—Son solo cuentos —decía Killua al verte corriendo de un lado a otro por la biblioteca.

—No son simples cuentos. Mira —Señalaste la portada—, «D. B.» es el mismo autor de este y este… —Acercabas los libros al niño—… y este otro.

Después de la desaparición de la misteriosa mujer y el libro que leíste, comenzaste a buscar obras del mismo autor. Tú intuición te decía que había algo detrás de todos esos cuentos, era demasiada coincidencia los sucesos que pasaron para descartarlos. No solo eso, D. B. escribía en idiomas que conocías, algo raro en este mundo. Pero lo más extraño es que no viniera el año de publicación o la editorial. Eran prácticamente libros fantasmas.

—Gon, ¿por qué no detuviste a la chica que mencionaron?

—No pude hacerlo, ni siquiera supe en qué momento se fue. Su presencia era casi nula.

«Nula, ¿eh?» —pensaba Killua al observarte—. «Ciertamente no puede ser una casualidad, ¿era alguien como (T/N) o un usuario de nen? De ser así Gon lo hubiera notado. Hay algo raro en todo esto. Este lugar en sí es extraño.»

—¿Por qué no le preguntamos a la señora de aquí? Ella debe conocer el nombre completo del autor.

—Gon, eres un genio, ¿por qué no se me ocurrió antes?

Saliste corriendo a buscarla.

—¿Y ahora por qué tanta energía? —suspiró el albino. Todavía tenía muchas dudas al respecto.

—Killua.

—¿Mmh?

—Tal vez estemos más cerca de poder ayudarla. Verla sonreír es mejor que verla llorar, ¿no crees?

El Zoldyck encogió los hombros con un ligero sonrojo.

—Tal vez —murmuró.

—Esa enana no sabe nada —Llegaste molesta, lanzando maldiciones—. Dijo que muchos donaban libros que no sabían cómo catalogarlos, ¿pueden creerlo? Qué falta de profesionalismo.

—Ni siguiera la bibliotecaria lo sabe —Gon se rascó la cabeza, exasperado.

—Pero… cuando intenté hacerle más preguntas cambió de tema —Te acercaste para susurrarles—. Creo que sabe algo. Aunque desconozco la razón del por qué no quiere decir nada. ¿Ustedes qué piensan?

—Le sacaremos la información a la fuerza —Killua estaba listo con sus garras.

—¡No podemos hacer eso! —Gon lo detuvo.

—¿Por qué no? —dijiste.

—¡(T/N)! ¡Eso no está bien!

—¿Entonces qué propones? —preguntó el albino.

—Mmmmm— Gon se sentó en el suelo pensando.

—¡Lo tengo! —exclamaste levantando el dedo índice—. Hay que ir con Kurapikachu.

—¿Eh?

—Él es súper inteligente, sabrá qué hacer.

Y Gon seguía pensando.

—Tú… ¡¿solo buscas un pretexto para verlo verdad?!

—Sí.

—Ni siquiera lo niegas.

Y explotó.

—¡No se me ocurre nada!

—Ya no es necesario, Gon —Le acariciaste la cabeza y retiraste inmediatamente la mano—. Auch, tu cabello me espinó; es un arma mortal, deberías raparte.

—¡(T/N)!

—No te enojes puercoespín, ahora ayúdenme a poner todo esto en su lugar.

—Tú lo hiciste sola, yo me voy —dijo el albino.

Lo tomaste por la oreja.

—Tú trajiste la mayoría de los libros, no huirás, cobarde.

—¡No soy cobarde!

—Sólo lento.

—¡Tampoco lo soy!

—Entonces demuéstramelo.

—¡Terminaré antes que tú! Ya verás —diciendo eso agarró todos los libros que pudo y se fue.

—Y así se hace el trabajo en equipo, Gon.

—Siempre aprendo cosas nuevas contigo, (T/N).

—Y aprenderás más si te quedas a mi lado —Pusiste tu brazo en sus hombros.

—Sí —contestó sonriendo—. Siempre estaremos juntos.

Mientras tanto el Zoldyck terminaba el trabajo lo más rápido que podía.

—Le demostraré quién es la lenta.


—¿Se irán tan pronto? —decía con tristeza Aledis.

—No queremos causarles más molestias —contestaste.

—¿Encontraron algo bueno? —dijo «el anciano».

—Sí —asintió Gon.

—Ya no tendré a quién hacerle bromas, pero te lo encargo, niño —Kilian palmeó la espalda de Killua—. Asústala por mí.

—Será un placer —respondió con una sonrisa el albino.

—Suerte con eso —lo retaste.

—¡Bien! —El viejo Salavert dio una palmada—. Los llevaré a la ciudad para que tomen su vuelo. En marcha.

—¡Osu! —dijeron los tres.


Al dejarlos en el aeropuerto, Kilian Salavert regresó al pueblo. Cuando entró a su hogar miró sentada en una de las sillas a una mujer rubia.

—Me preguntaba cuándo te dignarías a visitarnos.

—Lo lamento —La mujer se levantó y lo abrazó.

—A mí también me alegra verte de nuevo.

—Bienvenida a casa, cariño —Aledis salió a su encuentro.

—Gracias, tía.

Se sentaron en la mesa para escuchar las historias de ella, hasta que les hizo una pregunta.

—¿Quiénes eran sus huéspedes?

—La vieja Eileen ya te fue con el chisme —respondió Kilian sujetándose la cabeza—. Te refieres a esos niños, ¿no?

Asintió.

—Eran Cazadores… Al parecer su amiga buscaba un libro que leer.

—¿Sólo eso? —preguntó con recelo.

—Sí —dijo Salavert observándola fijamente—. ¿Crees que El Consejo los haya enviado?

No respondió.

—No hicieron preguntas sobre ti, querida —habló Aledis.

—Debe ser alguna clase de estrategia. Ya han fallado muchas veces en querer reclutarme nuevamente.

—No creo que ese sea el caso, Enyd —La mirada de Kilian se tornó seria—. Tal vez no deberías perderlos de vista.

Enyd se quedó pensando en el consejo de su tío. Siempre había sido muy sabio, al igual que su difunto abuelo, pero esta vez dudaba de su juicio. No quería relacionarse con El Consejo y mucho menos contigo.

Sea cual fuere tu propósito o problema, no era asunto de ella.


Leorio: ¿Quién rayos es esa tipa? ¿Por qué tiene más protagonismo que yo? :/

Yo: Cualquiera tiene más protagonismo que tú -_-

Hisoka: Estoy de acuerdo con él 3 Un personaje extra no puede ser más misterioso que yo.

Y: Bueno...

Illumi: ¿Por qué yo no he salido?

Y: En realidad ella será un personaje importante...creo -_-'

I: ¿Deberé usar mis agujas contigo?

H: ¿Deberé usar mis encantos? ;)

L: ¡Ustedes lárguense de aquí! El que tiene problemas de popularidad soy yo.

Y: Tranquilos, veré qué puedo hacer -_- "hombres, son más vanidosos que nosotras"

I: No quiero ser popular, solo cuidar a mi hermanito.

H: Yo ya soy lo suficientemente popular, pero entre más aparezca más cerca de Gon estaré :3

Y: "¡Auxilio!"