Te encontrabas en medio de la habitación, tratando de mentalizarte—orando para que un milagro pasara y explotara la lámpara que estaba delante de ti, ya que esa sería tu magnífica demostración ante tu pequeño público.
«¿Cuándo aprenderé a cerrar la boca?»
La mirada de Gon te ponía nerviosa, paseaba sus ojos de ti a la lámpara esperando el momento del truco, sin embargo, ni truco, ni habilidades poseías. Pero valía la pena intentarlo, por el pequeño duende; no querías decepcionar a más personas como siempre lo hacías. Además, quién dice que no tienes poderes, el hecho de estar dentro de un anime ya cuenta como uno, si tus poderes ocultos no salían a la luz ya inventarías una excusa.
Respiraste profundo. Extendiste tu brazo a la lámpara y pronunciaste las palabras mágicas: ¡KABOOMM!
«… …»
Te quedaste inmóvil unos segundos, procesando lo que había sucedido. Dudabas si era un sueño o si te estabas volviendo loca, o alguien más lo había hecho o definitivamente salió tu poder oculto, pero la lámpara realmente explotó. En cientos de pedazos diminutos.
Gon saltaba de alegría diciéndole a Zushi «te lo dije» mientras el niño karateka miraba con asombro los escombros en el suelo al igual que Wing. Killua sonreía de lado y tú… bueno, tú estabas igual que Gon.
—¡¿Lo viste?! —exclamaste, desbordante de alegría.
—¡Sí! Yo les dije que podías hacerlo.
—Yo… lo hice… explotó ¡ahh, jajajaja! —gritabas y saltabas junto con Gon.
—¡Eso fue genial! —dijo Zushi.
—¡Si! —Al ver a los demás te diste cuenta que tenías que parecer confiada, así que aclaraste tu garganta e intentaste calmarte un poco—. Lo sé, ¿acaso dudaban de mis habilidades?
—Yo no —dijo Gon convencido.
—Me disculpo por mi incredulidad —Zushi inclinó la cabeza.
—No es tu culpa, al principio todos dudan —Se te empezaban a subir los humos de nuevo.
—Bien, resueltas las dudas, ¿por qué no vamos a comer? Muero de hambre —Killua se dirigió a la puerta.
—Ustedes vayan. Yo me quedaré a limpiar —dijo Wing.
—Yo lo hago, después de todo fui quien lo hizo.
—No te preocupes, disfruten la comida.
—¡Osu! —respondieron antes de salir. Esa palabra era pegadiza.
Se dirigieron a un restaurante cerca de allí. No te habías dado cuenta del hambre que tenías hasta que la comida llegó a su mesa. Tragabas en vez de comer, ni siquiera masticabas la comida, al parecer descubrir tus nuevos poderes te abrió el apetito. Pero no eras la única, Gon y Killua tragaban peor que tú, el único normal del grupo era Zushi.
Mientras comían, intentabas explotar el salero de la mesa. El niño «normal» te preguntó cómo explotar cosas con la mente.
—El truco está en la mirada. Tienes que observarlo de manera retadora, como ordenándole. Pero no como delincuente Zushi, tiene que ser más elegante. No, Gon, esa mirada es como la de un maníaco. Tampoco hagas viscos los ojos Killua —reías ante sus intentos de miradas elegantemente retadoras.
Te divertías mucho con ellos, ni siquiera con tus «amigas» reías tanto. Con ellas era solo hablar de chicos o maquillaje. No es que no te gustaran estas dos cosas, sin embargo, no eran temas en los que tuvieras mucha experiencia. Preferías hablar de anime o videojuegos, eran tu especialidad, o simplemente bromear de cualquier tontería. A veces te sentías excluida del grupo, por eso intentabas encajar de cualquier manera, incluso perdiendo de vista tu propia personalidad. Pero no amargarías el momento con esos recuerdos, disfrutarías cada instante que tuvieras ahora.
La noche llegó y con ella la magnífica vista nocturna que adornaba tu cuarto. Habían pasado todo el día con Zushi recorriendo la ciudad y contándole sobre su misión de ayudarte a volver a casa. Después de eso Gon y Killua tuvieron sus últimos combates, ya que mañana partirían.
Estabas en tu habitación intentando hacer explotar más objetos. Tenías que aprender a controlarlo si querías combatir contra las Hormigas Quimera. Aunque ya llevabas un buen rato y no lograbas nada.
—Vamos tele, explota. No, mejor no, luego nos la cobran. Mejor el florero, de todos modos, ni me gustan —Estirarse tu mano repitiendo las palabras «kaboom» para que explotara.
Tu frustración fue interrumpida por una risa.
—No lo lograrás por más que te esfuerces —La voz de Killua sonaba divertida.
—¿Q-qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —Te había asustado un poco por su repentina aparición.
—Por la puerta. ¿No te diste cuenta, señorita alien?
—Exploto cosas, no las detecto —Volviste con el florero. Él comenzó a reír de nuevo—. ¿De qué te ríes?
—De que sigas con esta farsa —te respondió—. Fui yo quien hizo explotar la lámpara. Es divertido ver cómo tú te lo creíste sabiendo que era imposible.
—Tú… No sé de qué hablas —Killua te vio con cara de «¿en serio continuarás con esto?»—. Okay, soy un fraude. ¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde tu saludo de hola terrícolas —te imitó—. Eso fue patético. Solo una persona tan distraída como Gon pudo tragarse una actuación tan barata. Le pregunté a Kurapika después y él me dijo todo. Rompiste mis ilusiones, ¿sabes? Así que pensé: ¿Por qué no romper las de ella también?
No podías creer lo que escuchabas.
—¿Así que todas esas veces que mataste mis ilusiones fueron a propósito?
—Se podría decir que sí. Eres fácil de leer.
—Eso es mentira, tengo fama por tener cara de póker.
—¿Fama inventada por ti?
Comenzaba a fastidiarte.
—¿Entonces por qué me ayudaste? Pudiste dejar que me descubrieran.
—No quiero que Gon se decepcione como yo.
—Aww, qué lindo. ¡Pero eres un demonio! Debiste decírmelo, así no hubiera actuado alrededor tuyo. Te burlabas de mí, ¿cierto?
—Sí —rio con cinismo.
Más que enojarte con él, estabas avergonzada.
—¿Y Zushi y el señor Wing?
—Les dije la verdad sobre ti. Wing se dio cuenta que fui yo quien te ayudó, no tuve otra opción.
—Genial. Ahora quedé como una farsante delante de ellos —Te cubriste el rostro— Y ¿por qué viniste a decirme todo esto ahora?
—Mañana iremos con Kite y comenzaremos a buscar información para ayudarte. Necesito saber todo lo que recuerdes o pistas que nos puedan ayudar —mencionó sentándose en la cama.
—No tengo nada… todavía. Además, no te diré a ti solamente.
— ¡¿Ah?!
—Se lo diré a ti y a Gon. Si ya todos saben la verdad, no veo por qué él no puede saberla.
—Oye…
—Se lo diré —lo interrumpiste—. Pero no ahora, encontraré el momento adecuado.
—Espero que sepas lo que haces —suspiró mientras se levantaba para irse.
—Espera. Ahora que lo pienso, tú fuiste el que causó todo esto.
—¿Apenas te das cuenta? —Te sacó la lengua antes de salir corriendo esquivando el florero que lanzaste.
Definitivamente era un demonio.
