—¿Qué esperas? —te apuraba Killua al ver que dudabas en entrar al portal.

Se encontraban en un callejón. Utilizaste un bote de basura del tamaño suficiente para pasar como base.

—Ve tú primero.

—¿Acaso te da miedo? —te lanzó una sonrisa burlona.

—Obvio… no.

—Yo iré primero —se ofreció Gon—. Les avisaré si el lugar está despejado.

—Espera —Lo detuviste, no querías quedar como una cobarde delante de ellos—. Iremos los tres.

Gon asintió y te tomó de la mano. Te sorprendió un poco.

—Para no perdernos —te sonrió—. Vamos, Killua, tú también.

El albino se quedó mirando tu mano libre con un tic en el ojo. Sería la segunda vez que la tomaría, sin embargo, esta vez lo ponía demasiado nervioso el hacerlo.

—No voy a morderte —dijiste bromeando, agarrando su mano.

—I-idiota —murmuró.

—Bien, a la cuenta de tres —empezó Gon—. Uno…

—Dos…

—¡Tres!

Tan pronto como se sumergieron en la oscuridad, ésta desapareció. Ya estaban del otro lado.

«Perfecto.»

Era el lugar que querías, la celda donde habías estado.

—¿Aquí es? —preguntó Gon observando el lugar.

—Sí —respondiste—. Feo, ¿verdad?

—Mmh-mmh —dijo rascándose la mejilla—. (T/N)…

—¿Qué?

—Ya puedes soltarnos las manos.

—¿Por qué? —dijiste haciéndote la desentendida.

—Porque están sudando como cerdo —contestó irritado Killua intentando soltarse—. ¿Sigues asustada?

—¡No estoy asustada! —Apretaste más el agarre y los acercaste más a ti—. Pero fue idea de Gon, él tiene que decir cuándo soltarme.

—Ya lo había dicho —murmuró el niño.

—No hay que bajar la guardia —dijiste ignorándolo—. ¿Y si llega el enemigo?

—Con más razón —dijo el albino torciéndote el brazo para que lo soltaras—. Solo nos estorbarás.

—Me rindo, me rindo —Lo soltaste a causa del dolor—. Salvaje.

—Disculpen —una voz los interrumpió—. ¿Podrían guardar silencio y quitarse de encima? Hay gente que quiere dormir.

—Oh, lo siento —dijiste quitándote de él—. Ya decía yo que el suelo era demasiado viejo.

—Los mocosos de hoy en día no tienen respeto. Straid te espera en el comedor, cierra la puerta cuando salgas.

—Okay, vamos niños —dijiste abriendo la puerta.

—Lamentamos interrumpir su siesta, señor —se disculpó Gon antes de salir.

—Por lo menos nos dijo dónde estaba el villano —Killua puso sus manos detrás de su cabeza saliendo tranquilamente.

Susurraste un «gracias» antes de salir y cerrar la puerta.

—¡Y con un demonio, Togashi, ¿qué hace aquí?! —Abriste de un golpe la puerta—. ¡¿Esperándome?!

—Ya te había dicho que este es el mejor lugar para dormir —contestó encogiéndose de hombros.

—¡Arruinó el factor sorpresa!

—¿Quién es? —preguntó Gon.

—¿Lo asesino?

—No, no, Killua —Lo detuviste antes de que lo matara—. Es Togashi, su creador. Gracias a él los conocí.

Gon se acercó a Yoshihiro y se sentó a su lado con una sonrisa.

—Gracias por dibujarnos una amiga tan genial como (T/N).

Togashi lo miró unos segundos y luego se volteó dándole la espalda.

—Eres más tonto de lo que pensé.

Gon se quedó en blanco.

—Concuerdo con eso —mencionó el Zoldyck—. Es nuestro enemigo, Gon. No tienes que agradecerle, idiota.

—Solo intentaba ser amable —contestó haciendo un puchero.

Una risa se escuchó en la habitación.

—Yo puedo resolver esa duda.

Miraste al dueño de esa voz infantil. Un niño de ojos púrpura de no más de diez años estaba recargado en el marco de la puerta.

—¿Cuál duda? —preguntaste dudosa inclinando ligeramente la cabeza a un lado—. ¿Se me pasó algo en la conversación?

—Se adelantó de nuevo —susurró Togashi.

—¿N-no me reconoces? —preguntó nervioso el niño, cambiando de tema al darse cuenta de la metedura de pata que hizo.

—No.

—¡Piénsalo un poco por lo menos!

—¿Quién es ese mocoso? —Killua se mostraba sin mucho interés.

—No sé, nunca lo había visto.

—Piensa niña, observa mi ropa, ¿no la recuerdas?

—No.

—¿Y m-mi rostro? Lo has visto en algún lado, ¿no?

—Mmmm… —Te acercaste a él y te agachaste quedando a su altura—. ¡Oh! No puede ser.

—¿Sorprendida? —el niño rio malvadamente.

—¡No puedo creer que Straid trajera a su hermano pequeño! No se lo perdonaré.

—¿Eh?

—¿Su hermano? —el albino se acercó—. Qué novato. Lo tomaremos como rehén para amenazarlo.

—No te preocupes pequeño —Pusiste una mano en el hombro del niño—. No te haremos nada, solo le daremos una lección a tu hermano mayor.

—S-sean amables conmigo, por favor —murmuró el niño agachando el rostro apenado.

—Estoy rodeado de idiotas —Togashi suspiró con molestia—. Pasemos al plan B —Tomó a Gon por el brazo y se lo llevó a través del portal que abrió en el suelo.

—¡Gon! —Killua al percatarse los siguió.

Intentaste seguirlos, pero una mano te lo impidió.

—¿Por qué no pasamos al evento principal?

—Para ser un niño tienes bastante fuerza —dijiste un tanto nerviosa al no poderte soltar de su agarre.

El niño solo rio.


Gon y Killua trataban de darle un golpe a Togashi, pero él solo desaparecía a través de sus portales. Lo peor del caso es que el lugar le favorecía; el sitio era un laberinto de puertas. Cada puerta que abrían, o eran mazmorras, o eran más puertas.

—No quiero pelear con ustedes —decía el mangaka, esquivando un golpe de Gon.

—Intentas mantenernos alejados de (T/N), ¿no es así? —mencionó el albino. Estaba molesto, Togashi era demasiado escurridizo.

Yoshihiro mantenía su distancia con Killua, lo conocía perfectamente y sabía que no podría escapar si lo atrapaba.

—¿Por qué simplemente no la dejan unirse a Straid? A todos les favorecería.

—Jamás estaré de acuerdo en algo que la haga sufrir, ella no quiere unirse a ustedes —dijo Gon recordando tu cuerpo tembloroso cuando te encontró.

—Creo que me malentiendes, yo no estoy a favor de Straid.

—¿Entonces por qué lo ayudas? —indagó el Zoldyck.

—No tengo que responder esa pregunta. Aunque… ¿recuerdan a su amigo Kite? Sin la intervención de Straid, en este momento él estaría muerto.

—¿Qué? —ambos Cazadores se mostraron sorprendidos.

—¿Esa mocosa no se los dijo? Pensé que le importaría más.

«Dijo que habría muchas muertes, pero no especificó quiénes»—pensó el albino.

—¿Eso qué tiene que ver con esto? —preguntó molesto Gon.

—El punto es que, si ustedes y esa niña lo pensaran más, llegarían a la conclusión de que no es tan malo el que se una a él. ¿Quién es el verdadero villano entonces?

Killua se quedó un momento reflexionando.

«Si lo que dice es verdad, tal vez… No, no podemos confiar en él. Sin embargo, tampoco puedo ignorar sus palabras. Si se suponía que Kite moriría, entonces Gon… ¿qué hubiera sucedido con él? ¿Quiénes más habrían muerto?»

—Eso no importa —La voz de Gon interrumpió los pensamientos del albino—. (T/N), ella… yo confío en ella. Hace lo mejor que puede a su manera. ¿No son peores ustedes que la obligan a hacer lo que quieren? —terminó subiendo la voz.

—Gon… —susurró con sorpresa.

—No me pagan lo suficiente para esto —Togashi suspiró—. Estamos en las mazmorras subterráneas, si encuentran la puerta que los conduce a la superficie podrán salir de aquí —Antes de adentrarse a su portal agregó—: Esa mocosa no pertenece aquí, lo mejor es que regrese a su dimensión. Aunque ya es tarde para decir esto, se los diré: No se encariñen con ella, les puede traer muchos problemas —dicho esto desapareció.

Gon comenzó a temblar de rabia, acumulando nen en su puño.

—¡Espera, Gon! —Killua lo detuvo rápido antes de que hiciera una locura—. Estamos bajo tierra, si destruyes las paredes este lugar podría colapsar.

—Pero… estoy muy molesto con ese sujeto. ¿Quién se cree? Hablando de lo que es mejor para (T/N) como si la conociera.

—Comprendo, pero hay que ir con ella primero —dijo tratando de tranquilizarlo.

El pelinegro inhaló bruscamente y estrelló su frente contra la pared.

—¿Qué demo…?

—Bien, en marcha —exhaló intentando calmarse y empezó a correr entre los pasillos.

—¡Gon, te sale sangre de la cabeza! —gritó el albino tratando de alcanzarlo. Su amigo siempre lograba sorprenderlo, para bien o para mal.


Buscabas a Gon y a Killua abriendo todas las puertas que podías, sin preocuparte encontrarte con Straid. Odiabas ese lugar y sus pasillos tan enredosos.

—Sé que dijimos que te secuestraríamos, niño, pero no tienes que seguirme. Por el momento tengo que encontrar a mis amigos.

—Tú y yo tenemos asuntos más importantes que atender —contestó con enfado—. ¿Qué no sabes quién soy?

—En realidad no —Te giraste para quedar de frente a él—. No me has dicho tu nombre.

—Soy Straid.

—Admiras mucho a tu hermano, pero no quieras ser él, es grotesco.

—¡Mírame bien! Soy el verdadero.

Te agachaste para mirarlo detenidamente.

—Es imposible, tú eres adorable —Le pellizcaste los cachetes con demasiada fuerza.

—Por supuesto que lo soy, tomé esta apariencia porque sabía que querrías golpearme —sonrió sacando la lengua y guiñando un ojo.

Le estrellaste tu puño en su cara.

—¡¿Por qué me golpeas?! ¡Soy adorable! —Se cubría la cara por el dolor.

—Lo siento —dijiste afligida—. Esa expresión fue asquerosa y me recordaste a él por un momento.

—Eso es porque yo soy él.

—Lo que sea —le restaste importancia y continuaste caminando.

—No aceptaré tus disculpas.

—Lo siento —dijiste monótonamente.

—No lo parece.

Así continuaron varios minutos más, el niño tratando de convencerte de que él era Straid y explicando cada chiste malo que hacía mientras tú lo ignorabas olímpicamente intentando ganar tiempo. Necesitabas encontrar a Gon y a Killua rápido.

—Oye —Te sujetó nuevamente del brazo—. No te estarás haciendo la tonta, ¿o sí?

—Eso me lo dicen seguido.

Sonrió con sorna.

—Me gusta esa expresión. Intentas parecer indiferente, pero en realidad estás temblando de miedo. ¿Te asusta estar sola? ¿Te aterra que no haya nadie a tu lado?

—Usted está aquí.

El niño extendió más su sonrisa.

«Maldición.»

Tu tendencia a llamar de usted a los adultos te delató.

—Tu jueguito de «ganar más tiempo» terminó.

—No le tengo miedo.

«Vamos Gon, es el momento en que el héroe aparece.»

—Deberías.

—Solo eres un niño ahora, ¿qué puede hacer?

—Querida, tú también eres una niña.

—¿Qué?

Te sentiste rara. De pronto tu cuerpo se volvió débil y no pudiste mantenerte en pie. Todo comenzó a darte vueltas, tu cuerpo se sentía ligero, tratabas de no perder la conciencia. El mareo era demasiado y no tuviste otra opción que cerrar fuertemente los ojos esperando que terminara pronto.

No supiste cuanto tiempo pasó hasta que el mareo se detuvo abruptamente. Levantaste la cabeza un poco para ver si te encontrabas donde mismo, en efecto, estabas en el mismo lugar, y el pequeño Straid te miraba con ojos inocentes como si nada malo hubiera pasado. Al levantarte notaste que tu ropa te quedaba grande; la sujetaste para que no callera. ¿Qué demonios estaba pasando? Lo que más te impactó es que ahora eras, prácticamente, de la misma altura que el niño.

—Manejo el tiempo a mi antojo. Así como puedo manipular mi metabolismo para verme más joven, puedo hacerlo contigo, y con cualquiera —Te tocó la frente con la punta de su dedo haciéndote tambalear—. Sígueme, es hora de jugar —Te arrastró hasta una habitación que reconociste, donde habías cenado con él la primera vez, donde estaba la Hormiga Reina; aunque esta vez, el cuarto se miraba muchísimo más grande.

—¿Qué me hiciste? —Tu voz sonaba diferente, no se parecía a la tuya. Estabas aturdida y sentías como si fueras otra persona.

—¿No escuchaste mi explicación? Da igual —Te acercó hacia la pared donde se encontraba la Hormiga. Retrocediste rápidamente al ver que se movió—. Tranquila, está atada, no te hará daño. Ahora —puso una daga en tu mano, que parecía más una espada corta por el tamaño que tenías actualmente—, jugaremos. Solo tienes que tomar la decisión correcta, si lo haces, te devolveré a tu forma adulta.

Miraste la daga y a la Reina que se movía desesperadamente al sentir el peligro. Era evidente lo que tenías que hacer. Straid se sentó encima de la mesa para observar el espectáculo.

—Puedes subirte a una silla si no la alcanzas —se burló.

—¿C-cuál es la decisión correcta? —dijiste sin apartar tu vista de aquella criatura.

—Eso lo tienes que averiguar, no sería divertido si te lo dijera.

Acercaste una silla y te subiste en ella. Aun así, la hormiga seguía viéndose enorme. Tus manos sujetaban con fuerza la daga. Era fácil, solo tenías que atravesarla con eso y toda tu preocupación desaparecería, todos estarían a salvo y tú volverías a la normalidad. Pero... ¿por qué? ¿Por qué empezabas a dudar?

—No es tan sencillo como creíste —la voz cantarina de Straid llegó hasta tus oídos—. Asesinar a un ser vivo que lleva una nueva vida dentro. ¿Pensaste que alguien más haría el trabajo sucio por ti? Qué ingenua.

—Es un monstruo —dijiste con voz temblorosa.

—Una madre intentando proteger a su hijo y darle lo mejor, sí, realmente es monstruoso —dijo con ironía—. ¿Qué diferencia hay entre tú y ella? Las dos intentan proteger a su raza.

—Esta cosa no es humana.

—Pero ella está indefensa, en cambio tú… Tú tienes las armas para eliminarla. ¿Quién es la inhumana aquí?

—Y-yo n-no…

—Los seres humanos no destruyen las especies que creen inferiores a ellos, al contrario, las doblegan. Pero lo que es diferente, lo que temen, eso es lo que destruyen. Tú eres igual de asquerosa que esos humanos.

—No lo soy —susurraste.

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.

.

—¡(T/N)! —Escuchaste la voz de Gon. Segundos después entró en la habitación donde te encontrabas—. (T/N), ¿estás bien? —dijo preocupado acercándose a ti.

Estabas de rodillas en el suelo sujetando la daga que Straid te dio.

Habías tomado la decisión correcta.

Habías vuelto a la normalidad.

Todo estaba bien.

Killua observó la habitación buscando algo fuera de lugar, pero todo se miraba normal. No obstante, un extraño sentimiento lo invadió.

—¿(T/N)?

Seguías sin contestar.

Habías tomado la decisión correcta. ¿Por qué te sentías así?

Sí. Lo habías hecho.

Tomaste la decisión correcta… a favor de Straid.