Parte 2

Emma se quedó a vivir con los Warton, primero ayudando en los quehaceres de la casa como agradecimiento y luego por el pedido de Amanda, quien le agarró cariño y la empezaba a ver como una hija. Les ayudaba a cocinar, tender la ropa, quitar la nieve acumulada en el portón y pasar el tiempo en sus ratos libres. La pareja, que ya pasaba los 50 años, disfrutaba de la compañía de la dulce muchacha, quien luego de recordar su nombre parecía más alegre y vivaz, a pesar de no acordarse de nada más. Por un tiempo pensaron en buscar a sus padres u otros familiares, alguien debía estar buscándola, pero a la chica no parecía importarle, prefería quedarse en ese lugar.

Por los retazos que le contaba Roger cuando iba a ayudarlo con su trabajo, se enteró de la guerra que se dio en toda la Tierra, con las pestes y enfermedades, corrupción, la violencia, el rechazo, hostilidad y la revolución contradictoria, el mundo se fue al diablo; cada país se defendía y contraatacaba por su propia cuenta, enviado soldados armados y recibiendo cadáveres y bombas, en una lucha que parecía no tener fin. Largos años de hambruna, pobreza y de sangre derramada fue suficiente para que los líderes decidieran terminar con esa carnicería, se aliaran y formaran una gran nación, donde todas las regiones se unificaran, los problemas causados se resolverían y las personas pudieran sentirse por fin seguros.

Pero no fue todo paz en esos años de conciliación, varios países que se negaron a dicho acuerdo fueron excluidos del nuevo régimen, donde su voto no valía y debían quedarse rezagados de los nuevos avances y libertades. Pasaron a ser invisibles.

Mientras los habitantes de la nueva nación disfrutaban de sus nuevas leyes, tecnología y economía floreciente, sus fronteras fueron custodiadas por soldados, quienes fusilaban a los que osaban cruzar sin permiso ni documentos; no eran pocos los que lo hacían y poco a poco los países olvidados cedían y se unieron a los demás. La zona donde estaban ahora estaba en proceso de sometimiento, permitiendo que tengan cierta calidad de vida mientras mandaban a algunos profesionales y técnicos a su capital, instalando la nueva sede donde pensaban monitorear el futuro distrito.

Su hijo, Fred Warton, que había sido soldado en esa época, murió en una de las tantas batallas, manejando apenas un arma y entrenamiento básico. Amanda recibió su uniforme por correo, con un breve telegrama donde notificaban su muerte y una condolencia que no sintió. Cuando terminó todo, tuvieron tiempo de llorarlo, pues junto a él falleció el resto de familia que le quedaban.

Acompañando a la señora Amanda, Emma cargaba la bolsa de compras repleta de provisiones y conservas. El invierno todavía corría crudo y estaban abrigadas hasta las orejas, frotándose las manos para entrar en calor. Las vendedoras miraban fijamente a la chica sin pudor, su color de pelo era tan extraño, anaranjado y claro. Sonreía amable a los demás mientras recorrían los puestos, algunos saludaban a la Warton. Los niños no podían salir de sus casas, pero la observaban curiosos por la ventana.

Emma estaba encantada con su nuevo hogar, sus nuevos padres, vecinos y amigos. Ellos la adoptaron legalmente, dándole su apellido y su nacionalidad. Como no sabían cuando era su cumpleaños decidieron celebrarlo el día que la encontraron. El vacío que sentían fue llenado, al fin, gracias a ellos.

Vivieron juntos esos años, en los que ella terminaba la secundaria en un colegio de la zona gracias a la ayuda del director, pues no tenía certificados y tuvieron que conseguirles algunos. Lentamente reconstruía su vida. Y era feliz. Dentro de ese pequeño poblado, donde el frío era horrible y el calor lo más esperado del año, creció y maduró espléndidamente, floreciendo como una bella señorita. Sus padres la trataban bien y ella los quería, tenía varios amigos con quienes jugar o pasar el rato, algunos pretendientes que quedaban fascinados por cabello inusual y sus brillantes ojos verdes, pero que ella no los tomaba en cuenta. Nunca recordó nada más de su antigua vida, salvo la voz de la que parecía ser su madre y su nombre. Las pesadillas que tenía fueron atenuándose con el tiempo y ya no soñaba con ellas. Sus únicas posesiones que trajo de su viaje sin retorno estaban destruidas por la caída, solo conservaba algunas ropas que ya no le quedaban, el rifle que no sabía cómo maniobrar, sus libros y una foto que guardaba en uno de ellos. Esta estaba desgastada y algo opaca, pero se podía ver a dos niños en ella, uno de cabellos anaranjados cortos y otro de pelo blanco. Su rostro no se notaba, la humedad y el paso de los años causaron manchas en la imagen, pelando ciertas partes, volviendo otras color tornasol. Ella siempre pensó que podría ser un hermano o algún amigo suyo cuando era pequeña, pero no lograba recordarlo y dejó de pensar en ello al avanzar los meses.

También conservaba el collar que se asemejaba un ojo astral, según los libros, era dorado y parecía no oxidarse como todos los demás. Lo llevaba colgado todo tiempo, incluso al bañarse y dormir, le transmitía calidez y sosiego cada vez lo tocaba, incitándola a seguir avanzando.

La chica era muy lista y en la escuela se posicionaba cada año en primer lugar, graduándose con honores. Sus maestros estaban impresionados con su capacidad de aprender muy rápido, esa niña estaba a un nivel superior. Para Emma era volver a acordarse de algo que ya estaba mecanizado en su cerebro, como si ojeara un libro que ya había leído y recordase como seguía. Sus padres se encontraban igual que sus profesores, veían un futuro prometedor en su hija y querían que estudiara en la mejor universidad, pero no tenían dinero para ello. Vivían con lo poco que ganaban, sobreviviendo con lo que trabajaba Roger y lo que vendía Amanda, que era suficiente para poder comer, pero no para ahorrar. Ellos no eran los únicos, todos los que vivían ahí también estaban así, recibiendo ocasionalmente ropas, mantas y alimentos no perecibles cuando el estado se acordaba de ellos.

Pero gracias a la nueva alianza, ofrecían más ayuda y servicios sociales a los ciudadanos, quienes agradecían, luego de tantos estallidos y huelgas, por fin volver a recordar los tiempos prósperos. Entre esos beneficios, estaban las becas a universidades locales y las de la gran nación, que vendría a ser parte de ellos dentro de pocos meses. Amanda se enteró cuando una señorita, muy cortés, por cierto, llegó a la zona repartiendo volantes y explicando de que se trataba, un proyecto a cargo del clan Ratri, uno de los líderes del nuevo mundo, quienes eran los que lo financiaban. Apuntó lo esencial, la dirección, los papeles necesarios y regresó a su casa exaltada, llamando a Emma a gritos, que estaba en la cocina preparando el almuerzo. Le mostró el folleto y le indicó lo que tenían que hacer. Al principio ella se opuso

-¿qué pasa?

-¡mira hija!, ¡están dando becas en la capital!

-¿qué cosa?-pregunto Roger, quien recién estaba regresando para comer

-aquí lo explican, el nuevo gobierno está pagando estudios de buenos estudiantes, como tú, Emma

-¿en serio?- leyó lo que decía, pensando que alguien podría estar estafando a su madre

-que si pequeña, no tendremos que pagar nada

-¿no será mentira? No es normal que den estas cosas-su esposo también desconfiaba

-¿tú tampoco me crees, Roger? ¡Te digo que es verdad!

-mañana iremos a ese lugar, mamá, y veremos si es cierto

Al día siguiente fueron al mismo lugar, recibiéndoles la misma joven, quien recordaba a la señora y la saludó. Emma le preguntó exactamente de qué se trataba y le explicó todo lo que le contó a su madre, verificando si no era un embuste todo. Al final la convenció, se despidieron y fueron a buscar al Warton faltante. Alistaron los papeles que pedían, su partida de nacimiento, su certificado de estudios, alguna carta de recomendación si la tenían, y partieron a la capital. Era la primera vez que Emma viajaba fuera de su sector, maravillándose con los grandes edificios y los flamantes autos que circulaban en las pistas hechas de concreto, la multitud que avanzaba por las veredas, las grandes áreas verdes y el aire de modernidad que no había en su pueblo.

Llegaron al lugar indicado, una sede del ministerio donde tuvieron que esperar media hora a que las atendieran, pasaron junto con la secretaria quien les hizo llenar extensos formularios, para molestia de la joven. Luego esperar diez minutos mientras llamaban por orden de llegada, pasando finalmente con un asesor del estado, quien les explicó cómo procedería luego de la entrega de papeleo. El trabajador se veía muy impresionado con las notas de la señorita Warton, felicitándole por su desempeño y garantizándole que tenía una alta posibilidad de estudiar en el distrito 1, donde estaba las mejores universidades para lo que ella quisiera estudiar.

Emma se quedó muda, y su madre tuvo que agradecer en su lugar. Les dieron el número telefónico por si tenían alguna duda y dentro de una semana ya podría volver, obtener su beca y pasaporte juntos. Al regresar a casa no habló con nadie, se metió a su cuarto y no salió por nada, ni siquiera para comer. Sus padres se preocuparon e intentaron hablar con ella, pero se hizo oídos sordos y no les abrió. Pasaron varios días así, dejándole su almuerzo por el hueco de la puerta y llevándose el plato casi sin tocar en la noche. El día antes de partir, su madre alistó sus pertenencias en un maletín que había comprado recientemente en su color favorito, azul. Tocó suavemente su puerta y la encontró abierta, las luces estaban apagadas y las cortinas corridas. Su silueta delgada destacaba entre la oscuridad, reflejada por la luz de la luna. La chica estaba sobre su cama, recostada de lado con sus piernas dobladas. Sus ojos lucían tristes y su rostro decaído; no miraba nada y no se fijó en su madre. Ella se aproximó y se sentó a su lado, acariciándole el pelo con delicadeza; Emma se movió muy rápido y la abrazó con fuerza, ocultando su cara en su pecho. Siguió acariciando sus cabellos mientras ella lloraba silenciosamente, se quedaron así un largo rato.

Luego de varios minutos en esa posición se separaron levemente. Amanda secó las lágrimas de su hija con sus manos, sonriéndole cariñosamente. Esperó a que decidiera hablar, dándole su tiempo.

-Mamá, ¿en serio tengo que ir?

-eso es algo que tú decides, linda

-pero no quiero dejarlos

-estaremos aquí, no nos iremos

-y si…-no podía completarlo, las palabras no le salían, sin embargo, su madre entendió

-tranquila, cariño, no importa que tan lejos estés, nunca te olvidaremos.

"Nunca nos olvidarás, Emma"

En la mañana, partió junto a sus padres a recoger su pasaje y demás documentos. La acompañaron hasta el aeropuerto, se despidieron entre sollozos y la vieron abordar el avión, partiendo a su destino.

-Hasta luego, pequeña

El avión subió, alcanzando el cielo y alejándose cada vez más y más, hasta solo ver un destello entre las nubes.

-Adiós, papás

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Había pasado ya más de tres años desde que Emma había desaparecido. La buscaron en los distritos en los que tenían permiso, dividiéndose en grupos y preguntando si habían visto a una chica con sus rasgos; difundieron su retrato en los noticieros para encontrarla, también en las comisarías y otros centros de ayuda, pero todo fue inútil, no había rastro de ella. Incluso investigaron en las zonas que no pertenecían al país y otras del norte, donde la nieve o las montañas de accidentados relieves no permitían un fácil acceso, no la encontraron, mas no significaba que iban a detenerse.

Ellos cumplieron su palabra con el líder Ratri y se quedaron en la mansión. Los reconocieron como personas, les dieron comida, ropa y un lugar donde vivir. Les dieron un documento de identificación para acreditar su existencia en el mundo humano y les mandaron a las escuelas para su educación. Las madres fueron llevadas a los orfanatos, para cuidar a los niños que no podían quedarse con ellos y poder quererlos sin la necesidad de guardarse el sentimiento. La familia de Ray y Norman fueron los únicos que no fueron enviados a esos centros o adoptados por la generosidad de algún padre, pues no querían separarse ni perder el contacto entre ellos. De los 37 hermanos solo 21 se quedaron, los menores a cuatro años fueron acogidos sin que ellos reclamaran, no tenían tantos recuerdos para añorarlos, aunque si lloraron un poco cuando se fueron. Los más pequeños como Phil y Sherry fueron transferidos a una de las mansiones secundarias donde vivirían hasta los 10 años; luego entrarían a un internado al igual que Don y sus demás hermanos mayores. A Norman no le parecía justo que hicieran eso solo con su familia, cuando los demás niños ganado no tendrían esa oportunidad, pero a Ray no le daba tanta importancia.

-igual todos serán adoptados

Pasaron la secundaria sin pena ni gloria, con algunas salidas al hospital por parte de Norman cuando le daban sus ataques, pero que, gracias al tratamiento, iban disminuyendo. Se estaban acostumbrando a la vida en el mundo humano, sin sobresaltos ni peleas para sobrevivir, solo la larga espera en terminar sus deberes y asistir a clases. Pero durante la noche, eso cambiaba.

-¿todavía no encuentran nada?

-tenemos cierta información de que encontraron una persona con las mismas características que Emma, cerca del límite del distrito 15 y 17.

-¿entonces?

-vamos a ir a ese lugar a comprobarlo

-gracias por todo, Vincent

-de nada, jefe, deséeme suerte-click

Y se cortaba la transmisión. A veces no conseguían nada y tenían que ir en otra dirección, en otras aparecía alguna pista e iban confirmar si es ella, pero no lo era. El primer mes que no la encontraron, Norman se pasaba la noche en vela, sin tener ganas de dormir y deambulando por los pasadizos de la mansión. Cuando le obligaron a ir a la escuela, veía su fantasma en todas partes, confundiéndola con otras personas y persiguiendo su sombra entre las calles y avenidas del distrito, perdiendo irremediablemente el rastro y regresando cabizbajo a su casa, con el pecho doliéndole sin saber si era asma o pesadumbre, enviado de nuevo al internado. Al finalizar cada semestre aprovechaba las vacaciones para liberarse y buscarla junto a su familia en las zonas de difícil acceso, guiados por Bárbara, que conocía el lugar por adelantado, sufriendo la desdicha de no hallarla, volviendo de nuevo a donde comenzaron. Lentamente se fue acostumbrando a la eterna espera, intentado aliviar el dolor de su ausencia con el cariño de sus hermanos y viceversa.

Ya habiendo terminado la secundaria, sobresaliente en todos los cursos, hicieron los papeleos de ingresar a la universidad, un lugar al que no quería ir. Gilda le regañaba por pensar esas cosas al igual que Ana, quien ya quería estudiar medicina.

-no sé de qué te preocupas, sin con tu cerebro lo terminas en dos años-rio Ray

Ambos asistieron a la misma universidad, quedaba cerca a su casa y podrían ver a sus hermanos los fines de semana cuando salieran del colegio. Tal como mencionó el pelinegro, las clases eran demasiado fáciles comparadas con los exámenes en Grace Field. Su rutina era aburrida, a veces saliendo con sus amigos y llegando algo tarde, pero sin sentir tanta emoción por ello. Ya habían pasado varios años, saltearon problemas mundanos, enfrentaron varios obstáculos y todavía la extrañaba, se imaginaba como sería su vida con su presencia todos los días, llenando de alegría y calidez cada cosa que tocara; viéndola sonreír tan brillante como sabía hacerlo; sin importarte que tan torpe e imprudente sea, pura y honesta, infantil y terca, mientras estén juntos. Si ella tuvo fe en sus hermanos, él no la perdería en ella.


Un lunes de abril del año 2051, Norman regresaba de sus clases en la universidad. Tuvo que entregar un trabajo ese día y luego tenía la tarde libre. Ray, que cursaba otra carrera, sí debía quedarse hasta el anochecer, después vendría a cenar con ellos; ahora que Don y Gilda estaban en la universidad vivían de nuevo en la mansión Ratri. Esa noche pensaba pedir pizza a domicilio y algunas bebidas, a los cuatro les encantaba a pesar de que no era preparada por su hermano mayor. Salió por el enorme portón de su facultad, bajando las escaleras y atravesando el césped podado. Y fue entonces que la vio. Divisó un destello naranja que no veía hace tiempo. Volteó desesperado a ver si era quien estaba pensando y se desconcertó. Vestía un pantalón gris, como los que usaba cuando eran adolescentes, zapatillas y una blusa rosada que se ajustaba a su cuerpo de mujer, con su largo pelo atado en una coleta alta. Sus ojos verdes como esmeralda seguían brillando de esa manera especial que él recordaba, mirando con curiosidad aquel gran edificio que se alzaba frente a ellos.

-Emma-susurró

Cuando pretendía irse, Norman reaccionó y fue en su encuentro.

-Emma…¡Emma!

La joven giró, sorprendida que alguien le llame por su nombre, si todavía no conocía a nadie en la universidad. Se vio envuelta en dos grandes brazos, asustándola.

-Emma…-el chico suspiraba y se aferraba a ella.

-o-oye-estaba nerviosa ante el enorme sujeto que estaba abrazándola- su-suéltame

Sentía que no podía respirar, ni siquiera podía gritar por ayuda; incluso si tenía buenos reflejos y su primer impulso era golpearlo, no podía hacerlo. El joven desconocido la soltó levemente, pero aún estaba aprisionada por él.

-Emma-le miraba con devoción y nostalgia, algo que le estremeció

-¿sí? ¿Cómo sabes mi nombre?- le preguntó inquieta

-¿Emma? ¿No me recuerdas?

-no, yo no te conozco, así que déjame-se desprendió de su agarre y avanzó rápido en dirección contraria

-o-oye, espera Emma

-¡no me llames así!

Corrió lo más rápido que podía, alejándose de él. Después de varias cuadras creyó perderlo de vista y caminó más tranquila, dirigiéndose al hotel donde estaba hospedada. Una vez ahí, se refugió en su cuarto, todavía con el susto en su cuerpo.

Su primer día y ya se sentía mosqueada del distrito 1. Ese tipo era muy raro, confundiéndola con alguien más y ni siquiera se disculpó ni nada; que falta de respeto era esa, ojalá le hubiera golpeado, pensó mientras huía. Ahora que estaba segura en esas cuatro paredes, podía pensar con claridad y sentir el enojo abandonar su ser; se sentía triste por él a pesar de todo, cuando lo vio a los ojos parecía a punto de llorar, esa persona debió ser alguien muy importante para él. Pero esperaba no verlo en la universidad y que se atreviera a volver a tocarla, porque si tendría de pegarle y hacer que respete su espacio.


Cuando Norman llegó a casa, parecía tan agitado como cuando le daban uno de sus ataques; cosa que era imposible pues ya estaba curado, pero Gilda y la sirvienta lo llevaron al sofá preocupadas. Le trajeron un vaso con agua y una de sus pastillas, que él tomó con avidez, tumbándose en el mueble y respirando con tranquilidad. Un efecto placebo, dictaminó Ray cuando al llegar se lo encontró dormido en la sala, ese medicamento ya no tenía efecto en su cuerpo, pero algún componente actuó como sedante en él al parecer. A eso de las 10 pm, se levantó algo adolorido y con una leve resaca. Los demás ya habían cenado y estaban en sus habitaciones, solo Ray seguía con él, trabajando en su ordenador. Alzó la vista, mirándolo con algo de burla y volvió su atención a la pantalla. Algunos minutos después terminó y la cerró con cuidado.

-¿qué pasó?

-buenas noches, Ray

-sí, buenos días, lo que sea, ¿qué pasó para que llegaras así?

-me encontré con ella

Fin de la parte 2

Las pesadillas que tiene (o tuvo) Emma se refieren al cap 180, donde ella sueña con sus hermanos llamándola, pero sin ver sus caras, despertando con esa sensación rara y los sentimientos confusos.

Falta una parte más y el epilogo.