Este capítulo se lo dedico a todas las personas que han dejado algún review a lo largo de la historia, especialmente a Wavywavy y a havanatitiana que siempre me alegran el día con sus review :')
Muchas gracias por seguir leyendo
Disfruten la lectura
¡OSU! \(^0^)/
Los días pasaban tranquilos entre ustedes…
—Me quitas todo el espacio, muévete —Empujabas a Killua con el pie.
…Por lo menos entre tú y Gon.
—Por qué no te mueves tú —Te devolvió el gesto.
Se encontraban viajando en una carreta de un viejo pastor, rodeados de ovejas. Enfrente solo cabía uno y atrás no había mucho espacio.
—Reúnete con tus gemelos, Killua. No les tengas miedo —reíste al hacer la comparación.
—No le hallo la gracia.
—Pero si son igualitos jajajajaja… ¡Gon, cambio! —dijiste antes de que Killua fuera a matarte.
Gon se pasó a la parte trasera y tú te sentaste al lado del conductor, un viejito muy amable que se ofreció a llevarlos al pueblo.
—No es común ver a viajeros tan jóvenes —comentó el anciano.
—«Me dijo joven» —pensaste sonriendo de oreja a oreja—. Ya ve, si uno no saca a la fuerza a los niños, se quedarían encerrados jugando videojuegos todo el día.
—Lo dice quien lloró para que no la sacaran del arcade —murmuró el albino.
Lo miraste con desdén.
—También lloró cuando lo iban a cerrar.
—Gon, no me traiciones —dijiste con indignación. Él solo te dirigió una sonrisa de disculpa.
—Es bueno ser joven. Hay tanta vitalidad en sus cuerpos, y muchos de ellos no la aprovechan.
—Tiene mucha razón —concordaste con el anciano.
—Es bueno ser joven.
—Eso ya lo dijo.
—Hay tanta vitalidad en sus cuerpos.
—Eso también ya lo dijo… eh, ¿señor?
—Pero no la aprovechan.
Mientras el anciano divagaba en voz alta te volteaste con los niños.
—Gon —susurraste—. Creo que el viejito está cucu —Hiciste un ademán circular con el dedo. El niño te miró con confusión—. Loco, se le zafaron los cables, está hablando solo.
—A las personas mayores les gusta hablar —respondió mientras acariciaba a una oveja; los animales se agrupaban alrededor de él como si fuera su dueño.
—Solo ignóralo —Killua aprovechó para acostarse.
Te volviste con el anciano quien seguía murmurando cosas.
—Por eso le dije que nadie se daría cuenta si uno o dos niños desaparecían, ahora verá que tengo razón.
Estiraste tu brazo buscando la atención de los niños, golpeando estrepitosamente la primera cabeza que sentiste.
—¡Déjame dormir!
—Killua, hay algo raro con este señor —susurraste.
—Son las arrugas —dijo volviéndose a acostar.
—No, escucha lo que dice.
El albino prestó atención a lo que decía.
—Recuerdo que jugaba horas todos los días en mi juventud, ahora es algo difícil tener tanta energía…
Killua te lanzó una mirada de «no seas paranoica» y volvió a dormir. Tal vez tenía razón, estabas exagerando las cosas.
—…pero ahora encontré la manera de recuperarla, por eso necesito a niños como ustedes —Te dirigió una mirada macabra.
—«¡No estoy imaginando nada! ¡De verdad está loco! ¿Para qué necesita niños? Es un vampiro chupa vitalidad, tengo que advertirles…» —Miraste donde estaba Killua y Gon, ahora dormidos. El anciano soltó una risa espeluznante.
Suficiente motivo para no quedarte a averiguar qué haría con ellos.
—Lo lamento mucho, ya le he dicho que no haga este tipo de cosas —Una anciana se inclinaba ofreciéndote un plato de comida—. Vamos cariño, discúlpate también.
—Lo siento linda, no pensé que saltarías de esa forma: ¡waaa! —El anciano que te asustó hizo gestos imitándote. No era un vampiro chupa vitalidad, solo un posadero que le gustaba engañar a los viajeros. Ojalá lo hubieras sabido antes para ahorrarte el momento vergonzoso.
—N-no se preocupe —dijiste apretando los dientes para evitar lanzarle insultos. Tenías raspones por todo el cuerpo, no fue buena idea saltar en ese camino pedregoso. Escuchaste las risas de los mocosos detrás de ti.
—Eso le pasa por querer dejarnos detrás.
—Ustedes ya lo sabían —Más que una pregunta, fue una afirmación.
—Quiso hacerme la misma broma, pero me di cuenta de su engaño —contestó Gon.
—Pudiste advertirme.
—Lo siento, creí que le seguías el juego —respondió sacando la lengua.
—Pfft…
—¡Deja de reírte, Killua!
—Pueden quedarse todo el tiempo que quieran en nuestra posada por las molestias causadas —dijo la anciana.
—Gracias —contestaron.
Habían estado viajando de mochilazo, idea propuesta por ti, para no gastar tanto dinero y disfrutar más del viaje. No habían tenido ningún percance, hasta ahora. No tanto por lo sucedido con el anciano, sino porque sabías que Killua te torturaría toda la vida con ello.
—¿Qué los trae por aquí? —preguntó el viejito sentándose con ustedes en la mesa—. ¿Alguna clase de investigación?
—¿Cómo lo supo? —exclamó Gon sorprendido. Killua lo golpeó.
—Acabas de confirmárselo.
El anciano soltó una carcajada.
—Es lo único a lo que vienen los turistas, la mayoría antropólogos lingüistas o lectores aficionados. Nuestra biblioteca es la principal atracción en este pequeño pueblo. Por cierto, soy Kilian Salavert, y ella es mi esposa, Aledis —dijo señalando a la anciana que les servía en té—. Ella se encarga principalmente de la posada.
—Prácticamente quien sostiene todos los gastos —argumentó la anciana.
—No me ha ido muy bien vendiendo al rebaño, dice que pierdo el tiempo —les susurró cuando su esposa se alejó—. Ella fue la de la idea y ahora dice eso; mujeres, quién las entiende.
—Dígamelo a mí —dijo el albino. Lo miraste molesta.
—¿Cuáles son sus nombres?
—Soy Gon Freecss, y ellos son mis amigos Killua y (T/N). Somos Cazadores.
—Solo nosotros dos —recalcó Killua—. Ella es una simple mortal.
—Ya empezaba a dudar de la versatilidad de los Cazadores —el anciano soltó una risotada.
—Lo sé, es imposible que alguien tan débil como ella pueda ser un Cazador.
—Y que se crea una historia como esa —añadió Salavert—. De verdad, es la primera persona que cae con mis bromas.
Y los dos empezaron a reír.
Lanzaste la almohada con furia a la cama.
—Kilian y Killua, si hasta sus nombres se parecen.
En todo lo que duró la cena, el anciano y tu «amigo» se burlaron de ti, del como saltaste de la carreta como araña y corriste como si el mismísimo demonio te siguiera. Fue la velada más bochornosa de tu vida. Ya te vengarías, pensabas al apretar la almohada.
—Tranquila, (T/N) —Gon trataba de calmarte.
—Debemos unirnos. Eres mi único aliado, Gon —mencionaste con una mirada determinada—. Planearemos algo está noche.
—¿Será una pijamada?
—Algo así.
—Invitaré a Killua.
Salió corriendo antes de que pudieras detenerlo.
—Tengo que enseñarle un par de cosas a este niño —Te diste una palmada en la frente.
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—Es la pijamada más aburrida que he tenido. Y eso que nunca he asistido a una —dijo Killua.
Habían creado una especie de casa de campaña con las sábanas y habían llenado el interior con almohadas.
—Yo tampoco he ido a una, ¿qué se hace normalmente? —preguntó Gon inclinando ligeramente la cabeza.
—Hablar, supongo. La verdad es mi primera pijamada también. Mi mamá nunca me dejó ir a dormir a casas de mis amigas, era muy sobreprotectora.
—¿Cómo era tu vida antes de llegar a aquí? —la voz del pelinegro estaba llena de curiosidad.
—Mmm… Era bastante aburrida. Casi siempre era lo mismo.
—¿Tenías amigos?
—Algo así. Más que amigos eran personas con las que pasar el rato, no encajaba muy bien que digamos.
—En Isla Ballena me pasaba lo mismo, nunca tuve un amigo de verdad.
—Entonces creo que los tres estamos igual, ¿verdad, Killua?
—Mmh —contestó como afirmación.
Se quedaron en silencio unos minutos. Meditaste unos momentos antes de hablar.
—Cuando miré las luces de ese auto —comenzaste a decir, refiriéndote al incidente de la ciudad—, recordé lo que pasó antes de aparecer aquí. Mi familia y yo nos dirigíamos a la playa cuando mi mamá y mi padrastro empezaron a pelear —Te detuviste un momento antes de continuar en voz baja—. No estoy segura cómo pasó… De repente había un auto delante de nosotros, con sus luces cegándome. Luego todo fue oscuridad, y me encontraba caminando, pero no sé por qué. Creo… que aún hay algo que falta, pero no logro… —pataleaste dando un grito ahogado sobre la almohada.
—Ya lo recordarás, no te presiones —dijo el albino.
Pusiste en práctica el consejo que Senritsu te dio. Al hablar sobre tu vida, contarles sobre el divorcio de tus padres y el nuevo matrimonio de tu madre, te hizo sentir más ligera. Tal vez el pesar en tu corazón no era por tus recuerdos perdidos, sino más bien, por todo lo que habías guardado durante años.
