Lamento el haber tardado tanto tiempo en actualizar, el capitulo está listo desde hace algunas semanas sin embargo, me han pasado unas cuantas cosas que me han impedido subirlo, pero ahora les presento, mi capitulo van a perder la esperanza. Espero lo disfruten y comenten.

Capitulo 53. El ataque definitivo.

No podía dar crédito a lo que se había orillado tan solo por su libertad, seguir a un dios inexperto y a una sacerdotisa al palacio titánico había pasado de una tontería a una completa estupidez. No solo les superaban en número y fuerza, si no que sus enemigos siempre habían estado un paso delante de ellos, lo que había terminado en la traición de Ikelos y el sello sobre el dios Anteios y la diosa Afrodita.

Pero, el haber seguido a la subcomandante en otra misión suicida al santuario, era la acción más sin sentido de su vida, aunque siempre que la escuchaba hablar de esa forma tan dominante y provocativa, terminaba cautivado por los mismos sentimientos de ella, que ahora no comprendía si era valentía o confiada.

Aunque la conclusión que tenia de ambas hermanas, prácticamente era la misma. Ellas eran increíblemente bellas e inteligentes. Habían crecido en un ambiente hostil junto con todos ellos, buscando de una forma u otra apegarlo a lo más parecido a una vida normal y ahora ellas se aferraban desesperadas a mantenerlo para todos. Usaban la fuerza y las habilidades que habían obtenido de su convivencia diaria con las almas de los berserkers, para derrotar a los titanes. Lo que no sabía era en qué momento ambas habitan tenido la determinación de volver a vender sus almas a Ares con tal de cumplir su objetivo de ayudar a Athena.

Suspiro con cansancio y volvió su vista hacia la colosal batalla que estaba desarrollando los santos de Sagitario y Géminis contra Cronos, los poderes de estos eran magnánimos, alcanzaban los límites del poder de los dioses, sus cosmos resplandecían en llamaradas, sus puños y piernas destrozaban todo a su paso, mientras sus técnicas reproducían la creación y la destrucción del universo. A esas alturas no le sorprendía que Géminis hubiese podido vencer a Ares. Pero el que ambos fuesen derrotados por aquella rara niebla que el titán había liberado, dejaba en claro el porqué los Titanes habían prevalecido tanto tiempo como los seres más fuertes del universo, aun muy superiores a los dioses.

-¿Qué tienes en mente, Scatha? – El ex berserkers miro hacia el lado este del santuario, donde sabia que la pelirroja se había dirigido. – Usar el poder de Ares, es un arma de doble filo y debes recordar que estás jugando con fuego.

Su concentración volvió a situarse en la batalla cuando sintió el cosmos de Athena y el patriarca alzarse para defender a ambos dorados. Y fue ahí donde comprendió la diferencia entre los ejércitos de Athena, Ares.

-Athena, va a perder esta guerra. – Se sobresalto al escuchar su voz a sus espaldas, ni siquiera había percibido cuando sus cosmos se conectaron para que ella se teletransportara hasta donde él se encontraba.

-Pero íbamos a ayudarla ¿No…? – Su desconcierto fue total. El volver a ver a la escocesa le causo terror y despertó un pánico en su interior, que le gritaba que se alejase de esa zona. Todo en ella había cambiado, tenía algunas heridas nuevas como si espinas se hubieran incrustado en sus extremidades y cuello, pero lo que lo asusto fue su mirada, los ojos normalmente zafiros, estaban ceñidos en odio. - ¿Scatha?

La miro sonreír con cierta diversión y cuando dio el primer paso hacia él, le fue imposible no retroceder, incluso el aura de su cosmos parecía turbado, pero se palpaba en el aire la amenaza que ella representaba, por ello, llevo instintivamente la mirada a su muñeca. Sus ojos se clavaron con miedo y un escalofrió le recorrió hasta la punta de los dedos, estaba seguro que Scatha se había liberado de de la marca de Ares, desde que habían atacado el santuario, sin embargo esta estaba de nueva cuenta tatuada en su piel.

-¿Acaso me temes, Dante? – Scatha volvió a dar unos cuantos pasos hacia él. – Pensé que estabas preparado.

-¿Scatha? No… no eres ella. – Soltó en un suspiro que pareció arrancarle el alma. De depende pareció que las detonaciones de cosmos se volvieron lejanas y solo percibió el sonido del viento, quien sacudió la larga melena pelirroja de su compañera.

-¿Hay alguna diferencia? Después de todo tenemos el mismo cuerpo. – La pelirroja dio un ágil salto que le situó a escasos centímetros de él, que le permitió sentir su gélida respiración. – Y también servimos a Ares.

-No puede ser... – ¡¿Qué diablos hiciste Scatha?! ¡¿Por qué traerlo de vuelta?! –

-¿Sabes que también tenemos en común? – La berserkers le enseño su mano la cual estaba bañada en sangre, de la que manaba de una herida en la palma de su mano. – Que tenemos el mismo plan, solo que con diferente propósito. Ares necesita que su ejército vuelva a derramar sangre.

-¡No! – Tomo su espada sin pensarlo y lanzo una estocada al cuello de la pelirroja, pero rápidamente esta encontró oposición con su espada, observo como su sonrisa se amplió al tiempo que él se desesperaba. - ¡No voy a volver a ser manipulado por ti! ¡No me obligaras a realizar actos atroces, no asesinare!

-Jamás ha pedido su aprobación para ello. – A pesar del choque de sus espadas, Scatha se acerco al filo y ladeo mordazmente sus labios - Entiende, nosotros pertenecemos a la oscuridad. – La pelirroja tomo con su mano el filo de su espada y la hizo a un lado, sin importarle como su carne se abrió al hacer presión. – Esta es una nueva era para los berserkers.

Observo aterrado como varias gotas de sangre, formaban un pequeño hilillo que resbalo por la pálida piel del antebrazo de la pelirroja hasta su codo, donde fue formando una gota más grande que se desprendió, como si una gota de roció que cayera a la tierra, la cual humedeció, al tiempo que un circulo con palabras en griego se plasmaba en el suelo y el cosmos negro brotaba en una llamarada envolviéndolo a ambos y lanzando una columna al cielo que se esparció en una onda expansiva.

Su grito de dolor resquebrajo el silencio que los rodeaba, cayó pesadamente arrodillado frente a la pelirroja y se llevo desesperado las manos a la cabeza, mientras su consciencia comenzaba a perderse y un inmenso odio se acrecentaba en su interior, nublando por completo su juicio y despertando al berserkers en su interior, quien estaba lleno de sed de venganza, pero no solo él, sino también el ejercito del dios de la guerra.

Tifón observo con cierta mofa a los dos recién llegados, tal vez resultaran en un alivio momentáneo para el caballero de acuario, pero él ya había tomado la decisión de llegar hasta donde se encontraba Cronos cuanto antes, así que no importaba el numero de guerreros que llegaran él se encargaría de terminar con todos, cuanto antes.

Decidió replegarse de nueva cuenta hacia el mar, brinco hacia atrás y sus pies se hundieron pesadamente en el agua, cubriéndolo hasta la cintura y elevando una gigantesca ola que sirvió para detener los ataques de los caballeros de los hielos, los cuales congelaron el muro de agua en toda su extensión.

-¡Maestro! – Hyoga llego hasta su lado. - ¿Se encuentra bien? – Apenas y fue perceptible la forma en la que asintió, pero sintió como los ojos azules del ruso se clavaban sobre las quemaduras de su brazo derecho.

-Esto no es nada. – Hyoga escucho atentamente y supo a que se refería a que sus heridas no eran nada comparadas con los otros, entonces giro su rostro en busca de su compañero peliverde y sintió un inmenso vacío al verle arrodillado a los pies de la emperatriz de los mares, quien estaba en el suelo recargando entre sus piernas la cabeza de Sorrento.

Recorrió lentamente con la mirada los cuerpos de los otros guerreros marinos, los cuales no se encontraban en mejores condiciones que su amigo, sus heridas eran colosales y era claro porque les habían sacado del combate.

-Isaac… - El general marino de Kraken había depositado su casco a un lado de donde se había arrodillado, apenas había intercambiado unas palabras preocupadas con Thetis y su rostro ya se había tornado desesperanzador.

-Perdóneme emperatriz. – Isaac agacho sumisamente la cabeza y golpeo con su puño el suelo, mientras se reprendía mentalmente de su tardanza. – Por mi culpa Bian y los demás…

-No, Isaac. – La deidad se estiro para detener su puño que golpeaba frenéticamente el suelo y le miro con calidez. – No debes culparte, nada de esto cambiaria si hubieras llegado antes, nuestro enemigo posee una fuerza abrasadora, que supera por mucho mi propio cosmos.

-¿Y entonces como le venceremos? –

-No podremos hacerlo. – Camus se había acercado a ellos, sin despegar ni por un segundo su vista de Tifón. – Pero podríamos detenerlo.

-¿Estas dudando? – Inquirió Eo.

-Así es. – Camus sintió la vibración del cosmos de Tifón y un mal presentimiento le recorrió, helándole la sangre.

Tifón exploto su cosmos por toda la playa lo que genero una onda expansiva que rugió con potencia y les hizo retroceder a todos, empujándolos hacia atrás a pesar de intentar resistirse. Dio un gigantesco paso, al tiempo que extendía uno de sus brazos entre el cielo ennegrecido y el otro lo introducía dentro de las turbias aguas marinas, entonces dos ondas más de energía salieron desde su pecho y recorrieron su cuerpo velozmente hasta sus manos, donde se desprendieron y golpearon por igual, el cielo y la tierra.

-¿Qué demonios? – Isaac observo como el agua se replegó en un círculo con violencia y como la esfera impacto el suelo produciendo un terrible sonido.

Después de ello, la devastación comenzó, sin que ninguno de ellos pudiera hacer nada. El suelo donde se encontraban se hundió de golpe en una amplia extensión de terreno, haciéndolos a todos caer en un agujero, donde la tierra comenzó a vibrar y los bloques de tierra se iniciaron a separar, dando paso a que brotara lava ardiente del subsuelo, las piedras del muro que les rodeaba se desprendía en grandes proporciones, golpeando la lava y produciendo que se formaran olas.

-Salgamos de aquí. – Hyoga dio varios brincos entre las islas de piedra que se balanceaban en aquel mar anaranjado, mientras un calor sofocante los ahogaba. Dio un salto hacia un bloque de piedra, pero este fue pulverizado en su totalidad por un inmenso rayo que anuncio a una tormenta eléctrica sobre ellos, Camus creó un grueso bloque de hielo en el lugar donde segundos antes estaba la piedra y en la cual se apoyo Hyoga para volver a saltar de regreso a la plataforma donde se encontraba antiguamente, evitando hundirse en la sangre de la tierra.

Camus observo como el bloque de hielo se deshizo en cuestión de segundos, formando únicamente una mancha negruzca que lentamente fue siendo consumida en aquel infierno.

-Tengan cuidado. Cualquier error puede ser el último. – Les alerto.

-¿Qué hacemos? – Cuestiono angustiada Thetis, mientras se aferraba a las manos de Bian y Kasa.

Camus giro en torno a él, para tratar de analizar la situación lo más rápido posible y encontrar una salida a aquella trampa, pero apenas se movió unos centímetros, la cantidad de rayos provenientes del cielo, comenzaron a golpear cada montículo de suelo que se mantenía suspendido sobre la lava y no solo eso, una inmensa cascada de agua salada comenzó a introducirse por el único paredón que podría sacarlos de ahí.

-¿Maestro? – El llamado de Hyoga, sonó demasiado lejos de él a pesar de que estaba a su lado. El cielo rugió una vez más y densos bloques de hielos que terminaban en forma puntiaguda comenzaron a formarse sobre ellos.

-No lo sé. – Admitió con pesar, el poder de Tifón le arrebasaba por completo, su cosmos era capaz de manipular todos los elementos y con aquel ataque le había dejado muy en claro la inferioridad que los humanos poseían, no importaba cuanto elevara su cosmos, ni lo cercano que estuviera en alcanzar o incluso sobrepasar el poder de un dios. Tifón estaba mucho más allá de él.

-Caballero de acuario, estoy en deuda contigo por haber ayudado a Isaac y no se me ha olvidado que aun no he saldado mi cuenta. – La diosa Anfitrite guardo momentáneamente silencio, mientras sus ojos miraban enternecidos a Sorrento, en quien deposito un beso en su frente, tomo con sus manos la cabeza del marino y la dejo con cuidado sobre el suelo. – Confió en que tendrás un plan para detenerlo y yo seré quien te de una oportunidad para contraatacar, les sacare a todos de este sitio.

-Emperatriz… - Thetis se irguió de golpe, respirando con angustia pero la deidad le sonrió con ternura.

-Mis marinos estoy segura que Poseidón estaría orgulloso de ustedes. – Anfitrite extendió su mano hacia el mar y rápidamente apareció un torrente de agua, como si de un abundante rio se tratase, el cual comenzó a golpear con su temperatura helada, la lava, formando gruesas columnas de vapor, sin embargo a medida que se enfrentaban ambas fuerzas, se iba creando una placa negruzca la cual continuaba ardiendo, sin embargo formaba un camino hacia la salida de aquella trampa.

Anfitrite giro una vez más su mano con fuerza y una nueva columna gigantesca de agua entro dentro de aquel agujero de forma tan estrambótica, como si de un maremoto se tratase.

-Escúchenme con atención pase lo que pase, no dobleguen su voluntad, deben detener a Tifón a toda costa. – Anfitrite se separo de ellos y dirigió la gigantesca ola sobre ellos, envolviéndolos en su interior y protegiéndolos del inmenso calor, entonces alzo con fuerza toda aquella cantidad de agua, suspendiéndola en el aire y creó una columna hacia el cielo, en forma de un huracán, con la cual expulso a caballeros y marinos a la superficie.

-Te sacrificaste en vano por unos humanos. – Tifón se acerco hasta el borde de aquel averno y miro a la deidad, con un profundo odio. – Ustedes, los dioses, jamás debieron involucrarse en esta guerra, sus poderes no puede enfrentar nuestros cosmos.

-Eso ya lo sé. Pero al menos podemos mostrarles el camino a aquellos que podrán detenerles. – Anfitrite alzo altivamente su barbilla y miro retadoramente al último de los hijos de Rea. – Antes de que amanezca estoy segura que esta guerra terminara con su derrota, no importa los sacrificios que tengamos que hacer para ello.

-Te encerrare en un lugar donde ni una gota de agua pueda alcanzarte, diosa. – Tifón golpeo las palmas de su mano y los muros de piedra comenzaron a agolparse alrededor de la deidad, mientras la lava se cernía sobre ella como si se tratase de cemento, sellándola, cientos de metros bajo el subsuelo y recubierta por gigantescas piedras ardientes, que eran bañadas constantemente por un rio de magma.

Aquella puerta dimensional era el sitio que comunicaba el lugar más puro de la tierra; donde los héroes se ceñían y forjaban sus impresionantes historias con el cosmos de su propia vida, con el lugar más oscuro del universo, en el que aquellos que habían pisado por primera vez el firmamento, debido a su linaje real habían encontrado la desgracia, la locura y el olvido. Un lugar donde el bien y mal, encontraban el delgado margen para coexistir y el cual había colapsado por completo, al recibir la terrible energía de dos santos de Virgo.

El estallido de energía se condenso en un vapor rosado que se acompañaba de haces dorados que fue consumiendo poco a poco la dimensión, cortando sus vórtices con las filosas corrientes de aire que fueron cerrando su luz. Shun cayó pesadamente de rodillas y cerro con impotencia los ojos, al comprender la totalidad de sus acciones, mientras su rostro era turbado por la culpa.

Shura sintió como las feroces ráfagas de aire se descontrolaban por completo y estallaban al chasquear en el aire con las corrientes eléctricas provenientes de los rayos que surgían del cosmos descontrolado del caballero de Andrómeda, que inclusive llegaron a golpearlo, cortando sus carnes y tensando sus músculos.

Shura se lanzo en el suelo en dirección al vórtice, esquivando con dificultad los embates del demonio de Capricornio el cual aun continuaba con vida, giro en el suelo esquivando el último de sus ataques, mientras era despedazado por la poderosa ventisca del caballero. Se arrastro unos metros por el suelo y tomo las cadenas congeladas de Shun, al tiempo que la dimensión apenas y era una línea horizontal de unos 20 centímetros que cada vez se tornaba más angosta hasta que se cerró.

-¡Demonios! – El español estallo su cosmos desesperado y la excalibur de su brazo derecho se recubrió de su brillante cosmos dorado, el cual lanzo un corte vertical que abrió toda la tierra e incluso impacto la parte lateral del templo de Virgo derrumbando su entrada.

-¿Qué estás haciendo? – Ikki sintió el cosmos del español ardiendo más de lo esperado, cuando ya no tenían ningún enemigo frente a ellos. -¿Por qué tu cosmos está ardiendo?

-¿Siempre hacen demasiadas preguntas? – Rezongo el decimo guardián, pensando en lo estresante que debió haber sido para Dokho y Camus aguantar a dos de los santos divinos, aunque estos fueran los más calmados.

Solo quiero saber porque tienes medio brazo enterrado en el suelo. – Espeto molesto Ikki, cruzándose de brazos, mientras miraba en otra dirección. – Dudo que estés recolectando alguna verdura mística del jardín de los Sales gemelos. – Tanto Geist como Shiryu soltaron una pequeña risa, aunque esto les hizo ganar una mirada asesina del capricorniano.

-Me caías mejor cuando estabas inconsciente. – Murmuro Shura.

-¡¿Qué?! – Ikki se acerco a pasos acelerados al español, quien le ignoro por completo, pero el también perdió todo interés de pelear al ver cual había sido el verdadero objetivo del santo catalogado como más leal a Athena. – Pero…

-Shun. – Shura giro su rostro hacia el caballero de Andrómeda, el cual estaba arrodillado y contemplaba en silencio sus manos, completamente ajeno a su alrededor. Tal vez la orden dorada estuviera acostumbrada a jugarse el todo por el todo, sin detenerse a pensar demasiado sus acciones hasta haberlas realizado, muy probablemente eso había generado tanto remordimiento y resentimiento entre ellos, pero los santos de bronce eran harina de otro costal, para ellos, los sacrificios siempre serian la última alternativa. – ¡He Shun! – Le vio mostrar levemente sus orbes verdes por debajo de su flequillo. – Escúchame atentamente ¿Quieres? Aprovechando que tu hermano esta callado. – Bromeo con cierta camarería, haciendo que ambos pelinegros tras él sonrieran.

-¿Ustedes dos están muy sonrientes no? – Les ladro Ikki.

-Deberías guardar silencio, Ikki. – Sugirió mordazmente el caballero de dragón.

-¿¡Shiryu tu también?! –

-Shun, se que piensas que entre los caballeros dorados no existe el compañerismo y tal vez esa sea la imagen que proyectemos. Después de todo, nunca hemos hecho grandes proezas de amistad, pero… - Sus ojos verdes se clavaron con determinación en aquella mancha negra que parecía una quemadura en la tierra. – Pero deben entender que en una batalla no podemos tomarnos el tiempo para pensar bien en una táctica, vacilar puede llevarte a perder la pelea o a tus compañeros. Siempre debemos buscar el menor daño colateral, sin dudar de las órdenes o nuestras acciones.

-¿Tanto les importa ganar? –Exploto Shun. - ¿Eres tan egoísta como para sacrificar a tu compañero en una batalla? ¿Tan siquiera te detuviste a pensar si había otra forma de detenerlos?

-Si mi vida o la de mis compañeros equivalen a salvar las de otras personas, no dudaría en hacerlo. Sé que suena duro, pero es lo que nos hace santos de oro y tal vez por ello siempre debe existir un poco de oscuridad en nuestros corazones. – Shura incremento más su cosmos generando un aura dorada que comenzó a recubrirlo desde el centro de su pecho y se expandió por todo su cuerpo, pero cuando llego a su mano derecha, el halo dorado se fue extendiendo y descongelando el grueso metal de la cadena de Shun, el cual había sido congelado por Asura. – Pero definitivamente hoy no voy a sacrificar a Shaka.

El sobresalto del trió de caballeros de bronce fue mayúsculo, que se sintieron apenados al haber establecido un dictamen tan cruel contra el dorado, que sin lugar a dudas había interconectado su plan a el de su compañero de Virgo.

-Logre hacer que mi Excalibur derecha reabriera la dimensión, mientras llevaba en la mano tus cadenas Shun, con la finalidad de que Shaka pueda tomarlas y salió de ahí, pero necesito que tu las manipules. – Shura sonrió con confianza, al ver al trió de santos de bronce vacilar, ante lo que les acababa de decir, expandió aun más el filo de su espada, lanzando varios cortes dentro de la dimensión, realmente no sabía como era el tártaro, pero no creería que fuera el lugar más iluminado del mundo, por lo que los haces esmeraldas de su espada y cosmos podrían guiar a Shaka a través de la oscuridad. – Vamos Shaka, ahora te toca a ti. –

Aquella explosión lineal de cosmos color verde ilumino momentáneamente la oscuridad que reinaba en el lugar, antes de impactarse ferozmente contra el suelo y partirlo en dos, elevando dos columnas de lava que salpicaron el suelo, como si de roció se tratase, elevo su vista hacia el techo del lugar y visualizo el resplandecer de una armadura dorada, de la cual provenían aquellos finos y veloces cortes.

-Shura… - Una ligera sonrisa de satisfacción se dibujo en sus labios y le fue inevitable no recobrar su espíritu de lucha, al tiempo que sentía como el cosmos de su compañero le estaba llamando. – Sin duda, ese es el verdadero filo de Excalibur, una espada que puede cortar hasta las dimensiones. – Sintió la violenta ráfaga de aire producida por el corte de la espada sagrada, antes de ver como esta se impactaba destructivamente contra el suelo, estallando cientos de escombros y lava, que cayeron a su alrededor.

Se apoyo sobre su brazo no fracturado para sentarse de nuevo en su posición de loto e hizo con sus manos el gesto de mudra, el cual consistía en unir sus manos en el centro de su torso, conectando los dorsos de su segundo hasta cuarto dedo de forma que los pulgares quedan libres para quedar interconectados de frente, mientras el rosario de las 108 perlas unía sus antebrazos. Su cosmos dorado comenzó a elevarse como una débil llamarada que broto entre sus manos y le rodeo por completo, emitiendo una resonancia al cosmos de capricornio.

-Shura. –

-¡Shaka! ¡Gracias a Athena estas bien! – Suspiro aliado el español.

-Al menos sigo con vida, si a ello te refieres. – Su cosmos en un inicio dorado comenzó a tornarse de un color escarlata en forma de una inmensa flor de loto.

-Shaka, toma la cadena de Shun, te sacaremos de ahí. –

-Aún no. –

-¿Estas bromeando verdad? – Sonrió al imaginar el tic nervioso que Shura seguramente tendría en el rostro.

-No.- Cerro los ojos momentáneamente tratando de rebuscar la ubicación exacta de su enemigo escondido entre tinieblas. – Shura, Tártaro aun se encuentra a mi alrededor, así que tengo que deshacerme primero de él.

-Entiendo. – Shura sincronizo su cosmos con el de él y dejo de emitir proyecciones de Excalibur, mientras su brazo concentraba gran parte de su cosmos. - ¿Así que solo tenemos una oportunidad?

La cadena de Shun produjo un leve repiqueo al tocar el suelo su costado, dejo que sus oídos se acostumbraran a su cascabeleo en la oscuridad. Entonces abrió rápidamente los ojos y enrollo su mano en las argollas de esta, dando un leve tirón, sintió como la cadena empezó a ser jalada por Shun y justo en ese preciso momento el cosmos de Tártaro se manifestó omnipotentemente por toda la prisión, su poder eran tan inmenso que resultaba imposible detectarlo.

-No lograras salir de este lugar santo. – Un poderoso cosmos plateado rojizo se manifestó en lo profundo del tártaro, pero en cuestión de milisegundos golpeo con fuerza la barrera creada por su propio cosmos, un destello luminoso fue el resultado de la coalición entre ataque y defensa, pero el campo de energía se fisuro y comenzó a fragmentarse a pesar de que todo su cosmos estaba siendo utilizado en ella. Si llegaba a recibir un golpe más de esos seguramente moriría.

-¡Khan! – Su cosmos ardió en una llamada descontrolada tratando de repeler el ataque contra él, que poco a poco se introducía dentro de su escudo, entonces lanzo una descarga de cosmos, desde la dirección en que había provenido el primer ataque, pero este perdió intensidad en la oscuridad, debido a que la mayor parte de su cosmos estaba concentrado en su escudo.

-No hay… - Tártaro se interrumpió abruptamente al ver y percibir como un poderoso haz verde avanzo en su dirección, creando filosas ráfagas de viento cortante, partiendo la tierra y separando incluso los ríos de lava en dos, por lo que tuvo que elevar un gigantesco bloque de tierra en la lejanía, para frenar paulatinamente el ataque, que le corto sin perder siquiera parte de su velocidad, entonces golpeo con fuerza sus palmas sosteniendo el increíble filo de esa espada.

-Shaka, ahora. – El primer ataque de Shaka, el cual se había desvanecido simplemente había servido para marcar la zona en la cual debía dirigirse la hoja destructiva de Excalibur, confiando en que Tártaro la detendría, lo que le permitiría a Shaka identificarlo dentro de la oscuridad, lo que resultado según lo planeado.

Shaka sonrió con satisfacción entonces abrió sus ojos celestes, reflejando en sus ojos un orbe de cosmos, sacudió el rosario de las 108 cuencas por encima de su cabeza, el cual se disperso por completo, dirigió con su cosmos cada una de ellas de forma que rodearan a Tártaro.

-¡Dharma chakra! – Las perlas formaron una gran círculo de ocho radios, el cual forjo un símbolo en el suelo, que destello un haz dorado vertical, que encerró a Tártaro en su interior, el fulgor de su ataque le permitió contemplarlo por primera vez, pero era imposible describirlo, parecía tan solo una masa condensada de oscuridad, como si tan solo fuera vapor, pero de su interior salían múltiples brazos deformados, especulaciones y extremidades monstruosas, sin embargo su mirada centellaba un profundo vacio y desdén a través de unos carcomidos ojos carmín que dejaban una estela cada vez que se movía.

Sintió como la cadena se enrollo en torno a su brazo y lo comenzó a subir con velocidad hacia el portal, mientras contemplaba como Tártaro golpeaba con sus cientos de extremidades el sello del rosario, tratándose de liberar.

Su ataque normalmente encerraba en su interior a su víctima, sin posibilidades de escapar, mientras les hacia experimentar en carne propia todo el sufrimiento que Buda tuvo que pasar para adquirir su sabiduría, los tormentos que resistió para conocer el Nirvana y vencer el ciclo de la vida y la muerte, aplicado a un humano era posible que se perdiera en el penoso y largo camino que Buda había recorrido, sin embargo para aquellos que trataran de salvarse, la recompensa seria aprender las mismas enseñanzas que Buda dejo a sus discípulos, acercándose más a la iluminación.

Pues bien era una técnica salvación y castigo, si su enemigo se rehusaba a redimirse, su destino sería peor que el de un demonio que vagaría por el mundo experimentando el resto de su vida todos los sentimientos y pensamientos que Buda paso, tendría sed y el agua ni ningún liquido le satisfaceria, su hambre no sería saciada jamás, sin importar lo que comiera, el sol quemaría su piel sin encontrar sombra que lo aliviara, bien estaría condenado a sentir todas las desgracias del mundo, sin hallar una solución. Pero el camino de la iluminación era largo e igual de difícil, sin embargo la gloria tras alcanzar el Nirvana, haría que su alma se fundiera en la divinidad absoluta.

-Sin embargo, no tengo el cosmos suficiente para atrapar a Tártaro en mi técnica, si lo he logrado retener es gracias a la sangre de Athena y de mis antecesores. – Shaka alcanzo la bóveda de la prisión y tomo con firmeza la mano de su compañero español, quien lo halo con fuerza, justo en el momento en que su técnica era destruida por el predecesor de los dioses, lo miro fundiéndose en la oscuridad de su mazmorra, sin moverse siquiera, únicamente le miraba con rabia y recelo, pero pudo ver como abrió las fauces de unos labios rojos como si fuego se guardara en su interior y le vio sonreír rígidamente, sin expresar felicidad o furia, pero había algo que se escondía tras ella.

-Shaka. – Sintió el ultimo tirón del brazo de Shura y cayó sobre el árido suelo del que solía ser el jardín de los sales gemelos, al tiempo que la dimensión se cerraba tras él.

Shura cambio las palabras de alivio que había utilizado por una cara completamente de consternación al ver a su compañero del sexto templo en ese estado, sus heridas eran de gravedad, la armadura de virgo estaba completamente destruida y bañada en sangre de su guardián, tenia fracturadas varias costillas, lo que dificultaba su respiración, además tenía fracturado un brazo en el cual podía inclusive ver su hueso, eso sin contar las perforaciones, las rasgaduras y las cortadas que se expandían por todo su cuerpo.

-No te muevas. – Atino a decir el español, mientras le ayudaba a recostarse en el suelo. – ¿Qué ocurrió?

-Fue con un solo ataque de Tártaro. – Shaka trato de relajarse para disminuir el dolor que estaba sintiendo. – Las dimensiones de su cosmos van más allá, pudo detener tu Excalibur sin ningún problema, incluso para mí era imposible atacarlo.

-Ya. – Shura tomo el brazo de Shaka y lo paso por sus hombros, irguiéndolo por completo con su fuerza y evitando que el hindú siquiera se esforzara un poco. – Necesitamos que alguien revise y te cure esas heridas…algunas son graves.

-Debemos ayudar a Athena y los demás… -

-De eso me encargare yo, tu ya hiciste suficiente. – Shura no volteo a ver a ningún santo de bronce, simplemente comenzó a caminar hacia la entrada lateral al templo de Virgo, pero su vista expreso una terrible tristeza que no paso desapercibida para Shaka, ni para los demás.

-Los demás… - La voz de Shaka sonó con pena, mientras su cosmos se afligía al notar la ausencia del cosmos de sus compañeros de orden y la situación en la que se encontraba el santuario.

-Así es. – El capricorniano respondió con desanimo, sus pasos resonaron huecos en el interior del sexto templo y a pesar de que la oscuridad devoraba su interior, aquella extraña amenaza que se sentía anteriormente había desaparecido por completo. Shura camino en silencio pensando en el cambio que significaba el sacrificar sus vidas en aquella batalla, detendrían a los titanes y le mostrarían a los dioses, el poder de la armada de Athena y su lealtad, no solo a ella, si no a cualquier forma de vida. Ellos luchaban por la justicia y la paz, sabía que tras esa guerra la alcanzarían, pero hubiera deseado que sus compañeros, contemplaran lo que sus puños y su sangre había logrado .

-El santuario… - Shaka vislumbro la destrucción que se ceñía a su alrededor, escombros, fuego y grandes columnas de humo devoraban todo.

-Está en ruinas. – Shun sintió una punzada en el corazón, al ver como aquellos magnánimos edificaciones habían colapsado.

-Todos ustedes están heridos. – Shura volvió a ver a Shaka, quien tal vez fuera el único que pudiera debatir sus argumentos, pero se aseguro de mirarlo determinadamente, ambos eran santos de oro y sabían que no encontrarían descanso hasta que esa guerra terminara, irían de un campo de batalla a otro, hasta terminar la guerra o morir. – Shun, Geist, Ikki y Shiryu lleven a Shaka con los sanadores, podrán rastrar su cosmos con facilidad. Yo iré a apoyar a…

-Ve con Milo y Aioria, si alguno de ellos cae las personas dentro de refugio morirán. – Intervino el rubio. – Yo tratare de ayudar a Camus.

-Shaka… - Tanto Shun como Ikki miraron sorprendidos al hindú.

-Mi cuerpo esta lastimado, pero aún tengo mi cosmos intacto, podre lanzar un ataque a distancia sin ninguna dificultad. – Shura cedió su lugar al Ikki quien parecía estar mejor que cualquiera de los santos divinos y descendió unas cuantas escaleras, intercambiando una intensa mirada con su compañero de Virgo.

-Entendido. – Shura asintió una última vez y comenzó a correr a la velocidad de la luz escaleras abajo. – Aioria, Milo espérenme. -

-Se que creen que entre nosotros nos sacrificamos, sin importar el remordimiento que dejamos atrás. – Hablo quedamente Shaka viendo como Shura continuaba corriendo. – Pero nos entendemos tan bien que respetamos y entendemos nuestras decisiones, que se apegan al deber de ser santos dorados. Nos arriesgaríamos siempre por salvar la vida de un compañero, pero tambien entendemos que la muerte tras un acto de valor, puede mantener y dar vida. Shura se apega tanto a ello, que no le importo perder casi el brazo derecho al abrir esa dimensión. Así que no era yo quien realmente iba a sacrificarse.

-Shaka… - Shun cayó de rodillas a un lado de él, maldiciendo todas las veces que juzgo inadecuadamente al capricorniano. Como no lo habia notado antes, Shura se habia expuesto a la misma técnica que habia logrado matar a Afrodita en el pasado, incluso se acerco a su propio demonio confiando ciegamente en él, cuando este pudo haberlo matado. Además el introducir su brazo dentro de una dimensión podria haber despedazado su brazo o ser arrancado por un enemigo.

-Shura. – Geist sonrió levemente, al comprobar que Shura seguía siendo el de antes, así como se había arriesgado por Shaka, en el pasado también lo había hecho por ella.

Por primera vez en lo que llevaba peleando ver la estúpida sonrisa de Milo, le tranquilizo, no podía creer lo mucho que se estaban esforzando para vencer a sus enemigos. Observo que su compañero no venia solo y no pudo evitar imitar a su compañero y extender la comisura de sus labios en una sonrisa nerviosa, al ver como el resto era apoyado por Capella, Asterion y Geki.

-¿Dónde quedo su optimismo, santos? – Se burlo el británico, al ver las expresiones angustiadas de los caballeros recién llegados, al contemplar la dimensión de ambos gigantes y el cuantioso ejercito que les respaldaba.

-Junto al ejercito de espectros de tu dios. – Refuto molesto Aioria, escucho la carcajada de Milo a sus espaldas y el gruñido que le lanzo el juez del infierno.

-¿Dónde terminaran, ustedes si no empiezan a pelear en serio? – Contraataco ferozmente, mientras le lanzaba una mirada retadora al escorpión dorado.

-Ya veras, esto solo es el calentamiento. – Milo creció el orbe dorado de cosmos que le rodeaba y una centella roja resplandeció en su dedo izquierdo. – Aún no has visto nuestro cosmos arder. – Milo comenzó a correr en dirección de Porfirion, pero Alcioneo se interpuso, sin embargo el escorpión se deslizo velozmente entre sus piernas y le paso sin ninguna dificultad, demostrando el porqué era conocido como el santo dorado más rápido. - ¡Aguja escarlata ardiente! – Su índice disparo varios haces luminosos rojos, que atravesaron a Porfiron, se detuvo a sus espaldas y miro de reojo como 7 de sus agujas habían acertado.

-Eres veloz, pero tus ataques no son más que insectos. – El rey de los gigantes, soltó una sonora carcajada y a pesar de los hilillos de sangre que salían de los orificios y el dolor, este continuaba de pie, sin ni siquiera mostrar una mueca de dolor. – Ahora muere, santo.

Porfirion aprovecho que Milo se había separado de los otros dos y provoco que la el agua que había esparcido la lluvia a sus pies, se agolpara rápidamente en un inmenso torbellino, que golpeo al santo de escorpio, atrapándolo en su interior, entonces descendió abruptamente la temperatura del agua con su cosmos y esta fue cristalizándose hasta congelarse.

-¡Milo! – Aioria produjo un chasquido de electricidad en su mano izquierda y corrió en dirección a su compañero.

Radamanthys se quedo estático en su lugar, mientras observaba que el aura de cosmos dorada de Milo se perdía entre miles de cristales de hielo, mientras la de Aioria había desaparecido por completo, incluso la dimensión de aquel ataque del león era mínimo, resultado de la gran cantidad de cosmos que había utilizado este, en su último ataque contra Alcioneo.

Alcioneo golpeo el suelo con fuerza, lo que produjo que una parte de tierra se elevara contra Aioria, quien comenzó a abrirse paso con el acumulo de cosmos de su mano.

-No podemos enfrentar a ambos gigantes a la vez. – Radamanthys observo que mientras Alcioneo estaba vivo, Porfirion se había mantenido a raya, resguardando la espalda de su hermano, así que no habría forma de acercarse a uno sin haber destruido previamente al otro. - ¡Gran precaución! – La onda expansiva, arraso con los escombros que se lanzaban contra el león dorado y despedazo en gigantescos bloques puntiagudos el hielo en el que Milo se encontraba, obligando a Alcioneo a retroceder para evitar ser golpeado por su ataque.

-Ya están grandecitos para estarlos cuidando. – Les espeto molesto, mientras se acercaba a Aioria por su espalda. – Ni siquiera saben ayudarse entre ustedes mismos, sin ponerse en riesgo.

-Ya lo sé. – Aioria acepto el que se había precipitado a regañadientes, se enderezo torpemente y se apretó con fuerza la muñeca, mientras cerraba la mano una y otra vez. – Mi cosmos…

-Hemos estado peleando sin descanso. – El peli azul se recargo con fuerza en un picudo trozo de hielo y lo empujo hasta hacerlo caer en el suelo, donde se rompió. – Pero con esto me ha quedado muy claro que yo me encargare de Alcioneo.

-¿Qué dices? – Aiorio gruño.

-Ese, tiene razón. – Se cruzo de brazos altivamente y miro de soslayo al león dorado.

-¿A quién le dices "ese"? – Alejo Milo, pero fue ignorado olímpicamente por ambos.

-¿Qué? ¿Desde cuándo se pusieron de acuerdo los dos? – Espero fastidiado.

-No me he puesto de acuerdo con él. Simplemente parece que a él le queda más oxigeno en el cerebro que a ti. –

-¡¿Qué dijiste?! – Aioria escucho a Milo reírse tras él y le lanzo una mirada asesina al espectro.

-Ya, ya. – Milo dio un salto cayendo en medio entre su compañero y Radamanthys, justo para detener al león por el rostro, evitando que se lanzara contra el otro. – Al parecer este, sabe reconocer mi potencial.

-Solo veo la debilidad de tu compañero. – Espeto cruelmente el espectro, provocando al quinto guardián, quien lucho ferozmente para desprenderse del agarre de su amigo.

-¿Debilidad? ¿Quieres que te mande con tus compañeros? –Aioria vio al británico soltar una pequeña risa, mientras miraba de Milo a él y pensó por unos segundos si Radamanthys se llevaría así con sus compañeros o realmente estaba disfrutando por primera vez de la camaderia entre compañeros.

-Como sea. – Milo saco la ponzoña de su mano izquierda y se agazapo como un alacrán antes de picar. – Yo me encargare de ese, impediré siquiera que se acerque a su hermano así ustedes podrán encargarse del otro.

-No creo que puedan hacerlo caballeros. Al parecer su unidad será aplastada.– Alcioneo apunto con su dedo carnoso a lo alto del refugio, la batalla pareció detenerse por una fracción de segundos, Aioria, Milo y Radamanthys fueron consientes en ese instante de los cientos de cosmos enemigos que lo rodeaban, giraron el rostro sin ocultar la turbación que la situación había provocado, vislumbraron a un hombre alto de corpulencia robusta y cruzados de brazos que les observaba con una expresión enfurecida, su armadura era negra con toques escarlatas y cargaba en su espalda una gigantesca espada.

-Que…demonios… - Milo se puso de espaldas a Aioria y Radamanthys, mientras varios hombres comenzaban a rodear al que les miraba.

-Esto es imposible… - Aioria choco contra la espalda de Milo y analizo velozmente todo el campo de batalla.

-¡Guerra, guerra, guerra! – Los soldados se golpeaban con fuerza el pecho con sus propias armaduras en señal de la resistencia de sus armaduras y la fuerza de sus armas, el grito les hizo temblar de pies a cabeza, no por miedo, si no por que reconocieron al instante que se trataban de los berserkes; el ejercito de Ares y si este estaba libre, significaba que su dios, también lo estaba.

-¡Destrúyanlo todo! – Isley tomo el mango de su espada y la desenvaino con agilidad, apuntándola hacia el cielo. El grito resonó con más fuerza que parecieron rugidos, como si fueran a desgárrales la garganta, comenzaron a correr colina abajo, hacia la entrada del refugio.

-Maldición. – Aioria sobrepaso desesperado a Milo y corrió hacia las puertas. - ¡Protejan el refugio! – Una espada se clavo en el costado de Aioria, pero este la tomo con su mano y se la arranco, sin importarle las heridas que se genero de por medio, ni como se desgarro la piel.

-¡Aioria! – Milo le planto un rodillazo a un guerrero titánico y fue tras su compañero, pasando con su aguja escarlata entre los guerreros que bramaron de dolor.

Radamanthys observo a los santos de bronce, plata y oro, dejar de pelear y replegarse desesperadamente ante las puertas del refugio, pero a medida que avanzaban hacia ellas, docenas de guerreros titánicos corrían tras ellos, reduciendo el área por el que habían recuperado y encerrándose en una trampa, pues tanto el ejercito de los gigantes, como los berserkers los abrazaron en un circulo perfecto.

¿Acaso no entendían que aquel era él fin? Estaban rodeados por todos lados, por dos de los ejércitos más temidos entre los dioses, en esa guerra no había esperanza, ya no había nada que pudiera salvarlos.

-Piscis, virgo y Aries os lo prohíbo… - Sus palabras resonaron con fuerza en su interior como si estuviera recitándolas de nuevo, incluso pudo observar de nuevo como los tres santos dorados mencionados estaban al frente de los otros 9 que permanecían al igual que ellos de rodillas y con la cabeza agachada. – Y no solo a ustedes, si no también al resto. Nunca más deberán hacer uso de esa técnica desleal, habéis conseguido la victoria, a costo de su propio honor como guerreros. Me siento avergonzada por la forma en que la procedieron, no hay condición desesperada para utilizarla, canalizar el cosmos de los tres, simulando el big bag en un solo punto, es un acto deslealtad y deshonor.

No sintió remordimiento de haber reprendido a los primeros tres santos dorados por haber utilizado por primera vez laexclamación de Athena contra el dios Poseidón, aunque las situación que los llevo a ello era critica. Y planto su decisión y sus sentimientos tan claramente que cualquier santo que la utilizo sin importar las condiciones y circunstancias fue denigrado y aborrecido por su generación y las futuras.

Convirtiéndolos en víctimas de la ignorancia de su diosa, su sacrificio era por amor, su cosmos resplandecían como una medida desesperada de lograr la paz y aun así ella los condeno injustamente. Ninguno de sus santos la había utilizado para su propio beneficio, si no como la última esperanza en la que ofrecían su vida y su honor, sin importar el impacto en su vida y en su muerte.

-Creí tanto en la avaricia de los seres vivos, que juzgue inadecuadamente a mis santos. Nunca considere que no estuve con ninguno de ellos, cuando debieron utilizarla, pasaron por alto la orden que les di desde tiempos mitológicos y que les convertiría en traidores de lo peor, pero aún así no había otra salida. – Parpadeo con pesar y contemplo a sus tres santos dorados, Shion estaba al centro, mientras Aioros y Saga se encontraban a los lados. – La exclamación de Athena, es la última explosión de cosmos que realizan aquellos que luchan por mis ideales y por ello, debo creer en ella y en ustedes.

-Cronos. – Shion escondió sus ojos bajo sus flequillos, produciendo una sombra tenue sobre su frente a pesar de que su cuerpo era iluminado por el resplandor dorado de su cosmos. -¡Probaras la suma del máximo poder de tres caballeros dorados!

-¡Exclamación de Athena! – El cosmos de Aries, Géminis y Sagitario produjo un fogonazo dorado que salió en una columna gigantesca y creó una esfera impensa de color dorado, que devoraba y desintegraba todo en su interior.

La técnica más letal y cruel realizada por la sincronía de tres caballeros dorados que habían conseguido el séptimo sentido fue lanzada en medio de la oscuridad, iluminando todo el santuario como si acabase de salir el ardiente sol por la noche.

-Esta es la técnica definitiva de tres santos dorados… - Shion sintió su propio cosmos quemarle las palmas de las manos, mientras las descargas de cosmos de Saga y Aioros pasaban hirviendo alrededor de sus hombros.

La fuerza destructiva de la exclamación de Athena rugió en todo su esplendor, produciendo múltiples detonaciones en su interior y desintegrando todo a su paso. Cronos se asombro de ver aquella técnica ejecutada por una trinidad de caballeros dorados y sus ojos fueron lastimados por la inmensa luz que producía, a medida que iba devorando todo a su paso.

-No puedo creer que me hayan orillado a llegar a esto. – Golpeo las palmas de su mano en el centro de su cuerpo y a medida que las separo una esfera negra se formo, era tan densa que era imposible ver a través de ella, entonces la elevo al cielo con su mano derecha y la desprendió de sus dedos elevándose en el firmamento, donde comenzó a ser rodeada por cientos de escombros y piedras que se desprendían del suelo, las cuales fueron incrementando el tamaño de la misma, pero cuando entraban en contacto con aquel meteoro terrestre, eran rodeadas por inmensas llamaradas y magma como si del mismo sol se tratase.

Cronos bajo su brazo en dirección a la exclamación de Athena y ambos ataques se encontraron entre sí. El choque de ambas explosiones de cosmos, produjo una detonación ensordecedora que se disperso en una onda expansiva luminosa que arraso por completo con todo lo que había a su alrededor, arrastrando con fuego y ráfagas de viento todo a su paso, despedazándolo y lanzándolo por los aires.

Aioros, Saga y Shion sintieron el impacto del ataque de Cronos y sus pies fueron arrastrados por unos centímetros hacia atrás, pero el temple de sus cosmos equilibraron la fuerza contra Cronos. Deteniendo su avance.

-El ataque de esos tres, pueden destruir hasta la verdad absoluta, no conoce los límites del universo y es capaz de distorsionar el mundo de la vida y la muerte. – Su cosmos es tan parecido al ataque de un titán. – Son capaces de destruirlo todo. – Cronos comenzó a reírse mientras elevaba cada vez más su cosmos.

-Patriarca, si ambos ataques siguen equilibrados, destruiremos todo el santuario. – Advirtió Saga. Equiparando el ataque de Cronos a otra misma exclamación de Athena.

-Pero nosotros somos los últimos entre el ataque de Cronos y Athena, si no logramos propulsar la exclamación de Athena, no solo seremos desintegrados por su técnica, si no que esta golpeara a Seiya y Athena. – Aioros estallo con más fuerza su cosmos, sin importarle el descanso que rogaba su cuerpo, ni como la piel de sus manos comenzó a quemarse, mientras gotas de sangre emanaban.

-No podemos fallarles. – Shion no necesito explicar nombres. Ellos sabían que se refería a Mu, Aldebaran, Mascara, Kanon, Aioria, Shaka, Dokho, Milo, Shura, Camus y Afrodita.

Seiya sintió de nueva cuenta la inmensidad de la exclamación de Athena, a pesar que no era la primera vez que la veía, aun no dejaba de sorprenderse de la fuerza destructiva que emanaba del interior de su cuerpo, era un ataque tan fuerte e inestable, que el verlo en acción despertaba una sensación de temor que le era imposible controlar.

-Debemos ayudarles. – Murmuro quedamente Athena a su lado.

-¿Qué? – Seiya esquivo por centímetros una piedra que acababa de desprenderse del suelo, miro con confusión a Athena pero vio como el reflejo de la exclamación resplandecía en sus ojos grisáceos, mientras su rostro se mantenía sereno.

-Cronos aún no ha llegado a su límite, él aún puede aumentar el nivel de su ataque. - Augurio la deidad de la sabiduría. – Cronos fue capaz de hacer sucumbir a los cielos y tiene el poder de hacer colapsar a la tierra.

En sus ojos resplandecían el reflejo de la luz dorada, sus cabellos se removían con violencia y su cosmos era emanado en su totalidad de sus manos, podían sentir como su piel se desgarraba y como las palmas de sus manos ardían, como si estuvieran recargadas en una inmensa fogata. Shion sintió como algún liquido resbalaba por entre sus dedos y pudo distinguir como una gota de sangre se desprendía de la palma de su mano y era evaporado antes de siquiera tocar el suelo.

Cualquier exclamación de Athena podía ser vista desde cualquier punto del santuario, ya que la energía destructiva que emanaba era tal, que producía una columna de luz que se elevaba al cielo y dispersaba las nubes a su alrededor. Pero una exclamación siempre se acompañaba de la duda e incertidumbre, quienes la realizaban se jugaban el todo por el todo y quitaba la esperanza de arrepentirse de realizarla, se conseguía un veredicto sin juicio, ya que no había otra solución. Pero siempre quedaba el temor de no estar haciendo lo correcto.

Entonces la coalición de ambos ataques atronó en su interior y el cosmos de Cronos se mezclo entre la luz de la exclamación de Athena, produciendo una peligrosa onda en su interior que desestabilizo el ataque. Entonces comenzaron a perder terreno y pudo sentir la sorpresa que produjo esto en el cosmos de sus compañeros. ¿Acaso era miedo?

-¿Qué es esa energía? – Saga comenzó a desesperarse al tiempo que era arrastrado hacia atrás.

-No puede ser... – Aioros cerró los ojos tratando de resistir el temor a fallar, a que su última esperanza resultara contra ellos.

-No… - Shion continuo retrocediendo, sabía que ninguno de los otros dos tenían miedo a morir, a esas alturas era un resultado esperado, pero lo que no podía permitirse era dejar solos a Athena y Seiya. Pensó lo más rápido que pudo en la situación que estaba atravesando, de haberles sido posibles aumentar su cosmos lo habrían hecho, pero los tres estaban en el límite, además las heridas y el cansancio físico restaban considerablemente sus fuerzas físicas. Y como si un rayo de esperanza se abriera entre aquel choque, el cosmos de Athena y Pegaso resplandecieron tras ellos.

-¿Seiya? – Saga miro de reojo al de cabello castaño, impresionado de ver que una vez más utilizaba su cosmos para interferir en la exclamación de Athena, pero en esta ocasión lo hacía de su lado y no en su contra. Sonrió con tristeza al ver que Pegaso continuaba siendo tan terco y apasionado, tal y como él lo fue una vez.

-Athena. – El arquero sintió el cosmos de la deidad a sus espaldas, incorporándose a la exclamación de Athena con armonía, evitando que esta se desequilibrara. – Ya no estamos retrocediendo.

La energía empezó a vibrar con más fuerza y el cosmos de los cinco se a conglomero como uno solo, haciendo a Cronos retroceder y preocupando severamente al titán, sabiendo que si ese ataque llegaba a golpearlo, tal vez no lo mataría, pero le sería imposible continuar con aquella pelea. Contuvo por unos segundos la respiración, al tiempo que percibía como una gota de sudor resbalaba por su frente, mientras la tierra y el polvo giraban a su alrededor con más fuerza y rapidez.

-¿Sera el fin? – Cronos alzo su rostro hacia el cielo despejado y a pesar de la inmensa luz que emanaba el choque de ambos ataques, contemplo en silencio el oscuro firmamento sobre su cabeza, en la cual resplandecía una infinidad de estrellas que otorgaban la luz de su vida a los astros vecinos. - ¿Aún estoy maldecido por ti, padre?

Pero solo el silencio le rodeo, aquel terrible silencio que precede a la tormenta, pero aunque Urano jamás le respondería, el destino pareció hacerlo y el cosmos de Hyperion se manifestó, fue entonces que Cronos se estremeció, al reconocer que aún quedaba esperanza y que esta era brindado por aquel que considero su mano derecha. Entonces extendió su mano libre hacia el orbe negra que resplandecía a su lado y lo absorbió en su interior.

-Athena. – Su voz resonó como un rayo y fue tan perceptible para los cinco frente a él, que sonrió como si estos pudieran verlo. – No dejare ni siquiera el rastro de su cosmos. – Su voz sonó tan hueca, lúgubre e incluso se regocijo, justo en el momento que el cosmos de Hyperion se mezclaba con el suyo y comenzaba a proyectar con mayor fuerza su ataque.

-Es imposible. – Athena se asusto al percibir el cosmos de Hyperion tras Cronos y supo que no había forma para contrarrestarlo sin la ayuda de otro dios, miro a su trió de caballeros tensar la mandíbula e intercambiar miradas preocupados, al tiempo que sus cuerpos eran impulsados hacia atrás e incluso sus brazos retrocedían.

-Patriarca… - Acoto con dificultad Aioros, pero su voz sonó tan preocupada y sin esperanza que Saga le miro con tristeza, como si supiera que la leyenda de ambos llegaría hasta allí. Dos santos dorados que sin importar su fuerza y sacrificio fueron incapaces de defender la vida de Athena.

-Aún estamos vivos. – Corto el ariano rudamente, mientras sacaba cosmos de cualquier parte de su cuerpo, para incrementar la energía de su lado y si bien no ganarle a Cronos, al menos equilibrar de nuevo el ataque.

Saga miro de soslayo a Shion y Aioros y reparo en que igual que a él, su fuerza parecía abandonarlos a los tres. Era como si la esperanza permaneciera aun sellada en el cofre de Pandora, pero ya no habría ninguna oportunidad para liberarla todo seria decidido en los siguientes minutos.

Athena no pudo hablar, su voz se negó a salir, mientras su fe y su esperanza se desmoronaba como todo a su alrededor, cerró los ojos con impotencia y se echo a llorar, no por perder aquella guerra, sino por la rabia e ira que le producía perder a sus caballeros, mientras ella era una observadora silenciosa e inútil para poder salvarlos. Se mordió el labio al ver como Seiya cayó de rodillas al suelo, a medida que la presión y la energía de Cronos les empujaban con mayor fuerza y rapidez. Entonces sintió como las energías y la misma exclamación de Athena junto el ataque de Cronos comenzaba a desplazarse hacia ellos. Nadie podía moverse o huir, todos y cada uno iban a recibir el impacto de pie, aunque este significara el fin.

Cerró los ojos con impotencia, para evitar ver como todo a su alrededor comenzaba a destruirse, pero se negó esa cobardía y volvió a abrirlos, pero antes siquiera de poder pestañar, observo como todo a su alrededor era pulverizado y una luz cegadora, cargada de cosmos, fuego y electricidad se proclamaba sobre ellos, sintió como su perspectiva y promesas se desintegraron, al tiempo que observaba como un orbe cobalto se paseaba frente a ella y el trió de santos dorados era lanzado con mayor impacto hacia atrás…

Apretó con su puño la arena que estaba bajo la palma de su mano, al tiempo que algunas gotitas de sangre se desprendían de la herida de su costado y manchaban de un color marrón los granos de arena. Sus ojos ámbares observaron el torbellino que saco a los caballeros y marinos de aquel infierno en la tierra y como la diosa Anfitrite era sellada bajo toneladas de piedras ardientes y magma.

-¿Por qué estás aquí, sin hacer nada? – La voz broto de lo profundo de su subconsciente abruptamente, lo que la asusto y la dejo paralizada por unos segundos. – No te preocupes, aunque Ares despertó, para ti yo ya no soy una amenaza.

-¿Las almas de los berserkes han sido liberadas? – Aldana giro su rostro hacia su muñeca derecha al tiempo que comprobaba como comenzaba a dibujarse el sello de Ares en su piel. - ¿Acaso Scatha…?

-Así es, pero tú debes preocuparte por lo que tienes en frente, antes que por Ares. – Respondió la berserker con ironía. – ¿Aún puedes moverte?

La bella escocesa soltó un fuerte suspiro y tomo todo el aire que pudo, al tiempo que se paraba torpemente y examinaba detenidamente la situación frente a ella. Tifón no era un oponente que podía írsele debilitando constantemente, al contrario se le debía imposibilitar en un solo golpe y ella tenía todas las posibilidades para realizarlo, pero para ello tenía que frenar la velocidad del titán.

-Necesito llegar hasta donde esta Camus. – Pensó para sí misma, tomo el arco que llevaba en su espalda y coloco ágilmente una flecha entre el cuerpo y la cuerda, tenso ambos y la flecha salió expedida en la misma dirección donde había visto que las ráfagas de aquel torbellino se habían dispersado.

-Utiliza mi cosmos para desplazarte y atacar, mientras canalizas el tuyo para curarte. – Sugirió la berserkers.

-A estas alturas necesitaremos la fuerza de las dos. – Aldana percibió en la lejanía su propio cosmos que iba impregnado en la flecha y se teletransporto hasta donde su flecha se había incrustado en el suelo. La sensación del viaje tempo-espacial, le mareo un poco y distorsiono un poco su visión. Se apoyo pesadamente en una roca cercana y sacudió ligeramente su cabeza, tratando de aliviar la molestia.

-Aldana. – Sintió como su corazón dio un vuelco y se contrajo en su interior, al escuchar únicamente su voz, alzo los ojos y no pudo evitar alegrarse al verlo frente a ella. Corrió la corta distancia que les separaba y se arrodillo a su lado.

-Camus. – Le observo de pies a cabeza para ver que no estuviera gravemente herido y cuando vio que no era así, no pudo evitar lanzar una mirada a los fríos labios del francés, pero cuando percibió que él se había dado cuenta, no pudo evitar sonrojarse y giro el rostro hacia otro lado. – Te… tengo una forma de vencer a Tifón, pero necesitare tu ayuda y la de los demás.

-¿A qué te refieres? – Camus imito por unos segundos la acción de la escocesa y miro sus temblorosos labios, pero el que ella desviara la vista hacia otro lado, le recordó que debía centrarse en la pelea.

-Necesito que tú y tus alumnos congelen momentáneamente los movimientos de Tifón, yo tengo una flecha cargada del cosmos los dioses que podría sellarlo. Solo tenemos una oportunidad así que no debemos desaprovecharla. – Tomo la flecha sagrada entre sus pálidas manos y se la mostro al francés. La flecha estaba cubierta de un color dorado, pero en el triangulo de su punta era de una coloración negra. – Después de todo Athena, fue quien se la entrego a mi hermana y ella a mí.

-Aldana estas… -

-No tienes por qué preocuparte, aún tengo el cosmos de un berserkers en mi interior. – Aldana inclino un poco la cabeza, al tiempo que cerraba sus ojos con confianza y le dedicaba una cálida sonrisa, mientras sentía como su interior se destrozaba de dolor.

Pero ninguno de los dos pudo continuar hablando porque en ese instante un inmenso cosmos se percibió a sus espaldas, ambos se giraron en su dirección y pudieron entre ver a la lejanía como una inmensa columna dorada ascendía a los cielos y se perdía en su interior, volviendo a emanar entre las nubes, las cuales se separaban, abriéndole paso a aquel enorme meteorito de cosmos. Camus solo tuvo que ver la dimensión y la extensión del ataque para saber que ese terrible ataque, era capaz de congelarle la sangre a cualquiera, pero para su suerte, este provenía del guardián del sexto templo.

-Shaka, nos está dando la oportunidad - Camus siguió con sus orbes celestes la dirección del ataque, vio a Tifón alzar una colosal barrera de agua, que se fragmento ante el impacto del cosmos y se balanceo peligrosamente hasta derrumbarse, justo en ese momento el poderoso meteoro impacto el hombro derecho de Tifón, obligándolo a retroceder.

-Confió en ti. – Camus la miro con tal intensidad que realmente no hubiera habido mejores palabras para expresar lo que realmente ambos sentían, una mirada que pareció una promesa y tal vez esperanza. – Hyoga, Isaac ustedes dos ataquen las piernas, yo me encargare del torso.

La joven escocesa contemplo como el trió de santos se coloco en un perfecto triangulo, Camus se encontraba frente a sus dos discípulos, los cuales se posicionaron a su lado. El viento causado por el impacto del ataque del caballero de virgo hizo ondear las cabelleras del trió, mientras sus cosmos les rodeaban en un aura dorada, entonces los tres elevaron juntaron sus brazos frente a ellos entrelazando sus dedos y elevaron sus puños hacia el cielo, en ese instante todas las moléculas de agua dispersadas se comenzaron a congelar en cristales de hielo, el suelo se recubrió de una escarcha y el calor fue sustituido por un gélido aire.

-A pesar del frio que producen, sus cosmos están ardiendo… - Aldana miro asombrada a los caballeros de los hielos, parados frente a ella, como una perfecta trinidad.

-¡Ejecución de Aurora! – El aire chillo al congelarse tan abruptamente cuando los caballeros bajaron sus brazos frente a ellos y tres gigantescos tormentas de hielo condensadas en un chorro, salieron en diferentes direcciones.

Aldana dio un paso hacia atrás, al ser golpeada por una potente ráfaga de aire gélido que comenzó a cubrir todo de una fina capa de hielo que cada vez iba engrosándose a un más, tuvo que utilizar su cosmos para impedir que su cuerpo se entumeciera por el frio extremo que cubrió toda la playa.

Tifón sintió el impacto del fogonazo del cosmos del caballero de Virgo, su armadura recibió el golpe de lleno y le obligo a retroceder, sin embargo confió en que sería imposible para un humano traspasar una armadura divina, pero pronto cayó en su error al sentir como la energía de aquel humano escondido entre las sombras del santuario, comenzaba a disolver su armadura, chamuscando su piel.

-¿Quién eres? – Tifón rebusco angustiado entre la lejanía del santuario, tratando de localizar el punto de salida de ese cosmos y apenas lo encontró, se dispuso a contraatacar cuando tres descargas de cosmos gélido golpearon súbitamente sus piernas y su pecho, su cuerpo sintió el ardor producto del hielo y comenzó a congelarse lentamente. ¿Pero qué…? – Sus ojos descendieron al suelo y vieron al trió de santos que Anfitrite había salvado.- Malditos sean…

Aldana dio un salto alejándose de la onda gélida que rodeaba a los santos y se coloco entre dos pequeños riachuelos que se había formado entre las entradas constantes del mar a la tierra, sus pies tocaron delicadamente el suelo como si estuviera danzando en el aire, pero sus piernas flaquearon al sentir una inmensa descarga de dolor, que la hizo palidecer, sus rodillas golpearon el suelo y un torrente de sangre salió expulsado del costado de su herida.

-Aún no. – Aferro con fuerza su tórax, abrazándose a sí misma y ahogando el grito de dolor, mientras se inclinaba hacia el frente, debido al dolor, sus ojos ámbares resplandecieron en un reflejo en el agua, al tiempo que esta iba congelándose lentamente y se obligo a ponerse de pie, ignorando el grito de dolor que resonaba dentro de su cabeza. Tomo con su mano derecha el arco y en la izquierda sostuvo la flecha sagrada, al tiempo que volvía a girarse hacia Tifón.

El gran titán removió una de sus piernas de la cual se desprendieron grandes trozos de hielo, que por poco golpearon a Isaac, de no haber sido, por las ventiscas de Hyoga y Camus. Entonces piso el suelo con fuerza y un bloque entero de piedra, salió expedido por los aires, él cual golpeo con su puño cargado con su cosmos, que salió proyectado como un enorme meteoro ardiente en dirección hacia donde se encontraba Shaka.

Camus aumento la fuerza de su cosmos, tratando de congelarlo con mayor velocidad, justo en el que pudo percibir el ruido que produjo el impacto de aquel meteoro y por el rabillo de su ojo, observo la enorme detonación que se produjo en las doce casas.

-¿Shaka? – Le llamo por vía cosmos, pero el mismo tuvo que cortar la comunicación, pues Tifón alzo una muro de fuego que detuvo las tres columnas gélidas provenientes de ello.

-Maldición. – Isaac continuo golpeando el muro, sin embargo solo vapor salía expedido del encuentro de ambos ataques, si ni siquiera lograr atravesarlo.

-Aún continúa congelado, tardara unos minutos antes de que recobre la movilización. – Acoto secamente Hyoga, dirigiendo su ataque al mismo punto que su amigo de la infancia, logrando que ambos ataques atravesaran el colosal muro, pero convirtiéndose solo en leves corrientes de aire frio.

-¡Camus! – Aldana guardo ágilmente la flecha sagrada y posiciono otra en su lugar, su cosmos negro comenzó a desprender brasas rojizas, al tiempo que impregnaba la flecha con el mismo y la soltaba, la flecha silbo en el aire, dejando tras de sí una estela rojiza, que impacto el gigante muro de fuego, produciendo una luz escarlata ante el contacto de la punta y la barrera, propagándose por esta ultima y detonándola en cientos de cenizas negras que ondearon en el aire, impregnándose en los cristales de hielo, los cuales se volvieron negros y dándole un aspecto a la nieve en el suelo como si se encontraran en un mar de cenizas.

Tifón soltó un bramido de furia y rompió las capas de hielo que sostenían sus piernas, comenzando a caminar torpemente hacia la peli azul, ignorando por completo los chorros de hielo que golpeaban su pecho y sus extremidades

-Esa flecha… - Tifón volvió a gritar con mayor furia y el suelo comenzó a resquebrajarse, expulsando de su interior columnas de fuego que golpearon los cielos y produjo una intensa llovizna sobre ellos. El fuego, el hielo y el agua, comenzaron a removerse en grandes torbellinos que cobraron rápidamente altura y el suelo comenzó a cimbrar abriéndose y tragando gran parte del mar, provocando que las corrientes de este se golpearan entre sí. –Posee el cosmos de varios dioses en su interior… si llega a golpearme…

Isaac e Hyoga frenaron las ejecuciones de aurora al verse afectados por los diversos ataques de Tifón; el primero estuvo a punto de ser engullido por unos de los torbellinos y el segundo golpeado por un chorro de vapor ardiendo, que broto a su lado logrando quemarle la pierna izquierda.

Camus comprendió la intención del titán de ir tras Aldana, así que decidió que solto la ejecución de aurora en cuanto vio como sus alumnos, se situaron un poco más alejados del área de impacto desde donde retomaron sus ataques, pero ya no tenían tiempo, para congelarlo de aquella forma, Tifón iba tras la última esperanza que tenían para detenerlo. Por lo que se posiciono frente a él y el aura producida por su cosmos se entremezclaba con la nieve, las cenizas y el vapor a su alrededor.

-No vas a tocarla… - Para un caballero dorado quien había enfrentado hasta a sus mismos hermanos de orden, había aprendido que cualquiera que fuera el rumbo de la batalla y la fuerza de los ataques de sus enemigos, siempre debía mantenerse sereno y esperar la oportunidad, el momento justo cuando su contrincante cometiera una imprudencia que resultara un beneficio para él y para Camus aquello no había pasado desapercibido, había una gran cantidad de agua de en el ambiente.

Así que Camus elevo los brazos hacia el cielo, en su acostumbrada posición, sus puños comenzaron a rodearse del mismo hielo, generando un aura que variaba entre el azul cielo, blanco y dorado.

-¡Glaciación! – Hyoga e Isaac se asombraron al escuchar a su maestro nombrar una técnica completamente desconocida para ellos.

Dos grandes chorros de hielo salieron proyectados de sus puños hacia el cielo, los cuales aumentaban a medida que ascendían al manto azul marino y captaban toda el agua a su alrededor atrayéndola y congelándola al instante. El cielo emitió un destello dorado y las nubes dieron paso a que ambas columnas árticas golpearan a Tifón sin piedad, haciendo que el mismo hincaran una rodilla en el suelo y diferentes partes de su cuerpo comenzaran a cristalizarse, toda la playa y el mar comenzó a congelarse y cubrirse por una enorme capa de hielo, cambiando por completo la geografía y clima del lugar, el cual se volvió un inhóspito paraíso gélido y Tifón comenzaba a ser congelado como si una montaña se tratase.

-¿Dónde guardaba este cosmos? – Tifón reunio toda su fuerza y comenzó a tratar de levantarse, pero en ese instante se dio cuenta que la técnica del caballero no había terminado. Un fino manto bajo sus pies, comenzó a remolinarse y se formo una magnánima ventisca de millones de microcristales que comenzaron a unirse a su armadura, que comenzó a fragmentarse y caer en pedazos al suelo, al tiempo que estos cortaban su piel y se veía en medio de aquel terrible huracán de hielo, un destello dorado en el cielo llamo su atención y una nueva columna se abrió paso justo en medio del ojo del huracán impactándolo directamente, a medida que las ráfagas de hielo colapsaban con toda su fuerza destructora.

Aldana abrió lentamente los ojos, para darse cuenta que estaba semi cubierta por la nieve, deslizo ligeramente sus manos hacia afuera y se propulso por esta para desprenderse del manto níveo que la cubría, sacudió sus cabellos para retirar algunos copos de nieve y miro a su alrededor, viendo como la fina textura tersa era manchada por un amplia espícula escarlata que provenía de ella, tornando los copos de hielo de color carmín, pero extrañamente no había dolor en su herida, era como si esta hubiera desaparecido.

Entonces se paro torpemente y elevo un aura de cosmos negro en torno a ella, desenterró su arco y desabrocho la flecha sagrada de su cintura, sus ojos acariciaban con ternura aquel bello paisaje, como si estuviera viendo la luz por primera vez, sus manos temblaron y en el campo de su visión comenzó a ver unas pequeñas manchas negras que comenzaron a crecer.

-Podría considerarse una tragedia si muero… - Aldana apareció a sus pies un inmenso circulo negro en el que se formaron cientos de palabras escarlatas y doradas en forma de sellos, alzo su arco con la flecha posicionada perfectamente y tenso la cuerda hacia atrás. – Pero deje morir tantas cosas en mi interior en mi vida…

Un halo escarlata apareció alrededor de la punta de la flecha, mientras un punto oscuro, como si fuera vapor aparecía en su punta. Parpadeo un par de veces y vislumbro el poco vaho que producía su respiración, entonces exploto su cosmos al tiempo que el dolor estallaba en su interior como un disparo.

La flecha surco el cielo dejando una estela de fuego y cenizas a su alrededor y derritiendo toda la nieve que se cruzo a su paso, produjo un fuerte silbido y apenas se incrusto en el pecho de Tifón estallo por completo todo el cosmos en su interior, haciendo que el cuerpo del gigante comenzara a desintegrarse entre halos aperlados y azabaches.

-Tanto dolor….tantas cicatrices, que me perdí a mi misma…hasta que te conocí. – Sus rodillas se doblaron torpemente, sintió un terrible mareo, al tiempo que sus ojos comenzaban a cerrarse y veía la última exhalación de su propia respiración, una gruesa lagrima corrió por su mejilla, congelándose como un fino cristal, que dejo tras de si un camino aperlado, antes de caer en aquel manto escarlata que parecía absorber cada gota de su sangre y vida. – Tan…solo…hubiera…que…ri…do…

Continuara…

Comentarios:

Meiyami: Jajaja me dio risa, espero que este corazón, no te hubiera terminado de destusor el kokoro, espero que sea merecedora de ese óscar. Pues no se qué decirte de lo que hice con Camus y Aldana, pero espero que el morir lejos de la única persona que enciende una chispa en ti, debe ser desgarrador. Ni me digas lo que Netflix hará con Shun, es como tratar de innovar solo para hacer crecer a la franquicia, destruyendo personajes de por medio. Tú no te preocupes por Seiya capaz y ya no hay batalla y Cronos gana, como el titán omnipotente que es.

Andy: Las musas? Quienes son esas? Yo solo conozco a tristeza, jajajajaja pero sé que este capitulo te va a desgarrar por completo. Las cosas cada vez se complican más, disminuyendo sus posibilidades de éxito.A esta altura hasta yo me hubiera desanimado. Espero hayas pasado felices fiestas y gracias por seguir al pie de la letra esta historia, eres de lo mejor. Yo no alimento tu ilusión, normalmente mi musa despechada la rompe jajajaja.

Mugetsu-chan xd: Discúlpame por haberte hecho llorar tanto, que bueno que esta seria te haga experimentar algún sentimiento, te lo agradezco. Es triste pensar que el sacrificio que haces no vale para nada, que lo mucho o lo poco que cambiaste no hara ninguna mejoría a nadie y que al ginal estas tu solo. ¡Chan chan cha! Aldana no fue la que menos suerte a tenido en toda esta historia, pero al final tal vez pueda cambiar.

Luz: Agradezco mucho tu comentario y me congratula mucho que te gusto, aunque me la pasa llevando a situaciones tan extremas a los personajes. Quise dejar a Afrodita experimentar por un momento la soledad que siempre rodeaba a los santos de Piscis, pero Athena se negó a ello. Pero para que veas te complazco en sacar a Shaka de tártaro.

Pyxis and Lynx: Vas a ver que el final de este fic, te va a nonadar y nunca vas a imaginarte que esta guerra se peleaba por dos frentes por los dos lados. Pero ya lo veras más adelante. Jajaja me mataste con el vértice a tu cama y Shaka, jajaja no se pero me lo imagine.

Jazsmith: Y ahora el tiempo se hizo terriblemente largo, lo siento por ello de verdad, jajaja de verdad lo siento pero hasta me pongo a corregirlo de madrugada para que se publique lo antes posible. Ya veras que el final será épico. Quisiera decirte que tengo la forma perfecta para cavar esta historia y darte los detalles, pero es imposible, espero que disfrutes este capitulo en lo que llega el siguiente.

Camilo navas: Tu predicción se hizo cierta la exclamación de Athena no funciono contra Cronos pero hay algo más que pudiera acabar con todo esto, pero no puedo decírtelo. Las cartas están echadas al aire y solo dios sabrá que pase.

Atte: ddmanzanita.