—¡¿Por qué demonios no han contestado mis llamadas ni respondido mis mensajes?! —Alejaste tu oído del celular ante la estrepitosa voz de Leorio—. ¡¿Y bien?! ¡¿No vas a responder?! ¡¿Sabes lo preocupado que he estado?! ¡Casi tomaba un vuelo para ir a buscarlos hasta que me di cuenta que no tenía idea de dónde se encontraban!
—No grites, por el amor de Dios —contestaste—. Te escucho perfectamente, no tienes que ser tan escandaloso.
—La última llamada que me hizo Gon fue hace meses. ¡Meses! —gritó con reproche, haciéndote suspirar con cansancio—. Después de eso, nada. Y tratar con Kurapika es peor, ese tipo nunca se encuentra disponible. ¿Para qué demonios quieren teléfonos celulares si no los usarán?
—Lo siento, Leorio. La verdad, han pasado muchas cosas. —Miraste hacia los lados para comprobar que no hubiera nadie alrededor—. ¿Tienes tiempo?
.
.
.
—¿Así que ahora tienes súper poderes? Eso no me lo esperaba.
—Ni yo —reíste—. Me alegra ya no estar a tu nivel.
—¡Oye! —refunfuñó molesto—. Para tu información estoy en un nivel inalcanzable para ti. Mis habilidades son mejores que las tuyas; morirías de envidia si te las mostrara.
—Ya las conozco y no hay nada que envidiar.
—Tú… —Se quedó en silencio por unos instantes recordando con quién estaba hablando—. Eso no es justo. Lo sabías desde el principio, ¿verdad?
—Sip.
—Eso no le quita lo genial a mi habilidad.
—La mía sigue siendo mejor.
—No llegaremos a ningún lado con esta conversación —suspiró—. Cambiando de tema, ¿dónde están Gon y Killua?
—Hablando con el presidente Netero —respondiste—. De hecho, cuando marcaste, acababa de terminar de contarle sobre las Hormigas Quimera que, al parecer, alguien ya le había informado, aunque sin mucho detalle. Tu llamada interrumpió algo importante.
—Entonces no debiste haber contestado, le marqué a Gon, no a ti.
—Quise hacerlo porque soy buena persona.
—Sí, eres como un ángel.
—Noto tu sarcasmo desde aquí, jirafa.
—Es la verdad, nunca has sido linda conmigo.
—Si ya sabes cómo soy, deja de lloriquear. Por cierto, ¿puedes creer que el viejo ese ya sabía sobre los transportistas y magos?
—¿El Presidente?
—Sí. Aunque no me sorprende, es tan viejo que los debió haber conocido cuando eran llamados todavía Guardianes —Bajaste paulatinamente el tono de tu risa.
—¿Y bien? —dijo después de un momento de silencio—. ¿Qué pasa?
—Nada —contestaste en voz baja. Esperabas que Leorio hablara y diera por terminada la conversación, pero no lo hizo; se quedó callado, esperando que te sintieras cómoda para hablar—. Bueno, en realidad… quería hablar contigo. Me puse feliz cuando Gon dijo que eras el que llamaba, por eso le pedí que me dejara contestar —Agradecías que nadie pudiera verte en este instante, con el rostro sonrojado y los ojos llorosos—. No sé qué va a pasar ahora. No sé qué hacer. Yo —mordiste tu labio para que no se quebrara tu voz—… quiero irme. Quiero huir aun sabiendo que yo provoqué esto. ¿Es normal ser tan cobarde, Leorio? ¿Te enojarías si me fuera? ¿Si desapareciera y dejara todo?
—No me enojaría si me lo dijeses, me molestaría si te fueras sin decir nada.
—Quisiera ser como tú.
—¿Alta?
Colgaste.
El celular sonó nuevamente.
—No te metas con mi altura —dijiste después de contestar.
—Solo estaba bromeando.
—Por fin iba a decirte algo lindo y lo arruinaste.
—¡Solo era una broma! Vamos, dilo.
—No, ya no. Mataste el ambiente —Sonreíste levemente mientras Leorio se quejaba y trataba de convencerte que se lo dijeras—. Quisiera ser alguien que nunca huyera de los problemas —susurraste.
El silencio volvió a estar entre ustedes dos, esperando a que alguien lo rompiera.
—¿Sabes? —se escuchó del otro lado de la línea—. Has cambiado. Ahora eres más honesta. Y puedo decirte, que nadie te juzgará si decides irte.
Leorio se quedó mirando su teléfono después de colgar, meditando sobre la situación. Sus intenciones no eran hacer que te fueras. Sin embargo, pensó que, si te decía que no debías irte, lo harías sólo por llevarle la contraria. Así de rebelde eras, a su punto de vista. Prefirió darte un consejo ambiguo para que la decisión que tomaras saliera desde el fondo de tu corazón y no tuvieras arrepentimientos después.
Se estiró en la silla donde estaba sentado, desentumiendo su cuerpo. Era hora de poner manos a la obra, no pensaba quedarse de brazos cruzados esta vez.
—¡Debemos ir, Presidente!
Escuchaste exclamar a Gon cuando regresaste a la habitación. El pequeño miraba a Netero con el ceño fruncido mientras éste lo miraba pasivamente, como un abuelo que no cumpliría los caprichos de su nieto. Killua, por el contrario, estaba absorto observando el suelo, pensando en cientos de cosas a la vez.
—¿Por qué? —interrogó el anciano.
—Porque… Kite… podría morir si no lo ayudamos.
—¿Es eso cierto? —El Presidente volteó a verte. No lograste identificar si su mirada era de duda o reproche.
—Yo… no recuerdo haber mencionado eso —dijiste un poco contrariada, tratando de recordar si sí lo habías dicho o no.
El líder de la organización de Cazadores se rascó nervioso la mejilla pensando en qué hacer. La mirada de Gon era demasiado intensa, no aceptaría un no por respuesta. Al final suspiró.
—Cuando pregunté «por qué», me refería al por qué debería dejarte ir, no por tus razones de querer acompañarnos —Gon no supo contestar a eso—. No puedo dejarlos venir, así como así. No quiero muertes en vano, solo los más fuertes vendrán.
—¡Pero…!
—Si tan fuerte es tu convicción, muéstrame de lo que eres capaz —dijo lanzando dos fichas al aire.
—Así que Kite fue a NGL a investigar y perdió contacto con su equipo —dijiste.
—Sí, al parecer recibieron un trabajo de investigación de una nueva especie —respondió Killua—, lo que los llevó a NGL. Pero, después de comprobar la situación, Kite se adentró más al país.
—Y como allí no permiten ningún artefacto tecnológico, no hay forma de comprobar su estado.
—Exacto. Kite les dio la orden de que, si no regresaba en cierto tiempo, informaran a la Asociación.
—«Todo estaba bien sin ellos en escena, Kite y su equipo de entrometidos» —pensaste molesta y preocupada. Lo único que te consolaba era que, aparentemente, Kite fue más cuidadoso esta vez. No era necesario pensar que él estaba…
—(T/N) —Escuchaste a Gon llamarte—. ¿Es verdad que… que Kite…?
—El sujeto de las mazmorras nos lo dijo —mencionó Killua, resolviendo tu duda.
—«Ese estúpido de Togashi» —Le sonreíste a Gon compasiva, no era como si hubieras querido ocultarlo a propósito, solo no viste la necesidad de hacerlo—. Es cierto. Pero, oye —trataste de mostrarte alegre—, no dejaré que eso pase esta vez, ¿de acuerdo?
Gon asintió devolviéndote la sonrisa, sin embargo, en comparación con las genuinas sonrisas que siempre daba, ésta la sentiste forzada. Era claro que la preocupación del niño no desaparecería tan pronto.
—¡Bien! —Se golpeó la cara con las palmas de sus manos, disipando todo signo de angustia—. ¡Hacia NGL!
…O tal vez lo habías pensado demasiado.
Después de todo, Gon siempre sería Gon.
—Ahora que lo pienso —preguntó confuso—. ¿Para qué son estas fichas?
Negaste con la cabeza.
«Sí. Definitivamente Gon siempre será Gon.»
Leorio: ¡Al fiiiiiiiiin! ¡Por fin salíiiiiiiiii! Aunque esperaba más protagonismo, pero bueno.
Yo: No te quejes o jamás volverás a salir ¬¬
L: Me callo ._.
Machi: ¿Por qué personajes secundarios aparecen y nosotros no?
Shizuku: Somos más importantes que cualquiera de ellos.
L: ¡Cállense! Las Arañas deben regresar a su cueva.
Y: El insecticida no funcionó -_-'
Uvogin: HAHAHAHAHA solo es cuestión de tiempo para que salgamos.
Shalnark: *asintiendo* Después de todo somos los villanos principales de toda la serie.
Y: Solo lo fueron en un arco -_- Que no se te suba a la cabeza.
L: Esperen un momento, ¿ese sujeto no estaba muerto?
U: :)
Y: ...
Shi: ...
M: ...
Shal: 0_0
