Epílogo
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La torre Phocum, perteneciente al conocido imperio Ratri, es distinguida por ser tan alta como los rascacielos, del mismo color inmaculado de las nubes y cubierta mayormente por ventanas de cristal que reflejaban el cielo gris de Inglaterra. También funciona como la sede principal, donde se controla todas las funciones y acciones, enviado los datos a los demás distritos y órdenes a las otras organizaciones pertenecientes al clan. Dentro de ella, los trabajadores, todos vestidos adecuadamente, laboran incansablemente, mostrando seriedad y profesionalismo, siendo cordiales con los visitantes que llegaban a la recepción, algunos cautivados por la belleza señorial de la entrada y otros conducidos al hotel adjunto que también pertenecía a la corporación.
El ascensor es, como todo lo demás, moderno y lujoso. Llega hasta el vigésimo piso y a los demás con otro en el que se accede con un pase, únicamente para los trabajadores y los VIP. La seguridad de última generación al igual que la tecnología forma parte del edificio, cuyos documentos son demasiados valiosos como para dejarlos sin resguardo. Los últimos pisos funcionan como oficinas de los directores y del jefe general, abandonando el color marfil elegante y volviéndose un gris perla más serio y frío, haciendo que las personas que subieran sintieran que estaban en dos edificios diferentes.
La señorita Shopie Brellew es la secretaria del jefe general, próximo líder de la familia y también consejera administrativa del sector A, por lo que tenía 2 trabajos, pero eso no menguaba su rendimiento en ellos. Su edad era incierta pues parecía tener cerca de los 60, pero nunca se casó ni tuvo hijos y prefería que se refirieran a ella con educación. Comenzó desde abajo con sus recomendaciones y diplomas y poco a poco subió hasta el puesto en que se encontraba. Conoció al anterior líder, al interino y al nuevo sucesor, siendo una de las pocas trabajadoras antiguas que aún continuaban vigentes. Atendía una llamada mientras le llegaba el café cargado que había ordenado para su jefe, acomodándolo entre su escritorio mientras terminaba de hablar y ordenaba los papeles que iba a llevar junto con ello.
Tocó la puerta suavemente, recibiendo una repuesta afirmativa del otro lado. Abrió y con decisión avanzó hasta el enorme buró, depositando con cuidado la bandeja y los documentos que había pedido hace unos minutos.
-aquí tiene, señor
-gracias, señorita Brellew, puede llevar estos papeles a contaduría, por favor
-claro, señor, en un momento
Le entregó un sobre cuyo contenido era confidencial, acomodándolo en el enorme portafolio donde guardaba la copia necesaria. La cabeza de la organización tecleaba en la computadora virtual, cuya pantalla transparente mostraba los datos y estadísticas en un fondo cuasi verde, moviendo un pedazo y agrandándolo a un lado, transfiriendo y eliminando. Descanso después de un rato, retirándose los lentes y masajeándose la sien; tomó un sorbo de su café, agradecido.
-muchas gracias por el café
-no es nada, señor, se le veía muy decaído y una bebida es buena para levantar ánimos
-si, bien, no tengo mucho tiempo libre para descansar
Se sonrojó un poco al decirlo, y ella sonrió en sus adentros con ternura, como una abuela a un nieto, aunque era obviamente muy joven para ello. El joven Ratri era muy frío y calculador con su trabajo, pero había momentos, cuando estaban solos, en los que sus defensas caían y podía ver al niño indefenso que se ocultaba tras la fachada. Y en esos momentos era en los que tenía que aconsejarle y él se dejaba hacer, invirtiendo los roles y hablando de acuerdo con sus experiencias en la vida, siempre con moderación, claro.
-quizás deba tomar unas cortas vacaciones, señor
-no lo creo, pero lo tomaré en cuenta a futuro
-su esposa debe estar orgullosa de usted, señor, pero también no debería preocuparla excediéndose
-ella piensa igual que usted, lamentablemente
-su salud a veces recae y eso es lo que le inquieta, que se descuide
-tranquila, señorita Brellew, sé cuándo es mi limite
-eso me tranquiliza-respondió con un semblante sereno-¿quiere que lleve otro documento o archivo?
-no, gracias, lo enviaré por correo
Se retiró despidiéndose con cortesía, al igual como había entrado, y cerró la puerta, dejándolo solo. Giró entorno de sí mismo gracias a la silla rotatoria y observó el cielo que tenía en frente. Una fina llovizna caía sobre Londres, mojando a los transeúntes, los vehículos y las naves que aparecían de vez en cuando en el cielo. Tomó otro sorbo de su café, deleitándose con ese breve descanso, tanto físico como mental, donde en un lado contemplaba los proyectos y las finanzas de estos y por el otro recordaba a su bella esposa en casa, mirando el cielo al igual que él mientras trabajaba desde su hogar. La podía ver reclinándose levemente sobre el sillón, estirándose de vez en cuando y yendo a la cocina por té de jazmín, su preferido. Con solo imaginarla una sonrisa se formaba en su rostro.
Y con solo esos minutos, se recarga y vuelve a su trabajo.
La hora del almuerzo es a las 12 en un punto para todos los trabajadores indiscutiblemente, pero varios no lo hacen. Tienen informes que entregar, trabajos atrasados o algún problema que hubiera surgido. Los directores y gerentes no eran una excepción, por lo que almorzaban más tarde, unos veinte minutos o más, en el restaurante del hotel. Se reunían y conversaban de temas banales, acompañados de vez en cuando de algún principiante al que le fue dado una chance para subir de escalón. La comida era de calidad, platos exquisitos típicos del continente y otros importados de las demás regiones que atraían a varios comensales y gente importante de los distritos contiguos.
Luego regresan al trabajar y terminan a las 8 pm, dependiendo del cargo que ocupaban. Los de la alta jerarquía solían quedarse más tiempo junto a su equipo, contrario a lo pensado, preparando lo necesario para el día siguiente y recapitulando todo lo importante en los archivos suplementarios, saliendo antes de cerrar el lugar. O regularmente funciona así.
En noviembre el trabajo siempre aumentaba considerablemente, con el aniversario de la empresa celebrado a inicios del mes y las preparaciones de fin de año, pero este milagrosamente se redujo y simplificó con la llegada del nuevo equipo directivo, relajando a varios empleados quienes veían una oportunidad para disfrutar el siguiente mes y las festividades que venían. Todo esto era obra del heredero Ratri, pero era difícil decirlo pues sus movimientos eran imperceptibles y silenciosos, solo registrados por documentos firmados a nombre de la compañía sin especificar al autor. La única sabía era la secretaria Brellew, quien estaba al tanto de su jefe, el desvelo y el trabajo extra que se tiraba en sus descansos. No conocía sinceramente el porqué de sus acciones, pero tenía sus sospechas.
A las 4 de la tarde, Ratri se retiró de sus oficinas, dejando encargado las llamadas que podrían hacer. Bajó hasta el primer piso, llamando a su chofer, que le condujo hasta el auto negro, propiedad de la familia. Abordaron el vehículo, dirigiéndose en dirección norte. Él miraba sentado a través de sus lunas polarizadas el paisaje habitual que constantemente recorrían. El viejo Big Ben, el antiguo palacio de la familia real, todavía vigente, la abadía de Westminster. Regresó la vista al interior del auto, prestando atención a la pantalla donde pasaba un canal de deportes, curvando levemente la comisura de sus labios. Cruzaron debajo de las torres, atravesando la carretera principal y salieron de la capital.
Pasaron por el campo de amapolas, plantadas en competencia con los tulipanes holandeses, llegando a su hogar en tan solo media hora. Se alzaba resplandeciente entre las Myosotis azules y las rosas blancas, plantadas para su gusto. Era de piedra caliza, blanco al igual que la torre, alejado de las demás casas y del bullicio de la ciudad. El guardia abrió las rejas dejándolos pasar, con el chofer guardando el coche en el garaje mientras él ingresaba por el portón principal. Una empleada le recibió, colgando su abrigo en el armario adyacente y conduciéndolo a la sala, donde la señora de la casa descansaba. Al entrar, la encontró dormida sobre el sofá, con un librito abierto encima de su vientre, a casi terminar. Se acercó con una sonrisa plasmada en su cara, viéndola murmurar dormida y moviéndose en busca de calor, trayendo consigo una cobija para cubrirla. Apenas la arropó sintió como se revolvía, abriendo los ojos y mirándolo con dulzura.
-Norman…
-estoy en casa, Emma
Se sentó perezosamente, indicándole que lo hiciera junto a ella. Cerró el libro rojo y lo depositó sobre la mesilla, estirándose y despertando por completo, girando la cabeza hacia su esposo, sonriendo como ella sabía.
-bienvenido, cariño
Le dio un pequeño beso en los labios, disfrutando brevemente del contacto mientras lo hacía.
-¿cómo está Mirane?-preguntó luego de separarse
-durmiendo en su cuna, ya le di de comer. Tu hija tiene un gran apetito, ¿sabes?
-me pregunto a quién habrá salido-le respondió sonriente causando que ella frunciera el cejo en broma
-…¿te quedarás hasta la cena?
-estaré hoy y mañana en la tarde- contestó para su alegría
-¿de verdad? Eso es estupendo-le abrazó contenta. Se quedaron así varios segundos, hasta que ella le soltó, riendo risueña.
-Llamaron Ana y Nat hace media hora, George no quería irse del parque de diversiones
-lo traerán más tarde, seguramente-todavía tenía sus manos sobre su cintura
-sí, vendrán cansados y ellos se quedarán a dormir aquí
-¿los demás también vendrán mañana?
-no lo sé, aunque sería una linda sorpresa
Él sabía de antemano que si lo harían, pero fingió inocencia. No había nada como ver sus orbes verdes brillando maravillados ante su familia. Había planeado la celebración con un mes de antelación, llamando a sus hermanos y otros conocidos para invitarlos a venir, acordando en no decirle nada a Emma para sorprenderla en ese 15 de noviembre. Años atrás recordaba esa fecha como el día en que su vida perdía el sentido por segunda vez al no encontrarla con ellos. Día en que se le escapó de sus manos, buscándola incansablemente, rastrillando toda la gran nación y sus alrededores hasta hallarla, sin resultado, cuando sin querer apareció justo frente a él, con la misma sonrisa y la misma aura, pero sin ser ella completamente. Pasaron malos momentos, pero por fin pudieron reunirse otra vez. Y al día siguiente festejaban sus 30 años, junto con sus hijos, padres y hermanos que viajaban del distrito 1, y otros distritos, hacia donde estaban.
Para ella era un simple cumpleaños, pero para él significaba algo más especial; el haberle ganado a ese dios demonio al final de la batalla y conseguir ambas cosas, su familia y a la única persona con quien quería compartir su vida. Y por ello lo celebraba con más ansias.
-¿sabes si Ray vendrá?
-no lo creo, amor, todavía sigue viajando
-¿y en qué distrito estará?-le miró curiosa
-uhmm-pensó unos segundos -la última postal provenía de Japón, así que supongo que seguirá ahí
-Mmmm, aún recuerdo los postres que trajo de su anterior viaje
Siguieron conversando mientras los demás sirvientes alistaban la cena para ellos y sus invitados, llamándolos justo antes de servir. Su atención volvió a caer en el ejemplar que reposaba en el mueble que estaba frente a él.
-¿ya terminaste de leer el libro?
-no, todavía no, pero está muy interesante, Ray tiene mucho talento para escribir
-¿y qué te parece?
-que ese mundo es muy fantasioso, pero si ustedes dicen que es verdad…
-es algo que es mejor…leerlo que vivirlo
-supongo, me pregunto si algún día lo encontraré. Tal vez cuando vuelva a mi trabajo y consiga una concesión…
Empezó a divagar, Norman solo sonrió. La promesa hacía imposible esas locas ideas que su esposa tenía, para su buena suerte, pero por si acaso la vigilaría luego de su permiso de maternidad.
Escucharon el timbre, a los pocos minutos estaban con ellos George junto con sus tíos quienes les saludaron efusivamente, Ana no paraba de reír apegada a Nat y él desordenaba los cabellos anaranjados de su sobrino; pasando todos al comedor, dejando la sala vacía.
Sin personas dentro, se podía apreciar la belleza de este, lleno de objetos muy valiosos, como el canapé de cuero que ambos adoraban y que lo tenían desde antes de mudarse a Inglaterra, las lámparas regaladas por Oliver, buen amigo de Emma, el cuadro favorito de ella, colgado en la pared del fondo, al lado de un reloj de piso antiguo. Al otro extremo, cerca de la ventana, un bello escritorio de caoba descansaba, con los lentes de Norman encima y un ramo de flores recogidas ese mismo día. Y también, iluminado por el atardecer, resaltaba una colección de fotos enmarcadas, llenando casi toda pared restante; con los momentos de su historia juntos. Su primera cita, donde Emma posaba con él dentro del zoológico; en la ceremonia del matrimonio de Don y Gilda, los primeros en casarse; la graduación de Ana, titulándose de medico; el primer concierto de Nat en el conservatorio; Ray antes de su viaje al extranjero; su propio matrimonio; la foto de su primer hijo; los padres de Emma junto a sus nietos; abajo, sobre el buró, destacando entre las demás, una foto de sus hermanos, todos posando a la cámara, acompañados de otros amigos que fueron sus compañeros antes de llegar aquí, camaradas preciados que formaban parte de su familia también. Al centro de ellos, estaban Emma, Norman y Ray, abrazados y sonriendo a la cámara a su manera.
Las personas no pueden vivir sin recuerdos…pero tampoco pueden vivir solo de ellos. Fácilmente pueden olvidarse y perderse entre el paso de los días, los años y la gente. También nosotros cambiamos, crecemos, conocemos a alguien que viene y se marcha conforme va pasando a través de tu vida. Nada es fijo en ella, excepto el amor que hay entre nuestros seres queridos; los amigos, los padres, hermanos, maestros, hijos y alumnos, mientras se mantengan los lazos estos no se rompen con facilidad, porque son necesarios e importantes para uno, aunque se intente negarlo. Las memorias no son para toda la vida, pero lo compartido en ellas puede perdurar indefinidamente. Y solo queda dejarse llevar por la corriente de río continua y las nubes inconstantes en el cielo.
FIN
Y llegamos al final de este proyecto. Fue un arduo trabajo pues no lo tenía bien planeado cuando terminé el fic, pero avancé lento mientras me rompía la cabeza en cómo sería un buen epílogo y aun así no estoy satisfecha con el resultado. Tiene menos texto que los anteriores y menos conversación, y también es más cliché, pero merecían un final feliz. Agregué algunas frases que reflexionaba durante la secundaria y otros datos que corroboré. Así que algunos de ellos para despejar sus dudas.
[1] la primera línea del último párrafo es una copia descarada de Sailor Moon, específicamente de Michiru, sailor Neptuno, aquí sus créditos.
[2] el nombre de la torre está basado en opening y el ending de TPN, depende de ti creerlo
[3] el nombre del hijo mayor de Norman y Emma está basado en los gemelos Wesley, igual que el de Fred Warton (ver la parte 2)
[4] el verdadero cumpleaños de Emma es el 22 de agosto. Pero puse que fue registrada en el mundo humano con la fecha dada.
[5] Ana y Nat no iban a aparecer en la escena, pero se veía que congeniaban bien así que los agregué con un leve guiño de su relación
[6] la persona que sale en el televisor de Norman es Cislo, él estaba siendo entrevistado
[7] Myosotis es el nombre científico de las nomeolvides, que se simbólicamente representa tanto el amor desesperado como el amante eterno, tome a cuestión el último.
[8] no sé si lo advirtieron, pero me gusta agregar personajes mayores
Sin nada más que decir, mas que agradecer inmensamente por llegar hasta aquí
Crystal⁂
