Lamento el retraso, pero estoy en una de las preparaciones más grande de mi vida, así que puede que me tarde un poco más en escribir esta historia. Espero no decepcionarlos.
Capitulo 46 Desfalleciendo por ti.
-¡Cuidado! – Su alerta llego a tiempo a los caballeros de bronce y plata que luchaban junto con él, logrando esquivar por algunos segundos el inmenso puño del gigante frente a ellos.
-Gracias Aldebarán, de no habernos advertido seguramente nos abría golpeado. – Dio de Mosca se limpio con el dorso de su mano la comisura del labio de donde provenía un pequeño hilillo de sangre.
-Nuestro trabajo era detenerle hasta que tú llegases. – Menciono Sirius de Can Mayor el cual se encontraba en una piedra a la cual había alcanzado a brincar.
-Aldebarán. – Algethi de Heracles miro de reojo al caballero de oro que se encontraba a su lado y sonrió de medio lado. – Es un honor poder pelear a tu lado.
-El placer es mío. Siéndoles sinceros, siempre quise pelear al lado de los santos de plata. – Aldebarán tomo su casco entre sus manos, aquel que tenía un cuerno roto a causa del ataque de Seiya, para recordar que la fuerza y el cosmos podían brotar de cualquier ser humano y elevarse a cantidades insospechadas; lo observo por unos segundos y después se lo puso.
El gigante frente a ellos, no era otro que Encélado, aquel que broto de la sangre de Urano cuando fue atacado por Cronos y que había sido criado por Gea para vengar a sus hermanos; los titanes, después de que estos perdieran en la titanomaquia. Pero Encélado era diferente a los otros 11 gigantes, su temperamento a diferencia de sus hermanos no era agresivo, si no fría y calculadora, analizaba a los caballeros frente a él antes de atacarlos, como si tan solo los estuviese midiendo.
-¿Un caballero de oro? – Encélado agudizo su mirada sobre Aldebarán y sonrió. – Por tu armadura distingo que tu constelación protectora es Tauro ¿No es así? –
-Así es. – Afirmo Aldebarán acercándose a paso tranquilo hacia el gigante a pesar de las advertencias de Ban de León menor, que veía como la distancia entre el dorado y el gigante se reducía cada vez más. – Y tú debes ser Encélado, si no me equivoco aquel que fue creado para ser la antítesis de mi diosa, Athena.
-Estas en lo correcto, caballero. – El gigante permaneció inmóvil a pesar de ver que el santo se dirigía hacia él.
-Bien. – Aldebarán se detuvo a los pies de este, se cruzo de brazos y alzo su mirada para que sus ojos hicieran contacto con los del enorme ser. – Es mi obligación decirte que te encuentras en los territorios de la diosa Athena, sin su autorización y con intenciones hostiles, de ser ese el caso, seré yo Aldebarán de tauro, guardián de la segunda casa del zodiaco quien te detendrá.
-Ambos podemos intentarlo. – Encélado empuño su mano y golpeo brutalmente el suelo donde Aldebarán se encontraba.
-¡Aldebarán! – Ban de León menor observo como el lugar donde antiguamente estaba el santo de oro colapsaba ante la fuerza y la presión del golpe, produciendo un enorme boquete.
-No se preocupen. – Aldebarán tenía sus dos brazos extendidos por delante de él, con los que había logrado detener el puño del gigante, sin dificultades a pesar que el suelo bajo sus pies se había resquebrajado ante la presión.
-Tu fuerza es impresionante Aldebarán. – Festejo Dio.
-Físicamente es el santo más poderoso entre los 12 caballeros dorados. – Intervino Algethi impresionado.
-En ese caso tal vez, seas un digno rival para mí. – Encélado se irguió de nueva cuenta y observo en derredor suyo. – Pero debes tener en cuenta caballero, que yo a diferencia de mis hermanos poseo una inteligencia sin límites, ya que debía ser tan sabio y estratégico como la misma Athena.
-Eso ya lo veremos. –Menciono Sirius.
-¿No me crees? ¿Acaso me consideras un ignorante? – El gigante se rodeo de una gigantesca aura rojiza y sonrió macabramente. - ¿Por qué crees que no he atacado inútilmente las edificaciones a mi alrededor?
-¿Por qué? – Dio se acerco cuidadosamente al gigante para entrar en el área de combate.
-Porque tanto ustedes como yo sabemos que los habitantes del santuario y su periferia han sido evacuados por Athena y se encuentran bajo el subsuelo. – Encélado sonrió al ver la cara de sorpresa que se dibujo en los rostros de Ban y Dio y luego apunto con su dedo índice a una colina que se encontraba a espaldas del santo de oro, a la lejanía. – Mis hermanos se encuentran dispersos por todo el santuario y nadie ha dado con el paradero de ese lugar, por lo que supongo que se encuentra tras de ti.
-Creo que ya te lo dije. – Aldebarán le resto importancia a la aseveración del gigante a pesar de que este había atinado perfectamente a la entrada al refugio, donde todos los aldeanos, doncellas, niños y aprendices se encontraban resguardados. – Este es el santuario de Athena y tú no eres bien recibido aquí, así que no darás un paso más. – Aldebarán elevo su cosmos, el cual le recubrió como una bruma espesa a su alrededor.
-Si tu diosa no me intimida, tu menos. – Encélado piso el suelo con brutalidad el cual produjo una onda expansiva por debajo del subsuelo, resquebrajando la tierra, Aldebarán rodeo su mano con su cosmos y golpeo el suelo produciendo la misma fuerza de choque que el gigante, deteniendo la destrucción producida por este. Aldebarán sonrió triunfante y volvió a colocarse en su posición habitual, cruzo los brazos sobre su pecho, apretando su musculatura la cual se delineo perfectamente y se irguió imponentemente.
-Le has detenido sin esfuerzo. – Menciono asombrado Dio, recordando el magnánimo esfuerzo que fue para Capella, Ptolemy y para él detener a Mimas.
-Tu fuerza es impresionante, Aldebarán. – Elogio Sirius haciendo una leve inclinación al santo dorado quien la correspondió con el mismo gesto, pero sin despejar su mirada severa del gigante que mantenía una sonrisa retorcida en el rostro.
-Eres el único con quien me he enfrentado que ha superado mi fuerza. – Reconoció Algethi.
-No debemos… -
-Caballero de tauro, yo también fui orgulloso en otro tiempo, creía que los dioses no podrían derrotarme nunca. – Enceládo era un gigante de aproximadamente nueve metros de alto y a pesar de ser la antítesis de Athena, su inteligencia era muy superior a los de su clase. Su cuerpo tenía un aspecto humanoide, su piel era bronceada como si el gigante hubiese estado expuesto al sol por largos periodos de tiempo, su cabello estaba acomodado en rastras largas, entretejidas entre ellas y sus ojos eran de color blanco, como si estuvieran vacios. – Entonces me lanzaron encima una montaña, a la que posteriormente ustedes llamarían el monte Etna y me aplastaron contra el suelo, donde estuve atrapado una eternidad, semiinconsciente y adolorido, haciendo que la tierra temblara y sangrara lava ante mi dolor. – Encelado se agacho tomando con sus enormes manos un enorme montículo de piedras, el cual arranco del suelo. – Eso me enseño a tener paciencia. Me enseño a no actuar temerariamente. Ahora he regresado después haber sufrido durante siglos el pecado de mi derrota y con el único objetivo de destruir lo más preciado para Athena.
-No te lo permitiremos. – Ban de León estallo su cosmos en un aura anaranjada que le rodeo, empuño su mano derecha, concentrando su cosmos en ese lugar y se lanzo con gran violencia contra el montículo de piedra que le lanzo el gigante, propinándole un poderoso golpe con su puño que termino por desbaratar toda la roca, dejando una estela de humo como una explosión. – Bombardeo de león menor.
Enceládo sonrió al ver a Ban sumamente cerca de él y antes de que el caballero tocara el suelo, le atrapo en el aire, sin embargo le soltó de golpe al recibir un golpe propinado con Sirius, quien había encendido su cosmos al máximo, concentrándolo de forma muy similar a la de Ban en su puño y se había lanzado contra el gigante a penas y comprendió las intenciones de este, su casco emitió un brillo de color azul y su cuerpo se rodeo de un aura de energía celeste, como si fuera un cometa, el gigante soltó a Ban y lanzo un chorro de sangre al desbaratársele por la fuerza del golpe el dedo índice y medio.
-Tan solo sois unos idiotas. – Enceládo elevo un extraña aura opalescente que rodio su mano la cual destello por unos segundos de un haz dorado y que sano la herida causada por Sirius, regenerando por completo los dos dedos que había perdido.
-¡No puede ser! – Refuto incrédulo Dio, el ritmo con el que el gigante había sanado sus heridas eran descomunalmente rápido, tanto como si fuera un dios. Ahora entendía que aun cuando los gigantes no poseyeran un cosmos tan colosal como el de los dioses o los titanes, no dejaban de ser seres mitológicos que iban más allá de lo que pensaban los humanos.
-Ahora mismo es mejor que corran. – Enceládo apareció una lanza en su mano derecha, la cual balanceo directamente hacia Algethi que extendió sus dos brazos frente a él para frenarlo, sus manos recibieron de lleno a esta, sin embargo la fuerza con la que le golpeo fue tal que lo hizo retroceder varios metros. Entonces el gigante elevo su lanza aun con Algethi sobre ella y la lanzo a lo lejos. El terrible ser se giro y pateo un montículo de piedras las cuales llovieron despiadadamente sobre Sirius y Ban.
-¡Dio cuidado! – El caballero mexicano observo como el puño del gigante iba directamente hacia él, Aldebarán se interpuso para detenerlo como la primera vez, sin embargo cuando la fuerza del gigante choco contra la suya, Aldebarán sintió como sus huesos chasquearon ante el terrible impacto y le lanzaron contra Dio, derribando a ambos caballeros contra el suelo, arrastrandose varios metros.
-Ya es momento de que os demuestre mi verdadera fuerza. – Encedalo extendió su mano hacia el frente y su lanza que se encontraba a varios metros de él, se levanto y sobrevoló hasta su palma, la tomo velozmente y hundió con esta el cuerpo de Aldebarán en el suelo, arrojando cientos de piedras y montículos de tierra a medida que ejercía mas presión sobre el cuerpo del caballero dorado.
-¡Aldebarán! – Algethi se incorporo y brinco hacia el rostro del gigante. Empuño su mano derecha con la finalidad de golpear al gigante que alcanzo a percibirlo de reojo, entonces giro su rostro hacia el caballero y expulso un aliento de fuego de color purpura, como si fuese un dragón.
Sirius observo como Algethi falló en su contraataque y brinco al lado de su compañero para evitar que las llamaradas lograsen quemarlo, sin embargo fue en vano, utilizo su mano izquierda para aprensar a Sirius a medidas que las llamas cubrían por completo a Algethi, que no pudo esquivarlas por encontrarse en el aire.
-Maldición. – Ban empujo una piedra que estaba sobre él y miro que la situación de sus compañeros no era nada favorecedora, pero ¿Qué podía hacer él? Un simple caballero de bronce, si santos más fuertes como Aldebarán o Algethi no habían logrado contrarrestar la fuerza del gigante. ¿Acaso nadie podría detenerlo? Bajo lentamente la vista al suelo, sintiendo como una terrible impotencia y desesperación se apoderaba de él. Ahora entendía el porque los únicos santos de bronce que había logrado sobresalir eran Seiya y los otros, él simplemente se había estancado en ser un santo de bronce y jamás se preocupo por ir mas allá, siempre dejando que Seiya y los demás fueran al frente. Él no podía hacer nada.
…
Seiya estaba severamente lastimado, como nunca antes lo había estado y en menos tiempo de lo que alguien había logrado. Su cuerpo estaba tendido en el suelo, rodeado por un charco de su propia sangre y su mente se encontraba destrozada, el dolor que se albergaba en su cuerpo y el escarmiento que estaba pasando su alma lo hacían hundirse en la terrible oscuridad de Cronos, teniendo pequeños espacios de claridez y fue en uno de esos momentos cuando percibió como una llamarada azul que se a conglomeraba como un orbe celeste apareció frente a sus ojos, como si tratara de darle cierta calma.
-Aborrezco a los entrometidos. – Cronos miro como su mano era rodeada por una llamarada azul, la cual apago con su cosmos.
-A mi me fascina inmiscuirme en problemas. – No había duda, Seiya sintió el cosmos de aquel santo, pero él… de todos él.
-¿Un santo de oro? – Cronos miro divertido al santo de oro que se encontraba frente a él, tan imponente, orgulloso y valiente, con la misma gallardía que Dokho y Aioria poseían, que sería todo un placer el doblegarle.
-Sí, prácticamente he sido la niñera de este mocoso. – El santo de oro extendió una mano frente a él y en esta apareció una llamarada celeste que se reflejo en los ojos del santo, que sonrió divertido. – Pero es claro que debo agradecerte, el que por fin hallas aparecido. Así tendré que dejar de perseguir a este niño por todo el santuario y me encargare de ti, personalmente.
-Es irónico como sueñan con vencerme, si ni quieras han sido capaces de percibirme. – Cronos se aproximo al santo dorado que se había colocado entre Seiya y él. – Pero no voy a permitirte que te lleves a mi señuelo.
-Tienes razón, pero tu tampoco me has percibido a mi. – Touche diría el buen Camus.
-Es…pe…ra Mas…ca…ra – Seiya trato de incorporarse para advertir al santo de cáncer, pero su cuerpo no le respondió, ni siquiera fue capaz de despegar su rostro del suelo, así que alzo su mirada para ver al rostro al santo de cáncer, que le miraba atentamente por el rabillo del ojo y con una sonrisa confiada. –Su cosmos…es colosal…es tan gigantesco…
-Es raro que alguien como tú me diga eso, Seiya. – Mascara de la muerte ya sabía la colosal diferencia entre el cosmos de Cronos y el de él mismo. No por algo el titán había logrado vencer a Shion, Dokho y Aioria sin complicaciones. Sabía que no estaba frente a cualquier enemigo, sin embargo se había visto presionado a intervenir para evitar que el titán asesinase a Pegaso. – Después de todo, tú nunca pensaste eso.
-"Mascara" – Empuño la mano al sentir una nueva descarga de dolor, como si una flama estuviese quemando su corazón y su alma, a medida que el cosmos de Cronos incrementaba el dolor en su interior era igual, era como si lo estuvieran despedazando desde su interior. Sintió un terrible pesar al ser incapaz de incorporarse y dejar a Mascara de la muerte luchar una pelea que no le correspondía, después de todo seguramente Shion o Athena le habían pedido al santo de cáncer que lo estuviese vigilando al saber que Cronos iría tras él y lo puso justamente a él porque no levantaría ninguna sospecha, su relación con el guardián de cáncer era casi nula, a diferencia de la que guardaba con Mu, Aldebarán, Saga, Aioria, Aioros y Dokho, además de que Mascara de la muerte era justamente uno de los santos más hábiles para moverse por el santuario sin ser detectado, después de todo había aniquilado y asesinado a cientos de personas dentro del santuario, sin que nadie lo supiera.
Cronos se teletransporto frente a Mascara de la muerte y le soltó un puñetazo en el pecho, pero la imagen del santo se distorsiono mostrando que este también se había teletransportado a la misma velocidad con la que el titán se había aproximado a él. Mascara de la muerte se apareció tras Cronos y trato de golpearlo, pero el titán detuvo su puño e intercambio varios golpes con el santo de oro que se las arreglaba difícilmente para mantenerlo a raya.
Mascara concentro su energía cósmica en una de sus manos, la cual se ilumino de un aura dorada y creó un disco aureo, el cual lanzo en forma de bola de luz hacia Cronos, quien la contrarresto con una esfera oscura. La detonación que ocurrió entre ambas energías lanzo bruscamente a Mascara hacia atrás, el cual logro frenar su avance al colocar una mano sobre el suelo y hacer presión con sus dedos. A penas y recupero un poco el equilibrio se lanzo hacia el titán el cual le arrojo un centenar de esferas de cosmos.
-Nebulosa Praesepe. – El santo de cáncer unió sus manos por encima de su cabeza, juntando las palmas y abrió un portal negro a sus espaldas, el cual fue absorbiendo todo lo que Cronos le lanzo, incluso las piedras, la vegetación y las construcciones que se encontraban a su alrededor, como si se tratase de la otra dimensión de Saga y Kanon utilizaban, pero a diferencia de las técnicas de sus compañeros esta, podía enviar al enemigo al otro mundo, sin necesidad de llegar al interior del monte Yomotsu. Fue entonces que Mascara alargo sus manos hacia el frente, dirigiendo el terrible agujero negro hacia Cronos, con la esperanza de que se lo tragase.
Cronos bufo claramente molesto, estresado de que los malditos humanos se interpusieran en sus planes como antiguamente lo hicieron los dioses, de que se le subestimara y a la vez se osara alzar la mano contra él. Estallo su cosmos que se desplego como una ola negra que se dirigió en todas direcciones, engullendo en su interior la técnica del caballero dorado.
Mascara de la muerte, esquivo el ser tocado por el cosmos de Cronos, sin embargo a penas apoyo el pie en el suelo, el titán se movió más rápido que la velocidad de la luz, quedando justo frente a él y le propino un puñetazo en el abdomen que hizo a Mascara de la muerte doblarse por el dolor y le hizo escupir sangre, se llevo instintivamente la mano al abdomen y respiro grandes bocanadas de aire.
Cronos creó una lanza de metal con su cosmos la cual dejo caer bruscamente sobre el cuello de Mascara de la muerte, pero esta no logro golpearlo, si no que salió repelida contra un puñado de rocas en la cual se clavo, Cronos miro asombrado al caballero dorado que comenzó a incorporarse lentamente y reconoció que Athena había forjado realmente seres humanos con habilidades excepcionales.
-Telequinesis y teletransportacion. – Murmuro quedamente Cronos, mientras extendía una mano hacia Seiya y la otra hacia Mascara de la muerte y generaba dos lanzas del mismo metal, con la intención de lanzarle una a cada uno de ellos. – Entonces dime que tan cierto es que quieres salvar a Pegaso. – Cronos libero ambas lanzas, pero arrojo ha una velocidad mayor la que se dirigía hacia Seiya.
-Maldición. – Mascara de la muerte produjo un leve destello dorado en su mirada y la lanza que se dirigía hacia Seiya salió desviada hacia unas piedras detrás del santo de bronce, sin embargo pronto sintió como su pecho fue perforado por la otra, la sangre comenzó a manar de su pecho y le hizo inclinarse ligeramente hacia el frente.
-Ahora que estas así, escúchame atentamente. – Cronos se acerco a Mascara de la muerte y tomo el cabo de la lanza, mientras lo retorcía en el interior del santo. – Ni tú, ni ningún humano van a impedir que yo termine con Athena. – Cronos rodeo su mano de un destello rojizo el cual comenzó a calentar la lanza y esta a quemar los tejidos del caballero dorado.
Mascara de la muerte se desplomo en el suelo agotado, no por la lucha contra Cronos, si no por todo lo que había tenido que pasar desde que decidió ir por el camino del bien, le habían dado más golpizas en esa vida que en todas las anteriores y siempre sin tener un adecuado descanso para sanar sus heridas, pero si había algo que había aprendido era a sobreponerse a la situación, no importaba el daño en su cuerpo, ni quien fuese su oponente.
-"Se suponía que debía esperar a Aioros, pero vaya que ha tardado." – Mascara de la muerte se impulso hacia atrás, lográndose liberar de la lanza y por su herida apenas y salieron unas gotitas de sangre, puesto que su carne había sido quemada desde el interior. – "Lo siento, patriarca por arruinar su estupendo plan, pero no puedo permitir que el mocoso de Pegaso muera, ni tampoco deseo esperar a Aioros."
-"Mascara debes…" – Shion inicio pero el santo de cáncer acallo rápidamente al patriarca en su mente y se enfoco en su pelea, aquella en la que iba a dar todo de sí mismo.
-"Perdóneme patriarca por no ser tan obediente como Mu". – Mascara de la muerte elevo su cosmos dorado y se irguió ostentosamente de pie, mientras sus ojos reflejaban un ligero brillo celeste y elevaba su mano derecha, alzando su dedo índice por delante, en el cual se formo una esfera azul.
-¿Un ataque de cosmos? – Cronos miro burlonamente al santo dorado ¿Acaso consideraba siquiera que su cosmos sería capaz de desprender su alma de su contenedor? Era imposible que un humano manipulara el alma de un titán. – Sera inútil.
Mascara de la muerte lo ignoro olímpicamente, concentro su cosmos en la punta de su dedo índice de su mano derecha, del cual comenzó a brotar un aura blanca celeste y a continuación envió un aluvión de energía espectral, que se deslizo en forma de un espiral y empezó a expandirse alrededor suyo.
-¿Crees que no se los limites de mi poder? – Mascara de la muerte comenzó a hacer crecer su cosmos a un nivel al cual nunca antes había ascendido, pues ahora no solo planeaba enviar un alma al monte Yomotsu, si no también su cuerpo. – Lo se también, que incluso el conocer mi debilidad me ha permitido ver a través de la tuya. ¡Ondas del infierno! –
El espiral de ondas del infierno creció ostentosamente cubriendo todo a su alrededor, pero enrollándose alrededor del cuerpo y alma de Seiya, fue en ese instante que Cronos lo comprendió, pero fue muy tarde.
-Nunca tuve la intención de mandarte a ti al Yomotsu Hirasaka, después de todo es un lugar únicamente para humanos. – Detrás de Mascara de la muerte apareció la nebulosa de praesepe y su técnica envió en cuerpo y alma al caballero de Pegaso, por primera vez. – Te lo dije desde un principio, mi única misión es cuidar de Seiya.
-Me sorprende tu habilidad. – Cronos sonrió forzadamente tratando de contener la furia que se generaba en su interior, al verse burlado por el santo de oro de aquella forma. – Percibiste que mi cosmos estaba dañando directamente el alma de Pegaso y es por ello que lo has alejado de aquí.
-Mi especialidad es manejar las almas y supe desde que vi los golpes de Seiya, que estabas reprimiendo su alma con los ataques que le habías propinado, los cuales estaban directamente unidos a tu cosmos, así que cada vez que elevases tu cosmos, el alma de Seiya sufriría un mayor daño, así que al enviarlo a Yomotsu, no solo garantizo que no lo lastimes más, si no que al cruzar una barrera que pertenece a Hades y Athena tu técnica ha sido abolida en absoluto. – Mascara de la muerte sonrió orgulloso de si mismo e incendio un fuego fatuo en su mano.
-Ya que has estado espiando al caballero de Pegaso, debiste escuchar cuando le dije que el único motivo por el cual le quería vivo, era por la relación especial que existe entre él y Athena ¿No es así? – Cronos creó una esfera negra en su palma, en la cual podría vislumbrarse el mismo universo. Mascara de la muerte pudo sentir el aura amenazadora del titán que comenzaba a incrementarse. – Pegaso era solo mi señuelo para que Athena viniera a ayudarlo, , pero a ti no tengo por qué mantenerte con vida. – Sentencio.
Cronos libero el haz negro que mantenía en su mano, el cual a medida que iba acercándose a Mascara de la muerte formo una cuchilla negra, el santo brinco hacia atrás logrando esquivarla, pero pronto a esa siguieron más de una docena de esas cuchillas, intercaladas de vez en cuando con alguna lanza metálica que también sobrevolaba hacia el santo. Mascara de la muerte les esquivo olímpicamente utilizando al máximo la velocidad de la luz, incluso de vez en cuando tenía que aumentar el ritmo con el que se desplazaba para esquivarlas o teletransportarse para evitar ser golpeado por alguna de ellas.
Se resguardo tras un muro de piedras, el cual se destruyo al ser partido a la mitad por una cuchilla, Mascara se lanzo a un lado para esquivarlas y se detuvo momentáneamente al ver que el ritmo de ataques de Cronos se había detenido, estaba respirando agitadamente y miraba de soslayo constantemente para averiguar de dónde provendría el próximo ataque ya que aunque el aparentara no tener problemas, Cronos lo estaba llevando más allá de su límite.
-Supongo que cuando te mate, el alma y cuerpo de Pegaso retornaran a este mismo lugar. – Cronos se rodeo de una densa bruma negra y sus ojos escarlatas resplandecieron con malicia, como si fuese sangre la que les coloreara.
-¡Sepultura de almas! – Mascara de la muerte ilumino todo el valle de centenares de almas celestes, abrió los dedos de su mano derecha como si esta les produjera una leve caricia a aquellas almas errantes y cuando estas a penas rozaron su mano, cerro su mano y las utilizo como pólvora para producir una gran explosión que se acompaño del fuego fatuo del inframundo, las cuales dirigió hacia Cronos, lanzadas como si de una especie de rayo luminoso se tratase.
Todo el lugar resplandeció de un aura celeste, iluminando todo su alrededor por la magnánima explosión de cosmos de Mascara de la muerte, que sin duda alguna había invocado una gran cantidad de almas mucho más allá de lo que comúnmente lo hacía, lo cual demostraba el fruto de los últimos entrenamientos del santo de cáncer con el patriarca.
-Las llamas del inframundo. – Cronos miro asombrado el dominio de cosmos del santo de cáncer, pero sonrió divertido al saber que ni una técnica como aquella lograría golpearlo. – No son nada en comparación a las llamas de la oscuridad. – La luz celeste producido por las llamas azules de Mascara fueron rápidamente invadidas por una terrible llama de color negro que comenzó a engullir el fuego fatuo de Mascara, quien retrocedió, sin embargo las llamas negras de Cronos formaron esferas negras que se dirigieron a él.
-Maldición. – Mascara cayó al suelo cuando una de esas flamas lo golpeo en el hombro izquierdo, quemando su piel, con tal intensidad que comenzó a sangrar, incluso se tuvo que arrancar la hombrera izquierda de la armadura de cáncer, pues se calentó tanto que le quemo.
Cronos se teletransporto frente a Mascara y elevo su cosmos produciendo que una energía cósmica apareciera tras él, de la cual se proyectaron cuatro brazos negros en suspensión a su alrededor, que frenaron las descargas de cosmos del italiano y pronto lo apresaron de sus cuatro extremidades impidiéndole moverse.
-Te tengo. – Cronos creó una lanza con la cual atravesó el abdomen de Mascara de la muerte que estaba tendido sobre el piso, se inclino hacia el frente al sentir el duro metal, destrozando su interior. Los brazos extras de Cronos lo acercaron más al titán que sonrió al ver como de los labios del italiano caía un hilillo de sangre. – Parece que te he dado en algún órgano vital.
Mascara de la muerte se maldijo a sí mismo, al darse cuenta que acababa de desperdiciar todo el tiempo que el patriarca había invertido en él, después de todo no sería capaz de realizar la técnica que le había enseñado, ahora ni siquiera tenía el cosmos suficiente para hacerlo, ni creía que Cronos fuera a dejarle vivir para ello.
Y justo estaba pensando en eso, cuando la mano izquierda del titán le atravesó el pecho, Mascara de la muerte se retorció ante el dolor, la mano de Cronos quemada en su interior como si le hubiesen metido un hierro hirviendo y no solo eso, el titán estaba desgarrando su piel, sus músculos y sus órganos internos con su propia mano y cada vez que se internaba más en él, la sonrisa del titán se ampliaba aún más.
-Parece que el cosmos de Athena te ha abandonado, a ti y a todo este santuario. – Mascara de la muerte percibió que las palabras de Cronos eran ciertas, el cosmos de Athena había abandonado el santuario y no podía percibirlo. Agacho el rostro, ocultando su mirada bajo su flequillo, tan vacía en ese momento. – Ella es una diosa después de todo, es lógico que quiera huir.
Cronos observo como el liquido escarlata proveniente de la boca de cáncer aumentaba al grado que comenzó a gotear de su barbilla y manchar su armadura como si fueran gotas de pintura, incluso el boquete que su mano izquierda había producido en el pecho del cuarto guardián, sangraba abundantemente, deslizándose por todo su brazo, pero pronto Cronos miro consternado al santo al ver como su sonrisa aparecía en sus labios.
-Athena te va a partir la madre. – Mascara de la muerte exploto su cosmos dorado, que destruyo los cuatro brazos de cosmos del titán, empuño su mano y golpeo la mejilla izquierda de este, haciéndolo retroceder y retirar la mano de su pecho. - ¡Llamas azules demoniacas! –
Cientos de fuegos fatuos azules y blancos del Yomotsu Hirasaka aparecieron en torno a él y el titán al cual rodearon. Cronos sonrió al ver que se trataban de las mismas llamas azules de un rato, aquellas que no producían calor, así que supo en ese instante que la técnica del caballero de cáncer volvería a ser inefectiva contra él.
-No eres el único que puede quemar las almas directamente. – Mascara de la muerte sonrió retorcidamente y sus ojos mostraron al asesino sádico que solía ser, chasqueo los dedos de su mano derecha y todas aquellas almas, se agolparon contra el titán, sin generar calor, pero empezaron a quemar su alma sorprendiendo enormemente al pelinegro, que retrocedió sorprendido. – Los fuegos fatuos no dan calor, pero si incineran las almas, hasta las de un dios.
-¡Maldito humano! –
-¡Y aún no han empezado a arder! – Mascara de la muerte exploto su cosmos junto con el fuego fatuo que comenzó a quemar el alma de Cronos que retrocedió herido, trato de apagarla con su cosmos sin embargo le fue inefectivo, de seguir así este santo sería capaz de destruirlo. – Nadie puede escapar del poder del fuego fatuo, ya sea mortal o inmortal.
-¡Estúpido humano! – Cronos hizo retumbar los cielos y pronto una lluvia de color negra comenzó a caer sobre todo el santuario, los fuegos fatuos comenzaron a apagarse lentamente con ese liquido azabache y cuando la ultima flama se apago, aquellas gotas de agua se transformaron en agujas largas que penetraron el cuerpo de Mascara de la muerte, que cayó de rodillas al sentir un dolor inconmensurable, incluso tal vez el dolor producido por esas espinas fuese más intenso que el causado por la aguja escarlata de Milo.
La armadura de cáncer fue perforada sin piedad por aquellas agujas y su cuerpo comenzó a ser atravesado por aquella lluvia, al grande que se incrustaron en su piel produciendo graves hemorragias, Mascara de la muerte comenzó a sentirse sumamente débil, como si estuviera perdiendo su cosmos y su vida de por medio. Se apoyo sobre sus manos, las cuales temblaban ante el terrible dolor y su vista comenzó a nublarse, incluso el aura de cosmos dorado comenzó a titilar amenazando con apagarse.
-"¿Acaso este es mi limite? Mi cuerpo no responde y mi cosmos comienza a extinguirse." – Cronos pateo el rostro de Mascara tumbándolo contra el suelo y puso su pie contra el cuello del caballero el cual comenzó a aplastar.
La lluvia seguía encajándose en el cuerpo del cuarto caballero como si fueran espinas y sin embargo para Cronos era refrescante, como si el agua simplemente lavara sus heridas, su cabello negro se pego a su rostro dándole un aspecto más severo y sus ojos escarlatas parecían arder llenos de rabia y odio, pero sádicamente se dibujaba una sonrisa en su rostro al poder asesinar a aquel santo.
-¡Trueno relámpago! –
…
Se recargo pesadamente contra un árbol y respiro profundamente, sabía que el haber engañado a la reina de los titanes había sido pura suerte y que no tardaría ella misma en encontrarlo. Cerró los ojos y expandió sus sentidos tratando de escuchar si lo seguían y que tan cerca estaban de él, sin embargo solo percibió un terrible silencio, pero entre aquel mutismo pudo distinguir el cosmos de Saga que se aproximaba hasta el bosque ateniense y tardaría aun unos minutos en llegar.
-Debo mantener a salvo ambas urnas. – Escucho un ligero crujido a su izquierda por lo que se trepo al árbol que le servía de escondite, para tener una mejor visión a su alrededor y agradeció infinitamente a Athena el haberlo hecho pues vislumbro varias de las cabezas de Ladón, que se alzaban entre los arboles buscándolo. – Si les ataco desde esta posición revelare mi ubicación, pero de lo contrario continuaran avanzando hasta el sanatorio en mi búsqueda, lo que pondría en riesgo a las únicas personas que están aun fuera del refugio. Ya que… - Suspiro pesadamente, acomodo ambas urnas entre las ramas de aquel árbol, garantizando que estas no se observaran a simple vista y se propulso con sus piernas entre las copas de los arboles en un sigilo impresionante pues Ladón no lo percibió.
-Está cerca. – Escucho decir a la Esfinge. – Huelo su sangre en el aire.
-Demonios, mi herida. – Afrodita se llevo la mano a la herida que tenía en el abdomen y sus dedos se impregnaron de su propia sangre, trato de acumular parte de su cosmos para sanar en lo posible la perforación en su estomago que la rama de Rea había producido.
-Está demasiado cerca. – La esfinge deslizo su hermoso cuerpo de mujer de un lado a otro, tratando de percibir de donde provenía exactamente el aroma del caballero de las rosas.
-¿Dónde demonios esta Rea? – Afrodita disminuyo su cosmos al mínimo, sin embargo rebusco entre las cercanías la inmensa energía de la titanide, pero no pudo percibirla.
-Aún continuas subestimándome, santo. – Escucho a la titanide, la cual se materializo en la copa del árbol en frente de él. – Ladón, Esfinge; el santo se encuentra justo sobre ustedes. – Ambas bestias alzaron sus rostros molestas. La esfinge abrió sus fauces y lanzo un terrible rayo de energía que destruyo por completo el árbol donde se encontraba, Afrodita brinco de este justo a tiempo pero aun en el aire las 100 cabezas de Ladón le lanzaron dentelladas, que el repelió en la mayoría de los casos con puñetazos o patadas cargadas de su propio cosmos, sin embargo una gruesa raíz se ato a su pierna y lo hizo descender brutalmente contra el suelo, estrellándolo.
El cuerpo de Afrodita se contorneo ante el golpe y todavía fue arrastrado por varios metros por aquella raíz que le había apresado por el tobillo y solo esta se detuvo cuando lo dejo a los pies de la titanide que lo veía sumamente divertida.
-Aún eres hermoso, a pesar de la tierra y la sangre en tu cuerpo. – Rio.
-Realmente me estás haciendo enfadar. – Rompió la raíz con una descarga de su cosmos que se proyecto como si fuese una espina dorada y se levanto sumamente molesto.
-Esfinge. - La hermosa mujer abrió su boca y de esta se proyecto un rayo de luz que atravesó el pecho de Afrodita, pero de pronto la imagen del cuerpo del santo de Piscis se transformo únicamente en un puñado de pétalos rojos.
-Es patético que continúes cayendo en la misma técnica. – Afrodita comenzó a rodarse de su cosmos dorado, el cual fue expidiendo pequeñas descargas de energía a su alrededor que crearon un hermoso jardín de rosas rojas que despedían un hermoso aroma que sobrevolaba por debajo de las copas de los arboles. – Estas hermosas rosas rojas son tóxicas, el dulce aroma que desprenden de ellas mismas, puede dormir a cualquier bestia, de tratar de arrancarlas sus pétalos y espinas poseen un veneno letal. Así que, ya sea que te quedes parada junto a tus bestias o trates de defenderte, el resultado será el mismo. – Afrodita se deleito al ver la frustración en el rostro de la reina de los titanes y en sus dos bestias.
Rea expreso una sonrisa forzada y subió al lomo de la esfinge, quien desplego sus dos gigantescas alas de águila de color marrón y las sacudió con fuerza elevándose en los aires y abandonando a Ladón en el suelo, la cual siseo enfurecida, mientras el veneno comenzaba a hacer flaquear algunas de sus cabezas las cuales azotaban estrepitosamente contra el suelo.
-¡Esfinge destruye ese jardín! – La media mujer abrió sus fauces de nueva cuenta y dejo caer un temible rayo por todas las rosas, las cuales eran despedazadas por aquella energía, además la esfinge sobrevoló más bajo y sacudió poderosamente sus alas, arrancando las rosas de raíz, ante la potencio de cada aleteo de semejante ser colosal.
-Saga ¿En dónde demonios estas? – Regaño desesperado al gemelo mayor.
-Ya casi llego. – Fue la respuesta del mayor.
-¿Eso es todo lo que tienes, santo? – Rea ato de nueva cuenta ambos pies del sueco al suelo y lo embistió por completo con Esfinge. Afrodita recibió el golpe de lleno e incluso sintió como una de sus piernas crujió como si acabase de fracturársele, seguido de aquello pudo sentir una descarga de dolor cuando las garras de una de las patas de esfinge se clavaron en su pecho.
-¡Explosión de galaxias! – Rea brinco a tiempo al sentir tan masiva concentración de cosmos, sin embargo la Esfinge le fue imposible huir de aquella enorme galaxia en la que se vio envuelta, rodeada de miles de estrellas y planetas de diversos colores y tamaños que fueron atraídos hacia ella, los cuales iniciaron con una impresionante combustión nuclear que hizo una explosión de proporciones cósmicas que desbarato por completo a la Esfinge.
-¡No! – Rea se apoyo sobre una de las cabezas de Ladón y observo cómo era destruido por completo el cuerpo de la esfinge.
-¿Estás bien? – Saga extendió su mano hacia Afrodita que tomo su característico semblante orgulloso y asintió. - ¿Por qué no has ido enserio contra ella?
-Porque no quiero que nadie se encuentre cerca de mí, cuando ello ocurra. – Afrodita apunto a uno de los arboles que estaba tras él, indicándole a Saga en donde se encontraban las dos urnas. – Llévaselas a Athena, yo me encargare del resto.
-Entiendo. – Saga le dio la espalda a su compañero.
-Saga. – Afrodita apareció un rosa roja en su mano, cerró los ojos lentamente y se llevo dicha rosa para aspirar su dulce y letal aroma. – Lo siento mucho. – Saga se giro sorprendido de escuchar aquello y miro asombrado al santo de Piscis que giro su rostro sobre su hombro y le sonrió. – Se que no te lo había dicho, pero lamento haber dejado que Ares te manipulara por tanto tiempo, de haber sabido que era él y no tu, yo… -
-Lo entiendo. – Saga correspondió momentáneamente a la sonrisa del 12vo guardián y luego volvió su vista hacia el frente. - Creías que era yo quien conducía el santuario.
-Es que realmente pienso que tú serias mejor patriarca que Aioros, así que siempre ha sido un honor seguirte. – Afrodita no espero la contestación de su igual y corrió directamente a Ladón desplegando por completo su cosmos. Saga se quedo unos segundos más viendo al sueco enfrentar libremente de cargas físicas y emocionales a Rea y se dio cuenta de lo mucho que había cambiado el 12vo. Guardián desde que habían vuelto a la vida. Afrodita jamás había perdido su fuerza, ni letalidad, se había perdido a sí mismo, durante mucho tiempo y le alegraba que tanto Mascara, Afrodita y él hubiesen recorrido un camino lleno de clavos y dolor, pero que al final los tres hubiesen regresado al lado de Athena.
…
-¡Plasma relámpago! – Aioria concentro su cosmos en su puño derecho con el cual golpeo a la velocidad de la luz, generando una multitud de rayos de energía dorada, con cientos de golpes que se entrecruzaron dejando un rastro de luz, que ilumino toda aquella oscuridad con una una red de líneas luminosas.
-¡Iluminación negra! – Koios creó orbes negras de energía que generaron cientos de rayos negros que se esparcieron en varias direcciones.
Los rayos de color dorado se intercambiaron como si fuera fuego cruzado con los negros del titán, sin embargo el plasma relámpago de Aioria se movía a la velocidad de la luz y la de Koios se propagaba más rapido que esta, por lo que la luz dorada pronto fue oscureciéndose a medida que los rayos avanzaron a una mayor velocidad.
Uno de los rayos alcanzo a Moses perforando su pecho sin piedad y explotando en su interior. Milo vio horrorizado como del pecho de caballero de plata salió un gigantesco chorro de sangre que salpico su armadura y el suelo a sus pies. Sin embargo no pudo dar ni un paso hacia el santo de plata, cuando un rayo le golpeo a él y Aioria al mismo tiempo, lanzándolos contra el suelo y produciendo el mismo efecto que en el caballero de plata.
Babel se quedo estupefacto mirando a Koios, no podía creer la cantidad de cosmos que albergaba aquel individuo, ni la facilidad con la que lo usaba, miro de reojo los cuerpos inertes de Moses y Jamian que estaban inconscientes a causa de las graves heridas que tenían y que amenazaban sus vidas, incluso los dos santos dorados habían recibido aquella técnica de lleno, ni siquiera el plasma relámpago de Aioria había sido rival para el titán poseedor del Keraunos.
-¿Es posible que ninguno de nosotros sea rival para él? – Babel observo como Koios genero un rayo en su mano de color negro y comenzó a caminar lentamente hacia él. – A matado casi de un solo ataque a Moses y Jamian. – Babel experimento una terrible impotencia y desolación en ese momento. – Yo no soy rival para él. –
-¡Babel! – Milo se encontraba aun en el suelo, con todo el cuerpo entumido, pero a penas y vio al titán acercarse al único santo de plata que quedaba en pie, trato de incorporarse desesperadamente, aunque su cuerpo no le correspondió. - ¡Babel muévete, maldita sea!
-"Mi cosmos no es nada comparado con el suyo. El cosmos de Koios es tan abrumador" - Babel estaba congelado por completo ante terrible oponente, ellos como santos de plata no podía hacer nada, sus ataques serian inefectivos contra él, incluso Milo y Aioria estaban siendo superados con creces.
-No me interesa matarte. – Koios se detuvo justo al lado del hombro de Babel y le miro con inferioridad de reojo. – No sois una amenaza para mí.
Milo abrió desmesuradamente los ojos al comprender aquello, Koios iba a asesinarlos a ellos dos primeros. Miro como Babel cayó al suelo de rodillas fundido en una terrible desesperación ante la impotencia.
-Milo ¿Estás bien? – Aioria se puso de pie con decisión y miro a su compañero del octavo templo quien asistió decidido. - ¿Cuántas agujas tiene en su cuerpo?
-Tres, Aioria. – Milo se tomo la muñeca derecha con su mano izquierda y miro decidido al león.
-Bien, te creare la ocasión para que puedas realizar tu técnica. – Aioria empuño su mano y varios rayos salieron de su puño. – Y Milo; no importa si tienes que atravesarnos a los dos con tu técnica.
-A…Aioria. – Milo asintió al deseo de su compañero y preparo su ataque.
-Oye Milo. – El escorpión miro al león dorado. – Más te vale tener buena puntería.
-Ya deberías saber que mis ataques son más que precisos. – Milo negó divertidamente y extendió su dedo índice, donde destello su uña escarlata. – Ya verás que mi siguiente aguja te dará por el culo.
-Tu cuida de no despintarte las uñas. – Bromeo, cerró los ojos, mientras su cosmos dorado de incendiaba, creando un halo desde sus pies hasta su cabeza y revoloteando intensamente sus mechones de cabello. - ¡Relámpago de voltaje! – Aioria golpeo el aire en dirección a Koios con su puño, a una velocidad extremadamente rápida, que produjo un chasquido en la atmosfera y creó un vacio, por el cual descargo una esfera cargada de electricidad a través de este, la cual sobrevoló el espacio a la velocidad de la luz, dando de lleno en el titán.
Koios se sorprendió de ver que el santo de leo acababa de emparejársele a una velocidad asombrosa, la esfera de cosmos eléctrico de Aioria la detuvo entre sus manos por unos segundos y la lanzo en dirección contraria a él antes de que explotase.
-¡Aguja escarlata! – Antes de que Koios reparara en Milo, le observo desaparecer de su campo de visión durante unos segundos, seguido de cinco destellos rojos que se encajaron en su cuerpo, Koios sintió un inmenso dolor recorrerle todo el cuerpo y comenzó a sangrar profusamente. Alzo la mirada y vio a Milo respirando agitadamente a sus espalda.
-La aguja escarlata es un ataque misericordioso, permite a aquel que las recibe recapacitar de sus acciones y… -
-Milo; o lo matamos o nos mata. Ahórrate el discurso. – Aioria movió su brazo derecho en círculos tratando de reacomodarlo en su posición.
-¡Déjame inútil! – Gruño enfurecido Milo. Pero pronto el aura bromista de los dos santos de oro se ensombreció.
-Iluminación negra. – Koios genero de nueva cuenta orbes negras, las cuales propagaron varios rayos del mismo color que golpearon inmisericorde todo alrededor de Milo y Aioria en una clara amenaza a ambos santos. Aioria encendió su cosmos dispuesto a atacar fue enconches que Koios dirigió los rayos a voluntad hacia el león dorado el cual fue a impactarse contra un muro, la luz dirigida por Koios cegó momentáneamente a Milo con una intensa luz negra, que el titán aprovecho para lanzar una técnica más peligrosa. – Perforación de Rapier.
Koios creó miles de puños hechos por sus rayos negros que giraron en espiral, rodeando a Milo por completo y moviéndose a una velocidad ultrarapida. Incluso para un caballero dorado como escorpión, le era difícil leer los movimientos de aquel ataque. Koios chasqueo los dedos de su mano y todos los puños simultáneamente atravesaron a Milo que trato de protegerse con su cosmos, pero la técnica la atravesó, logrando perforar el cuerpo de Milo, que cayó al suelo sumido en un reguero de sangre.
-¡Milo! –
-¡Deberías preocuparte por ti mismo! – Aquel hermoso ataque que lo teñía todo por aquella bella energía oscura, sobrevoló de Milo hacia Aioria quien lanzo el plasma relámpago en vano, pues el ataque de Koios genero un ciclón horizontal que disperso la técnica de Aioria para después converger en un solo punto y atravesar el cuerpo del santo, la armadura de leo fue perforada de lado a lado, como si no estuviera ahí, para después hacer lo mismo con Aioria, logrando causarle graves heridas internas.
Babel se quedo estupefacto al ver como primero Milo y luego Aioria eran severamente lastimados por la técnica de Koios, aquel golpe perforaba todo lo que tenía enfrente, ignorando cualquier tipo de defensa y no solamente había dañado el cuerpo de ambos guerreros, si no también el cosmos de los dos, pues estos se sacudieron agresivamente, para después descender.
-Maldición. – Babel empuño su mano ante la impotencia que sentía, Milo y Aioria no se movían ni un centímetro y sus cuerpos estaban completamente bañados en sangre. – Estúpido titán. Puño de fuego. – Babel sabía que estaba cavando su propia tumba, pero tenía que darle tiempo a ambos santos de recuperarse de lo contrario Koios los mataría.
Así que acelero el movimiento de los átomos para generar calor, de esta manera Babel libero llamas, que rodearon sus manos y que al girar estas en círculos crearon un vórtice de fuego que se dirigió al titán.
-Realmente ¿Vas a desafiarme? – Koios dejo caer un rayo desde el cielo, el cual corto la trayectoria del ataque de Babel.
-Si he aprendido algo de mis compañeros, es que jamás debo rendirme. – Babel brinco hacia el cielo y extendió su dedo índice por el cual libero un torbellino de fuego. – Hyoga y los otros siempre se esforzaron, no importaba que el enemigo los superase en número o fuerza.
-Defenderás con tu vida a esos dos caballeros dorados. – Koios esquivo el ataque del caballero de plata.
-Ellos dos serán quienes te derrote, yo solo estoy ganando tiempo. –
-Entonces tu tiempo se ha acabado. – Koios extendió su mano derecha y de la punta de sus dedos salieron varios rayos negros.
-¡Jamás podrás apagar la esperanza en nosotros, los caballeros! – El ataque de Koios fue desviado por el resplandor de una armadura. – La misión de los caballeros de Athena, es impedir que el mal y la oscuridad consuman este preciado mundo. – Un caballero de larga cabellera de color oscuro verdoso el cual le llegaba casi hasta la mitad de la espalda apareció, de ojos verdosos y una tez blanquecina. – Soy el caballero de Altair, ayudante y fiel sirviente del patriarca y de la diosa Athena, mi nombre es…
-Arles. – Corearon Milo y Aioria sorprendidos, mientras se ayudaban mutuamente a levantarse.
…
-Tú eres el que Koios hirió en el brazo ¿No es así? – Críos se puso su espada en el hombro burlonamente y fijo su vista en el hombro derecho de Shura, el cual llevaba vendado, sin embargo por los límites del mismo se observaba la piel amoratada del capricorniano y los restos de sangre. - ¿Así pretendes enfrentarme?
-¿Cómo te encuentras Shiryu? – Shura estaba demasiado serio, no despegaba su vista ni un segundo del titán frente a él, conociendo que Críos era una amenaza y no solo por su cosmos que muy pocas veces había mostrado, si no por la habilidad con la que solía mover la espada.
-Estoy bien, Shura. No te preocupes por mí. – El dragón se incorporo lentamente con la ayuda de Hyoga y miro de reojo su brazo, el cual estaba prácticamente inmovilizado, por lo que únicamente podría pelear con su brazo izquierdo.
-Dos espadas rotas, una defensa inútil y dos ataques de cosmos los cuales puedo bloquear fácilmente. – Críos golpeo pesadamente su espada en el suelo y la encajo. – Claramente me interesa probarlos a ustedes dos, como espadachines, así que primero me desare de los otros.
Críos se aproximo rápidamente hacia Shun quien invoco su cadena nebular, donde su cadena tomo la forma de una espiral horizontal, concentrando su cosmos y balanceando peligrosamente sus cadenas hacia Críos, quien las evito fácilmente al moverse a una velocidad más allá que de la luz. Las cadenas trataron de darle alcance al titán, sin embargo este se las ingenio para evitar ser tocado siquiera por ellas y posicionarse justo en frente del peli verde.
-¡Shun cuidado! – Alerto Shiryu. Ikki trato de aproximarse pero Críos le lanzo la espada al fénix directo al cuello, quien tuvo que detener su avance para impedir ser golpeado por esta, entonces le tomo por el cuello y perforo con su mano el pecho de Shun. Críos sonrió al sentir la sangre del caballero bañarle el brazo y se alejo de él antes de que las cadenas lograran golpearlo.
-¡Shun! – Hyoga se aproximo hasta el peliverde, el cual se desplomo en el suelo.
-El problema de los antiguos dioses con los que pelearon, es que les subestimaron tanto que les permitieron alcanzar un nivel muy similar al de un dios o titán a medida que peleaban, cuando lo más sencillo era eliminarles simplemente al inicio de la pelea. – Críos deslizo su mano izquierda por su brazo derecho que aun derramaba gotas de sangre y genero una esfera de agua con la cual lavo la sangre de su kamui.
-Sh..Shun. – Ikki estaba perplejo, no podía creer que Críos hubiese atacado tan despiadadamente a su hermano, sin que él pudiera hacer nada para evitarlo.
-Es un caballero sumamente poderoso y es por ello que le he eliminado primero. – Críos se deslizo hacia atrás para evitar a Shura que se había lanzado contra él, el titán esquivo los primeros sablazos que le otorgo el español con su brazo izquierdo, pero se vio en la necesidad de llamar a su espada a medida que este incremento la velocidad y la fuerza de sus golpes. – Voy a eliminar a ellos primero y tú no vas a poder hacer nada. – Sentencio.
-¡Estúpido titán! – Shura se hizo a un lado, para dejar a Ikki actuar libremente con su técnica. – ¡Agitación de las alas del fénix! – El peli azul lanzo una de sus técnicas más poderosas y a las que pocos habían sido capaces de sobrevivir a excepción de Shaka y que había sido capaz de dañar el kamui del dios Tanatos. Ikki hizo arder su cosmos que desplego un aura anaranjada y que proyecto a su constelación protectora a su espalda, para empuñar su mano derecha, con la cual golpeo a la distancia en dirección al titán, generando una columna de llamaradas que se desplazo por los aires con la forma de un ave fénix.
-Qué hermoso pollo. – Se burlo Críos, clavo su espada a su lado y puso su mano frente a él, con la palma extendida hacia el impresionante fénix de fuego. - ¡Espada marina! – Críos cerró los ojos tranquilamente y su cosmos exploto a niveles insospechados que sorprendió a todos los presentes, era una energía tan abrumadora e imponente que les impacto. De la palma de Críos broto una gigantesca fila lineal de agua, que salió a presión y partió por la mitad el ave fénix de Ikki logrando apagarla. – Tenéis técnicas impresionantes, sin embargo aún no son rivales para mí.
-¡Ikki! – Hyoga se interpuso entre la espada marina de Críos y su compañero. - ¡Polvo de diamantes! – Hyoga genero una bola de hielo que flotaba en su mano con microcristales de hielo alrededor, la agarro con fuerza hasta lograr romperla y lanzo un puñetazo hacia la espada de agua, que género una impresionante columna de hielo. Shura sonrió al ver como Hyoga había desempeñado el polvo de diamantes, tal y cual Camus lo había hecho en el templo de Virgo.
La inmensa fila de agua se detuvo al comenzarse a detener sus átomos por el descenso tan abrupto de la temperatura, sin embargo a Crios pareció no importarle a pesar de que su técnica estaba completamente frenada, pero pronto el santo de capricornio lo entendió y es que Hyoga había logrado detener la espada en la superficie pero no por el subsuelo.
-Excali… - Críos se teletransporto frente a él y golpeo su espada en media ejecución lanzándolo contra el suelo.
El suelo se partió a los pies de Hyoga e Ikki y golpeo a ambos con una gran presión, que abrió su piel, como si realmente los hubiese golpeado una espada, a Ikki le corto profundamente en el muslo y a Hyoga le golpeo todo el lado izquierdo del cuerpo, lanzándolo brutalmente contra una pilastra.
-¡Hyoga! ¡Ikki! – Shiryu se acerco a sus compañeros y supo que Críos no se andaba con juegos, el iba en serio y planeaba acabar con ellos, lo más rápido posible.
-Estamos bien. – Hyoga se medio incorporo, pero su cuerpo flaqueo ante la profundidad de las cortadas.
-Cronos deseaba que no les matase, pero yo no concuerdo con él. – Críos brinco hacia atrás separando su espada de la de Shura y miro hacia los caballeros de bronce. – Ustedes interfieren en la omnipotencia de un ser supremo y por ende no luchan con honor, por lo que voy a eliminarlos.
-Es…estas e..quivoc..cado. – Shun alzo el rostro del suelo y comenzó a incorporarse lentamente. – Nosotros…peleamos…por lo que…amamos, no importa… nuestras heridas, lucharemos…hasta el final.
-Debí arrancarte el corazón. – Críos espeto con cierto fastidio.
-Ya lo has escuchado. El juramento que hicimos a Athena y a todas las personas, nos impulsara para pelear contra ti. – Shura enderezo su brazo izquierdo el cual destello con su cosmos dorado.
-El dolor corrompe a cualquier ser humano. – Críos chasqueo sus dedos y su cosmos hizo sinergia con el de su hermano Koios. La herida del hombro derecho de Shura se abrió impresionantemente y los vendajes pronto se llenaron de sangre, la cual comenzó a descender por todo el brazo del español, hasta comenzar a gotear por la punta de sus dedos. – Voy a mantenerte sufriendo ese terrible dolor hasta que yo asesine a los santos de bronce.
Shura sintió un terrible corte en el hombro que le hizo doblarse de dolor, era como si numerosas agujas se estuvieran clavando en sus nervios, destrozando sus músculos y articulaciones, incluso los dedos de su mano derecha se tensaban a tal grado a causa del dolor que le estaba provocando Críos que se contraían involuntariamente, su herida había comenzado a sangrar de forma abundante, que incluso el vendaje que llevaba bajo la armadura ya se encontraba completamente empapado, era como si su brazo fuese a ser arrancado.
-¡Vamos hermano! – Shun se despojo de sus cadenas las cuales habían sido imposibilitadas debido a la fuerte ofensiva de Críos que decidió mejor atacar directamente a aquella espada, si lograban romperla el titán estaría en desventaja. - ¡Corriente nebular! – Shun invoco una corriente de aire nebuloso de color rosáceo que invadió todo el campo de batalla, generando potentes torbellinos, semejantes a nebulosas, que rodean y envolvieron en su interior a Críos, generando centros de presión impresionante que inmovilizaron al titán. – Tienes que rendirte Críos o de lo contrario mi técnica te matara.
-¡Agitación de las alas del fénix! – Ikki se unió a su hermano ejecutando en esta ocasión su técnica máxima haciendo arder su cosmos y su vida.
-Son tan despreciables. – Críos cerró los ojos e hizo un mohín de molestia. – Espada estelar. – El titán elevo su energía, percibiéndose esta terriblemente gigantesca y amenazante, superaba más allá el cosmos de los dioses gemelos y el de Hades, incluso rayaba en igualdad a la de su hermano Cronos. Creo una inmensa hoz con su cosmos negro la cual lanzo hacia ambos hermanos cortando las ventiscas de la nebulosa y el inmenso fénix de Ikki por la mitad, se expandió a tal grado que logro golpear a ambos hermanos justo en el centro de sus armaduras, cortándolas de tajo, pero la hoja de la hoz no solo poseía la capacidad de cortar el cuerpo, si no también el cosmos, tal y como Cronos le había mencionado a Seiya y Mascara de la muerte; todos los ataques de los titanes no solo golpeaban el cuerpo de sus adversarios si no también su cosmos y alma.
Ikki y Shun cayeron de rodillas frente al dios, sintiendo como su cuerpo era cortado y como el mismo cosmos del titán se introducía en el suyo, mermándolo, era como cuando Athena infundía calidez y apoyo con su cosmos sobre el de ellos, pero cada vez que recibían un golpe de Críos este era frio y filoso, que llegaba a dañarlos en lo más profundo.
-¡Ejecución aurora! – Hyoga se planto firme sobre el suelo, alzo sus brazos al cielo, con sus manos entrelazadas y les dejo caer verticalmente contra el titán, un chorro de hielo zarco salió expedido de estos, dejando miles de microcristales por doquier y congelando todo a su paso.
-Todos ustedes me han defraudado. – Críos se agacho y coloco su mano sobre el suelo, del cual broto una gigantesca y gruesa ola de agua que se planto firmemente contra la ejecución aurora de Hyoga, el chorro de hielo comenzó a congelarla por completo dividiendo el campo de combate en dos, sin embargo por ningún motivo permitió que aquella ventisca helada llegase hasta donde Críos observaba algo molesto la escena. – Colisión absoluta. – La ola congelada rugió desde su interior, arremolinando las corrientes bajo el hielo y comenzó a fragmentar al mismo. – Ustedes pierden rápidamente el control sobre sus mentes, cuando se enfurecen, eso es algo imperdonable para un guerrero.
La ola se fracturo por completo, dejando escapar por aquella grieta enormes borbollones de agua y hielo, Hyoga se vio sorprendido por estas y fue arrastrado por ellas, hasta el filo del acantilado donde logro sujetarse con fuerza para evitar ser conducido por la corriente hacia el vacio, sin embargo entre aquel torrente de agua, pudo distinguir como el titán había tomado su espada y golpeaba el suelo tajantemente, el suelo produjo un crujido y comenzó a fragmentarse hasta donde Hyoga se encontraba imposibilitado por la corriente.
Hyoga sintió como aquel bloque de suelo del templo ateniense comenzó a cimbrarse ante el inmenso corte del titán y pronto el bloque de suelo al cual se había afianzado para evitar su caída, se desprendió por completo, arrastrándolo entre rocas, tierra, agua y hielo hacia el vacio.
-"Camus va a matarme" – Shura se apretó con mayor fuerza el brazo derecho, sin embargo la herida provocada por el Keraunos se encontraba a flor de piel, como si nunca hubiese cerrado o al menos sanado un poco, la sangre manaba profusamente de ella y esto poco a poco le iba limitando pues ya había perdido grandes cantidades, además del terrible dolor electrificante que le quemaba toda la extremidad, impidiéndole siquiera concentrarse o moverse.
-Yo…yo aún puedo pelear contra ti… Críos. – El joven dragón se levanto tambaleándose del suelo y sujetándose con fuerza la muñeca del brazo derecho. – No importa cuántas veces caigamos… ¡Nosotros, los caballeros de Athena siempre nos levantaremos!
-Te cortare las piernas haber si puedes levantarte. – Se burlo Críos. – Sus espadas están oxidadas, su cosmos no es rival para el mío y sus técnicas nunca me alcanzaran.
-¡Esta espada sagrada ha sido el legado de un fuerte adversario con el que luche en el pasado, alguien que demostró ser fiel a Athena hasta el último momento de su vida y que me demostró que la justicia, el amor y la lealtad son las bases para un santo lleno de rectitud! ¡Mi maestro y ese caballero creían en esto y yo también! -
-Con gusto romperé su tonta espada, Excalibur. –
Shura escucho sorprendido las palabras de Shiryu, no era momento para rendirse aún, Athena le necesitaba y el cómo caballero dorado aún tenía la misión de detener a Críos, aún a costa de su vida, no podía seguir permitiendo que este dañara a los santos divinos. Así que trato de incorporarse pero la herida se profundizo aun más y el dolor le enloqueció, ni siquiera el morir se comparaba con aquel terrible dolor que estaba experimentando, cayó pesadamente de rodillas y se le escapo un gemido de los labios. Era como si cada fibra de su musculo fuese desmenuzado lentamente en fragmentos, como si su piel fuese arrancada en tiras, como si sus nervios se contrajeran a tal grado que se tetanizaban y a la vez estuvieran siendo limados, era un dolor indescriptible y estaba sucumbiendo a él.
-"Athena…" – Pensó en lo catastrófico que le estaba fallando a su diosa, a su propio signo y lo mucho que estaba denigrando a capricornio. Athena le había dado la espada sagrada excalibur para que luchara en su nombre, para que protegiera con su filo sus preceptos y cortara todo tajo de maldad en el mundo, pero tan solo había manchado su mano con sangre inocente, había intentado asesinarla en el pasado y de no haber sido por Aioros…él…él la hubiera matado. En la guerra santa alzo su mano contra sus compañeros; Mu, Aioria, Shaka y Milo y ni una vez contra los enemigos de su diosa. Ahora en esta nueva vida…él era más una carga que un apoyo para sus compañeros, definitivamente Excalibur se había oxidado y roto hacía mucho tiempo atrás, tal vez su filo nunca fue perfecto como había dicho Aioros, ni creído él.
-Excalibur. –Shiryu alzo su brazo derecho a pesar de su herida hacia el cielo, extendiéndolo firmemente, aumento su cosmos considerablemente y hizo un rápido movimiento hacia el frente proyectando un haz aquamarina que partió el subsuelo con brusquedad y todo cuando se encontraba en dirección a Críos.
Shura observo la técnica de Shiryu y vio que la herida previa que había logrado hacer Críos sobre el brazo del caballero de bronce había afectado considerablemente la realización de su técnica y al ser este del signo de Libra y no de capricornio, dicho ataque solo podía efectuarse con el brazo donde él había depositado parte de su alma, por lo que supuso que el titán la frenaría sin problemas.
-"Maldición debo hacer algo" – Soltó su herida y cerró los ojos con fuerza, al tiempo que trataba de volver a ponerse de pie, sin embargo la pérdida de sangre le produjo un fuerte mareo que lo hizo tambalearse e iba a caer de nuevo, cuando unas manos lo detuvieron por el hombro.
-Shura. – Llamo ella con preocupación, mientras miraba consternada la herida del capricorniano.
-Geist. – Llevaba su larga cabellera negra suelta y no portaba su máscara, contradiciendo la regla de la diosa de portarla al menos durante las peleas. –Siempre desobedeces… -Le sonrió.
-No me gusta seguir las reglas y lo sabes. – Ella no le devolvió la sonrisa, muy al contrario mantenía fija su mirada en la terrible herida. - ¿Cómo te sientes?
-Ahora que te veo, mucho mejor. – Bromeo, pero ella le lanzo una mirada severa.
-Debe de dolerte mucho. – Geist puso su mano en el rostro del español y sonrió muy forzadamente, él verlo en aquel estado de nuevo la destruía por dentro, recordándole que aun el español se encontraba entre la vida y la muerte por esa herida y que sin duda era un desventaja enorme para él. – Estoy aquí para ayudarte. – Ella acaricio suavemente el rostro del español y se acerco a él para plantarle un fugaz beso en los labios.
-Geist, deberías estar… -
-Shura, quiero estar a tu lado. Por una vez solo confía en mí. – Geist le miro llena de determinación y supo que nada de lo que le dijera o hiciera iba a hacer cambiar a la amazona de decisión, si algo había aprendido de ella, era lo terca que era, cuando una idea entraba en su cabeza, ni Athena o Zeus la harían cambiar de opinión.
-Está bien. – Cedió.
-Estamos juntos en esto. – Geist apretó delicadamente la herida del español y sincronizo su cosmos con él.
…
El cielo completamente oscurecido por las detonaciones a la lejanía había cubierto con una nube gigantesca el manto estelar, un olor a humo se respiraba por todo el lugar entre mezclado con un sentimiento de angustia debido a aquellas detonaciones de cosmos que iban más allá de lo imaginado, aquel era un panorama apocalíptico. Pero un poco más alejado del templo de Athena y de los doce templos, más allá del coliseo que yacía en escombros y de las barracas se abría el amplio mar de Cabo Sunion que iba en su vaivén continuo de ir y venir, un lugar que inspiraba calma ante aquel turbulento panorama.
Entre uno de los peñascos el cual era azotado interminablemente por el continuo ir y venir de las olas, enfrentándose eternamente aquella masa colosal de agua contra el firme suelo de piedras que formaba un peñasco que se imponía al mar recordándole la eterna división entre la tierra y el agua, no importaba la bravura o la calma del agua, estos dos eternos enemigos permanecían impasibles uno al otro, ninguno dispuesto a ceder.
Encima de este imponente peñasco se abrió un oscuro portal interdimensional del cual salió una hermosa joven, de ojos ámbares y cabello celeste manchado por completo de sus puntas de un tinte escarlata, con varios moretones en el cuerpo y raspaduras, una herida se sobreponía a todas las demás que dejaba ver una impresionante perforación en el hombro y costado de ella, la cual ya sangraba débilmente.
Aldana dio algunos pasos torpemente, llevando en su mano derecha, su espada, en la izquierda el cofre con las almas de los dioses y su arco y flechas amarradas a su espalda, sonrió débilmente al contemplar el mar y escuchar su vaivén, incluso percibió la brisa del mar que golpeo como un suave aspersor su rostro, olfateo la salinidad del océano y fue en ese momento que suspiro profundamente, soltó su espada, la cual golpeo las piedras e hizo un sonido metálico, dio unos pasos más y se dejo caer de rodillas, deposito en el suelo el cofre y recargo su peso sobre sus piernas y sus palmas, mientras su cabello le cobijaba y su mirada se escondía bajo su flequillo.
La escocesa dirigió lentamente su mirada hacia su muñeca izquierda donde observo la marca de Ares tatuada a la perfección, entonces sonrió y miro el atardecer que se ocultaba en la lejanía entre las aguas del océano, como si el ardiente sol se enfriara en las profundidades del océano, para guarecer en la noche y ocultar su brillo, para resplandecer y encenderse al día siguiente con más intensidad que el día anterior.
-Estoy tan cansada. – Suspiro profundamente, diciendo cada palabra con lentitud y suavidad, como si tan solo fuera un silbido que se escapara entre su respiración y fue en ese momento que sonrió ampliamente y comenzó a reír con jovialidad, su risa era delicada y denotaba una tranquilidad impresionante que parecía fundirse con la brisa y el eco del mar, como si se uniera al aire y al golpeteo del agua. – Y tan tranquila.
Se giro lentamente sobre sus manos quedando sentada y observo con un poco más de seriedad el santuario ateniense que se observaba ardiendo en llamas desde la lejanía, varias de sus impresionantes edificaciones estaban completamente destruidas y enormes columnas de humo se a conglomeraban subiendo hacia los cielos y sin frenar aquella destrucción, todavía se observaban estallidos de cosmos y la inmisericorde furia de los titanes lloviendo apocalípticamente sobre el santuario.
-El santuario…- Murmuro quedamente la berserkers.
-¿Extrañas al santuario? Después de todo fuiste una amazona. – Aldana le cuestiono, al sentir cierto dejo de melancolía en la guerrera.
-Es más difícil de explicar de lo que crees. – La berserkers miro el cuerpo de Aldana y supo que la joven estaba llegando a su límite, pero la calma y el equilibrio que habían conseguido el alma de las dos, amortiguaba en esos momentos las últimas punzadas de dolor. – Conocí este santuario en sus inicios, cuando grandes edificaciones se forjaban, templos ostentosos y enormes palacios, había más de un coliseo y estaba abierto a la civilización, todos los humanos sabían quién era Athena y conocían al santuario, en ese entonces los caballeros y amazonas eran más que una simple leyenda contaba a medias.
-¿Por qué te fuiste? – Aldana sentía como iba recobrando cada vez más la conciencia sobre su cuerpo y como la voz de la berserkers se convertía en un susurro en su interior.
-Athena era muy diferente a quien es ahora, ella también ha evolucionado. – Aldana percibió un dejo de melancolía en el tono de voz de la guerrera y supo que tal vez Ares no era el único que se había perdido de su camino, si no que sus berserkers también se habían aventurado con él, en aquel interminable naufragio. – Era una diosa que peleaba por el amor, pero que lo prohibía entre sus guerreros. Él murió defendiéndola, restringido de sus propios sentimientos hacia mí, éramos guerreros que luchábamos por libertad, pero sin tenerla. Eso me orillo a irme con Ares, quien también era muy diferente al que conoces, no seguimos a Ares al ser corrompidos por él, no. El Ares de la era del mito tenía una visión más dura de la justicia, no por nada fue el primer asesino de la historia, pero él buscaba liberar a los pueblos oprimidos, mostrar la naturaleza humana tal cual era, para que floreciera los verdaderos milagros hechos por ellos mismos, no otorgados por los dioses. Athena y Ares son iguales, dos deidades incomprendidas por el resto, que fueron obligados a darle la espalda a los suyos para lograr sus objetivos.
Por unos segundos ambas permanecieron cayadas, comparando la versión de la otra, una que conocía a una Athena misericordiosa y comprensiva y la otra no, una que conocía a Ares más justo y menos cruento, mientras que la otra había probado la ira y la crueldad del mismo, pero al final ambas entendían el concepto básico de que "El tiempo lo cambia todo, incluso al bien y al mal".
-Confió en que todo mejorara, después de esta guerra. – Aldana espeto alegremente. - Por cierto, no conozco tu nombre.
-Mi nombre es Alexandra. – Refuto.
-Pues bien, muchas gracias Alexandra. – Aldana sabia que la mayoría de las desgracias acontecidas en su vida las debía a ella, pero también conocía que Ares solo deposito a Alexandra una vez más en su cuerpo con el permiso de esta y desde que volvió a poseerla le permitió estar consciente cosa muy diferente a las antiguas ocasiones.
-¿Por qué? –
-Por haber peleado en esta ocasión a mi lado, por una causa justa y por no haber matado a mí hermana. – Sonrió.
-De todas mis vidas pasadas, tú has sido la única que me recordó quien era realmente, del sacrificio que se hace por los seres que amas y que era lo que buscaba desde un principio. – La guerrera dejo de poder manipular el cuerpo de Aldana y sintió como su alma iniciaba a ser sellada de nuevo. – Mi cosmos está desapareciendo ¿Sabes lo que significa verdad?
-Lo sé. – Aldana miro la palma de su mano derecha y empezó a sentir las primeras punzadas de dolor y un terrible mareo.
- Lamento que tengas que morir, para cumplir con tu promesa. –
-Eso también ya lo sé.- La peli azul hecho su cabeza hacia atrás y miro el cielo negro. – Al menos hicimos algo bueno.
-Adiós Aldana. –
-Adiós Alexandra. – Cerro los ojos pesadamente sintiendo como el cosmos de la guerrera desaparecía por completo de su cuerpo y detonaba las impresionantes punzadas de dolor y sus heridas comenzaban a sangrar.
Se quedo sentada unos segundos más pensando en lo mucho que había vivido y todas las cosas que había pasado. Realmente no le había tocado una vida fácil, pero los momentos que de felicidad le mostraron el por qué debía luchar, para que otros pudieran vivir plenamente sin enfrentar lo que ella paso.
Suponía que jamás podría decirle a Scatha de Otto, que al final de cuentas nunca estuvieron solas, pues hubo alguien quien las cuido desde las sombras del campamento de la guerra. Alexandra se había mantenido escuchándola atentamente, había hecho a la mayoría de los berserkers retirarse, además que había neutralizado a Isley y Damian con un somnífero para evitar que intervinieran en la pelea contra su hermana o le siguieran, después de todo ellos ya tenían planes para continuar con su vida y por último, sabía que la preocupación porque Scatha peleara en su estado se había acabado cuando pudo lograr herirla en el monte Otris con el mismo somnífero que uso en sus compañeros, así que cuando ellos despertaran muy seguramente aquella guerra habría acabado y su hermana mayor podría llevar una vida tranquila y con el tiempo, tal vez feliz.
Tomo el cofre que se encontraba a su lado y acaricio con la yema de sus dedos la insignia y el sello de los titanes, dejando que sus dedos recorrieran cada muesca y surco de aquel cofre. Se levanto lentamente apoyándose sobre sus rodillas y sonrió levemente al pensar que aquella ayuda salvaría a Athena y tal vez a todos, tan solo tenía que entregárselo.
-Eso que llevas entre tus manos, no pertenece a este lugar. – Espeto una voz a sus espaldas. Aldana desenfundo rápidamente su arco y coloco una flecha entre el cuerpo y la cuerda a una velocidad impresionante, tenso esta última y apunto directamente al intruso que había permanecido tras ella.
-¿Quién eres? – Demando.
-¿Qué quién soy? – Él era un joven alto, de tez morena, ojos rojos y cabello azulado, con un cuerpo herculino y se encontraba casi al filo del peñasco. – Eso no es de tu incumbencia.
-No te lo daré. – Aldana retrocedió unos pasos, sin dejar de apuntar con su flecha justo al centro del pecho del moreno y comenzó a retirarse sin darle la espalda, puesto que la última vez que había hecho esto, Ikelos le había provocado una herida mortal.
-Entonces te la quitare. – Aldana soltó impresendiblemente la flecha con parte de su cosmos, la cual se incrusto de lado a lado en el pecho del moreno y provoco que este cayera por el risco hacia el mar. Se quedo congelada unos segundos en su lugar, pensando en lo fácil que había sido aquello.
Un impresionante rugido resonó en el mar, el suelo retumbo y algunas piedrecillas a sus pies comenzaron a moverse y lo siguiente que vio, fue una colosal ola alzarse sobre aquel risco y hacer una impresionante sombra que cubrió al sol y desprendió algunas gotas sobre ella, de repente aquella forma de agua algo amorfa cayo, golpeando bruscamente aquel risco y aplastándola bajo miles de litros de agua, produciendo que el risco sucumbiera por completo, destrozándose y cayendo en pedazos al mar. Aldana se vio arrastrada por este colosal golpe, cayendo entre rocas hacia el mar, el cual la recibió como si se estrellase contra un muro, para luego ser aplastada por cientos de escombros.
…
Hyperion soltó el dragón de Dokho y brinco a la velocidad de la luz hacia atrás, de esta forma la técnica del caballero dorado, acabo destruyendo las flechas del santo de plata. Marín y Misty se observaron anonadados, Kanon maldijo por lo bajo, Dokho arrugo el entrecejo al comprender que la fuerza de Hyperion se asemejaba mucho a la de su hermano Cronos y por su parte Ptolemy cayó de rodillas pesadamente al ver con impotencia que sus ataques no rendirían ningún fruto contra aquel titán.
-Aún no hay que perder la esperanza. – Kanon poso su mano sobre el hombro del santo de plata que le miro asombrado, pues jamás pensó que el gemelo menor de géminis fuese quien le diera ánimos en la batalla.- Hyperion no es intocable, por una fracción de segundos Marín a logrado golpearle ella sola. Imagina que podemos hacer si peleamos todos juntos.
-Kanon. – Ptolemy menciono lentamente observando al gemelo menor, pasar a su lado y colocarse justo en frente del titán que sonrió confiado.
-Nosotros no tenemos por que pagar los estúpidos errores de los dioses. – Kanon encendió su cosmos dorado el cual comenzó a rodearle. – Se que tu objetivo es acabar con mis compañeros de plata primero, pero no te lo permitiré. ¡No mientras viva! ¡Explosión de galaxias! –
La técnica de Kanon llevo el cosmos de este hasta un punto culminante que lo hizo resonar con intensidad, apareció una galaxia a escala tras el que despedía masivas cantidad de energía cósmica que avanzo hacia Hyperion, logrando envolverle entre estrellas y planetas de diversos colores y tamaños, los cuales Kanon destruyo desde el interior de cada uno, produciendo un incendio de proporciones cósmicas.
En esta ocasión Kanon logro alcanzar una velocidad mayor con la que había estado luchando, logrando poder golpear a Hyperion el cual salió repelido hacia atrás, siendo arrastrado varios metros de espaldas.
-Tengan cuidado todos. – Advirtió el antiguo tigre prediciendo que el golpe que acababa de proporcionarle el gemelo menor enfurecería al titán.
-Realmente son impresionantes. – Hyperion se medio incorporo y se limpio con el dorso de la mano un pequeño hilillo de sangre que salía por su boca. ¿Cómo aquellos humanos tan inferiores a ellos, eran capaces de golpearlos? – Quiero saber si son dignos adversarios para mí. – Hyperion sonrió de medio lado y se levanto por completo aproximándose hacia el grupo de caballeros. – Vórtice de ébano. – Murmuro.
El cosmos negro de Hyperion broto del suelo en cinco impresionantes columnas de aire negro que tomaron a cada uno de ellos desprevenidos y que velozmente fueron creando un tornado de viento opalecente, aquella era la técnica con la que Hyperion había logrado poner en aprietos a los guardianes de Aries y Virgo.
-Si logran sobrevivir a estos torbellinos, serán dignos rivales para mí. – El viento de cada torbellino comenzó a girar a una alta velocidad, que comenzó a destrozar las armaduras y el cuerpo de los cinco santos debido a los cambios bruscos de presión en su interior y el inmenso calor que generaban que hacia hervir la sangre de sus víctimas al grado de hacer estallar la piel.
-"Demonios" – Marín fue levantada por completo del suelo y su cuerpo dio un terrible giro el cual le partió el brazo, sus huesos se asomaron a través de su piel y la sangre que salió de su herida fue evaporada al instante mientras un insoportable sofoco le embargaba impidiéndole respirar, ahora entendía el por qué Mu y Shaka tuvieron problemas cuando enfrentaron a Hyperion, él simplemente era invencible. De pronto los vientos del torbellino fueron como cientos de cuchillas que comenzaron a cortar su cuerpo y desgarrar su armadura, en esta ocasión no pudo soportar más el terrible dolor y solto grito lleno de angustia. –"Mi cuerpo esta inmovilizado, no puedo hacer nada" "¿Acaso esta es la verdadera desesperación?" "¿Moriré sin ser realmente ser su rival?"
La situación de Misty y Ptolemy no eran muy diferentes a la de su compañera amazona, no podían atacar, ni defenderse del ataque de Hyperion, la energía eólica de los torbellinos estaban haciendo girar brutalmente su cuerpo, produciéndoles varias fracturas a ambos, cortando cada centímetro de sus carnes y quemando su sangre.
Kanon y Dokho estaban completamente sorprendidos por aquella técnica, incluso a ellos les resultaba casi imposible moverse en esos torbellinos y eso sin contar las terribles heridas que ya les había causado, pero aún así los dos lograron mover sus brazos dispuestos a reproducir cada uno de ellos sus técnicas más poderosas para tratar de destruirle desde el interior, sin embargo a penas e Hyperion les observo se aventuro a sus intenciones y añadió a ambos torbellinos su tornado solar, el cual utilizaba la energía del sol para proyectar un viento de 700 km/s. de forma constante y uniforme que anulaba cualquier movimiento a la velocidad de la luz lo que hacía imposible que Kanon o Dokho pudieran utilizar sus técnicas.
-Desde que sus compañeros de Aries y Virgo lograron detener mi técnica, inferí que era porque podían golpear mis torbellinos desde el interior, proporcionándole una gran cantidad de cosmos, que lograba romper las barreras de viento y destrozaba el ciclo de viento del torbellino. – Hyperion se acerco lentamente hacia los cinto torbellinos negros que se alzaban furiosos hasta el cielo. – Así que aumenta la fuerza de mis torbellinos al agregarle los vientos producidos en el sol, lo cual hace imposible que ustedes puedan utilizar la velocidad de la luz, aunque sea una vez. Y ahora que están así sin poder hacer nada, quiero que observen.
El titán camino lentamente entre los escombros hacia el centro de los cinco torbellinos, entonces los ojos de Hyperion observaron al remolino donde se encontraba Misty, el cual comenzó a detener sus ráfagas lentamente y lanzo despiadadamente al caballero contra el suelo una vez que sus vientos disminuyeron en intensidad, el caballero de plata golpeo de cabeza la tierra y cayo bañado completamente en sangre y rodeado por los trozos de su armadura.
-Tss… - Misty sintió terribles descargas de dolor en todo su cuerpo, su pierna derecha estaba fractura y su abdomen presentaba una gran abertura en su lado derecho, eso sin contar las demás heridas y la gran pérdida de sangre que había conllevado estar tan solo un par de minutos dentro de ese remolino, empuño su mano tratando de incorporarse, pero su cuerpo no le respondió, estaba paralizado por el dolor, así que alzo su rostro solo para ver los pies de Hyperion frente a él.
-¡No! ¡No! – Kanon entendió por completo el plan del titán y fue la primera vez que maldijo la idea de haber permitido a los santos de plata pelear a su lado.
-"¡Tengo que lograr liberarme de aquí!" – Dokho apenas y lo pensó, cuando el torbellino produjo un abrupto giro tanto para él, como Kanon lo cual produjo múltiples fracturas en ambos santos dorados.
-Hyperion… - El titán apareció su espada en su mano derecha y dio una veloz estocada sobre la espalda de Misty atravesándolo por completo.
-¡No! ¡Maldición! – Kanon cerró los ojos con fuerza al sentirse completamente impotente, no había sido lo demasiado fuerte para enfrentar al titán, no solo le estaba fallando a Athena, si no también a sus compañeros de plata y bronce.
-¿Qué demonios debo hacer? – Dokho tenía años que no sentía esa clase de sentimientos, para ser exactos más de 265 años, su incapacidad para ayudar a sus compañeros de oro durante la guerra santa, había llevado a la muerte de Aldebarán, Deuteros, Tenma, Alone y Sasha y ahora a pesar de haberse vuelto más fuerte y sabio respecto a aquella época, aun era un inepto para defender a los demás.
De pronto el torbellino de Marín también desapareció, lanzando a la amazona contra el suelo. Kanon y Dokho abrieron como platos los ojos al comprender que Hyperion eliminaría a la amazona sin piedad, tal y como lo había hecho con Misty de Lagarto.
-Mi…Mis…ty – Marín apretó los ojos con fuerza ante el dolor que está sintiendo en esos momentos, sin embargo inhalo profundamente, tratando de sobrellevar el dolor de aquella forma y cuando abrió sus ojos observo a su compañero de plata a varios metros de ella, entonces extendió su mano hacia él, como si pudiese alcanzarlo y ayudarlo a sobrellevar aquel maldito proceso.
-Uno a uno caerán… - Hyperion alzo su espada sobre el cuello de Marín.
-¡No! ¡Marín!– Ptolemy se maldijo a sí mismo, al no ser el siguiente a quien Hyperion asesinase en lugar de su compañera y trato de golpear uno de los muros del torbellino, lo cual llamo la atención de Hyperion, quien lo observo de reojo.
-Para ti, tengo reservado esto. – Hyperion apareció en su mano la flecha que antiguamente Ptolemy le había lanzado y la arrogo hacia este con una poderosa ventisca oscura, que la llevo a velocidad de la luz, atravesando no solo el torbellino, el cual se disolvió al instante si no también el cuerpo del caballero, quien abrió impresionantemente los ojos al sentir como su pecho era perforado, bajo lentamente la mirada y vio el orificio por el cual le había atravesado antes de desplomarse en el suelo.
-No…no Ptolemy… - Marín se sentó sobre sus piernas y observo como Hyperion alzaba su espada sobre ella, dispuesto a matarla. Marín alzo su rostro y miro retadoramente al dios, con un desprecio y odio sin igual, ahora entendía porque los dioses les habían encerrado en el tártaro, fue entonces que Hyperion dejo caer la espada sobre ella.
-¡Marín! – Dokho volvió a tratar de hacer estallar su cosmos pero el torbellino lo hizo estrellarse de lleno contra el suelo y lo volvió a alzar entre sus ráfagas. La sangre escurrió por el filo de la espada desprendiendo unas gotas por el cuello y pecho de Marín, antes de desplomarse sobre su espalda.
…
Cerró las puertas tras de sí, las cuales produjeron un clap a sus espaldas, entonces sus ojos celestes recorrieron en silencio aquella habitación circular, cientos de libreros con pergaminos y libros se apostaban a su lado, una amplia cama se ceñía justo en medio de aquella habitación, cubierta por algunas cortinas blancas y rodeada por grandes y amplios ventanales cubiertos por finas cortinas de seda blanca, que daban a un gran balcón.
Camino lentamente hacia la cama, sintiendo que cada paso que daba su corazón palpitaba con intensidad, un paso, un latido, otro paso más cerca, otro latido más intenso. ¿Acaso era inseguridad en ella misma? ¿Temor a su conciencia absoluta? ¿A su verdadero yo?
Ella lo sabía en su interior. Athena era una diosa soberbia y orgullosa, que había fraccionado su esencia divina para poder implantarse en el cuerpo de una humana para coexistir con los seres humanos. Athena, no, ella misma sentía temor por el cambio tan abrupto que tendría al recuperar por completo todas sus conciencias. Realmente no tenia certeza de cómo reaccionaría su verdadero yo, ante el enemigo, ante los errores de sus santos y aliados, ante un santuario tan versátil y evolucionado al que ella dejo hacía mucho tiempo.
Pero no tenía otra opción. Se recargo en uno de los doseles de la cama y suspiro pesadamente. – Tengo que hacerlo, si quiero salvarlos a todos. – Cerró sus ojos lentamente y elevo su cosmos, tratándolo de unir con cada caballero, humano y ser vivo en la tierra, infundiéndoles una calidez y ánimo con el fin de hacerlos sentir que no estaban solos, que ella aun velaría por ellos y prometiéndoles que pronto regresaría a su lado.
Pensó en Seiya y lo mal que debía estarla pasando al enfrentar a Cronos, por primera vez su caballero de Pegaso se enfrentaba a un ser, que había lograrlo casi asesinarlo, de no ser porque Mascara de la muerte había llegado, lo cual le hizo sonreír con cierta ternura en lo mucho que había cambiado, al grado que este cambio había despertado en Shion, el interés por enseñarle las antiguas técnicas de los santos de cáncer.
Sonrió con cierta melancolía al pensar como había comenzado toda aquella odisea, tan solo con el capricho de ella, por volver a ver a sus santos dorados, volver a traer la vida al santuario para restaurar su orden y actividad y aquellas acciones tal vez justas habían producido la ira de Hera, Afrodita, Persefone y en cierto punto Anfitrite que le habían retado y que a la larga habían llevado a la reina de los dioses a liberar a los titanes del tártaro, en un principio apoyada por Afrodita y Persefone, las cuales colaboraron con Ares y los doce titanes, sellando a casi todos los dioses aliados a ella, dejándola de nuevo sola, ante un enemigo que le superaba no solo en número, si no también en cosmos.
Pero, dentro de todo lo malo que había vivido en esa época, estaba demasiado feliz de haber curado las heridas de todos sus santos, unificando las tres órdenes y claro estaba el haber conocido a cada caballero a más profundidad. La paz que le inspiraba Mu, la buena comida de Aldebarán y su singular risa, la fidelidad expresiva de Saga por ella y la lealtad metódica de Kanon, la redención de Mascara de la muerte y su fuerte impulso por sacar a Cáncer de las sombras, lo bromista y gran amigo que podía llegar a ser Aioria, sin olvidar lo sobreprotector que era con ella.
Se sentó lentamente sobre la cama y pensó en lo mucho que Shaka se había abierto con ella y con la orden, sin contar los innumerables consejos que le había dado durante toda aquella guerra, las aventuras que había tenido con Milo, su amistad y la ayuda que le había proporcionado para conocer a la orden dorada, la simpatía de Aioros y su fuerte deseo de esperanza para las futuras generaciones, la justicia ejercida por Shura y su empeño en protegerla aún a costa de sus heridas, la inteligencia indudable de Camus y su carácter calculador y por ultimo Afrodita quien no solo había querido empezar con el pie derecho una vez que revivió, disculpándose por sus antiguos errores y abriéndose a la orden dorada para empezar de nuevo.
-No me arrepiento de nada. – Saori sonrió con tristeza al pensar que tal vez no les volvería a ver, a aquellos caballeros que se arrodillaron frente a ella en la torre del meridiano para volver a jugarle que pelearían en su nombre. – Creo que estoy siendo algo egoísta al solo ver lo mucho que mi relación avanzo con los santos de oro.
Y claro que lo estaba haciendo, sus santos de plata habían mostrado una valentía impresionante apenas revivieron, desafiaron a su rango superior con la única intensión de que se les valorara como una orden que podía hacer frente a los enemigos de la diosa, acoplaron a su unión a los santos de bronce y cuando sintieron que las asperezas comenzaban a limpiarse entre los dorados y ellos, no dudaron ni una vez en integrarlos. Demostrando de una vez por todas que siempre le habían sido fieles.
Luego estaba los caballeros de bronce con quienes había crecido y convivido desde que era una niña, Seiya y los demás continuaban siendo quienes más le conocían, quienes habían soportado aquel largo camino de espinas desde el principio y que a pesar de todas la dificultades que habían tenido que soportar hasta entonces, continuaban frente al campo de batalla a su lado, en las peleas y en los tiempos de ocio. Sin duda alguna Hyoga, Shiryu, Shun, Ikki, Nachi, Jabu, Ichi y los demás siempre abarcarían la mayoría de sus recuerdos.
Pero sin duda todo aquello no hubiese sido posible, por los dos santos más antiguos que habían estado a su cuidado desde hacía más de 265 años, que lucharon una guerra y otra en su nombre, que recibieron un santuario en en ruinas y disfuncional, que reconstruyeron con lagrimas y sudor logrando hacerlo de nuevo habitable y lo poblaron con increíbles caballeros, amazonas, guardianes y doncellas. Dokho y Shion le habían despedido del mundo hacía mucho tiempo y le esperaron para recibirla con los brazos abiertos, retornaron de sus exilios y la muerte para pelear a su lado de nuevo y lo volvieron hacer cuando ella trajo a todos de vuelta, mostrando ser los santos más entregados a su causa, sus fieles consejeros y protectores.
-Ahora es mi turno de devolverles el favor, mis amados santos. – Saori se recostó en la pulcra cama y encendió su cosmos blanquecino que pronto se conecto con la energía del planeta, no aquella era el cosmos del mismo universo y dentro de toda aquella magninimidad, pudo distinguir una paz y sabiduría sin precedentes que le llamaba cálidamente, sus fuerzas se sincronizaron a la perfección, como si fuesen dos gemelos los que se observaran, uno frente al otro. Y pronto una descarga de recuerdos, conocimientos y emociones golpeo brutalmente su mente, mientras aquella energía luminosa también absorbía sus propios recuerdos…
…
Los dos se encontraban fuera del palacio de Star Hill sintiendo como el cosmos de la diosa de la sabiduría se alteraba en su interior, con grandes ascensos y descensos de energía, a veces su cosmos era tan grande que parecía que lanzaría un ataque cósmico y en otras ocasiones apenas y era perceptible. A pesar de la seguridad en la que se encontraba la diosa, ambos se encontraban sumamente nervosos, pues aquella sería la primera vez que ambos observaran a la Athena mitológica, una deidad muy diferente a Saori, alguien a quien conocerían apenas, tenían la esperanza que ella no fuera ajena a ellos, pero aún seria una extraña.
Camus se encontraba de espaldas al recinto observando con los brazos cruzados sobre el pecho todo el santuario y como este se encontraba en escombros y llamas, las detonaciones de cosmos se escuchaban por todos lados, podía sentir la energía de sus compañeros alzándose cada vez más en sincronía con la de su enemigo.
Percibió a Mu yendo desde la primera casa hasta donde se encontraba Milo y Aioria enfrentando a Ceo, a Aldebarán luchando contra los gigantes muy cerca al refugio donde se encontraban la gente del pueblo, Kanon estaba junto con Dokho peleando contra Hyperion y podía notar como los aliados que les acompañaron poco a poco iban cayendo, Saga y Afrodita se encontraban cerca del bosque aledaño al santuario, intercambiando el poder de las urnas, con el fin de alejarlas de Rea, Shaka era el único santo dorado que permanecía dentro de las doce casas, a pesar de lo indicado por el patriarca de auxiliar a Milo y Aioria, Aioros iba en camino hacia donde se encontraba Cronos, que peleaba en esos momentos contra Mascara de la muerte y Shura seguía en el templo patriarcal enfrentando a Críos, prácticamente él solo, pues el titán se las había ingeniado para ir eliminando uno por uno a los santos divinos, entonces busco el cosmos de su discípulo con insistencia hasta que lo encontró muy levemente, pero al menos continuaba con vida, fue entonces que se permitió respirar con cierto alivio.
-Nunca dejan de preocuparnos ¿No es así? – El patriarca Shion observo de reojo a Camus. – Me refiero a nuestros alumnos. Mu, Mascara de la muerte y todos ustedes siempre me preocupan, a pesar de lo fuerte que son. Es curioso que cada vez que les asigno una misión temo profundamente por su bienestar, como si fuera el primer encargo que les hiciera.
-Patriarca.- Camus miro extrañado al lemuriano mayor antes aquella confesión, entonces el también medito las palabras que este acababa de decir y sonrió. – Tiene razón. Ha Hyoga e Isaac, les sigo viendo como los críos que entrene en Siberia y me preocupo por ellos.
-Fuiste uno de los primeros santos en convertirte en maestro y lo hiciste a una muy corta edad. Pero les enseñaste muy bien. – Shion contemplo en silencio al santuario, este volvía a estar en escombros como en el siglo XVII, haciéndolo ver en un estado tan ruido y deplorable, casi sin vida. Sin embargo sus santos eran más fuertes que nunca, a través del tiempo se habían forjado poderosos e imparables guerreros, cuyo espíritu sería llevado por las próximas generaciones.
Camus guardo silencio, pensando por unos segundos más en sus dos discípulos y poniendo especial cuidado en Hyoga, quien sufría de elevaciones y descensos bruscos de su cosmos, muy seguramente por las heridas que debía de estar soportando. De repente sintió una débil pulsación de cosmos, apenas y fue perceptible para él, entonces giro su rostro hacia ese sitio, pudiendo contemplar el atardecer llegando a su fin, de un aspecto tan rojizo que parecía sangre, uniendo su color anaranjado escarlata con el azul del mar.
-Este cosmos… - Volvió a sentirlo otra vez, esta vez más débil, pero ahora estaba seguro de que era ella… - Aldana.
El patriarca giro su rostro hacia el caballero de acuario, pues notaba una muy leve, casi nula turbación en su cara e incluso su cosmos había dado un vuelco, como si algo acabara de impresionarlo.
-Su cosmos…ella... – A pesar de no estar la viendo, podía percibir que su cosmos estaba dando leves pulsadas de vitalidad, que cada vez se hacían más lentas y prolongadas, como si estuviera muriendo…
Justo en ese momento la puerta tras él produjo un gran chasquido y un magnánimo cosmos se extendió por todo Star Hill, entonces se giro y la vio...vio a la Athena de la era del mito.
…
Continuara…
Comentarios:
Aya: Muchas gracias por leer mi historia, agradezco a dios mentes tan carnívoras de historias como la tuya. En esta historia siempre trato de retratar a cada caballero como lo que es; un ser humano inseguro, poderoso, lleno de esperanza y arrepentimiento, que ha aprendido de sus lecciones y procura mejorar. Y es obvio que Saori no es la excepción, después de todo ella también es humana y es natural querer llevarse bien con los hombres que le han salvado la vida tantas veces. De verdad agradezco tu comentario respecto al fic. Y respecto a los titanes: permíteme decirte una teoría de vida que tengo: En la vida no hay buenos, ni malos, creo fervientemente que todos anhelamos lo mismo, sin embargo recorremos caminos diferentes hacia el mismo punto y en el trayecto podemos entrecruzarnos en el camino de otra persona, que puede apoyarnos o ir en contra. Es así, que tanto los titanes como los dioses iban por sus propios caminos y en algún punto estos se entrecruzaron descubriendo que los otros solo eran un obstáculo para llegar a su fin.
Artemiss90: No los odies, después de todo ellos nos han dado esta magnífica historia. Los dioses que quedan digamos que son más una carga que una ayuda para Athena, no son dioses guerreros y solo le harían los mandados a los titanes. Estamos en el punto culminante donde descubriremos quien muere o quien vive. Esto cada vez se acerca más a su fin.
Beaty-amazon: Te juro que no. No quiero que te infartes jajaja porque podrías ser mi paciente a futuro y eso significa trabajo y menos tiempo para escribir jajaja. Espero que este capítulo le dé un poco de paz a tu corazón.
Niki1213: Hola! Te puedo decir que yo siento la misma felicidad, nervios e incertidumbre cuando a mi correo llega una notificación de comentario. Te lo juro. Siempre pienso ¿Les habrá gustado o no? ¿Me lanzaran flores o jitomates? ¿Qué me abran puesto? Pero ahí es donde esta lo divertido de escribir. Te puedo decir que Milo va a dar mucha batalla jajaja su pelea será épica al lado de Aioria, llena de lagrimas y sangre. Te dejare por un capítulo más con la duda de cómo será Saori.
MarianaMa: Jajajaja tu canción. Realmente lo lamento, espero haberte compensado un poco con este capítulo jajaja y aclaro un poco más las cosas.
Radamanthys´Queen: Hello! Jajajaja lamento haber golpeado directamente el SagaxScatha pero era fundamental darle un giro a la historia de guerra y eso solo trae desolación. Aunque creo que puedes inferir que paso realmente, pero no aseguro un reencuentro. Que te puedo decir nuestros santos están más salados que el mar, no deja de lloverles una desgracia tras otra y lamentablemente esto solo es el comienzo.
Atte: ddmanzanita.
