Se encontraban sentados alrededor de una fogata comiendo junto a Kite.
—Si no te lo vas a comer dámelo a mí —te decía Killua con la boca llena.
—No.
—Llevas una hora con el pescado en la mano.
—Intento no tragarme las espinas niño. Ni que tuviera una trituradora en mi tráquea como tú. Y qué te importa si tardo comiendo, me gusta disfrutar mi comida —Le diste un mordico a tu pez—. Jamás había comido pescado de esta forma, como brocheta. Aunque es algo incómodo, debo admitir que el sabor es exquisito.
—Hablas como un Cazador Gourmet ahora —murmuró—. No necesito una trituradora para escupir las espinas, pero al parecer eres tan tonta que no puedes hacerlo tan rápido como yo… —Se detuvo abruptamente tomando su garganta con sus manos.
—¿Qué te pasó? ¿Te tragaste una espina, duh? —preguntaste irónicamente.
El ex asesino asintió.
—Oh, rayos —Te acercaste a él—. ¿Qué hago? Eh… ya sé. Lo que hacen en las películas.
Te pusiste detrás de Killua posicionando los puños de tus manos en su pecho haciendo presión. Mientras tratabas de evitar que se ahogara y que todas sus fans te lincharan, Gon y Kite mantenían una conversación sobre Ging.
—¿Hola? Necesito ayuda por aquí. Chico albino muriendo, no quiero ir a prisión.
Pero ellos seguían en Gingland.
Diste un último apretón con todas tus fuerzas antes de que expulsara la pequeña obstrucción de su garganta. Killua tosió, recogiste la cosa que salió de su boca con un poco de asco.
—Esto no es una espina, es… ¿una escama? —Le diste un zape en la cabeza.
—¡Auch! ¡¿Por qué demonios me golpeas?!
—¿Quién se ahoga con una escama de pescado? —Lo mirabas con el ceño fruncido, sin embargo no aguantaste las ganas de reír.
—¡Cállate! —replicó sonrojado—. ¡Tú eras la que me estaba asfixiando aplastando mis pulmones! Aprende a dar primeros auxilios antes de intentar salvar a alguien, tonta. Casi me matas.
—Morir por mi culpa es menos vergonzoso que morir por una escama —continuaste riendo. El Zoldyck estaba listo para atacarte con sus garras.
—Veo que tus amigos son muy dinámicos —habló Kite—. Pero no es bueno hacer mucho ruido a esta hora, pueden atraer a animales salvajes.
—«¿Ahora sí nos prestan atención?» —pensaron al mismo tiempo el albino y tú.
—¿Qué clase de animales? —Gon siempre tan emocionado.
Kite comenzó a contarles sobre todos los animales a los que ha estado investigando. Si existieran animales así en tu mundo los habrías amado también. Había tantas cosas nuevas, tanto por descubrir, que sentiste tu espíritu aventurero surgir de lo más profundo de tu ser. Hace tiempo lo habías enterrado; la desilusión mató a muchos sentimientos y sueños que anhelabas, la realidad te golpeó haciéndote caer al suelo. No todo fue como creíste que sería, pero ahora, la sensación de poder revivir ese «algo» dentro de ti, ardía en una pequeña llama que, aunque trataras de apagarla, se mantenía constante.
En un momento de la conversación te perdiste. Recordaste lo sucedido temprano, cuando recién llegaron con Kite. No fue el mejor momento para aparecer a su lado, digo, cualquier persona se hubiera asustado si estás a punto de hacer tus necesidades y tres mocosos aparecen salvajemente enfrente de ti. Lo bueno fue que nadie resultó herido, a excepción de Kite que cayó por el barranco en el que iba a lanzar sus orines, pero gracias a que es un Cazador profesional, no tuvo muchas heridas. Sin embargo, pensabas que seguía un poco molesto por eso, menos con Gon, al parecer ser el hijo de su mentor lo ponía en un nivel más alto que ustedes.
Dejando tus dudas de si estaba molesto o no, te preocupaba más el hecho de que no supiera nada sobre las Hormigas Quimera. Cuando aclararon las dudas y pidieron disculpas por aparecer así de la nada, Gon le había comentado sobre ti y tus poderes alienígenas—aún no le decías la verdad, pero Kite negó que él estuviera manteniendo una investigación sobre esos insectos. En esos momentos hacía una investigación ecológica junto a sus compañeros y otros grupos ecologistas. Además, no había recibido ningún reporte o avistamiento de alguna especie desconocida, como le habías comentado. Al ver tu cara de preocupación te dijo que averiguaría más al respecto. Después de eso se quedaron con él hasta la actualidad. Al atardecer encendieron una fogata y se pusieron a cenar los peces que Gon había pescado con su caña. Y allí te encontrabas escuchando las anécdotas de Kite, hasta que anocheció y decidieron dormir.
Te mantuviste despierta observando el cielo. Parecía hecho de estrellas. Nunca habías visto tantas de ellas juntas.
—«Esto sí es un cielo nocturno» —pensabas. Sentiste a alguien arrastrarse a tu lado. Era Gon.
—¿No puedes dormir? —preguntó.
—Sería desperdiciar el tiempo. No sé cuándo volveré a ver un cielo tan magnífico —sonreíste ligeramente.
—En Isla Ballena siempre hay noches como esta.
—¿De verdad?
—Sí. Podemos ir para que lo compruebes.
—Te creo —Se quedaron callados un momento observando el firmamento —¿Extrañas tu hogar? —rompiste el silencio con esa pregunta. Gon te miró unos segundos antes de responder.
—A veces. Pero cuando veo el cielo, sé que Mito-san también lo hace y, de cierta forma, me siento conectado con ella —Sus ojos mostraban determinación—. Quiero conocer el mundo. Quiero ver lo que Ging ve, y saber por qué este mundo le es tan fascinante a sus ojos.
Podías sentir la ligera sombra de tristeza en sus palabras. Conocías bien lo que era el abandono de un padre. Y por esa razón entendías los sentimientos de Gon.
—¿Y tú, (T/N)? ¿Extrañas tu hogar?
—Yo… creo que sí. No lo sé —Pensaste un segundo antes de añadir—: Podría decir que sí, pero no sería una verdad completa. Quiero ser honesta contigo Gon; había veces en las que deseaba huir lejos de mi hogar. No sé si mi deseo se cumplió o si solo es un sueño, pero en este momento soy plenamente feliz. Eso no quiere decir que no era feliz en mi casa o que no quiera a mi familia y que no los eche de menos, ojalá estuvieran aquí, viendo lo que yo veo, pero… a veces me sentía sofocada. Y esta clase de libertad que estoy teniendo, no quiero que termine pronto —terminaste de decir viéndolo a los ojos.
—Comprendo —Mantuvo su mirada fija en ti.
Hablaron el resto de la noche, en voz baja para no despertar a los que dormían. Gon te hablaba de los animales que habitaban en Isla Ballena y los insectos que atrapaba cuando era niño.
—Gon, todavía eres un niño.
—No lo soy —decía haciendo pucheros.
—Lo eres, pequeño duende verde —Le pellizcabas las mejillas mientras reías.
Te mencionaba los nombres de las estrellas y sus constelaciones. Te sorprendió que supiera eso, no lo esperabas. Te contó que los marineros del puerto fueron quienes le enseñaron. Y así hablaron durante horas.
Killua solo sonreía al escucharlos.
