—¿Por qué? ¿Por qué aquí, Diosito? ¿Por qué no en Gintama? Allí son más divertidos. O en Naruto, ninjas sexys; espera, mejor no, no quiero quedar atrapada en su relleno. ¿Bleach? Bleach es una buena opción, con shinigamis sexys, además necesita mucha ayuda en estos momentos. O mínimo uno de deportes; ¡tener mi harem de basquetbolistas sexys en Kuroko no Basquet, o un grupo de nadadores sexys y ser Free juntos! ¿Pero por qué Hunter x Hunter? No es que no me guste, pero hay otros animes que me gustan más, como Gintama, Gintama es genial, Gintama es…

—¡Ya cállate! —Leorio te gritó enojado—. Rayos, no entiendo nada de lo que dices. Volvamos al principio. Según lo que me has dicho, nosotros formamos parte de una serie, que le dicen anime en tu «dimensión».

—¿Nosotros? Yo no formo parte de su elenco, yo soy genial. Y sí, es como un reality show para que me entiendas mejor.

— Con el nosotros me refería a mis amigos y a mí. ¿Un reality show? ¿Te refieres a algo así como Ball Dragon o Moon Sailor o Rutona?

Lo miraste por un momento seria. Después comenzaste a reír a carcajadas.

¿Ball Dragon? ¿Rutona? ¿En serio? ¿Y a Bleach cómo le dicen? ¿Chblea?

—Oh, ¿la conoces?

—Jajajajajaja ay ay, mis costillas —No podías parar de reír.

—¿Te estás burlando? Esa tomografía no detectó el derrame cerebral que tienes— dijo con desdén.

—Ya, no te lo tomes todo tan enserio. Solo bromeo —dijiste intentando controlar tu risa.

—¿Podemos tener una charla normal? No sé cómo lograste convencerme de dimensiones paralelas y acosadoras que saben hasta cuando cago. Eso es escalofriante, ¿sabes?

—Soy sincera contigo. ¿O acaso prefieres que te mienta?

—Prefiero la sinceridad por más macabra que sea.

—Entonces te hablaré de los fanfics que hacen de ti y Kurapika…

—Es suficiente con eso.

Habían pasado cinco días desde que le contaste a Leorio todo sobre tu mundo y su «mundo». Al principio desconfiaba de ti, pero gracias a tu celular—que se encontraba en el bolsillo de tu pantalón, no tuvo otra opción más que creerte. Se te hacía raro que tu celular aún tuviera carga, y más que tuviera internet. Benditos celulares.

—Hablé con Kurapika —dijo Leorio mirándote fijamente—. Le hablé sobre ti. No le conté todo por teléfono, claro. Iremos a verlo.

—¿Por qué? —preguntaste confundida.

—Supongo que quieres saber cómo llegaste aquí para volver a tu casa. No sé con quien más recurrir en este tipo de situación. — Se disculpó con la mirada. — El problema será el sacarte del hospital.

—Pero si ya casi no me duelen mis heridas, ya estoy bien —sonreíste estilo Gai sensei.

—No es eso. Hay que hacer mucho papeleo para dar de alta a alguien. Además, el doctor Guinto duda de tu salud…

—Pero si ya te dije que estoy bien.

—…mental.

—Oh.

—Y no puede aparecer un familiar mágicamente.

—¿Por qué no? Falsifica los papeles.

—¡No haré eso! Es un delito. Ya hice suficiente al modificar tu historial médico. No me arriesgaré a ir a la cárcel, o peor, que me nieguen la cédula.

—¡No lo modificaste! Solo corregiste mi estatura.

—Te midieron perfectamente mocosa. No hay mucha diferencia, sigues estando enana.

—¡Ah! Haré como que no escuché lo que claramente sí escuché. Jirafa.

Te ponías diva cuando cuestionaban tu estatura.

—Te ignoraré.

—Solo consigue a los familiares falsos. Quiero conocer a Kurapikachu.

—No lo haré —dijo ignorando el apodo a Kurapika, ya se había acostumbrado a tus sobrenombres raros.


—No puedo creer que lo hiciera —murmuró Leorio mientras viajaban en la aeronave.

—No puedo creer que lo hicieras —Lo señalaste acusatoriamente—. Debería denunciarte con la policía.

—No te queda decir eso a ti. Especialmente a ti. Yo soy el que te demandará por extorsión —dijo mientras se recargaba en el asiento—. Me gasté casi todos mis ahorros en pagarles a «tus familiares», y aparte tuve que pagar los gastos del hospital y falsificar información.

Lo miraste detenidamente, pensando en todo lo que había hecho. Jamás en la vida alguien te había ayudado de esa manera. Te sentiste mal por lo cruel que solías ser a veces con tus bromas, pero no eras desagradecida, de verdad apreciabas lo que estaba haciendo por ti. Desafortunadamente eras muy vergonzosa cuando se trataba de expresar tus sentimientos. De solo pensarlo los colores se te subían al rostro.

—Gracias —susurraste desviando la mirada hacia la ventana para que no notara tu sonrojo. Era un buen hombre, lo admitías, ni siquiera te reprochó por la ropa que tuvo que comprarte, ya que la anterior estaba rota y manchada.

—¿Eh? ¿Qué dijiste? No te escuché —dijo con una sonrisa burlona—. ¿Acaso te enamoraste de mí, por eso te pones roja?

Eso no hizo más que aumentar tu sonrojo.

—Retiro lo dicho.

Leorio estalló en carcajadas, de no ser por la aeromoza que le dijo que guardara silencio, se hubiera ahogado en su propia saliva.


Aterrizaron en Yorbian. La ciudad era magnífica. Nunca habías salido de tu ciudad natal, así que ver algo diferente te emocionaba mucho. No esperabas por recorrer la ciudad entera. Pero aún tenías esa pregunta que siempre rondaba tu mente: ¿Acaso no se daban cuenta de las líneas negras de los bordes? No entendías cómo no se percataban de que eran dibujos, se notaba a leguas. Te preguntabas cómo serían las caricaturas allí, si las veían iguales a ellos o simplemente no existían en este mundo. Aunque eso sería absurdo.

—Camina más rápido niña —te apuró Leorio.

—No me digas qué hacer, niño subdesarrollado —le respondiste hostilmente—. Y para tu información soy más grande que tú.

—Mira, puedo creer todo lo que me has dicho, pero ¿tu edad? En eso sí que dudo. No pareces de veintiuno.

—Claro que los tengo. — La jirafa se te quedó viendo sarcásticamente. — Ok, tengo veinte, no es mi culpa que me vea más joven. Además, mi versión animada no ayuda mucho.

—Estás normal, no «animada». No quiero imaginarme cómo serás cuando estés animada. —Palideció al pensarlo. — Por cierto, eres muy bonita; nunca he visto a una mujer con tus rasgos faciales.

—Ja. Ja. Muy gracioso. Y obviamente lo soy. No soy de este mundo, ¿recuerdas? ¿Has visto los garabatos de Togashi? Pareciera que odia su serie. Hasta Yu Yu Hakusho tiene mejor animación que ustedes.

—Ya me estás molestando de nuevo. — Una vena resaltaba de su frente.

—¿A dónde vamos? ¡¿Dónde rayos está Kurapikachu?!

—Nos encontraremos con él en el parque. Y ojalá ya esté allí, no quiero soportarte solo por más tiempo.

—Me amas. No lo niegues.

—Tanto que me dan ganas de ahorcarte.

Sonreíste socarronamente. Caminaron un par de cuadras más hasta llegar al parque. Estabas emocionada y nerviosa a la vez. Buscabas con la mirada alguna cabellera rubia, pero no había ninguna. Comenzaste a divagar en tus pensamientos, preguntándote si había sido buena idea pedirle ayuda a Kurapika; ¿no hubiera sido mejor ir con el presidente Netero?

Tus pensamientos fueron interrumpidos por una voz conocida.

—Leorio.

—Hey, Kurapika —le devolvió el saludo.

Estabas de espaldas a ellos. No podías moverte. Tu corazón comenzó a latir muy fuerte que te dio pena que lo fuera a escuchar, te daba vergüenza voltearte y darle la cara. Dios, tu cara estaba roja, lo podías sentir. Te daba vergüenza todo. La voz del futuro médico te sacó de tu trance.

—Ella es el problema del que te hablé.

Respiraste profundamente antes de girar hacia el rubio. Levantaste el brazo para estrechar su mano.

—S-s-soy (T/N), u-un gusto c-conocerte.

Miró a Leorio y a ti con sorpresa. No se esperaba esta clase de problema. Se aclaró la garganta para componerse un poco y se dirigió a ti.

—«No noté su presencia» —pensó—. El gusto es mío, (T/N). Soy Kurapika —sonrió amablemente mientras estrechaba tu mano.

—Bueno, esas fueron las presentaciones. ¿Podemos ir a un lugar más privado para hablar?

—Leorio —Kurapika reprochó—. No debes ser tan descortés.

—No soy descortés, sin embargo, hay cosas más importantes que discutir.

—Me disculpo por su comportamiento —Kurapikachu te dirigió una mirada de disculpa.

—No te preocupes, ya me acostumbré —respondiste inocentemente.

—¿Esto es una clase de alianza?

—Síganme —Kurapika ignoró a Leorio—. El señor Nostrade permitió que se quedaran en la mansión.

Siguieron a Kurapika y subieron al coche. Te sentaste en la parte trasera y Jirafa en el asiento del copiloto.

—Tu jefe es muy considerado —comentó Leorio.

Tú solo observabas por la ventana y mirabas de reojo a Kurapika.

«De verdad parece niña, es más bonita que yo.»

—En realidad le dije que serías parte del personal. Estamos en una crisis económica en estos momentos.

—Tú también eres muy considerado —dijo sarcásticamente.

—Bueno, si me hubieras contado bien la situación en la que te encontrabas, tal vez habría hecho algo más.

—¿Le hubieras dicho que contratarías a dos personas más? Es un tema delicado, Kurapika, no ibas a creérmelo. Entre más pronto nos deshagamos del problema todo estará bien.

—¡Leorio! —Kurapika frenó estrepitosamente—. ¡¿Cómo puedes decir algo así?! —suspiró antes de añadir con un ligero sonrojo—. Lo siento, simplemente creo que es grosero que llames problema a la mujer que te dará un hijo.

—¿Eh?

—¿Qué? —interrumpiste tus pensamientos cuando escuchaste mujer e hijo en la misma oración.

—No estoy al tanto de su situación, pero tienes que responsabilizarte de esto. Sería una deshonra para un hombre el querer deshacerse de…

—¡¿Qué demonios te hizo llegar a esa conclusión?! —explotó Leorio.

—Dijiste que tenías un gran problema y que no sabías qué hacer. Y luego apareces aquí con una chica. Pensé que tal vez la habías embarazado, así que… — Kurapika parecía incómodo al hablar.

Tú no parabas de reír. Él ver sus caras era increíble. Kurapika era demasiado inocente y Leorio…

—Te conocen perfectamente —dijiste entre risas.

—¡Tú cállate! —contestó rojo de la ira.