Disclaimer: basado en el anime/manga Haikyuu!! Ningún personaje me pertenece, todos son propiedad de Haruichi Furudate.

Tipo: One-shot

Pareja: ShiraGoshi

Advertencias adicionales: Contenido sexual explícito. Ésto no será p*rn* sin trama :D, no voy a lanzarme en seguida a lo sucio :'D, si aún así quieres leer, adelante.


Las vacaciones de verano finalmente habían llegado. No más tareas, trabajos, maestros, ni matemáticas por un buen tiempo. Sólo días para poder entrenar y jugar voleibol. Sí, así lo veía Goshiki.

El joven disfrutaba infinitamente las vacaciones, por el simple hecho de poder entrenar el tiempo que quisiera. Claro que con eso no quería decir que en periodo de clases no le gustara practicar con su equipo, pero mantener las calificaciones y hacer tareas luego de los entrenamientos le bajaban el buen humor que conseguía en el gimnasio.

Y ahora, su único deber era ayudar a su madre en un par de trabajos del hogar, y el resto del día era suyo. Felicidad absoluta.

Pues bien, aquella mañana su madre había salido. Al parecer iría con sus tías a organizar una reunión por un familiar, así que volvería tarde. Goshiki, mientras tanto, fue a un parque cercano a practicar su voleo y levantadas con el balón durante la mayor parte de la mañana.

Cuando el hambre se hizo presente, decidió que era tiempo de volver. En el trayecto, pensó qué haría el resto de la tarde. Podría comer, descansar, y regresar al parque, pero no le gustaba dejar sola la casa durante tanto tiempo. Debía quedarse la tarde ahí, al menos por ese día.

Suspiró al abrir la puerta e ingresar al recibidor. Se dirigió a la cocina, y encendió el televisor para generar un poco de ruido en el lugar. Mientras calentaba el curry que su madre le había dejado, se le ocurrió hacer una pequeña llamada a alguien.

Sólo esperaba que no le estuviera molestando y accediera a acompañarlo un rato en su soledad. De todas formas, eran vacaciones, no le costaría mucho ir a hacerle compañía.

Tomó su celular, y marcó el nombre que tenía registrado en favoritos. Puso el altavoz, para no descuidar la comida, y dejó el celular sobre la mesa. Al tercer timbre había contestado.

¿Que pasa? —oyó del otro lado de la línea.

Goshiki sonrió inconscientemente. Él tenía el tono neutro de siempre.

—Hola, Shirabu-san —saludó alegremente mientras movía el curry con un cucharón—. ¿Estás ocupado?

Supongo que no realmente. ¿Porqué?

—Mi mamá salió con mis tías —explicó—. No sé cuánto va a tardar, pero estoy aburrido, y pensé que podríamos pasar el rato juntos. ¿Crees que podrías venir?

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Luego se oyó un poco de estática, como si Shirabu se hubiese movido de donde estaba. Posteriormente volvió a hablar:

¿Ir a tu casa? —preguntó—. ¿Con éste sol y a ésta hora?

—Por favor… —rogó, apagando el piloto de la estufa—. Tengo curry, prometo servirte un gran plato.

¿En serio piensas que puedes comprarme con un plato de curry?

—Así es —Goshiki exclamó, totalmente orgulloso de su negociación.

No.

El chico jadeó indignado. ¿En serio iba a rechazar su plato de curry? Shirabu era un grosero.

—Por favor… —volvió a tratar, pero ahora de otro modo—. Te compensaré el que vengas hasta acá.

Shirabu volvió a guardar silencio, segundos después suspiró. — ¿Y cómo?

—Eh… pues… —Goshiki se sentó en una silla, quitando el altavoz. No pensó realmente una recompensa. Tal vez le compraría algo, o acompañaría a Shirabu a ver su película de terror favorita, aunque le daría mucho miedo—. No lo sé. Dime qué quieres.

La línea volvió a quedarse silenciosa, y mientras los segundos pasaban, Goshiki empezó a pensar que le iba a pedir algo no tan agradable, como dejar de solicitarle tantos pases cuando entrenen, o admitir que fue él quien rompió los audífonos de Shirabu –aunque no fue su culpa que el mayor los dejase en la cama, donde sufrieron el peso de la mochila de Tsutomu.

Bueno. Pensándolo bien, tal vez no era mala idea pasar la tarde solo.

—Ehm… si no quieres venir, no…

Está bien, iré —le interrumpió.

—¡Eh! ¡En serio!

Sí, no grites —volvía a oír la estática de los movimientos que Shirabu estuviese haciendo en ese momento—. Llego en un rato.

—¡Claro! —Tsutomu exclamó sin poder ocultar su emoción.

Bien, nos vemos.

—¡Sí! —dicho eso, oyó el pitido del fin de la llamada.

Sonrió para sí, y dejó el curry en la estufa. Si Shirabu iba a ir, no podía dejar que se enfriara.


Cuando oyó el sonido del timbre de la entrada, el programa que mientras estaba viendo terminó. Una sincronización perfecta. Al menos eso pensó Goshiki.

Se levantó de inmediato del sofá, y se dirigió a la puerta principal. No ocultó su alegría una vez vió a Shirabu del otro lado del marco.

—¡Hola! —Tsutomu se hizo a un lado para dejarlo entrar.

—Hola—Shirabu respondió más sosegado, retirando su calzado—. Con permiso.

Ambos caminaron por el pasillo hasta la sala. Goshiki tomó el control de la pantalla para apagarla, mientras Shirabu se sentaba en uno de los sofás.

—¿Sabías que el calor allá afuera es insoportable a esta hora? —Shirabu exclamó mirándolo mal.

—Uhh… ¿Lo siento? —Goshiki se encogió de hombros—. ¿Quieres agua?

—Evidentemente —inclinó su cabeza en el sofá, soltando un suspiro. Goshiki de inmediato se fue a la cocina para llevarle el vaso con agua. Volvió y se sentó al lado de él. Shirabu bebió al menos la mitad del contenido antes de dejar el vaso en la mesita de sala.

—Bien… —Shirabu lo miró—. ¿Al menos tienes algún videojuego nuevo para pasar el rato?

—Eh… ¿haber descargado Candy Crush en el celular cuenta?

Todo el rostro de Shirabu era una expresión total de fastidio, pero Goshiki no quitó su sonrisa. Incluso soltó una pequeña carcajada por su cara. Últimamente le gustaba tomarle el pelo.

—Bien, entonces ¿A qué hora vuelve tu madre?

Goshiki reguló su risa, y respondió:

—Hace poco me envió un mensaje —señaló su celular—. Al parecer les está tomando más tiempo del que pensó, y va a pedirle a mi padre que pase por ella cuando salga del trabajo.

Shirabu le asintió, y desvió la mirada al vaso de agua. Goshiki esperaba que ahora no se estuviera arrepintiendo de tener que estar toda la tarde con él. Suspiró algo inquieto por esa posibilidad, pues aunque él disfrutaba el tiempo de calidad al lado de Kenjirou, no sabía si ese sentir era recíproco.

Volvió a exhalar aire para alejar esas ideas, y se dispuso a invitarlo a comer.

—Uhm… Shira-…

—Goshiki —habló a la par de él, interrumpiendo su frase. Aunque no fue lo único que dejó sus palabras a la mitad, porque al volverse hacia Shirabu, éste se había acercado un poco más, y su brazo lo había colocado en el respaldo, como si lo fuese a abrazar. Bien, probablemente el calor se le estaba subiendo a la cabeza— ¿Podemos hacerlo?

Listo, su rostro había hecho combustión.

—U-uh, eh… ¿ahora, ahora? —repitió sin poder conectar bien las ideas de su cabeza.

Shirabu frunció el ceño, pero volvió a acortar los centímetros entre ellos.

—Sí , torpe.

—O-oh… —Goshiki dejó escapar una sonrisa nerviosa.

Claro que no era la primera vez. Llevaban demasiado tiempo saliendo, y ambos ya habían tenido sexo un par de… tal vez varias veces. Pero aún no se acostumbraba del todo, y le ponía de nervios que Shirabu lo atacara así.

Ni siquiera pudo dar una afirmativa cuando sintió al mayor presionar sus labios contra los suyos. Dejó escapar un chillido por la sorpresa, pero procuró corresponder el gesto. Sintió el agarre de Shirabu en sus brazos, y al minuto siguiente se vio echado contra el sofá, percibiendo como el beso subía de tono. Jadeó cuando Shirabu mordió su labio inferior, y casi se irritó al sentir como sonreía contra su boca, si no fuera porque la rodilla de su novio había presionado en su entrepierna, provocándole un vergonzoso gemido agudo.

—S-Shirabu —jadeó, presionando hacia arriba el cuerpo ajeno para alejarlo—. Espera.…

—¿Porqué? —gruñó frunciendo el entrecejo.

Goshiki intentó regular su respiración. No podía negar que el calor ya había invadido todo su cuerpo, pero le daba un poco de ansiedad que tuvieran sexo en su sala. Si sus padres llegaban y los veían así, posiblemente moriría al instante.

—Aquí no —pidió aún presionando sus manos en los hombros de Shirabu.

Tsutomu suspiró aliviado cuando Kenjirou relajó su expresión, y le dedicó una leve sonrisa.

—Vamos —dijo, levantándolo del sofá, y yendo a la habitación de Goshiki.

Su corazón latía deprisa, y se disparó más cuando cerraron la habitación con seguro. Si sus padres volvían antes, y cuestionaban el porqué de su alcoba cerrada, con ambos dentro, no sabría que decir. Pero eso sería algo que que el Goshiki de horas después debería pensar. No ahora que tenía a su novio encima –otra vez–, devorando sus labios, y haciendo que una corriente de emoción le recorriera totalmente.

Intentó dominar los movimientos que sus lenguas estaban teniendo, mas su concentración se desvió al notar las manos de Shirabu debajo de su camisa. Ágilmente recorrieron su cintura, pasando lentamente por su vientre. Deshizo el beso, y suspiró fuertemente a causa de su toque. Su novio pasó ahora sus labios a su cuello, recorriendo con su lengua parte de su yugular. Goshiki sintió un escalofrío en toda su espalda

—A-ah… —gimió cuando la mano de Shirabu llegó a uno de sus pezones y lo retorció lentamente. Arqueó su espalda, y cerró los ojos, temblando totalmente excitado. Shirabu dejó escapar una mezcla de suspiro y risa, luego se alejó un poco, y subió su camisa. Goshiki entendió que debía quitársela, y se sentó un instante para hacerlo.

Se sonrojó fuertemente cuando volvía a estar recostado y sintió la mirada de Kenjirou recorrerlo enteramente. Percibió la mano del contrario acariciar su cabeza, pasando suavemente los dedos entre la hebras de su cabello. Goshiki se inclinó ante el toque. Realmente amaba cuando Shirabu era cariñoso con él.

—Goshiki —susurró el mayor mientras se acercaba a su rostro.

Tsutomu se derritió completamente ante la mirada de Shirabu.

A pesar de todas sus inseguridades, cuando Shirabu lo miraba así, podía drenar a su ser de todas ellas. Se sentía querido. Amado. Deseado.

No había forma de que sus sentimientos fuesen unilaterales.

—Shirabu —murmuró de vuelta, pasando sus brazos por la espalda del nombrado.

Ambos volvieron a fundirse en un beso profundo. Goshiki paseó sus manos por la espalda de Kenjirou, y lo instó con gestos a que se quitara su camisa. El contrario así lo hizo, y cuando volvió a acercarse, inició una serie de besos por su cuello.

Goshiki soltaba jadeos y suspiros entre cada beso. Cuando sintió una de las piernas de Shirabu frotarse nuevamente en su entrepierna, gimió más alto que antes.

Avergonzado, llevó sus manos a su rostro, pero Shirabu aumentó la fricción, y pasó su boca por pecho, lamiendo entre un pezón y otro.

—A-ah… Shira… bu… —suspiró, tomando ahora la almohada bajo su cabeza con una mano, y dejando la otra en su rostro.

Sintió la sonrisa de Shirabu sobre su cuerpo, y succionó más si piel. El cosquilleo de su estómago estaba aumentando, y su entrepierna ya empezaba a doler al tener aún puestos sus pantalones.

Cómo si Shirabu hubiese leído su mente, bajó una mano al botón de su prenda, y lo abrió. Goshiki cerró fuertemente los ojos, demasiado avergonzado para ver los movimientos de su novio. Simplemente movió las piernas para ayudarlo a quitarle la prenda.

—Eres tan lindo —le oyó decir, mientras acariciaba sus caderas.

—Uhhn… —Goshiki cubrió ahora su cara con los brazos, a lo que Shirabu rió levemente. Sus palabras le avergonzaron, y saber que estaba a una prenda de quedar totalmente desnudo le subieron aún más el calor al rostro.

Echó la cabeza hacia atrás al sentir los labios de Shirabu en la cara interna de su muslo. Uno tras otro, hasta que su bóxer se volvió un obstáculo.

Contuvo la respiración cuando sintió que los deslizaba por sus piernas, y prácticamente gritó al sentir la mano de Shirabu sobre su miembro erecto.

Se sentía tan bien. Verdaderamente bien, y sólo estaba masajeando lentamente.

Suave. Firme. Shirabu sabía muy bien dónde tocarlo para hacerlo perder en placer. Se agitó entre la cobija, aferrando ahora ambas manos en la tela. Los dedos del mayor pasaban sobre su eje, presionando y girando en círculos al llegar a la cabeza de su miembro.

—¿Te gusta? —Shirabu susurró, aumentando el movimiento.

—Mmh… ah… s-sí —respondió, tratando de controlar su voz, apretando el agarre de sus manos, y tratando de mover las caderas para tener más contacto.

Cuando sintió aumentar el cosquilleo desde su cabeza hasta su parte baja, próximo a terminar, Shirabu se detuvo.

Goshiki le gruñó en protesta, pero Kenjirou se acercó a su rostro, besando su frente.

—Aún no —le susurró, aún cernido sobre él—. Necesitamos el lubricante.

Goshiki asintió lentamente, y dirigió su mirada al mueble de noche al lado de su cama.

—En el segundo cajón —susurró, sin poder mantener contacto visual.

Shirabu sonrió, y se alejó un momento de él. Buscó donde le había indicado, y enseguida volvió con la pequeña botellita, y un paquetito plateado. Goshiki esperó, algo espectante, oyendo la tapita de la botella hacer sonido. Shirabu colocó un poco del contenido en su dedos, y bajó la mano en medio de su piernas.

—Está un poco frío, ¿sí?

Goshiki asintió, siendo la temperatura del lubricante la menor de sus preocupaciones de ese momento.

Arrugó los dedos sobre su cama cuando una de las falanges de Shirabu se introdujo en su entrada. Como siempre, era incómodo al inicio. La sensación extraña y levemente dolorosa. Pero aún así se relajó. Sólo sería un momento, y después se sentiría bien.

Unos segundos después, y Shirabu introdujo otro dedo. Para ese momento, su garganta empezaba generar suaves gemidos nuevamente. Un tercer dedo, y Kenjirou había tocado aquél punto que, como si de un boton dentro de él se tratara, le generó una descarga eléctrica de placer, haciendo que involuntariamente arquera la espalda.

—¡Oh, mi…! ¡Ah! —gritó, aferrando sus manos en la tela del cobertor, y estirando sus piernas, prácticamente frunciendo los dedos de sus pies.

—Un poco más —murmuró Shirabu, simulando estocadas con los dedos, y movimientos de tijeras.

Goshiki quería que volviera a tocar su punto dulce, y por inercia abrió más las piernas, pero Kenjirou no lo complació, y siguió dilatando su entrada.

—Ah… Shirabu… p-por favor —rogó entre abriendo sus párpados.

Su novio tenía la respiración agitada, y gruñó antes de sacar sus dedos, generando un sabe gemido en Goshiki. Shirabu abrió el paquetito plateado, sacando el condón de ahí. Terminó de desvestirse, y se lo colocó, posicionándose entre sus piernas.

—Dime si te duele —exclamó antes de empezar a introducir su miembro.

Goshiki contuvo la respiración, y apretó aún más si podía sus manos. Cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a acumularse en las orillas de sus párpados. Dolía, pero podía soportarlo.

Shirabu también dejaba salir varios gemidos roncos, y de igual forma tenía la respiración pesada.

—Ah, maldición —Shirabu exclamó cuando finalmente se introdujo totalmente.

Ambos estaban respirando profundo, tratando de acostumbrarse. Shirabu acercó su rostro, y besó suavemente sus labios, mientras lo masturbaba. Goshiki volvió a abrazarlo, pasando sus manos por el suave cabello cobrizo de su pareja.

Pasados unos minutos, Tsutomu movió sus caderas, dando paso libre a Kenjirou de moverse. Lento y cuidadoso, ambos gimieron en sincronía con la primera estocada. Le siguieron otras más, provocando suspiros y jadeos en ambos.

Cuando Shirabu empezó a aumentar la velocidad, Goshiki prácticamente se aferraba a su espalda, abriendo más las piernas, y dejando rienda suelta a su boda para gritar el nombre de su novio.

–Ah… Nhg… Shira… ¡Shirabu! —gritó al sentir que tocaba ese punto dulce dentro de él.

—¡Ah! Goshiki… eres… tan bueno —exclamó entre jadeos y gemidos, besando nuevamente sus labios, y subiendo el ritmo de las estocadas, así como el de la fuerza con la que las daba—. Ah… Tsutomu…

Oír su nombre de esa manera en labios de Shirabu le provocó una oleada de placer mayor a las anteriores, sintiendo que estaba por llegar al clímax.

—¡K-Kenjirou! —gritó antes de cerrar los ojos. Estiró las piernas, y enterró las dedos en la piel blanca de la espalda de Shirabu. Creyendo ver estrellas, arqueó su columna y se terminó viniendo en el vientre de ambos.

Su mente quedó en blanco por el clímax, y sólo percibió un par de estocadas más antes de sentir que Shirabu también terminaba. Oyó también las últimas expresiones de placer de su novio antes de caer rendido sobre él.

Fueron cortos los segundos que desconectó su mente, y reguló su respiración. La cabeza le daba vueltas, y su pecho aun subía y baja muy rápido. Podía sentir el sudor en todo su cuerpo, así cómo en su cara, pegando varios mechones de cabello en su frente.

Cuando Shirabu se levantó, lo miró directamente a los ojos, acariciando su mejilla. Goshiki sentía su corazón cálido y agitado por el cariño con el que Kenjirou lo miraba. Casi quería llorar.

—Tsutomu —susurró antes de besarlo brevemente en los labios—. Te quiero.

Goshiki abrió demasiado los ojos, y ahora en definitiva dejó escapar un par de lágrimas. Sonrió abiertamente, y abrazó más a Shirabu. No podía describir la felicidad que esas dos palabras le provocaban.

—¡Yo también! —exclamó juntando su frente con la contraria—. ¡Kenjirou, te quiero mucho!

Oyó a Shirabu hacer un gruñido avergonzado, pero no se movió ni le recriminó. Sólo, tal vez, sus mejillas subieron un par de tonos en el rojo que se percibía en ellas.

—Está bien, pero no llores —murmuró, pasando sus dedos debajo de sus ojos, limpiando las lágrimas.

—¡Sí! —dijo, a pesar de que seguía sintiendo la emoción del momento, generando varias lágrimas más.

Ambos permanecieron así un tiempo, disfrutando el calor del otro, hasta que Goshiki recordó que tenía hambre, y mucha. Y Shirabu no se detuvo en sus burlas cuando el estómago del pelinegro hizo un muy ruidoso sonido de protesta por no tener ningún alimento que digerir.

Bueno, ahora Goshiki debía lidiar con sus burlas, y con un dolor en la espalda baja.


Extra.

Los padres de Goshiki llegaron rayando casi las nueve de la noche, y Shirabu prácticamente había estado toda la tarde ahí. El menor ni siquiera notó cuando el tiempo pasó volando, hasta que oyó las llaves en la entrada principal.

Se levantó rápido para recibir a sus progenitores, que olvidó totalmente el dolor en su cadera.

—Idiota, te dije que no te movieras tan rápido —Shirabu le regañó, tratando de ocultar el tono de preocupación.

—Perdón —alcanzó a decir antes de que ambos vieran a los dos adultos entrar por el pasillo.

—Tsutomu, estamos en casa —la madre del menor anunció antes de percatarse de Shirabu—. Oh, Kenjirou-kun, no sabía que nos visitarías.

Shirabu se inclinó ante ambos a modo de saludo.

—¡Ah! Y-yo lo invité, espero no sea problema —Tsutomu les explicó.

—No es problema —dijo el padre de Tsutomu—. Pero ya es muy tarde para que vuelva a casa.

—No se preocupe, tomaré un taxi —Shirabu dijo, inclinando la cabeza hacia el hombre

—¡Oh, nada de eso! —exclamó la mujer —. Podemos llevarte a casa, Kenjirou-kun. Por haberle hecho compañía a Tsutomu hoy.

La mujer miró a su esposo, y éste la secundo con un asentamiento de cabeza.

—Muchas gracias —volvió a inclinarse, sabiendo que no podría negarse a la madre de Tsutomu.

Luego de recoger rápidamente el abrigo que trajo con él, por si se iba tarde, Shirabu se dirigió a la salida con los dos adultos. Claro que la señora Goshiki haría despedir a su hijo de él.

Tsutomu caminó hacia ellos, e inevitablemente su madre notaría algo extraño.

—Tsutomu, cariño, ¿te duele algo? Estás caminando raro.

El menor inmediatamente se puso rojo, y Shirabu casi quería estallar en una carcajada.

—E-es que, yo… eh…

—Tsutomu se lastimó entrenando —Shirabu le interrumpió—. Le dije que no se sobre esfuerce, pero parece no escucharme.

La mujer abrió los ojos en señal de comprensión, y luego miró a su hijo.

—Tsutomu, que te he dicho de exagerar tus prácticas —le reprendió.

—Uhh… perdón —se encogió de hombros, y le dió una rápida mirada asesina a Shirabu. Él le regresó el gesto con una leve sonrisa divertida.

—No vuelvas a hacer eso —el señor Goshiki dijo ahora—. Tu compañero se preocupa por ti, al menos escúchalo.

Goshiki volvía a ponerse rojo, mientras que Shirabu estaba cada vez más seguro de que soltaría una gran carcajada cuando recordara ése momento.

—Sí, lo siento —murmuró.

El matrimonio asintió hacia Tsutomu, y luego volvieron a centrar su atención en Shirabu. Él se colocó su abrigo, y dio una mirada rápida a los padres del menor, que ya se perdían por el pasillo. Aprovechó es momento para despedirse bien de Goshiki, dejando un rápido beso en su mejilla, que puso el rostro colorado a ambos.

—Eres malo —susurró en un puchero.

—Bueno —Shirabu le sonrió, tomando levemente el mentón del menor—. Es mi recompensa.

Dicho eso, se dio la vuelta, y salió del hogar, dejando atrás a un sonrojado Goshiki.


Estas no son más que 3k de palabras autoindulgentes para saciar mi sed por algo smut de estos dos :)

Y ni siquiera sé si es por el cumpleaños de Goshiki, esto estaba siendo escrito en un momento en el que andaba horny, y quería algo hot de ellos. Y pues bien, en Tw*tter tocó fanart Goshira, y aquí fanfic Shirago. Un trato justo

Igual, feliz cumpleaños a mi niño hermoso

Publicado: 21/08/20 (en Japón es 22, así que cuenta)