—¡¿Qué?! —Tu grito se escuchó por toda la ciudad—. ¿Cómo que yo no podré ir?
—Era demasiado obvio —contestó Killua—. No tienes ninguna habilidad en combate.
—¡Eso no es justo! —replicaste molesta—. Gon, dile algo.
—Él tiene razón esta vez, (T/N) —dijo con seriedad—. No te pondremos en peligro.
—¡Pero…! —Apretaste tus puños. Después de todo lo que Gon te dijo sobre la promesa de que confiarían entre ustedes ciegamente, ahora ¿simplemente te relegaban? Se suponía que eran un equipo.
—He estado pensando en esto —Killua rompió el silencio incómodo que se formó—. Ya no es necesario que continúes aquí.
—¿Qué? —Gon fue quien replicó—. ¿Qué quieres decir con eso Killua? No puedes decirlo en serio.
—Piénsalo Gon, ella ya es capaz de regresar a su hogar —Lo miró con seriedad—. Ese era nuestro propósito desde el principio. Además, ella no puede hacer nada más.
Sus palabras te impresionaron tanto que no pudiste decir nada. Killua había visto través de ti; miró la ansiedad que sentías y quiso dejarte el camino libre para que te fueras sin sentir remordimiento. Es lo que querías después de todo, ¿no?
«No.»
—No quieras decidir por ella, Killua.
—Tú tampoco, Gon.
«No has visto a través de mí completamente.»
—¡Sé que ella no quiere irse!
—¡¿Cómo puedes estar tan seguro?!
«De ser así, no hubieras dicho eso.»
—¡Ustedes dos, silencio! —gritó Bisky interrumpiendo su discusión—. No tomen decisiones que no les corresponden. «Y todo esto empezó porque les dije que enfrentaran a Knuckle» —suspiró—. Como les dije, no hay muchas probabilidades que ganen este primer encuentro, así que no se apresuren a las cosas.
Los dos niños se miraron entre sí molestos.
—Disculpen —la voz de Palm temblaba un poco, captando la atención de todos—, no quiero sonar impaciente, pero… ¿no deberíamos estar haciendo alguna estrategia? No es que no confíe en sus métodos, para nada; es solo que… si hacen que no logre ir a NGL con mi maestro, entonces yo… no sé qué les podría suceder. Tal vez no sea capaz de controlarme…
—¡No fallaremos! —contestó Gon con determinación, ignorando la clara amenaza de la mujer.
—No te preocupes, ellos son de confianza —añadió la rubia—. «Si fallamos, tendremos que correr por nuestras vidas» —pensó con una gotita en la frente—. Hora de irse—Dio una palmada en el aire.
—¡Osu! —respondieron los Cazadores.
Te mantuviste callada mientras los niños pasaban por tu lado, dándote una mirada fugaz para comprobar tu estado. Antes de que cruzaran la puerta te giraste hacia ellos.
—Gon —sonreíste de la mejor manera posible—, buena suerte.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de ambos.
—«Definitivamente está enojada» —pensaron mientras se marchaban.
Knuckle se despedía amigablemente de ustedes. No te sorprendió que Gon y Killua lo hubieran traído inconsciente la noche anterior, ya lo sabías. Tuviste que vigilar a Palm para que no asesinara al hombre mientras dormía.
Observaste con ternura al pequeño cachorro que seguía al tipo con fachada de gánster. Una escena algo rara y tierna a tus ojos, aunque Knuckle no era un criminal, sino un completo llorón. Sentiste una mirada penetrante detrás de ti, no era necesario voltearse para saber de quién se trataba.
—¿Hasta cuándo piensas seguir con esto? —preguntó molesto.
—Gon, es hora de continuar el entrenamiento —Ignoraste olímpicamente al albino—. También te contaré las habilidades de Knuckle para que tengas ventaja.
—No es necesario —mencionó el pelinegro—. Quiero descubrir su fuerza por mí mismo. No conoceremos las habilidades de nuestros enemigos en NGL, así que debo acostumbrarme a eso.
—Yo sí quiero saber —intervino Killua en un intento para participar en la conversación. Sin embargo, no le hiciste caso, nuevamente.
—Mi pequeño —suspiraste negando con la cabeza—, para eso estoy aquí. Yo, que todo lo sé.
—Tienes razón —contestó Gon con una sonrisa.
El Zoldyck fruncía el ceño al verse ignorado. ¿Qué demonios te creías? Desde la mañana no le habías dirigido la palabra para nada. Absolutamente nada, ni siquiera lo mirabas, no tomabas en cuenta sus palabras y actuabas como si fuera un fantasma.
—¡Bien! ¡Haz lo que quieras! Si continuarás con esa actitud infantil, excelente —exclamó mirándote retadoramente, esperando algún cambio en ti. Al no verlo continuó—: Ni que me importara hablar contigo, tonta —Hizo una mueca sacándote la lengua—. Idiota, idiota, idiota —Y se fue a seguir con su entrenamiento dando fuertes zancadas, murmurando un último «idiota» antes de desaparecer tras la puerta.
—Y la de actitud infantil soy yo —murmuraste con sarcasmo.
—(T/N) —Gon captó tu atención—, entiendo por qué Killua dijo eso.
—¿Porque es infantil?
—Me refiero a lo de ayer, lol.
—¿League of Legends*?
—Lol
—LoL.
—Ya, hablando en serio, lo entiendo…
—¿Tú? —preguntaste con asombro, provocando un reclamo por parte del niño y una sonrisa por parte tuya—. Solo bromeo.
—Le pregunté mientras nos dirigíamos a luchar —rio rascándose la nuca.
—Me esperaba algo así.
—Lo que trato de decir —dijo rápidamente—, es que él no quería decirlo de esa manera. Tampoco escogió las mejores palabras —murmuró.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—Se-cre-to —Te guiñó un ojo—. Si quieres saber tendrás que preguntarle.
—A veces me pregunto si verdaderamente estás de mi lado.
—No estoy del lado de nadie. Después de todo, los dos son mis amigos.
«Touché.»
Estabas en tu habitación practicando el manejo de tus portales. Desde que Killua había dicho que no era necesario que te quedaras, comenzaste a entrenar por tu cuenta. Te dolía admitirlo, pero él tenía razón. No eras de mucha ayuda en un combate real. Si lucharían contra las hormigas quimera, sabías que no tendrías oportunidad; además, ellos no podrían protegerte siempre. Intentaste patear el mueble frente de ti, sin embargo, fallaste el golpe, y la fuerza que usaste se volvió en tu contra haciéndote caer. Suspiraste con fastidio.
«¿Por qué todo me sale mal?»
Ahora que hacías memoria sobre el tiempo que llevabas en esta dimensión, te diste cuenta de que no habías hecho nada. Desde que despertaste en aquel hospital, Leorio te ayudó; después fue Kurapika, y ahora eran Gon y Killua. Tú no hiciste nada para ayudarlos. La amenaza de las Hormigas Quimera fue suprimida por Straid desde el principio, no obstante, fuiste tú quien trajo nuevamente esa situación. Querías ayudar. Pero no podías. Querías quedarte. Pero quizá no era lo más conveniente.
«Quiero ayudar.»
Deseabas que ellos vieran eso y no solo tu miedo de querer huir. Por eso te enojaste con Killua.
Gon quería protegerte, pero no quería que te fueras y Killua… no estabas segura. Tal vez, lo mejor era seguir el consejo de Gon y preguntarle. Llevabas días aplicándole la ley del hielo, así que no sabías como entablar una conversación nuevamente con él sin que te golpeara o, si tenías suerte, que te dejara hablando sola.
Miraste que ya pasaba de media noche, lo más probable es que ya hubieran regresado de sus tantos enfrentamientos con Knuckle. Antes de levantarte escuchaste unas voces. Como no alcanzaste a distinguirlas, abriste un poco tu puerta para ver.
—¿Y bien? —Miraste a Killua entrar a la pequeña sala, seguido de Bisky—. ¿De qué querías hablar?
La rubia miró con seriedad a su estudiante.
—Dijiste que no era necesario que (T/N) continuara aquí, sin embargo —Al escuchar tu nombre te agachaste para que no se dieran cuenta que los espiabas—, pienso que eres tú el que no es necesario aquí —. Tus ojos se abrieron con sorpresa al mismo tiempo que los del albino.
—¿De qué estás hablando?
—Te lo mostraré —El cuerpo pequeño y femenino de Bisky se transformó en… Bueno, en la verdadera forma de Bisky, provocando que Killua retrocediera. No lo culpabas, tú también te sentiste intimidada por su presencia—. Atácame.
.
.
.
.
Killua trataba de alejarse de Bisky, su mejilla sangraba a causa de un corte y todo su cuerpo tenía moretones por los golpes de su maestra. Sujetabas el pomo de la puerta con fuerza mientras los observabas, aunque sabías que era un entrenamiento, apenas podías controlar las ganas de ir a ayudarlo.
—¿Por qué ya no me atacas? —preguntó la rubia, deteniéndose.
—Es imposible derrotarte —contestó el albino.
—A eso me refiero —Apuntó al Cazador con su dedo—. No puedes dar por hecho que una pelea está perdida sin dar todo de ti. Comprendo que es culpa de quienes te entrenaron desde pequeño, y a causa de ello, puedo asegurarte una cosa: Si sigues con esa mentalidad, algún día dejarás morir a tus amigos. Dejarás morir a Gon.
—Jamás permitiría…
—En una situación peligrosa —interrumpió bruscamente la mujer—, tu cuerpo reaccionará a lo que está acostumbrado: Huir. No importa que tu mente desee quedarse para ayudar a tus amigos, al final, los dejarás a su suerte. Ahora —Volvió a lanzarse sobre él—, piensa en mí como alguien que matará a Gon si no lo vences.
Apartaste la mirada, sabiendo que si seguías mirando intervendrías. Habías olvidado decirle a Killua sobre la aguja de nen que su hermano puso en su cabeza. Golpeaste tu frente repitiéndote que eras una tonta por haberlo olvidado. Le hubieras ahorrado a Killua este problema.
Levantaste la vista al escuchar un ruido sordo y miraste el cuerpo del Zoldyck caer por un fuerte puñetazo de Bisky.
—Eso es todo por hoy —dijo la rubia regresando a su forma infantil—. Ah, por cierto, si le dicen a alguien más sobre esto, me aseguraré de que no sean capaces de articular palabra alguna por el resto de sus vidas —sonrió mientras miraba lo que era tu «escondite». Te estremeciste a tal punto que te pusiste de pie de un salto—. Buenas noches.
Tus ojos se encontraron con los de Killua, quien se levantó del suelo mientras tú salías completamente de tu habitación. Sin decir una palabra se retiró dejándote sola. Antes de seguirlo, decidiste ir por hielo a la cocina; sabías que le haría falta.
.
.
.
Encontraste al albino en el balcón, la brisa nocturna mecía sus cabellos con suavidad. Te acercaste lentamente a él y pusiste la bolsa de hielo en su mejilla; se estremeció un poco ante el contacto frío.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —preguntó sin apartar la vista de la ciudad—. Oh, espera, no tienes que responderme. No me dirás nada de todos modos —Sujetó el hielo, empujando tu mano lejos de la bolsa—. Puedes reírte, burlarte de lo patético que soy. No me importa.
—Tu problema está aquí —Picaste su frente con tu dedo.
—Después de durar días sin hablarme —Alejó de un manotazo tu mano—, ¿lo primero que me dices es que tengo un problema mental? Gracias por tu amabilidad, pero prefiero que sigas ignorándome.
—Literalmente —Pusiste nuevamente tu dedo en su frente—, tu problema está aquí —Killua te miró inquisitivamente mientras apartaba su cabeza de tu mano—. ¿Quién utiliza agujas para manipular a la gente?
Por la mente del albino cruzó solamente una persona.
—Illumi —susurró.
—No conozco a alguien peor —El albino empezó a reír quedamente—. ¿Qué?
— ¿Toda mi cobardía ha sido causa de una aguja que mi hermano plantó en mi cerebro? Qué estupidez —Frunció el entrecejo.
—No eres cobarde —dijiste con suavidad—. Si de cobardes hablamos yo soy un buen ejemplo, ¿no crees?
—Tú no dejarías morir a Gon—mencionó con un deje de tristeza.
—Tú tampoco—Acariciaste sus cabellos con ternura—. ¿Y sabes? Tampoco te dejaría a ti morir —Retiraste tu mano de su cabeza y comenzaste a jugar nerviosamente con tus dedos—. Lamento haber actuado de forma infantil estos días, pero quiero quedarme con ustedes —dijiste con timidez—. Quiero quedarme y ayudar; ya no tengo intención de huir. No quiero seguir huyendo de las cosas difíciles, ni de lo que es importante para mí.
—Fuiste demasiado infantil.
—Ya sé —Rodaste los ojos al sentir sus intenciones de burla.
—Y yo no debí decir que no eras necesaria aquí. De verdad pensé que querías irte.
—Te perdono.
—No me disculpé.
—Lo tomaré como una disculpa —dijiste recargándote en el barandal. Killua suspiró—. ¿Te duele mucho?
—He recibido peores golpes —Alejó un poco el hielo de su rostro—. Pero esa gorila sí que golpea fuerte.
Reíste por el apodo, sí que parecía uno
—Me alegra que no quieras irte —dijo después de un momento—. Realmente yo… —desvió la mirada—, no quiero que te vayas —Tu corazón dio un brinco en tu pecho. Esas palabras te tomaron por sorpresa—. Y ten por seguro —regresó su mirada a ti—, que tampoco te dejaría morir.
«Oh, por Dios. Alma de Hisoka, abandona este cuerpo puro.»
Si esto continuaba así, jurarías que esta vez tu corazón explotaría. Rodeaste a Killua por los hombros con tu brazo.
—¿Q-qué haces? —preguntó sonrojándose abruptamente por tu acción.
—Es hora de una selfie para recordar nuestra reconciliación —Sacaste tu teléfono. Al albino le salió una vena de enojo.
—Es por mi rostro, ¡¿verdad?!
Porque después de todo, no serías tú si dejabas pasar el momento vergonzoso de su cara hinchada.
*League of Legends: Videojuego de género multiplayer online battle arena. Abreviación LoL (A veces mis bromas no tienen sentido xD)
Leorio: Al fin se largaron esas arañas.
Yo: :)
L: ¬¬
Y: :)
L: No sigas.
Y: :)
L: Ya estuvo. Me largo *sale*
Y: Al fin se fue :D
L: *entrado* Ya llegué.
Y: :v Pos me mato.
Shalnark: Pos yo también.
Kortopi: Pos ya estamos.
Y: :v
S: :v
K: :v
L: *se va*
