Gracias por esperar pacientemente el capitulo mensual jajaja casi bimensual de este fic, de verdad agradezco su espera y su compresión, espero que este capítulo al menos les deje un sabor agridulce, puedan disfrutarlo y comentarlo. Gracias por todo. PD Infinity wars me queda corto con las muertes que voy a hacer de aquí en adelante.

Capitulo 48 No debía ganar.

Deslizo sus manos con suavidad por todo el barandal de mármol con delicadeza mientras Nike se mantenía suspendido a su lado, entonces cerro lentamente sus ojos tratando de recordar todas sus vidas, cada vez que reencarno, cada conflicto que enfrento como diosa y humana, cada guerrero y amigo que perdió en cada una de estas guerras y como al final lograba prolongar la vida de la tierra y los humanos a cambio de almas tan preciadas para ella.

Aun podía recordar cómo empezó todo aquello, en ese entonces se convoco a todos al Partenón de los dioses olímpicos para que Zeus, su padre dictaminara frente a Poseidón y el restos de los dioses que se oponían a ella, que sería ella la encargada de gobernar y velar por la tierra y los humanos, una tarea en la que estuvo completamente sola y donde encontró más enemigos que aliados.

No tenia en ese entonces un santuario, ni aliados en los que apoyarse, pero con el tiempo hombres y mujeres se acercaron a ella buscando sabiduría que se transformo en la máxima arma con la que los humanos pudieron entender las injusticias de los dioses y cuando clamaron en reclamos, los dioses supieron que las oposiciones ante ellos irían en aumento y entonces temieron.

Todo lo que los dioses no podían controlar, debía desaparecer…

Esa era la clausula más preciada de los dioses y la que les había permitido permanecer en el poder por siglos.

Entonces hubo la necesidad de enseñarles a los humanos el uso del cosmos para poder salvarse de todas las plagas, seres mitológicos y artimañas que los dioses jugaron contra ellos. Entonces los sabios se volvieron guerreros que pelearon en su nombre, humanos de diferentes clases sociales, con diferente poder y técnicas.

En ese momentos dioses como Ares, Hades y Poseidón también formaron sus ejércitos y en una de las primeras batallas que libro contra el dios del mar, ella creó una estrategia que en ese momento considero infalible, pero entre uno de sus guerreros, uno alzo la voz para indicarle que estaba equivocada, aun recordaba el disgusto y el mal sabor de boca que se llevo ¿Cómo un humano podía contradecirla? Pero ese humano no solo le dijo que su estrategia era errónea, estaba incompleta, ya que descubría un importante flanco entre las montañas, incluso el mismo ofreció una solución y sugirió que se le enviase a él y otros trece hombres hacia allá.

Su enojo tal vez fue tanto que accedió fácilmente, deseando alejar a aquel revoltoso hombre y sus compañeros lejos del resto de su ejército. Para cuando la batalla exploto se dio cuenta que Poseidón no se encontraba entre sus sirenas y marinos, si no que había atravesado el campo de batalla por una cueva subterránea y ahora cortaba camino entre las montañas para cercarla con el resto de su ejército, fue en ese momento que agradeció a aquel hombre y sus trece compañeros, pues le dieron tiempo de crear una rápida estrategia y dividir a su ejército en dos, obligando a Poseidón a retirarse.

Ese humano le había enseñado tres importantes cosas; la primera que cualquiera, aun sea un dios podía equivocarse, la segunda que el escuchar las opiniones de los demás era de vital importancia no interesaba de quien viniesen y la tercera era que su ejército ocupaba rangos y fue así como a ese hombre que fue contra de ella y se atrevió a contradecirla, le hizo su patriarca, era claro que no siempre estuvieron de acuerdo el uno con el otro, pero ambos se apoyaron para crecer mutuamente, ella aprendió más de los humanos y su patriarca de las deidades. Ella no necesitaba de un humano que la vanagloriara y alabara por cada palabra que salía de su boca y que siempre estuviera de acuerdo con ella, no, ella no quería eso, deseaba a un hombre capaz de decirle sus errores, darle consejos y que la apoyara en cada momento, ese era la función del patriarca y Shion acaba de pasar la prueba a la que lo sometió.

-Realmente nada ha cambiado desde que me fui. – Susurro con una sonrisa en los labios y entonces abrió sus ojos y se volvió hacia sus caballeros con jovialidad, relajando sus facciones y mostrando a la verdadera diosa de la sabiduría. – Pues bien amigos míos, es hora de unirnos a la batalla.

-¡Sí! – Celebro Saori dando un ligero brinco de jovialidad, mientras las caras de Saga y Camus la miraban desconcertados.

-No me miren así, no soy bipolar. – Athena rio alegremente y se acerco más a sus santos. – Os he puesto a prueba, pero como siempre han demostrado ser más dignos y justos de lo que imagine. Me disculpo si mis palabras fueron hirientes o rudas, pero eran necesarias. Sois humanos, queridos amigos míos y no sois los primeros, ni los últimos que cometieron errores en su pasado, no sois los primeros que me traicionan, ni que abandonan el camino del bien por un momento, pero yo no lees juzgo por ello, al contrario les entiendo y perdono, pero son sus actos llenos de valentía y amor los que los hacen dignos de ser caballeros, han derramado sus sangre y perdido sus vidas por mi y este mundo varias veces y han vuelto de la muerte, solo para seguir siéndome fieles y es por ello, que soy yo la que está en deuda con ustedes.

Saori dio unos cuantos brinquitos de felicidad al escuchar aquellas palabras, lo sabía, su yo pasado tenía un amor más grande del que ella misma se había imaginado. Athena se agacho en cuclillas y tomo con sus dos manos el casco de patriarca, se levanto y acaricio este con cierta ternura, pensando en todos los hombres que habían estado a su lado, dirigiendo su santuario en su ausencia, entonces lo apretó ligeramente entre sus manos como si estas pudieran abrazar a cada uno de ellos y se lo tendió a Shion.

-Shion de Aries y actual patriarca, soy yo la que te pide que no me abandones y continúes apoyándome. – Shion asintió y se arrodillo frente a la diosa quien le coloco el casco y ambos se dirigieron una sonrisa cómplice.

-Lo hare hasta el final de la existencia de mi alma. – Repuso el ariano mayor.

-Acuario y géminis, es un placer conocerlos, mis santos y estaría encantada de hablar con cada uno de ustedes, pero como verán la situación nos apremia, pero permítanme decirles que es un honor luchar a su lado de nuevo, amigos míos. – Athena se acerco a ambos dorados e hizo resplandecer su cosmos rodeando a cada uno de ellos con una sensación de paz, amor y calidez impresionante.

-Saori, tendrás que aguardar en este lugar hasta que termine esta guerra. –

-Sí. – La pelilila sonrió jovialmente y se acerco a Shion y le dio un gran abrazo, para después hacer lo mismo con Saga y Camus. – Se que no están acostumbrados a esto, pero ahora soy humana y puedo brincarme el protocolo. – Sonrió. -Cuídense mucho, chicos. –

-Así será, Athena. – Contesto Saga haciendo una leve inclinación a la pelilila.

-Nos veremos de nuevo, Athena. – Camus planto sus orbes aquamarinas sobre la griega y expreso una muy ligera sonrisa a la joven, que se introdujo a los aposentos de la diosa.

-Enfoquémonos. – Athena se acerco a las dos urnas traídas por Saga y poso sus manos con suavidad sobre ellas. - ¿Shion? – El patriarca se acerco al lado de la deidad y observo con cuidado ambas. – Una de ellas es específica para sellar a Cronos, pero la otra... ¿En quién usarla? El cosmos de Rea es igual de colosal al de Cronos, sin embargo el Keraunos de Ceo y la espada de Críos poseen una fuerza magnánima y ni que decir de las habilidades de batalla de Hyperion. Sin embargo, de todos ellos es el Keraunos quien considero un arma más letal.

-Concuerdo con usted, la fuerza de Hyperion, Rea y Críos puede ser controlada o hasta cierto punto enfrentada por nuestros santos, pero el Keraunos ha sido capaz de herir a los dioses y asesinar a humanos con un solo rayo proveniente de él. – Agrego el lemuriano, antes le miro de reojo y sonrió orgullosa de la respuesta del rubio.

-Enviare la urna a los santos de escorpión y leo, la necesitaran. – Athena se volvió hacia Saga y Camus que se encontraban de pie a sus espaldas. – Camus, Saga son consientes del cosmos que se percibe en las playas de Cabo Sunion ¿No es así? – El corazón del francés dio un ligero sobresalto al escuchar las palabras de Athena, pero su semblante muy al contrario del revoloteo en su mente, se mantuvo con su habitual serenidad. – Estoy casi segura que el cosmos enorme que puedo percibir en esa dirección, lamentablemente pertenece a uno de los más grandes enemigos de los dioses, Tifón.

-Los titanes debieron haberlo liberado de su cautiverio. – Shion observo en dirección a donde se encontraba Cabo Sunion.

-Camus, ve en esa dirección y frena a Tifón el tiempo necesario, se que tu cosmos gélido podrá retenerlo el tiempo suficiente para reunir varios caballeros y poder enfrentarlo, es por ello que solo quiero que por el momento ganes tiempo, no os quiero arriesgaros, si la situación llega a superarte, prefiero que retrocedas y esperes por ayuda. –

-Si, Athena. – Camus se arrodillo frente a la pelinegra e hizo una inclinación de respeto hacia ella.

-Que Nike os guie por el camino de la victoria, Santo de Acuario. –

-No fallare, Athena. – Camus hablo con una determinación que a Shion y Saga les recordó el "Si" profundo que el francés había dicho durante la guerra santa, cuando acepto pasar por traidor con el único objetivo de llegar hasta Athena, sin importar las consecuencias que ello pudiese traerle. Y ambos supieron al instante que pasase lo que pasase, Camus no iba a fallar.

Athena observo como el santo de Acuario se levanto, hizo una reverencia a Shion y luego intercambio una rápida mirada con el caballero de géminis antes de salir en dirección hacia Cabo Sunion, la pelinegra lo observo cuidadosamente y sonrió al recordar a su primer caballero de acuario, realmente tenía un parecido sorprendente con el caballero actual e incluso podía pensar que su carácter era muy similar, tal vez la única diferencia radicaría en que el francés era amigo de escorpión y no su rival, como lo fue en la era mitológica y vaya que si se las había tenido que ingeniar para que estos dos no se matasen en el pasado.

-Saga, Shion… - Sintió una fuerte punzada de dolor en su pecho, su corazón dio un terrible vuelco en su interior y pudo percibir como el cosmos de cáncer decrecía hasta desaparecer, noto la cara de consternación de géminis y el patriarca y como empuñaron los puños ante la impotencia. – Cronos. – Siseo lentamente.

Entonces exploto su cosmos que se desbordo desenfrenadamente por todo Star Hill aumentando cada vez más y produciendo un resplandor en el cielo como si se tratase de una supernova, tenso su mandíbula y apretó sus puños que palidecieron ante la presión, camino a zancadas la distancia que le separaba del balcón y planto su vista donde podía percibir el cosmos de Cronos.

-Jamás te lo perdonare, Cronos. – Su cosmos blanquecino la rodeaba, sacudiendo su cabello con cierta brusquedad mientras sus ojos contenían las lagrimas de tristeza y rabia, adquirió una postura firme y separo levemente sus manos frente a su abdomen, donde una esfera de energía dorada comenzó a formarse y comenzó a concentrarse, emitiendo un destello inmenso, mientras empezaba a crecer, entonces extendió los brazos hacia el frente y la esfera cósmica fue lanzada hacia adelante, elevándose entre el turbio cielo como un meteorito incandescente a una velocidad asombrosa y con un cosmos sin igual.

La gigantesca esfera recorrió el cielo como un meteoro, dejando una estela blanquecina tras de sí y desprendiendo varias ondas sónicas que le abrían paso en su ascenso, cuando llego al punto central del santuario en el cielo, esta se despedazo en cinco grandes esferas de luz, que se dirigieron a diversos puntos del santuario ateniense a con una velocidad muy superior a la de la luz.

-Shion, Saga es hora de unirnos a la batalla. – Afirmo decidida la deidad.

El líquido escarlata mancho el cuello y pecho de la amazona de plata que se desplomo hacia atrás, aun sin comprender nada y notoriamente impactada, se movió pesadamente hacia atrás y se llevo los dedos a las gotas de sangre que manchaban su rostro, limpiándosela y entonces observo las pequeñas gotitas carmesí deslizarse lentamente por sus dedos.

-To…u…ma. – Marín vio a su hermano menor frente a Hyperion, la espada del titán había sido detenida por la mano del ángel, que se había interpuesto entre ambos y había detenido el trayecto de la espada con su propia mano, apretándola con fuerza, por lo que ahora tenía un profundo corte en la palma, sin embargo aún mantenía su fiero agarre sobre la espada.

-¿Por qué salvar a esa insignificante humana, ángel? – Hyperion no comprendía del todo como los dioses que se vanagloriaban por un poder absoluto habían creado ejércitos para que los defendieran y aún como estos seres; espectros, marinos, humanos, santos, semidioses y ángeles, peleaban las guerras de otros seres, sin comprender que ellos no saldrían beneficiados.

-Te equivocas, yo también soy un insignificante humano. – Ícaro elevo su mano derecha y tomo entre sus dedos la máscara y se la quito, mirando profundamente al titán que al observarlo pareció comprenderlo todo. – Y arriesgare mi vida, por mi hermana mayor. ¡Altitud máxima! – El pelirrojo aferro más su agarre a la espada del titán y concentro todo su cosmos en su mano izquierda, que exploto con intensidad, desprendiendo cientos de relámpagos rosáceos alrededor de ambos y que la mayoría lograron impactar en Hyperion paralizándolo, entonces aprovecho su propia sangre y envió una gigantesca descarga de electricidad al titán, el cual salió proyectado violentamente por los aires. - ¡Marín!

Touma corrió hacia donde se encontraba su hermana y se agacho a su lado, dándole un rápido vistazo por todo el cuerpo para cerciorarse que no estuviera herida, entonces le sonrió a medias y le ayudo a incorporarse.

-¿Estás bien, hermana? – A pesar de todo lo que estaban pasando en ese momento, la amazona se colmo de gozo al escuchar a su hermano menor hablándole de esa forma y siéndole sincero, pues realmente ella podía oír la preocupación en la voz de su hermano.

-Si, Touma. Estoy bien. – La amazona le hecho los brazos al cuello y le abrazo cariñosamente, tratando de ocultar sus lagrimas en el hombro de su hermano menor, quien la estrecho cuidadosamente.

-¡Extinción de luz estelar! – Mu se coloco en medio de los dos torbellinos que eclipsaban los cuerpos de Dokho y Kanon, concentro en sus manos parte de su cosmos y de estas proyecto una gran cantidad de luz de estrellas que golpearon ambos torbellinos en más de mil puntos logrando cortar sus corrientes. Mu se teletransporto hacia Kanon y lo atrapo en el aire, volvió a teletransportarse hasta Dokho e hizo lo mismo, sosteniendo a sus compañeros por el brazo, les sento lentamente en el suelo.

-Lamento el llegar tarde. – Se disculpo con ambos. - ¿Cómo se encuentran?

-Estamos bien Mu, gracias por la ayuda. – Dokho miro de reojo al menor de los gemelos que se encontraba cabizbajo ocultando su mirada bajo su flequillo, sin embargo la tensión en su mandíbula y sus puños apretamos y la sangre que brotaba de ellos le mostraba la impotencia y rabia que estaba conteniendo Kanon.

-Vamos Dokho. – Kanon se levanto y dio varios pasos sin mirarlos. – Le dije a Ptolemy que acabaríamos con Hyperion y no voy a descansar hasta lograrlo.

-Sí. – Mu extendió su mano al antiguo maestro de libra y le ayudo a incorporarse.

Cuando los tres pares de ojos de los santos chocaron contra los de Hyperion vieron a este sumido en sus propios pensamientos y tal vez distraído percibiendo el cosmos de sus subalternos, valorando cada parámetro de la batalla que hasta ese momento había acontecido y como sus hermanos sobrellevaban a su vez sus propias batallas.

-Nadie está peleando solo. – Murmuro para si mismo y luego miro a los ojos a los tres santos dorados que estaban frente a él. – Esta guerra arrastrara muchas vidas al inframundo y todo será en vano.

-¿A qué te refieres? – Mu podía percibir un sentimiento extraño en Hyperion, desde su primer combate en el monte Olimpo había descubierto que la actitud del pelinegro iba más allá de lo que realmente el titán les mostraba.

-Mu de Aries. – Hyperion hizo un leve asentimiento hacia el caballero de Aries, reconociendo el valor del caballero que volvía a plantarse frente a él, a pesar de que este había resultado casi muerto después de su batalla en el Olimpo. - ¡Torbellino de ébano! – Tres inmensas columnas de aire brotaron del suelo, formando rápidamente giros violentos que crearon inmensos remolinos de vientos negros que se dirigieron al trió.

-¡Muro de cristal! –

-La primera vez que nos enfrentamos te demostré que esa técnica era completamente absurda, Mu. – Hyperion dirigió uno de sus torbellinos hacia el punto frágil de la barrera con la intención de romperla y atrapar al caballero de Aries bajo uno de estos.

Pero cuando estos chocaron, el muro de cristal resplandeció de un tono dorado y se sacudió bruscamente, creando ondas inmensas en todo su ancho, sin embargo los vientos del remolino se desbarataron hasta disolverse uno a uno al tiempo que la barrera comenzaba a fragmentarse.

Hyperion dirigió los otros dos remolinos contra Mu, sin embargo esta ocasión una inmensa dimensión apareció sobre uno de los torbellinos, el cual fue succionado por la presión negativa de la otra dimensión de Kanon que sonrió orgulloso de sí mismo.

-La técnica que se ha usado una vez contra un caballero, resulta ser inefectiva si vuelve a utilizarse contra el mismo caballero. ¡Es algo que debiste de haber aprendido ya, Hyperion! – Dokho avanzo hacia el torbellino y elevo su cosmos ópalo que creó un aura alrededor de él, cerro sus ojos ignorando el peligro inminente que se aproximaba hacia él y se sentó en su habitual posición, como si tan solo estuviera sentado de nueva cuenta sobre el risco en los cinco picos, contemplando la cascada de Rozan. Entonces junto pasivamente sus manos en la línea media de su cuerpo como si estuviera rezando y exteriorizo todos sus sentidos ampliándolos.

-¿Qué está haciendo el antiguo maestro? – Mu intercambio una mirada de preocupación con Kanon, quien expresaba en su rostro claramente un "¿Qué demonios está haciendo Dokho?". Pues es que ambos santos habían frenado los remolinos con poderosas técnicas defensivas y a no ser que el antiguo maestro le hubiera copiado a Shaka su famoso Khan, ese inmenso torbellino le golpearía.

Dokho respiro profundamente al tiempo que todo a su alrededor parecía detenerse, podía sentir el peso del aire y su lento movimiento, la humedad en las nubes acumuladas sobre él, el polvo sobrevolaba tierra y su forma de condesarse sobre el firme suelo, incluso podía sentir el calor lejano emanado por el fuego esparcido a la distancia. Dokho acababa de vaciar su propio espíritu en la naturaleza y se había concentrado en fundirse con él, que su cosmos manara como una corriente más de la energía vital del planeta y había logrado tener un equilibrio y armonía con la naturaleza.

El enorme torbellino que sacudía sus fuertes vientos despedazando todo a su paso llego hasta colocarse frente al antiguo maestro, sin embargo había detenido su avance frente a él, desconcertando no solo a Hyperion, si no también a sus compañeros dorados que miraban asombrados la técnica oculta del antiguo maestro. Fue así como el mismo cosmos del viejo tigre comenzó a frenar los vientos embravecidos del torbellino, que comenzaron a disolverse y formar ligeras ventiscas de aire caliente, que desintegro en su totalidad la técnica de Hyperion.

-No hay por qué aumentar el número de bajas en esta guerra. – Dokho miro atentamente a Hyperion quien atino sorprendido al caballero.

-Así que has sincronizado tu cosmos con la naturaleza, es una habilidad sorprendente humano, dudo que otro caballero posee esa técnica. – Hyperion se acerco lentamente a los tres caballeros de oro y luego dirigió sus orbes escarlata hacia la amazona y el Ángel que se encontraban uno al lado del otro. – Ustedes dos lárguense de aquí, el caballero de libra les ha salvado la vida.

-¡No! – Marín se levanto enfurecida e incendio su cosmos en sus puños que resplandecieron en un halo celeste, sin embargo la mano de Touma la detuvo.

-Hermana. – Se giro hacia el pelirrojo molesta, sin embargo le vio cerrar los ojos y mover negativamente el rostro.

-Nosotros nos encargaremos de esto, Marín. – Acoto Mu tranquilamente y le sonrió de forma amistosa, infundiéndole una confianza que hasta ese momento no había sentido.

-Recuerda que Hyperion no es el único enemigo de Athena. – Kanon planto firmemente sus pies sobre el suelo y elevo su cosmos dorado de forma amenazante al titán. – Aldebarán, Afrodita, Shura, Aioria y Milo luchan con una desventaja significativa, para cualquiera de ellos tu ayuda será una bendición.

-Ahora ve, Marín. – Dokho se levanto despacio del suelo y le sonio jovialmente a la amazona de águila y al ángel. – No olviden que nosotros representamos la ultima defensa del santuario y del mundo, nuestros cosmos deben de arder más allá de su límite.

La amazona miro a los tres santos de oro como si fuese la última vez en su vida que los volvería a ver e inclusive llego a preguntárselo, puesto que Hyperion ya había demostrado una fuerza colosal frente a Mu y Shaka en el pasado e incluso en ese momento había logrado acabar con santos de plata y bronce con facilidad, manteniendo a raya a dos caballeros de oro. Giro su rostro hacia Touma quien la tomo por la mano y asintió, apoyando las palabras de los santos de oro.

-Entonces nos veremos pronto. – "Ya sea en esta vida o en la siguiente"

El pelinegro tomo su espada negra con ambas manos la cual comenzó a brillar como si de oro oscuro se tratase entonces hizo un corte al aire de donde se proyectaron tres grandes hoz que sobrevolaron hacia los caballeros.

-¡Muro de Cristal! – Mu se adelanto a sus compañeros y creo su mejor técnica defensiva, pero en esta ocasión a penas y el filo toco el escudo se desbarato, una de ellas impacto directamente el hombro de Mu, produciendo un gigantesco corte que le derribo al suelo, brotando de su brazo grandes borbollones de sangre.

-¡Triangulo dorado! – La otra dimensión de Kanon absorbió uno de estos filos, pero de pronto un nuevo portal creado por el titán se abrió por la espalda del gemelo menor y cuando este trato de esquivarlo fue muy tarde, por lo que el filo de la hoz le hizo un profundo corte en la espalda, derribándolo boca abajo contra el suelo.

Dokho por su parte extendió ambos manos frente a él y coloco su ultimo escudo, elevo su cosmos tratando de concentrar la mayor cantidad de energía en sus brazos, para recibir la técnica, pero cuando la gigantesca hoz lo golpeo sus piernas flaquearon ante el impacto y cayó de rodillas manteniendo aun firme el escudo de libra que comenzó a fragmentarse hasta que se partió en varios pedazos, entonces el caballero extendió las palmas y trato de detener el filo, sin embargo pronto sintió el ardor de cómo el cosmos del titán comenzaba a cortarlas pero al final logro detener el filo.

El antiguo santo de libra permaneció entonces con los brazos extendidos frente a él, de rodillas, mientras su manos presentaban un profundo corte en las palmas de las cuales manaban varios hilillos de sangre que caían como si se tratase de pequeños hilos escarlata sobre el polvoriento suelo a sus pies.

Hyperion alzo de nueva cuenta su espada, sabiendo que si atacaba en esos momentos a Aries y Géminis lograría matarlos, pues aun el cosmos de estos no se recobraba del gran impacto y corte que habían sufrido, no solo físicamente, mientras que a Dokho tal vez lograría asestarle una herida mortal, pues estaba seguro que al chino no le quedaban otra forma de refrenar sus ataques más que su propio cuerpo.

Su espada resplandeció de un tono oscuro y cuando estuvo a punto de dejarla caer, un inmenso cosmos lo golpeo desde arriba con una rapidez asombrosa que no le dio tiempo siquiera de reaccionar, su cuerpo fue lanzado fuertemente contra el suelo, mientras su kamui se resquebrajaba soltando grandes trozos de su propia armadura, la inmensa onda de energía, comenzó a lacerar su piel abriendo extensas y lineales heridas que comenzaron a sangrar y de pronto una nueva descarga de energía lo golpeo hundiéndolo en el suelo y destruyo todo el pectoral de su kamui.

-"Este ataque… es de… un dios" ¡¿Acaso será de Athena?! -

-"No tengo duda ese ataque ha venido directamente de Star Hill" – Dokho agradeció mentalmente a la diosa por auxiliarnos en una situación tan desesperada como aquella. Evaluó rápidamente la situación; Mu prácticamente tenia destrozado la articulación del hombro izquierdo y aquella herida le dificultaría realizar la mayoría de sus técnicas, sin contar que su cosmos estaba disperso al igual que el de Kanon, quien estaba tratándose de incorporar pero la herida de su espalda hacia despedazado la mayoría de sus músculos y el ponerse de pie estaba siendo todo un calvario para el gemelo. – "Ellos no pueden atacar, en cambio yo…"

Volvió su vista hacia el frente donde Hyperion se estaba retorciendo en el suelo a causa del dolor y el sofoco que le había producido aquella descarga de energía, su armadura caía en pedazos y estaba sangrando como cualquiera de ellos, incluso pudo ver como el titán se tambaleaba al levantarse. Entonces lo supo, tenía solo una oportunidad y solo una para acabar con Hyperion.

Dokho exploto su cosmos al límite que se elevo a su alrededor como un flama dorada, entonces corrió directamente hacia el titán y dio un gran salto para colocarse a su espalda, tomo por los huecos de las axilas, fijando sus dedos en los hombros del titán, entonces hizo estallar su cosmos y la energía dorada, comenzó a formar la cabeza y las fauces de un inmenso dragón dorado, apresándolos a ambos en el interior.

-¡Hyperion ambos nos fundiremos en una explosión de cosmos en la atmosfera! – Amenazo. - ¡El ultimo dragón! – El gigantesco dragón dorado, comenzó a elevarse por los aires, arrastrando a ambos hacia el cielo, en dirección a la atmosfera con el objetivo de que ambos lograsen desintegrarse y volverse solo polvo de estrellas.

-¡Yo no voy a morir caballero! – Hyperion doblo su mano hacia el cielo y su cosmos oscuro se fundió con el dorado de Dokho. – ¡Torbellino solar! - Hyperion proyecto un gigantesco viento solar acompañado de grandes cantidades de plasma que pulverizo la cabeza del dragón, mientras la velocidad de ascenso disminuía drásticamente y ralentizando el ataque de cosmos, lo que anulo la ventaja escasa que Dokho había tenido sobre el titán, entonces el pelinegro convoco una tormenta de viento solar que incinero por completo el dragón del antiguo maestro. - ¡Voy a terminar contigo primero, Dokho de libra! ¡Protuberancia solar! – Dos gigantescas serpientes de plasma solar se abatieron sobre el chino, mordiendo con sus fauces su cuerpo y obligándolo a descender al suelo a una velocidad extremadamente rapida, a medida que su cuerpo iba adquiriendo más velocidad por la caída libre, una de las serpientes le soltó y se transformo en una inmensa lluvia de lava.

-¡Dokho! ¡Antiguo maestro! – Le alerto tanto Mu como Kanon.

Sin embargo el impacto fue terriblemente inevitable y la serpiente se pulverizo al tocar tierra produciendo una gran explosión amarilla rojiza, creando un gigantesco boquete en el suelo y desmaterializando todo a su alrededor mientras el cosmos de libra se sacudía abruptamente para después descender.

El sol comenzaba a descender lentamente buscando un refugio a través de las grandes montañas, dando un mosaico de colores rojos, anaranjados e incluso hasta morados que resplandecían en el cielo, sonrió tristemente pensando en que aquel hermoso atardecer era uno de los más preciosos que había visto en toda su vida como deidad y que tan solo parecía reflejar en sus colores carmín, la sangre que se estaba derramando en esos momentos.

Apoyo su pie sobre el acantilando y observo como algunas rocas se desprendieron para encontrar una inmensa caída al vacío, volvió alzar su vista cuando ya no pudo seguirlas con los ojos y observo directamente el horizonte como si sus orbes pudiesen alcanzar a ver hasta Grecia, como si su mirada cautivara cada combate, cada técnica y aunque no lo pudiese ver, su cosmos vigilaba con atención cada movimiento de los titanes y la joven Saori Kido.

-El santuario se está convirtiendo en un infierno. – Acoto con cierta desesperanza sin saber como podía ayudar a la deidad de la sabiduría.

-¿Desea que vayamos a apoyarlos? – Pandora miro curiosa a la pelirroja que negó con calma.

-No creo que Radamanthys quiera apoyar a sus enemigos naturales. – Sonrió melancólicamente sobre su hombro y miro al espectro quien se mantuvo imperturbable tras ella. – Supongo que lo harías si te lo ordenara pero que diferencia podemos hacer si nosotros tres vamos hacia aquel sitio, no mucha, considerando nuestras heridas.

-Yo hare lo que usted ordene, diosa Persefone. – Radamanthys contesto.

-Aún no podemos ir hacia aquel sitio, tenemos que llevar ayuda a Athena, debemos despertar a los semidioses y llamar a todo aquel que se encuentre del lado de los dioses. – Persefone se giro hacia Pandora y el espectro mientras caminaba con decisión hacia ambos. – Quiero salvar el reinado de los dioses, lo deseo con todo mi corazón, porque se que si hago eso, podre salvar a Hades y tambien a ustedes.

-¿Nosotros? – Pandora alzo una ceja incrédula de lo que acababa de escuchar y miro desconcertada a Radamanthys.

-Sí, porque cuando termine esta guerra, deseo que ambos puedan vivir tranquilamente, quiero que conozcan lo que significa la paz, quiero que vuelvan a ser quienes eran antes de que mi amado esposo, Hades les llamara a su servicio. – Persefone sabía que el juez del infierno seguramente no se conmovería con sus palabras puesto que su vida y alma siempre estarían al servicio de Hades, pero reconocía que muy dentro de la mente de ese juez, existía tal vez la incertidumbre de recordar su vida pasada o forjar una nueva al lado de la peli morada. – Tu viviste y moriste por Hades una vez, Radamanthys de Wyvern, lo hiciste dignamente como un guerrero y uno de los mejores jueces del inframundo, pero esta vida no te la dio él, si no yo y es a mí a quien debes el estar aquí.

-Mi señora… -

-Vivir, es lo mejor que podemos hacer mientras esperamos el regreso de Hades y para ello, primero tenemos que ayudar a Athena a ganar esta guerra… -

Sintió como perdió el balance sobre el suelo y sus piernas se hundieron entre los fragmentos de roca que se rompieron ante aquel inmenso oleaje que golpeo el peñasco y la derribo al suelo brutalmente. Su espalda golpeo las rocas comenzaron a separarse hundiéndola a ella en una caída libre, rodeada por una enorme cantidad de agua y escombros. Su cabello celeste se arremolinaba con brusquedad alrededor de su rostro por la caída, mientras pequeños hilillos de sangre se alzaban por la velocidad del aire y la gravedad. Abrió sus ojos azules con decisión y elevo su cosmos comenzando a curar algunas de sus heridas, para prolongar su vida.

-No moriré hasta entregar este cofre. – Su cosmos negro la rodio como si fuese un capullo y sano alguna de sus heridas, sin embargo la marca que Ikalos había hecho en su espalda y su costado permanecieron abiertas.

Apretó con fuerza el arco en su mano derecha y el cofre en su mano izquierda, mientras se giraba en el aire para recibir el impacto contra el embravecido mar, pero a medio giro una enorme piedra alcanzo a impactar su mano izquierda, desprendiéndole el cofre que se hundió primero en las arremolinadas aguas, coloco sus brazos al frente y cerró los ojos al sentir el impacto contra el agua que la desconcertó por segundos, hundiéndose poco a poco en las cálidas aguas del océano, entonces como si aquel golpe contra el colosal muro de agua no hubiese sido suficiente, varios escombros provenientes del acantilado lograron golpearla, hundiéndola más entre las bruscas corrientes y logrando sacarle el aire de los pulmones.

Se vio envuelta entre los impactos de las rocas, los remolinos creados por los inmensos bloques que se hundían y la propia marea, que la hundió cada vez más, pero ella se dejo arrastrar por cada uno de ellos, permitiendo que el mar guareciera su cuerpo de más impactos y sobre todo de su atacante.

Abrió los ojos y sintió como la sal del mar comenzó a quemar sus heridas, que ardieron intensamente, cocinando sus tejidos de forma traumática, sin embargo ignoro por completo el dolor y busco desesperadamente el cofre el cual observo que continuaba hundiéndose, así que supo que sería una carrera contra el tiempo, no le quedaba demasiado aire, así que tenía que apurarse. Nado con decisión a grandes brazadas y movimientos de piernas, acortando cada vez más la distancia, pero cada metro que se acercaba sentía como la presión en sus pulmones y ojos aumentaba considerablemente, sintiendo la terrible sensación que le producía la falta de oxigeno y como una desesperación la envolvía.

-Tengo que… - Sus músculos comenzaron a sentirse más pesados, mientras su vista se nublo por unos segundos por la falta de aire, sus pulmones parecerían que estallarían, mientras su mente solo le pedía abrir la boca e inhalar una gran cantidad de aire, lo cual resultaba imposible estando bajo el agua.

Sus dedos rozaron levemente el metal del cofre hasta que lo alcanzo a agarrar, afianzo su mano sobre este y nado desesperada a la superficie, sintiendo que no llegaría y lo pesado que se estaba volviendo su cuerpo, como si tuviera dos anclas amarradas. Su pecho parecía estallar, sus ojos le ardían como si estuvieran siendo presionados entonces, abrió un poco la boca permitiendo que una cantidad de agua entrara, pero aquello le hizo recobrar por unos segundos la consciencia y la cerro de golpe, nado con más fuerza.

-Ya casi…solo falta un poco… un poco más. – Vio el pequeño resplandecer del agua iluminada tenuemente por el sol, entonces nado con un poco más de entusiasmo, sintiendo como su cuerpo parecía querer resistirse a salir, aunque lo anhelara desesperadamente por la falta de aire.

Su cuerpo salió a la superficie, mientras ella tomaba una gran bocanada de aire, dejando que este entrase a sus pulmones en una grata sensación, como si fuese la primera vez que lo hiciera y percatándose como algo tan sencillo, que siempre pasaba desapercibido era tan vital. Continúo nadando para mantenerse a flote y como pudo amarro el cofre a su cintura mientras gozaba de absorber grandes cantidades de aire que llenaban sus pulmones.

Cuando sintió el inmenso cosmos que se ceñía sobre ella, dirigió su mirada hacia arriba y entonces vio a un colosal humanoide formado por el agua del océano encontrarse sobre ella y el cual lanzo un manotazo en su dirección, trato de nadar para alejarse de él, pero el tamaño de su mano hacia el imposible el querer huir de él, estaba a su merced por completo y en una gran desventaja, pues le era imposible atacar sin hundirse en el mar.

La mano la logro alcanzar sumergiéndola de nueva cuenta en el agua varios metros abajo, aquel golpe fue como estrellarse contra un muro solido de cabeza, la desconcertó por completo mientras la arrastraba a las profundidades del océano, giro varias veces en el agua en diversas direcciones, aferrándose a la escasa cantidad de aire que tenia.

No podía salir a la superficie sin que aquel gigante de agua le hundiera de nueva cuenta, tenía que destruirlo antes de hacerlo, pues este no le permitiría llegar a la orilla. ¿Acaso aquel joven al que le había disparado se había transformado en ese colosal ser?

Se esforzó por concentrarse y tomo una flecha de su espalda, dejándose arrastrar a las profundidades mientras atacaba, coloco la flecha en su arco y lo tenso bajo el agua, mientras su cosmos se fundía en la oscuridad del agua y comenzaba a resplandecer de un color escarlata, con una inmensidad impresionante y que comenzó a formar varios anillos rojizos en la punta de su flecha, mientras la temperatura del agua comenzaba a calentarse y entonces la soltó.

Su cosmos propulso a la flecha la cual se abrió paso en las aguas del mar que salieron expedidas con brusquedad hacia los lados, como si fuese la erupción de un volcán submarino, disipando grandes cantidades de calor en el agua. La flecha salió del mar finamente, seguida de una gran cantidad de fuego y lava en dirección al gigantesco ser de agua, que se sorprendió de aquello, la flecha golpeo el hombro derecho de este, destrozando por completo más de la mitad de su cuerpo de agua que salió en una gran explosión de fuego y lava termino por hacer desplomar al gran ser que se hundió en el océano, mientras todo volvía a la calma.

La caída de una gran cantidad de agua sobre el mar, hizo prácticamente imposible salir, enormes corrientes submarinas se formaron hundiendo aún más a la peliazul que se veía apresada por remolinos que se crearon por el impacto, fue en ese momento que se dio cuenta que no lograría llegar a la superficie, la sensación de ahogarse había vuelto a embargarla desde que se había vuelto a sumergir y ahora no le quedaba nada de aire.

Ya había dejado de luchar por llegar a la superficie y la esperanza de obtener aire se había desaparecido, su cuerpo se sumergía cada vez más y el agua había comenzado a entrar en su garganta, dirigiéndose a sus pulmones y tratando de sustituir vanamente el oxigeno, su cabeza le dolía como si fuera a explotar, sus pulmones parecían que estallarían y su garganta ardía como si una vara de fuego estuviera dentro.

Pero poco a poco una sensación de calma y tranquilidad la fue envolviendo, la explosión de su cosmos fuera del agua comenzó a verse borrosa y el agua azul comenzó a difuminarse, mientras su consciencia iba fundiéndose por completo en la oscuridad… cerró los ojos y de repente sintió la sensación de ser arrastrada, como si algo le alejara de su propio cuerpo, hundiéndose cada vez más.

Entonces sintió un frio glacial que le helo toda la espalda, las piernas, los brazos y la nuca, seguido de varios fuertes golpes en el pecho que la obligaron a convulsionarse sobre ella, mientras sentía una gran presión en los pulmones y los labios, que la obligaron a toser, entonces abrio los ojos aun desconcertada por lo que estaba pasado y sintió unas manos frías tomándola por la cintura y uno de sus hombros, continuo tosió convulsivamente, mientras lanzaba grandes cantidades de agua, entonces giro sus orbes aquamarinas hacia su salvardo que se encontraba sobre una plataforma de hielo que flotaba sobre el mar y a su lado se encontraba él, con el ceño fruncido ligeramente, completamente empapado y portando orgullosamente su armadura dorada.

-Ca…mus. – El dolor de su garganta era insoportable, pero la intensidad del latido de su corazón fue aun mayor, cuando su vista se fue aclarando y distinguió los rasgos del francés, que la sostenía con delicadeza por los hombros.

-No te esfuerces. – Suspiro con tranquilidad el onceavo santo dorado, mientras le recorría un mecho de cabello mojado por detrás de su oído. Para Camus verla así le angustio enormemente, su palidez era alarmante, sus labios estaban ligeramente azulados, tenia numerosos raspones y moretes en su rostro, cuello, brazos y piernas y además, esa grave herida que tenía en el costado que pareciesen como si varias cuchillas se hubieran enterrado y despedazado su interior. Arrugo el ceño y miro lleno de preocupación a la joven.

– Creí que… - Mencionaron ambos al mismo tiempo, guardaron silencio por igual y después se sonrieron débilmente.

-Camus… - Aldana sabía que su voluntad y la suerte era la que prolongaba su vida, pero que la herida producida por Ikelos estaba llevándola a su límite. – El cofre… - Ella agacho su vista para dárselo, pero él la tomo por el cuello con su mano y le planto un beso en la frente, para después abrazarla con fuerza contra su pecho. – Camus… -

Sintió el frio que exhalaba el cuerpo del aguador y lo sintió tan refrescante, que se dejo sumergir contra él, aceptando la protección que este le ofrecía y la seguridad que percibía al estar a su lado, sintiendo su corazón latir con fuerza y resonar como rugidos en su oído, entonces se dio cuenta que la antigua sensación de frialdad sobre sus labios había sido porque el francés la había besado.

-Yo me hare cargo del resto. – Camus se paro y miro hacia atrás, clavando sus fríos ojos azules sobre un hombre que se mantenía sobre el agua, como si se encontraba sobre una plataforma, como si el mismo mar lo respetase.

Era el mismo joven alto que Aldana había visto sobre el acantilado, de tez morena, ojos carmesí y de cabello azul puntiagudo, con cuerpo herculineo, pero ahora en la parte izquierda de su torso se encontraba una gran quemadura. Entonces la berserkers lo entendió, su flecha había golpeado antiguamente al gigante de agua y este ser era el mismo hombre que tenia adelante.

-Entréguenme ese cofre. – Camus se coloco entre la peli azul y el moreno.

-¿Quién eres? – Corto secamente el aguador.

-En otros tiempos fui conocido como el gran Tifón. – Aldana se sorprendió al escuchar ese nombre y palideció aún más, aquel hombre era el último hijo concebido por Tártaro y Rea, el hermano menor de los titanes y quien casi logro cumplir la venganza contra los dioses por haber encerrado a sus hermanos en el tártaro.

En la era del mito, Tifón instigado por Gea al igual que los gigantes había decidido derrocar a los dioses por ir contra los titanes y por ello intento destruir a los dioses los cuales en su mayoría se ocultaron, ante la temible fuerza de este, el único que logro hacerle frente había sido Zeus, sin embargo Tifón domino al rey de los dioses, con sus llamas, derrotándole temporalmente, hasta que Zeus se recupero y lo venció finalmente, por lo que fue arrojado bajo el suelo del volcán Etna y se suponía que permanecería ahí por toda la eternidad.

-Ya casi he logrado matar a tu compañera sin mucho esfuerzo. – Tifón comenzó a caminar en su dirección. – No me tomara más que unos segundos acabar con ambos.

-Ella no va a entregarte nada. – Camus se planto férreamente entre ambos, sin retroceder a pesar de que el titán se acercaba amenazante contra ellos. – Ella y ese cofre están bajo la protección de Athena y yo, Camus de acuario, defenderé ambos.

Su cuerpo aun se sentía pesado por la carga de energía que había tenido que recibir de todos los ataques cuando enfrento a Cronos, sin embargo se incorporo lentamente para observar lo mucho que había cambiado el campo de batalla durante su ausencia, las detonaciones de cosmos, el fuego a su alrededor y las nubes de humo estaban esparcidas por todos lados, dando una clara muestra de la batalla de los santos dorados contra el titán.

Camino torpemente entre los escombros y cayó de rodillas al lado del cuerpo del santo de Cáncer, no se atrevió a tocarlo, pero se mantuvo en silencio, algo aturdido viendo la pequeña sonrisa que se dibujaba en sus labios y como la sangre manchaba su rostro y su tórax, parecía como si tan solo estuviese dormido y estuviera a punto de lanzarle una broma cruel a Shiryu, pero la ausencia de su cosmos le demostraba que Mascara de la muerte de cáncer, estaba muerto.

-Voy a matar a cuanto santo se interponga en mi camino, Pegaso. – Cronos esquivo una de las flechas de Aioros que fue a impactarse a un muro de piedras tras él que se desplomo. – Y todo esto tan solo lo has provocado tú, que no has sido capaz de defenderte a ti mismo. La muerte de Cáncer es tan solo tu culpa.

Seiya agacho el rostro y escondió sus ojos bajo su flequillo, dándose cuenta que si no hubiera desobedecido a Shion, nada de aquello hubiera pasado, ya que se suponía que el debía de estar con Shun y los demás en el salón patriarcal, pero no, había decidido acompañar a su hermana al refugio y la factura de esa falta estaba siendo demasiado cara.

No importaba los años de entrenamiento, ni cuantos enemigos hubiera derrotado en el pasado, aun continuaba siendo débil, incapaz de siquiera lograrle causar una daño importante a Cronos, aún era un caballero de bronce que había logrado llegar lejos, por todos los compañeros que se habían sacrificado en su camino y que le habían permitido vivir.

Cronos tan solo lo quería a él, no había necesidad de que Mascara de la muerte hubiera tenido que intervenir, si hubiese sido lo bastante fuerte como para enfrentarlo. Pero ahora ni siquiera era valiente para voltear a ver a Aioros que se encontraba a su lado.

-Yo… - Seiya se incorporo sin fuerzas y miro a Cronos aún sin un daño físico importante a pesar de que Aioros y Mascara de la muerte lo habían logrado golpear varias veces con sus ataques más fuertes.

-No lo escuches, Seiya. – Aioros hablo calmadamente y continuo con su vista fija sobre el titán. – Nosotros no iniciamos esta absurda guerra, pero vamos a terminar con ella, tenemos que hacerlo por todos aquellos que se han sacrificado y depositado sus esperanzas en nosotros, rendirnos ahora tan solo sería darles la espalda.

-Dices muchas palabras, Sagitario, dijiste que me matarías y aun sigo aquí. – Reto Cronos.

-Aún sigo de pie. – Aioros comenzó a incendiar su cosmos que lo rodeo en un aura dorada. – Cada golpe que te dio Seiya, Mascara de la muerte y yo, a significado algo para nosotros y no sucumbiré hasta verte sellado, ese será mi legado.

Seiya escucho atento las palabras del antiguo caballero de Sagitario con atención, nunca había visto a Aioros pero conocía su espíritu y la fuerza y convicción de su cosmos, pero verlo ahora, enfrente de un enemigo tan poderoso y manteniendo firmemente semejante devoción y elevando su cosmos tras cada ataque, le hacía ver el porqué los dioses habían conspirado para matar a Aioros y sucumbir en tinieblas a Saga, puesto que si ambos hubieran permanecido al frente de la orden dorada, hubieran estado frente a graves problemas.

-Tienes razón, Aioros. – Se coloco a su lado e incendio su cosmos celeste que le rodeo como una poderosa flama. – No podemos rendirnos.

-Así es, Seiya. Ahora vamos. – Aioros acumulo una gran cantidad de su cosmos. - ¡Aplastamiento del infinito! – La explosión de su cosmos fue colosal, produjo una descarga incandescente de luz dorada que desplego todo la destrucción a su alrededor barriendo por completo el terreno, su cosmos se intensifico al grado que de su puño salieron cientos de flechas de luz dorada, que iluminaron el cielo como dardos que se expandieron en diversas direcciones y ángulos hacia el titán, formando un torbellino dorado.

-¡Cometa Pegaso! – Seiya hico arder su cosmos en un solo punto en su puño, para formar un solo golpe de gran potencia destructivo y genero un único cometa de cosmos celeste que se proyecto hacia Cronos con una gran potencia dejando una larga estela celeste tras de sí y haciendo vibrar todo el suelo.

Cronos observo ambos ataques dirigirse hacia él, dándose cuenta que las flechas de sagitario solo lo estarían flaqueando para que recibiese de lleno el ataque de Pegaso, así que utilizo dos de sus cuatro brazos las cuales entrelazo y expandió para que sirvieran de bóveda sobre él y frenaran los ataques de Sagitario y dirigió las otras dos frente a él.

Cronos comenzaba a protegerse de los ataques de los santos pues estos cada vez se hacían más y más fuertes y ya habían iniciado a causar estragos en su cuerpo. Porque cada golpe que lanzaba sagitario siempre tendía a superar el anterior.

Las flechas doradas bombardearon el cielo de su techo, perforando en algunas ocasiones su propio escudo y destruyendo sus gigantescas manos, por su parte el gran meteoro de Seiya golpeo el frente de su escudo disolviéndolo por completo y logro golpearlo, como ambos santos habían planeado, el ataque de Seiya exploto con brutalidad lanzándolo hacia atrás con intensidad y destrozando gran parte de su kamui central, por su parte el ataque de Aioros lo siguió de cerca sobrevolando las flechas hasta alcanzarlo y atravesarlo finamente para después estallar en él.

El rugido de la detonación perduro en el aire y en sus oídos unos segundos más, como si un crujido del suelo fuese, la nube de polvo y humo se enrollaban entre sí por el denso aire que soplaba en aquel entonces y aunque ambos podían sentir el cosmos de Cronos entre los escombros, sabían que sus poderes habían logrado golpear y herir al titán.

Los dos pares de ojos; los azules de Aioros y los castaños de Seiya pudieron vislumbrar como la figura de Cronos se movía entre las sombras, mientras varios escombros caían de sus hombros y su kamui se rompía en pedazos desbaratándose en cenizas antes de tocar el cielo, sin embargo entre aquel polvo cafesoso, pudieron distinguir el cosmos negro del titán que crecía como una llamarada negra que estaba dispuesta a envolverlo todo, su cosmos ardía producto de la rabia y la furia que habían provocado sus ataques.

Entonces cuando menos se lo espero y como si hubiese sido un gran milagro, el cielo se abrió, las nubes retrocedieron de golpe y una inmensa esfera de luz se abrió paso cayendo directamente sobre Cronos, quien no se esperaba ciertamente ese ataque y menos de aquella magnitud, por lo que el cosmos del titán se sacudió de golpe y todo alrededor exploto, produciendo una luz incandescente que logro cegar a ambos caballeros y la onda expansiva de la explosión lanzo tanto a Aioros como Seiya hacia atrás con una brutalidad.

-¡¿Qué…?!... Este cosmos… - Aioros se cubrió con ambos brazos, tratando de ver vanamente entre ellos, para ver el resultado de aquel impacto pero sin embargo la luz era tan inmensa, que incluso los haces oscuros del cosmos de Cronos se habían disuelto por completo.

-¡Es Athena! – Seiya retrocedió varios pasos antes de ser lanzado hacia atrás de espaldas.

Aioros fue obligado a retroceder varios pasos y sus piernas flaquearon por la intensidad de la fuerza de aquel magnánimo cosmos que golpeo directamente a Cronos. Si lo que Seiya decía era cierto, significaba que Shion y Saori habían logrado traer a la Athena del mito y por ende, aquel ataque tan solo era un atisbo del cosmos que poseía la diosa. Aioros sintió una nueva descarga de cosmos y entonces todo estallo por completo.

El silencio después del crujido de la explosión fue total, nada se escuchaba, simplemente la luz fue extinguiéndose poco a poco, recogiendo los halos blanquecinos de la periferia hacia su centro, justo donde Cronos había estado parado hacia unos segundos, sin embargo el cosmos del titán se había disuelto por completo.

Aioros estaba completamente aturdido, sus sentidos estaban paralizados por completo y eso que tan solo había recibido una minúscula parte de la onda de choque de aquel ataque, pudo sentir cientos de escombros aplastándolo, ni siquiera se dio cuenta en qué momento había perdido por completo el conocimiento, apretó varias veces los ojos para obligarse a reaccionar y movió torpemente los dedos de sus manos, había un insistente zumbido en sus oídos y sentía como si todo le diera vueltas. Entonces se levanto con cierta torpeza apoyándose con sus manos sobre el suelo y alzo su rostro con cierta molestia, sus ojos aún observaban como todo se movía de forma borrosa, pero justo en ese momento una mano se poso sobre su hombro con firmeza y fue como si lo trajeran a la realidad de nuevo.

Giro su rostro asombrado de que Seiya hubiese salido intacto de aquella explosión, pero se quedo anonadado cuando sus ojos azules chocaron con intensidad contra los esmeraldas. – S…Sa…ga. –

-¿Cómo te encuentras Aioros? – Le fue imposible contestarle, simplemente se limito a asentir para indicarle que todo estaba bien. – Entonces vamos, Aioros, levántate. – Obedeció torpemente al gemelo mayor aún sin terminar de comprender que había ocurrido, ni cuánto tiempo había durado inconsciente, sus piernas se movieron torpemente y cuando estuvo a punto de flaquearle las piernas, Saga lo sujeto del costado y lo ayudo a incorporarse.

Aioros intercambio una larga mirada con Saga, como si los ojos del gemelo le inspirasen toda la fuerza que ocupaba en esos momentos, ayudándolo a centrarse de nueva cuenta en su misión y a la vez apoyándolo. Entonces miro lleno de decisión a su mejor amigo y le sonrió débilmente, mientras se incorporaba él solo. - ¿Seiya? – Se giro para buscar al nipón, imaginándose que este hubiese recibido la misma cantidad de energía que él, pero para su sorpresa sus ojos se toparon con el patriarca Shion que se encontraba agachado al lado de Seiya, quien aparentemente se estaba recobrando del impacto del ataque de Athena.

-Lamento haberos hecho daño. Pero me alegra ver que están bien. – Esa voz sonó tan melodiosa a sus oídos que dirigió sus orbes azules hacia el lugar del que provenían, entonces sus ojos vieron a la hermosa mujer que se encontraba frente a él y la inmensidad de cosmos cálido que rodeaba su cuerpo, sin duda ella era Athena, pero lo que la sorprendió aún más fue verla arrodillada de espaldas a él, sujetando entre sus brazos a Mascara de la muerte. – Debéis perdonarme. – Musito quedamente, Aioros pudo escucharla claramente pero supo que aquellas palabras únicamente fueron dirigidas al santo de la cuarta casa.

-Mascara de la muerte. – Susurro el patriarca. Mientras a su mente venían miles de recuerdos del santo de cáncer, la primera vez que lo observo en el templo patriarcal con lagrimas en los ojos y temeroso acompañado de Deidre, las pocas veces que le vio después de aquella primera vez, cumpliendo con los rigorosos entrenamientos del santo de cáncer de aquella época y los numerosos regaños que tuvo que darle a Deidre por la forma inhumana que trataba a Mascara de la muerte, la amistad de Afrodita y Shura con este, así como la protección y asesoría que siempre le dieron Saga, Kanon y Aioros y que este aceptaba a regañadientes. Pudo ver cada matiz, cambio y crecimiento que había sufrido el italiano durante su vida, de un simple crio a un santo de oro y de un verdugo a un héroe.

-¿Acaso ya te cansaste? – Ambos se encontraban en el momento Yomotsu, donde había comenzado a entrenarlo y no dudo en exigirle más, al verlo como se dejo caer sentado al suelo.

-¿Acaso parece que estoy en la playa? – Contesto malhumorado el italiano, limpiándose el sudor con el torso del brazo.

-Levántate. – Le ordeno. – Mientras tengas fuerzas para reprocharme, continuaras entrenando.

-Bien, bien. – Se levanto malhumorado. - ¿Ves? ¿Estoy de pie? ¿Contento? Estoy arto de tratar de conectar mi cosmos, me veo sumamente idiota haciendo lo que me has pedido.

-Es que no estás escuchando… -

-¿Escuchando? ¿Qué no estoy escuchando? Patriarca soy el único que puede oírlo aquí. – Mascara de la muerte se quito la careta de cáncer y la tiro al suelo, exasperado, lo que le hizo sacar una media sonrisa ante la rabieta de un orgulloso santo de oro.

-Parece que no escuchas. – Era obvio que no le diría las respuestas tan fácilmente, después de todo aquella técnica no era algo tan simple de enseñar y las respuestas a sus preguntas debía de descubrirlo por el mismo, así que no le dijo que no debía de escucharlo a él…si no a los otros… ya lo descubriría con el tiempo.

-¡Ya le dije que en este maldito lugar, soy el único que puede oírlo! – Rugió, pateando el polvo del suelo.

-Cuando te hable de esta técnica, creí haberte escuchado decirme que la dominarías y que harías a Cronos arrepentirse por ir contra Athena. – Mascara de la muerte detuvo su berrinche a la mitad, le miro por unos segundos por el rabillo del ojo, después se giro y se llevo los dos brazos hacia la nuca y sonrió socarronamente.

-Créame que lo hare. –

-Fue mi culpa. – Seiya se incorporo y camino hacia el cuerpo donde se encontraba Mascara de la muerte. – Si tan solo fuera más fuerte. – Apretó los nudillos hasta que estos palidecieron y sus uñas se clavaron en sus palmas.

Athena sintió la presencia de su Pegaso tras ella y le lastimo el escucharlo decir esas palabras. Se inclino un poco y le planto un cálido beso en la frente al italiano, para después depositarlo con cuidado en el suelo.

-Te has vuelto mucho más fuerte de lo que solías ser. – Aquella fue la primera vez que los ojos de Seiya y Athena se reencontraron, pero ese simple intercambio de miradas que hizo a ambos experimentar un fuerte sentimiento en su interior. Por su parte Seiya la observo atónito sintiendo como si la conociera de toda la vida y supo que sus palabras eran ciertas, aunque no sabía exactamente el por qué.

-Cronos. – Shion miro fijamente el cuerpo destruido del titán que se alzaba entre medio de los escombros, toda la parte izquierda de su cuerpo había sido completamente destruida y presentaba graves agujeros en el lado derecho de su cuerpo, pero a pesar que su cuerpo se encontraba en un estado tan deplorable su cosmos se incremento considerablemente en tan solo unos segundos.

-Athena… es bueno verte de nuevo. – El titán sonrió con malicia y entonces su cosmos exploto generando un aura negra que comenzó a reconstruir y sanar su cuerpo. Había anhelado por mucho tiempo enfrentarse a la ultima arma construida por Zeus en la era mitológica, su predilecta Athena. – Te he estado esperando…

El gran líquido escarlata salía en grandes cantidades de ambas cuencas vacías del gigante que parecía dos grandes cascadas, su cuerpo temblaba convulsivamente ante el dolor y sus manos trataban desesperadamente de frenar aquella sensación de agonía haciendo presión sobre su cara.

-Mis señores. – Chillo al aire, mientras se incorporaba torpemente. – Ayúdenme.

-¿Qué diablos está haciendo? – Capella miro anonadado al gigante que se movía patosamente por todo el lugar.

-No lo sé. – Geki retrocedió unos pasos como precaución.

-Asterion retrocede junto con Nachi, si ese gigante sale de control le será muy fácil alcanzarlos. – Advirtió Shaina.

-¿Cómo? Si ni siquiera puede vernos. – Respondió secamente el santo de plata.

-Por que los gigantes al igual que los ciclopes nunca han poseído una buena vista, para ellos el perder sus ojos no significa una desventaja, porque al privarse de ese sentido, pasa exactamente igual a lo que Shaka de Virgo hace, su cosmos va a elevarse. – Afirmo Shaina.

-Ya la escucharon. – Geki miro a Nachi y luego a Asterion. – Retrocedan.

-Yo seré quien lleve a Nachi, después de todo mis ataques resultaran inefectivos contra ese gigante de aquí en adelante. – El caballero de Perseo se acerco al santo de bronce y lo tomo por los hombros para ayudarlo a andar con una sola pierna mientras Asterion tomaba su lugar en el grupo.

-Parece que te has quedado ciego, Gratión y no solo eso has perdido a tu hermano. – Una voz resonó con burla en todo el lugar, mientras el cosmos de un titán se manifestaba. – Realmente es una pena, pero nosotros, hemos escuchado tu llanto y aunque lo correcto sería frenar tu sufrimiento con la muerte, mejor te otorgare la forma de que tomes venganza contra aquellos que han causado tu infortunio. –

-Se lo agradezco señor Críos. – Una energía oscura comenzó a cubrir las cuencas vacías de Gration, mientras el gigante emitía un grito despavorido de dolor que resonaba en todo el lugar, sus manos temblaban convulsivamente e incluso cayó pesadamente al suelo, mientras se cubría con las palmas la cara.

-¿Qué demonios está pasando? – Geki miro angustiado a sus compañeros que se encontraban expectantes al igual que él.

-¿Qué hacemos? – Asterion volvió su vista hacia Capella y Shaina que se encontraban por igual a la expectativa de órdenes.

-Seria cobarde de nuestra parte atacarlo mientras se encuentra así. – Shaina estuvo insegura de lo que acababa de decir, pues tal vez estaría dándole la pauta al gigante de recuperarse y acabar con ellos. Y tal y como había pensado, acababa de darle la oportunidad a Gration de obtener la terrible ayuda divina de Críos.

-Ahora entiendo porque Hyperion termina primero con los más débiles. – Koios afilo su mirada y observo los cuerpos tendidos de Babel y Arles que se encontraban rodeados por un charco de sangre. – El atacar a sus subordinados les ha hecho a ambos tomarse más enserio esta batalla, caballeros.

-Te juro… - Milo se rodeo de su cosmos dorados que por fracciones de segundo parecía lanzar destellos escarlatas, mientras la aguja de su mano derecha ardía con intensidad. - ¡Que voy a acabar con tu vida Koios!

-Ya no hay nada que puedan hacer santos. – Koios tomo con decisión el Keraunos entre sus manos y apunto directamente a Milo.

-¡Rayo relámpago! – Aioria concentro todo su cosmos dorado en su mano derecha empuñada y golpeo con esta el aire a una velocidad que logro romper la presión atmosférica y crear un inmenso vacío, el halo de luz se expandió creando un orbe cargado de electricidad en forma de esfera que contenía una gran cantidad de energía masiva de gran alcance que se dirigió a Koios quien la lanzo un rayo con el Keraunos, enfrentando ambas energías eléctricas, que al principio se encontraron en balance, sin embargo la potencia de descarga eléctrica del rayo de los dioses, comenzó a superar la fuerza de Aioria. - ¡Milo ahora!

-¡Sí! – El griego cerró los ojos sintiendo como su corazón latía con fuerza y las pulsaciones con este cada vez aumentaban resonando en su interior y en sus extremidades, dirigió todo su cosmos hacia el aguijón en su mano derecha y comenzó a correr en dirección hacia Koios, acercándosele cada vez más.

Cada paso que daba más allá de la velocidad de la luz, su cuerpo la sentía como si fuese en cámara lenta, percibía cada latir de su corazón y como se elevaba la temperatura en su interior y es que aunque acababa de decirle a Aioria que el ya dominaba el Antares ardiente realmente había sido una mentira más. Su cuerpo iba a sufrir el mismo calor que el que Koios.

Por eso cada paso que daba, su corazón alcanzaba altas temperaturas, como si estuviera ardiendo en llamas y en lugar de estar bombeando sangre hacia sus extremidades realmente parecían llamaradas las que recorrían su cuerpo. La punta de su aguja ardió, despidiendo una leve llamarada, incluso su mano pareció rodearse de fuego por unos segundos.

-Perdóname Athena… Shaina.- Miro como Aioria mantenía su ataque contra Koios, como ambos habían acordado, lo que le facilitaría la oportunidad de atacarlo, sin que el titán lograse esquivarlo. – Este es tu fin Koios. ¡Aguja escarlata Antares! – El dolor se había vuelto insoportable en su interior y a pesar de lo que estaba sufriendo para resistirlo sonrió al pensar que iba a arrastrar al titán al infierno.

-Te equivocas, es el tuyo. – Koios le miro de reojo y ambos se plantaron por unos segundos la mirada, mientras la distancia entre ambos cada vez se acortaba más. Entonces del rayo que estaba expidiendo el Keraunos salió una proyección extra que atravesó más allá de la velocidad de la luz el pecho de Milo y exploto en su interior lanzándole de espalda contra una pila de escombros la cual se destruyo por completo.

-¡Milo! – Aioria sintió una pulsación terrible dentro de su pecho, como si su propio corazón acabara de detenerse y le recorrió un sudor frio por todo el cuerpo. Retiro su poder y esquivo el rayo de Hyperion haciéndose a un lado, giro el rostro angustiado hacia el lugar donde Milo había caído y el polvo se elevaba lentamente hacia el cielo, dispersándose a los alrededores como si fuera neblina, pero no solo el polvo se disolvía, si no también el cosmos de Milo que se había elevado como una estrella ardiente que acababa de colapsar en el espacio, fragmentándose en mil pedazos para desaparecer. - ¡No, no Milo! –

Aioria se maldijo una y mil veces en su mente, corrió hacia los escombros donde se encontraba el cuerpo del escorpión dorado, pero apenas iba a llegar cuando Koios se lanzo contra él, dándole una patada justo en el costado, Aioria cayo aturdido en el suelo, sintiendo como varias costillas se habían fracturado, el dolor que le producían al respirar y la falta de aire, apretó los puños mientras su mente únicamente estaba centrada en su compañero, en los sacrificios que habían de hacer en esa maldita guerra.

-Habéis tardado demasiado en daros cuenta de su debilidad. – Koios extendió su mano hacia el costado de Aioria y lanzo un rayo negro que atravesó el pecho del león, que se retorció de dolor, sin embargo ningún grito de dolor abandono sus labios.

-Aunque nosotros fallemos, aun abra santos que puedan hacerte frente Koios. – Aioria trato de incorporarse torpemente pero Koios pateo su rostro con brutalidad reventándole el labio y derribándolo de nuevo al suelo.

-Desiste leo. – Aioria se giro boca abajo, todo su cuerpo estaba temblando por el dolor, incluso su cosmos parecía fallarle en esos momentos, tosió un par de veces sangre que mancho la tierra bajo él, que se tiño de carmín, como si cera liquida hubiese caído sobre ella, se quedo con las rodillas y los brazos apoyados, mientras trataba de levantarse de nuevo. – Sois humanos vuestros cuerpos tienen un límite, no podrán ir más allá de él.

-Qué clase de caballero seria, si… me rindo ante ti… Milo jamás me lo perdonaría. – Aioria se apoyo con sus palmas sobre sus rodillas, pero Koios atravesó su cuerpo con su mano y comenzó a electrocutarlo sin piedad, el cuerpo de Aioria se paralizo por completo y todos sus músculos se tensaron al extremo, pareciendo que iban a comenzar a desmembrarse por cada fibra de musculo que tenia.

Koios elevaba cada vez más la descarga eléctrica dentro del pecho de leo, quien utilizaba su cosmos para frenar hasta cierto punto aquella energía, sin embargo la diferencia entre ambos era colosal. Realmente está impresionado por la valentía, resistencia y fuerza de aquellos dos santos dorados, habían decidido enfrentarlo a pesar de la diferencia de cosmos, todo por continuar creyendo en sus propios preceptos y los de su diosa, para poder salvar la vida de toda la humanidad, aun si tenían que dar la de ellos y debía reconocer que esa fuerza de espíritu era la digna de un guerrero y el reconocía a esos dos caballeros como dignos combatientes, por el simple hecho de no haber flaqueado ante él, ni una vez.

Koios alzo su rostro hacia el cielo, pues acababa de percibir un gran cosmos acercándose directamente hacia el lugar donde él se encontraba, el único ser capaz de lanzar un ataque a gran escala y con ese nivel de cosmos era Athena, así que retiro su mano del cuerpo de Aioria el cual se desplomo al suelo, se giro para apuntar directamente el Keraunos hacia el ataque de Athena.

-Tu fuerza Athena aún es muy inferior a la del Keraunos. – Koios lanzo un rayo que dejo una estela negra celeste que golpeo directamente el ataque de Athena, le atravesó justo por en medio y la colisión de ambos ataques produjo una explosión en el cielo. El titán sonrió complacido y se giro dispuesto a desaparecer la vida del santo de leo, tal y como acababa de hacer con el ataque de la diosa.

Pero justo a mitad de su acción recibió un puñetazo de lleno en el rostro que le hizo retroceder varios pasos y logro desprenderle unas gotitas de sangre de la ceja, Koios se sintió completamente desconcertado de recibir aquel golpe, incluso jamás creyó que ese hombre, fuese precisamente quien lo golpease.

-No importa tu fuerza Koios, la voluntad de los santos es mucho mayor. – Arles se interpuso entre Aioria y Koios.

-¿Cómo habéis logrado sobrevivir a mi técnica? – Koios tenía los ojos abiertos con sorpresa mientras se llevaba los dedos a la herida y limpiaba las pequeñas gotitas de sangre que salían.

-Gracias a esta magnífica armadura. – Arles toco con su mano la coraza de la armadura de Altair y miro orgulloso al titán. – Desde la era del mito, Athena otorgo parte del fuego sagrado a esta armadura, haciéndola su contenedora y dándole la capacidad de guardar en su interior el cosmos de antiguos santos, es ese cosmos, no, ¡Es la fuerza de voluntad de esos caballeros la que me obligaran a hacerte frente Koios! -

Ti…tienes…razón. – Aioria estaba completamente bañado en sangre, los rayos que habían entrado por su cuerpo habían logrado perforar su piel por diversos puntos, produciendo grandes heridas que estaban sangrando.

-Aioria. – El santo de leo percibió como su cosmos se conecto con otro mucho mayor y como era reconfortado por una inmensa energía que emanaba paz y amor, pero jamás había escuchado aquella voz melodiosa, aunque la bondad de su cosmos y la extraña familiaridad con la que le hablaba le hizo pensar en Athena. – Haz sido muy valiente y agradezco el esfuerzo que has hecho hasta ahora.

-A…Athena. – Aioria no podía creer que aquella voz tan madura y cariñosa fuese la voz de Athena de la era mitológica.

-Arles, Aioria necesito que me escuchen. – La diosa a pesar de la distancia baño a ambos santos con el resplandor de su cosmos, sanando la mayoría de las heridas corporales que tenían, reparo sus armaduras y reconforto el espíritu de cada uno de ellos, mientras les explicaba a detalle lo que querían que hicieran para lograr detener a Koios. - ¿Podéis haceros por mí, caballeros?

-Athena, nuestra vida te pertenece. – Respondió Arles.

-Sera todo un placer. – Aioria sonrió levemente y en sus ojos resplandeció un pequeño brillo de cosmos.

-Por lo que veo Athena no les ha abandonado. – Koios apareció el Keraunos de nueva cuenta en su mano derecha, dispuesto a acabar de una vez por todas con la vida de ambos caballeros.

-Puede que nosotros perdamos la esperanza, incluso la fe en nosotros mismos. – Aioria bajo su vista hacia la palma de su mano derecha y luego la empuño para dirigir su mirada hacia Koios. –Pero Athena jamás perderá la confianza que tiene en nosotros. Aioria cerró los ojos con tranquilidad y sonrió con confianza, mientras su cosmos se elevaba como una llamarada a su alrededor, creando múltiples espículas doradas. – Este será mi último ataque, después de esto no seré ni siquiera capaz de mantenerme consiente, así que te encargo el resto Arles. - ¡Explosión fotónica!

Aioria utilizo la técnica suprema del cual era poseedor, el ataque más fuerte que conocía y que exigía que su cosmos estuviera ardiendo hasta el infinito, que superara más allá la fuerza de un santo dorado y que requisiera de un gran nivel de cosmos y concentración. Al grado que el mismo se había prohibido utilizarlo ya que era demasiado peligro por el hecho de que se desprotegía en su totalidad, ya que era una técnica extremadamente ofensiva y que llevaba a un agotamiento físico que le tornaba incapaz de seguir peleando.

El león dorado hizo arder su cosmos hasta su clímax y lo expulso de su cuerpo, en toda el área de combate, creando múltiples orbes dorados de fotones que rodearon a Koios, proyectándose como cientos de partículas luminosas suspendidas en el aire, en torno a su oponente, mientras el cosmos de Aioria cada vez iba creciendo en intensidad y generando mayor numero de fotones que brillaban incandescentemente.

Koios hizo destellar peligrosamente el Keraunos conociendo con tan solo verla, que la técnica del caballero de leo, era extremadamente peligrosa, por lo que debía acabar de una vez por todas con la vida del santo. Desde que había creado el rayo divino jamás creyó que lo utilizaría para matar y desintegrar el alma de los seres humanos, así que supuso que tal vez ese era el mayor alago y premio que podían obtener los santos de oro.

Aioria extendió su brazo hacia al frente generando que los fotones se adhirieran a Koios y al mismo Keraunos, mientras ejercían cada vez mayor presión, logrando perforar el Kamui del titán e iniciar a perforar su piel, al tiempo que Koios lanzaba su rayo hacia Aioria, pero por una fracción de milisegundo antes de que el ataque golpeara al castaño, Arles se interpuso entre ambos, colocando una mano frente a su armadura y de esta broto una gran urna que recibió de lleno el impacto del Keraunos.

-¿Acaso es…? – Koios abrió los ojos sorprendidos a medida que sentía como los fotones de Aioria perforaban su piel, como si no existiera ninguna armadura.

Aioria quemo todo su cosmos e hizo detonar todos los fotones que se encontraban dentro del cuerpo de Koios, los cuales estallaron en el interior del cuerpo del titán, destruyéndolo de adentro hacia afuera, consumiendo toda su energía y desgarrando su cuerpo, despedazando por completo la armadura divina, que cayó al suelo como si fuese simplemente una armadura de acero. La intensidad de la descarga dorada y la explosión de los fotones produjo una incandescente luz, que contrastaba con los rayos negros del Keraunos que estaban siendo absorbidos por una de las urnas que Pnemosine les había otorgado a los dioses.

Arles sentía la inmensidad de la fuerza del keraunos, que entraba ruidosamente a aquella urna, tratándose de resistir como si tuviera vida propia, incluso la armadura de Altair comenzaba a desintegrarse, al igual que su cuerpo, al sostener el mismo la urna, ya que la inmensa energía que expedía aquel combate entre la fuerza de dos hermanos; Pnemosine y Koios, estaba produciendo daños colaterales, que hacian cortes profundos en su piel e incluso perforaba su cuerpo. Pero poco a poco el Keraunos estaba perdiendo su brillo y retornaba a su letargo divino que había tenido durante años a manos de Zeus, hasta que la ultima centella desapareció de la mano del titán.

-Lo…logramos. – Las últimas espigas del cosmos dorado de Aioria salieron de su cuerpo y entonces el joven santo de leo se desplomo en el suelo.

-Aioria. – Arles soltó lentamente la urna, la cual se envolvió en un cosmos blanquecino y comenzó a desaparecer. Entonces el caballero de Altair se acerco al castaño y observo cómo este estaba completamente inconsciente en el suelo y no era para menos la cantidad de cosmos que había utilizado Aioria había sobrepasado el cosmos de un dios, no por ello Koios había sido destruido y al fin ellos habían ganado, habían logrado derribar al primer titán, abriendo el camino a sus compañeros y mostrándoles que no era imposible derrotarles…

-Maldi…to… hu…mano… - Arles se incorporo de golpe al escuchar la seca voz de Koios, quien se movía lentamente entre los escombros y el fuego, lo escucho toser varias veces, antes de observar la nítida sombra del titán y sus ojos escarlatas. – Pensé que realmente me acabarían. – Koios se balanceo pesadamente hacia atrás y adelante y alzo sus ojos rojos al cielo, pensando en su familia, mientras la sangre y parte de su carne caían en pedazos al suelo.

Arles se sorprendió al ver que el titán continuara con vida, prácticamente su tórax estaba destruido y su abdomen estaba igual, con gigantescos boquetes en su interior, incluso había perdido la pierna derecha y el brazo izquierdo. – Estoy aun con vida… - Koios se rodio de su cosmos negro, que comenzó a formar de nuevo sus tejidos, músculos y piel, sanando las graves heridas que Aioria le había producido. – Aunque no tenga el Keraunos en mis manos, aún poseo mi cosmos y es más que suficiente para cegar tu vida y la de ese caballero.

-No lo harás mientras yo esté con vida. – Arles depósito con cuidado a Aioria en el suelo y dio un gran paso interponiéndose entre leo y el titán. No podía creer la cantidad de fuerza que tenían los titanes, Koios había resistido las 14 agujas de Milo, su propios ataques y de Babel y además la técnica suprema de Aioria y aun continuaba con vida, como diablos era posible algo como aquello.

-Ya no tengo nada más que deciros. – Koios rodeo su mano derecha con una descarga eléctrica que ilumino su rostro pálido, lleno de sangre y sus ojos escarlatas. Y se teletransporto frente al caballero de Altair, quien le sostuvo la mano por la muñeca logrando impresionarlo, entonces Arles decidió contraatacar y trato de golpear con su puño a Koios pero el resultado fue el mismo, el titán le sostuvo por la muñeca, pero la fuerza de este logro romperle el brazo, entonces Koios rodeo su brazo izquierdo de electricidad y perforo el abdomen de Arles, que salió expedido contra el suelo con brusquedad y muy cerca de donde Aioria se encontraba.

Cerró los ojos para resistir el dolor que estaba experimentando en ese momento, mientras trataba de cubrir con su mano fracturada, la herida por la cual brotaba grandes cantidades de sangre, su cuerpo se convulsionaba por las descargas eléctricas en su interior y estaba aturdido, trato de incorporarse torpemente, pero sus piernas flaquearon, cayendo pesadamente al suelo. Entonces se arrastro como pudo al lado de Aioria y aun en el suelo, elevo su cosmos.

-Jure a Shion que os protegería con mi vida si era necesario. – Arles se acuclillo, respirando con dificultad mientras la sangre de su abdomen escapaba entre sus dedos. - ¿Cómo voy a lograr derrotarle?

-Yo me encargare de él. – Una jovial voz respondió a su pregunta a pesar que no la había articulado.

-¡Milo! – Giro el rostro al reconocer la voz del escorpión y no pudo evitar sonreír al ver como este se tronaba el cuello y luego los dedos de las manos, para desentumirse.

-¿Cómo? – Koios estaba completamente asombrado, pues el juraría que había golpeado con el Keraunos el cuerpo del escorpión y de ser así... – Deberías estar muerto.

-Así es. – Milo avanzo a paso tranquilo. – Hasta yo creí que me matarías con el Keraunos o al menos me dejarías una fea herida como la que le dejaste a mi compañero de capricornio, pero gracias a la sangre que Athena me otorgo en el pasado y que corría por mis venas, he podido resistir tu ataque Koios. Y ahora ambos estamos en igualdad de condiciones.

-Eso es imposible. – Refuto el titán.

-Te equivocas, Aioria ha logrado destruir gran parte de tu cuerpo y cosmos y aunque no pudo concluir su técnica por completo, aun hay decenas de fotones explosivos en tu cuerpo y seré yo quien detone el resto, esta vez recibirás mi decimo quinceava aguja escarlata; Antares ardiente. –

-Milo, no. – Arles miro angustiado al caballero de escorpión. – Estoy seguro que la sangre de Athena te ha salvado únicamente por esta vez, pero si tu realizar tu técnica morirás y…

-No lo hare, Arles. – Milo se freno delante de él y le miro de reojo, mientras le sonreía de lado. –Voy a dominar esta técnica… - Milo quemo todo su cosmos al infinito elevándolo cada vez más que creía llegar a su límite, la aura dorada que le rodio ardió en tal intensidad que a pesar de estar llegando la noche, su brillo ilumino todo alrededor e incluso pareció dar un poco de calidez a su alrededor. Entonces el peli azul elevo por primera vez su mano izquierda, cosa que sorprendió a Arles puesto que la mano derecha del escorpión dorado estaba intacta. – Y además Arles, voy a sobrevivir, porque aún me quedan muchas bromas que jugarte… - Milo se carcajeo ante la cara de sorpresa de Arles y se lanzo hacia Koios, sin esperar una respuesta.

Milo sabía que la aguja escarlata ardiente Antares seria la única que terminaría con la vida de Koios, ya que el tetan tenia las 14 picaduras preliminares de la aguja ardiente, corrió directo hacia Koios mientras retraía su brazo izquierdo hacia atrás preparando el piquete mortal. Su cosmos y su fuerza vital ardían por igual, podía sentir la sangre de su cuerpo quemando su interior, pero a diferencia de las veces pasadas, el calor que emanaba de su corazón no parecía estarlo quemando, al contrario era una sensación reconfortante, mientras todo el fuego se acumulaba en el dedo índice de su mano izquierda.

-¡Ajuga escarlata Antares ardiente! – Milo extendió su brazo frente a Koios que lanzo varios relámpagos para tratar de alejarlo pero, Milo esquivo cada uno de ellos y su cosmos exploto desde el lado izquierdo de su cuerpo formando líneas onduladas de cosmos que conectaban a su corazón con el aguijón de su mano izquierda, elevando cada vez más la temperatura del cosmos de Milo, hasta que se incrusto en el pecho de Koios.

Milo llevo sus orbes azules hacia los escarlatas de Koios, quien estaba sorprendido, que por una fracción de segundos el escorpión hubiese sido más veloz que él y no solo eso, si no de la cantidad de cosmos ardiente que se resguardaba en el interior del corazón del joven griego. Entonces no pudo evitarlo y sonrió tenuemente, antes de que Milo lograse perforar su cuerpo y pasarlo por completo quedando de espaldas a él.

-Tal vez no éramos los indicados para ganar ¿No es así, madre? – Koios sintió una fuerza interna ardiente que broto dentro de su pecho, que se elevo un inmenso calor en su cuerpo, como si en lugar de sangre sus órganos estuvieran en contacto de lava directa, que comenzó a desintegrar su cuerpo desde su interior, pero no fue únicamente eso, si no que los fotones que Aioria no había logrado detonar en su interior, parecieron reconocer el cosmos del escorpión y comenzaron a detonar sin piedad, destruyéndolo. – Pero he de reconocer que tampoco quería hacerlo.

Milo se detuvo de espaldas al tetan, mientras sentía como su interior y el de su enemigo parecían arder por igual, pero extrañamente no había dolor esta vez. Entonces miro curioso su mano izquierda y como su aguijón resplandecía como si estuviese orgulloso de lo que acababa de hacer y entonces vislumbro de reojo el halo de la explosión de Koios y como el cosmos del titán desaparecía por completo.

-¿Lo logre? –

Arles miro a Milo de espaldas a él, con la cabeza hacia abajo y se preocupo al ver que el cosmos del escorpión comenzaba a descender, entonces Milo se desplomo de espaldas en el suelo y se quedo quieto. ¿Acaso no había sido capaz de superar su propia técnica? -¡Milo! – Arles corrió angustiado hacia el octavo guardián, pero a media carrera lo escucho reír muy quedamente. Entonces su susto paso a odio y a unas inmensas ganas por matarlo, lo miro furioso, pero después se relajo y tan solo pensó que ese mocoso acababa de sacarle otro susto de muerte.

-Estoy agotado, mi cosmos no va a respon… - Pero Milo se quedo a media frase antes de perder el conocimiento por el cansancio y la pérdida de sangre, tal y como había pasado con Aioria.

Arles sonrió al ver a ambos vivos a pesar de haber enfrentado a un enemigo sumamente poderoso y de las múltiples heridas que tenían, pero tanto como leo como escorpión habían sabido sobreponerse a la situación y a sus propios límites, entonces dirigió su mirada hacia donde podía sentir el cosmos de Shion. – Quien diría que leo y escorpión harían un gran equipo ¿No es así Shion?

Continuara…

No se crean jajaja no voy a matarlos a todos, solo algunos.

Comentarios:

Acuarios alexa: Muchas gracias por disfrutar el capitulo, aunque lamento que casi llorases, espero que este también sea de tu agrado y puedas comentar que te pareció.

Niki1213: Jajaja se que todos esperaban una diosa buena, que aventara flores y besos por todos lados, pero era importante recordarles que Athena, ante todo fue una diosa que coexistió con las deidades por años, sin importarles los humanos. Pero creo que en este capítulo te he aclaro un poco más la naturaleza de su evolución y como realmente se desarrollo con el tiempo.

Artemiss90: Lamento haberte causado tan mala impresión de Athena, pero era justo y necesario como ha dicho ella, era para probar la fidelidad y devoción que tenían sus caballeros y no hacia ella, si no a los ideales justos y correctos que siempre ha tratado de profesarles. Pero espero que aquí allá quedado más claro sus verdades sentimientos.

Caliope07: Hola. Muy bien y tú? No sabes cuánto agradezco tus comentarios y este último no es la excepción. Lamento que a veces los títulos sean tan amargos pero es para orientarlos uno poco más en el contexto que abarcara el capitulo. Pero al igual espero que este capítulo también te haya encantado.

Aya: Lamento cuando los dejo en suspenso. Pero espero que este capítulo allá compensado el estrés por el que los he hecho pasar. Espero que Athena la original, limpiara la maldad con la que la introduci y se muestre un poco más humanizada frente a sus santos. Pero en fin al menos ya ha caído un titán, así que el panorama ya no es tan negro.

Beauty-amazon: Esperemos que pocas vidas sean sacrificadas de nuestros queridísimos santitos. Todos merecen un final feliz.

MarianaMa: Espero que esta notificación también te traiga algo de emoción. Lamento enormemente romperles el corazón con Mascara de la muerte y la pobre Zhara está a escasamente a un capitulo de hacerse viuda. Al parecer todos han odiado a Athena pero espero que te caiga un poco mejor en este capítulo.

Atte: ddmanzanita.