Capitulo 54. Una vez te juramos lealtad.
El estruendo persistía aun en el aire, disolviéndose con lentitud, tan solo como un retumbo entre las nubes, mientras pequeñas partículas de polvo caían en el suelo, entremezcladas con los cristales de hielo que se desprendían del cielo, como copos de nieve, que se escondían entre la profusa niebla.
El vaho de su respiración le recordó que estaba vivo, sus músculos estaban completamente entumidos y la preciosa armadura dorada de acuario, comenzaba a fragmentarse por las gruesas capas de hielo que tenia sobre ella, una nueva exhalación pareció abstraerlo de sus pensamientos y entonces fue que reparo en la inmensa cantidad de hielo que estaba a su alrededor. Sintió el cosmos de Isaac e Hyoga a sus lados y suspiro aliviado al percibirlos, sin embargo su corazón se detuvo abruptamente al reparar en la ausencia del de la escocesa.
-Aldana… - Obligo a sus piernas a dar un paso, luego dos, de forma que vencieran el frio extremo que el mismo había producido, incluso dudaba que sus dos alumnos, pudieran movilizarse adecuadamente con aquella temperatura. – Aún no…
Sus piernas comenzaron a abrirse paso entre los centímetros de nieve, dejando un profundo camino tras él, mientras la niebla iba dispersándose a su alrededor, permitiéndole ver con mayor claridad.
-¡Aldana! – Su voz pareció congelarse en el aire, había apenas visualizado la silueta de la joven entre la niebla, pero a medida que se acercaba sus preocupaciones aumentaron más. La bella escocesa estaba tendida boca abajo en el suelo, su cabello cubría parcialmente su rostro y estaba disperso a su alrededor, adornado con pequeños copos de nieve, mientras su cuerpo estaba bañado y tendido en una gran cantidad de nieve escarlata y cenizas.
El vaho de su respiración se acelero a medida que corría en dirección a la peliazul, pero su corazón parecía detenerse.
-¡Aldana! – Se lanzo al suelo a su lado, la tomo entre sus brazos, retiro ágilmente los mechones de cabello celestes que cubrían su piel extremadamente pálida y fría, sus dedos se mancharon de la sangre de la joven, en cuando la levanto del suelo, para recargarla contra su pecho y piernas, al tiempo que su cabeza se sacudió con flacidez y su cuerpo respondió perezosamente a él. – Aldana. – Voz sonó a un suspiro, incendio su cosmos tratando de cubrirla con él, pero la joven permanecía aun sin respuesta.
Frunció el entrecejo y cerró los ojos consternado, sintiendo el cuerpo helado de la joven, tan frio como la nieve que les rodeaba, incluso la sangre que les cubría se habían vuelto cristales carmesí, recargo su frente sobre la de ella, al tiempo que entendía el sacrificio que la joven había hecho desde que había recibido esa herida en su costado, su destino había sido sellado, pero su voluntad por ayudar la habían impulsado a continuar adelante. Tan solo se arrepentía de haberla dejado marchar sola al monte Otris, aquella noche, cuando ambos se encontraron en las afueras del santuario.
La tempestad que había ocurrido a su alrededor, ahora estaba completamente apaciguada, dejando únicamente el abrumador silencio, de un solo corazón latiendo desbocadamente…
Y otro dando los últimos latidos desesperados de su vida…
-Ca…mus… - Sus orbes ámbares se mostraron bajo sus níveos parpados y ella expreso una muy débil sonrisa.
-Aldana, tu… -
-Me… salvaste… - La bella escocesa extendió su cuello y sus labios rozaron los del santo, entonces Camus estrecho con fuerza el cuerpo de la joven y planto un intenso beso en los labios de la joven, quien le respondió. – Fuimos por caminos muy largos y distantes… pero al final… me encontraste… - Aldana dejo que su último suspiro, se transformara en aquel beso. Entonces su cuello se inclino hacia atrás y su cuerpo perdió las últimas fuerzas otorgadas por su cosmos.
-Aldana. - Camus sintió la flacidez del cuerpo de la joven y la estrujo con mayor fuerza contra él, mientras las lágrimas incendiaban su rostro y se maldecía a sí mismo, por congelar cada momento en que pudo haber estado con ella y nunca expreso lo que realmente sentía por ella.
…
Su propio cosmos se revoloteaba como un rugido en las palmas de sus manos, quemándoles con intensidad la piel, las columnas doradas de cosmos salían expedidas, creando una inmensa esfera de color dorado, que producía un terrible estruendo, que se enredaba encarnizadamente con una esfera azabache y que lanzaba una inmensidad de rayos de la misma tonalidad.
Hacia un par de minutos que el balance entre ambos ataques había perdido el equilibrio, la trinidad de caballeros dorados, sentían como estaban siendo impulsados cada vez más hacia atrás, amenazándoles con lanzarles a la cara su propio ataque y el de Cronos. Terminando con todo su esfuerzo.
-¿Athena? – Seiya volteo a ver a la pelinegra, quien concentraba gran cantidad de su cosmos en el trió de santos frente a ella y que además expedía una columna de cosmos hacia la exclamación de Athena.
-Lo sé, Seiya. – Maldita sea si lo sabía, ambos ataques se habían inestabilizado desde hacía un buen rato y si, este no les había explotado aún, era por la gran cantidad de cosmos que ella estaba utilizando para fraguar el cosmos de Cronos e Hyperion juntos.
-Debe marcharse. – Seiya hizo arder aún más su cosmos, tratando de aportar cierto alivio a Aioros y los demás. – Nosotros detendremos el ataque…
-No. – Saga le miro por el rabillo del ojo con determinación y el japonés se asombro de la fuerza de espíritu del gemelo mayor, no estaba flaqueando, ni siquiera se veía en su mirada un atisbo de duda, aun a pesar de ser consciente que todo estaba perdido. – Seiya debes llevar a Athena hasta donde se encuentra Shaka.
-No pienso irme de aquí. – Sentencio secamente Athena, viendo como los músculos de los brazos de Aioros y Saga comenzaban a temblar ante la fatiga.
-Athena. – Shion cerró los ojos con desilusión, sabía que había fallado y que aquel era el presente de la horrenda visión augurada por la flame hacia días. El acababa de llevar a su diosa y a los demás a su finpero no era el tiempo de arrepentirse de sus decisiones o enaltecer la fuerza de su enemigo, al contrario, debía encontrar un camino lleno de esperanza, que les sacara de aquella situación, que ofreciera una oportunidad al futuro. – Debemos aceptar esta derrota, pero no por ello debemos poner fin a la guerra, aun tenemos que tener fe. Así que repliéguese con los santos sobrevivientes y tracen un nuevo camino hacia la paz.
-Mientras usted viva, los santos jamás perderemos la esperanza. – Aioros sintió como su hombro crujió ante el contrapeso que ejercía su ataque, lo que produjo una descarga de dolor. – ¡Vivos o muertos, le seremos leales hasta la eternidad, porque somos caballeros de Athena!
La coalición de ambos ataques atronó en su interior, produciendo una detonación ensordecedora que disperso una onda expansiva luminosa, las ráfagas de viento y fuego se arremolinaron en torno a la exclamación de Athena. La energía comenzó a vibrar a una mayor presión sobre sus extremidades
-¡Un caballero dorado, jamás flaquea frente a su enemigo! – Saga comenzó a usar el cosmos de su propia vida, para introducirlo a la exclamación de Athena, sin importarle las consecuencias físicas de ello. – Athena le encomendamos el resto, ha sido un honor estar a su lado.
-Athena ¿Recuerda la última reunión bajo el reloj de Meridia? – Shion sonrió con cierto paternalismo al recordar a Saori y deseo con todo su corazón que esa niña, tan dulce estuviera a salvo al terminar esta guerra. - ¡¿La recuerda? Quiero que sepa que esos juramentos y la convicción que mostraron ese día, son los mismos con los que me convertí en el santo de Aries, que inculque a las generaciones cuando fui patriarca y que he portado con honor desde hace mas de 265 años! ¡El alma de un caballero jamás será destruida porque usted jamás ha flaqueado a su juramento con nosotros! ¡Y hoy, ni nosotros, ni usted los vamos a romper! ¡Quemaremos nuestros cosmos y nuestra propia vida, con tal de plasmar una y mil veces más el honor que significa servir a su lado!
La pelinegra recordó ampliamente su compromiso con la humanidad en ese instante, se emociono enormemente al escuchar y ver combatir a sus caballeros de esa forma, que juro mentalmente que no importaba lo que tuviera que hacer en esa guerra, no iba a permitir que los titanes ganaran y destruyeran a los seres humanos, no importaba el sacrificio y el dolor que su alma tuviera que cargar.
-¡Ahora Seiya! – Aioros miro de soslayo al caballero de Pegaso, indicándole con la mirada que debía cumplir con su nueva misión.
Athena no pudo emitir ninguna otra palabra, su voz se rompería en cualquier momento, estaba tan orgullosa y agradecida con todos sus santos, que verlos pelear con tal convicción, sacrificando todo por ella y la humanidad, le mostraban el fruto de sus esfuerzos y enseñanzas, que planto en la tierra. Un torrente de lágrimas broto de sus ojos ante la impotencia y el orgullo entremezclados, mientras Seiya y ella dejaban de aportar cosmos a la exclamación de Athena, para replegarse dentro de las doce casas.
Saga, Shion y Aioros sintieron el aumento de presión sobre sus articulaciones, al tiempo que eran lanzados con mayor fuerza hacia atrás, la exclamación de Athena comenzó a desplazarse hacia ellos. Todo a su alrededor comenzó a destruirse, pulverizándose en polvo y fragmentando hasta sus átomos, la luz comenzó a cegar la mirada de los tres, mientras sentían como su cosmos se volvía contra ellos.
Saga escucho el estruendo de su pierna izquierda al fracturarse por la presión y como la piel de sus brazos era quemada, por su parte Aioros se disloco por completo su brazo derecho, el cual sucumbió, mientras el izquierdo trataba desesperadamente de ejercer la fuerza de ambos.
-Estoy orgulloso de ambos. – Atino a decir Shion, cerrando los ojos con pesar, al ver que la vida de dos grandes hombres se cegarían a su lado y cuanta falta le harían al universo, su propia existencia.
-Yo también estoy orgulloso de ti, has crecido mucho Shion. – Una mano se poso sobre su hombro con afecto y le infundió una gran cantidad de cosmos, sobresaltándolo. -
-¡Maestro Hakurei! –
…
Sus rodillas golpearon el piso y sus manos a penas y fueron capaces de detener su torso, varias gotas de sudor resbalaron por su rosto, desprendiéndose junto a la sangre que emano por uno de los poros de su nariz, su respiración comenzó hacer un vaivén acelerado en su pecho, que no se satisfizo hasta que comenzó a jalar aire por su boca.
-¿Shaka? – Geist poso una mano con cuidado en la espalda del caballero y le miro preocupada.
Y es que la amazona aun continuaba impresionada de ver el despliegue de cosmos que había utilizado Virgo, su energía se había incrementado de golpe, sin envidiar a la cosmoenergia de sus compañeros en los diferentes puntos del santuario mantenían, pero Shaka había sido capaz de proyectar con una embravecida fuerza su propio ataque por varios kilómetros, sin que esta perdiera en algún momento su magnitud, incluso fue capaz de vislumbrar cuando este ataque había golpeado en la lejanía a Tifón, por la inmensa luz lineal que surco el horizonte en un tono dorado.
-Debemos llevarte a un lugar seguro, Shaka. – El caballero de dragón extendió su mano al dorado pero este negó.
-Él pudo localizarnos… - Los tres pares de ojos voltearon asustados hacia la dirección de Cabo Sunion y se asombraron de ver una bola de fuego que surcaba los cielos, abriéndose paso entre las nubes y el humo en su dirección.
-No puede ser. – Ikki dio varios pasos por delante del caballero dorado, a medida que su corazón vibraba angustiado ante el inmenso cosmos que se acercaba a ellos. Ese ataque sería capaz de destruir virgo, libra y leo.
Shaka se maldijo mentalmente al no haber escondido la procedencia de su poder, como antiguamente lo había hecho mientras atacaba a Camus, Shura y Saga en la casa de cáncer, pero ahora había deseado causar un gran daño al titán, tanto que fuera posible para Camus idear un plan.
Trato de incorporarse pero las heridas de Tártaro parecieron abrirse aun más y su cuerpo se quedo paralizado por el dolor, el aire comenzó a faltarle y su vista se nublo de golpe, se desvaneció sobre el suelo y su cuerpo golpeo el frio mármol de Virgo, su templo.
-¡¿Shaka?!¿Shaka? – Todos le rodearon preocupados pero su voz a penas y fue un susurro lejano.
-Ahora entiendo tu sonrisa. - Apretó la tierra en su puño y cerró los ojos ante una ola de dolor que le embargo, mientras percibía entre la niebla de su vista como se acercaba el poder de Tifón. – Fuiste capaz de sellar mi cosmos…Tártaro.
Ikki sintió un aire gélido recorrerle toda la columna cuando sintió que el cosmos de Shaka se congelo de golpe y le vio cerrar los ojos, miro angustiado a Shiryu que aun continuaba perplejo sin comprender que había ocurrido, mientras aquella enorme esfera se acercaba ardiendo a ellos.
-Shaka… - Shun levanto el cuerpo del caballero de Virgo y miro confuso a su hermano. -¿Qué vamos a hacer?
-Debemos detener eso o será muy tarde. – Shiryu incendio su cosmos, el cual se sacudió abruptamente y formo un gigantesco dragón de agua que emergió desde el suelo del sexto templo, sus ojos rojos soltaron un astro escarlata y se contoneo en medio del aire.
-Improvisemos, como ellos lo hacen. – Ikki miro de reojo a Shaka, si algo les habían enseñado los caballeros dorados, es que ninguna misión debía ser forjada para actuar sola, al contrario debía entrelazarse con la de sus compañeros para un bien común, para alcanzar el objetivo principal, no importaba los sacrificios, ni el esfuerzo que tuvieran que hacer. - ¡Arde cosmos! – Un flamazo rojo broto del suelo y le envolvió, al tiempo que el aura de su cosmos, se extendía hacia los lados formando unas enormes alas de fuego, que aletearon para formar un gigantesco fénix de fuego.
El dragón dio un giro en el aire, desprendiendo de él una suave brisa que mojo a los caballeros abajo, antes de abrir sus fauces y dirigirse hacia aquel meteoro ardiente, sus dientes se impactaron pero se destrozaron ante el golpe y lo mismo sucedió con todo el resto de su cuerpo, entonces el fénix blandió con agilidad sus enormes alas y golpeo con todo su cuerpo aquel ataque frenándolo con un flamazo que se expandió en el aire, generando una onda de luz anaranjada que mostro un panorama poco alentador: un santuario totalmente destruido…
…
Tu consciencia no es nada, tu existencias es efímera y se perderá en el averno de la oscuridad.
Un inmenso silencio le sumió en la profunda oscuridad, sus oídos parecían cargados de estática, mientras su mente estaba sumida en el desasosiego de aquella habitación infinita. En ese lugar ya no había dolor, no había ni bien, ni mal, ese sitio era la nada.
Su mente parecía estar dispersa, sin poder recordar nada de quien era o quien fue, tan solo una consciencia sin pasado.
Parpadeo un par de veces en aquella oscuridad o al menos lo pensó, ya que era lo mismo tener los ojos abiertos que cerrados en ese sitio, de cualquier forma no lograba ni ver ni la punta de su propia nariz, si es que tenía una.
En un inicio cuando su consciencia surgió en aquel sitio, podía recordar quién era y su vida pasada, pero a medida que ese eterno averno le rodeaba, su esencia iba perdiendo trozos de su existencia, le eran arrebatados dejando una sensación de paz, que envestía a una incertidumbre, como cuando alguien olvida algo importante que es imposible recordar.
-¿Qué es este lugar? – Su cuerpo parecía estar flotando en una nube o en una sustancia, de la cual era incapaz de reconocer, no era agua, pero tampoco estaba en una masa condensada de aire, era una sensación tan envolvente como si se encontrara en medio de una multitud. -¿Quiénes son?
No estaba seguro de que era lo que ocurría, pero una mezcla extraña de emociones le envolvió, como si cada sentimiento le golpeara con toda su fuerza, arrancando parte de su alma y volviéndolo solo un ser inerte, sintió como si se recostase sobre el suelo frio y pronto pudo escuchar en la lejanía como una gota de agua caía sobre lo que parecía ser más agua, el goteo fue tan claro que pareció, encender un atisbo de quien era su mente.
-Tu alma fue compraba hace tiempo y por ello os doy la oportunidad prometida… -
Esa voz arrastro cada palabra con dificultad que pareció que en lugar de una gota, un rayo hubiese golpeado el agua, una punzada de dolor comenzó a brotar desde su cerebro, que comenzó a destruir sus pensamientos, trato de llevarse ambas manos a la cabeza, pero una acción como aquella era imposible.
-¿Quién eres? –
-¿Quién eres tú?– Cuestiono una extraña voz desde lo profundo de ese sitio, diferente a la primera, pero podía escucharla tan clara, como aquel goteo de agua.
-No lo sé. – Respondió agitadamente, pero su interior se revolvió, como si la respuesta rogara salir su interior, pero no lograba comprenderla. Pero aquella voz no volvió a responder, guardo un profundo silencio que le desespero aún más. - ¿Quién eres?
-¿Quién eres tú? – Una nueva gota cayó con fuerza en medio de aquel lago y resonó en todo el lugar, produciendo un círculo delimitado solo por una línea blanca.
-Ya te he dicho que no lo sé. – Aquella voz volvió a guardar un terrible silencio que le hizo pensar que jamás volvería a contestarle, abandonándolo en esa oscuridad,trato de buscarla con la mirada o volver a percibir aquel goteo, pero ambos sonidos se habían esfumado. - ¡No lo sé! ¿Me has escuchado?
-¿Por qué no me respondes? – No supo si camino, nado o voló en medio de aquel sitio, pero sintió que su cuerpo se desplazaba hacia la nada, buscando a alguien que no podía ver, ni sentir.
-Porque tú eres incapaz de sentirnos. Sabes que estamos aquí. – Esas palabras cayeron sobre él, como un rayo fulminante, se estremeció de tal modo, que giro hacia atrás en busca de aquella voz, mientras sus recuerdos comenzaban a golpearlo a la velocidad de la luz.
-¿Sentir? –
-La sensación de la muerte, ese profundo vacio. –
-¿Es en lo que estoy ahora? …Estoy muerto… - Un profundo golpeteo ocurrió dentro de su pecho y se hundió de golpe en el suelo, el cual se volvió completamente liquido, su cuerpo chapuceo dentro del agua, en donde comenzó a sumergirse, mientras se arremolinaba en un poderoso tornado, su cuerpo pareció desintegrarse en el interior, mientras su alma se expandía en miles de particular, permitiéndole percibir todo a su alrededor, primero el sentido de su olfato se magnifico y fue capaz de oler el aroma del mar, no, era un bosque, o tal vez era la lluvia, pero se dio cuenta de su error, en ese lugar estaban aglomerados cada uno y cientos más de olores.
Su tacto y alma, comenzaron a percibir a cientos de personas a su alrededor, que se removían intranquilas y de pronto pudo comenzar a percibir sus voces, tan lejanas y efímeras que no alcazaba a percibir que decían, pero se fueron volviendo cada vez más fuertes, en atronadoras y chillonas voces, que tornaban incomprensible lo que decían, pero a medida que percibía más y más voces, sus ojos percibían una luz blanca que le permitían ver la sombra de varios hombres parados a su alrededor, entonces el remolino comenzó a girar más rápido hasta que freno en seco y pareció lanzarlo de bruces contra el suelo, su boca se impregno de sangre y su sentido del gusto saboreo el sabor metálico, la tierra y el agua como uno solo.
Cerró los ojos con fuerza y comenzó a toser grandes cantidades de sangre, que mancharon el borroso piso bajo él, que parecía un inmenso espejo de agua, su sangre comenzó a disolverse y expandirse en el liquido cristalino, una descarga de dolor comenzó a punzar por todo su cuerpo y de pronto, reparo en que continuaba en la misma habitación que antes, pero ahora se encontraba completamente solo.
-¿Puedes percibir el vacío que deja la muerte? ¿Esa soledad e incertidumbre?- Alguien clavo un puntapié en su costado, lo cual produjo una punzada de dolor que le trajo a la realidad. – Siempre has huido de tus obligaciones. Para lo único que eres bueno es para rendirle tribulo a la muerte. Todo un digno caballero de…
-…Cáncer… - Apoyo torpemente los codos sobre el frio liquido para levantarse, pero su cuerpo escarmentaba toda la sensación que había percibido antes de morir a manos de Cronos. - ¿Se supone que estoy muerto no?
-Así es, pero el rey del inframundo te ha otorgado otra oportunidad. – Una mano se poso sobre su hombro y le extendió otra para ayudarlo a levantarse. - Deirdre. – Su voz sonó desconcertada y carente de emociones, pero tomo su mano sin ningún rencor. - ¿Qué es este sitio?
– Parece que no hay solo vacio, pasando el Yomotsu. ¿No es así, Ángelo? Tal parece que siempre nos equivocamos, fuimos ciegos ante lo que no queríamos ver. Es un lugar donde puedes oír con demasiada atención. – Deirdre apunto su oído, como en señal de que escuchase algo, pero volvió a percibir las cientos de voces a su alrededor, sin ser capaz de comprenderlas. – Dime Ángelo ¿Puedes escucharlos?
Se asombro de ver a su maestro con aquella aparente tranquilidad, cuando en vida jamás le había visto así, parpadeo un par de veces, incrédulo a lo que estaba a su alrededor y se decidió a acatar lo que él decía, pero parecía que era incapaz de entender aquello, sus oídos únicamente captaban el murmullo de aquella multitud sin lograr entenderla.
-¿Qué están diciendo? ¿Quiénes son ellos? – Agudizo el oído con atención, pero fue inútil, por lo que comenzó a desesperarse al no comprender aquella situación. – No puedo escucharlos.
-Tal vez estas escuchando incorrectamente. – Su maestro avanzo unos pasos hacia él y toco con la punta de su dedo su pecho, fue entonces que comprendió a que se refería y casi al instante comenzó a percibir una gran cantidad de energía en su interior, como si esta manara de él, pero no era suya, sino de su maestro, esa convicción y esperanza provenían del hombre que tenía enfrente. – El patriarca te enseño esta técnica porque confiaba en ti, eso solo me hace sentir orgulloso del hombre en quien te has convertido, pero a la vez, sumamente apenado porque no fui yo quien te motivo a ello, tan solo te desvié del camino y te arrastre conmigo a la oscuridad…
-Está bien. – Mascara de la muerte retrocedió un paso y tomo la mano de su mentor, estrechándola en un fuerte apretón. – Ahora puedo sentir el objetivo que silencio tanto tiempo su alma. – Permaneció en silencio, sintiendo con más interés los sentimientos dentro del antiguo caballero de cáncer, el anhelo de paz, la esperanza en un futuro sin guerras, el amor a la vida y el irremediable deseo de pelear por Athena, sucumbido todo aquello en la desesperanza de la muerte irremediable que estaban destinados a observar en Yomotsu. – Me entrenaste con dureza para ser mejor, porque deseabas que venciera los límites de la vida y la muerte ¿No es así?
-Así es, supe que eras el indicado para heredar mis técnicas y la técnica prohibida del patriarca, desde el primer momento en que te vi en Italia. – Su pecho vibro ante aquella ola de sentimientos, mientras un irremediable deseo de paz lo inundaba, comenzando a sentir cada vez mas emociones cargadas de justicia y amor, entonces volteo a ver a su maestro y se quedo en silencio mirándolo, con admiración.
-Pero yo… -
-Tú eres el cuarto santo de las doce casas. Ni más, ni menos. – Deirdre junto sus manos con las de su alumno y una llamarada celeste de fuego fatuo se formo, creada por su cosmos y la de su maestro. – Debes percibirlos también a ellos, como percibes mi alma y romperás los límites que nos atan a este sombrío lugar.
…
Un orbe cobalto revoloteo frente a ella y la rodeo, sus ojos grisáceos le siguieron con curiosidad, en medio de la noche, pero rápidamente se dio cuenta que varios astros celestes comenzaban a rodearla, iluminando la noche, como si estuviera rodeada por cientos de estrellas, que emitían un aura de tranquilidad.
-No…no son solo orbes… - Parpadeo varias veces, antes de que le fuera imposible contener el torrente de lagrimas que brotaron de sus preciosos ojos, corriendo por sus mejillas, como ríos brotando entre una montaña. – Son ustedes…nunca me abandonaron… -
Escucho un leve quejido tras ella y tanto Seiya como ella se voltearon asombrados, para darse cuenta que a sus espaldas se encontraban más de esos orbes, los cuales fueron distorsionándose a median que crecían.
-¡Maldito y estúpido titán… - Sus orbes se sacudieron asombrados al ver como el cuerpo maltrecho de Mascara de la muerte, comenzaba a levantarse, su cosmos dorado le rodeaba por completo, destellando con intensidad. – No vamos a permitir que la toques!
Los ojos azules del italiano miraron con esfuerzo a Shion y le agradeció mentalmente, si podía activar aquella técnica era porque el ariano le había enseñado a desplegar un cosmos de alta potencia, lo que le permitió infringir las leyes del inframundo y hablar con Deirdre, quien le oriento en el resto de la técnica.
El cosmos del caballero estaba ardiendo al límite, su cuerpo era incapaz de responderle para moverse e incluso su respiración se estaba dificultando, pero daría su vida para ejecutarla y salvarla a ella…
-¡Onda de espíritus celestiales! - El cosmos dorado se desplegó a su alrededor y todos aquellos orbes, comenzaron a crecer.
-¿Qué está pasando? – Seiya estaba completamente atónito, esos orbes estaban reaccionado por si mismo e incluso ver a Mascara de la muerte invocarlos después de tener aquellas heridas producidas por el titán, le mostraba que la fuerza de un caballero dorado, jamás alcanzaría un límite.
-Esa técnica es capaz de invocar a los espíritus y el cosmos de los guerreros fallecidos, liberándolos del poder del dios Hades. – Sus orbes grises se agitaban con emoción, había creído que jamás observaría esa técnica de nuevo.
Los orbes comenzaron a transformarse en siluetas de espíritus de cientos de guerreros, que emitieron una intensa luz blanquecina, con el cosmos que expedían de sus cuerpos, los ojos de Seiya no reconocieron a ninguno de aquellos hombres, pero no tuvo que esforzarse mucho para saber que todos estaban ahí por Athena.
Un hombre alto de cabello plateado y amarrado en una coleta se abrió paso entre los caballeros, hizo una gran reverencia cuando paso al lado de Athena y fue hacia donde se encontraba el trió de caballeros dorados, poso su mano con firmeza sobre el hombro de Shion, quien se sobresalto ante el contacto.
-Yo también estoy orgulloso de ti, has crecido mucho Shion. – El patriarca sintió una gran cantidad de cosmos impregnándose con el suyo y dándole más fuerza a la exclamación de Athena.
-¡Maestro Hakurei! – Su alma se sacudió de felicidad, al volver a ver al hombre a quien había considerado un padre, sentir la vitalidad de su cosmos, como hacía más de 265 años, hizo que en sus orbes se agolparan las lagrimas.
-Siempre superas tu limite ¿No es así, Shion? – La voz sarcástica de Manigoldo resonó a su lado, infundiéndole gran cantidad de su cosmos a aquella esfera. – Veo que te convertiste en el patriarca, aunque la armadura de Aries siempre te sentó bien. – El poderoso cosmos de cáncer comenzó a integrarse a la exclamación de Athena, dándole unos ligeros tintes celestes. – Lo has hecho bastante bien, Shion. –
Aioros y Saga intercambiaron una mirada entre ellos, no reconocían a ninguno de aquellos dos caballeros que les rodeaban pero la fuerza de su cosmos y los comentarios que le dirigieron al patriarca los situó como aliados, su cosmos se unía al de ellos para salir expedidos hacia la exclamación de Athena que comenzaba a recobrar terreno.
Saga flaqueo por unos segundos ante el dolor de su pierna, pero un par de manos detuvieron su espalda con firmeza y se sorprendió de ver a un hombre de tez morena clara, con un aspecto muy similar al de él y que portaba la silueta de la armadura de géminis.
-La fuerza de tu cosmos…es lo único que someterá a la terrible ambición de los titanes. – Aspros de Géminis, se hizo a un lado para que un hombre de su misma fisionomía se colocara a su lado.
-Muéstranos el brillo de géminis. – Deuteros infundio de la misma forma su cosmos a la exclamación de Athena.
-Aún tienes otro brazo para sostener el arco de sagitario ¿No es así? – Sísifo le sonrió cálidamente a Aioros y su cosmos alumbro poderosamente la exclamación de Athena. – Nuestro signo siempre debe abrirle el camino hacia la luz al resto.
Varias decenas de hombres comenzaron a colocarse alrededor de la exclamación de Athena, incendiando su cosmos para fundirse en su interior y contrarrestar la fuerza de Cronos, algunos conocidos para Shion otros tantos pertenecientes a generaciones pasadas a la suya, sin embargo todos ellos eran caballeros de Athena.
-Andando de pie. – Deirdre le extendió la mano a su alumno quien la tomo con su mano bañada en sangre. – Tienes que ver la proeza de lo lejos que ha llegado tu cosmos, Ángelo.
-Maestro. – Se apoyo en su maestro quien lo ayudo a erguirse y contemplar la infinidad de caballeros que habían servido en su tiempo a Athena y que ahora estaban de nuevo frente a ella mostrándole, que su juramento aún era tan firme como cuando lo dijeron en vida.
-Nuestro signo jamás debe ir por detrás de sagitario o géminis, debemos de poseer el poder para ser considerado sus iguales. – Deirdre unió su cosmos al de él, para aumentar con mayor intensidad la conexión que Mascara estaba manteniendo con el inframundo. – Sumirnos en las sombras nos hace surgir con mayor fuerza hacia la luz.
-¡Por Athena! – Ladro una potente voz, que abrió paso a un resonar de voces, que entregaban su cosmos al mismo fin. -¡Por Athena!
-Me alegra ver que sigues siendo la misma, pero has cambiado un poco… te ves un poco más humana. Pero eso era lo que queríamos ¿Lo recuerdas diosa Athena? – Un hombre alto, de tez blanca, cabello castaño y ojos marrones oscuros se poso a su lado, su armadura platina desplegaba unas gigantescas alas y adornos de una armadura divina, correspondiente a la constelación de Pegaso.
-¡Pegaso! – Su corazón latió desbocadamente, para esas alturas no solo estaba emocionada por ver a sus antiguos caballeros, si no que el observar a su primer santo de Pegaso la conmociono enormemente. El castaño extendió su mano hacia la diosa, quien la tomo aun estupefacta, pero el simple roce de sus manos les transporto a ambos a la primera vez que se observaron, mucho antes de que se embarcado en esa odisea.
En aquel entonces el santo de Pegaso, era hijo de Medusa y Poseidón vivía como semidiós en los palacios submarinos, por en ese entonces tanto Poseidón como Athena mellaron una tregua, para que esta venciera a Hades y cuando acudió a la Atlántida para sellar dicho pacto, fue cuando se topo con aquel hombre de cabellos marrones revueltos, vestido de príncipe y altanero.
Athena sabía que Pegaso era muy inferior a ella, sin embargo antes de imponer su puro linaje, decidió mostrarle que había una razón más allá que ser dioses o semidioses y enaltecerse de poder, le mostro la vida humana, la vida de la cual Pegaso rehuía. Así que cuando se hizo su santo aquella altanería atronó en un sentido del humor sin igual, ocultando la soledad que anidaba en su interior y su carácter imprudente y necio le motivo a seguir adelante, mostrando que estaba lleno de lealtad y amistad hacia ella que lo llevo a reencarnar una y otra vez para protegerla, pasase lo que pasase.
-Vamos Athena, unámonos a ellos. - Pegaso le sonrió, de la misma forma en la que lo había hecho otras veces, tan despreocupadamente que le hizo olvidar por unos segundos aquel cruento combate, pero la firmeza con la que apretó su mano, le trajo de regreso mostrándole la verdadera tensión que experimentaba en esos momentos.
-Vamos. – Sus cosmos destello con fiereza, formando una gran llamarada, caminaron abriéndose paso entre camaradas, que les sonreían despreocupadamente, que mencionaban una palabra entrecortada o una frase que les arrancaba una risa y ella misma se sorprendió de acordarse del nombre de cada uno de ellos, de su poder, de su forma de ser, del juramento que hicieron a su nombre y de todos aquellos momentos que paso con ellos, aquel era sin dudas un mar celeste de recuerdos, donde la luz parecía estar haciendo frente a la oscuridad.
-Debiste…haberme matado. – Mascara de la muerte dio varios pasos al frente, a pesar de sentir que desfallecería en cualquier momento, su cosmos estaba ardiendo en su interior, podía sentir el fuego del peseabre arder en sus manos y por una vez se detuvo a ver a sus compañeros quienes le deban la espalda, Aioros y Saga parecían dos grandes héroes, frenando toda aquella desgarradora destrucción con sus puños, pero por primera vez el no se dedicaría únicamente a contemplar sus espaldas, esta vez estaría hombro con ellos. - ¡Ondas de espíritus celestiales!
-Lamento el retraso… - Se disculpo con ellos, una vez que se puso al lado de Saga.
Ninguno de los dos le respondió, sus ojos estaban fijos en la exclamación de Athena, pero sus sonrisas se mostraron de medio lado en sus rostros y sus cosmos resonaron en conjunto con el de él.
Ese era el momento que Shion había estado esperando desde que había comenzado aquella guerra, cuando todos los santos de las generaciones pasadas y la actual unieran sus cosmos para mostrarle a los titanes y aquellos dioses que aun permanecía en la tierra la devoción que juraron a Athena, sus vidas eran temporales, pero su convicción era eterna.
-¡Por Athena! – Rugió Shion convocando al resto, quienes imitaron su unisonoro grito.
-¡Por Athena! ¡Por Athena! –
Los caballeros supervivientes y todos los espíritus, comenzaron a concentrar su cosmos en la gigantesca esfera dorada de la exclamación de Athena, la cual atronó en su interior por el gran poder destructivo de su interior, el suelo se convirtió en un gigantesco cráter que pulverizo toda la tierra y piedras bajo el, enormes ráfagas de aire se conglomeraron en torno a ellas, que se entrelazaban con las columnas de humo y fuego, las nubes se dispersaron a su alrededor, reflejando en su nubarrones grises la incandescencia dorada de aquel ataque.
El poder de Cronos poco a poco fue perdiendo terreno y fue engullido por la luz dorada, la coalición de ambos ataques atronó en su interior y comenzó hacer retroceder al rey de los titanes, mientras un ruido ensordecedor se dispersaba a su alrededor, vanamente Cronos trato de plantar los pies con fuerza, pues estaba siendo arrastrado hacia atrás, sin poder oponerse a ello.
-Es…imposible… - Las palmas de sus manos comenzaron a sentir una sensación cálida que comenzó a quemar su piel en cuestión de segundos, la sangre comenzó a manar a borbollones y sus brazos tuvieron que tensarse para tratar de resistir el acumulo de aquellos cosmos. – Todo esto es por el amor que le guardan a ella… -
Las rafas de viento casi le derribaron en el suelo y el fuego comenzó a arremolinarse a su lado, la energía comenzó a vibrar en sus palmas, amenazando con descontrolarse, mientras una mayor presión se ejercía sobre sus extremidades. – Parece que esto se ha terminado… - La armadura del titán, comenzó a caer a pedazos y pero antes de tocar el suelo se pulverizaba en cenizas en el aire, desapareciendo, cerró los ojos con resignación y maldijo no haber despedazado el cuerpo de cáncer cuando tuvo oportunidad, no solo de él, si no a su patriarca y cuanto santo dorado hubiera tocado la tierra.
Todos aquellos cosmos comenzaron a vibrar con intensidad, mientras la bola de energía adquiría un poder de destrucción fenomenal, que amenazaba incluso con salirse de control y acabar también con aquellos que lo habían convocado, sin embargo estos parecían no arrepentirse de ejecutarla con tal de arrastrarlo a él de nuevo al tártaro.
La detonación de aquella explosión de cosmos, se genero sin más frente a él, liberando una gran cantidad repentina de energía violenta, que genero una inmensa luz que se disperso por toda la extensión del horizonte, el sonido generado fue tan atronador, que el suelo vibro en un rugido simultaneo con el cielo.
La liberación brusca de energía empujo a Cronos por cientos de metros, despedazando su cuerpo que aunque en vano tratara de regenerarse sus moléculas eran dispersadas, desintegrándolo. Las columnas de fuego se alzaron hasta el cielo, detonando en nubarrones de humo y fuego, que iluminaron aquella fatídica noche. El sonido ensordecedor duro varios minutos atronando y esparciéndose por todo el santuario y los pueblos a su alrededor, pero después fue seguida de un silencio absoluto, que iba aumentando, mientras los cosmos que habían resonado aquella noche se apagaban uno a uno, uniéndose de nuevo a las estrellas.
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Relax.
Su manos se despedazaron a penas y estuvo cerca de la explosión, la cual se agolpo contra su cuerpo y quemo prácticamente al instante su piel, fue aplastado y arrastrado bruscamente contra el suelo, siendo desplazado cientos de metros, mientras dejaba trozos de su cuerpo, músculos e incluso parte de sus extremidades y órganos en el suelo, su conciencia comenzó a disolverse y por unos segundos creyó que realmente moriría.
El dolor pareció hacerlo perder el conocimiento, mientras su cuerpo estaba siendo despedazado.
-Todo ha sido para nada… - Su cuerpo destruyo una gran piedra tras él, la cual colapso al igual por la explosión y les arrastro por igual.
-¿Sigo siendo maldecido, por ti, padre? – Se estrello de nuevo contra el suelo, sintiendo un inmenso dolor, como si se encontrara dentro de las prisiones del tártaro y pudo percibir como su cuerpo había se encontraba mutilado.
-Cronos, mi querido y amado Cronos. – Aquel suave silbido en el viento, pareció congelar todo el dolor que estaba experimentando y cautivo toda su atención, abrió los ojos y se percato de aquel cálido cosmos, que le estaba rodeando, de color escarlata.
Un inmenso muro de tierra se elevo, frenando por segundos la explosión antes de colapsar por esta misma, sin embargo a este muro le siguieron cientos más de ellos, que sucumbían y se formaban, una y otra vez, enredándose en un juego de creación-destrucción, miles de gruesas ramas comenzaron a entrelazarse, tratándolo de proteger de la mayor cantidad de estragos posibles, mientras un inmenso follaje apareció a sus espaldas y se entrelazo entre sí, creando un ovillo a su alrededor, por unos segundos, imagino que se trataban de los brazos de ella, pero pronto se percato que su cosmos estaba desapareciendo y le estaba salvando, como una forma de despedirse de él.
Los muros de tierra colapsaron y las ramas fueron despedazadas, mientras el ovillo donde se encontraba era consumido por las llamas, sin embargo aquellos eran los últimos estragos de la explosión, ella le había permitido sobrevivir y volvía a dejarle el camino abierto para continuar con la lucha de todos los que habían sido oprimidos.
-Rea… -El ovillo se abrió a la mitad, permitiéndole ver el cielo justo cuando una inmensa gota de agua, golpeaba su rostro y resbalaba por su mejilla como si de una lagrima se tratase y entonces un impresionante aguacero comenzó a caer a su alrededor, mientras el cielo era iluminado por un sinfín de relámpagos. – Rea… gracias, gracias por todo… - Su alma pareció colapsarse en los últimos instantes que sintió el cálido cosmos de ella y fue entonces que deseo realmente morir, para estar a su lado una vez más, aun fuera en el peor de los infiernos, su vida sin ella, no merecía la pena y no supo si realmente era lluvia lo que resbalaba por su rostro o la primera vez que realmente derramaba una lagrima por alguien.
Duro varios minutos contemplando el cielo de Urano, el cual parecía aun colapsado como aquella vez que le destrono, recordó cada palabra de maldición que su padre le otorgo y como el destino se encargo de hacérselo cumplir al pie de la letra, pero la única que le había ayudado a salir, tal vez en una de las peores y cruentas formas había sido Rea, quien se había mantenido a su lado como su igual, en las buenas y en las malas, en la vida divina y en el castigo, fue entonces que reconoció a Rea como la gran pareja que significaba.
-¿Qué debo hacer ahora? – Su pregunta fue ahogada por el torrente de lluvia que lavaban sus heridas a medida que su cuerpo se iba reconstruyendo. Su voz sonó ahogada en el aire y cerró los ojos y se permitió escuchar el suave eco que hacían las gotas de agua al golpear el suelo.
-Si me rindo ahora, seré encerrado en el tártaro junto a ustedes de nuevo y nada cambiara. – Hundió su puño en el lodo y le estrujo con fuerza, como si esto le diera fuerzas, se medio inclino apreciando la inmensa destrucción a su alrededor, el fuego se resistía a ser apagado por la lluvia, entremezclándose en gruesas columnas de humo y el paisaje árido frente él le recordaba al infierno, mientras una densa bruma se especia por todo aquel lugar. – Pero si continuo peleando, puedes cambiar un poco las cosas ¿Sabes?. Así que voy a destruir todo lo que esté a mi alcance y marcare en las estrellas mi odio, para cuando Athena mire al cielo, vea y experimente la misma oscuridad de mi corazón.
…
Sus ojos grisáceos se abrieron lentamente, estaba completamente angustiada y aturdida, su respiración estaba agitada, se irguió de golpe rebuscando a los miles de caballeros que le habían acompañado, solo para observar como todo a su alrededor estaba destruido y se encontraba de nuevo completamente sola, busco a los caballeros dorados o a su patriarca con la mirada pero no les vio por ningún lado, por unos segundos pensó que aquella terrible explosión había podido acabar también con ellos y les llamo con su cosmos pero no hubo respuesta, simplemente silencio.
Comprendió en ese momento que Mascara de la muerte había agotado su cosmos y por ende la técnica había desaparecido, regresando las almas difuntas de sus caballeros, al sueño más profundo. Recorrió con sus ojos grisáceos todo su alrededor sintiendo una pena y un vacio sin igual, sin lograr comprender porque los dioses y los titanes se sumergían en las guerras, arrastrándola a ella y sus caballeros en su odio.
-Lo lamento… lo siento tanto… - Agacho humildemente la cabeza, pensando en cada santo que había luchado y sacrificado su vida en su nombre. – Siempre los he arrastrado guerra tras guerra…jurando y prometiéndoles una vida mejor, sin embargo lo único que han encontrado es la muerte…perdónenme.
El cielo retumbo sobre ella y un aguacero torrencial comenzó a caer sobre el campo de batalla, dándole la oportunidad de que sus lágrimas cargas de dolor e impotencia fueran ocultadas por la cristalina agua. Removió algunos escombros que apresaban sus piernas, mientras gritaba el nombre de sus caballeros en medio de aquel aguacero.
-¡Saga! ¡Aioros! – Se arrodillo y volvió a recorrer con sus ojos grises los escombros en los que solo había manchas marrones que comenzaban a ser lavadas por la lluvia. - ¡Mascara! ¡Seiya! ¡Shio…! – Su cosmos se sacudió con fuerza, cuando fue capaz de percibir en la lejanía el cosmos de Cronos, que por cada segundo que pasaba parecía elevarse cada vez más, como si la estuviera llamando.
Nike resplandeció instintivamente en su mano y se incorporo torpemente, mientras sus ojos grises se clavaban en la dirección de la que podía sentir provenir el cosmos de Cronos. Esta vez se encontraba sola, sin la compañía de Pegaso o de sus caballeros dorados y tampoco era su intención que ellos continuaran peleando, comenzó a caminar a paso tranquilo hacia donde podía percibirlo, con suerte le encontraría gravemente herido y podría sellarlo, sin necesidad de continuar peleando.
-Voy a terminar con todo esto. – Apretó con mayor fuerza la empuñadura de Nike y comenzó acercarse aceleradamente. – Firmaste tu condena en el Tártaro, cuando le declaraste la guerra a mis caballeros.
Sus orbes pardos observaron fríamente e imperturbable el cuerpo de Cronos, el cual estaba despedazado en su totalidad, sus miembros estaban separados de su cuerpo, la sangre estaba esparcida en una mancha obscura bajo su torso, su cabeza esta fraccionada en dos y podía ver claramente como esta se reconstruía.
-Athena… - Cronos alzo el rostro para verla y sonrió despotamente, compartiendo entre ambos la misma sensación de desprecio, el uno por el otro. – ¿Vienes a matarme?
-Cronos… - Extendió a Nike, al tiempo que una esfera se formaba en su extremo de color blanquecino. – Esto ya acabo.
-Te equivocas. – Athena se giro velozmente y freno con Nike el impacto de una espada que iba contra ella. – Tus problemas aún no han terminado.
-¿Tu? – La pelirroja se alejo de ella interponiéndose entre ella y Cronos, así como manteniendo una adecuada distancia, portaba un capuchón negro que dejaba entre ver algunos rasgos de su armadura y armas. - ¿Scatha, por qué le estas ayudando?
-Ese ya no es mi nombre. – El cosmos escarlata comenzó a rodear la silueta de la berserkers, al tiempo que esta removía su espada con agilidad.
-Te liberarón del sello ¿Cómo es posible que…? –
-Yo también le guardo fidelidad a Ares, igual que tus caballeros lo hacen hacia ti. – Observo con cuidado a la pelirroja, al tiempo que esta le lanzaba varias esferas de fuego de sus manos, que desvió con la ayuda de NIke, sus ojos grises se deslizaron con velocidad de la berserkers al titán.
Sabía que Scatha únicamente estaba ganando tiempo para que Cronos terminara de recuperarse, pero no terminaba de entender porque alguien quien había recobrado su libertad, volvía fielmente a los pies de su captor y no solo eso, si no que le apoyaba en sus ideas delirantes.
-Peleas por dioses que no arriesgarían su vida por ti. – Athena se rodeo de su cosmos blanquecino y espero la reacción de la joven quien hizo un mohín de fastidio y rio mordazmente.
-¿Y se supone que tu luchas al lado de tus hombres? – Scatha incremento la llamarada escarlata de su cosmos que lanzo varios trozos de ceniza y se rodeo de halos negros, mientras la capucha que llevaba se sacudía violentamente. - ¿Y por qué no observo a ninguno de ellos a tu lado?
-¡Ustedes jamás sabrán lo doloroso y valioso del sacrificio de mis santos! – Athena extendió a Nike formando una esfera dorada en su punta el cual lanzo hacia la joven, que se teletransporto hasta donde se encontraba Dante, para lograr esquivarlo.
-¿Toque fibras sensibles? – Scatha ronroneo una leve carcajada, mientras jugaba con varios cuchillos, que lanzaba al aire y volvía a atrapar.
-¿Por qué haces esto? – Athena observo como el tupido aguacero que caía, se evaporaba antes de tocar a ambos berserkers, a causa del cosmos de ambos.
-Debiste detenerme aquel día ¿No te arrepientes de no matarme? – La berserkers lanzo los cuchillos que tenía en sus manos en diversas direcciones, dándole un eje de teletransportación a diversos puntos alrededor de ella, su cosmos comenzó a evaporar el agua creando una densa bruma, sin embargo para ella era claro el sitio donde se encontraban tanto Cronos como ambos berserkers. Tan solo esperaba que la atacaran.
-No. – Athena se aferro con fuerza a Nike mientras producía una onda de cosmos que disperso aquella neblina. – Estas siendo manipulada por Ares.
-¿Cuándo vas a entender Athena, que no todos los humanos te deseamos como nuestra diosa? – Scatha desenvaino la espada que llevaba en su cintura y se teletransporto hacia una de las cuchillas clavadas en el suelo detrás de la diosa, giro ágilmente con sus manos y se aproximo a Athena, quien detuvo su ataque sujetándola por las muñecas. – Nada mal para la diosa de la guerra.
-Déjate de juegos. – Coloco su mano libre en el pecho de la joven y estallo una descarga de su cosmos en ella, que la lanzo de bruces al suelo. – Estas haciendo que el sacrificio de muchos no signifique nada, incluso el de tu hermana.
-Ya he perdido todo. – Scatha, corrió en su dirección sin soltar su espada, se inclino hacia atrás para esquivar a Nike al tiempo que lo rozaba con su mano el báculo, impregnándolo de un inmenso calor que obligo a Athena a soltarlo, entonces la pelirroja aprovecho y alcanzo a rozar con su espada su brazo, produciendo un fino corte, por el cual resbalaron unas cuantas gotitas de sangre.
Scatha esquivo varios golpes de cosmos de la deidad, teletransportandose entre las armas que previamente había dispersado, aproximándose peligrosamente a ella, sin embargo había algo en su interior y en los movimientos de la joven que no la hacía ir en serio contra ella.
-Ares volverá a pisar la tierra. – Scatha apareció a sus espaldas, se giro para detenerla, pero en su lugar está la imponente silueta de Cronos, completamente recuperado.
-¿Cómo es posible? – Miro de reojo el sitio donde se encontraba antiguamente el titán y observo que aún en ese sitio se encontraba el cuerpo maltrecho del pelinegro. – Era una trampa. - Acoto al ver que el rey se encontraba verdaderamente frente a ella.
-Así es. – Cronos la tomo bruscamente por el cuello y con una impresionante fuerza la aplasto contra el suelo. – Esperaba que atacaras esa ilusión para poder tomarte con la guardia baja, pero me sorprendió encontrar aliados aún dentro de tu santuario. – Cronos estrujo aún con mayor fuerza el delgado cuello blanquecino, mientras sonreía sínicamente al ver el dolor que ello producía en el rostro de la deidad de la sabiduría, aprisiono con su cuerpo las extremidades de la pelinegra y tomo la espada de Scatha para clavársela en el abdomen. – Tu santuario está en ruinas y no posees a nadie quien te ayude, este es el fin al que estabas destinada…
Athena cerró los ojos ante la falta de aire, mientras Cronos oprimia con sus dos manos, su garganta y sus cosmos luchaban uno a uno para sellar al otro. Se sacudió bajo el titán tratando de liberarse pero este las presiono aun mas con sus rodillas, haciéndolo imposible. Entonces de repente el cuerpo de Cronos se sacudió sobre ella y pudo ver como una mano atravesaba su pecho, incluso varias gotas de sangre cayeron sobre su rostro, la expectación de ambos fue indescriptible.
-Nosotros no somos tus aliados. – Scatha incendio su mano dentro del tórax del titán, aprovechando la sorpresa de su ataque, tomo su propia espada del abdomen de Athena, con su mano izquierda y partió de un golpe el tórax del rey, al cual lanzo de frente de una patada, alejándolo de Athena y de ella. – El único motivo que me movió a atacar a Athena, fue para que salieras de tu escondite y me alegra que diera resultado, así podre acabar contigo.
-¿Qué…? – Athena observo a la pelirroja frente a ella, completamente desconcertada, estaba segura de haber observado la marca de Ares en la muñeca de la joven, sin embargo Scatha estaba ahí para asesinar a Cronos. ¿Acaso Ares…? No eso era imposible, Ares aun se encontraba sellado, la fuerza de la berserkers y del ejercito de la guerra eran los últimos atisbos de cosmos que Ares poseía en la tierra. Entonces ¿Qué podía estar motivándola a pelear contra Cronos?
El titan se levanto enfurecido, sus ojos parecían dos brazas ardientes en medio de la lluvia y la bruma y se dejo ir contra Scatha sin piedad, la pelirroja se teletrasporto para esquivarlo, al tiempo que el otro berserkers se esfumaba del campo de batalla.
-Comprobare por mi mismo la calidad del ejército de Ares. – Cronos miro sobre su hombro a la joven y una inmensa mano broto de su espalda en dirección a donde estaba la guerrera quien freno sus terribles dedos con su espada.
-No eres nadie para probarme. – Los dedos de Cronos comenzaron a crecer como impresionantes garras afiladas aproximándose a la cara y cuello de la pelirroja, quien creó una llamarada negra, que volvió cenizas los dedos del titán. – Ni tampoco podemos ser comparado con los guerreros de Athena, ellos luchan por el amor, nosotros luchamos por la pasión de la sangre y la furia que corre por nuestras venas.
Scatha rebano la mano de Cronos y la marca de su muñeca adquirió un tono rojo sangre, mientras sus ojos parecían hundirse en la oscuridad, un grito de dolor resquebrajo el silencio que les rodeaba, al tiempo que su cosmos se incendiaba en torno a ella en un desplante de colores escarlatas, grises y negros, que se envolvían con llamaradas y cenizas. Su consciencia comenzó a disolverse mientras un inmenso odio se apoderaba de todo su ser.
-Entonces hija de la guerra veamos que tienes. – Cronos creo los cuatro brazos a su espalda y apareció una espada negra en su mano.
Scatha corrió enloquecida hacia el titán, a medio camino una segunda espada apareció en su mano izquierda, a penas se aproximo a Cronos se barrio en el suelo, esquivando sus brazos, se giro en el suelo para erguirse y atravesó con una de sus espadas la palma de una tercera mano, que se volvió cenizas apenas con el impacto, con su otra espada trato de golpear al titán, pero este detuvo el ataque con su ultima mano, el cual apreso el cuerpo de la joven y lo lanzo por los aires, la berserkers se las arreglo para caer de pie y volver a aproximarse al titán.
Athena miro el salvaje estilo de combate de la escocesa, no había duda que la joven estaba en su modo berserkers, sus ataques y forma de batalla estaban hechos para infundir miedo e intimidar a su enemigo, de haber sido un humano su oponente este ya hubiera sido derrotado, sin que se hubiera podido defender de eso no había duda, pero un titán era diferente.
Lanzo su espada al aire y se teletransporto hacia ella una vez que esta estuvo sobre el titán, creo un inmenso torbellino de fuego en torno a su enemigo, sus espadas se cargaron de llamaradas negras y trato de partirlo en dos, Cronos utilizo una de sus manos para cubrirse pero tuvo que retroceder porque las llamas se trasformaron en lava, pulverizando su mano.
La pelirroja le siguió fuera de sí misma, tomo sus dos espadas y con cada una detuvo las dos manos extras que aun poseía el titán, sin embargo esto le propino una estocada del titán justo en el costado, alzo una de sus piernas con la cual golpeo la barbilla del titán, haciéndolo trastabillar unos pasos hacia atrás, entonces aprovecho, libero sus espadas y giro con ellas repetidas veces dándole varios cortes al titán en los hombros e incluso una de ellas logro darle en el cuello.
Scatha avanzo aun más para ir por el titán, pero una de las manos la tomo por el torso con brusquedad y la arrojo contra el suelo, sus espadas cortaron el tallo de donde provenía esta, pero antes de que se incorporara la ultima mano formo varias espinas negras que lanzo contra ella, pero se teletrasporto antes que estas fueran capaces de clavarsele, se teletrasporto dos veces más y cuando vio la oportunidad para tomar a Cronos por la espalda, salto hacia el titán, con ambas espadas alzadas por encima de su cabeza, lanzo una de ellas a la ultima mano del titán, la cual se volvió cenizas apenas fue tocada, pero el titán tuvo tiempo de girarse y contrarrestar la espada de la pelirroja deteniéndola.
-Nada mal. – Cronos le planto un puñetazo a Scatha en el rostro que le saco la sangre de la nariz y el labio. – Pero los berserkers tienen el defecto de despreocuparse por su defensa, ya que confían ciegamente en sus aptitudes ofensivas, un defecto letal. – Cronos introdujo su mano izquierda entre la capucha de la joven y atravesó su armadura y su cuerpo, la sangre impregno rápidamente sus dedos y un hilillo de sangre resbalo por su labio, Scatha cerró los ojos con fuerza, al tiempo que su garganta era inundada por su sangre, Cronos la hizo retorcerse del dolor, su mirada celeste se clavo con odio sobre los ojos escarlatas del titán y su espada resbalo pesadamente de su mano y clavándose limpiamente en el suelo.
-No…fue…un error… - Scatha tosió gran cantidad de sangre, mientras apoyaba sus manos con fuerzas en los antebrazos del titán. – El error… lo cometiste… tu… - Se impulso para sacar la mano del titán de su interior y su cuerpo cayo a sus pies, la joven se retorció en el suelo, pero a los ojos tanto de Cronos como Athena alcanzaron a vislumbrar entre las ropas de la joven un cofre.
Cronos miro como entre su mano ensangrentada iban los restos de un fragmento de pergamino, en el cual podía leerse el nombre de Athena en griego antiguo.
-Mi sello… - Athena dio varios pasos hacia donde se encontraban ambos y un escalofrió recorrió toda su espalda. – Se ha roto.
-Me hiciste destruir a mi familia y aún así yo te doy la oportunidad de salvar la tuya… - La pelirroja se retorció de dolor a los pies del titán, inclino desesperada su cabeza en el suelo, de forma que sus ojos celestes pudieran observar el ennegrecido cielo, al menos por última vez. - Ahora eres libre… -
- Parece que caí en tu trampa, humana. – Cronos quemo los fragmentos de pergamino, al tiempo que la sangre de la joven se coagulaba en su mano. – Te resultaba imposible liberar a tu dios sin ayuda de Athena o alguno de sus caballeros, así que necesitabas de alguien con mayor poder para romperlo, vaya si continuo subestimando a los humanos. Sus sacrificios son fascinantes. – Cronos levanto su espada sobre la cabeza de Scatha y la blandió en su dirección, pero un replique metálico contrarresto su arma y por unos segundos su sorpresa fue mayúscula pues no solamente era Athena portando a Nike quien había detenido el avance de su arma sobre la joven, si no que frente a él estaba Ares.
-Voy a matarte. – Ares empujo su espada contra la de Cronos y le obligo a retroceder.
El era el rey de los titanes y como tal, sus oponentes debían ser del rango divino, sin embargo el despertar la furia de la estratega y el soldado perfecto de Zeus, jamás estuvo entre sus planes; el que estos se mataran entre sí, sí. Pero había provocado una guerra que se extendió desde el Olimpo hasta lo más profundo del averno, donde los aliados se volvieron enemigos y estos en aliados, lo cual había provocado la cólera de los dos hijos de la guerra.
…
Por un instante todo pareció detenerse para ellos, jamás consideraron que se verían rodeados por dos ejércitos enemigos y que por más que se negaran a creerlo todo había llegado a su fin. El ejercito titánico renacía una y otra vez, sin encontrar la muerte y por el otro lado se encontraba el peor ejercito al que enfrentar en esos momentos, los soldados de la guerra solo detenían sus ataques hasta encontrar la muerte, mientras destruirían todo lo que se encontrara a su paso.
-¡Destrúyanlo todo!-Isley agito su espada en el aire y el grito de los berserkers rompió el silencio que se había sembrado en toda la zona. Mientras comenzaban a avanzar hacia la entrada del refugio, justo a espaldas de los caballeros.
Aioria lo supo en ese momento, los aldeanos e incluso los aprendices a caballeros no serian nada en comparación a un berserkers, por lo que debían evitar a toda costa que estos lograran penetrar en el refugio. Corrió desesperado hacia su entrada, sin importarle la espada que se clavo en su costado robándole el aire, simplemente se limito a arrancársela y correr al encuentro de los berserkers.
Milo se quito a los guerreros titánicos que tenia encima y fue tras su compañero, atravesando con su aguja a cuento soldado se atravesó en su camino, pero también compartió, sin saber, el mismo pensamiento que el juez del inferno, estaban cayendo en una trampa al agruparse en el centro de dos ejércitos enemigos, acorralándose.
-¡Retrocedan! -Capella fue el primero en alcanzar el refugio y alertar a los aldeanos en su interior, quien al ver la fatiga y lo ensangrentado que estaba el caballero se angustiaron y ante aquel grito de advertencia comenzaron a temer, haciendo que el pánico cundiera en su interior y la gente comenzara a apretujarse dentro de la cueva.
-Quémenlos. – Siseo Isley, los soldados de la guerra saltaron al aire y de sus manos manaron chorros de fuego, que rugieron al entrar en contacto con la humedad del ambiente, mientras la intensidad de rojo y amarillo anaranjado se unía en un muro colosal de fuego, que se vio reflejado en los ojos angustiados de los caballeros.
Aioria chasqueo rayos entre sus manos, pero al ver la coordinación de los berserkers supo que su contraataque sería inútil, aquella era un inmenso bloque lineal de llamaradas que no dejan espacio a escapar, entonces por primera vez tanto él como Milo, desearon tener al menos a Hyoga entre ellos, pero era demasiado tarde, lo único que detendría parcialmente ese ataque serian explosiones de cosmos, que dispersarían el fuego, pero aun así, el daño que dejaría el resto de las llamaradas seria extenso, eso sin contar las heridas que les proporcionaría el ejercito titánico.
Aquel era el jaque mate perfecto…
Cerró los ojos sin saber qué hacer y se negaba a mirar a MIlo para no ver la frustración también reflejada en su cara, empuño ambas manos hasta que sus nudillos palidecieron, justo cuando aquella colosal ola de fuego pasó sobre sus cabezas y barrio por completo con las primeras filas de guerreros titánicos.
-¿Qué? – Radamanthys observo como la columna de fuego comenzó a ir contra todos los guerreros titánicos sin piedad, consumiéndolos con sus llamaradas hasta que se volvían sus cuerpos cenizas.
-No es posible. – Milo se sintió desconcertado al ver el choque de frente de ambos ejércitos a los que él había jurado aliados. Los berserkers aplastaban sus manos contra las caras de los guerreros de titánicos, antes de dejar caer sus armas sobre estos sin piedad, mientras atacaban con frenesí y despiadadamente.
-¡Por Ares! – Isley rebano a la mitad a un soldado frente a él, mientras giraba su espada sin piedad para decapitar a los que estuvieran a su alrededor.
-¡Matar! ¡Matar! –
-¡Aioria! – Milo se acerco a su camarada, chocando espalda con espalda, aún sin comprender por completo todo aquello, le miro desconcertado, aunque ese sentimiento era compartido por todos los caballeros a su alrededor. - ¿De qué va esto?
-No lo sé con exactitud, pero si los Berserkers están atacando a los titanes, es porque alguien les está controlando o el dios Ares dejo asuntos pendientes con Cronos. – El león dorado continuo viendo la coalición entre ambos ejércitos; tal vez los soldados titánicos estuvieran siendo revividos por el poder de Porfirion, pero la furia desenfrenada de los berserkers era tan aplastante que no dejaban siquiera que los revividos se levantaran del suelo cuando ya habían vuelto a ser pulverizados.
-Sea suerte o no, debemos deshacernos de esos gigantes. – Milo apunto a la barbilla a ambos seres que miraban impasibles la escena que ocurría a sus pies.
-Bien, me encargare de Porfirion. – El león dorado se sorprendía a sí mismo, no sabía de dónde continuaban sacando fuerzas Milo y él para continuar en la batalla y cada vez que lo pensaba recordaba que de esa forma debió haber sentido Camus, Shura y Saga en la pasada guerra santa; estaban agotados, ensangrentados y sus cuerpos estaban maltrechos, despedazos pero su aliento se negaba a ser el ultimo y su espíritu los impulsaba cada vez más.
-Perfecto. – Milo giro su hombro izquierdo varias veces para tratar de reacomodarlo. – Voy a separarlos. - El griego no la pensó dos veces, corrió a la velocidad de la luz entre ambos ejércitos que se despedazaban entre si, hasta aproximarse a Alcioneo.
-Debemos acompañarlo. – Capella y Asterion rápidamente se ofrecieron a ello, pero para la sorpresa de todos, el espectro les detuvo con una mano. –Quédense aquí y protejan la entrada de este refugio, ya que a medida que los berserkers continúen peleando, serán incapaces de distinguir entre aliados y enemigos, por lo que no poderos confiaros que no piensan asesinaros en cuanto puedan.
-No vamos a obedecerte, espectro. – Escupió con rabia Ban, pero se silencio al ver que Aioria le daba la razón.
-Radamanthys tiene razón. – Aioria se chasqueo ambos nudillos y miro al resto de caballeros tras ellos. – Recuerden que la prioridad para Athena y nosotros son ellos. – Aoria soltó una leve carcajada y observo como Milo golpeaba a Alcioneo derribándolo varios metros. – Es nuestro turno.
El león dorado comenzó a correr hacia Porfirion a medida que su cosmos se incendiaba cada vez más, dejando inclusive una estela de cosmos tras de sí. Para ese momento no le importaba si Radamanthys le ayudaría o no pero no iba a desaprovechar la oportunidad de Milo.
-Plasma relámpago. – Aioria chasqueo su cosmos en su puño, pero era inútil continuar peleando contra aquel gigante solo, si quería derribarlo tenía que usar la fuerza de su enemigo en su contra, así que brinco en el aire concentrando toda la fuerza de su cosmos en el puño de su mano derecha, varios rayos salieron expedidos a su alrededor, atronando como dentelladas.
-Es inútil caballero… - Pero antes de terminar, un inmenso rayo partió el cielo en dirección al puño de Aioria, potenciando aun más la técnica del caballero, la cual canalizo ese gigantesco rayo y expidió un millar de rayos que se desplegaron desde el cielo hasta el suelo, en todas direcciones, formando gigantescos surcos en el suelo a medida que avanzaban para golpear al titán directamente, causando una inmensa explosión que lanzo de espaldas al gigante.
-Creí que no te quedaba fuerzas. – Acoto Radamanthys a sus espaldas.
-No me quedan. – Admitió, cayo de cuclillas mientras respiraba agitadamente, observo al británico por el rabillo del ojo y sonrió a medias. – Estoy peleando a mi límite, pero aún puedo sincronizar mi cosmos, con la naturaleza.
El británico miro asombrado al caballero de leo y agradeció mentalmente que aquel día en el castillo del señor Hades, no hubiera ocurrido una tormenta, pues jamás pensó que los caballeros pudieran llegar a sincronizar sus cosmos con la naturaleza, como el caballero de leo acaba de demostrárselo. Atizo sus sentidos, para observar como comenzaba a incorporarse Porfirion, mientras el quinto guardián se levantaba cansinamente a su lado, con un resoplido de molestia.
-Es por lo mismo que debemos acabar esta batalla de una vez. – Tanto Aioria como Radamanthys tuvieron que brincar, pues un colosal bloque de piedras fue lanzado hacia ellos, pero en medio salto, ambos brazos de Porfirion aparecieron entre las nubes de polvo, tratando de capturarlos, Aioria esquivo con agilidad una de sus manos, pero quedo frente a frente al gigante observando que el gigante era resistente a la electricidad, ya que estaba seguro que el rayo lo había golpeado directamente en el cuello, pero este estaba intacto, únicamente la piel donde le había golpeado estaba enegrecida.
-¿Qué demonios? - Gruño.
-Tanto Cronos como yo somos resistentes a los rayos de Zeus, tus rayos en comparación a los suyos, son basura. -
-¡Gran precaución! – El británico concentro su cosmos frente a él, en una oscura esfera negra de la cual salieron numerosos orbes de energía de color morado con negro, que perforaron sin piedad la mano del gigante, quien se proponía atraparlo, tanto Aioria como él retrocedieron varias docenas de metros, pero el gigante acorto velozmente la distancia, golpeo con ambos puños el suelo donde ambos se encontraban y les volvió obligar a brincar, ya que lanzo una bocanada de fuego que alcanzo a quemarlos.
-¡Maldición! – Aioria se arranco la protección dorada de la pierna, pues esta estaba hirviendo mientras Radamanthys prácticamente hizo lo mismo con la de los brazos.
-No se me ocurre un plan, el es resistente a todos nuestro ataques… - Ramanthys se sintió frustrado por primera vez y miro desesperado al león, que tenia la vista perdida en la lejanía, justo donde una inmensa esfera dorada comenzaba a iluminar al santuario como si fuera el sol.
-Yo aún tengo un plan… - Aioria miro hacia el lugar donde MIlo enfrentaba a Alcioneo, parecía estar pasando las mismas dificultades que él, pero si Aldebarán se levantara una vez más, podrían lograr realizar la exclamación de Athena y terminar con al menos uno de los gigantes, pero… - Las heridas de Aldebarán son… - Golpeo con su puño una piedra a su lado, pulverizándola ante la desesperación.
-¿En que estas pensando? – Radamanthys tomo a Aioria por el cuello y lo obligo a retroceder, pues otro gran bloque de piedra se había alzado improvisadamente frente a ellos, como una plataforma dispuesta a aplastarlos. – Fuego, electricidad, tierra… parece que es capaz de dominar todos los elementos, Aioria.
-Maldición. – Aioria desbarato con una descarga de cosmos parte de la plataforma, sin huir del ataque del gigante y brinco sobre el brazo del gigante, donde golpeo con todo su cosmos este, despedazando la armadura y tronando la piel del gigante, del cual broto un chorro de energía oscura que lanzo a Aioria hasta el suelo, sumiéndolo en uno de los tantos surcos, sobre el cual el gigante brinco.
-¡Aioria! – Tanto Milo como Radamanthys quisieron aproximarse en su ayuda.
Radamanthys observo como Porfirion expidió de todo su cuerpo un aura densa y poderosa, de color escarlata, que comenzó a expandirse por todo el ambiente, al tiempo que el cosmos de Aioria titilaba peligrosamente. Radamanthys miro como la atmosfera a su alrededor comenzaba a presentar proyecciones de aquella aura, la cual llevaba en su interior unos diminutos microcristales, a penas los percibió trato de alejarse de ellos, pero fue imposible, estos al percibir su movimiento, se agolparon contra su cuerpo atravesándolo sin piedad, sin embargo el espectro se apoyo en sus alas y retrocedió, evitando que la mayoría le golpeara.
-Demonios casi… - Un puñado de sangre salió con brusquedad de sus labios y se doblo por un inmenso dolor que le hizo caer al suelo, alzo el rostro confundido, mientras trituraba en su mano una gran piedra. - ¿Qu…
-Mi sangre, guerrero es un poderoso veneno y acabas de ser rociado con ella. – Porfirion comenzó a caminar hacia él con toda la finalidad de terminar con su vida, pero un inmenso golpe de cosmos azul, le rasgo el rostro al gigante, mientras una cadena se entornaba alrededor de su cuello.
-Ellos no están solos. – Albiore atizo con fuerza su cadena y le jalo.
Orfeo se posiciono frente a él, se agacho a su lado y le ayudo a levantarse a pesar del mareo y el dolor que sentía en esos momentos, su cuerpo estaba entumecido y sus ojos amenazaban con cerrarse. ¿Es que acaso ese gigante era capaz de ser igual de fuerte que Zeus o Cronos? Orfeo le deposito con cuidado al lado de Aldebarán y volvió a levantarse para ir a apoyar a Albiore. - No eres un compañero de nosotros, pero eres un aliado, Radamanthys y como tal no planeamos dejarte morir. –
Por su parte Milo trato de frenar su avance con una de sus manos y observo a Alcioneo acercársele de nuevo, loco de dolor, ya que había recibido 8 agujas escarlatas, dispersas por todo su cuerpo y que lanzaban chorros de sangre, así que faltaban menos para lograr ejecutar Antares, pero cada vez que golpeaban a Aioria o Radamanthys, le era imposible no distraerse después de todo, Porfirion ya les había demostrado que era mucho más fuerte que Alcioneo, por lo que debía apresurarse a terminar lo antes posible.
-¡Aguja escarlata! – Corrió a través de los escombros, mientras Alcioneo congelo el suelo a sus pies, por lo que brinco entre las piedras para evitar ser congelado, lo que le restaba velocidad o eso le hizo creer a gigante, pues cuando estuvo cerca de él, se lanzo para golpearlo, esquivo un golpe por su parte y corrió por su brazo para brincar sobre su cuerpo y atravesarlo con las agujas faltantes. – Ya solo falta Antares y estarás muerto. – Milo quedo de espaldas a él, le miro de reojo sonriente, mientras aun sentía la presión que su aguja había hecho en el pecho del gigante.
Pero para su sorpresa a las espaldas del gigante le esperaba varias lanzas de hielo, en vano trato de esquivarlas, cuando su cuerpo fue atravesado por estas derribándolo al suelo y arrancándole aquella sonrisa de triunfo de los labios que segundos antes había expresado, su cuerpo impacto contra el suelo, mientras sentía como el frio de que expedían las lanzas quemaban los agujeros que habían hecho en su cuerpo.
Milo quedo tendido sobre el suelo, rodeado por un charco de su propia sangre, mientras las lanzas de hielo le hacían imposible moverse y despertaban en su cuerpo descargas de dolor, tomo una con su mano derecha y la arranco de su hombro, pero en ese momento varios pares de nuevas lanzas se clavaron en su cuerpo.
-Caíste en mi trampa, santo. – Alcioneo se levanto torpemente temblando de dolor, pero sus ojos también expresaban satisfacción. El gigante levanto una vez más su mano, mientras otra docena de lanzas se formaban en el ambiente en dirección al escorpión dorado que estaba clavado en el suelo.
-¡Excalibur! – La espada sagrada partió la tierra a la mitad, rasgando el aire y generando nuevas corrientes de aire, despedazando en su trayecto las lanzas gélidas e incluso le arranco el brazo derecho a Alcioneo, el cual cayó pesadamente al suelo, dejando un torrente de sangre de salir de su muñón, volviendo la lluvia de color escarlata, mientras los alaridos de dolor del gigante resonaban como rayos por todo el santuario. – ¡Milo!
-Cabrita, ¿Qué haces aquí?… - Milo trato de sonreírle a su compañero pero en su lugar se transformo en una mueca de dolor, mientras sangre manaba de los poros nasales y la boca del santo.
-No estés bromeando Milo, mírate nada más. – Esas heridas son graves, Milo. -
-Déjalo, Shura. – Milo escupió una borbonada de sangre, mientras comenzaba a sentir como todas sus extremidades comenzaban a paralizarse, negó la ayuda de su compañero para retirar aquellas lanzas, ya que al momento que estas fueran extraídas de su cuerpo, las hemorragias internas no pararían su sangrando. - ¿A que nos hemos lucido en la guerra?
-Cállate, deberías descansar. – Shura trato de reconfortar con su cosmos al griego, pero este a penas se mantenía consciente. – Yo me encargare del gigante, tu… -
-Solo le falta recibir Antares y morirá…
-En tus condiciones no podrás lanzarla. –
-Lo sé, ya lo sé. – Milo recargo su cabeza contra el suelo, mientras daba una gran bocanada de aire tratando de soportar el dolor que recorría su interior, era como si todas las heridas recibidas en esa guerra le estuvieran pasando factura en ese instante. Tal vez su hora no podría volver a ver los hermosos ojos verdes de Shaina o poder besar de nuevo sus labios. – Yo estoy fuera de combate, pero jamás me referí a mí, Shura.
-¿Qué? – Shura observo anonadado como Milo se desprendía de la armadura de escorpión, casi al tiempo que perdía el conocimiento, con una sonrisa plasmada en los labios y su armadura se posicionaba frente al caballero plateado Orfeo de la lira, el sucesor que Milo de escorpión había elegido…
Continuara…
Comentarios:
: Perdona el retraso, han pasado muchas cosas, pero espero disfrutes del capítulo 54. Gracias por tu comentario.
Andy: Hola! Creo que la vida de los goldies va a cambiar mucho, pero espera el desenlace de la historia, no todo es pada mal. Espero que con este capítulo si quedara claro las intenciones de Camus con Aldana. Shaka prefiere ser él quien experimente el dolor que sus compañeros, al final, son pruebas de fe. Agradezco mucho tus comentarios pero disfrutes del capítulo pronto. Perdóname los meses de espera, pero nunca voy a dejar esta historia sin terminar.
ShadowKeyGhost: Antes que nada agradezco mucho tu comentario, espero que el retraso de este capítulo no te haga olvidarte de la historia y continúes sorprendiéndote y disfrutándola.
: Antes que nada una disculpa por el tiempo que tarde en actualizar, agradezco infinitamente tu comentario y me alegra que te guste mi historia. Creo que a cualquier escritor le gustaría ver plasmada su historia en un anime o película, pero lamentablemente esto no es posible por lo que solo podemos imaginarnos cada letra de estos capítulos. Muchas gracias.
Jazsmith: Hola! Espero también te emocione este capítulo, lamento la tardanza. Sin lugar a dudas vas a ver la batalla tan esperada de Athena sola contra un titán. Ares es incapaz de vencer el sello de Athena, pero puede liberar una cantidad mínima de su cosmos para mover las piezas clave, en este caso Scatha, quien se las ingenio para que Cronos destruyera los sellos.
Beaty-amazon: Yo también a penas doy señales de vida que esta historia sigue viva. Lamento todo lo que le pasa a nuestra querida pelirroja pero es por su bien, bueno no, pero al menos ella lo hace porque lo considera correcto. Aunque la exclamación de Athena no surtiría efecto, como lo esperaba Shion y lo había predicho la flame, el patriarca siempre espero que Mascara jugara la última carta y lo hizo.
Atte: ddmanzanita.
Lilith71: Perdón el retraso, pero espero que esta actualización no te de miedo, al menos se ve un poco más esperanzadora que en otras situaciones.
Camilo navas: Hola! Tendrás que esperar para ver si Seiya usa o no la armadura divina o no, aunque créemelo, que la batalla entre Cronos y Seiya dista mucho a ser esperanzadora.
