El tiempo transcurría mientras esperaban la llamada de Killua. Kurapika estaba más tranquilo después de que Senritsu mencionara que no mentías. Ella fue la única persona en la que confió para decirle la verdad sobre ti, para los demás eras conocida de él desde hace tiempo. Al verte joven Neón te eligió como su dama de compañía, tú lo veías más como si fueras su amiga, ya que solamente hablabas con ella o iban de compras, cosas típicas de chicas. Pero al parecer ella no conocía el significado de amistad, prácticamente ordenaba a todo mundo, era caprichosa y obsesiva con las personas a su alrededor. Pero no la odiabas, solo te caía un poquito mal… Está bien, te caía muy mal, pero solo cuando activaba su modo «niña mimada». Pensabas que era infantil que se aferrara a cosas que su padre en ese momento no podía solventarle.
—Tienes que darle tiempo a que se acostumbre a esta etapa. Toda su vida ha vivido con lujos, no es fácil deshabituarse —Senritsu hablaba contigo en la terraza.
—Lo entiendo. Pero a veces me dan ganas de golpearla. —Senritsu comenzó a reír al escuchar tu comentario. —Lo digo en serio, y eso que nunca en la vida he golpeado a nadie. Yo ni siquiera tengo un salario y no me quejo. Es suficiente con tener qué comer y dónde dormir.
—Kurapika y Leorio están haciendo un buen trabajo para que la familia salga de esta situación.
—Por supuesto, tienen a dos Especialistas, uno en estafas y el otro en habilidad.
Las dos comenzaron a reír.
Observabas el cielo despejado. No podías negarlo, la vista era magnífica. Hacía sentir a cualquiera feliz, sin preocupaciones, como si solo existiera ese momento. No obstante, para ti había algo que te inquietaba profundamente: el no recordar. No eras una persona con muy buena memoria, algunas cosas se te olvidaban muy rápido, pero jamás habías tenido una laguna mental. Sentías que olvidabas algo importante. Al meditar eso te perdías en tus pensamientos e ignorabas todo a tu alrededor. Senritsu te observó.
—Nunca había escuchado unos latidos como los tuyos. —Saliste de tu trance al escucharla. —Tan melancólicos —completó sonriéndote suavemente—. En cierta forma son hermosos. Siempre he pensado que hay belleza en la tristeza. Y tus latidos son hermosamente melancólicos. Lo único que me inquieta es saber la fuente.
Desviaste la mirada nuevamente hacia el paisaje. Cerraste los ojos sintiendo el viento acariciarte el rostro, deseando que te susurrara la respuesta. Pero no lo hizo. Optaste por ignorar el torbellino de sentimientos en tu interior; aunque intentaras explicarlo no hallarías las palabras para hacerlo.
—Mi corazón late como todos los demás —dijiste intentando cambiar de tema—. Pero tu habilidad es única.
—Preferiría mi antigua apariencia. Aunque no puedo negar que he aprendido muchas cosas siendo de esta forma. A veces tienes que perder algo para darte cuenta de su verdadero valor.
—Tú no quieres que Kurapika pierda lo importante que tiene para darse cuenta que lo es, ¿verdad?
—Así es. Por eso lo apoyaré en las decisiones que tome. El rencor en su corazón es demasiado grande. Quisiera encontrar una forma de ayudarlo.
—«Rencor, ¿eh?» —pensaste—. No creo que se pueda ayudar a una persona así —dijiste fríamente.
Senritsu iba a hablar, pero fueron interrumpidas por Leorio.
—Allí estás. (T/N), Kurapika te manda llamar.
—¿Por qué? Yo no rompí el jarrón.
—Killua está al teléfono.
—Oh, era eso —reíste nerviosamente—. ¡¿Killua?! ¡¿Al teléfono?! ¡¿Ahora?!—reaccionaste al digerir sus palabras.
Leorio asintió.
«Oh. My. God.»
Y todo se volvió negro…
Leorio: Deja de terminar así los capítulos. ¿Qué no tienes imaginación?
Yo: No :P teehee
