Los días pasaban y tú seguías practicando abrir un portal más grande. La emoción de poder hacer uno aún no te abandonaba, sin embargo, se mezclaba con la frustración que sentías al no mejorar. Por otro lado, pensabas que tu relación con Enyd era buena, últimamente hablaban más y tenían varias cosas en común. Sentías que se estaban haciendo amigas.

—Y ese sería el plan, ¿alguna pregunta?

En este momento te encontrabas en una de las salas de la mansión con Gon y Killua, ideando una estrategia para cuando llegara el momento de enfrentar a Straid.

—¿Puedes volver a repetirlo? —dijo el pelinegro levantando la mano.

—Yo solo entendí puro «blah, blah, blah».

El albino se dio una palmada en la frente.

—Ustedes en verdad… ¡¿Se toman esto en serio?!

Seeee —contestaron Gon y tú al unísono.

—No lo parece —el albino suspiró—. ¿Qué ideas tienen?

—Solo llegamos y le pateamos el trasero a ese idiota —dijiste.

—Eso no es un plan, es improvisar.

—Pues improvisamos —sonreíste de lado—. Tú lo paralizas con tu «rayito que no tiene un nombre genial» y Gon le hace su jankenguu.

—Mejor un ¡jankenkamehamehaaaa! —gritó Gon.

—¡Sí! Dame diez —Ambos chocaron sus manos.

—¿Y tú qué harás? —dijo Killua con escepticismo.

—Yo esperaré a que esté inmóvil en el suelo para romperle los… La cara —corregiste rápidamente, no dirías malas palabras delante de niños.

—¿Los qué? —pregunto inocentemente Gon.

—La cara, Gon, dije la cara.

—Pero yo escuché que dijiste primero «los», ¿a qué te referías?

—Sí, (T/N), ¿qué quisiste decir con «los»? —preguntó burlesco el Zoldyck.

Antes de que pudieras zafarte de esa situación Kurapika llegó con ustedes.

—Veo que se divierten.

—¡Kurapikachu! —Fuiste rápidamente a su lado.

—¡Kurapika!

—Gon —respondió el rubio al saludo, miró donde estaba el albino, quien volteó la cara después de lanzarle una mirada desdeñosa.

No necesitaba tener la habilidad de Senritsu para darse cuenta que el Zoldyck estaba celoso—aunque éste no se diera cuenta. Lo sospechó cuando notó la forma defensiva que se ponía cuando él estaba cerca de ti. Y las miradas de Killua no hacían más que confirmar sus conjeturas.

—Killua —dijo Kurapika sonriéndole suavemente.

Un «mmm» fue lo único que recibió por parte del albino. En cierta forma, sus actitudes le resultaban divertidas.

—Casi no te he visto —dijiste llorando—. ¿Por qué no has venido a verme?

—No lo necesitamos cerca —murmuró el albino.

—Lo siento —te sonrió a manera de disculpa—. He tenido mucho trabajo.

—¡(T/N) ya puede abrir portales geniales!

—No lo digas de esa forma, Gon, haces que me sonroje —Colocaste tus manos en tus mejillas.

—Pfft, creo que Gon no sabe el concepto de genial.

—Killua —suspiraste—, cuando seas grande lo entenderás —palmeaste su cabeza.

—¿Entender qué? ¡Oye! No me ignores.

Mientras el albino seguía gritando, Kurapika te pidió que le mostraras tu habilidad, a lo que aceptaste gustosa, era tiempo de presumir un poco. Te acercaste a la pared y colocaste tus manos sobre ella. Sentiste el cosquilleo desde tu abdomen—lo que se te hizo raro, ya que siempre lo sentías desde tus manos, pasó por tus brazos extendiéndose hasta las puntas de tus dedos.

Entonces te hiciste rápidamente hacia atrás.

—Ciertamente es asombroso —susurró el rubio.

El Kurta no era el único sorprendido, tú estabas igual o más sorprendida que él. Nunca habías hecho un portal tan grande, en realidad, no pensabas que esa palabra era lo suficiente para describirlo: la pared completa se había sumergido en la oscuridad absoluta haciéndola desaparecer. El desconcierto que tenías siguió incluso después de que todo volviera a la normalidad.

—Eso fue…

—…increíble —Gon terminó la oración del albino—. ¡(T/N), eso fue genial! ¿Eh? ¿Qué sucede? —preguntó al ver que no te movías.

Estabas sin palabras.

—Yo… no lo entiendo. Nunca lo había hecho de esta forma, ¿por qué ahora?

—¿A qué te refieres?

—(T/N) siempre hacía portales del tamaño de su mano —explicó Killua a la pregunta de Kurapika—. Esta es la primera vez que vemos algo así.

—Ya veo.

—Esto solo puede significar una cosa —mencionaste en tono serio.

—¿Qué? —preguntó de igual forma Gon.

—¡Kurapikachu es el que me da suerte!

Los tres hombres se cayeron al estilo anime, como tú lo llamarías.

—No creo que yo…

—¡Kurapika! —Tomaste sus manos—. Dominaremos el mundo juntos.

—Uh… —rio con nerviosismo.


—Tú sí que eres la persona más rara que he conocido —decía Enyd.

Habías ido corriendo emocionada a presumirle lo que hiciste. Cuando quisiste hacer lo mismo no funcionó, sin embargo, cuando tocaste otra pared ocurrió de nuevo sorprendiendo a Blaut. Al parecer, dependiendo del objeto que tocabas era el tamaño del portal.

—No sé si decir si es algo especial o no —continuó diciendo—, pero definitivamente no es algo que haya visto. No he conocido a ningún transportista que no pueda controlar el tamaño de sus portales.

—Soy genial —sonreíste victoriosa.

—No creo que eso fuera un halago —murmuró Killua.

—Felicidades (T/N), ya no hay nada que deba enseñarte.

—Eso significa que ya estamos listos —gritó Gon.

—¡Osu! —respondiste—. Vamos a darle su merecido al maníaco ese.

—Buena suerte —Enyd se levantó y te tomó por los hombros—. De verdad espero que puedas volver a tu hogar. Y no hables de más, ¿entendido? Fue un gusto conocerte.

—¿Eh? —dijiste confundida—. ¿Por qué parece que te estás despidiendo? ¿No vendrás con nosotros?

—En lo absoluto —lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo—. Sabes que no me involucraré en esto.

Sabías las razones que tenía, no obstante, te sentías desconcertada al escucharla. En serio creíste que ella te ayudaría, después de todo no se llevaban tan mal.

—Pensé que después de resolver el asunto del papel protagónico, nosotras…

—En verdad lo lamento —dijo dándote una mirada apenada.

—Entiendo —contestaste intentando sonreír.

Enyd les dirigió unas palabras de despedida a Gon y a Killua y se marchó.

—Era obvio que no cooperaría con nosotros —dijo el albino después de que Enyd se fuera—. Maldición, ni siquiera sé por qué vino desde un principio.

—Sin ella no hubiéramos podido encontrar a (T/N) —mencionó Gon.

—Como sea, vamos —Killua se giró al ver que no lo seguías—. (T/N), en marcha. ¿No me digas que ya te deprimiste?

—Claro que no —respondiste a la defensiva, realmente te estabas deprimiendo—. Hay que idear un plan, vamos con Kurapika —Fuiste corriendo a buscarlo.

—Ahora sí quieres hacer un plan —el albino suspiró.


Estabas sentada frente a Kurapika, mirándolo detenidamente, tratando de hacerlo cambiar de opinión, tratando de convencerlo y de quitarte ese sentimiento de decepción en tu pecho.

—Aunque me mires de esa forma no aceptaré.

Frunciste levemente los labios intentando hacer una sonrisa.

—¿Por qué, Kurapika? —preguntó Gon con un puchero.

—Porque estás muy ocupado con tu trabajo, ¿no? —contestó con desdén Killua.

—Hay cosas que tengo que resolver. Además, no veo necesaria mi ayuda.

—Absolutamente.

—Killua —el pelinegro dijo en modo de reproche.

Te sentías molesta. Molesta, decepcionada… traicionada. Primero Enyd y ahora Kurapika.

—Espero que lo entiendas, (T/N) —dijo el rubio.

—Sí —murmuraste—. Entiendo perfectamente. Siempre lo hago, entender sus razones. Pero por más que lo pienso e intento ponerme en sus zapatos, no logro comprender por qué siempre eligen la peor opción.

—¿La peor opción? Recuperar los ojos de mi familia no es una simple opción, es un deber que tengo —dijo fríamente—. Es divertido estar contigo —cambió su tono a uno más suave—, sin embargo, no puedo tomarme las cosas como un juego.

—No me estoy tomando esto como un juego. Hay una cosa allá afuera que puede destruir todo y causar miles de muertes —reprochaste molesta—. ¿Y no quieres hacer nada para evitarlo?

Kurapika te miró con esos ojos tan penetrantes, notaste el ligero destello rojo alrededor de sus lentes de contacto.

—En estos momentos, ese no es mi problema.

Sentiste una punzada en tu pecho.

—Kurapika… —susurró Gon.

Te levantaste.

—Cierto, perdón por las molestias que te causé todo este tiempo.

«No lloraré.»

—(T/N)…

—Vámonos, Gon, Killua —Te dirigiste a la puerta sin mirar al Kurta—. Kurapika no tiene tiempo que perder jugando, está buscando fantasmas del pasado.

«No miraré atrás. No me arrepentiré de mis palabras.»

Saliste lo más rápido que pudiste, Killua salió detrás de ti y Gon se quedó parado en la puerta un momento mirando al rubio.

—Kurapika, todavía somos amigos, no lo olvides —Y con eso se marchó.


«¿Por qué? ¿Por qué?», pensabas una y otra vez mientras caminabas por las calles de la ciudad. Saliste de la mansión Nostrade sin siquiera despedirte de nadie, no pudiste evitarlo, estabas demasiado enojada, sentías un nudo en tu garganta. Si te hubieras quedado más tiempo habrías llorado. Odiabas eso de ti. No poder decir lo que querías por esas inexplicables ganas de llorar que te entraban. Tal vez por eso siempre terminadas huyendo de todo.

Te detuviste y volteaste atrás de ti, viste a Killua a unos pasos de ti y a Gon detrás de éste.

El albino lo sabía. Sabía que Kurapika te terminaría lastimando y, sin embargo, no sabía qué decirte.

—¿De qué sirve lo que estoy haciendo? —dirigiste tu vista nuevamente al frente—. Realmente dudo que Straid quiera devolverme a mi hogar, y no sé qué es lo que quiero en verdad.

—Si hay una oportunidad debemos tomarla —Gon se acercó situándose al lado del albino—. Resolveremos todo primero, regresarás a tu casa sana y salva y luego volverás aquí a seguir divirtiéndote con nosotros.

—También lo miraba como un juego —susurraste—. Todo esto. Pero escucharlo de Kurapika me molestó mucho. Me hizo pensar que mi actitud no es la adecuada en esta situación. Me hizo ver que no me comporto como alguien de mi edad. ¿Cómo debo actuar o reaccionar a lo que he estado viviendo? O en la misma vida. Siempre he ignorado las situaciones incómodas y me las tomo a la ligera, pero ¿es lo correcto?

Los remordimientos comenzaban a agolparse en ti. El haberle dicho esas palabras a Kurapika te hacía sentir mal. Todo parecía tan absurdo ahora.

—El que te preguntes eso es el primer paso para cambiar —empezó a decir Killua—. Toda mi vida lo único que conocí fue asesinar, pero llegó un punto en el que me pregunté si eso estaba bien, si era la única posibilidad en mi vida —Dio unos pasos al frente poniéndose a tu lado—. Cuando ves más allá de lo que conoces, es cuando haces algo diferente.

—Nosotros seremos esa diferencia para ti —Gon se puso al otro lado de ti—. Solo tienes que seguir siendo tú misma, sonriendo como siempre lo haces. Si estamos los tres juntos, no hay de qué preocuparse.

—Yo no pude haberlo dicho mejor —el albino sonrió de lado—. Entonces…

Los dos niños te golpearon en la espalda haciendo que dieras un paso al frente.

—… ¡en marcha! —dijeron ambos.

Miraste la espalda de ellos al caminar delante de ti. Un escalofrío te recorrió la espina dorsal.

«¿Cuándo crecieron tanto?»

Te encorvaste mientras sonreías.

—¿Qué pasa?

—Mi espalda…

—Lo siento.

—No medimos nuestra fuerza.


Leorio: ¡Iré a golpear a ese bastardo! Parece el villano de la historia.

Yo: *intentando detener a Liorio* ¡No puedes! Te meterán a la cárcel por maltrato a la mujer.

L: Tu comentario me tranquilizó.

Y: Bien, pensé que tendría que…

L: *sale corriendo* ¡Ese Kurapika es más bipolar que (T/N)!

Y: ¡LEORIO! *sale corriendo detrás de él*