Estabas dormida cómodamente. Después de desvelarte anoche, solo pensabas en dormir. Un suave cosquilleo te hizo moverte, pero no abriste los ojos. De nuevo lo sentiste en el rostro, esta vez te acostaste boca abajo. Distinguiste unas risas cerca de ti. Ya no estabas tan dormida. Abriste lentamente los ojos y, tan pronto como lo hiciste, te sobresaltaste de tal manera que tiraste la casa de campaña improvisada con sábanas de anoche. No era para menos, lo primero que viste fue una cara horrorosa. Las risas inundaron la habitación.
—Eso fue increíble —decía entre risas Killua—. Aunque esperaba escucharla gritar.
—No es tan predecible como imaginé —el anciano contestó de igual manera.
Te quitaste las sábanas para encararlos. Allí estaban, Killua y Kilian «el anciano»—como le apodaste, con máscaras de monstruos puestas, riéndose de ti. Gon se rascaba la mejilla dándote una sonrisa compasiva.
—Si querían hacerme gritar —dijiste mientras te levantabas—, hubieran venido sin máscaras, así asustan más. El factor sorpresa es lo único que tienen a su favor, no son muy creativos realmente —Tomaste a Gon del brazo y lo pusiste a tu lado—. Ya verán lo que es gritar de miedo, Gon y yo les daremos una lección.
—¿Eso crees? —dijo el Zoldyck quitándose la máscara.
—Sí —Pasaste por su lado dirigiéndote al baño sin prestarle atención a su expresión burlona—. Jamás me harán gritar.
—Tres, dos, uno…
—¡Ahhhhh! ¡¿Qué demonios?!
—Allí lo tienen niños —El viejo chocó puños con los dos infantes.
—¡¿Quién fue?! —exclamaste furiosa, tu cara estaba toda pintada de negro. Gon escondió detrás de él el plumón que traía—. Gon, tú… ¿cómo pudiste? Creí que estabas de mi lado.
—Ayer quedamos en que el primero que se durmiera le pintaríamos la cara —dijo con expresión inocente—. Tienes que cumplir tu palabra, (T/N).
Tenías a tres demonios delante de ti.
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El resto de la mañana fue igual. Los tres demonios competían para ver quién te hacía gritar más, sin embargo, como les habías dicho antes, el factor sorpresa era lo único a su favor. Como ya sabías lo que trataban de hacer, sus intentos eran aburridos.
—Eres más resistente de lo que creí —decía el viejo Salavert, quien los estaba encaminando hacia la biblioteca.
—Me río con las películas de terror, no espere que me asuste por unos cuantos «ruidos misteriosos» —hiciste énfasis en lo último.
—Hace años que no tengo un reto como éste. En mi juventud me apodaron «El picador criminal mutilador», no te confíes tanto.
—Dónde he escuchado ese nombre —murmuraste—. Ese apodo suena más a un asesino serial que a un simple bromista.
—Nosotros también deberíamos escoger un apodo, Killua —dijo entusiasmado Gon.
—Yo ya les escogí uno —comentaste con desdén—. Gon, tú serás «El traidor». Y tú Killua, serás «El ovejón pedorro» —Sacudiste la mano frente a tu cara—. Toda la noche estuviste fumigándonos.
—¡Killua, vas a matarla! —Gon te separó del albino que te ahorcaba con cara de desquiciado.
—Lo siento —Hiciste una reverencia después de recuperar el aliento.
—Hmpt —bufó Killua con los brazos cruzados.
Sabías valorar tu vida.
«Puto.»
El Zoldyck te lanzó una mirada asesina.
—¡Si no dije nada!
—Lo pensaste.
El viejito los interrumpió antes de que convirtieras al ex asesino en asesino de nuevo.
—Aquí es —señaló el lugar delante de ustedes. Magníficos árboles daban la entrada el sitio, como puertas imponentes. Eran tan grandes que no dejaban ver nada más—. Vengan, les presentaré a la vieja Eileen.
Si por fuera el lugar era espectacular, por dentro lo era aún más. Enredaderas, flores y raíces de árboles estaban entre los taburetes y estantes. Pisos y escaleras de piedra le daban un aspecto rústico al lugar. Un enorme ventanal cubría lo que debía ser el techo. No esperabas por ver el cielo nocturno desde allí.
«Como un cuento de hadas.»
—Este lugar es impresionante —silbó el albino.
—Lo es —asintió Gon.
—Kilian Salavert, ¿no deberías estar ayudando a tu esposa? —Una mujer de tercera edad salió de entre los pasillos. Su cabello plateado estaba recogido en un moño chino.
—Eileen, a mí también me alegra verte.
—Como siempre huyendo de tus responsabilidades.
—Pero hago que cumplas las tuyas —Puso sus manos en los hombros de Gon y Killua—. Te traje a estos dos jóvenes Cazadores.
—¿No es otra de tus bromas? —Levantó una ceja—. Son demasiado pequeños.
«Como usted, es más enana que Gon. Parece un elfo.»
—Hablo totalmente en serio.
—Soy Gon Freecss, y ellos son…
—Muéstrame tu licencia —interrumpió la anciana.
«Qué amargada.»
Gon sacó su tarjeta al igual que Killua. Al verlas, la anciana cambió totalmente su actitud.
—Es un honor recibir a tan jóvenes Cazadores, pasen por favor.
Killua y tú se miraron con intriga, el cambio de actitud de la vieja era raro. Los condujo hasta un escritorio y les pidió que llenaran un formulario. No pudiste leerlo del todo, sin embargo, sí que entendiste algo.
—¿Tenemos que pagar?
—Claro, esto no es una biblioteca pública. Fue fundada por Cazadores de Información y Cazadores Paleográficos, dependiendo de la información que busquen, se les asignará un precio.
Con razón el cambio de actitud, se dio cuenta que sí podían pagar.
«El dinero mueve montañas. O montañitas.»
—B-bueno —dijiste intentando negociar con la anciana—, solo estamos buscando algún libro en un idioma en especial.
—¿En cuál?
—No sé, por eso estamos buscando.
—Si esto es una broma será mejor que se retiren.
—¡No! Espere…
—Mire vieja, estamos buscando un libro que ella pueda leer —La intervención de Killua no fue la mejor, ya que no es bueno con las mujeres mayores.
—Fuera de aquí.
—Vamos, Eileen —habló Salavert—, no seas tan dura con ellos. No recibimos muchos turistas por esta época, deja las quejas.
La mujer dio un suspiro y aceptó sin hacer más preguntas.
—Bienvenidos a la Biblioteca de Nemed, el sueño del bosque.
«Y la biblioteca más cara del mundo.»
