—¡Ohh, increíble! —exclamó con asombro Gon.
—¿Qué rayos es eso? —Killua no se mostraba muy sorprendido.
—Bueno… un avance es algo —dijo Enyd.
—¿Verdad? —Los miraste emocionada.
Desbordabas felicidad, y no era para menos, al fin habías logrado abrir un portal.
—Apenas es del tamaño de mi mano.
—Ya empezaste con tus envidias, Killua —Rodaste los ojos—. ¿Por qué no admites que soy más genial que tú?
—Ni en un millón de años.
Las chispas comenzaban a salir de sus miradas.
—Yo pienso que es asombroso.
—Por eso eres mi favorito, Gon —Lo abrazaste—. ¿Eh? ¿Cuándo creciste tanto? ¿O soy yo la que me encogí?
Notaste que solo eras más alta por unos pocos centímetros.
—No seremos niños por siempre —te sonrió.
Esas palabras movieron algo dentro de ti. El mismo sentimiento que te provocaba pensar en el futuro. El miedo de que las cosas cambiaran.
—Algún día seremos más altos que tú y será nuestro turno de verte por debajo, así que… ¿P-por qué lloras? —Killua se interrumpió al verte.
—N-no estoy llorando, es solo que… —intentabas disimular tus lágrimas—. Crecen tan rápido. Estoy tan orgullosa de ustedes —Gon sonreía tratando de tranquilizarte y Killua se sentía incómodo por tu comportamiento tan extraño—. Prométanme una cosa —dijiste tomando las manos de ambos—: Que siempre serán ustedes, que pase lo que pase se mantendrán juntos y seguirán como hasta ahora. Prométanlo.
—L-lo prometemos —contestaron los dos un poco confundidos por tan repentina petición.
—Cambiando de tema —interrumpió Enyd al ver la escena, si sabías algo que pasaría entre esos niños era mejor que te mantuviera alejada de ellos, no confiaba mucho en ti respecto a mantener la boca cerrada para evitar alterar el curso natural del tiempo—, ¿por qué no me dices qué base usaste para abrir el portal?
—Bueno —te aclaraste la garganta—, utilicé mi propio cuerpo. Si se necesita una base sólida no hay nada mejor. Además, seguí el consejo que me dieron, la imaginación me sirvió más que tu explicación.
—Si te hubiera servido tanto hubieras abierto un portal completo, no una miniatura —dijo Enyd con una vena de enojo en la frente.
—Pero ya sentí esa energía de la que hablas.
—¿Y qué se siente? —preguntó Gon.
—Es como un hormigueo, pero no como cuando se entume una parte de tu cuerpo, es más como si miles de burbujas explotaran debajo de mi piel. Lo siento surgir cuando visualizo el portal —Extendiste tu brazo—. Después, cuando el cosquilleo aumenta y asciende por mis dedos —Una oscuridad ondeante brotó lentamente de tus dedos hasta crear un pequeño agujero negro en el aire—, la sensación desaparece, y ¡tadaa! Un súper portal aparece.
—Pues de súper no tiene nada —comentó Enyd.
—Tú y Killua son igual de envidiosos. Gon, mete la mano para saber qué hay detrás de ¡mi súper portal!
—¡¿Por qué no lo haces tú?! —te reclamó el albino.
Antes de que pudieras responderle un puñetazo apareció mandando directamente al suelo a Killua. Parpadeaste con incredulidad al ver lo que pasó, miraste a Gon que estaba igual de sorprendido que tú al ver la escena. No todos los días ves un puño aparecer en la cara de tu amigo.
Gon sacó su mano del portal y la introdujo nuevamente, tenía que comprobar si había sido su puño.
—¿Qué demon…? —Y el súper puño golpeó de nuevo al albino.
Sí. Definitivamente fue Gon quien lo golpeó. Los dos se miraron con complicidad.
—¡Increíble! —gritaste—. Déjame intentarlo.
Hiciste lo mismo que Gon, golpeando a Killua cada vez que introducías tu puño al pequeño portal.
—¡Hey! Dejen de… —el Zoldyck trataba de cubrirse de sus golpes inútilmente, si se cubría el rostro, los golpes aparecían por un costado o detrás de él.
Tú solo visualizabas el lugar donde querías golpearlo.
«Esto es genial.»
El Zoldyck se empezaba a molestar de verdad por tus golpes—aunque los sintiera tan débiles como un mosco, pero eras un mosco muy molesto. No se convertiría en tu saco de boxeo, ese era trabajo de Gon.
.
.
.
—Lo sentimos —dijeron al unísono Gon y tú.
Los dos tenían un enorme chichón en la cabeza.
—Los mataré si vuelven a hacer eso —les dijo Killua con una mirada asesina.
—Entendido.
Enyd comenzó a reír, algo que los sorprendió. Era la primera vez que la escuchaban divertirse.
—Perdón —carraspeó un poco al ver como la miraban—. No era mi intención burlarme de ustedes.
—No tienes por qué disculparte —mencionaste—. No imaginé que tuvieras un lado divertido, siempre te ves distante.
—No lo hago a propósito. No soy buena relacionándome con los demás.
—Ni yo.
Las dos empezaron a hablar, o más bien, a quejarse de la sociedad.
—Oye, Killua —preguntó Gon acercándose a él—. ¿Por qué culpan a los demás por su falta de sociabilidad?
—Así son las mujeres, siempre culpando a los demás por todo.
Enyd y tú siguieron hablando durante un tiempo hasta que Killua las interrumpió.
—Oigan, hay algo que quiero decir.
—Justo en la parte interesante.
El Zoldyck rodó los ojos.
—¿Qué sucede? —preguntó Blaut con amabilidad.
—Pasarán años hasta que (T/N) haga un portal normal…
—No es verdad.
—… ¿no sería más conveniente que tú lo abrieras?
—He mencionado anteriormente que no puedo hacerlo a menos que conozca el lugar.
—Pero así llegaste con ella la primera vez, mirando una foto.
—Esa vez tuvimos suerte. Desconocía que se encontraba en un sitio que no aparece en los mapas, si ella no hubiese escapado de aquel lugar, hubiera sido imposible.
—Entonces eso es suficiente, si llegamos donde la encontraste, ella podrá guiarnos desde allí al lugar donde la tenían encerrada, ¿verdad, (T/N)?
—Ehh… creo.
—Sería algo arriesgado.
—Antes mencionaste que entre más rápido mejor, ¿por qué ahora te muestras tan reticente?
—No pienso involucrarme más en este asunto —contestó con firmeza—. Y ustedes tampoco deben. Esto es algo que ella tiene que hacer por su cuenta.
—No la dejaremos sola —dijo Gon con el ceño fruncido—. Es nuestra amiga y nosotros estaremos con ella.
Las cosas se pusieron un poco tensas, debatiendo entre ellos sobre seguir involucrándose contigo o no. Intentabas entender el punto de Enyd, sin embargo, no podías comprenderlo. No mirabas nada de malo ni considerabas que fuera una opción peligrosa que Killua y Gon te ayudaran. En lo personal no querías enfrentarte a Straid sola, y confiabas plenamente en esos dos, si estaban juntos no tendrías nada que temer.
—Cálmense todos —trataste de tranquilizarlos—. Olvidan algo importante: mi opinión. Están discutiendo decisiones sin siquiera tomarme en cuenta.
—No entiendes la gravedad de las cosas.
—Entiendo —hiciste énfasis en la palabra— el por qué no quieres seguir involucrándote en esto. Y es tu decisión, como también es la decisión de ellos.
—Tú…
—Gon, Killua —la interrumpiste—, déjenos un momento a solas. Los adultos tenemos que hablar.
Los niños se miraron entre ellos.
—Confíen en mí —les sonreíste.
—Bien. Gon, vamos.
—Suerte, (T/N).
Era el momento de mostrarse seria.
—Que quede clara una cosa, yo tampoco quiero que tú nos acompañes. No me quitarás el papel protagónico.
—¿Sigues con esa estupidez?
—No es ninguna estupidez soñar con ser la protagonista de un manga.
—Ese es el problema con los transportistas, creen que todo es como en la televisión —dijo con ironía—. Pues déjame decirte que no lo es. Esta es la realidad. Y hacer modificaciones en el pasado puede alterar demasiadas cosas. Te lo explicaré de una forma más fácil; ¿has escuchado la paradoja del abuelo? Consiste en una persona que viaja al pasado y mata a su abuelo antes de que este conozca a su abuela y puedan concebir a su padre. Por lo que el viajero nunca ha nacido y, mucho menos, pudo haber viajado en el tiempo para eliminar a su antepasado. Esto implica que tanto su padre, como él, en realidad sí pueden existir, por lo que podría viajar y matar a su abuelo, y así una y otra vez.
—Yo no vine aquí a matar a mi abuelo.
—Lo que trato de decir…
—Sé lo que tratas de decir. Y no veo cómo el evitar que desgracias pasen en esta dimensión afecte a la mía.
—Tú en verdad… —suspiró—. Estás haciendo exactamente lo que mis padres hicieron, pisando un terreno muy peligroso. Si el Consejo se entera, las consecuencias serán fatales para ti. Podrías morir.
Te quedaste analizando sus palabras. Era una opción probable, pero en todo caso sería culpa de Straid, no tuya. Además, si el mago había congelado el futuro, eso significaba que el Consejo no intervendría, a no ser que el Consejo del pasado (presente) lo hiciera. Confiabas en que si algo así sucedía saldrías impune.
—Sobre tus padres… hay algo que no me ha quedado claro.
—¿Qué es?
—Espero que mi pregunta no sea algo insensible —Hiciste una pausa, escogiendo las palabras adecuadas—. Dijiste que habías seguido los pasos de tus padres, ¿por qué no te juzgaron como a ellos?
Enyd se miró desconcertada, no se esperaba esa pregunta. Se debatía si contestarla honestamente o no.
—No tienes que responder si no quieres.
—Está bien. Ya te he contado cosas sobre mí, sin embargo, prométeme que esto no se lo dirás a nadie.
—Lo prometo.
—¿Recuerdas cuando te dije que es raro que un mestizo desarrolle la habilidad?
—Sí.
—Pasa lo mismo cuando ambos padres tienen diferentes poderes. Por ejemplo, si un mago del tiempo tiene un hijo con un transportista, el niño heredará una de las dos habilidades. Jamás ambas —Tomó aire antes de continuar—. Yo fui una excepción.
—Eso quiere decir, que tú…
—Soy una transportista y una hechicera del tiempo.
—…eres más genial que yo.
—¡¿Eso es lo que te preocupa?! —dijo incrédula.
—¡Por supuesto! ¿Segura que no quieres robarme el papel protagónico?
—¡Que no! Maldición, tú en verdad eres algo. Eres la persona más extraña que he conocido.
—Lo tomaré como un cumplido.
—No lo es.
—Si eres un mago…
—Hechicera.
—Da igual, ¿por qué no me devuelves a mi tiempo?
—La habilidad de Straid es diferente, no puedo contrarrestarla. Por eso tienes que convencerlo.
—No creo poder convencer a un hombre que al parecer lo único que le divierte es verme sufrir.
Enyd se quedó pensando unos momentos.
—Podrás hacerlo si tus amigos están contigo, ¿cierto?
—Sí —sonreíste, no tenías ni idea de cómo fue que la convenciste, pero al parecer te había dado el visto bueno.
—Háblame de tu dimensión. ¿De dónde vienes?
—Eso es nuevo.
—Me da curiosidad. Tu historia. Soy escritora, tal vez escriba algo sobre ti.
—¿Compartirás las ganancias?
—Solo si vende.
No sabías con exactitud si habías hecho una amiga, no obstante, el momento fue agradable. El contarle tu vida, tu historia, el mostrarle fotos de tu hogar y de tu familia, fue una manera de abrirte a ti misma, de recordar el camino que habías recorrido, lo que habías olvidado y de ver el nuevo horizonte que se alzaba.
«No todo fue tan malo.»
