Lo lamento, no tengo perdón de dios por abandonarlos tanto tiempo, pero digamos que mis musas y mi estado de ánimo no me ayudaron mucho a escribir el capitulo, pero espero que allá quedado de su agrado, lo disfruten y comenten.
Capitulo 50. Medidas desesperadas.
Se despertó sobresaltada, se irguió volteando hacia todos lados, tratando de comprobar donde se encontraba, pero al principio sus sentidos estaban alterados, todo lo que le rodeaba le era llamativo y sin embargo no se concentro en nada, llevaba su vista de un lado a otro, se toco todo el cuerpo, buscando alguna herida desde los pies hasta la cabeza, pero pronto unas gotas de agua la trajeron a la realidad, sobresaltándola, miro a su atacante y la vio felizmente sonriente.
-¿Mamá? – De repente toda su atención, tan solo se fijo en la hermosa y delgada mujer frente a ella, su cabello era largo, le caía hasta la cintura y era de un precioso azul celeste, igual al de su hermana, pero a diferencia de los ojos ámbar de Aldana, su madre solía tenerlos, tan azules como ella. No pudo evitarlo, su voz se quebró al instante y de sus bellos ojos azules se derramaron varias lágrimas.
-Mi niña, por eso te dije que no te subieras a ese árbol, la rama se ha roto y te has caído. – Su madre se acerco a ella, cubriéndola entre sus brazos y le planto un beso en la frente.
-¡Ay, mamá, cuanto lo siento! – Scatha se aferro a ella, entrelazando sus brazos en su espalda y llorando sin parar, como la extrañaba, su afecto, su carisma, su calor, hasta el suave olor floral que solía usar.
-Shh… ya pasó, lo malo ya paso. – El escuchar esas palabras, la hicieron reventar en un torrente de lágrimas sin control, sabía que su madre se refería al árbol, pero para ella esas palabras otro significado y lavaron la culpa de su alma.
-¿Qué ha pasado? ¿Mi niña grande llorando? – Su voz, alzo sus ojos zafiros ardientes por las gotas cristalinas que habían derramado y de un brinco se desprendió del regazo de su madre y corrió a abrazar a su padre. - ¿¡Scatha!? – Llamo desconcertado.
-Pensé que le dolía la pierna. – Su madre miro algo divertida la reacción de su hija y observo con ternura a su esposo e hija.
-¡Papá! – Scatha quería decirles tantas cosas, pero a penas y podía respirar por su nariz, su garganta ardía como si un metal al rojo vivo estuviera dentro de ella, tan solo podía llorar y recordar lo que significaba abrazarlo, volver a revivir cada memoria que tenia de ellos.
-¿Qué le ha pasado? – Su hermana menor emergió su pequeña cabeza por el camino que antiguamente había salido su padre, acompañada de su hermano.
-¡Lidia, Dante! – Abrazo a cada uno con un brazo y recargo la cabeza de sus hermanos menores contra la suya, mientras sus lágrimas caían una en una y su alma se desbarataba. Cuanto les había extrañado a cada uno, cada segundo, cada maldito día de su vida.
-¿Scatha? Papá, mamá, creo que se ha golpeado la cabeza. – Afirmo su hermano, arrancándoles una sonrisa a todos.
-¡Oh Dante! – Le planto un sinfín de besos a su hermano menor por todos lados, mientras este hacia todo por alejarla. - ¡Lo lamento tanto, de verdad lo siento! – Siento haberte asesinado esa noche, que tu muerte hubiera sido el inicio de todo. - ¡Te quiero tanto, hermanito! –
-¿Cómo cayó? – Cuestiono su padre a su madre, mirándolo algo confundido pues esa no era la reacción de su niñita. - ¿Si se golpeo la cabeza?
-¡¿Cómo piensas eso?! – Bufo juguetona su madre, mientras miraba enternecida a Scatha.
Scatha sintió de nuevo como unas cuantas gotitas de agua golpeaban su rostro y caían sobre su cabello, entonces alzo un poco la cara y miro como Lidia estaba inclinada juguetonamente sobre ella y llevaba agua entre sus dos manos, la cual vertió sobre ella y Dante.
-Scatha, nos estas asustando a todos. – Lidia le sonrió ampliamente y le abrazo con mucho cariño, mientras le plantaba un suave beso en la cabeza, como si fuera su madre. – Scatha ¿Te encuentras bien?
-Mejor que en mucho tiempo. – Admitió dejando de sollozar, aunque sus mejillas y la punta de su nariz continúo enrojecido. – Es que… tan solo… he reparo en lo mucho que os amo y en lo difícil que es para mí imaginarme la vida sin ustedes.
-Ay mi amor. – Scatha sintió los brazos de su madre sobre sus hombros y le palmeo suavemente. – No tienes por qué pensar eso, nosotros jamás vamos a abandonarte. – Su madre le sobo cariñosamente la espalda y la rodeo en un abrazo junto a sus hermanos, mientras miraba sobre sus hombros a su esposo, de forma amenazante para que le ayudase con los niños.
-Así es, pase lo que pase estaremos a tu lado. – Agrego su padre a regañadientes y es que él no era un hombre que mostrase mucho sus sentimientos. – Así que no te pongas igual de hormonal que tu madre o dejaras de ser mi consentida. – Su padre la arranco del abrazo fraternal y le arrojo al pequeño lago en el que se encontraban.
- ¡Hey! – Reclamaron al unisonoro su mamá y sus hermanos pequeños.
Dio un gran bocado de aire cuando su cabeza emergió y pronto le volvieron a salpicar el rostro sus hermanos cuando brincaron a su lado, riéndose entre carcajadas y lanzándole agua juguetonamente, entonces ella se unió a ellos un rato, siguiéndoles la corriente y cuando Lidia se empeño en ir tras Dante, ella giro el rostro hacia sus padres que les miraban sentados juntos desde el pie de un frondoso árbol.
-Mamá ¿Dónde está Aldana? –
-Ella se ha quedado con tus abuelos. – Respondió candorosamente su madre.
-Aldana. - ¡Oh no Aldana! – Fue como si un rayo la golpease en ese instante, su corazón comenzó a latir con brusquedad, recordando lo último que había ocurrido en el Monte Otris, Aldana había vendido su alma a Ares y se había llevado la flecha de Athena y la caja donde estaban sellados los dioses. Todo aquello era una ilusión provocada por el veneno. Entonces comenzó a nadar para salirse del rio, sin embargo Lidia y Dante volvieron a lanzarle agua entre los dos, deseosos de vencerla, les escucho reír a ambos, el agua le entro a los ojos y cuando les cerro, todo a su alrededor pareció alejarse, los sonidos se volvieron como murmullos que cada vez se iban alejando aún más.
-Imbécil, sigue arrojándole agua así y vas a terminar ahogándola. – Abrió los ojos de golpe, sintiendo como toda su cara estaba empapaba de agua y como esta resbalaba por su cuello.
-Pero la desperté. – Refuto.
Scatha se llevo las manos a la cabeza apretándosela con fuerza y cerró los ojos, mientras sentía como unas manos la sostenían.
-Comandante ¿Cómo se siente? – Esa era la voz de Isley.
-¿Dónde…donde esta Aldana? – Les cuestiono, abrió sus parpados, mostrándole a ambos guerreros de cerca, lo preciosos que eran sus ojos azules intensos, pues ambos parecieron perderse en ellos. - ¿Dónde está? – Les repitió la pregunta.
-No lo sabemos. – Dante extendió su mano para ayudarle a levantarse, pero ella la rechazo y se paro por sí misma. – Lo último que recuerdo es que ella nos ataco e incluso me creí muerto, pero cuando desperté estaba al lado de Isley y ella ya no estaba, entonces desperté a este…
-¿Cuál este? Gato igualado. –Refuto el otro.
-Y seguimos el rastro de sangre hasta aquí, pero solo la encontramos a usted, mi comandante. – Dante ignoro olímpicamente a su compañero y termino de narrar lo poco que recordaba.
-Tal parece que uso el mismo veneno en los tres. – Inquirió Isley tratándose de introducir en la plática.
-Ella debió volver al santuario, tenemos que alcanzarla ¡Vamos! – Scatha tomo su espada y la ciño a su cintura, pero entonces reparo que aún dentro de ese impresionante santuario existía un cosmos conocido para ella, salió de la sala donde se encontraba, seguida de los otros dos berserkers y se encaminaron por las escaleras contiguas por donde se bajaba al lugar donde yacía el cuerpo de Campe.
Scatha observo una pesada puerta negra al lado derecho de las escaleras y dentro de ella percibió el cosmos que se había hecho notar solo a ella, al parecer, pues ni Dante, ni Isley sabían el porqué ella descendía de nuevo las escaleras. Incendio su cosmos, que le rodeo en un aura negra, desenvaino su espada y acumulo una luz negra en la punta de esta con la cual a penas y rozo la puerta esta se volvió cenizas, entonces sus ojos pudieron comprobar que dentro de esa habitación se encontraba una mujer bellísima, la cual estaba amarrada de las manos, piernas y cuello con pesadas cadenas con púas que laceraban su fina piel.
-Mi señora. – Scatha hizo una reverencia hacia la hermosa joven de cabello anaranjado casi rubio, de fina piel marfil y unos grandes, pero atrayentes ojos mieles.
-Los berserkers… -
…
La noche había cubierto en toda su extensión el cielo nocturno de Grecia y las amplias y extensos nubarrones que se ceñían sobre sus cabezas habían comenzado a dejar a caer inclementemente un torrencial diluvio sobre ellos, las rosas rojas que se encontraban esparcidas por todo aquel campo de batalla, recibieron gustosas aquellas gotas de lluvia, atrapando entre sus aterciopelados pétalos y dando un aspecto más embriagador a aquella noche iluminada por la luna de sangre que se alzaba en el cielo y que daba un aspecto lúgubre.
Rea miro el cuerpo del caballero de Piscis tendido entre sus rosas, como si tan solo estuviera dormido, a pesar de la tierra, lodo y la sangre sobre su armadura, debía reconocer la belleza de ese hombre, pero también su valentía y poder. Disolvió en el aire las espinas que sostenían el cuerpo del sueco y cuando este se vio liberado, cayó pesadamente al suelo, en su propio charco de sangre.
-Equidna. – Rea se quedo mirando fijamente la sangre del caballero de Piscis que corría a unos cuantos centímetros de ella, tan lentamente como si fuera pintura roja lanzada sobre un lienzo. – Mátalos a todos. – Rea cerró pesadamente los ojos y le dio la espalda a la edificación, mientras los gritos de los aldeanos y curanderos inundaban aquel sitio.
Equidna era un gran monstruo femenino que junto a Tifón había sido la madre de casi todos los monstruos de la era mitológica, su fuerza siempre había sido muy comparada a la de su esposo, debido a que sus padres eran los mismos y además las habilidades de esta eran excepcionales.
Se arrastro a gran velocidad hasta el hermoso capullo que había formador el cosmos del caballero, pudo oler el miedo que se escapaba entre sus pequeñas aberturas e incluso sus afelinados ojos observaron la mirada aterrorizada de algunas sacerdotisas y curanderos que retrocedieron a penas vieron su cuerpo. Entonces Equidna movió su gran cola de serpiente y golpeo con brutalidad las raíces que se sacudieron y resquebrajaron sus cortezas, sin embargo permanecieron aún obstruyendo su paso.
-¡Cálmense! – Grito una serena voz desde el interior. – Ella no podrá entrar.
-¿Me estas retando humano? – Equidna se deslizo sobre su vientre, atizando su oído hacia la voz de que anciano hasta que le encontró. Entonces no espero dos veces, acumulo una gran cantidad de fuego dentro de su garganta y cuando abrió la boca, le escupió un inmenso flamazo que se dirigió hacia las amplias raíces, pero mucho antes de llegar, el fuego se disperso en una gran columna que se dirigió hacia los cielos y luego retorno hacia ella. - ¿Qué? – Tanto Rea como Equidna observaron como comenzaron a caer algunas plumas blancas del cielo, que se columpiaron en el aire hasta el suelo.
-No voy a permitir que lastimes al caballero de Athena o a las personas bajo su protección. – Ambas se giraron para darse cuenta que un hombre alto, de tez clara, cabellos y ojos oscuros y con una mirada severa, las escrudiñaba a ambas con violencia. Su armadura era muy diferente a la de los santos al servicio de Athena, incluso el material con el que estaba hecha era muy distinto.
-¿Quién eres? – Equidna cuestiono, pero Rea sonrió al instante al suponer que aquel hombre era tan diferente a los humanos, había algo en su aura y en la vibración de su cosmos que le hacía pensar que ese hombre, no pertenecía a la tierra.
-Soy Odysseus, uno de los guerreros celestiales al servicio de la diosa Artemisa. – El ángel arrastro sus palabras con odio y le lanzo una mirada de reojo de desprecio a Rea.
-¿Qué haces aquí? – Rea camino seductoramente entre las rosas del jardín y le sonrió, se acerco hasta quedar justo frente a él, entonces comenzó a rodearlo, estudiándolo con detenimiento, observando cada detalle de ese hombre, tratando de descubrir su linaje, se acerco por su espalda y le susurro al oído. – Tu diosa ha sido sellada, yo tuve ese placer.
Rea rio juguetonamente y retrocedió algunos pasos, esperando recibir una respuesta física a su provocación, pero el ángel tan solo se limito a mirarla de reojo con más severidad y no se movió, ni un centímetro, lo cual la desconcertó, él no era humano, definitivamente el control de sus emociones iba más allá y eso si realmente tenia dichos sentimientos.
-Pronto seré yo quien tenga el placer de verte sellada. – Odysseus refuto, lo cual molesto a la titanide que apenas alzo una ceja y esto provoco que el León de Nemea se lanzara contra el celestial.
El inmenso león corrió a toda velocidad contra el ángel, su piel dorada resplandeció, sin embargo el peli negro solo alzo su mirada hacia la luna zafiro de aquella noche sin inmutarse porque un gigantesco león tamaño camión corría hacia él. Lo cual enfureció aún más a la bestia, pero de repente un hombre apareció sobre él, portando unas preciosas alas blancas que se expandieron por detrás de su espalda e impidieron ver sus rasgos faciales, el hombre genero una energía amarilla en su palma, la cual se expandió en barras lineales doradas las cuales lanzo contra el león, además sacudió sus gigantescas alas que desprendieron varias plumas las cuales cambiaron su forma algodonosa, transformándose en un haz dorado puntiagudo que cayeron sin piedad sobre el león.
Rea escucho impresionada el lastimero rugido del león, al sentir como su gruesa piel era atravesado por algo más allá que sus propias uñas, la sangre broto a través de las perforaciones de la bestia que retrocedió tratando de esquivar el ataque. Rea alzo su vista hacia el nuevo guerrero el cual desapareció sus alas en un destello de luz muy similar al de Odysseus y se coloco justo a la espalda del pelinegro.
-Extraordinario. – Rea observo a ambos guerreros y a sus habilidades sin duda otorgada por los mismos dioses.
-Llegas justo a tiempo, Thesseus. – El pelinegro miro con la misma severidad a su compañero, sin embargo con el expreso una minúscula sonrisa de medio lado.
-Así que ese hombre se llama Thesseus. –Miro al recién llegado, era un poco más alto y atlético que su compañero, su cabello era rubio, peinado en unas rastras muy al estilo de los héroes mitológicos, sus ojos eran de un azul intenso como el mar y su tez era un poco más morena que la de su compañero.Era increíble, no podía aun creer lo fascinante y lo mucho que le llamaban la atención, no solo los santos de Athena, si no también los ángeles al servicio de Artemisa, todo en ellos era digno de conocer, aunque era una tremenda lástima que fuesen sus enemigos.
-Acaben con ellos. – Equidna y el león corrieron hacia ambos celestiales, que se separaron en un brinco para evitar que ambas bestias les cercaran. Así que Odysseus termino frente a Equidna, mientras que Thesseus se planto frente al león de Nemea.
Equidna se arrastro hacia el pelinegro que retrocedió y se agacho para esquivar un coletazo del cuerpo serpentino de la bestia, sin embargo a pesar del gran tamaño de ella, su velocidad era impresionante y cada vez que el celestial lograba esquivarla, esta atacaba de nuevo al instante sin darle siquiera oportunidad de recuperarse para lanzar una ofensiva.
-¿Qué te ocurre? – Se burlo. – ¿Acaso solo eres bueno tomando a tus adversarios por sorpresa? – Equidna se desespero al ver que el guerrero ni siquiera se inmuto por su comentario, siguió concentrado en la batalla, como que si el derrotarla solo fuera quitarse una basura de encima. Removió su cola con fuerza tratando de aplastarlo con ella y cuando apenas Odysseus logro medio reponerse de esquivarla, le lanzo una columna de fuego gigantesca.
El pelinegro se paró en seco, inclino levemente su cabeza y fulmino con sus ojos a la horripilante mujer mientras inclino su brazo y formo sobre la palma de su mano una esfera violácea con varios anillos del mismo color, la cual arrojo contra el fuego el cual detuvo su trayectoria, Odysseus movió una de sus manos y redirigió la columna de llamas contra Equidna que lanzo una nueva llamarada para contrarrestar la anterior.
-Pensé que lo habías entendido la primera vez, Equidna, ese hombre puede controlar todos los ataques que tu lances contra él. – Agrego Rea.
-Pero entonces no podrá detener mis ataques físicos. – Equidna se dirigió hacia Odysseus pero este no se inmuto, por lo que ella decidió pasarlo de largo y se giro 180° atrapando en la circunferencia entre su cola y su cuerpo al ángel, que tan solo la observo con desinterés. –Trata de escapar de esto. – Plegó su cola con rapidez en una fuerte constricción, el pelinegro saco sus alas para elevarse y esquivarla una vez más, pero una gran raíz salió del suelo apresándolo del torso, provocando que el largo cuerpo de Equidna se enrollara en torno a él. – Te tengo. – Celebro.
Thesseus dio un brinco hacia atrás para evitar el primer zarpazo del león de Nemea, pero apenas y sus pies rozaron el piso este casi le da una dentellada, por lo que se lanzo al piso para evitarlo quedando justo a los pies del león que trato vanamente de pisarlo o arañarlo, pero el ángel se las ingenio para evitar cada uno de estos embates.
-¡Thesseus! – El ángel detuvo por las uñas un nuevo intento de ser atravesado por el león, el cual le arrastro varios centímetros, miro de reojo a su compañero que no se encontraba en las perfectas condiciones en su pelea contra Equidna. Por su parte Rea se encontraba arrodillada a un lado del caballero, sosteniendo una fina daga entre sus manos.
El rubio soltó las uñas del león arrojándose hacia un lado, rodo por el suelo varios metros y se incorporo, pero el feroz animal se giro rápidamente y lo hundió en el piso con una de sus garras, las cuales se incrustaron en su pecho.
Rea sonrió retorcidamente al ver que ambos ángeles estaban bloqueados, pero pronto sintió un tercer cosmos aparecer sobre ella, así que tuvo que teletransportarse para evitar una horda de rayos violetas que sobrevolaron a pocos centímetros de su rostro y que realmente le habían tomado por sorpresa, pero de repente una joven de cabellos pelirrojos se posiciono frente a ella y logro golpearla en el rostro con su puño lanzándola de espaldas contra varios árboles los cuales se derribaron.
-Touma no te acerques a Afrodita. – Marín vio a su hermano con aquella intención y le advirtió. – La sangre de los caballeros de Piscis es sumamente venenosa, solo los dioses y titanes parece que han sido capaces de resistirla.
-¿Qué? – Touma se detuvo en seco y aunque aún no se encontraba siquiera cercano al doceavo guardián, pronto sintió como un líquido salía por uno de sus fosas nasales, se llevo los dedos y comprobó cómo estos estaban manchados de sangre. - ¿Cómo es posible?
-Se dice que en la era mitológica el primer guardián de piscis era un maestro en venenos e ingería varios de estos con el fin de crear cada vez un veneno más fuerte, incluso hacia que sus aprendices los tomaran, con el tiempo solo aquellos que podían resistir el veneno eran dignos sucesores, poco a poco su sangre se fue tornando en un veneno letal y entonces comenzó lo que se llaman los lazos rojos, el cual consiste en que maestro y aprendiz intercambian su sangre hasta que uno de los dos muere. – Marín giro su rostro y comprobó lo severas que eran las heridas del guardián de Piscis al grado de que supuso que Afrodita no volvería a pelear.
-Voy a matarlos a todos. – Rea estallo su cosmos, convirtiendo en cenizas toda la entrada a aquel amplio bosque, el cual se volvio polvo junto con todos los animales que habitaban el lugar, otros tantos un poco más lejanos a la zona comenzaron a arder en llamas, mientras el suelo se levantaban grandes pedazos de tierra los cuales se pulverizaban, transformándose en polvo. – ¡Jamás te lo perdonare, maldita mocosa!
Rea se teletransporto frente a Marín y la tomo del cuello, el cual comprimió con fuerza y la tumbo sobre el suelo, que se agrieto y hundió, pero no conforme con ello, creó varias espinas negras que se clavaron en el cuerpo de la amazona, la cual no pudo reprimir un grito, al sentir como una docena de estas atravesaban sus brazos, piernas, abdomen y en general todo su cuerpo.
Touma apenas y pudo ver a la titanide y su ataque, corrió hacia donde estaba golpeando inmisericordemente a Marín y le ataco por la espalda, sabía que no podría siquiera tocarla, pero lograría al menos separarla de su hermana. Pero para su sorpresa la titanide se giro hacia él y apenas su mano rozo el pecho del ángel, este produjo un gran vacío, que golpeo su pecho con brutalidad y detuvo momentáneamente el latido de su corazón, para después proyectarlo contra el suelo.
-Voy a destrozar tanto tu cuerpo, que para cuando termine contigo, serás tan solo un ejemplo claro para todos aquellos que osen levantar su mano contra los hijos de Urano. – Rea desenterró una gigantesca rama la cual rodeo el cuello de la amazona de águila y comenzó a arrastrarla y lanzarla contra todo lo que estaba a su alrededor. Marín apenas y había logrado producir un raspón en la mejilla de la peliblanca, pero el golpe al orgullo de esta, iba más allá de lo que la amazona había creído, Rea no era Hyperion y eso estaba dejándole en claro.
…
Los gritos de guerra, los golpes, las explosiones de cosmos, acompañadas de los lamentos de agonía resonaban por todo aquel campo de batalla que estaba cubierto por un gran manto de nubes negras que derramaban torrencialmente un diluvio sobre ellos, algo que nunca había sucedido en Grecia, la tierra normalmente endurecida por su clima, estaba volviéndose fangosa y les hacia resbalarse e incluso caer al suelo.
La diferencia entre ambos ejércitos era abrumadora, los guerreros a favor de los titanes les sobrepasaban colosalmente en número, aunado a esto su forma de pelear no dejaba nada a desear, sabían dominar excepcionalmente sus armas y su cosmos les plantaba una férrea barrera, nunca antes se habían enfrentado a un ejército en el que la ofensiva y defensiva llevara un equilibrio tan perfecto como aquel, no por algo los dioses se habían visto obligados a ser los enemigos directos de aquellos humanos durante la titanomaquia.
Ban golpeo a un guerrero justo en el costado, pero ese puñetazo le costó varias heridas provocadas por lanzas de los guerreros que lo rodeaban, ellos claramente no estaban respetando el uno a uno, reconocían su ventaja y la estaban aprovechando al máximo, pero no solo ello, si no que había logrado arrinconarlos a la mayoría contra las puertas semidestruidas del refugio.
Sirius esquivo varios golpes y detuvo otro con su puño, logrando desprenderle la lanza al guerrero, la cual lanzo dentro del refugio para hacer imposible que este le recuperara. Se tiro hacia un lado y pronto vio varias flechas clavarse donde antiguamente estaba parado. No podía dejar de pensar que los titanes nunca habían dejado de pensar con cierta estrategia aquella guerra, pues primero utilizaron a los dioses que tuvieron de aliados, sus bestias mitológicas e inclusive ellos mismos para los primeros combates contra los dioses y los santos dorados aguardando entre las sombras a su innumerable ejercito para la batalla final, para ese entonces el ejercito ateniense estaría mermado y les superarían en número, haciendo imposible su victoria.
June se acerco a Aracne al ver que cada vez el cerco que habían creado comenzaba a cerrarse más y más, arrinconándolos y haciéndolos casi estar uno al lado del otro, podía incluso ver a Agora y Shiva teniendo problemas para enfrentar a sus adversarios de seguir así, indudablemente serian vencidos, aunque le costase admitirlo. No podía creer que no pudieran contra aquel ejército, aún con la ayuda de su maestro y Orfeo los cuales eran considerados como los caballeros de plata más cercano al cosmos de los santos dorados.
-Hermanos. – Uno de los tres grandes gigantes que se mantenían observando comenzó a caminar pesadamente hacia el refugio. – Yo Polibotes, quien nació para oponerse a Poseidón, terminare con esta absurda pelea.
A pesar que Aldebarán se había mantenido peleando contra los guerreros, nunca había dejado de observar a los últimos tres hijos de Gea y Tártaro, así que en cuanto vio al inmenso gigante comenzar a moverse se alerto.
Polibotes era uno de los más grandes gigantes que hubiera invadido el santuario ateniense, fácilmente su altura superaba los seis metros y su aspecto dictaminaba que no sería un guerrero fácil de vencer. Sus patas eran similares a las de un dragón de cómodo, portaba una especie de escama como si fuera una marina, pero de color verde acuoso, su rostro era el de un humano, con el cabello revuelto de color verde entre el que sobresalían decenas de serpientes marinas.
Aldebarán replegó sus brazos contra su cuerpo y comenzó a elevar su cosmos, el cual hizo explotar con intensidad, lanzando con brusquedad a todos los guerreros que le rodeaban, golpeo de una fuerte patada al que tenía más cerca, el cual salió expedido en una línea recta, llegando a impactarse contra una de las piernas del gigante, que bajo la vista con superioridad y luego observo severamente al caballero de tauro.
-Escúchenme caballeros. – Polibotes extendió los brazos hacia los lados y hablo con una gruesa voz que resonó por todo el lugar. – Esta guerra esta pérdida para ustedes, sus santos dorados han caído uno a uno, al igual que los dioses y Athena no podrá resistir por mucho tiempo el cosmos de Cronos y aún cuando lo lograse, al norte de este santuario, un hermano más a despertado entre su oleaje y no hay dios que se le compare en fuerza. Es así como les propongo su rendición. – Polibotes alzo su mano hacia las amplias nubes que posaban sobre ellos y la lluvia se detuvo. – Mi objetivo era vencer a Poseidón pero el ya ha caído y mi pelea no es contra ustedes, de oponerse a detenerse, les asesinare, pero debo advertirles que de entre todos los gigantes mi fuerza va más allá de mis hermanos a los que han enfrentado.
-Mientras Athena siga de pie, combatiendo valientemente a Cronos, nosotros no dejaremos de pelear en su nombre, lo jure desde el día que me convertí en aprendiz y ahora que soy uno de sus caballeros más cercano, jamás voy a defraudarla. – Aldebarán centello su cosmos con fuerza y miro fijamente no solo a Polibotes, si no también a los dos gigantes que esperaban pacientemente a su espalda.
-Me sorprende tu optimismo, caballero, pero ¿Acaso no sabes contar? – Polibotes se cruzo de brazos sobre su pecho y se rio. – Aún cuando logres vencerme aún tendrás que vencer a Porfirión y Alcioneo, lo cual dudo que puedas hacerlo, pues te aseguro que no terminaras en muy buenas condiciones y menos por lo que se acerca. –
- ¿Qué? – Aldebarán percibió un inmenso cosmos sobre sus cabezas que sobrevolaba oculto a través de las nubes, justo en ese momento el cielo se despejo en un gran círculo negro y justo en medio una esfera tan negra como una gema resplandeció con intensidad dejando tras de sí un halo de fuego y cenizas que pronto Aldebarán distinguió como un ataque a gran escala. El que antiguamente había sido lanzado por Rea, pero la reina de las titanides en vez de regresarle el ataque a Athena había decidido golpearla directamente en su ejército. – Maldición.
Aldebarán supo al instante que tenía que detenerlo, pues la inmensa cantidad de cosmos que encerraba ese ataque sin duda terminaría con la mayoría de los caballeros ahí reunidos, entonces corrió hacia él, sin tener una idea clara de cómo detenerle, pero tenía que pensar rápido y frenarlo, mínimo para que la mayoría se alejara de la zona del impacto y salieran ilesos, no importaba si él caía, después de todo sus compañeros seguirían siendo la esperanza para las personas dentro del refugio. El jamás quiso la gloria, si no luchaba por el bienestar de todas las personas del santuario y del mundo.
Aldebarán se detuvo de golpe, extendió sus brazos hacia el frente y tenso todos los músculos de su cuerpo mientras hacía arder todo su cosmos, ignorando los gritos de alerta de Orfeo y Albiore, les agradeció mentalmente a ambos, no porque se preocuparan por él, si no porque habría dos santos que él y sus compañeros consideraban los más fuertes entre los santos de plata y dignos combatientes contra ellos.
-Supongo que Shion te regañara Saga por dejarnos esta mala costumbre a todos. – Se carcajeo por vía cosmos a todos sus compañeros que se encontraban en el santuario.
-¿Aldebarán? ¡No! – Intervino el gemelo mayor.
-¡Aldebarán! – Resonaron las voces preocupadas de Mu, Aioria y Milo.
Situó con más firmeza las manos frente a él y fijo sus ojos marrones sobre la esfera azabache que se dirigía hacia él, dispuesto a pararlo, fuera como fuera, le detendría con su fuerza, su cosmos o con su vida, no permitiría que sus compañeros cayeran en esa batalla, nadie debía haber muerto, ni siquiera Mascara de la muerte.
La esfera se acerco tan rápido que ni siquiera le dio tiempo de terminar de ordenar todos sus pensamientos, aunque al menos trato de prepararse lo mejor que pudo. Sintió como fue lanzado varios metros hacia atrás, sus pies dejaron un profundo camino en la tierra y el los clavo con mayor fuerza para frenar su avance, entonces sintió como sus manos ardieron, como si estuvieran siendo quemadas o la piel estuviera siendo desgarrada de sus palmas, apretó los dientes, mientras la sangre salía de su boca y el cosmos del ataque se revolvía entre sus manos, quemando su piel a pesar de la armadura.
La batalla entre caballeros y el ejército titánico pareció detenerse solo para observar a aquel caballero dorado, que detenía con su fuerza y su vida el inmenso ataque de un titán. Esa era una proeza que muy pocos podrían hacer, incluso el verla tan de cerca era un privilegio que escasos humanos contemplaría en su vida. Hasta los tres gigantes se mantuvieron absortos valorando la valentía de aquel hombre que contra toda posibilidad se mantenía firme a sus convicciones
La rodilla derecha de Aldebarán flaqueo produciendo un grito de angustia en quienes lo alentaban, el gran toro ahogo un gemido de dolor en su garganta, mientras todo su cuerpo le exclamaba que lo soltase, pero él se obligo a no hacerlo, tenso cada uno de sus músculos para no ser derribado por ese golpe e incendio su cosmos intentando contraatacar aquel poder.
-¡Vamos señor Aldebarán! – De repente un grito se abrió paso entre todos. - ¡Yo arreglare su armadura, si es necesario!
-¿Kiki? – Aldebarán observo de reojo al pelirrojo, justo en la entrada de la puerta al refugio.
-¡No se rinda, maestro! – Su aprendiz estaba a un lado de Kiki y del aprendiz de cáncer alentándolo con todas sus fuerza.
-¡Muro de cristal! – Kiki extendió sus brazos hacia cada lado y la impresionante técnica heredada de Shion a Mu y de este a Kiki, resplandeció con intensidad cubriendo la puerta del refugio, impidiendo que los ataques y los soldados enemigos entraran.
-Teneo me está viendo, no puedo flaquear por un simple ataque, debo demostrarle la fuerza de los santos de tauro. Solo un poco más. – Se exigió así mismo, cerró lentamente las palmas de sus manos, convirtiéndolas en puños y elevo mínimamente su cosmoenergia a pesar de que esta ya estaba ardiendo inmensamente. - ¡Brazo de acero! – Concentro todo el cosmos que le quedaba en sus puños y libero una descarga de energía, que contenía un alto poder de destrucción.
El brillo de su propio ataque evitaba que viera con claridad, pero comenzó a sentir como la esfera de energía oscura comenzó a disolverse, hasta que su luz se disipo por completo, dejando solo una estela de cosmos perdido. Aldebarán dejo caer su rodilla izquierda sobre la tierra y suspiro agotado, mientras observaba como sus manos sangraban a borbollones. – Maldición…lo conseguí. – Se dijo así mismo, mientras guiñaba un ojo para aguantarse el dolor.
-¡Lo logro! – Celebro emocionado Ban, sacudiendo por los hombros a Sirius, quien sonrió de medio lado.
-Eso fue increíble. – Acoto Albiore, inclinando su cabeza hacia adelante en reconocimiento al santo de oro.
-No vamos a rendirnos. – Aldebarán se levanto y se giro hacia Polibotes que le miraba con cierto dejo de asombro.
-Me lo imaginaba. – Polibotes giro su mano y las nubes sobre ellos comenzaron a cerrar el círculo que antiguamente se había formado para que atravesara el ataque de Rea. Un trueno se expandió por todas las nubes e hizo temblar el cielo, entonces comenzó a llover de nueva cuenta, mientras la pelea entre los guerreros volvía a retomarse.
Sin embargo justo en ese momento en que el agua manchaba sus rostros y lavaba las heridas pareció como si los guerreros de los titanes adquirieran más fuerza, pues lograron repeler y arrinconar a los caballeros, incluso Orfeo y Albiore comenzarón a tener problemas para contraatacar y defenderse.
-¿Qué diablos paso? – Aracne fue golpeado en el rostro, siendo derribado en un charco de agua, entonces un guerrero se lanzo contra él con un cuchillo en la mano, Aracne logro detenerle la mano, mientras peleaban uno; por acercarlo al cuello del caballero y otro por alejarlo. Sin embargo en aquella lucha el caballero de tarántula sintió como su cosmos empezó a descender abruptamente y entonces el filo plateado se clavo cerca de su clavícula.
-Es el agua. – Shiva alzo su palma hacia el cielo e incendio su cosmos únicamente en su mano, observando cómo las gotas cristalinas absorbían su energía desvaneciéndola. –Agora.
-Entiendo, el agua es veneno y aparentemente solo nos afecta a nosotros. – El alumno de Shaka fue golpeado directamente en el pecho, tumbándolo al suelo, sin embargo Agora se incorporo de un brinco y miro hacia Aldebarán. -¿Cómo haremos que deje de llover?
-¡Brazo de acero! – El toro dorado exploto de nuevo su cosmos, dio unos cuantos pasos apresurado y alzo su mano empuñada hacia el cielo, entonces de su puño broto una columna de luz dorada que en un principio creyeron que se dirigía hacia las nubes, pero no fue así el cosmos del toro golpeo directamente la frente del gigante, la cual estallo en un reguero de sangre, que corrió por su nariz y sus ojos y la lluvia freno en ese momento.
-Vas a pagármelo muy caro. – Polibotes elevo un cosmos de color aquamarino, el cual se concentro en el punto donde había sido herido y comenzó a sanar. Al tiempo que sacudía su cabeza y dos gigantescas serpientes de mar se desprendían de entre sus cabellos cayendo pesadamente alrededor de Aldebarán.
-Nosotros nos encargamos de ellas. – Albiore enrollo una de sus cadenas en torno a la serpiente que mostro sus colmillos de forma amenazante.
-Tú concéntrate en el gigante. – Orfeo incendio su cosmos y un halo celeste rodio sus puños.
Aldebarán alzo la vista hacia el colosal gigante, sabía que este era uno de los tres gigantes más poderosos y ni siquiera había visto un atisbo de su fuerza, puesto que para haberle hecho frente a Poseidón su cosmos debía ser magnánimo.
Polibotes extendió su brazo izquierdo hacia el frente y un destello escarlata se produjo en su mano, que dio origen a un tridente, similar al del dios Poseidón. Retrocedió en un brinco y esquivo el gran báculo que estuvo a escasos centímetros de golpearlo, pero para su sorpresa el gigante, golpeo el suelo con este y produjo una ola de fuego que se expandió hacia los lados.
-Maldición. – El segundo guardián exploto su cosmos que le sirvió momentáneamente de escudo frente al círculo de fuego que se extinguió en segundos. Entonces el toro dorado miro que el gigante repetiría la misma acción, golpearía el suelo con este con el fin de lanzar una estela de llamas en todas las direcciones y estando Orfeo y Albiore tan cerca de él, podrían resultar lesionados. Así que corrió al encuentro con el báculo y trato de refrenarlo con sus dos manos ensangrentadas, que sintieron el inmenso calor de aquel metal.
Tenso la mandíbula con fuerza y contrajo todos sus musculos tratando de evitar que el tridente tocase el suelo. Sus manos ardieron como si las estuviera metiendo al fuego y la sangre que antiguamente brotaba por ellas comenzó a coagularse y hervir, trato de rodearlas con su cosmos para protegerlas pero aún así, fue imposible minimizar el dolor.
-¡Gran cuerno! - Incremento su cosmos dorado, que pareció fundirse con su armadura, entonces cambiando la forma en que particularmente utilizaba una de sus mejores técnicas, produjo que el cosmos brotara de sus palmas. La acumulación de su energía, lanzo un golpe alta velocidad en una onda masiva de energía que se descontrolo por completo y logro quitarle a Polibotes el tridente de las manos, que giro en el aire hasta clavarse en el suelo.
Respiro agitado y trato de relajar cada musculo de su cuerpo que temblaba ante la inmensa descarga de tensión que se estaba exigiendo, aunque no enfrentase a un titán como sus compañeros, él ya había derrotado a un gigante previamente, varios guerreros titánicos y detenido el ataque de Rea, que sin lugar a dudas había tenido un efecto devastador en el mismo. Los estragos físicos a los que se estaba imponiendo habían comenzado a cobrarle factura y realmente dudada de poder seguir plantando una defensa firme contra la antítesis de Poseidón. Tenía que terminar esa batalla y debía hacerlo rápido.
-Orfeo y Albiore. – Miro a ambos santos de plata de reojo y les sonrió a medias. – Lamento el dejaros a cargo, pero ahora son los únicos que pueden proteger y abrir la esperanza para los demás.
-¿Aldebarán? – Albiore miro al santo de tauro incendiar su cosmos a una magnitud que jamás le había visto utilizar, incluso hasta ese momento el cosmos del dorado no había sobrepasado un límite, pero ahora iba más allá de él. - ¿Qué estas planeando hacer?
-Voy a aligerarles la carga. Les dejo el resto. –
-¿Qué? Espera Aldebarán. – Ban observo al brasileño brincar a la velocidad de la luz y golpear con su puño la barbilla de Polibotes que se fue varios pasos de espalda en dirección hacia donde se encontraban los otros dos gigantes, que detuvieron el avance de su hermano, evitando que cayera al suelo.
Aldebarán cayó al suelo rodeado en una estela de cosmos dorado y la tierra a sus pies se fracturo, mientras su cosmos pulverizaba cada fragmento de piedra que se elevaba, destruyendo todos sus átomos.
Aldebarán pensó por unos segundos en Athena, Saori, el patriarca, sus hermanos de orden, en Teneo, Seiya y todos aquellos con los que había compartido algunos segundos de su nueva vida, agradeciendo infinitamente a su diosa por aquella oportunidad, en la que les permitió conseguir el perdón y la unión no solo de la orden dorada, si no también con los demás. Realmente no se arrepentía de nada de aquella vida y era eso mismo lo que le impulsaba a ir más allá. No solo pensando en derrotar a Polibotes, si no a los otros dos gigantes con él.
Así que no le dio tiempo al inmenso gigante de recuperarse del todo y mucho menos de atacar. Se agacho colocando su mano sobre el suelo destruido y envió una inmensa ola de cosmos brillante desde su brazo hasta la tierra, provocando un sismo gigantesco que produjo que la tierra se resquebrajara y emitiera destellos de luz dorada como si un sol estuviera escondido bajo tierra.
-¡Supernova titánica! – Rugió con fuerza desplegando todo el cosmos que poseía.
Aquel era la técnica más poderosa de los guardianes de tauro y misma que Aldebarán jamás había considerado utilizar por sus proporciones devastadoras, pero en una situación como aquella donde les superaban en número y fuerza, era una situación perfecta para hacerlo.
La magnánima onda de energía bajo el subsuelo detono con toda la fuerza del toro dorado, provocando que toda la zona aledaña se destruyera formando un inmenso socavón de luz dorada, mientras todo se pulverizaba, como si la energía de la tierra estuviera desintegrando todo lo que una vez estuvo sobre ella, mientras arrastraba al profundo agujero que carcomía todo en su interior a los tres gigantes. Elevando las rocas y haciéndolas levitar en el aire como si no pesaran, mientras se despedazaban en fragmentos hasta reducirse a nada.
Por unos fragmentos de segundo la luz de la supernova abarco gran parte del área, obligando a todos los presentes a parar de pelear y observar aquel inmenso cataclismo forjado por los puños de un santo de oro e impulsado por el enorme corazón de un humilde humano. El ruido del ataque fue tan colosal como si un volcán hubiese hecho erupción y ese destello dorado pudo ser observado desde distintas áreas del santuario.
-¡Señor Aldebarán! – Grito angustiado Ban, corrió en dirección a donde había visto por última vez la sombra del gigante, pero June le retuvo a tiempo.
Pues la exorbitante técnica destructiva de tauro aún no había terminado, el suelo tembló una vez más ante la descarga de la supernova titánica, como si le temiese y se produjo una inmensa explosión de cosmos, como si dos estrellas acabasen de colisionar la una contra la otra. Mientras los haces de luz dorada se convertían en combustible y se transformaban en columnas de fuego y cosmos que liberaron una luz que consumió todo.
…
El estruendo de las olas al romperse tan solo parecía predecir que las cosas continuarían empeorando para todos ellos, como si sus mareas solo pronosticaran tragedia. Y es que para la mayoría de ellos, quienes habían tenido un amplio contacto con las aguas de los mares, esa era la primera vez que veían en cada oleaje alzarse una potencial amenaza.
Nadie podía creer, ni siquiera imaginarse las capacidades que tendría el último de los hijos de Gea, el solo observar un cuerpo tan colosal, formado por una combinación de múltiples criaturas mitológicas, con la capacidad de volar, de controlar grandes cantidades de agua y con un cosmos tan abrumador, simplemente ensombrecía el panorama.
-¿Y entonces cual es el plan? – Bian se rasco la nuca y miro hacia sus compañeros y el santo dorado de acuario. - ¿Lo atacamos?
-¿El objetivo es conseguir ese maldito cofre? ¿No es así? – Eo cuestiono al galo, el cual asintió.
-Ese cofre guarda las almas selladas de los dioses caídos durante esta guerra, si logramos conseguirlo, cualquier dios aliado podrá desprender el sello que lleva en su tapa y los dioses retornaran. – Murmuro quedamente Aldana.
-Sera fácil, tan solo tenemos que derrotarlo y recuperar ese cofre, para que mi emperatriz lo abra. – Hablo optimista Kasa ganándose una mirada de soslayo por parte de Camus, Aldana y la mayoría de sus compañeros. Pues según la mitología griega antigua, describía que la batalla entre Zeus y Tifón había sido tan bestial, que de no haber sido porque el dios de los cielos recibió ayuda de Hermes, los dioses hubieran sucumbido posterior a la gigantomaquia y la venganza tan anhelada por Gea hubiera sido cobrada. Pero muy a pesar de eso, Zeus había logrado derrotar a Tifón al arrojarle una montaña encima, lo cual hacía imposible que las marinas, un caballero dorada y una berserkers lograran hacer.
-Qué vergüenza. – Thetis se cubrió la cara con una mano y negó. – Por eso Kanon siempre te dijo que leyeras los antiguos pergaminos del mundo marino.
-El general siempre espero demasiado de Kasa. – Rompió a reír nervioso Eo y es que el marino ya se planteaba como iría esa batalla.
Camus miro a los generales de reojo, sin expresar nada en su rostro, podía percibir que la mayoría de ellos estaban ansiosos y eran consientes de la situación en la que se encontraban y era por ello, que trataban de ganar tiempo, para que Kanon llegara a dirigirlos, pero eso jamás ocurriría. El menor de los gemelos no se encontraba en una situación mejor a la suya
-Atentos. – Les alerto Krishna de Crisaor y es que Tifón había creado una inmensa ola que lanzo hacia la playa.
Camus rápidamente se adelanto, elevo su cosmos y genero una masa de aire frio en torno a su puño que ralentizo el movimiento atómico de la brisa marina, que se transformo en microcristales, que se condensaron al instante. - ¡Polvo de diamantes! – Camus golpeo el aire frente a él y un potente chorro de cristales de hielo afilado y cortante, produjo una ventisca devastadora que golpeo la inmensa ola, la cual comenzó a detener su avance a medida que sus aguas, alcanzaban temperaturas cercanas al cero absoluto.
Sorrento observo la forma calculadora con la que había actuado el caballero de acuario, no había expresado ningún interés por pelear a su lado, sin embargo Camus era consciente de que eran aliados y por ello mismo, decidió detener la ola en cuestión de segundos, en lugar de simplemente esquivarla. Además tenía que reconocerle al santo la velocidad y potencia de su técnica, pues esta superaba por mucho a la de Isaak.
Los ojos zafiros del francés observaron como la ola freno su curso, entonces apretó aún más su puño y aquella gran cantidad de agua congelada, que formaba todo un espectáculo de témpanos y reflejos de hielo se destruyo, colapsando en grandes bloques de hielo sobre el agua marina que se revolvió turbulentamente ante el deslave.
Sin embargo apenas y comenzó a fragmentarse, Camus distinguió una gigantesca esfera anaranjada por detrás de la ola, que al romperse le dejo libre el camino a una impensa columna de fuego, lo cual le tomo por sorpresa.
-¡Atau… - Camus no termino de completar su contraataque cuando Kasa se materializo a su lado sorprendiéndolo y es que estaba tan concentrado en Tifón que jamás percibió en qué momento el marino se volvió invisible y se coloco a su lado.
-Golpe de salamandra. – Kasa genero tras él un demonio marino violeta eléctrico, con la forma de una gigantesca salamandra, dos bolas de energía eléctrica se materializaron en las palmas de sus manos las cuales junto para crear una sola y lo lanzo hacia la esfera de fuego que se dirigía hacia ellos, en medio de su trayectoria la descarga eléctrica genero una corriente de chispas que transformo la energía, en fuego y llamas que chocaron contra el ataque de tifón. Sin lograr detenerlo del todo.
-Gran resplandor. – Por unos segundos el francés creyó tener a Shaka a sus espaldas pues vio de reojo como alguien estaba sentado en la posición de flor de loto y estaba levitando, mientras una intensa luz brotaba del cuerpo del marino, que se volvía tan cegadora que era imposible el ver cuál de todos ellos se trataba. Fue entonces que la intensidad de la luz formo un muro magnético resplandeciente que se desplego frente a él y reforzó la defensa de su compañero, produciendo una explosión de energía al chocar contra el ataque de tifón, como si se tratara del muro de cristal de Mu.
-Impresionante. – Tifón sonrió. – Pero veamos que pueden hacer con esto.
Tifón a diferencia de sus hermanos sabia que los humanos estaban muy por debajo de su nivel, nunca fue su intención pelear contra ellos, el único motivo por el cual se había detenido en ese lugar era para recuperar el cofre que Rea le había encomendado en sus manos, así que en cuanto se lo arrebato a esa mujer, se planteo el ir tras Athena y no perdería el tiempo contra ellos.
Así que desplego sus poderosas alas a su espalda y elevo al mismo tiempo una inmensa ola, cuando dio un par de aleteos, el suelo comenzó a temblar y resquebrajarse, sacudiéndose de arriba abajo, impidiendo en la mayoría el movimiento a los guerreros, mientras sus alas formaban grandes haces cortantes de aire y revolvían este con el agua del mar creando gigantescos huracanes, que golpearon el muro de Krishna, el cual resplandeció soportando la gran oleada de ataques. Sin embargo Tifón congelo con un soplido la antigua ola que había creado y la golpeo con su puño, generando una inmensa lanza, que atravesó sin problemas la defensa del hindú y también a este.
-¡Krishna! – Kasa se aterro de ver como el inmenso hielo rompía primero la barrera y luego se clavara en el centro del cuerpo de su compañero, el cual abandono su posición en flor de loto y se desplomo, logro cacharlo, pero apenas lo tomo en el aire, sus brazos se mancharon de la sangre de su compañero. - ¡Resiste Krishna! – Miro de reojo la herida, pero se horrorizo al ver como esta se había incrustado justo en el sitio donde se encontraba su corazón.
-¡Kasa cuidado! – La alerta por parte de Sorrento llego demasiado tarde, pues justo en ese momento, todos los haces de viento filoso hicieron una lanza que le perforo el pecho, justo en el sitio donde Ikki había enterrado su mano en la pasada guerra, para vencerle. Cayo de rodillas aun cargando en brazos el cuerpo de Krishna y entonces sucumbió.
-¡Maldición! Garras del águila. – Eo corrió hacia el punto donde se encontraban sus dos compañeros tendidos en el suelo y lanzo una descarga de cosmos que formo unas inmensas garras de águila que despedazaron los haces violentos de aire.
-¡Aliento de dios! – El marino de Hipocampo también estaba fuera de sí mismo, lanzo un disparo de su aliento que formo un vendaval poderoso y destructivo, que genero una tormenta que hizo frente a la mayoría de los ataques de Tifón.
Thetis había aprovechado el momento para acercarse a Kasa y Krishna solo para darse cuenta de la gravedad de sus heridas, los arrastro hacia un punto a salvo y miro consternada a Sorrento quien se encontraba de pie tras ella, Camus permanecía en silencio a una prudente distancia de los marinos a los cuales él no consideraba guerreros débiles, sin embargo Tifón les había derrotado en un solo ataque.
-¿Qué vamos a hacer, Sorrento? – La rubia miro asustada las graves heridas de sus compañeros y luego volvió su bello rostro hacia el general marino más unido a Poseidón.
-Yo les cuidare. – La emperatriz se acerco a sus generales marino y les cubrió con su cosmos, mientras miraba conciliadoramente al resto de los guerreros de su esposo. – Tifón es un ser terrible, su fuerza puede abrasar con todo lo que se oponga a su ígnea mirada, deben ir con cuidado, no os dejen llevar por sus emociones. – Dirigió sus ojos hacia Eo y Bian quienes bajaron la mirada. – Un solo ataque es suficiente para matarlos y ahora somos lo único que se interpone entre ese titán y nuestra última esperanza.
Tifón hundió su brazo derecho en el agua y un aura escarlata resplandeció bajo esta en diversas direcciones, formando masas de agua como si varios gusanos se arrastrasen por el fondo submarino hacia las playas y de repente una gran mano, seguida de una decena se deslizaron hacia donde se encontraban.
Camus dio un salto hacia atrás esquivando una de ellas y apenas y recupero la estabilidad, congelo otro par, apretando su puño, para despedazarlas. Por su parte la berserker coloco rápidamente una flecha y la lanzo contra otra, la cual fue absorbida por una masa de oscuridad, poso otra flecha y la lanzo contra una de las manos que se dirigían hacia los marinos, pero esto le costó muy caro a la escocesa pues la arena bajo sus pies se hundió y la aprisiono hasta la cintura con fuerza, dejo escapar un grito de dolor, al sentir como presionaban la herida causada por Ikelos.
-¡Aldana! – Camus se giro hacia ella, pero se vio obligado a detener otras tantas manos que se dirigían hacia ellos.
-Maldición. – Io corrió hacia la peli azul la cual cada vez se hundía más en la arena, la alcanzo a tomar del brazo y la halo con fuerza, logrando sacarla, pero una de las manos se aventuro hacia ellos, entonces Aldana alzo la palma de su mano y una inmensa ráfaga de fuego se formo de esta, que choco contra la mano, vaporizando el agua helada y generando una neblina que dificulto aun más la visión. -¿Estás bien? –
-No. – Admitió la joven, levanto un poco su brazo y tanto Eo como ella observaron la punta de varias costillas asomándose por su costado.
-Debes retirarte. – Le recomendó el marino. – Si, continúas vas a morir.
-Lo sé, pero estoy segura que no le quedan muchas técnicas a Tifón por mostrarnos y cuando las conozcamos todas podremos arrinconarlo. – Aldana aprovecho la niebla que también impedía al titán verlos y se sentó agobiada en el suelo, jadeando y respirando agitadamente, su cuerpo no podía ni mantenerse de pie, pero de repente sintió unas manos heladas que la tomaron por la espalda con suavidad, medio giro el rostro cuando vio a Camus tras ella.
-Debes esperar. – Camus miro agradecidamente a Eo por salvarla y luego miro a la peli azul que trato de levantarse, pero el francés se lo impidió. – Yo me encargare de provocarlo, mientras tú utiliza tu cosmos para sanarte.
-Camus… - Por unos segundos sus ojos y los del francés se encontraron con fiereza, mientras podía sentir como sus manos heladas aun la sostenían con delicadeza aportando un poco de anestesia a su cuerpo y fue como aquella vez, como cuando se encontraron en el bosque, podía sentir la misma sensación de protección que el acuariano le inspiraba, busco su mano más por instinto que por necesidad y coloco su pálida mano sobre la del santo.
Camus se agacho para quedar a su altura y sin pensarlo dos veces entrelazo su mano helada con la tibia de ella y acaricio su rostro, quería estrecharla con fuerza entre sus brazos y besarla, pero no era el momento, tenía que detener a Tifón y salvarla de seguir enfrentándole en esa condición. Ahora que ella se había liberado del control de Ares por completo, él quería darle la oportunidad de seguir viviendo y que ella le diera la oportunidad a él de estar a su lado.
-Tifón ha comenzado a moverse. – Eo se sentía incomodo por el mal trió que estaba haciendo con los dos guerreros y un poco decepcionado, al ver que esa hermosa joven escogiese al santo más antipático de la orden dorada, así que fue prudente y trato de no interrumpirlos hasta que sintió el cosmos del titán movilizarse.
-Tengo que irme. – Aldana sintió que su corazón se oprimió al escuchar esas palabras y recordó el día que ellas misma se las había dicho a Camus, ahora sabía exactamente como se había sentido el guardián cuando ella estaba dispuesta a marcharse al monte Otris. – Adiós.
-Camus. – Le apuro, mientras apretaba su mano con fuerza tratando que su lenguaje corporal dijera todo lo que sus labios reprimían. – Ve con cuidado. – Le vio asentir y luego sintió los labios del francés darle un pequeño y fugaz beso en la frente antes de perderse entre la niebla.
…
Los pasos de ambos resonaban a medida que bajaban los escalones de la casa de escorpión hacia virgo, ambos iban en completo silencio, absorto cada uno en sus propios pensamientos y fijando su mirada en la entrada trasera del sexto templo que parecía sumida en penumbras mientras un infierno se ceñía debajo de esa colina y que consumía todo el santuario.
Geist golpeaba marcadamente cada paso que dejaba tras ella, no podía creer que Shura le hubiera pedido que se retirara, no lo comprendía. ¿Acaso la creía alguien débil? ¿No tenía la capacidad suficiente para hacerle frente al titán? Y aunque ella sabía que no era el motivo por el cual el español le había pedido que se alejase del templo de Athena, ella se aferraba a esos motivos, pues odiaba admitir que el español estaba preocupado y cuidando de ella.
-Me alegra que tu y Shura estén juntos. – La pelinegra resoplo con enfado al escuchar al dragón y le miro de reojo de la misma forma amenazante con la que Shaina veía a sus compañeros.
-¿Juntos? – Espeto molesta. – Ese español es un egoísta, egocéntrico como todos los caballeros dorados, me tiene sin cuidado lo que ocurra con él.
Shiryu se detuvo unos cuantos escalones y para mirarla algo desconcertado, jamás creyó recibir esa contestación por parte de ella, realmente creía que Shura y ella tenían algo. La vio detenerse unas escaleras más abajo y luego mirarle fastidiada, justo en el momento en que el cosmos de Shura y Críos se elevaban por igual en el templo de Athena y por una fracción de segundos, observo como los lindos ojos azules de la amazona iban de él hacia el templo y supo al instante que no estaba equivocado.
-Él va a estar bien. – Le respondió cuando paso a su lado, la amazona se quedo parada en las escaleras mirándolo desconcertada. – Después de todo, has estado al tanto de la pelea de Shura desde que salimos de Piscis.
-¿Qué? – Atino a decir, aunque realmente solo eso había venido a su mente, pues lo que había dicho el caballero de dragón era la verdad, por más molesta que estuviera, por más que le odiara y detestara cuando se ponía en su faceta de héroe, no podía negar que lo había hecho por protegerlos y alejarlos tanto de Críos como de él y era eso mismo lo que siempre la enamoraba más de Shura, no le perdonaría si moría y realmente quería que sobreviviera para reñirlo y exasperarlo una vez más, como siempre solían hacer, hasta que él le plantaba un beso a la fuerza y todo parecía solucionarse entre ambos. – Shura…
Sus orbes zafiros miraron la intensidad del despliegue de energía de Shura que contrasto a la del titán, mientras una gran porción del templo de Athena y el patriarcal colapsaban, entonces elevo su cosmos siguiendo el de Shura desde la lejanía, cada ascenso y descenso, su turbación, estaba tan pendiente de la pelea que no se había dado cuenta que Shiryu le llamaba desde la entrada posterior de Virgo.
-Shura… - Presiono sus labios para que ninguna palabra de preocupación se le escapara, pero podia sentir los fuertes latidos de su pecho y un gran vacío en su abdomen.
-Geist. – El dragón toco el hombro de la amazona, quien se sobresalto un poco y le miro desconcertada. – Tenemos que continuar.
-Tienes razón. – La pelinegra agacho el rostro y obligo a sus piernas a moverse mientras bajaba las escaleras, distanciándose más de Shura, aunque volvió su vista una vez más para observar a lo lejos como el cosmos del español volvía a elevarse.
Shiryu vio la preocupación de la italiana y entendió la forma en que Shunrei debió haberse sentido cada vez que el había marchado hacia una pelea, aunque la amazona estuviera acostumbrada a las batallas, aun así podía sentir el aura de consternación que le rodeaba, no se imaginaba siquiera lo mucho que su novia debió sentirse cada vez, siendo que ella siempre se mantuvo alejada de aquel ámbito.
A pesar de que cada uno iba fundido en sus propios pensamientos, pudieron notar que Virgo estaba extrañamente silenciosa a diferencia de los otros seis templos que se encontraban por encima de ella, Virgo parecía estar ajena a todo el conflicto que estaba sucediendo a su alrededor. Ambos alertaron todos sus sentidos por inercia, no podían percibir ningún cosmos en el interior del templo, pero también eran consientes de que el cosmos de Shaka jamás había abandonado el sexto templo.
-Apresurémonos a cruzarlo. – Indico el dragón a la italiana.
-Te ayudare con tus compañeros. – La oji azul se aproximo hasta él, tomo el costado de Shun y se paso el brazo de él por los hombros. – Vamos.
-Sí. –
Los dos caminaron en silencio por el templo, escuchando el resonar únicamente de sus pasos al pisar sobre el mármol, parecía como si incluso el ruido proveniente de las explosiones de la lejanía le fuera impenetrable atravesar esos muros, había un completo mutismo rodeándolos y aquello les enervaba en nervios, todos sus sentidos estaban alerta. Respiraron profundamente con alivio cuando vieron la luz de la entrada del templo, que casi ambos aumentaron el ritmo de sus pasos.
-E…esp…esperen. – Geist freno en seco al escuchar la voz del caballero de Andrómeda, el cual alzo un poco la cabeza.
-¿Shun? - Shiryu se detuvo al igual y miro hacia su compañero. - ¿Qué ocurre?
-¿Acaso… no pueden percibir…ese cosmos? - Ambos pelinegros sintieron un frio glacial recorrerles las espaldas, pero aún así les fue imposible sentir lo que Shun estaba percibiendo. – El cosmos de Shaka…
-No te entiendo. – Geist miro hacia el frente, desplegando su cosmos pero a pesar de percibir esa extraña sensación, no logro sentir nada y pudo notar que Shiryu estaba en las mismas, por la perplejidad que expresaba su rostro. No sentían ningún cosmos. - ¿Qué estas sintiendo?
-Nosotros no vemos nada. – Acoto Shiryu.
-Por favor, llévenme al jardín de los sales gemelos. – Geist abrió sus ojos impresionada, había escuchado hablar del jardín de Virgo pero siempre habían sido rumorares sobre el mítico jardín, que el escuchar hablar a Shun de él, le confirmo la existencia de este y de la capacidad de su guardián y del templo mismo para ocultarlo.
Shiryu se sorprendió de Shun, había estado inconsciente desde que Críos lograra atravesar con su mano el pecho de su amigo y sin embargo había despertado a penas y percibió algo extraño en el templo.
-Vamos. – Shiryu ayudo a Ikki mientras Geist cargo a Shun hasta el jardín, pero a medida que se introdujeron entre las pilastras de Virgo comenzaron a ver algunos estragos de alguna batalla acontecida en el templo, Geist observo en el suelo unas enormes puertas de mármol, talladas con mantras, que se encontraban coartadas y con varias grietas, una de ellas con una perforación como si algo se hubiera incrustado en su interior.
Shun le indico a Geist que lo soltara, se llevo por inercia la mano al pecho donde tenía la herida y de esta salió algunas gotitas de sangre que cayeron sobre la puerta, entonces se arrodillo y paso su mano sobre los mantras de la puerta con cuidado.
-Puedo sentir un cosmos realmente maligno. – Shun elevo su cosmos y controlo la hemorragia, mientras desplegaba las cadenas de su armadura, las cuales comenzaron a danzar estrepitosamente apuntando en dirección hacia los sales gemelos.
Entonces todos voltearon a ver al jardín, el cual se encontraba por completo seco, sus hermosas flores habían desaparecido e incluso los pétalos de los sales estaban secas, como si la exclamación de Athena hubiera vuelto a ocurrir en su interior y aun peor todos pudieron ver un vórtice oscuro en el suelo, como si el suelo hubiera sido quemado por un potente rayo y se hubiera abierto hasta las inmensidades profundas del averno.
-¿Qué es eso? – Shiryu recargo a Ikki contra una de las pilastras y comenzó a caminar hacia ese vórtice.
-¡Detente Shiryu! – Alerto Shun, mientras sus cadenas comenzaban a removerse con inquietud y se deslizaban rápidamente hacia el vórtice en el cual se adentraron. – Dentro de esa dimensión puedo percibir el cosmos de Shaka, pero no solo el de él, si no una inmensa oscuridad, un cosmos tan maligno como el de Hades.
-¿Qué? – Geist miro sorprendida al caballero de Andrómeda, ¿Cómo era posible que él fuera el único que percibiera esa cantidad de energía? ¿Acaso Andrómeda podía detectar los cosmos ocultos dentro de ese vórtice? ¿Alguien con una apariencia tan débil, podía llegar a guardar en su interior un cosmos más grande?
-¿Qué es eso? – Shiryu bajo los dos escalones y piso la tierra del jardín, entonces un escalofrió le recorrió hasta la punta de los pies y pudo sentir lo mismo que Shun había percibido desde la lejanía, lo que no solo le hizo reconocer el peligro, si no ahora comprendía por qué Shaka consideraba a Shun el sucesor a Virgo.
De repente el vórtice exhalo varios rayos desde su interior que golpearon la tierra que estaba a su alrededor y la cadena de Shun salió expelida desde dentro del vórtice y se sacudió con brusquedad en el suelo. Una gigantesca caja de metal, como si fuera una jaula, salió del vórtice seguida de una pesada cadena a la cual estaba atada y pronto una segunda le siguió.
-Tengan cuidado. – Les alerto Shun.
Un gruñido sobresalió del vórtice y cuatro grandes manos salieron que dieron origen a una inmensa cabeza de un dragón con ojos negros y con prominentes colmillos que salían de su cabeza, así como una cuerno como nariz, tenía dos pares de piernas y arrastraba pesadas cadenas con las cuales movía las dos inmensas cajas metálicas.
-¿Quién eres? – Geist se coloco al lado de Shiryu pero al igual que el santo de bronce, apenas y la punta de su pie toco el suelo, sintió un frio glacial recorrerle todo el cuerpo.
-Soy el demonio de Libra. – Vocifero con una voz hueca que le helo la sangre a ambos caballeros. – Y es un placer conocerte futuro santo de Libra.
-¿Qué? – Shiryu no alcanzo a decir nada más cuando tuvo que saltar para esquivar una de las pesadas cajas de metal del demonio.
-¡Geist cuidado! – Shun enrollo una de sus cadenas alrededor de la cintura de la chica y la jalo hacia él, impidiendo que unas largas lanzas blancas atravesara a la chica que no había reparado en que otro demonio había salido del vórtice.
Este último era alto, delgado, tenía un cuerpo por completo blanco, como si se tratase un ángel, llevaba una areola blanca por encima de su cabeza, con cabello rizado, sus ojos estaban rasgados de color negro y tenía una nariz aplanada, con unos pómulos prominentes, con una ala formada por huesos, la otra parecía estar destruida como si una explosión se la hubiera arrancado y tenia garras en sus manos y los pies de una cabra.
-Ya me encargue del actual guardián de virgo y será un placer acabar con su sucesor. –
-¡Eso es imposible! – Contesto Shun.
-Soy el demonio de Virgo y mi misión era acabar con su vida. – Extendió una de sus manos hacia ellos y sus garras crecieron, desprendiéndose hacia ambos santos. Geist brinco hacia atrás y logro esquivarlas, mientras las cadenas de Shun se enredaron entorno a tres de ellas, deteniéndolas.
-Shun ¡El vórtice! – El grito de la pelinegra le alerto justo a tiempo, pues de este emano una gigantesca mano, que clavo sus garras en el suelo y fragmento el suelo bajo estas. Geist retrocedió asustada al ver un enorme león con rostro humanoide de aproximadamente tres metros, erguirse en sus patas traseras y caminar directo hacia ellos.
-¿Eres leo? – Cuestiono el peliverde, al ver el rostro de la pelinegra, quien había dado varios pasos hacia atrás.
-Yo…no, no lo soy. – Geist suspiro ruidosamente serenándose, mientras observaba a la enorme bestia. – Yo pertenezco al signo de Virgo, al igual que tu, eso significa que…
-¡Ikki! – Shun lo comprendió al instante, el demonio de leo no estaba ahí por Geist, si no por su hermano, quien aun no recobraba la consciencia, sin embargo el demonio había abandonado el tártaro solo para acabar con su hermano.
…
El gigante se arrodillo, mientras se cubría los ojos con sus palmas y se retorcía de dolor, lanzando alaridos al aire y convulsionándose por completo, mientras el nombre de Críos resonaba fuertemente de su garganta, entonces la energía oscura proveniente del cosmos del espadachín forjo unos nuevos ojos escarlatas que derramaron gruesas gotas de sangre que se deslizaron por su tosco rostro.
Shaina pudo ver entre los dedos del gigante, como un gran iris carmín se posaba sobre ella y el resto, a su vez que grandes hilos de sangre resbalaban del rostro de Gration. - ¡Retrocedan! – Ordeno justo a tiempo, pues el inmenso ser acaba de extender un manotazo hacia donde antiguamente se encontraban parados.
-Nachi, Algol deben retroceder aún más. – Les indico Capella.
-Pero con esos ojos, mi técnica puede volver a funcionar. – Corrigió el caballero de Perseo.
-No del todo. – Asterion salto de nuevo para esquivar una gigantesca roca. – Esos ojos no son reales, aún puedo observar a través de ellos las cuencas vacías de Gration.
-Así es. – Shaina utilizo una mano para frenar su retroceso. – Aparentemente Gratión solo observa con ellos el provenir de nuestro cosmos. No son unos ojos reales, son proyecciones de cosmos, únicamente.
-Se equivocan, no son solo eso. – Gratión avanzo a pasos gigantescos hasta ellos, levantando una gran columna de tierra, que dificulto la vista de los caballeros, que trataron de alejarse de aquella bruma, saltando, sin embargo a penas y lograron salir de estas, una lluvia de agujas les atravesaron. Impactándolos a todos, su grito fue unisonoro y pronto la sangre de los cinco caballeros y amazona se entremezclo.
Shaina se aterrorizo al escuchar las pisadas del gigante en la cercanía, estaban clavados en el suelo y un solo paso de él, los aplastaría. Alerto todos sus sentidos, tratando de escatimar la verdadera distancia entre ellos y el gigante, pero a penas y lo pensó cuando una nueva lluvia de agujas cayó sobre ellos.
Instintivamente sintió como fue perforada en las piernas y el abdomen, mientras se cubría con ambos brazos el rostro, iba a gritar cuando una mano se lo impidió, cubriendo sus labios, entonces se giro para encontrarse a Capella, quien se coloco el dedo índice en los labios, indicándole que guardara silencio, justo en el momento en que el pie de Gration casi les aplastaba. Ella asintió lo más silencioso que pudo, lo que hizo que Capella, la liberase y le indicara con una de sus manos que comenzaran a retirarse aquellas agujas.
Shaina dejo de ver a Capella y percibió el dolor punzante proveniente de su abdomen, hombros, antebrazos y piernas, donde tenía enterradas múltiples agujas, temblaba ligeramente de dolor y pensó, que tal vez aquella terrible sensación produjeran las agujas escarlatas de Milo en sus oponentes.
-¡Geki cuidado! – El grito de Asterion le trajo de nuevo a la realidad, por lo que se arranco las largas agujas de los antebrazos, los hombros, el abdomen y las piernas, reprimiendo cuanto grito de dolor ansió salir de su garganta y vio de reojo como Capella hizo prácticamente lo mismo. Justo en ese momento escucharon el fuerte impacto de una pisada muy cerca de ellos y la nube de polvo volvió a condensarse aun más.
-¡Ataque con discos! – Capella, renqueo al levantarse, giro rápidamente los discos que tenía en cada uno de sus brazos y los multiplico con su cosmos, apareciendo varias decenas, los cuales formaron gigantescas ráfagas de viento que dispersaron aquella nube de polvo.
Shaina arranco la ultima aguja que tenía clavada en la rodilla y trato de incorporarse pero una descarga eléctrica proveniente de su rodilla, la hizo doblarse de dolor, maldijo mentalmente y alzo sus orbes verdes hacia donde podía observar al gigante, su pie estaba alzado escasos 70 centímetros del suelo y bajo este se encontraba Geki y Asterion que seguramente se había colocado al lado de su compañero, para entre los dos tratar de frenar el pie del gigante y evitar de esta forma el que Geki fuera aplastado.
-Garra trueno. – Shaina se impulso desde el suelo hacia el muslo del gigante en el cual clavo sus enormes uñas violetas y libero una descarga de electricidad, que paralizaron momentáneamente los músculos del gigante.
Algol encendió su cosmos, el cual le rodeo como un aura aqua, mientras aparecía una Gorgona detrás de él, brinco hacia el cielo, situándose cerca del pecho del gigante, entonces dio un giro abrupto y extendió su pierna derecha hacia este, producto del aura que proyectaba su cosmos, ejecutando una patada extremadamente poderosa que hizo tambalearse al gigante, produciéndole una inmensa herida en el esternón, incluso Algol pudo sentir como logro fracturar varias costillas de este hasta que lo derribo al suelo.
-¡Bien hecho! – Festejo Nachi quien estaba recargado en una pilastra destruida y miraba la gran nube de polvo que había producido Gration ante su caída.
Algol cayó de espaldas al cuerpo del gigante, con una pulcritud digna de un santo de plata, miro de reojo como se condensaba el polvo entorno al gigante y entonces se permitió expresar una ligera sonrisa de satisfacción, al tiempo que Shaina aterrizaba a su lado.
-Ese ha sido un buen golpe. – Admitió la italiana.
-Lo fue. – Se regodeo el caballero de Perseo, pero choco su mirada con la de la cobra y le sonrió con camarería. – En gran parte, porque tu lo paralizaste, de otra forma no me hubiera podido acercar con facilidad.
-¿Están bien? – Capella extendió sus manos hacia Geki y Asterion para ayudarles a incorporarse, los cuales tardaron un tiempo en tomarlas, debido a que sus músculos estaban contraídos en su totalidad, ya que al haber tenido que retener el pie del gigante aunque hubiese sido un corto periodo de tiempo, exigió más esfuerzo físico del que el plateado y el de bronce pudieron haber llegado a imaginar.
Fue entonces que un crujido les trajo a todos a la realidad, giraron abruptamente para observar de frente el lugar donde se desplomo el gigante, el cual aun se encontraba envuelto en una cortina de humo, de repente una gigantesca piedra salió expedida a alta velocidad en dirección hacia Shaina y Algol, este ultimo empujo a su compañera hacia un lado, tumbándola al suelo, lo que hizo que él recibiese el impacto en su totalidad.
-¡Algol! – Shaina se incorporo ligeramente, quedando de rodillas y con ambas palmas en el suelo, solo para ver como el caballero de Perseo colocaba sus dos brazos en forma de cruz frente a él y recibía de lleno esa gran pierda que se despedazo y le arrastro varios metros de espalda, produciendo que se golpease contra el suelo y los escombros esparcidos en el suelo.
La suerte de Capella, Asterion y Geki no fue muy diferente a la del caballero de Perseo, en menos de lo que el trió imagino, Gration se encontraba a un lado de ellos y dejo caer una nueva lluvia de agujas sobre ellos, pero en esta ocasión eran de un mayor tamaño, lo que produjo que los tres terminaran clavados al suelo y con heridas de mayor gravedad.
-Están acabados. – Gimoteo el gigante, antes de lanzar una lluvia de golpes donde se encontraban Capella, Geki y Asterion.
-¡No te olvides de mi! – Shaina se aterro al ver la fuerza y estrategia que había utilizado Gration, haberse dejado golpear por Algol para hacer que ellos se confiaran, era un plan ingenioso, pero no solo ello, si no el haber respondido con ataques desde la nube de polvo que le había servido de escondite había superado sus expectativas. Y ahora estaba realmente preocupada por la vida de sus compañeros, de los cuales estaba seguro que a partir de ese momento estaban fuera de combate. Ahora ella era la única esperanza para protegerles y detener a Gration. -¡Furia de serpiente!
La rubia centello únicamente en su brazo izquierdo su cosmos el cual se enrollo en torno a este, como si de una serpiente violácea se tratara, dio un salto y se poso sobre la espalda del gigante por la cual corrió y una vez que llego a la cabeza comenzó a golpear repetidamente con su puño izquierdo a este, causándole grandes heridas, clavo sus uñas en la frente de este e hizo retroceder su brazo izquierdo para dar su golpe final al gigante.
-¡Esto se acabo! – Vocifero furiosa la amazona, pero de repente su mano derecha fue perforada por una gran aguja que salió proyectada desde el cráneo del gigante, lo cual la sorprendió y comenzó a ver como la piel de este comenzaba a deformarse, para dar lugar a varias agujas, Shaina trato de alejarse sin embargo su mano estaba completamente apresada.
-Te voy a perforar, te hare tantos hoyos en tu cuerpo, que encontraras tu muerte rápidamente, pero no por ello tu agonía será menor, voy a enterrarte mis espinas tan lentamente, que sientas como tus tejidos son destrozados poco a poco. – Shaina se impulso con sus rodillas, para tratar de zafar su mano derecha pero le fue imposible, antes de resultar benéfico para ella fue contraproducente, las agujas que nacían lentamente del gigante se incrustaron en estas.
Shaina arrugo la nariz ante la descarga de dolor que comenzó a sentir cuando las agujas continuaban creciendo he incrustándose cada vez más en sus rodillas y brazo derecho, que realmente creyó que el dolor la haría desmayarse, así que se desespero, retrocedió su brazo izquierdo con la intención de golpear una última vez y lanzo un puñetazo que fue detenido por una nueva descarga de dolor que recorrió cada fibra de su cuerpo, pues justo cuando estuvo a punto de tocarlo, Gration proyecto dos agujas más, la primera perforo su mano empuñada con la que pretendía golpearlo y la segunda se clavo en su abdomen.
Shaina apretó sus parpados con fuerza, al tiempo que se retorcía de dolor y escupía una gran cantidad de sangre por sus labios, extendió sus manos atravesadas por las espinas tratando de alejarse del gigante pero esto solo le causa una descarga de dolor aún mayor.
-¿Estas sufriendo amazona? – Shaina desgarro su propia piel, logrando liberar su mano derecha, dispuesta a contraatacar con su cosmos, sus uñas entrelazaron rayos violetas de cosmos.
-¿Y tú? ¿Conoces el dolor? – Shaina abrió los ojos sorprendida al escuchar la voz de él, trato de girarse para observarla pero las espinas clavadas en su cuerpo le imposibilitaron el hacerlo, pero vio un haz escarlata que dejo una estela de fuego pasar a su lado y clavarse en la frente del gigante de donde broto un inmenso chorro de sangre, mientras un alarido de dolor escapaba de su ronca garganta. - ¡Aguja escarlata ardiente!
-¡Plasma relámpago! – Shaina observo a Aioria aparecer sobre la cabeza del gigante y reuniendo una gran cantidad de su cosmos golpeo despiadadamente el cráneo de este, produciendo una descarga eléctrica de alto voltaje que creo múltiples rayos dorados que fragmentaron las espinas que la retenían apresada al gigante. Su cuerpo se desplomo en el aire, trato en vano de estabilizarse, pero sus articulaciones no le respondieron, fue en medio de la caída libre, que sintió unos fuertes brazos atraparla con cuidado.
-¡Milo! – La amazona se asombro al verlo de frente, sonriéndole jovialmente como si aquella destrucción no estuviera ocurriendo. La recargo con delicadeza en uno de los escombros, justo en el momento en que Aioria aterrizo al lado de ambos, sin embargo los ojos fieros del león se mantuvieron clavados sobre el gigante que se retorcía en el suelo por el dolor.
-¿Cómo te encuentras Shaina? – Menciono consternado el escorpión, mientras rompía parte de lo que quedaba de su capa para formar ligeros vendajes en las rodillas y manos de la amazona, los cuales acaricio con cuido. – Lamento el retraso…
-¿Cómo se encuentran ustedes? Se ven horribles. – Afirmo la rubia, haciendo que ambos dorados sonrieran a medias.
Shaina distinguió en medio de aquellas sonrisas, muescas de dolor y cansancio que ambos santos quisieron ocultar. Nunca había visto a un caballero dorado en una situación tan desgarrafal, las heridas de los dos eran profundas, manaba sangre aun a borbollones o tenían grandes coágulos adheridos donde antiguamente corrió sangre por su piel o armadura y era de su conocimiento que ambos se encontraban de pie por su cosmos, no porque sus cuerpos aun dieran para más.
-Es un poco de tierra y lodo. – Trato de compensar Aioria, haciendo que Milo riera lastimeramente.
-Debiste ver como quedo él. – Completo Milo, mientras chocaba los puños con camaderia con el león dorado. – Bien, Aioria. – El peli azul se inclino quedando de cuclillas frente a la italiana. – Aioria es hora de que vayas ayudar al gran toro, antes de que lo manden al rastro. –Bromeo pesadamente el griego.
-¿Qué? – Shaina iba a oponerse siquiera a que ambos continuaran de pie, mucho más a que fuesen a buscar pelea contra los gigantes u otro titán, si Athena estuviera ahí les quitaría hasta el cosmos para evitarlo.
-Vete, Aioria. – Demando seriamente el escorpión, chocando con intensidad sus ojos zarcos con los esmeraldas de la joven, a quien a pesar de la pérdida de sangre aun se ruborizo. – No voy a perdonar a ese estúpido gigante que hozo poner sus manos en Shaina, así que yo me encargare de él y luego te alcanzare.
-Eres más cursi de lo que creí, alacrán. – Aioria tomo juguetonamente el hombro de Milo y lo sacudió burlonamente.
-Algo se me tenía que pegar después de escucharte llamar a Marín tu chica de fuego por años. – Se carcajeo abiertamente Milo, esquivando el intento de zape que le quiso dar Aioria. Shaina celebro la broma del escorpión y la forma ridícula en que el castaño llamaba a su amiga, luego cuando la viera se burlaría de ella, respecto a eso.
-Al menos yo no me emocione como niño en navidad, cuando bese a cierta amazona. – Aioria le lanzo una rápida mirada a Shaina, la cual se ruborizo aún más.
-¿Cómo no iba a hacerlo? – Milo atrapo con suavidad su mano y le dio un ligero apretón, mientras le sonreía galantemente. - ¿Cómo no hacerlo? Si mi chica arroja chispas. – Le guiño un ojo.
-¿Y el cursi soy yo? – Se rio Aioria, mientras extendía su brazo en señal de despedida y comenzaba a caminar en dirección al refugio.
-¿Milo? – Miro como el santo de escorpión parecía enajenado a los gritos lastimeros de Gration a su espalda, como si el gigante hubiese dejado de ser una amenaza para él. Únicamente estaba enfocado en ella y para cuando se dio cuenta, Milo había detenido todas sus hemorragias sin causarle el más mínimo dolor.
-¡Maldito santo! – Gration lanzo un puñetazo al escorpión, que tan solo miro sobre su hombro y un ligero destello escarlata resplandeció de sus ojos.
-Restricción. – Siseo Milo, amenazante. Mientras la mano empuñada de Gration se paralizaba a escasos metros de ellos. - ¿Crees que me he olvidado de ti? – El octavo guardián del zodiaco se puso de pie frente a Shaina y le sonrió. – Voy a quemar cada gota de sangre que tengas en tu cuerpo y entonces conocerás el dolor. – Milo extendió la ponzoña de su mano izquierda y fue en ese instante que Shaina reparo que la técnica que había usado Milo al llegar había sido la aguja escarlata ardiente y no su aguja habitual. ¿Acaso había logrado dominarla la técnica prohibida de escorpión?
…
La urna creada por Mnemosine generaba un inmenso rayo dorado que golpeaba directamente el pecho del rey de los titanes el cual estaba inclinado hacia el frente y de él, brotaba su cosmos negro, que corría por el interior halo de luz lentamente hacia la urna. Cronos liberaba un pequeño grito de impotencia al tiempo en que luchaba por romper la atadura de piedra con la que Athena lo había apresado.
-Athena… - Cronos detuvo todos sus movimientos y se inclino aun más hacia el frente, escondiendo bajo el flequillo azabache sus intensos ojos escarlatas. – Hasta donde me han obligado a llegar… todo lo que hice… lo que he hecho.
-¿A qué te refieres? – Manifestó con precaución, mientras observaba con detenimiento los movimientos de Cronos.
-Me refiero a todo lo que he hecho y llegado a hacer por los míos… - Cronos palideció aún más mientras el aura de su cosmos se acercaba aun más a la entrada de la urna. – Lo fuerte, despiadado y cruel que me volví y lo que tuve que sacrificar para conseguir defender a los míos, y aun así, no ha sido suficiente… me han traicionado y he fallado… - Pronuncio pesadamente Cronos, despertando en Athena apenas un ligero sentimiento de lastima.
-Siempre hubo otras formas de actuar. – Respondió a secas la deidad.
-No. – Articulo el titán. – Lo único que siempre he tenido… es determinación y … ¡El espíritu necesario para hacer lo correcto por los míos! – Cronos alzo el rostro, el cual estaba distorsionado por la furia, la piedra que le retenía comenzó a resquebrajarse desde el suelo, formando ramificaciones de grietas y su cosmos ardió como si una explosión se tratase, formo espiculaciones y se propago dividiéndose en múltiples halos oscuros. - ¡No vas a sellarme! –
Las extensiones de cosmos del titán se agolparon en una gran esfera de cosmos que se dirigió hacia la urna con la intención de destruirla, por lo que Athena lanzo una vez más su escudo el cual se clavo frente a esta y recibió el impacto de lleno. El estruendo fue fatídico, incluso Saga y Aioros tuvieron que clavar con fuerza sus pies para evitar ser arrastrados hacia atrás y cubrirse el rostro con ambos brazos para desviar los haces de aire que les rasgaban la piel del rostro.
Athena alzo su mano frente a su rostro para tratar de ver atraves del destello de cosmos, sintiendo como el cosmos que antiguamente parecía extinguirse, explotaba con vigor, como si despertara de un largo sueño. Sus orbes grisáceos, pudieron distinguir en ese momento, como su escudo era fragmentado a la mitad, como si de una simple hoja de papel se tratase y le atravesaba por completo, alcanzando a golpear la urna, la cual se despedazo en miles de fragmentos.
-¡Imposible! - Un ligero temblor se apodero de su cuerpo al comprobar cómo el cosmos de Cronos incremento a más de la mitad de lo que lo estaba utilizando hacia unos minutos.
-Aún eres muy joven. – Cronos se materializo atrás de ella tomándola por sorpresa y la aprisiono con fuerza por el cuello, materializando una daga en su otra mano, la cual recargo en el borde inferior de su esternón.
-¡Athena! – Shion no percibió, ni vio el movimiento de Cronos hasta que este se encontró tan cerca de su diosa, lo cual le hizo imposible el actuar.
-¿Es que acaso su poder no tiene un límite? – Seiya se movió a penas unos milímetros, para cuando Athena estaba completamente a merced del titán.
-Athena. – Cronos deslizo con lentitud la daga de su mano sobre la armadura de la deidad de la guerra, la cual produjo un chirrido estremecedor y un profundo rayón apareció sobre esta, en ningún momento dejo de hacer presión o retiro su la mano de su cuello, entonces se coloco a sus espaldas y sonrió vanagloriándose, mientras acercaba sus labios a su oído e incrustaba su daga en la espalda de Athena, su armadura no opuso una fiera resistencia y tampoco lo hizo la piel blanca de la deidad, la cual reprimió un quejido de dolor, pero no pudo evitar arrugar la nariz ante el dolor.
-¡Te juro Cronos que si le haces algo más, te matare! - Amenazo fuera de sí mismo, Seiya.
-¡Seiya! – Le reprendieron al mismo tiempo ambos dorados, no era tiempo de hacerse los valientes, si no de pensar fríamente, un paso en falso y Athena podría ser asesinada por el titán.
-Vaya, no. – Cronos apretó aún más sus dedos en torno al delgado cuello de la diosa, haciendo que su piel se tornara roja y el aire entrara con más dificultad por su garganta. – ¿Creías que una urna iba a sellarme? Por algo nos encerraron en el tártaro, niña. Un recipiente hueco, solo sirve para sellar a los dioses o en su defecto, nuestros poderes. Jamás nuestra esencia. Parece que Mnemosine les sobrevaloro. – El pelinegro amplio aun más su sonrisa y se degusto unos segundos con la desesperación que pudo observar en el rostro de los santos. – Debiste aprovechar mi oferta.
Shion apretó los puños con fuerza hasta que estos palidecieron y controlo todos sus instintos de reaccionar frente a la agresión del titán contra su diosa, un paso en falso y todo acabaría trágicamente. Su mente, trabajaba incesantemente, buscando la manera de revertir la situación a su favor o en el peor de los casos, lograr rescatar a Athena.
-No eres tan expresiva en estas situaciones ¿Verdad? – Se carcajeo el titán. – Pequeña niña, un titán o dios siempre tiene que ver por sus subordinados, es la única forma que tenemos para agradecerles su sacrificio y coexistir. Y a pesar de que te jactas de hacerlo ¿Realmente estas observando bien? – Cronos relajo una fracción de milisegundos sus dedos y le permitió a la diosa mirar la destrucción a su alrededor. – Todo se ha venido abajo, tus aliados han sido sellados y el santuario destruido, ve como el fuego y el humo lo consumen todo y mis hermanos están destruyendo a tus últimos santos, mi ejercito esta esparcido frente al refugio donde resguardas a las personas inocentes y mis soldados no se detendrán de asesinar hasta que yo de la orden, así que mataran sin piedad a cualquier ser viviente que este frente a ellos. Aun hay tiempo de salvar a unos cuantos, solo tienes que humillarte ante mí, renuncia a tu orgullo y les salvaras.
-Athena… No. – Seiya se movió unos cuantos pasos, pero se detuvo al observar como una esfera negra se formaba sobre su pecho y esta estallaba, destrozando por completo todo el pectoral de su armadura y lanzándole al suelo.
-¡Seiya! – Aioros miro al japonés caer pesadamente al suelo, pero no se movió para ir en su auxilio.
-N…no…no po…demos… rendir…nos. – Seiya estaba tendido boca arriba y todo su cuerpo convulsionaba ante la descarga de dolor que experimentaba, inclusive el respirar se le estaba dificultando, abrió ligeramente un ojo y tembló al tratar de levantar su cabeza, pero no desistió hasta lograrlo y poder mirar a Athena fijamente, quien lo observaba con una mueca de angustia. – Si aceptaras… fallarías… a todos aquellos que se han sacrificado. – Tomo una gran bocanada de aire y miro su pecho, su ropa estaba destrozada y su piel morena estaba enrojecida por una gran quemadura, apretó con sus manos la tierra y se impulso para medio levantarse.
-Seiya, lo lamento tanto. – Athena cerró los ojos con pesar evitando chocar su mirada con la de los caballeros de oro y su patriarca. – Pero… Cronos tiene razón. Muchos ya han caído por mi descuido…
El rostro de Seiya se deformo ante la consternación, no podía dar crédito a lo que sus oídos acababan de escuchar, rendirse, no era una palabra que estuviera en su vocabulario o el de Saori. Géminis y Sagitario por su parte permanecieron estáticos, con todos sus sentidos alertas, aun cuando Athena se expresara de esa forma, aun podría haber una oportunidad de invertir la balanza en el último segundo y ellos, estarían listos para aprovecharla.
-Mi señora… - Shion rebusco la mirada de la oji gris.
-Basta Shion. – Athena agacho el rostro sumisamente, mientras la sonrisa del titán se ampliaba aún más. – No debí permitir que esta guerra llegara hasta esta situación… he permitido tanto sacrificios por mis ideales… - Alzo levemente su rostro y miro entre los mechones de su cabello azabache, el cuerpo recubierto de sangre de Mascara de la muerte. - ¡Que ahora seré yo la que luche por los suyos!
Cronos encajo la daga en la espalda de Athena, pero la sangre no broto como se lo espero, si no que el filo reboto al cuerpo de la deidad, donde se formo una esfera de luz dorada que decayó por todo su contorno, protegiéndola totalmente de cualquier ataque directo.
Esa era su oportunidad, la inclinación de la balanza estaba en juego. El patriarca quien entendió los pensamientos de la diosa, con solo intercambiar una mirada, no perdió tiempo, se teletransporto hasta el lugar donde se encontraban las dos divinidades tomo a su diosa por la muñeca y se volvió a teletransportar junto con ella, Cronos avanzo hasta ellos y trato de clavar su daga en Shion, quien la esquivo por poco centímetros, el titán volvió al ataque, pero en esta ocasión su daga se topo con el imponente muro de cristal de Aries.
-Este escudo no tiene efecto en nosotros. – Cronos se desespero, tanto como cuando un depredador pierde a su presa y lucha encarnizadamente por recuperarla. Se había confiado.
-No es un escudo, es una distracción. –
-¿Qu… - Cronos no alcanzo a terminar la pregunta cuando dos potentes puños se impactaron, el primero golpeo directamente su rostro y el segundo su abdomen, fue arrojado al suelo con una fuerza bestial que le arrastro por el piso decenas de metros, sin ni siquiera poder detenerse con sus manos, hasta que una pila de escombros lo freno de lleno. Su mejilla estaba rasgada y unas gotitas de sangre manaban por esta y de su labio, tosió un par de veces debido a la falta de aire y se llevo instintivamente la mano a las ultimas costillas, las cuales sintió crepitar.
-Aún no terminamos contigo. – Cronos estaba tan enajenado en la forma en que le habían atacado y esa extraña sensación de dolor, que le fue imposible percibir cuando Géminis se le acerco. – ¡Gran desgarramiento! – El cosmos dorado de Saga destello con intensidad, como si de una supernova se tratase, extendió sus manos al frente y un orbe oscuro se materializo entre ellas, entonces separo sus manos verticalmente y el espacio se desgarro, produciendo un estruendo como si un rayo acabase de impactar la tierra.
La inmensa abertura produjo una gran presión negativa que comenzó a absorber todo en torno a Cronos quien planto firmemente los pies en la tierra, para evitar ser arrastrado, sin embargo aun cuando tratara de impedirlo, sus pies comenzaron a recorrerse un par de centímetros.
-Este poder… es tan…- Cronos respiro con fuerza tratando de serenarse y encerrar todas aquellas emociones que le estaban distrayendo. Los dos santos de oro eran una amenaza para él y se lo estaban dejando en claro.- Ahora es mi turno. – Alzo una de sus manos hacia el cielo y su cosmos formo una esfera roja oscuro incandescente, que comenzó a crecer como si se tratara de un sol, la cual lanzo hacia Saga.
-¡Saga cuidado! – Athena estaba arrodillada al lado de Pegaso, quien aun continuaba temblando a causa del dolor. - ¡Si eso llega a tocarte te desintegraras!
La determinación del tercer guardián era definitivamente algo que jamás había flaqueado y no iba a hacerlo en aquel momento. Miro a Cronos a los ojos viendo como la rabia crecía en él, no iba perdonarles el arruinar la derrota de Athena, pero poco también le importaba a él, pues jamás pasaría por alto que había osado atacar a su diosa.
-¡Nebulosa Peonía! – Aioros se interpuso entre su mejor amigo y el titán, extendió una gran cantidad de cosmos dorado alrededor de él y luego la reunió en su puño, el cual lanzo un veloz rayo de luz del mismo tono que se expandió horizontalmente en el aire, creando ventosas estelares que fragmentaron el aire y la tierra por igual, a medida que la luz incrementaba sus haces dorados hasta tornarlos incandescentes, que engullo el ataque del titán en su interior, devorando y desintegrando todo como si la estrella más luminosa de sagitario hubiese explotado como una supernova en ese momento.
Saga no desaprovecho la oportunidad que le dio Aioros y anticipando el movimiento de retroceso que Cronos tendría ante semejante ataque del noveno, se teletransporto justo detrás de él, logrando darle una patada en el abdomen al titán, sofocándolo y derribándolo de rodillas. El gemelo empuño su mano derecha cargada de su intenso cosmos y lanzo el puñetazo al rostro de Cronos, quien alcanzo a detenerlo, sin embargo la sonrisa confiada de Saga lo desconcertó, fue en ese momento que se percato de la presencia de Aioros tras él, pero fue muy tarde y recibió de lleno una patada en el rostro por parte de Sagitario.
-Terminemos con esto. – Sentencio Saga tronándose los nudillos e incendiando su cosmos.
-Como en los viejos tiempos ¿No? – Aioros exploto una gran cantidad de su cosmos, que no tenía nada que envidiarle a la descarga de cosmos de su amigo, así que a pesar de tener su cuerpo rindiendo al máximo, ignoro por unos segundos la fatiga y sonrió amigablemente a Saga, extendió su puño hacia él y no pudo reprimir una pequeña risa cuando el gemelo mayor, choco puños con él.
Shion se había detenido entre Athena y Cronos, sirviendo como la última barrera que tendría que enfrentar el titán si pretendía acercarse una vez más a la deidad de la sabiduría, pero para ese entonces dudaba que fuese necesario.
Estaba completamente pasmado observando cómo Saga y Aioros estaban manteniendo perfectamente a raya a Cronos. Antes él era quien contaba extraordinarias historias de valentía y lealtad a esos dos jóvenes, que escuchaban atentos y con una emoción indescriptible en los ojos, anhelando el día en que ellos fueran los seres con un cosmos tan colosal para hacer temblar las estrellas y sacudir la tierra, pero ya no era tiempo de contar su historia, Aioros, Saga y el resto estaban creando con su sacrificio y espíritu, su propia marca en la línea de tiempo.
Vaya que si estaba orgulloso de ellos dos, su crecimiento, la forma en que se desenrollaron y aceptaron el titulo que recayó sobre sus hombros, lo habían hecho de una forma extraordinaria, con una habilidad nata para ello, esos niños de sus recuerdos parecían a penas una pisca de los hombres que ahora eran. Si antes tomaban todo a la ligera, ahora lo tomaban con una sabiduría y humor dignos de una edad superior a la que tenían, habían dejado de competir entre ellos para fomentar uno de los mejores dúos de combate del santuario y se lo estaban plasmando a Cronos muy claro.
-¡Implosión cósmica! – Saga estallo su cosmos al máximo.
-¡Agujero negro supermasivo! – Le secundo Sagitario.
Sin lugar a dudas ambos eran un binomio terrible, sin embargo su enemigo también lo era…
…
Continuara…
Nebulosa Peonia: Es una de las estrellas más incandescentes e hipermasivas de la constelación de Sagitario, así que me puse a investigar un poco de ella y pues BUM! Se hizo una nueva técnica de Aioros.
Comentarios:
Pyxis and Lynx: Largo tiempo sin saber de ti, solo han pasado unas cuantas cositas, jijiji. Tienes toda la razón creo que se las he puesto difícil a los santos, pero ahora quedan menos enemigos a vencer. Shaka si pesco un pez muy gordo y no creo que salga muy bien librado de ello, nuestro Mascarita se fue como un héroe y Afrodita no tiene un destino mejor que él de él, ya lo veras.
Jazsmith: Hola pues estoy viva jajaja perdón por la espera, pero espero que el tiempo que tarde en escribir hubiese valido la pena y disfrutes del capítulo. Si la mayoría tienen parejas o al menos algun prospecto en puerta, aunque me cuesta algo de trabajo integrar a estas alturas una femenina para las faltantes, pero quien sabe todo puede pasar, eso sí primero sobreviven a esto.
Niki1213: Amiga preciosa realmente lamento el retraso y agradezco infinitamente tu apoyo incondicional en cada una de mis locuras, que al final esperemos acaben bien porque es más fácil encontrar un destino fatídico que uno donde salgan bien librados todos. Pero tratare que tu preocupación y sufrimiento sea el menor posible. Milongas vuelve a la acción por su bella dama. Jajaja me mataste de risa con la analogía de Thanos eliminando a todos jajaja.
Acuarios alexa: Gracias por tu comentario. De verdad una sincera disculpa por hacerte esperar tanto tiempo.
Aya: ¿Que no me odias por lenta? Creo que parte de la saga original, nunca se nos mostro realmente lo que pensaban los caballeros, tan solo eran mostrados sus sacrificios pero jamás la totalidad de lo que sentían cada uno de ellos. Lamento hacerla más cruenta pero el enemigo es digno de herir más que a quema ropa. Agradezco tu acompañamiento a lo largo de esta historia, de corazón.
Hell Laufey: Hola! El combate Cronos y Athena, todo lo que la flame menciono en su visión se está cumpliendo al pie de la letra, Seiya se encontró en el momento inadecuado con Cronos, de entre todos los santos que guardaban una relación con pegaso (Aldebarán, Aioros, Saga etc. ) era muy obvio utilizarlo, así que deje a Seiya admirar el cambio de DM. Cabe señalar que me encanta el análisis que has hecho hasta aquí. Te admiro, eres muy observadora. La visión está en su punto máximo y el próximo capítulo se va a definir el término de esa visión. Todo un mundo de posibilidades que se ha ido reduciéndose y encaminándose por un mismo sendero. Camus y los generales marinos van a enfrentarse a algo que puede írseles de las manos. Shaka por su lado no pensó jamás que el mismo Tártaro fuese a atacarlo. Agradezco tu comentario de todo corazón, todos los detalles que notas escritos en letras pequeñas, de verdad, gracias, gracias y mil gracias.
Artemiss90: A estas alturas hasta yo estoy asustada con las peleas, no sé hasta qué extremo llevarlas, lo único que puedo sentir es que pueden no acabar tan bien como esperamos. Camus, Afrodita, Saga y el resto están dando lo mejor de sí, aunque a veces eso no pueda ser suficiente.
Andy: Perdóname la tardanza para actualizar, se que ha sido larga la espera, pero no he tenido muy buena suerte esta semana, ni estos meses, jajaja. Justo ayer que estaba haciendo la revisión del capítulo, vi tu comentario y yo de creo que es un llamado de atención de ya te tardaste demasiado.
Atte: ddmanzanita.
