Capitulo 47 Muriendo entre amigos.
El suelo vibro ante el impacto estremecedor de aquellos dos puños al chocar contra ella, todos brincaron hacia atrás con el fin de evitar tan tosca embestida y se separaron por algunos metros para dificultar la ofensiva de sus enemigos.
- Capella y Geki conmigo, nosotros iremos tras Gration y el resto a por Efialtes. – Shaina coordino a sus compañeros, contra ambos gigantes con el objetivo de separarlos.
- Capella y Nachi, síganme a mí. – Algol se impulso hacia el lado izquierdo seguido de los otros dos.
-Ataque platillo. – Capella lanzo sobre el gigante varios discos dorados, energizados con su propio cosmos, los cuales dirigió con cierta telepatía hacia varios puntos de Gration, al cual le fue imposible esquivarlos a todos y su piel recibió de lleno sus bordes filosos semejantes a sierras voladoras, los cuales cortaron con extremada facilidad la piel del gigante perforándolo.
-Garra trueno. – Shaina elevo su mano derecha la cual expidió un centenar de rayos violáceos que fueron a parar a la cara del gigante el cual rugió molesto y trato de agarrarla, pero a penas y su mano estuvo cerca de la rubia, cuando Geki se subió a su mano e impidió con sus manos que el gigante la tomara.
-¡Ataque platillos! – Capella volvió a ejercer su misma técnica pero en esta ocasión el gigante rugió furioso y golpeo el suelo con furia, provocando una enorme grieta horizontal del cual broto una columna de agua a alta presión que arrogo a Capella por los cielos.
-Los eliminare. – Gratión trato de acercarse al caballero de plata que recién se recuperaba del impacto, cuando una gigantesca piedra lanzada por Geki atravesó su ojo, destruyéndolo, el gigante rugió enfurecido mientras un chorro de sangre salpicaba el rostro de este y se desprendía como una lluvia escarlata sobre Capella.
-Qué asco. – Se quejo este sacudiéndose y limpiándose en lo posible la sangre.
-Cuidado. – Shaina alerto a sus compañeros a tiempo puesto que Gration acababa de alzar sus piernas con la intención de pisarlos. Geki y Capella retrocedieron a tiempo, viendo como el lugar donde antiguamente se encontraban sucumbía a la terrible pisada del gigante.
Por su parte Efialtes al ver como su hermano gemelo acababa de ser herido, golpeo con su puño a Nachi hundiéndolo por completo entre piedras y escombros y trato de acercarse a su hermano, pero Capella y Algol se interpusieron frente a él cerrándole el paso.
-Cometieron un terrible error al venir a atacar este santuario. – Rugió Asterion. – Trata siquiera de atraparme. – Asterion comenzó a moverse velozmente produciendo una ilusión óptica de desdoblamiento, pues pareció que su cuerpo se multiplicaba y dividía creando replicas de si mismo en todas las direcciones. El gigante comenzó a golpear a los dobles, sin lograr el objetivo de herir al verdadero, lo cual lo volvió sumamente vulnerable. Asterion concentro su energía y despidió un gran brillo dorado que hizo a todas al ilusiones atacar simultáneamente proyectando ondas de choque que lanzaron al gigante contra el suelo. – Ahora es tu turno Algol.
-Sí. – El caballero de Perseo, brinco frente a donde se encontraba la cabeza del gigante quien le siguió atentamente con la mirada, entonces Algol coloco su escudo de medusa frente a este y los ojos de la terrible Gorgona se abrieron mostrando un resplandor azul blanquecino, que observo atentamente Efialtes. – Ataque petrificante del escudo de medusa. –
Para fortuna del santo de Perseo, el gigante había logrado cruzar miradas con el escudo de medusa tan solo una fracción de segundos antes de reconocer de que iba todo aquello, pero cuando trato de desviar la mirada, en ese momento comenzó a ser petrificado y convertido en una enorme estatua de piedra a los pies de su hermano, que lo miraba con su único ojo anonadado.
-¡Hermano! – Gration chillo enfurecido y comenzó a correr destrozando todo a su paso en dirección a Algol que brinco hacia atrás a la velocidad del sonido tratando de alejarse de la furia del gigante que le perseguía lanzando enormes rocas y haciendo sucumbir todo a su paso.
-¡Algol! – Shaina, Geki y Capella fueron tras Gratión pero este le tomo poca importancia, pues su enojo estaba fijado en el caballero de Perseo. Asterion se acerco a Nachi y lo tomo por el costado ayudándolo a incorporarse, pues el impacto que había recibido del gigante había logrado fracturarle la pierna.
-¿Te encuentras bien? – Cuestiono el caballero de Perros de caza.
-Mejor de lo que Algol estará si le alcanza ese gigante. – Bromeo Nachi, lo que le saco una pequeña risilla a Asterión.
-Aunque no lo creas Algol es demasiado rápido. – Ambos observaron a Perseo detenerse por completo frente al gigante quien alzo sus dos manos empuñadas sobre su cabeza y las dejo caer despiadadamente sobre el santo de plata, quien se lanzo hacia el lado derecho en el último segundo alcanzándose a librar de ser aplastado por las manos del gigante, pero una gran roca salida de la colisión del suelo contra la magnamina fuerza de Gratión, alcanzo a golpearlo directamente.
-Garras trueno. – Shaina brinco sobre la espalda del gigante y se dejo caer con sus uñas por el rostro de este, quien se dio un manazo en la cara, cuando trato de golpear a la amazona y esta le esquivo.
-¡Ataque platillo! – Capella giro un disco con su dedo índice ágilmente y le arrojo sin piedad contra el gigante, quien aulló de dolor cuando este le golpeo desprendiéndole un oído.
Gration cayó de rodillas cubriéndose el rostro el cual emanaba grandes cantidades de sangre, su torso estaba completamente empapado y formando en su gigantesca camisa una mancha amorronada. Gration comenzó a gritar desesperado a lo que los santos atribuyeron al dolor que tal vez estaba experimentando por la pérdida de su ojo, su oído y de su propio hermano, pero pronto se dieron cuenta que no era así, si no que Gratión acababa de sacarse el otro ojo restante para hacer inefectivo el escudo de Medusa sobre él.
Gration extendió su mano en donde se encontraba su enorme ojo escarlata recubierto de su propia sangre de forma líquida y con grandes coágulos marrones, su ojo estaba destruido debido a la presión de ser arrancado con tanta brutalidad y con sus enormes dedos, lucia como si fuese una gelatina a la cual acabasen de aplastar y con los hilos de nervios aún colgado de su extremo. -Os voy a matar a todos. –
…
Shaka suspiro profundamente, experimentando concentradamente como el aire entraba a sus pulmones, llenándolos y aportando oxigeno a todo su cuerpo, al igual de cómo salía, su mente estaba dispersa, en el cosmos, podía sentir todo lo que ocurría en esos momentos en el santuario, respecto a Athena y sus compañeros dorados, estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor, era imposible ser ajeno a ello en esos momentos, pero la mayoría de su atención estaba presente en Asura.
El enorme demonio con forma de ángel, alzo su mano frente a él, apuntando en su dirección y libero aquella enorme espiga, la cual paso a su lado sin ni siquiera tocarlo y fue a sellar las dos puertas de los sales gemelos, impidiendo de esta forma que Shaka pusiese huir, lo cual consideraba imposible, pero más importante que alguien entrase para ayudarlo.
-Ninguno somos ajenos de lo que pasa a nuestro alrededor. – Asura afilo su negra mirada y volvió a sonreír tenebrosamente mostrando una vez más sus afilados dientes.
-¿Qué es realmente lo que trama? – Shaka continuo con sus ojos cerrados, mientras veía al demonio dar unos cuantos pasos hacia él. Y entonces ocurrió Asura, lanzo una pesada cadena la cual se ato a la espiga que antiguamente había lanzado y con esta arranco las dos puertas que comunicaban la casa de Virgo con el jardín de los sales gemelos. Las arrastro a una velocidad impresionantemente rápida, lo que obligo a Shaka a dejar su posición de loto y saltar hacia arriba, dango un giro de 360° grados, cayó al suelo de pie y miro como Asura sonreía divertido.
-Sabes bien que las técnicas mentales, ilusiones y las dimensiones no funcionan conmigo caballero, yo no soy humano y mi origen es más complejo que el de tu especie. – Asura lanzo varias cadenas que salieron de su cuerpo directamente hacia Shaka.
-¡Khan! – Creo un muro defensivo frente a él, que resplandeció de haces dorados, sin embargo las cadenas del demonio de virgo atravesaron estas como si tan solo de agua se tratase, logrando aprisionar al caballero de las muñecas y una pierna, dándole una severa descarga de energía. Asura ahora estaba conectado físicamente al santo de Virgo así que comenzó a retraer sus cadenas con el fin de acercarse aún más a Shaka, mientras el cosmos de ambos se enfrentaban a través de aquellas cadenas.
-Los dos; tú y yo, representamos al signo de Virgo, hemos estado unidos desde el origen del universo, el bien y el mal, embarcados en una lucha intensa para lograr que solo una de nuestras fuerzas predominen, logrando suprimir a la otra. Los dioses en la mitología, especialmente Athena lograron sumirnos a nosotros como cuidadores del Tártaro, mientras ustedes se volvieron los guardianes de la diosa de la sabiduría. – Asura guardo sus impresionantes alas de hueso, pegándolas a su espalda y piso fuertemente el suelo, mientras retrocedía hacia el portal que llevaba directamente hasta el Tártaro.
-Por lo tanto, nuestras almas siempre han estado conectadas. – Asura tomo a Shaka por el cuello. – Tu bondad puede hacerme sentir compasión, al igual, yo puedo influir en ti. En este sitio tu cosmos predomina sobre el mío, por tus dioses, pero en el Tártaro, yo seré quien domine.
Asura se introdujo por completo en el portal llevando tras de sí a Shaka, produciendo que en todo el santuario el cosmos del santo dorado de Virgo desapareciera sin dejar un rastro, tal y como la exclamación de Athena ejercida por Saga, Shura y Camus aniquilaron a su guardián.
Shaka cayó pesadamente al suelo, apretó los ojos ante la fuerza con la que las cadenas lo aprisionaban y pudo sentir como Asura le vigilaba desde la cercanía. Movió un poco los dedos de su mano sintiendo aquella descarga electrificante recorriendo todo su cuerpo. "Esta energía es capaz de inmovilizar mi cuerpo, pero solo puede hacerlo si… ¡Esta no es su energía, es el alma de Asura tratando de introducirse a mi cuerpo!"
El tártaro estaba completamente ceñido en tinieblas, ninguna luz alumbraba sus cielos como el astro rey, ni las estrellas, su bóveda exclusivamente era un abismo negro, que parecía no tener fin, el suelo iluminado por pequeños caminos de lava que se abrían paso difícilmente entre la tierra negra, aportaban un poco de iluminación a aquel sitio, pero a su vez imposibilitando la vista más allá de 200 metros, alrededor de sí mismo.
-Mi señor. – Asura se arrodillo ante otro ser, sin embargo Shaka no logro siquiera observarlo, ni percibió su cosmos, solo sentía una extraña sensación gélida y abismal que parecía mirarlo desde la oscuridad. – Le he traído conmigo al guardián de Virgo, tal y como me lo pidió.
-Haz cometido un error, Virgo. – Refuto una voz espectral desde las tinieblas. Asura se altero de escuchar aquel reclamo y se viro furioso lanzando una gigantesca piedra hacia atrás.
-¿A qué te refieres, Libra? – Espeto molesto.
-¿Acaso no lo has notado? – Se bufo otro más. – El santo de Virgo aún puede pelear y se ha dejado arrastrar hasta aquí solo para alejarte de su templo y del mismo santuario ¿No es así? – Shaka sintió la presencia de otro ser muy cerca de él, así que giro su rostro hacia la oscuridad de donde percibía a otro demonio y miro a un inmenso alacrán de seis patas y tres gigantescos aguijones retorcidos, su pecho estaba constituido por una coraza vertebrada y sus dos manos eran dos enormes estacas impregnadas de sangre, mientras su rostro tenía unos ojos pequeños escarlatas y dos grandes estacas a los lados de su cabeza, mientras de su rostro salían inmensos colmillos, aquel sin lugar a dudas era el demonio de Escorpión.
-¿Quieres cometer un error tu también escorpión? – Otro ser dejo ver tan solo un enorme tentáculo desde la oscuridad que hizo retroceder al gigantesco alacrán. – Recuerda que Virgo es el único capaz de matar a su propio signo, de hacerlo tú; escorpión o yo; Acuario, seriamos derrotados fácilmente por ese caballero. Sin embargo si lo hace Asura, quien representa la parte malvada de Virgo, no le será de ningún trabajo.
-Tienes razón. – Escorpio regreso a su lugar entre las sombras para solo ser un observador aun más. Shaka había permanecido atento a cada uno de ellos y a cada cosa que habían dicho. Por lo que podía inferir que el único que podría matarlo en aquel sitio era Asura, ya que pertenecían al mismo signo e imposibilitaba a los otros. Por lo que un demonio del zodiaco solo era capaz de matar a su contraparte benigna; el santo de oro de la correspondiente constelación.
-Termina lo que se te ordeno, Asura. – Menciono de nueva cuenta la primera voz, desde las sombras.
-No tardare. – Fue la única respuesta de este. Mientras formaba una nueva espícula creada por sus huesos y halaba a Shaka de las cadenas para acercarlo a él y terminar de una vez por todas con la vida del sexto guardián.
-¡Om! – Shaka exploto su cosmos al máximo, después de todo no solo había dejado de luchar contra las cadenas de Asura porque fuese débil, si no que aquello le había permitido concentrarse y analizar a su enemigo, el destello dorado de su cosmos alumbro inmensamente la oscuridad, al ser la única luz que brillaba en ese sitio. – Te deje traerme hasta este lugar, con el fin de alejarte del santuario, ya que me resultara más fácil sellarte de una vez por todas en el lugar al que perteneces.
-¿Y cómo puedes estar tan seguro de ello, caballero? – Asura proyecto varias cadenas de su espalda, lo que hizo a Shaka recordar su pelea contra Shun en la guerra de las doce casas.
-Porque soy humano y sé que tu también lo eres. – Shaka comenzó abrir lentamente sus parpados, al tiempo que su cosmos estallaba desproporcionadamente y se enfrentaban ambas miradas, por un lado aquellos ojos azul celeste, que parecían proyectar al mismísimo universo y por otro lado aquellos ojos oscuros, como el averno. Ambos representaban las dos caras del zodiaco, el lado bueno y malo de Virgo.
…
Sintió por completo como el flujo de energía la llamaba de nuevo y como aquella corriente de cosmos joven e intranquilo la convocaba, tratando de fluir en sincronía con ella e incluso tratándola de despertar de aquel letargo. Sabia a quien pertenecía ese cosmos, la pregunta era el ¿Por qué acudía a ella? ¿Acaso la situación en la que se encontraba ameritaba algo como aquello? ¿O simplemente tenía una pregunta que hacerle?
Cualquiera que fuese el motivo para que su yo joven, acudiese a su yo mitológico, significaba una realidad alarmante, tal vez respecto a la tierra, a su santuario o hasta consigo misma. Así que hizo resplandecer su cosmos con calidez invitando a su otro yo a acercarse y cuando estuvieron cerca, se unieron, balanceándose en una sincronía perfecta.
De nuevo tuvo consciencia de sí misma, pudo sentir la cómoda cama en la que se encontraba, abrió los parpados lentamente y contemplo a una joven griega a su lado, de tez blanquecina y cabello lila que descansaba placenteramente, como si su sueño no fuese turbado por nada, aquella joven debía ser su contenedor actualmente y quien había pedido su ayuda, en las profundidades del universo, tan solo era una jovencita, sin embargo ya había logrado imponérsele con menos dificultades que ella a grandes dioses.
Se sentó lentamente en su cama y descubrió con su mano el rostro completo de la joven, al recorrer algunos mechones de cabello que cubrían su rostro, mientras su cosmos recorría en un amplio panorama la situación de su santuario con cierta severidad.
-Acertaste joven Athena al buscarme. – Susurro suavemente a Saori que ahora era solamente era una humana, ya que su conciencia había vuelto a su antiguo yo. Athena se teletransporto hasta las puertas gruesas de madera que daban hacia los balcones de Star Hill.
Camus y Shion inmediatamente se arrodillaron al sentir esa gran cantidad de cosmos, que por mucho superaba al de Saori y no solo ello, si no al ver que quien salía por aquella puerta era la verdadera diosa de la sabiduría.
El corazón de ambos caballeros latió con fuerza y gusto al observar a la diosa en persona, contentos de ser los primeros en tener aquel honor, al mirar a la diosa por la que habían arriesgado su vida tantas veces y a su vez, una cierta incertidumbre se apodero de ellos. Ella no era Sasha, no era Saori, tampoco era humana, era la diosa que hacía más de miles de años había descendido a la tierra con el único fin de ser su diosa, por orden de Zeus.
Camus aunque tan solo la había observado por una fracción de segundo antes de que su mirada se encontrase contra las baldosas de Star Hill habia contemplado y analizado a la perfección todos sus rasgos; lo alta y esbelta que era, su largo y ondulado caballo negro, el cual llevaba atado en una media cola que caía esplendorosamente por su hombro derecho y su espalda, los finos rasgos de su rostro, el rubor en sus mejillas, lo grises que eran sus ojos, que iban desde la tonalidad de la luna hasta el gris de una piedra bañada por agua.
-No se permite a ningún caballero estar en Star Hill, no importa su rango. Únicamente el patriarca asignado por mí, es quien tiene el derecho a llegar hasta este lugar. – Reprendió severamente la diosa a Camus.
El caballero de acuario no se inmuto ante el comentario de la deidad, había notado desde el primer encuentro con los ojos grisáceos, que ella no era Saori, ni la Athena de su época, la severidad en su mirada y facciones, distaban mucho de la jovialidad y empatía de su joven yo. Así que no le sorprendió que le reprendiera por estar en Star Hill, ciertamente él sabía que estaba prohibido y solo había acudido a ese lugar a petición de Saori, por quien lo haría mil veces si lo pidiera.
-Pero dejare pasar esto, ya que fue mi reencarnación actual quien ha solicitado tu presencia en este lugar. – Las diferencias físicas no eran las únicas notorias entre Athena y Saori, pues esta última ya les hubiese hecho erguirse. – Quisiera hablar tantas cosas con ustedes dos y en general con todas las ordenes, creo que mi yo actual ha sido algo laxa con ustedes. – Ni el patriarca, ni Camus se atrevieron a intercambiar una palabra, mucho menos a hablar a la diosa, que claramente no era su tierna Saori. – Estoy enterada de todo lo ocurrido en esta generación y en todas las guerras. – Que tanto a oídos del acuariano como del patriarca sonó a "Incluso de su traición."
-Tú eres mi patriarca ¿No es así? – Athena miro de arriba abajo a Shion, analizándolo con detenimiento, cada expresión en su rostro, cada movimiento de su mirada, su respiración, todo de aquel hombre.
-Así es, Diosa Athena. – Shion alzo su mirada para observar detenidamente a la diosa, quien le miro pesadamente, sus ojos chocaron con intensidad, como si la sabiduría de dos generaciones pudiese hacer frente a la mitológica de la diosa. Ella no era Sasha, tampoco era Saori, ella era una persona completamente diferente a las anteriores, su sentimiento de justicia era firme e inflexible, su carácter no era cálido, ni abrasador como el de sus sucesoras, pero su cosmos era muchísimo mayor al de estas.
-Bien. – Athena se coloco frente a Shion y Camus pero en ningún momento permitió a estos levantarse, por lo que siguieron con una rodilla en el suelo.
Justo en ese instante una gran dimensión se abrió frente a ellos, por la cual Saga salió. El gemelo mayor se detuvo en seco y deposito con cuidado ambas urnas en el suelo y se arrodillo velozmente ante aquella mujer de temple y carácter poderoso, que impregnaba todo Star Hill con un cosmos sobrecogedor. Intercambio una rápida mirada con Camus que pareció decirle con los ojos que había llegado en un muy mal momento y pudo confirmarlo cuando la mirada de Athena se clavo sobre él con dureza y enojo.
-Esto debe ser una mala broma. – Athena camino lentamente hacia el balcón, alzo su barbilla con altivez y afilo su mirada hacia las grandes columnas de fuego que se alzaban sobre el santuario. – No puede ser posible. Mi santuario está destruido y nos enfrentamos incompetentemente contra el enemigo, sin conocerlo y nos dirigimos directo al fracaso. El mundo ya no es el mismo de antes. – Tanto Saga como Camus notaron cierto recelo en la voz de la diosa, ¿Acaso era posible que la Athena de la era mitológica, estuviera dudando sobre salvarlos?
-Fuiste Shion de Aries y ahora eres mi patriarca, se supone que debes conocer mis preceptos y enseñanzas al pie de la letra. Sin embargo, has permitido que caballeros dorados pisen un lugar sagrado, destinado únicamente a mi servicio y a veces a ti. Mis órdenes han sido corrompidas por la traición, la avaricia, el poder, la ambición y el egocentrismo. Y se los has permitido, restituyéndolos a su puesto y dejándoles permanecer en los doce templos. Cuando en realidad la gran mayoría de la orden dorada debería desaparecer, incluso mis santos de plata y bronce han ido demasiado lejos, ignorando mis reglas. Mis santos son culpables de crímenes innumerables, sus armaduras han sido manchadas por la sangre de sus hermanos e inocentes y el cosmos y mis enseñanzas se han usado de forma voraz para el beneficio propio.
Shion escucho atento cada palabra de la deidad sin replicar ni una palabra, escuchando el regaño que tal vez había esperado escuchar de los labios de Athena durante tanto tiempo. Realmente había fallado desde que se había convertido en caballero dorado, pero la vida de caballero, se guiaba por un sendero, por el cual transitaban a ciegas, nadie les asesoraba una vez que obtenían su armadura, nadie le había enseñado a ser patriarca, simplemente había sido un puesto que cayó sobre sus hombros y que el trato de llevar lo más acorde a los mandamientos de la diosa, sin embargo, muchas veces había fallado, pero si había algo de lo que estaba orgulloso era de sus santos; oro, plata y bronce, cada uno de ellos tenían virtudes y una devoción a la diosa impresionante y nadie podría negárselo, después de todo nadie se conduce por la rectitud y la justicia sin fallar al menos una vez.
Camus sintió cada palabra dicha por Athena como una daga en el corazón, mostrándole que quien les había perdonado, no había sido Athena, si no Saori, los pecados que había cometido él y toda la orden aun pesaban como graves infracciones sobre sus cabezas y la diosa se lo estaba demostrando con cada palabra. Y por unos segundos envidio a Milo y a sus otros compañeros que se habían escapado por estar luchando de aquella reprenda.
Saga se quedo callado escuchando con tensión cada frase de rencor y decepción que decía la diosa acerca de ellos, sabía que era cierto, las ordenes de Athena estaba llena de pecadores, pero de todos ellos, él era el peor pero ahora que la había escuchado expresarse así, de ellos, de Shion y del santuario mismo, estaba más que seguro que no podía permanecer callado escuchando cada acusación siendo generalizada para todos.
-¿Qué tienes que decir? – Athena observo por el rabillo del ojo a su patriarca, quien mantenía su vista hacia el frente, sin ni siquiera mirarla. De pronto Shion tomo el casco del patriarca que llevaba puesto con sus dos manos y lo dejo a un lado de él, como si este no importara en lo absoluto y se puso de pie sin permiso de la diosa, que se giro sumamente molesta hacia él. ¿Cómo osaba ir más allá del protocolo? Ahora entendía por qué todas las órdenes y el santuario se encontraban así, el mismo patriarca desobedecía las reglas y ignoraba la jerarquía y el respeto que le debían.
-Los dos hemos esperado demasiado del otro. – Shion miro a la diosa, que desencajo su mirada al escucharlo hablar. – Debe disculparme si estoy cometiendo un atrevimiento aún peor a los que ya he cometido. Mi querida diosa Athena usted ha señalado a la perfección cada error que hemos cometido, de los cuales soy consciente y sé que estoy en lo cierto al afirmar que usted conoce los motivos y pormenores que nos llevaron a todos ellos, aún así me ha preguntado qué debe hacer. Pues, bien diosa Athena, usted es la última esperanza de todo el mundo y lo correcto sería pelear. – Shion observo calmadamente como Athena empuño sus manos hasta que estas palidecieron y supo entonces que la diosa realmente se estaba conteniendo. –Sin embarg,o yo no soy ajeno a esta situación y no permaneceré bajo sus órdenes, si usted decide hacer lo contrario, son mis caballeros los que están ahí afuera peleando y no les dejare solos. Así que abandono el puesto de patriarca para luchar como humano junto a los últimos guerreros honorables, que están entregándolo todo para salvar a este mundo de los titanes. Mi única petición que tengo que hacerle es que me permita pelear y morir al lado de mis hombres y en el remoto caso de ganar, yo Shion de Aries y antiguo patriarca de este santuario, admitiré la totalidad de las culpas que usted ha mencionado y recibiré el castigo que usted me imponga, sin oponerme y le estaré gratamente agradecido.
-¡Patriarca! – Camus y Saga se miraron anonadados de la reacción del patriarca y estuvieron dispuestos a secundar al hombre que les había tratado como hijos.
-¡Ahora lo entiendo todo! ¡Tus has corrompido a mi orden! ¡Y aún así osas desafiarme! – Athena exploto su incandescente cosmos de forma agresiva, mientras Nike aparecía en su mano derecha, pero cuando apunto a Shion, Saori se interpuso entre los dos con sus brazos extendidos hacia los lados y mirando furiosa a la deidad.
-¿Qué demonios estás haciendo? – Vocifero decidida.
-A…thena… - Shion miro asombrada a la joven, quien estaba plantada entre los dos.
-Tú y yo hablaremos después joven Athena. –
-¡No! ¡Lo haremos ahora! – Saori tomo a Nike con su mano la cual comenzó a sangrar ante el filo del báculo y pronto se vio sacudida bruscamente por una descarga que le derribo al suelo, sin embargo no soltó a Nike del otro extremo. Shion miraba lleno de orgullo a la joven pelilila que se planteaba orgullosa frente a su antecesora firme de las decisiones que ella misma había tomado como Athena. Mientras Camus y Saga se miraban desconcertados sobre qué hacer, después de todo ambas jóvenes eran Athena. – …Solo estas perdiendo tiempo valioso… ¿Acaso crees que regañándolos y dirigiéndoles palabras de desprecio vas a conseguir algo? Tanto ellos como yo conocemos sus errores, sin embargo eso les ha hecho mejores santos. Yo he tenido que corregir también los errores que cometimos como diosas y cada día a su lado he mejorado y no solo como humana, si no como diosa y lo sabes…
Saori se volvió a colocar de pie y miro llena de decisión a su igual, ambas reteniéndose la mirada con fiereza. Saori sabía que algo como aquello iba a ocurrir pero conocía que Athena a pesar de la soberbia, dureza y orgullo que había mostrado frente a sus tres santos, sabía que había amor hacia los humanos dentro de su corazón, ella misma conocía sus acciones y los había perdonado por ello, pero no les juzgaba por ellas, si no por cada momento de amistad, valor, entrega y dedicación que habían mostrado hacia ella.
-No creamos a los caballeros para defendernos, lo sabes. Si no que los instruimos y guiamos para enseñarles el camino correcto para vivir en armonía y paz entre ellos mismos y los dioses y cuando su vida fuese amenazada por una fuerza que iba más allá del amor, la paz y la justicia les otorgamos los conocimientos del cosmos para defenderse. -
La deidad pelinegra miro con cierto orgullo a Saori, reprobando con su mirada a la joven deidad y mirando de reojo a Shion que se mantenía firmemente tras Saori. Entonces retiro a Nike del cuello de la pelilila y le dio la espalda a los cuatro. – Debes probar lo que dices, joven Athena. – Dirigió su vista hacia el frente, suspirando pesadamente y entonces sonrió, parecía que las cosas no habían cambiado tanto después de todo…
…
Estaba sentada sobre la mesa, orando con incertidumbre a Athena, su rostro estaba recargado entre sus manos entrelazadas, las cuales estaban apoyadas sobre sus codos en la mesa de madera que se cimbraba de vez en cuando ante las explosiones que estaban ocurriendo a su alrededor. Ella había sido la única doncella que había decidido no evacuar las cabañas, a pesar de la insistencia de sus compañeras y los demás caballeros y todo porque debía ser la cuidadora de la urna donde se encontraba Ares.
Alzo su rostro hacia el techo de la edificación y sus largos cabellos rubios se deslizaron por su rostro hasta cubrir su espalda, entonces pensó en el caballero de las rosas; Afrodita ¿Qué estaría haciendo en esos momentos? ¿Estaría al lado de Athena o estaría en una lucha encarnizada contra un enemigo a la diosa? Su corazón se oprimió solo de pensar en los peligros que debía de estar enfrentando al guerrero que tanto amaba, no podía siquiera imaginar en un resultado fatídico para él.
-Athena, por favor cuida de él. – Suplico a su diosa.
Se llevo un dedo a los labios y se sonrojo al pensar en el contacto que habían hecho sus labios con los de Afrodita aquella tarde en que había venido a su cabaña y se habían besado. Aun podía sentir las manos del caballero sobre su piel y su fuerte respiración sobre ella, junto con aquel aroma puro a rosas que expedía el caballero, que era tan hipnotizador y fresco que le volvía loca.
-Tienes que vencerles Afrodita. – Zahra arrugo su rostro con preocupación y la casa de nueva cuenta cimbro desde sus bases hasta su techo, incluso algunas piedritas cayeron sobre la mesa. Tal vez era hora de ir al refugio con todo y la urna de Ares, pero así como apareció ese pensamiento en su cabeza se esfumo, no debía permanecer en ese sitio, debia aguardar por él.
Recorrió su silla hacia atrás y se levanto algo presurosa sintiendo un leve dolor en el pecho, junto con un raro sentimiento de preocupación que la embargo por completo. Se levanto angustiada de la mesa y camino por toda la cocina, pero eso no disminuyo la intriga que sentía. Entonces se atrevió a observar por la ventana, para solo visualizar el cielo ennegrecido por esta y a un terrible gigante a la distancia, entonces se recargo contra el muro, temiendo ser vista por aquel ser colosal y respiro con cierta agitación.
-Todo estará bien. – Trato de tranquilizarse, aun recordaba que era protegida por el cosmos de Athena y la diosa del amor.
Camino con la mano sobre el pecho hacia el cuarto de al lado, sintiendo las fuertes pulsaciones de su corazón, que aumentaban a medida que ella avanzaba, haciendo más rebombantes los latidos en su corazón, como si fuese a salirse, incluso podía sentirlos con intensidad en sus oídos y en su cuello.
-Afrodita… - Recordó las hermosas rosas que le había dado su amado guerrero y las cuales seguían tan vivas como el día en que se las regalo, expidiendo un dulce y fresco aroma por toda su casa y recordándole las palabras que el sueco le había dicho, cuando se las entrego. – Esas flores no se marchitaran mientras mi vida no lo haga.
Entonces supo que el caballero de piscis también cuidaba de ella, tal y como ella lo hacía para él, pero cuando se giro para observarlas, su corazón dio un vuelco y las lagrimas salieron de sus preciosos ojos, desprendiéndose de su rostro tal y como lo hacia el ultimo pétalo ennegrecido de aquellas rosas.
Las flores que reposaban al lado del cofre de Ares habían muerto, sus tallos verdes estaban enegrecidos, sus espinas se habían vuelto más filosas que antes y sus hermosos pétalos carmines se habían tornado negros y se habían desprendido uno en uno. Como si el tiempo les hubiera pasado factura y fue entonces cuando las palabras del doceavo guardián hicieron más eco en su mente.
-Esas flores no se marchitaran mientras mi vida no lo haga. – Entonces un largo gemido salió de su garganta y rompió a llorar desconsoladamente.
…
World's Most Emotional Music | by Max Legend pueden poner ese link en youtube para acompañar este tramo de la historia los ambientara un poco más.-¡Relámpago Atómico! – El santo de sagitario se planto a un lado de Cronos concentrando su cosmos en su puño derecho, mientras cientos de truenos y relámpagos aparecían tras él, haciendo retumbar todo a su alrededor, la energía de voltaje que libero se dirigió al titán en forma de una multitud de bolas de energías ardientes y con carga eléctrica de color dorado, que hicieron un flujo continuo reuniéndose hasta crear un solo rayo, que generaron una explosión atómica a una escala reducida que logro golpear el hombro de Cronos y hacerlo retroceder varios pasos.
-¡Mascara! – Aioros se coloco frente al titán y su compañero el cual estaba consciente, pero sumamente herido a sus espaldas, respirando con cierta dificultad. – ¿Por qué no me esperaste? – Le escucho reírse lastimeramente, sin embargo el cuarto guardián no se movió.
-Ya sabes que no soy muy paciente, además ¿Acaso querías quedarte sin sucesor a la armadura de sagitario? – Mascara de la muerte, cerró los ojos ante las descargas de dolor que estaba experimentando y agradeció a Athena la presencia del guardián de sagitario, quien realmente le estaba dando un grato respiro.
-¿Dónde está Seiya? – Inquirió el sagita, mientras su ojos seguían atentos los movimientos del titán, que parecía sorprendido al ver como su Kamui estaba agrietado de su hombro por la técnica del caballero.
-Le he enviado a Yomotsu. – Se giro pesadamente y trato de incorporarse vanamente pues sus piernas no le respondieron.
-Descansa, Mascara, yo me encargare de Cronos. –
-Eso mismo hice yo por Seiya y mírame. – El italiano puso sus manos con fuerza sobre el suelo y comenzó a encender su cosmos dorado, el cual detuvo las hemorragias y le ayudo a minimizar el dolor, logrando de esta forma conseguir ponerse de pie y caminar torpemente al lado de Aioros. - ¿Quién diría que tu y yo haríamos buen equipo? – Menciono el italiano, al recordar que sus últimas misiones siempre las había hecho al lado del griego.
-Alguien tiene que vigilarte. – Bromeo Aioros, observo al italiano de rojo el cual no le respondió, pero lo vio sonreír de medio lado.
-Sagitario y cáncer ¿Me pregunto cuántos caballeros enviara Athena antes de dar la cara ella misma? – Cronos se sacudió la hombrera donde el ataque de Airoso había golpeado y miro a ambos santos dorados.
-¿Cómo te sientes? – Aioros no despego los ojos del titán pero cuestiono a su compañero, ya había visto a Mascara de la muerte dar una vez su vida por él en el inframundo y no quería que eso volviese a pasar.
-Estoy listo aun para pelear. – Ambos dorados elevaron su cosmos por igual formando una gran aura dorada que trataba de contrastar con la oscuridad de Cronos.
-¡Entonces vamos Mascara! ¡Relámpago atómico! –
-¡Sepulturas de almas! –
-Athena, puedes enviar a todos los santos de oro, plata y bronce que quieras, ello no impedirá que vaya tras tu cabeza, solo aumentara el número de muertos que dejare tras de mí. – Cronos observo tanto las llamaradas del infierno, como el rayo de luz de ambos caballeros dirigirse hacia él, así que interpuso a uno de sus brazos para detener el relámpago atómico de Aioros el cual termino despedazándolo y otro de sus brazos fue consumido en su totalidad por las llamas del paesebre, entonces sonrió; ahora era su turno.
Normalmente no recurría a este ataque a no ser porque realmente quería hacer sufrir a ambos caballeros dorados, así que manipulo todas las fuerzas de la naturaleza con su cosmos, a excepción de los rayos, el viento alrededor de ellos giro velozmente haciendo espadas de viento con impresionantes filos, como si fueran cuchillas, la tierra comenzó a temblar y se abrió dando oportunidad a que impresionantes llamaradas surgidas del subsuelo y formada por gases salieran de ella.
-¡Impulso de luz de Quirón! – Aioros se adelanto frente a Mascara de la muerte, para evitar que este fuese golpeado por el ataque. El noveno guardián incendio su cosmos y extendió sus alas, las cuales impulso un ancho haz de luz que genero un torbellino masivo seguido de un poderoso viento dorado que rechazo gran parte del ataque de Cronos, sin embargo varios filos de cuchillas de viento logro golpearlo haciendo grandes heridas en sus piernas, torso y brazos, mientras la tierra lograba derribarlo tanto a él como a Mascara de la muerte.
Aioros cayó pesadamente al suelo, el cual se abrió formando una grieta por la cual se deslizo y hubiera caído a no ser porque logro aferrarse a media caída de una saliente rocosa, sin embargo varias piedras se desprendieron sobre el logrando golpearlo, el griego desplego sus alas y salió a duras penas de aquel agujero, sin embargo apenas y sus rodillas tocaron la tierra se dio cuenta de las graves quemaduras de su piel, producto del calor al que estuvo expuesto y su vista comenzó a nublarse al haber inhalado gases tóxicos.
-¡Aioros! – Mascara de la muerte logro ponerse al lado del sagita y le ayudo a incorporarse echando el brazo del arquero a sus hombros.
-Ese ataque… parece como si hubiese golpeado… -
-Los ataques de Cronos no solo te dañan físicamente, si no que laceran por igual tu cosmos y alma. – Termino el italiano. Mascara de la muerte miro las heridas que Aioros había refrenado con su cuerpo, jamás imagino que alguien como él se observase en ese estado al recibir un solo ataque de ese titán, sin embargo Aioros tenía mejor pinta que él.
-Su suplicio aun no ha terminado santos de oro. – Cronos elevo su cosmos formando una presión negativa sobre ambos que les derribo al suelo, hundiéndolos y produciendo varias grietas bajo ellos, era como si las armaduras doradas estuvieran soportando el peso de miles de cerros sobre ellos, incluso el respirar se les dificultaba.
Cronos alzo su mano sobre su cabeza y una lluvia negra compuesta por millones de espinas penetrantes cayó del cielo, atravesando el cuerpo de ambos santos dorados que no podían moverse y cuya vida y cosmos escapaban por sus heridas, mostrando que sus armaduras de oro eran inútiles para proteger sus guardianes.
Aioros fue cegado por aquel dolor inconmensurable, acababa de recibir dos golpes de ese titán y ambos habían logrado cortar y atravesar su alma y cosmos sin piedad, no podía siquiera moverse y sabia que Mascara de la muerte estaba en las mismas condiciones que él.
-Maldición… - Cerro sus ojos azules con fuerza y apretó la mandíbula, mientras su cuerpo temblaba de dolor y se movía convulsivamente a ese paso morirían desangrados y claramente no iba a permitirlo, reunió toda su fuerza de voluntad aguantando al dolor que corría por todo su cuerpo y comenzó a mover su brazo izquierdo para tomar una flecha, pero a penas y logro rozarla con sus dedos, cuando Mascara de la muerte lanzo un poderoso rayo dorado de uno de sus dedos.
El italiano sabia y conocía que ambos se encontraban en la misma situación desesperante y de no hacer nada, ambos iban a morir, Aioros aún podía continuar peleando, pero él ya era una carga, así que ya había tomado una decisión.
-¿Qué…haces? – Aioros miro asustado a Mascara de la muerte quien sonrió retorcidamente.
-¿Qué más Aioros? Lo que mejor se hacer; desobedezco a Shion. – El italiano se planto firme de rodillas y su cosmos ardió. - ¡Separación de almas! – Un inmenso rayo dorado broto del dedo índice de Mascara de la muerte y atravesó el pecho de Cronos justo a nivel de su corazón, por una fracción de segundos el cosmos del titán se sacudió con brutalidad, lo cual distorsiono el rostro del pelinegro. – Te encomiendo a Athena.
-¡¿Qué demonios estás haciendo?! – Cronos sintió como aquel rayo había atravesado su alma y ahora comenzaba a hacerse más grande en su interior amenazando con destruir su alma y eliminarla por completo. Pero ¿Cómo era posible que existiera un humano, capaz de hacer algo como aquello? ¿Qué golpeara el alma y el cuerpo de un ser divino como él? ¿Acaso Athena había creado a los santos dorados para hacerles frente? No, no iba a permitir que Cáncer o cualquier otro lo destruyera, había que eliminarlo de tajo e iba a hacerlo ya.
La lluvia ceso por completo, por lo que Aioros se puso de pie como pudo y lanzo su flecha hacia el titán, quien fue atravesado por esta en un costado, sin embargo los cuatro brazos de Cronos que salían de su kamui comenzaron a vibrar con velocidad creando una gran resonancia que genero una inmensa onda, que golpeo como cuchillas intangibles el cuerpo de Mascara de la muerte, perforando su pecho y cortando el cosmos y la fuerza vital del caballero en un solo tajo.
-¡Mascara! – Aioros observo como el cuerpo del italiano golpeo el suelo pesadamente en un charco de sangre y varias gotas escarlatas salieron esparcidas en todas direcciones, mientras el cosmos de su compañero se apagaba en su totalidad. - ¡Mascara!
Aioros sintió una impresionante onda de angustia en su interior y pronto el cosmos de sus compañeros dorados, dispersos en todas direcciones del santuario se alzaron temerosos, al sentir como uno de los suyos acababa de caer. Aioros abrió los ojos impresionantemente y cayó pesadamente de rodillas al lado del cuerpo del italiano, mientras varias lágrimas caían de sus ojos celestes.
-¡Eres un maldito tonto! – Le grito fuera de sí. - ¡Debiste esperarme! – Las lágrimas cayeron en un torrente de rabia por sus mejillas y sintió como estas parecían quemarle el rostro.
-Pronto te enviare con él. – Escucho la terrible y burlona voz del titán.
-¡Cronos! – El cosmos de Aioros exploto con brutalidad y sus ojos destellaron una rabia inmensa, iba a detener a ese titán, él no iba a caer hasta que Cronos lo hiciera con él. –
-Tu enojo solo te conducirá al fracaso, al igual que tu compañero. –
-¡No tienes siquiera derecho a mencionarlo! – Aioros incremento aún más su cosmos, sin encontrar un límite aún, lo cual asombro al titán quien comenzó a considerar a sagitario también como una potente amenaza, ya había logrado golpearlo dos veces, la primera vez con su relámpago atómico y la segunda con su flecha, en ninguno de esos dos momentos había logrado desplegar un cosmos como el que ahora poseía.
-¡Voy a lograr encerrarte en el maldito tártaro! – Aioros observo de reojo como el cosmos y el cuerpo de Seiya aparecían tras él.
-¿Aioros? ¡¿Mascara?! – Parecía que el nipon había logrado recuperarse en el Yomotsu Hirasaka de las heridas causadas por Cronos y su cosmos también había dado un vuelco al ver el cuerpo terriblemente herido de cáncer, percatándose que no podía sentir el cosmos del guardián. - ¡¿Qué diablos paso, Aioros?! – Chillo el menor, lanzándose hasta donde se encontraba Mascara de la muerte.
Aioros respiro profundamente y se limpio las lágrimas con el dorso de las manos, mientras dos gotas cristalinas permanecían en la comisura de sus ojos. -Esta vez no perderé los estribos de mis emociones, Mascara, como aquella vez del Yomotsu Hirasaka en la cual tuviste que detenerme. – Aioros respiro profundamente y abrió de nuevo sus ojos llenos de decisión y furia que continuaron observando al titán. – Seiya, observa bien esta técnica, porque cuando heredes mi armadura deberás de controlarla. ¡Aplastamiento del infinito!
Aioros estallo su cosmos que produjo una descarga incandescente de luz cegadora y su cosmos ardió como nunca. Movió sus manos en circulo que desplego todo su cosmos intensificado al máximo en un número infinito de flechas de luz con cabeza buscadora, que se alzaron primero hacia el cielo como una descarga de cohetes y que descendieron en diversas direcciones y giros hacia Cronos en forma de un torbellino o espiral y que lograron tocar a Cronos a pesar de que este se teletransporto varias veces, atravesándolo y explotando en su interior sin piedad, generando una inmensa detonación dorada que se abrió campo en el cielo, como si una estrella incandescente parecida al sol hubiese golpeado directamente al titán.
-Aioros. – Seiya se descubrió los ojos poco a poco a medida que la enorme intensidad de aquella explosión cósmica disminuía mostrándole a Cronos el cual se encontraba arrodillado con varias perforaciones por todo el cuerpo, pero aún con vida. Aioros acababa de demostrar porque era considerado uno de los santos dorados más fuertes de su generación, pero Cronos también acababa de demostrar que sería más que un reto el vencerle.
-¡Voy a matarte Cronos! – Ladro furioso Aioros incrementando aún más su cosmos…-
…
Ban de León menor se reincorporo lentamente aun temeroso de la actitud que Encélado pudiese tener contra ellos, después de todo Algethi estaba severamente herido por las llamaradas que había lanzado el gigante contra él. ¿Acaso un santo simple de bronce como el podría hacer algo contra un ser mitológico? Sabía que jamás su cosmos se compararía al de Seiya y los demás pues este distaba mucho de siquiera rosar o parecerse al de los otros santos de bronce que habían logrado sobresalir, el solo había logrado conseguir la armadura de León menor y se había conformado con eso, sin pensar que algún día tuviese que enfrentar a un enemigo con un cosmos superior al suyo.
-Ban. – Aldebarán lo levanto del suelo por los huecos de los hombros y lo puso de pie, para después darle unas cuantas palmaditas cariñosas en el pecho. - ¿Sirius, Dio como se encuentran? –
-Bien. – Refuto Sirius, mientras Dio solo alzaba el dedo pulgar para indicar que se encontraba bien.
-¿Y cómo está Algethi? – Inquirió el santo dorado de oro, siguiendo de reojo a Encedalo.
-Las quemaduras que tiene en su cuerpo son graves. – Sirius arrugo el entrecejo al ver a su compañero y se maldijo al no poder hacer absolutamente nada para ayudarlo.
-Bien. Dio quiero que te retires con Algethi y le lleves al sanatorio. – Ordeno Aldebarán bastante serio. – No es mi deseo ganar una batalla, si pierdo a mis compañeros de equipo. – Dio y Sirius intercambiaron una mirada de aprobación y el caballero mexicano tomo al gigante de plata por el brazo y salió brincando de aquel lugar para conseguir ayuda.
-¿Por qué dejaste que me quedara? – Ban agacho el rostro mientras apretaba ambos puños con cierta impotencia, sin atreverse siquiera a mirar a Sirius o Aldebarán.
-No hay otra forma de vencer tus miedos que enfrentándolos. – Aldebarán sacudió el cabello del caballero de león menor y le sonrió. - ¿Acaso crees que Seiya y los demás fueron muy valientes cuando me enfrentaron la primera vez en la casa de tauro? Su miedo se respiraba a kilómetros. – Bromeo.
-Yo… - Ban asintió con decisión y agradeció mentalmente al caballero de oro.
-Después de todo somos compañeros y Sirius y yo te cubriremos la espalda por si necesitas ayuda. – Aldebarán apoyo sus manos sobre los hombros de sus compañeros. – En la guerra no hay rangos, todos luchamos por lo mismo.
Encélado se agacho y abrió sus fauces expulsando un aliento de fuego de color purpura donde se encontraban los tres, como si fuese un dragón entonces el trió brinco en diferentes direcciones, dispersando la atención del gigante y obligándolo a fijarse solo en uno de ellos, así que comenzó a seguir de Ban con la vista.
-Iniciare por el más débil. – Afirmo, pretendiendo asustar al joven caballero de bronce con esta afirmación y así hacerlo fallar. Encelado tomo su gigantesca lanza y la arrogo contra el joven de armadura anaranjada pero a mitad del trayecto Aldebarán se aferro a ella con fuerza y clavo pesadamente sus pies al suelo hasta que logro detenerla.
-¡Triturador de montañas! - Sirius avanzo hacia el gigante a una velocidad superior a los Mach 2 y le golpeo con su puño derecho rodeado de energía azul, como si fuera un cometa que logro proyectar a Encedalo contra unas rocas que se encontraban tras él, en las cuales se tropezó y cayó pesadamente.
-Inmovilización cósmica – Aldebarán extendió sus brazos frente a él y utilizo la presión de su cosmos para rodear el cuerpo de Encedalo e inmovilizar sus funciones físicas. -¡Ahora Ban! –
-¡Sí! – Ban coloco los brazos cruzados y se lanzo sobre el gigante logrando golpearlo con todo su cuerpo, justo en el centro del pecho el cual atravesó por completo el torso y el lugar preciso donde se encontraba su corazón. El gigante proclamo un alarido de dolor, al tiempo que se retorció bruscamente pero su cuerpo fue deteniéndose poco a poco, hasta que quedo inerte. -¡Lo logramos! – Festejo el caballero de bronce acercándose al santo de plata y oro.
-No te acerques demasiado a nosotros, estas cubierto por completo de sangre de un gigante. – Menciono con cierto asco Sirius.
-Oh vamos, dame un abrazo. – Ban se acerco amenazante a Sirius cuando de pronto una gigantesca piedra fue lanzada contra ellos, Aldebarán se arrogo sobre sus compañeros y les derribo al suelo, logrando sacarles de la trayectoria de ataque de Encedalo.
-¡Puño de acero! – Aldebarán concentro su cosmos en su puño, el cual produjo una columna lumínica dorada que impacto de forma certera y con un alto poder destructivo, en el pecho del gigante el cual cayó al suelo con prácticamente todo el pecho destruido. – Eso estuvo cerca. – Suspiro pesadamente el segundo guardián, rascándose la nuca y mirando relajadamente a sus dos compañeros que aun se encontraban en el suelo con la boca boquiabierta.
-Has reaccionado impresionantemente rápido. – Espeto Sirius.
-Nunca creí que un santo dorado de tu tamaño se moviera a esa velocidad. – Ban se levanto torpemente mientras Aldebarán sonreía calmadamente.
-Bueno es normal, para los santos dorados superar la velocidad de la luz. – Se excuso el gigante riendo algo abochornado por los comentarios de sus compañeros, pero pronto cegó su risa al sentir como un inmenso portal se abría a su espalda y varios gritos de guerra resonaban tras ellos, entonces se giro y abrió los ojos asombrado frente a él se encontraba el ejercito de Cronos, miles de soldados con armaduras de color negra transformados en inmensos monstros humanizados y tras ellos, se encontraban tres inmensos gigantes correspondientes a Zeus, Poseidón y Hades.
…
Los titanes siempre habían guardado una similitud para pelear a pesar de que sus poderes fuesen diferentes solían tener ritmos de batalla iguales, peleaban de forma ascendente permitiéndoles siempre a sus enemigos incrementar sus cosmos hasta su límite y que ellos mismos fueran conscientes de su propia inferioridad, sin embargo había algo que los diferenciaba a todos; Cronos siempre asesinaba a todos sus adversarios, débiles y fuertes, Rea; solía hacer que sus criaturas lucharan en su lugar, Críos peleaba y jugaba con cada uno de sus oponentes hasta matarlos, Hyperion había optado por derrotar siempre a los más débiles hasta dejar a los más fuertes hasta el final y enseñarles la impotencia que representaba ver morir a tus subordinados, pero él; Koios siempre solía matar a los más poderosos, con el fin de que los más débiles se dieran cuenta de su inferioridad y desistieran de querer atacarlo. Era por ello que sus objetivos eran Milo y Aioria.
Babel cayó de espaldas, mientras Arles se interponía entre él y el titán que miraba serenamente al nuevo caballero que había aparecido ante él. El santo de plata a quien Saga de géminis había asesinado para lograr usurpar el puesto de patriarca del santuario.
-¡Arles! – Milo continuaba recostado sobre el suelo, pero alzo el rostro al escuchar al ayudante del patriarca, aquel al que solían siempre gastarle bromas sin que este se diera cuenta ahora estaba defendiéndoles.
-¿Cómo se encuentran Milo, Aioria? – Para Arles le fue imposible no fijarse en las heridas de ambos santos dorados, después de todo nunca había visto a ambos santos pelear enserio, pero la gravedad de las heridas que mostraban sus cuerpos únicamente le estaban indicando que la fuerza del titán a quien enfrentaban iba más allá de lo que el podría imaginarse.
-¿Un caballero de plata? – Koios observo el resplandor de la armadura con cierto mohín de fastidio. - ¿Acaso ustedes son incapaces de entender su debilidad?
-¿Debilidad? – Aioria se levanto trabajosamente y alzo su rostro hacia el oscuro cielo, pensando en cuantas veces le habían llamado débil a él mismo y cuantas veces el habia utilizado esa palabra para referirse a sus enemigos o compañeros. – Te mostrare que el espíritu de un caballero no conoce esa palabra. ¡Colmillo relámpago! - Aioria concentro su cosmos en el puño y con el golpeo el suelo, liberando todo su cosmos bajo la tierra, la cual comenzó a destruirse como si una implosión estuviera produciéndose dentro de ella, para aparecer en multiples pilares dorados de electricidad, que destruyeron y se propagaron caóticamente por todo el lugar, lanzando rayos y relámpagos al exterior desde el piso, impactando desde abajo todo lo que se encontraban en la superficie.
-¡Ahora es mi turno! – Milo alzo su muñeca derecha, pero Arles le retuvo del brazo. -¡¿Qué?! – Gruño con cierta molestia.
-Observa. – Menciono sabiamente el mayor. Milo dirigió su vista con cierta molestia hacia donde Arles indicaba y reparo que a pesar del ataque destructivo de Aioria, Koios esquivaba velozmente los rayos provenientes del suelo, siguiendo un típico patrón defensivo y fue ahí cuando comprendió. Arles no estaba evitando que atacara a Koios por el contrario, quería que memorizase el patrón que estaba utilizando el titán para esquivar la técnica de Aioria y cuando el atacase lo hiciera justo en el lugar que Koiso iba a utilizar. De esta forma si lograba predecir el ataque de Milo, los rayos de Aioria lo alcanzarían y de no hacerlo sería la aguja escarlata quien le atravesase.
-Ahora lo he visto. ¡Aguja escarlata! – Milo atravesó la distancia que lo separaba del titán y a la misma técnica de Aioria quien evito golpear a MIlo con esta, para cuando Koios reparo en la presencia de Milo fue muy tarde, pues para ese momento Milo ya habían incertado 6 agujas más en su cuerpo.
Koios cayó pesadamente al suelo, cubierto por varios hilillos de sangre que correspondían a los puntos donde las agujas de Milo se habían enterrado, entonces todos los rayos del ataque de Aioria colisionaron en un mismo punto y golpearon al titan, sumergiéndolo en el suelo entre escombros y alzando una terrible masa de polvo y humo.
-Buen trabajo Milo, Aioria. – Felicito Arles, ambos jóvenes se sonrieron entre si y luego miraron agradecidos a Arles. – Sin embargo aún no es tiempo de relajarse. – Arles apunto con su barbilla el lugar donde había caído Koios de donde el cosmos del titán comenzaba a desprenderse un cosmos extremadamente maligno.
-Una aguja escarlata más y todo esto habrá acabado. – Refuto tranquilizadoramente Milo, sin embargo justo en momento, los ojos rojos de Koios parecieron resplandecer con mayor intensidad al tiempo que entre la silueta escondida en las sombras resplandecía algo alargado en la mano derecha del titán, que a los ojos de los santos no fue difícil adivinar que se trataba del Keraunos.
-Hemos despertado la furia de uno de los hijos de Gea. – Augurio Arles mirando de forma perspicaz las intenciones del titán. Sabía que Babel y él no eran adversarios dignos del titán y que este consideraba a Aioria y principalmente a Milo como su peor amenaza, así que se aventuro al creer que trataría primero de matarlos a ellos dos. – Babel, quiero que me escuches atentamente, si Koios tratase de acabar con Milo y Aioria, es nuestra obligación como sus compañeros evitarlo y abrir un espacio para que los dos puedan acabar con ese titán. –
-Pero si el keraunos logra golpearnos los dos… -
-Así es. - Arles cerró los ojos con tranquilidad y volvió a abrirlos con decisión. – Los dos moriríamos pero abriríamos un camino de esperanza para nuestros compañeros. Seriamos la chispa que produciría una tormenta de fuego. ¿Estás dispuesto? –
-Sí. – Babel empuño sus manos con fuerza hasta que sus puños palidecieron y sonrió torcidamente. – Tal vez mis ataques no puedan golpear a ese titán, pero usare con gusto mi cuerpo de escudo para que Milo y Aioria terminen con él.
-Gracias. – Refuto agradecido Arles.
Koios se incorporo sin fingir la molestia que les causaba ambos jóvenes, nunca ningún adversario lo había llevado hacia aquel extremo, ni habían logrado golpear su cuerpo de esa forma, así que ahora era tiempo de terminar una vez por todas con aquellos jóvenes, no importaba si tenía que utilizar el Keraunos para ello, el cual descansaba en esos momentos en su mano derecha expeliendo rayos y centellas celestes alrededor de él, cada paso quedaba un rayo o trueno resplandecían en el cielo y golpeaban la tierra con brutalidad.
-¿Aioria? – Milo miro a su compañero, quien miraba con cierto nerviosismo al titán. – Creo que esta vez si lo hemos cabreado.
-¿Acaso ya te dio miedo alacrán? – Aioria comenzó a elevar su cosmos dorado y comenzó a caminar con la misma precisión hacia el titán, para encontrarle.
-Aioria. – Milo le detuvo por el brazo y negó profundamente. – Déjame, yo me hare cargo del resto.
-¿Qué? –
-Esta vez seré yo quien te dé la oportunidad de atacar a ti. – Aioria miro intrigosamente al santo de escorpión quien sonrió nerviosamente.
-Voy a asestarle las última aguja que le falta, pero en esa ocasión no usare la aguja escarlata simplemente, si no que hare arder mi cosmos para usar Antares ardiente y…
-¡No! ¡Estás loco Milo! ¡Te mataras si la haces! Tu mismo me lo dijiste Athena te prohibió usar de nuevo esa técnica, tu corazón no lo resistiría… - Aioria freno en esta ocasión a Milo por el brazo y se aferro con fuerza a él. – Los dos podemos vencerlo juntos. No hay necesidad de sacrificios.
-¡Perforación del relámpago negro! – Koios desplego de su mano izquierda una infinidad de rayos negros que se dirigieron en diversas direcciones, como si estuvieran danzando y que golpearon a los cuatro caballeros que estaban distraídos en su propia discusión, causándoles múltiples daños que terminaron por lanzarse con brutalidad al suelo.
-Estoque de ébano. – Koios no espero que ninguno de ellos pudiese siquiera incorporarse cuando volvió a atacarlos en el suelo. Creo un gran rayo negro que a medida que avanzaba hacia los caballeros se fragmento en cuatro y golpeo a cada uno de ellos, inmovilizándolos por completo y recorriendo cada fibra de su ser mientras escarmentaban un tremendo dolor.
La inmensidad de aquel ataque fue disminuyendo paulatinamente hasta lanzar solo un par de centellas negras que se perdieron en el atardecer. El caballero de escorpión aun mantenía movimientos involuntarios a causa de las corrientes eléctricas que aun permanecían en él, por su parte Aioria aun continuaba paralizado por completo, sin poder mover ni siquiera un musculo. Por su lado Arles y Babel no llevaban una situación más favorable a los dorados, aunque si bien las heridas causadas por Koios eran menores que las de los dos santos.
-Aioria. – Milo alzo lentamente el rostro y miro en la lejanía la silueta borrosa de Koios. – Debes entender que es la única forma de derrotarle.
-Te estás dando por vencido, Milo. – El león dorado gruño levemente debido a lo adolorido que había quedado su cuerpo después de recibir tremendas descargas. – Athena no te perdonara que mueras a causa de una técnica que ella misma prohibió a tu signo.
-No voy a morir. – Milo se incorporo torpemente, balanceándose peligrosamente hacia atrás y adelante, mientras mostraba su ponzoña al titán frente a él. – He estado entrenando y esta vez lo único que ardera será el corazón de Koios.
-Esto ya ha acabado caballeros. Rafaga de ébano. – El titán desplego una gran cantidad de su cosmos negro que forjo dos impresionantes laminas de energía eléctrica negra y que proyecto muy rápidamente hacia Milo y Aioria con el fin de acabar con la vida de ambos dorados, los dos ataques cortaron el suelo, dejando enormes grietas a su paso, como si se tratase de la Excalibur de Shura, sin embargo este halo negro, destellaba y lanzaba rayos cada vez que impactaba contra una gran cantidad de piedras o escombros.
-¡Babel ahora! – Arles se puso frente a Milo y Babel hizo lo propio con Aioria, los dos haces golpearon a cada caballero de plata que sirvieron de escudos humanos a ambos santos de oro.
-¡Babel! – Aioria estaba aún arrodillado en el suelo para cuando Koios habia lanzado su ataque, pero en cuanto observo al santo de plata ponerse frente a él, trato de alcanzarlo deseperadamente con su mano, sin embargo la hoja eléctrica logro golpear primero al caballero de plata. El león dorado alcanzo a distinguir como la armadura de Babel se partió por la mitad, destruyéndose en su totalidad y vio como la sangre salió proyectada en un chorro vertical, que salpico todo el suelo a los pies de Babel. - ¡No! ¿Por qué diablos lo hiciste? –Aioria cacho al santo de plata y lo deposito con cuidado en el suelo.
-Porque… para mí… tú eres igual que Seiya… - Babel observo como Aioria puso una cara consternada y llena de preocupación, entonces a pesar del dolor se esforzó por sonreírle débilmente. – Ustedes… también…son esperanza…
-¡Arles! – Milo miro asustado como el pectoral de la armadura de Altair caía pesadamente al piso, seguida de su dueño, quien golpeo duramente el suelo con las rodillas y se detuvo con los brazos para que sus ojos oscuros, mirasen los azules de MIlo, que le miraba terriblemente asustado.
-El patriarca no te…regañara por esto. – Bromeo el santo. A pesar que Babel y el habían frenado el mismo ataque del titán hacia los santos de oro, Arles lo había soportado en mejor forma que Babel, demostrando de esta forma, porque era el guardaespaldas del patriarca y se le consideraba uno de los santos más poderosos del santuario. – Milo, Aioria, ustedes dos pueden derrotar a Koios, tienen la fuerza para hacerlo.
-Arles. – Milo agacho la mirada para esconder la frustración que sentía en ese momento y apretó sus puños al grado que estos palidecieron. Desde que eran unos niños y a pesar de todas las bromas que solían gastarle a asesor del patriarca, cada uno de ellos estaba agradecido con Arles quien siempre había sido una persona dispuesta a ayudarlos a crecer como caballeros y personas.
-Yo confió en ustedes. – Arles puso su mano en el hombro de escorpión y le sonrió paternalmente antes de caer por completo al suelo.
-Aioria. – Milo se puso de pie y le dio la espalda al león dorado. – No me importa si muero realizando esta técnica o si me condeno con ella, mi deber como santo es derrotar a ese estúpido titán y voy a hacerlo a como dé lugar. –
-Tienes razón, Milo. No importan las consecuencias de nuestros actos. – Aioria camino a paso firme, con su mirada azul fija en Koios como si fuera un depredador y su cosmos comenzó a incendiarse en compañía del octavo guardián.
-¡Vamos a derrotarte Koios! – Corearon. Ambos hicieron arder su cosmos al máximo, generando un aura dorada que ascendió desde el suelo hasta cubrirlos por completo, destruyendo el piso a su alrededor, mientras las constelaciones de leo y escorpión resplandecían con intensidad en el firmamento.
…
Afrodita comenzó a elevar su cosmos dorado, mientras su mirada celeste se posaba filosa sobre Ladón, se llevo una rosa a los labios y sonrió con cierto desdén a la criatura y su dueña.
-Esta vez iré en serio y te mostrare todo mi cosmos. – Afrodita empuño sus manos con fuerza y un aura dorada centello desde el suelo, cubriendo todo su cuerpo y haciendo revolotear su cabello.
-Eso ya lo veremos. – Refuto Rea con cinismo e incentivo a Ladón a lanzarse contra el caballero dorado.
Afrodita suspiro profundamente y se concentro en el dragón de cientos de cabezas, haciendo a un lado el dolor que sentía en su abdomen, en su pierna y las punzadas que producían los orificios que habían dejado las patas de la esfinge al clavársele y a su vez sintiéndose libre de atacar a ambos, sin la necesidad de cuidar ambas urnas.
En esta ocasión corrió directamente hacia Ladón quien no disminuyo en lo absoluto su velocidad, mientras Rea permanecía atrás de la bestia simplemente observándolos. Cuando ambos estuvieron uno cerca del otro, Ladón lanzo varias de sus cabezas hacia el sueco, quien las esquivo al tumbarse sobre el suelo y arrojarse bajo el cuerpo de la bestia, una vez ahí desplego una gran cantidad de su cosmos.
-¡Rosa diabólica! – Afrodita genero con su cosmos cientos de rosas rojas envenenadas que lanzo como proyectiles contra el cuerpo de Ladón que recibió por su abdomen una infinidad impresionante de centellas rojas que sobrevolaron la corta distancia entre él y el santo, sintiendo como los tallos y espinas se incrustaban profundamente en su piel.
Ladón sintió como su vista se fue nublando, perdiendo lentamente el uso de sus cinco sentidos y produciendo que varias de sus cabezas desfallecerán ante la descarga de mortal veneno que estaba corriendo por todo su sistema, hasta que una a una fueron perdiendo el conocimiento y cayeron progresivamente sumiéndose en un sueño profundo, sin el menor escarmiento de dolor y cautivado por un aroma dulce, que sesgo su respiración y lo llevo a morir indoloramente a los pies del santo de piscis.
Rea observo en silencio la técnica de Piscis y comprendió al instante de que a Ladón le alcanzaron las rosas que estaba completamente perdido, pero aquello despertó aun más la curiosidad de Rea que el odio por ese ser humano. No comprendía como un caballero era capaz de manejar un nivel de veneno tan letal y ser inmune a él. Incluso creía que el veneno de la hidra de Lerna pudiese llegar a ser inferior que al de aquel orgulloso santo.
-Esto se acabo Rea. –
-Aún no. – Rea agudizo su mirada y su cosmos negro volvió a marcar un sello sobre el suelo escrito en griego antiguo.
-Enfréntame directamente tú y deja de hacer que otros libren tus peleas. –
-¿Acaso te molesta? – Los ojos de Rea resplandecieron de un tono escarlata brillante y sonrió forzadamente. – Pero si es eso mismo haces tú por tú amada Athena. – Rea soltó una leve risilla al poder regresarle sus palabras al santo, quien solo arrugo levemente la nariz.
Rea se agacho lentamente y coloco su mano sobre el suelo invocando con su cosmos a la mismísima Quimera, aquella que fuese hija de Tifón y Equidna y que había aterrorizado poblaciones enteradas, engullido y asesinado a rebaños y comunidades durante siglos enteros, sin encontrar oposición por los dioses, ni héroes de la época.
El sueco aprecio el gigantesco cuerpo de una cabra extremadamente musculosa que escondía en su lomo la gigantesca cabeza de una cabra con grandes cuernos negros, con la cola de una serpiente y la cabeza de un león en su parte frontal, destrozo con sus poderosas pisadas el suelo y agudizo sus ojos ámbares inyectados en sangre y sed sobre él.
-La diversión entre nosotros Afrodita no van a terminar pronto. - Rea dio un gran salto del lomo de Quimera y rodio de nueva cuenta su mano derecha de sus cosmos negros, fue entonces cuando reparo que el sello aun continuaba en el suelo por lo que la reina de los titanes aún planeaba continuar invocando criaturas mitológicas.
El caballero casqueo la lengua con cierta molestia y cuando estuvo a punto de atacar a la titanide, se detuvo pues Quimera comenzó a moverse agazapada sobre sus cuatro patas hacia él. Afrodita apareció una rosa roja en su mano y cuando trato de atacar, Quimera se lanzo sumamente rápido hacia él, logrando embestirlo por completo, Afrodita sintió el pesado impacto en el pecho que le lanzo contra la columna de arboles a su espalda, los cuales destruyo, derribándolos y partiendo sus troncos a la mitad con su espalda, sin embargo a medida que quería detenerse con las ramas o troncos estos se rompían por la fuerza con la que había sido lanzado.
Cuando por fin se detuvo, estaba sumido en una cama de hojas y con cientos de troncos y ramas dispersos a su alrededor, tenía una gran dificultad para respirar por lo que tomaba grandes bocanadas de aire y apretaba los ojos con fuerza para tratar de ignorar el dolor que sentía en el pecho y la espalda a causa del impacto, eso sin contar la cantidad de astillas y rasgaduras producidos por miles de fragmentos de madera. Quimera le había golpeado a una velocidad mayor que la de un santo dorado, no podía creer que un cuerpo tan colosal y pesado pudiese moverse tan rápido.
Afrodita se apoyo con sus brazos sobre los troncos a su espalda y miro a Rea que le observaba divertida mientras Quimera se agazapaba frente a ella, para protegerla, entonces aquel portal centello de nuevo y en esta ocasión, Afrodita observo por debajo de los pies de Quimera como brotaba del portal un gigantesco león que con tan solo observarlo Afrodita supuso que se trataría del León de Nemea, aquel que Hércules había matado en el pasado.
-Maldición. – Afrodita observo que aun Rea se encontraba con la mano en el piso y supuso que invocaría a otro ser mitológico, así que apareció una rosa negra en su mano derecha y la lanzo hacia la titanide. - ¡Rosas pirañas! – La rosa negra que lanzo, se multiplico en su trayecto y decenas de rosas sobrevolaron hacia la titanide, entonces Quimera se interpuso entre la deidad y el ataque, abrió las fauces de la boca de león y una inmensa columna de fuego destruyo los pétalos negros y los filosos tallos, pero no solo eso sino que también se dirigió a Afrodita, quien se lanzo hacia un lado para ver como los troncos que antiguamente habían frenado su avance y parte del bosque ardían. -¿Cómo voy a detenerla? -
Afrodita miro de soslayo a la ultima criatura invocada por Rea, la cual era una hermosa mujer de cabello largo, con el torso de una bella mujer griega, con temibles ojos oscuros en su totalidad y cuerpo de una serpiente, el santo de piscis la vio parpadear como serpiente y observo como su lengua era la de un reptil que siseaba constantemente.
-¿Que os parecen estas maravillosas y preciosas criaturas? Tan dignas de reinar en esta tierra y el mismísimo cielo a nuestro lado. – Rea acaricio el costado del león de Nemea y sonrió con cierta malicia, observando al santo de las flores de reojo. – No te preocupes piscis, Equidna y el león de nemea tienen otra misión, no sois su adversario, deseo que ellos dos destruyan la edificación que esta por delante de nosotros.
-El sanatorio.- Abrió los ojos con mesura y su cosmos se altero al comprender que Quimera y Rea le detendrían para que los otros dos destruyesen y asesinasen a todos en el sanatorio. - ¡No puede ser! ¡No hay ningún caballero que pueda pelear en estos momentos en el sanatorio! ¡Todos ahí son civiles o son santos heridos!
-Vayan queridos, no hacéis esperar a sus estómagos. – Equidna rio estrepitosamente lanzándose de vientre sobre el suelo y serpenteo entre los árboles, mientras su risa se perdía en el bosque. Por su parte el león de Nemea rugió bestialmente y corrió entre los arboles destrozando estos a su paso.
-¡No puedo permitirlo! – Afrodita ignoro a Rea y Quimera y se introdujo en el bosque corriendo a toda la velocidad que sus piernas le permitían y cuando estas llegaban a su límite les obligaba a ir mas allá. -¡Tengo que detenerles! ¡Ellos son inocentes!
Afrodita visualizaba entre las copas de los arboles la gran fachada del sanatorio y veía que cada vez iba acercándose más, podía sentir el cosmos de Quimera y la misma Rea a sus espaldas y comprendía que estaba llevando a estos también al sanatorio pero no había otra forma, si él no llegaba hasta ese lugar nadie absolutamente nadie se interpondría ante Equidna y el león.
Salió estrepitosamente del bosque, arrasando con unos arbustos y respiro aliviado al ver que había logrado llegar primero, observo en la entrada del sanatorio a unos cuantos sacerdotes que le miraron espantados, al reconocer que nada bueno llevaría a un santo de oro hasta esas inmediaciones y apuraron a las doncellas y heridos a entrar al recinto.
-¡Cierren puertas y ventanas! ¡Todos entren y que nadie, absolutamente nadie salga! – Afrodita sintió como una gigantesca espina atravesaba su pecho y lo jalaba hacia el interior del bosque destrozando arboles y ramas sin misericordia, arrastrándolo con fuerza de espaldas hasta que llego a los pies de Rea, quien sonrió sádicamente.
-Solo estas retrasando lo inevitable. – Rea acaricio con suavidad el rostro del caballero y descendió su mano hasta el pecho del santo justo por donde la raíz perforaba su pecho. – Esto realmente se ve muy mal, permíteme ayudarte. – Afrodita sintió como de la raíz brotaban cientos de espinas que se clavaron dentro de todo su cuerpo, para después salir bruscamente de él, Rea y Quimera se adelantaron unos pasos hasta que los perdió en el claro del bosque.
Se incorporo velozmente pero pronto sintió un terrible sofoco y mareo que le derribaron al suelo, comprendiendo que Rea tenía su propio veneno y que acababa de inyectárselo directamente en su torrente sanguíneo, su vista comenzó a nublarse y su cuerpo dejo de responderle, cayendo pesadamente al suelo.
-No puedo rendirme. – Afrodita recordó por unos segundos a su maestro y la terrible sensación que sentía cada vez que hacían los lazos rojos, cada envenenamiento que había sufrido y cada vez que su vida había estado al borde de la muerte. – No me perdonare, si algo le pasa a esas personas.
Se incorporo lentamente sintiendo como su cuerpo estaba tan pesado que le costaba moverse, tenía que concentrarse e incendiar su cosmos, no había necesidad de contrarrestar el veneno, tenía que hacerlo también parte de él, incluirlo en su sangre.
Rea observo la estructura del sanatorio y sonrió al ver como la gente miraba aterrada desde las ventanas de cristal a Equidna y a el león de Nemea, incluso su rostro palideció aun más cuando observaron a Quimera a su lado. – Los seres humanos son tan estúpidos que incluso creen que ellos tres son más fuertes que yo, sin saber que tan solo son mis creaciones.
-Equidna, Quimera y mi hermoso león, destruyan ese edificio. – Las tres grandes bestialidades se iban a lanzar sobre el sanatorio, cuando escucharon los pasos débiles de Afrodita a sus espaldas, el cabello del santo iba revuelto y tenía grandes moretones y heridas por todo el cuerpo, incluso pequeños hilillos de sangre resbalaban por todo su cuerpo y cada paso que daba dejaba gotas de sangre.
-Aún…estoy con vida… - Afrodita escondió sus ojos bajo su flequillo y apareció una larga espina en su mano con la cual se corto la muñeca izquierda, de la que broto un chorro de sangre que baño la armadura dorada de escarlata.
-El veneno te está haciendo alucinar. – Canturreo Rea.
-Habla todo lo que quieras Rea… - Afrodita cayó pesadamente de rodillas al no poder controlar su cuerpo y se detuvo con las manos, mientras de su muñeca caían grandes gotas de sangre que eran absorbidas por la tierra como si de roció se tratase.
Rea miro con cierta lastima como el guerrero parecía muerto en vida y era obvio, ningún ser había podido resistir su veneno, aquel que superaba al de la hidra de Lerna, así como ella podía generar vida con una gota de su cosmos, su veneno podía arrebatárla y solo estaba mostrándoles a los humanos tras ella, que aún un poderoso y temible santo dorado era humano y vulnerable para los titanes.
-¡Miren humanos, sus guardianes están perdidos, sus rodillas flaquean y su diosa los ha abandonado! ¡Su extinción es inevitable! – Rea guardo silencio al ver como de nueva cuenta de la tierra brotaban un centenar de rosas rojas que rodeaban por completo el sanatorio esparciendo una hermosa niebla carmesí. - ¿Enserio crees que tu ataque volverá a funcionar?
-No los tocaras mientras siga vivo. Athena no nos ha abandonado y yo soy la muestra ferviente de ello, mientras el cosmos de mi diosa arda, el mío no dejara de florecer. ¡Prisión carmesí! – Las raíces de aquellas rosas rojas brotaron del suelo de un tamaño gigantesco, alzándose hacia los cielos, al ser dirigidas por el cosmos de Afrodita y comenzaron a cubrir en su totalidad el sanatorio, entrelazando sus raíces unas con otras en una especie de capullo carmesí, que hizo un escudo en torno al recinto.
-Realmente es inútil que trates de salvarlos a ellos, cuando ni siquiera os puedes salvar tu mismo. – Rea miro divertida el perfecto escudo de raíces y acaricio el lomo del león de Nemea. – Si tienes tantas ganas de morir antes que ellos, así será. Ve a por él…
…
-Shura. – Geist acaricio el rostro pálido del español con sus dos manos y unió su frente a la de su amado, cerrando con fuerza los ojos y respirando profundamente. – Yo engañare a tu mente contra este terrible dolor, le hare que no lo sientas, pero debes saber que la herida continuara ahí.
-Entiendo. Todo será una ilusión.– Y es que Geist era una fiera ilusionista, tal vez fuese una de las mejores, después de los santos dorados, sus técnicas de engaño se habían desarrollado colosalmente cuando esta había abandonado el santuario y ahora eran más feroces que nunca. – No vayas a interferir Geist.
-No te prometo nada. – Geist tomo el brazo derecho de Shura, le beso fugazmente y con fuerza los labios, mientras el cosmos de la amazona se unía al suyo. Cuando abrió los ojos de nuevo el dolor de su brazo derecho se había ido por completo. Por lo que Shura se incorporo sin ninguna dificultad e incendio su cosmos.
Sabía que no podría utilizar su brazo derecho, como Geist había dicho la herida continuaba ahí, así que si la utilizaba no podría controlar a Excalibur, pero ahora sin percibir el dolor de su brazo derecho, podría interceder en la pelea contra Críos.
El titán repelió con facilidad la espada de Shiryu y observo sorprendido como Shura caminaba hasta el rodeado de su cosmos dorado y sin ni siquiera una muesca de dolor en su rostro, lo cual le asombro, pues estaba seguro que en ningún momento el había frenado su unión con el cosmos de Koios, así que prácticamente resultaba imposible que el santo hubiese siquiera logrado incorporarse. ¿Acaso Athena le estaba ayudando con su cosmos? Eso era imposible, el cosmos de Athena hacía mucho tiempo que había abandonado el santuario. Entonces ¿Qué era?
-Tu Excalibur es impresionante Shiryu pero la herida sobre tu brazo te imposibilitara desempeñarla adecuadamente. – Shura extendió su brazo izquierdo y su cosmos se concentro en este. – Aún así la has ejecutado asombrosamente.
-Gracias, Shura. – Reconoció el joven dragón. - ¿Tu herida?
-Por ahora no reparemos en ella. – Shura alzo su brazo hacia el cielo y afilo su mirada sobre Críos. – Tenemos que concentrarnos en derrotarlo, eso es lo único que importa ahora.
-¿Cómo es posible que pudieses levantarte? – Críos tomo el mango de su espada y observo con cautela a ambos caballeros frente a él.
Shura se limito a no contestar, pero sonrió muy levemente al darse cuenta que Geist aun tenía sus dotes de escabullirse y moverse sin ser detectada, muy probablemente se encontraría escondida entre las pilastras del templo patriarcal observando desde las sombras el combate y ayudándole a mantener aquella ilusión sobre su brazo derecho.
-¡Excalibur! – Shura alzo su brazo izquierdo hacia el cielo y le dejo caer en línea recta, proyectando de este una cuchilla extremadamente afilada, llena de energía cortante que se propago en una línea recta que abrió un profunda grieta en el suelo y se dirigió como un haz de luz dorado hacia Críos, que alzo su espada con sus dos manos para frenarla, el impacto entre ambas hojas produjo un sonoro golpe metálico que hizo retroceder varios metros al titán, que abrió los ojos impresionados al darse cuenta que la espada del caballero dorado era más filosa de lo que creía. La línea dorada poco a poco fue mermando, pero Shura se adelanto hasta donde se encontraba y golpeo con ferocidad su brazo izquierdo contra la espada de Críos.
-Esta será una batalla interesante, caballero. – Críos empujo a Shura hacia atrás, que brinco ágilmente para evitar ser cortado por la espada del dios.
-Te equivocas al pensar que peleo contra ti por gusto, Críos. – Shura extendió su brazo izquierdo de nueva cuenta y miro de soslayo al titán. – El único motivo por el que tu y yo nos enfrentamos es debido a que tu presencia está cortando con el orden y la justicia impuesta por mi diosa Athena y eso es algo que los caballeros jamás podremos perdonar.
-La justicia viene dada por el lado al que cuestiones. – Críos incendio su cosmos e hizo un ágil movimiento con su espada que corto la palma de su mano, la sangre del titán baño rápidamente la espada y deslizo su sangre por esta, la cual comenzó a resplandecer de un color escarlata como si hubiese estado en las llamaradas de un volcán, durante mucho tiempo. Poco a poco la coloración de la espada fue disminuyendo hasta que retorno a su coloración habitual. – En ese caso capricornio, anhelo que me demuestres que tan hábil espadachín y honrado guerrero eres.
-Shiryu. – Shura miro de reojo al caballero de dragón, quien asintió al llamado. – No interfieras en este combate.
-¿Qué? ¿Pero Shura? – El dragón miro asombrado al santo del decimo templo. – Él es un titán y tu…
-No importa. – Shura puso su brazo frente a él y sus ojos resplandecieron de un haz ópalo. – La única forma de derrotar a un verdadero espadachín es una pelea uno contra uno. –
-Realmente eres un santo honorable y me enorgullece pelear contra ti. – Críos borro la sonrisa sarcástica que había llevado durante todo ese tiempo y se puso serio. – Te regresare el favor. De ahora en adelante únicamente luchare con mi espada, dejare de utilizar mi cosmos para controlar el agua.
-¡Excalibur! – Shura lanzo de nueva cuenta el filo de su espada, pero en esta ocasión el impacto entre las dos armas se mantuvo en un equilibrio perfecto, era como si la sangre de Críos hubiese aportado la última energía que necesitaba su arma para alcanzar su máximo nivel de resistencia.
El brazo izquierdo del titán comenzó a resplandecer de un haz aquamarina y de repente el filo dorado se proyecto hacia Shura quien se movió a un lado para esquivarlo y fue a impactarse contra el templo de Athena el cual fue partido justo a la mitad y se derrumbo su fachada. Shura miro hacia Críos y comprobó que este tenía un escudo esférico de color azul en su brazo izquierdo y con el cual había logrado repeler con una facilidad absoluta a Excalibur.
-Ahora es mi turno. – Críos había dejado de ser el titán burlón y sarcástico y había optado por una seriedad absoluta, reconociendo por primera vez al caballero dorado como un digno contrincante. El escudo de Críos comenzó a emitir una luz dorada y de pronto de este salió proyectado un haz dorado.
-¿Excalibur? – Shiryu que observaba la pelea desde un extremo, al lado de los cuerpos de Shun e Ikki observo como el escudo había generado una espada Excalibur de la misma intensidad y fuerza con la que Shura era capaz de recrearla.
Shura extendió su brazo izquierdo y recibió el golpe de lleno de su propia espada que le obligo a dar unos pasos hacia atrás, mientras su Excalibur y la recreada por Críos se enfrentaban, tenían el mismo nivel de cosmos y el mismo balance y fue cuando lo comprendió todo, el escudo del titán era capaz de absorber la energía y cosmos de su adversario y la primera vez que ataco no le había regresado a Excalibur, si no que había creado una nueva para tratar de golpearlo.
Críos sonrió levemente al ver el aprieto en el que había colocado al caballero ¿A caso este sería capaz de detener o superar su propio ataque? Pero claramente era un error si Shura creía que solo lo atacaría con su propia técnica, así que corrió hacia él y movió diagonalmente su gran espada, la cual lanzo varias cuchillas angulares a su alrededor que poco a poco fueron adquiriendo un aspecto circular que lograron cortar los muslos del caballero.
Shura retrocedió varios pasos al sentir el terrible filo, sin embargo eso no fue lo único puesto que su cosmos se sacudió involuntariamente y su Excalibur titilo, lo que permitió a la otra Excalibur traspasar su filo y cortarle directamente el pecho, derribándolo de bruces y lanzando una hilera de sangre que baño su armadura y lo hundió en un charco de su propia sangre.
Y es que la técnica de Críos, llamada la danza astral circular, no eran simplemente cuchillas negras que podían cortar el cuerpo del enemigo, no, también tenían la habilidad de drenar una gran cantidad de sangre y cosmosenergia del enemigo, lo que había debilitado la Excalibur de Shura y le permio ser golpeado no solo por la espada angular, si no también la proyectada por el escudo. Pero además de todo ello, Críos podía mirar dentro de los recuerdos de Shura y ahora había entendido el porqué Shura se había puesto de pie, a pesar de la herida en su brazo derecho, la cual él estaba manipulando.
Miro enfurecido al caballero al sentirse engañado y se acerco hasta él, puso su espada a escasos centímetros del cuello de Shura y le miro lleno de odio. – Tan solo eres un patético humano como los demás. – Espero lleno de furia.
-¡Shura! – Shiryu se adelanto unos cuantos pasos, pero se detuvo al entender que cualquier movimiento en falso podía producir que Críos cortase el cuello de capricornio. Críos acerco peligrosamente su espada al peliverde que le miro aun sin comprender aquel cambio tan repentino en el titán.
-Todos merecen morir. – Críos piso con brutalidad el hombro de Shura que crujió sonoramente al fracturarse por la fuerza del titán y la articulación se partió, el español no pudo evitar que un quejido se le saliera de los labios al ver su único brazo funcionante fracturado, se retorció del dolor cuando Críos volvió a pisarlo con fuerza y entonces clavo su espada en su hombro.
Críos recargo su peso sobre la empuñadura de su espada y se agacho para que Shura pudiese mirarlo directamente a los ojos fue entonces cuando le susurro. – Me habéis engañado.
Críos arranco su espada del hombro del español con bestialidad y lanzo una inmensa hoz horizontal hacia el templo de patriarcal, el cual recibió de lleno el impacto, sus pilastras fueron partidas a la mitad y la bóveda del recinto colapso, reduciéndose en cuestión de milesegundos en escombros.
-¡Gesit! – No entendía como Críos había encontrado a la italiana, pero ahora comprendía que su único objetivo había sido atacarla a ella. Críos se teletransporto hasta las ruinas del templo de Athena y provoco una explosión de cosmos sobre los escombros los cuales salieron volando en todas direcciones, mostrando el cuerpo de la pelinegra que estaba severamente herida por los escombros y tenía un gran corte en el hombro izquierdo, entonces Críos la tomo por el cuello y la lanzo bruscamente contra el suelo, manteniendo firmemente su mano sobre el largo y blanquecino cuello de la chica que gimió ante la opresión que el titán estaba haciendo sobre él.
-¿Creíste que podrías engañarme? ¿No es así, niña? – Geist tomo el antebrazo del titán con sus dos manos y trato desesperadamente de alejarlo de ella.
-¡Excalibur! – Críos soltó a la amazona y brinco hacia atrás. Geist se medio incorporo, aun permaneciendo recostada sobre el suelo y comenzó a toser incontrolablemente, entonces Shura llego a su lado y la acaricio con la mano de su brazo derecho, ya que la excalibur de su brazo izquierdo estaba destruida.
-Geist. –
-Lo…siento… - Refuto la amazona tomando en un leve apretón la mano del caballero dorado.
-Quien lo lamenta realmente soy yo, Geist. – Shura y ella intercambiaron una mirada llena de intensidad, tan similar a la última vez que se habían visto en sus vidas pasadas, cuando Geist fue exiliada a la isla fantasma y se vieron por el ultima vez, aquella había sido una mirada de despedida y tal vez esta también lo era…
…
Continuara…
Comentarios:
Niki1213: Realmente te estoy agradecida por permanecer fiel a este fic, aunque en este capítulo no alcance a incluir la desgracia de Milo, porque bueno ya es bastante, el futuro del caballero de escorpión no es muy bueno. Y ya observaste a la Athena de la era mitológica ¿Qué te parece? Un aspecto muy diferente al de Nacido de la oscuridad.
Aya: Muchas muchas gracias por leerme, enserio. A los únicos que Athena les iba a partir su madre en este capítulo era a Camus, Saga y Shion. Agradezco infinitamente tu paciencia y espero te guste este capítulo. Te dejare un poco más con la duda de quién se encontró con Aldana, pero empieza con T… y los dioses le temían en la antigüedad. Lamentablemente estamos en una muy mala posición por ahora, desafortunadamente para nuestros santos.
MarianaMa: No tu chica sigue feliz y dormida jajajaja por ahora. Sagita está a punto de llegar a luchar, pero la pregunta aquí es ¿Contra quién y con quienes luchara? Hahaha ya se con te va a partir la madre es muy mexicano, pero no podía dejar de darle un toque de mi país. Espero que también sientas que el capitulo se aproximaba y lo disfrutes mucho.
Atte: ddmanzanita.
