio de que debían de olvidar el nombre de aquel que había tratado de asesinar a Athena, cuando la realidad era lo contrario.

-Me alegra que estés de buen humor, Shura. – Miro a su amigo de reojo y le vio con el semblante serio.

-Para nada, es que he pasado toda mi vida viendo como tu casa se deterioraba en tu ausencia y también en tu presencia. – Bromeo una vez más, mientras se desprendía de un trozo de su capa y hacia un vendaje sobre la herida de su compañero. – Se ve profunda, pero dudo que te sea un impedimento para pelear.

-Estoy bien, logre hacer que ese meteorito se fragmentara antes de golpear Sagitario por completo, de lo contrario el impacto me hubiese matado. – Mascullo poniéndose de pie y alzando su mirada retadora hacia la dimensión de los titanes. – Esta va a ser la última batalla Shura o ganan ellos o nosotros.

-Creo que han dejado claro con sus ataques que quieren acabar con todos nosotros. – Shura continúo viendo hacia ese ennegrecido portal.

-El sentimiento es mutuo. – Aioros puso su mano tras su hombro y de su armadura broto una flecha, la cual desprendió y recoloco sobre la cuerda de su arco y apunto directamente al portal. – Voy hacerles salir de su escondite de una vez.

-Estamos juntos en esto. – Shura endureció su brazo izquierdo, mientras el halo verde de excalibur se manifestaba, si los titanes mandaban otro meteorito sobre ellos como respuesta a los ataques del sagita, él se encargaría de destruirlos antes de que tocasen tierra o impidiesen el ataque de Aioros.

Shura lanzo una excalibur que rebano por completo un meteorito, por en medio del cual atravesó la flecha dorada de Aioros que golpeo directamente dentro de la dimensión, los desastres naturales aumentaron en sincronía con la respuesta de Aioros, pero ambos santos sonrieron al ver las descargas de cosmos de los gemelos que entraron justo en la dimensión, los mantras de Shaka destruyeron cuanto meteorito escapo a los filos de excalibur, el dragón ascendente del antiguo maestro engullo por completo a un tornado, el cual se disperso en el aire y las columnas de hielo de Camus sofocaron la lluvia de fuego de los meteoros, mientras el escudo de Athena y Mu paraban algunos de estos. Tal vez les habían tomado desprevenidos en un principio, pero las doce casas sabían defenderse y contraatacar y vaya que sabían cómo hacerlo.

Camus lanzo una columna de hielo directamente hacia el portal de los titanes para detener una llamarada de fuego que se dirigía hacia el santuario, ambos ataques se estrellaron en el cielo dejando un intenso vapor que se extendió horizontalmente, que pudo haber pasado como nube si de esta no se hubieran desprendido algunos copos de nieve con cenizas y un color rojizo predominara en su superficie.

El francés visualizo como del portal cayeron dos personas hacia la superficie, sus cuerpos parecieron rodearse de fuego y cuando impactaron la tierra, la onda de energía que produjeron pareció un temblor en oleadas que sacudió por completo el suelo, que retumbo desde su interior, además que se formaron gigantescos cráteres donde dichos titanes aterrizaron por separado.

Camus frunció el ceño al notar ese detalle, con los dos últimos impactos de los titanes a la tierra, se podían contabilizar un total de tres titanes que salieron de la dimensión y a los cuales el cosmos le indicaba que correspondían a Crios, Koios, Rea e Hyperion. Rea no había salido de la dimensión si no que había aparecido en las cercanías del santuario.

Sin embargo el francés no terminaba de entender, el por qué los titanes pudiendo garantizar una victoria absoluta sobre ellos, si hubieran atacado juntos, lo estaban haciendo por separado, concentrándose en diversos puntos del santuario y era ahí donde surgía la duda en su mente ¿Por qué los titanes se separaban? ¿Querían dividirlos acaso? ¿Estaban desviando su atención? Y una pregunta más preocupante rondaba su mente ¿Dónde estaba Cronos cuando sus hermanos ya habían descendido?

La casa de Piscis al igual que la de cáncer y leo estaba completamente vacías, debido a que el patriarca le había encomendado una misión especial, sin embargo en el templo patriarcal se encontraba Athena, Shion y los caballeros de bronce a excepción de Seiya, desde donde podían visualizar en toda su amplitud el santuario, que en ese momento había perdido todo el esplendor con el que Scatha había quedado asombrada, sus templos estaban en ruinas, grandes llamaradas consumían sus barracas y bosques aledaños, desprendiendo gigantescas columnas de humo y ceniza que teñían sus cielos despejados de nubarrones oscuros, innumerables cráteres se habían formado por la caída de rayos y meteoritos al suelo dando el aspecto apocalíptico de aquella última guerra.

-Shion. – Murmuro Saori viendo como aún eran atacados por el cielo, mientras los santos dorados contrarrestaban el ataque, intercambiando poderosas descargas de cosmos. – El santuario…

-Nos han tomado con la guardia baja. – Confeso el patriarca. – No creí que lanzasen un ataque desde el cielo.

-Ni yo. – Admitió por igual Saori.

-Les ordenare a los santos dorados que se desplieguen para combatir a los titanes. – Shion sintió un impresionante escalofrió cuando percibió un terrible cosmos detrás de ellos, Athena se giro bruscamente y vio como dos manos abrieron un portal y de este salió el mismísimo Cronos, quien fijo sus ojos escarlata sobre ella.

-Es bueno verte, Athena. – Cronos apareció una larga espada en su mano derecha y le tiro un sablazo a la diosa de la sabiduría, quien apareció oportunamente a Nike y le detuvo.

-Cronos. – Gruño la diosa, en ese momento las cadenas de Shun hicieron retroceder al titán quien bufo molesto.

-No crean que por vencer a Hades, eso los hace rivales para mí. – Cronos miro con inferioridad a los santos ahí presentes, sonrió cínicamente, mientras alzaba su brazo izquierdo. – Hoy es el fin. – Chasqueo los dedos de su mano y el portal en el cielo se abrió por completo dejando caer por todo el santuario los gigantes faltantes y los guerreros de la oscuridad, aquel pueblo que había peleado al lado de los titanes durante la titanomaquia y que habían encerrado en el tártaro junto a ellos, ahora se encontraba en el santuario e iban a aniquilar todo a su paso.

-¡Cronos! – Saori bramo furiosa mientras lanzaba de Nike una descarga de cosmos dorado que este fácilmente esquivo.

-Con ese nivel de fuerza Athena, ni siquiera serás capaz de golpearme. – Rio el titán. – Eres patética.

-¡Excalibur! – Shiryu desplomo un haz ópalo que el titán esquivo con solo hacerse un paso hacia atrás, la espada paso a escasos centímetros del rostro del titán sin que este se angustiara. –Una espada sin filo. – Murmuro por lo bajo, Cronos se teletransporto hasta donde el dragón estaba y le planto una tremenda patada en el brazo derecho que le fracturo al instante.

-¡Shiryu! – Hyoga y Shun lanzaron descargas de cosmos pero el titán las desvió sin ninguna complicacion con su espada.

-Agradece que no te corte el brazo. – Susurro despectivamente. – Es un insulto para Excalibur el ser utilizada tan vulgarmente, tu existencia me repugna dragón. – Cronos alzo su espada y la dejo caer en un tajo limpio… él no iba a perdonar, él había nacido para condenar.

Sus orbes celestes miraron por la ventana hacia el cielo que lucía negro, con impresionantes nubarrones que ocultaban al sol, ni siquiera se podía apreciar un haz dorado que bañara su armadura, afilo su mirada y elevo su cosmos solo para saber que ocurría en la lejanía, ya que los enormes y frondosos árboles que le rodeaban hacían imposible visualizar el santuario, aunque aquellas detonaciones y ataques aéreos le daban una idea de cuan afectado podía encontrarse su hogar.

Su cosmos le indico que Cronos estaba en el templo patriarcal y maldijo el no haber recibido aun la orden de marchar hacia allá, los cosmos de su compañeros dorados habían iniciado a moverse ha diferentes puntos del santuario a medida que los ataques desde aquel portal en el cielo habían cedido y a su vez porque los titanes y su ejército, ya se encontraban dentro del santuario.

Retrocedió un par de pasos y miro a las dos urnas sagradas otorgadas por Mnemosine a Apolo y Zeus, para ser entregada en manos de la diosa Athena y con la cual el poder de Cronos y otro de sus hermanos cedería en gran proporción.

Se acerco a ellas a paso tranquilo y paso su mano sobre estas sintiendo un poderoso cosmos resonar en el interior de las urnas que se mezclaba con el de Athena, pues esta había vertido su sangre sobre ellas, para garantizar que ella fuese la única capaz de liberar aquellos cosmos.

-Sientes el poder que emana dentro de ellas ¿No es así, santo? – La fría voz tras él, le tomo por completo de sorpresa, ni siquiera había sido capaz de sentir que un cosmos estaba a sus espaldas, a pesar de la gran magnitud del mismo. Se giro rápidamente solo para darse cuenta que Hyperion estaba tras él. - ¿Un caballero de oro? – Observo el titán con fingida sorpresa.

-Soy el doceavo caballero de oro, Afrodita de Piscis. – El guardián apareció una rosa en su mano y le miro soberbiamente, tal vez los planes del patriarca y Athena no iban a salir como ellos habían planeado y seria él y no Shaka y Mu quien le haría frente a Hyperion.

-No tengo necesidad de luchar contra ti, humano. – Murmuro el oji escarlata. – Sabes muy bien que mi único interés son las urnas que se encuentran a tus espaldas. – Entrégamelas.

-Realmente no me complace vivir en un mundo donde ustedes gobiernen. – Afrodita lanzo la rosa negra al titán quien retrocedió, el suelo que recibió el impacto se agrieto primero y después se destruyo, dejando un boquete en el suelo de aquel templo.

-¿Y quién os ha dicho que nosotros vamos a dejaros vivir? La raza humana es un error de los dioses y como tal es nuestro objetivo destruiros, no vamos a plantar vida en un mundo lleno con cimientos débiles y corrompidos, tenemos que eliminaros para que nueva vida pueda florecer. – Hyperion apareció dos dagas en sus manos. – La muerte también origina vida. - Hyperion lanzo una daga hacia Afrodita la cual esquivo el caballero, sin embargo se teletransporto hasta quedar frente a él y le produjo un corte en la frente, la sangre mano rápidamente de su cara y produjo dos hilillos rojizos que escurrieron por la cara del pisciano, como si el caballero estuviera llorando sangre.

La deidad se aproximo velozmente hacia las urnas, sin embargo Afrodita se incorporo y le lanzo un puñetazo al rostro, Hyperion retrocedió molesto y le miro desafiante.

-No voy a permitir que toques, ninguna de estar urnas. – Afrodita apareció varias rosas negras entre sus dedos y se coloco entre las dos urnas e Hyperion, sus ojos celestes bañados por su propia sangre le otorgaba una mirada más fiera y orgullosa.

-Les tomare sobre tu cadáver, Afrodita. – Hyperion hizo estallar su cosmos y toda la estructura del templo se sacudió ante las descargas de energía que libero, Afrodita sonrió con nerviosismo, reconociendo el porqué Mu y Shaka habían perdido contra Hyperion. Realmente estaba frente a un grave problema.

Milo sintió como el cosmos de Rea explotaba más adelante, acelero su paso pues percibía que varios santos de plata estaba frente a la titanide, así que aumento su velocidad, no se perdonaría si la titanide lograba asesinar a cualquiera de ellos, después de todo la cantidad de cosmos que estaban liberando los titanes estaba dejando muy en claro la superioridad de energía que tenia sobre la de ellos, pero lo que nunca tendrían los dioses, ni los titanes era la capacidad de esperanza que había dentro de ellos.

Rea estaba rodeada por tres caballeros de plata; los cuales eran Moses de Ballena, Jamian de Cuervo y Babel de Centauro, sonrió al ver el trió más dispar del santuario, pues consideraba él mismo, que ninguna de las técnicas de los tres solía tener relación con las del otro, aunque podían complementarse por ello.

-Hasta que llegas. – Murmuro con cierto fastidio bromista Moses, Milo se aproximo lentamente hacia los cuatro y miro divertido la escena.

-Ya os podéis largaros de aquí, niños. – Contesto Milo bromista. – Después de todo, ya hay un santo dorado presente.

-Me es imposible dejarte solo contra ella. – Comento Moses.

-¿Acaso les da miedo una mujer? – Bromeo de nuevo el escorpión dorado, aunque por la mente de los tres caballeros de plata figuro rápidamente el rostro de Shaina.

-No es miedo, es respeto. – Rio Jamian de cuervo, mientras se agazapaba y no despegaba su vista de Rea que estudiaba con seguridad al caballero dorado. – Además Athena nos ordeno personalmente que solo te dejáramos cuando Afrodita apareciera por aquí.

-Y considerando que su cosmos se encuentra elevado en la parte norte del santuario, eso no sucederá dentro de poco, así que nosotros te estaremos apoyando. – Refuto Babel.

-Pueden quedarse si quieren, pero yo no ocupo ayuda. – Menciono orgulloso el escorpión dorado, se arranco la capa que llevaba a su espalda y la dejo caer al suelo, al tiempo que apuntaba con su dedo índice a la titanide que le miraba con atención. – No es mi costumbre golpear mujeres, aún cuando estas sean unas sádicas, pero si continuas destruyendo el santuario de mi diosa, me las pagaras caro. – Milo saco la ponzoña rojiza de su dedo índice y la puso frente a su cara mientras su mirada se tornaba seria.

-Ni tus compañeros, ni tú, ni siquiera tu diosa, me intimidan caballero de escorpión. –

-Entonces empecemos. – Milo sonrió gustoso y se aproximo hacia la titanide ya había derrotado a una en el pasado, así que sellar a otra no sería problema.

A pesar de la herida que llevaba en el brazo y que solo había controlado con la ayuda de su cosmos, se dirigía hacia el punto donde sentía la presencia de Koios, aunque esta acción despertara en él, un sentimiento de preocupación, que no sabía explicar, ni siquiera en la guerra santa había experimentado algo igual, era como si estuviera cometiendo un terrible error y lo peor es que no sabía cuál.

-¡Kanon! – Le llamaron desde atrás y pronto vio aterrizar a Dokho a su lado.

-¡Antiguo maestro! – Detuvo un poco su velocidad para permitirle alcanzarlo y ambos dirigirse hacia donde se encontraba Koios.

-Sin duda alguna los titanes han tomado por sorpresa a Athena y Shion. – Comento el chino.

-No solo a ellos, antiguo maestro. – Kanon afilo su mirada en derredor suyo y comprobó la destrucción a flor de piel que se alcanzaba a ver desde las doce casas, de no haber evacuado todo el santuario, muy seguramente la cantidad de muertos seria exuberante. – Siento que algo anda mal, pero no puedo saber que es.

-Creo que es un sentimiento que albergamos todos, ya que nunca habíamos recibido un golpe tan letal en el corazón del santuario. – Nunca, ni en las guerras anteriores, que él había presenciado se había golpeado directamente los doce templos sin ni siquiera invadirlos, la casa de géminis y sagitario eran muestra de ello.

-O tal vez, es porque estamos marchando en una dirección contraria a donde se encuentra Athena. – Kanon sintió el cosmos de Cronos en el templo principal, junto al de los chicos de bronce que comenzaba a elevarse de forma desbocada y apuro mentalmente a Aioros y Saga para llegar hasta ese punto lo más pronto posible.

-No siempre vas a estar cerca de ella para protegerla Kanon. – Dokho sonrió al ver la sorpresa que se dibujo en el rostro del menor de los géminis el cual se hizo el desentendido. - ¿Creías que nadie se daría cuenta que vigilas a Athena desde las sombras?

-¿Cómo se ha dado cuenta? – Desde la guerra santa cuando Athena le permitió estar con ella en el templo patriarcal, en lugar de hacerlo volver al templo de géminis, como debió haber sido, había desarrollado una cierta sobreprotección sobre la joven misericordiosa que le había perdonado, así que desde que habían vuelto a la vida, solía pasar noches en vela, con su cosmos al mínimo y escondido entre las grandes pilastras o cortinas del templo, en vigilancia absoluta de la seguridad de su diosa, solo para volver a géminis en los momentos precisos para no hacer sospechar a Saga o los demás.

-No eres el único que conoce los pasadizos secretos del santuario. - Dokho sonrió con complicidad y miro a Kanon por el rabillo del ojo.

-¿El patriarca lo sabe? – La suave risa que el castaño dejo escapar le indico que así era.

-A pesar de que Shion es muy reservado, tiene una habilidad excepcional para saberlo todo. – Kanon sonrió por lo bajo y oculto su mirada de la del antiguo maestro, al darse cuenta que ambos lo habían dejado actuar a su voluntad y aún así le habían estado cubriendo la espalda. –Eres un gran caballero.

-Digamos que recibí apoyo de los mejores. – Y es que después de que Kanon terminara herido de la guerra contra Poseidón, donde sirvió a este, Athena sabiendo que el gemelo menor tan solo era una oveja más desbalagada y en honor a que ya había perdido a uno de los hermanos. Trato de cuidar del menor, pero sabiendo que era imposible que la orden dorada aceptase a Kanon en el santuario, le pidió el favor a Dokho para cuidar y sanar las heridas del geminiano menor en los 5 picos.

En un principio Dokho acepto con cierta desconfianza, después de todo Saga había asesinado a Arles y Kanon servía fielmente a sus ambiciones, aunque acato la orden sin rechistar, porque Shion lo haría y después de todo era la verdadera Athena quien se lo estaba ordenando. Y aunque en un inicio trato al griego frívolamente poco a poco fue dándose cuenta de la similitud de arrepentimiento que existía entre el griego de Deuteros, así que él fue quien le proporciono la idea sugestiva a Athena de usar a Kanon como el caballero de géminis para las próximas guerras y que ya era capaz de regresar al santuario, sin que lo detectaran los otros santos dorados, después de todo Kanon era apto para manejarse entre las sombras; al final Athena acepto y Kanon también. Y supo en ese momento que había regresado al hijo perdido del santuario a casa.

-¿Kanon comiste algo? – Murmuro de nueva cuenta el caballero de libra como lo había hecho en la guerra santa.

-Sí, antiguo maestro, porque ya sé que se avecina. – Tristeza, desesperanza y desolación.

Ambos se detuvieron justo para apreciar el panorama frente a ellos se encontraba Koios y a los pies de este, tendidos en charcos de sangre se hallaban Misty de Lagarto, Ptolemy de Flecha, Jabu de Unicornio, Ichi de Hidra y Marín de águila.

-Les he estado esperando, caballeros dorados. – Koios avanzo en medio de los santos de plata y bronce, que se retorcían en el suelo a causa del dolor producido por sus heridas, sin embargo su convicción era tanta que volvieron a poner de pie.

-¿Se encuentran bien? – Dokho se acerco a Marín y le ayudo a incorporarse.

-Sí, antiguo maestro. – La amazona se llevo un brazo al abdomen para cubrir una gran ragada producida por una espada, sin embargo Koios no tenia ningún arma en su mano.

-Bien, los que estén muy heridos y no puedan continuar lo mejor será que se retiren al sanatorio. – Vocifero Dokho sin embargo tanto los tres caballeros de plata como los de bronce se irguieron orgullosos y se pararon frente al enemigo, en muestra clara que aun podían continuar con la batalla.

-Él está usando una espada. – Murmuro lentamente Ichi de Hidra.

-¿Una espada? – Kanon volvió su mirada astuta hacia el titán, se suponía que Koios no poseía ninguna espada, lanza, flechas o cuchillos, pues el keraunos; era el arma que el había creado y su predilecta, a diferencia de sus hermanos quien si mantenían el dominio de alguna.

-Tan solo he prestado mi arma a uno de mis hermanos. – Sonrió burlonamente el titán, sin embargo no mostro su espada a los dos santos dorados. – Bien, iniciare por los débiles.

Koios se movilizo mucho más allá de la velocidad de la luz frente a Ichi de Hidra, quien lanzo sus colmillos pero el titán lo esquivo con facilidad, acumulo dos esferas de energía en sus manos, la primera de ellas, la arrojo contra Jabu de unicornio quien la alcanzo a esquivar gracias a la ayuda de Dokho y la otra fue hacia el pecho de Ichi, sin embargo Kanon se interpuso entre ellos y detuvo la mano de Koios por la muñeca.

-No creas que voy a permanecer de brazos cruzados mientras atacas a nuestros compañeros. – Koios sonrió como respuesta, se apoyo y pateo el abdomen de Ichi lanzándolo contra los escombros de un templo y este giro, lo coloco frente a Kanon, lanzo un puñetazo al gemelo menor, pero este le retuvo con su otra mano, entonces Koios sonrió y exploto la descarga de energía que lanzo a Kanon hacia atrás, fue tras él, pero en esta ocasión Dokho se interpuso, deteniéndole.

-El único que está luchando solo, eres tu Koios. – Siseo el tigre dorado.

-Yo, tengo a mis hermanos y mi pueblo. – Por la espalda de Kanon y Dokho corrió un escalofrió cuando le escucharon, ahora ambos ya sabían cual había sido su error.

Soltó la espada que llevaba en su mano, la cual produjo un sonido metálico doble al revotar, de su mano resbalaron varias gotas de sangre que cayeron sobre el suelo, que se tiño de escarlata como si copos de nieve estuvieran cayendo, suspiro pesadamente y jadeante, en lo que su vista volvía a acostumbrarse a la oscuridad que le rodeaba y donde a la lejanía se veían los destellos del fuego de su penúltima pelea.

-"Mi cosmos está ardiendo, pero este cuerpo está a punto de desfallecer" – Cayo de rodillas, mirando hacia la bóveda de aquella mazmorra y por donde la luz del sol entraba, levanto su mirada aqua marina y sus cabellos azules cayeron a su alrededor. – "Mi señor Ares, necesito que prolongue aún más mi vida"

Esta vez no recibió respuesta, agacho lentamente su mirada y sus cabellos cubrieron su rostro deslizándose a los lados, si alguien la mirase en ese momento tan solo pensaría que era un muerto viviente, las heridas sorpresivas que Ikelos le había causado eran letales, la caída y su pelea contra Campe habían puesto fin a su vida y no conforme con su estado, se había encargado de aquellos dos traidores. Se apoyo con sus brazos sobre el suelo y vio como la sangre se desprendía de ella y manchaba el suelo como gotas de roció, que caían pesadas y regaban el suelo bajo ella.

-"Aún no puedo morir, tengo que terminar con la ultima traidora" – Se incorporo torpemente obligando a sus piernas a obedecerla y camino entre los escombros, pronto distinguió los cuerpos de Isley y Dante y las flechas clavadas en cada uno de sus cuerpos. – "Tenéis tantos sueños vanos que cumplir" …

Y es que después de la muerte de Otto esos dos trataron de obligarla a abandonar el cuerpo de Aldana a la fuerza, sin saber que cuando un humano acepta un berserkers, es el mismo berserkers quien tiene que aceptar voluntariamente para salir de aquel cuerpo, incluso si Ares deseara sacarla ahora mismo sería completamente imposible, por cada segundo que pasaba su alma estaba devorando a la de Aldana y consumiéndola a nada, ahora ese era su cuerpo, Aldana moría y ella estaba más viva que nunca.

Así que cuando no pudieron entenderlo no hubo otra cosa que hacer más que acabar con ellos, por la traición que cometieron contra su dios y su debilidad, aunque realmente ambos pelearon muy bien, pero eran guerreros de corto alcance, mientras ella pudo atacarlos desde la lejanía con su arco, era la mejor de todo el ejercito de Ares en ello, la velocidad y la precisión de sus era ataques absoluta.

Se acerco al cuerpo de Dante, le arrastro por las piernas hasta dejarlo en aquel claro de luz natural, que hacia el sol al entrar por el boquete del techo y le quito la flecha que se había incrustado en su pecho, en una guerra las armas era lo que primero siempre hacia falta, así que no desperdiciaría las suyas, limpio la sangre en la ropa de su uniforme y la guardo en su porta flechas.

Luego se acerco a Isley le tomo por los huecos de la axila y lo arrastro hasta quedar al lado de Dante, lo dejo caer ahí e imito el mismo proceso que con la flecha, les miro unos segundos con superioridad.

-"Jamás tenéis oportunidad contra mí, si tan solo hubieran sabido que ni su tan admirado Cesar, ni su querida Scatha son rivales para mi, puesto que yo soy la verdadera comandante de Ares y una ex -amazona de Athena." -

La peli azul suspiro y se dio cuenta de lo que pesado que resultaba su cuerpo en esos momentos, sin lugar a dudas la vida de ese cuerpo estaba llegando a su fin, camino en silencio entre los escombros, arrastrando su espada que producía un ruido metálico ligero e iba abriendo un pequeño camino a su paso, cuando alcanzo las escaleras a penas puso un pie sobre estas comenzó a toser profusamente por lo que se llevo una mano a la boca y solo comprobó como sangre se entrecruzaba entre sus dedos.

-Aún no puedo morir, llegare hasta el santuario y liberare a mi señor. – Poso su mano sobre el muro a su lado y comenzó a ascender apoyándose de este, no importaba cuán difícil fuera, ni cuento tuviera que forzar ese cuerpo, la diferencia entre un caballero de Athena y un berserkers residía en que la fuerza de voluntad de los últimos era más testarudo.

Cada paso, cada escalón que ascendía sentía como si fuese sumiéndose en la oscuridad, como si la vida fuera arrancándosele poco a poco y dejaba tras de sí, grandes gotas de sangre que hablaban de su deplorable estado.

Se dejo caer sobre el ultimo escalón y alzo su rostro hacia el cielo, mientras suplicaba a Ares por más fuerza y cosmos, que enloqueciera su cosmos y despertara su furia, pero el cosmos de Athena le impidió siquiera establecer comunicación con su dios, soltó su espada a un lado de su cuerpo y agacho la mirada.

-"Que forma tan patética de morir" – Su mano izquierda toco su costado contra lateral y sintió las profundas perforaciones de las garras de Ikelos que se extendían desde su torso hasta su hombro. Cerró los ojos con pesar y se fue sumiendo lentamente en la oscuridad.

La espada se clavo frente a él, cerrándole el paso, en ese momento una sonora carcajada resonó por todo el lugar, el nipón apretó el puño enfurecido, al notar que su enemigo no se mostraba frente a él, sin embargo pronto se dio cuenta que se encontraba a escasos metros sentado sobre una pilastra la cual aplastaba a uno de los guardias del santuario, que yacía muerto bajo esta con el rosto calcinado en su totalidad.

-¡Crios! – Gruño enfurecido, mientras cerraba su puño y su cosmos se incendiaba en su mano, rodeándose de un aura celeste.

-Me pregunto ¿Por qué no estás con tu querida Athena? – El sádico espadachín camino a paso tranquilo hasta su arma, la cual había lanzado para detener al caballero de bronce, que ahora le miraba con cierta rabia e impotencia.

-Tú, ni nadie, me impedirás que llegue hasta ella. – Seiya elevo su cosmos de golpe. - ¡Meteoros Pegaso! – Seiya dibujo con sus manos la constelación de Pegaso y efectuó su ataque fulminante, mientras su cosmos se incendiaba a su límite, dio un puñetazo al aire con su mano derecha e izquierda y de estos se proyectaron una interminable serie de golpes destellantes, sucesivos que adquirieron la apariencia de meteoros fugaces.

Críos esquivo los primeros, incluso se rio al ver que los meteoros del japonés iban dirigidos a él a la velocidad del sonido, pero pronto tuvo que tomar su espada pues estos aumentaron de intensidad y comenzaron a llegar hasta él a la velocidad de la luz y con una fuerza cósmica mayor, por lo que retrocedió y comenzó a partirlos con su espada, sin embargo pronto uno de estos golpeo directamente la empuñadura de su arma y esta salió expedida al suelo, girando sobre sí misma.

-¡Voy terminar contigo! ¡No llegaras hasta Athena! – Seiya sonrió confiado y miro la mano sangrante del titán, quien le observaba lleno de enojo.

-El día de hoy caballero, ya has cometido tres terribles errores. – Críos miro de soslayo la espada en el suelo y Seiya temiendo que la fuese a recuperar el titán la tomo por la empuñadura y la clavo contra el muro a su lado, sin embargo Críos le dio la espalda a la misma, lo cual desconcertó a Seiya por completo, pues se suponía que Críos era un titán espadachín por excelencia, todas las veces que se había topado con él, incluso en el monte Parnaso, él titán siempre había portado su arma y ahora le abandonaba sin miramientos. – Tu primer error fue separarte de Athena. – Críos se movió frente a Seiya y le propino tremendo puñetazo en el abdomen que le saco todo el aire y le obligo a toser una bocanada de sangre, sin embargo Críos no conforme con este exploto una gran cantidad de su cosmos, lo que lanzo a Seiya contra los muros a su alrededor.

-¡Segundo error Pegaso! – Críos alzo su palma a los cielos y los escombros que rodeaban a Seiya comenzaron a elevarse, descubriendo su cuerpo, el nipón se incorporo torpemente, pero para ese momento Críos ya estaba frente a él, lo pateo directamente en la barbilla, lo que lanzo a Seiya de espaldas, Críos lo tomo por el cuello y comenzó a estrangularlo. – El creer que a quien buscábamos era Athena, te hemos estado vigilando por semanas.

Seiya alzo sus dos brazos y tomo los antebrazos de Críos tratando de hacerlos retroceder pero la fuerza de este era tal que le fue imposible alejarlo de su cuello, incluso el suelo bajo el comenzaba a resquebrajarse ante la presión, Seiya miro esos dos ojos cuales brazas que le miraban con desesperación, furia y ansiedad, tan rojos como la misma sangre.

-Me…mete…meteoros….Pegaso. – Seiya utilizo sus piernas para lanzar el mismo ataque que hace unos segundos y que resulto efectivo para lograr alejar a Críos de él, se levanto de golpe, antes de que Críos volviera a atacarlo y se dio una gran semejanza entre el estilo de pelea del espadachín y Cronos, ninguno de los dos dejaba espacio a su adversario para tomar un respiro.

-Y tu ultimo error y el cual ha cometido todo este maldito santuario es… - Los ojos de Críos destellaron como dos rubíes y su sonrisa se extendió de forma perturbadora y sádica, mientras su cosmos negro lo rodeaba. – Tu tercer error, es creer que yo soy Críos…

El aura negra comenzó a rodearlo y aquel falso camuflaje se fue arrancando como si de brazas y cenizas se tratase, elevándose en el cielo para disolverse, mientras bajo aquellos fragmentos negros se apreciaban las facies de otro titán, el cielo destello un centenar de rayos que partieron la tierra en torno a aquel titán y lava ardiente comenzó a brotar del suelo, creando un lago de magma en el suelo, que comenzó a derretirse, Seiya brinco hacia un montículo de rocas sorprendido del impresionante y oscuro cosmos que se escondía en ese ser.

-Yo soy Cronos, rey de los titanes. – El pelinegro estaba frente a él con la misma sonrisa de gozo que había mostrado hacia unos segundos y le miraba fascinado, como si el matarlo tan solo fuese el preludio de su victoria, aunque el haber logrado acorralar a Pegaso, intercambiar lugares con sus hermanos y engañar a todos los santos, incluso a la misma Athena tan solo eran sucesos que Helena había predicho en su visión y de ser así, Cronos estaba cerca de cumplir el peor de todos ellos…lograr asesinar al caballero de Pegaso…

Alexa de acuario: Gracias por tu felicitación, espero que no haya tardado mucho en escribir este capítulo y llegue justo a tiempo.

Kennardaillard: Hola! Te juro que no sabría como arreglar las cosas si no tuviera ya pensado el final, porque realmente lo he liado demasiado, pero confía en mi encontrare la forma de llegar al fin, no importa cuántos santitos tendré que asesinar. Shura es uno de mis santos dorados preferidos, entonces el haberle jodido el brazo fue como clavarme una daga. Mis gemelos han avanzado gratamente y me encanta que vuelvan a su antigua relación. Agradezco mucho tus comentarios de verdad, de todo corazón has sido una devoradora grata de mi historia y estoy emocionada de ello.

Jazsmith: Muy bien y tú? Me agrada que te guste el fic, espero que este capítulo te lleve al borde de adrenalina al saber que todo está por estallar. Mi adorable Athena sabe que el sacrificio de sus guerreros por ella es grande y no quiere quedarse atrás.

Dos comentarios me sorprenden gracias por decir que mi fic vale la pena leer, me siento halagada, mil gracias. Me gustaría decirte buenas noticias, pero el panorama pinta desolador y no se si mis santos dorados sobrevivan o al menos no la mayoría. Dios te de mucha salud y felicidad a ti y a todos los que te rodean.

Lunatic_shaina: Me alegra que estés devorando los capítulos con prisa, jajaja en pocos días te has leído tres en los que estoy enormemente agradecida por tus comentarios. Que estés pasando por cada sentimiento de la historia que Milo este enamorado, la redención de Aioria y Saga, que los muertos no están realmente muertos, la muerte de Hera, lo gracioso que es Milo y antes de que me agradezcas por escribir, permíteme yo agradecerte por leer mi historia. De verdad estoy muy agradecida.

Niki213: Hola! La actualización ha llegado! No te preocupes por comentar tú has sido una fiel seguidora de esta historia y de su evolución lo cual estoy muy agradecida contigo. Me agrada mucho que te guste.

Andy: Perdón por darte esa impresión de haberlos abandonado, pero hoy te llegara al buzón está feliz actualización. Te envidio por tener un peluche de Mu de Aries, yo quisiera uno tamaño persona jajaja perdón por tardar tanto la otra vez pero espero que esta vez llegue un poco antes. Trate de dejar dos capítulos pero son muy largos de 30 páginas en Word entonces les escribiré uno mini para el 31 de diciembre, aunque sea unas 15 páginas (una mini dosis).

LadyMadalla-Selene: No tienes por qué pedir perdón. Muchas felicidades por tu graduación de lo más profundo de mi corazón, congratulaciones por ese gran logro. Gracias a dios el terremoto no sucedió en mi ciudad y toda mi familia está bien, lamentablemente no puedo decir que mi capital está bien. Me gusta que te guste cada matiz de esta historia, la asamblea dorada, la plática de mis amiguitos favoritos Camus y Milo, el peligro de las hermanas de la guerra y el lamentable final feliz que creo que no podre darte, pero si uno cargado de emociones. Realmente la única amenaza para los titanes es Athena y lamentablemente Anfitrite no es una gran ayuda.

Perdóname te prometo que entrando el año actualizare Nacido de la Oscuridad, lo juro.

MarianaMa: Tienes toda la razón respecto a tu dicho y realmente agradezco tu comentario y espero que este capítulo te deje tan inquieta como satisfecha como a mí. Espero que este sea un regalo más de navidad para ti.

Scatha tiene una gran enemiga pisándole los talones y peor que esa enemiga es justamente su hermana menor, quien sabe si el recuentro con Saga se realice pues hay muy poca gente capaz de matar a su propia familia y menos ella, pues Aldana es lo último que le queda. Solo Athena sabe cómo va a terminar esta trágica historia.

Artemiss90: Me alegra que te emocionara la asamblea dorada, pero el fin se acerca y tenemos un panorama poco alentador, quien sabe quiénes sean los afortunados de ver a Athena del mito y quienes puedan alzarse victoriosos a su lado.

Continuara… APROVECHEN POR NAVIDAD MINI CAPITULO EXTRA ANTES DEL 31 DE DICIEMBRE.

FELICES FIESTAS A TODOS, MIS MÁS SINCEROS ABRAZOS Y BESOS.

Atte: ddmanzanita.