Tenías que admitirlo, ver el Coliseo del Cielo en persona no se comparaba en nada al verlo por la pantalla de tu computadora. Era impresionante. Mirabas con asombro el rascacielos que se perdía entre las nubes, muriéndote de ganas por subir al último piso y mirar todo desde allí. Las alturas te fascinaban.

—¿Yo también puedo inscribirme? Quiero ser maestro de piso, así sería rica.

—Los tres podemos ser maestros de piso —dijo Gon entusiasmado.

—¿Por lo menos sabes luchar—Killua arruinó tus ilusiones.

—No, pero puedes enseñarme.

—¿Ah?

—Yo creo que puedes ganar con tus habilidades psíquicas; ya sabes, haces que el sujeto pierda la consciencia o lo sacas del ring —Gon hacía movimientos raros con sus manos.

—¿En qué concepto tienes a los poderes psíquicos, Gon?

Te preocupaba más saber de dónde había sacado eso. ¿Qué pensaba de los alienígenas?

—Gon, los poderes psíquicos no le ganan a la fuerza física —Killua golpeó a su amigo en la frente.

—Yo creo que ella puede ganarle a cualquiera de aquí.

—Por supuesto, Gon. No le hagas caso al racista de Killua.

—¡¿Racista?!

—Sí, obviamente yo le ganaría a cualquier debilucho de aquí —La nariz te crecía como pinocho.

—¿De verdad piensas eso, mocosa? —Un sujeto con cara de malandro se les acercó—. No me agradan las personas presumidas como tú. Ladran, pero no muerden.

—¿Y usted es…?

—Soy…

—No nos importa —interrumpió Killua indiferente—. Gon, (T/N), vámonos.

—¡Esperen mocosos! El asunto es con la niña —Se dirigió a ti—. ¿Por qué no tenemos un enfrentamiento? Claro, si puedes llegar al piso 70.

Killua y tú se miraron por unos segundos antes de estallar en carcajadas.

—¿Dijo piso 70?

—Creo que escuchaste bien, compañero —dijiste al albino con tono democrático—. ¿Por qué no le muestras el nivel que tienen ustedes?

—Ella puede derrotarte con los ojos cerrados —Gon no les estaba prestando atención a ustedes.

—Entonces que lo haga así.

—¿Qué? Gon, no tienes que seguir —Trataste de calmarlo y salvarte en el proceso, esto no iba para nada bien.

—Y no sólo eso, ni siquiera tendrá que moverse.

—Gon, no sigas por favor —dijiste entre dientes.

—Ya quiero ver eso. Sin embargo, tendré que esperar meses a que llegues a mi piso —rio con burla el malandrín.

—Ella puede llegar en menos de una semana.

—No le preste atención, los niños nunca saben lo que dicen —Intentabas taparle la boca a Gon.

—No lo logrará ni en tres días.

—Claro que sí, hasta puede llegar en un solo dí… —Lograste callarlo con un apretón de mejillas. Por fin lo habías hecho.

—Muy bien, nos veremos en tres días.

Después de decir eso se alejó.

—¡Gooon! ¡¿Qué rayos hiciste?!

—No me gustó cómo te habló —dijo firmemente.

—A veces eres muy impulsivo —comentó Killua.

—Piensa antes de hablar, duendecillo, yo no sé nada sobre peleas —Ahora tendrías que huir del país.

—No tienes que hacerlo. Nosotros podemos vencerlo por ti.

—Killua tiene razón, lo pondremos en su lugar.

—Qué rápido cambias de opinión, Gon. Pero no se retrasen con el malandrín ese, hay que ganar dinero rápido para continuar nuestro viaje.

—¡Osu!

Era tan fácil convencer a los niños, por eso los amabas. Se creían cada cosa que decías.


¿De verdad puedo acompañarlos? Es decir, ¿no me piden ser una peleadora para quedarme en una de sus habitaciones?

No. Eres nuestra acompañante así que no hay problema contestó el albino.

Entonces… ¿en cuál habitación me quedaré?

¡Conmigo! dijo Gon rápidamente.

¡No! Se quedará conmigo.

¡Yo lo dije primero, Killua!

¡Tú te mueves mucho en la noche!

¡Tú también!

Los dos empezaban a gritar por el pasillo.

Niños, niños, tranquilos. Podemos dormir todos juntos y hacer una pijamada dijiste con una sonrisa de autosuficiencia…

Eso es lo que habías imaginado. Pero la realidad fue otra: Los chicos compartirían habitación mientras tú tendrías una para ti sola. Killua dijo que tenían que descansar bien para los combates. Adiós pijamadas. «Entre más rápido mejor» te había dicho antes de dejarte sola en la habitación. Y allí te encontrabas mirando por la ventana intentando no llorar.

«Estúpido Killua, siempre arruinando mis ilusiones» —pensaste antes de irte a dormir.

A la mañana siguiente decidiste ver el enfrentamiento de Gon, no tenías ganas de ver a «matador de ilusiones» en ese momento.

El combate fue demasiado rápido y aburrido. Gon ni siquiera usó su movimiento especial que tanto deseabas ver. Pero era de suponer, habían alcanzado otro nivel entrenando con Bisky. Si los combates seguían así, en menos de una semana emprenderían su viaje.

Felicitaste al duendecillo por su victoria y juntos fueron a buscar a Killua. Lo divisaron al final del pasillo junto con otra persona.

—Gon, mira a quién me encontré.

—¡Wing-san!

«Este tipo vive aquí o qué.»

—Gon-kun, ¿cómo has estado?

—Muy bien. ¿Dónde está Zushi?

—En este momento estaba dirigiéndome con él. Ya está en el piso 200.

—¡Increíble! ¿Podemos acompañarlo?

—Por supuesto —Wing reparó en tu presencia—. Veo que tienen una nueva amiga.

—Es (T/N), una alienígena —contestó Gon.

Tomaste al pequeño «duende boca suelta» por la camiseta y lo alejaste un poco de los demás.

—Gon, creí que habías aprendido la lección con lo que pasó antes. No hables tan fácilmente de mis poderes o mi procedencia alien.

—¿Por qué?

—¿Has escuchado esa vocecita en tu cabeza que dice que te calles cuando la estás cagando?

—Pero no tengo ganas de ir baño —dijo confundido.

Te diste una palmada en la frente.

—Okay, olvídalo. Solo no le digas a cualquiera mi identidad, ¿sí?

—Okay —respondió sonriente.

Mientras tanto con «matador de ilusiones» y «cuatro ojos».

—¿Alienígena?

—Es una larga historia —Como siempre Killua no daba muchas explicaciones—. Mejor nos ponemos en marcha.

Los cuatro se dirigieron al piso 200. Wing te miraba de reojo, pensando que no lo notabas. Comenzaba a incomodarte un poco, ¿acaso se había enamorado de ti?

—¿Es seguro para ti ir al piso 200?

O era eso.

Le preocupaba que no resistieras la presión del nen. Ciertamente no lo habías pensado, pero no retrocederías, ya estaban en el elevador.

—Sí, estaré bien.

—¿Estás segura? —preguntó Killua en un susurro—. No sabes usar nen, ¿o sí?

—Estaré bien, ya dije.

No tenías miedo, al contrario, estabas emocionada por sentir esa presión. No es que fueras masoquista, era pura curiosidad.

Las puertas del elevador se abrieron. Diste un paso al frente; luego otro, y así hasta que comenzaste a caminar por el pasillo. La experiencia fue decepcionante, era como caminar por los mismos corredores de los otros pisos. No había nada especial, sin embargo, notaste la ligera capa de nen que cubría a tus acompañantes. A simple vista era casi transparente y no del tono blanquecino como en el anime; era más como ondas de calor alrededor de ellos. Observaste tus manos para ver si no desprendías lo mismo. Nada. Y aun así no sentías la más mínima presión. Killua te observaba fijamente. Al darte cuenta decidiste preguntarle una duda que tenías desde hace un tiempo.

—Oye, Killua, ¿por qué usan «san» o «kun» si no estamos en Japón?

—¿Japón? —Se miraba confundido, como si nunca hubiera escuchado esa palabra.

—Olvida lo que dije. Supongo que es de los misterios del anime, como que ustedes no vean las líneas negras que los dibujan o que hablen una combinación de japonés y español. Hablando de las líneas negras, como que casi no las noto, a menos que me concentre en hacerlo. ¿Será que ya me acostumbré o me estaré convirtiendo en una caricatura satánica?

—No entiendo lo que dices.

—Nunca nadie lo hace —suspiraste.

—Aquí es —Wing señaló la puerta enfrente de él.

Tocó la puerta y a los segundos se abrió dejando ver a un niño con traje de karate. Era tan pequeño.

«Contrólate (T/N), contrólate. Pero es tan adorable, parece una pulguita. ¿Desde cuándo una pulga tiene tantos músculos? ¿Desde cuándo tengo el síndrome Hisoka?» —Debatías con tu conciencia mientras los demás hablaban entre ellos—. «Al diablo el control».

Te abalanzaste sobre Zushi abrazándolo fuertemente.

—¡Qué lindo eres! ¿Puedo abrazarte? ¿Sí? —Lo apretabas más fuerte con cada palabra que decías.

Se estaba poniendo rojo, no se sabía si porque lo estaba abrazando una mujer o porque lo estabas asfixiando.

—¡Lo vas a matar! —te gritó Killua tratando de quitarte a Zushi.

—¡No! ¡Es mío! —No lo entregarías tan fácilmente.

Gon y Wing observaban todo con una gotita en la frente. Al final Zushi se desmayó.

.

.

.

.

Te cubrías la cara con tus manos por la vergüenza.

—Lo siento, de verdad lo siento, no quería hacerlo.

—N-no se preocupe, ya estoy bien —te respondió Zushi que ya se había despertado—. «Por un segundo creí que moriría».

Gon sonreía de oreja a oreja.

—¿Por qué estás tan feliz? —le preguntó Killua.

—Porque tenía razón. Sí puede dejar a las personas inconscientes con sus poderes.

—Esos no fueron poderes.

—¿Poderes? —intervino Wing.

—Sí, es una alienígena. Tiene poderes mentales.

—Gon, ¿qué te dije sobre hablar de más? —dijiste entre dientes.

—Pero ellos son mis amigos, no son cualquier gente.

«No puedo refutar eso. Para ser un niño a veces dice cosas muy serias.»

—Eso es imposible —dijo Zushi—. Los marcianos no existen.

—Prefiero el término alienígena. Es más… elegante —mencionaste mientras pasabas una mano por tu cabello para ocultar tu nerviosismo—. «Pero tienes razón».

—¡Es verdad! Nosotros ya hemos sido testigos de sus habilidades, ¿cierto, Killua?

—Sí —contestó no muy convencido.

—¿Qué tipo de habilidades?

—Predijo exactamente lo que pasaría cuando estábamos en Greed Island y te noqueó con sus poderes mentales.

«Gon, tu devoción es alagadora, pero no me la merezco.» —Llorabas internamente.

—¿Por qué no nos hace una demostración? —intervino nuevamente Wing.

«¿Qué no hace otra cosa más que intervenir?»

—Estoy de acuerdo con Wing-san. Así Zushi tendrá que creer.

«Gon, suenas como en Peter Pan 2, cuando tratan de hacer que la hija de Wendy crea en las hadas. Ya basta, me haces sentir mal al jugar con tu inocencia» —pensaste antes de responder un «sí» a la propuesta para no decepcionarlo.

¿Qué ibas a hacer ahora?

«Pos me mato.»