Wavywavi: No lo había visto de ese modo pero creo que tienes razón xD Me gusta hacer sufrir a los personajes 7w7 así que el drama puede estar a la vuelta de la esquina muajajaja(?) Respecto a Straid, sí, fue un personaje creado para ser odiado xd (aunque por alguna razón me caiga bien) Todos aman el tsunderismo (no sé si esa palabra exista) de Killua 3 Pero en lo personal Gon se me hace la cosita más tierna *^*
Disfruten la lectura n,n
Gon… hazme desaparecer.
Esas fueron las palabras que dijiste recargada en su hombro. Te sentías tan patética y culpable.
Gon no las comprendió hasta que regresaron a la ciudad. No tenían a nadie a quien recurrir; Kurapika no era una opción por el momento, y dudaba que quisieras ver a Leorio.
…hazme desaparecer.
Lo entendió.
No querías ver a nadie. Deseabas alejarte de todo. Así que no tuvo mejor idea que llevarte a su casa, en Isla Ballena.
No habías dicho nada más después, ni una palabra, ni una broma; ninguna mirada, ninguna sonrisa. Eras como una hoja que solo se movía con el viento.
¿Y cómo podrías hacerlo? Todo fue tu culpa, después de todo, tomaste la peor decisión del mundo. No te atrevías siquiera a verlos, la vergüenza era demasiada, el remordimiento insoportable y, lo que más te quemaba por dentro, era que te habías dejado manipular tan fácilmente.
Mito los había recibido con gran felicidad y calidez, reprochándole a Gon el no haber avisado que traería más amigos. Fue algo incómodo el responder las preguntas que hizo, ya que no le dijeron toda la verdad. Por tu lado, te sentías la peor persona del mundo.
La mujer no indagó más al notar el ambiente apagado entre ustedes tres.
—Deben estar cansados —dijo compasiva—. Gon, prepara el baño para tu amiga. Después, ustedes dos —dijo refiriéndose a él y a su amigo albino— se asean y se van a la cama, ¿entendido?
—Sí.
—Te prestaré algo de ropa para que duermas cómoda.
Murmuraste un «gracias» antes de subir.
Después de darte un baño, Mito te dijo que dormirías en un cuarto diferente al de los niños, a lo que Gon replicó diciendo que ustedes ya habían dormido juntos muchas veces.
—Mientras vivas en esta casa seguirás las reglas jovencito.
Y con eso quedó anclado el asunto. Le agradeciste internamente, ya que en este momento preferías estar sola. No tenías el valor para hablar con ellos de frente.
A la mañana siguiente ayudaste a Mito con las tareas de la casa, lo que te mantuvo ocupada y fue un buen pretexto para no hablar con Gon y Killua.
Éste último estaba enojado. Quería golpearte, golpearte en ese feo rostro tuyo y quitarte esa expresión de desolación que tenías. Odiaba la forma en que siempre evitabas las cosas. Por otro lado, Gon no entendía por qué te era tan difícil hablar con ellos, si ya lo habían hecho antes. ¿Por qué ahora estabas tan reticente? Estaba más que claro que las cosas no resultaron como planearon, sin embargo, le angustiaba más el daño emocional que te pudieron haber hecho.
—Me alegra que estés cuidando de ellos —Mito te habló mientras la ayudabas a preparar la cena—. Los hombres son algo temerarios, necesitan a alguien responsable para que mantengan los pies en la tierra. Ahora puedo estar más tranquila —lanzó un suspiro— sabiendo que Gon tiene tan buenos amigos.
«No diga eso. No soy tan buena amiga como cree.»
—Es por eso —te puso una mano en la espalda—, que como amigos deben apoyarse mutuamente y dejarse ayudar.
Intuición femenina o intuición maternal, cualquiera de las dos, estaba en lo correcto. La miraste y asentiste, el nudo que se formó en tu garganta impidió que dijeras algo. ¿Estabas cometiendo otro error? Probablemente. Evadir los problemas era algo que querías cambiar, y justamente lo estabas haciendo.
—¡Mito-san! Esta noche dormiremos fuera —Después de cenar, Gon te arrastró hacia la puerta sin darte oportunidad de protestar. Killua salió detrás de ustedes con las cosas para acampar.
—¿Qué? —gritó Mito desde la cocina— ¡Gon, es peligroso que..! —Pero ya era tarde, el duendecillo ya había escapado—. Este niño sigue siendo igual de testarudo.
—No seas tan dura con los jóvenes.
—¡Abuela! No lo consientas —La pelirroja suspiró resignada—. Espero que las cosas salgan bien —susurró.
Los tres se encontraban en silencio mirando las llamas ondulantes de la fogata. Sabías que te estaban dando tiempo para que empezaras, así que decidiste romper el silencio.
—Straid ganó —dijiste con voz apagada—. Fui una estúpida al dejarme engañar, y él supo controlar la situación. Ahora todo está perdido, todo es mi culpa —Cerraste con fuerza tus ojos y apretaste tus manos—. Jamás debí venir aquí. Solo empeoro las cosas, todo lo hago mal.
— (T/N) —Gon habló—. Mira hacia arriba.
Abriste lentamente los ojos confundida y levantaste la cabeza. Allí estaban, millones de estrellas en el firmamento.
En Isla Ballena siempre hay noches como esta…
Recordaste las palabras que Gon te dijo cuando estaban en Kakin.
…podemos ir para que lo compruebes.
Sublime. Gon nunca mentía.
— (T/N), ¿qué sientes cuando ves el cielo?
—Siempre lo observas —dijo Killua—. Desde que te conocimos. Cuando estábamos con Kite, después de que tuvieras una pesadilla, siempre levantabas la vista hacia el cielo.
—¿Por qué lo miras?
—A mí me encanta observar el cielo —Tu voz empezaba a temblar—. Porque… cada vez que lo hago, todo se vuelve más pequeño —decías sin apartar la vista—. Las personas, mis problemas… Me hace saber que siempre hay algo más… algo más en este mundo —Las lágrimas se deslizaban silenciosas por tu rostro—. Me hace tener esperanza.
—¿Y por qué lo dejaste de hacer?
—Y-yo… Estoy enojada conmigo, por ser una inútil y no poderlos ayudar como quisiera.
—¡No eres una inútil! Y no vuelvas a decir que fue un error el haber venido aquí —continuó Gon con tono firme—. Porque yo no pienso que lo sea.
—Gon… —Sentiste un golpe en tu cara. Killua estrelló sus dos manos en tu rostro apretándolo—. Auch.
—Si te quejas por algo como esto entiendo por qué te deprimes tan rápido.
—Me duele —dijiste frunciendo el ceño.
Killua estiraba tus cachetes provocando que hicieras muecas.
—Estas expresiones van más contigo.
—K-Killua, creo que la lastimas.
—¿Y? A ella le gusta sufrir. Le daré un buen motivo para que llore —sonrió con sorna.
—Perdón, Killua —dijiste tomando sus manos con delicadeza—. Siempre dices que confíe en ustedes y aun así yo… siempre termino fallándote. ¿Me perdonas por ser una cobarde?
El albino sintió su corazón palpitar con fuerza. Era una expresión que nunca te había visto hacer. Y era un sentimiento diferente a los que había tenido anteriormente contigo; mucho más cálido, reconfortante y delicado.
—S-si lo pones de esa manera —agachó la mirada intentando ocultar su sonrojo—, no tengo más remedio que aceptar tus disculpas.
Te inclinaste hacia él y besaste su frente.
—Gracias —susurraste juntando tu frente con la suya.
—¿Ehhh? —se quejó Gon—. Yo también quiero un beso.
—A ti te daré muchos —dijiste acercándote a él y besándolo en las mejillas—, por ser tan tierno.
—Hay que hacer una promesa —dijo Gon entre risas.
—¿Cuál?
—Desde hoy confiaremos ciegamente entre nosotros —decía mientras tomaba tu dedo meñique con el tuyo—, y hay que prometer que siempre, siempre estaremos juntos.
—Gon, es imposible que nos mantengamos siempre juntos. Habrá un momento en el que…
—Nos hiciste prometer a Killua y a mí que nos mantuviésemos juntos pase lo que pase, tú también tienes que prometerlo.
—Yo no creo que pueda.
—¡Promételo!
No querías mentirle, sabías que llegaría un momento en que tendrías que separarte de ellos; no obstante, su mirada tan insistente no te dejaría contradecirlo.
—Lo prometo —suspiraste con resignación—. Killua, también tienes que prometerlo por la garrita —dijiste moviendo el meñique de tu mano libre. Sin embargo, el albino no se movió.
—¿Killua? —preguntó el pelinegro preocupado—. ¿Tienes fiebre?
No contestó a ninguna pregunta que le hicieron.
El Zoldyck quedó completamente en K. O.
—¿Cuándo regresarán? —decía Mito despidiéndolos con tristeza, solo duraron unos pocos días allí. Suponías que era difícil para ella no ver a Gon.
—Pronto… creo —dijo el Freecss rascándose la nuca.
—No hagas nada peligroso.
—No lo haré vcontestó con una sonrisa.
—No se preocupe —dijiste—. Yo lo cuidaré.
—Ya estuvo que no vuelve vivo —murmuró Killua.
—¡¿Qué?! —exclamó Mito con espanto.
—¡Killua! —Le diste un codazo.
—¿Qué? Es la verdad, nosotros somos los que tenemos que cuidar de ti.
—Solo bromea —dijo rápido Gon—. Le gustan mucho ese tipo de bromas.
—Creció en un ambiente algo agresivo.
—No estoy bromean… —Lo golpeaste en la cabeza antes de que continuara—. Era una broma —corrigió conteniendo las ganas de devolverte el golpe.
—Bien —dijo Mito no muy convencida.
—Adiós, Mito-san —Gon la abrazó.
—Gracias por todo señora Mito, abuela —Te despediste de las mujeres.
Killua se despidió con un ademán y emprendieron su camino.
—Gon ha crecido mucho —dijo la anciana tratando de tranquilizar a Mito mientras los miraban alejarse, conocía lo sobreprotectora que era en ocasiones—. Cada vez se parece más a su padre.
—Eso es lo que me preocupa —respondió la pelirroja con nostalgia. Temía que Gon, a quien había criado como su hijo fuera a desaparecer un día como lo hizo Ging. Al mirarte a lo lejos se dio cuenta de algo—. ¿Me llamó señora? No soy tan vieja, ¿o sí?
—Los jóvenes de hoy en día —rio la anciana.
—Sigo siendo joven, ¿verdad? ¡¿Verdad?!
