Me desperté al escuchar la voz de mi madre. Sentí mi cuello entumecido a causa de dormir en el auto. Volteé a mi lado y vi a mis hermanos dormir. Miré a través de la ventana. El cielo era de un negro profundo, y no sólo el cielo, la oscuridad engullía todo. Apenas divisaba las gotas de lluvia que se estrellaban contra la ventana del auto, tan lentamente, que parecía que el tiempo se hubiera detenido. Mi madre seguía hablando, al parecer iba discutiendo, pero no había nadie más a su lado. El asiento del piloto estaba vacío. Intenté levantarme y tomar el volante, pero no pude hacerlo, mi cuerpo no respondía; intenté hablar, pero tampoco salió mi voz. Tengo miedo. Tengo miedo. Poco a poco todo se iba oscureciendo. Alguien ayúdeme, por favor. De pronto me sentí caer y escuché a alguien llamarme…

—(T/N), (T/N).

Despertaste con un sobresalto.

—Perdón, no quería asustarte —te dijo Gon—. En un momento más iremos a la ciudad, es mejor que estés lista —terminó de decirte con una sonrisa.

—Ah… okay —Apenas susurraste.

— ¿Estás bien?

—¿Eh? Sí, sí. Bien —Observaste a tu alrededor recordando dónde estabas—. Estoy bien, solo… con un poco de sueño —dijiste al ver la cara preocupada de Gon. Tu respuesta lo tranquilizó y se alejó dejándote sola.

«¿Qué fue eso?» —pensaste—. «Un sueño o… —Tus manos temblaban y el cuello te dolía, lo moviste hacia los lados intentando minimizar el dolor—… ¿un recuerdo?».

Sentiste un golpe en la cabeza.

—¿Ya estás listas, perezosa? —dijo Killua—. Ya nos retrasamos mucho.

—¿Y por eso me golpeas? —Te sobaste la cabeza.

—Tenías cara de tonta, bueno, más de lo normal —sonrió ladinamente.

—Demonio.

—Jejeje —rio. Pudiste verle los cuernos y la cola.

—¡Gon! Killua me está golpeando —gritaste.

—¡Killua! No debes pegarles a las niñas —El pequeño duende llegó a tu rescate.

—¡Yo no le pegué! —se defendió el albino— Está bien, lo hice, pero ella se lo buscó —admitió ante la mirada acusatoria de su amigo.

Le hacías muecas burlándote de él, Killua te devolvía los gestos. Así duraron hasta que Kite salió de quién sabe dónde y dijo que era hora de partir.

Caminaron por varios minutos hasta llegar a un gran puente de madera que atravesaba el océano. La mayoría de la gente que mirabas parecían turistas, llevaban cámaras y se sacaban fotos desde cualquier ángulo. El demonio blanco y tú arruinaron algunas a propósito mientras Gon los imitaba inocentemente. Kite les daba una reseña sobre los animales marinos que habitaban la zona. Fue una charla muy interesante.

—¿Les parece bien si nos reunimos en dos horas aquí? —les dijo el mayor al llegar a la ciudad.

—Sí —respondieron los menores.

—Me reuniré con mis compañeros y averiguaré lo que pueda sobre las Hormigas Quimera —te dijo el hombre al ver tu confusión.

—Oh, bien. Gracias —sonreíste.

—La Biblioteca Central se encuentra a unas calles más enfrente. Buena suerte —Kite se despidió.

—Primero busquemos un lugar para comer, muero de hambre —Killua empezó a caminar.

Encontraron un pequeño restaurante a unas cuantas calles de donde estaban.

—¿Kurapikachu marcó este lugar en la hoja que nos dio? —preguntaste mientras comían.

—No, pero no está de más buscar en cualquier lugar que sea posible —contestó Killua.

—Cierto.

No pudiste evitar pensar en el sueño que tuviste; te inquietaba. Esperabas que no fuera nada malo, ni que estuviera relacionado con tus recuerdos perdidos. Decidiste ignorarlo por el momento, ya tendrías tiempo de preocuparte después.

Se encaminaron hacia la Biblioteca Central. «Esta sí es una biblioteca», pensabas. La única que habías visitado era la de tu escuela, pero no se comparaba en nada con ésta. Pasillos hechos con estantes repletos de libros, cómodos sillones para leerlos, el piso de mármol le daba un aspecto elegante al lugar. El paraíso de todo lector.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó Gon, no era de las personas que leía mucho.

—Deberíamos dividirnos. Gon, tú buscarás en la sección de Ciencias Naturales, trae cualquier libro de astronomía y física que encuentres. Yo buscaré en la sección de Ciencias Aplicadas y (T/N) en… —se detuvo al ver que no estabas—. ¿Dónde rayos está?

—Se fue por allá —dijo apuntando hacia la sección de Literatura.

—¡¿Y por qué no la detuviste?!

—No quería dejarte hablando solo, jeje.

Mientras tanto, tú te encontrabas paseando por los pasillos buscando alguna portada que te gustara. Cuando no sabías qué leer esa era tu forma de elegir algún libro. Estabas a punto de tomar uno cuando te jalaron hacia atrás.

—¡Oye! Ya había encontrado uno que me gustó —dijiste molesta.

—No venimos a perder el tiempo —contestó Killua en el mismo tono, arrastrándote por el pasillo—. Venimos a buscar información que nos pueda ser útil.

—Aquí hay mucha —Señalaste los estantes.

—¿De verdad? ¿En la sección de literatura infantil? —Señaló el cartel.

—Aunque no lo creas, los cuentos para niños esconden muchas cosas. ¿Qué no has leído Caperucita Roja? ¿Sabes lo que significa realmente ese cuento? Apuesto a que no has leído las historias originales de los hermanos Grimm, solo has visto las películas de Disney.

Mmirg.

— ¿Qué?

—Son los hermanos Mmirg, ya leí sus versiones. Y para que lo sepas no me gusta Yensid.

—¿Yensid? Te refieres a Disney, ¿verdad?

Killua suspiró

—¿Siempre hablas con anagramas*?

—Yo soy la que debería decir eso. Además —Te soltaste de su agarre—, puedo caminar sola.

—Hacemos esto por ti, ¿sabes? Pon más de tú parte.

—Yo no te he hecho nada, ¿sabes? No entiendo por qué me tratas tan mal.

—Yo no te trato mal.

—Lo haces. Entiendo que te sintieras desilusionado al principio y por eso tomaste esa actitud, pero ya pasó, supéralo, tú fuiste quien sacó la loca idea de que era un alien y quieres culparme de eso. ¿Por qué no eres como Gon? Él es tan lindo y atento conmigo, no entiendo por qué tú no… —Entonces reíste maliciosamente al darte cuenta de algo—. Ya entiendo. Estás celoso.

—¿Q-qué?

—Estás celoso.

—¿Por qué debería estarlo?

—Tienes celos que Gon me preste más atención a mí —dijiste con presunción mientras buscabas algún libro en la sección aburrida que te arrastró Killua—. Temes que te quite a tu mejor amigo.

—P-por supuesto que no.

—Te molesta que acapare toda su atención.

—N-no —Trataba de ocultar su rostro detrás de la pila de libros que cargaba.

—Entonces por qué tartamudeas.

—N-no estoy… —Lo miraste inquisitivamente—. ¡No estoy tartamudeando! —gritó.

—¡Shhhh! —La bibliotecaria le lanzó una mirada de advertencia.

—No tartamudeo —dijo en voz baja.

—Tranquilo, Killua —Lo golpeaste levemente en la frente con el libro que traías—. Ustedes tienen la amistad más linda y fuerte que he visto. Aunque intentara encajar con ustedes, sé que no lo lograría, y jamás me atrevería a hacer algo tan vil como separarlos. Aun así siento envidia, tienen mucha suerte.

El albino pensó en tus palabras mientras se dirigían a la mesa donde Gon los esperaba. Él sabía perfectamente la suerte que tenía de tener a alguien como Gon a su lado, como también conocía la soledad que detectó en tus palabras. Pensó que tal vez había sido un poco duro contigo, así que decidió ser más amable desde ahora.

—Gon, nosotros leeremos estos libros juntos, mientras Killua lee esos él solo.

—Qué bueno, me preocupaba leer todo esto —dijo aliviado el pelinegro.

—No te preocupes, para eso estamos los amigos —decías mirando altaneramente al albino—. Killua es algo desconsiderado, ¿no crees?

—Lo es —concordó contigo.

El acusado solo apretaba los dientes arrepintiéndose de sus pensamientos anteriores. Al diablo la amabilidad. Si guerra querías, guerra tendrías.


*Procedimiento que consiste en crear una palabra a partir de la reordenación de las letras de otra palabra.