Al regresar al continente Yorbian, tenías la esperanza de que Kurapika los ayudara, sin embargo, el Kurta tenía otras prioridades por el momento. Habría una reunión entre personas importantes de la mafia y, entre ellos, asistirían muchos coleccionistas de partes humanas. No podía desperdiciar una oportunidad así.

—Entiendo —le dijiste.

—De verdad lamento no poder ayudarte —dijo el rubio antes de levantarse y salir.

—Les dije que sería inútil —mencionó Killua al verte cabizbaja—. Dejémoslo por ahora, podemos hacerlo sin su ayuda.

—Yo quería que nos ayudara.

—Tal vez cuando se desocupe…

Neon interrumpió a Gon al estrellar estrepitosamente la puerta.

—¡(T/N)! —gritó al verte—. ¿Por qué no me dijiste que habías vuelto?

—Acabo de llegar —decías tratando de respirar, ya que te abrazaba demasiado fuerte.

—No sabes lo aburrida que he estado. Vas a regresar, ¿cierto?

—No lo creo, solo venimos de paso —La separaste de ti—. Desafortunadamente Kurapika está ocupado.

—¿Te refieres al baile que habrá?

—¿Baile? —preguntaron Gon y Killua al unísono.

—Sí, no tengo ganas de ir, pero mi padre dice que es necesario para recuperar el prestigio de la familia. ¡Vamos juntas! —dijo tomándote de las manos.

—N-no estoy segura, no soy mucho de eventos formales.

—Vamos, así te prestaré a Kurapika después —Te guiñó un ojo.

—Trato hecho.

—¡Qué rápido te vendes!

—Son negocios, Killua —le dijiste mientras estrechabas la mano de Neon—. ¿Ellos pueden acompañarme?

—No estoy segura si dejen entrar a niños —respondió la chica mirándolos—. Veré qué puedo hacer.

—¡No somos niños!


Llevaban horas recorriendo las tiendas del centro comercial. Visitando local por local, buscando el mejor vestido para la ocasión. No recordabas cuándo fue la última vez que habías ido de compras como una chica. Los meses que pasaron desde que habías llegado a este mundo fueron algo intensos y divertidos, eso no lo negarías, pero el ver toda esa ropa y maquillaje, te hicieron sentir nostalgia por tu vida anterior; el arreglarte y salir era parte de ti, aunque tus gustos fueran algo masculinos, tenías tu lado femenino como cualquier chica.

—Tus latidos son diferentes —mencionó Senritsu mientras miraban los aparadores.

—¿Tú crees? Yo los siento igual.

—Ahora son más parecidos al cantar de un ave.

—Yo… creo que tenías razón, no es bueno guardarse todo —sonreíste—. Por cierto, Kurapika se ve algo diferente. Más… intimidante.

—Está tratando de recuperar los ojos de su familia.

—Sí, pero… —Te callaste al no saber qué más decir.

—Hay que confiar en él, no hará una locura —Senritsu te entendía—. Y si la hace, nosotras estaremos allí.

Suspiraste. Confiabas en él. Era en ti en quien no confiabas mucho. Si Kurapika se dejaba consumir por la oscuridad, ¿serías capaz de ayudarlo? Querías mostrarle que no estaba solo, como Gon, Killua y Leorio te lo mostraron a ti. Sabías lo que era caer al borde de la desesperación, y gracias a ellos conociste lo que era levantarse. Ahora era tu turno de hacer algo.

Te detuviste al mirar un vestido de tu color favorito.

—¿Por qué no te lo mides? —Neon apareció detrás de ti.

—No creo que se vea bien en mi —dijiste alejándote de la tienda.

—Vamos, no seas tímida —La peliazul te arrastró al lugar.


Lo admitías, el vestido no te quedaba nada mal. Era el más bonito y elegante que te habías puesto en toda tu vida. Te hiciste un peinado sencillo y optaste por un maquillaje natural. Todo perfecto, a excepción de los tacones; eran demasiado altos para tu gusto, sin embargo, Neon insistió que eran los mejores para el vestido. No pudiste contradecirla. Solo esperabas que no fueras a caerte.

Saliste junto con Neon, siendo las únicas que faltaban para irse. No miraste a Kurapika por ningún lado, ni siquiera a Gon o a Killua. Al subir al coche, Senritsu te dijo que ellos se habían adelantado junto con el señor Nostrade.

Durante el camino las tres iban charlando cómodamente. Después de casi una hora de trayecto llegaron a la mansión donde sería el baile. Lujosos autos entraban y salían del lugar, personas con la ropa más elegante entraban por la puerta principal o paseaban por los amplios jardines. Al bajar del auto divisaste a Kurapika junto con Gon y Killua al pie de la escalera, al parecer esperándolas.

—Hey —saludaste acercándote a ellos.

Cuando te vieron venir hacia ellos, dudaron por un momento si de verdad era tú. Ninguna palabra salió de su boca, jamás pensaron que te verías tan diferente. Esperabas que dijeran algo, lo que sea, el silencio te ponía incómoda. Estabas comenzando a arrepentirte de usar ese vestido cuando Kurapika habló.

—Neon-sama, su padre la espera —dijo al ver a la hija de su jefe acercarse—. Los veré dentro —les dijo alejándose.

—¡Búscame dentro, (T/N)! —gritó Neon al ser arrastrada prácticamente por el Kurta.

Te sentiste decepcionada. No esperabas que fuera a pedirte matrimonio o algo por el estilo, pero un «te ves bien» no lo mataría.

—¿Tan mal me veo?

—N-no, en realidad… —Gon tenía un ligero sonrojo—…te ves muy hermosa.

—¿D-de verdad? Me siento algo rara.

—¡Te ves muy bien! —Te dirigió una de sus tan características sonrisas—. ¿Entramos? —Extendió su brazo. Lo sujetaste y tomaste a Killua, quien se mantuvo callado, con tu otro brazo.

—Por cierto, ustedes también lucen muy bien con esos trajes —los alagaste—. Gon, el negro es tu color, deberías dejar el verde a un lado.

—Eso nunca —infló sus mejillas.

Reíste al ver su puchero. Al entrar se dirigieron a la mesa en la que se encontraba Senritsu.

—¿Y Neon? —preguntaste.

—Con su padre y Kurapika. Hablando con otros capos.

Comenzaste una plática con Senritsu mientras observabas el lugar. Después de un tiempo un mesero se acercó a ofrecerles vino.

—No imaginé que bebieras.

Volteaste a mirar a Killua.

—Solo de vez en cuando —respondiste poniendo la copa sobre la mesa—. ¿Pasa algo? —preguntaste al sentir su mirada fija en ti.

—No —dijo desviando la mirada.

Le diste nuevamente un sorbo a tu bebida.

—¿Seguro? —volviste a preguntarle al verlo observándote con intensidad—. No te dejaré tomar si es lo que quieres.

—No es eso —Se encogió en su silla al verse descubierto—. T-te ves más… grande.

—¿Mmh? Oh, debe ser por los tacones.

—Me refiero a… más adulta.

—Soy una adulta, ¿lo olvidas?

El albino no respondió. No le había prestado mucha atención a tu edad. No entendía la razón de ese extraño sentimiento que tenía. Sentía una opresión en su pecho, ¿decepción?, ¿tristeza? No lo entendía.

—«Debe ser el ambiente» —pensó.

La música comenzó a sonar haciendo vibrar tu ser. El alcohol empezaba a hacer efecto.

—Gon, vamos a bailar —Tomaste al niño por el brazo arrastrándolo hasta la pista.

Killua y Senritsu los observaban desde la mesa, el primero cubriéndose la cara de vergüenza y ella dándoles una sonrisa compasiva.

El hecho era que sus pasos no estaban coordinados con la música de la orquesta. Mientras Gon hacía el paso del gusano tú hacías el del robot. Era vergonzoso verlos. El albino no tuvo más remedio que arrastrarlos de vuelta a la mesa si no quería que la seguridad los sacara.

—¿Dónde rayos están las cumbias? —gritabas— Y la salsa, la música electrónica, ¿y si quiero reggaetón? ¡Dale!

—¡Cállate! —te reprendía el albino—. Harás que nos saquen.

—No puedo creer que se embriagara tan rápido —dijo Gon al ver tu copa vacía.

—No estoy ebria. Quiero bailar —Te levantaste de la silla e intentaste subirte a la mesa—¡Por favor, déjennos bailar!

—¡Bájate de ahí! —Killua y Gon te detuvieron.

Al escuchar el escándalo que estaban haciendo Kurapika se acercó.

—¿Qué sucede?

—(T/N) está ebria —contestó Gon.

—¿Ebria?

—No lo estoy —Golpeaste a Gon por mentiroso—. Kurapika, no les hagas caso, están exagerando.

Al verte trastabillar te tomó por el brazo.

—Vamos a que te dé un poco de aire.

No tuviste más opción que seguirlo. Te condujo hasta los jardines donde se sentaron en una banca. Un escalofrío te recorrió el cuerpo al sentir la suave brisa de la noche. El Kurta al darse cuenta puso su saco sobre tus hombros. Duraron unos momentos en silencio observando el cielo.

—Luces hermosa esta noche.

Te giraste a mirarlo, sonrojada.

—No estoy ebria, no olvidaré lo que acabas de decir.

—Eso es bueno —Te sonrió.

El silencio volvió.

—¿Qué harás con los coleccionistas que tengan los ojos escarlatas?

—¿Por qué preguntas eso?

—¿Les robarás?

—Recuperaré lo que me pertenece.

Dudaste un momento antes de continuar.

—Kurapika, yo… también he odiado a alguien. No estoy tratando de comparar mi vida con la tuya y mucho menos tu dolor con el mío, pero… el que una persona te haya abandonado porque no tuvo otra opción, es menos doloroso que el saber que esa persona te abandonó porque quiso. Yo no entiendo lo que es sentir deseos de matar a alguien, y personalmente no creo que eso sea el odio. Pienso que es una forma de querer superar todo fácil y… —Te empezaste a frustrar por no poder expresarte correctamente, dudaste si tus palabras eran las adecuadas—. Creo que tu familia no querría que tú…

—(T/N) —te interrumpió con voz firme—. Es la única forma.

No supiste que más decir. Tu confianza se desvaneció. Te mantuviste callada.

Desde el balcón Killua podía observarlos. Los había ido a buscar al ver que tardaban y, al verlos juntos, sintió nuevamente esa extraña opresión en su pecho, pero esta vez con una mezcla de ira. Seguía confundido por sentirse así.

—«Debe ser el ambiente» —pensó al volver al salón principal.

—Tengo que ir a atender unos asuntos —mencionó Kurapika mientras se levantaba—. Espérame aquí

—Kurapika —lo llamaste, imitando su gesto. El aludido se detuvo—. N-no vayas a matar a nadie. Confío en ti… Sé que harás lo correcto.

El rubio no contestó, sólo siguió caminando.

Te sentaste nuevamente en la banca. Te sentías patética, cómo pudiste pensar que podrías hacerlo cambiar de opinión. Ni siquiera comprendías su dolor.

«Mejor debí aprovechar la situación para robarle un beso.»

—Al fin te encuentro —Una voz interrumpió tus pensamientos—. Has sido muy escurridiza, niña.

—Usted… —El hombre te levantó bruscamente—. Lo he visto en algún lado.

—Sí —Te condujo hasta una pared.

Lo que viste te asustó.

Un hoyo negro comenzó a surgir de la pared cuando el hombre la tocó. Intentaste retroceder, pero los tacones te hicieron tropezar. El sujeto te levantó.

—Hay alguien que quiere verte.

Quisiste gritar por ayuda, pero la oscuridad te engulló.

Y todo se volvió negro.


Leorio: ¡¿Cuántas veces vas a terminar así lo capítulos?!

Yo: No tengo imaginación ok?

Illumi: No vi que saliera en este capítulo.

Y: -_-

Hisoka: Ni yo, a menos que sea yo el que la secuestró.

I: ¿Por qué serías tú? En ese caso debería ser yo.

Y: Illumi tiene un punto ahí, tiene más cara de secuestrador.

L: Yo creo que Hisoka tiene más madera de secuestrador.

H: :3

I: °_°

Y: Dejemos que las lectoras/res decidan quién es el secuestrador antes de que Illumi te mate Leorio.

L: Seguiré tu consejo esta vez :S