Habías preparado tu equipaje, bueno, si a una mochila se le podría llamar equipaje. Poseías únicamente el cambio que te compró Leorio y un cambio extra que la tacaña de Neon no quiso de toda la ropa que compró. No entendías por qué teniendo tanta ropa siempre usaba los mismos harapos. Y lo mismo podrías decir de Leorio, que siempre usaba su traje apestoso. Kurapika tenía dos opciones: usar su ropa de princeso o su traje de mafioso. Así que no te sentías tan mal, es decir, podría ser peor, como tener un solo conjunto al igual que Gon. Ese pobre niño siempre vestía de verde, ¿se creía Link? Pobre. Vivir en el bosque le afectó de sobremanera. Mirar tanto verde no es bueno para la salud, como ser vegetariano.

Te despediste de todos con los que estuviste conviviendo en la mansión. Del señor Nostrade y su rara hija, de tus compañeros de trabajo y de los personajes extras que nunca nadie recuerda sus nombres. Extrañarías mucho a Senritsu que, aunque no tuvo muchos diálogos, fue con la que más hablaste en tu estadía en la mansión. Echarías de menos a tu rubio favorito, y no, no es de Naruto de quien hablamos, sino de Kurapika. Y, extraordinariamente, también extrañarías a Leorio, que no los podría acompañar debido a sus exámenes en la escuela. Ya había retrasado mucho sus estudios.

—¿De verdad no puedes acompañarnos? —preguntabas con tristeza a Kurapika.

—¿A mí no me vas a preguntar lo mismo? Yo tampoco puedo acompañarte —Leorio quería hacerse notar.

—Lo siento —dijo Kurapika.

—¿Tendré que secuestrarte para que vengas?

—Oigan, yo también estoy aquí. ¿Por qué no me raptas a mí?

Kurapika rió ante tu comentario.

—Me encantaría, pero tengo trabajo. Además, este lugar es muy pequeño para ti. Necesitas ver el mundo y encontrar una forma de volver a tu hogar.

—Siempre serás mi pokémon favorito, Kurapikachu. Por más que camine no encontraré otro igual a ti —No resististe la tentación de hacer una referencia a Pokémon Go.

—Si van a besarse háganlo rápido —Killua intervino.

Empujaste a Kurapika lejos de ti, no te habías dado cuenta de lo cerca que estaban. Los clichés de los animes comenzaban a afectarte.

—No, no, s-solo somos amigos —Los dos balbuceaban nerviosos.

—Ehh, se mandaron a la friendzone mutuamente.

—Aún sigo aquí saben.

Dejaron en «visto» a Leorio de nuevo. Se fue a una esquina a llorar. Pero Gon llegó a salvar el día.

—¿Leorio está en la zona de la friendzone?

O lo intentó.

—Gon, no puedes poner «zona» junto con friendzone —corrigió Kurapika.

—¿Por qué no?

—Porque la palabra ya está implícita en «friendzone» —contestaste científicamente.

—¿En qué parte?

—En «zone».

—¿No estábamos hablando de la friendzone? —A Gon se le estaban quemando los cables.

—Sí.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Entonces de qué estábamos hablando?

Pusiste los ojos en blanco.

—De la friendzone —Comenzabas a molestarte.

—Gon, ¿por lo menos sabes lo que significa friendzone? —preguntó Killua.

—No —dijo inocente—. Pero me gusta cómo suena.

Definitivamente apretarías sus cachetes hasta que muriera de asfixia.

—Bien, nuestro vuelo está a punto de salir, será mejor apresurarnos —Killua dijo rápidamente al notar tu instinto asesino.

Ya era tiempo de despedirse. Te dirigiste a la zone donde estaba Leorio.

—Gracias. De no ser por ti yo…no sabría qué hubiera hecho.

—No tienes que agradecerme…

«Qué lindo.»

—…Deberías disculparte por todo lo que me has hecho pasar.

«Retiro lo dicho.»

—Solo bromeo. No te lo tomes todo tan en serio —Te sacudió el cabello—. Alguien me dijo eso una vez.

—Esa persona te mintió —Lo abrazaste. Sentiste las ganas de llorar, odiabas sentirte así de frágil. En este tipo de situaciones todo lo que guardadas quería salir, así que decidiste hablar para impedirlo, diciendo lo primero que se te vino a la mente—. Apestas.

Los presentes comenzaron a reír.

—Oye viejo la matarás con tu hedor —comentó un tipo random.

—¿Quién rayos eres tú? Y tú, ¡¿no puedes tener un momento serio conmigo?!

—¡Auxilio! Este tipo me acosa.

Leorio empezó a perseguirte, pero corriste más rápido que él. Te dirigiste con Gon y Killua para abordar la aeronave.

—Lo siento señor, sin boleto no puede pasar —le dijo el guardia de seguridad. Tú le sacabas la lengua del otro lado del mostrador.

—Adiós, Liorio. Nos mantendremos en contacto.

—¡No te atrevas a llamarme! ¡Te ignoraré!

Te despediste con la mano hasta desaparecer tras la puerta. Kurapika se acercó a Leorio lentamente.

—¿Crees que vayan a estar bien?

—No tengo idea.

—Aún tengo muchas dudas —Leorio lo observó expectante—. No logro explicar por qué mi habilidad nen no funcionó con ella.

—¿Usaste tu habilidad?

—Sí, usé mi cadena sin que se diera cuenta. Pero no funcionó, por eso recurrí a Senritsu. Llegué a la conclusión de que puede anular el nen, pero no habilidades físicas. Creo que ni ella lo sabe.

—Anular el nen, ¿eh?

—Y eso no es todo —Le dirigió una mirada seria—. Tú también te diste cuenta de eso. Es como si tuviera un estado zetsu permanente.

—Qué chica tan rara. ¿Y? ¿Llegaste a una respuesta?

—No. Tengo algunas hipótesis, solo especulaciones, en base a lo que me contaste y lo que he visto.

—¿Cuáles son?

—No quiero precipitarme, Leorio. Ni siquiera yo puedo creerlo del todo.

—Dime —exigió saber.

Kurapika suspiró.

—Puede que haya muerto.

—¿Muerto? ¿Escuchas lo que dices? Si estuviera muerta tu compañera no escucharía su corazón latir.

—Lo sé. Es por eso que es una hipótesis —dijo un poco molesto—. No obstante, no puedo descartar esa posibilidad. No sabemos mucho sobre dimensiones paralelas. El que no recuerde cómo llegó aquí es un obstáculo que nos impide avanzar.

—Pasajeros del vuelo E-34227 favor de abordar —Se escuchó por el altavoz.

—Ese es mi vuelo. Hasta pronto Kurapika, no te desaparezcas mucho tiempo.

—Estaré en contacto —Antes de seguir su camino, Kurapika añadió—: Leorio, si llegara a tener razón… ¿qué pasará?

El hombre le dio la espalda a su amigo.

—No lo sé.

Y empezó a caminar.

«Eso es algo que ella decidirá».