Epílogo

El interior de la habitación brillaba tenuemente a la luz del sol. Escuchó el trino de los pájaros y el rumor apagado de las voces al exterior. Dedujo, al escuchar el barullo de las calles, que debían ser las nueve o diez de la mañana.

Intentó removerse bajo las sabanas, pero estaba atrapado; notó el ligero peso de otro cuerpo sobre el suyo. Sintió los cálidos y tersos labios pasar por sus mejillas, bajar por su quijada hasta desembocar la cascada de besos húmedos en su cuello. Emitió un gruñido gutural a causa de sus cuerdas vocales inutilizadas. Las atenciones de la pelirosa estaban surtiendo efecto.

Al abrir los ojos, Itachi se encontró delante de sus narices una melena rosada. Sakura estaba desnuda, cómodamente sentada a horcajadas sobre él: con el pelo revuelto, la sonrisa ancha y los ojos brillantes y abiertos como platos.

Tragó saliva para calmar la sed. Alargó el brazo para tocarla, pero ella se echó hacia atrás. Tenía una mueca sardónica, desafiante.

Bañada por la suave luz del astro sol, su cuerpo tenía un lustre etéreo. Atisbó con deleite los pechos redondos y llenos, los pequeños pezones, la cavidad del ombligo, las caderas y todas las texturas de aquel cuerpo que había contemplado una infinidad de veces, pero que siempre lograba cautivarlo. Sin duda, Sakura era una mujer hermosa.

—Buenos días, Itachi— paladeó, sonriente, colocando las palmas de las manos sobre su pecho desnudo, al mismo tiempo que se inclinaba hacia el frente para depositar un tierno beso en sus labios.

—Definitivamente lo son— resopló, aferrando sus delgados y hermosos dedos a la carne de sus muslos—.Disfrutas provocándome.

Triunfante, Sakura esbozó una sonrisa, pero en lugar de responderle de con más sarcasmo, lo beso en los labios; demandante, impaciente. Incapaz de contenerse, Itachi ahondó el contacto de sus lenguas al tiempo que sus entrañas se removían en señal de entusiasmo.

Era la primera mañana en la que ambos despertaban en la misma cama. Debido a sus apretadas agendas, durante las últimas dos semanas, ambos estuvieron inmersos trabajando en el hospital de sol a sol sin descanso. Cada uno había regresado a los quirófanos bajo el diligente mando de Hatake Kakashi, sin embargo, conforme aumentaba el prestigio del HGK, también lo hacían los casos, por lo que no tenían más remedio que dejar escapar suspiros resignados y prepararse para otro largo día.

Gracias a la relación de Sakura con Tsunade, la rubia les concedió cuatro días libres. Itachi se preguntaba qué clase de favor realizó la pelirosa para persuadir a su maestra, suponía que debía ser uno muy bueno para obligarla a ceder.

La neurocirujana dejó escapar un suspiro al sentir las manos de Itachi estrujar sus senos con delicadeza. Los dos habían anhelado tanto ese momento que al presentarse la más ínfima oportunidad ninguno contaba con la fortaleza para resistirse.

No obstante, a pesar del pletórico despertar, Itachi sentía que sus ojos ardían por la falta de sueño, intentó disipar la niebla asentada en las esquinas de sus ojos con un leve parpadeo, aquello sucedía cada vez que no utilizaba lentes, cuando pasaba despierto hasta entrada la noche.

Ahogando el deseo en un gruñido frustrado, arrugó la nariz, contemplándola con cierta disculpa. Se limitó a admirar, atónito, la preciosa curva de su cintura, los pechos redondos y lustrosos, el vientre esbelto que vibraba en silencio al compás de su respiración.

—Lo lamento— masculló apenado.

Sakura expulsó el aire contenido en sus pulmones y sonrió conciliadoramente.

—No tienes por qué disculparte— masculló, depositando un beso sobre su frente antes de recostarse en el espacio vacío de la cama.

Lejos de dejarla marchar, se acurrucó alrededor de ella, rodeándola por la cintura.

—No te escuche entrar anoche. Trate de esperarte despierta, pero estaba tan cansada— relató, acariciando con premura la faz extenuada del pelinegro.

—Escuche que Kakashi te arrastró a una cirugía de último momento— masculló. Los párpados le pesaban tanto que era imposible mantener los ojos abiertos. Estaba agotado.

—Creo que disfruta hacer ese tipo de cosas— dijo ella. Había cierto regocijo oculto en su tono, pero sonaba amortiguado para el cerebro confuso del azabache.

Itachi rió, profundo y ronco.

—Es un hombre poco ortodoxo.

Sakura asintió.

La pelirosa estiró el cuerpo bajo sus brazos, removiéndose inquieta. Itachi se frotó los ojos y miró el reloj. Las nueve de la mañana. Probablemente era lo mejor que podía esperar.

Ambos se reincorporaron en la cama, inseguros de cómo proceder. El Uchiha se encontraba lo suficientemente adormilado para procesar los acontecimientos de los últimos minutos y Sakura muy ofuscada para concederle tregua alguna.

La pelirosa fue la primera en salir de la cama; recogió sus pantis del suelo y alcanzó la vieja camisa holgada que utilizaba como pijama. Tenía el cabello desordenado, los ojos hinchados y las mejillas sonrojadas. El corazón de Itachi dio un vuelco y no pudo evitar sonreír.

Tras esa agradable imagen, no le llevó ni un segundo analizar su arrebata decisión.

— ¿Por qué me miras de esa forma?— cuestionó, divertida.

Itachi sonrió con suficiencia cuando, finalmente, decidió abandonar la comodidad de la cama para dirigirse hacia ella.

—Lamento lo de hace un momento— se disculpó de nuevo, apartando los mechones que caían sobre su cara—.Por más que desee cumplir tus exigencias, me temo que necesito un descanso.

Sakura reposó ambas manos sobre sus hombros, apegando su pecho contra el torso desnudo del Uchiha.

—Es una lástima que mi hombre ideal solo tenga condición para una ronda.

—No me provoques, Sakura— le advirtió, arqueando una ceja. Aferró sus dedos a la tela que se posaba en su cintura, manteniéndola apegada contra su cuerpo.

—Estas volviéndote viejo— susurró.

—Cuidado, Sakura, estas adentrándote en un terreno peligroso.

Ambos rieron y volvieron a besarse, pero esta vez con ternura.

—Tengo una idea— susurró Itachi contra sus labios antes de alejarse por completo—, ¿Qué te parece si preparo el desayuno y después volvemos a la cama?

—Me agrada la idea— coincidió.

Tomados de las manos, ambos se encaminaron hacia la cocina.

La dinámica entre los dos era maravillosa, trabajaban bien en equipo, tanto en el quirófano como en casa.

Luego de dos años de relación, Itachi llegó a la conclusión de que era momento de llevar la relación a otro nivel. La propuesta no tomo por sorpresa a Sakura. Hacía más de un año que dormía con él, pero fueron los pequeños detalles que la llevaron a percatarse de que solo era cuestión de pedirlo. Lo notó cuando dejó un cepillo de dientes, después le siguieron las prendas de ropa, y eventualmente, otro tipo de objetos personales.

Más pronto que tarde, el Uchiha se atrevió a preguntárselo una cálida mañana de primavera, dos días antes de su cumpleaños. Ella accedió, gustosa, y en menos de un mes los dos buscaban un nuevo hogar.

Aquellos pensamientos cruzaban por su mente mientras contemplaba las cajas apiladas en medio de la sala. El gato de pelaje negro azabache brillante salió a recibirla, saltando desde su escondite para restregarse en las piernas de su nueva dueña. Conmovida, Sakura lo rascó detrás de las orejas, escuchando el tenue ronroneo señal de algarabía.

—Si estuviera en tu lugar, no esperaría mucho de ese gato— dijo Itachi desde la cocina.

—Es muy tierno— respondió Sakura.

Caminó lánguidamente hacia la barra. Él le ofreció una taza de café. Sakura lo acepto pero no bebió de inmediato, en su lugar, depositó un beso sobre su mejilla.

— ¿Sucede algo malo?— preguntó ella, sentándose en una de las sillas altas cerca de la ventana. La luz del sol que caía sobre su espalda se sentía más vigorizante que el olor del café.

—Recordé que debo ir por Sasuke al aeropuerto esta tarde.

—Oh, ¿por fin regresara?— cuestionó, contemplándolo.

—Al parecer sí— resopló, mirándola con preocupación—.Puedo decirle a Shisui que se encargue.

—Por supuesto que no— se negó ella con una cálida sonrisa—.Sé qué aun nos estamos adaptando a esta situación, pero Sasuke es tu hermano, y a pesar de lo que sucedió aun lo considero un buen amigo, ¿Por qué no lo invitas a cenar?

Un ruido evasivo escapó de las profundidades de la garganta del azabache.

— ¿Estás segura?— preguntó.

—Si no lo estuviera, no estaría sugiriéndolo— su voz sonaba tan suave y clara.

Itachi soltó una enorme bocanada de aire. Si bien, tanto su hermano menor como su novia argumentaban que las cosas entre los dos estaban bien, sabía que persistía un ápice de animosidad. Sakura le aseguraba que solo era cuestión de tiempo y espacio, aunque muy en el fondo, tenía la certeza de que se necesitaría más que eso.

— ¿Iremos a almorzar con tu madre el fin de semana?

— ¿En verdad quieres hacerlo? — Sakura lo miro dudosa.

—Por supuesto, me agrada, es divertida— añadió con tranquilidad.

La pelirosa carraspeó un poco para disipar la piquiña de café atestada en su garganta. Desde que comenzaron una vida en común, ambos acordaron arreglar las diferencias con sus respectivos padres. Mebuki disfrutaba ir asi casa a tomar un trago mientras Itachi y ella preparaban la cena, acostumbraba relatarles lo que funcionaba mal en su vida, que siempre se convertía en lo que funcionaba mal en la de ellos. También solo decirle que no era más que un juego para el Uchiha, una llamarada que enseguida se extinguiría. Hablaba de esa forma, incluso delante de Itachi. A él no parecía importarle y se limitaba a responder sus ataques con sonrisas cálidas y replicas afables.

En cuanto a su relación con los padres de Itachi, no se necesitaba ser un genio para descifrar que Mikoto no lo aprobaba. Sakura no podía culparla, a final de cuentas, la noticia de su noviazgo tomó por sorpresa a más de uno.

—La última vez que la vi mencionó algo sobre cómo estaba perdiendo el tiempo contigo, dijo que deberías apresurarte a poner un diamante en mi dedo anular o un embrión en mi vientre.

Itachi se rió.

—Supongo que debo apresurarme a hacer alguna de esas dos cosas.

—Claro que no— Sakura le dedicó una mirada burlona—.Sabes que nunca te presionaría con esos temas.

Itachi había mencionado esas pequeñas cosas desde que Shisui e Ino anunciaron su compromiso hace algunas semanas. Provocaba que su corazón latiera con fuerza cada vez que sugería casarse o tener un hijo.

Cuando Itachi se aproximó a ella, colocó un mechón de cabello detrás de su oreja y le dio un breve beso en los labios antes de situar el plato de waffles frente a ella.

Se cuestionaba como podía ser tan paciente y comprensivo, no lo sabía. Itachi no era perfecto, pero ciertamente era bueno para ella y lo amaba.

Su estómago rugió con el dulce olor que inundaba sus fosas nasales. Inhaló profundamente; las bayas frescas color carmesí cubiertas por un montículo de crema batida. Arrancó un trozo y lo llevó hasta su boca; el sabor era suave y cálido, tan exquisito como lo esperaba.

Luego de finalizar el desayuno y lavar los trastes, ambos se postraron en el sofá de la sala, contemplando las cajas atiborradas de sus pertenencias, como si estuviesen esperando a que fuesen a desempacarse solas.

—Creo que deberíamos intentar imponer un orden— sugirió Sakura. Sus ojos vagaron por la estancia.

Itachi estrujó con dulzura su mano.

—Podemos hacerlo en los próximos días— se encogió de hombros.

—Tal vez, pero aún no se siente como un hogar…nuestro hogar.

El pelinegro la sostuvo lo más cerca posible, incapaz de contener una sonrisa.

—Mi hogar esta donde quiera que estés tú, Sakura—susurró—.Encontré a la mejor persona para hacerme feliz.

Conmovida por las palabras del azabache, la pelirosa sintió como su corazón se hinchaba de felicidad. De manera autómata, elevó la cabeza un poco para poder colocar un beso en sus labios, uno que estaba lleno de tanta emoción y amor.

—Te amo tanto, Sakura— susurró el Uchiha contra su boca.

—Yo también te amo, Itachi, más de lo que he amado a nadie antes— respondió.

Sakura no pudo evitar reírse un poco al pensar como después de su mal comienzo en aquella sala de reuniones del hospital, ahora se encontraban ahí, acurrucados, encontrando refugio entre sus brazos.

Y solo en ese instante fue que Itachi llegó a la conclusión de que, sin lugar a dudas, correr el riesgo había sido la mejor decisión de su vida.

Fin

N/A: ¡Y con esto llegamos a la conclusión de esta caótica historia! :3

Siento nostalgia al escribir estas palabras. Espero que hayan disfrutado esta historia tanto como yo disfrute escribirla. Es mi primer fanfic ItaSaku y no saben lo emocionada que estoy al ver que fue bien recibida. Ustedes son increíbles, mil gracias por su apoyo, por dejar reviews y otorgarme mucho cariño

Hemos pasado por una montaña rusa, pero les aseguro que no es la última vez que me verán por aquí, aún tengo algunas historias en mente y espero verlxs a todxs por ahí.

De todo corazón, mil gracias por todo.

Donde quiera que se encuentren les mando un fuerte abrazo, ¡cuídense mucho!

Nos leemos hasta la próxima, besos.

Shekb ma Shieraki anni