Feliz año nuevo a todos no me queda más que agradecerles a cada uno de ustedes por continuar a mi lado, sintiendo y experimentando cada palabra que he puesto en este fic, de verdad desde mi más profundo corazón, muchas gracias por estar atentos y darse el tiempo de leerlo. Lamento no habérselos dejado como regalo para el 31 de diciembre pero creo que no me motivo dejarles un capitulo de 10 páginas, así que preferí hacerlos esperar un poquito más y entregarles esto…
Capitulo 45 ¿Contra quién es mi pelea?
Sus pasos eran suaves, resonaban con decisión por todo el largo pasillo que le rodeaba, incluso a veces tenía la impresión de que alguien la seguía, pero al detenerse se daba cuenta de que no era así, tan solo era el eco de sus propios pasos. Alzo su mirada azul oscuro y miro aquella gran puerta de oro blanquecino que era decorada por múltiples piedras preciosas y que estas formaban la unión grafica del cielo y la tierra; Urano y Gea y el mismo nacimiento de los titanes, era completamente una obra de arte. Apoyo su mano sobre esta y le empujo, produciendo un crujido ante el peso de esta sobre las argollas que la detenían.
-No puede ser. – Murmuro anonadada. La sala estaba completamente vacía a excepción de doce figuras que parecían resguardar aquella habitación, esas doce estatuas comprendían a las seis titanides posadas del lado derecho de la habitación y a los seis titanes que se encontraban a la izquierda, representando cada uno el elemento o la habilidad por la que se le distinguía, Rea poseía un mundo entre sus manos y se encontraba en medio de sus hermanas; Tea tenia sobre su cabeza sus dos brazos alzados y mirando entre sus manos se encontraba un enorme diamante platino con numerosos crateres, simbolizando a la luna, Temis portaba una balanza, Febe tenía una aureola con espigas sobre su cabeza, en señal del intelecto de la titanide, Tetis llevaba una ánfora entre sus manos que derramaba sobre la tierra para formar los ríos, Mnemosine cubría sus ojos con una venda, mientras sobre su cabeza se observaba una profunda oscuridad, que representaba los abismos de la memoria, Océano estaba sentado sobre una ola, Koios portaba el Keraunos en su mano, Japeto se encontraba con sus dos manos abriendo un gran trozo de piedra, dando a entender la habilidad con la que este se movía por las dimensiones, Críos tenía su espada clavada en el suelo y sus dos manos se posaban sobre su empuñadura, Hiperion tenía sobre su mano izquierda al sol, el cual era representado por un enorme rubí anaranjado, Cronos mantenía su mirada impenetrable y poseía una corona sobre su cabeza, en representación que él era el rey de los titanes.
Y justo en medio de aquella impresionante habitación, custodiada por colosales gigantes de mármol, se hallaba una media pilastra de un metro de alto y sobre ella un hermoso arcón negro, que guardaba en su interior el cosmos de los dioses olímpicos sellados desde el inicio de la guerra, sintió cada destello y magnitud de cosmos de ellos, como si le llamaran.
No pudo evitar emocionarse al siquiera pensar que si lograba liberarles, Athena ganaría aquella guerra, los titanes serian derrotados y encerrados de nuevo en el tártaro, sin sangre, sin sacrificios, así que corrió hasta el cofre y a penas y sus ojos hicieron contacto con él, trato de abrirle desesperadamente, lo que le fue imposible, así que intento aplicar más fuerza sobre este pero el resultado fue el mismo.
-Qué diablos. – Deposito el pequeño cofre sobre la pilastra y desenvaino su espada para golpearle con esta, lo que produjo una onda de choque que le lanzo con fuerza contra el suelo, el golpe le saco el aire y medio se incorporo cuando observo cómo se habían dibujado en la tapa del cofre, con letras en griego antiguo las palabras "Θείο αίμα", agradeció a su hermana menor el haberle insistido que estudiara con ella el idioma predecesor al suyo y supo que entonces que esas palabras significaban "Sangre divina", lo cual hacía imposible el lograr abrirlo.
Se levanto presurosa para tomarlo y observo que el golpe que le había dado con su espada no había causado absolutamente nada sobre este, así que antes de resignarse simplemente, tomo la flecha sagrada que llevaba amarrada a su espalda y la cual le había sido encomendada por Athena y justo estaba pensando en ello, cuando escucho como la puerta crujía lentamente a su espalda, así que se giro esperándose encontrarse con un nuevo enemigo, pero lo que vio le horrorizo, al grado que cada de fibra de su cuerpo fue recorrida por un escalofrió.
-Scatha... - Toda la alegría que pudo haber tenido por el recuentro fue reducido a una consternación inigualable, su hermana menor tenia la vista perdida, sus ojos se veían opacos, sin vida, una palidez impresionante se observaba en su rostro, brazos y piernas, eso sin ver su cabello azul pintado de un color escarlata, que le hacía asemejarse demasiado a ella, pues parecía pelirrojo en sus puntas a causa de la sangre de la peliazul, sus heridas en todo su cuerpo eran numerosas y no había ninguna de la cual no brotara sangre, sin embargo la que más le preocupaba era la del costado y brazo derecho de Aldana, ya que su armadura estaba destrozada en estos puntos y una gran perforación daba libertad a la sangre de salir por este.
-¡Aldana! – Corrió hasta ella justo a tiempo de atraparla en sus brazos e impedir que se desplomara en el suelo. - ¡Aldana! – Sus ojos se llenaron de lágrimas y detuvo los quejidos en su garganta, mientras se arrodillaba con cuidado.
-Scatha… - La peli azul levanto sus ojos ámbares hasta que se encontraron con los azules de ella. – Suéltame…te mancharas de sangre.
-Sé lo que hiciste por mí, Aldana. – Ahora más que nunca estaba consciente de los sacrificios que Aldana había optado por tomar, con el fin de protegerla a ella de la guerra y Ares. La abrazo con fuerza y sintió como los débiles brazos de su hermana le rodeaban. – Por favor, tienes que resistir.
-Estoy bien… - La berserkers sonrió quedamente ocultando su rostro y acercando lentamente su mano a la espada que se encontraba a espaldas de Scatha, con el único objetivo de asesinarla. – Estoy tan feliz… de verde una vez más.
-Shh…no hables, no te esfuerces. - Murmuro la pelirroja vertiendo varias lagrimas de sus ojos que cayeron como perlas por sus mejillas. –Yo terminare con todo, ya no tienes necesidad de tratar de defenderme, ya no tienes porque pelear.
-Tú hubieras hecho lo mismo por mí. – Amplio su cínica sonrisa, cuando la yema de sus dedos rozaron el mango de la espada, entonces entorno sus dedos alrededor y afianzo su agarre, mientras la dirigía hacia la espalda de Scatha.
-Claro que lo haría, eres mi hermanita. – La pelirroja cerró los ojos con fuerza, dando rienda a sus lágrimas a pesar de querer evitar que salieran, estrechándola con fuerza contra su pecho.
-Ella no está más aquí. – Sentencio la berserkers. Scatha sintió un ardor terrible en la espalda que se corrió por todo su costado y miro como se cernía un charco de sangre en torno a ella. – Pero pronto te rencontraras con ella. – Scatha aun permanecía arrodillada, cuando la berserkers apunto su propia espada hacia su cuello.
…
El cielo alzo un hermoso haz celestial que ilumino todo el santuario a sus pies, seguido de un indomable trueno, que hizo retumbar el cielo y la tierra, prediciendo que una tormenta estaba cercana, a pesar que en ese momento ninguna gota cristalina cayó al suelo. Las detonaciones por las diversas batallas que se sembraban en derredor del santuario, resonaban en sincronía de vez en cuando con la caída de un potente rayo, invocado por el Keraunos.
Cronos, el dios supremo y rey de los titanes, se paro frente a él con una superioridad y elegancia digna de su origen, sus cabellos negros esparcidos en una melena le daban un aspecto más juvenil y despreocupado, sin embargo su mirada escarlata intenso, denotaban un brillo y pureza sin igual, carentes en ese momento de agresividad.
Algo como aquello le mostro a Seiya la variabilidad camaleónica e inestable del carácter del hijo menor de Gea y Urano; puesto que cuando enfrento a Athena por primera vez en el monte Parnaso le había visto con una desesperación y ambición sin precedentes, a su vez, cuando peleo contra Aioria y los otros santos de bronce, Cronos mantenía una mirada sádica, cargada de odio y déspota, como si todas sus emociones negativas, almacenadas durante siglos en el tártaro se hubieran liberado en ese momento, pero por ahora se le veía totalmente calmado, como si el mismo titán supiera de antemano que su victoria seria absoluta sobre Athena.
-Sabíamos que Athena urdiría un plan contra nosotros, que trataría de atacarnos de acuerdo a las habilidades que poseemos y dejamos que creyera que así seria, intercambiando nuestras apariencias físicas hasta que yo pudiese encontrarte, Pegaso. – Cronos elevo su cosmos y un halo oscuro le abrigo en su interior, propagándose en espículas negras que dejaban asomar un abismal cosmos. Seiya retrocedió unos metros asombrado por aquella magnánima energía, pues ni siquiera el cosmos de Hades, rey del inframundo igualaba el de su padre.
-¿Por qué a mí? – Seiya pregunto con cierto temor, pues sentía que ya conocía la terrible respuesta a ello, debido a la opresión que sentía en el pecho y lo que antiguamente había escuchado decir de los labios de la Flame que Shaka llevo ante Athena.
-Tú serás el señuelo que traiga a Athena hasta mi. – Cronos apunto con su dedo índice hacia el templo patriarcal y la estatua de Athena, indicándole de esta forma que conocía que la deidad seguía en aquel lugar enfrentando a uno de sus hermanos. – Pronto ella estará aquí.
Seiya abrió los ojos con mesura al comprender que Cronos no deseaba ir por Athena directamente, sino que la griega viniera hasta él con el fin de ayudarlo, sin embargo si Saori hacia algo como aquello, ella misma estaría abandonando su protección, se alejaría del patriarca y en cierta forma abandonaría su ejército para salvarle únicamente a él, mostrando su interés y preferencia por un solo caballero, lo cual produciría un fuerte golpe para todo aquel caballero que estuviera peleando en aquellos momentos en nombre de la diosa. Ya que Cronos anhelaba mostrarles a los humanos la faceta que pocos conocían de Athena, su parte engreída y egoísta, después de todo Athena era una diosa y como tal, su naturaleza era vanidosa.
-No lo permitiré. – Seiya empuño su mano mientras su cosmos ascendía en torno a él. - ¡Voy a proteger a Saori de ti! ¡Ella no vendrá aquí, porque yo acabare contigo!
-¿Acaso aun no notas la diferencia de nuestros cosmos? – Cronos suspiro.
-¡Mi cosmos se elevara hasta alcanzarte! – Seiya hizo su brazo hacia atrás para lanzar su técnica "Meteoro Pegaso" pero justamente en ese momento el titán avanzo un paso hacia él y su cosmos que ya se desbordaba, se extendió más; aquel cosmos producía una admiración, era como contemplar el universo, pero era tan gigantesco que provocaba temor.
Mientras el cosmos de Cronos se desplegaba todos los desastres naturales comenzaron a cesar, los rayos dejaron de retumbar e impactarse contra el suelo, los torbellinos se disolvieron en frescas corrientes, la lava que había brotado el suelo, comenzó a concretarse formando oscuras mezclas de piedra.
-¿Cómo voy a derrotarlo? – Se cuestiono con desesperación, ni siquiera el cosmos de Saori era tan enorme como él su abuelo. - ¡Meteoros Pegaso! – El hermoso caballo alado níveo apareció tras el nipón y su puño desplego cientos de meteoros celestiales que fueron seguidos de una bella estela azul que duro pocos segundos. En esta ocasión el cosmos de Seiya alcanzo muy de cerca el nivel del de los caballeros dorados, produciendo una lluvia de estrellas fugases, cargadas de energía que golpeó de lleno el cuerpo de Cronos, produciendo múltiples perforaciones.
-¡Sí! – Celebro, pero en ese momento sintió el cosmos del titán a sus espaldas, Cronos se había movido más allá de la velocidad de la luz y le había dado la impresión que sus golpeas habían logrado alcanzar al titán, cuando ni siquiera habían estado cerca de golpearlo.
Cronos desplego su cosmos azabache, formando una enorme espícula que el nipón logro detener a penas, sin embargo la fuerza de esta era tal que comenzó a hacerlo retroceder, pero de pronto el cosmos del titán formo otras cinco lanzas oscuras que atravesaron el cuerpo de Seiya con brusquedad, sus rodillas flaquearon cuando una de estas se incrusto en su pierna y le derribo, entonces Seiya no pudo continuar resistiendo a la primera que había logrado detener y se le zafo de las manos, clavándosele en el abdomen.
La sangre corrió por las lanzas, hasta bañar el suelo a sus pies, así como minutos antes la lava corría por esta. Seiya sintió una descarga de dolor por todo su cuerpo inmovilizado por estas, pues las otras cuatro lanzas se habían enterrado en su pecho, hombro, abdomen y brazo izquierdo.
-No te he dado en ningún punto vital, caballero. – Cronos se acerco a Seiya, quien alzo su rostro contorsionado por el dolor para mirarle, sus ojos rojos vs castaños hicieron contacto y fue entonces que Seiya vislumbro una mirada tan similar a la suya, Cronos creía que estaba haciendo lo correcto por los suyos y su valentía se cernía con un fuerte aire de dominación y venganza. – El que seas un ser humano, te hace débil por naturaleza, lo mejor que puedes hacer es rendirte y esperar a que Athena venga a salvarte.
Seiya tembló ante las descargas de dolor que sentía, trato de moverse, pero las lanzas le tenia atrapado y le imposibilitaban moverse, se maldijo mentalmente e intento moverse, pero esta hazaña solo produjo una descarga nueva de dolor y abrió aun más las heridas, entonces estiro su mano con decisión y tomo una de las lanzas, la cual comenzó a retirar lentamente de su cuerpo, sintiendo como sus tejidos iban acomodándose poco a poco y así fue sacando una a una, las cinco lanzas las cuales dejaba caer al suelo, pero a la sexta, se aferro con fuerza a ella.
-"Saori" – Pensó para sus adentros. Espero a que su vista se enfocara en el titán que estaba unos metros delante de él dándole la espalda, apretó aun más la lanza y la arrojo contra Cronos, quien se movió un paso para esquivarla.
-¿Así que te has liberado? – Cronos le miro por el rabillo del ojo y después llevo su vista hacia la lanza que se encontraba a escasos metros de él enterrada en el suelo. – Es imperdonable que un humano insignificante alce su mano contra un ser supremo.
-Ya te lo dije. – Seiya respiro agitando, se incorporo torpemente y se planto férreo hacia el titán. – No voy a permitir que tus planes se cumplan.
-Aun no notas lo insignificante que eres, un patético y débil humano. – Cronos le observo con superioridad y tras él apareció un aura negra de la cual salieron varios halos en forma de media luna del mismo color que se dirigieron al nipón.
Seiya sostuvo el primero con sus dos manos, sintiendo un terrible corte en ambas palmas y pronto su sangre mano hasta sus codos, la cuchilla enviada por Cronos le lanzo hacia atrás con fuerza, mientras el resto de estas impactaban en su cuerpo o en torno a él, elevando una profusa nube de polvo.
Los ojos escarlata de Cronos brillaron entre el polvo y pronto el caballero tuvo a su verdugo frente a él, mirándole con lastima. Seiya estaba respirando agitadamente, se encontraba de rodillas y de su cuerpo caían gotas de sangre profusamente que habían formado ya en torno a él un charco de sangre, sus extremidades temblaban a causa del dolor e inclusive estaban entumecidas, negándose a responderle. -¿Por qué no te rindes? Los seres humanos tienen el intelecto para darse cuenta de la terrible situación en la que están. – Seiya alzo su rostro para que los ojos de ambos se encontraran.
-Porque también tenemos fe y esperanza, en nosotros mismo y en Athena. – El cosmos del caballero de Pegaso estallo en forma de una llamarada azulada, que destruyo el suelo bajo sus pies y pulverizo cuanto escombro y roca se encontraba a su alrededor, sus ojos brillaron con valentía y decisión, mientras se incorporaba determinantemente. – ¡Voy a derrotarte Cronos! ¡Meteoros de Pegaso!
Cronos observo que la velocidad y fuerza del ataque del Pegaso aumentaron considerablemente, incluso podía ser comparado en potencia al dragón ascendente de Dokho y al plasma relámpago de Aoria. Aquel ataque era una lluvia de estrellas incandescentes y poderosas que destrozaban todo lo que tocaban, ahora entendía porque ese joven era una amenaza para los dioses; ese humano se levantaría cuantas veces fuese derribado, su convicción y esperanza mostraría a sus iguales la fuerza del espíritu humano y esa absurda creencia, era la más peligrosa de todas, porque le mostraba que no existía un límite, el cosmos de cualquier ser vivo, fuese humano, dios o titán estaban en constante crecimiento y tan solo por un segundo podían llegar a ser iguales.
Cronos sonrió al darse cuenta de la evolución del mismo universo y se rio para sus adentros al reparar que ni siquiera este se había detenido en su cautiverio. Así que contemplo como los meteoros se dirigían hacia él y justo cuando estaban a punto de golpearlo, elevo su cosmos produciendo tras de sí una energía cósmica de la cual se proyectaron cuatro brazos negros en suspensión a su alrededor que comenzaron a frenar y desviar los ataques del japonés.
Las cuatro extremidades extras de Cronos producidas por su cosmos servían como una barrera de protección, como si fueran una envergadura que lo cubría y que se las arreglaba para frenar cualquier ataque de Seiya, dejando su cuerpo intacto y permitiéndole actuar a voluntad así que fue acercándose lentamente a Seiya quien no paro de lanzar sus meteoros Pegaso, sin embargo Cronos caminaba a través de estos como si nada estuviese ocurriendo, acortando cada vez más la distancia entre ellos.
-La diferencia entre los humanos y nosotros es que mientras ustedes utilizan el cosmos para atacar nuestros cuerpos… - Cronos estaba a escasos metros de Seiya y extendió su mano derecha hacia el castaño, quien aumento la velocidad de su cosmos, sin embargo los cuatro brazos también aumentaron su velocidad continuando esquivando sus ataques. – Y nosotros, usamos el cosmos para golpear su alma.
La mano de Cronos toco la frente de Seiya y en ese momento el cosmos del nipón se sacudió con brusquedad, su ataque mermo de golpe y sus piernas flaquearon, cayendo de rodillas frente a él titán, mientras que las cortadas que habían producido las cuchillas de Cronos en su cuerpo, lanzaban chorros de sangre y se profundizaban y no solo en su carne, no, producían un corte más profundo a su propia alma, lo que le causo un dolor sin igual al responder las cuchillas a su creador, era como si la espada de Hades se incrustara en su pecho miles de veces y cada fibra de su ser se quemara, su conciencia se perdió en el dolor y a penas y fue consciente cuando un halo celeste hizo a Cronos retroceder.
-Aborrezco a los entrometidos. – Cronos miro como su mano era rodeada por una llamarada azul, la cual ceso con su cosmos.
Seiya se desplomo en el suelo, entre la consciencia y la inconsciencia, su cuerpo no le respondía y cada fibra de su ser ardía, como si hubiera sido quemado por el mismo sol, sin embargo se obligo a abrir los ojos y le miro a él…
…
El cielo raso quedo sobre sus cabezas a pesar de su terrible oscuridad y el viento frio que recorría el bosque les abrazaba, mientras los escombros de aquel templo yacían en ruinas a su alrededor y las dos grandes urnas a sus espaldas permanecían intactas por su cosmos. Para ese entonces Cronos ya había mostrado su verdadera presencia ante Seiya y el cosmos del resto de los titanes habían comenzado a variar hacia el ser que realmente eran.
-Mi señor ya ha aparecido. – Sentencio el falso Hyperion frente a él.
-Debo reconocer que ha sido una estrategia muy hábil. – Comento Afrodita, apareciendo en su mano una rosa roja. – Fingir quienes no sois.
-Entonces debo suponer que ya conoces quien soy realmente. – Contesto molesto.
-No sé si seas Hyperion o no y no me interesa quien seas, no te permitiré destruir las vasijas resguardadas al cuidado de mi diosa. –
-Un santo demasiado hermoso y orgulloso para estar al servicio de Athena, pero aborrezco completamente que cualquier humano trate de propasar el cosmos de un dios o un titán. –
-Sus molestias realmente me tienen sin cuidado. – Afrodita encendió su cosmos dorado que le abrigo y comenzó a crear en torno a él y el titán cientos de rosas rojas que recubrieron todo el suelo, los escombros y alrededor de ellos, creando un hermoso jardín escarlata a sus pies, que fue produciendo lentamente un roció y polen de color carmesí que figurase como si fuese niebla, se introdujo en el sistema nervioso del titán, sin embargo tan solo produjo que su verdadera apariencia fuese mostrada. – Así que eres tú.
Afrodita se asombro con la belleza de la titanide frente a él, era sumamente hermosa, su piel aperlada y nítida como el nácar, sus mejillas con un ligero rubor y largo cabello blanquecino ondulado y esos impresionantes ojos rubíes que le miraban con atención.
-No deseo pelear contigo para obtener esas urnas. – La titanide elevo su cosmos negro que se esparció a su alrededor formando una circunferencia en torno a ella y que destruyo las rosas a sus pies, donde apareció un sello griego que brillo de color escarlata, Rea se agacho lentamente y coloco su mano, el sello se transformo en un vórtice del cual salieron dos terribles bestias; la primera de ellas; era un hermoso y magnifico dragón de 100 cabezas que se contorneaban amenazantes en torno al caballero y la segunda bestia; era un ostentoso cuerpo de león que a sus espalda tenía dos grandes alas de águila de color marrón y su cabeza era la de una bella mujer griega de cabello rubio y aspectos finos. – El es Ladón y ella es Esfinge, tus oponentes.
-Caballero. – Siseo una de las cabezas de Ladón en griego.
-El de Piscis. – Murmuro otra en un perfecto sueco, lo que impresiono a Afrodita, mientras podía escuchar como las otras cabezas de serpiente se dirigían a en él otros idiomas.
Afrodita arrugo el entrecejo al ver su situación, no podía enfrentar a aquellas bestias y a la titanide al mismo tiempo ya que se encontraba en desventaja y tampoco podía contar con que Milo pronto llegaría a ayudarle, puesto que el escorpión se acababa de topar con otro titán, así que miro de reojo a ambas urnas.
-Podría huir con ambas, sin embargo solo llevaría al santuario a esas dos bestias. – Afrodita tuvo que esquivar una dentellada de una de las serpientes y se coloco frente a las urnas, pero a penas y se posiciono frente a estas la esfinge lanzo un rayo dorado de su boca, iba a esquivarlo cuando se dio cuenta de que si lo hacía, ese poder impactaría directo a las urnas, así que lanzo una descarga de cosmos que desvió el ataque, creyó que tendría unos segundos para pensar pero justo en ese momento Rea le atravesó con una raíz del suelo, Afrodita cayó de rodillas, mientras de la comisura de su labio salía un hilo de sangre, se llevo una mano al abdomen toco la raíz con su mano derecha y la pulverizo con su cosmos.
-Caballero se inteligente y date cuenta que no podrás contra nosotros tres. –
-Eso ya lo sé. – Afrodita encendió su cosmos y todas las rosas rojas que continuaban en el suelo, comenzaron a arremolinarse en torno al santo y las dos urnas, dificultando su visión a la titanide, lo que la desespero, pero cuando hizo a Ladón atacar se dio cuenta los pétalos rojos actuaron cual cuchillas, cortando varias veces a Ladón que siseo molesto, entonces la Esfinge abrió su boca y el potente rayo disolvió el remolino solo para ver como estos caían lentamente al suelo.
Ladon siseo enfurecido y la esfinge gruño molesta, Rea sonrió al ver que ni Afrodita, ni las dos urnas estaban. Se acerco lentamente donde se encontraba una gota de sangre de Afrodita y tomo con su mano uno de los pétalos rojos y con este limpio una gota de sangre del caballero.
-Encuéntrelo. – Ordeno.
…
Milo sonrió torcidamente y lanzo un destello de cosmos a su ponzoña la cual formo un punto escarlata en su final que se rodeo de un halo de la misma intensidad, era un caballero ante todo y golpear a una mujer como Rea no era propio de un hombre, así que espero con una fingida paciencia que la titanide atacara.
-Lamento ser su oponente. – Vocifero tranquilamente la titanide y de pronto se movió a una velocidad mayor que la del rayo frente a Moses de ballena, el cual se vio sorprendido al verlo frente a él. Los ojos de Milo destellaron de un color rojo, mientras proyectaba directamente de su mente una series de ondas circulares que impactaron en el sistema nervioso de la titanide, lo que logro paralizarla.
-¡Restricción! – Milo inmovilizo a tiempo a la titanide antes de que golpease al caballero de Ballena, él cual respiro aliviado y retrocedió en un salto.
-Es una técnica impresionante caballero, no has movido ni un dedo para utilizarla. – Reconoció. – Sin embargo debe ser una técnica psíquica para que no hayas usado ni tus manos, ni tus piernas, por lo que si llegas a desconcentrarte, esta sería anulada ¿No es así?
Milo le observo en silencio, ocultando cualquier emoción o sensación que su cuerpo quisiera expresar, ya que sabía que estaba frente a un titán y era por ello mismo que debía andarse con cuidado de otra forma este podría librarse de su ataque.
-¿Así que estas concentrado únicamente en mi? – Menciono astutamente la falsa titanide frente al escorpión. - ¿Aún no te has dado cuenta de lo que pasa a tu alrededor?
-¿De qué hablas? – Interrogo Moses de Ballena, siguiéndole el juego a la titanide, con el fin de ayudar a que el caballero de oro no fuese a distraerse, ya que la verdadera intención de esta era hacer precisamente eso.
-Ustedes están equivocados al creer que mi rey Cronos está peleando contra Athena precisamente en estos momentos ¿No es así? –
-¿Acaso tratas de engañarnos? Todos pudimos sentir como el cosmos de tu rey se presento frente a nuestra diosa, pero no lograra nada, los santos divinos están con ella y… - Jamian de Cuervo percibió en ese momento como el cosmos de otro titán se desbordaba enormemente en otra parte del santuario.
-Ellos ya han percibido que Cronos no está frente a Athena, ¿Quieres saber que ha notado su cosmos? – Rea miro a Milo con diversión y vio al santo agudizar su mirada, para evitar desconcentrarse y caer en el juego de la titanide. – Ellos han percibido el cosmos de Cronos frente al del caballero de Pegaso, eso significa que el titán frente a Athena no es el verdadero Cronos. – Milo abrió los ojos desmesuradamente al escucharlo y el titán frente a él sintió como parte de su cuerpo recobro la movilidad, dándose cuenta que su conversación estaba logrando turbar y alterar al escorpión. – Pero si ellos son lo bastante hábiles se habrán dado cuenta que el cosmos que hacia un rato ustedes pensaban que era el de Hyperion a cambiado.
-¿Qué? – Jamian de Cuervo elevo su cosmos para comprobar que era cierto… pero aquel descubrimiento le helo la sangre, puesto que sentía que el cosmos que hasta hace unos segundos se había percibido como el de Hyperion, era realmente el de Rea y si era así… aquella Rea frente a ellos era falsa y estaban ante la presencia de otro titán.
Milo miro como Jamian retrocedió un poco y pronto observo como los rostros de Moses y Babel palidecían y sus cosmos vibraban con nerviosismo, fue ahí cuando Milo cometió el error de desviar su atención hacia donde el titán les habían indicado comprobando lo mismo que sus compañeros, Afrodita estaba enfrentado a la verdadera Rea y él había caído en su trampa y estaba frente a la presencia de otro titán.
-¿Quién demonios eres? – Vocifero lentamente el escorpión, pero pronto Milo se dio cuenta de su error, se había desconcentrado de su técnica y ahora el titán podía moverse, este se deslizo hasta donde se encontraba y le planto semejante puñetazo en el rostro que le lanzo hacia una de las barracas a sus espaldas destruyéndola por completo.
-¡Milo! – Babel trato de ir en ayuda del caballero de oro, pero el titán le tomo por el cuello y lo tumbo contra la tierra, la cual se destrozo varios metros, entonces el titán se teletransporto donde estaba Jamian y Moses los cuales le trataron de golpear, pero sus puños fueron detenidos por las manos del titán quien los fracturo al apretar sus manos, fue en ese momento que Moses salió despedido por una explosión de cosmos y luego la falsa Rea miro a Jamian, coloco su mano libre sobre la cabeza del santo y le lanzo una descarga eléctrica que hizo al caballero contorsionarse a causa del impulso dentro de su cuerpo.
-¡Ah! – El grito de dolor de Jamian resonó en toda la cercanía, sus músculos se contraían con brusquedad, tetanizando todo su cuerpo y obligándolo a tomar una postura arqueada, puesto que el titán continuo con la descarga eléctrica solo para producirle un dolor indescriptible.
-¡Aguja escarlata!- Milo se coloco a la espalda del titán con su aguja en lo alto, el titán abrió los ojos desmesuradamente, sintiendo tres punzadas de dolor esparcidas en diferentes puntos de su cuerpo, que pronto lanzaron chorros de sangre que bañaron su kamui.
-¿Qué? – Vocifero sorprendido, soltó a Jamian y se volteo a ver al caballero dorado que le miraba fieramente, tenía varios cortes en todos su cuerpo y heridas, sin embargo le miraba retadoramente. – No pude percibir tu ataque hasta que lo efectuaste en mí.
-Eso es porque soy el caballero más veloz de los 88, al servicio de la diosa Athena. – Milo estaba jadeando, realmente había hecho un esfuerzo sobrehumano al forzar su cuerpo a salir de esa manera de entre los colosales escombros y atravesar una larga distancia corriendo para estallar su cosmos y asestarle tres agujas al tetan.
La Rea falsa retrocedió unos pasos y su vista se clavo en los ojos azules verdosos del escorpión con intensidad, como si a través de su mirada estudiase y analizara completamente al griego, que se puso ansioso ante aquella mirada escruñidora. El titán elevo su mano hacia el cielo al tiempo que sus ojos escarlatas destellaban con una luz azul celeste y de pronto un tremendo y potente rayo único cayó sobre él titán, la tierra se pulverizo y cimbro a sus pies, mientras producía una descarga cegadora, por lo que Milo cubrió sus ojos con su mano tratando de ver entre la luz del relámpago zarco que poco a poco fue transformándose de un color negro.
Milo a través de sus dedos pudo a penas distinguir algunos rasgos del cuerpo del titán que tenía enfrente su piel bronceada, su cabello corto y lacio y rubio hasta el nivel de sus oídos, junto a los ojos escarlatas lo identifico rápidamente como Koios; el titán conocido como el más inteligente y el mejor asesino que Cronos tenia.
-Maldición. – Milo fue empujado hacia atrás a medida que la descarga del rayo iba creciendo en intensidad, provocando que sus pies fuesen dejando un ligero camino.
-Yo también soy el más veloz de los titanes. – El rayo emitió una luz intensa que cegó por unos segundos a Milo, para cuando pudo ver, Koios lanzo una enorme cantidad de rayos negros al cuerpo del escorpión el cual los recibió de lleno, Milo fue lanzado bruscamente hacia atrás y su cuerpo rodo varios metros llevándose consigo todo con lo que impactaba.
-Tú te incorporaste por tus compañeros, pero ellos ni siquiera han movido un dedo por ti. – Inquirió, mientras se acercaba peligrosamente a Milo y el cielo centellaba con rabia truenos y rayos que se deslizaban entre sus nubes como una serpiente peligrosa.
Moses maldijo, trato de incorporarse pero su cuerpo le fallo, comprendiendo el verdadero poder de un titán, por su parte Babel estaba al lado de Jamian el cual estaba severamente lastimado, su cuerpo presentaba quemaduras por todas partes y su piel se había destrozado en varios puntos para permitir salir la descarga eléctrica despiadada que Koios uso contra él, si Milo no hubiese intervenido el caballero para esos momentos estaría muerto.
-¡Milo! – Le alerto Babel. El escorpión se apoyo torpemente en un escombro a sus espaldas para erguirse y fue demasiado apreciable como una pequeña descarga salió del brazo derecho de Milo, guiándose entre sus dedos y produciendo una dolorosa convulsión en sus músculos, Milo sacudió su mano para quitarse lo entumecido.
Milo suspiro pesadamente, tratando que el aire que exhalaba liberase todo el dolor de su interior y principalmente aquella estúpida molestia que sentía en su pecho, era como si su corazón volviera a incendiarse, pero en esta ocasión el calor no le quemaba, al contrario parecía que exigía salir de su interior, liberarse e incendiar su cosmos.
-¡Alto! – Escucho una voz frente a él, aquella voz tan potente y demandante que durante un tiempo le había sido tan molesta tanto a él, como a Mu, se abrió paso como una luz esperanzadora.
-Aioria. – Murmuro quedamente, observando al león dorado tras Koios.
-¡Yo, Aioria de Leo, seré quien te derrote! – El castaño menor portaba ostentosamente su armadura dorada que relucía en sincronía perfecta con su cosmos.
En la antigua guerra santa Milo había llegado justo a tiempo para frenar la furia de Saga contra el león, así que el intervenir en el combate entre Koios y Milo, más cuando la desventaja era más marcada para su compañero, era una forma de regresarle el favor prestado en la guerra pasada.
-Dos santos dorados y tres santos de plata. – Conto despacio el rubio, estudiando con precaución a Aioria. – Athena nos está subestimando demasiado.
-¡Y tu a nosotros! ¡Plasma relámpago! –
-¡Iluminación negra! –
…
Kanon y Dokho sintieron un terrible escalofrió en todo el cuerpo, cada fibra de su ser y cada minúscula parte de su cosmos les alerto al máximo de que algo andaba mal con su oponente o al menos él no era quien decía ser, lo cual significaba que estaban peleando contra un titán equivocado y la estrategia de Athena y el patriarca había fallado.
-¿Quién eres? – Kanon junto en sus manos, dos esferas doradas de cosmos que resplandecieron amenazantes en sincronía a la elevación de su energía.
-¿A que se refieren? – El titán se acerco peligrosamente a ellos, pero se mantuvo sin atacarles, incluso parecía que su atención se encontraba en otro punto del santuario.
-De ser quien dices ser, usarías el keraunos en lugar de esa espada que se mueve a una velocidad superior a la que nuestros compañeros pueden ver, además el interés que muestras por tu pueblo es una señal de quien eres, pues ninguno de tus iguales se preocupa porque o quienes se sacrifiquen en esta guerra. – Dokho apunto victorioso al titán, que les miro serenamente.
-Entonces ya no importa seguir fingiendo. – El cosmos oscuro ascendió desde sus pies y comenzó a mostrar el verdadero kamui y cuerpo del titán frente a ellos, los característicos ojos impregnados de sangre, su tez blanca y su cabello negro revelo a Hyperion, aquel que había sido capaz de derrotar a sus compañeros y dioses sin ningún problema, a quien se le consideraba la mano derecha de Cronos.
-No puede ser… - Ptolemy de Flecha retrocedió con cierto temor, había escuchado los rumores que se habían esparcido por todo el santuario acerca de la fuerza de ese titán precisamente, quien derroto a Mu de Aries y Shaka de Virgo, imposibilitando a su vez el poder de Athena, dos caballeros de oro y tres santos divinos quienes se habían limitado a ver la batalla, incluso por él, Dante de Cerbero se encontraba en muy malas condiciones en el sanatorio y el hecho de pensar que iba a enfrentarle le demostraba la abismal diferencia de poderes.
-¿Acaso esperaban a otro de mis hermanos? – Hyperion estallo su cosmos impresionantemente, el aura oscura se volvió una gran llamarada negra que desintegro el suelo a sus pies, quemándolo hasta el grado de consumir piedras, reduciéndolas a nada.
-No, eres el mejor oponente para mí. - Kanon exploto su cosmos que brillo con una intensidad sorprendente, elevándose de golpe a los máximos niveles alcanzados por un caballero de oro y pronto Dokho le imito, la energía de ambos se alzo por los cielos en una ráfaga dorada que contrarresto la oscuridad del titán.
-Es una lástima que no compartimos el mismo pensamiento. – Hyperion supuso que aquel desplante de energía por parte de ambos dorados era porque irían en serio contra él, desde el principio, pero él se encargaría de demostrarles que era la verdadera desesperación.
-Tengan mucho cuidado. – Dokho observo como los ojos del titán se perdían en sus compañeros de plata y bronce y se aventuraba bien, Hyperion trataría de matarles primero.
Hyperion se movió a una velocidad superior a la de la luz que tomo por sorpresa a Dokho quien refreno el puño que iba hacia su costado, sin embargo la fuerza fue muy superior a la suya y le lanzo bruscamente hacia atrás, entonces se deslizo hacia Kanon y le tiro una patada, el gemelo le paro con ambos antebrazos, Hyperion genero una esfera de cosmos y la exploto en el abdomen del gemelo menor que lo lanzo contra unas pilastras.
-Siguen ustedes. – Hyperion libero unas ráfagas de viento que impidieron al resto de caballeros moverse, entonces se acerco peligrosamente a Ichi de Hidra, sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver como la espada de Hyperion se dirigía directamente hacia su corazón, como si fuera en cámara lenta, pero la estocada que le dio el titán fue tan veloz que ni siquiera Dokho o Misty alcanzaron a llegar hasta él.
Ichi sintió un sabor escarlata en la boca y de sus labios salió un hilillo de sangre que goteo desde su barbilla, bajo lentamente su mirada y contemplo la espada incrustada en su pecho por completo, al grado que le atravesaba de lado a lado, sus piernas flaquearon y cayó de espaldas pesadamente, mientras su cosmos se apagaba.
-¡Ichi! – Jabu trato de llegar hasta él, pero las poderosas ráfagas de viento se lo impidieron. ¡Ichi!
Dokho estallo su cosmos, que disolvió por completo las ventiscas de viento que se dispersaron como si fueran brisas, brinco y se lanzo sobre Hyperion, quien se giro con su mano extendida la cual freno por completo la trayectoria del chino, manteniéndolo suspendido en el aire, entonces le recargo su espada en el cuello.
-Uno a uno ire mermándolos. – Hyperion tuvo que retroceder porque Kanon se lanzo sobre él. – Y quiero que tú y tu compañero de oro, observen como caen sus compañeros, hasta que les toque su turno.
-¡Jamás te lo perdonaremos Hyperion! – Ladro furioso Dokho.
-Yo no estoy pidiendo su perdón. – El titán les miro lleno de decisión y volvió a ir contra ellos, esta vez Kanon intercambio varios golpes con él, en un constante ir y venir de puñetazos y patadas, en un vaivén interminable que el gemelo menor estaba sobrellevando adecuadamente, pero cuando Hyperion aumento la velocidad de sus ataques golpeo de lleno el rostro del menor de los géminis.
-¡Ya me canse de no hacer nada! ¡Galope de unicornio! -
-¡Jabu espera! – Dokho trato de detener al caballero de bronce, pero estaba demasiado lejos.
Hyperion miro de reojo al santo de unicornio dirigirse hacia él con una de sus piernas extendidas para golpearlo, pero el titán concentro gran cantidad de su cosmos en ambos puños, creando una gran presión con la cual golpeo la pierna de Jabu, quien cayó al suelo con la pierna derecha fracturada completamente, pues el hueso se veía como había perforado la piel y la armadura de este, entonces coloco su mano en dirección a él, sin ni siquiera tocarlo y produjo una fuerte ventisca destructora que lanzo a Jabu contra una roca puntiaguda la cual atravesó el abdomen del caballero.
-¡Jabu! – Ptolemy de flecha trato de acercarse a su compañero, pero en su travesía Hyperion le miro directamente y supo en ese instante que él era el siguiente y al parecer tanto Misty como Marín lo comprendieron pues rápidamente se interpusieron en el camino del titán.
-No creas que dejaremos que nos elimines uno a uno. – Comento Misty. – No vamos a ser solo una carga para los caballeros dorados.
-Te mostraremos la fuerza de los santos de plata. – Ptolemy aumento abruptamente su cosmos, elevo su brazo derecho en dirección a Hyperion y proyecto una lluvia de flechas de luz amarillas, como si fueran ilusiones que sobrevolaron al titán, quien produjo una ventisca y les desvió a todas, redirigiéndolas hacia el santo de plata, Misty se interpuso entre su compañero y estas a tiempo.
-Muro atmosférico. – Misty desplazo e hizo girar sus manos rápidamente en circulos, creando un potente vacio en el aire ante él y Ptolemy, generando una barrera invisible y provocando que la rotación del aire, creara un muro de aire solidificado que era conocido como una de las defensas más poderosas entre los caballeros de plata y que resistió sin lugar a dudas el ataque generado por su compañero, Hyperion arrugo el entrecejo molesto y se lanzo hacia ellos, pero Marín salto sobre él, cayendo directamente hacia su dirección en forma vertical a varios metros de altura, la amazona cayó en picada a gran velocidad con la punta de los pies extendida, como si se tratara de las filas garras de un águila, extendió su pierna izquierda, mientras la derecha la flexiono y acumulo cosmos en la pierna, Hyperion extendió entonces su mano y detuvo a la amazona por el pie con fuerza.
-¡Marín! – Le alerto Dokho.
-¡Puño meteoro! – La pelirroja envió un centenar de golpes por segundo desde su puño en dirección a la cara del titán que se vio golpeados por estos, al tomarlo por sorpresa. Hyperion soltó la pierna de la amazona y se tambaleo por los puñetazos recibidos, pero a penas y recobro el soporte de su cuerpo trato de cortar con su espada a la amazona pero Dokho lo detuvo con el escudo de libra el cual se partió a la mitad.
-Que hábil eres mujer. – Hyperion se limpio un raspón que tenía en la mejilla producto de los meteoros de la amazona. – Pero dudo que tengas otra técnica sorpresa.
-Le he lanzado ese ataque con todo mi poder…y no le he hecho más que un rasguño. – Marín observo como Kanon se ponía frente a ella y el titán.
-No nos subestimes, Hyperion. – Kanon trazo con su dedo índice un triangulo, el cual brillo con una luz dorada en cada extremo, entonces se formaron 3 bolas constituidas de su propio cosmos y que dibujaron un perfecto triangulo de oro, que emano un rayo triangular, que pronto dio lugar a una ruptura del espacio-tiempo del cual resultaba casi imposible regresar. – Triangulo de oro.
-Vuelo del dragón de Rozan. – Dokho invoco la energía del dragón característico de todos sus ataques y se dirigió verticalmente hacia Hyperion lanzando un impresionante y majestuoso dragón azulado hacia adelante que se movió de forma horizontal abriendo sus fauces amenazantes.
Las dos técnicas de ambos santos dorados se dirigieron hacia Hyperion quien rápidamente elevo su cosmos reconociendo que la energía de ambos santos dorados iban más allá de lo que el mismo pensaba, así que produjo un torbellino que freno el triangulo dorado de Kanon que devoro por completo al mismo desapareciéndolo, se giro rápidamente y detuvo con su mano el ataque de Dokho, sonrió al pensar que la fuerza de esos dos santos de oro era mucho menor a la de los guardianes de Aries y Virgo que había enfrentado antiguamente.
-¡Ahora Ptolemy! – Urgió Kanon, haciéndose a un lado y dejando al santo de la flecha, proyectar su técnica suprema.
-Flecha fantasma. – Ptolemy se impulso en el hombro de Kanon y salto verticalmente sobre Hyperion lanzando desde la altura su técnica suprema, exploto su cosmos, que se enfoco principalmente en su brazo derecho, del cual salieron una lluvia de flechas doradas entre las cuales iba una flecha verdadera, escondida y que era capaz de sellar el cosmos de cualquier ser, no importaba si este era un humano, gigante, dios o titán.
Hyperion supo inmediatamente que las técnicas de ambos dorados solo habían cumplido con el fin de distraerle y lo habían logrado, pues a penas y estaba deteniendo el dragón de Libra, cuando la lluvia de flechas comenzó a caer sobre él.
…
-Ella no está aquí. – Sentencio la berserkers. Scatha sintió un ardor terrible en la espalda que se corrió por todo su costado y pronto miro como se cernía un charco de sangre en torno a ella. Scatha aun permanecía arrodillada, cuando la berserkers apunto su propia espada hacia su cuello.
-¿Q…ue? – Scatha se llevo la mano al costado, por donde sintió una profunda abertura sobre su piel y sus dedos se impregnaron rápidamente de su propia sangre, sobreviniéndole un intenso mareo y una terrible descarga eléctrica. Pero por respuesta obtuvo de su hermana más presión de la espada sobre su cuello, logrando que la punta de esta rasgara la piel superficialmente y varias gotitas de sangre escurrieran por su pecho.
Entonces la miro, la marca de Ares estaba en la muñeca izquierda de Aldana, tan visible como aquellos ojos ámbares que le miraban con una ferocidad y odio impresionante, sus ojos expresaban una ira desmedida y su sonrisa era por completo sádica. -¿Qu…e hiciste…Aldana?
-Tu hermana ya no existe más, ahora este es mi cuerpo. – Aldana soltó la espada que apuntaba hacia su cuello, la cual produjo un sonido metálico y se impregno de su propia sangre. – Toma esa espada, tu y yo vamos a pelear a muerte, tal y como mi señor siempre quiso que lo hiciéramos en el pasado, tomaste el titulo de subcomandante porque la débil de tu hermana me reprimió en su interior, rehusándose a pelear contra ti, pero esta vez, ella no está más aquí.
-No. – Acoto demandante Scatha. – Jamás peleare contra mi hermana.
-No tienes opción; pelearas conmigo o morirás. Vas a pagarme el haber usurpado mi puesto durante tantos años y haber abandonado a mi dios. – La berserkers tomo la espada que llevaba atada a su cintura y la desenvaino.
-¡No lo hare! – Rugió la pelirroja incorporándose y plantándose férreamente a la berserkers. – Ese título ya no vale nada, Ares ha sido derrotado y su ejército destruido. – Scatha vio la furia crecer en los ojos de su propia hermana y como esta apretaba aún más el mango de la espada hasta el grado que sus nudillos palidecieron. – La peliazul le soltó varios espadazos los cuales ella esquivo.
-Después de asesinarte iré al santuario y liberare a Ares. – Aldana empujo la espada del suelo con su pie en dirección a la pelirroja la cual la detuvo de la misma forma. – Además llevare ese preciado cofre que tienes entre tus manos y se lo entregare a los titanes.
Scatha abrió los ojos sorprendida, había pensado en no pelear contra Aldana, pues no había ningún motivo que le obligara a hacerlo, ella no iba alzar su mano contra la de su única familia, que le queda y quien le había acompañado por aquel infierno y tampoco complacería a Ares con aquella batalla, que el dios siempre quiso observar, una disputa por un titulo que no valía nada, en su tiempo Aldana declino el luchar y ahora era ella quien lo hacía. Sin embargo si la berserkers lograba quitarle aquel cofre, la ayuda jamás llegaría a Athena y Saga y los titanes ganarían aquella guerra.
-No puedo permitírtelo. – Murmuro quedamente, sintiendo como su propia alma se destrozaba al decir aquello. Iba a luchar en nombre de Athena, aunque eso significara tener que matar a su hermana.
-¿Así que lucharas eh? – Menciono extasiada la peliazul, mientras se agazapaba. – Entonces iniciemos.
Scatha lanzo el cofre a sus espaldas, el cual cayó pesadamente sobre la media pilastra donde antiguamente estaba y tomo su espada, rodeándola de su cosmos y se inclino un poco hacia atrás, lista para pelear.
-Vas a pagar. – La berserkers dio la primera estocada, pero la pelirroja rápidamente la giro y lanzo un feroz contraataque que la otra detuvo sin problemas, entonces ambas estapadas se golpearon mutuamente, resbalando sus filos ante la presión que ejercían sobre ellas. -¿A caso estas dudando hermanita?
-Tú no eres Aldana, deja de llamarme así. – Scatha empujo con fuerza su espada y logro separarla de la peliazul la cual retrocedió riendo tétricamente, pero se lanzo contra ella con más energía que antes, sus golpes fueron más duros, su destreza y habilidad sobre su espada aumentaron al igual que su furia y ella tuvo que detener y frenar cada embate de su parte pues no le daba oportunidad de corresponder con una ofensiva.
El replique metálico incrementaba por toda la sala, que parecía vibrar en sincronía con cada golpe entre ambas armas, formando un eco que se engrandecía por aquella impresionante edificación, pareciendo que ambas guerreras danzaban delicada y elegantemente por toda la sala, sus pies se deslizaban sobre el suelo como si estuvieran en hielo y sus pasos eran cuidadosos y rítmicos como si se movieran por el borde de un acantilado.
Aldana giro velozmente su espada, desplegando por unos segundos el arma de Scatha hacia atrás, entonces aprovecho que la pelirroja había perdido momentáneamente el equilibrio y rasgo su pierna derecha, le vio arrugar el ceño y reprimir un grito de dolor, así que ella sonrió complacida cuando vio la sangre de la guerrera en su espada. Se movió unos centímetros para dar una nueva estocada, pero la pelirroja golpeo su espada impidiéndoselo.
-Sabes muy bien porque herí tu pierna. – La berserkers cargo más peso sobre su oponente.
-Maldición. – Scatha retrocedió al sentir como su pierna estuvo a punto de flaquear por el dolor, sin embargo Aldana continuo atacando de esa forma y deslizando la mayoría de sus ataques por el lado derecho, lo cual le hacía más difícil detener los ataques.
-Al paso que vamos morirás si no empiezas a defenderte. –
-¿Acaso quieres perder de nuevo? – Scatha detuvo la espada de la berserkers y le propino una patada en el abdomen que la derribo, le lanzo una estocada, pero la peli azul pronto se agazapo y la tumbo al suelo junto con ella al patearle ambas piernas.
-Creo que vamos empate. – La peliazul se incorporo ágilmente justo a tiempo para recibir un nuevo embate de Scatha, esta vez rodio a la espada de su cosmos a una velocidad impresionante que cuando ambas espadas se golpearon la una a la otra, la espada de la peliazul logro partir a la mitad a la de la pelirroja la cual retrocedió instintivamente, tomo el arco que llevaba en la espalda y al cargo con una flecha dorada que en su punta tenía una coloración negra, aquella que Athena le había otorgado, la berserkers se detuvo de golpe, conociendo que Scatha la tenia perfectamente a la mira y de haber querido ya le había atravesado con ella.
-Esa es una flecha muy peculiar. – Siseo enfurecida mirando con atención los dedos de la pelirroja en la cuerda. – Apuesto a que no pertenece a nuestro ejército.
-Estas en lo correcto. – Contesto secamente.
-¿Te la dio Athena? – Trato de averiguar la letalidad de aquella arma.
-No es de tu incumbencia. – Scatha sintió un terrible mareo y su vista comenzó a tornarse borrosa, por lo que sacudió su cabeza y apretó aun más la cuerda.
-¿Y piensas dispararme con ella? –
-Si das un paso más sabes que lo hare. – Amenazo, sabia la fuerza destructiva que tendría aquella flecha y si la lanzase contra su hermana el cuerpo de Aldana seria despedazado por el cosmos de Athena y los otros dioses, la destrucción llegaría a tal punto que también desbarataría el alma de su hermana, lo que significaría que no la volvería a ver ni en la muerte, ni en la próxima vida.
-No te veo muy decidida. – Se burlo. – Así que tomare la urna donde están selladas las almas de los dioses.
-¡No te atrevas! – Ladro, observo como la peli azul se giro lentamente, sin preocupaciones en su rostro y se balanceo quitada de la pena hacia la media pilastra.
-Perdóname Aldana… lo siento tanto. – A pesar del mareo terrible que sentía y como su cuerpo iba entumeciéndose, el dolor de su alma era aun mayor, iba a asesinar a su ultima hermana, aquella que le había hecho la existencia más ligera, que había soportado todo aquel infierno a su lado, que alivio su dolor y abrazo cálidamente su tristeza, iba a pulverizar su alma y esta jamás reencarnaría, dejaría de existir por completo, pagaría mal por bien, pero en el fondo sabía que si le preguntase a su hermana, Aldana preferiría morir antes de cometer tan fatídico error. Así que soltó la flecha…
La berserkers sintió el catastrófico cosmos a sus espaldas, así que se giro para recibir el impacto de frente, pero la flecha cayó desplomada a su lado, sin impactarse en ningún lugar, señal de que la pelirroja no había sido capaz de manejar el arco en su estado, así que no pudo reprimir una carcajada de gozo absoluto y vio a Scatha desplomarse en el suelo.
-¿Te sientes mal? – Se burlo, la pelirroja alzo su rostro para encontrar su vista celeste contra su mirada felina de color ámbar y de pronto sintió un sabor escarlata en los boca que escurrió por la comisura derecha de su labio. – Gane esta batalla desde el primer momento en que logre cortarte con mi espada ¿O acaso el estar en las filas de Athena te hizo olvidarlo?
-Maldición…- Como había sido capaz de olvidar un detalle tan importante como aquel; todos los berserkers envenenaban sus armas antes de un combate y este no había sido la excepción, Aldana… no, aquella guerrera había querido acabar con ella, sin ni siquiera utilizar su cosmos y para ello enveneno su espada y al producirle aquel corte había sido más que suficiente para introducir a su cuerpo aquel veneno letal que había afectado a todo su sistema nervioso.
-Bien, gracias a ti obtuve esto. – La peliazul tomo el cofre de los dioses y lo balanceo peligrosamente en su mano. - ¿Sabes? Iré hasta el santuario liberare a Ares y dejare que nuestro señor sea el verdugo o el salvador del mundo, él optara por liberar a los dioses o entregárselos a Cronos.
-Athe…na…no lo permitirá. – Cerró su puño con fuerza al haber subestimado tan estúpidamente a la berserkers porque era su hermana.
-¡Oh! – Aldana amplio su sonrisa. – Para eso tengo esto. – La peliazul camino hasta donde había caído la flecha que le había otorgado Athena a Scatha y la tomo con cuidado. – Voy a mostrarle a Athena que tan diestra soy con el arco, cuando le mate con su propia flecha.
-¡No! – Grito enfurecida, su cosmos rugió cual leona enfurecida y un aura roja le rodeo por completo y quemo todo a su alrededor.
-¡Oh vamos! – Se carcajeo la guerrera, pero tomo una lanza que llevaba atada a su espalda y le rodeo con su cosmos oscuro.
Había cuatro poderes en las filas del dios de la guerra, pero de ellas eran características, las llamas; que destruían y consumían todo a su alrededor y la oscuridad; que sembraban el pánico y consumía todo a su paso, esas eran las fuerzas de sus batallones principales y Aldana y Scatha las habían dominado a la perfección desde muy jóvenes y era por ello que Ares anhelaba ver una guerra de cosmos entre ellas, porque sabía que ambas iban a terminar la una con la otra y aquella que se alzase vencedora podría acabar con Cesar o sublevarlo, pero Aldana reprimió a la berserkers en su interior y como castigo Ares subajo a Scatha a subcomandante.
Scatha lanzo una oleada impresionante de fuego que elevo la temperatura de la habitación de golpe y comenzó hacer que los metales como el oro y la plata comenzase a fundirse en la misma habitación, pero cuando choco contra la temible oscuridad de Aldana el fuego se detuvo sin poder cruzar ni penetrar en ella, ya que este emitía una gelidez que le frenaba, pero tampoco podía avanzar más allá de donde había chocado contra la técnica de su hermana.
-No tengo intenciones de seguir perdiendo mi tiempo contigo. – Aldana tomo la lanza por en medio y justo iba a lanzarla a Scatha, cuando el poder de la pelirroja disminuyo progresivamente y las llamas retrocedieron permitiendo que la oscuridad avanzara, fue entonces que la peliazul detuvo su ataque y observo como la oji azul caía al suelo pesadamente, sumiéndose poco a poco en la inconsciencia a pesar de los esfuerzos de la joven para revertir el veneno en su interior y detenerla. – Sabes que es el castigo más misericordioso que puedo otorgarte, debiste morir sufriendo por tu pecado. Este lugar será tu tumba.
-Aldana…se que aún estas ahí… - Scatha empuño su mano con frustración, mientras iba hundiéndose lentamente en el letargo producido por el veneno.
-Ya te lo dije…ella no está aquí. – La berserkers se detuvo unos segundos dándole la espalda sin ni siquiera mirarla y cuando sintió que el cosmos de la pelirroja se apago abrió un portal sin mirar atrás y se introdujo con el único fin de llegar al santuario.
…
El templo se desplomo ante aquel puño de hierro que le golpeo en varias columnas las cuales se desmoronaron como si fuese azúcar, lanzando sus restos por los aires, mientras su techo colapsaba aplastando todo bajo él. Un terrible ser se movió entre la nube de polvo mostrando únicamente entre ella la inmensa altura que poseía que superaba por creces a cualquier habitante del santuario, un rugido temible hizo vibrar las estructuras a su lado, las cuales cayeron a su alrededor.
-¡¿Dónde están?! – vocifero molesto, buscando con sus pequeños ojos alguna persona que se alejase despavorida de él. - ¡No importa donde se oculten yo los encontrare! – El colosal gigante pateo otra estructura del santuario la cual se vino abajo, elevando una nueva nube de humo que se disperso por el ambiente, mientras comenzó a avanzar.
-¿Acaso eres estúpido? – El gigante agudizo su mirada al escuchar una suave voz femenina la cual llamo inmediatamente su atención, le gustaba desmembrar cuerpos humanos pero siempre preferiría despedazar el de una joven y hermosa mujer, así que busco aquella entre la nube de polvo y se emociono cuando visualizo su silueta.
-La estúpida eres tú al venir a enfrentarme. – El gigante corrió pesadamente hasta ella, tratando de atraparla pero la joven se apoyo en uno de sus brazos y le brinco cayendo a sus espaldas.
-Que torpe eres. – Se volteo solo para ver como esta corría en dirección contraria a él, como si estuviera escapando, así que sonrió divertirlo al verla huir de aquella forma y se dio a la tarea de seguirle el juego.
-Eres una estúpida, mujer. – El gigante brinco llegando a colocarse justamente en frente de ella y derribándola debido a la forma en que se sacudió el suelo en ondas al caer sobre él. -¿Quién eres pequeña estúpida? –
-Tu peor pesadilla imbécil – Ladro soberbia la joven de ojos verdes y cabello rubio, esta extendió una de sus manos frente a ella de la cual brotaron cientos de rayos.
-¿Una amazona? – El enorme ser agudizo su mirada y distinguió la escasa armadura violeta de la joven temeraria frente a él. – Mi nombre es Gratión, soy la antítesis de la diosa Artemisa y quien te asesinara.
-Soy Shaina de Ofiuco. – La amazona tenía ya experiencia de haber luchado contra un gigante, así que se sentía confiada de enfrentar a uno de ellos de nuevo, Shaina esquivo de nuevo un manotazo del gigante y continuo corriendo lejos de aquel lugar, con el único objetivo de alejarlo lo más posible del santuario lo cual era un arma de doble filo, pues también la ayuda para ella tardaría más en llegar.
El gigante en esta ocasión corrió unos metros tras ella, destrozando cuanta edificación se encontrase, dejando un camino de destrucción, donde el polvo, el fuego y el humo se alzaban hasta tocar el cielo, densamente, al igual en espera de asesinar a cualquier persona que estuviese recluida en el interior de estas, pero parecía que las villas cercanas y las barracas estaban completamente vacías.
De repente Gration impulso pesadamente su pierna derecha contra el suelo, la cual logro derribar de nuevo a Shaina por el efecto en ondas que producía un mini terremoto, que impedía que la amazona continuase en pie, se impulso bruscamente hasta donde se encontraba la amazona.
-Garra trueno. – Shaina desplego su cosmos, mientras la cobra de su constelación aparecía a sus espaldas y miles de truenos violetas centellaban en dirección al gigante, alzo su mano mostrando peligrosamente sus uñas como si fueran garras y antes de que el gigante la golpease se impulso con sus piernas cayendo sobre el brazo del gigante, el cual rasguño toda, mientras por la carne levantada se introducían rayos de energía que perforaban la piel del inmenso ser, produciendo múltiples heridas cortantes envenenadas cargadas de electricidad.
Gratión trato de derribarla de su brazo pero la amazona brinco por su espalda hacia atrás logrando alejarse de él, con una sonrisa en los labios, pero a media caída se dio cuenta que entre la densa bruma de polvo se escondía una figura tras el gigante que no había notado antes y de la que se percato muy tarde pues una inmensa mano salió, de la nube de polvo, apresándola con fuerza por la cintura-
-Maldición. –
-¡Eres una estúpida! – Gratión gimió. – ¡Mira hermano, mi brazo!
Shaina cerró los ojos con fuerza al sentir como la aplastaban por la cintura y apenas los abrió para visualizar a un gigante tan parecido a Gratíon que parecía que fuese su gemelo, entonces comprendió que Gratión no estaba destruyendo los edificios descuidadamente, si no con el objetivo de crear un escondite de polvo para su hermano gemelo, aquel que fuese la antítesis del dios del sol, Apolo, el gigante Efialtes.
-¡Aplástale hermano! – Ínsito Gratión, Shaina se apoyo con sus manos en los dedos del gigante y convoco su cosmos, dispuesta a destrozar la mano de Efialtes.
-A mi no, maldita. – Efialtes apretó aún más a la rubia y la lanzo brutalmente contra el suelo, Shaina golpeo de lleno este, produciendo un boquete y sintiendo como todo su cuerpo crujía ante el impacto, tosió un par de veces sangre y apenas trato de recobrarse cuando ambos gigantes alzaron el puño y golpearon donde se encontraba. Un ataque como aquel, con la fuerza que poseían ambos gigantes y su descomunal tamaño hubiese acabado con la vida de la cobra, si no fuese porque…
-¿Estas más delgada Shaina? – Capella de Auriga la llevaba en sus brazos y había evitado que ambos gigantes la alcanzasen a golpear. - ¿Acaso querías enfrentarlos tu sola, mi agresiva amiga? – Capella la deposito con cuidado en el suelo y se planto orgulloso frente a los dos gigantes.
-¿Qué haces aquí? – Shaina miro asombrada al pelinaranja, quien movía ágilmente sus discos con su dedo índice.
-No podíamos dejarte luchar sola, Shaina. – Algol de Perseo brinco hasta ellos, colocándose a un lado de la amazona. – También nosotros como santos de plata debemos unirnos.
-Y es obvio que tu ya no estás sola. – Asterion de perros de caza se coloco a su lado y extendió su mano hacia la rubia quien los miraba con cierta emoción bajo su máscara, después de todo jamás creyó quien acudiera en su ayuda serian sus propios compañeros a quienes por mucho tiempo había hecho menos y repudiado.
-Asterion, Algol, Capella. – Les nombro, tomo la mano del primero de ellos y se incorporo, agradecida a Athena por darles una nueva oportunidad al trió, por darle a ella también una nueva oportunidad.
-Ellos no deben tardar en llegar. – Susurro Asterion, observando a sus espaldas.
-¿Ellos? – Shaina volvió su vista en la misma dirección de Asterion y pronto sintió el cosmos de Geki de osa mayor y Nachi de Lobo.
-La orden dorada no fue la única que se cerró a los demás después de todo. – Capella observo como los dos gigantes frente a ellos se ponían hombro a hombro, carraspeo un poco para llamar la atención de sus compañeros de plata y los recién llegados, caballeros de bronce que se sorprendieron de ver a dos gigantes en lugar de uno frente a ellos.
-Entonces amigos míos. – Shaina avanzo decidida hasta situarse a lado del pelinaranja e hizo que varios rayos de energía se entrelazaran entre sus dedos, al tiempo que mostraba sus garras electrificadas a los gigantes. - ¡Por Athena! – Shaina y los demás se lanzaron ferozmente a la batalla en el nombre de su diosa y todo aquello que protegía.
…
La hermosa y gigantesca anemone nemorosa sangrienta invocada por Rea lucia espectacular, sus grandes pétalos conjuntos en su centro de color negro, arrojaban una espora dorada que se esparcía en derredor de ella como una aura, sus enormes espinas derramaban veneno como si se tratase del manjar de una deliciosa fruta, aunque sus puntas puntiagudas daban el aspecto de filosas lanzas. De repente varios pétalos negros produjeron un suave movimiento y comenzaron a descender, al tiempo que el polen dorado iba expandiéndose aun mas en derredor suyo, toda la vegetación que se encontraba en el castillo, incluso las flores y rosas creadas por Persefone comenzaron a marchitarse lentamente y en el suelo donde estaban plantadas, se humedeció con el veneno transformando la tierra fértil en ceniza.
-¿Qué es eso? – Persefone se detuvo unos segundos a contemplar la destrucción causada por la apertura parcial de aquella rosa.
-Esa flor va a destruir todo en tres etapas. – Menciono Demeter extendiendo una raíz marchita para que tomase la muñeca de Pandora y de esta forma frenar su avance directo hacia las fauces de la planta. – La primera aniquila cualquier vegetación que se encuentre. La segunda asesinara a todo animal y la tercera y última fase; es aquella en donde se anula cualquier cosmos y forma de vida, sea un humano o hasta un dios.
-¿Y los titanes? – Persefone se agacho a tiempo para evitar una dentellada del enorme perro de dos cabezas.
-Debería ocurrir lo mismo con ellos, pero estoy segura que Rea detendrá su crecimiento antes de que alcance un nivel que también les afecte a ellos. – Demeter genero una enorme raíz que le cerró la boca a una de las cabezas de Cerbero.
-Cerbero. – Le llamo angustiada Persefone, después de todo ella consideraba que la relación entre ella y el perro mítico siempre había sido buena en el inframundo, ya que ambos compartían aquel lugar como una prisión, el perro porque había sido regalado a Hades y encadenado a las puertas del inframundo y ella porque se había visto obligada a consumir el fruto maldito del averno para poder permanecer al lado de su amado.
-¡Demonios! – Pandora pataleo su pierna con todo y la gran raíz que salía del capullo y le halaba hacia él, se afianzo más al agarre de la planta controlada por el cosmos de Demeter y que había detenido progresivamente su avance, pero la Anemona reacciono como si tuviera consciencia de que se le privaba de su alimento, escupió una de sus espinas que fue a cortar de un tajo la raíz.
-¡Pandora! – Persefone lanzo un destello gigantesco de su cosmos y golpeo con este a Ortro, dio un salto y se cayó de bruces al suelo sujetando la mano de Pandora que estaba a escasos 4 metros de ser succionada por la gigantesca planta, que continua jalándola.
La pelirroja genero de su mano una enorme liana que iniciaba en una gigantesca espina que lanzo contra los muros del castillo a los cuales se aferro para detenerse. Ambos perros se lanzaron furiosos, pero Demeter genero de su cosmos varias raíces y guías que ataron al suelo a ambos canes que gruñían embravecidos.
La planta incremento aun más la fuerza con la que jalaba a Pandora, saboreándose el olor de sangre fresca humana, así que lanzo un poco más de su polen, el cual debilito la raíz creada por Persefone que se rompio, entonces la deidad se aferro con sus propias manos al suelo, deteniendo momentáneamente el avance.
-Tiene que soltarme. – Pandora alzo su rostro hacia la pelirroja, que negó.
-No voy a hacerlo. –
-¿Por qué? – Pandora miro a la pelirroja, aquella que era un dios, la reina del inframundo y consorte del dios Hades, con las ropas revueltas, la cara manchada, los finos cabellos escarlatas revueltos y afianzándose al suelo para salvarla, cualquier dios notaria que Persefone se había rebajado, incluso Demeter parecía reprobar el grado de sacrificio que su hija hacia por una humana, no entendía de donde provenía aquella convicción ni que ganaba con salvar a Pandora, después de todo si esta era tragada con la planta ellas podrían refugiarse en el Olimpo, Elíseos o en el inframundo para salvarse.
-Ya te lo dije, tonta. – Persefone la tomo con más fuerza por la muñeca y le sonrió cálidamente. – Porque somos amigas.
Si Athena, Artemisa, su gemelo o incluso Ares observase en ese momento a Persefone, una diosa que se arriesgaba por salvar a una humana, a pesar de no ser una deidad guerrera, sabrían que esa flor que se había marchitado en el inframundo, volvía a florecer, regresando a su antigua yo. – No te voy a dejar.
-Mi reina… -
Justo en ese momento la flor negra frente a ellos, comenzó a abrir sus segundos pétalos que liberaron una mayor cantidad de polen brillante, que se expandió de forma de una onda circular a todo alrededor de pronto los graznidos y el canto de los pajares que se escuchaba en la lejanía ceso, el ladrido de los perros del pueblo vecino al castillo callaron y cualquier animal en su cercanía murió.
La anemona mostro entonces que los últimos pétalos que permanecían en su interior eran de un color rojo sangre, como aquella rosa llamada la sangre del rey. Sus espinas comenzaron a moverse apuntando hacia el cielo, para que su caída angulada golpeara directamente el cuerpo de Persefone. Demeter lo entendió al instante y apenas iba a reaccionar cuando Ortro se libero por completo de sus ataduras y se lanzo furioso a la deidad, a la cual alcanzo a golpear con sus garras y aprisiono con una de sus patas mientras volteaba en dirección a Persefone.
-¡Madre! –
-¡Mi reina, de verdad le agradezco esta consideración pero tiene que soltarme! – Pandora soltó a Persefone, pero esta no lo hizo. – Esas espinas impedirán que se escape, tiene que irse, ahora.
-Debemos tener confianza en aquellos que conocemos. – Persefone elevo su cosmos escarlata y cubrió cálidamente a Pandora con él, sanando alguna de sus heridas.
-Pero si ese capullo abre sus pétalos finales usted será aniquilada. – Advirtió Pandora, pero Persefone no retrocedió.
-Confía. – La reina del inframundo observo como Ortro se dirigía a ella, así que lanzo su cosmos por el suelo, el cual rompió las ataduras de Cerbero. Pandora observo aterrada aquella acción llena de "demasiada confianza" pues Cerbero ahora era su enemigo, el haberlo tratado con amabilidad en el inframundo no había dejado de convertir al inframundo en su prisión y ni el hecho de que ambos perros fuesen hermanos. Lo miro sacudir la cabeza y abrir las fauces de sus tres cabezas mientras se ponía de pie.
Tal y como esperaba Persefone, Cerbero mordió a su hermano y le empujo al grado que ambos perros se encarnizaron en una pelea de feroces mordidas de las cuales comenzó a brotar grandes cantidades de sangre. Si bien Cerbero poseía tres cabezas, Ortro tenía una fuerza descomunal, la cual fue produciendo que Cerbero retrocediera, de pronto el suelo donde ambos perros peleaban se fragmento y rompió, arrastrando a ambos al vacio.
-¡Cerbero! – Pandora y Persefone, miraron como el perro desaparecía de su vista, pero ni siquiera pudieron lamentarlo, cuando la planta libero aquellas espinas que sobrevolaron el aire en dirección a la reina del inframundo.
-¡Gran Precaución! – Una inmensa luz violácea se propago como una enorme columna en el aire disolviendo por completo todas las espinas que iban hacia Persefone. El británico golpeo con su puño rodeado de su propio cosmos la raíz que sujetaba a Pandora y la despedazo.
-Ra..da…manthys. – Pandora abrió los ojos sorprendida y miro al espectro erguirse dándoles la espalda y pararse frente a la planta.
-Pandora, lleva a la señora Persefone lejos de aquí, yo me encargare de esto. – Vocifero demandante el rubio, pero pronto los ojos tanto de la deidad como de Pandora observaron las múltiples heridas del juez, las cuales habían sido producidas por el dios Ikelos.
-No. – Persefone miro la preocupación que nublo la ilusión que se había dibujado por segundos en el rostro de Pandora y se visualizo a ella misma hacia siglos, cuando ella se enamoro de Hades y el destino cruel confabulaba para separarlos, lo mismo ocurría con Radamanthys y Pandora y ella no iba a permitir que por ordenes de Hades ambos amantes se separaran. – Te ordeno Radamanthys de Wyvern que saques a Pandora de aquí y…
-Se irán los tres. – Le interrumpió su madre, Persefone miro como Demeter tenía una larga rajada en el hombro que se extendía hasta su cuello producto de las garras de Ortro, se preocupo por ella y quiso acercársele pero esta negó profusamente. – Tienen que irse los tres, la anemona ya comenzó con su tercera fase y si no te vas lograran sellarte.
-¡No! – La pelirroja quiso acercarse hasta su madre pero Radamanthys la contuvo con fuerza por la muñeca. - ¡Suéltame! – Chillo, sus ojos se llenaron de lágrimas y trato de zafarse inútilmente del espectro, puesto que no quería lastimarle. - ¡No madre, esta vez déjame quedarme contigo, quiero estar a tu lado! – Suplico.
En ese instante la anemona lanzo un ligero hilo dorado al cielo, que se fue expandiendo a medida que sus pétalos también se abrían, Demeter creó una impresionante liana dorada que amarro los pétalos de la rosa por la punta y detuvo momentáneamente que esta se abriera, pero el hilo dorado seguía lanzando su polen al cielo, de modo que poco a poco el cosmos de Demeter se iría extinguiendo y la flor lograría abrirse en plenitud.
-Hoy me has enseñado tanto, querida hija mía. – Demeter suavizo sus facciones y miro con una sonrisa a Persefone, quien comenzó a llorar. – Ahora entiendo porque te dejaste raptar por Hades y el porqué permaneciste tanto tiempo a su lado. Juez del inframundo. – Dijo dirigiéndose al británico.- Ahora te pido que cumplas con tu promesa hecha a tu dios y te lleves a Persefone de aquí. Adiós, mi bien amada hija.
Radamanthys asintió con decisión, extendió la mano izquierda hacia Pandora y luego afianzo aun más el agarre sobre la deidad y se lanzo con ellas al vacio, extendió las alas del Wyvern de su sapuri, las cuales le ayudaron a planear hasta que descendió en el suelo, muy lejos del castillo, en sus montañas colindantes desde donde se detuvo.
Persefone sintió como el espectro libero su mano, así que volvió su vista hacia el castillo, donde aquel rayo dorado iba expandiéndose a medida que el cosmos de su madre decrecía hasta que este llego a su fin, entonces cayó de rodillas y comenzó a sollozar con una tristeza impresionante, los humanos y hasta los mismos dioses se creían los seres más altivos y fuertes del universo, pero muy pocos realmente comprendían el dolor que ella había experimentado con su divinidad, la cual ella siempre consideraría, su peor maldición.
…
Athena detuvo la espada que se dirigía hacia el cuello de Shiryu con Nike y lanzo una terrible descarga de su cosmos al titán, el cual salió expedido hacia atrás con brutalidad. Saori se agacho al lado del dragón para tratar de sanar en lo posible su brazo derecho, mientras Shun, Hyoga e Ikki se colocaban frente a ella y el titán, el cual comenzaba a levantarse riéndose.
-Esa descarga de energía ha sido… - Saori y sus santos abrieron impresionados los ojos al mostrarse el verdadero titán que se escondía bajo el rostro de Cronos. – Cortante.
-Críos. – Espeto Athena sorprendida.
-Me has descubierto. – Refuto inocentemente extendiendo los brazos hacia los lados y mirándola divertido.
-¡No te acerques! – Amenazo Shun desplegando sus cadenas en perfectas circunferencias alrededor de sus compañeros y la deidad, las cuales comenzaron a sacudirse al sentir el cosmos amenazante del titán.
-Más fierro oxidado. – Críos corrió directamente hacia Shun, provocando que las cadenas se alzaran de golpe contra él, pero el oji rojo las partió con facilidad con su espada, lanzando trozos de cadenas a todos lados y acercándose cada vez más a Shun.
-¡Polvo de diamantes! – Hyoga lanzo un puñetazo, el cual congelo los átomos a su alrededor y desplego una columna impresionante de hielo, que al acercarse a Críos tan solo se transformo en un chorro de agua, el cual lanzo el mismo titán a presión contra Shun e Hyoga, derribándolos.
-¡Qué barbaridad! – Rio alegremente Críos arrastrando su pesada espada para producir una mayor tensión en los caballeros a medida que se acercaba a ellos. - ¡Estos son tus santos divinos, esta es tu esperanza Athena! – Críos miro con cuidado a Ikki que era el único de los santos de bronce que se encontraba de pie.
-¡Llamas del fénix! – Ikki extendió su palma derecha delante de él y en dirección a Críos, liberando una ola de fuego gigantesca en forma de un fénix volador que fue tras el titán.
-Definitivamente tus santos de oro son más divertidos. – Críos vaporizo toda la ola de fuego, la cual se hizo una densa neblina, entonces la aprovecho para situarse a escasos metros de Ikki y atravesarlo con su espada, pero cuando iba a hacer esto un haz verde brillo entre la niebla, repeliendo su espada. – Creí haberte dicho que tu espada estaba rota.
-Excalibur nunca se reblandecerá mientras un enemigo trate de atacar a mi diosa. – Críos sonrió al ver el destello de una armadura dorada al lado de Athena.
-Llegan justo a tiempo. – Espeto el patriarca mientras observaba de reojo a Aioros, Saga, Camus y Shura.
-Así que al fin me toman enserio. – Críos puso su espada sobre su hombro y clavo sus ojos color sangre sobre su nuevo adversario, aquella espada llamada Excalibur entregada por Athena a los caballeros de capricornio desde la era mitológica. –Vamos, pueden venir todos juntos.
-Creímos sentir el cosmos de Cronos. – Saga analizo rápidamente al titán frente a él con cautela.
-Los titanes nos han engañado.- Saori se coloco al lado de sus caballeros dorados y miro insistentemente, al patriarca el cual parecía estar analizando toda la situación del santuario.
Y es que la diosa no estaba muy lejos de lo que estaba pensando el patriarca, los titanes había demostrado una habilidad sin igual respecto a estrategia, les había tomado desprevenidos, anteponiéndose a su propia estrategia y solo se mostraron cuando Cronos encontró a Seiya. De esta forma habían causado una completa destrucción en todo el santuario y engañado a los santos de Oro, pues la mayoría se encontraba frente a otros adversarios y no contra aquellos que debían pelear según lo acordado en la última asamblea dorada, como en el caso de Aioros, Milo, Dokho, Aioria, Mascara de la muerte, Saga y Kanon. Así que tenía que analizar rápido la solución, si bien no podía restablecer los padrones de combate debía reorganizarlo para que la situación fuese similar.
-Santos de oro. – Les llamo a todos vía cosmos. – Mu, necesito que vayas a donde esta Hyperion, Aldebarán un gigante está demasiado cerca al refugio, Saga necesito que vayas a teletransportar las urnas que posee Afrodita a Star Hill a donde yo me dirigiré con Athena, Shaka ve a con Milo y Aioria, Aioros dirígete hacia donde esta Cronos y ayuda a Seiya y Camus nos acompañaran a Star hill, Shura te encargaras de Críos junto a los santos de bronce. – El patriarca elevo su cosmos dorado mientras se colocaba al lado de Athena y Camus, varios haces de luz celeste les rodearon hasta que se formo una esfera de la misma tonalidad y desaparecieron.
Reaparecieron en uno de los balcones de Star Hill, desde el cual podía contemplarse toda la destrucción del santuario, las columnas de humo que se elevaban en torres hasta el cielo, lleno de nubarrones grises, las enormes llamaradas de fuego provenientes de todo los puntos del santuario, las edificaciones destruidas y las explosiones de cosmos que se vislumbraban en toda su amplitud, Saori acaricio el barandal de mármol donde estaba y suspiro con pesadez, infundiendo con su cosmos el de sus caballeros para darles ánimos desde la lejanía.
-El santuario. – Llamo con melancolía, giro su rostro para encontrarse con las mismas faces de preocupación del patriarca y la serenidad en la cara de Camus. – Esto es tan diferente a la guerra santa, ellos saben que es lo que vamos a hacer, es como si supieran… todo.
-La conexión que la flame y Cronos tuvieron, les mostro a ambos visiones del futuro, sin embargo tal vez Cronos pudo ver más que Helena, por su origen divino. – Murmuro quedamente el patriarca.
-¿Cómo romper el camino del destino? – Murmuro para ella misma, pero justo en ese momento un estallido de cosmos se vislumbro en la lejanía. -Shion debemos regresar.
-Así es. – Murmuro quedamente el patriarca. – Pero usted sabe que esta situación nos supera a ambos.
Camus sentía que estaba violando una regla al estar pisando Star Hill después de todo, ese lugar únicamente era para el patriarca y la diosa y sin importar que estos le trajeran tenia esa ligera sensación, sin embargo se limito a permanecer lo más cercano al balcón desde donde podía apreciar y sentir el cosmos de sus compañeros en batalla, sin embargo escuchaba indiferente la conversación de sus dos acompañantes, pero cuando escucho la última frase del antiguo lemuriano, supo el verdadero motivo de acudir a Star Hill.
-Tienes razón Shion, si quiero ayudar a mis caballeros debo volver a mi ser mitológico. – Saori giro su rostro hacia el templo tras ella con resignación, ciertamente uno de los motivos por los que ella no volvía a reencarnar por completo, era el temor a ella misma. – Se que no te agrada la idea Camus, dudo que alguno le agrade, puedo sentir la turbación de tu cosmos pero es mi obligación salvar la tierra, de otra forma nadie podrá detener el poder de Cronos. Incluso puedo sentir que a ti tampoco te agrada ¿No es así Shion?
-Así es. – El patriarca la miro paternalmente y coloco su mano sobre el de su diosa. – No me gusta la idea y sabe muy bien que no le sugeriría hacerlo en situaciones normales, pero es por ello mismo que debo ir en contra de mi deseo, tal vez así logremos desviar el turbio destino y ser nosotros quien podamos anteponernos a los planes de los titanes.
-Athena… - Camus iba a protestar por primera vez contra su diosa, tal y como lo haría Milo o Aioria, pero luego volvió su vista hacia el santuario, percibiendo como los cosmos de sus compañeros eran sacudidos y por ello fue que guardo silencio.
-Gracias. – Saori agacho su rostro humildemente y entro a sus propios aposentos, mientras el patriarca y Camus le aguardaban afuera. – Seiya, caballeros espérenme, pronto estaré con ustedes.
…
Shaka se levanto de su habitual posición flor de loto y camino lentamente hasta la parte trasera de la casa de Virgo, recargo su palma en una de las pilastras de su templo y percibió como el cosmos de Athena y el patriarca desaparecían del templo principal, sabía que la reacción del resto de los caballeros y de aquellos con quien el gran patriarca no se hubiera comunicado, estarían en crisis pensando en que Athena acababa de abandonarlos, ya que el cosmos de la diosa, el del patriarca ni el de cualquier otro, que se encontrase en Star Hill podría ser detectado en esa montaña. Athena estaba segura de los titanes en ese lugar, además de que ese era el sitio correcto en el que la diosa podría invocar a su esencia divina por completo.
-La premonición de Helena ha iniciado a cumplirse… - Shaka giro su rostro sobre su hombro ya que permanecía con los ojos cerrados, acumulando su cosmos en su interior, pero algo acababa de llamar su atención, era como si hubiese sentido una vibración de todo su ser alertándolo de un peligro inminente y como si este estuviera tras él.
El caballero de Virgo se dio la vuelta hacia el interior de su propia casa y percibió como la paz y tranquilidad que habitualmente podía percibir en el sexto templo estaba teñida de una profunda oscuridad, como si algo se escondiera en las fauces de la casa de Virgo, al grado que aquel templo parecía rechazar su presencia.
-¿Qué está ocurriendo? ¿No será que…? – Shaka se introdujo lentamente con precaución pues cada paso que daba hacia el interior era como si estuviese descendiendo a lo más profundo del infierno. El pasillo principal llevaba una corriente de aire helado, tan gélido como si estuviera en la casa de acuario, así que se introdujo en este escuchando simplemente el replique metálico de su armadura dorada hasta que llego a la sala de meditación donde segundos antes estaba, miro el pequeño altar donde solía estar sentado, pero lo que llamo su atención fue las puertas entreabiertas que conducían al jardín de los sales gemelos y de donde parecía provenir aquella corriente de aire y energía negativa que había estado percibiendo. Camino lentamente con precaución hacia este, empujo la puerta con su mano y contemplo el hermoso jardín lleno de pétalos y hermosas flores esparcidas por todos lados, en medio de este jardín se encontraba los dos grandes árboles, llamados los sales gemelos, a los pies de este se encontraba un vórtice negro, del cual salían expedidos rayos y fuego de vez en cuando que era consumida por aquella oscuridad, siendo una mancha dentro del esplendor del jardín, representando tal vez la maldad que existe dentro de cada ser humano a pesar de que en su alrededor se encuentre belleza, en el interior de cada hombre hay una mancha maligna que ruge por liberarse.
-El sello se ha roto. – Shaka dio el primer paso dentro del jardín de los sales gemelos y supo que no podría ayudar a Milo y Aioria contra Koios, pues algo mucho más maligno estaba por surgir desde ese portal. – Puedo sentir vuestro cosmos y sé que has roto el sello de Athena desde el interior del tártaro. – Hablo a la nada.
-¿Me puedes percibir? – Contesto una voz grave desde el vórtice, mientras cientos de rayos y fuego salían expedidos de forma descontrolada, destruyendo el jardín. - ¿Así que la hija de Zeus cree que puede ordenar quien entra y sale de este lugar? - Shaka no respondió a las preguntas dirigidas por aquel ser, si no que espero a que este se mostrara.
-Nosotros. – Replico la misma voz. – Somos fieles sirvientes de nuestro señor Tártaro, vigilamos sus puertas, sus prisiones y sus leyes, castigando a aquellos que van contra ellas.
-¿Ustedes? – Shaka se acerco aun más al vórtice y comprobó como varios pares de ojos blancos, dorados y escarlatas le miraban desde el interior.
-Somos sus guardianes, conocidos como los demonios del zodiaco. – Shaka comprendió entonces porque la casa de Virgo reaccionaba de aquella forma, cada signo del zodiaco poseía luz y oscuridad por igual, bondad y maldad, y así como se aplicaba a todo en la vida, los signos del zodiaco no eran la excepción. – Soy el demonio de Virgo.
El vórtice emitió una luz blanca, tan incandescente que le molesto incluso a Shaka a pesar de tener los ojos cerrados, la cual fue levemente disminuyendo, sin embargo el hindú pudo notar por su cosmos como una sombra se visualizaba entre aquella incandescente luz.
-Me llamo Asura. –El demonio era del tamaño de Aldebarán pero considerablemente delgado, portaba el cuerpo de una mujer, la cual no llevaba ropa, pero sus caracteres sexuales no eran tan marcados, llevaba una areola blanca por encima de su cabeza, sus cabellos rizados eran largos y níveos, sus ojos estaba rasgados y se asomaban unos pequeños ojos negros, su nariz estaba aplanada y sus pómulos eran sumamente pronunciados, tenía dos alas formadas por huesos revestidos de largas plumas, sus manos tenían enormes garras y sus pies eran de caballo, de la misma tonalidad que todo su cuerpo.
Aquel ser podría haber pasado como un ángel pero el hecho de que Shaka lo viera salir de lo más profundo del tártaro indicaba que no era así, además el nombre de Asura, en la religión budista era el nombre que se le otorgaban a los demonios y deidades sedientas de poder y en constante guerra, consideradas desde siempre como almas pecaminosas y entregadas a la oscuridad.
-Te he vigilado, Shaka de Virgo. – Menciono saliendo del vórtice, pero apenas y golpeo su pesuña el suelo del jardín, todos los pétalos se extinguieron, en ese instante el caballero de Virgo pudo confirmar el abismal cosmos del demonio. – Desde el día en que con ayuda de tu diosa creaste este vórtice a mi mundo y como reprimenda por su osadía, mi señor quiere que os arrastre hasta su presencia.
-¿Y los titanes? –
-Después de recluir a Athena y tu alma, mis hermanos y yo arrastraremos a nuestros prisioneros al interior de sus celdas y una vez ahí, saldremos por este vórtice para tomar el control de este mundo lleno de pecados e injusticias, para erigir un mundo lleno de orden y leyes inquebrantables. – Shaka observo a Asura ampliar una sonrisa que mostro cientos de dientes afilados, apuñados uno de tras de otro.
-Como el caballero de Virgo, me es imposible permitirte salir de este jardín y como el hombre más cercano a dios, me es incompresible entender como seres tan malignos como ustedes, llaman a este mundo pecador y pretenden erigir orden. – El hindú supo que Asura e incluso Tártaro podrían ser una nueva amenaza para el santuario, el cual no resistiría en esos momentos una guerra por dos frentes y menos contra aquellas energías cósmicas, así que era su obligación detenerlo y evitar que el resto de demonios y el mismo Tártaro salieran.
Shaka se teletransporto en medio de los sales gemelos y se coloco en su posición de loto, hizo varios signos de mantras con sus manos y luego la coloco palma con palma, generando una proyección del universo entre ellas, entonces flexiono ligeramente los dedos de su mano derecha e introdujo la misma en su palma izquierda, de donde saco el rosario de las 108 cuentas, el cual estaba ennegrecido en 107 de sus cuentas, la ultima, la 108 pertenecía al espectro de Wyvern el cual aun continuaba con vida.
-Es de admirar tu sabiduría. – Inicio Asura. – Tratas de usar el rosario de las 108 cuentas para regresarme al tártaro, aquel rosario que representa las 108 pruebas que Buda tuvo que superar para alcanzar el nirvana y que asemejan las 108 debilidades y errores humanos.
-No te equivocas. – Shaka respiro profundamente y comenzó a mencionar varios chakras y mantras en su mente para elevar su cosmos. – Ciertamente este rosario posee la capacidad de regresarte al Tártaro e impedir a tu señor o tus compañeros su liberación, ya que posee el cosmos de mis predecesores e incluso la sangre de la misma Athena.
-¿Y crees caballero que alguien con tan poco poder pueda cumplir un milagro? – Asura dio dos fuertes golpes en la tierra y comenzó a elevar su cosmos que le rodeaba con un aura blanca, fingiendo la pureza y bondad del que aquella criatura era carente.
-Solo la inconsciencia del peligro puede llevarte a desafiarme. – Shaka enrollo el rosario de las 108 cuentas en su mano izquierda y observo a su adversario. – La verdad del universo es que no hay nada seguro, no hay bondad perfecta, ni maldad perfecta, todo se debe a un balance entre ambas fuerzas y a la inconsistencia de predominar una sobre la otra.
-Ambos sabemos que tu ere quien ha estado sintiéndose amenazado ¿No es así, caballero? – Asura extendió su brazo hacia el frente de él, en dirección a donde se encontraba Shaka y de este comenzó a brotar un largo y extendido hueso aperlado con numerosas espículas, como si fueran espinas. – Pues bien, yo soy tu amenaza.
…
Continuara…
Comentarios:
MarianaMa: Aun no mato a nadie, he sido niña buena, pero no garantizo nada en el siguiente capítulo. Creo que no habrá rencuentro como leíste en este capítulo al fin la berserkers que controla a Aldana ha matado a Scatha.
Beaty-amazon: Ahora si tenemos que pedir a dios por nuestros santitos. Espero que tu confianza no se acabe con la muerte de Scatha. Milo ay pobrecito de él en el siguiente capítulo le van a mostrar que es un titán, pero no solo a él.
Artemiss90: Espero que tus nervios se controlen un poco jajaja, porque vienen cosas intensas. Realmente el panorama no pinta nada bien, los titanes tenían más aliados de los que mostraban y van a ser uso de ellos, para golpear en lo más profundo al santuario.
Ángel de acuario: Espero que la tardanza no haya sido mucha y que disfrutes de este capítulo.
Rosehikari1: Muchas gracias, de verdad gracias compañero, pues hemos recorrido esta historia juntas, si ha sido un gran esfuerzo escribir esta historia ya que no puedo dedicarle el tiempo suficiente realmente, ya son tres años realmente que mi loca mente ha estado soltando disparates. Me hicieron reír tus preguntas, no sé cómo voy a sacar a Seiya de ahí pero sé que no será fácil y si Athena mitológica aparecerá, capaz y es costeñita jajajaja no te creas ya la verás.
Atte: ddmanzanita.
