Sin duda este sera el capítulo más sin chiste y sin emociones que podrán leer de la historia, pero háganlo para no perderse puntos importantes. Disfruten y dejen su comentario.
Capitulo 51. Crisis de lealtad.
Cuatro figuras encapuchadas aparecieron sobre uno de los límites más alejados del santuario, estaban alineadas en un triangulo perfecto, una de ellas permanecía sosteniendo a otra por la cintura, mientras las otras dos se encontraban separadas por dos metros.
Sus ojos azules recorrieron con detenimiento cada lugar del que provenía humo, mientras su cosmos analizaba la escasa cantidad de aliados y la proporción exagerada de enemigos y los niveles de cosmos que estos poseían. No había lugar a dudas que de continuar la guerra su curso, Athena perdería y en el posible caso de que ganase el número de bajas de su ejército y población aledaña a la zona seria exuberante.
-¿Qué piensas hacer, Scatha? – Isley hablo despacio tras de ella. – La situación de este santuario y su diosa no es muy buena.
-Si nos inmiscuimos en esto seguramente moriremos. – Dante que estaba cargando a otra persona intervino, llevando su vista detenidamente por toda aquella destrucción.
-Lo haremos de todos modos, si los titanes llegan a ganarle a Athena. – Scatha se retiro la capucha que cubría su largo caballo pelirrojo y entonces observo de reojo a sus compañeros. – Además no es muy diferente a la vida que hemos llevado hasta ahora, una vida sin un objetivo, completamente vacía.
-¿Entonces? – Isley suspiro cansadamente, tenía el vago presentimiento de que se arrepentiría al haber preguntado aquello.
-Hay tres zonas rojas; la primera es donde Cronos se encuentra enfrentando a Athena… - "Ahí puedo sentir el cosmos de Saga también" – La segunda al borde del mar, ahí está el cosmos de Aldana apenas manteniéndose con vida…
-Sus heridas eran muy graves, Ikelos la ataco a traición en el monte Otris, desde entonces su hermana ha sido incapaz de curar sus heridas. – Dante recordó al maldito dios del sueño, que aprovecho el momento en que la peli azul le había dado la espalda para atacarla.
-Dante, tiene razón. Deberíamos enfocarnos en ir a ayudarla, es una de nosotros. – Murmuro Isley con cierto reclamo al ver que la atención de la pelirroja no estaba únicamente centrada en la peli azul.
-¿Olvidas que es mi hermana? – Scatha le contesto calmadamente, pero su voz resonó con cierta ira contenida. – No sé qué enemigo sea el que este enfrentando, nunca antes había sentido un cosmos tan abrumador pero… - La escocesa empuño sus manos indecisa por las decisiones arriesgadas que venían a su mente, una tras otra, implicaban un mayor sacrificio y riesgo para los suyos. – No estamos aquí para salvar únicamente a mi hermana, además ella tiene una estrategia bajo la manga. – "Y yo aun puedo darte la fuerza que necesitas, porque ¿Realmente eso es lo que quieres, no es así, Aldana? – Nuestra misión es salvar al santuario, así que eso nos lleva a enfocarnos en el último lugar al que debemos proteger, justo hacia el sur del santuario puedo sentir el acumulo impresionante de cosmos de caballeros y de una infinidad de guerreros, la cantidad de ambos ejércitos es desproporcional, por lo que tenemos que ayudarles.
-Somos solo tres. – Hizo notar lo obvio, Isley. – Aún en nuestro estado de berserkers, no podríamos ser de gran ayuda.
-Deberías dejar de terminar de hablar a la comandante. – Refuto Dante. – Ella no ha terminado de hablar y siento que solo hemos escuchado el inicio de su estrategia.
-Así es. – Scatha miro su muñeca libre de la marca de Ares y suspiro pesadamente por las palabras que iba a decir serian como plomo caliente para sus compañeros y sabia que perdería el apoyo de Dante. – Los tres nos dividiremos, necesito que ustedes sean mis portales hacia el primer y tercer lugar de los puntos de los que he hablado.
-¡¿No piensas ayudar a Aldana?! – Isley espeto molesto. - ¡Es tu hermana! ¡Ella hizo esto por ti!
-¡Ya lo sé! – Scatha se giro furiosa hacia su compañero y lo tomo por las ropas, conteniendo todo su enojo. - ¡¿Crees que para mí es fácil?! ¡Ella es el último miembro de mi familia que queda con vida, estúpido! ¡Y es por ella que estoy haciendo esto! – "Aldana trato de librarme de la maldición de Ares, sacrificándose ella por mí, pero aún así también lo hizo porque apoyaba los ideales de Athena y es ahora por ella, por quien está luchando, piensas sacrificarte por protegerla" – Puedes largarte si no te parece. Pero debes tener en cuenta que nadie conoce mejor a mi hermana que yo, además ya te he dicho que Aldana aun no tiene todas las cartas jugadas.
-Yo estoy contigo Scatha. – Dante asintió con vehemencia y luego miro de reojo a Isley, como indicándole que el debía hacer lo mismo. -¿Qué tengo que hacer?
-Necesito que te acerques lo más que puedas al lugar de la batalla entre Cronos y Athena, no intervengas en la pelea, tan solo permanece cerca de ese lugar. Eso me permitirá llegar ahí en tan solo un instante. –
-¿Y yo? – Menciono Isley a regañadientes y con cierta desconfianza.
-Te dirigidas hacia la zona donde pueden verse aquellos gigantes. – Scatha apunto hacia el lugar donde se observaban a estos en la lejanía.
-Tú y yo no podremos contra ellos. – Hizo notar de mala gana Isley.
-Yo no iré hacia ese lugar, estarás tú a cargo de todo, porque aunque estés de contestón, confió en tus capacidades. – Scatha se anticipo a la nueva queja de este y sonrió. – No vas a pelear solo, sin Ares en la tierra, seré yo quien despierte de nuevo al ejército disperso de los berserkers…
-¡¿Qué?! – Exclamaron por igual de angustiados, volver a ser maquinas de pelea no entraba en los planes de ninguno.
-Tenemos que hacer sacrificios si queremos realmente ayudarlos, tú mismo lo has dicho Isley, nosotros tres no somos ninguna amenaza y la única forma de hacer volver a los demás es bajo el estado berserkers… - Acoto secamente.
-Eso puede significar un arma de doble filo, comandante. – Dante estaba dudando al igual que Isley en esos momentos, tal vez Scatha y Aldana tuvieran mayor dominio sobre sus almas berserkes, pero ellos no, una vez en ese estado serian incapaces de controlarse.
-No, por ahora, ya les dije que sin Ares seré yo quien los dirija. – Scatha miro detenidamente su muñeca e imagino de nuevo la marca en esta, incluso ella no conocía hasta que limite sería capaz de controlarse. – Es por ello que quiero que vayas hacia ese lugar Isley, una vez que logre traer a todos de vuelta, ellos deberán teletransportarse contigo para luchar bajo tu mando.
-Ese plan me inspira desconfianza hasta mí. – Intervino por primera vez aquella mujer encontrada en el monte Otris. Era hermosa sin dudas, de cabello anaranjado casi rubio, de fina piel marfil y unos grandes, pero atrayentes ojos mieles.– Pero si desean ayudar a Athena, es su única opción.
-Lamentablemente no hay otra forma. – Suspiro Dante.
-Bueno, pues ni hablar. – Isley alzo los hombros resignado y sonrió a sus compañeros. – De todos modos ya estamos acostumbrados a la mala vida.
-Si todo sale según mi plan, nos volveremos a ver pronto, así que mientras tanto cuidaros. – Dante se aseguro que aquella mujer a quien ayudaba, pudiera mantenerse por sí misma de pie y entonces salto sobre el acantilado para dirigirse hacia donde Cronos se encontraba, Isley suspiro un poco agobiado por la situación e imito a su compañero.
-Quisiera deciros que Ares les recompensara por lo que hacen…pero él no tiene sentimientos… - Acoto la mujer tras la pelirroja, la cual le miro de reojo.
-Vivir alejada de él, te ha hecho creer eso, pero se equivoca. – Refuto fríamente. – Y voy a comprobárselo…
…
La densidad del ambiente era pesado, la lluvia no caía sobre ellos como lo hacía en el resto del santuario, un cielo ennegrecido resplandecía a cada destello del impacto entre sí de colosales nubarrones con diferente carga eléctrica, la vegetación en la tierra estaba destruida en su totalidad, la tierra estaba resquebrajada ante las implosiones de cosmos e inmensos ríos de lava corrían por ellos.
-Reconozco su valentía, pero esto ya ha ido demasiado lejos. – Hyperion elevo su cosmos azabache que le rodeo como una densa niebla, mientras sus intensos ojos rojos resplandecían. – Ustedes son consientes de la situación desesperada en la que se encuentran, aún así continúan peleando.
El trió de dorados continuaban en el suelo sin comprender de donde provenía aquella fuerza desproporcional, Hyperion a pesar de las heridas que le habían causado, continuaba de pie, como si solo fueran rasguños, mientras ellos estaban completamente agotados y era más su desesperación la que les obligaba a estar de pie.
Mu estaba temblando a causa del dolor, era incapaz de ordenar sus pensamientos y serenar su mente, su cuerpo estaba al límite, las heridas eran graves y ni siquiera quería imaginar la situación de Kanon y Dokho que habían estado enfrentándole desde un inicio. Pero cada vez que su cuerpo amenazaba con perder la consciencia o quería darse por vencido recordaba el dulce rostro de Saori y aquello le obligaba a moverse, para que una nueva descarga de dolor le trajera a la realidad. Se movió lentamente y apoyo ambas manos en su rodilla derecha en la cual cargo todo su peso para ayudarse a incorporar, su cuerpo se tambaleo peligrosamente pero se prohibió el caer, así que hizo acopio del resto de sus fuerzas para lograr pararse. – Aún no debemos rendirnos, no hasta que Hyperion sea sellado. – Les hablo vía cosmos al tercero y sexto guardián.
-Aioria y Milo han derrotado ya a uno de ellos. – Kanon apoyo su mano derecha ensangrentada sobre una roca, la cual se mancho del líquido carmesí dejando una huella perfecta de su mano, entonces le vio levantarse con dificultad y recargarse sobre esta, mientras miraba hacia el cielo. – Aún así debemos apurarnos no creo que aguante peleando contra él mucho más tiempo. – Mu miro angustiado a su compañero, al darse cuenta que la situación de los tres prácticamente era la misma.
-No podemos rendirnos, recuerden que un caballero jamás retrocede, ni deja un objetivo a medio cumplir. Estamos luchando por Athena y este santuario y no vamos a detenernos hasta que Hyperion también lo haga. – Dokho tosió una gran cantidad de sangre la cual pudo observar en la palma de su mano y la vio hervir por el calor que producía su cosmos. – Recuerden que no estamos solos, ¡Nuestros compañeros están peleando y sacrificándose por igual!
-¿Así que estamos desesperados, no? – Rio sarcásticamente Kanon.
-Más que eso. – Mu se acerco lentamente a Kanon y se puso hombro con hombro. – Déjenmelo a mí.
-¿Qué piensas hacer, Aries? – Hyperion clavo su vista en el guardián del primer tembló quien avanzo a paso lento con una pequeña sonrisa en los labios.
-Mi maestro no solo entreno a Mascara de la muerte estos días. – Añadió ignorando a Hyperion. – Yo pude aprender una técnica más de él.
-Ahora entiendo porque nunca estuviste celoso. – Sonrió confiado el gemelo menor, compartiendo esa sonrisa con Libra.
-¡Evolución estelar! – El cosmos de Mu, estallo en proporciones colosales. Coloco sus manos frente a él, palma con palma y una esfera amarilla-rojiza comenzó a crecer de forma exuberante, como si se tratase de una enorme bola de fuego perpetuo, que sin lugar a dudas era el nacimiento de una nueva estrella, todo alrededor de él comenzó a ser suspendido en el aire al alterarse la gravedad a medida que la estrella crecía gradualmente y liberaba una especie de gas en torno a ella que la comprimía y a su vez ejercía una enorme presión térmica en su interior, expandiéndola más. Así que el combate ejercido por ambas fuerzas dentro del ataque de Mu, generaron un desequilibrio permitiendo que la fuerza gravitatoria ganase, entonces lanzo su ataque contra Hyperion. A medida que avanzaba esta se produjo una gigantesca explosión, despedazando la estrella, llevándola a su fin.
-¡Que impresionante técnica! – Hyperion sintió el inmenso calor que genero el cosmos de Mu y que iba hacia él. – Reflejar con tu cosmos la creación y destrucción de una vida estelar. – Hyperion se teletransporto hacia un lado del ataque de Mu, el cual fue de lleno a impactarse contra el suelo, dejando un profundo agujero. – De haberme golpeado esa técnica, sin lugar a dudas destruiría más de la mitad de mi cuerpo. El santo de Aries ha cambiado desde la última vez que nos encontramos. – Levanto su mano, cargada de su propio cosmos y genero una esfera rojiza a penas del tamaño de una palma.
-¡Colapso gravitacional! – Kanon apareció por la abertura de la otra dimensión justo a la espalda del titán, su cosmos produjo un destello de luz dorada que rodeo a Hyperion al cual tomo por sorpresa, haciendo que la presión ejercida por la gravedad se desmoronase sobre él, derribándolo al suelo y aplastándolo como si estuviera enterrado a varios kilómetros de profundidad, impidiéndole el incorporarse. – No voy a perder la oportunidad de destruirte.
Hyperion se encontraba de espaldas al suelo, cuando observo que los haces dorados del cosmos de géminis, comenzaban a agolparse en la tierra, la cual comenzó a temblar ligeramente a medida que la presión sobre él aumentaba y de repente esos pequeños pedazos de roca comenzaron a ser absorbidas en el suelo, como si algo las estuviera. Miro de reojo y observo como una mancha oscura había comenzado a crecer y rápidamente distinguió que aquel colapso gravitacional estaba culminando en un agujero negro. – Ese caballero aumenta con su cosmos la fuerza gravitacional, haciendo posible crear un agujero negro. –
-¡Este es tu fin! – Kanon frunció el ceño e incremento la onda aplastante generada por su cosmos, con el fin de hacer que Hyperion fuese succionado por el agujero negro.
-¡Imposible! - El titán miro de reojo como cada vez las rocas que le servían de resguardo eran succionadas por el vórtice desapareciendo para siempre en su interior, para cuando Kanon elevo su cosmos le resulto completamente imposible contrarrestar la fuerza del caballero de oro, así que el ultimo trozo de piedra que le servía de soporte retrocedió y antes de llegar al agujero se desbarato, sintió la gran fuerza de atracción del agujero por primera vez y le fue imposible el huir, así que fue succionado por este, el cual se cerró apenas entro.
-¡Kanon lo lograste! – Mu estaba al lado de Dokho el cual se encontraba de rodillas. Kanon se acerco a ellos y el trió observo en silencio el lugar donde el agujero se había tragado al titán.
Sin embargo antes de que pudiesen terminar de hablar, una mano rodeada por un cosmos carmín broto de la nada y reabrió por centímetros el agujero negro que recién se había cerrado, el cual lucho por milisegundos por impedir que el titán abandonase su interior. Hyperion vio la luz exterior a través de la pequeña abertura y se las arreglo para que su cosmos venciera la energía negativa del agujero que lo succionaba, al tiempo que introducía su otra mano y lograba impulsar en dirección opuesta cada vértice del agujero, creando un espacio vertical lo suficientemente amplio para el salir.
-Sois estúpidos si creían que me detendrían con esos ataques. – Hyperion cerró los ojos, dio un pequeño brinco y clavo sus pies en la tierra, la cual se fragmento en dos grandes agujeros, quedando de frente al trió de caballeros y a su espalda el ataque producido por Kanon. Incremento su cosmos, el cual pulverizo los escombros a su alrededor, mientras el agujero negro detrás de él, era consumido por unas llamas rojizas oscuras producidas por su cosmos. – Necesitaran más que eso para derrotarme, me han subestimado.
-Te equivocas, Hyperion. – Dokho intervino por primera vez, produciendo que el titán abriera los ojos y les mirara sorprendido. – La técnica de Mu, le dio el tiempo necesario a Kanon para juntar la cantidad de cosmos necesario para realizar su técnica y tomarte por sorpresa con la finalidad de que esta te retuviera el tiempo necesario para nuestra última técnica…
-¿Qué? – Hyperion observo al trió de santos con una sonrisa confiada en sus rostros, mostrándole que las palabras de Libra eran ciertas, esas técnicas tan poderosas solo habían sido una distracción para él, como si Aries y Géminis supieran que serian inefectivas, pero significaba que requerían tiempo para que… - ¡¿Qué es esa posición?!
Hyperion observo como Dokho coloco una rodilla en el suelo y levanto sus brazos enfrente de él, colocándolos en medio de su pecho, mientras sus palmas se dirigían hacia él, por su parte Kanon y Mu permanecieron de pie, uno a cada lado, dándose la espalda entre sí, elevaron uno de sus brazos al lado de su cabeza y el otro justo a la mitad de su tórax, apuntando al igual hacia él, mientras el cosmos de los tres se elevaba.
-¡Nos has subestimado desde el principio! – Acoto Kanon, sonriendo. - ¡Y vas a pagar por ello! – El gemelo menor cerró los ojos, mientras una parte de su cosmos se dispersaba por el santuario. – "Saga siempre he tenido la mala costumbre de imitar tus peores pasos, pero en algo tenía que superarte, cuida del suicida del arquero, no dejes que se haga la víctima" – Bromeo.
-¡Kanon! – Las voces alarmadas de Aioros y Saga resonaron en su mente, incrédulas.
-Patriarca al parecer fui la oveja negra de la orden y yo realmente… - Le interrumpió.
-Lo sé, Kanon. Aún así estoy orgulloso de ti, hijo. – Kanon apretó sus labios y cerró los ojos para impedir que las lágrimas salieran de sus ojos, había anhelado he imaginado escuchar esas palabras de Shion por tanto tiempo.
-¡En esta ocasión Hyperion te venceremos! – Mu recordó la vez pasada que había utilizado la exclamación de Athena contra camaradas y el arrepentimiento que ello le causo, pero ahora no era su compañero el que estaba frente a él, si no un enemigo letal, así que no importaba lo que perdiera por usar aquella técnica prohibida, siempre y cuando cegara por completo el avance de ese peligro titán. – Maestro, Kiki les agradezco el tiempo que compartieron conmigo y las grandes enseñanzas que me dejaron, mi alma siempre les acompañara.
-Diosa Athena, amigo mío y resto del santuario. – Dokho equilibro su cosmos en sincronía con la de sus dos compañeros, al tiempo que se conectaba vía cosmos con todos. – Les encomendamos el resto, manténganse firmes ante nuestros enemigos, sin importar el gran riesgo que ello conlleve, más vale llevar una existencia valiente y morir dejando una gloria imperecedera y un futuro abierto para nuestros sucesores, así como las generaciones pasadas nos lo encomendaron a nosotros. Recuerden que todos compartimos el mismo dolor, asumimos el peligro en partes iguales y obtendremos la gran recompensa de ver a Athena alzarse victoriosa una vez más.
-¡Exclamación de Athena! – Rugió el trió al mismo tiempo, mientras el cosmos agolpado en sus manos pareció explotar en un poderoso ataque que ilumino una gran extensión del santuario, produciendo un rugido estremecedor, que le helo la sangre a cualquiera que desde la lejanía observase la furia del cosmos de tres santos de oro.
…
Shun analizo tranquilamente la situación en la que se encontraban. Nunca hubiera imaginado que Virgo hubiese guardado una amenaza que pasara desapercibida tanto para Athena, como para Shaka, aún así dentro de esa dimensión podía percibir una inmensa cantidad de cosmos malignos y ese vórtice era la entrada directa al santuario.
El peliverde trato de ir en ayuda de su hermano, al ver como el imponente demonio de leo corría en su dirección, pero a penas y dio unos pasos el demonio de Virgo, se interpuso frente a él, por lo que deslizo su cadena, la cual se vio sujetada por lanzas de hueso que las anclaron al suelo.
-¡Ikki! – Trato de alertarlo, pero su hermano aun continuaba inconsciente, recargado en la misma pilastra donde Shiryu le había dejado. Y es que el impacto de la espada de Críos parecía que no solo había cortado la armadura, piel y músculos de su hermano, si no que también parte de su cosmos.
El león corrió a escasos metros de Ikki, extendió su mano derecha, donde poseía prominentes garras que crecieron aún más y que se incrustaron sin oposición en el pecho del peliazul, la pilastra se fracturo ante el impacto y el cuerpo del caballero salió expedido contra las demás pilastras, completamente despedazado.
-¡Ikki! – Corearon Shun y Shiryu al mismo tiempo.
-¡Garra trueno! – Geist apareció detrás del león, elevo su brazo derecho, en el cual ardió su cosmos que se extendió hasta la punta de sus dedos, como si fueran descargas eléctricas con la cual golpeo el dorso del león, logrando atravesarlo con su mano. - ¡Shun no te distraigas! – Geist retrocedió en un salto y apunto con su dedo índice hacia otra de las pilastras donde el peli verde observo el cuerpo de su hermano sin ningún daño. – No olviden que soy una habilidosa ilusionista e hice que este minino viera lo que yo quería mostrarle. Descuida Shun, yo protegeré a tu hermano.
-Gracias Geist. – Shun suspiro profundamente tratando de liberar toda la angustia que acababa de sentir, Geist no solo logro engañar a ese león, si no también a él.
-Yo acabare con ambos. – El demonio de Virgo lanzo varios fragmentos de sus propios huesos hacia la amazona, sin embargo la cadena de Shun, golpeo a todos desviando su trayectoria, la cual en su mayoría fue a impactarse en el suelo. – Bien, quieres que me encargue primero de ti, así será.
-No sé qué hiciste para derrotar a Shaka, pero dudo que tu solo lo hubieses logrado. – Shun miro al demonio ampliar su sonrisa.
-Para nosotros es imposible enfrentarnos a alguien que no sea de nuestro propio signo, pues nos encontraríamos en desventaja, es por ello que tu amiga puede golpear con tanta facilidad a leo, pero de haberse enfrentado a mí, ella nunca hubiera tenido esa oportunidad. ¡Como tampoco la tendrás tú! - Asura desdoblo sus alas de ángel, que se extendieron a su lado y comenzaron a torcerse en dirección a Shun, las cuales se fragmentaron.
-¿Sera cierto lo que dice? ¿Pero y esta extraña sensación que tengo? – Shun arremolino sus cadenas para detenerlas, pero la velocidad con la que se dirigieron en esa ocasión fue mayor, logrando asestarle una en la pierna, la cual le atravesó por completo.
Shiryu observo de reojo como la lanza formada por un grueso hueso blanquecino atravesó la pierna del caballero de Andrómeda pero por más que trato de alejarse por unos segundos de su propio oponente le fue imposible, el demonio de libra parecía saber todos sus movimientos mucho antes de que el mismo los realizara, por lo que le fue prácticamente imposible.
-No te distraigas. – Shiryu observo como una de las pesadas jaulas metálicas del demonio se dirigía en su dirección, pensó en utilizar Excalibur para partirla en dos, pero una descarga de dolor en su brazo derecho le recordó los estragos de su batalla pasada con Críos, el cual se había encargado de romperle el brazo, inutilizándo su espada. Por lo que no tuvo otra opción que brincar hacia atrás para repeler la agresión.
El demonio de libra agudizo sus pequeños ojos negros y exhalo por sus fosas nasales humo, entonces chasqueo sus enormes colmillos chocando unos contra otro, abrió sus fauces las cuales generaron pequeñas chispas que proyectaron dentro de su boca una inmensa esfera de fuego ardiente que salió expelida hacia el caballero de dragón en una columna.
-¡Fuerza del dragón ascendente de Rozan! – Lanzo su puño frente a él, liberando una potente cantidad de energía ascendente, que produjo la forma de un gran dragón de ojos rojos, que rugió al emerger de su puño, logrando revertir la columna de fuego hacia el demonio, tal y como lo había hecho con el curso de la cascada de los cinco picos.
-Es un extraordinario ataque. – Siseo la voz del demonio tras él, Shiryu se sorprendió de la velocidad con la que se había desplazado, ni siquiera le había percibido, así que iba a separarse de él cuando dos de las cuatro manos le golpearon el rostro y el abdomen derribándolo de rodillas. Dio varias bocanadas de aire. – Te dije que te mataría.
-¿Quiénes son? – El pelinegro se deslizo hacia un lado para esquivar una de las grandes cadenas que llevaba su enemigo.
-Soy la fuerza contraria de tu signo, caballero. – El demonio arrastro las pesadas jaulas que poseía en las extensiones de sus cadenas y las acerco hacia sus manos, con la finalidad de abrir las puertas de estas, las cuales produjeron un chirrido desgarrador. – Estas jaulas no es para guardar prisioneros, si no para alimentarme de ti, mientras sus puertas estén abiertas drenare tu cosmos, mientras yo obtengo más poder y tengo libertad para atacarte.
-¿Qué? – Las grandes jaulas comenzaron a brillar con un halo platino, mientras un haz producto de ambas le golpeaba directamente el pecho, uniéndolo e inmovilizándolo al mismo tiempo. Fue en vano sus intentos de alejarse o romper el contacto, pues cada vez que lo intentaba sentía como su mente se iba sumiendo a una velocidad más rápida en una bella ilusión. Y es que esa técnica balanceaba su letalidad con los recuerdos más dulces de su presa.
La sangre de su pierna atravesada brotaba sin control, incluso el ver cómo salía a borbollones le produjo una ligera sensación de mareo, corto uno de los girones de su ropa y se hizo un torniquete en torno a la herida, al tiempo que con su mano arrancaba la lanza que Asura le había lanzado. -¡Onda trueno! – Shun deslizo rápidamente su cadena, la cual se alzo por el aire en dirección al demonio, esta comenzó a moverse en zigzag, en forma de semi triángulos, formando un atisbo de pequeños rayos rosados por toda la cadena. – No importa si te escondes o teletransportas, mi cadena puede encontrarte donde quiera que estés, incluso en otras dimensiones, así que esta vez no fallare.
-Que interesante. – Mascullo. Observo de reojo como la cadena iba en su dirección, formando un trazo similar al de un relámpago y supo al instante que no podría evadirla, pero no significaba que no lograría detenerla. Asura abrió su boca, mostrándole al peliverde los amplios colmillos que se esparcían en ella y de pronto produjo un vahó de su propio aliento que pronto dio lugar a un chorro de hielo, como si Hyoga hubiese lanzado contra él su puño de diamantes.
La cadena que en un inicio iba a gran velocidad con el demonio, comenzó a detenerse hasta que cayó pesadamente al suelo, recubierta en su totalidad por una densa capa blanquecina gélida, que continuo soltando una bruma, hasta que la frialdad cristalizo tanto el metal de la cadena que se rompió como si de un cristal se tratase.
-No puede ser posible… - Shun abrió asombrado los ojos, viendo como cada vez el hielo abarcaba más tramo de la cadena en su dirección. – "Debo soltarla, de lo contrario me congelare" – El peliverde se desprendió de las partes de la armadura donde se anclaba sus cadenas, las cuales cayeron a la tierra seca del jardín de los sales gemelos.
-Parece que te equivocaste al decirme que esa cadena me iba a atrapar. – Asura se regocijo al ver la cara de preocupación del caballero y su placer aumento más al verle completamente indefenso. – Nunca había asesinado dos santos de virgo en un mismo día.
-Aun no me has derrotado. – Shun se medio incorporo, ignorando el dolor de su pierna y dio algunos pasos hacia el demonio. – Nunca ha sido mi intensión pelear y menos si no conozco las causas que impulsan a mi enemigo, pero si es cierto que te vanaglorias por haber vencido a Shaka, no tengo otro camino más que detenerte.
-No deberías hablar tanto. – Asura se agazapo peligrosamente y miro juguetonamente al peliverde. – Después de todo resultaste ser más insignificante que ese patético santo dorado. Sin tu cadena, no eres nada.
-¡Corriente nebular! – Shun creó un vapor rosado de su cosmos que se dispersaba en óvalos por las corrientes de aire, las cuales fueron extendiéndose cada vez más por todo el jardín. - Puedes llamarme como quieras, pero no perdonare que te burles de Shaka.
El aire revoloteo con mayor intensidad, en forma de torbellinos, semejantes a nebulosas que rodearon a Asura, imposibilitando su movimiento al ejercer una fuerte presión sobre él. – Ríndete o de lo contrario este torbellino puede acabar contigo. – Advirtió.
-¿Rendirme? Pero si el que va perdiendo eres tú. – Trato de moverse para librarse, pero las corrientes de aire del remolino comenzaron a tornarse agresivas entre más se resistía, hasta que el aire giro de manera más violenta y a mayor presión, pero de repente una poderosa explosión rompió las columnas de aire, las cuales golpearon al peliverde, arrastrándolo por todo el suelo hasta la entrada de Virgo.
Shun respiro entrecortadamente, mientras sus orbes esmeraldas veían el cielo ennegrecido, su cuerpo no reaccionaba y se negaba a responderle, no había ni un musculo que no le doliera, trato de incorporarse pero esto produjo una nueva ola de dolor y tan solo logro elevar la cabeza, para ver la terrible oscuridad en los ojos de Asura y su sardónica sonrisa, al tiempo que sentía como seis lanzas de hielo se incrustaban despiadadamente, en su abdomen, brazos, piernas y pecho.
-¡Shun! – Escucho el grito de Geist, pero a esta le fue imposible acercarse.
En ese momento una nueva descarga de dolor recorrió todo su cuerpo, al tiempo que la sangre salpicaba los escalones y las primeras lozas del templo de Virgo, su vista se ensombreció, sintió como la sangre impregnaba sus labios y un intenso mareo, que incluso le hizo pensar que se desmayaría, trato de mover inútilmente su cuerpo, pues esta vez estaba apresado al suelo.
-Shaka…Athena, chicos… parece que he fallado. – Shun se esforzó en ver a Asura, su imagen estaba distorsionada, pero pudo distinguir su terrible sonrisa y como movía sus labios, sin embargo no escucho que le dijo, para ese momento la pérdida de sangre le estaba haciendo perder la conciencia.
El demonio observo al joven dejar caer la cabeza contra el suelo y le creyó inconsciente, más no muerto, entonces observo de reojo a sus compañeros; libra parecía estar dominando su propia batalla, pero la cuestión de leo, era diferente, el estaba enfrentando a esa chiquilla que no pertenecía a su signo y ello le ponía en desventaja.
-Tengo que asesinar a ese caballero y después me encargare de esa niña. – Asura extendió su mano izquierda hacia Shun, de la cual se formo una inmensa lanza de hueso, con numerosas especulaciones en su punta. – Esta vez no fallare, le daré en la cabeza. – Su lanza chasqueo al romperse de su mano y salió a toda velocidad hacia el peliverde, que no se movió para esquivarla.
-¡Shun! – Geist clavo su mano en el abdomen del león, pero apenas se percato de la situación del peliverde trato de ir en su ayuda.
-No. – El impresionante demonio de leo la tomo con fuerza del antebrazo imposibilitando que se despejase de él, Geist alzo sus ojos marinos hacia el demonio y lucho para zafarse. – Deberias observar bien, ese será tu destino.
-No. – Geist busco a Shiryu desesperada pero le vio en las mismas situaciones que a Shun, entonces golpeo con su mano izquierda al león en el brazo que le retenía, pero eso genero que el león desgarrase con sus uñas su abdomen. La joven reprimió un grito de dolor, pero su cara expreso desesperación y sufrimiento, mientras sus ojos se abrían asombrados.- ¡Shun! – Grito angustiada.
-¡Excalibur! – La lanza fue golpeada a la mitad, fraccionándose en dos partes que cayeron a los lados del peliverde.
-¿Quién eres? – Menciono frustrado Asura.
-Shura de capricornio. – El santo brinco desde el interior del templo de Virgo y se interpuso entre Shun y Asura, al tiempo que solo el roce de su cosmos dorado, hizo que las lanzas de hielo sobre Shun se rompieran en minúsculos trozos de hielo, como si se tratase de nieve. – Yo seré tu oponente.
-¡Shura! – Geist le observo esperanzada, sin poder controlar la felicidad que le produjo el verlo, pero se asombro, al ver como en el brazo derecho del español no se encontraba la herida producida por el Keraunos.
Su cosmos pareció disolverse en el espacio, como si se encontrara su esencia dentro de una gran cámara sin límites y se disolviera en su interior, no podía sentir dolor, tampoco incertidumbre, aquella sombra tan profunda que le rodeaba, era tan negra, que no podía distinguir ni su propia mano si la alzaba delante de sus ojos, no había luz, ni reflejo de ella, pero a pesar, de pensar estar en un lugar vacio, extrañamente percibía la presencia de alguien más. Era como si flotara en su propia consciencia, pero todo era tan disperso que parecía estar en la nada. Y de repente hubo un fogonazo de luz cegadora frente a él.
-Shun… -
-Shaka. – No pudo ver al hindú, pero sin duda aquel era el cosmos del caballero más cercano a dios.
…
-Mi nombre es Milo de escorpión, soy el octavo guardián al servicio de la diosa Athena. – Elevo su mano izquierda donde la ponzoña escarlata resplandeció con intensidad. – Te recomiendo que recuerdes mi nombre, ya que soy el santo más cruel de entre los doce, ya que mis técnicas te lo demostraran.
-Milo… - Shaina trato de incorporarse pero este le miro seriamente sobre su hombro y cuando sus ojos chocaron la expresión del escorpión se relajo.
-Yo me encargare de este gigante… - Milo volvió su vista hacia el frente justo donde sus poderes psíquicos habían detenido el enorme puño del gigante. – Se lo que estas pensando Shaina, pero estas equivocada, yo jamás subestimaría tu fuerza o la del resto de santos de plata y bronce, después de todo han luchado contra un ser mitológico al que le ha sido otorgado el cosmos de un dios.
-¿Escorpio?–
-Tu nombre es Gration ¿No es así? – Milo le mostro su dedo índice izquierdo, el cual se rodeo de cosmos dorado que destellaba haces escarlatas que parecían llevar en su filo fuego. – Solo ocupare este dedo para derrotarte.
Milo brinco sobre la mano del gigante y corrió por toda la extensión de su brazo hasta el hombro donde dio un brinco de 180 grados con la finalidad de quedar frente a Gration, entonces le atravesó con su impresionante ajuga escarlata Antares, el aullido de dolor escapo de la garganta del gigante acompañado de 9 chorros de sangre localizados en diferentes parte de su cuerpo.
-¡Me quema! – Gratión se agarro el pecho con ambos brazos tratándose de arrancar aquella sensación ardiente.
Milo cayo elegantemente tras él sintiendo como su corazón latía desbocadamente y su pulso se incrementaba, sonrió de medio lado y concentro todo su cosmos en el aguijón.
-Parece que aun no soy tan inmune a los efectos de mi propia técnica. – Milo se giro para observar como el gigante se retorcía de dolor. – Escúchame atentamente, si te rindes ahora detendré tus hemorragias y te perdonare la vida, de lo contrario en dos ataques más acabare contigo, debo advertirte que de elegir esta última opción tu agonía será mucho peor al dolor que sufres ahora.
-¡Eres un maldito! – Gration estallo su cosmos y produjo que varias espinas filosas salieran expedidas por todo su cuerpo.
-Demasiado lento. – La sonrisa de Milo se ensancho más, parecía que el haber tenido que llevar su velocidad hasta emparejarla con Koios había vuelto demasiado lentos al resto de sus enemigos, así que comenzó a esquivar cada una de las espinas que se acercaban a él, alzo su brazo izquierdo llevando el alto su aguijón y corrió en dirección a Gration que libero más ataques desesperados, los cuales fueron inútiles. - ¡Ya has hecho tu elección! ¡Aguja escarlata Antares!
-¡Agr! – Gration se removió desesperado sin comprender como era posible que el cosmos de un insecto fuese tan poderoso, cada vez que esos haces de luz escarlata habían entrado en su cuerpo una ola de calor se introducía y se fusionaba con su sangre, la cual comenzaba a arder como si fuego recorriese su cuerpo, incluso su corazón parecía que estallaría en mil pedazos ante ese calor. – ¡Eres un bastardo! ¡Mi cuerpo se quema!
-Gratión. – Milo retrocedió varias veces ante los golpes, que el gigante lanzo torpemente sobre él, al estar desesperado por aquel dolor parecía como si su cuerpo fuese incapaz de coordinar sus movimientos.
-¡¿Por qué!? ¡¿Por qué no puedo golpearte!? – Gratión se detuvo unos segundos dejando de perseguir innecesariamente al dorado, quien también freno.
-Porque he luchado contra enemigos que exigieron que mejorara mis habilidades, he peleado contra titanes que juzgaron mi lealtad y mi perseverancia. – Milo incendio de golpe todo su cosmos, formando un aura dorada que le rodio, mientras recordaba las peleas contra Temis y Koios. – Gration, tu y yo somos iguales, peleamos para complacer a nuestros dioses, se que tu luchas por los lazos de sangre con tu familia, pero los míos con Athena son diferentes y más fuertes, no hay sangre de promedio que me obligue a seguirlos al contrario, yo entiendo y comparto los ideales de la diosa Athena, que no dudaría en jugarme la vida por ella.
-¡Te equivocas al juzgarme! – Gration miro de reojo a Shaina, si no podía tocarlo a él, sabía que no fallaría al darle a ella. Se giro abruptamente y corrió hacia la rubia, sorprendiendo a ambos.
-¡Maldito! – Milo ya había picado 14 veces a Gration, así que solo le faltaba la quincuagésima aguja, corrió tras Gration, mientras retraía su brazo izquierdo preparando su ataque final. Su cosmos y fuerza estallaron, sintió cada latido de su corazón y como la sangre de su cuerpo ardía en su interior y su cosmos brillaba intensamente en su aguja izquierda.
Shaina miro a Gration correr hacia ella, el estruendo del suelo rompiéndose y los ojos sangrientos del gigante posados sobre ella le alertaron, de que el objetivo del gigante ya no era Milo, si no ella. Trato de incorporarse pero sus piernas no le respondieron.
-¡Shaina! – Gritaron al unisonoro Capella y Asterion al ver como varias espinas se clavaban a pocos metros de distancia de la italiana, pero que cada vez el margen de error disminuía.
-¡Aguja escarlata Antares ardiente! – Milo extendió su brazo y clavo su ajuga a espaldas del gigante atravesándolo por completo, tomo a Shaina entre sus brazos y brinco con ella justo cuando Gration se derrumbaba de rodillas y azotaba fuertemente contra el suelo su pecho y rostro, Milo dejo a Shaina en el suelo y se giro velozmente para quedar frente al gigante.
Gration extendió su mano tratando de atrapar a sus enemigos lo cual fue inútil, entonces alzo tembloroso el rostro y miro al caballero frente a él. – Realmente eres veloz. – La sangre broto por su boca y sintió como todo en su interior se despedazaba y coagulaba a causa del fuego, dejando en su rostro una marcada mueca de dolor y agonía, que persistió después hasta que murió.
-Milo. – Shaina apenas y estaba comprendiendo todo lo que había pasado, pero para Capella, Geki y Asteion que miraban desde lejos aquello había sido imposible. – Pensé que no le alcanzarías.
-Yo también… - Le escucho susurrar de espaldas a ella, entonces las piernas de Milo flaquearon y cayó pesadamente de rodillas mientras ponía sus manos para sostenerse, entonces mostro por primera vez todo el agotamiento de su cuerpo, comenzó a respirar agitadamente por la boca, cerró los ojos con fuerza, por el dolor que producía las heridas causadas en su pelea con Koios y su cuerpo tembló freneticamente ante el rigor físico que le había exigido, incluso su rostro mostro por igual el dolor y cansancio que sentía, pero su larga melena peli azul se lo oculto al resto, su cosmos titilo por segundos y las heridas comenzaron a sangrar de nuevo.
-¡Milo! – Shaina trato de ir con él, pero le fue imposible. Ella reconoció la fuerza y el valor del escorpión, se había exigido tanto desde que inicio el ataque al santuario, que su cuerpo estaba al límite, yendo de una batalla a otra sin descansar. Entonces movió sus cuerpo con sus manos, arrastrándose, hasta donde se encontraba él, hasta que su mano alcanzo a tomar la de él. – Milo. – Menciono preocupada.
-Estoy bien, Shaina. – Milo alzo el rostro con una sonrisa hacia ella, pero apretó entre sus dedos los de ella en agradecimiento, lo que enterneció a la amazona, tomo su máscara por la punta de su mentón y se la retiro, permitiendo que Milo observase su rostro, lo que hizo sonreír al escorpión divertido, tomo con ambas manos el rostro herido del octavo guardián y le dio un dulce e intenso beso al escorpión, sin importarle la presencia de sus compañeros de plata y bronce, que miraron al borde de un paro cardiaco aquella escena.
-Seguro estoy muerto. – Menciono Capella mirándose el cuerpo.
-O a lo mejor estamos en una ilusión. – Acoto Geki.
-O es uno de los tantos golpes que recibimos. – Murmuro Algol.
-Shaina… - Milo iba a decirle alguna barbaridad, pero ella puso un dedo índice sobre sus labios y le abrazo.
-Por favor, cállate. – Milo sonrió y asintió sin rechistar. El peli azul acaricio con suavidad la espalda de Shaina y la separo de él, justo en el momento que sintió a Arles a su lado, pero no dejo de verla con intensidad por unos segundos más.
-Milo ¿Cómo te encuentras? – Interrogo el ayudante del patriarca.
-Estoy bien. – El escorpio dorado apretó con suavidad la mano de Shaina y luego volvió a ver a Arles. – Marchare ahora mismo donde Aioria y Aldebarán se encuentran para apoyarlos.
-¿Estás seguro? – Arles fue interrumpido.
-¡¿Qué?! – Shaina se altero y retuvo la mano del escorpión con mayor fuerza. - ¿Estás loco? Mírate nada más, estas herido, necesitas descansar.
-Sí. – Respondió a Arles y luego miro a Shaina. – Ellos también están heridos y no han dejado de pelear ni por un segundo, ya han caído muchos y si Aioria y el resto no resisten esos ataques, los aldeanos y los habitantes del santuario, morirán. Es por ello que tengo que ir. – Milo apretó inconscientemente los puños recordando la muerte tan solitaria de Mascara de la muerte.
-Milo, deberías descansar aunque sea un poco. – Sugirió Arles, pero el escorpión negó.
-Arles, por favor cuida de ellos también están heridos y si es posible teletransportalos hacia el sanatorio improvisado. -
-Nosotros iremos contigo. – Capella se acerco al grupo y miro al escorpión.
-Y por nosotros se refiere a Asterion y a mí. – Geki cortó a media palabra a la amazona de cobra, la cual les miro furiosa.
-Esta bien. – Acepto Milo. – Entonces Nachi y Algol tambien quedaran a tu cuidado, Arles y cuídate de Shaina que estará rabiosa por quedarse. – Se burlo, ganándose una mirada asesina por parte de la italiana. – Puedes fingir estar molesta conmigo todo lo que quieras, pero se de sobra que estas preocupada por mí, pero no te preocupes no voy a morir, aun tendrás que soportarme muchos años más y tu también Arles. – Contesto animado.
Pero a la mente de la amazona no dejaba de venirle ver el agotamiento de Milo después de haber vencido a Gration.
Milo espero que Arles desapareciera con Nachi y Algol, mientras les indicaba a Capella, Asterion y Geki que se adelantaran dejándolo a solas con Shaina, entonces se agacho de nuevo frente a ella y poso su frente sobre la de ella, sintiendo el suave respirar de la rubia en su rostro, cerró los ojos y acaricio su rostro, mientras sentía como las lagrimas resbalaban por sus mejillas, entonces le planto un beso con fuerza en los labios y se separo abruptamente de ella.
-Gracias por todo. – Le susurro al oído, antes de separarse de ella y seguir al trió de caballeros…
…
La inmensa luz dorada producto del cosmos del segundo guardián del zodiaco fue tan brillosa que ilumino la tierra y el cielo por igual, generando una onda de luz entre aquella oscuridad, como una antorcha más de esperanza. El crujido de la supernova titánica sacudió el refugio y el campo de batalla, anunciando la gran destrucción que dejaría a su paso, los haces de luz dorada se unificaron en varias columnas ardiendo hasta formar hileras de fuego, a medida que aquel cataclismo avanzaba.
-¡Aldebarán! – El grito unisonoro de todos los caballeros, resonó en medio de la explosión a medida que la luz dorada se volvía cejadora. -¡Aldebarán!
La luz poco a poco fue cediendo, acompañado de una quietud por parte de ambos ejércitos y un abrumador silencio que les permitía a la mayoría escuchar con claridad el latido de sus corazones, pero sabían de sobra que tras un choque de cosmos de tal magnitud y el estruendo que produjeron sobrevenía un silencio sepulcral y la muerte.
Pronto los ojos de todos rebuscaron entre el escombro y las llamaradas de fuego que se alzaban, a los dos combatientes, sin embargo el gran cuerpo de Polibotes había desaparecido en su totalidad, era como si nunca hubiese pisado el santuario, no había ningún rastro de su cuerpo, a no ser por la escama que portaba como armadura, la cual se encontraba en el suelo ardiendo.
-¡Aldebarán! – Ban corrió en la dirección donde lo había visto por última vez, haciendo a un lado el brazo de June quien intento detenerlo.
-¡Ban ten cuidado! – Alerto June, pero la mano de Sirius se poso sobre su hombro.
-Sin duda alguna, el cosmos del señor Aldebarán es extraordinario. – Acoto.
Orfeo y Albiore intercambiaron una rápida mirada entre ellos y supieron en ese momento que las últimas palabras de tauro habían sido encomendadas a ambos, depositando en ellos la esperanza de la victoria y la vida de los refugiados del santuario, pero Aldebarán…
Apretaron las manos y tensaron la mandíbula, mientras ocultaban su sombría mirada bajo sus flequillos, las posibilidades de encontrar al santo de tauro con vida, eran mínimas, Aldebarán ya había derrotado a dos gigantes, se enfrento al ejercito de los titanes y detuvo el ataque de Rea, sin lugar a dudas el daño que debió sufrir debía ser colosal e irresistible para cualquier ser humano. Mientras ellos solo habían observado, sin poder hacer nada para ayudarle.
Ban se deslizo velozmente entre los escombros, pero la densa capa de tierra imposibilitaba en cierta medida su vista, podía escuchar el crujir de la tierra al recibir aun las pequeñas partículas de polvo y piedras que caían sobre ella, así como ver las estelas de fuego, de repente se detuvo abruptamente al ver frente a él la sombra de Aldebarán, estaba de pie dándole la espalda, los haces dorados de su cosmos aún salían de él.
-¿Aldebarán? – Se acerco lentamente a él, pero se detuvo al ver a ambos gigantes comenzar a acercarse a ellos. – Tenemos que movernos de aquí, señor Aldebarán. – Puso su mano en su hombro para llamar su atención, fue en ese instante que el santo de tauro se desplomo en el suelo. - ¡Señor Aldebarán!
-Parece que el precio por asesinar a nuestro hermano ha sido muy alto. – Alcioneo se acerco lentamente hacia ellos, con una tétrica sonrisa en sus labios. – Su última esperanza se ha ido.
-Hermano, hay que reconocer la fuerza de ese santo. No solo acabo con Polibotes, si no con gran parte de nuestra armada. – Agrego Porfirion. Ban aunque desde el inicio de la batalla les había percibido nunca había reparado en ellos con detalle, pero ahora a medida que se acercaban les distinguía, como los letales enemigos que eran.
-Aún no ha muerto la esperanza. – Gruño Albiore llegando justo al lado de Ban, que estaba completamente paralizado por el cosmos de ambos seres.
-No vamos a defraudar a Aldebarán. – Secundo Orfeo llegando hasta ellos en compañía de Shiva, June, Aracne, mientras Agora y Sirius ayudaban al segundo guardián.
-Humanos. – Uno de los gigantes dio un paso al frente tenia la piel bronceada, protegida por una pesada armadura de hierro y plata, recubierta y adornada por infinidad de piedras preciosas, poseía unas piernas de dragón y cabello de color escarlata el cual le llegaba hasta la espalda. – Mi nombre es Alcioneo y fui creado para destruir al rey Hades. Están equivocados al creer que mi rey o yo pelearemos contra seres tan insignificantes como ustedes. – El gigante alargo su mano, en la cual broto una esfera de color azabache, en la que resplandecieron cientos de halos claros, entonces se sonrió y cerro abruptamente su puño, liberando haces blancos, los cuales volaron en todas direcciones, insertándose de nuevo en los cuerpos de los guerreros titánicos que habían muerto, los cuales comenzaron a moverse de nuevo.
-¿Qué diablos? – Espeto Agora fuera de sí.
-Es muy probable que ese gigante posea las mismas habilidades que Hades, por ello le resulta fácil revivirlos, pero el sello de Athena… - Orfeo se coloco de espaldas a los gigantes para cubrir las espaldas de sus compañeros, pues los guerreros titánicos apenas habían recobrado la vida, tomaron sus armas y les rodearon.
-¿Athena? – Alcioneo se carcajeo descaradamente y golpeo con fuerza el suelo. – Nuestras almas pueden ser selladas, como en el caso de mis hermanos, los titanes o Polibotes, pero hasta que yo no sea sellado, nuestro ejército jamás desaparecerá, ¡No importa cuánto trate de evitarlo tu estúpida diosa! – El gigante se rio de tal forma que incluso lanzaba saliva a medida que su carcajada se tornaba más estruendorosa.
Alcioneo fue callado abruptamente por una patada en la mejilla, la cual le hizo girar el rostro y le destrozo parte de la comisura del labio, de la cual salieron unas gotitas de sangre, el gigante retrocedió dos pasos y rebusco furicamente a su atacante.
-Nunca más vuelvas a osar siquiera mencionar el nombre de mi diosa, con tu asquerosa boca, estúpido gigante. – Rugió Aioria, quien miraba fuera de sí a la antítesis de Hades. Apretó con fuerza su puño al grado de que sus nudillos palidecieron y tronaron, mientras parte de su cosmos formaba unas cuantas centellas doradas que rodearon sus brazos. - ¡Jamás volverás a faltarle el respeto a mi diosa! –
-¡Aioria! – Orfeo se asombro de ver a leo frente a él, pero la sensación de alivio que sintió al verle llegar, desapareció percatarse del estado en el que se encontraba, las heridas y hemorragias eran incontables, pero el rugido de cosmos de Aioria era tan imponente que muy seguramente se debía a la furia que estaba conteniendo.
Aioria resoplo pesadamente y trato de controlarse, aunque las palabras del gigante aun resonaban en su mente, pero ya tendría tiempo de hacer que se lamentase el haber ofendido a su diosa de aquella forma, pero primero lo primero. Se acerco lentamente hacia Sirius y Agora los cuales sostenían a Tauro por los hombros, poso su mano sobre su hombro izquierdo y sonrió a medias. – Ya esta, me encargo yo, Aldebarán. Gracias a ti nuestros compañeros y los refugiados están a salvo.
-Aioria… - Vocifero cansinamente el toro.
-No te preocupes por mí, tú te has cargado a uno de ellos solo, además Milo no tardaran en llegar. – El león le mostro una muy falsa sonrisa a tauro y es que sabía que Aldebarán había hecho un esfuerzo titánico para vencer a la antítesis de Poseidón, por lo que para Milo y él sería algo casi imposible vencerlos y menos en el estado en que se encontraban.
-En un momento te alcanzare, Aioria. –
-Tú solo disfruta del espectáculo, a este me lo cargo yo. – Aioria volvió a sonreírle y le indico con una mirada a Sirius y Agora que se retiraran con él a una distancia oportuna. – Orfeo y Albiore voy a necesitar que me cubran la espalda, mientras que el resto debe defender la entrada al refugio. Escúchenme atentamente. – Ban, June, Aracne y Shiva se colocaron por detrás de ambos santos de plata y le miraron de reojo mientras todos elevaban su cosmos de diversas tonalidades. – No se precipiten en esta batalla, iremos para largo, traten de vencerles sin utilizar gran cantidad de su cosmos y sobre todo eviten las heridas, ya que mientras yo no logre vencer a ese estúpido gigante, estos guerreros revivirán una y otra vez.
-Pareces un buen estratega, caballero de leo. – Porfirion que había permanecido en silencio detrás de su hermano, dio un paso al frente y fue la primera vez que Aioria cruzo miradas con él. Era más alto que Alcioneo y que cualquier otro gigante que hubiese conocido, tenía una gran musculatura que parecía ser un satélite andando por la tierra, su cosmos escarlata permanecía constantemente rodeándolo como si fuera su centro un campo gravitatorio. Sus piernas estaban recubiertas por escamas de dragón opalescente, su cabello de la misma coloración, le llegaba hasta media espalda y estaba trenzado en mechones largos. Portaba una ostentosa armadura de bronce, plata y oro, adornada con inmensos diamantes y armas, incluyendo dagas, espadas y hachas, algunas de las cuales poseían manchas color ocre, que Aioria identifico como sangre, posiblemente de antiguos enemigos con quien el gigante se enfrento en el pasado. – Me llamo Porfirion, fui nombrado el rey de los gigantes, por mi madre Gea, ya que ella advirtió en mi la fuerza, la sabiduría y la paciencia, características de un líder y es por ello que se reconocer el momento de dejar de fallar.
Aioria fijo su mirada en los ojos escarlatas de Porfirion mirando de vez en cuando a su otro hermano. Si no se equivocaba este gigante debía representar lo que Cronos y Zeus, eran para los titanes y los dioses respectivamente, pero a diferencia de ambos no se mostraba agresivo, impetuoso, descuidado, ni confiado, por el contrario el gigante hablaba con cautela, examinando la situación, como si conociera sus propios límites y los de su hermano, así como la amenaza que significaba el cosmos dormido dentro de los humanos.
-Soy conocedor de la ventaja que mi ejercito tiene contra él tuyo, caballero y no voy a permitir que estaba guerra se luche uno a uno, ni que tus tan esperados refuerzos lleguen. – Justo en ese momento Porfirion se deslizo a gran velocidad y golpeo con sus manos empuñadas el lugar donde Aioria se encontraba parado, el cual logro desplazarse apenas unos centímetros esquivando el impacto, pero no pudo esquivar el golpe que le lanzo Alcioneo, fue aplastado brutalmente contra la tierra, la cual se resquebrajo, produciéndole múltiples cortes en la piel de brazos y piernas, el suelo sucumbió al agrietarse y cayó en uno de esos agujeros.
Cuando Profirion dio el primer golpe, marco el inicio de nueva cuenta de la batalla, los guerreros titánicos se lanzaron despiadadamente sobre los pocos caballeros que quedaban de pie, incluso obligaron a Sirius y Agora enfrentarse a ellos, pues se dirigieron a ellos con la finalidad de terminar con la vida del caballero de tauro, a lo cual encontraron férrea oposición a ello.
Orfeo exploto su cosmos para librarse de ocho guerreros que impedían sus pasos, si Albiore y él no hacían algo para alejarse de todos ellos, jamás podrían ayudar a Aioria, quien claramente iba a ser atacado por los dos gigantes. Pero parecía una proeza inútil el tratar de realizar aquello, cada vez que lograba derrotar a unos cuantos, nuevos aparecían o inclusive aquellos que ya habían caído volvían a la vida.
-¡Plasma relámpago! –Una inmensa luz dorada se abrió paso entre las grietas, en forma de columnas de luz, que se colaron por debajo del pie del gigante, quien inmediatamente sintió el calor del cosmos de Aioria, por lo que dio una salto hacia atrás que hizo temblar la tierra, entonces múltiples rayos dorados brotaron a través del suelo, destruyendo los complejos de roca, al recibir estos miles de golpes a la velocidad de la luz, quedando reducidas solo a polvo. Entonces en medio de aquella red de luz, la silueta de Aioria reapareció.
-Pueden atacarme entre los dos. – Aioria estaba jadeando y parecía que había perdido el control de las hemorragias que había estado reteniendo con ayuda de su cosmos, sin embargo la mirada de determinación del león y el halo generado por su cosmos se mantenían palpables como una constante amenaza.
-Prepárate para ello. – Alcioneo golpeo sus palmas entre sí, generando una expulsión de ondas electromagnéticas que pulverizaron todo lo que tocaron, por lo que el león brinco para esquivarlas, pero en medio del aire, la mano de Porfirion, lo apreso y lo estrello contra el suelo, hundiéndolo bajo cientos de rocas.
-¡Aioria! – Albiore recibió varios puñetazos por su distracción y una lanza le desgarro la parte posterior de la pierna, haciéndolo caer con la rodilla derecha al suelo. – Tenemos que hacer algo o a esta velocidad, esos dos mataran a leo. – Soltó gran cantidad de su cadena, que giro en círculos en torno a él, obligando a los guerreros a replegarse y retroceder, pues cada vez que intentaban atacar eran atravesados fulminantemente por su cadena. ¡Orfeo! –
La situación de Orfeo, no era de las mejores en esos momentos, pues a pesar de plantear una excelente resistencia, su velocidad y fuerza en sus ataques comenzaban a disminuir y no solo los de él, si no los de todos sus compañeros también, aquella guerra jamás tendría fin, sus enemigos no morían jamás y solo se detendrían hasta que los caballeros murieran. Genero una explosión más de su cosmos, lo que destruyo algunos brazos y piernas de los guerreros en torno a él, entonces giro 180° y tomo por las ropas a uno que se acercaba por su espalda y clavo su dedo índice en el pecho de su oponente, justo en el punto exacto donde se encontraba su corazón a una gran velocidad, fue en ese momento que escucho a Albiore llamarlo.
-¡Orfeo acércate a mi cadena, hasta adentrarte en su defensa! - el peli azul lo hizo sin dudar a pesar de observar como los guerreros eran atravesados por esa cadena, sin piedad y de vez en cuando generando impresionantes descargas eléctricas. Brinco dentro de la barrera y observo a su compañero. – Lanza uno de tus ataques a los gigantes, tenemos que ayudar a Aioria ¿Lo olvidas?
-Ya lo sé. – Musito con cierta molestia. Orfeo incendio su cosmos celestes, que ya era natural que resplandeciera en sus orillas de un tono dorado, desde que entrenaba con Milo su velocidad y fuerza habían aumentado considerablemente y ello se podía ver en el aura de su cosmos. Cerró los ojos concentrando todo su cosmos en su puño derecho, entonces alargo sus dedos, los cuales expidieron una intensa luz zafiro de cada uno, los cuales se dispersaron en el aire hacia el gigante.
Porfirion soltó a Aioria entre los escombros y dio un brinco hacia atrás, el primero de aquellos rayos impacto en la tierra, entrando solo como un hilo de luz, pero pronto produjo una explosión devastadora que consumió todo lo que quedo dentro de su resplandor, transformándolo en cenizas. Por lo que el gigante se cuido aun más de los cuatro ataques restantes, los cuales logro hacer que se frenaran con otros objetivos, aunque a duras penas.
-Parece que también he subestimado a esos dos. – Porfirion apenas logro detener el último de los ataques de Orfeo, se teletransporto frente a la barrera de Albiore, la cadena se agito súbitamente ante la presencia de tan gigantesco cosmos y tomo su posición defensiva-ofensiva, atacando al gigante, pero rápidamente cayo congelada en el suelo, entonces tanto Orfeo como Albiore se alertaron, retrocedieron lo más rápido que pudieron pero fue inútil. Porfirion golpeo con el puño al maestro de la isla Andromeda, haciendo que se impactase contra las puertas del refugio, las cuales se agrietaron a causa del golpe.
Orfeo dio un salto hacia atrás, pero Porfirion fue tras él, igualando la velocidad con la que retrocedió, entonces golpeo con su pierna el suelo, rompiéndolo y elevando una gran roca, que conformaba parte del suelo, la cual tomo entre sus manos y la rompió, lanzándosela en fragmentos, el peli azul rodeo uno de sus puños con cosmos y comenzó a golpearlas con la finalidad de desbaratarlas o bien esquivarlas, pero de la nada, uno de los guerreros titánicos le apreso por la espalda, atrapando con fuerza sus brazos. Orfeo vio la enorme piedra dirigirse a él y supo que sería sin lugar a dudas golpeado.
Inesperadamente una gran masa de cosmos fragmento la piedra en cientos de pedazos y la disperso por todo el campo de batalla, dirigida como una lluvia de meteoritos sobre los guerreros titánicos.
Orfeo percibió como el guerrero que antiguamente le había apresado, aflojaba el agarre y le escucho toser varias veces tras él, hasta que cayó de rodillas y pronto un charco de sangre se formo a sus pies, como un rio de sangre que siguió las pequeñas grietas en el suelo.
-Cuanto tiempo sin vernos, Orfeo. – Sonrió despotamente, mientras se tronaba los nudillos de ambas manos.
-¡Tu...! –
…
Se detuvo junto a su acompañante frente a la humilde cabaña que parecía irónico que se mantuviera en pie, cuando todo a su alrededor estaba ardiendo o derrumbado en escombros. Miro hacia ambos lados para cerciorarse que se encontraba completamente solo aquel sitio y sonrió complacida.
-Tus amigos estaban en lo correcto al querer disuadirte. – Menciono la hermosa mujer de cabellos flameantes a su espalda, la cual se había vuelto a colocar la capucha para ocultar su identidad.
-Lo sé. – Le hizo una seña con la mano para indicarle que esperara en aquel sitio mientras ella se acercaba a la cabaña. – Pero para estos momentos estoy desesperada, además dije que te demostraría cuan equivocada estaba usted al confiar tan ciegamente en el Olimpo.
-No es confianza, ha sido el mismo quien me demostró su reputación. – La peli naranja escucho reír divertida a la pelirroja, pero los ojos azul marino de esta mostraron enfado.
-A veces me pregunto si yo me expresaría igual de los errores de mi padre. – La deidad se quedo perpleja, con los ojos abiertos sin parpadear, al escuchar las palabras sublimes de la joven guerrera. – Pero aún así, no le deseo a nadie que enfrente la misma soledad que significa la ausencia de esa figura paterna.
Scatha apretó con fuerza el puño ante la descarga de sentimientos encontrados en su pecho, que parecieron ahogar cualquier palabra que trato de salir de su garganta y freno todos los pensamientos que pudo haber imaginado, sintiendo ella misma el peso de sus palabras: Prefería estar con alguien desalmado antes de estar sola, era por ello que podía entenderlo a él.
-Siempre has sido temido y marginado. Pero yo puedo comprenderte, a ti y al resto de nosotros. –Se arrodillo frente a la cabaña y suspiro largamente, como si el aire que abandonaba sus pulmones arrastrara ese nerviosismo y miedo que oprimía su pecho. – Espero no equivocarme, porque yo voy a maldecir a todos.
Cerró los ojos para evitar ver la locura que estaba a punto de desatar y jugando su suerte al destino, deseando que el curso de aquella guerra le fuera favorable. Saco una daga que llevaba atada en la parte posterior de su cintura, abrió despacio sus parpados y miro el filo de su arma, mientras la presionaba con fuerza contra su muñeca izquierda y la sangre se esparcía por el borde plateado y comenzaba a gotear de su antebrazo. Un aura escarlata comenzó a cubrir todo su cuerpo al elevar su cosmos, entonces recargo su mano en el suelo, impregnándolo rápidamente de una mancha marrón, que pulverizo en cenizas las piedras y produjo un agujero, en el cual comenzó a verter su sangre como si fuera un recipiente donde sangre y cenizas, se entremezclaron.
En los ojos de Scatha destello el fogonazo de una llamarada que comenzó a rodear su cuerpo en un perfecto circulo. – Ares. – Invoco el alma de su dios, el cual se encontraba atrapado dentro de esa cabaña, en un pequeño cofre con los sellos de Afrodita y Athena. – De repente su cosmos se alzo de golpe incrementando la altura de las llamas que la rodeaban, sus ojos destellaron como los de un felino y entonces el ritual con el que solían invocar a Ares se concreto con mayor solidez, ella le llamaba con una mayor cantidad de cosmos y a una distocia más corta, a diferencia de su hermana que lo hizo en condiciones más precarias.
-A tu hermana y a ti les gusta jugar con fuego. – Sintió el cosmos quemante de Ares en su propia mente. - ¿Creí que librarte de mí, era lo que querías?
-No de ti, si no de tu control. – Scatha curvo sus labios en una diminuta sonrisa. – Pero no es lo que yo quiera en estos momentos. Si no que tú necesitas de mí y yo de ti.
-Que estúpida continúas siendo. Yo no requiero de nadie, mucho menos de ti. – El flujo de cosmos de Ares incremento, tratando de tomar el control dentro de su cuerpo, al tiempo que el alma del berserkers en su interior despertaba. - Todos morirán y cuando me plazca, convocare otro ejercito, yo no necesito tu alma, ni la de tus compañeros, solo fueron los contenedores necesarios para hospedar las almas de mi ejercito.
-Miéntete todo lo que quieras. – Scatha tembló ante las punzadas de dolor que el cosmos de Ares produjo en su cerebro. – Miéntete, hasta que te creas lo que se dice de ti.
-No estás tan herida como cuando tu hermana me invoco, sin embargo dices más estupideces que ella. –El cosmos negro del dios de la guerra comenzó a apagar su conciencia. – Sin embargo, me interesa él porque me has llamado.
-Devuelve a mí y a todo el ejército las almas de los berserkers, por favor. – Scatha humillo la cabeza frente a un dios que no estaba frente a ella y apretó con sus palmas la tierra bajo estas. - Athena y los dioses necesitan de tu ayuda o perderán esta guerra.
-Me decepcionas. – Ares exploto una descarga de cosmos en su interior, la cual le hizo doblarse de dolor. - ¿Por qué ayudaría a los que me dieron la espalda? – Scatha elevo parte de su cosmos para tratar de resistirse. - Pero si te ayudare a algo pequeña, voy a darte parte de mi cosmos para despertar al esclavo que hay dentro de ti, obligaras a la cuidadora de esa cabaña a liberarme, rompiendo el sello de este cofre y una vez fuera, terminare con esta guerra, al cortarle la cabeza a Athena. Has sido una estúpida al llamarme, no escaparas de mi control y serás tan leal como un perro sirve a su dueño.
-Ares… – Recargo su frente en el suelo, agobiada por el tratar de oponerse al dios.
-Aprenderás a la mala a no confiar en mí, nada nos une mocosa y nada me importa de tu vida. –
-Ares, por favor. – Rogo.
-Serás apresada en tu propio cuerpo, tu consciencia se perderá y tú desaparecerás. – Dictamino fatídicamente el dios, el temple de su cosmos aumentaba, la conciencia del berserkers comenzaba a tomar el control del cuerpo de la escocesa y esta se sumía en la nada.
…
El viento tempestuoso de la media noche, había limpiado el cielo de Grecia de los oscuros nubarrones que lo asechaban, ahora era aquella gran luna escarlata la que iluminaba el cielo y el hermoso campo de rosas rojas que se mecían de acuerdo a las corrientes de aire, arrastrando entre estos un ligero vapor rojizo que se elevaba como bruma y cubría el cuerpo del caballero dorado que se encontraba tendido sobre un charco de su propia sangre. Desde un punto surrealista aquella escena podría ser considera tan trágica, como llena de beldad.
Los ojos escarlatas de Rea, parecían arden en dos inmensas brazas aquella noche, su furia era incontenida, nunca antes una mortal había logrado golpearla y la osadía que había tenido aquella joven pelirroja no iba a ser perdonada. Utilizo su cosmos negro para crear una rama que se enrollo en torno al cuello aperlado de la pelirroja, la cual comenzó a toser por la falta de aire, mientras luchaba ferozmente para soltarse, asimismo comenzó a arrastrarla por todo el lugar, produciendo que su cuerpo se estrellase ferozmente contra todos los escombros.
-¡Marín! – El pelirrojo se tambaleo al levantarse, ni siquiera tenía fuerzas para lograrlo, sin embargo el ver a su hermana en esa situación, hizo que ignorara por completo todo su dolor y se irguió sin pensarlo. Apreso su muñeca derecha con su mano izquierda y genero una horda de rayos violetas, pero en esta ocasión no los lanzo contra la titanide, si no que paso a esta de largo y brinco sobre la raíz que apresaba a su hermana, atravesándola gusto por la mitad, los trozos de madera sobrevolaron frente a él y Marín fue lanzada frente al gran capullo creado por el cosmos de Afrodita. – No te vuelvas a atrever a tocarla. – Amenazo.
-¿Acaso no te has dado cuenta que ninguno de ustedes sobrevivirá? – Rea chasqueo sus dedos y cientos de gruesas raíces, forjadas con espinas brotaron del suelo. – No hay forma de vencerme, tu, ni tus compañeros tienen el poder para hacerlo.
Rea rodeo su mano derecha de un aura azabache, la cual apareció en fracciones de milisegundos en el pierna derecho del pelirrojo, la cual produjo un vacio impresionante, que le fracturo la pierna en un instante derribándolo en el suelo. Icaro cayó de cara, escarmentando una descarga eléctrica de dolor, su pierna estallo en un reguero de sangre y pudo ver como el hueso salía de su pierna.
-Tsss… - Giro boca arriba, respirando agitadamente, se apretó la pierna con ambas manos tratando de mermar un poco el dolor que recorría su extremidad.
-Que patético. –
-Eso crees tú. – Marín apareció a espaldas de la diosa, rodeo su puño con su cosmos y trato de golpearla justo en la cabeza, pero la titanide logro esquivarla haciéndose a un lado.
-Me están subestimando. – Rea lanzo varias de sus raíces a la pelirroja para que la atravesasen, pero esta logro esquivarlas girando velozmente hacia atrás.
-Parece que es mutuo. – Icaro se apoyo sobre uno de los escombros y logro ponerse de pie, mientras varios rayos violáceos salían de su brazo.
Odysseus reapareció sus resplandecientes alas doradas y se elevo en el cielo, alejándose a una prudente distancia de Equidna, la cual siseo molesta, al ver que su objetivo se alejaba de ella. El pelinegro le miro reservadamente, como tratando de medir sus capacidades.
Equidna siseo amenazante una vez más, se retorció nerviosa en el suelo y comenzó a enrollarse sobre sí misma, en forma de semicírculos, quedando la parte de su cuerpo central en medio, previendo de esta forma cualquier ataque que pudiera provenir del ángel y fue tan oportuno pues Odysseus no tardo en sacudir sus alas con fuerza, las cuales se transformaron en afilados dardos que golpearon las escamas de la serpiente sin lograr atravesarlas, mientras el cuerpo principal era protegido por la larga cola.
Equidna sonrió al ver inefectivo el ataque del ángel, entonces gruño, al tiempo que abría su boca, Odysseus observo una esfera de fuego que salió con propulsión hacia él en un chorro de lumbre ardiente, el ángel revoleteo con sus alas y comenzó a retroceder a gran velocidad. Cuando logro una distancia aproximadamente de unos 4 metros se detuvo súbitamente y coloco su palma frente a él, mientras un resplandor violáceo aparecía y formaba varios anillos de diversos tamaños en todo su brazo. Cuando la columna de fuego logro alcanzarlo, el haz violeta creó una inmensa barrera que le retuvo.
-Tus absurdos ataques no me intimidan. – Odysseus utilizo su cosmos para dispersar el fuego, el cual se revolvió intensamente, generando un círculo de fuego que comenzó a girar rápidamente. – Después de todo, solo te he estado probando tus capacidades.
-¿Qué? – Equidna no tuvo ni tiempo de arrastrarse, cuando la misma cantidad fuego que ella había lanzado retorno a ella, en un inmenso remolino, se introdujo dentro de su cuerpo principal, mientras las escamas de su cuerpo, le protegían, ya que eran resistentes aun al más intenso calor. – Si que eres idiota, el fuego jamás podrá dañarme. – Equidna abrió sus fauces y comenzó a succionar todo el fuego que su propia boca había liberado.
-No pretendía herirte. – Odysseus apareció entre las llamas. – Si no, solo distraerte. – El ángel materializo su cosmos violeta, el cual adopto en su brazo la forma de una gruesa y larga lanza que se clavo despiadadamente en el cráneo de Equidna, el cual produjo un chasquido al romperse y lanzo un chorro de sangre.
El pelinegro permaneció impasible pese a la cruenta escena que el mismo había provocado, miro de reojo a la titanide, que tan solo le lanzo una mirada amenazante y por primera vez, sabiendo que tenia la atención de ella sonrió con satisfacción, desapareció la lanza formada por su cosmos y el cuerpo de Equidna se fue hacia atrás cayendo sobre su propio cuerpo de forma estrafalante, mientras la sangre caía en forma de una cascada por lo grueso de su cola.
-No voy a tener piedad con los tuyos, Rea. – Amenazo Odysseus.
Thesseus sonrió al ver que tan solo por unos segundos su compañero pelinegro había mostrado sus emociones, el verle sonreír, solo mostraba que Odysseus realmente había disfrutado de asesinar a uno de los tantos sirvientes de Rea y él no pensaba privarse de la misma emoción que su compañero había experimentado, tenía que arreglárselas para derrotar al gigantesco león de Nemea.
-Vamos, estúpido león, ven a por mí. – El rubio acumulo su cosmos amarillo en sus dos palmas y se puso en frente de este en posición ofensiva, esperando la embestida del mismo.
Pero esta vez el león se mantuvo agazapado, clavando sus grandes ojos con precaución sobre él, aunque tan solo era una bestia, mantenía un instinto tan avispado como cualquier animal y sabia reconocer esa extraña sensación al enfrentarse a un enemigo que podía plantarle cara, incluso superarle.
-Si tanto miedo tienes, iré yo a por ti. – Thesseus corrió directamente hacia él león, el cual se agazapo dispuesto a contrarrestarlo y cuando estuvo a escasos metros de él, soltó un potente rugido, mientras lanzaba de garrasos y mordidas hacia el rubio, pero para su sorpresa ni sus dientes, ni sus garras lograron apresarlo. – Arriba de ti, animal. – Genero con su cosmos dorado, varias barras verticales de la misma coloración que utilizo como lanzas, que atravesaron la piel del león.
La bestia se giro para observarle, soltando un gruñido lastimero y trataba de esquivar las lanzas mientras corría en su dirección, entonces el rubio también corrió a su encuentro, pero el león gano y cerro sus fauces sobre él, sintiendo el cuerpo del ángel en el interior de su boca, las cerro con fuerza, pero el rubio exploto todo su cosmos creando múltiples halos dorados que desgarraron la boca, garganta y el cráneo del león.
Rea observo la escena pasmada, mientras la furia se acrecentaba en su pecho, no podía creer que aquellos dos hombres acababan de asesinar a sangre fría a Equidna y al león, sin una pisca de piedad, era algo completamente imperdonable y se los iba a ser pagar, cobraría sangre por sangre.
Se teletransporto cerca del rubio, quien recién salía de la boca del león, pero antes de poderlo atacar cientos de lanzas de luz dorada sobrevolaron en su dirección, esquivo la gran mayoría, pero una de ellas logro rozar uno de sus brazos, dejando un pequeño corte, por el que emanaron unas pequeñas gotitas de sangre. Vio de reojo al pelinegro y fue en su dirección pero una horda de rayos violetas destrozó el suelo y fueron hacia ella, alzo una de sus manos y cientos de raíces brotaban del suelo, enredándose entre sí y formaron una barrera que detuvo el ataque.
-Vamos a hacerte pagar por lo que hiciste a la diosa Artemisa. – Refuto enfurecido Icaro.
-Todo en este mundo es a base de venganza ¿No? – Rea alzo su rostro al cielo nocturno. – Es por ello que la guerra nunca terminara.
La hermosa titanide guardo silencio unos segundos, mientras su cosmos comenzaba a aumentar, no importaría cuantos le atacasen, ni el cosmos o las técnicas que poseyeran, ella no iba a caer frente a simples humanos o guerreros celestiales. Jamás defraudaría a Cronos, ni a sus hermanos, sus motivos de pelear eran los mismos que los impulsaban a ellos.
Tenía cuatro oponentes, los dos pelirrojos a sus espadas, el pelinegro frente a ella y el rubio a su izquierda. Los dos primeros ya estaban heridos y no tardaría mucho en deshacerse de los otros dos, un ataque definitivo era todo lo que necesitaba.
Volvió rápidamente la vista hacia atrás provocando que las raíces que habían surgido de la tierra golpearan a Icaro en el pecho, sus espinas se clavaron en su tórax y le arrojaron lejos de la zona de la pelea, justo al mismo tiempo las raíces apresaron a Marín del cuello, brazos y piernas y la elevaron en del suelo, mientras el resto de las raíces perforaron su abdomen, pecho, piernas y brazos, soltando una inmensa lluvia de sangre sobre el suelo.
Se deslizo rápidamente hacia el lado derecho, como si solo estuviera flotando en el aire, para esquivar la ráfaga de cosmos que Thesseus le lanzo, al tiempo que se volteaba para detener la mano de Odysseus por la muñeca, la cual se dirigía hacia su pecho.
El pelinegro utilizo su otra mano para tratar de golpearla, sin embargo resulto ser igual de inefectivo que su primer ataque pues una nueva raíz lo apreso por la muñeca y lo jalo hasta el suelo, fue entonces que Rea puso su mano con cuidado en el pecho del ángel y estallo todo su cosmos sobre él, no sin antes mostrarle una sonrisa de satisfacción.
Thesseus observo la inmensa cantidad de cosmos que broto de la reina de los titanes, sobre su compañero, la tierra incluso se resquebrajo por la presión, se formaron varias corrientes violentas de aire y Odysseus cayó pesadamente al suelo con un gran fuerza que lo arrastro cientos de metros, hasta introducirlo en la espesura del bosque donde choco contra gran cantidad de arboles los cuales se fueron derribando ante el impacto, una hilera de polvo se levanto en su recorrido y pronto el silencio volvió a prevalecer entre ellos.
Icaro rodeo su mano de una descarga eléctrica, la cual rompió la raíz que le sujetaba, entonces incremento su cosmos, formando unas hermosas y grandes alas blancas, aleteo un par de veces, elevándose y se precipito contra Rea. Varios rayos recorrieron la distancia que les separaba pero al igual que antes la titanide, les esquivo con facilidad, entonces Icaro se dejo caer en picada hacia el suelo y golpeo con su puño este, produciendo una detonación impresionante en el subsuelo que pulverizo todas las raíces.
Thesseus aprovecho el momento que Icaro le dio al destrozar la defensa de Rea, coloco sus dos palmas frente a él, las cuales resplandecieron y produjo un cañonazo de cosmos dorado, que impacto la espalda de la titanide lanzándola contra el suelo, Rea rodo varios metros por el piso.
Icaro miro fríamente a la peliblanca que trataba de recuperarse del impacto, si ella había creído que el romperle la pierna le impediría seguir peleando se había equivocado, al ser un ser celestial, el uso de sus alas, no tenían un límite. Giro su rostro hacia donde Thesseus se encontraba y le sorprendió verlo enfurecido y con los ojos enrojecidos, mientras en sus manos se formaba unas lanzas de luz.
-No importa cuánto se esfuercen. – Rea estaba de rodillas y con sus brazos recargados en el suelo, su platino cabello caía sobre sus hombros y grandes hilos de sangre resbalaban por su espalda e incluso salían por su pecho, alzo un poco el torso y ambos ángeles observaron un agujero en el centro del tórax, el cual les permitía ver atreves de ella.
-Eso ya lo veremos. – Thesseus extendió su mano hacia el frente y una docena de lanzas volaron el aire en dirección hacia la titanide, que rió quedamente.
-Ilusos. – Rea coloco su brazo frente a ella y todas las lanzas que iban en su dirección se detuvieron súbitamente en el aire, entonces como antiguamente había hecho con el ataque de Athena, manipulo el cosmos interno dentro de ellas tornando su color de dorado a negro y las regreso a Thesseus a una velocidad y fuerza muy mayor a la que él había utilizado. El ángel esquivo algunas de ellas, pero eventualmente fue atravesado por la mayoría.
-¡Thesseus! – Icaro iba a ir en su encuentro, pero se detuvo al ver que la titanide se ponía de pie y su cosmos azabache comenzaba a cerrar la herida en su pecho, mientras la sangre que en algún momento corrió por su cuerpo y armadura, comenzó a transformarse en cenizas que se dispersaron en el aire. - ¿Cómo es posible? –
Touma empuño sus manos ante la impotencia y tenso su mandíbula, mientras veía la destrucción y las heridas de sus compañeros en el campo de batalla. Lo que una vez fue parte del bosque del santuario se había convertido en un pútrido valle desértico, resquebrajado y con hoyos por doquier, la vegetación estaba quemada, desquebrajada o pulverizada, el margen del inicio del bosque había sido recorrido aproximadamente unos 200 metros y la única vegetación cercana al lugar eran el campo de rosas formado por el cosmos del santo de piscis, donde el mismo yacía en el suelo en su propia sangre. Aun así, el capullo de raíces gigante que había creado para proteger a los sanadores y los enfermos continuaba rodeando el sanatorio, aunque tenía varios golpes que habían debilitado alguna de sus raíces, pero que se negaban aún a dejarse morir.
Miro el largo tramo por el cual Odysseus había desaparecido y la inmensidad de la destrucción que había dejado a su paso y aunque no pudiera verlo, sabía que la situación de su amigo era grave, pues ninguno de ellos hasta el momento había sido golpeado por la fuerza del titán de forma tan directa. Marín por su parte, estaba en el suelo y aunque se mantenía aun consciente la pérdida de sangre y la gran cantidad de heridas le impedían levantarse del suelo. Y por ultimo Thesseus estaba herido por las lanzas, que no solo le habían provocado múltiples heridas y le hacían perder gran cantidad sangre, si no que un objetivo de sus armas era sellar el cosmos de quien las recibiese hasta que estas desaparecieran o fueran retiradas. En pocas palabras se encontraba solo contra aquella titanide, la cual parecía no tener ningún rasguño, ni estrago físico hasta el momento, pese a la cantidad de ataques que Afrodita, Marín, Odysseus, Thesseus y él habían usado contra ella.
-Soy un titán y no necesitas más explicaciones, tan solo me harías perder mi tiempo.– Rea respondió a su pregunta pasada, entonces extendió una de sus manos en dirección a Icaro y una masa solida comenzó a formarse…
-Es…pe…ra – Los ojos azules de Touma se abrieron al escuchar su voz y pronto se volvió hacia él. – Tu batalla… es contra… mi.
-Afrodita. – Ambos observaron al caballero de piscis sentarse tembloroso sobre el suelo, mientras la sangre continuaba emanando de sus heridas a borbollones, estaba tremendamente pálido y no podía observar sus ojos pues estos estaban escondidos bajo su flequillo. – No, tu estado físico es…
-No me importa. – Acoto orgulloso el santo, mientras se apoyaba con sus manos en sus rodillas para levantarse. – No voy a morirme hasta encargarme de ella. – Varios murmullos de sorpresa resonaron a sus espaldas dentro del sanatorio, ya que para los curanderos y las doncellas con todos sus conocimientos y experiencias en heridas por batallas, el ver que el doceavo guardián del zodiaco se levantase, era un milagro. – Aún tengo mi cosmos y la esperanza que la diosa Athena deposito en mí.
-A lo único que te llevaran es a tu muerte, caballero. – Rea sonrió algo orgullosa de la reacción del caballero, realmente no esperaba menos de uno de los doce grandes santos dorados del zodiaco. Por algo los dioses le temían.
-No me importa perder mi vida. – Afrodita agacho la cabeza y su cosmos dorado comenzó arroparlo en un una potente aura. – Ya que no me pertenece, debes saber Rea que no es la primera vez que me enfrento a la posibilidad de morir, por lo que para mí esa experiencia ya me resulta banal. Pero es eso mismo lo que me obliga a dejar una historia, escrita con mi propia sangre si es preciso, con tal de cumplir con mi objetivo como santo de Athena. ¡Rosa puñal!
El cosmos del santo disparo un grupo de rosas oscuras que variaban en color negro, azul, morado y violeta, que salieron expedidas como proyectiles a alta velocidad, Rea creo de nueva cuenta su muro de raíces, pero para su sorpresa fue perforado sin piedad, siendo atravesado de lado a lado, como si tan solo hubiera sido aire. Abrió como platos los ojos, sin ocultar el asombro que le causo el ataque del santo de piscis y se vio obligada a teletransportarse para evitar ser golpeada.
-Athena… - Afrodita estaba arrodillado, con los brazos caídos a los lados y la cabeza agachada, mientras su vista se ocultada por su fleco, se mantenía clava en el suelo, ajena a todo lo que estaba ocurriendo en torno a él. – Saori… hubiese deseado cambiar las flores de tu habitación y hablar una vez más… esa era la forma desesperada con la que solíamos sociabilizar entre nosotros ¿No?. – Afrodita recordó la primera vez que ella se introdujo en el templo de piscis en busca de unas rosas para decorar su habitación, fue la excusa más patética que había escuchado en toda su vida, pero supo que esa era la medida más desesperada para acercarse a él. Desde ese momento él siempre llevaba las rosas más hermosas que poseía en su jardín, todas las mañanas y curiosamente Athena siempre inventaba una excusa para encontrárselo en ese momento y hablarle de cosas sin importancia, que en un principio forzaron una conversación llena de silencios incómodos y respuestas sin sentido y algo torpe, pero para cuando menos lo esperaron, los dos podían pasar hablando de cosas tribales por horas y tiempo después uno se volvió el confidente del otro. – Supongo que me hubiera gustado, volver a repetir uno de esos días de nuevo… - Afrodita levanto el rostro al cielo mentalizando la hermosa sonrisa que Athena le dedicaba cada vez que él hablaba de Zahra o ella de Pegaso.
-¿Qué esperas? – Le menciono Rea con cautela.
El sueco le miro de reojo, apenas y había logrado escucharla, su cabeza estaba aturdida, incluso el mismo se sorprendía de estar consciente, las heridas y la pérdida de sangre lo mantenían en su límite, los mareos, la debilidad y el dolor recorría cada fibra de su ser, que incluso mantenerse de rodillas le exigía un esfuerzo increíble. Cerró con impotencia sus puños, mientras obligaba a su cuerpo a ponerse de pie, pero requirió de un esfuerzo más allá de lo que él creía, varias veces volvió a caerse de rodillas y cuando por fin, se puso en pie, se tambaleo de un lado a otro.
-Ella parece ser inmune al veneno de las rosas diabólicas, de nada me serviría utilizarlas, además tiene esas malditas raíces que disminuyen la velocidad y fuerza de mis ataques, debo deshacerme de ellas. – Afrodita encendió su cosmos, al tiempo que su constelación protectora aparecía en su espalda en compañía de decenas de rosas negras abrasivas, con las cuales ataco a la nueva barrera que interpuso la titanide entre ellos, un simple rose de las rosas pirañas sobre el muro de raíces, provoco que esta se deshiciera, así como todas aquellas que estaban conectadas por un tronco común bajo tierra.
-Caballero, no importa cuántas veces las destruyas, podre crearlas de nuevo. – Rea miro despectivamente al caballero de piscis, recordando como había iniciado aquella pelea, en ese momento él se había mostrado orgulloso, valiente y hermoso, el verlo era como una poesía, pero ahora solo veía alguien sucio, herido, maltrecho y sobre todo desesperado, no por vivir, si no por vencerla. -¿Dónde quedo tu bravura, caballero? Mírate nada más.
Rea broto del suelo, a los pies del caballero, una delgada pero resistente raíz que salió a escasos centímetros del cuerpo del caballero de piscis, al cual atravesó, pero para su sorpresa este estallo en un puñado de pétalos rojos. Afrodita podía estar severamente herida, pero le estaba mostrando a la deidad que iba en serio.
-No tengo tiempo que perder, Rea. – Afrodita apareció tras ella, estaba fatigado, respiraba jadeantemente, su piel estaba más pálida que lo habitual, su cabello estaba manchado de su propia sangre, incluso gotas se desprendían de sus puntas, la mayoría de su armadura tenia pequeños hilillos escarlata descendiendo o brotando de alguna laceración o perforación en su cuerpo. – Y lo último que quiero hacer, es perderlo hablando contigo.
-¡Afrodita espera! – Icaro advirtió las graves heridas del santo, de hecho no le sorprendería que desfalleciera en cualquier instante, habían sido unos tontos al pensar que él podría ayudarlos.
-¿Qué quieres? – Espeto molesto el sueco, mirándole de reojo con fiereza y un orgullo impresionante. – No necesito tu compasión, ni la de los demás, no he pedido tu ayuda, ni la pediré. – Respondió arrogantemente. – Tan solo estas interviniendo en mi combate, deberían largarse. – Ladro.
Marín abrió asombrada los ojos, ante la fría y calculadora mirada que el sueco le lanzo a su hermano, estaba completamente llena de rabia y furia, era como si en lugar de Piscis, estuviera Cáncer frente a ellos. Vio a Touma guardar silencio, mientras apretaba las manos con cierta impotencia, pero aunque el santo, no mencionase nada de aquella ira contenida, era imposible no saber, el secreto a voces que aislaba a piscis.
-Hasta las rosas tienen espinas. – Se mofo Rea, de la rudeza con la que el caballero respondió.
Afrodita ignoro completamente a la titanide, corrió a la velocidad de la luz hasta ella y le tiro un puñetazo que esquivo, entonces utilizo su otro brazo y codo para tratar de golpearla, pero ella se agacho y le lanzo una patada a los pies, por lo que brinco para evitar caerse, la titanide se apoyo en sus manos y ataco a su rostro con una patada, pero la freno al cruzar sus brazos sobre su rostro. Le hizo retroceder varios pasos, pero a penas y se detuvo se volvió a lanzar contra ella, dejando caer una lluvia de golpes, que la titanide esquivaba, detenía o contrarrestaba, en más de una ocasión llegaron a intercambiar puñetazos, que les hicieron retroceder torpemente a ambos.
Rea sonrió asombrada, no podía creer de dónde sacaba aquel santo aquella agilidad y destreza para enfrentarla de esa manera y aunque sabía que no iba a derrotarla así, ella no era alguien que amase pelear cuerpo a cuerpo, por lo que espero oportunamente que Afrodita volviera acercarse a ella para preparar cientos de espinas bajo tierra con las cual atravesaría al santo. Afrodita corrió de nueva cuenta hacia ella, con la mano empuñada y la titanide sonrió complacida, iba a empalizar a ese santo con sus raíces.
Afrodita empuño su mano, miro a la titanide alzar levemente su índice, tal y como siempre hacia cuando hacia brotar sus ataques, pero fue ese momento, que él le devolvió la sonrisa y no solo eso, si no también, un puñetazo que le asesto de lleno en la mandíbula y la mando a sentar hasta el suelo.
-No soy alguien que le guste el ataque a corta distancia. – Afrodita limpio un hilillo de sangre que broto de sus labios con su antebrazo y lanzo una mirada apática a la titanide. – Si lo hice, fue para hacerte entrar dentro de mi campo de rosas rojas.
-¿Y eso qué? – Rea se incorporo molesta y se limpio la mejilla. – No soy una simple humana, tu veneno no resulta dañino para mí.
-Lo sé. – Afrodita miro el roció rojo de sus rosas, que se extendían como una densa bruma por todo el campo, recubriendo bellamente los pétalos escarlatas. – A ti no, pero en este lugar tus estúpidas raíces son incapaces de crecer. ¿Acaso creíste que estuve tirado aquí sin hacer nada? – Rea bajo su vista y observo que la sangre del caballero había sido absorbida por la tierra. – Creo que ahora lo entiendes, mi sangre contiene un veneno letal que hace incapaz que cualquier ser vivo pueda entrar en contacto con ella o de lo contrario moriría, las únicas que pueden resistirlo son estas hermosas rosas que he creado con mi cosmos.
-Vaya, veo que has planeado muy bien tu batalla contra mí. – Rea aplasto una de las rosas con su pie y miro retadoramente al caballero. –Pero ni siquiera el veneno en tu sangre podrá dañarme.
-¡Rosa sangrienta! – Afrodita creó una bella rosa blanca, que deslizo curiosamente entre sus dedos y la lanzo haciendo un movimiento sutil, dirigiéndose en línea recta hacia el pecho de la peliblanca, mientras desprendía varios halos blanquecinos, en dirección a la titanide. No podía fallar, la distancia entre la titanide y él era escasamente de tres metros, no había forma en que ella pudiera detenerla o esquivarla, ya que a esa distancia, ni el más fuerte podría evadirla. La rosa iría directamente hacia el corazón de su oponente.
Rea se sobresalto al ver esa rosa, no era como las demás y supo que la blancura de sus pétalos representaría una amenaza mayor, así que retrocedió un paso, antes que esta, estuviera a punto de darle, entonces se alarmo por primera vez en aquella pelea y decidió incinerar su propio cosmos, con tal de quemar la rosa, los pétalos rápidamente ardieron desprendiéndose del tallo y transformándose en el aire en brasas que se volvieron cenizas en un instante.
-Tu truquito ha fallado… -
-¡Espinas carmesí! – El cosmos de Afrodita se elevo de golpe, forjando un cosmos de coloración escarlata a su alrededor, la sangre que bañaba su cuerpo, armadura y la tierra resplandecieron, suspendiéndose en el aire, creando una densa neblina roja, que crearon una multitud de finas agujas que llovieron como proyectiles a la velocidad de la luz sobre Rea.
La titanide no tuvo forma de evitar el ataque de Afrodita y es que jamás creyó que tras esa rosa blanca, el caballero volvería a atacarla y en esta ocasión con su sangre venenosa y mortal, la cual infundio con su cosmos y la convirtió en espinas. Su cuerpo se contorneo en diversas formas ante la lluvia de agujas sobre ella, trato de forjar un escudo con su propio cosmos sobre ella y su kamui, sin embargo estas penetraron hasta lograrla perforar sus escudos y volver a derribarla sobre el suelo.
-¡Afrodita! – Grito angustiada Marín, al ver al santo desplomarse también.
-¡No te acerques! – Ordeno apático, golpeo con su puño el suelo ante la impotencia y se obligo a levantarse, la sangre salía por ambas comisuras de sus labios y sus brazos temblaban ante el esfuerzo que les exigía. Cerró uno de sus ojos a causa del dolor y trato en vano de levantarse, pues sus piernas no le respondieron.
Rea se incorporo de golpe, pero un inmenso mareo le sobrevivo, que la tumbo de rodillas en el suelo, teniendo que utilizar sus brazos para evitar golpearse el rostro, su cuerpo comenzó a entumecerse y empezó a temblar, mientras una gélida sensación la embriagaba y su vista comenzaba a nublarse, entonces alzo su rostro hacia el caballero alarmada. ¿Acaso la sangre de ese humano, era capaz de envenenar su propio cuerpo?
-¿Qué demonios? – Se pregunto angustiada al tiempo que elevaba su cosmos para curar un poco aquellos síntomas.
-Las espinas carmesí. – Tosió un puñado de sangre y se levanto torpemente. – Es mi propia sangre envenenada, tal vez no hubiera tenido efecto en ti, al inicio de esta batalla, pero hiciste que mi sangre se mezclara con el veneno de quimera, un ser mitológico igual que tu y aunque me costó bastante recuperarme de ese veneno, ha sido tan efectivo que… - Afrodita no tuvo oportunidad de terminar cuando la mano y el antebrazo de Rea le atravesaron el pecho como si un rayo acabase de golpearlo. – Los dos vamos… a morir… envenenados…
-El único que va a morir aquí eres tú. – Afrodita tosió sangre de nueva cuenta y tomo con fuerza el codo de Rea haciéndolo permanecer dentro de su cuerpo.
-¡Espinas carmesí! – Rugió, estallando su cosmos, varios pétalos rojos se alzaron en una ráfaga de viento que rodeo con furia a ambos, mientras cientos de espinas formadas de la sangre del caballero se incrustaban en el pecho de Rea, que trato de zafarse.
-Creí que entenderías que tu sangre no puede matarme. - Rea produjo una descarga eléctrica dentro del pecho de Afrodita el cual le paralizo y detuvo el flujo de espinas del santo a ella, entonces saco su mano y le planto un puñetazo en el abdomen al santo, el cual retrocedió unos cuantos pasos, sofocado. – Este es tu fin. – La titanide comenzó a correr hacia el santo, con su mano recubierta de una masa oscura que rasgaba el aire y producía un estruendo ensordecedor, pero a medio camino un súbito mareo y ardor le recorrió todo el cuerpo obligándose a detenerse, dio tres pasos dudosos y entonces de la comisura de su labio comenzó a manar sangre, mientras un sabor metálico inundaba sus papilas gustativas. – Pero… ¿Qué?
-Ya lo has dicho. – Afrodita cayó de rodillas en medio del jardín de rosas rojas, tenía su mano derecha apoyada sobre el agujero ennegrecido de su pecho, tratando de detener mínimamente la hemorragia, pues a pesar de la presión que ejercía, varios hilillos rojos resbalaban por sus dedos. – Este es el fin. – Tosió de nueva cuenta una gran cantidad de sangre al tiempo que Rea comenzaba a sentir entumecido todo su cuerpo.
-¿Qué? – Pregunto temerosa la peliblanca, al tiempo que un inmenso dolor detonaba brutalmente en su interior, produciendo que cayera temblorosa al suelo, mientras su cosmos comenzaba a pulverizarse, apretó los ojos con fuerza y reprimió un grito de agonía, mientras se agachaba tratando de soportar ese dolor lacerante, que desgarraba cada fibra de su interior y su consciencia comenzaba a nublarse. - ¿Cómo? Tus espinas… no…pueden - La preciosa titanide recargo su frente en el suelo, mientras se esforzaba por acumular su cosmos que se dispersaba rápidamente.
-No han sido mis espinas carmesí. – Afrodita estaba sufriendo igual que la titanide, el veneno de Quimera en su interior y las heridas de aquella batalla le estaban pasando una cuantiosa factura, aún así a pesar de las ganas de dejarse caer al suelo, sonrió débilmente y alzo su rostro para complacerse con el dolor infringido a la soberbia titanide. – Solo te pague con la misma moneda con la que le pagaste a Artemisa. Tan solo mira tú hombro izquierdo.
Rea miro angustiada donde el santo le indico y abrió grandemente sus ojos al ver, dos enormes colmillos incrustados en su hombro, aquellos que ella misma había fabricado para sellar a Artemisa y Athena, logrando únicamente sellar a la primera de ellas y en el caso de la segunda a Hestia. Miles de preguntas se forjaron en su cabeza, mientras su cosmos comenzaba a desaparecer y su consciencia comenzaba a sumirse en un profundo vacio.
-¿Cómo había conseguido los colmillos de sus serpientes? Y ¿De qué forma se las había ingeniado para utilizarlas? ¿En qué momento? – Rea se agazapo aun mas por el dolor, mientras su mente comenzaba a comprenderlo todo. – Él decidió recibir mi ataque de lleno, solo para acortar la distancia entre nosotros, así que cuando utilizo sus espinas carmesí, le fue fácil mezclar ambos colmillos, los cuales lanzo hacia mí, aprovechando que mi atención estaba en esquivar su propia sangre.
La titanide sonrió con cierta modestia y reconoció en silencio, la fuerza e inteligencia del doceavo guardián, aunque su orgullo le impidió expresárselo al menos. Tosió un par de veces mientras su cuerpo comenzaba a desbaratarse convirtiéndose en pequeñas cenizas negras que se quemaban en el aire hasta desaparecer.
-Parece que fue un insípido final, para ambos. – Rea cerró sus ojos, mientras proyectaba una estela de cosmos negro, similar a un meteorito, hacia el lugar del santuario donde se encontraba Cronos, con la única finalidad de ayudarle. – Mi amado esposo y señor, parece que mi cosmos no te ayudara de forma significativa, lamento tanto… el dejarte…solo…
-Rea… - Sintió el cosmos de Cronos con tanta calidez y afecto hacia ella, justo segundos antes de que su conciencia y cuerpo se dispersaran por completo, para ser selladas de nueva cuenta en el tártaro, bajo el sello de Athena.
Afrodita observo en silencio como Rea se convertía en cientos de brazas carbonizadas que se consumieron en el aire, entonces dirigió lentamente su vista hacia el sanatorio, el cual continuaba envuelto dentro del capullo y no pudo evitar que sus labios formaran una media sonrisa. Parpadeo un par de veces para enfocar aun mas su vista, como si pudiera ver en el interior, todas aquellas personas que se habían salvado de una muerte trágica. Cerro lentamente los ojos mientras un súbito mareo le sobrecogía y cuando volvió abrirlos se detuvo a ver el campo de rosas rojas que le rodeaban, tan hermosas, sus pétalos aterciopelados y las finas espinas que crecían en sus tallos, advirtiendo poéticamente a todos aquellos que las observaran, que algo tan bello podía ocultar la letalidad de su proceder.
-Ellas…siempre me rodearan…son las únicas que pueden aguantar el veneno en mi interior. – Afrodita comenzó a descender su cosmos, al tiempo que comenzaba a sumirse en un profundo sopor.
-¡Afrodita! – Marín se incorporo como pudo y dio un paso dentro del campo de rosas, confiada en que la máscara que portaba la protegería parcialmente del veneno de estas, pero aun no consideraba el letal tóxico que representaba la sangre del caballero.
-¡Detente! – Afrodita alzo el rostro y le miro lleno de determinación. - ¡Retrocede Marín, es una orden! – Rugió furioso.
-¡No! – La amazona dio dos pasos manos decidida a ayudarlo, pero su vista se nublo parcialmente de forma súbita y sintió como la sangre salía de su nariz.
-Morirás si continuas avanzando. – Susurro el caballero, Afrodita recargo sus codos en el suelo y miro la sangre que goteaba de su rostro en un charco de la misma tonalidad. – Aún así tengo algo que pedirte… - Sintió que iba a desmayarse, pero uso parte de su cosmos para evitar perder el conocimiento. –Aún no. – Se exigió. – Marín…no puedo continuar manteniendo esa defensa…así que la hare descender, tienes que sacar a la gente de aquí… si alguno entra en contacto con mis rosas o mi sangre, morirá… - Afrodita no pudo ni siquiera alzar su rostro para ver a la pelirroja, pero confió en que ella entendería y esperaba que ellos también.
Descendió su cosmos de golpe, tratando de evocarlo en sus heridas más graves, pero aún así el veneno de la Quimera continuaría haciendo estragos en su sistema, por lo que moriría de forma inminente. El siempre había utilizado el veneno más letal para acortar el tiempo de sufrimiento de su víctima, llevarlos a un sopor que los llevaría a las puertas de la muerte, en un sueño eterno y sin dolor… pero el veneno de Quimera era diferente…
Realmente le estaba haciendo pasar por un suplicio. Sus codos fueron incapaces de sostenerle y cayo boca abajo sobre aquel jardín carmín, el dolor recorría todo su cuerpo como brazas ardientes que le quemaran desde el interior, mientras la debilidad y somnolencia se acrecentaban más a medida que avanzaba el tiempo.
-¡Señor Afrodita! ¡Oh por Athena! ¡Tenemos que ayudarlo! ¡No es justo! ¡Hay que hacer algo! ¡El nos salvo! – A pesar de ser gritos entre mezclados de diversas personas, el pudo escucharlos como susurros lejanos, así que supuso que las doncellas y sanadores habían salido del sanatorio, su vista estaba tan borrosa que le fue imposible verles y levantarse para él ya no era una opción, ya que su cuerpo temblaba constantemente, mientras un frio extremo lo estaba envolviendo. -¡Señor Afrodita resista! ¡Va a estar bien! - Afrodita entrecerró el puño marcando el trayecto de sus dedos en el lodo sanguinolento, cerró los ojos mientras una sensación de intranquilidad lo embargaba, su respiración se volvió superficial y rápida a medida que se acrecentaba el dolor.
-¡Afrodita! – Fue un grito tan cargado de agonía y sufrimiento, apagado por la falta de aire, pero que resonó con eco a su alrededor y principalmente en su interior, lo que le produjo un vuelco, ya que uno de los últimos sentidos que se apagan al final de la vida es el oído. – ¡No, no, Afrodita! – Atravesó la multitud de personas que obstruían su paso, mientras su vista se consternaba cada vez más a medida que podía ver más nítidamente aquel panorama desolador. -¡Afrodita! – Marín logro retenerla de la muñeca mientras negaba con pesar.
Sus preciosos ojos azul celeste se abrieron asombrados con dolor, mientras las lágrimas se agolpaban en sus parpados sin derramarse y la garganta comenzaba a arderle. No podía creer que aquel paisaje demostrara algo tan bello y trágico al mismo tiempo. Sus lindas rosas rojas rodeadas por aquella niebla escarlata, las hacía ver sin duda como un lugar mágico, tan digno que los dioses hubieran podido creer que estaban en Elíseos, pero en medio de aquel magnifico jardín se encontraba el solitario santo de piscis, rodeado por sus amadas rosas y su propia sangre, la palidez en su rostro y piel que sobresalía de su armadura era asombrosa, parecía estar frente a un fino marfil, pudo ver como su cuerpo convulsionaba ante las descargas de dolor y aquello le rompió el corazón. Que no lo pensó dos veces para zafarse del agarre de Marín e introducirse sin pensarlo en el jardín.
-¡Afrodita! –
-¡Detente! – El santo de Piscis, abrió los ojos maldiciendo su debilidad y la patética imagen que estaba dando. - ¡No avances más! – Trato de incorporarse pero ningún musculo de su cuerpo le respondió.
-¡Athena! – Marín trato de alcanzarla, pero la joven pelilila continúo avanzando.
Afrodita concentro su cosmos y disperso todas aquellas rosas rojas que mantenían alejados de él, al resto, para evitar que se envenenara, entonces arrugo el ceño y miro molesto a la joven que era el contenedor de Athena, acercarse corriendo hacia él, sin embargo su figura continuo siendo borrosa y comenzó a clarificarse a medida que se acercaba más a él.
-¡Saori! – Rugió desesperado, ya que parecía que nadie entendía el peligro de su sangre envenenada. - ¡Detente! – Junto todo el orgullo y fuerza que le quedaban y planto sus manos firmes en el piso. - ¿Qué acaso… no lo entiendes? Mi sangre es letal… y tu ya eres tan solo una humana… ¡Aléjate de mi!
-¡No! – La pelilila se lanzo al caballero de piscis y le envolvió en un abrazo. – No te preocupes por mí, todo estará bien y tu tambien vas a estar bien. – La voz de la griega se quebró y las lágrimas comenzaron a desbordar en un torrente por todo su rostro.
-Sa…o…ri… - Afrodita vio el vestido de la deidad y sus manos teñirse de su sangre. – Vete…
-No lo hare… - El sueco abrió los ojos sorprendido de su determinación y la resistencia que parecía tener la joven. – No voy a dejarte solo… tu lo has dicho soy el contenedor de Athena y parte de su cosmos aun me pertenece, no voy a abandonarte… no vas a estar solo.
-Lamento no poder continuar…dejándote rosas… - Afrodita susurro quedamente, mientras sus brazos fallaban y se desplomaba sobre ella, quien lo sostuvo. – Ni escuchando… tus quejas… - El sueco medio sonrió, mientras comenzaba a sumirse en un sopor reconfortante. Saori pego su rostro al cuerpo de su caballero y sollozo lastimeramente, sin esconder sus aperladas lagrimas.
-Afrodita…tienes que resistir. Por favor. – Suplico.
-… Siento… por… las dificultades… que... – Afrodita enrollo un mechón de cabello de la deidad detrás de su oído y abrió los ojos una vez más para ver el hermoso rostro de la niña que debió amar y proteger como su diosa, lamentaba cada uno de los errores hacia ella, pero siempre iba a estar agradecido por las oportunidades que le brindo a pesar de haberle fallado y además de estar con él en ese momento a pesar de hacerla pasar por una de las experiencias más dolorosas y traumática en la vida, porque sabía que su muerte estaba haciendo sufrir a su amiga, pero también era un rico momento de expresiones de amor y gratitud. – Gracias… Saori…por ser…una rosa más…y…acercarte… - Afrodita trato de sonreír, pero la leve inclinación de sus labios fue sustituida por una mueca de dolor, que fue seguida por una profunda oscuridad.
-¿Afrodita? ¡Afrodita! – Cerró sus ojos con fuerza, mientras sus lágrimas salían expulsadas como cristales y pegaba más su cuerpo al de él. - ¡Afrodita!
…
Continuara…
Comentarios:
Niki1213: La que siempre estará agradecida soy yo. El final sera bueno, este capítulo es apenas un picor de lo que se avecina. Espero que te gustara la parte de Milo con Shaina. Espere mucho para ver Naruto, pero creo que es uno de los mejores animes y mangas que he visto y me arrepiento de no verlo desde que era una niña, pero poco a poco saldrán los fics de Naruto.
Jazsmith: Hola! Muy bien y tú? Espero que este capítulo no te decepcionara o perdiera su toque. Y perdóname por lo que he hecho, se que dijiste que no, pero ups… es algo que no se puede evitar. Espero darte un poco de acción por parte de los amigos de Seiya en esta ocasión, lamentablemente están tan desarrollados esos personajes que a veces me cuesta trabajo sacarles provecho, pero no los dejare de lado.
Acuarios alexa: Me alegra que siempre me esperes tan pacientemente. En este capítulo hay un poco más de Milo x Shaina, espero que la dosificación me quedara perfecta.
Hell Laufey: Hola! Tendrás que esperar un poco más para ver quién es la misteriosa mujer que acompaña a Scatha. Los ángeles y piscis sin duda hicieron bien su trabajo después de todo, el objetivo final fue pagarle a Rea con la misma moneda con la que ella le pago Artemisa.
Aldebarán debía enfrentar esa batalla como lo que es un poderoso santo de oro, indestructible, con una convicción inquebrantable. Pero ahí me tienes leyendo con la canción que me recomendaste y mira que quedo perfecto. Me alegra que el momento en que detuvo el ataque te emocionara tanto, espero no haberte defraudado en este capítulo. Sin duda me encanta como entremezclas la historia y el sufrimiento de los personajes Aldebarán-DM y en general el resto, sus vidas están destinadas para destellar unos segundos y luego apagarse, pueden alcanzar la gloria, pero no quedarse en ella.
Ya sé que en este capítulo no agregue nada de las marinas de Poseidón, lo siento pero tenía que evocarme al fin de la titanide. Y sé que esperar a Kanon, es una forma de decirle, he vamos te aceptamos y ahora necesitamos de ti, como en los viejos tiempos, pero lamentablemente no llego. Isaac y su compi llegaran en el próximo capítulo, porque vaya que las cosas se pondrán serias con Tifón. ¿Qué te puedo decir de mi Camus y Aldana? Es una pareja difícil por un lado, el francés limita sus sentimientos y Aldana tiene la convicción de que no merece ser feliz por su pasado, pero ambos se arriesgan por el otro. Cabe mencionar que en los tipos de besos, el beso en la frente Es uno de los que más transmite sentimientos, representa ese gesto con el que intenta hacerte saber que desea protegerte y no quiere lastimarte nunca, que se preocupa por tu bienestar y seguramente es una compañía leal que nunca te fallará. Pero digamos que la tragedia abunda esta historia y todo puede ocurrir.
Por último, Milo hay es de mis personajes favoritos, con el puedo hacer de todo, es tan camaleónico, así que lo deje ser cursi. Todos están haciendo sacrificios sobre humanos. Espero que tu no hagas lo mismo y duermas tus ocho horas diarias. Te agradezco infinitamente tus comentarios y espero que este capítulo no sea tan aburrido.
Andy: No te preocupes entiendo que el capitulo es largo y ya es un esfuerzo leerlo, pero sus comentarios siempre serán bien recibidos y por ello te lo agradezco. Pues el capitulo pasado fueron 32 páginas más o menos de Word, así que no siento que sea tan corto. Pero espero que este tenga la dosis de imaginación necesaria.
Jazsmith: Perdóname todas mis crueles intensiones por hacerlos sufrir y hacerlos esperar por un nuevo capítulo. En esta guerra se deben de jugar el todo por el todo. jajaja lamentablemente tendrás que esperar otro capítulo para descubrir quién es esa diosa.
Mariana Ma: Me alegra que recuerdes los detalles de cada capítulo y agradezco siempre tu paciencia infinita por mi lentitud para escribir. Temo decirte que Aldana y Camus aun tendrán varios momentos agónicos por delante. Pues los angelitos se han llevado muy bien al parecer con Afrodita y Mascara jajaja están del lado de los chicos rudos. Y qué decirte de Scatha esa mujer le gusta jugar con fuego. Si Saga y Aioros son tan perfectos juntos que hubiera deseado verlos pelear aunque sea una vez en el anime.
Artemiss90: Ellos dos son mi dúo de oro, pero aun ambos tienen mucho que dar en el próximo capítulo o el siguiente va a suceder algo que tengo planeado desde el inicio de la historia muajajaja. Espero que Afrodita no te causara tanto dolor como Aldebarán. Y Camus que puedo decirte de él, que no sepas ya, porque se que eres consciente del reto que significa Tifón.
Atte: ddmanzanita.
