Paseabas entre el laberinto de estantes, disfrutando del olor a libro viejo. Todo en ese pueblo tenía un aire añejo, hasta los ciudadanos, no habías mirado una sola persona joven en ese lugar. El pensamiento de que «el anciano» fuera de verdad un asesino chupa vitalidad no dejaba de rondar tu mente, así que mejor mantendrías las distancias. Volteaste para ver a tus acompañantes, Gon hablaba con algunas ardillas, fue mala idea dejarlo jugar juegos violentos, lo niño rata se contagiaba, ya podía comunicarse con roedores; Killua solo agarraba libros sin ni siquiera leer el título, quería llenarte de trabajo. Mejor huirías.
—Ni lo pienses —Te sujetó antes de que lograras escapar.
—Tsk.
—Revisa éstos mientras busco más —Antes de irse te lanzó una mirada aterradora—. No te atrevas a levantarte.
—No lo haré, y no porque te tenga miedo, que quede claro.
—Seguro —dijo con sarcasmo, y con eso último se alejó.
—Por Dios, qué humor —Comenzaste a revisar el montón de libros que tenías enfrente—. No le entiendo, no le entiendo —repetías al pasar cada uno.
Gon se te acercó.
—¿Encontraste algo?
—No —dijiste al descartar otro libro—. ¿Y tú? ¿Las ardillas te dijeron algo bueno?
—Sí —Te mostró un libro—. Este tiene muchas imágenes.
—Wow —Lo miraste sorprendida.
—¿Qué?
—No creí realmente que pudieras comunicarte con ellas.
—Es sencillo. Solo pregúntales lo que quieres y ellas te guiarán.
—Me estás convenciendo. Oh no, el poder misionero de los protagonistas shonen me afecta —Continuaste buscando. Soltaste una exclamación al ver un idioma que conocías.
—¿Qué pasa? —preguntó Gon.
—Puedo leer esto.
—¿En serio? Significa que lo encontramos.
—No exactamente. «Le Devin» —leíste el título del libro—. Es francés, estaba tomando clases.
—¿Y qué significa?
—«Le» es un artículo definido, les articles définis, como diría mi profesor —continuaste tu explicación al ver la cara de confusión de Gon—. Los artículos definidos son identificadores del sustantivo, o sea, el que determina si es femenino o masculino o, plural o singular. Como «la, las, los, el…» Pero no entremos en detalles.
—¿Y lo otro? D-divan.
—Devin —marcaste la pronunciación—. Mmmm… La verdad no tengo mucho vocabulario francés, vendría siendo algo como… ¿divino? ¿El Divino? —decías examinando el libro— Tal vez es un libro religioso.
—Literalmente se traduce como «El adivino» —Una voz desconocida los interrumpió—. Y es un cuento.
La persona que los interrumpió era una mujer joven, de algunos veinte años calculaste. Piel aceitunada con cabello rubio y ojos tan verdes como el bosque.
«Qué bonita.»
—Me sorprende que puedas leerlo, no es un campo semántico que se use mucho estos días.
—Al parecer tú puedes leerlo mejor que yo.
La mujer sonrió y te extendió un pequeño libro.
—Intenta leer este.
Lo tomaste y viste la portada que dibujaba un colibrí de plumas rojas, y encima de éste pudiste leer perfectamente el título. Levantaste la vista para preguntarle cientos de cosas, pero la mujer ya no estaba.
—¿A dónde…? —Volteaste a ver a Gon, éste encogió los hombros, teniendo la misma duda que tú.
—¿Qué dice? —te preguntó al observar el libro.
—«Pescador de Deseos».
—¿Puedes leerlo?
—Sí —dijiste con emoción—. Esto es lo que buscábamos.
—¡Bien! —Levantó el puño en señal de triunfo—. Aunque es algo raro, ¿cómo lees eso?
—Ahora entiendes lo mismo que yo al querer leer su escritura —Abriste el libro—. Bueno, veamos de qué se trata.
«Se cuenta que los Dioses crearon todas las cosas en la Tierra y al hacerlo, a cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo. Pero cuando ya habían terminado, notaron que no había nadie encargado de llevar sus deseos y pensamientos de un lugar a otro.
Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una piedra de jade y con ella tallaron una flecha muy pequeña. Cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la pequeña flecha salió volando. Ya no era más una simple flecha, ahora tenía vida, los dioses habían creado al x ts'unu'um (colibrí).
Era tan frágil y tan ligera que el colibrí podía acercarse a las flores más delicadas sin mover un solo pétalo, sus plumas brillaban bajo el sol como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.
Entonces los hombres trataron de atrapar a esa hermosa ave para adornarse con sus plumas. Los Dioses al verlo, se enojaron y dijeron: "si alguien osa atrapar algún colibrí, éste morirá". Por eso es que nadie ha visto alguna vez a un colibrí en una jaula, ni tampoco en la mano de un hombre.
De ésta forma es que esta misteriosa y delicada ave ha podido llevar a cabo el encargo de los Dioses:
"El colibrí lleva de aquí para allá los pensamientos de los hombres"
Si alguien te desea un bien, el colibrí tomará ese deseo y lo llevará hacia ti.
Si un colibrí vuela alrededor de tu cabeza, no lo toques. El tomará tu deseo y lo llevará a los demás; piensa bien y desea cosas positivas para todos. Piensa que por algo pasó el colibrí por tu camino; piensa que algo realmente extraordinario puede ocurrir.
De ahora en adelante, el colibrí llevará todos tus deseos y pensamientos de un lugar a otro…»*
*Antigua leyenda maya.
