Despertaste con náuseas, estabas aturdida. La cabeza seguía dándote vueltas. Intentaste levantarte, pero tan pronto como pusiste un pie en el suelo caíste, no tenías fuerza. Escuchaste una puerta abrirse e intentaste levantarte, pero tus esfuerzos fueron inútiles, volviste a caer. Un niño con el cabello negro preguntó si estabas bien mientras ayudaba a levantarte. Lo reconociste, era Gon. Te recostó en la cama y mencionó que Killua había ido a comprar medicinas para ti.

Sus palabras, su tacto... Los sentías tan irreales. Todo lo que habías vivido hasta ahora se sentía surrealista. ¿Cómo habías siquiera pensado que todo este mundo era real? Al recordar el accidente que tuviste antes de llegar aquí, entraste en un estado de negación; era imposible que tú hubieras… Sacudiste la cabeza, no te atrevías a decir esa palabra, simplemente era imposible. Lo más lógico es que estuvieras soñando, pronto despertarías en tu casa como todas las mañanas.

Pero cada vez que lo hacías era en la misma habitación.

Cuando despertaste la primera vez, lo primero que viste fueron las caras preocupadas de Gon y Killua. Los mirabas hablar, pero no los escuchabas; las imágenes de la noche anterior se agolpaban en tu mente. No te diste cuenta cuándo volviste a quedarte dormida.

Y, ahora, tu estado estaba hasta el borde. Querías que todo terminara ya. Querías despertar de este largo sueño y regresar a tu vida normal, que todo quedara en un lindo recuerdo.

Gon trajo comida para ti, trataba alegremente entablar una conversación contigo. Después de que perdieras la consciencia anoche, se preocupó mucho. Pensaba que seguías asustada por el incidente que pasó, así que quería hacerte sentir que todo estaba bien. No obstante, para ti no lo estaba. No tenía idea de tus sentimientos. Te resultaba molesto que no se callara y estuviera tan cerca de ti. ¿No captaba la indirecta de tu silencio?

—Cállate —susurraste.

—¿Qué? —No logró escucharte bien.

—¿Por qué no te callas? —dijiste un poco más fuerte.

A Gon le tomaron por sorpresa tus palabras, no esperaba tal agresividad en ellas.

—Lo siento —sonrió tratando de aligerar el ambiente—. Supongo que aún sigues cansada.

—No estoy cansada, sólo quiero estar sola.

—¿No quieres que…? —No pudo terminar la frase porque lo interrumpiste.

—¡¿Qué no me escuchaste?! —Lo empujaste—. ¡Quiero estar sola!

Gon retrocedió unos pasos, no entendiendo el por qué actuabas así. Ni siquiera lo mirabas a los ojos.

En ese momento entró Killua y notó lo pesado del ambiente.

—¿Qué pasa? —Levantó la bolsa que llevaba en la mano—. Conseguí el medicamento. ¿Ya te sientes mejor?

—Dile a tu amigo que quiero estar sola —murmuraste con enfado.

El albino no supo si se lo decías a él o a Gon. Después de un incómodo silencio el niño pelinegro se volteó sonriente a su amigo.

—Vamos Killua, quiere dormir un poco más —dijo dirigiéndose a la puerta.

—¿Más? —Te observó. Tenías la cabeza inclinada hacia abajo y apretabas las sábanas con tus manos—. Bien, dejaré esto aquí —Puso la bolsa en el buró al lado de la cama. Te miró por última vez y salió detrás de Gon.

Al escuchar la puerta cerrarse, comenzaste a llorar.


—¿Qué fue lo que pasó hace un momento? —preguntó el albino a Gon.

—Creo que la incomodé un poco —contestó rascándose la nuca—. Pero es normal, debe estar cansada con todo lo que pasó, no la culpes.

—Su comportamiento es raro —dijo pensativo—. Hay algo que nos oculta.

—Si no quiere decirlo no hay que obligarla.

—Gon, sea lo que sea, es lo que la tiene así. No podemos ignorarlo más tiempo.

Killua lo sabía. Te había observado minuciosamente desde que estaban con Kite. Tratabas de ocultar tu preocupación y él se dio cuenta de eso. Te había dado tu espacio, pero ya era tiempo de hablarlo de frente. Si querías su ayuda, no tendría que haber secretos entre ustedes. Y con ese pensamiento en mente se dirigió contigo. Hizo caso omiso de los intentos de Gon por detenerlo, abrió de un portazo la puerta de tu habitación y entró con paso firme.

—Tenemos que hablar.

Estabas acostada a espaldas de él. El famoso «tenemos que hablar» no predecía nada bueno.

—Sé que estás despierta.

Seguiste sin moverte.

—Killua, es mejor darle más tiempo.

—Ya le dimos suficiente tiempo Gon. Si no quiere hablar por las buenas, la haré hablar por las malas —Te sujetó del brazo para girarte; en cuanto lo hizo te separaste bruscamente de él.

—¡No me toques! —Tu voz estaba ronca. Te sentaste en el otro extremo de la cama dándoles la espalda, no querías que vieran tu rostro enrojecido por el llanto—. Solo quiero estar sola, ¿por qué no lo entienden?

—Y nosotros solo queremos que seas honesta —Killua se acercó a ti—. Sólo… ¿Por qué no confías en nosotros? —Intentó tocarte de nuevo, pero eso sólo logró que tus emociones se desbordaran.

—¡Porque no son reales! —gritaste apartándote de él. No querías que te tocara, porque si lo hacía, te haría dudar; dudar de si era un sueño o no.

Las palabras que Killua iba a decir desaparecieron al ver tu rostro. Estabas llorando.

—¿De qué hablas? —la voz incrédula de Gon resonó en el cuarto.

—Ustedes no son reales, esto es un sueño —decías tratando de convencerte a ti misma.

—(T/N)… —Gon se acercó a ti lentamente.

—¡Aléjate! —Te abrazaste a ti misma en pose defensiva.

—Tranquila, no te haré nada.

—¡No! ¡Vete! ¡No eres real! Tú… ustedes, no existen. Yo no… yo no pude haber... m-muerto. Son ustedes… ustedes… los que no son reales —Comenzaste a llorar más. Las lágrimas se deslizaban amargas por tus mejillas. La sola idea de pensar que habías muerto realmente, te destrozaba. Te resultaba conveniente que todo fuera un producto de tu imaginación que aceptar lo otro.

Gon no sabía cómo reaccionar ante tus palabras, Killua estaba paralizado, pensaba que habías perdido completamente la cordura; pero sobre todo, no supo qué hacer al ver tus lágrimas.

Te deslizaste lentamente por la pared mientras repetías en tu estado de locura que no estabas muerta y que pronto despertarías. Gon trató de acercarse nuevamente a ti, sin embargo, Killua reaccionó antes y lo arrastró fuera de la habitación, dándose cuenta que no era lo mejor en este momento.

Incluso detrás de la puerta podían seguir escuchando tus sollozos. Gon cubrió sus oídos con sus manos, odiaba ver a sus amigos llorar y no poder hacer nada. Las lágrimas brotaron de sus ojos también.

Killua no se encontraba en un estado distinto al de Gon. Cuando te vio llorar no sabía cómo reaccionar, esperaba que su amigo hiciera algo, Gon siempre sabía qué decir, pero esta vez no. Miró su cara de pánico, por eso prefirió alejarlo de ti.

—¿Qué hacemos Killua? —Su voz denotaba impotencia.

El albino no respondió. Si Gon no sabía qué hacer en este tipo de situación, mucho menos él.


Creo que este ha sido el capítulo que más me a costado hacer; al intentar imaginar cómo actuarían los personajes principales en este tipo de situación, espero que no hayan quedado muy Ooc.

Ojalá les haya gustado el capítulo. Me gustaría saber qué piensan ustedes de la protagonista, si de verdad murió en su mundo, es una viajera del tiempo (como dijo Killua) o simplemente está loca.

Creo que todavía no voy a mitad de la historia y ya tengo finales para cada opción xD

Saludos a todas las lectoras/res

¡Osu! \(^0^)/